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NUESTRA REVISTA

Una revista para pensar la educaci贸n desde nuestro hacer en el Idejo. Tercera Edici贸n - Enero 2016


Nuestro saludo: Un paréntesis. Paisaje (pág. 2 a 3). Entrevistas (pág. 4): Mirtha Palma (pág. 5 a 9) y Silvia Pereira (pág. 10 a 14). Zambullidas en grandes temas (pág. 15): Técnicas de armonización: Origami por Cecilia Reyes (pág. 16 a 19). Nuestras familias prenden foco (pág.20): Enseñar a enseñar filosofía, por Janett Tourn (pág. 21 a 25). Encuentro con exalumnos (pág. 26): Encuentro con Rocío Veas (pág. 27) Comentarios (pág. 28). !

Hasta la próxima! (pág.29)


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paréntesis...

Un

Aprendiendo a sostenernos... Compartimos la tercer edición de nuestra revista: un lugar de convivencia para seguir conociéndonos, dándonos espacio y aprendiendo a cuidar esta red que es el Idejo. Pasan los años, pasa la cotidianidad del momento, pasan sus avatares, sus destellos... Acá estamos otro año, tantos años ya, que traer el recuerdo parece tarea de algunos pocos añosos. Esta revista es un espacio para conocer nuestra propuesta a través de las voces de nuestros docentes, conocer nuestras familias y sus enfoques, traer testimonios de alumnos que hoy nos recuerdan, y especialmente para atesorar a aquellos que no trabajan más con nosotros y que dejaron tanto para hoy agradecer. Esta revista invita a seguir sosteniendo con amor este mundo que es nuestro Idejo de hoy, de mañana.


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Paisaje... Un paisaje que muta, que se convierte en otro Idejo que es el mismo, que busca espacio, que encuentra cómo, que atiende las necesidades, necesidades que a su vez van cambiando. Por suerte nuestra prioridad de dar espacios apropiados pasó a la tapa de la carpeta de Hoy. Hoy estamos esperando ansiosos poder terminar para empezar a recibirlos renovados, con nuestras mejores ropas para nuestros protagonistas: los alumnos. El espacio busca acomodo en esta casa, en este espacio que parece ser más Idejo que nunca, un lugar pensado para aprender. Aprendemos juntos de tanto compartido, de tantas etapas que germinan, brotan, crecen, florecen y sus frutos son el alimento para nuevas etapas que siempre vienen. Cuando las posibilidades parecen todas, cuando todas hacen un camino para proyectarse en el cuidado de lo que somos; entonces, exhalamos aire, mucho. Para los que estamos hace bastante, ver el Idejo de hoy es un privilegio, un alivio y una responsabilidad. Así estamos, renovándonos, felices del cansancio que es crecer, crecer no para ser más sino para cuidarnos, para cuidarnos mejor y desplegarnos con nuestras mejores plumas. Al final siempre aparecen los pájaros en el paisaje del Idejo, y en esta edición, no porque ellos quieran visitarnos como en los paisajes anteriores, sino porque les pedimos que se acerquen. Nos inspiran al volar, nos dan ideas ...


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ENTREVISTAS Un espacio para compartir recuerdos y reflexiones con los que hoy no trabajan con nosotros. Preguntas, emociones, recuerdos y anécdotas: lugar para el pasado y su proyección en el hoy.

En este espacio vamos a traer a nuestra memoria una especie de encuentro con alguien muy importante en la historia del Idejo: Mirtha Palma. Ella se integró al colegio en los primeros años de la institución. Primero fue maestra del primer ciclo escolar, luego fundó el taller de animación a la lectura. Este espacio creado por Mirtha sigue creciendo y tomando caminos, recorridos tan impredecibles como toman los buenos libros. En la actualidad coordino este espacio y la raíz de ella es tan potente que me dieron ganas de volver a contar de sus andanzas, con mis palabras y las de otros tantos que como yo la valoramos y extrañamos. Una vez pude escribirle antes de su muerte: me seguís aportando en el recuerdo. Y no fue solo una frase de tarjeta, realmente al leer en voz alta a otros me reconocí, o más bien la reconocí en mi voz. Mi voz que es de mi adentro que tiene tanto de su adentro que ya no sé qué tan mía es al leer. Lo que sé es que me aparecen entonaciones, pausas, muecas, tímbricas que solo me aparecen al leer a un grupo, su manera de contar que tuve la suerte de escuchar tantas veces durante un tiempo en el que me recibió de aprendiz. Esas voces aparecen para ese vestuario de mi vida que ella cosió, y que no son míos, que es prestado para siempre porque eso no se devuelve, se agradece. Tanto agradecimiento como detalles de ella siguen apareciendo en el Idejo, tantos que tuve que reunirlos en un baúl con su nombre, tantos que tuve que nombrar la biblioteca con un libro que ella me regaló, tantos que cada vez que escribo algo pienso en si a ella le gustaría leerlo. La muerte entre otras cosas es muy extraña, como los recuerdos. Mirtha aparece y desaparece como fantasma que no es tal, como niños que juegan a las escondidas y dejan pistas. Cada pista que abrí tenía dentro mucha gente que la quería tanto o más que yo, si es que eso es medible. Lo que sí es medible es el tiempo, porque las fechas de las muchísimas dedicatorias para ella tienen años, años de esos en los que yo no había nacido. Si hay algo que Mirtha tenía en abundancia es gente que la quería desde hace mucho tiempo, y que seguro que la sigue queriendo, porque su presencia fue tan fuerte para tantos que sus marcas siguen intactas, buscando vida para multiplicarse, grietas por donde brotar. Les dejo algunos recuerdos de algunos que quisieron escribir, o más bien concretaron escribir, porque querer, o más bien quererla son tantos que no nos dan las páginas. Otros recuerdos aparecieron en la oralidad de nuestros corredores y nos quedaron de perfume. El perfume de Mirtha, el destello de sus ojos enmarcados en sus rojos rulos: un regalo para cuando podemos cerrar los ojos y celebrarla.


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Huellas de Mirtha, por Edith Martirena Me pareció maravillosa la idea de evocar a Mirtha y entre los que la conocimos, valoramos y amamos, traerla un ratito al Idejo para que conozca a los niños, padres, adolescentes, docentes del hoy. Sin duda la veríamos llegar con sus ropas de colores estridentes, con el cascabeleo de su risa, con sus ojos brillantes, con algún libro de cuentos que sacaba de su mochilita y con muchas historias que recogía de su propia vida con Hugo, con sus hijos y sus nietos. Mirtha fue, además de una excelente profesional y amiga, una de mis “maestras de la vida” la persona que más me enseñó que “el arte de enseñar va unido al arte de vivir”. Tal vez por eso despertó en mí el gusto por escribir historias… porque ella amaba narrarlas. Nos entusiasmaba a escribir-nos y porque nos mostró con su ejemplo “que somos lo que enseñamos y enseñamos lo que somos”. Grito tu nombre “Mirtha”, y no oigo tus pasos pero encuentro tu esencia en el patio debajo del cedro azul donde tantas veces me sentí “crecer en el amor” junto a ti. ¿Qué otro aprendizaje puede ser más importante para un ser humano y qué mayor enseñanza se le puede pedir a otro ser humano?

MIRTA Ella: de pequeña talla, alegre, comunicativa, con vestimentas llamativas, profesional, esposa, madre, abuela pero especialmente y en primer lugar mujer. Esto quiere decir femeninamente sensual, sinceramente amiga de sus amigas, perdidamente dubitativa. Lo más frecuente era encontrarla enroscada en largas conversaciones sobre la pareja, los hijos, los nietos, la profesión ¡en fin! la vida. Siempre llena de historias y usando con total desparpajo (nada usual para una abuela) verbos tales como gozar, disfrutar , vagar, vacacionar.


