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INGENIEROS Y CIENTÍFICOS INMIGRANTES A COLOMBIA 1760 – 1950

Epígrafe “La historia es un proceso motivado por fuerzas humanas al que hay que entender a través de términos puramente humanos. Ella no debe ocuparse sino de la verdad de nuestros semejantes en su capacidad de seres que vivieron a lo largo y ancho del tiempo que nos interesa”. [Jorge Basadre Grohmann, historiador peruano]

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RECONOCIMIENTOS Este libro no se hubiera escrito, si no fuera por la inspiración, el estímulo, la información y la ayuda que recibió el autor de muchas personas. Algunas de ellas se mencionan al final, después de la bibliografía. Pero sería una falta de justicia de éste no mencionar especialmente, a quienes más contribuyeron:  A la memoria del ingeniero civil Pío B. Poveda Narváez, su padre, quien estudio y ejerció su profesión desde 1918 hasta 1956, como alumno y colega de numerosos ingenieros inmigrantes, en la Universidad Republicana, en la Escuela de Minas de Medellín y en las carreteras, ferrocarriles y obras que construyó. Él fue también el mejor maestro de Matemáticas, de Ingeniería y de vida del autor; y también su mejor amigo. Él está ya con el Creador del Universo, en Quién creía.  Al ingeniero Gabriel Dydime-Dôme, ingeniero geólogo, físico y docente, a quien el autor conoció y a quien le oyó sus disertas exposiciones sobre Ciencia, en los años de 1940 a 1943, en la grata “Ciudad Musical” de Ibagué; y quien fue profesor de Física de su padre en la Universidad Republicana, en Bogotá, en 1917. El Profesor Dydime-Dôme fue espectador de la historia de Colombia desde su llegada al país en 1895 hasta su fallecimiento en Ibagué, en 1945. Fueron los 55 años que presenciaron las transformaciones más profundas y rápidas del país en todos los campos.  Al profesor, matemático, físico, humanista y sabio Dr. Carlo Federici Casa, quien fue para el autor el mejor maestro de esas ciencias, de Lógica Simbólica, de bien pensar, y de noble actuar.  A otros cuatro brillantes profesionales del Saber, que vinieron del exterior a enriquecer la ciencia y la cultura de nuestro país, y que fueron profesores universitarios del autor: el químico francés Leo Lanau Vergne, el ingeniero químico chileno Neil Gilchrist Leighton, el ingeniero electricista alemán Otto Thiel y el Físico suizo David Mehl. Dios los tiene, seguramente, en su Reino.  A doña Ana Agudelo de Marín, quien ha hecho la revisión editorial, material, formal y técnica del texto de esta obra, con un alto nivel profesional y una paciencia admirable.  Al mis profesores de Historia de Colombia en el bachillerato, el Dr. Felipe Salazar Santos, el Licenciado Luis Ussa Vargas y el Dr. Joaquín Pérez Villa, quienes de Dios gocen. Ellos me infundieron la pasión por conocer y pensar en la historia de nuestra Patria, historia que atormentada vivida a lo largo de sus cinco siglos de duración, y más aún durante los últimos 50 años: desde 1500 hasta 2010. Es infortunado para el país que esta disciplina ya no se enseñe a los jóvenes. Colombia es hoy, para su desgracia, un país sin memoria, y por eso no sabe hacia dónde va. Esto es uno de los colosales errores educativos, entre otros, de los gobiernos nacionales de los últimos 50 años. 2


INGENIEROS Y CIENTÍFICOS INMIGRANTES A COLOMBIA 1760 – 1950

INTRODUCCIÓN

Este no es un libro erudito. Es, más bien, un libro-documento. Pretende llamar la atención a los lectores sobre la enorme deuda que tiene el país con los científicos, ingenieros y técnicos que vinieron a trabajar en Colombia. Muchos de ellos permanecieron en Colombia. Otros, regresaron a sus respectivos países. Pero todos nos dejaron una cuota importante de lo que los colombianos sabemos y somos hoy. Es una urdimbre de muchas hebras, todas hiladas en la larga y variada experiencia vital y académica de su autor:  Sus conocimientos profesionales, unos universitarios y otros autodidácticos, en Ingeniería Química y Eléctrica, y en Matemáticas y Estadística; y los autodidácticos que adquirió sobre minería; Economía, historia y Farmacología; en los 57 años, que dedicó a enseñar y a ejercer en universidades, fábricas, laboratorios, talleres, hospitales y cuarteles en el país y en el exterior.  Sus experiencias como cadete en la Escuela Militar José María Córdoba, y luego como Oficial de Ingenieros del Ejército colombiano.  Conversaciones formales e informales, ocasionales unas, „ex profeso‟ otras, con muchas personas conocedoras, a lo largo de los años, sobre numerosos y diversos temas parciales de esta historia, incluyendo, entre otras, a las personas que se enumeran, al final, en la bibliografía.  Numerosas lecturas, escritos y lecciones dadas sobre la historia de la Ciencia y de la Tecnología, en Colombia y en el Mundo; aunado al conocimiento muy cercano y metódico, de la historia política, económica y social, científica y tecnológica de Colombia; conjeturas bien fundadas y sostenibles („educated guesses‟, como dicen en inglés), hechas por el autor mediante inferencias, comparaciones, ordenamientos cronológicos, correlaciones fácticas, y otras técnicas metodológicas que son válidas en este tipo de ejercicios.  Y, en fin, las muchas vivencias personales, al menos desde 1936, en experiencias vividas con personas aún vivas, y con personas ya desaparecidas; en tradiciones orales fidedignas; en los viajes dentro y fuera de Colombia; y en investigaciones personales que ha realizado acerca de la historia general de Colombia y del mundo, y de la historia económica de Colombia. La ocasión inmediata para comenzarlo fue un curso sobre Historia de la Ciencia y de la Tecnología en Colombia, dictado por el autor en un programa de Doctorado en Desarrollo Tecnológico, creado por él mismo en una universidad colombiana. En su redacción 3


confluyen: la preparación de dicho curso, las numerosas y fructíferas preguntas de los alumnos y la necesidad constatada de un texto (así sea poco docto y posiblemente muy imperfecto como éste). El autor1 está convencido de que Colombia no es un país radicalmente atrasado en Tecnología, sino un país dolorosamente dependiente y subordinado en esta materia, y abismalmente desigual, como ocurre también en la repartición del ingreso, en toda su estructura económica, en su sociedad y casi en todos los otros campos de su vida pública. En 1960, el Padre y Almirante francés Louis Joseph Lebret, quien había estudiado a Colombia con varios colaboradores durante tres años, dijo en una conferencia en Bogotá: “La Colombie n´ est pas une societé de classes, come d´autres pays d´Occident, mais, plutöt elle est une societé de chastes, como l´Indie. Voilá le Chocó a côté du Chicó”. 2 También en materia de Ciencia y Tecnología y en la distribución del ingreso nacional somos una sociedad de castas. Es imperativo, entonces, hacer un reconocimiento explícito a las decenas y centenares de personas que han venido de otras tierras a traernos la riqueza invaluable del conocimiento científico y de su experiencia profesional. Del contenido, es preciso aclarar que casi solamente se mencionan varones (con una o dos excepciones). No es un sesgo antifeminista. En los cinco siglos de nuestra vinculación con la Ciencia y la Tecnología de Occidente, la realidad histórica impidió a las mujeres la oportunidad de cumplir en Colombia este papel. Antes de mediados del s. XX, casi ninguna dama vino al país con este propósito. Por varias razones, el intervalo histórico cubre desde 1760, poco antes de venir D. José Celestino Mutis, hasta 1950, cinco años después de terminar la espantosa Segunda Guerra Mundial. Antes de 1760 nadie vino del exterior a traernos las luces de la Ciencia y de la Tecnología. Después de 1950 han venido muchos varones y no pocas damas a actualizarnos en las tecnologías y en las ciencias más modernas. Aquí no se mencionan por falta de fuentes de información del autor y limitaciones de espacio. Para el período mencionado se tratará no solamente de científicos y técnicos “strictu senso”, es decir de ingenieros, médicos, químicos, técnicos expertos, matemáticos, geógrafos, biólogos y “naturalistas” (como se les decía entonces). Se tratará también de militares extranjeros que combatieron por Colombia o que vinieron a formar una fuerza armada profesional, de nivel técnico superior, y de técnicos especializados que fueron una ayuda invaluable para los ingenieros. El relato se ocupa, como excepción afortunada, de un selecto grupo de granadinos o colombianos hijos de migrantes o discípulos de ellos y que también dejaron su impronta en el desarrollo de la ingeniería y la tecnología del país. Pero, el objeto fundamental son 1

Nota de Editor. A lo largo del texto el autor se afirma en conceptos, con expresiones como “el autor”, “quien esto escribe”, “el autor de estas líneas”. Obviamente se refiere a Gabriel Poveda Ramos. En los casos en que se puede generar alguna confusión se colocan entre paréntesis las iniciales (G.P.R.). 2 “Colombia no es una sociedad de clases, como otros países de Occidente, sino que, más bien, ella es una sociedad de castas, como la India. Vea al Chocó al lado del Chicó”.

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verdaderos inmigrantes: personas, que vinieron del exterior, se radicaron y terminaron aquí su fructífera carrera; también se hace referencia a otros que vinieron, trabajaron aquí, y regresaron al exterior. Estrictamente estos no fueron inmigrantes, aunque también aportaron a la misma trascendental misión: la de traernos ciencias y técnicas modernas (al menos las de su tiempo), y con ello contribuyeron decisivamente a nuestro avance y a que hoy tengamos los niveles que hemos alcanzado en diversas áreas de conocimiento. En algunas áreas estamos aún retrasados. Es el caso de las tecnologías agropecuarias, debido a viejos y tenaces problemas nuestros, como es la mentalidad mayoritariamente retardataria de los dueños de las tres cuartas partes de los 25 millones de hectáreas de la tierra cultivable de Colombia. No es casual que en este recorrido por casi 200 años de inmigrantes profesionales o técnicos, solamente encontremos tres o cuatro de ellos que hayan venido traídos por los gobiernos a elevar la modesta tecnología agropecuaria que predomina aún Colombia. Por fortuna, en el amplio terreno de la industria manufacturera solamente somos resueltamente subdesarrollados en dos subsectores: el de la construcción de maquinaria y el de la industria electrónica, los que apenas logramos iniciar cuando la “apertura” del gobierno Gaviria las frenó y las retrocdió. El autor reconoce que puede haber omitido varios nombres de técnicos y profesionales extranjeros que vinieron a prestar sus servicios y que se quedaron en el país, o que regresaron a sus patrias; o bien que su presentación en este documento sea muy somera, especialmente en los inicios de las siguientes actividades en nuestra historia: los militares extranjeros en nuestra Independencia (como O´Leary, Rook, Peru de la Croix, etc.), los primeros capitanes y técnicos de nuestros vapores fluviales, los constructores honestos de ferrocarriles, los profesionales de la medicina, los religiosos de comunidades educativas (como muchos sacerdotes Jesuitas, Salesianos y Hermanos Cristianos), los que hicieron la instalación de telégrafos, el trabajo en petróleos, la electrificación del país, la telefonía, la radiodifusión comercial, la aviación, la radiotelegrafía inalámbrica, la industria química y quizá uno o dos sectores más. Hay que recordar aquí, como verdad rigurosa, que en 1760 arrastrábamos casi tres siglos de coloniaje español, crudamente bullionista3 y mercantilista rapaz, y otros tres siglos de atraso que España pasó desde 1492 (cuando expulsó a los laboriosos e inteligentes hebreos sefarditas y a los cultos y tolerantes árabes), hasta 1930 (cuando la Segunda República española comenzó a ponerla al día); atraso tricentenario que también nos exportaron y dejaron como herencia. Solamente al inicio del s. XX comenzamos en Colombia a despertar al nivel técnico científico que ya Europa había alcanzado desde el s. XVI, recorriendo la historia desde el final del Renacimiento hasta comienzos del s. XIX, pasando por la maravillosa Revolución Científica y la fabulosa Revolución Industrial; las mismas que España ignoró.

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Bullionista, describe la política comercial de los reyes españoles que no trataron de fomentar el comercio bilateral con sus colonias, de las cuales sólo aspiraron a obtener todas sus riquezas de oro. El origen de la palabra, es un galicismo originado en la palabra francesa bouillon, que quiere decir vellocino, o mechón de lana y se refiere a la historia de Jenofonte, llamada “La retirada de los 10.000” soldados griegos que fueron al mar del Ponto (mar Negro), a buscar el mito del Vellocino de Oro.

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Los personajes de esta historia nos ayudaron, en gran medida, a que ya a mediados del s. XX, estuviéramos bastante al día en el nivel que tenían la Ciencia y la Tecnología de Occidente en ese momento (con la sola excepción de lo rural, que se resiste, hasta hoy, a democratizarse y a actualizarse). El autor cree con certeza que el tema es importante e interesante como objeto de estudio para claustros y comunidades académicas del país; considera que hasta hoy, esta materia sólo aparece, muy parcial y deshilvanada, en trabajos fragmentarios, inconexos, muchos de ellos equivocados en nombres, fechas o conceptos sesgados ideológicamente, o con claros rasgos exagerados de hagiografías. Es propio de su vocación magisterial compartir sus conocimientos, en particular con los nuevos contingentes de jóvenes y profesores que requieren construir certezas acerca de su pasado y valorar en sus reales dimensiones a esos gigantes a cuyos hombros cabalgan tratando de correr las fronteras del conocimiento y la tecnología. Metodológicamente, el autor ha tenido el mayor cuidado en verificar todos los datos que menciona, y en pensar bien los conceptos históricos y técnicos que de su cosecha aporta. Estos últimos no han sido pocos: se trata de conjeturas razonadas y verosímiles; o de deducciones a partir de datos dispersos que él conoce, o, como se dice familiarmente, “atando cabos sueltos”; o bien de apreciaciones técnicas que él formula con base en sus conocimientos y experiencias profesionales, y en sus conocimientos generales. Pero, como en toda obra humana, algún lector puede encontrar errores involuntarios. El autor agradecerá las correcciones que se le hagan, así como los nombres de personajes en esta historia que él haya pasado por alto, involuntariamente.

GABRIEL POVEDA RAMOS Medellín, Colombia, octubre de 2010

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EL MARCO SOCIOECONÓMICO EN COLOMBIA AL FINAL DE LA COLONIA 01. Para entender la enorme y profunda significación del efecto que han tenido los científicos y los técnicos inmigrantes en el desarrollo técnico, económico y cultural del país, es necesario comenzar por rememorar, así sea apretadamente, los antecedentes de nuestra historia tecnológica desde cuando vinieron los conquistadores españoles, en los albores del s. XVI. En su mayoría, eran gentes de malos antecedentes. Vinieron a arrebatar a los indígenas sus tierras, oro y mujeres. No eran colonizadores, eran espoliadores. No querían ni sabían producir nada. Sus armas de fuego y de acero, sus perros y su viruela perfeccionaron su labor arrasadora. La única represalia que pudieron tomar los indígenas fue trasmitirles la sífilis que era nativa y benigna, porque los indígenas ya habían desarrollado anticuerpos protectores; pero que a los europeos les destrozaba el cuerpo y a algunos les producía locura4. 02. Cuando el horror de la Conquista amainó, los soldados fundaron aldeas primitivas no mucho más avanzadas que las del período Neolítico; y como no eran agricultores ni artesanos, se dedicaron a buscar y a sacar oro y algo de plata de ríos y quebradas, con base en la rudimentaria tecnología de los nativos, que ellos no sabían mejorar. Esta fue la primera industria colonial en estos países. A lo largo del s. XVI se fundaron las ciudades principales: Cartagena, Santa Marta, Bogotá, Popayán, y otras poblaciones menores: Ibagué, Neiva, Honda, etc. La tecnología agrícola era la del s. XII, anterior a las grandes innovaciones agrotécnicas del s. XIII que surgieron en Europa occidental: el arado pesado de hierro, la carreta de tiro animal con cuatro ruedas y eje frontal girable, el arnés del caballo en los omoplatos, la práctica de la irrigación, el uso de la carretilla manual mono rueda, el ensilaje de pastos, la rotación de cultivos bianual y trianual, la rueda de agua de golpe superior y otras. Los señores feudales visigodos no las adoptaron. Tenían suficientes vasallos para hacer todo el trabajo de los campos. Algunos autores, como Gies and Gies [1992] afirman que el Cristianismo y la rueda hidráulica acabaron con la esclavitud en Europa. Es razonable y verosímil. Otros agregan que la esclavitud fue sustituida, del s. XIV en adelante por la “servidumbre” en España, Francia, Europa Central y Rusia. De España sólo desapareció en 1931, con la República Española. En Rusia, el Zar Alejandro II abolió la servidumbre en 1882, razón por la cual lo hicieron asesinar los “barines” o señores megafundistas de su inmenso país, quienes, además, culparon del crimen a los anarquistas. 03. A nuestra América hispana, a fines del s. XVI, gradualmente, vinieron otros pobladores españoles con sus familias a formar colonias, ocupar encomiendas, poblar pueblos y ciudades y, en general, a hacer de la Nueva Granada una colonia de España. La política “mercantilista”5 que se nos impuso era, en esencia, que la balanza comercial entre 4

Algunos autores sostienen que la sífilis (causada por una espiroqueta, el Treponema pallidum), ya existía en Europa y que el nombre de “mal francés” que se le daba allá es prueba de ello. Sea como sea, cronistas de la Conquista, como Pedro Cieza de León aseguran que causó devastaciones entre soldados, capitanes y encomenderos por las relaciones de todos ellos con las indígenas, y que las más de las veces la enfermedad enloquecía y mataba a sus víctimas. 5 Como la llaman los libros de historia económica.

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las dos fuera ampliamente favorable a la metrópoli, obviamente, muy desfavorable a la colonia. Por eso se nos permitió producir solamente agroalimentos, artesanías y poco más. Se toleró que se continuara fabricando tejidos rudimentarios en telares manuales, sal terrestre, cueros curtidos, madera, cal para argamasa, fundiciones de bronce y cobre, las manufacturas primarias de estos materiales, y poco más. Todas las demás necesidades, de este lado del mar, debían importarse de España y solamente de allá, a precios monopolísticos, naturalmente. De aquí para allá exportaríamos oro y plata, en lingotes sellados y en monedas metálicas, que pagarían nuestras importaciones, y nada más. Durante los ss. XVI, XVII y XVIII, de nuestro suelo salieron 431 millones de pesos oro, para España, en su totalidad [Restrepo: 1973]6. 04. Además, justo desde 1492, España se sumió en un profundo letargo económico debido a la expulsión por los “Reyes Católicos”, de los industriosos judíos sefarditas y de los inteligentes y productivos árabes. Lógicamente, el letargo se extendió a toda esa sociedad anquilosada, que le cerró las puertas a la ciencia, a la tecnología y a la industrialización del resto de Europa, las cuales en los siglos XVI, XVII y XVIII produjeron las maravillas del Renacimiento, la Revolución Científica, la Revolución Comercial y la Revolución Industrial. Es natural, así, que a fines del s. XVIII y principios del XIX en nuestro país no conociéramos: ni la forja catalana para producir hierro, menos aún se conocía un alto horno, ni la contabilidad por partida doble, ni sustancias químicas que ya eran corrientes en Europa, ni una mina de carbón ni de ningún metal importante, ni sabíamos nada de una máquina de vapor, ni de un astillero, ni cómo hacer cerveza, ni vidrio, ni papel, ni la cirugía renovada de Ambroise Paré, ni un ingenio panelero, ni las grúas romanas para construcciones, ni el torno mecanizado por Maudslay, ni un puente metálico o colgante, ni un microscopio, ni la agrimensura, ni las ciencias médicas, ni un laboratorio científico de nada, ni una cuchillería, ni una escuela de ingeniería, ni la nueva “Filosofía Natural”7. La única tecnología reciente y significativa que nos dejaron fue la ingeniería militar de Cartagena, que no había sido desarrollada en España sino en Italia (que aquélla ocupó por siglos), en Francia y en Alemania. 05. Aún así: un ingeniero militar español, don Antonio de Narváez Latorre, quien sirvió en Cartagena a fines del s. XVIII, estableció allá una Academia de Matemáticas para preparar a sus ayudantes en las técnicas de la Ingeniería Militar y de la Poliorcética, que él conocía a la perfección. La academia duró algunos años, pero se cerró en 1732 al morir el Sr. Narváez, porque el gobernador español de la plaza consideró que esa institución no era necesaria en esa ciudad. En 1935, don Miguel de Unamuno, siendo Rector de la Universidad de Salamanca, ante la propuesta de unos jóvenes profesores que llegaban de Alemania, Inglaterra y Francia, quienes le recomendaron crear una facultad de Ciencias e 6

Mil “pesos de oro” como moneda equivalía a muy cerca de 2,3840 gramos métricos actuales del metal en polvo de 99,5% de pureza, según datos del propio autor [Poveda: 1979 p.79]. Según esto, la cifra que da Restrepo [1973] equivale a 34‟480.000 onzas troy. Al precio actual de 1.200 dólares/onza, ese oro valdría 41.376 millones de dólares de hoy (¡¡). Quizás las tres cuartas partes de ese valor fue a parar a Francia, Holanda, Alemania, Italia del norte e Inglaterra, según ya explicamos. Aun así, a España le hubiera quedado un monto de 10.000 millones de dólares actuales. Un dólar de comienzo del s. XIX compraba en el comercio internacional algo así como 200 veces más mercancías surtidas que un dólar de hoy. De aquella suma gigantesca no le quedó prácticamente nada a la Nueva Granada. 7 Como se le decía a las ciencias físicas, químicas y naturales en el resto de Europa.

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Ingeniería en esa institución, se indignó, y al mencionar ellos la multitud de inventos y descubrimientos realizados en esos países, respondió con encono: “Que inventen ellos. A España le bastan sus humanistas”. Y en 2004, el Instituto de Ingenieros de España hizo un extenso estudio para inventariar y valorar los aportes a la Ciencia y la Tecnología de su país al mundo entero y encontraron que ascendía a 1,6%. ¡Cómo sería en 1820! 06. Es sobre este fondo de atraso y oscuridad económica, tecnológica, científica y social como hay que apreciar el aporte extraordinario que recibimos de los científicos, ingenieros y médicos inmigrantes que comenzaron a llegar a nuestro suelo con José Celestino Mutis, el primero y uno de los más efectivos, hasta el profesor Carlo Federici Casa, gran Maestro de Matemáticas y Física avanzadas, quien llegó a Colombia en 1948. 07. Al final del s. XVIII España registraba un enorme déficit en su balanza de pagos con el resto de Europa occidental. Hacía tres siglos extraía de sus colonias en América cantidades sumamente grandes de oro y plata. Pero en los más de tres siglos, del XVI al XVIII, se había hundido en el atraso tecnológico, económico, científico, social e industrial y por eso todo el comercio que enviaba a estas colonias lo tenía que importar de Alemania, Inglaterra, Francia, Flandes, Holanda e Italia del Norte, que eran los países europeos que ya iban en pleno camino del desarrollo. Además, España se embarcó en una serie de guerras permanentes con Inglaterra, Holanda y Francia que le costaron toneladas de oro. Las reservas de este metal se le estaban agotando y hubo de recurrir a la plata para sus cuantiosos giros al exterior. La producción argentífera, que venía casi solamente México (Nueva España de entonces) y de Potosí (en la actual Bolivia), no le bastaba al Rey para su corte despilfarradora, sus proveedores extranjeros de manufacturas para América, sus generales belicistas y sus almirantes aventureros. 08. La actividad minera del virreinato de la Nueva Granada se mantenía en pobre estado tecnológico. Se limitaba a la producción de oro y de plata. La mayoría del oro provenía de minas de aluvión, con muy bajos rendimientos. Otra porción muy menor provenía de minas de veta (o socavón), en dos o tres regiones del país. Las de plata eran muy pocas, como lo fueron siempre en nuestro país. Algunas de las más grandes ya se habían agotado (por ejemplo, las de la región de La Plata y sus vecindades, hoy en el departamento del Huila); las pocas que aún producían algo, rendían pocas libras al año. La tecnología con que se explotaban era muy rudimentaria por provenir de la España medioeval; y los gobiernos virreinales eran muy incompetentes. En ese momento, las pocas minas de plata que estaban activas eran: una mina en Almaguer (entonces provincia de Popayán, hoy departamento de Nariño); la mina La Montuosa, cercana a Pamplona, en la entonces provincia de Soto, empresa personal de José C. Mutis. Las mayores estaban situadas en la población de Santa Ana, que entonces pertenecía a la provincia de Mariquita; que hoy se llama Falan 8, y que está ubicada en el norte del departamento del Tolima. Las otras minas de plata estaban, Marmato (entonces en la provincia de Popayán; hoy en el departamento de Caldas). Las de Santa Ana estaban abandonadas desde cuando el Rey de España, en 1729, abolió la “mita minera de indígenas”, en buena hora, y los antiguos dueños (que legalmente no eran dueños

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En honor al ingeniero y poeta Diego Fallon quien nació allí en 1832, y dicho con la pronunciación lugareña del inglés.

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sino concesionarios del Rey) las devolvieron al Virrey alegando que sin esa forma de esclavitud de indígenas, las minas no darían utilidad. 09. En la Nueva Granada no había instrucción técnica sobre minas en ningún sitio del país, ni sobre cualquiera otra actividad económica. Por eso la productividad de los trabajadores era sumamente baja. Sólo el Rey las aprovechaba, porque cobraba el 20% de la plata extraída (“el quinto real”), antes de restar gastos e inversiones. 10. Casi todo el oro era extraído de aluviones de ríos, quebradas, playas y fondos de aguas, por grupos de esclavos o de hombres y mujeres libres, sin plan ni orden; o lo hacían muchísimos mineros espontáneos, llamados “barequeros”, “mazamorreros” o “zambullidores”, expuestos al sol y a la lluvia y a mil peligros: crecidas súbitas de los ríos, víboras por todas partes, ladrones, bandidos en cuadrilla, malaria, fiebres, agua contaminada para beber, hambre con frecuencia. Trabajaban semidesnudos o semidesnudas, soportando en su piel los soles caniculares y los chubascos diluviales. Unos y otras, libres o esclavos, en grupos o individualmente, todos eran iletrados e ignorantes, pero muy astutos y valerosos. Su rendimiento en gramos por día hombre promedio era muy bajo. Muchos morían en el oficio. A cada barequero solitario le llegaba, de tiempo en tiempo, un comerciante también solitario, con su mula, para llevarle víveres, ropa, panela, aguardiente, yesca y pedernal para hacer fuego y otras provisiones, todo a muy altos precios monopolísticos. El tratante compraba en los pueblos o en los puertos de los ríos. Hacia 1750, un quintal de “fierro” le costaba de 34 a 36 castellanos; una arroba de cobre, 18 a 20 castellanos; una arroba de „azúcar‟ (que en realidad era panela, porque a ésta la llamaban “azúcar de pilón”) le costaba 4 a 5 castellanos; un saco de maíz de una arroba, dos y medio castellanos; luego lo vendía al minero solitario al doble de esos precios [Restrepo y Poveda]. El barequero pagaba con parte de su producto, y el “tratante” le compraba el resto, con fuertes descuentos, para llevarlo a las fundiciones o a los exportadores. Los términos de ese intercambio eran altamente ventajosos para el comerciante y muy desventajosos para el productor (como ha sido desde siempre y en todo el mundo). Algunos tratantes muy de confiar le hacían al minero el servicio de llevarle el oro restante a los sitios dichos, cobrando una alta comisión pero entregándolo íntegro en su destino. 11. Las “herramientas” de esos mineros eran: la batea o “cuna”, legado de los aborígenes, para lavar arenas y lodos; los “cachos”, tablitas dobles, como de 45 cm largo, para recoger la tierra y la grava en porciones de tamaño como de tres decímetros cúbicos; el almocafre; la barra; el regatón; las parihuelas; la carretilla de madera; y, más tarde, las bombas manuales de madera. Éste fue casi el único tipo de minería en los siglos XVI hasta mediados del XIX. Desde este momento, comenzó a formalizarse como negocio y a mejorar su tecnología, debido, en su mayor parte, a los ingenieros y los maestros mineros inmigrantes. 12. Como ya se dijo, todavía en 1810, fecha de nuestra Independencia, ya comenzando el s. XIX, la Nueva Granada carecía totalmente de industrias fabriles que no fueran rudimentarias artesanías, porque España tenía prohibido establecer industrias en sus colonias. No existían ni ferrerías, ni jabonerías, ni textiles mecanizadas, ni una fábrica de papel, ni de vidrio, ni una mina de hulla, ni un laboratorio técnico, ni un solo cubilote para fundir cobre o hierro, ni una fábrica de vidrio, ni de calzado, ni nitrerías, ni una máquina de 10


vapor (que Watt fabricaba en Inglaterra desde 1775, hacía 35 años), ni siquiera una de Newcomen (aún más antigua), ni una cervecería, ni un taller papelero de trapos, mientras que de todo ello funcionaba exitosamente ya en Europa. Todos estos productos y mucho más, tenían que ser traídos de España, por la ley y por la fuerza de la Real Armada. Salvo el hierro, que sí lo producían bien los vascos y los catalanes, el resto de ese “país de castillos y conventos” ignoraba cómo se producían tales manufacturas. Por eso las importaba de los otros países de Europa occidental. Inclusive Inglaterra, la secular y hostil rival de España, producía telas, herramientas, cerámicas, papel, etc., que vendía a los re-exportadores holandeses, quienes lo enviaban a España después de un „mark-up‟ del 100%, y lo cobraban al contado a los españoles en oro y plata metálicos, que venían de América por millones de pesos-oro. 13. Se ha calculado que en los ss. XVI, XVII y XVIII, entraron a España miles de toneladas de oro y plata procedentes de América, y que más del 85% salió de allá para Alemania, Holanda, Francia, Inglaterra e Italia, produciendo una inflación de precios y una prosperidad nunca vistas en el occidente de Europa, que es famosa en los libros de Historia Económica y que se llama “la inflación del oro de América”. La política hispánica hacia América era un “mercantilismo crisolátrico” o “bullionismo” crudísimo, con pésimos términos de intercambio para las colonias, las cuales pagábamos en oro metálico a la rapaz “metrópoli”. 14. Basándose en cifras de don Vicente Restrepo y en sus propios cálculos históricoeconómicos, el autor (G.P.R) estima que desde 1492 -cuando llegaron los españoles- hasta 1810 -cuando empezaron a irse-, durante esos tres siglos largos, ellos les robaron a los indígenas y extrajeron del suelo de la actual Colombia, grandes cantidades que, sumadas, llegan a 9 580 toneladas métricas, lo que al precio actul (2010) del metal, de 1 200 dólares corrientes cada onza, valdrían una suma muy cercana a 285 000 millones de dólares. 15. Hay sociólogos e historiadores muy respetables, como Werner Sombart, Max Weber y Carlo Scipolla, quienes consideran que esa inflación fue en Europa Occidental, junto con la doctrina calvinista, con la Revolución Científica y con los cañones conquistadores, uno de los cuatro pilares del capitalismo manchesteriano, que, para bienes y para males, aún cubre al mundo. Una manifestación de este hecho histórico-económico es que cuando el Primer Ministro de Luis XIV de Francia, Jean Baptiste Colbert, hacia 1671, les preguntó a los empresarios franceses qué necesitaban ellos del gobierno real para aumentar sus negocios y sus exportaciones (que en su mayoría iban a la atrasada España para re-exportar a América), ellos le respondieron: “Rien, Sire. Nous laissez faire, nous laissez passer, nous laissez vendre. Ça suffit. 16. A España no llegó el capitalismo productivo y desarrollista de esos siglos, que avanzaba en el resto de Europa, debido a las fuerzas oscurantistas que la dominaron desde la expulsión de los judíos y de los árabes, justo en 1492, hasta el fin de la era de Franco en 1975, con el breve paréntesis de la República (1931−1936). El Renacimiento, la Revolución Científica, la Revolución Comercial y la Revolución Industrial transformaron el Mundo Occidental desde principios del s. XVI hasta comienzos del s. XX, y España no se dio cuenta. En Europa occidental se decía: “Europa termina en los Pirineos”.

