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Discusión filosófica

La alteridad como respuesta a la crisis de civilización Judith León

“Pero la lucha por nuestro planeta, en lo físico y en lo espiritual, esa lucha de proporciones cósmicas no es una vaga cuestión del futuro. Ya ha comenzado. […] Podríais sentir su presión pero vuestros monitores y vuestras publicaciones todavía están llenos de las obligatorias sonrisas y de los brindis con los vasos en alto. ¿A qué viene tanta alegría? Aleksandr Solzhenitsyn

En diciembre de 2008, con toda la seriedad que la clase en el poder le otorga a las cuestiones económicas, se anunció debacle de los mercados financieros. Un colapso financiero de peor magnitud que el de 1929 y su martes negro. A pesar de que esta crisis era ya una realidad desde la segunda mitad de 2007, se reconoció un año y medio después, como reiteración de la perversa protección al sistema de mercado neoliberal. Además de hacer patente, una vez más, el desplome del sistema económico neoliberal —capitalismo salvaje—, la crisis de los mercados mostró no sólo que era de una seriedad grave sino que, y a pesar de los esfuerzos de contención —de la oligarquía y de los medios de comunicación—, su esfera de dominio sobrepasaba el ámbito de los mercados aunque su génesis fuera de tal naturaleza. La problemática financiera era la punta del iceberg de una situación global terriblemente solapada por los sistemas de gobierno. La flexibilidad en la regulación de los mercados y el cálculo máximo de utilidad, provocaron una explotación desmedida de los recursos naturales (agua, minerales, gas, petróleo, etc.) y humanos (explotación laboral, esclavitud y violación de derechos humanos); además, el abuso de recursos aceleró el cambio climático y esto ha derivado en una crisis alimentaria en proporciones escalofriantes.

El origen de la debacle financiera, se originó en los EE.UU. en el sector hipotecario, cuando los deudores empezaron a tener problemas para pagar el financiamiento que habían recibido; situación agravada porque en el jugoso negocio, la banca había vendido a terceros las deudas hipotecarias (instrumento financiero llamado suprime), así todos en la cadena económica perdieron. Pero el centro del problema, consistía en la solapada incapacidad del Estado para ejercer controles de vigilancia sobre los mercados; el mercado se autorreguló según sus principios que a la luz del desastroso resultado, demostró que es sobradamente falible. Sin embargo, lo que sucedió fundamentalmente en el mercado hipotecario, fue práctica común en todos los intercambios de mercancías: el calculo máximo de utilidad sobre el valor de un bien (mercancía) y la no intromisión gubernamental con regulaciones que controlen la actividad mercantil.

En el mensaje del Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, en octubre 2009, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, divulgó un informe de resultados del organismo de las Naciones


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Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)1 con cifras alarmantes: hasta mediados de 2009 el número de personas en situación de hambre rebasaba los mil millones por primera vez en la historia de la humanidad. Las cifras actualizadas a septiembre de 2010 señalan una disminución pírrica ahora son 925 millones. En América Latina y el Caribe la cifra aumentó son 53 millones de personas con hambre. Además, hay alrededor de 9 millones de niñas y niños padecen de desnutrición crónica.

La crisis alimentaria de proporciones dramáticas, tiene los siguientes derroteros: en primer lugar, el calentamiento global: provocado por las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera —emisiones provenientes de la industria, de los vehículos, la producción y el consumo de energía eléctrica, los desechos tecnológicos, etcétera—, que ha contribuido al derretimiento de los casquetes polares y con ello al incremento en el nivel y el grado de temperatura del mar, provocado eventos meteorológicos como tormentas, tsunamis, y huracanes, dejando grandes inundaciones. Las inundaciones han acabado, en algunos casos, con las cosechas y en otros han dejado la tierra sin posibilidad de ser utilizada. Aunque el cambio climático también ha provocado la desertificación de extensas zonas de tierra de labranza. Y en segundo, el uso de las tierras para el monocultivo de granos como el maíz y la soya, o la caña, para la producción de biocombustibles, en lugar de destinarlas al cultivo para consumo humano, que entre otros ejemplos han dejado a la selva Amazónica con cerca de 7000 kilómetros cuadrados de bosque tropical destruidos. Además, por si fuera poco, la producción agrícola cotiza en la bolsa de valores como instrumentos denominados commodities; lo que significa la compra, con al menos dos años de anticipación, de cosechas completas de trigo, de arroz, de cítricos, de maíz, etcétera. En una perversa dinámica de oferta y demanda que ha provocado el incremento de precios de los alimentos de 82%, de acuerdo con reportes de FAO. En consecuencia, las políticas públicas gubernamentales, muy en consonancia con las grandes corporaciones financieras, han solapado perniciosamente el intercambio especulativo de productos agrícolas básicos como objetos de alto valor mercantil, en una descarada tendencia privatizadora del sistema capitalista que acapara para la iniciativa privada recursos naturales indispensables para la vida humana como el agua, la flora y la fauna. Recursos sobre todo, de países subdesarrollados con problemas económicos que son presionados a través de organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para privatizar el agua a cambio de liberar los créditos. Y en otra forma más radical, países como Japón, China y Arabia Saudita han empezado a comprar tierras en naciones pobres, como en África, sólo para hacerse de sus sistemas naturales hídricos. Esta conducta escandalosa ha sido expuesta por el grupo de trabajo para el tema del Agua de la ONU.2 Y mientras tal estado de cosas ocurre, la organización de Ingenieros Mecánicos del Reino Unido3 alerta que la situación de crisis puede empeorar: publicó un estudio en el que advierte que los países industrializados no podrán cumplir el objetivo de reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2)


