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La soledad, el artista y el filósofo. Por: Luis Jerónimo Torres

El hombre de saco negro, un día decidió abrir los ojos. Una decisión que parece bastante fácil para el hombre común. Después de abrir los ojos el hombre abandonó su burbuja capitalista, esa que lo cegaba y que cambiaba su decisión, por mecanización. Avanzo unos cuantos metros, quizá miles. Disfrutaba la marcha a cada instante, con plena libertad de autoconciencia, como si por primera vez sus ojos se abrieran. Giró la puerta y se encontró del otro lado. Después de un largo rato otros dos giraron la puerta de manera muy distinta, se reconocieron, se reconocieron las culturas. En secreto, la intimidad las sobrecoge. Aun no sé si hacían arte o ciencia, las dos o ninguna. Tal vez magia, las tres o ninguna. Hombres al fin y al cabo.

Nota: Este escrito surge indudablemente dentro del contexto en el que vivo, la filosofía que conozco, la cual es institucionalizada, que hoy abarca mi centro. Lo hago desde aquí, puesto que la filosofía debería responder a contextos y pensamientos auténticos de los hombres. Por lo tanto, hoy me refiero a la filosofía que pretendemos aprender en un asiento tomando notas. Cuando digo artista estoy pensando primordialmente en el trabajo del actor teatral. El objetivo de este trabajo es establecer una analogía entre el artista y el filósofo a través del concepto de soledad. Tiene por objetivo principal responder de manera sugerida al cuestionamiento sobre el modo de proyectar la filosofía dentro de mi entorno.


La soledad, el artista y el filósofo. La soledad debería ser un deleite de los hombres, una excéntrica búsqueda, un descanso del espíritu, un lugar donde surge la alteridad, donde podemos estar envueltos de pensamientos vivos, donde podemos sumergirnos en arenas espesas, renaciendo. Para volver a pensar, pensar. Imaginemos que no hay nadie allá afuera, después volvamos a pensar que no estamos solos, que tal vez nunca será así. De ahí surge la conciencia, la firme conciencia de que estoy conmigo, reconozco esta premisa y entonces me mimetizo, soy mímesis. La dualidad de ser yo y al mismo tiempo ser el otro. Para fines expositivos definiré soledad como el estado del ser humano en el cual se vive un proceso de racionalidad y/o sensibilidad creadora, y es también un acto voluntario y de conciencia donde ocurre un proceso de sinceridad y organicidad expresado en mente y/o cuerpo a través de un texto (entendiéndose texto en un sentido figurado, el cuerpo humano puede ser un texto). De este concepto puedo distinguir dos tipos de soledad: soledad pública y soledad privada. La soledad pública se proyecta dentro de la esfera social en un sentido amplio, en donde el ejecutante tiene plena libertad de autoconciencia, su lenguaje es subjetivamente universal. Dentro de él puede ocurrir un proceso de metaforización del pensamiento autónomo y siempre existe un deseo de transformación sensible. En contraposición, la soledad privada ocurre dentro de un proceso de racionalidad con mayor grado de abstracción, generalmente innecesario, que trae como consecuencia la creación de un lenguaje panicular, que seculariza el entendimiento de unos cuantos y en ningún momento se interesa por transformar nada ni a nadie. Por tanto, esta soledad se convierte en ensimismamiento y contemplación vana. En este sentido sostengo que artista y filósofo hacen participe a la soledad en su vida, aunque en sentidos distintos. Mientras por un lado el artista hace su soledad pública, por otro lado el filósofo convierte su soledad en privada. Esta soledad se vive siempre con la mira de todos los hombres, un afán: el anhelo de la libertad.


El filósofo convive con la soledad, misma que requiere cierto nivel de concentración y da como resultado pensamientos analíticos y críticos. Esta soledad se hace participe de su vida al momento de su proceso creativo, en la creación de textos. La soledad se hace privada en el momento en el cual el filósofo quiere ser uno, en el supuesto de que este sujeto pretenda querer alcanzar la libertad y puesto que en sus aspiraciones hacia la libertad anhele ser si mismo y trascender por medio de su sabiduría y su autoconciencia intelectual (Misma que representa el contenido de su felicidad, el cual desarrolla durante todo el tránsito de la búsqueda por la verdad). En este sentido de libertad, el hombre no desea ser otro, por el contrario, desea ser si mismo, es decir actuar según su modo de ser. La libertad en este caso aparece como un bien personal y no como valor social. Ahora nos situamos ante la postura del artista. Éste a diferencia del filósofo hace su soledad pública, puesto que en la relación teatro mundo, que por años ha regido la doctrina de la mimesis, el artista desea ser el otro y no ser uno mismo, en ello recae una relación directa. Por ello el actor tiene como una de las principales tareas el ser observador de la vida misma, así como descubrir la poesía oculta en la cotidianidad. El lenguaje estético pretende abarcarlo todo, dado que este discurso es expresado por medio del cuerpo que es común a todos los hombres. Aquí estoy pensando en el lenguaje teatral, específicamente en la máscara neutra del maestro Lecoq. La principal tarea que tiene dicha poética del cuerpo es la de la transformación sensible del espectador. Pienso que confundimos filosofía con

erudición. Pienso que la búsqueda exasperante por el

conocimiento, esa que añoraban tantos hombres, cada vez más viejos, se encuentra estancada. Pienso, creo y siento que la filosofía está muerta y junto con ella los filósofos. Pienso, creo y siento que esta institución está muerta, se esfuma el diálogo, la prudencia, nos quedamos con las mismas personas y en el mismo sitio (recordando las mismas personas, como estancados en agua que va y viene, que va y viene con un perfume viejo y un silencio). Siguiendo el canon, encuadrados en un mismo centro. Ante la pregunta de si es mas viable la postura del artista frente a la del filosofo en su relación con el mundo, respondo sí. Sí es más viable la postura del artista en su relación con el mundo.


La soledad, el artista y el filósofo