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17. La pequeña ciudad de Freiberg en el estado alemán de Sajonia, a 40 Km de Dresde y a orillas del río Freiberger, era el principal centro minero de Europa, en producción, tecnología y entrenamiento; y lo había sido desde el s. XVI, cuando el técnico minero Georg Bauer9 escribió el primer tratado general de geología y minería, llamado De Re Metallica (Sobre las cosas de metal, en castellano), aparecido en 1546. En Freiberg estaba desde entonces la mejor Escuela de Minas de Europa, la Freibergs Bergakademie fundada en 1765. Allí se estudiaba también a Claudio Vitruvio, Sexto Julio Frontinus, Vipsanio Agripa (el general de ingenieros de César Augusto), Plinio el Mayor, Leonardo da Vinci, Bernard Palissy, Valerius Cordus, como a Nicoluaus Stennon (o Niels Steensen, en su danés natal), Romé de L´Isle, y Rober Hooke, los autores clásicos de las Ciencias de la Tierra y de la Ingeniería, en ese tiempo. Allí estudiaría el inmortal naturalista Alejandro de Humboldt. Allí iban estudiantes de toda Europa a formarse en estas disciplinas, entonces nacientes pero vigorosas. 18. La otra escuela de minas más prestigiosa en Europa era de la Universidad de Uppsala, en Suecia, fundada en 1477 por iniciativa del obispado católico de la ciudad. Pero ésta era mucho menos concurrida por estudiantes de otros países por la dificultad mayor de dominar ese idioma escandinavo. En Uppsala enseñaba, a fines del siglo XVIII, el gran naturalista Karl Linnee (Carlos Lineo, en castellano), el creador de la Taxonomía botánica, y ya antes el rey Adolfo Federico I había ordenado crear allí la Escuela de Minas, motivado por los grandes yacimientos de mineral de hierro que rodeaban la ciudad. Allí estudiaron, en esa misma época dos hermanos españoles (o mejor vascos) de origen irlandés, y se habían graduado como ingenieros civiles y de minas. Se llamaban Fausto y Juan José D´Elhúyar; estudiaron en París, Freiberg y Uppsala. Al regresar a España descubrieron el metal tungsteno10, investigando en la Escuela para Nobles, de la pequeña ciudad de Vergara, en 1783.

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MUTIS: EL GRAN PRECURSOR

19. En 1761 el rey Carlos III, uno de los varios “Monarcas Ilustrados”11 que había en Europa, adoptó algunas políticas “modernizantes” hacia sus colonias americanas. Una de esas políticas fue de favorecer la llegada del pensamiento científico ya vigente en Europa, aplicado a la explotación de los recursos naturales de nuestro continente. Los historiadores de nuestra economía llaman a este período “el de las reformas borbónicas”. Así vino a la Nueva Granada el médico gaditano José Celestino Bruno Mutis y Bosio (1732−1808), quien llegó a Cartagena en un galeón español, a fines de dicho año (1761). Él fue (y es) el primer gran inmigrante científico que vino a nuestra Patria, y uno de los más importantes de todos ellos. En un champán, durante un mes, navegó el Canal del Dique y el río Magdalena hasta Honda, con incomodidades muy gravosas. En ocho días de camino a caballo llegó a Santa Fe de Bogotá, en enero de 1762. El 13 de marzo inauguró sus conferencias en la 9

Traducción al alemán del nombre Georgius Agrícola, en el latín en que se escribía entonces todo tratado culto de ciencia. En castellano coloquial de hoy se diría “Jorge el campesino”. 10 De la palabra sueca “tung sten” o sea “piedra pesada”, o wolframio como lo bautizaron después los químicos alemanes. 11 Otros “monarcas ilustrados” muy connotados fueron Federico II de Prusia, Catalina II de Rusia, José II de Austria, y Gustavo Adolfo I de Suecia

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cátedra de Matemáticas en el Colegio del Rosario. En esas clases Mutis le dio a conocer a sus oyentes toda la Matemática creada desde Leonardo Fibonacci pasando por Newton, Leibniz y Euler, hasta D´Alembert y Laplace, la que en España había sido ignorada o rechazada antes. Por ejemplo, allá y aquí no conocían los números decimales menores que uno. Y en sus conferencias de “Filosofía Natural” enseñó la teoría copernicana, condenada aun entonces por la Iglesia, y las de Newton, pasando por Galileo, Pascal, Descartes y Huyghens. 20. Mutis cumplió en nuestra Patria nueve funciones, distintas pero armónicas entre ellas; todas trascendentales para el país:  Como maestro de Ciencias (matemáticas, médicas, botánicas, fisicoquímicas, astronomía);  Como impulsador de la investigación experimental: sus descubrimientos de nuevas especies de plantas e insectos, la quina, el „guaco‟ antiofídico, las ricas colecciones de plantas, el Observatorio Astronómico; el entrenamiento de sus ayudantes en la Expedición Botánica, tanto en Bogotá como en Mariquita.  Como demostrador de la importancia de la ciencia „aplicada‟, ingrediente indispensable del desarrollo de las actividades económicas productivas, como fueron sus experiencias en la mina de oro de El Sapo, cerca a Ibagué, en el cañón del río Coello, donde permaneció con D´Elhúyar entre 1777 y 1782, y en la mina de plata de La Montuosa, cerca de Pamplona, donde trabajó desde 1766 hasta 1770 (ambas de su propiedad personal), en las cuales aplicó el método de la amalgamación con mercurio líquido, para separar los metales puros. Fue la primera vez que se hizo aquí. En este sentido casi fue un propulsor del desarrollo económico nacional “a la moderna”.  Como médico, lo fue de los virreyes desde su llegada hasta cerca de 1800. Además, visitaba pacientes pobres en las frías noches santafereñas.  Explorador del territorio nacional, en sus excursiones por la Sabana de Bogotá y por los alrededores del cuadrilátero Mariquita, Santa Ana, Ambalema y Honda, en busca de plantas.  Reconocedor e identificador de nuestros recursos naturales de entonces, especialmente los del reino mineral, y los del vegetal.  Lo más importante: Mutis fue esclarecedor de mentes, iluminador de oscuridades y fanatismos, innovador cultural, y ejemplo de laboriosidad técnica y científica.  Inspirador y motivador muy eficaz de brillantes discípulos: Francisco José de Caldas, José Manuel Restrepo, Jorge Tadeo Lozano, Francisco Javier Matiz, Eloy Valenzuela, José María Cabal.  

En suma: Mutis fue un verdadero, y vigoroso revolucionario de nuestra pobre cultura científica de entonces. 21. El 1 de abril de 1783 se dio comienzo oficial a la Expedición Botánica, en la población de La Mesa de Juan Díaz 12, probablemente por su temperatura media. Mutis 12

Hoy La Mesa, a secas, a unos 40 km de Bogotá.

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tenía 51 años de edad, y la dirigiría durante los siguientes 21 años. Siete meses después, en noviembre, la trasladó a Mariquita, cuya ubicación geográfica y económica era bastante más conveniente. Allí funcionó hasta 1791, cuando el Virrey la reubicó en Bogotá. Mutis y sus auxiliares cubrieron con sus exploraciones unos 8.000 km2 de Sur a Norte en la cuenca del Magdalena, e incluyendo casi todas las regiones con diversos climas del país. El Sabio falleció en Bogotá en 1808, dos años antes de comenzar el movimiento de Independencia, que él, sin saberlo, había ayudado a gestar. 22. En 1784, preocupado por el retroceso de las minas, Mutis (dueño o socio de las minas de plata de La Montuosa y de la mina de oro de El Sapo, cerca a Ibagué), escribió a Madrid al recién nombrado Virrey para la Nueva Granada, don Francisco Gil y Lemos, pidiéndole que solicitara al rey Carlos III el envío de “ingenieros alemanes” de minas para tecnificar la explotación y así aumentar la producción, tanto de plata como de oro. Así lo hizo con éxito Gil y Lemos, quien en carta a Mutis le informó de su gestión favorable ante Carlos III. El Rey ordenó de inmediato (en 1784) el envío a América de los dos hermanos D´Elhúyar, para que asumieran los estudios y la dirección oficial de las minas de plata en México y en la Nueva Granada. Fausto fue al virreinato de Nueva España (hoy México), a la provincia de Zacatecas, donde estaban las minas más productoras y prometedoras. Juan José partiría a la Nueva Granada. 21. En este documento no tratamos sobre ninguno de los ingenieros militares (unos españoles y otros italianos) que vinieron a Cartagena a trabajar en el planeamiento de las murallas y fortificaciones, casi desde la fundación de la ciudad, hasta poco antes de la Independencia, por dos razones: a) Porque este tema está tratado ampliamente en el libro de Poveda [1993] sobre Historia de la Ingeniería en Colombia, y por el libro de Segovia [1987] que se cita en la bibliografía b) Porque ellos no dejaron en nuestro país ningún aporte en conocimientos, ni en trabajo, ni en literatura, que hubiera sido aprovechado e incorporado a la cultura del país c) Porque ninguno de ellos se radicó en Colombia, excepto don Manuel de Anguiano, de quien se habla más abajo De entre esos personajes solamente cabe mencionar don Agustín Crame, ingeniero militar nacido en La Habana hacia 1730 o 1735. Se formó en esa carrera ingresando desde los 17 años al Regimiento del Rey acantonado en esa ciudad, y para seguir durante cuatro años los cursos académicos, técnicos y militares de rigor en ese tiempo. En febrero de 1776, el Teniente General Guillermo O´Railly, comandante del Regimiento, lo envió a visitar e inspeccionar las defensas de todos los puertos del mar Caribe, en previsión de una de las muchísimas y eternas guerras de España con Inglaterra. Acompañado por cinco ingenieros subalternos de su unidad militar, el ya Coronel Crame inició sus trabajos en los castillos fortificados de Guayana (hoy Estado venezolano), los que encontró muy insuficientes para defender el inmenso delta del río Orinoco, llamado el Delta Amacuro, y su isla central, por el cual podrían entrar los barcos ingleses hasta la ciudad de Angostura, la que hoy se llama Ciudad Bolívar (como lo hacen hoy los transatlánticos, y aún más adentro del país. Posteriormente pasó a la Isla Margarita, y a Cumaná (futura cuna del mariscal Antonio José de Sucre), a donde llegó a fines del año. En cumplimiento de su 14


misión, siguió a La Guaira y a Puerto Cabello, de cuyas defensas le informó al Ministro de Guerra en Madrid, que era necesario reforzar. A Cartagena, a donde llegó en junio de 1777, dedicó especial atención, porque era una presa predilecta de los corsarios ingleses, ya que allí se acumulaban el oro de la Nueva Granada y la plata del Perú 13. A Cartagena llegaban al año dos navíos, cada seis meses, uno en primavera y otro en otoño. Recogían los metales y el correo para la Península, seguían a Veracruz, embarcaban la inmensa cantidad de plata metálica mexicana, y regresaban a Cádiz. En Cartagena, trabajó Crame por espacio de casi un año. Recomendó hacerle mantenimiento a las fortificaciones y robustecerlas; completer la construcción del castillo de San Felipe de Barajas, remodelando su planta en forma de estrella de cinco puntas, con un baluarte en cada punta. Además, trazó y dibujó los planos urbanos de la ciudad, la que ya había crecido bastante por fuera de las murallas, y los de la bahía, los del puerto y los de sus alrededores, que el Ingeniero consideró necesarios para defender la ciudad en caso de un sitio prolongado. Continuó haciendo un trabajo similar en Portobelo, y después uno más amplio en Veracruz. El 28 de junio de 1779, después de dos años de trabajo en estas tareas exigentes y rigurosas, el ya General de Brigada Agustín Crame emprendió el regreso a La Habana. Falleció allí en el año siguiente.

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LOS SEGUIDORES DE MUTIS

22. Juan José D´Elhúyar y Lubice [1754−1796] nacido en Logroño. En 1784 fue enviado por el gobierno real de España a la Nueva Granada como Director General de Minas, a trabajar especialmente en las minas de plata de Santa Ana, propiedad entonces del Rey, con la misión específica de “beneficiar los minerales de plata por fundición” y con el cargo de Director de Minas del Virreinato. Se le asignó un sueldo anual de 2.500 pesos (de ese tiempo), desde el día de su llegada, y se le indicó que su primera tarea era rehabilitar las antiguas minas de plata de Santa Ana, que hacía 55 años estaban abandonadas por sus antiguos “dueños” desde que la “mita minera indígena” fuera abolida por el Rey de España. Vino de Cádiz a Cartagena en uno de los galeones “anuales”, que venían e iban en verano y en otoño, cada año a la metrópoli. El ingeniero D´Elhúyar, como todos los ingenieros de minas e ingenieros civiles14, arrostraban numerosos riesgos físicos y de salud en el oficio. Por eso debían ser varones de gran fortaleza física, rápida capacidad de decisión, gran entereza, muy buena salud, y honradez acrisolada. Enfrentaban soles inclementes y calores abrasadores; lluvias torrenciales y fríos gélidos; mordeduras de víboras y otras alimañas venenosas; ataques de tigres y pumas (que abundaban en esa época), accidentes con la pólvora (y después con la dinamita); accidentes con rocas; posible ahogamiento; malaria o fiebre amarilla; disentería y deshidratación; tifo hemorrágico por malas aguas bebidas; viruela mortal, traída por los españoles; y otros más. 23. El Director partió de Cádiz a Cartagena en ese mismo año de 1784, con un equipo de acompañantes técnicos, que incluía a D. Ángel María Díaz Lemos y dos “maestros mineros” españoles. Traía también la dotación de aparatos, instrumentos, materiales y 13

Que venía en galeones artillados, de El Callao a Panamá, atravesaba el istmo a lomo de mula y la custodia de un batallón de soldados, y se re-embarcaba en Portobelo con destino a Cartagena. 14 Hasta cerca de 1950.

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libros que eran necesarios para su oficio en esa época, cuando las Ciencias de la Tierra eran aún muy jóvenes. En un champán subieron por el Canal del Dique y por el río Magdalena hasta Honda. A caballo siguieron hacia el Occidente, a Mariquita, y luego, subiendo por las pendientes de un contrafuerte oriental de la cordillera Central, llegaron a la pobre aldea de Santa Ana a fines de 1784. Poco después, en 1788, le llegarían a D´Elhúyar otros ocho “ingenieros de minas”15, enviados por el Gobierno Real; eran alemanes, entrenados en Freiberg y en sus minas vecinas (sus nombres se verán más abajo). Con ayuda de uno de ellos, D. Benjamin Jacob Wiessner, alemán hebreo, y quizás de el señor Federico Bayer, del mismo grupo16, el ingeniero D´Elúyar se dedicó a recuperar las minas de su abandono de 56 años, desde 1729, cuando habían sido dejadas por sus antiguos “concesionarios” porque, como ya se indicó, el Rey suprimió la infame institución de la “mita indígena minera”, alegando que no podrían sostener a los esclavos que ahora tendrían que emplear17. D´Elhúyar tuvo que enganchar esclavos negros, porque en estos virreinatos españoles aún regía el sistema infame de la esclavitud. El salario no se conocía entonces por aquí. El salario fue otra invención inglesa, y, posteriormente de la Revolución Francesa. 24. El nuevo director desmontó y desmalezó los terrenos; reconstruyó acequias y canales; desaguó, con bombas de mano e hidromecánicas, los apiques y los socavones; removió derrumbes subterráneos; enganchó trabajadores (todavía a la manera hispanomedioeval de la esclavitud) y los entrenó; construyó una rueda hidráulica de chorro superior y la puso a servir; reubicó los hilos subterráneos de plata; encontró (como cosa nueva) que la roca “estéril” contenía mucho mineral de plata18, y comenzó a procesarlo para extraerles el metal; enseñó a fabricar y a usar de la pólvora negra 19; construyó molinos de pisones de madera (como los que conocía desde Freiberg); construyó una planta para moler, lavar, tostar y reducir los minerales a metal, para amalgamar éste con mercurio y después destilar el mercurio y así dejar libre la plata. Allí aplicó el método metalúrgico que recientemente había sido inventado en Hungría por el Barón Ignaz von Born [1742−1791]. Pero el proceso no fue exitoso por falta de mercurio y de fondos del Gobierno virreinal. Había muchas y graves dificultades, insuperables para D. Juan José: las vetas de plata eran ya pocas y estaban muy profundas; el rendimiento en metal de los minerales era muy modesto; muchos socavones estaban irremisiblemente perdidos; el mercurio era muy demorado y carísimo, porque sólo podía traerse de Almadén (España) o de Huancavelica (Perú); el nitrato de amonio (NH4NO3) y el azufre para producir pólvora también venían

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Según los llama Restrepo [1973], o “mineros experimentados”, según Safford [1976], quien los subestima profesionalmente. 16 Dice Humboldt en sus memorias de viaje que cuando llegó a Honda, en 1800, fue a conocer las minas de plata de Santa Ana y que allí encontró unos mineros alemanes. Es indudable que eran algunos de los que vinieron con Wiessner. 17 La “mita de conducción de indios”, o “mita” a secas, fue una institución que creó la corona española en 1548. Consistía en exigir a los poblados de indígenas, vecinos a las minas, un contingente de 100 hombres, para trabajar en ellas durante un año. Les pagaban con la alimentación, la pésima vivienda en galpones y un calzón sucio. Durante el año morían hasta la mitad de ellos, víctimas de enfermedades o de accidentes. Los que quedaban con vida eran reemplazados por otros cien. Esta institución infame duró 180 años en la Nueva Granada y en toda Hispanoamérica. 18 Silvinita (óxido de plata, AgO); argentinita (sulfato de plata, Ag2SO4); y cerargirita (cloro-bromuro de plata, AgCl-AgBr). 19 O sulfonítrica, mezcla por partes iguales de nitrato de amonio, azufre y carbón vegetal.

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escasamente, costosos y tarde; el proceso von Born20 no era entonces muy eficaz; el Gobierno virreinal no giraba fondos para los gastos corrientes; el aislamiento geográfico del sitio impedía traer cualquier máquina para mejorar los rendimientos; los esclavos eran muy ineficientes (naturalmente). Todo esto, a pesar de la ayuda del Sr. Díaz, de los dos mineros españoles y del Sr. Wiessner y quizás de Bayer. 25. En 1792, con el consentimiento del Director, el Gobierno trasladó a Wiessner a trabajar en las minas de Pamplona. (Más adelante se hablará de su trabajo allí, entre 1792 y 1799). Desde su reapertura, en 1785, la empresa fiscal de Santa Ana empezó dando pérdidas; y así continuó sucediendo durante los diez años que luchó D´Elhúyar tenazmente por restablecer su antigua bonanza, hasta que en 1795 el mismo Rey, desde España, ordenó cerrarla21. El autor ha encontrado en sus averiguaciones históricas, que D´Elhúyar fue el primero que trajo a nuestro país el teodolito, taquímetro o “tránsito”; la “cadena de agrimensor” (después convertida en “lienza” y hoy en “distanciómetro” de láser); los planos de una rueda de agua; los planos de hornos y molinos mineros; el nuevo método de beneficio de la plata del barón alemán y marqués von Born; los materiales y reactivos necesarios para identificar metales y minerales con las técnicas llamadas entonces de docimasia, tales como la perla de bórax, la raya en porcelana, el ensayo al soplete en carbón, y la llama de alcohol; el reloj de precisión de Harrison para medir longitudes geográficas. Pero, no conocía el sistema métrico decimal (creado en la Francia revolucionaria, en 1792); ni la teoría atómica de Dalton (formulada por Dalton en Inglaterra, en 1800), ni el barómetro aneroide de Bourdon (quien lo inventó en Francia, en 1825); ni una máquina de vapor de Watt; ni conocía la Cristalografía de l´Isle; ni un horno de 1.000° C. La mano de obra en todas las minas de la Nueva Granada era entonces de esclavos, negros o indígenas, traídos a pie desde Popayán, de Santa Fe de Bogotá, de Marmato, o de Mompox por el río Magdalena. 26. Las minas de plata de Santa Ana fueron descubiertas, en 1585, por el minero errabundo Fernando Silverio, y otros “guaqueros” aventureros venidos del resto del Tolima y del Huila. Pronto se las compraron los conquistadores, los funcionarios oficiales, y los colonizadores, que eran más ricos y poderosos. Uno de éstos fue el capitán don Diego de Ospina y Maldonado, oriundo de Zaragoza (Antioquia), cuando venía, en 1546, de fundar a Neiva, y a “Nuestra Señora de la Purificación de las Palmas” (hoy Purificación, a secas), en la orilla izquierda del Magdalena, e iba a fundar la población de La Victoria 22. Desde entonces, los nuevos dueños (o “concesionarios”, en teoría) comenzaron a producir el metal, con la clásica regalía del 20% para el tesoro personal del rey (“el quinto real”), con indígenas esclavizados, obligados bajo el régimen de la “mita” a trabajar para los colonizadores ricos. En esa época esas minas eran riquísimas. Jalhay [1909, p. 106] decía: “Au XVI et XVII siêcles, les mines de Santa Ana ont produit beaucoup d´argent; on y

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Método de beneficio de la plata del barón germano-húngaro, marqués von Born. Safford [1976] dice, sin pruebas, sin verdad y sin justicia, que el trabajo de D´Elhúyar, con sus ayudantes “dio pocos frutos”, y lo atribuye, muy equivocadamente, a la “falta de educación formal” de los alemanes, y no a las invencibles dificultades de varios tipos, que tuvieron que afrontar. 22 La Victoria, entonces era también abarcada por la provincia de Mariquita; después por la de Antioquia, y hoy por el departamento de Caldas. 21

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trouvait même en quelques endroits, de l´argent massif” 23. La explotación con indígenas “mitayos”, como ya se anotó, duró hasta cuando esta odiosa institución fue abolida por el Rey en 1729, debido a su brutalidad y a la extinción de esos pueblos. Entonces las minas fueron abandonadas, porque sus concesionarios “no podían pagar a trabajadores”. Pasaron 56 años hasta cuando el arzobispo virrey Antonio Caballero y Góngora autorizó a volver a usar esclavos en las minas, negros o indígenas (cuando fue enviado D´Elhúyar desde España), pagándoles solamente el albergue y la alimentación. Es seguro que centenares de indios “mitayos” y de esclavos “negros” murieron en el trabajo de esos socavones, por malaria o fiebre amarilla, tuberculosis, silicosis o neumonía; o en accidentes con la pólvora, en derrumbes, o con las filosas herramientas de minería; o por riñas provocadas por la frustración, el cansancio y el dolor. Después de 1795, pasarían 29 años de otro largo abandono, hasta cuando llegó Robert Stephenson, enviado por banqueros ingleses a rehabilitarlas de nuevo, esta vez con más éxito que D´Elhúyar. (Ya se tratará de esa nueva etapa). Después de cerrar las minas de Santa Ana, por orden real, en 1795, D´Elhúyar fue a trabajar en su profesión en las minas de esmeraldas de Muzo (1786), luego en las de sal en Zipaquirá, y más tarde en las de plata de La Montuosa en Pamplona, y en otras varias de plata y de oro, en las cuales hizo una muy valiosa serie de estudios geológicos y mineros que consignó en sendos informes extensos al virrey. Su trabajo mejoró sustancialmente la producción de estas minas, superando su desastroso estado debido al largo abandono, y construyendo hornos de tostación y de amalgamación. Pero, al cabo, hubo de dejar la minería por falta de apoyo del Gobierno virreinal, por el aislamiento de sus sitios de trabajo y su lejanía al río Magdalena, por la casi imposibilidad de llevar a los yacimientos la maquinaria moderna, por el expedienteo y la morosidad del paquidérmico aparato de la administración burocrática española, y, en fin, por las muchas y graves dificultades técnicas, geológicas y económicas que ya había sufrido en Santa Ana. Dice Safford [1976] (con poca justicia y poca realidad) que D´Elhúyar, Díaz y los ocho mineros sajones aportaron poco o nada al entrenamiento técnico en nuestro país [Safford: 1981]. El ingeniero D´Elhúyar se había casado en Bogotá desde 1788 con doña María Josefa Gaona de la Bastida; tuvieron dos hijas y un hijo. En 1800, José Celestino Mutis lo hizo su socio en la mina de oro de El Sapo, que ya iba en franca declinación, y por eso ni los dos eminentes científicos lograron restaurarla, después de casi once años de trabajo duro y fructífero en nuestro país, que duró hasta pocos meses antes de su deceso. Terminó sus días el 20 de septiembre de 1796. Era el momento cuando Mutis estaba enseñando ciencias “modernas” en Bogotá y comenzando la Expedición Botánica. La Nueva Granada tenía poco más o menos, 1‟100.000 habitantes. Dice Espinosa [1993, pp. 273-329] que D. Juan José fue quien en realidad, inició la historia de los estudios geológicos en Colombia. Antes de él casi nada de oro de filón se producía (todo era de aluvión) y muy poco de plata. Él inició el fuerte impulso que siguió para la minería tecnificada de socavón. Con sus indicaciones y su ejemplo en el trabajo, muchos servidores suyos comenzaron a introducir en la Nueva Granada los oficios y los saberes “modernos” de los mineros europeos de entonces. Fue el gran precursor del ejercicio de la ingeniería en nuestro país.

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En los siglos XVI y XVII, las minas de Santa Ana produjeron mucha plata; inclusive se encontraba allí, en algunos sitios, plata metálica en masa, según dice Jalhay [1909].

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Su hijo, José Luciano D´Elhúyar, se enroló en 1810 en las fuerzas patriotas y participó con distinción, como joven capitán de ingenieros, en la célebre campaña de 1813 del Ejército Neogranadino en Venezuela, comandada por Bolívar. Cuando la primerarepública de Venezuela fue derrotada, en 1814, Luciano huyó de La guaira hacia Cartagena con Bolívar, Sucre, Soublette, Mariño y Bermúdez en una pequeña chalupa, el joven granadino se ahogó en el mar Caribe. Posteriormente, al final del s. XIX fueron muy reconocidos los ingenieros Nicolás Caycedo D´Elúyar y su hermano, el general Alejandro Caycedo D´Elhúyar, descendientes del ingeniero D. Juan José. Colombia y los ingenieros colombianos no le han (no le hemos) reconocido la enorme obra técnica y científica que D´Elhúyar realizó en nuestro país. 27. José María Cabal Varona nació en Buga en 1769, y moriría fusilado en Popayán por los españoles “reconquistadores” en 1816. Su familia era (y es) una de las más antiguas, tradicionales y prestigiosas de la “Ciudad Señora”. En Popayán hizo sus primeros estudios escolares, los que terminó en Bogotá, en el Colegio de San Bartolomé, en la época de mayor auge de la Expedición Botánica, lo que a él le ayudó a definir su vocación científica, y a estudiar intensamente y por su propia cuenta las “Ciencias de la Naturaleza” (como se las llamaba entonces). En 1794 fue apresado, junto con Nariño y otros compañeros, por su publicación subversiva de Los Derechos del hombre y del ciudadano, promulgados por la “diabólica” Revolución Francesa. Estuvo preso en las mazmorras militares de Cádiz hasta 1799. De allí pasó a Madrid a estudiar Botánica, durante un año, con el gran científico José Antonio Cavanillas. Luego fue a París, donde presenció todos los avatares de la Revolución y del ascenso de Napoleón, durante siete años; y asistiendo a las lecciones de los químicos Louis Nicholas Vauquelín, Joseph Lois Proust, Marcelin Berthollet, del Padre René Just de Haüy (el gran sistematizador primigenio de la Cristalografía), del gran físico Pierre Simon de Laplace, y de otros genios de la famosa “Constelación de Sabios de Napoleón”. Volvió al país en 1809, cargado de la ciencia contemporánea; escribió largamente sobre Química, Cristalografía y Botánica, y pronto se incorporó a los movimientos libertarios. En 1814 Nariño lo hizo oficial de su modesto ejército, en el que combatió al lado de Córdova, Mejía, Serviez, J.H. López, von Chambourg y otros patriotas. Después de la desastrosa derrota de la Cuchilla del Tambo, fue tomado preso por los invasores, juzgado en un infame consejo de guerra, y fusilado en Popayán el 19 de agosto de 1816. Los saqueadores españoles inventariaron y secuestraron todos sus bienes, incluyendo “seis tomos manuscritos y empastados que contenían sus estudios sobre Química, así como un cuaderno manuscrito de la Memoria razonada sobre las salinas de Zipaquirá escrito por el barón de Humboldt”. Como España despreciaba a la Ciencia, a la que creía dañina “por ser antagónica con la Religión”, esos documentos preciosos desaparecieron, seguramente fueron llevados a España, y allá reposan como un trofeo inicuo de sus expoliaciones en América, violando las leyes internacionales. Nunca los recobraremos24.

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Cabal, Acosta, Dugand, González Vásquez, Ramos, los Ospina, Vicente y Pastor Restrepo, Uricoechea, Nieto París (de quienes se trata más abajo) y varios otros colombianos de nacimiento, que salieron, estudiaron y regresaron, fueron personajes muy eficaces en la tarea histórica de incorporar ciencia a nuestro país, gracias a sus viajes y sus estudios científicos en el exterior. Por eso incluimos sus nombres y su obra aquí, tal como se explicó en la Introducción.

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28. En el mismo año de 1784 en el que llegó D´Elhúyar, el gobernador de la provincia de Antioquia, D. Francisco de Silvestre trajo de Francia, a su propia costa, al ingeniero de minas Louis Laneret, quien llevó métodos nuevos de producción y, en general, ayudó efectivamente al incipiente progreso minero de la Provincia. Introdujo nuevos molinos de mineral que después se volvieron de uso común25. La provincia de Antioquia era la más pobre del Virreinato, según su Gobernador de entonces, D. Antonio Mon y Velarde; y en 1787, éste mismo estimaba que tenía sólo 56.000 pobladores. Posteriormente, el Virrey nombró a Laneret como Director de Minas de la Provincia, con la asignación anual de 250 castellanos de oro26. Laneret organizó el transporte del oro de Antioquia al puerto de Guamocó, en el nordeste de la Provincia, y al puerto del Espíritu Santo, sobre el río Cauca, en el Noroeste27. Por esas dos vías salía el oro de Antioquia hacia Cartagena y luego a España en uno de los dos galeones de América, que venían e iban en primavera y en otoño. Casi nada se conoce de lo que hizo Laneret, pero sin duda benefició a la economía regional. Su labor se le facilitó mucho porque en Antioquia las condiciones de recursos técnicos y de capital para tener éxito eran mucho menos difíciles, y las fuentes de minerales eran mucho más abundantes, lo cual era mucho mejor a lo que afrontaron D´Elhúyar y sus mineros ayudantes en Santa Ana. Inclusive Safford [1976] lo reconoce. 29. Por el conocimiento que tiene el autor acerca del oficio del ingeniero de minas, el de ayer y el de hoy, y del “estado del arte” de la Ciencia y la Tecnología en ese tiempo, puede hacer una relación (conjeturada pero verosímil) de los elementos de trabajo que llevaban aquellos ingenieros mineros que venían de Europa a la Nueva Granada, que era una tierra incógnita, aún incivilizada, donde no se conseguía ninguna clase de los recursos técnicos que ya entonces existían en el viejo Continente. Por ejemplo, D´Elhúyar traía, seguramente, los siguientes aparatos y materiales: 

Un estuche para la docimasia y la identificación de minerales, consistente en: una lámpara de alcohol con mecha de algodón; un soplete de boca, de latón, para prueba sobre carbón; un pote de bórax (tetraborato de sodio: Na2B4O7) y una varilla de vidrio terminada en un alambre de platino con aro, para identificar cationes metálicos en minerales; varios imanes en permanentes; varios trozos de bizcocho de porcelana para rayar con minerales, como prueba inicial de su dureza, para identificarlos; varios frascos de vidrio con tapa gotero, para cargar ácidos y corrosivos; brújulas; dos o más lupas pequeñas para examinar cristales; y una punta de acero para determinar dureza de minerales según la escala de Mohs 28.