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Y así te nos fuiste amiga. Se fue tu cuerpo, porque tu esencia de “Gran Maestra del vivir y del morir”, permanece se podría asegurar que en todos los que te conocimos. Como un eco lejano tu risa alegre me llega para invitarme a transmutar mis ojos que empiezan a humedecerse en el esbozo de una sonrisa, para recordarme que “vivir” se alimenta de lágrimas y de alegrías, de soledades y de seres que nos habitan.

Huellas de Mirtha, por Stella Nuñez Después de tres mudanzas en esta ciudad, los recuerdos que pesan, literalmente hablando, van dejándose. Sí quedó un sobre grande, grande de color blanco con mi nombre dibujado en color rojo, con un pájaro en la parte superior y un deseo “con felicidad”, firmado Mirtha. Dentro del sobre, un cuento, no podía ser de otra manera: Amor de Clarice Lispector y una conferencia dada por Graciela Cabal “El derecho a ser feliz”. Una tarjeta que habla de los encuentros, del verano (que amaba), de su entorno y nombra a Paul Auster (gusto que no compartíamos) diciendo “cuando estamos juntas sacamos lo mejor de cada una”. Compartimos por un tiempo trabajos en el taller con adolescentes disfrutando montones, acercándoles y dejándonos seducir por películas, libros y sobre todo por todo lo que ellos nos aportaban. No puedo decir, como quizás no lo diga de nadie, que conocí todos sus rincones. Aún hoy volviendo a leer estos papeles descubro mensajes que no capté en su momento. Para mí fue luz, color, mucho color y una mirada maravillosamente serena. Creo y no me apoyo en ninguna teoría o certeza que todos nos vamos moviendo en caminos que se cruzan, suben, bajan, se pierden… Hoy Mirtha, sus rulos, su chispa luminosa, están en otra Mirtha, ¡oh!, rubia con algunos años más, que muy a menudo me habla del vivir y que de alguna manera hace que sienta la presencia o más bien la esencia de nuestra querida Mirtha.


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Huellas de Mirtha, por Fernando Mirza Mirtha era una maestra muy creativa, amaba su tarea y amaba a los niños. Con su experiencia y su generosidad siempre estaba aportando al colectivo Idejo. Cuando nos comentó que se jubilaba, buscamos la forma de que siguiera con nosotros un tiempo más. Cuando le abordé el tema, me comentó que no quería mantener un tiempo tan amplio, había otras cosas en su vida que la estaban atrayendo con fuerza. Entonces le pregunté qué era lo que le bustaría hacer en el Idejo. No dudó ni un instante. En seguida me contestó: un taller de lectura. Y de inmediato los directores decidimos incorporar al colegio este espacio que ella inauguró, desarrolló espléndidamente, y animó a otros a continuarlo. Este espacio sigue siendo sumamente valioso hasta hoy en día... Por ésta y muchas otras razones, gracias Mirtha.

Huellas de Mirtha, por Mayra Serra Conocí a Mirtha en 1992, yo empezaba la escuela y ella era mi maestra de 1º. Al año siguiente también fue mi maestra y cuando pasé a 3º y forzosamente tuvimos que separarnos se inauguró un espacio que se llamó “Animación a la Lectura” y fue mi salvación: pude seguir viéndola todos los viernes durante seis años más (sí, hasta 2° de liceo). Desde que aprendí a leer, con Mirtha, y a lo largo de esos años devoré todos los libros que me recomendaba. Empezando por El monstruo se aburre, ¿Quién le teme a las brujas?, Nana Bunilda come pesadillas, Olegario: un bicho de luz (y Susana Olaondo mostrándonos los bocetos originales de sus dibujos en el Idejo viejo), Camilon Comilón de Ana María Machado, La cama de mamá, Toribio y el sombrero mágico, Willy el tímido y todos los de Anthony Browne (incluido El Túnel), Mi madre es rara, El trapito felíz y todos los de Tony Ross, Oliver Button es un nena, para llegar a El rostro hermoso, Pateando Lunas y

Pequeña Ala de Roy Berocay; La escoba de la viuda, El higo más dulce y los de Chris Van Allsburg (me acuerdo que Mirtha nos dijo: “no sé si es hombre o mujer, porque por el nombre puede ser cualquiera de las dos cosas”, no teníamos internet). Pasar de la colección celeste del Barco de Vapor a la anaranjada y luego a la roja: Querida Susi, querido Paul, Los hijos del vidriero, El bolso amarillo. Leer clásicos como Roald Dahl, Michael Ende y Ray Bradbury. Mirtha se encargó de hacernos fan de Ziraldo: O menino maluquinho y La maestra macanuda eran los preferidos entre mis compañeros de clase y yo. Stoz, el país de los Uh y las visitas a lo de Sergio López y Perla; la ida anual a Libruras a elegir los libros que leeríamos durante el año. Repasando todos estos títulos a la distancia compruebo algo que inconscientemente siempre supe y que ahora se hace evidente: la diversidad y calidad de lectura que Mirtha nos ofrecía y que a nosotros nos llegaba con total naturalidad, porque la verdad es que leíamos unos libros muy especiales. Quiero decir: con humor negro, con ironía, con crítica social, con crítica al consumismo y al capitalismo, sobre niños que cuestionan los estereotipos de género, sobre padres separados, sobre madres de mal humor, sobre racismo (el de la niña negra y el conejo blanco), sobre feminismo (el de una princesa que no se quería casar y andaba en moto), sobre madres solteras. Finalmente llegó diciembre de 1999, venían las vacaciones y al año siguiente no iba a verla todas las semanas. Como despedida Mirtha me recomendó dos autores para el verano: Paul Auster y José Saramago. ¡Me estaba iniciando oficialmente en el camino de Alfaguara y Anagrama! A lo largo de esos años además de compartir libros, Mirtha y yo nos escribíamos cartas. Es decir, yo: una niña de 7 años le mandaba cartas llenas de corazones


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y ella me respondía no como a una niña, sino como a una persona de 7 años. Con el tiempo, de tanto leer me dieron ganas empezar a escribir, entonces le mostraba los cuentos que escribía y ella me respondía con cartas donde me daba su opinión. La correspondencia siguió por mail hasta 2010, cuando Mirtha vivía en La Floresta, yo estaba empezando mi vida adulta y ya casi no nos veíamos. Aún conservo algunas de esas cartas, con posdatas geniales como esta:

Otras huellas Sigo revisando estas palabras, estas fotos que me dio su hijo Jorge (¡gracias!) y no paro de emocionarme. La huella de Mirtha es pura emoción. Lo dejamos por acá hasta que aparezcan otras pistas escondidas, pistas que colecciono para los que siguen llegando a estos rincones con perfume a rulos.


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¿Es posible seguir admirando a tu maestra de 1º de escuela a los 30 años?

Yo creo que sí.


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Nos encontramos en nuestra biblioteca con Sylvia Pereira, quien fue maestra de Inicial en el Idejo por más de veinte años. Alias la flaca, dejó su impronta en nuestro colegio. Quienes compartimos vida con ella claro que la extrañamos, pero siempre celebrando su nuevo emprendimiento en la Chacra Serena en donde construimos nuevos recuerdos. Nunca me olvido de entrar a su clase y ver aquellas maquetas de cuerpos humanos, hechos con material de desecho, donde las medias de nylon se transformaban en piel, los cables en venas y los globos en pulmones. Tantas canciones de su autoría, “hermanos” que aparecían en su clase para causar las delicias de nuestros niños, gestos sin fin de buena compañera, chispeante en sus contestaciones. Cuantas veces recuerdo escuchar sus anécdotas personales desvergonzados y llenos de humor. Es la típica compañera que te sale con una pregunta honesta, insólita e impredecible. Claro que la extrañamos, cuando es demasiado el extrañamiento la visitamos, en general se la encuentra subida a un pony, cruzando un puente colgante, sembrando rúcula.