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de forma significativa para mitad de siglo, debido a que carecen de capacidad para producir energías limpias.

Otras consecuencias de la crisis del sistema capitalista neoliberal, impuesto a ultranza a todos los pueblos de la tierra, es el drástico incremento del desempleo y de la pobreza. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo Monetario Internacional publicaron los resultados de la Conferencia de Oslo4 donde se señala como la mayor crisis laboral de la historia con 210 millones de personas desempleadas. Aunado a esto, se espera un incremento del subempleo: actualmente, en muchos países ha aumentado el número de empleados que trabajan a medio tiempo o tiempo parcial. En muchos casos, con la intervención del gobierno, se han llegado a pactar acuerdos para reducir el número de horas de trabajo, a cambio de conservar el puesto laboral, en franca violación de sus derechos laborales. El desempleo trae consigo otro escándalo: la pobreza mundial. De acuerdo a OIT 5 a finales de 2009 habría unos 1.422 millones de pobres —casi una cuarta parte de la población mundial—. Aunque el empleo no será una garantía, pues los 200 millones de nuevos pobres que ha traído la actual crisis tienen empleo, pero ganan menos de dos dólares diarios.

Para reducir costos y obtener el máximo de ganancias, el sistema ha incorporado al mercado laboral a los niños. De acuerdo con datos de la UNICEF6 se calcula en 150 millones el número de niños de entre 5 y 14 años que trabajan en todo el mundo. La OIT 7 estima que más de dos terceras partes de todo el trabajo infantil se realiza en el sector agrícola, los niños —y, especialmente las niñas— empiezan a desempeñar labores agrícolas entre los cinco y los siete años de edad. Además los niños y las niñas trabajan en las peores condiciones posibles, incluida la trata, los conflictos armados, esclavitud, explotación sexual y trabajos peligrosos. Al mismo tiempo, el trabajo infantil perpetúa el empobrecimiento al comprometer gravemente la educación de los niños.

Los datos presentados confirman la crisis en sus tres aspectos: financiera-económica, climática y alimentaria. No hay interés de hacer una exposición catastrofista del actual estado de cosas en el mundo, pues la información señala claramente hechos acontecidos en el marco de la crisis financiera, a la que atinadamente puede denominarse crisis de civilización —término que uso en el sentido que lo identifica con las conquistas materiales y la organización social8—, por la envergadura y sus consecuencias sin parangón. El quid de la cuestión subyace en una visión occidental de estar en el mundo, de la entronización de la noción de un sujeto cosificado, descarnadamente individual; un sujeto que ha construido por acción u omisión el estado actual de cosas que han derivado en la actual crisis de civilización. Un dogma económico imperante que le da todo el poder al sector privado, que impone el mercado como medida de racionalidad y el individualismo más descarnado como principio ético ordenador.