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Si eran los molinos “cornish”, ya entonces usados en Europa, hay que darle precedencia a Laneret antes que a Moore en la introducción a nuestro país de esta innovación tecnológica. 26 Un castellano equivalía, ayer y hoy, a 49 y 2/3 de miligramos métricos y, en ese tiempo, a 2 pesos-oro. Más abajo se darán todas estas equivalencias. 27 El pequeño puerto fluvial de Guamocó quedaba, y queda aún hoy, en el departamento de Sucre, sobre el pequeño río Tigüí, afluente del Nechí, cerca al límite de dicho departamento con Antioquia, a las dos terceras partes de una recta tirada desde Simití (Sucre) hasta Zaragoza (Antioquia). El puertecito de El Espíritu Santo quedaba sobre la margen derecha del río Cauca, cerca al actual puente de Pescadero. Este último fue construido como estructura “moderna” en 1896 por el ingeniero antioqueño José María Villa, de quien se habla más abajo. 28 Dicha escala es una serie ordenada, convencional, de minerales-tipo, de dureza creciente al rayado, ordenados así: 1, talco; 2, yeso; 3 calcita (carbonato de calcio cristalino: CaCO 3); 4, apatita (cloro-florurofosfato de calcio); 5, fluorita (floruro de calcio CaF2); 6, feldespato u ortoclasa ; 7, cuarzo (SiO2 cristalino

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 

Traía también un baúl con equipos de laboratorio, que contenía: una balanza de precisión; un pequeño destilador; ácidos nítrico y clorhídrico (ambos para preparar “agua regia”, única solvente del oro) y sulfúrico; una colección de minerales puros como referencia; un microscopio metalográfico; varios implementos de vidrio, comunes en laboratorios (vasos de precipitados, probetas graduadas, “erlenmeyers”, un picnómetro, embudos, tubos de ensayo, y otros); un goniómetro cristalográfico; y varios libros científicos de su tiempo. Algunos medicamentos: sulfato de quinina, tintura de yodo, hipoclorito de calcio para higienizar aguas crudas; una barbera para sangrías; y poco más. Para su vivienda y oficina: materiales para escribir y papel; kerosene (llamado entonces ozokerita) para su quinqué; vino (porque las aguas eran todas sospechosas en esas tierras de minas); cresol desinfectante; fenol (ácido fénico) para heridas infectadas; sulfato ferroso para anemias; y quizás calomel (cloruro mercurioso, monovalente), medicamento antisifilítico, porque entre mineros este mal ha abundado siempre, y en América, y más aún: era sumamente contagioso. Este es el material que debieron traer todos los ingenieros mineros que vinieron de Europa y Estados Unidos, hasta ya entrado el s. XX, cuando ya la Ciencia y la Tecnología habían avanzado bastante. Todos estos elementos (o casi todos), eran desconocidos hasta entonces en la minería neolítica de nuestra patria, heredada de los españoles. Ello bastaría para darles inmenso mérito a estos pioneros de la Ciencia y la Tecnología en Colombia, como lo fué D‟Elhuyar. 30. D. Ángel M. Díaz Lemos nació en la población de Nalda (provincia de La Rioja). Estudió Matemáticas, Química, Física, Mineralogía y Docimasia seca y húmeda. Por orden del Rey, fue enviado a la Nueva Granada, acompañando a D´Elhúyar como Inspector de Minas, y comisionado especialmente para organizar las minas de plata y de oro en Supía, con un sueldo de 1.500 pesos-oro, anuales. Díaz pasó en Supía algunos años; fue director de la mina real de Chachafruto; después fue socio de la mina Echandía en esa misma región. En un informe de 1808 al virrey, el Sr. Díaz encomiaba insistentemente la riqueza de esa tierra en plata (y en oro), pero al mismo tiempo deploraba lo mal que eran explotadas, y la consiguiente pobreza extrema de los mineros. Y agregaba: (…) la causa principal de esta lastimosa situación tiene por principio una total falta de conocimientos (...) El mineral trabajado „por patio‟ da poco rendimiento y esto al cabo de tres y cuatro meses de beneficiado con grande trabajo y mucha pérdida de azogue.

El Sr. Díaz se residenció en Colombia; y presumiblemente abrazó la causa de la Independencia de la Nueva Granada, porque siguió trabajando aquí, según se desprende de la aseveración de D. Vicente Restrepo, quien, escribiendo en 1888 lo menciona como uno de sus informadores contemporáneos [Cfr. Restrepo: 1973, págs. 9, 57]. Es pues, casi seguro que D. Ángel Díaz permaneció en el país y terminó aquí su existencia, a edad muy avanzada. 31. Como ya se dijo, en respuesta a la solicitud de Mutis, en 1788 llegaron a nuestro país, a Santa Ana, ocho maestros mineros (“Bergwerkemeistern”) alemanes (sajones, exactamente), formados en Freiberg y en las minas vecinas. Dice Restrepo que ellos eran: hexagonal); 8, topacio; 9 corindón (carburo de silicio: SiC)); y 10, diamante (carbono puro cristalino: C). Fue ideada por el Geólogo alemán Karl Friedrich Mohs (1763-1839).

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Emmanuel Gottlieb Dietrich, Christian Friedrich Klem, Jakob Benjamin Wiessner Hacker, Johann Abraham, Friedrich Bäyer, Johann Bruckard, Johan Samuel Borman y Friedrich Ningritz29. A juzgar por sus nombres, varios de ellos eran hebreos. Muy probablemente lo era el señor Wiessner. La misión de estos técnicos era no sólo elevar la productividad de las minas de plata existentes sino, principalmente, encontrar otras nuevas. En su viaje por mar estudiaron o mejoraron el castellano y así se pudieron entender aquí con sus compañeros de trabajo. Algunos de ellos trabajaron con D´Elhúyar en Santa Ana; allí se quedaron el Sr. Wiessner y otro (que tal vez fue Bayer), hasta 1795, cuando el gobierno virreinal cerró esas minas y trasladó a D. Jakob a Pamplona. Durante esos cuatro años Wiessner trabajó estrechamente con D´Elhúyar y otros mineros alemanes y españoles, tratando de recuperar esas minas, sin éxito, como ya vimos, y por las enormes dificultades descritas. Cuando llegó allí, en 1788, el minero alemán tenía 22 años de edad; al salir 32. De Santa Ana, Wiessner pasó a trabajar en las minas de Girón, que daban el oro más puro del Virreinato; allí estuvo varios años y allí se casó con doña Ignacia Arriaga y Quesada, quien con los años le daría diez hijos. Después trabajó en las minas de plata de Pamplona, donde lo encontró con otros técnicos alemanes, el barón de Humboldt en 1801. Luego, los otros mineros alemanes se dispersaron por el Virreinato: unos fueron a la provincia de Antioquia; otros a San Juan de Marmato y a Supía (ambos sitios abarcados entonces por la provincia de Popayán); otros más a Pamplona, San Gil, El Socorro y sitios mineros vecinos; y algunos a Popayán, Almaguer y el Chocó. Puede que alguno de ellos fuera a la región huilense de Platavieja (hoy llamada La Argentina) y San Sebastián de La Plata (que hoy se llama La Plata, a secas), dada la antigua y riquísima tradición argentífera que tenía esa zona. Seguramente todos ellos mejoraron los conocimientos, las técnicas, los instrumentos y los rendimientos de las minas donde sirvieron. Pero parece que no encontraron minas nuevas de plata que fueran de importancia, quizás porque Colombia nunca fue muy abundante en reservas de ese metal. De todos modos, ellos fueron verdaderos pioneros en el aporte de tecnología minera de la Revolución Industrial a Colombia. 32. Después de su importante aporte a la minería granadina, Johann Burkhardt y otros de sus colegas se reunieron en Mariquita en 1797, donde coincidieron en que querían regresar a su Patria. Al parecer, algunos de ellos lo pusieron por obra, porque desde entonces no se vuelve a encontrar ninguna referencia a Dietrich, Klem, Abraham, Borman y Ningritz. Otros tres mineros permanecieron en la Nueva Granada: Wiessner, Bayer y Burkhardt. A estos les tocó vivir los diez años de las guerras de Independencia. Wiessner trabajó en ese tiempo en las minas de plata de Vetas y La Montuosa, cerca de Pamplona; Bayer estuvo en las minas de Almaguer y de otras regiones de la provincia de Popayán de entonces, y luego viajó a Marmato y a Sonsón; y Burkhardt lo estuvo en Marmato y en Supía.

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Espinosa [1993] dice, equivocadamente, que eran seis, y no da sus nombres. Safford [1976] tampoco da sus nombres y subestima injusta y erróneamente su labor en Colombia. Gallo [2009] dice que el apellido de Bayer era “Bäer”; otras veces dice que era “Per”. Aquí seguimos a V. Restrepo [1973] en la escritura de estos nombres, porque éste había vivido en Alemania y sabía ese idioma.

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33. Cuando llegó a la Nueva Granada, en 1788, Johann Burkhardt declaró que tenía 33 años, era protestante y estaba casado. Llegó con sus compañeros a Honda y de allí pasaron a Mariquita y a Santa Ana. Desde aquí, tras varios días de camino, Burkhardt llegó a Supía, a trabajar con la Real Compañía de Minas de Quiebralomo 30. Después trabajó en las minas de plata de Almaguer, vivió en Popayán y en Cali, y transliteró su apellido a Burkhard. En Popayán se casó, y vivió el resto de su vida en Cali; allí dejó su descendencia y terminó su vida. Este autor sabe que este minero permaneció en el país, porque en el Valle del Cauca aún persiste su apellido. Restrepo [1973] lo cita como “Bruckard” (al parecer no correctamente), En 1955 el autor conoció personalmente en Cali a una familia de este apellido. Una joven estudiante de Arquitectura en la Universidad del Valle, de esa familia y de este apellido, le dio esta información al autor. Esta joven es hoy una distinguida arquitecta quien, asociada con su esposo forman en Cali la firma Arquitectura Burckhardt y Echeverri. 34. Es en el último año del s. XIX cuando llega a la Nueva Granada el Barón Alexander Wilhelm Friedich Heinrich von Humboldt (1769-1859) con su compañero y ayudante Aimé Bomplad. El barón nació en Berlín, a fines del Siglo de las Luces o Siglo de la Ilustración, cuando en Europa hervía el interés por la Ciencia, por la Geografía del mundo y por las ideas liberales (en el mejor sentido de la palabra). También fallecería en Berlín, después de una vida meritísima y larga al servicio de las muchas ciencias que dominó. Era hijo del militar prusiano Alexander Georg von Humboldt y de su esposa Marie Elizabeth von Hollwege. Estudió Geología y Geografía en la Escuela de Minas de Freiberg, y allí se graduó en 1790. Después de algunos años trabajando como funcionario del gobierno prusiano, hacia 1797 viajó a París, en cuyos círculos científicos bullía el interés por conocer la ignota geografía y por las promisorias e ignoradas riquezas naturales del Nuevo Mundo. Esto lo llevó a proyectar un gran viaje por este nuevo continente, y en 1799 obtuvo el permiso del rey de España, Carlos IV para venir a Suramérica a explorar esta “tierra incógnita”. Partió de España con un compañero y ayudante, Aimé Bonpland, en junio de 1799, y llegaron a Cumaná (Venezuela) al cabo de un mes y medio de navegación. Durante el resto de ese año y todo el año siguiente, recorrieron todos los territorios de ese país, incluyendo la peligrosa zona selvática del Amazonas, en donde llegaron hasta el Brazo de Casiquiare que comunica el enorme rio Orinoco con el caudaloso rio Negro, el cual desemboca en el Amazonas cerca a la actual ciudad de Manaos, y que constituye, así un “puente” para navegar desde el Delta Amacuro (la boca del Orinoco) hasta Belén del Pará y hasta bien adentro del Perú. Recorrieron la Guayana (incluyendo el occidente de la actual República de Guyana, la ex Guayana inglesa), el Bajo Orinoco, y el centro del país. En diciembre de 1800 salieron de Venezuela hacia La Habana. Después de un reposo de tres meses, viajaron a Cartagena, a donde llegaron en marzo de1801. Siguiendo a contracorriente el Canal del Dique y el río Magdalena (lo cual tomaba por lo general de 35 a 40días) llegaron a Honda, no sin antes de que Humboldt trazara un completo y detallado mapa de todo ese trayecto de rio, de sus tributarios y de sus regiones vecinas. Este mapa es hoy uno de los clásicos de la historia cartográfica de Colombia; y sirvió en gran medida a los posteriores cartógrafos de nuestro país, como Manuel de Anguiano, Joaquín Acosta, Tomás Cipriano de Mosquera, Agustín Codazzi, Eliseo Reclús y José María Vergara y 30

Este último era el nombre de un antiguo caserío, cercano al actual municipio caldense de Riosucio.

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Velasco para dibujar los suyos, cada vez con mayor precisión, El mapa de Humboldt se imprimió en cuatro grandes planchas y hoy sorprende por la riqueza y la exactitud de detalles que presenta. Además, ambos viajeros escribieron innumerables notas sobre los paisajes, la fauna, la flora, la geografía y la geología de las riveras del rio, que hoy aparecen en su voluminoso libro de memorias, que abajo mencionaremos. En Bogotá permanecieron desde julio hasta septiembre de 1801. Allí establecieron relación permanente con Mutis, cuyo nombre y cuyo trabajo conocían desde Europa. Allí se enfermó Bonpland y mientras tanto Humboldt viajó a San Agustín (hoy en el Departamento del Huila) para estudiar su riqueza arqueológica; a las minas de esmeraldas de Boyacá, a las salinas de Zipaquirá, al puente natural de Icononzo sobre el río Sumapaz, a los cerros vecinos a Bogotá, al Salto de Tequendama y a otros sitios, inventariando en todas partes la flora, la fauna, la meteorología, la geografía, la geología, las altitudes, las coordenadas geográficas (longitud y latitud), las constelaciones ecuatoriales (que eran nuevas para ellos) y todo lo de su inmenso interés científico; y haciendo observaciones de planetas y estrellas en el Observatorio Astronómico, que Mutis ya antes había hecho construir. En septiembre salieron de Santa Fe rumbo a Ibagué, por la vía de La Mesa y Guataquí. Ibagué era una poco más que una aldea, con unos 2.000 a 2.500 pobladores, y que era tan tranquila, con paisajes tan verdes y tan hospitalaria, que Humboldt la describió con la frase latina “Nil quietus, nil muscosius, nil amoenius” (“Sólo hay quietud, sólo amabilidad, sólo amenidad”). Después de tres días allí, para conseguir cabalgaduras, vituallas y cargueros, emprendieron el camino del Quindío, que subía reptando con duras pendientes por la Cordillera Central hasta el boquerón del Quindío, situado a 3.800 m de altitud. De allí empezaron a descender por la vertiente accidental de la cordillera, siguiendo el curso del pequeño río Boquerón hasta su desagüe en el río Navarco. Esta parte de la ruta desciende por un bello valle glacial andino, con perfil en forma de U, que los lugareños han llamado siempre Valle de Cocora, en cuyas laderas Humboldt y Bonpland encontraron centenares de las palmas de las que hoy llamamos palma de cera del Quindío (Xeroxilon quindiuensis, la que desafortunadamente hoy está desapareciendo). Desde la desembocadura del Navarco en el Quindío, el camino pasaba por la aldehuela de Salento, y siguiendo el cauce de éste, hasta su boca en el rio La Vieja, que llega a Cartago para ir al Cauca, 5 km más allá. Por ser tiempo seco y en buenas cabalgaduras, este viaje les tomó cuatro días, con las necesarias paradas para tomar notas geográficas, climatológicas y de la naturaleza circundante. En el rio Cauca, Humboldt se maravilla de la transparencia de sus aguas (!). Eran meses finales de 1801. De Cartago fueron a Popayán, que apenas tendría como 3.500 habitantes pero el centro urbano más importante del Occidente colombiano. Allí se les acercó Caldas para presentarles sus muchas notas de viaje entre esta ciudad y Quito, cuyo camino había recorrido yendo y viniendo en sus actividades de comercio; sus observaciones altimétricas, su “invento” del hipsómetro (para medir altitudes elevadas por la merma en la temperatura de ebullición del agua) y su fórmula numérica: p(h) = p(0). exp[-(0.0342/T).h] En donde: “p(h)” es la presión atmosférica a la altitud “h”; “p(0) es al nivel del mar o sea 1 kilogramo por centímetro cuadrado; y “T” es la temperatura absoluta de ebullición del agua o sea los grados centígrados más 273.

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Caldas (científico del Tercer Mundo) se quejaría después de la displicencia y de la poca atención que le dispensó Humboldt (científico del Primer Mundo). Es la experiencia usual que tenemos los demás científicos tercermundistas. En noviembre emprendieron el largo y escabroso camino “real” de Popayán hacia Pasto y Quito, a donde llegaron en enero de 1802. Habían estado en la Nueva Granada casi exactamente durante el curso del año de 1801. De Ecuador irían luego a Perú y posteriormente a México. Regresaron a España en julio de 1804, precisamente cuatro años después de partir para América. Una vez instalado de nuevo en París, allí publicó sus memorias en forma del monumental libro Reise zu die südlichen Gebieten der Neues Welt (Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo). Humboldt no fue un inmigrante propiamente dicho, pero sí fue un científico de prestigio mundial cuya visita estimuló vivamente el espíritu científico y de investigación en el pequeño círculo de estudiosos de la Expedición Botánica, aún hasta después de la muerte de Mutis, y en ese sentido fue un propagador muy importante de la Ciencia de su tiempo en nuestra patria. Pero la visita de Humboldt produjo poco efecto científico en nuestro país, y dejó pocos resultados experimentales o documentales que fueran de importancia y que perdurasen, en Colombia. 35. Muy poco se sabe del Ingeniero militar español, el Teniente coronel don Vicente Talledo y Rivera. Vino de su patria a Cartagena en uno de los últimos años del s. XVIII, con uno de los contingents de relevo que las autoridades de Madrid enviaban, de tiempo en tiempo, a sus colonias. Su tarea inmediata era la de trabajar en el reforzamiento de las murallas y de los castillos de Cartagena, dado que en ese momento dicho país era aliado de Napoleón en su Guerra contra Inglaterra. Pero, en segundo lugar, debía luego dedicarse a levantar mapas geográficos de las regiones de la Nueva Granada vecinas a esa ciudad, y de la mayor porción posible del Virreinato. Los trabajos que se conservan de Talledo demuestran que sus superiores sabían que el Ingeniero era un gran cartógrafo. En este plan, el español recorrió toda la costa Caribe de nuestrro país, incluyendo la costa de Panamá. Y se adentró tanto en nuestro territorio como para llegar a levantar planos topográficos e hipsométricos de la Cordillera Central en la región vecina al camino de Herveo hacia el Occidente, pasando cerca del Nevado del Ruiz. Cuando Codazzi pasó por allí en su tercera expedición, en 1852, en camino hacia Antioquia, todavía tuvo noticias de la presencia de Talledo en esos páramos. Queda un espléndido mapa de la costa de los actuales Departamentos del Magdalena y La Guajira, región que él denominó Provincia de Santa Marta. Así mismo se conoce un espléndido mapa de las ciudades de Panamá, Portobelo y San Lorenzo, dibujados en 1814, cuando ya las colonias hipanoamericanas estaban ardiendo con el fuego de su independencia. Pero la “opus maxima” de este español memorable es el monumental: “Mapa corográfico del Nuevo Reyno 31 de Granada, que comprende desde los cuatro grados de latitud norte hasta la costa del mar del Norte. Construido sobre las mejores 31

Así era la grafía original.

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observaciones astronómicas, modernas noticias y operaciones trigonométricas por don Vicente Talledo y Rivera, teniente coronel del real cuerpo de ingenieros. Por disposición delexcelentísimo señor don Antonio Amar y Borbón, virrey, gobernador y capitán general de dicho reyno. Año de 1808”.

Está dibujado en escala de 1:485.000, y mide 73x 115 cm. Este mapa fue compuesto a partir de otros mapas parciales como los siguientes:  Mapa corográfico del Nuevo Reyno de Granada que comprende desde el Darién hasta Mérida, por Vicente Talledo y Rivera, según orden del virrey Antonio Amar y Borbón, 1808.  Mapa corográfico del Nuevo Reyno de Granada que comprende desde Cali hasta el sur de Pasto, por Vicente Talledo y Rivera, 1808.  Mapa corográfico del Nuevo Reyno de Granada, del Golfo de Guayaquil, 1816.  Plano que manifiesta el curso del río de la Magdalena para delante de la villa de Mompox. Este mapa fué corregido posteriormente por el General Mosquera, de acuerdo con sus observaciones y cálculos personales, en sus viajes por el río en vapores, en 1842, 1847 y 1849.  Mapa corográfico de la provincia de Santa Marta y parte de las de Cartagena deIndias, Girón, Pamplona, Riohacha y Maracaibo”. No se sabe si Talledo regresó a España en los años turbulentos de nuestras guerras de Independencia, cuando hizo estos valiosos trabajos. Este autor cree que es lo más probable. De todos modos, nos dejó un riquísimo acervo de material cartográfico que seguramente sirvió mucho a quienes después continuaron y ampliaron este trabajo.

LA INDEPENDENCIA

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LA PRIMERA ESCUELA DE INGENIERÍA MILITAR EN COLOMBIA

36. El coronel Manuel Roergaz de Serviez llegó a Cartagena a finales de 1813. Descendía de una familia de militares distinguidos. Se había graduado brillantemente en la École Polytechnique de París, como oficial de ingenieros, y había servido en los ejércitos de Napoleón Bonaparte. A los 25 años era miembro de la Guardia Imperial, y en los tiempos de la Revolución había conocido en París al General Francisco Miranda, por quien tomó una gran admiración. Pero en tiempos posteriores Serviez se enamoró perdidamente de la esposa de uno de los mariscales de Francia, la sedujo y con ella huyó a Inglaterra. Allí tuvieron un hijo. Pero Serviez quiso continuar su vida militar en el ejército federal de los Estados Unidos, lo cual no logró. Allá falleció la dama víctima de la tuberculosis en un invierno crudo, y desde entonces se pierde el rastro del hijo. Informado del levantamiento 26


de las colonias americanas de España, fiel a su vocación militar y libertaria, y recordando a Miranda, viene al Caribe a luchar por la libertad de aquéllas. Estuvo en Martinica y de allí pasó a combatir en Venezuela a órdenes de Miranda; y cuando éste fue derrotado y traicionado por Bolívar, vino a Cartagena, a mediados de 1813. En champán viajó a Mompox y allí trasbordó a otro que navegaba por el río Cauca, aguas arriba, y que lo trajo hasta Santa Fe de Antioquia. 37. La vivencia del coronel Serviez, está ligada a una huella grande en los anales de la ciencia y la tecnología en Colombia: D. Francisco José de Caldas, o “el Sabio Caldas” como suele memorarse32. En 1813 llegó Caldas a la región y se presentó a Del Corral, quien lo nombró Coronel de Ingenieros, y le dio la misión de fortificar el paso de “Bufú”, un sitio del río Cauca, donde éste y el cañón que lo conduce, forman una muy angosta estrechura. Del Corral pensaba que Antioquia podía ser retomada desde Popayán y Cartago, y la única vía para hacerlo era por el camino que venía desde allá bordeando el Cauca. Taponar esa entrada era vital para la seguridad de Antioquia. “Bufú” está ubicado a pocos kilómetros hacia el sur de la desembocadura del río Arma en el Cauca. Serviez aceptó el comando de Caldas y ambos estuvieron cumpliendo su misión en el sitio durante dos meses. En 1813 Caldas montó una “nitrería”, es decir, una fábrica de nitrato de amonio, como ingrediente para fabricar pólvora negra, en el norte de Medellín. Este autor piensa que no fue una fábrica propiamente dicha, pues este material requiere para su producción dos ingredientes: amoníaco gaseoso (NH3) y ácido nítrico (HNO3), y ambos eran completamente inexistentes en el país en aquel tiempo. Parece más bien que fuera un depósito de dicho producto, que se forma espontáneamente en los establos, bajo el lecho de paja y de viruta que se les suele poner a los animales, y que Caldas hiciera recoger. Así produjeron los chinos, desde época inmemorial, el nitrato de amonio; y así lo hicieron en Europa desde comienzos del s. XIV, poco después de fines del siglo XIII, cuando los mongoles llegaron hasta Polonia. En este país, por primera vez en Europa, se empezó a fabricar cañones y a hacer pólvora para sus proyectiles 33. El hecho es que en Medellín montó Caldas también su polvorería34, con todos los riesgos de explosión y de pérdida de la vida que eso significa35. Más aun: Caldas instaló en Rionegro un taller de fundición 36 y allí fundió campanas de iglesias y con ese metal vació varios tubos de cañón en moldes de arcilla y arena. Uno de esos cañones lo dedicó Caldas al general venezolano Santiago Mariño, quien estaba en Cartagena, como derrotado de la primera república de su país, y escribió a Caldas agradeciéndole esa atención. Aún existe en esa población la casa donde funcionó la fundición y todavía se le conoce popularmente como “la maestranza”. A pocas 32

Caldas, por supuesto, no fue un inmigrante. Pero a través de sus estudios y conocimientos, nos llegó un aporte muy importante de la Ciencia y de la Técnica europea de su tiempo. Algo similar se dirá en su momento del coronel Joaquín Acosta, y de otros colombianos que viajaron al exterior a estudiar y a traernos la Ciencia moderna de su tiempo. 33 La una y los otros fueron traídos por los mongoles desde China, en sus invasiones a Europa en 1225, cuando llegaron hasta el corazón de Polonia, en la ciudad de Kracovia. 34 Este autor no ha podido explicarse cómo, cuándo y dónde aprendió Caldas todas las varias ciencias que enseñó en su Colegio Militar de Ingeniería, ni las complicadas técnicas necesarias para fundir cañones de bronce en un país donde nunca se había hecho tal operación, ni dónde obtuvo el nitrato de amonio necesario para hacer pólvora. Todo esto era totalmente desconocido y prodigioso entonces, en nuestro país. 35 La pólvora negra se hace con partes iguales de tres ingredientes: nitrato de amonio o de sodio, carbón vegetal pulverizado y azufre en polvo. 36 Que en todos los países hispanoparlantes se llama una “maestranza”, cuando se dedica a fines militares.

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cuadras de allí está la casona donde sesionaría, años después, la Asamblea Constitucional de 1863. Del Corral decidió fundar una escuela para formación de oficiales y creó, en enero de 1814, en Rionegro, el Colegio Militar de Ingenieros, bajo la dirección académica y docente de Caldas y la orientación militar de Serviez. El primero dictó clases de Aritmética, Geometría, “Corte de piedras” (que hoy se llamaría Geometría Descriptiva aplicada) “Proyectiles”, “Máquinas” y quizás otra. Mientras tanto Serviez daba instrucción militar en “orden cerrado”, “orden abierto” (o “terreno”, como se dice hoy), tiro de fusil, balística, zapadores y gimnasia. Entre los alumnos estaban los jóvenes José María Córdova y Liborio Mejía, además de otros treinta compañeros o algo así. El Colegio funcionó dos años. En 1815 el español Miguel Warletta vino a Antioquia desde el Norte, con un fuerte cuerpo de tropas, a reconquistar la Provincia. El Colegio se cerró, y Caldas regresó a Bogotá con la esperanza de que Morillo le perdonara sus actividades independentistas. Serviez marchó con Córdova, Mejía y otros ex alumnos al Cauca, donde participaron y triunfaron en la batalla del río Palo. Siguieron todas las campañas y las trágicas peripecias de las derrotas del Sur, los fusilamientos en Bogotá y en otras ciudades, la muerte de Liborio Mejía, la derrota de García Rovira en Cachirí. En esas campañas luchó Serviez denodadamente por una patria que no era la suya. Se reunió en Bogotá con Santander, Córdova, Castelli, José H. López, Joaquin París y otros patriotas, y, por el camino de Cáqueza, cruzaron el río Negro por la “Cabuya de Cáqueza” (en una barca cautiva, atada con una soga a un cable a través del río), y combatiendo contra un destacamento español fueron a los Llanos de Casanare. Serviez continuó con el entrenamiento de soldados y oficiales, cumplió otras tareas logísticas, y enfrentó pequeñas partidas de caballería realista que venían de la Venezuela del feroz Morales. En alguna ocasión el disciplinado militar francés tuvo una fuerte reyerta con Páez, quien en esa época era un llanero casi semisalvaje 37. Tal vez por esto Vargas [2009] dice que Páez fusiló a Serviez “por deserción”. Es erróneo y es absurdo. En su biografía de Córdova, el Pbro. Rafael Gómez Hoyos [1969] relata que una noche de 1818, mientras Serviez dormía en su campamento en el Llano, dos asesinos lo apuñalearon y sacaron de bajo su catre de campaña el cofre donde el francés había guardado sus ahorros destinados a regresar a Francia. La historia no ha identificado al autor intelectual del crimen, pero los llaneros neogranadinos nunca ignoraron quién fue. D. Manuel Uribe Ángel

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No se olvide que el “Catire” (o el “Taita”, como también lo llamaban sus llaneros), en ese momento era un Guerrillero montado, semibárbaro, que intentó fusilar a Córdova, acusándolo también de intento de deserción, hasta tenerlo amarrado en el poste, pero éste pudo salvarse por la intervención de todos los oficiales venezolanos y granadinos que pidieron a Páez que no lo fusilara en atención a la juventud y a la valentía del muchacho. Y recuérdese que en esa época, en los Llanos, Páez se insubordinó contra Santander y que lo hostilizó en lo que pudo. Diez años después, en 1829, cuando Santander iba desterrado por Bolívar para Europa, y el barco tocó puerto en La Guaira, Páez enmendó su antigua conducta con Santander, enviándole una misiva cordial y dinero al “Hombre de las Leyes”. Puesto que Santander era masón, y Páez, ya culturizado y encumbrado, lo era también, y entre los masones era (y es) rigurosamente obligatoria la solidaridad con los hermanos en desgracia, esto podría también explicar el acto humanitario y muy laudable de éste. Ejemplo de este principio hermandad de los masones es que, durante los tres años cuando Santander estuvo exiliado en Europa y Estados Unidos, en todas partes fue sostenido pecuniariamente por la masonería de esos países, en virtud de este bello principio de solidaridad fraternal, que los cristianos ya no practicamos.

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[1885] dice que Serviez fue muerto en combate en el paso del río Negro por la Cabuya de

Cáqueza. Es más creíble el P. Gómez Hoyos sobre este punto. Colombia agradeció sus servicios dándole su nombre al batallón aerotransportado de infantería No. 20, a un pequeño puerto en la orilla derecha del Magdalena en Boyacá, Puerto Serviez, y a varias promociones de subtenientes graduados en la Escuela Militar. Serviez no fue un científico ni un ingeniero, propiamente dicho. Pero trajo a nuestra patria prácticas y técnicas militares que no conocíamos, originarias de Francia que entonces tenía las mejores escuelas militares del mundo, en donde se daba a sus oficiales graduados excelente formación básica en Matemáticas, Construcciones, Balística, Fortificaciones y otras materias castrenses, que Serviez de seguro transmitió a sus alumnos, oficiales y soldados, y que aplicó generosa y valerosamente en defensa de su patria adoptiva. Por eso lo incluimos aquí, con honores.

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EL DIFÍCIL COMIENZO DE LA REPÚBLICA - NUESTRO ATRASO TÉCNICO INICIAL 38. Con el objetivo de documentar nuestro atraso industrial al momento de la salida de nuestro suelo de los españoles en 1820 (y atribuible a ellos), en octubre de 1978, este autor tuvo ocasión de trabajar en Washington, D.C., para la Organización de Estados Americanos, en temas de tecnología industrial, en una misión de cuatro meses. Sus compañeros de trabajo eran Cristóbal Lara (español, refugiado siendo niño, en México, en 1937, para sobrevivir a la atroz Guerra Civil de Franco, y quien entonces era Subdirector de la CEPAL), y Derek de Solla Price (Profesor de la Universidad de Yale en Historia de la Ciencia). De común acuerdo, los tres decidieron hacer un inventario de las industrias que dejaron sus respectivos colonizadores, cuando fueron expulsados de sus respectivos países: en 1778 se fueron los ingleses de los Estados Unidos, derrotados por George Washington en la batalla de Yorktown; en 1821 se fueron los españoles de Colombia, derrotados por José María Córdova en Cartagena y luego, en 1823, por José Prudencio Padilla en el lago de Maracaibo; y de México salieron, en buena hora, derrotados por Nicolás Bravo en la batalla de Guanajuato. 39. Los resultados cuantitativos concretos de esa investigación se resumen en la tabla 1. Allí se demuestra con la contundencia muda pero irrebatible de los números, que nuestro país quedó en un estado de subdesarrollo inferior, aún, al de México; que Estados Unidos quedó, desde casi 45 años antes, en un nivel muy superior a los dos países hispanoamericanos. No es pues, casualidad, que seamos un país económicamente atrasado y tecnológicamente muy dependiente; mientras México nos lleva mucha ventaja, y los Estados Unidos una muchísimo mayor.