Contanos tus primeros encuentros con el colegio, cómo lo conociste y cómo fue que entraste a trabajar. Entrar al Idejo fue mi tercer cambio de vida. Primero fui modelo, profesional (porque yo todo lo que soy, soy con papel: con título que dice que soy), trabajé como modelo, después fui secretaria ejecutiva bilingüe, pero no me gustaba. Entonces empecé a mandar curriculum, hice el CIEP (soy educadora preescolar del CIEP) porque quería algo en educación. Y mandé curriculums, pero en todos lados eran suplencias, y yo no iba a dejar mi trabajo de secretaria ejecutiva por una suplencia. Y seguí un año así. Mi mamá tenía un compañero que mandaba a su hijo acá que no sé quien es (la verdad no me acuerdo), al Idejo de Julio Herrera. Mandé curriculum y me llamaron en marzo y empecé a trabajar dos horas por semana, iba a ayudar a Elsa al vestuario. Yo no quería dejar mi trabajo en mi oficina, dije en la oficina que tenía que hacer horario cortado, me cambiaba en el bar de la esquina, salía de trajecito (de tailler) me iba al colegio, y de ahí nos íbamos al club. En el colegio me volvía a cambiar de secretaria y así estuve un mes. Así estuve un mes, haciendo doble vida. Era como Clark Kent pero la flaca, que se cambiaba en el bar. La cara de los del bar Gabi, te juro... Era cuando se usaba las secretaria con corbatita, yo era con todo: corbatita, minifalda, todo. De ahí, eso más Mary Poppins, salieron mis hermanos de cuando yo era maestra, que me disfrazaba, ¿te acordás? Al mes me agarraron mis jefes de MIF, y me preguntaron qué era lo que me pasaba, ellos convencidos que era un problema de salud, yo era muy buena empleada y nunca desconfiaron nada de mi.


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Cuando les dije la verdad me dijeron: bueno tenés que elegir. Y dije: ¿qué hago? Y elegí el Idejo, me la jugué así, dejé el trabajo. Seguí ahí un mes ponele, seguía ayudando a Elsa que estaba en tres y cuatro, en el club nada más. Después me pidió Elsa para su descanso, después me pidió Dina que estaba en cinco en ese momento para su descanso. Después me pidieron media horita para plástica cada una. Y hacía torta pascualina, Nelson siempre se acuerda, torta pascualina, torta de atún y torta de chocolate que Magdalena vendía en la cantina. No me acordaba No, vos eras chiquita ibas a la escuela ahí. En diciembre terminé trabajando todo el turno como auxiliar de Elsa. Y ahí en diciembre me agarraron Fernando y Edith, nunca me voy a olvidar de esa charla. Me llamaron a la dirección y me dijeron vos tenés pasta para ser maestra, hacé magisterio que nosotros te apoyamos desde acá. Al año siguiente empecé magisterio y tá. El primer año trabajaba acá y de noche estudiaba. Después trabajaba de mañana acá, vino Maritza a hacerme el otro turno ese tiempo, de tarde la práctica y el nocturno magisterio. Así empecé, y así después estuve veintidós años. En realidad hice magisterio pero no había grupo, yo feliz porque yo me hice maestra trabajando con Elsita, trabajábamos divinas juntas. Pero se abrió dos años. Claudia pasó a dos que estaba en cinco y yo pasé a cinco.

Cuando recordás al Idejo, ¿qué recuerdos te aparecen? ¡Ay!, lindo. Mucha emoción, mucha alegría, mucho crecimiento. Risas, llantos, pero mucho crecimiento. Es un lugar físico y un recuerdo en el tiempo muy grato. Lloro. En realidad le debo mucho al Idejo, este cambio de vida que fue para mi todo un desafío, sino hubiera sido que pasé por el Idejo y que aprendí a escuchar mi corazón, a ver realmente lo que quiero y no lo que los demás esperan de mi. Luchar por lo que uno siente y el universo conspira, el Idejo me enseñó eso. ¿En qué cosas sentís que te modificó? Lo primero que me di cuenta fue en los sentidos. Un despertar de los sentidos que lo aprendí con talleres que se hacían en el Idejo. Me di cuenta que lo incorporé a las 24 horas del día. Esa cosa de estar atenta y de maravillarme con el pájaro, con todo. Realmente fue un despertar de los sentidos lo primero. Después la meditación, la conocí acá. No te voy a decir que ¡uh, cuánto medito!, pero sí esa actitud de escuchar tu interior, la importancia del silencio, de la escucha, la alimentación (los tres colores benditos, je). Lo aprendí con Rosarito y lo incorporé, y lo incorporé a mi vida. O sea que hoy no me puedo servir un plato si no tengo tres colores. El contacto con la naturaleza, como esa actitud de respeto a la vida y a todo lo que tiene vida, al humano, a todo. Esa actitud ecológica que hoy está tan de moda pero hace veintipico de años no estaba tan de moda y en el Idejo siempre se tuvo ese cuidado. De pensar no solo en uno como individuo sino en uno como perteneciente a la humanidad que es perteneciente a un planeta, que sin ese planeta no vamos a ser nada. Todo eso lo aprendí acá. ¿Cuáles sentís que son los aportes del Idejo a la educación?


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Ahora no sabría decirlo, pero en su momento el tema de la meditación, los diez minutos de armonización al empezar y al terminar, que si bien eso era como lo tangible, lo que se puede ver más, tiene por detrás una cantidad de cosas. Me parece que eso tangible sí se pudo fácilmente ver, que otros lo han tomado. Tal vez no con el mismo formato,pero hay otros que lo tomaron exactamente con el mismo formato. El tema de los dos hemisferios para mi es en la educación, me parece que tendría que ser obligatorio, que tendrían desarrollarse a la par los dos. Eso está muy de la mano con el tema de las artes, que se le da mucha importancia en el Idejo, pero no como un relleno o como algo para cumplir, sino que de verdad tienen una importancia en sí mismas. Todas las artes. La alimentación también, no sé si ha salido del Idejo, pero creo que en la educación es algo importante. Y el contacto con las familias, me parece que es un diferencial bien importante, que las familias puedan entrar, que conozcan el aula, la maestra y que estan involucradas. Por lo menos en mi época, realmente las familias son escuchadas, son tenidas en cuenta, hasta a veces demasiado, je. Me estoy olvidando de alguna cosa… el yoga. Me acuerdo cuando vino Micheline Flak y que varias maestras lo habíamos incorporado. No para hacer una instancia de yoga, vos me enseñabas cosas para hacer en el aula, para hacer durante, como para bajar las revoluciones. Lo apliqué pila y ahora lo aplico en la chacra también. Si tuvieras que crear un colegio o símil, ¿qué te llevaste para aplicar? Todo, todo esto que te dije. La importancia del contacto con las familias, el escuchar. La escucha y el silencio creo que son dos aportes bien importantes del Idejo. La escucha propia y la del otro, la escucha en general. Que haya espacios para el silencio para las artes. Haría un Idejo dos. Contanos un poco de tu actividad actual, detalles de tu proyecto personal. Es una chacra didáctica, vivo ahí. Recibo escuelas y jardines. Sobre todo más bien clases chicas. Mi primera idea cuando empecé era que fuera un espacio de juego. Juego para que los niños pudieran ir a divertirse, pasarla bien y aprender a vivir en contacto de la naturaleza armónico. Me di cuenta que eso no era posible porque las maestras no iban a querer ir, entonces está la parte de huerta orgánica, los animales: tenemos las ovejas, las gallinas y los ponys, la cañada con el puente colgante que es todo una aventura, y muchos juegos en el bosque en madera. La idea es esa, que los niños puedan tener una experiencia de disfrute todo el tiempo y que puedan incorporar alguna de esas cosas, yo trato de meterlas antes de salir a la recorrida didáctica, hacemos una ronda de armonización y hacemos respiraciones de flor, de cosas que inventé acá en el Idejo. Eso de la respiración no lo dije antes, pero está fundamental. Les doy merienda que también hago yo. Yo hago todo. El marketing, los folletos, la merienda que es casera: torta de naranja con chispitas de chocolate, pizza y limonada, y si van todo el día fruta de mañana. Y tienen contacto con los animales, aprenden de mamíferos, de aves, el contacto directo, pueden tocarlos, están amansados para que se dejen toquetear por los niños. La verdad que la pasan divino. La idea mía era seguir teniendo contacto con los niños, yo siento que amo ser maestra, ahora si bien no soy maestra en cierta medida me saco las ganas y logro hacer lo que me gusta viviendo super tranquila y en armonía conmigo y con todo lo que me rodea. Y tá, la pasamos bien. ¡Que bueno! Capaz que para agregar ahí del proyecto de la chacra, es eso, como que es posible vivir siguiendo los sueños, siguiendo el corazón. Tratando de tener una vida saludable, no solo en actividades y en actitudes, sino que lo que como sea lo más orgánico y lo más puro posible, que todo lo que hago sea fiel