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No obstante, el origen del actual estado de cosas, parece surgir en una época del pensamiento más remota, a saber, en el Renacimiento, donde se abre paso con renovada noción, el hombre como ser libre digno de cosas superiores, un sujeto entronizado porque es capaz de hacerse así mismo. Al sujeto en el centro de la reflexión filosófica, el pensamiento ilustrado le dotó de una razón autónoma, distante de la superstición y el fanatismo de las religiones reveladas, una razón instrumental con la cual mejorar su vida, «Sapere aude!» ¡Atrévete a saber!, pedía imperiosamente Kant. Yo kantiano que se mueve por el mundo con la magnificencia de su prodigioso aparato trascendental, legislando adiestro y siniestro: posicionado en la Totalidad desde la cual conoce re-conociendo lo Mismo (identidad A=A) y en el que subsume un lo mismo con el que se identifica y un lo otro que designa como diferencia.

El sujeto construido desde la modernidad, es base para que, desde los años ochentas y en particular con la caída del muro de Berlín, se impusiera un individualismo a ultranza que se coligó con una teoría del egoísmo como valor organizador ideal de una sociedad. La teoría tiene antecedentes en el filósofo Adam Smith y su consideración de que la mejor manera de comportarse socialmente —de beneficiar al conjunto— era que cada uno persiguiese su propio interés ya que la mano invisible del mercado mantendría el orden en la sociedad. Adam Smith jamás negó la acción social ni la labor del Estado, ni la presencia de los valores (la justicia era fundamental en su sistema) como se interpretó con ignorancia tiempo después.

¿Es la alteridad una posibilidad de solución a la crisis de civilización? “Amo a aquel cuya alma se desborda hasta olvidarse de sí misma y de que todas las cosas están dentro de él, porque así todas las cosas contribuirán a su ruina.” Nietzsche, Zaratustra, Prólogo 4

La crisis pone en evidencia un sistema de civilización que ya no es posible soportar, pues ha resultado desastroso para la raza humana. Y aquí hay que apelar a un sujeto con derechos pero también con responsabilidades; el mismo sujeto, necesario después del Holocausto judío, que demandó la Hannah Arendth9: un ser humano político nuevo, distinto del hombre sin rostro del colectivismo de los años treinta y del hombre egoísta del individualismo exagerado de la sociedad de consumo. Un sujeto que responda por «el otro»; alteridad en tercera persona: «el otro», propuesta con la que Lévinas se opone a la racionalidad occidental. El sujeto levinasiano es un ser ya satisfecho (yo absoluto) del que procede el deseo por el Otro. Otro que no es mi enemigo, ni mi complemento. El Deseo de Otro se origina en un ser al que no le falta nada10, nace más allá de todo lo que pueda faltarle o satisfacerle.

El Deseo que es movimiento hacia el Otro, pone en estado de vulnerabilidad la identificación del Yo consigo mismo, y por si fuera poco, el Otro ni me complementa ni me contenta, entonces ¿por qué


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no soy indiferente? La relación con el Otro me interpela, me da la cara, me vacía de mí mismo, y no deja de hacerlo al descubrirme recursos siempre nuevos. La dirección u orientación absoluta hacia el Otro (que Deseo) como interlocutor: aquel a quien la expresión expresa, expresión anterior a la reunión con el ser.

El rostro como epifanía del Otro, no sale al paso sólo a partir de un contexto, sino que, sin esta mediación, significa por sí mismo. La significación cultural que se revela desde un mundo histórico al que pertenece, es una significación mundana que se encuentra transformada por Otra presencia absoluta, no integrada al mundo. Presencia que viene hacia nosotros, que consiste en presentarse. La aparición del Otro, es también rostro; no como imagen, es decir, como manifestación muda, la epifanía del rostro es viviente. Su presencia consiste en desvestirse de la forma en la que ya se manifestaba, porque la desborda. Pues el rostro me habla. El rostro entra en nuestro mundo a partir de una esfera absolutamente extraña, que equivale a Decir, a partir de un absoluto que es, y es exterior a todo orden, a todo mundo.

El rostro no puede ser re-presentación; el rostro procede de lo absolutamente Ausente, está en un más allá del mundo, más allá de todo descubrimiento. El más allá de donde viene el rostro, absolutamente ausente, pasado absolutamente caduco, significa como huella; porque la huella significa más allá del ser. Huella que consiste en significar, sin hacer aparecer, la huella es la presencia del que siempre ha pasado, pero también del que siempre ad-venir. La huella como huella conduce hacia al pasado, pero también hacia el porvenir; por lo que, en la huella del Otro resplandece el rostro; sin embargo lo que se presenta allí, está en camino de liberarse de mi vida (ipseidad) y me visita como ya absoluto. El Otro ya ha pasado, su huella significa la impronta, el desarreglo mismo que no puede evitarse.