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Tabla 1. Colombia, Estados Unidos, México: Ciencia, Tecnología e Industria al momento de sus respectivas independencias (Investigación, OEA, 1978). INDICADOR Universidades Escuelas médicas Institutos técnicos mecánicos Granjas experimentales Institutos agronómicos Academias militares Jardines botánicos Científicos Químicos con renombre internacional Botánicos con renombre internacional Inventores Ferrerías Fundiciones Forjas artesanales (hierro) Fábricas de mosquetes Talleres de platería Talleres de orfebrería Casas de moneda (cuños) Fábricas metalmecánicas Hilanderías Tejedurías Fábricas de álcalis sódicos Plantas textiles integradas Tenerías Talleres de velas Jabonerías Molinos de harina Hornos para vidriería Ladrilleras Fábricas de papel Fábricas de cañones Fábricas de pólvora Polígonos de artillería Astilleros Talleres navales

Locerías Tipografías Periódicos Fábricas de carretas madera Cervecerías Minas carboneras

Estados Unidos 1781 (1) Harvard y Yale Cuatro Cinco Más de 20 Diez West Point, Virginia Tres Franklin Enri I. Du Pont Louis Agassiz Eli Witney, R. Arkwight Seis Más de treinta Quince Unas 10 Ninguno Ninguno Tres Diez Unas 20 Unas 10 2–3 8 – 10 Más de 20 o 30 Más de 30 Unas 40 Más de 20 Unos 8 Más de 30 6–8 Tres 5–6 Tres Cuatro 7u8

Cinco Más de 20 10 de Más de 25 Unas 20 Unas 10

Colombia 1820 (2) Ninguna Ninguna Ninguno Ninguna Ninguno Ninguna

México 1820 (3) Ninguna Ninguna Ninguno Ninguna Ninguno Ninguna

Ninguno Ninguno Ninguno Ninguno Ninguno

Ninguno J. Lanz F.D‟ Elhuyas Ninguno Ninguno

Ninguna Dos Ninguna Ninguna Ninguno Ninguno Ninguna Ninguna Ninguna Ninguna Ninguna Ninguna 2o3 4o5 Ninguna 3o4 Ninguno Ninguna Ninguna Ninguna Ninguna Ninguno Ninguno Ninguno

Ninguna Tres Unas cinco Ninguna Unos 10 Unos cinco Dos Unas tres Ninguna Ninguna Ninguna Ninguna 8 o 10 15 – 20 Unas 10 Unos 5 Ninguno Unos 10 Ninguna Ninguna Una Ninguno Ninguno Ninguno

Ninguna 1 Ninguno Ninguna

Ninguna 2o3 Ninguno Unas 5

Ninguna Ninguna

3 Ninguna

Notas: 31


1.

2.

3.

Eran solamente los trece estados de la Costa Este del actual Estados Unidos: Maine, New Hampshire, Massachusettes, Vermont, Connecticut, New York, New Jersey, Maryland, Delaware, Pennsylvania, Virginia, Kentucky y Carolina. Tenían en conjunto 3,5 millones de habitantes, incluyendo a 700.000 esclavos (todos negros). La Gran Colombia abarcaba a media Guyana actual (desde el río Esequibo hacia el Occidente), Venezuela, Nueva Granada, Panamá, la costa de la Mosquitia (actualmente en Guatemala), Ecuador (que entonces tenía el doble de extensión de hoy, y una enorme extensión de más de 250.000 km2 de la cuenca amazónica. En 1925 el Capitán William Cochrane estimó para el gobierno de Santander, que la Gran Colombia media 3‟ 064 800 kilómetros cuadrados. El autor ha calculado, con mapas antiguos y con métodos y datos modernos, que teníamos 3´256.000 kilómetros cuadrados. Después perdimos a Venezuela, con la Guayana, por obra de José Antonio Páez; al Ecuador, que era el doble de hoy, por obra de Juan José Flórez; en 1928 entregamos la Mosquitia a Guatemala a cambio de algo que ya era nuestro: San Andrés y Providencia; en 1907, perdimos una enorme porción con el Brasil, por obra de un canciller colombiano, el General e Ingeniero Alfredo Vásquez Cobo; y en 1935 entregamos una enorme franja, entre el Putumayo y el Amazonas, al Perú, por obra de otro canciller colombiano, el señor Fabio Lozano Torrijos. En total, desde nuestra Independencia hasta 1935, perdimos 2´114.752 km2, es decir, alrededor de los dos tercios de lo que nos dejó Santander, al final de su primer período de gobierno, en 1827. A Panamá y a la Amazonia nos las dejamos arrebatar con abusos y con trampas en los dos siglos siguientes. Ver el mapa correspondiente. México tenía 4,1 millones de km2 (heredados de la Colonia, y antes del zarpazo estadounidense de 1846−1848), y unos 6,5 millones de habitantes. Abarcaba desde el extremo sur de la Alaska rusa, al Norte, hasta Guatemala, al Sur. Incluía los actuales estados de California, Nevada, Colorado, Oklahoma, Arizona, Nuevo México y Texas.

40. El libro de autor anónimo, que un tal Mr. H. Huntigton registró como de su propiedad, en 1826, en Nueva York, y referido en la bibliografía, informa que la población de Colombia, inmediatamente antes de la Independencia era de 2´380.000 personas, distribuida por provincias, según se muestra en la tabla 2. Tabla 2. Población colombiana según provincias, antes de la Independencia Provincia Riohacha Santa Marta Cartagena Panamá Antioquia Socorro Pamplona Tunja Chocó Veraguas

Habitantes 20.000 70.000 210.000 50.000 110.000 130.000 80.000 200.000 40.000 40.000

Provincia Cundinamarca Mariquita Popayán Casanare Quito Cuenca Guayaquil Loja y Jaén Quijos y Manabí Neiva

Habitantes 130.000 110.000 320.000 20.000 500.000 200.000 50.000 80.000 40.000 70.000

Por su parte, la población de Venezuela en ese mismo tiempo era de 825.000 habitantes y su distribución por las provincias de entonces se expresa en la tabla 3. Tabla 3. Población venezolana según provincias, antes de la Independencia Provincia

Habitantes

Provincia

Habitantes

Venezuela

460.000

Barinas

90.000

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Cumaná Maracaibo

100.000 120.000

Guayana Isla Margarita

40.000 15.000

El autorizado autor de una excelente biografía del Mariscal Sucre, Mauricio Vargas Linares, afirma que durante las pavorosas y atroces guerras de la Independencia de Venezuela, de 1810 a 1823, murió aproximadamente la tercera parte de la población anterior a aquéllas, no sólo en combate, sino como civiles masacrados, fusilados, acuchillados, suicidados, ahogados en ríos, etc. (Bastaría recordar las atroces matanzas cometidas por el guerrillero realista José Tomás Boves). 41. Pocos años después de la Independencia, el capitán de fragata Charles Cochrane, traído por Santander para hacer el mapa del país, calculó que el área abarcada por Venezuela (que entonces incluía la mitad occidental de la actual República de Guyana), la Nueva Granada (que incluía una porción de la Amazonía mucho más extensa que la de hoy, y el territorio de la Mosquitia que hoy pertenece a Nicaragua), Panamá y Ecuador que, en conjunto, formaban a la Gran Colombia, sumaba 3´064.800 km2. Así éramos cuando nació esta República.

-

LOS PRIMEROS INMIGRANTES EUROPEOS

42. El Dr. Aleixandre Prospére Réverend, nació en el pequeño pueblo de Fécamp, departamento de La Falaise en Normandía, Francia, en febrero de 1796. Se educó allí y en Caen. A los 18 años (1814) se incorporó a un cuerpo de la caballería de Napoleón, antes de la batalla de Waterloo (1815). Después de este desastre, en febrero de 1820, entró a estudiar medicina, carrera que terminó al final de 1823. Pero por su ferviente republicanismo antimonárquico (eran los malos tiempos de Carlos X y Luis Felipe I), el ambiente político se le hizo hostil y vino a América, la que entonces se veía en Europa como “tierra de libertad”. Llegó a Santa Marta en 1824. Se le nombró Médico del Hospital Militar de la pequeñísima ciudad de entonces, la que tendría, si mucho, unos 3.000 habitantes. A los seis años (1830), asumió el cargo militar oficial de Cirujano Mayor del Ejército. En ese intermedio se casó con una dama de la connotada familia samaria Pacheco. Santa Marta era un puerto internacional importante para la República, porque su bahía era de aguas profundas para los barcos marinos de entonces, que desplazaban a lo sumo tres mil toneladas GDW38, y la cercana Ciénaga Grande de Santa Marta tenía una boca natural al mar Caribe, de 5−6 m de profundidad. Esto permitía que los vapores39 y los champanes que salían o que llegaban a la ciudad de Bastidas, circularan entre el mar y la ciénaga, y que luego navegaran por uno de los varios brazos naturales que unían la ciénaga con el río Magdalena40 y llegaran al frente de Barranquilla; desde donde ya podían subir (o bajar) los 900 km o más a que distaba Honda. Cartagena estaba en plena declinación económica y demográfica, y su Canal del Dique estaba completamente atarquinado y eutroficado, en esos años. En cuanto a la propia Barranquilla, allí no podían llegar barcos de alta mar por la barrera de las Bocas de Ceniza. 38

Esta sigla significa Gross Dead Weight, y pertenece a la nomenclatura naviera inglesa, de hoy y de antes. Como los barcos que Elbers y Alderkreutz habían hecho pasar ya por allí, en sus estudios del río. 40 Como era y es el Caño Clarín, y varios otros. 39

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Es casi seguro que en la pequeña población portuaria no había entonces más médico que el Dr. Réverend. De manera que, cuando llegó Bolívar al puerto, ya doblegado por la tuberculosis, la depresión y la melancolía, y el caballero español Sr. Joaquín de Mier lo alojó en su quinta de San Pedro Alejandrino, éste llamó de inmediato al Dr. Réverend, quien ya demostraba en la localidad su alta idoneidad profesional, obtenida en L´École de Medicine de L´Hôpital de La Santé, en París, su altura ética y su generosidad que ya era proverbial. El Dr. Réverend visitó diariamente a su ilustre paciente hasta el 17 de diciembre de 1830, cuando murió el padre de seis naciones suramericanas, que no lo entendieron bien y que él tampoco entendió bien. Tres horas después hizo la autopsia del cuerpo que exigía la ley. Durante ese lapso trágico, el médico publicó 36 boletines clínicos sobre la declinante y moribunda salud del Libertador. En 1842, cuando repatrió las cenizas de Bolívar, Réverend cumplió la tarea de identificar los restos. En 1866, en uno de sus posteriores viajes a Francia, el Médico publicó en París un libro documento sobre las dolencias finales y la muerte de Bolívar. Acababa de volver de otra de esas visitas a su patria, el 1 de diciembre de 1881, cuando falleció en Santa Marta. El Dr. Réverend trajo a nuestro país la escuela médica anatomoclínica francesa del médico René Théofile Hyacinte Laënec 41, escuela que perduró y fue la que predominó en Colombia durante todo el s. XIX, y en el siguiente, hasta la Primera Guerra Mundial. De este médico inolvidable quedó una larga dinastía. En 1886 vivía en Bogotá el Dr. Héctor Réverend Pacheco, quien guardaba el archivo familiar de su padre. Y tiempo después, en 1938, el cónsul francés en Santa Marta envió unos retratos de su distinguido compatriota y médico a una nieta de éste, que vivía en Bogotá, la señorita María Teresa Réverend. Uno de sus descendientes, con su misma profesión de médico y con su mismo nombre, Alejandro Próspero Réverend, fue Rector de la Universidad Nacional de Colombia en los años de 1971 y 1972, en los tiempos tumultuosos y calamitosos de la anarquía “marxi-fascista” de todas las universidades colombianas. En esa época lo conoció este autor, y supo por éste algunas de las noticias de su antecesor francés y homónimo, de quien, desafortunadamente casi nada se ha escrito. Este autor apenas recuerda unas pocas notas, que consigna aquí de memoria.

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- NUESTRA PRIMERA GRAN INDUSTRIA MODERNA 43. Poco sabemos sobre Herr Jakob Benjamin Wiessner durante los diez años (1810−1820) de nuestras guerras de Independencia. Cuando llegó tenía 28 años; en 1800 tenía 40 años de edad. Seguramente, fue en algún momento de este último largo lapso de 14 años cuando se casó, en el país; pero poco se sabe sobre su trabajo en ese tiempo. Es casi seguro que fuera en algo relacionado con minería y con ingeniería, y que fuera muy fructífero. Sabemos que durante las guerras de la Independencia manejó las minas de esmeraldas de Muzo y que entregó esas utilidades al Gobierno libertador. En 1814, a sus 54 años de edad, encontró en la población de Pacho, yacimientos de hierro, carbón, calizas y arcillas, adecuadas para construir una ferrería, de la cual hablaremos después. Luego permanecería, hasta su fin, en nuestra patria. Aquí fundó su familia y murió en 1834, a sus 74 años y dejó una larga descendencia que aún es conocida por la prestancia intelectual de 41

Este inmortal médico francés fue el inventor, en 1818, del estetoscopio.

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muchos de sus miembros. Un nieto suyo realizó una proeza técnica para construir el Ferrocarril de la Sabana, de la cual hablaremos también en este documento. Gracias a las políticas pro industrializadoras del gobierno del general Santander 42, en 1814, el Sr. Wiessner, encontró, como ya se dijo, al pie de la población de Pacho (hoy en Cundinamarca), sendos yacimientos, que entonces parecieron considerables, de mineral de hierro, carbón coquizante, calizas y arcillas, mutuamente muy cercanos. Inicialmente se dedicó a hacer piezas en hierro fundido y balas de plomo para los ejércitos patriotas. Puso allí una fundición de plomo y una fábrica de proyectiles, a solicitud del presidente Nariño. Cuando llegó la paz, en 1820, con 60 años de edad, procediendo con energía y capacidad técnica admirables, construyó el equipo requerido entonces para producir hierro primario: un horno de colmena para coquería, molinos para mineral, una forja catalana 43, un horno de recalentamiento de lingotes, un “martillo pilón” para forjar fuertemente el arrabio y así convertirlo en hierro dulce, y un cubilote44 para fundir piezas de hierro “colado”. Así se constituyó la Ferrería de Pacho, que desde entonces produjo hierro maleable (que contiene de 0,2 a 2% de carbono), hierro gris (o de fundición que contiene de 2 a 4% de carbono), y numerosos artículos fundidos (o “colados” en moldes de arena) elaborados con estos metales. Ésta fue la primera empresa siderúrgica, la primera Hüttenwerke que hubo en Colombia, y allí se fundió el primer lingote de “pig iron”, como se llamaban en esa época, en inglés, a los lingotes de arrabio semifundido que salían del alto horno, porque tenían la apariencia de cerditos alimentándose de una cerda grande. El arrabio solidificado se sometía a varios ciclos sucesivos de recalentamiento en otro horno, ad hoc, forjado en un martillo pilón, para convertirlo así en hierro “maleable” o “dulce”. El hierro gris se producía carbonizando parcialmente, en el cubilote el hierro maleable. El Sr. Wiessner proyectó, construyó y montó todos estos equipos, adquirió carretas y yuntas de bueyes para trasportar las materias primas minerales y los productos de hierro. En esto gastó cuatro años y en 1823 comenzó la producción. Con muchas interrupciones y cambios de dueño. La Ferrería de Pacho duró trabajando hasta 1889 (¡prácticamente 70 años!) 45. Esta fue, sin duda, la primera empresa industrial moderna (en su momento) y pesada, que existió en nuestro territorio, incluyendo en éste a Venezuela, Ecuador y Panamá. En 1827, el Sr. Wiessner vendió la empresa a una sociedad donde participaban el negociante español Leandro Egea y el médico y químico Bernardo Daste, de quien se hablará más abajo, en una sociedad que se llamó Sociedad Franco Colombiana de Minas. Con el paso de los años, y después de varias posteriores interrupciones y cambios de dueños, esa Sociedad trabajó hasta 1887. En realidad, todas las ferrerías del mundo estaban condenadas a desaparecer desde los años 1860, cuando se inventaron los tres métodos

42

Que así lo fue, diga lo que diga en su libro de la bibliografía sobre el gobierno admirable de Santander el Dr. Luis Ospina Vásquez [1979], donde demerita las políticas económicas del Hombre de las Leyes. 43 Esta es una forma simple de alto horno, para convertir minerales ferroso-férricos en hierro primario, material llamado “arrabio”, que es un material terroso y semisólido, que debe ser procesado para que adopte la apariencia y las características del hierro. 44 Este tipo de horno fue inventado por el ingeniero militar René Ferchauld de Réaumur, en Francia, en 1720. 45 Para hacer esta proeza industrial con las severas limitaciones técnicas y económicas de su tiempo, era necesario ser muy fuerte en ciencias como Química, Geología, Mineralogía, Metalurgia, Cerámicas, Combustión, etc., y muy rico en experiencia de ingeniería, lo cual requería, necesariamente, haber tenido una sólida preparación académica, que Safford [1976] le niega erróneamente a Wiessner.

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universales para producir acero barato y con mejores propiedades que el hierro 46. Aún hoy en día (2010) se pueden ver las ruinas de esta ferrería en la población de Pacho. En este documento también se tratará de las otras tres ferrerías que funcionaron en Colombia en el s. XIX. El señor Wiessner falleció en Zipaquirá, en 1842, a los 84 años de edad (que entonces era una edad muy avanzada), después de una vida fructífera. Los ingenieros colombianos nunca le han ofrecido siquiera un reconocimiento. 44. Friedrich Bayer: Cuando se cerraron las minas de Santa Ana, en 1895, el Sr. Friedrich Bayer 47 fue desde allá a la provincia de Popayán, trabajó en las minas de oro y de plata en Caloto y en Almaguer, poblaciones situadas en los actuales departamentos de El Cauca y Nariño, respectivamente. En Popayán se casó con doña María Josefa Vásquez y Bonilla y tuvo una hija, doña Ana María Bayer, quien tiempo después sería la esposa de otro ingeniero de minas, don William Cock. Después Bayer enviudó y, viajando en asuntos de su profesión llegó a Riosucio. Allí trazó los planos urbanos de esa naciente población, y también el plano urbano de la vecina aldea de Quibralomo, donde entonces se explotaban minas de veta, probablemente a trabajar en ellas. Se radicó en aquélla población, allí nació uno desus hijos, Rafael Bayer Vásquez, quien heredó la profesión de minero de su padre, y se casó allí hacia 1850 con doña María Josefa Montoya. Uno de sus numerosos hijos fue don José Joaquín Bayer Montoya (Riosucio, 1859 − Sonsón, 1928). En busca de otros horizontes, el joven José Joaquín viajó a Sonsón por el camino de los ríos Cauca y Arma; y allí se casó, en 1890, con doña Martina Jaramillo Álvarez. Dice Gallo [2009] que tuvieron trece hijos. En la guerra de 1885 Bayer Montoya fue designado como Coronel del ejército conservador y combatió como tal en la batalla de Garrapata II. Diez años después, combatió en la corta guerra, de dos meses, de 1895. El coronel Bayer está enterrado en dicha población y en su lápida figura un gran sable de guerra. El ingeniero alemán fue, al parecer, el tercer ingeniero forastero (después de Walker y de Nisser) que llegó a Sonsón, se casó y se quedó allí48. Uno de los descendientes de los ingenieros Bayer y Cock fue el Dr. Julián Cock Bayer, gobernador de Antioquia de 1894 a 1896. Hasta después de 1970 vivió en Bogotá una familia oriunda de Sonsón, con dicho apellido, cuyo padre era hijo del Coronel y llevaba su mismo nombre 49. Además, hacia 1965 fue notorio en Colombia el guerrillero Tulio Bayer, por su actividad en contra del injusto “orden tradicional” existente en el país. D. Federico o Friedrich, el alemán, nunca hubiera imaginado que su larga descendencia llegaría hasta eso, 177 años después de llegar a Colombia en 1788. 45. Pese a que, según Restrepo [1973], en el cerro de Marmato se explotaban minas de filón desde mediados del s. XVI50 y pese a los serios esfuerzos de ingenieros tan capaces como D´Elhúyar, don Ángel Díaz, y los ingenieros Wiessner, Bayer y Burkardt, en el 46

Los tres métodos son: el del horno de hogar abierto (“open hearth furnance”, en inglés); el soplado de oxígeno, de Bessemer; y el horno de arco eléctrico, de Siemens. 47 A quien le suprimiremos la diéresis, que en alemán quiere decir “ae”. 48 A otros varios les ocurriría lo mismo años después, como se verá más adelante. 49 El autor de este escrito los conoció personalmente. 50 Hay autores que dicen que desde antes, en el s. XV, los indígenas obtenían oro de socavón. Este autor cree que, técnicamente, esto no es verosímil, dado que los precolombinos sólo poseían toscos trozos de madera como “herramientas”, que eran inútiles para horadar la dura roca granítica de las faldas de los cerros de Marmato.

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comienzo del s. XIX la minería en la Nueva Granada seguía “de capa caída”. D. Vicente Restrepo [1973, p.78] afirma que “las minas de la Vega de Supía (una de las regiones más ricas de la Nueva Granada) produjeron de 1805 a 1809 (cinco años) 540 libras de oro de aluvión y 1.223 de oro de filón”; es decir, 108 libras por año promedio de metal de aluvión, y 244,6 libras de metal de filón, por año promedio. O sea, que los promedios anuales mencionados equivalen a muy cerca de 50 kg/año y a casi 122 kg/año, respectivamente). Como base de comparación, es de recordar que en la época colonial, la producción de oro de Antioquia, que salía por los puertos de Espíritu Santo y Guamocó hacia Cartagena, era del orden de una tonelada anual. A renglón seguido agrega Restrepo que “Su producto disminuyó un 30% durante la guerra de la Independencia” (desde 1810 hasta 1820).

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- EL IMÁN DEL ORO 46. A propósito del tema, cabe recordad que D. Vicente Restrepo [1973] calculó en 1883, que la cantidad de oro extraída en Colombia, desde la Conquista hasta 1803, fue de 440 millones de pesos oro (de fines del s. XIX), que equivalían (ponderalmente) a 1.000 toneladas métricas. Al precio actual (2010) de US$ 1.000 la onza, esta cantidad (38.260,9 millones de onzas) valdría la suma colosal de 38.260,9 millones de dólares de hoy (2010). La producción de plata desde la Conquista hasta 1845 la estima el mismo Restrepo en 11 millones de pesos oro, de las mismas fechas. Calcula también que la producción de metales preciosos (oro más plata), desde la Conquista hasta 1890, habría sido de 261 millones de pesos-oro (o pesos fuertes) del último año mencionado, cuando un peso-oro o peso fuerte equivalía a un dólar 51. España se resistió por muchos años a usar el sistema decimal de pesas y medidas porque era “una creación diabólica de la Revolución Francesa” de 1792, revolución a la cual en aquel 51

Para apreciar bien el significado de las unidades de peso, y de los valores en que se medía el oro –y aún se mide, a veces y en algunas partes–, y para entender su valor cuando se les menciona en éste y en otros escritos, se consignan aquí algunas equivalencias obtenidas por el autor en sus estudios sobre la minería del país: - Un grano = 49 miligramos métricos más dos tercios de miligramo métrico. - Un tomín = 12 granos = 0,59600 gramos métricos. - Un “gramo” español, en el s. XIX = 1,0365 gramos métricos. - Un “peso fuerte” o “peso-oro” (como medida de cantidad del metal) equivalía a 4 tomines = 48 granos = 2,50 gramos españoles = 2,38400 gramos métricos del metal, de 99,5% de pureza. - Como dinero, un peso-oro equivalía al poder de compra de 1.82 gramos españoles del metal, de 22 quilates (91,7% de pureza). Esta unidad monetaria se dividía en 10 “reales”. - Un castellano = 2 pesos-oro = 8 tomines = 96 granos = 4,7680 gramos métricos, o, en la práctica comercial, 4,6 gramos métricos. - Una onza = 6,25 castellanos = 12.5 tomines = 28,75 “gramos” españoles = 29,8 gramos métricos. - Una “libra” española del s. XIX = 100 castellanos = 200 “pesos-oro” = 500 “gramos” españoles = 476,8 gramos métricos. - Una arroba = 25 libras (de las anteriores, que llamaremos “españolas”) = 400 onzas = 2.500 castellanos = 5.000 “pesos-oro” = 11,92 kilogramos métricos. (Recordar que una libra inglesa de hoy (2010) es de 453,6 gramos métricos). - Un quintal = 4 arrobas = 100 libras españolas = 1.600 onzas = 48,68 kilogramos. - Una tonelada española (en el s. XIX) = 20 quintales = 80 arrobas = 2.000 libras españolas = 953,6 kilogramos métricos.

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país se le consideraba un movimiento perverso por sus radicales connotaciones antirrealistas y anticatólicas. Solamente muy avanzado el siglo XIX, España adoptó el sistema métrico decimal. En cuanto al valor de las monedas en el s. XIX y en el s. XX hasta 1930, conviene recordar que: Un peso colombiano (desde que lo creó Santander en 1824, hasta 1884 cuando comenzó la “debacle” monetaria de la Regeneración) se cambiaba a la par con un dólar, el cual era una moneda circular de plata de 900% de pureza (también se decía 0,900 de ley); y a la par con un franco francés, que equivalía a 0,20 pesos colombianos y a 20 centavos de dólar. El dólar de entonces era exactamente igual a un quinto de libra esterlina, que era la moneda que dominaba en la economía del mundo, hasta la Primera Guerra Mundial (1914−1918). Al por mayor, en esta última época, un kilogramo métrico (de hoy), de oro físico, valía 687,50 pesos-oro. También se usaba para el oro y para la plata metálica la unidad “marco”, con un sentido ambiguo, a veces como medida de dinero y a veces como unidad de peso. Pero se admitía la equivalencia de un “marco” con 145 “pesos fuertes”. Una moneda redonda, de “un peso fuerte” acuñada en plata de 0,900 de ley, se llamaba popularmente “un patacón”. En el comercio al por mayor de la plata, una libra española, de este metal, en lingotes, valía 19.00 pesos oro52. 47. Al comienzo de nuestras guerras de independencia, en 1810, la minería antioqueña estaba saliendo de una severa crisis en que la había encontrado 25 años atrás el oidor José Antonio Mon y Velarde. Las medidas energéticas y oportunas que ordenó el Regenerador de Antioquia habían permitido que la producción del metal se recuperara y que aumentara el número de nuevas minas denunciadas, como lo muestran los archivos de minas de Antioquia. En dicho año el Virreinato de la Nueva Granada cerca de 1´100.000 habitantes, de los cuales Antioquia alojaba casi 100.000. Era una provincia casi deshabitada y todavía muy pobre. Pero en esos días se iniciaban las migraciones que iban a poblar lo que en ese momento era parte de la provincia de Popayán (que después perteneció al departamento del Cauca, y que más tarde formó el de Caldas), y otros grupos humanos se desplazaban dentro de la misma provincia de Antioquia. Estas “Volkeswanderungen” estaban descubriendo nuevas zonas auríferas en la propia provincia, en la Cordillera Central, en el Tolima (entonces provincia de Mariquita). En ese momento la única gran zona argentífera era la de la localidad de Santa Ana (llamada hoy Falan, en el norte del actual departamento del Tolima). En cuanto al oro, las dos mayores regiones productoras eran la misma Antioquia y la provincia de Popayán. 48. En aquel momento la enorme mayoría del oro del occidente del país era oro de aluvión, que provenía de la explotación de playas, “organales”, “cortadas” y “aventaderos”, que se trabajaban a cielo abierto53. En 1805, don José Manuel Restrepo [citado por Poveda, 52

Para interpretar bien estas cifras, hay que tener en cuenta dos aspectos muy críticos en su utilización: 1) un aspecto técnico, que era la poca precisión de las balanzas y de las pesas de ese tiempo; y 2) un aspecto humano, que era y es, la habilidad de nuestros congéneres para alterar las medidas y engañar a prójimos. El “quilate” no era (ni es) una medida de cantidad de oro, sino de pureza. El oro 100% puro se decía (y se dice aún), oro de 24 quilates. Las otras purezas, más bajas, se expresan proporcionalmente a este patrón. 53 Un “organal” era una acumulación de rocas en hondonadas o cañadas, que le dan al terreno una topografía muy abrupta, y que eran muy difíciles de trabajar con las rudimentarias herramientas de madera de entonces. Una “cortada” era un meandro de río o de quebrada, que había sido cerrado en la parte de llegada y en la de

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manifestaba que “el 85% del metal era producido, en esta provincia, por los mazamorreros en los yacimientos de aluvión”. Según Poveda [1984], entre 1790 y 1809, hubo en Antioquia solamente 23 minas de veta en producción, mientras que en esos mismos 20 años estuvieron trabajando 110 minas de aluvión. En realidad siempre había sido así durante la Colonia, y en casi todas las regiones auríferas de la Nueva Granada. Según José Manuel Restrepo: 1984],

De los 653 millones de pesos „fuertes‟ que valía el oro extraído de la Nueva Granada y de Colombia, desde la Conquista hasta 1890, cerca de 500 millones provinieron de los aluviones y el minoritario resto salió de los filones auríferos.

El oro de aluvión es más puro que el oro de socavón, y por eso tenía un precio más alto: 2 pesos el castellano 54, mientras que el oro de socavón55 se pagaba a 12 reales el castellano, o sea 1,2 pesos/castellano. Pero la rentabilidad de las minas de socavón era bastante mayor, y mucho más duradera. Esto constituía un poderoso imán hacia los dueños de fuertes capitales, para hacerse a las nuevas minas de oro de socavón que empezaron a explotarse desde los primeros años del segundo decenio del s. XIX, y además, en gran medida, fue el principal señuelo para atraer ingenieros y de técnicos de minas de Europa a Antioquia en toda esa centuria. 49. Cuando llegaron los españoles a nuestra Colombia actual, no habían encontrado más explotaciones de veta (o socavón), trabajadas por los indígenas que las de oro del cerro de Buriticá, situado al norte del actual departamento de Antioquia; las del cerro de San Juan de Marmato, y las de plata de la región de Plata Vieja (hoy La Argentina) y La Plata (Ambas poblaciones están hoy en el sur del departamento del Huila), minas que los indios trabajaban desde épocas precolombinas. Al comenzar el s. XIX las vetas de Buriticá ya se habían dejado de trabajar; pero con la reanimación minera que siguió a la administración de Mon y Velarde se habían descubierto nuevos filones subterráneos en Titiribí, Anorí, Santa Rosa y otros pocos sitios, y en 1800 ya estaban siendo trabajados. En Marmato 56 el Gobierno virreinal explotaba ricos filones de oro y algo de plata, conocidos desde tiempo atrás, pero lo hacía con técnicas muy rudimentarias y pésima administración desde Bogotá. Hasta entonces “no se había establecido en Antioquia ningún molino, ni se había usado azogue” (mercurio) para amalgamar, como lo dice don José Manuel Restrepo, [V. Restrepo 1973, p.41) y los minerales se seguían moliendo a mano en artesas de piedra. Este era también el caso en toda Colombia, salvo lo del mercurio, que ya se usaba en la mina de El Sapo, cerca de Ibagué, y también en minas de Pamplona. La escasez de minas de veta, y de oro producido así, se veía pues como claro signo de atraso de nuestra tierra.

salida del agua, con sendas ataguías y del cual se había extraído el agua, para que los obreros (hombres libres o esclavos negros) trabajaran con el material aluvial del fondo del cauce y sus paredes, para lavarlo en la “batea” y encontrar allí, quizás, una o dos pepitas de oro o de plata. Un “aventadero” era un peñón de grava o tierra, fácil derrumbar y desmenuzar, si podía contener oro en gránulos. 54 Cien castellanos = 1 libra española de entonces. 55 Como era, por ejemplo, el oro de Marmato. 56 Pertenecía a la Provincia de Popayán, en ese tiempo; después, al Estado del Cauca; hoy, al Departamento de Caldas.