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reflejo de lo que de verdad quiero y no de lo que se espera de mi, ya sea de la sociedad o los que me rodean. ¿Cómo vinculás un proyecto con otro? ¿Cómo los unís internamente? El espíritu. Esa cosa de jugar, de ser libre. Libre pero no libertinaje, la libertad con respeto. De seguir los sueños, de seguir el corazón. No sé si sigue estando aquella frase de Castaneda, de seguir el camino con corazón, ante la duda de qué camino sigo. Cuando tuve que dejar el Idejo por problemas de salud dije y qué hago, y qué hago. Mestra es lo que amo. No me imaginaba maestra en otro lado. Siempre había tenido el sueño de la chacra, de vivir en una chacra y de unirlo con la educación y creo que en realidad se une en mi. Me quedaron cosas del Idejo que van a quedar siempre conmigo y que las llevo. El afecto, el abrazo, eso lo devuelven mucho las maestras que van, cuando llegan todas duritas, con ojos muy grandes mirando todo, y cuando se van es todo un abrazo una risa. Se puede crecer sin dañar, ni a una planta. Me acuerdo cuando nos mudamos de Julio Herrera para acá, para el prado, el mayor desafío para las maestras eran las plantas, ¿cómo vamos a hacer para que sobreviva toda esta vegetación divina que hay? Y se pudo. Con respeto y con cuidado. No sé cómo más lo uno, deben haber muchas cosas más. Si tuvieras que elegir una imagen para describir al Idejo, ¿qué sería? Sí, mirá. Yo leí las entrevistas anteriores y sabía que venía esa pregunta. Jaja ¿venías preparada? ¡Qué mal! Ni así. Ni así. Es más, lo comenté con Fernando, viste que Fernando es papá de una exalumna de acá. Hasta eso me llevo del Idejo mirá, mi amor. Lo primero fue como un árbol, tiene que ser algo vivo. Pero el árbol no cambia mucho, y el Idejo cambia. Entonces creo que la imagen que más me siento que en mi identificaría al Idejo es un mandala vivo, porque tiene un centro, un eje, es sumamente versátil, hay una variedad de diseños y de imágenes en el medio pero tienen una unidad y pueden cambiar las imágenes pero el Idejo sigue. Un mandala viviente, que no sé qué es, no existe, pero es eso. Un mandala viviente, con un gran corazón en el medio. Preguntas no tengo más, ¿querés decir algo? Lo que quieras. Me siento tan… no en deuda porque yo sé que le di mucho también al Idejo. Pero tan agradecida, es tanto lo que aprendí, lo que crecí lo que me formé. Como persona, como profesional también, porque entré secretaria y salí maestra. Agradecer la posibilidad de haber podido trabajar con tanto afecto sentirme tan querida, tan respetada, valorada. Lo que disfrutaba yo y los niños y los compañeros cuando me disfrazada, de la abuela Antonieta, la bruja Coruja, el hada empanada, que solo existieron acá. Hoy almorzando con ex alumnas que hoy están en sexto, lo que más se acuerdan de ese tiempo es de mis hermanos, je.


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Cecilia Reyes trabaja en el Idejo desde el 2003, y antes nos acompañó como madre, de los hoy egresados Nahuel y Emiliano, desde 1995. Compartimos con ella distintos espacios: cerámica, plástica, espacios de extensión y en la actualidad es quien coordina el taller de técnicas de armonización convirtiéndose en una referente para todos en lo que concierne a la propuesta del colegio. Siempre compartiendo idea y propuestas nuevas, nos trae el equilibrio entre lo nuevo y el sostener estos espacios tan característicos del colegio.


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…Y

entrando así en el corazón de las cosas, vine a entrar a mi propio corazón.

Desde hace unos años le ponemos nombre a este espacio de taller, el de Técnicas de Armonización, que se viene autogenerando junto y dentro de este espacio mayor que es el IDEJO. En 2012, Susana Muiño que era directora de Primaria en esa etapa, me propone trabajar con los grupos durante un tiempo bien breve (era un entretiempo de tan solo 20 minutos entre talleres) en una actividad, la que yo quisiera, con el material que se me ocurriera, que apuntara a reforzar y también a innovar en la práctica de estar y de hacer armonizado, en equilibrio y disfrutable, tal y como está en la raíz de la propuesta educativa de Idejo. En ese momento le llamábamos El Puente, y los chiquilines se acuerdan bien porque era un pasaje en la tarde entre un taller y otro taller. La idea era idear. Así que a mi juego me llamaron. Al año siguiente, Gaby me propone ampliar esa idea y llevarla a todos los grupos, desde Inicial a Secundaria, integrando también a los docentes en esa práctica. A partir de 2015 pasamos a trabajamos con el nivel de Inicial y Primaria, recorriendo en forma rotativa y mensual los grupos de escolares y semanalmente a los grupos de 3,4 y 5 años. Al comienzo. Nos sentábamos en ronda cerca del ventanal del ex patio verde, con los más chicos de 1º y 2º. Respirando suave y tranquilos, aprendíamos a hacer y deshacer ovillos con lanas de colores, aprendíamos a hacer nudos y también a desatar, a veces entre lágrimas, algunos enredos imposibles. Fue ahí, con el sol que se colaba entre las ramas altas del cedro que nació después la leyenda de la Serpiente Sabia. Otro recurso lleno de emociones y misterio del que muchos niños les pueden contar detalles. De ovillos y nudos, pasamos a probar tejer con los dedos; a jugar sosteniendo y entrecruzando entre todos un manojo de hilos para dibujar mandalas en el suelo o en el aire. Esto nos enseña ayuda a disfrutar también la belleza de lo efímero, porque la obra solo dura el tiempo que cada uno sostiene su propio hilo, hasta que todos soltamos para cerrar la actividad. Con los más chiquitos de Jardín, jugamos a crear con una cuerda de trapillo las cosas más insólitas, una carpa de circo, una capa de princesa y hasta una trampa-telarañas para sorprender a Magdalena (la profe de expresión corporal) que llegaba apenas nosotros terminábamos nuestra clase. Y llegamos al Origami o el Origami nos llegó. Ese mismo año 2012, una compañera maestra de la escuela pública del Cerro donde trabajaba, me había pedido ayuda para enseñar a los chiquilines de 6º a plegar la grulla, coordinando una actividad de lenguaje con nuestro taller de arte. Entonces, tuve que ponerme en campaña para recordar algo que estaba para mí en un pasado remoto. A investigar, a probar y sobre todo a encontrar sin buscar, con mucho más de pasión que de esfuerzo. Así fue que empezamos a incursionar con los más grandes de 3º a 6º del Idejo y alrededor de una mesa, los caminos de papel. Un plegado llevó al otro y a otro y a otro más. Así que esto se propagaba adentro y afuera de mí. El entusiasmo de los chiquilines y sus descubrimientos de cada encuentro me contagia y me sigue empujando a esta experiencia “maravillante” de la producción colectiva de los saberes. La práctica del Origami en nuestro taller no es meramente aprender una técnica milenaria de plegado de papel. Eso es algo a lo que fácilmente cualquiera puede acceder en contacto con un libro o en tutoriales de internet. Lo que nos convoca es el encuentro con este recurso pedagógico riquísimo y fascinante para quien


