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Agostina García Castro Estudiante Lic. Comunicación Social UNSTA

cias de Belgrano, declaró por decreto de 18 de febrero, ‘que la escarapela nacional de las provincias del Río de la Plata sería de color blanco y azul celeste’”.6

Ese mismo día el general don Juan Martín Pueyrredón solicitó su reemplazo en el Norte, y fue sustituido por Manuel Belgrano que, a pesar de que su salud estaba flaqueando, aceptó sin dudar, incluso cuando se le advirtió la diferencia en número de nuestros soldados contra los realistas al mando de Goyeneche, que nos duplicaban, y se le ordenó que “en la imposibilidad de contenerlo, se le preveía se pusiera en retirada para salvar el material de guerra”8. Por estas imposiciones, le correspondía Belgrano “el triste y vergonzoso deber de presenciar la conquista del territorio sin disputar al enemigo el paso”. 9

Desde que el general Manuel Belgrano tomó el mando el 1º de marzo, buscó mantener en alto la moral de los soldados patriotas e hizo conocida la razón por la que se luchaba entre las poblaciones norteñas. Contagió sus ánimos de libertad entre las gentes y consiguió el apoyo necesario para dar batalla al ejército realista que duplicaba en número y en experiencia al patriota. Se dice del general Belgrano que “jamás desesperó de la salud de la patria, mirando con la más marcada aversión a los que opinaban tristemente”. 10 El ejército patriota exigía al gobierno que les mandase materiales para poder combatir al enemigo, pero la vista de estos estaba puesta sobre la banda oriental que no suspenda el fuego, las esperanzas sobre el ejército que se encontraba en el norte eran nulas. Tal es así que Belgrano los acusó de ser sus enemigos y de no interesarles la causa de la Patria. Viéndose desprovisto de materiales, armas, dinero, decidió construir lanzas para poder dar batalla, aunque se sabía en amplia desventaja. A pesar de esta situación, los cochabambinos se sacrificaban por la causa de la libertad, estaban prontos a sucumbir, no obstante, el general haría cuanto fuera posible para salvar ese territorio. La mala salud

6 Ibídem. Pág. 34 7 Ibídem. Pág. 37. 8 Ibídem. Pág. 38. 9 Ibídem. Pág. 38. 10 Paz, José María: Memorias Póstumas del Gral. José M. Paz. Argentina, Biblioteca del Suboficial, 1951. Pág. 19 y 20. 11 Mitre, Bartolomé: Historia de Belgrano. Buenos Aires, Editorial científica y literaria argentina, 1927. Pág. 58.

Una vez más, en Jujuy, Belgrano, sin haber recibido la desaprobación de la bandera, repitió el juramento e hizo bendecir la insignia por el canónigo Gorriti y otra vez fue reprendido por las autoridades. Al finalizar el mes de julio, le llegó el auxilio necesario a las fuerzas patriotas, pero viéndose en peligro por la avanzada de los realistas, cargaron el armamento para emprender la retirada. Con un bando, Belgrano exigió en Jujuy respuesta y abandono de todas sus pertenencias a los pobladores que correrían el riesgo de ser tomados por los españoles. Desde Buenos Aires el Triunvirato exigía la retirada hasta Córdoba que significaría el temor al enemigo, una mayor pérdida de territorio y habría sido más difícil mantener la moral de los soldados, incluso desconocía los ánimos que se vivían entre los criollos que temblaban ante la posibilidad de una guerra en sus narices y la pérdida de sus bienes y familiares, que recobraron valor y entregaron el doble de lo que el General exigía para dar batalla. No sólo se involucraron los hombres, nuestros gauchos que temerosos hicieron frente a una tropa bien constituida, sino nuestras mujeres, niños y hasta el clero respondieron al llamado de lucha por la independencia. “No se trató de un ejército con-

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Con estos deseos de encender los corazones patriotas Belgrano creyó que, al tener una escarapela nacional, podría enarbolar una bandera con los mismos colores para reemplazar los que correspondían a España, de quien querían prescindir. Así es que en Rosario, el día 27, luego de hacer participe al gobierno con un aviso y asumiendo su aprobación, reunió a las tropas sobre la barranca del río, con parte del vecindario presente, profirió un juramento hacia los soldados y luego de este, se alzó la bandera argentina. Este acto que buscaba no solo glorificar a la Patria sino darles a todos los patriotas una bandera que defender, causó mucho entusiasmo entre los soldados pero reprobación en el gobierno que dispuso “haga pasar como un rasgo de entusiasmo el suceso de la bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola disimuladamente y sustituyéndola con la que se le envía, que es la que hasta ahora se usa en esta Fortaleza, y que hace el centro del Estado”. 7

de algunos de los soldados lo hizo desistir de sus ansias de lucha y adoptó la defensiva esperando refuerzos de Buenos Aires, tanto de hombres como de pólvora. “¿Se puede hacer la guerra sin gente, sin armas, sin municiones, ni pólvora siquiera? Vd. Me ha ofrecido atender a este ejército; es preciso hacerlo y con la celeridad del rayo, no por mí, pues al fin mi crédito es de poco momento, sino por la patria.” 11 Por ese tiempo el ejército tuvo la entrada del barón Holmberg, que fue de gran ayuda para la causa, casi duplicó la fuerza patriota.

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Comunicar T; Belgrano en Tucuman  
Comunicar T; Belgrano en Tucuman  

Revista de la Licenciatura en Comunicacion Social de la UNSTA. Conmemorativa del Bicentenario de la Batalla de Tucuman y de la acción de Bel...

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