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50. Dice Restrepo [1973], con razón, que Marmato era un sitio distinto de San Juan de Marmato. Este último era un corregimiento del primero. El poblado que hoy (2010) se llama Marmato había sido, desde el inicio del s. XVI, el asiento de minas subterráneas de oro elemental, unas, y de oro argentífero, otras. Al comienzo las explotaban mineros españoles y mestizos, y cuadrillas pequeñas de esclavos negros huidos de Popayán, del actual Valle del Cauca y de la provincia de Antioquia. Geográficamente, pertenecía a la provincia de Popayán; después lo fue del Estado Soberano del Cauca y, más recientemente, del departamento de Caldas. A pocos años de abrirse esas minas improvisadas y con métodos neolíticos, el Gobierno virreinal en Bogotá tomó su control administrativo y las declaró propiedad personal del Rey57. El Gobierno virreinal comenzó a cobrar el “quinto real” a los productores, es decir un 20% en peso del oro y de la plata producidos, en especie, y antes de deducir los gastos de explotación. Así hubo algún mayor control administrativo de estos yacimientos. Pero el trabajo de negros y de mestizos, mulatos y blancos, seguía siendo trabajo de esclavos. No había salarios, la alimentación era la que Dios proveyera; salud y seguridad eran impensables. Los hombres morían dentro y fuera de los socavones por muchísimas causas: explosiones de la pólvora, derrumbes en los túneles, desprendimientos de rocas en taludes, silicosis por polvos y cáncer pulmonar, sífilis 58, cuchilladas en riñas por mujeres o por oro robado, viruela, tuberculosis, diarrea y deshidratación, “vómito negro” por Aedes aegipti, “delirium tremens” por alcohol, quemaduras con fuego al encenderlo en las noches frías y por incendios accidentales, hepatitis por aguas sucias, mordeduras de víboras, rodaduras a precipicios, accidentes con picas y zapas, envenenamiento por comidas descompuestas, y más peligros. Al Gobierno colonialista español todo esto lo tenía sin cuidado. 51. El sitio de Marmato queda a 1.310 metros de altitud, en lo alto de un farallón casi vertical, de sienita, una roca granítica 59 que se levanta desde el borde del río Cauca, a 700 m por encima de sus aguas, donde el río tiene una cota de 610 metros sobre el nivel del mar60. Allí se llegaba por tres rutas: una vía era viniendo desde Cartago, desde el Sur, por el camino que bordeaba el río Cauca, y que después de Marmato seguía a Santa Fe de Antioquia. Otra ruta era desde Medellín a la actual población de Amagá (llamada entonces San Fernando del Infante), bajando luego al sitio actual de Bolombolo y continuando Cauca arriba, hasta el pie del murallón de Marmato. La tercera era bajando de Sonsón al profundo cañón del río Arma, después bordeando éste, aguas abajo, hacia Occidente, hasta su desembocadura en el Cauca, y de allí, Cauca arriba, hacia el Sur, hasta el sitio dicho. De este sitio en el río se llega al valle y al pueblo aurífero de Supía bajando por la orilla

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Esta era la tradición legal española desde el Código del Rey Alfonso X (llamado también Alfonso el Sabio) en sus Tablas Alfonsinas, y como era lo justo y civilizado, ayer y hoy. El Rey era la personificación de lo que hoy se llama Estado, el cual es el único dueño de las riquezas del subsuelo. Así lo ratificó Bolívar para la Gran Colombia en un famoso decreto que expidió en 1829 en Quito. Pero en 1851 los gobiernos liberales manchesterianos abolieron este principio, el cual fue restablecido, en buena hora, por Núñez en 1887, pero que ha sido violado muchas veces después. Es lamentable que la realidad histórica en Colombia muestra que el Estado ha solido regalar, desde entonces hasta hoy, esos derechos que son de la Nación y del pueblo, a empresas particulares-pirañas, o los ha entregado por unas regalías verdaderamente míseras. 58 ¿Dónde no habrá enfermedades venéreas en centros mineros? 59 Este tipo de roca es también llamada sienita, entonces y hoy. 60 El barómetro marca allí 1.310 metros sobre el nivel del mar.

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izquierda unos 7 km, donde desemboca el riachuelo Supía, y subiendo por éste hacia Occidente unos 10 km. Para llegar desde Bogotá un funcionario virreinal salía por Cuatro Esquinas (hoy Mosquera), bajaba a La Mesa y a Tocaima donde pernoctaba; iba al sitio de Guataquí para cruzar el Magdalena (13 km más abajo del Girardot actual); seguía a Ibagué para pernoctar o descansar dos o tres días. De allí tomaba el camino del Quindío, famoso por sus precipicios, sus cuestas empinadísimas, sus lodazales y demás peligros, durante una semana o 15 días hasta Cartago. Desde aquí el viajero continuaba por el camino que ya se dijo, hasta Marmato. En épocas de buen tiempo eran 12−15 días en el camino, más los descansos y pernoctadas. En tiempos de invierno podía ser el doble. El recorrido era de unos 450−470 km. Al regreso, la misma ruta y el mismo tiempo, si el clima no había empeorado. En el transcurso del s. XVIII y un cuarto del XIX, el imán del oro fue atrayendo más gente. A principios del s. XIX Marmato (a 1.360 m de altitud media) tenía unos tres o cuatro mil habitantes, viviendo en casuchas muy pobres, dispersas en la cresta del farallón, sin orden, sin calles, sin agua corriente, y sin autoridades. No había escuela primaria ni capilla. Boussingault lo describe muy bien en un texto que presentamos más abajo. 52. Cuando en 1820, Santander y Córdova expulsaron (en buena hora) a los ocupantes españoles de Colombia, las minas de Marmato quedaron sin control, ni quinto real, y con la tecnología del s. XV. Así permanecieron durante los cinco años siguientes. En ese lapso varios “empresarios” mineros criollos se enriquecieron apropiándose de la regalía monárquica61, y trayendo a las minas desde Popayán, Cali o Cartago, víveres, pólvora, herramientas, ropa, cerdos, ganado vacuno, sal, panela, aguardiente, armas blancas y algunas de fuego, tal cual medicamento elemental, “sal de nitro” (o nitrato de sodio) para preservar carnes, cordelería, uno que otro artículo doméstico, y otras provisiones indispensables para vivir allí, en condiciones muy difíciles. 53. En 1824 llegaron desde Honda y Santa Ana, por el camino de Sonsón ya mencionado, el geólogo Jean Baptiste Boussingault y el ingeniero de minas Edward Walker a conocer, justipreciar, avaluar, encontrar y comprar minas. Este era su encargo. Boussingault venía enviado por el Gobierno de Santander a mejorarlas y a dar asistencia técnica a los mineros. El uno y el otro cumplieron bien sus respectivos encargos. De allí fueron a Titiribí, por el camino del río Cauca y por una cuesta empinadísima que sube hasta esta población, donde estaban las famosas minas de oro de El Zancudo y otras. De allí fueron a Medellín y a Rionegro, donde se separaron. Walker continuó a Sonsón, a casarse con su prometida, la señorita Robledo. Boussingault 62 siguió sus recorridos por casi todo nuestro país actual, para después ir al Ecuador y regresar a Francia. 54. En los años que siguieron, Marmato, Supía y Quiebralomo 63, serían centros de primera importancia para el desarrollo minero y el avance tecnológico, no sólo de Antioquia, sino de toda Colombia. Dice Eastman [2006] que en esos años, el nombre de 61

Especialmente los comerciantes de Medellín. De Boussingault nos ocuparemos en varias oportunidades en este documento. Fue un notable inmigrante que tuvo diversos e importantes desempeños en Colombia y en el Ecuador. Uno de ellos: viajero y naturalista. 63 Quiebralomo era y es un pequeño caserío cercano al actual Riosucio, población esta que entonces todavía no existía. 62

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Marmato era más conocido en Londres que en Bogotá. Las minas de Marmato revirtieron al Estado Colombiano a fines del s. XIX, después de muchos años de explotación leonina por las compañías inglesas y por las estadounidenses que le compraron a los ingleses. Desde entonces han sido propiedad de la Nación y aprovechadas por pequeños mineros colombianos bajo la fórmula del “permiso minero” o de manera informal64. 55. Los invasores españoles semibárbaros que vinieron a conquistarnos, primero, y a colonizarnos, después, se fueron asentando en encomiendas rurales de tipo feudal, en aldeas y en poblados. Estos últimos crecieron después para convertirse en pequeñas ciudades, como Bogotá, Popayán, Cartagena, Tunja. Así nos llegó un conjunto de modos de vida y de tecnologías, que eran los de fines del Renacimiento en Europa, a los que la misma España poco había aportado. Eran unas técnicas agrícolas de la Alta Edad Media, artesanías muy primitivas, y elementos militares para la destrucción y la represión (y no para la defensa de estas tierras). Así recibimos y aprendimos a usar la tecnología muy retrasada que era la común en España, pues apenas difería de la Edad Media del s. XII, es decir, de antes del s. XIII, cuyas innovaciones le han merecido de los historiadores el título de “La Revolución Agrotecnológica de s. XIII” en la Europa más allá de España. Estaba representada por lo siguiente: molinos de agua; algunas herramientas y máquinas herramientas para madera (berbiquíes y tornos manuales); las brújulas marinas y de tierra; catalejos, lentes y anteojos; el uso del hierro en armas y objetos domésticos; la preparación y el uso del cuero; la fabricación de harina de trigo y sus manufacturas domésticas; el forjado manual del hierro; la pólvora, el cañón y las armas de fuego; el barómetro de mercurio; la arquitectura militar italiana; la prensa de imprimir y la impresión en papel; fundir campanas de bronce en crisol; el lápiz con mina de plomo; el sistema decimal aritmético; el diseño de puentes metálicos, de arcos y de cadenas; la construcción de viviendas y edificios de arcilla, madera y hierro; el reloj mecánico de péndulo; y casi nada más. Los españoles no trajeron a América ningún elemento de modernidad tecnológica. Y, para “completar” su obra, prohibieron en estas colonias, dentro de los tres siglos de su ocupación, todo lo siguiente: fabricar vidrio y producir hierro y sus manufacturas, y elaborar cerveza; cultivar uvas y producir vino; construir bombas de madera y, menos aún, las de hierro; fabricar papel; hacer brújulas. Prohibieron además, en estas sus colonias: hacer armas blancas y armas de fuego; fundir cañones; tener escuelas de ingeniería militar y de ingeniería civil; enseñar la Física de Copérnico, de Galileo y de Newton (que se consideraban anticatólicas); construir y usar aparatos, aún solamente de madera, como la grúa, y las carretas; enseñar la obstetricia científica de van Deventer; construir barcos; hacer y usar el cubilote de Réaumur; la cirugía “moderna” de Ambroise Paré; hacer y usar la vacuna contra la viruela, de Jenner; conocer y usar el microscopio compuesto; estudiar o enseñar la Química de los ss. XVI, XVII y XVIII; construir carretas de madera de dos y de cuatro ruedas; importar y usar máquinas de vapor; construir aserraderos mecánicos, aún solamente movidos por agua; y, en fin, muchas otros recursos, máquinas e ideas que ya se

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En el día de hoy (2010) el actual gobierno nacional las está entregando a una poderosa compañía extranjera, bajo la infortunada figura de la “concesión”, la que históricamente ha sido una forma maligna de imperialismo contra Colombia.

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habían inventado, se conocían y se usaban ampliamente en Europa occidental, y varias de ellas desde hacía siglos65. 56. En cambio, la minería de vetas y socavones atraía muy preferencialmente a los ingleses porque tenía grandes ventajas en rentabilidad y en perdurabilidad; pero también tenía factores en su contra: el oro que ella producía era de menor pureza y de menor valor por onza que el oro de aluvión; además, la minería de veta era mucho más difícil de explotar y requería inversiones muy superiores, más recursos técnicos y mayores gastos corrientes, mientras que la de aluvión era relativamente más fácil, de menor inversión y menores gastos corrientes. Por eso decía el mismo José Manuel Restrepo: Las (actuales) minas de oro de Antioquia y demás provincias de Colombia no exigen muchos capitales ni exigen conocimientos metalúrgicos para la separación del metal. El oro se halla nativo sin más trabajo que moler la piedra y lavar en el agua el metal que resulta.

Es evidente que se refería a las minas de aluvión, porque las de filón sí requerían muchos conocimientos y fuertes capitales para financiar los costosos trabajos de apertura, las compras de maquinarias y el cuantioso capital de trabajo que exigían. Quizá a eso se refería Restrepo cuando agregaba con gran visión: Por consiguiente se puede agregar que cualesquiera capitales colombianos o extranjeros que se destinen a la explotación de varias minas de oro serán bien empleados, sobre todo si los trabajos subterráneos son dirigidos por extranjeros inteligentes en el arte de las minas. (Subrayado fuera del texto). Esta última advertencia testifica que en Antioquia, y aún en toda la Nueva Granada, no había verdaderos técnicos en minería y, mucho menos, ingenieros preparados para esa actividad. Todo ello conspiraba contra el desarrollo de la minería de filón, a pesar de que ella ofrecía las fuertes motivaciones que ya dijimos. 57. Un hecho muy importante en el sector minero de la época fue el descubrimiento, en años finales del s. XVIII, de la riquísima mina de socavones de El Zancudo, cerca a la población de Titiribí (Antioquia), en cuyas proximidades se descubrieron a poco tiempo otras grandes minas de esta misma naturaleza. Lo hizo el Sr. Louis Girardot Bressant, inmigrante que vino a la Nueva Granada atraído por la fama de su riqueza en oro. Había nacido en París el 23 de junio de 1752. Llegó primero a Tunja donde ejerció el comercio y se casó con doña María Teresa de la Rotta, a quien instaló luego en Cartagena, donde ella falleció al poco tiempo. Monsieur Girardot se vino a Antioquia por la ya mencionada vía de los ríos Magdalena y Cauca, en champanes y llegó a la capital de la Provincia en 1783, como comerciante, y pronto entró al comercio del oro. En 1790 se volvió a casar, esta vez con doña María Josefa Días Hoyos, en la Ciudad de Antioquia. Deseando tener su propia fuente de metal (por lo que había venido a la Nueva Granada), y aunque nada sabía de minería, empleó mineros empíricos, “cateadores” expertos y conocedores de minas, y fue a

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Mumford [1971, págs. 460 – 466]; y Poveda [2006].

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buscarlas66. Así encontró la riquísima mina de El Zancudo, en 1793, mina que operó durante más de 135 años, hasta poco después de 1930, y que produjo metal dorado y plata metálica por toneladas. Este descubrimiento fue decisivo en el desarrollo de la minería de veta, de la ingeniería y de la industrialización temprana en Antioquia. El Sr. Girardot la vendió hacia 1820 a una compañía recién formada por empresarios de Medellín, llamada Sociedad de Minas de Antioquia, la cual comenzó a explotarla con mano de obra asalariada (y ya no esclava), con capital financiero de 1.500 pesos oro, dividido en 24 unidades y que repartía utilidades en proporción a las unidades de cada socio. Era una auténtica empresa capitalista, como las que uno de sus mayores socios, D. Francisco Montoya Zapata, había conocido en Inglaterra por sus relaciones comerciales con ese país a través de Jamaica, la isla a donde él iba y venía con frecuencia, a llevar oro y a importar manufacturas británicas, lo cual lo convirtió en el hombre más rico de Colombia hacia 1835−1840, según dice Safford [1977] en uno de sus ensayos sobre nuestra historia económica. Otros socios de esta fuerte empresa fueron los comerciantes Juan de Dios Aranzazu, Juan Manuel Arrubla, Carlos Sáenz, Juan Santamaría, Benicio Uribe y Francisco Botero. Ellos se habían enriquecido durante el decenio de la guerra de Independencia, comprando el oro a los “tratantes” que venían de las minas, a precios monopsonísticos, embolsillándose el “quinto real”, y llevando el resto a Jamaica. Allí lo vendían con excelente rendimiento a los intermediarios ingleses de esa Isla, o lo cambiaban por armas, municiones, pólvora, uniformes, vituallas de campaña y otros materiales que traían y que, a su vez, le vendían al Vice-presidente Santander. Éste enviaba la mayor cuantía de estas mercancías, con más oro de Antioquia, a Bolívar y a Sucre, quienes combatían en esos años en Ecuador y Perú, y estaban fundando a Bolivia. Santander les pagaba a aquellos agiotistas con lo único que poseía el Estado: con tierras baldías. Ese fue el caso del sur-oeste del actual Departamento de Antioquia, del nororiente del actual departamento de Caldas y del interior de los actuales departamentos de Sucre y Córdoba, al sur-oeste de Mompox. 58. La famosa mina de El Zancudo fue explotada desde 1800 y perduró todo el s. XIX. Continuó produciendo oro y plata hasta cerca de 1935. Casi 135 años. En esa centuria larga de operación fue una excelente escuela de ingeniería, de tecnologías, de administración y de geología. Hacia 1890 era la empresa industrial más grande del país, en capital, en personal (tenía mil trabajadores) y en ventas, todo ello muy superior a las siguientes, que eran, en su orden, Bavaria, el Ferrocarrilde Cúcuta y la Ferrería de La Pradera. Poseía no sólo las grandes minas del Zancudo, sino otras muy ricas como las de Chorros y Otramina, con sus equipos mecánicos, hornos, fundiciones, planta eléctrica con turbina Pelton, talleres mecánicos y de electricidad, carpinterías, haciendas para sus muladas transportadoras, cafetales, extensas dehesas con ganado, cultivos de víveres para alimentación del personal, ruedas hidráulicas, molinos “cornish” y californianos, fuentes y depósitos de agua con canales, plantas de amalgamación, grandes campamentos higiénicos para trabajadores, casa para empleados, edificios para oficinas, y más. Los ingenieros Moore y Paschke (de quienes se hablará en extenso más adelante) trabajaron allí, uno tras otro, por varios años cada uno; fueron de los ingenieros europeos que más aportaron al desarrollo tecnológico de esa empresa. Los mejores ingenieros y empresarios 66

Un cateador era un hombre que se dedicaba a buscar sitios donde pudiera haber oro en vetas, filones o “guacas”, mediante su intuición, o consejas, o la topografía del terreno, o por pruebas con varillas metálicas o con agua, mediante un péndulo de cobre, que eran supuestamente eficaces.

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de Antioquia siempre la operaron y la dirigieron. Uno de los más distinguidos fue el Ingeniero civil y de minas Alejandro López Restrepo, quien fue su gerente desde 1906 hasta 1912. 59. Por motivos que no se conocen, en 1815, en plena turbulencia de la Patria Boba, vino a Bogotá el carpintero inglés de nombre Samuel Sayer. Según Gallo [2009] había nacido en 1789 y muerto en Bogotá en 1866. Con el tiempo, se enriqueció y fue así como llegó a ser socio de la Ferrería de La Pradera, y de la cervecería Sayer Stevenel y Compañía. Al parecer el negocio de la cerveza le resultó más rentable, porque su nombre siguió vinculado a esta industria. Esta tradición empresarial la siguieron sus hijos. Uno de ellos, a principios del s. XX era dueño de la Compañía Elaboradora de Cerveza Sayer. Otro se asoció en 1909 con D. Leo Kopp y fundaron la Fábrica de Cerveza Bohemia, la cual existió hasta 1942, cuando la vendieron a Bavaria. 60. Entre los ciudadanos estadounidenses que vinieron a combatir por nuestra Independencia es digno de destacar el nombre de Renato Beluche, un marino de profesión, nacido en Nueva Orleans, y quien llegó a Angostura (hoy Ciudad Bolívar) en 1818, a sumarse a las fuerzas libertadoras que Bolívar estaba reuniendo para su asalto a la Nueva Granada. Es de suponer que navegó combatiendo al lado del “pirata” Louis Aury, del capitán Rafael Tono y de otros comandantes de la pequeña escuadra libertadora. Casi nada se sabe del resto de su vida. Es muy probable que hubiera luchado en la batalla del Lago de Maracaibo, en 1823, bajo el mando del almirante Padilla, con la cual la Gran Colombia expulsó totalmente a los ocupantes españoles de nuestra patria. Beluche llegó a ser Capitán de Navío de la Armada de la República de Colombia, la que Santander creó en 1822, y que se distinguió internacionalmente en el combate contra los piratas y contra los barcos negreros en el Atlántico, antes de que Bolívar la disolviera en 1828, en su paranoia antisantanderista67. Beluche fue declarado Prócer de la Independencia. Dice Gallo [2009] que tuvo una hija extraconyugal en Cartagena, la que nació en 1827. Es de presumir que se radicó en Colombia y que aquí concluyó sus días. 61. Para facilitar el trabajo de los pequeños mineros y sus trabajadores, que eran la gran mayoría en todo el país, en 1823, un modesto carpintero iletrado, don Gregorio Baena, en la pequeña población de Anorí (Antioquia) inventó y construyó un aparato para quebrar y triturar tierras, gravas, rocas y piedras. Consistía en un bastidor vertical, que sostenía dos columnas en sube y baja, alternadamente, terminadas, cada una, en su extremo inferior en una zapata pesada de hierro forjado. Estas pesadas columnas se llamaban “bocartes”. Estos bocartes pesaban unas cinco arrobas (algo así como 62 kg), cada uno, y golpeaban una misma artesa de hierro, colocada al nivel del piso, donde se ponía el mineral para moler. El vaivén vertical lo producía una barra horizontal con levas, y la barra giraba movida por una rueda hidráulica accionada por un chorro de agua, que trasmitía su rotación al eje mediante dos ruedas dentadas, de madera, que multiplican el momento de torsión de la turbina. Estos molinos podían moler tres cuartos de tonelada métrica de mineral, por día de 10 horas, a 67

Después de Santander, la Armada de la República de Colombia volvió a ser fundada por el general Reyes en 1907 y disuelta por sus enemigos políticos en 1909 en su paranoia “anti-reyista”. Por tercera vez, y final, la volvió a fundar otro Presidente eminente, Alfonso López Pumarejo, en 1935, con la colaboración de una misión naval inglesa.

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pesar de su sencillez. Cabe observar que el invento del Sr. Baena fue anterior a la introducción por Mr. Moore, en 1830, del molino “cornish”, que era más pesado y mucho más costoso; y aún más: anterior al pesado molino californiano introducido por los norteamericanos a minas antioqueñas en 1890. En la población de Anorí todavía hoy (2010) se le muestra al visitante el taller vivienda del Sr. Baena. Pronto se popularizó su empleo y se le dio el nombre de “molino antioqueño”, inclusive en las minas del Cauca, de Mariquita, del actual Santander y de otras regiones auríferas. Por más de un siglo sirvió en minas de Colombia, tanto en las de veta como en las de aluvión, especialmente en las de pequeños mineros. Es uno de los pocos inventos extraordinarios que se han hecho en la historia tecnológica de Colombia. A principios del s. XX, hacia 1940, fueron desapareciendo y sustituidos por otros molinos más modernos y por la declinación y el estancamiento de la minería aurífera de Colombia (y de los otros países productores), que siguió a la fijación del precio mundial del oro en 35 dólares la onza en 1934, hasta 1971 cuando los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional liberaron el precio del metal, el cual saltó de inmediato a más de 300 dólares la onza troy, y revivió ese tipo de industria minera. 62. Dice Mc Greevey [1972] que en el transcurso de la centuria comprendida entre 1701−1800, la producción anual promedia de oro del virreinato fue de 151.000 onzas “finas”/año. Ya en el decenio de 1801−1810 fue de 160.000 onzas/año promedio. Siguió el decenio de las guerras de la Independencia, de 1811−1820, cuando (como se dice en otra parte), disminuyó, inevitablemente, a 96.000 onzas anuales. De 1821−1835, se recuperó a 108 onzas/año promedio; y a continuación, de 1836 a 1850, ascendió a 108 onzas por año. De 1851 a 1869 el promedio subió algo más: a 113 onzas/año promedio; para mejorar en el decenio 1870−1881, al nivel de 147 onzas/año. Este proceso progresivo de 180 años se debió, sin duda, al extraordinario aporte de los mejores métodos de administración empresarial, y a la más moderna tecnología de su tiempo que trajeron los ingenieros inmigrantes, tanto los que se quedaron en el país como los que regresaron a su patria; tanto los que trabajaron solamente en minería, como los que trabajaron en otras actividades, y tanto como los que enseñaron sus ciencias fundamentales: Geometría, Aritmética, Química, Geología, Metalurgia, Mineralogía, Mecánica, Topografía, Hidráulica; así como los que vinieron a iniciar el incipiente desarrollo industrial de Medellín y de Bogotá. Señala Restrepo [1973] que desde 1800 hasta 1825 no se produjo nada de plata metálica en nuestro país. Y agregamos aquí, que tampoco se produjo ese metal en Venezuela, ni en Ecuador, ni en Panamá, ni en la Costa de Mosquitos (hoy de Nicaragua), que entonces eran partes constitutivas de la Gran Colombia. Pero precisamente en esta última fecha llegaron los primeros ingenieros europeos a aumentar esa producción, a tecnificar la de oro y a modernizar estas industrias.

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LA GRAN COLOMBIA (1820−1831) 26. Instalado el gobierno de la República, gobernada por el vicepresidente Santander, éste se vio obligado dar en arrendamiento las minas de oro en Marmato, Supía y Santa Ana, y las de plata en Santa Ana y Pamplona, a las compañías londinenses de banca A. B. Goldsmith, y Herring, Graham & Powles, como garantía estricta para obtener un crédito, algo que Colombia necesitaba desesperadamente. Los dos bancos exigieron que se les arrendaran las minas por cien años, para manejarlas y disponer de todas sus altas utilidades previsibles. Una parte menor de éstas sería para pagar el canon de arrendamiento al Gobierno; y la otra parte, mucho mayor, iría a Londres, a pagar los intereses (ante todo) y el capital del crédito leonino que, finalmente, accedieron a dar. Seis meses después la Goldsmith quebró y su dueño se suicidó. Entonces sus activos y sus pasivos fueron adquiridos por la Herring, y ésta envió como inspector de las minas de plata de Santa Ana y de las de oro en Antioquia al ingeniero Edward Walker; en el mismo año de 1824, envió como director de Santa Ana al ingeniero Robert Stephenson. Más abajo veremos las actividades de estos dos valerosos pioneros. -

EL PRIMER INMIGRANTE ALEMÁN

27. Uno de los inmigrantes que más hizo por el desarrollo económico y técnico de Colombia en los primeros años de la República, fue el Sr. Juan Bernardo Elbers Jäger (o Jaeger). Él trajo al país la más trascendental innovación económica y técnica del s. XIX: la navegación fluvial a vapor, que Fulton había perfeccionado en 1807, recorriendo en su vapor “Clermont” el río Hudson desde la ciudad de Nueva York hasta la de Albany, que era la capital política del Estado del mismo nombre. Elbers nació en la pequeña ciudad alemana de Mülheim, a orillas del río Rhin, el 29 de diciembre de 1776. Algunos sostienen, sin fundamento, que era de familia judía, pero otros lo niegan. Allí vio desde su niñez las grandes barcazas de madera de fines del s. XVIII, impulsadas por los fornidos boteros y bateleros renanos, trayendo y llevando carbón, trigo y mercancías al Mar del Norte. Es indudable que la noticia de la empresa de Fulton la supo Elbers en Alemania, y que ella le despertó en su imaginación la idea de hacerse navegante. En algún momento entre 1816 y 1818, ya de 40 o 41 años de edad, Elbers se vino a navegar al Caribe (a las islas de Martinica, Curazao y Margarita) como comerciante y contrabandista a favor de los patriotas, y como armador. Era lo mismo que harían el después el almirante Tono, el almirante Brión, y el “corsario” Aury con su Segundo, Peru de la Croix. Era un oficio muy peligroso, que las fragatas españolas combatían a muerte. Pero era un oficio muy rentable para quien tenía éxito y salía de él con vida. Es obvio que Elbers fue de estos últimos. Con el capital que, seguramente, Elbers hizo en su negocio naviero, en 1922 vino del Caribe a Cartagena, y de ahí, en champán, a Honda y luego a Bogotá, en donde solicitó y obtuvo del Gobierno del general Santander un “privilegio” (como se les decía entonces a las “concesiones”) para navegar el río Magdalena desde Neiva hasta el canal del Dique, la Ciénaga Grande de Santa Marta y los caños o canales naturales que conectaban a ésta con el gran río. Después de exigirle las adecuadas contraprestaciones, ese Gobierno admirable se la concedió. Asesorado por su compatriota, el coronel e ingeniero Friedrich Thomas Adlerkreutz, quien había venido con un cuerpo de 300 voluntarios alemanes a combatir a 47


favor de Colombia contra España, y quien era el comandante del cuerpo de ingenieros del Ejército de la nueva República. Elbers viajó a Estados Unidos y trajo para iniciar el servicio, un vapor usado llamado “Fidelidad”, que comenzó a navegar en 1823. También encargó la construcción (según este autor, en Nueva Orleans) de dos vapores fluviales nuevos, con ruedas laterales: el “General Santander”, de 240 toneladas navales de porte y 40 caballos de potencia68; y el “Gran Bolívar”, de 200 toneladas de porte, y con potencia de 35 caballos de vapor. Es decir, el “Bolívar” era un tanto menor que su compañero, el “Santander”. Ambos llegaron a Santa Marta y entraron al Magdalena, en 1825, por la boca marina de la Ciénaga de Santa Marta y por los caños naturales que la unen al río. 28. Elbers trajo, de Inglaterra o de los Estados Unidos, a tres técnicos que le eran indispensables para la construcción de sus barcos en el astillero que él mismo estableció en Barranquilla, y para la operación de los mismos. Uno de ellos se llamaba John Batis, y era experto en el trabajo de metales: fundición de hierro, de cobre y de bronce; corte de lámina de hierro para los cascos y otras partes; roladura de lámina; soldadura; forjado de piezas metálicas; y otros muchos procesos que requiere este trabajo. Cuando Elbers fue arruinado por la decisión arbitraria e ilegal de Bolívar en 1828, de anularle su contrato, es seguro que debió despedir a Batis y a sus otros trabajadores, capitanes y empleados. Sin duda, Batis regresó a su patria hacia 1830 o 1831. Otro de esos técnicos fue Michael Callahan, y su especialidad era el trabajo en madera, lo cual era y es una actividad esencial en la construcción de barcos, ayer y hoy, desde el aserrío hasta la obra de carpintería interior y de ebanistería, como paneles, puertas, ventanas, pisos, techumbres, timones de manejo, y más. Nada se sabe sobre su destino posterior. Este autor conjetura que Callahan también regresó a su país después del in suceso de la empresa de Elbers. De Estados Unidos, Elbers trajo al maquinista de calderas y motores de vapor James Patten, quien seguramente se había entrenado en el oficio de “engineer” en los vapores que ya hacía dos decenios que navegaban en el inmenso río Missippi. Patten sirvió en el vapor “Santander” mientras éste estuvo a flote. De la suerte posterior del “ingeniero” nada se sabe. Es razonable pensar que cuando Elbers se arruinó, regresara a su país natal. 29. Al principio, la empresa de Elbers marchó aceptablemente, no sin dificultades técnicas debidas al veleidoso y problemático cauce del río y a dificultades económicas producidas por escasez de carga y de pasajeros y por los costos de operación y de mantenimiento de los barcos. Los capitanes, los contramaestres, los maquinistas (o “engineers”, como les decían en inglés, o “ingenieros”, como les decían los “marineros” del país), los contadores y los prácticos eran todos extranjeros y sus salarios estaban entre los 1.200 pesos oro anuales para el capitán, y un poco menores, hasta 900 pesos anuales para los otros funcionarios mencionados. El marinero ganaba un jornal de 1,50 pesos diarios en viaje y 1,00 en puerto. Alrededor de 1826, Elbers se casó en Bogotá con doña Susana Sanz de Santa María y Baraya. De su matrimonio, hasta donde se sepa, no quedaron hijos. En octubre de 1826 llegó Bolívar a Bogotá. Reasumió la Presidencia y trató de imponer su inicua constitución boliviana, lo que comenzó a suscitar resistencias, empezando por la de 68

Un caballo de vapor, “horse- power” en inglés, es el equivalente a la potencia de 550 libras-pie por segundo, o sea, 33.000 libras-pie por minuto.