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lo practica, algo que pronto descubrimos que termina siendo otra preciosa herramienta para el centramiento. Naturalmente, está el desafío de aprender los plegados. Pero tomamos especialmente este recurso como oportunidad de hacer circular los saberes, los sentires, de descubrir que hay un orden en todas las cosas y que hay procesos que se re-producen lo mismo en el mundo externo que en nosotros mismos. Cuando plegamos, sucede esto aunque no hablemos de esto. Así como es arriba es abajo…lo mismo adentro que afuera, decían los antiguos sabios. En diálogo con la materia, ir despertando la sensibilidad. Me resulta siempre fascinante conectarme con el material de trabajo y después invitar a los alumnos a conectarse también. El papel tiene cualidades con un simbolismo muy fuerte que nos remite a la vida y esto es algo que me trajo la experiencia con el Origami. El papel es esta lámina tan delgada que podemos sujetar entre las manos. Liviano y permeable, con una trama a la vez cerrada y firme. Manipulable, sin requerir herramienta alguna. Puede ser a la vez resistente y sutil. En su esencia: es capaz de recibir las formas…de trans-formarse. Y también es capaz de retenerlas en su cuerpo, en su materia. Y de conservarlas luego en la memoria. Puesto en movimiento por las manos, entre pliegues, ensambles y despliegues, nos vuelve ostensible ese pasaje sorprendente de la bidimensionalidad a la tridimensionalidad y al movimiento. Lo mismo que ocurre en todo proceso, después de plegar el papel ya no hay vuelta atrás. La marca se queda allí, en su cuerpo, lo mismo que las cicatrices y las arrugas en nuestra piel. Aunque intentemos “alisarlo” el papel no olvida. Una vez armada la pieza sí es posible desenvolver todo el plegado, observar el patrón de formas, el dibujo que resulta en la plantilla del plegado y repetir luego paso a paso el recorrido conocido. Algo ya fue modificado: ya hay una experiencia. Hay historia. Las marcas en el papel son el registro de su transformación, de su historia ahora desplegada y puesta a la vista. Igual que un mapa geográfico, con sus referencias, sus cruces de ruta, su señalización. Al plegar habrá siempre lugar para los errores, lo mismo que habrá, casi siempre, lugar para la corrección y la reparación. Una vez comprendido el mecanismo que produce cierto efecto o un resultado, puedo saber adónde me va a conducir si sigo esos mismos pasos. Puedo transitar por donde ya pasé, seguir un camino conocido, contemplar ese camino de transformaciones y así recuperar la ruta. Hay aprendizaje, porque hubo transformación. Pero alcanzar a comprender el mecanismo, requiere la necesaria la repetición del movimiento, una y otra vez, tal vez numerosas veces: caminar hace al camino. Es preciso re-pasar, re-correr, re-ver, re-cordar. Por otra parte, también hay posibilidad de “alterar” intencionalmente el recorrido (transgredir) modificando el orden de algunos pasos en la secuencia, probando un orden diferente para llegar al mismo resultado, aunque con variantes. Así surgen nuevas formas y versiones. Es el camino de la innovación. Existen plegados muy diversos que tienen una misma base como punto de partida y que se bifurcan luego en diferentes direcciones; y así aparece la multiplicidad de formas, la infinita diversidad.


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A medida que avanzamos en el plegado, descubrimos que hay patrones de generación y de desarrollo que se reproducen una y otra vez. Igual como trabaja la naturaleza y la vida: todo se genera de adentro hacia afuera. A partir de un comienzo, de un punto, de la semilla replicándose a sí misma una y otra vez.

Te siento permeable y resistente a la vez. Soporte estable de palabras y versátil para el movimiento. Es tu necesaria flexibilidad y tu memoria. Tu suavidad y tu firmeza sutil que me envuelve, me recubre o me atrapa y me separa al mismo tiempo papel. Creación, plano, volumen y movimiento transferencia de saberes, experiencia: del cambio, la perpetuidad. Cecilia Reyes

Actualmente, y más allá de la actividad que seleccionemos para hacer con los alumnos, que procuramos siempre que resulte atractiva para ellos y útil al objetivo de este espacio, lo que cuenta sobre todo es el modo de llevarla adelante. Porque estamos convencidos que cuando nos conectamos con la mejor actitud, nada parece ni tiene por qué resultar vano. Casi todo puede ser un insumo útil a la tarea educativa. Naturalmente somos las personas que dotamos de sentido y valor a lo que hacemos, a las cosas tal como las percibimos y en tanto nos mantengamos sensibles para entrar en contacto, para entrar al corazón de todas las cosas. Eso es algo que está en nuestra naturaleza y que nuestra cultura se ha ocupado de derribar. Esto es espiritualidad, la manera como nos conectamos con todas las cosas, con los seres con quienes nos encontramos y las situaciones en que entramos. Como queremos retornar a esa esencia, que está naturalmente en nosotros, necesitamos de la práctica. Así iniciamos cada encuentro. Al llegar al salón, acomodarnos en círculo para asegurarnos de poder mirarnos a los ojos y vernos todos entre todos. Esto solo puede suceder cuando nadie está ni más atrás ni más adelante que nadie. Intentamos comunicarnos con la mirada, con menos palabras y sin gritos. Aprendemos a tenernos en cuenta. A tomarnos el tiempo de respirar, de sentir el aire viajando a través de nosotros. Probamos cómo es cambiar nosotros mismos el ritmo que traemos al respirar así: suave y atentos. Aprendemos a parar. Cuando respiramos de ese modo podemos registrarnos (sentirnos) a nosotros mismos


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en ese mismo momento en que respiramos. Esa es experiencia del momento presente de la que tanto escuchamos hablar. Respiramos así para que la mente que anda por ahí alborotada y ansiosa todo el tiempo, se vaya acercando al cuerpo. Para aprender a “sentir con la mente y a pensar con el corazón” como comentaba un artículo de Edith en el número anterior de esta revista. Para tener en nosotros la experiencia de la unidad que somos. El cuerpo nos enseña y nos convida a andar lento cuando respiramos así, en ese ritmo suave, haciendo pausas, atento. Con el cuerpo nuestro puesto próximo al de los otros, puedo ver mi lugar en el círculo y el lugar que los demás también vienen a ocupar. Aprendiendo a aceptarnos como parte, una más y una valiosa parte del conjunto que integro. Voy aprendiendo a resolver las interferencias cuando aparecen, para quererme y saberme parte del grupo y también para sostenerlo entre todos. Otras veces nos damos el gusto de danzar. En círculo, tal como aprendimos acá en el Idejo hace muchos años, practicando con los alumnos y también entre nosotros, dibujamos con el cuerpo mandalas en movimiento, con la danza circular. Algo que nos enseña la experiencia con los niños y también con jóvenes y adultos: cuando nos entregamos a tareas simples y repetitivas que involucran nuestro cuerpo, poniendo en ellas toda nuestra atención en ese momento presente, abrimos nuestros sentidos, la mente enlentece su tarea fatigosa, se sosiega y se vuelve a la vez más clara. Es un tiempo de nutrición para nuestra energía. Nos volvemos más lúcidos y más fuertes. De manera específica, toda actividad manual que realicemos en estas condiciones activa la energía de nuestro centro cardíaco, porque brazos y manos son como alas que se extienden desde el centro de la columna vertebral donde se encuentra el chacra del corazón. Lo que hacemos es despertar la energía cordial. Experimentar cómo es sentirnos tranquilos y a la vez contentos, o poder transitar el dolor cuando nos toca y permanecer en nuestro centro, es una fortaleza a la que seguramente desearíamos aspirar tanto para nuestros niños como para nosotros. Andar por la vida bien despiertos, sintiéndonos fuertes y felices. Un escenario así, que parece excelente para transitar la vida, ¿no es también el mejor escenario para aprender? Soñamos seguir armándolo entre todos. Espacio de Técnicas de ARMONIZACIÓN