El rostro despojado de cualquier forma irreductible a toda representación , me interpela desde su desnuda vulnerabilidad, conciencia cuestionada por el rostro, cuestionamiento que exige responder. El sentido del rostro no es reflejar en la conciencia lo absolutamente Otro, la conciencia no lo asimila; antes bien la epifanía del Otro trastorna el egoísmo del Yo mismo, que ante la exigencia del Otro deja de ser conciencia que reposa en sí misma. El Yo que se hace cargo de la exigencia de responder, sin que suponga una obligación, ni necesidad de obtener respuesta del Otro, pues la relación Yo-El Otro es asimétrica: va de lo Mismo al Otro, pero no del Otro a lo Mismo, que supondría asimilación. Yo auténtico significa, por lo tanto, no poder sustraerse a la responsabilidad, pero este responder vacía al Yo de su imperialismo y egoísmo, sin transformarlo en un momento del orden universal, sino confirmándolo en su unicidad, puesto que nadie puede responder en mi lugar.


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El Otro provoca este movimiento ético en la conciencia, que viene a desarreglar la buena conciencia del Mismo consigo mismo, Yo al que ya le es imposible volver hacia sí, rectitud de “conciencia si retorno”. Reconstrucción del sujeto en clave ética. El movimiento, producido por el Deseo hacia el Otro, es acción para un mundo que viene, superación de su época, que siempre requiere el aparecer del Otro. La epifanía del Otro como rostro me grita un “No matarás” como expresión grave y urgente. Un ¡no matarás! en el sentido de no imponer la dominación de mismidad, de no aniquilarlo en los conceptos vacuos de lo Mismo. El Yo de Lévinas es para la muerte desde siempre, muere de ipseidad en el instante mismo en que el Deseo hacia el Otro en la epifanía de su rostro le interpela y le intima responsabilidad, interpelación que viene a desarreglar la rectitud de su mismidad. Yo imposibilitado de regresar a sí mismo, pues el Otro no es uno, el Otro son los Otros. Imposibilidad de regreso a sí mismo: a) el Otro es manifestación irreductible a conceptos y categorías de lo Mismo; b) la epifanía de el Otro es su rostro que habla, que es Decir; y c) en su rostro el Otro significa huella, presente cargado de ausencia, siempre ya pasado y lo ad-venir, por lo tanto inasible.

Alteridad que propone ir donde el Otro por suficiencia (sin pedantería) de ser. Deseo por el Otro en una relación asimétrica, no de sacrificio, sino de comprensión de lo absolutamente e Infinitamente Otro, que en su epifanía desarregla el reposo en la mismidad ingenua y absurda en la que el Yo descansa. Irrupción irrecusable. Yo que va hacia el Otro buscando el en sí, y encontrándolo en la celebración (reunión más allá de unidad) con él Otro. Construyendo así, el único espacio posible en el que las personas (yo- el otro) distintas comparten experiencias y un mundo común: la interhumanidad; sólo en compañía, el ser humano afirma y asegura su propia existencia. Sujeto al que apelo para la re-construcción de una civilización distinta. Referencias Bibliográficas 1 http://www.un.org/spanish/issues/food/taskforce/ 2 http://www.un.org/spanish/waterforlifedecade/ 3 http://www.imeche.org/ 4 http://www.ilo.org/, 13 de septiembre de 2010 5 http://www.ilo.org/global/About_the_ILO/Media_and_public_information/Press_releases/langen/WCMS_115808/ 6 Edición de Progreso para la Infancia, Un balance sobre la protección de la niñez, Número 8, Septiembre, 2009. Una serie dedicada a realizar un seguimiento del progreso hacia los objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), compendia datos sobre las actividades mundiales y nacionales destinadas a proteger los derechos de los niños. 7 Ídem http://www.ilo.org/ 8 Para Max Weber la civilización es un proceso más restringido, basado en la ciencia, la tecnología y las instituciones sociales. Diccionario de Filosofía Herder, Barcelona, 1996. 9 León, J. Inter humanidad: el nuevo papel del sujeto en la teoría política de Hannah Arendt, ensayo, Octubre, 2007. 10 Lévinas, Emmanuel, “Humanismo del otro hombre”, Siglo XXI, sexta reimpresión en español, México, 2009. Traducción de Daniel Enrique Guillot.

La alteridad como respuesta a la crisis de la civilizacion  

Por Judith Leon

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