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Santander, franca pero respetuosa. Bolívar se enfureció (estaba clínicamente paranoico), destituyó a Santander, suprimió su cargo de vicepresidente, y arremetió contra las muchas iniciativas felices de éste. Abolió la Marina. Cerró la Universidad Central. Eliminó la Escuela de Minería. Canceló el contrato al médico Roulin. Restableció la odiada alcabala y los diezmos de la Iglesia. Rescindió los contratos a los geógrafos e ingenieros Lanz, Cochrane y Hall (de quienes se habla más abajo en este texto), e hizo más destrozos en la grande obra realizada por el Hombre de las Leyes. Naturalmente la emprendió contra el contrato de Elbers. Desde Quito, en 1829, como dictador, lo derogó, alegando que éste no había cumplido una de las cláusulas, consistente en la obligación de construir un camino para carreta desde el “Peñón de Conejo” hasta la capital. De hecho, Elbers había trazado la ruta, desde el río Magdalena hasta Bogotá, por el cañón del río Negro hasta Villeta, y subiendo a la Sabana por la población de La Vega, que es un ascenso por media ladera, más suave y menos fragoso que el de Sasaima y La Tribuna. Este último es el trazado que escogieron después Poncet (en 1827) y que ratificó Liévano (en 1865), y por donde se hizo (equivocadamente) el ferrocarril de Facatativá a Puerto Liévano (hoy llamado Puerto Salgar). Pero a Elbers le fue materialmente imposible construirlo, a pesar de su empeño en cumplir el contrato, por las muchas poderosas razones que también a Poncet le impidieron hacerlo veinte años después. La burocracia bolivarista y la burguesía importadora de Bogotá le declararon la hostilidad a Elbers. Éste trató de defender su empresa recibiendo otros socios. Algunos de éstos lo traicionaron poniéndole competencia desleal. El Gobierno le negó el derecho a fabricar sus vapores en el astillero oficial de Cartagena. Pese a todo, montó un gran taller para construir barcos, con aserradero de vapor, carpintería, cubilote para fundición, soldadura autógena (o de oxiacetileno), pailería, forja, dársena, sala de modelos y demás facilidades. Fue la primera industria fabricante de bienes de capital, de las pocas que haya habido en el país; era de alta tecnología en su tiempo y, entonces y ahora, de gran importancia para introducir la tecnología de la Revolución Industrial a Colombia. Allí construyó su último vapor, el “Susana”. Había gastado 17 años de su vida y 347.000 pesos-oro69, en su empeño por fundar una industria naviera y de fabricación naval. Finalmente se le agotó su capital. Se fue a vivir con su esposa al pequeño pueblecito de San Pablo (hoy en el departamento de Bolívar), paupérrimo y decepcionado. Se dedicó él en persona, a cultivar tabaco en su finca de San Bartolomé de la Honda, Cantón de Simití, a orillas del Magdalena. En 1850 la Corte Suprema de Justicia derogó el decreto de Bolívar contra Elbers y ordenó que el Estado lo indemnizara con 40.000 pesos por el vapor Santander y con 20.000 por el Bolívar; pero el gobierno lo hizo de una forma prácticamente ficticia, como lo explica Poveda [1998] en su libro sobre los vapores fluviales. Elbers murió en Simití, en 1864, a los 77 años. Su féretro fue llevado en champán, aguas abajo hasta la población ribereña de Morales, donde fue inhumado.

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Dinero de ese tiempo, cuando el peso-oro equivalía a un dólar de plata metálica, que era una moneda metálica de una y media pulgadas de diámetro, en plata de 0,900 de ley, y que hoy valdría del orden de 150 a 170 dólares actuales. La palabra “dólar” resultó como una anglización de la palabra “tháler”, que era una moneda metálica hecha de oro extraído del valle de Joachimsthal en Bohemia. Esta era una riquísima región aurífera en el siglo XVIII, donde trabajó Georgio Agrícola y escribió su libro De re metálica, ya aludido. El thaler (o tálero, en español) fue usado como moneda en varios países de Europa Central, de donde lo llevaron los emigrantes a Estados Unidos. La palabra alemana “thal” significa “valle”, y Joachimsthal quiere decir “Valle de (San) Joaquín)

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63. Los barcos de Elbers y sus talleres-astilleros en Cartagena y en Barranquilla para construirlos, trajeron por primera vez a Colombia, numerosas innovaciones tecnológicas modernizantes, que en el país, en su atraso hispano colonial de tres siglos, no conocía 70. Solamente se enumerarán, para no extendernos demasiado, sus aportes tecnológicos y empresariales principales:  La caldera de vapor, piro-tubular, de alta presión y corta carrera de pistón, y su manejo.  Los oficios de calderista y maquinista de vapor (o “ingeniero”, de “engineer” en inglés)  Varios otros oficios específicos de los vapores y de los talleres de astilleros.  La máquina de vapor de Watt, mejorada por Richard Trevithik, de pequeño volumen y de alta relación de compresión, trabajando con el ciclo termodinámico de Rankine.  Las unidades de medida inglesas.  Las herramientas inglesas para mecánica y para metales.  La soldadura autógena u oxi-acetilénica, para el trabajo en sus astilleros.  La contabilidad por partida doble, inventada en la Edad Media por el monje y matemático italiano Lucca Paccioli, quien publicó en 1493 su obra magna, Summa, que incluye, entre otros tratados, el primer texto de contabilidad moderna, la cual España ignoraba por completo (y nosotros también).  La construcción de muelles de madera para el atraque de barcos en los ríos.  Los termómetros para altas temperaturas, marcados en grados Fahrenheit.  El barómetro aneroide o de Bourdon, para medir presiones atmosféricas y para pronosticar el estado del tiempo.  El torno para metales, perfeccionado por William Maudslay en Inglaterra a fines del s. XVIII, que Elbers empleó en su astillero de Barranquilla.  Los aparatos de maniobra para izar cargas pesadas, diseñadas por el ingeniero inglés John Smeaton, hacia 1753, que necesitó para sus embarcaderos.  El uso del fluviómetro, para medir la velocidad del agua del río. Esta enumeración da testimonio, por sí sola, del inmenso aporte de Elbers hizo a nuestro país en el campo tecnológico. Él fue el primer inmigrante europeo que nos enseñó cómo era ahora la tecnología del siglo XIX.

MILITARES INDEPENDENCIA

INMIGRANTES,

COMBATIENTES

EN

NUESTRA

64. A nuestras guerras de Independencia, en suelo latinoamericano, vinieron varios personajes y destacamentos extranjeros a luchar generosamente por nuestra libertad: ingleses, franceses, irlandeses, italianos, polacos, y hasta españoles.

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Hay que notar aquí que los astilleros de Elbers fueron la primera industria que fabricó en Colombia lo que hoy los economistas llaman bienes de capital.

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Cronológicamente, el primero de estos hombres valerosos y generosos fue el Ingeniero militar español José Tomás Mires. Llegó en 1804 a Caracas con el grado de capitán en uno de los tres batallones del Regimiento de la Reina, enviado como relevo por el rey Fernando VII, el Rey Felón, antes de ser depuesto por Napoleón junto con su estúpido y cornudo padre Carlos IV, en Bayona. En Caracas Mires sirvió en filas durante dos años, y en 1806 pidió la baja del ejército español y estableció una escuela de Ingeniería Militar, cuya aprobación por el Capitán General de Venezuela obtuvo pronto, y en donde comenzaron a formarse varios jóvenes que después figurarían con alto nombre en las filas patrióticas, unos de ellos, y en las realistas, otros. Dos de los primeros fueron Antonio José de Sucre y Alcalá y Carlos Soublette y Jerez de Aristigueta. El primero nació en Cumaná en 1795 y el segundo en La Guaira en 1789. Sucre fué un brillante estudiante, pero Soublette no lo fue tanto. Ambos hicieron simultáneamente los cuatro años de estudios y de prácticas castrenses hasta recibir su grado académico y militar de manos de Mires. Fueron instructores suyos el brigadier español José Salcedo, en materias prácticas y militares, y el Matemático francés Gustave Courtois, ex alumno del eminente Gaspard Monge el famoso constructor de la Geometría Descriptiva, en la École Polytechnique. Esta materia es esencial para los ingenieros militares porque se aplica muy frecuentemente en la construcción de fortificaciones, de puentes, de murallas protectoras, de casamatas y de nidos de artillería. Cuando en Caracas se constituyó la primera junta de Independencia, a comienzos de 1810, el antiguo oficial español se incorporó a la primera fuerza armada que allí se formó y fue así como luchó en las filas patriotas en los combates de la primera república, en el Oriente de Venezuela. Cuando ésta fue derrotada, en 1812, los españoles lo pusieron preso y lo enviaron a las prisiones militares de Ceuta, en el Marruecos español, al mismo tiempo que enviaban a morirse, a la temible prisión de La Carraca, en Cádiz, al derrotado, glorioso y traicionado General Francisco de Miranda, quien murió allá cuatro años después. Mires consiguió escapar de la prisión en 1817 y vino a su ya querida Suramérica, y más concretamente a Venezuela. Bolívar, quien después de fusilara Piar, ya ejercía el mando único de todos los grupos rebeldes anteriores, comisionó a Mires como comandante de los lanceros del Apure, y éste desempeñó esa misión durante los dos años siguientes desalojando españoles de esa provincia y de los llanos del Orinoco, y asegurando la libertad de la Guayana, donde se habría de reunir el Congreso de Angostura (hoy Ciudad Bolívar) en 1819. A órdenes de Soublette hizo la campaña de Arauca, los andes y Boyacá, y fue luego, con Bolívar y Páez a la de Venezuela que culminaría enelcampo de Carabobo II. A comienzos de 1821, poco después de que Sucre partiera para el Ecuador, el Libertador le ordenó a Mires que viajara tras de aquél a ofrecer el respaldo de Colombia a la junta provisional del gobierno independentista de Guayaquil y a hacer preparativos logísticos para la campaña de liberación de Quito. En ese momento estalló en Guayaquil una rebelión popular contra la junta (que era remisa a incorporarse a Colombia) y pro-anexión a Colombia. Sucre se dedicó a aplicarla y cedió provisionalmente a Mires el comando de la división colombiana. El militar español y republicano, sin consultar con Sucre, ordenó una marcha forzada y extenuante contra Quito, la que produjo doscientos desertores y enfermos, y agotó a la caballería, de modo que los realistas, en el combate de Huachi tomaron innumerables prisioneros, incluyendo al comandante Mires. En un intercambio de prisioneros, el coronel español Carlos Tolrá devolvió a Mires a las filas colombianas de Sucre. En la batalla de Pichincha, el antiguo maestro de Sucre se distinguió con brillo como coronel del batallón Carabobo, de oficiales y soldados venezolanos. De aquí siguió 51


sirviendo a órdenes de su antiguo alumno, y como compañero de Córdova en las campañas del Ecuador y del Perú, hasta 1826. Regresó a Popayán y allí vivió hasta 1828, cuando el ejército del Perú, al mando del General José de La Mar, invadió el sur del Ecuador, para anexarse esa parte de la Gran Colombia, así como a Guayaquil. Sucre, Juan José Florez. Daniel O´Leary y Mires encabezaron la fuerza colombiana que enfrentó a los peruanos en el Portete de Tarqui (cerca a la ciudad de Cuenca, en El Ecuador), en febrero de 1829, los derrotó abrumadoramente y los expulsó. Mires combatió allí bravamente por su patria adoptiva. Pero en medio de la batalla el Coronel-ingeniero español fue hecho prisionero por los peruanos, y ya indefenso, un soldado “cholo” lo asesinó a sangre fría de un disparo de fusil. Nunca nadie en Colombia, Venezuela, Ecuador o el Perú le ha hecho a José Tomás de Mires, el ingeniero militar español de nacimiento pero suramericano de espíritu, ni el más modesto homenaje en estos 200 años de “Independencia” a medias. En estos países y en estos gobiernos nadie recuerda, siquiera, su nombre. 65. Los alemanes que vinieron a nuestra gesta libertadora fueron 300 hombres procedentes de las provincias y reinos de Sajonia, Silesia, Hannover y Prussia, quienes ya habían hecho su servicio militar en el severísimo ejército prusiano. Casi todos habían combatido contra Napoleón. Alemania no existía aún como estado nación. Estaba constituida, geográficamente, por más de trescientos gobiernos que incluían reinos, provincias, ducados, ciudades-estado, obispados, regiones-estado, etc., cuyo elemento de unidad era el idioma de Goethe. Existía el reino de Prusia, militarmente muy poderoso, y el cual, en los años finales del s. XVIII (en 1792 y en1795) se había repartido, con Rusia y Austria, al antiquísimo y valeroso reino de Polonia. Por eso al final de dicho siglo, Polonia no existía como Estado, y el reino de Prusia se extendía, por el Este, hasta el reino de Lituania. Solamente en 1870, el canciller y mariscal Otto von Bismark (llamado “El Canciller de Hierro” o “Der Eisenkanzler”, en su idioma), usando a la guerra francoprusiana, (que fue desastrosa para Francia, que perdió las provincias de Alsacia y Lorena), como detonador, Bismark formó el poderoso Imperio Alemán, unificado, bajo el predominio de Prusia. 66. Uno de los que vinieron a nuestra guerra de Independencia fue el conde (Graff) Friedrich Thomas von Adlerkreutz. No es claro donde nació. En su documento de la bibliografía, Wassen dice que era sueco. Gallo [2009] dice que nació en Helsinki. Gilmore y Harrison [1977] dicen que era polaco. El autor discrepa de los tres, porque el apellido Adlerkreutz no tiene grafía ni fonía sueca ni finlandesa ni polonesa; y cree más bien que nació en una ciudad costera del mar Báltico, como Königsberg, la que fue capital de la antigua Prusia Oriental, donde entonces se hablaba alemán, pero que hoy pertenece a Rusia y se llama Kaliningrado 71. Además, en un antiguo y pequeño folleto en alemán, encontrado 71

Königsberg (en alemán “Monte del Rey) fue la cuna de personajes muy importantes en la historia del pensamiento humano, como “Regiomontanus” (cuyo nombre latino significa “del Monte del Rey”), auxiliar científico de Kopérnico; y el filósofo Emmanuel Kant. Desde 1795, cuando Prusia se repartió por tercera vez a Polonia con Rusia y Austria, y se tomó toda esa parte del territorio polaco, esa ciudad fue la capital de Prusia Oriental. Hoy en día pertenece a Rusia y tiene el nombre de “Kaliningrdo” que le dieron los gobernantes de la Unión Soviética en 1946, al terminar la Segunda Guerra Mundial, apoderarse de Prusia Oriental, e invadir su capital. Mikhail Ivanovich Kalinin fue uno de los fundadores de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y Presidente del Comité Central del Partido Comunista desde 1937 hasta 1946.

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por el autor en una tienda de libros viejos en la ciudad de Frankfurt en 1973, con genealogías de familias prusianas, titulado Die Uhrsprung der Preussliche Familien, se menciona este apellido, como el de una familia de “Junkers” (nobles militares) radicada en lo que se llamó antes de 1945 Prusia Oriental (Ostpreusse). Estos elementos permiten pensar que el conde Adlerkreutz nació en una ciudad de lengua alemana a orillas del Mar Báltico, como Königsberg, la que fue capital de la antigua Prusia Oriental, donde entonces se hablaba alemán; la que hoy pertenece a Rusia y se llama Kaliningrado 72. Estos elementos permiten pensar que el conde Adlerkreutz nació en una ciudad de lengua alemana a orillas del Mar Báltico. Gallo [2009] dice que nació el 23 de julio de 1793. Su padre fue el conde Hans von Adlerkreuz y su madre, la baronesa Amalia de Satckelberg 73. Como era costumbre en la nobleza, el joven fue enviado desde su adolescencia, como cadete, a la Academia Prusiana de Ingenieros Militares en Berlín, y allí pasó siete años, hasta ser ascendido en 1813, a Oficial de Ingenieros del Ejército prusiano. La vida en una academia militar alemana era muy dura. La disciplina era de hierro. Los castigos por faltas incluían ejercicios extenuantes, pasando por servicio de toda la noche, azotes y otras penas, hasta calabozo a pan y agua por varios días, según la infracción. La severa instrucción militar y física incluía las disciplinas de: orden cerrado, orden abierto (prácticas semanales en terreno), gimnasia rigurosa, esgrima, tiro al blanco, artillería, equitación militar, gimnasia, y ejercicios anuales en maniobras. Mientras tanto los cadetes hacían estudios académicos secundarios como en los colegios de educación secundaria (Mittelschule) durante cinco años; y luego entraban a dos años de formación profesional en Ingeniería Militar. En estos dos años, los alféreces hacían cursos académicos y prácticas de Geometría y Trigonometría, Topografía y Agrimensura, Cartografía y Geodesia, Hidráulica, Comunicaciones, Balística interior, Balística exterior y tiro de artillería, Hoplología, Fortificaciones, Poliorcética, Geometría descriptiva, explosivos, Construcciones y demolición, Mecánica, y Puentes. Después de ser graduado como “Unterlieutnant” y de servir cinco años en el ejército de Prusia hasta alcanzar el grado de capitán (Kapitän), Adlerkreutz pidió la baja y se unió a los coroneles ingleses William Elsom y Robert English, quienes estaban reclutando voluntarios alemanes para ir a luchar en Suramérica en las guerras de independencia de esos países. Los ingleses enlistaron a otros 300 alemanes, oficiales y tropas, y a 1772 británicos (ingleses, escoceses e irlandeses) para su expedición. En ese momento (1818), en toda Europa había cientos de miles de ex combatientes de todas las nacionalidades, que habían luchado en las guerras napoleónicas, que sólo sabían hacer la guerra y ahora no encontraban trabajos civiles, los cuales, además, tampoco sabían desempeñar. Nuestro personaje, con otros compatriotas y varios británicos, aprendieron o mejoraron el castellano en su viaje de dos meses desde Hamburgo hasta Angostura (hoy Ciudad Bolívar), a donde llegaron a principios de 1819. El pequeño batallón alemán era comandado por Alderkreutz, quien se dedicó a entrenarlo durante los primeros meses de ese año, encuadrado en la brigada que hoy llamamos la Legión Británica, preparándose para la campaña que Bolívar proyectaba lanzar sobre los Llanos y la Nueva Granada, con el 72

Wassen dice que Adlerkreutz era sueco. Está equivocado. En ese momento era prusiano de familia y oriundo de territorio polaco. Su apellido no tiene fonía ni similitud con el idioma sueco, sino con el alemán, claramente, como ya se ha sustentado. 73 La palabra “Adlerkreutz” es típicamente alemana, y no es sueca, ni finlandesa, ni polonesa. En castellano significa “cruz de águila” y en alemán, evoca una familia de “Junkers”, que eran los nobles prusianos con una larga tradición de militares.

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concurso de Santander, Soublette y Anzoátegui. Fue entonces cuando el coronel Adlerkreutz organizó el primer cuerpo de soldados y oficiales de ingenieros militares, entrenados y organizados como arma especializada del Ejército 74. Adlerkreutz y sus hombres estuvieron en la campaña de los Llanos del Orinoco y el Arauca, en Pisba y Paya, en el Pantano de Vargas y en Boyacá (1819), a órdenes de Santander. Posteriormente, en 1820, combatieron junto con Bolívar y con Páez en Carabobo. Durante esta última campaña, que culminó en la segunda batalla de Carabobo, Adlerkreutz actuó como Ayudante de Campo del Libertador. De allí los alemanes y los ingleses fueron a Bogotá a prepararse para la campaña del Ecuador. En el libro Vapores Fluviales en Colombia [Poveda: 1998] se informa que en 1821 y 1822, el ingeniero alemán estuvo recorriendo en champanes, con su compatriota Juan Bernardo Elbers, hacia arriba y hacia abajo, casi todo el curso del río Magdalena, desde el Paso de Guataquí75, hasta la Boca de Ceniza, así como hasta el Canal del Dique, la Ciénaga de Santa Marta y su boca al mar (que entonces existía), y los caños que la unen aún hoy al Magdalena, con el propósito de planificar y proyectar lo que sería, desde 1823, el servicio de los vapores de Elbers por el gran río. Trabajaron haciendo mapas, midiendo kilometrajes y tiempos de viaje, aforando caudales y velocidades del río; marcando sitios peligrosos; ubicando y haciendo cartas fluviográficas; reconociendo las angosturas riesgosas y los grandes y amenazadores “regaderos”; localizando los posibles puertos intermedios; sondeando las profundidades de la “vena” de agua; etc.76 En 1822 Bolívar nombra a Adlerkreutz Comandante de la guarnición de la plaza de Santa Marta. En el año mencionado contrajo matrimonio en Cartagena con doña María Josefa Díaz Granados Paniza, oriunda de Bogotá. Allí permaneció, en ese puesto, hasta 1824. En 1825 fue trasladado a Cartagena por Santander, donde llegó a ser dueño de una finca llamada “Rovillo”. En ese año recibió en esa ciudad al ingeniero sueco Pedro Nisser. No se sabe cuál fue la actividad de Adlerkreutz desde 1824 hasta 1827. Es posible que hubiera ido al Perú, como coronel de ingenieros, con sus compatriotas alemanes, como parte de la Legión Británica. En ese último año se le encuentra en Cartagena como comandante de ingenieros de la plaza, nombrado por Bolívar, quien acababa de regresar del Perú en el año anterior. En 1828 el general (como se decía entonces) José Prudencio Padilla, organizó en Cartagena y sus alrededores un justo levantamiento contra la dictadura de Bolívar, tal como lo estaba haciendo Córdova en Antioquia. Bolívar hizo perseguir a Padilla por tres columnas de tropa: el coronel inglés Wilson, desde Santander; el General O´Leary desde Ocaña; y el coronel Adlerkreutz desde Cartagena. Padilla fue capturado y llevado en inicuas condiciones de prisionero a Bogotá. Al día siguiente del atentado del 25 de septiembre contra Bolívar, éste lo hizo someter a un juicio sumario inicuo y fue condenado a ser fusilado, junto con el coronel caleño Ramón Nonato Guerra, en la plaza central de la Capital. Dice Gallo [2009] que el 1 de julio de 1828, Adlerkreutz fue nombrado por Bolívar como gobernador civil y comandante militar de la Provincia de Mompox.

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Es una gran omisión histórica que los batallones del Arma de Ingenieros Militares del Ejército Colombiano ignoren quién fue su fundador, y que no le hayan hecho ningún homenaje. 75 Treinta y cinco kilómetros aguas abajo, de la actual ciudad de Girardot (la que entonces no existía), y donde desemboca el Río Seco en el Magdalena. 76 Gilmore y Harrison [1977], y Poveda [1998] Vapores fluviales.

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Después de la muerte de Bolívar, en 1831 el militar alemán participó en la defensa de Cartagena y de Colombia cuando fuimos asaltados en esa plaza por una flota francesa que exigía pagar deudas a un ciudadano francés residente en el país. La resistencia a ese acto “piratesco” fue dirigida por el general José Hilario López. En 1832, después de la disolución de la Gran Colombia, Adlerkreutz fue nombrado cónsul de la Nueva Granada en Caracas y encargado de negocios ante Venezuela. En 1833 el coronel alemán fue juzgado por haber aprehendido al almirante Padilla, y haberlo entregado a las manos del general venezolano Mariano Montilla, gobernador de Cartagena y bolivarista furioso, enemigo de Santander, y furioso enemigo de Padilla. Teniendo en cuenta sus servicios al país y a su condición de extranjero, Adlerkreutz fue condenado con cierta benignidad al destierro, el cual decidió cumplir en Jamaica. Después de vivir allí dos años con su familia, partió para su tierra en el entonces reino de Prusia. Allí escribió sus Errinerungen aus Kolumbien, y falleció 77 en 1852. En el matrimonio Adlerkreutz − Diazgranados hubo siete hijos: Federico Tomás, Zoila Amalia, Federico Valentín, Carlos Natividad, Juan Lázaro, Domingo Secundino y Óscar Lázaro. 67. El futuro general Joaquín Acosta Pérez78 no fue un inmigrante, pero si fue un sabio que le aportó mucha ciencia europea al país y así lo hizo avanzar considerablemente. Nació en la población de Guaduas en diciembre de 1800. Sus padres fueron el español Joseph de Acosta y su segunda esposa, doña Soledad Pérez. Estudió en el Colegio Mayor del Rosario y en 1819 Bolívar lo nombró Subteniente de Infantería en el batallón Cazadores. En los dos años siguientes sirvió en misiones logísticas y de combate. En 1822 el general Santander (el indiscutible fundador de esta República), lo asciende a capitán y le da la comisión oficial de ir a París a estudiar Ciencias e Ingeniería Militar, con el sueldo de este grado militar. Con la misma misión, el gran gobernante envió a Italia al capitán caucano Antonio Obando, y a Alemania al capitán tolimense, recién llegado del Perú, José María Melo 79. Acosta parte hacia Estados Unidos y Europa en 1825. En París visita a Humboldt, a quien había conocido en Guaduas, e hizo amistad con los grandes científicos Francois Arago, Pierre Simon de Laplace, Jean Baptiste Dumas, Georges Cuvier, Jöns Jakob Berzelius, Joseph Louis Gay Lusssac, Georges Louis de Buffon, y otros de esa generación asombrosa de sabios franceses; con el marqués de Lafayette, el historiador Benjamin Constant y el economista Jean Baptiste Say, asistiendo sistemáticamente a las conferencias que ellos dictaban. Estudia chino con Mr. Julien, medicina con el Dr. Orfila, ingeniería militar con el coronel Henri Puissant y geología y geografía con Georges Cuvier. Allí conoció la nueva Geología de Lyell y de Hutton. Viajó por Italia, Bélgica y Nueva York, aprendiendo sus idiomas. Acosta no buscó obtener títulos académicos, porque consideraba que podía servir mejor a Colombia adquiriendo una amplia variedad de conocimientos científicos que 77

1. Gallo [2009] dice que Adlerkreutz falleció en Estocolmo en 1852. Este autor (G.P.R.) no lo cree probable. Considera más verosímil que hubiera sido en Könisberg, Dantzig u otro puerto gemano-parlante del mar Báltico, en donde había nacido. 2. Existe una excelente biografía de este personaje, escrita por el Profesor Joaquín Viloria de la Hoz, de la Universidad de Los Andes, Colombia. 78 En opinión de este autor, los generales Joaquín Acosta, Agustín Codazzi y José María Vergara y Velasco, en el s. XIX, y el general Julio Londoño Jaramillo con el coronel Luis Laverde Goubert, en el s. XX, han sido los geógrafos que más han enriquecido este importante campo del conocimiento en Colombia. Existe una excelente biografía del general Joaquín Acosta, escrita por su hija, doña Soledad Acosta de Samper. 79 Nacido en Chaparral, tierra de Murillo Toro, de Darío Echandía y de muchos otros grandes libertarios e igualitaristas colombianos; y muerto en México en defensa de la libertad de ese país, como se verá más abajo.

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dominando una sola área del mundo del saber. Sin embargo, adquirió una excelente preparación práctica como ingeniero militar. Cinco años después, en 1830 regresa a Colombia. En 1832 va a Nueva York a casarse con una damita de la familia Kemble y vuelve con ella. Desde entonces su labor en Colombia es incansable, multifacética y ultrafructífera: Director de caminos de Cundinamarca; miembro de la Academia Nacional; fundador de escuelas y colegios en varias provincias; visitador de minas; cartógrafo del país; profesor de Química en la Universidad Central. En 1835 entra al Congreso como miembro vitalicio y elabora la carta de límites requerida para realizar el censo de población de 1836, ordenado por Santander, el cual registró 1´686.038 neogranadinos. De 1837 a 1839 fue Ministro en el Ecuador. En 1840 volvió a tomar las armas en defensa del gobierno legítimo de José Ignacio de Márquez, en la llamada “Guerra de los Supremos”, torpemente promovida por el general caucano José María Obando, quien fue derrotado; salió del país, viajó por los ríos Putumayo y Amazonas, y en una odisea increíble fue a refugiarse en Lima, primero, y a Santiago de Chile, después. En los cinco años siguientes Acosta es ascendido a coronel efectivo, viaja a Estados Unidos y a Francia, donde traduce las Memorias de Boussingault y publica su bello mapa de la Nueva Granada. El presidente López Valdés le encarga varios trabajos topográficos y científicos. El 1 de mayo de 1851 estalla otra guerra civil estúpida y criminal: el partido de los señorones aristocráticos negreros y esclavistas se alza en armas contra López por haber decretado la abolición definitiva de la esclavitud80. Por lealtad, disciplina y ética, Acosta lucha en defensa del Gobierno, a pesar de no compartir sus ideas políticas. Al llegar la paz, es ascendido a general de división. Mosquera le encarga, al general Acosta, dirigir el Plan de Caminos que dispuso su admirable administración de entonces; y en 1848 lo nombra profesor de Geografía Militar en el nuevo Colegio Militar de Ingeniería, donde Acosta sirvió varios años. Formó parte del Instituto Nacional de Ciencias que creó Mosquera, y allí hizo una fructífera labor de descripción y de cartografía de muchas regiones. Cabe anotar que, en 1863, recorriendo la provincia de Mariquita, hubo de presenciar un descomunal lahar 81 de lodo y lava procedente del Nevado del Ruiz, que inundó y arrasó todo el valle del río Lagunilla 82. El general Acosta falleció en Guaduas el 21 de febrero de 1892. Su hija, doña Soledad Acosta de Samper, fue una de las escritoras más brillantes del s. XIX. 68. El caso de Adlerkreutz merece referencia especial por ser casi del todo desconocido injustamente, inclusive en nuestro país, al que tanto le sirvió. Pero hay que recordar a otros numerosos hombres venidos de otros países a luchar a favor de la Independencia de nuestra Patria. Es cierto que ellos no fueron “científicos” ni “ingenieros” en sentido profesional o técnico. Fueron militares, en su mayoría, o diplomáticos y gobernantes. Pero es tan admirable su servicio a este nuestro país, que no era el suyo, que en un documento como este sería inexcusable no mencionarlos. Política y militarmente ellos fueron tan valiosos para Colombia como los científicos, técnicos, ingenieros y médicos de quienes trata este libro. 80

Aunque el gobierno les había “indemnizado” a aquellos por la pérdida de sus “semovientes humanos”, como sus “propietarios” les decían a sus esclavos. 81 Lahar: es un gigantesco flujo de lodo desprendido de un volcán nevado en erupción, que consiste en un enorme aluvión compuesto por una mezcla fluida de agua, lodo, hielo, azufre y pedruzcos. 82 Posiblemente, como el que destruyó la ciudad de Armero en 1985.

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69. Un documento de la Biblioteca Luis Ángel Arango, redactado por el historiador Rodrigo Llano Isaza recuerda algunos de sus nombres (aunque le faltan varios). Según dicho autor, complementado por Poveda, ellos fueron:  Un argelino de nacimiento (Orán, hoy en Argelia) pero español de nacionalidad en ese tiempo: Manuel de Anguiano (a quien se hará alusión al comienzo de este acápite), coronel de ingenieros militares y cartógrafo, uno de los últimos ingenieros militares que hicieron las fortificaciones de Cartagena y que hizo, al servicio de los patriotas, un espléndido mapa del río Magdalena.  De Alemania, que no existía aún como estado nación sino como territorio unificado por la lengua alemana: el Barón Karl von Schambourg, quien combatió valerosamente en las primeras campañas del Cauca actual y de Pasto, y sufrió con disciplina y estoicismo alemán la humillación y la injusticia que le infirió Nariño apresándolo en Popayán y enviándolo a las prisiones de Cartagena, junto con Manuel Serviez (otra infamia). Además, de esa Nación vinieron el coronel Ludwi Flegel (brillante héroe en Carabobo II); y Henri Louis du Coudray, nacido en Alsacia, provincia renano prusiana en el s. XVIII, pero habitada en parte por una minoría de familias franco parlantes, como lo era este oficial.  Los coroneles ingleses Elsom y English trajeron, entre otros europeos, a los 300 alemanes comandados por Adlerkreutz, y entre quienes estaba Schambourg y otros alemanes y polacos de quienes se habla más abajo.  De las Antillas: Luis Brión (después almirante de Colombia), quien sirvió a órdenes del almirante José Prudencio Padilla, en la batalla del Lago de Maracaibo; y el armador (¿o “corsario”?, ¿o “contrabandista”?) de Curazao Carlos Ludovico, proveedor de material de intendencia traído de las Antillas inglesas, francesas y holandesas para las fuerzas colombianas.  De Cuba: el comandante (hoy se diría mayor) Pedro Romero, nacido en Santiago de Cuba, escapado de los invasores españoles de su Isla, para venir a combatir, movido por la fuerte solidaridad iberoamericana de entonces. Cabe recordar que en 1825 y 1826, Santander, por instrucciones de Bolívar, estuvo preparando tropas y armas para liberar a Cuba y a Puerto Rico de los españoles. Este esfuerzo se frustró con la venida del segundo a fines de 1826, lleno de paranoia, de soberbia, de tuberculosis y de sífilis.  De Chile: el canónigo José Cortés de Madarriaga, quien sirvió como capellán de tropas colombianas.  Del Ecuador: Antonio Villavicencio, Carlos Montúfar, Pedro Montúfar y José María Antequera, todos servidores de nuestra causa en lo político o en lo militar.  De España: Juan Nepomuceno Eslava, Rafael Tono (después Almirante), Francisco Aguilar, José Ramón de Leyva (fusilado por Morillo en 1816), y el capitán José Sardá (como quiera que fuera el discutido y truculento final de este oficial).  De Francia: Pedro Labatut, Louis Aury, Pedro Bonaparte, Alejandro Bobin, Luis Bernardo Rafael Chatillon, Louis Jolivet, Jean Lafitte (marino), Louis Perú de la Croix, Michel Chemball; y el ya presentado Manuel Serviez.  De Italia: el coronel Carlos Castelli; y el oficial de marina Jerónimo Carbonó.