Al plegar papel… Igual que al tejer, pintar mandalas, danzar en círculo… VAMOS APRENDIENDO: Que necesitamos ir paso a paso Que si algo parece complicarse, hay que parar para respirar. Que hay muchos caminos para llegar al mismo sitio Que entrando cada uno en su silencio, se descubre muchas cosas más… Que nos comunicamos muy bien si se conectan nuestras miradas, no siempre necesitamos tantas palabras y mucho menos gritar. Que es posible sentirnos alegres y estar en calma a la misma vez, Que disfrutamos de hacer cosas simples, Que si vamos juntos, podemos esperarnos unos a otros, ayudándonos para que todos podamos llegar. Que si vamos tranquilos, nada resulta tan difícil y todo se puede disfrutar más. Que juntos, así tan diferentes como somos, aprendemos mucho más…


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por Janett Tourn Compartimos con ustedes un acercamiento a la didáctica de la filosofía, por una especialista en el ámbito nacional con la que tenemos la suerte de compartir la educación de su hijo Iván Ruiz. Trabajó como profesora de Filosofía y yoga en nuestro colegio y hace más de diez años nos acompañamos como madre del colegio. Además tengo el placer de compartir con ella el espacio de expresión corporal para adultos de quien es absoluta responsable, desde su nacimiento hasta el sostén de hoy. Siempre agradecidos por su aporte, su estar y ahora por la luz de entendimiento que nos ofrece desde su tarea: formar docentes de filosofía que se sostengan en crisis. Como escuché decir a Mateo: Al caos, creo yo, puede llevárselo con mucha paz.


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Enseñar a enseñar filosofía... (El presente artículo está realizado especialmente para la publicación electrónica del Instituto de los Jóvenes IDEJO. Agradezco la invitación a realizarlo) ¿Qué entender por “enseñar a enseñar Filosofía”? o ¿qué por enseñar a enseñar? O aún ¿cómo concebir el enseñar? Se trata de atravesar estas cuestiones desde mi mirada y producción, en tanto están fuertemente relacionadas con la tarea a la cual me dedico y que se ha constituido en mi medio de vida. Me refiero a la formación de Profesores, y específicamente, a la formación de Profesores de Filosofía. ¿Tiene sentido en estos momentos de “crisis de la educación” intentar describir esta tarea? Entiendo que sí, sobre todo, para contribuir a explicitar una formación que tiene una trayectoria relevante en nuestro país y que muchas veces queda no visible tras el acento mediático sólo en los famosos “resultados”. Un poco de historia. La formación de Profesores para Enseñanza Media en nuestro país se origina con la fundación del Instituto de Profesores Artigas (I.P.A.), creado por Ley en 1949, y comenzando a funcionar en 1951 bajo la Dirección de Antonio Grompone. La finalidad de dicha formación estuvo centrada en la formación de profesionales en cada una de los campos del saber que han conformado el currículo, así como en la formación de su enseñanza. Esto se vio profundizado a través de asignaturas de carácter pedagógico, así como asignaturas específicas de cada formación disciplinar y a través de la práctica docente, acompañada por un Profesor de Didáctica. En un inicio estuvo dentro de la órbita del Consejo de Educación Secundaria, y luego funcionó con un Consejo Asesor Consultivo (C.A.C.) integrado por los tres órdenes. Tras las cercanías del período dictatorial y durante el mismo, perdió totalmente su incipiente autonomía y fue intervenido e incluso cerrado durante varios años del período dictatorial. En la actualidad el IPA funciona bajo la órbita de la ANEP y dentro de ésta bajo el Consejo de Formación en Educación (CFE) regido por el Plan 2008. Éste unificó la formación docente de todo el país en un plan único de formación que comparte junto a la formación de maestros y educadores sociales, un “tronco común” de asignaturas de carácter especialmente pedagógico manteniendo esencialmente las características del plan fundacional del IPA. En este momento se discute la transformación de la institucionalidad de la formación docente, hacia la creación de un Instituto Universitario o una nueva Universidad. Didáctica- práctica docente De acuerdo al ya citado Plan 2008, la formación en este caso específicamente de Profesores cuenta con tres pilares en su propuesta. Uno de ellos refiere a un campo específico que se denomina “Didáctica-práctica docente” el cual se vincula directamente con la enseñanza de la disciplina en la Enseñanza Media. Es en este ámbito, que me desempeño como Profesora de Didáctica de la Filosofía. Como tal, “Didáctica-práctica docente” se establece como asignatura en la formación de profesores pero a su vez realiza una articulación con otra institución, siendo ésta, Educación Secundaria. Éste aspecto la transforma en una tarea sensiblemente compleja pues, no solo articula dos instituciones distintas – Formación Docente (CFE) y el Consejo de Educación Secundaria- sino que además genera una vinculación profesional entre el docente de Didáctica (Formación Docente) –responsable de la asignatura; el docente Adscriptor – que trabaja como docente de la asignatura en Educación Secundaria- ; y el estudiante


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de profesorado (alumno de Formación Docente). Así el estudiante de profesorado asiste a clases en su Instituto –en este caso en el IPA-, entre las cuales se encuentra el espacio de Didáctica y a partir de 2° año comienza a realizar su “Práctica Docente” con un Profesor Adscriptor que trabaja en Enseñanza Media, incorporándose a uno de los grupos de este docente en el liceo correspondiente.. En este llamado “grupo de práctica”, el estudiante de profesorado acompaña al docente encargado del grupo, observa sus clases y asume en varios momentos el rol “docente”. Es, en algunos de estos momentos en los cuales el estudiante asume el rol docente, que el docente de Didáctica “visita” al estudiante y trabaja luego de la clase en un espacio de “devolución” sobre la clase dada. Didáctica- práctica docente, se inscribe dentro del núcleo de asignaturas de la formación de Profesores para Enseñanza Media, denominadas como “específicas”. Esta ubicación de la Didáctica en la formación de Profesores se fundamenta bajo la consideración de que la Didáctica encuentra su sentido en la disciplina que pretende “enseñar”. Este aspecto asume que no hay una manera “general” de enseñar, sino que la enseñanza de cada saber depende esencialmente de cada saber disciplinario. Este aspecto en la formación de Profesores no ignora la posibilidad de considerar que existan aspectos generales, comunes a toda enseñanza pero éstos están atravesados por la disciplina de la cual se trate (Historia, Matemática, Filosofía, por ejemplo), por lo cual éstas generan formas específicas al considerar su enseñanza. Claro está que la enseñanza de una determinada disciplina también considera la edad de quienes son los destinatarios de la misma y las características de los sujetos implicados. Desde este lugar la Didáctica como tal se establece en un nivel de “meta-reflexión”, es decir una reflexión sobre un saber ya elaborado y sobre una práctica desarrollada de la enseñanza de ese saber. Así lo expresa Edith Litwin al decir “Entendemos a la didáctica como teoría acerca de las prácticas de la enseñanza significadas en los contextos socio-históricos en que se inscriben.” Didáctica de la Filosofía. Didáctica Filosófica. Desde este lugar cabe entonces situarse en la Didáctica de la Filosofía, tal como la concibo e intento llevarla adelante. El primer aspecto especialmente relevante a considerar, se centra en qué sea eso que llamamos “Filosofía” en tanto que la concepción que tengamos de “Filosofía” fundamenta el cómo se entienda que debamos enseñarla. Es claro que este aspecto no puede dilucidarse fácilmente en pocas páginas pues en realidad la pregunta “¿Qué es la Filosofía?” es una pregunta en sí misma filosófica y objeto de discusión por los diferentes filósofos que han transitado y siguen transitando el pensar filosófico. Puedo de todas maneras, arriesgar algunas características de lo que considero aspectos sustanciales de la filosofía y de su práctica. Así hago mías palabras de María Noel Lapoujade, filósofa uruguaya cuando dice:


