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Mg. Irene Pilar García

fieles cristianos. Los religiosos eran las personas de mejor preparación y hay huellas destacadas de la labor del clero que acompañó la conquista y colonización del nuevo mundo.

En los siglos XVII y parte del XVIII, España estuvo concentrada en la política europea; por entonces, América vivió una dilatada autonomía al abrigo de la distancia y afianzando su cultura e identificación.

Párrafo aparte merece la acción de la Compañía de Jesús. Sus miembros se ocuparon de la educación en todos los niveles; se dedicaron a los diversos sectores de la sociedad y se movieron en toda la extensión territorial; fueron viajeros, geógrafos, biólogos, arquitectos, portadores de las más diversas ramas del saber al nivel de los máximos conocimientos científicos de la época. La tarea en las Misiones y la creación de las dos Universidades que se fundaron en estas tierras -Charcas y Córdoba- bastan para su reconocimiento. Allí se formaban los jóvenes de estos dilatados países en una concepción del hombre, del mundo y de la vida en consonancia con la fe cristiana. Se especializaban en estudios superiores de filosofía, derecho y teología, con la mirada puesta en la trascendencia y la salvación de las almas.

La dinastía borbónica y las transformaciones. Al llegar al siglo XVIII, las

Mediante sucesivas decisiones políticas, convertirían a los reinos en colonias, para que su explotación beneficiara a la metrópoli; crearían el Virreinato del Río de la Plata; abrirían el Puerto de Buenos Aires; se dictaría el Reglamento de libre comercio. En esa misma línea política, dejarían en la nueva jurisdicción al cerro de Potosí – para contribuir, con sus recursos, al sostenimiento de la capital, Buenos Aires-. Para la organización jurídico política del territorio virreinal se crearían ocho Intendencias y cuatro gobernaciones militares, fronterizas con los dominios portugueses. Con ello se apuntaba a un mayor control y centralización política. Expulsarían a los jesuitas, medida que tuvo cierta generalidad en la época. Entretanto, la fiebre de ideas seguía desarrollándose en Europa. Los intelectuales elaboraban nuevos principios y teorías. Cristalizaba el liberalismo; Hobbes, Locke, Rousseau, Montesquieu, Voltaire construyeron sus aportes tendiendo a superar los modelos políticos de antiguo régimen que estaban al borde del colapso.

REVISTA CoMUNICAR-T

De esta manera, había una cultura que se practicaba en la vida cotidiana, pautada por los mandamientos y con gente que respetaba “las buenas costumbres”; éstas se fundamentaban en los valores cristianos. De allí que el cristianismo no fuera sólo un culto, sino también la cultura de la sociedad. Entre las condiciones para ser considerado “vecino” (gente principal) figuraban esas famosas “buenas costumbres”. Cuando los vecinos accedían a los cargos públicos juraban por los objetos de su fe. También ella signaba los actos más importantes de la vida privada: el nacimiento se registraba con el bautismo; la comunión se recibía al entrar en la edad de la razón; llegado el tiempo de definir la vocación, el matrimonio o el orden eran sacramentos adecuados; y, preparándose para la muerte, las personas daban testimonio de su fe en los famosos testamentos.

experiencias monárquicas del antiguo régimen entraron en crisis. Los Habsburgos se extinguieron sin descendencia y se determinó el ingreso de los Borbones quienes, de acuerdo con los aires de la nueva época, producirían reformas tendientes a modernizar y a cambiar las reglas de juego en materia política, económica y cultural.

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Comunicar T; Belgrano en Tucuman  
Comunicar T; Belgrano en Tucuman  

Revista de la Licenciatura en Comunicacion Social de la UNSTA. Conmemorativa del Bicentenario de la Batalla de Tucuman y de la acción de Bel...

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