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 De Inglaterra: el coronel Guillermo Birgo; los coroneles Elsom y English, quienes trajeron de Europa 2.072 hombres (incluyendo los 300 alemanes ya mencionados); George Henry Main, médico en la Legión Británica, que se quedó en Colombia; el coronel John Waverley; el general Henry Weir, quien vino, en 1817, como simple soldado en uno de los siete buques que trajeron de Inglaterra a los primeros ingleses (720 hombres) que vinieron a la Guayana, al mando de los coroneles Keene, Hippisley, Gilmore y Wilson, y se radicó en el país; el capitán Samuel Collins; el coronel Richard Longeville Holton (un autor le da el nombre de familia, equivocado, de “Vowell”); Jack Stuart (fusilado por Enrile en Cartagena); y el general William Milliam (brillante co-autor del triunfo de Ayacucho).  

Un documento de la biblioteca Luis Ángel Arango presenta el número de efectivos británicos (es decir, ingleses, galeses, escoceses e irlandeses, en ese tiempo) que vinieron a órdenes de los varios comandantes connacionales que los trajeron. Dicha relación es la siguiente: -

Coronel Hippisley: Coronel English: Coronel Elsom: General D´Evereux: General Mac Gregor: Coronel Meceroni:

En total:

720 (oficiales, soldados, médicos y auxiliares) 1.200 572 1.729 600 387 5.208 hombres

 Cabe destacar entre estos valerosos hombres a los médicos Hugo Blair y George Henry Maine, quienes después de aquellas guerras permanecieron en Colombia, aquí se radicaron y formaron sus familias prestando sus muy útiles servicios como médicos, en un país donde casi no había ninguno.  De Irlanda: el general irlandés Daniel Florencio O‟ Leary; el coronel James Rook, muerto en el Pantano de Vargas; el general D´Evereux (quien en 1829 vino con 1.729 irlandeses); el coronel David Fergusson (asesinado por los conspiradores que intentaron matar a Bolívar); el oficial médico Hugo Blair Brown (oficial de sanidad de la Legión Británica, nacido en Villa Raffi en 1787 y fallecido en Medellín en 1864); el coronel John Glenn (amigo de Bolívar); el coronel Thomas Ildeston Ferriar; el coronel Ruperto Hand, asesino de Córdova (sin duda por órdenes superiores dadas en Bogotá)83; el coronel Samuel Collins, quien permaneció en Colombia al terminar la guerra; el mayor de caballería Ricardo Croffton, quien combatió contra Córdova en la batalla de El Santuario, y quien también se quedó en el país; y todos los demás hombres de la Legión Británica. Digan lo que digan los “patrioteros” y los “anti-imperialistas” sobre los motivos de su presencia aquí, los oficiales y los soldados de la Legión, ya experimentados en las guerras napoleónicas, fueron absolutamente indispensables para lograr la independencia de 83

Varios historiadores han señalado indicios serios de que en el asesinato de Córdova tuvieron algo que ver el Ministro de Guerra de Bolívar, el General venezolano Rafael Urdaneta; y la resentida Manuela Sáenz, quien odiaba a Córdova tanto como a Santander.

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los cinco países que libertó Bolívar. Es seguro que alrededor de la mitad de ellos murieron combatiendo por estos países, así como le ocurrió al coronel James Rook en el Pantano de Vargas. El documento del profesor Llano Isaza, mencionado arriba, los olvida a casi todos.  De Escocia vinieron: el general Gregor Mc Gregor (quien vino primero, en 1819 a Venezuela con 300 escoceses y combatió allí a ordenes de Bolívar); Maxwell Hyslop y el coronel Santiago Fraser, quienes vinieron encuadrados dentro de la Legión Británica, con ingleses, galeses e irlandeses. (El coronel Fraser permaneció en el Ejército de la Nueva Granada y fue posteriormente, desde 1849, profesor en el Colegio Militar de Ingeniería).  De Polonia: el coronel Juan Bautista de Brigard y Dombrowski, quien se radicó después en Colombia y dejó numerosa descendencia que cuenta con varios representantes hoy (2010) [Gallo: 2009, p. 96]; y el coronel de caballería en la Legión Británica Felipe Mauricio Marcinkowski, quien permaneció en Colombia.  

La Legión Británica que vino a cobatir por nuestra Independencia estuvo formada por ingleses, escoceses, galeses, irlandeses, alemanes y polacos. Ellos traían formacion profesional, experiencia de combate, disciplina anglosajona, organización militar, cañones, bandas de guerra, médicos, hospitales de campaña, telémetros ópticos, podómetros, catalejos, brújulas de bolsillo, el empleo de uniformes, y demás material de campaña. Nuestros soldados suramericanos carecían, casi absolutamente, de estos recursos indispensables. Sin la Legión Británica, los cinco países que libertó Bolívar no hubieran logrado ganar las guerras de su independencia; o lo habrían logrado muchos años después, y eso, probablemente, por obra de los Estados Unidos, los que nos hubieran sometido al estado de colonias, como aún mantienen a Puerto Rico. Sin embargo, ninguno de los cinco países ha rendido ni el mínimo acto de gratitud a esos valientes y generosos hombres  De México llegaron: Ignacio Cavero, voluntario que Colombia nombró coronel; y el comandante Agustín Iturbide, hijo de el “Emperador Agustín I Iturbide”. Éste último fue uno de los actores decisivos de la Independencia de México, con Vicente Guerrero y Nicolás Bravo, pero que por los vaivenes de la política en esos tiempos tumultuosos y muy confusos, terminó fusilado en su misma patria84.  De Estados Unidos vinieron Alejandro Macaulay y el capitán de marina Renato Beluche. Roberto D´Evereux, a quien mencionaremos enseguida y que vino en realidad de Baltimore (Estados Unidos), aunque había nacido en Irlanda. De Colombia fue a la Argentina, a luchar también por ese país. Era un auténtico aventurero romántico y libertario, como Kosziusko, La Fayette, Lord Byron, Miranda, Garibaldi, Adlerkreutz, San Martín, Codazzi, y como muchos otros inmortales guerreros idealistas y libertarios de ese siglo del Romanticismo mundial.  Del Uruguay vino Francisco Urdaneta Rivadavia, oficial del Ejército de ese país.  De Venezuela: Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Miguel y Fernando Carabaño, Carlos Soublette, Rafael Urdaneta, Andrés Linares, Santiago Mariño, 84

El hijo de dicho “emperador” es mencionado por G. García Márquez en El General en su Laberinto como acompañante de Bolívar en su viaje final por el río Magdalena, y acompañante del Libertador en la visita que éste quiso hacer a las minas de Santa Ana, durante su escala en Honda.

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Mariano Montilla, José Antonio Anzoátegui, Florencio Palacios, Francisco Sanarrusia, José Francisco Bermúdez, Manuel Briceño Méndez (cuñado de Santander y su Ministro de Guerra en 1822 a 1825), Emigdio Briceño, Manuel García Hevia, Pedro León Torres, Juan José Flores85, Juan José Rondón, Blas Brusual, Miguel Bracho, e innumerables soldados rasos cuyos nombres no guardó la historia86, y que, en su mayoría, murieron en nuestra tierra, en Ecuador, en el Perú o en Bolivia. 70. El militar extranjero que por más tiempo le sirvió a Colombia fue el irlandés Daniel Florencio O´Leary Burke, nacido en la ciudad de Cork, en 1801, en el hogar del matrimonio de Jeremy y Catalina. En 1818 desembarcó en Angostura, como alférez en el contingente que vino a órdenes del coronel Henry C. Wilson, como parte de la Legión Británica. En los primeros meses del año siguiente sirvió bajo el mando de Páez y de Anzoátegui. Comandó el cuerpo de británicos que hizo, bajo Bolívar y Santander, la campaña del Apure y Casanare y en el legendario Paso de los Andes. En el Pantano de Vargas fue herido pero sobrevivió, y después de Boyacá, Bolívar lo nombró su edecán. Al mando del Batallón Albión, marchó con Sucre al Ecuador, y al Perú, donde participó con brillo y gran valor en Pichincha, en Junín y en Ayacucho y mereció distinciones de Sucre y la amistad del Mariscal, a quien O´Leary acompañó hasta Chuquisaca (hoy Sucre) en Bolivia La fea mancha en la hoja de servicios del ya General, fue aceptar, a fines de 1829, la orden del Ministro de Guerra Rafael Urdaneta de formar un cuerpo con 800 hombres para venir a combatir a Córdova en Antioquia cuando éste se rebeló por haber sido despedido del Ejército, y en contra de la dictadura de Bolívar. Simultáneamente, Urdaneta había enviado al general venezolano Mariano Montilla, odiador furioso de todos los críticos del Libertador, que marchara también desde Cartagena a Antioquia a aniquilar a Córdova. En la batalla de El Santuario, el coronel irlandés Rupert Hand asesinó al héroe de Ayacucho a sablazos, al encontrarlo herido y acostado. Algunos historiadores han sugerido que el crimen de Hand fue cometido por orden del general irlandés. Si así ocurrió, ello no debió ser iniciativa del General, porque Córdova y él eran amigos cercanos desde Pichincha y el Perú. Es inevitable pensar que la orden de asesinar a Córdova la traía O‟ Leary desde Bogotá, y específicamente de Urdaneta. También se sabe de cierto que Bolívar estaba muy irritado con Córdova desde que éste, después de la conjuración septembrina, le había reclamado enfáticamente a Bolívar que no fusilara a Santander; y al comienzo de 1829, le había insistido en que renunciara a la dictadura, y que amnistiara a Obando y a López, quienes se habían alzado el año anterior contra ese régimen. También es muy difícil pensar que Urdaneta hubiera ordenado tamaño crimen contra un heroico General de la República, que todo el país admiraba, y que era su antecesor en el Ministerio de Guerra, sin consultarlo

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Hay que incluir a Flórez en esta relación, así su conducta fuera, al final, tan desleal como fue con Colombia, con Bolívar y con Sucre. Al fin y al cabo Flores era General del ejército de Colombia y había peleado al lado del Mariscal Sucre por nuestro país contra los chapetones, y después contra el ejército peruano, comandado por el General La Mar, en el Portete de Tarqui, cuando el Perú quiso anexar el Ecuador y a Guayaquil a su territorio, pero tuvo que salir derrotado por los dos venezolanos. 86 En la lista del profesor Llano Isaza se han corregido algunos nombres que estaban mal escritos o equivocados, se han reubicado cuatro personajes donde corresponde, y se han adicionado otros numerosos que faltan en el documento de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

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previamente con el Presidente-dictador. Sería Bolívar ¿totalmente ajeno a la muerte del Héroe de Ayacucho? Algunos biógrafos de Córdova señalan que doña Manuela Sáenz odiaba a Córdova por haberse resistido éste a los requiebros de aquélla en el viaje de los dos desde Guayaquil en 1826. Tres años atrás, ella instiló en su ilustre amante y a los amigos de éste contra el héroe. En 1827 O´Leary se casó en Caracas con doña Soledad Soublette, hermana del general Carlos Soublette, y con ella tendría después nueve hijos. Después de la muerte de Bolívar, sirvió al gobierno venezolano y en ese plan viajó extensamente por Europa y entre ese continente, Venezuela y Colombia. Falleció en Bogotá, de una apoplejía, el 24 de febrero de 1854. Sus restos los reclamó Venezuela y hoy reposan en el Panteón Nacional de Caracas, cerca a la tumba de Bolívar. 71. El coronel italiano Carlos Castelli nació en la población italiana de Castelbuono, en la provincia de Palermo. Vino a la Nueva Granada en 1813 y se incorporó a las fuerzas de Nariño en La Plata (hoy en el Huila). Estuvo como oficial combatiente en las campañas del Bajo Palacé, Calibío, Juanambú, Tacines y Pasto, en las que su inteligencia y valor le ganaron el grado de Coronel. Tras las derrotas de 1816, marchó a los Llanos con Santander, Serviez, José Hilario López, y Córdova. Participó en la campaña de los Llanos y en la legendaria expedición de 1819 sobre los Andes para liberar a la Nueva Granada. Fue comandante de los batallones Cazadores y Bolivariano del ejército de la Gran Colombia. En 1929, a órdenes de O´Leary, Castelli fue a Antioquia a debelar la insurrección de Córdova contra la dictadura de Bolívar, lo que lograron brutalmente en la batalla de El Santuario. Castelli permaneció viviendo en Rionegro (Antioquia), manteniendo su condición de oficial del Ejército regular. En medio de la guerra civil de 1830 contra Urdaneta, Salvador Córdova se levantó contra el gobierno, persiguió a Castelli y lo derrotó. Castelli salvó la vida, se escapó y huyó a Venezuela en cuyo Ejército también sirvió. Murió en Caracas en 1860. 72. El coronel Manuel de Anguiano nació hacia 1875 en el puerto de Orán (situado hoy en la república de Argelia (que entonces era parte del inmenso imperio turco otomano), de padres españoles. En su juventud regresó con su familia a su país de origen, donde ingresó a la Academia Militar de Madrid, fundada por orden de Felipe V. El programa de instrucción consistía en numerosas prácticas de campo: tiro, maniobras, topografía, fortificaciones, construcciones, demoliciones y orden cerrado, y de asignaturas académicas como Matemáticas, Geometría métrica, Geometría descriptiva, Mecánica, Hidráulica y otras materias técnicas. Al graduarse, sirvió en el Ejército Real por algunos años. Ya con el grado de Coronel de Ingenieros fue enviado a Cartagena a terminar los trabajos de reparación y refuerzo de las murallas, en previsión de otro ataque por los ingleses.Anguiano recuperó las murallas, algunas de las cuales tenían varios siglos de existencia en el tórrido y húmedo clima de Cartagena. Como parte de sus funciones como cartógrafo del reino, Anguiano levantó un mapa de la cuenca del rio Magdalena, desde Purificación hasta el mar; incluyendo también la del Cauca, desde Buga hasta su desembocadura en el Brazo de Loba en el Magdalena; la del Sumapaz, desde Pandi hasta su boca; la del Suárez-Chicamocha-Sogamoso, en su totalidad; la del Cesar, desde Valledupar. En 1803 lo publicó con una leyenda hecha a mano por él, conuna bella letra:”Plano del rio de la Magdalena comprehensivo el de Cauca y otros 61


menores que le tributan sus aguas en todas las poblaciones de sus orillas y territorios intermedios desde la inmediación de la capital de Santa Fe hasta su desmbocadura en el Océano Atlántico. Cartagena de Yndias, 1° de Sept bre. de 1803”. Es muy pobale que el mapa aquí mencionado hubiera sido hecho por el muy distinguido “Yngeniero militar” don Antonio de Arévalo, quien trabajó y vivió allí durante 74 años, hasta su muerte Es muy probable que en una de sus excursiones por el rio pasó por Mompox y allí conoció a la señorita Rosalía Guillén, hija de Julián Guillén y Juana Gutiérrez de Piñeres. En 1807 se casaron en esta ciudad. Con el tiempo, ella le daría unhijo, a quien también dieron el nombre de Manuel. El espíritu militar, ordenado y disciplinado de Anguianole ocasionó algunas fricciones coin la arrogante oligarquía local. Por ejemplo, raíz de la pretensión de un señor de Pombo (padre de don Lino de Pombo) de hacer unos cambios enla Puertadela Aduana, que el comandante de la plaza consideró perjudiciales para su defensa militar. El aristócrata respondió airado, incluyendo ofensas personales al comandante. El Gobernador de la Provincia, Anastasio Cejudo, elevó el pleito al Virrey Mendinueta, quien le concedió a Anguiano, plenamente, la razón. Cuando Morillo sitió a la ciudad, en 1815, Anguiano se convirtió en un decidido defensor de la Independencia nacional, y como ingeniero militar colaboró resueltamente con otros ingenieros militares como Antonio José de Sucre y Carlos Soublette para reforzar las defensas de la plaza en el cerro de La Popa; y luchando con todos los defensores, incluyendo a Bolívar y a otros oficiales venezolanos que habían huído de su país a raíz de la derrota de la “primera república de Venezuela”. Estando allí, en 1813, uno de ellos, el General Santigo Mariño recibió un homenaje de Caldas, desde Rionegro, consistente en un cañón fudido allí por el Sabio, al cual le gravó el nombre del militar venezolano. En 1815, cuando la ciudad fue sitiada por Pablo Morillo y Pascual Enrile, Anguiano combatió denodadamente, al lado de todos los oficiales, los soldados y los habitantes de la ciudad, incluyendoa los venezolanos. La noche antes de rendirse, Bolívar, Sucre, Soublette, Mariño, Bermúdez y unas cien personas más pudieron huir por mar gracias a la ayuda y a la pericia del después almirante José Prudencio Padilla. Unos se dirigieron a Haití, y otros a Jamaica. Algunos naufragaron. Al rendirse la ciudad, en diciembre de 1815, los españoles apresaron a Anguiano y lo encerraron en el castillo de Bocachica. Sin juicio previo lo condenaron a muerte, y lo fusilaron de manera infame, por la espalda, como “traidor al rey de España”, el dia 24 de febrero de 1816. Doña Rosalía volvió a la casa de sus padres en Mompox, con su hijo. Veinte años después, en 1835, éste se vió envuelto en una conspiración contra la vida del Presidente Santander, y huyó a los Llanos. Nunca se volvió a saber de él.

73. El marino Jerónimo Carbonó nació en Génova; vino a Colombia en 1819, a alistarse en la naciente Marina Armada Colombiana, que el general Santander acaba de fundar, junto con la Escuela de Náutica Colombiana. Pronto el marino italiano fue ascendido hasta el grado de Capitán de navío. En esa condición participó en las batallas navales de Ciénaga (1820) y Maracaibo (1823), a órdenes del almirante José Prudencio Padilla. Al llegar la Independencia, se casó en Cartagena con doña Carmen del Castillo, se radicó en la ciudad, 62


y con el tiempo tuvo dos hijas: Ángela y Carmen. Muy probablemente falleció en la Ciudad Heroica, en años medianeros del s. XIX. 74. En uno de los contingentes de militares que formaron la Legión Británica (el Batallón Albión), constituido por 720 hombres transportados por seis buques desde Inglaterra, llegó de su patria, el 15 de junio de1817, a la ciudad de Angostura (llamada hoy Ciudad Bolívar), sobre el inmenso y profundísimo río Orinoco, el joven teniente Henry Weir. Hizo la campaña de los Llanos en 1819, cruzó la cordillera Oriental como capitán de su compañía a órdenes de Santander. Hizo con Páez y Bolívar la campaña del Apure y combatió en Carabobo en 1821. Luego siguió en 1822 bajo el mando de Sucre a la campaña del Sur, y como comandante graduado (que hoy decimos mayor) de la Legión, fue hasta la batalla de la “Pampa de la Quinua” 87 y hasta Bolivia, a órdenes de Córdova a expulsar a los “godos” de América. Regresó a Bogotá en mayo de 1828 y se le ascendió a Comandante efectivo (hoy diríamos Mayor capitán). Con este grado participó en nuestras contiendas civiles desde la de 1831 de todos contra la dictadura de Urdaneta. En esa guerra fue el edecán del vicepresidente general Domingo Caycedo, quien trasladó la sede de la Presidencia desde Santa Fe de Bogotá a la población de Purificación, en la Provincia de Neiva (hoy es en el departamento del Tolima), donde Caycedo era un potentado y señor feudal, con una hacienda de 5.000 hectáreas, llamada Saldaña (en el actual municipio tolimense de este nombre), cerca a la población de Purificación. Allí estuvo durante cuatro días la capital oficial de Colombia, hasta cuando Urdaneta, derrotado, partió para Maracaibo, que era su cuna. Lo acompañaba José María Melo,quien había adoptado la causa de Urdaneta por una mal entendida solidaridad con Bolívar, a través del dictador venezolano Al disolverse la Gran Colombia, Weir pidió quedarse en el Ejército regular de la Nueva Granada. En esta condición fue protagonista, en la estúpida guerra de 1841, provocada por el insensato General Obando, de la derrota de los llamados “pre-liberales” por el gobierno del presidente “pre-conservador” José Ignacio de Márquez. Luego, como miembro del Estado Mayor de la Primera División, combatió contra la arremetida de los negreros y esclavistas de Popayán contra el general José Hilario López, entre mayo de 1851 y agosto de 1852, el momento cuando los negreros depusieron las armas. En la guerra de 1854 de ambos partidos contra el general Melo, Weir actuó como Coronel bajo el mando del general José Hilario López. Después de un retiro breve en 1860, el coronel Weir sirvió en el Ejército del Gobierno liberal radical del estado de Santander, presidido por el Dr. Manuel Murillo Toro (uno de los inconfundibles grandes Presidentes de Colombia). En la guerra nacional de 1860, pasó al Ejército del Gobierno Nacional, bajo la presidencia de Mariano Ospina Rodríguez, el cual perdió esa contienda con Mosquera, quien era mucho más hábil como militar y tenía excelentes aliados militares como los generales Santos Acosta, Santos Gutiérrez, y Eustorgio Salgar, el joven capitán Gabriel Vargas Santos (de 33 años) y otros. Weir sirvió, como militar disciplinado al nuevo Gobierno de Mosquera, como General de División, y se retiró definitivamente del servicio en 1862. Como militar y como ciudadano amó entrañablemente a su Patria adoptiva. Fue un gran maestro empírico y práctico de Artillería, su arma en el Ejército. El General Weir falleció en Bogotá el 7 de octubre de 1871, a los 76 años de edad.

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La batalla que aquí y ahora llamamos “batalla de Ayacucho”.

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75. En la lejana ciudad de Varsovia nació en 1786 el joven que en Colombia se llamaría Filip Mauricy Marcinkowski, hijo de José María Martin y Elena Subesoski. Varsovia estaba en la parte de Polonia de la que Prusia se había apropiado en la segunda e infame repartición con Austria y Rusia, unos años antes. La ciudad se llamaba Warshaw y el alemán era la primera lengua, mientras el polonés solamente se toleraba. Marcinkowski se formó sin duda en una academia militar prusiana, y por eso era un oficial de estricta disciplina, con fuerte don de mando y altamente valeroso 88. Los polacos fueron siempre generosos en ir a luchar en tierras extrañas por la libertad ajena 89. Así fueron cien polacos encabezados por Tadeusz Kosziuzko, a combatir al lado de George Washington por la independencia de Estados Unidos; a Grecia en su guerra de liberación contra Turquía, y combatieron en la batalla naval de Missolonghi, donde murió también Lord Byron; a Italia en 1862, con Garibaldi, en su guerra de independencia contra Austria; y a España, en la Brigada Kosziuzko, a defender a la República española contra el asalto falangista-nazifascista en 1936. Marcinkowski debió graduarse de “Unterlieutnant” del arma de caballería a los 22 años (hacia 1808); y es posible que hubiera combatido como “Kapitän”, en las filas prusianas, en la “Batalla de las Naciones” en Leipzig (16 al 19 de octubre de 1813) donde Napoleón fue derrotado casi definitivamente por la coalición de Rusia, Prusia, Austria y Suecia, cuando regresaba en retirada desastrosa desde Rusia, perseguido por el frío, el hambre, los cosacos y el mariscal Kutuzov. Puede ser, inclusive, que en 1815, Marcinkouski de 29 años, hubiera estado en Waterloo, como “Kommandant” (mayor) en el ejército prusiano del general Gebhard von Blücher, el que le dio el golpe final a Napoleón en ese campo. El hecho es que en 1819 se alistó en la Legión Británica (probablemente cuando lo hizo también Adlerkreutz) para venir a combatir en Colombia. Aquí, en el país, transliteró su nombre para llamarse Felipe Mauricio Martín y Subesoski. En la Legión se le dio el grado de Coronel de Caballería y combatió en el Pantano de Vargas y en Boyacá. En 1823 contrajo matrimonio en Bogotá con doña Francisca Gaitán Rodríguez. Fue con toda la Legión, hasta Pichincha, Junín y Ayacucho. Regresó con el resto del Ejército en 1827 y sirvió en distintas misiones. A la partida de los restos de la Legión, en 1831, se quedó en la Nueva Granada, y siguió en las filas del Ejército, probablemente hasta la insensata “Guerra de los Supremos” o “Guerra de los Conventos” en 1840 y 1841. Falleció en Bogotá en 1853, dejando tres hijos: Carlos, Elena y Guillermo. 76. Otro de los integrantes de la benemérita Legión que se radicaron en nuestro país fue el médico George Henry Mayne, hijo de Henry George Mayne y Johanna Armstrong. Vino como oficial médico, con el grado de Sargento Mayor, y participó en todas las campañas de 88

El Ejército que había formado el rey Federico II era, tal vez, el mejor de Europa. Lo fue hasta su derrota en la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Su fuerza se basaba en los valores fundamentales de conducta que enseñaban las escuelas alemanas desde el kindergarten hasta la universidad, de disciplina, rigor, cortesía, patriotismo y rectitud, con los que ese rey grande creó el sistema educativo prusiano, con la asesoría del filósofo Francois Marie Arouet (Voltaire), el matemático Leonard Euler, el físico Daniel Bernouilli, el enciclopedista Francois Diderot, el académico Pierre Louis Moreau de Maupertuis, el matemático Jean le Rond D´Alembert y otros grandes de la ciencia europea del siglo XVIII. Este excelente sistema educativo y esta pedagogía se extendieron pronto a toda Alemania, y produjo durante los dos siglos siguientes una nómina impresionante de matemáticos, poetas, biólogos, ingenieros, médicos, físicos, astrónomos, químicos, médicos y generales que la Historia no ha olvidado ni olvidará. 89 La divisa internacional de los polacos, en las muchas guerras libertarias en que combatieron fuera de su patria, fue siempre “Por tu libertad y la mía”.

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ese cuerpo. De regreso en la Nueva Granada, en 1828 se casó con doña Rita París Ricaurte, hermana del general Joaquín París, famoso en las gestas de nuestra Independencia. Tal como lo hizo su colega el Dr. Blair, el médico Mayne decidió permanecer en el país cuando salió la Legión, en 1831, y pasó al pequeño Ejército regular de la Nueva Granada, en el que se le dio el grado de Teniente Coronel. Ejerció como médico en hospitales de Bogotá. En 1833 pidió la baja de las filas y el gobierno del general Santander le dio a Mayne y a París, como recompensa por sus muchos servicios, un vasto territorio de 300.000 acres (120.000 hectáreas), en la provincia de Mariquita, territorio que se extendía desde esa población hacia el sur hasta el río Lagunilla (sobre el cual estuvo la población de Armero antes de 1985), todo contenido en el actual departamento del Tolima. Según ellos, su propósito era el de fundar una colonia agrícola de inmigrantes europeos. Por una u otra razón, este proyecto no se concretó, y los dos ex militares se repartieron la tierra. París se dedicó a cultivar su parte, se radicó en Mariquita y murió en Honda, dejando en todo el Tolima Grande una familia que hasta hoy tiene connotados descendientes en el Tolima, en el Huila, y en otras regiones 90. El coronel Maine (como él escribía ahora) se trasladó a la provincia del Cauca, donde ejerció por varios años como médico y donde falleció hacia 1860. 77. Una de las primeras gestiones inteligentes, admirables y útiles que emprendió Santander en su destacado gobierno de la Gran Colombia, en 1821, fue la de pedir a Inglaterra91 una misión médica para establecer el estudio de esta profesión en la Nueva Granada y en Venezuela (Ecuador aún no se había librado de los colonizadores hispanos). La misión vino encabezada por el médico escocés, nacido en Edimburgo, Minian Richard Cheyne, quien en Colombia cambió su apellido por Maine. Con otros profesionales que se tratarán más abajo, Cheyne montó cursos de cirugía, anatomía, semiología y clínica terapéutica en el Hospital de San Juan de Dios (el que años después fue llamado “de la Hortúa”) y poco después intervino en la organización formal de la escuela médica de la Universidad Central, la que fundó Santander por Decreto del 18 de marzo de 1826. No se sabe cuál fue el destino posterior de Cheyne. Pero es muy imaginable que, cuando Bolívar en su paranoia abolió todo lo que había hecho Santander, el médico regresara a su patria. 78. En 1824 el general Francisco de Paula Santander, como vicepresidente de la Gran Colombia ejerciendo la Presidencia, trataba de crear casi de la nada un nuevo Estado en medio de una desoladora pobreza de recursos. No había un tesoro público, ni un sistema de 90

El general Gabriel París Gordillo, jefe de la Junta Militar que dejó en su reemplazo el Presidente y general Rojas Pinilla al renunciar al cargo en 1957, era nacido en Ibagué. En los años cuarentas, cuando este autor estudió en el Colegio de San Simón en dicha ciudad, tuvo varios compañeros y compañeras de ese apellido. Cabe mencionar también al Dr. Gonzalo París Lozano, ibaguereño, quien fue gobernador del Departamento del Tolima de 1946 a 1948, historiador y economista muy destacado en los años 50 del s. XX. El ingeniero neivano Rafael Nieto París, en el s. XIX fue un brillante matemático y astrónomo que estudió en el exterior y a su regreso dirigió el Observatorio Astronómico Nacional, por varios años. En su tiempo fue muy apreciado entre sus colegas ingenieros por su famoso poema donde dice con palabras, ordenadas en forma poética, cuáles son los dígitos del número “pi” (3.14159265358979….), como lo veremos más abajo 91 Inglaterra que en ese momento era el único país amigo (extraoficialmente) de Colombia en Europa, porque los demás estaban aliados con España dentro de “la Santa Alianza” de monarquías reaccionarias, que se había formado en el Congreso de Viena, bajo el poder del primer ministro de Austria, el Príncipe de Maeternich y que estaba destinada a limpiar el mundo de los efectos “perversos” de la Revolución Francesa, y por eso, por adhesión a la monarquía reaccionaria española de los Borbones, no reconocían la independencia de Colombia.

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impuestos regulares. Las minas eran ahora de propiedad del nuevo Estado pero estaban paradas o abandonadas. Aparte de un poco de quina y añil, nada se exportaba. No había casi moneda circulante, y la poca que había era una mixtura de trozos de metal de tamaños, nombres, emisores, metales y países muy variados. El erario apenas podía, a duras penas, pagar, de vez en cuando, unas soldadas al ejército y unos paupérrimos emolumentos a los empleados públicos. Solamente la Provincia de Antioquia podía aportar oro para pagar las campañas del sur. En carta a Bolívar, Santander le decía: “Ya no puedo exigir más a esta Provincia, que nos ha dado en hombres y en oro lo más de su riqueza”. Pero el Libertador Simón Bolívar desde el Perú pedía insistentemente más tropas, más armamento y más suministros al gobierno colombiano. Presionado por estas necesidades agobiantes, Santander comisionó a Francisco Antonio Zea, que era embajador en Londres, para que buscara un empréstito con banqueros ingleses, cosa que Zea hizo en seguida (aunque con manejos poco translúcidos). Para negociar y firmar el empréstito, el Vicepresidente envió a los comerciantes antioqueños Francisco Montoya y José Manuel Arrubla. Éstos eran parte del escasísimo puñado de colombianos ya experimentados como duros negociantes y financistas en libras esterlinas, que dominaban el idioma inglés, y que conocían la “City” de Londres gracias a sus negocios previos con Jamaica. Los negociadores colombianos obtuvieron el crédito con la banca de A.B. Goldsmith and Company, la que para este negocio hizo consorcio con la banca Powels Illingworth and Company. El préstamo se firmó con condiciones leoninas para Colombia, como era inevitable, y con condiciones demasiado generosas para Zea, Montoya y Arrubla. A los seis meses el primer banco quebró, y la segunda asumió los derechos y obligaciones de la Goldsmith. Entre las duras concesiones que hubo de aceptar Colombia a los prestamistas estuvo la de arrendarles las minas nacionales de Santa Ana, las de Marmato y Supía y las de Pamplona, a través de compañías de fachada, para que las explotaran en su jugoso propio beneficio; que pagaran una pequeña regalía a la República, y que giraran a Inglaterra sus gruesas utilidades de operación, más los dineros suficientes para garantizar el pago a los banqueros del capital del préstamo leonino y de sus crecidos intereses. Zea, Montoya y Arrubla se tomaron o recibieron una gruesa comisión92.