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“(…) ella –la filosofía- es un saber en crisis. La crisis le es inherente, le es consustancial. (…) El constituirse como un saber siempre en transición es el sello inevitable de su quehacer. (…) La salud filosófica consiste en asumir su inevitable convalecencia y a los filósofos no les queda sino convivir en la crisis: lo que dicho en otras palabras significa: admitir la verdad del otro, la crítica, la polivalencia de los discursos, y sobre todo, la autocrítica.” Me parecen bien interesantes estas palabras. Me arriesgaría a traducirlas en la necesidad de pensar a la Filosofía y por ende su enseñanza, en imágenes tales como movimiento, cambio, incompletud, diálogo, polivalencia. Si los filósofos se caracterizan por crear conceptos para poder pensar la realidad, esa realidad no termina de ser asible sino que la misma debe ser pensada bajo la tensión que no desaparece, tensión que se mueve entre el saber y el no saber, entre la verdad del otro y la propia, en la necesidad de asumir la ignorancia como constitutiva del saber, como constitutiva del deseo, del deseo por saber y en la siempre insuficiencia de la perspectiva individual, e incluso comunitaria e histórica. ¿Qué significa entonces ayudar a formar un docente de Filosofía bajo la categoría de “crisis” en tanto docente de Didáctica? Esencialmente significa propiciar espacios de reflexión en el cual se apueste a trabajar con los sujetos, y en el cual la propuesta sea “mirar” y “mirarse”. Es decir poder realizar una explicitación de las prácticas de enseñanza que se aprenden a percibir y sobre todo aprender a “objetivar” (es decir volverla explícita, analizable) la propia práctica de enseñanza que comienza a realizar el estudiante practicante. Ésta se transforma en el “material” con el cual se trabaja, intentando realizar una deconstrucción en relación a lo que se “trae”, es decir a lo que está encarnado en el propio sujeto y que hace a lo que el estudiante entiende que debe ser un docente, para luego poder reconstruir un proceso en el cual fundamentalmente se apueste a la autonomía. Desde este lugar el espacio de Didáctica se vuelve un espacio que intenta ser un sostén de este proceso; proceso altamente complejo. Pues no se trata de cambiar un saber por otro, o una información por otra, o incorporar estrategias que antes se desconocían, sino que fundamentalmente se trata de ayudar a formar un docente filósofo, es decir a propiciar caminos para la formación de una cierta subjetividad, subjetividad filosófica. ¿Por qué un docente filósofo? ¿Por qué una subjetividad filosófica? Pues porque se trata de que el estudiante pueda realizar un proceso reflexivo sobre sí mismo y pueda por ende aprender a enseñar Filosofía desde lo que la Filosofía es, es decir desde un saber que siempre está en movimiento, que siempre apuesta a la búsqueda. Se trata de propiciar una formación, esencialmente estética –al menos así me gusta denominarla-, pues el docente de Filosofía se muestra, se expone pensando, atravesado muchas veces por ideas de otros que hace suyas. Este proceso en el cual se trata de encarnar el pensamiento, es un proceso que habilita experiencias de transformación y de formación de una subjetividad filosófica. Asumir esta crisis es consustancial al problema de la enseñanza de la Filosofía. No es posible enseñar sino es desde la conciencia de su problematicidad. Por lo cual la Didáctica parte de hacer público este planteo: el espacio didáctico se vuelve un espacio de problematización y reflexión constante, en el cual se cruzan teorías, lecturas, reflexiones, pero también vivencias, afectos y movilizaciones personales. La Filosofía en tanto saber en movimiento también circula en el ámbito de Didáctica afectando a los sujetos. En este sentido no hay una apuesta a la enseñanza en tanto “transmisión” de información. Si fuera así no habría posibilidades de apostar a una formación filosófica, a una formación que apuesta a la re-creación del


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saber, del pensar, de la reflexión. Se trata de aprender a formarse como docente de Filosofía desde la Filosofía misma. Así tanto el Docente de Didáctica (IPA) como el Docente Adscriptor conllevan no solo un saber, el de la tradición filosófica, sino que además deben poder mostrar-se en el movimiento, en el filosofar, en el aprender y en el sostén a un otro quizá no acostumbrado a sobrellevar la incertidumbre, la búsqueda que todo proceso de autonomía implica. La formación de docentes de Filosofía y la enseñanza de la Filosofía en la Enseñanza Media cuenta en nuestro país con una larga tradición. No solo es propedéutica de estudios posteriores, sino que fundamentalmente coopera con la formación de un sujeto reflexivo por lo que se vuelve esencialmente democratizadora, entendiendo a la Democracia como una forma de vida que, esencialmente necesita sujetos reflexivos y críticos. Ahora bien… ¿qué de mí en todo esto? Es muy difícil decir qué parte de uno mismo está en lo que uno hace, pues al plantearlo de esa manera parecería que estas “prácticas” pre-existen a uno, pre-existen al sujeto. Y en realidad eso que llamamos sujeto, es algo que se construye, se forma. Todo lo que hacemos nos hace a nosotros; por lo que no hay “partes” que están “puestas” en algún lado. Sino que eso que hacemos nos construye, y eso que hacemos lo realizamos con todo lo que vamos siendo. Así al menos me gusta entenderlo porque además así lo siento. No puedo pensarme hoy lejos de la Filosofía; así como no puedo pensarme sino es a partir de la pasión que me ha conformado al enseñar Filosofía y al enseñar a enseñar filosofía filosóficamente. Mi “yo”, -o eso que uno va sintiendo que va siendo, ese sentimiento de identidad- se ha ido conformando en gran parte de mi vida por ese hacer, atravesado por un pensar y por la pasión –que no la entiendo separada del pensar-. Pasión que se alimenta al compartir con otros el gozo por la búsqueda, por el conocimiento, por la construcción, por la creación. Saber en crisis, como dice Lapoujade; y sujeto en crisis, porque no puedo concebirme si no es desde el movimiento, desde la tensión, desde la posibilidad de mirar un horizonte que siempre está ahí… Supongo que todas las búsquedas tienen que ver con nuestros orígenes, con “marcas” que nos quedaron en algún momento a manera de enigmas que nos impulsan. Supongo que el deseo es constitutivo de lo que somos en tanto animales incompletos, inacabados. Entiendo que ese deseo es el que nos mantiene en movimiento. Este movimiento, este mostrar el deseo es lo que vuelve nuestra existencia


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en una existencia estética, que a pesar de todo lo crudo que pueda ser la vida en un determinado momento, está abierta a la experiencia, a la transformación y al gozo de la belleza que se logra apresar a través del pensar. Me gusta poder compartir con mis alumnos el gozo por la reflexión, el disfrute por poder “pensar” una clase, por compartir dudas, por compartir un “pienso” comunitario cuando no sabemos cómo resolver una situación. Y me gusta también poder sostener un proceso de formación, ese que han elegido, al igual que yo, hace ya más de 25 años. En realidad a lo largo de estos años he querido o deseado muchas veces haberme dedicado a otra cosa. Pues el ejercicio de la docencia y en estos últimos años, el ejercicio de la docencia dirigido a formar docentes, es una práctica cargada de complejidades, tensiones, exposiciones y no siempre remuneraciones acordes a la responsabilidad y carga que contiene la docencia como tal. De hecho me he desempeñado también en el cargo de Inspección de Filosofía como Inspectora Nacional de la asignatura en la enseñanza Media, cargo que en este momento no estoy ejerciendo, pero al cual acudí también, supongo, como parte de esa búsqueda y como parte de una tensión ya en estos momentos constitutiva de mi subjetividad. Tensión en el sentido de convivir con las contradicciones, las complejidades, la no resolución y la necesidad de continuar con el filosofar y su enseñanza. Pero más allá de esa necesidad por momentos de dedicarme a otra profesión o trabajo, vuelvo a entusiasmarme en cada inicio de año con los estudiantes que voy a tener, con la preparación de los cursos, con la evaluación de lo realizado, con los proyectos a realizar, con la necesidad de revisar prácticas, con los nuevos docentes adscriptores con los cuales voy a trabajar… en fin, vuelve a estar presente el movimiento, el deseo, en definitiva la crisis y vuelve a hacerme un guiño el Búho de Minerva para que intente seguirle el vuelo, … aunque sea a los tropezones.

Bibliografía: Lapoujade, M.N. “La filosofía como saber en crisis” Publicado en Revista “Relaciones”. Nº 101. Octubre 1992, página 15.Montevideo. Litwin, E. “El campo de la Didáctica: la búsqueda de una nueva agenda.” En “Corrientes didácticas contemporáneas” de Camilloni, A., Davini, M.C., Eldestein, G., Litwin, E., Souto, M., Barco, S. Paidós Buenos Aires 1999. Plan 2008 SISTEMA NACIONAL DE FORMACIÓN DOCENTE 2008 DOCUMENTO FINAL Disponible en ipa.cfe.edu.uy/index.php/estudiantes/plan-de-estudios Sada, G. “El búho de Minerva” Blog dedicado a la filosofía en sus distintas ramas, especialmente a la filosofía y el pensamiento en América Latina. Disponible en http://gabrielsada2003.blogspot.com.uy/p/radiofm1003.html Consultado 29/11/2015


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Esta es la segunda visita, en la edición anterior nos encontramos con Federico Quintana. Ahora nos recordamos con Rocío Veas, quien pasó junto con su hermano toda su infancia con nosotros. Nos regala sus respuesta y nosotros además de agradecerle nos mimamos de orgullo.


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¿Contanos acerca de lo formal de las fechas, a qué edad ingresaste al Idejo y en qué año egresaste? Entré al Idejo con 3 años, en 1995, mis primeras maestras fueron Elsita y Silvia. Del jardín tengo mis primeros amigos y mis primeros recuerdos, Magdalena y sus mimos, la calesita roja, las meditaciones dibujando… En la escuela empecé con Susi, me acuerdo de los recreos, de mis escondites preferidos cuando jugábamos a la escondida, de las clases de expresión corporal con las cintas de colores, las de yoga y los masajitos, los ratos de lectura con Mirtha, las cartitas pasadisas, las Idejolandias, los campamentos en Aguas Blancas… Después pasamos al liceo, y aparecieron un montón de materias y profesores, pero nunca faltó la diversión, ni las actividades que nos hacían seguir explorando nuestra creatividad y compartir momentos inolvidables. Los últimos recuerdos que guardo son los del viaje a Florianópolis que hicimos al terminar 4to de liceo, en el año 2007. ¿Cuáles fueron tus primeras impresiones al pasar a otra institución después de terminar en el Idejo? El siguiente colegio se centraba más en lo formal del estudio, la exigencia y las modalidades de evaluación eran similares a las que estaba acostumbrada. Pero faltaba mucho de lo demás, las relaciones no eran tan cercanas, también sentí la falta de la parte creativa. Igual me pareció una buena propuesta y me sentí bien integrada. ¿En qué cosas te parece que se reconocen nuestros alumnos Idejo en otras instituciones? Pienso que en general tenemos un perfil bastante social, me parece que coincidimos en ser reflexivos, con una visión crítica pero positiva a la vez. El Idejo se basa fuertemente en inculcar valores y creo que eso se nota. ¿Cuál fue tu recorrido posterior en torno a lo formativo y profesional? Al terminar el liceo estudié la Licenciatura en Economía en la Universidad de la República y me recibí en el 2014. En el medio cursé un semestre en una universidad de Brasil con una beca de la UdelaR. Este año comencé a estudiar Sociología y pienso empezar la Maestría en Sociología el año que viene.

Trabajé haciendo encuestas, dando clases, en el departamento de economía de una consultora, y desde hace un año y medio trabajo en el Área de Estadísticas Económicas del Banco Central. ¿Qué intereses de la actualidad reconocés que pueden haberse disparado en nuestra institución? Muchos, menciono algunos. El Idejo te hace explorar distintas formas de expresión, la música, la danza, la expresión plástica, la literatura… Creo que eso genera una mayor sensibilidad y que es por eso que me gustan tanto todas esas formas de arte. Algo que valoro mucho son las experiencias que tuvimos de intercambio, ya sea con otros liceos (de Montevideo y de Salta - Argentina), como con escuelas y hogares de niños, me hicieron ver lo lindo y lo importante de la construcción colectiva de una sociedad más igualitaria y más unida. El Idejo también incentiva mucho el contacto con la naturaleza y su cuidado, y la alimentación saludable y consciente. Ambas cosas siguen muy presentes en mí, el amor por la naturaleza y el interés por la buena alimentación. ¿Qué aprendizajes te resultaron significativos para la vida? ¿En qué situaciones te acordás de lo aprendido acá? Respirar, siempre me acuerdo de respirar. Tomarme tiempos para mí, para entenderme, cuidarme. Valorar la esencia de las cosas, intentar distinguir lo que es importante de lo que no, simplificar. Conectarme con lo que hago o con las personas que me rodean y darles la importancia que merecen. ¿Qué te gustaría decirle a las familias que están hoy compartiendo este espacio? Que lo aprovechen, que lo cuiden. Pienso que el Idejo es un lugar increíble y voy a estar siempre agradecida de haber crecido ahí, de los amigos que hasta hoy tengo, de todos los que hicieron que lo sienta como una familia, de los mil recuerdos y aprendizajes. Creo que una de las cosas más lindas es el sentido de pertenencia que se genera, no solo para los alumnos sino también para las familias, y esa construcción entre todos es fundamental para que el Idejo siga creciendo, formando personitas felices y humanas.


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ás m o it de oqu o des mi p un iend a a s o r d en recor r form encia o r p v a d ta a iene ir y d las vi rman s s i v v u o re ejo nstr y de n f a eso a a l e r d de e el I do co toria e un lectu a es . o l o s e s ícu os qu . Pue la hi que en la cauc puls a t r a in o e a r im st o ada cam tiemp uda d e agu corre propi e su a Co c En e los anto la ay los d ta re r mi a tra ina D y i n r a t ol sob hace jo con mo h enca ego d a que Car o Ide gan c te. Me der lu e agu o i o p d n le pro me l corrie ara p iente p r que una agua cor de s o l hi

Gracias, m Un abrazo e encantó la revis ta. Fernando Mirza Leí completa la revista y me pareció muy rica en diversidad de las personas que allí aparecemos, las propuestas, en fin me gustó estar en ella y lo que más, más disfruté fue una charla contigo, la foto lo dice todo, gracias. Stella Nuñez

Qué decirte... genial !!! me encantó el nombre, el diseñ o, y por supu contenidos. Abrazote y felicitaciones!!! Silvia Pereyra Ge arranq nial, much as ué a le erla e gracias. N n la op Ayer e staba web. Muy ude con la m an d hicier on lag edio sensib isfrutable siedad y y l rimea r. Jeje e y las entr emotiva. e . Ahor a la si vistas me g Muy Cristi o. Besos. na Vig noni Serg linda, ¡ cu i

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and antas c ress aras i con ocid as!

Estoy leyendo la revista y me parece muy interesante para seguir conectàndonos con la propuesta del Idejo. Voy a continuar... Muchas gracias por compartirla. Abrazo Carla Bóo


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Hasta luego!

Se nos va terminando la tercera edición y parece mentira que ya sean tres. En esta ocasión abrazo especialmente a Janett Tourn, a Cecilia Reyes, a Sylvia Pereyra (alias la flaca), y a Rocío Veas, que dedicaron tiempo y cariño para que puedan leer estas notas. Otros abrazos a los compa de siempre: Caro y Sergio, y en espacial a los que estamos todos los días y que al final de diciembre juntamos el cansancio con olor de jazmín. El abrazo más grande se lo llevan los alumnos, que saben del corazón y están disponibles para ofrecer amor cuando necesitamos. Esperamos sus comentarios a extension@idejo.edu.uy ¡Ci vediamo dopo!

Haciendo Somos III  
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