LOS PRIMEROS MÍSTERES EN LAS MINAS DE ANTIOQUIA 79. Tan pronto como los banqueros ingleses de la Goldsmith firmaron el empréstito a Colombia, ellos y la banca Herring Graham Powels Illingworth constituyeron dos compañías: la Sociedad Colombiana de Minas, en Londres, y la Western Andes Mining Company, en Colombia, una y otra en combinación para explotar su negocio sin pagar impuestos, como es la costumbre de las inversiones extranjeras en países sometidos como el nuestro. En seguida comenzaron a enviar ingenieros de minas a descubrir, comprar, denunciar y reconocer todos los yacimientos que encontraran disponibles, especialmente 92

El debate de si el monto de esas comisiones fue merecido, o si fue pecaminosamente crecido, es hoy una discusión bizantina que nunca se dirimió. Aquí no es el lugar para hacerlo. Solamente señalaremos que Santander no tenía otra alternativa porque ningún país ni banquero privado le prestaría ninguna suma importante a un país recién nacido, a más de 8.000 kilómetros de distancia, sin relaciones siquiera diplomáticas con ningún país del mundo, envuelto todavía en Suramérica en una guerra con España, requiriendo de urgencia armas y bagajes, donde no había ningún banco, que no exportaba nada fuera de oro, donde nadie conocía de negocios internacionales, nadie sabía hablar inglés

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los que fueran de veta (o de filón, como también se dice). Fue tanto el afán de estos comisionados extranjeros, y también de los mineros antioqueños para no quedarse atrás, que en el año de 1825, el registro de minas declaradas al Gobierno de la Provincia saltó al número inaudito de 836 minas de filón (sin contar las de aluvión), cuando en todos los años anteriores esa cifra era del orden de una decena de minas, o menos, cada año. Con el primero de dichos ingenieros, Mr. Walker (de quien hablaremos más abajo), las compañías mencionadas enviaron un equipo de 26 técnicos con el fin de explorar y reparar las minas de Santa Ana y las de Marmato, que estaban todas en un pésimo estado debido al muy mal manejo técnico y administrativo de los españoles coloniales y al abandono en que éstos las dejaron en 1795. Ese equipo llegó a Cartagena el 7 de junio de 1824. En ese grupo venían ingenieros, mineros, fundidores, carpinteros, herreros, topógrafos, etc. Dice Restrepo [1973], que en el bienio de 1824−1825 se embarcaron para la Nueva Granada 191 personas a trabajar en las minas de la Colombian Society of Mines, y de su filial en Colombia, la Western Andes Mining Company; y que de ellas murieron 22 en “Santa María” 93. A los seis meses de firmar el préstamo, la Goldsmith quebró y Mr. Goldsmih se suicidó; pero el banco Herring Graham Powels Illingworth se hizo cargo del préstamo a Colombia, de las garantías dadas por ésta con las minas, cuyo control asumió y de los demás derechos leoninos de los banqueros. 80. Hoy se encuentra en alguna literatura sobre la Gran Colombia que en 1925 (con los cuatro países actuales que incluía, y con algunas porciones de otros vecinos) su extensión era de 2´172.609 km2 y que la población que la habitaba era de 2´469.000 personas. Estas cifras no coinciden con otras que damos en este mismo estudio, y que fueron estimadas en fechas cercanas a la mencionada por el incógnito “American citizen” (1826), por Joseph Lanz y William Cochrane (1827), y por las que dió Higuita [1940] en su monografía sobre la historia de los censos en el país. Midiendo con un planímetro electrónico el área del inmenso país que se representa en la página siguiente, debidamente ampliado, el autor ha encontrado que el área de entonces era muy cercana a 3,0 millones de km2, apreciablemente mayor que la primera citada, y por proyecciones retrospectivas ha estimado que la población en 1925 también era superior a la mencionada arriba, siendo cercana más bien a 2.9 millones de personas. 81. El primero de los ingenieros europeos que vinieron con el encargo de descubrir y denunciar minas para las voraces compañías inglesas, fue el Ingeniero Edward Walker Taylor, hijo de Martin Walker y Mary Taylor, graduado en el University College en Londres, enviado por la casa Powels Ilingworth a buscar minas de socavón, especialmente las de oro94. Poco se sabe de los antecedentes personales y profesionales de Walker en Inglaterra. Pero debía ser un ingeniero muy prestigioso; seguramente, era un hombre joven (no mayor de 30 años), vigoroso, decidido y de honradez acrisolada, para seleccionarlo para esta difícil misión. Se trataba de viajar a negociar con oro, a un país a más de 8.000 millas de distancia, desconocido; semicubierto de selva primigenia y tropical, con ásperas 93

Es seguro que Restrepo [1973], quien lo dice, quiere decir “en Santa Marta”. Gallo [2009] dice que Walker vino al país en 1923 “a formar una escuela de minas, proyecto que no se llevó a cabo”. Restrepo dice que llegó en 1924 (no a formar una escuela de minas) sino a buscar minas, acompañado de una gran partida de ayudantes mineros. Este autor opina que Gallo está desinformado en esto, y coincide con D. Vicente Restrepo, quien estudió en profundidad y con detalle nuestra historia minera. 94

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regiones, sin mapas a ninguna escala; poblado de pumas, serpientes y muchos otros animales mortales; repleto de viruela y de lepra; sin hablar ni entender el castellano; sin médicos actualizados y con muchos otros riesgos graves y muy probables. Walker fue enviado con 26 personas como auxiliares que él pidió y que los banqueros le suministraron: ingenieros, geólogos, expertos mineros, topógrafos y de otros oficios. Llegaron a Cartagena en junio de 1824; de Cartagena a Honda navegando el Canal del Dique y el río Magdalena, en champanes. En ese momento aún no había servicio de vapores en el río (al final de ese año de 1824, Elbers comenzó a prestarlo). Después de su viaje de Cartagena a Honda y a Santa Ana, y, por el camino de Mariquita a Sonsón (llamado entonces “el camino de Villegas”) en una primera etapa de cuatro días con descanso en Sonsón, y luego, por la vía del cañón del río Arma, al río Cauca en el paso de “Bufú” y de allí a Marmato, en otros seis o siete días a caballo, se trasladó a esta última población y a Supía, donde se sabía que había grandes prospectos en oro, en sus alrededores. En su estada de unos días en Sonsón, tituló varias minas aluviales y de socavón y compró otras. Además conoció a la dama con quien después se casaría en la misma población. Viajando desde Santa Ana en compañía de Jean Baptiste Boussingault, recorrió la Vega de Supía y descubrió las grandes minas de plata de Quiebralomo (aldea situada hoy 7 km al sur del actual Riosucio) y Chachafruto95. Luego Walker recorrió la región de Titiribí y todas las montañas de Antioquia, encontrando y titulando yacimientos de veta, que eran los que interesaban más a los ingleses. Una gran parte de las inusitadas 836 minas de veta y de las 115 de aluvión que fueron declaradas en 1825 en la provincia de Antioquia, fueron resultado del trabajo de Walker. En los años anteriores y posteriores a 1825, se declaraban anualmente, a lo sumo, 10 o 20 minas de filón, y 30 o 35 de aluvión. Para demostrar la extraordinaria eficacia de Walker en el cumplimiento de su misión, pueden aportarse las siguientes cifras anuales sobre titulación y descubrimiento de minas en Antioquia desde 1780 hasta 1850: Tabla 4. Minas de veta y de aluvión, descubiertas y tituladas anualmente 1780−185096 Período

Mínimos y máximos

1780 – 1823 1824 1825 1826 – 1850 1780 – 1823 1824 1825 1826 – 1850

0 (mín.) – 5 (máx.) por año 23 836 Entre cero y 8 1 (mín.) – 11 (máx.) por año 17 115 1 (mín) – 20 (máx.)

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El precio de la plata en el mundo ya había bajado por la postración económica y política en que estaba sumida España después de las guerras napoleónicas. Los banqueros ingleses preferían, decididamente, el oro a la plata. Posteriormente las re-descubriría el Capitán Cochrane, de quien se habla más abajo. 96 Fuente: Datos elaborados por el autor a partir de José María Mesa Jaramillo. Minas de Antioquia. Catálogo de las que se han titulado en 161 años desde 1739 hasta 1900 con anotaciones ilustrativas, 1906. Citado por el autor en su libro de la Minas y mineros de Antioquia. 1984, p. 35 y 36.

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Walker se dedicó afanosamente a comprar y a poner en explotación las muchas minas que él denunció y otras que ya existían, incorporándoles nuevas tecnologías, nuevos métodos y buena ciencia moderna. Al final de su compromiso con los ingleses, llegó a Sonsón, donde (como ya se dijo) existían minas de oro de filón y otras de aluvión, que ya habían atraído al alemán Bayer y que ahora atrajeron al inglés. Allí se casó con la dama Januaria Robledo Martínez, nacida en Santa Fe de Antioquia, y allí se radicó el ingeniero. De ese matrimonio nacieron dos hijos: Eduardo y María Luisa, ambos de Sonsón. En ese momento Sonsón era una población joven, que había sido fundada en 1800, y que pasaba por un período de bonanza económica debido a la fuerte corriente de emigrantes que se dirigían a colonizar lo que hoy es Caldas, Risaralda y el Quindío, así como al norte y occidente del Tolima, y al norte del Valle de la provincia del Cauca. Estos emigrantes tenían que pasar por Sonsón porque de allí partían los caminos a Manizales, a Mariquita, a Cartago y a Marmato por donde debían llegar a sus destinos, y en Sonsón tenían que comprar las abundantes vituallas que necesitaban para sus largos viajes y fundar pueblos en esas regiones. Además, cerca a Sonsón se habían descubierto minas de oro de aluvión y de socavón, en las orillas del río Aures, del Tasajo, del Samaná, de El Mulato, del Riodulce, y a pocos kilómetros del pueblo. No se sabe si Walker terminó su vida en Sonsón. Más bien parece que se trasladó con su familia a Manizales, ciudad que fue fundada formalmente en 1848. En Manizales el ingeniero inglés y su hijo, Eduardo Walker Robledo, fueron urbanizadores de la naciente ciudad, con su dificilísima topografía, a través de una compañía comercial denominada “Moreno, Walker y Cía.” 97. El hecho es que un nieto del ingeniero inglés, hijo del señor Bernardino Jaramillo Palacio y de la mencionada doña María Luisa Walker Robledo (ambos sonsoneños), que se llamó Luis Jaramillo Walker, a finales del s. XIX, y quien, radicado ya en Manizales, fundó una empresa en esa ciudad para fabricar chocolates “Luker”98, fábrica que aún hoy (2010) existe, y que ha sido y es muy próspera. Alrededor de 1914, en la región del Quindío, estableció una gran finca cafetera, y allí instaló una turbina tipo Pelton y una planta hidroeléctrica mediana, desde la cual suministró energía a fincas vecinas y a la pequeña y cercana población de Pereira, ciudad que crecía aceleradamente: en 1871 era una aldea que tenía solamente 633 pobladores; en 1905 tenía 19.036; y en 1918 albergaba a 24.735 personas. El clásico Libro Azul de Colombia, publicado en 1918 por el Gobierno del presidente José Vicente Concha, dedica una página a estas empresas caldenses de don Luis Jaramillo Walker. 82. Hacia 1825, Colombia avanzaba con fortuna en todos los ámbitos, bajo la Presidencia del general Santander: tenía plena paz interior; era respetada en Europa y en Estados Unidos. Se cartografiaba el país; la agricultura progresaba; comenzaban algunas industrias fabriles con tecnología “moderna”; era respetada en los mares por su marina pequeña pero valerosa; se creaban colegios de enseñanza secundaria en las principales ciudades; la educación primaria se generalizaba; la minería progresaba rápidamente en tecnología, eficiencia, producción y exportaciones de oro; comenzaban a navegar los 97

En el terreno muy quebrado y abrupto de Manizales era necesario “fabricar” lotes para construir viviendas. El método consistía en escoger una hondonada o una cañada entre dos faldas de montañas, encontrar una corriente de agua en la parte alta, redirigirla al hueco de la anterior, y esperar meses o años a que la erosión por el agua y la sedimentación del cieno llenaran el vacío, formando un terreno plano que ahora si se podía emplear para construir obras urbanas. 98 Nombre de marca cuya partícula “Lu” viene de Luis y la partícula “ker” proviene de “Walker”.

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vapores en el río Magdalena y en el Zulia; había ya una moneda oficial unificada (el pesooro colombiano, a la par con el dólar); progresaba el poblamiento del occidente Colombiano por las migraciones antioqueñas; y más. El general Santander había ordenado un censo nacional, que dio para la actual Colombia 99, el resultado de 1´123.600 personas. En Antioquia resultaron 104.300; en Bogotá se censaron 30.500 personas y en Medellín, se empadronaron 6.000. No se les ha reconocido a Walker, a Stephenson y a Boussingault el hecho meritísimo y revolucionario de haber abolido desde 1826 la esclavitud en las minas, que era el infame sistema laboral desde el s. XVI, en la Colonia española, y haberlo reemplazado por el del trabajo asalariado con jornales, en todas sus minas: en Marmato, en Supía, en Quiebralomo y en Pamplona. 83. Dice Ramos [2007] que con el ingeniero Walker y su numeroso grupo de técnicos vino el experto minero (parece que no era ingeniero graduado) Phillip Hencker, nacido en Freiberg el 12 de febrero de 1805 en el hogar de Heregott Hencker y Johanna Gibl. Tenía 19 años cuando llegó a nuestro país, el 7 de junio de 1824. Cuando la Goldsmith quebró, seis meses después, algunos de sus compañeros regresaron a Europa. Hencker permaneció en este país y fue a trabajar en minas de oro de la población de El Guarzo (hoy El Retiro, en Antioquia). Después de que las minas de Marmato fueron dirigidas por Boussingault, por Leay, por Moore, por Eastman y por Treherne, en el año de 1835 vino el geólogo alemán Herr Karl Degenhardt a esa Dirección. Gracias, tal vez a su connacionalidad, Hencker hizo un contrato con aquél para traerle provisiones desde Popayán (mantas, herramientas, víveres, kerosene para los quinqués, cordelería, medicamentos, vacunas para los obreros, víveres, herramientas, monturas, pólvora, etc.), recorriendo 10 días de camino de ida y otro tanto de vuelta. De Marmato, bajando por el río Cauca, subiendo después por el río Poblanco, y pasando por la aldea de Sabaletas (Ver el mapa de la figura ……….) el Sr. Hencker llegó a Abejorral (tal como lo harían poco después los Nicholls), y se estableció allí como comerciante, muy exitosamente. Se casó con doña Marcela Muñoz. De allí se trasladó a Rionegro, donde enviudó, sin tener hijos. Vivió un corto tiempo en la población de El Retiro, donde había algunos aluviones auríferos. Dos años después volvió a casarse, ahora con doña Juana Nepomucena Salazar Gómez. Con ella tuvo cuatro hijos. Murió don Phillip en esta población el 13 de octubre de 1887, a sus 82 años de edad. Su descendencia ha perdurado hasta fecha reciente en Medellín. 84. Cuando Boussingault se retiró de la dirección de las minas de la Western Andes Minning Co., lo reemplazó el ingeniero y pastor anglicano William Leay, quien llegó a Marmato e inició su gestión en 1830 100, Leay se dedicó a modernizar las minas, a dotarlas de equipos, a entrenar expertos y a importar equipos. En 1831 le llegó una maquinaria moderna que debía incluir ruedas de agua, molinos de pisones herramientas de hierro y acero. Su principal preocupación sobre este cargamento, que venía desde Inglaterra por la 99

Omitiendo a Venezuela, la que tenía unas 650.000 a 700.000 personas, a Ecuador y a Panamá, que tenían unos 100.000 habitantes, cada uno. 100 El año de 1830 fue un año aciago en la historia política del país: año de la disolución de la Gran Colombia, del asesinato de Sucre, del asesinato de Córdova, del destierro de Santander, de la dictadura de Urdaneta, de su guerra civil, y de la muerte de Bolívar.

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vía de Honda y Santa Ana, era el problema de la subida desde la orilla del río Cauca hasta el sitio de Marmato, ubicado como 500 m verticales más elevado que el río. Con ese fin, el Ingeniero hizo mejorar el empinado camino que subía por esa cuesta. Como resultado de los cinco años que permaneció en su cargo, Leay escribió un informe con el título de New Granada, Ecuatorial South America, en donde trata de sus muchas observaciones sobre el duro y peligroso trabajo en los socavones, sobre la insuficiencia de recursos técnicos, sobre los caseríos vecinos, sobre los usos y las costumbres de la región y sobre otros aspectos que observó con agudeza durante su estada en su cargo. En 1836, cumplió su contrato, volvió a Inglaterra y lo reemplazó D. Carlos Degenhardt. 85. El Doctor Réverend, como ya fue descrito, había traído al país la escuela médica del médico René Laënec, que había estado en parangón con la escuela del médico escocés John Brown, que fue traída por los médicos de la Legión Británica como Jervis, Mayne, Blair y Williamson. Pero alrededor de los años medianeros del s. XIX, los médicos franceses inmigrantes y los colombianos que regresaban de estudiar en París, trajeron con ellos el pensamiento clínico del profesor Francois Joseph Victor Broussais, que se hizo sentir marcadamente en el ejercicio de la medicina en los años siguientes, aunque su influencia comenzó a declinar desde los años posteriores a 1865. Sin embargo, Francia siguió siendo la fuente irremplazable y muy dominante de la medicina clínica en Colombia, hasta ca. 1920. Así ocurrió en todo ese período en todos los países de América Latina. 86. En el mismo año de 1830 llegó a las minas de Marmato el médico e ingeniero de minas inglés George Treherne, nacido en 1809, enviado por la sempiterna banca Powels, que era ahora, prácticamente dueña de las minas. Su tarea era como la que debería cumplir el médico Williamson, quien vendría cuatro años después: prestar servicios de salud, cuidados médicos y hacer cirugías en el medio ácrata de mineros bravíos, armados, conflictivos, libidinosos, llenos de codicia, agresividad, belicosidad y demás perversidades que despierta “el estiércol del diablo” (como llamó Giovanni Papini al oro). El Dr. Treherne tenía, pues, al llegar, un panorama futuro de apuñalados, sifilíticos, maláricos, manos deshechas por la pólvora, silicóticos, y parturientas. Hizo prodigios de cirugía, profesión que no se había conocido en Antioquia. Dicen estudiosos de la historia de la medicina en Antioquia que el Dr. Treherne y el Dr. Jervis, quien trajo el alcohol y el opio como analgésicos para amputaciones, fueron los precursores admirables de la cirugía en Antioquia. Treherne llegó con su esposa, doña Elisa Wallis, adherente, como él al credo anglicano, el que nunca abandonaron. Nunca tuvieron hijos. Después de cumplir su contrato de servicios como ingeniero director de las minas, permaneció en la región, viviendo allí más de cuarenta años. En 1872 cayó accidentalmente de un caballo, se fracturó una pierna, se fue a vivir a Salamina y se dedicó a la ebanistería, oficio que había cultivado en su juventud, como afición. Dice Gallo [2009] que, además, compró una finca, colocó sus ahorros en préstamos a interés y vendió su casa con derecho a ocuparla hasta su muerte, la que ocurrió en dicha población. Tiempo después falleció también allí su señora. 87. En su extenso y muy documentado libro, dice don Luis Álvaro Gallo [2009] que en 1835 llegaron a dirigir las minas de Marmato “dos hermanos, llamados Karl y Wilhelm Degenhardt”. Con el respeto debido a esta tesis, el autor de estas líneas debe manifestar que en las poquísimas referencias que ha encontrado sobre este apellido, [Gutiérrez: 1994, V. Restrepo: 1973, Cardona Santa: 1972 y en documentos de los generales Acosta y Codazzi], ha percibido 71


que se trata de un solo señor Degenhardt101. Por lo demás, en su criterio profesional de ingeniero que conoce bien el tema de la minería, el autor encuentra poco verosímil y hasta contraindicado que los banqueros ingleses, avaros, recalcitrantes y desconfiados, hayan enviado a dos hermanos a desempeñar un mismo oficio, pagando dos elevados salarios de a 3.500 o 4.000 pesos-oro anuales (“pesos” equivalentes entonces a un dólar de ese tiempo), donde bastaba uno solo; en tierras tan remotas, a donde un mensaje tomaba varios meses en llegar; en una empresa tan compleja como es un conjunto de grandes minas de socavón; con riesgos de salud y riesgos personales muy graves; manejando nada menos que oro, con las codicias y odios que despierta; de altísima responsabilidad y pulcritud en su manejo, sin controles administrativos desde Londres; sabiéndose que una divergencia entre dos hermanos se convierte siempre en un conflicto casi irresoluble. Por eso nos referimos aquí al único señor Karl Degenhardt, del que don Vicente Restrepo [1973] da noticia102. El ingeniero Degenhardt era, muy probablemente, graduado en Freiberg. Venía enviado por los ya conocidos banqueros ingleses, como Director General de las minas de la Western Andes Minig Company, con un contrato por los usuales tres o cuatro años de servicio. Llegó a Marmato en 1835, seguramente desembarcando en Cartagena, navegando por el Magdalena hasta Honda; y viajando luego a caballo a Santa Ana, siguiendo por Fresno y por el Páramo de Herveo, y el río San Francisco (hoy río Chinchiná) hasta llegar al Cauca, para seguir, Cauca abajo, hasta la boca del Supía, y trepar por una larga pendiente de 45° de inclinación para llegar a Marmato103. Hizo grandes progresos en los métodos de trabajo y en los rendimientos de las vetas. Trajo de Alemania a varios expertos mineros alemanes, no se sabe si con él mismo, o después de instalarse en Marmato. Muy probablemente eran formados en Freiberg. Uno de ellos era de apellido Dünemann; otro era el experto Wagner Sauer, y otro más era un señor Abbe, quienes están presentados en otra parte de este texto. Degenhardt era Geólogo, de profesión, y alternó su función de director de las minas con recorridos por Antioquia estudiando su geología y por otras regiones mineras del país, como fueron el actual departamento de Caldas, el norte del Tolima, la región minera de Anserma, y la provincia de Pamplona (en cuyas minas había servido el Sr. Wiessner a principios del siglo), buscando, sin duda, nuevas minas para los ingleses, como lo había hecho Walker diez años antes. En uno de esos viajes pudo presenciar dos erupciones del Ruiz. Recorriendo regiones vecinas a Marmato, en plan de estudios geológicos y estratigráficos, llegó en alguna ocasión, en 1843, a donde se estaba formando el pequeño caserío de Manizales y colaboró con los colonos en organizar y emprender una excursión

101

Otros autores escriben este nombre de manera distinta. Aquí acogemos el que le da don Vicente Restrepo

[1973] quien había vivido en Alemania y sabía hablar y escribir el idioma alemán. 102

Cuidadosos estudios histórico-económicos han llevado al autor a estimar que el dólar de mediados del s. XIX tenía un poder de compra internacional bastante mayor que el de hoy (del orden de 120 a 150 dólares corrientes de hoy en Colombia). Por ejemplo, Mariano del Rivero ganaba, según Safford, el salario exorbitante de 4.000 pesos-oro al año. Es razonable que Degenhardt ganara algo análogo, lo cual correspondería a un sueldo de unos 15 a 20 mil dólares mensuales de hoy (año 2010), cifra que parece razonable para ese oficio tan duro, en un país tan distante de la patria europea, y en las condiciones tan difíciles como eran entonces las del nuestro. 103 En el trayecto de camino desde Santa Ana hasta Marmato no había ningún centro poblado. Manizales estaba en ciernes y sólo se fundaría en 1848. El viaje de Honda a Marmato le tomó a Degenhardt, probablemente, más de diez días, a juzgar por los datos del general Vergara y Velasco que se presentan también en este documento.

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por el camino del Ruiz hacia el Tolima 104, buscando una vía más corta que la de Mariquita hacia el río Magdalena. Gutiérrez [1994] describe la trayectoria que siguieron: por el borde de los hielos del Ruiz, al caserío llamado hoy Murillo, al sitio de la actual población de El Líbano donde algunos de los colonos, encabezados por el general liberal Isidro Parra, se asentaron para fundarla; para luego dirigirse de allí a Lérida (población muy cercana a la que se llamó Armero) y a Ambalema, o a Honda. Pero no alcanzaron a llegar al Magdalena porque los detuvo un inmenso lahar de lodo, hielo y azufre, ya frio pero aún intransitable, que recientemente se había desprendido del Nevado del Ruiz 105. Después de terminar su contrato en Marmato, los ingleses enviaron a Degenhardt a las minas de plata que tenían también en la provincia de Pamplona, a las que ni Mutis, ni D´Elúyar, ni Wiessner ni los mismos ingenieros ingleses habían podido hacer producir con éxito. Allí conoció varias minas como la llamada La Angostura, de la cual escribió: “Los distritos de Hungría y Transilvania no poseen filones tan ricos como el de Angostura”. Como resultado de estas extensas correrías el geólogo alemán escribía excelentes documentos sobre geología y estratigrafía, en su idioma y que enviaba a Alemania; allí esos trabajos fueron publicados en revistas científicas. Años después de retirarse Degenhard de Marmato y de Pamplona, para dedicarse a recorrer y estudiar el país, los generales Joaquín Acosta y Agustín Codazzi publicaron notas encomiásticas sobre el trabajo de Degenhardt. Cuando Codazzi pasó por el Páramo de Herveo, en 1852, camino a Manizales, se encontró en la cordillera Central con un cerro que los vecinos llamaban “Cerro de Degenhardt”. El geólogo alemán estudió las fuentes saladas en la población de El Guarzo (llamado hoy El Retiro, en Antioquia); recogió reliquias arqueológicas en Neiva y en Sonsón, y fósiles que encontró en sus recorridos por Antioquia. En Europa, Humboldt elogió los trabajos científicos que enviaba el Geólogo alemán a ese continente, y varios de ellos fueron publicados en la revista alemana Kleine Schriften zur Geologie. Otros aparecieron publicados, entre 1834 y 1845, en la revista Karsten Archiv der Mineralogie. A la muerte de este geólogo enamorado de Colombia, en 1849, a la temprana edad de 44 años, el general Joaquín Acosta escribió: Carlos Degenhardt, cuya muerte prematura privó a la Nueva Granada de importantes trabajos científicos, me comunicó sus observaciones meteorológicas hechas en Santa Marta en los meses de enero y febrero del año de 1845.

En esa misma ocasión, Agustín Codazzi escribió conceptos igualmente encomiásticos sobre Degenhardt, sobre sus trabajos y sobre sus escritos. Al autor de estas líneas no le queda duda alguna de que el geólogo Dagenhard que vino a nuestro país y que aquí terminó sus días, fue uno solo. Tampoco le queda duda de que este extraordinario personaje merece reconocimiento especial no sólo por sus aportes a la minería. Su huella es palpable como viajero, geógrafo, naturalista, y escritor científico.

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Gutiérrez [1994, p.88] menciona al Geólogo alemán en sus relatos sobre la fundación de Manizales , aunque con otra escritura del apellido. 105 En la nota sobre el general Joaquín Acosta se indicó que éste, en una de sus andanzas por el Tolima, como geógrafo, también tomó nota de este lahar de 1848, originado en una erupción del Nevado del Ruiz, que inundó muchos kilómetros cuadrados, tal como lo hizo el colosal alud de lodo originado también en el Nevado del Ruiz, que destruyó a Armero, en el Tolima, en 1985 y que mató a sus 20.000 habitantes.

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88. La ya muy conocida “Western Andes Minning Co” necesitaba en sus minas en Colombia a químicos para el trabajo con los materiales relacionados. En Colombia no había, ni remotamente, ningún profesional de esa especialidad. Fue así que envió al químico, mineralogista y farmacéutico John Harker Mudd, nacido en Grinton (Yorhshire, Inglaterra) el 3 de octubre de 1800, en el hogar de John Harker y Margaret Mudd. Llegó a Colombia en 1825, año en el cual vinieron tantos ingenieros y técnicos a las minas de Marmato y Supía. Cumplido el término de su contrato de cuatro años con los ingleses, fue a vivir en Bogotá. Para hacerlo tomó el camino Marmato – Anserma – Cartago – Ibagué – Guataquí – Tocaima − La Mesa – Cuatroesquinas − Bogotá. De este viaje guardó especial memoria del durísimo Camino del Quindío, sobre el cual escribió una extensa y fiel relación profesional. En 1830 desposó en la Capital de la República a doña Mercedes Mutis Amaya, con quien tendría seis hijos: Adolfo, Margarita, Antonia, Mercedes, Juan y Luisa. Aseguró el sustento de su familia trabajando como ingeniero de minas en el centro del país. Así fue como encontró, cerca a Nemocón (Cundinamarca), la gran mina de carbón que se llamó La Carbonera, la que, más de cien años después, seguía produciendo este mineral, para los Ferrocarriles Nacionales 106. Otra labor profesional de Harker fue la de dirigir la construcción del camino de ruedas de Cúcuta a Ocaña. En los últimos años de su vida residió con su esposa en la población de Pulí (Cundinamarca). Murió en Bogotá el 24 de noviembre de 1838. 89. Posiblemente, por recomendación de Mr. Walker, los banqueros enviaron a Antioquia al químico Hans Urlich Hauswolff, nacido en una familia de origen alemán, en la ciudad de Helsinki, en el entonces Ducado de Finlandia, perteneciente al enorme Imperio del Zar Alejandro II de Rusia. Casado con doña María de Greiff, oriunda de Suecia, juntos llegaron a Cartagena o a Santa Marta, en enero de 1825, con unos 30 años de edad, a trabajar en la región minera del nordeste de Antioquia. Es seguro que en un barco de Elbers llegaron a Mompox, de donde tomarían un champán que, subiendo por el río Cauca, los trajo hasta Santa Fe de Antioquia (donde primero aparece Hauswolff), o quizás, más bien, fueron hasta Cáceres o hasta Puerto Valdivia. O bien pudieron entrar al río Nechí y seguir en champán hasta Zaragoza o hasta Nechí, cuyo río entonces era navegable hasta por barcos de vapor. De allí viajaron a la región minera del nordeste de la provincia o a Medellín, lo cual no se sabe aún hoy. De todas maneras, Hauswolff ejerció su profesión en minas de la región mencionada, durante 18 años. Seguramente él enseño, por primera vez en esa región, el uso del mercurio para amalgamar el oro, así como la construcción de ruedas hidráulicas en madera, la fabricación de pólvora sulfonítrica (o “pólvora negra”), instruyendo en química mineral y en métodos de docimasia, y enseñando las varias otras técnicas novedosas, que el secular atraso de la minería española no había dejado llegar al país. En 1832 regresó a su Finlandia, sin su esposa. Al cabo de esa vida de servicio falleció en su patria en 1843, probablemente a causa de alguna enfermedad contraída en las malsanas regiones mineras de Zaragoza, Nechí, Remedios, Cáceres, Guamocó, Anorí o Porce, en donde mucho trabajó. 90. El químico ruso-finés trajo consigo, o invitó a venir a Antioquia, en la Nueva Granada, a trabajar en minas de oro, a tres ciudadanos suecos que también dejarían sus 106

Alrededor del año de 1938 la empresa llamada entonces del Ferrocarril del Norte tendió un ramal de carrilera hasta esa mina, para transportar ese combustible para sus locomotoras de vapor

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nombres ligados a nuestra historia minera. Ellos fueron los ingenieros Carlos S. de Greiff, Pedro Nisser, y el boticario C. Frederik Plagemann (nacido en 1796). No se conocen las realizaciones de Plagemann en Antioquia. Lo que sí se sabe es que vivió poco tiempo en el país, porque se trasladó a Popayán por orden de Hauswolff, y pronto murió allí, en 1828, al recibir un rayo en una tormenta eléctrica en uno de sus recorridos de campo. De Nisser se habla más extensamente en otras páginas de este documento. 91. A comienzos de 1825 vino D. Carlos Segismundo Tromholt von Greiff. Nacido en Abylund, Suecia, el 1 de enero de 1793, en una familia noble, recibió una completa formación como ingeniero de minas en la Universidad de Uppsala y como oficial de ingenieros en el Colegio Militar de Karlsburg. Ingresó al Ejército en 1809 y alcanzó el grado de Capitán General del Estado Mayor General. Combatió como general de ingenieros del Ejército sueco, contra los Ejércitos de Napoleón en la terrible batalla de Leipzig 107 donde los franceses fueron destrozados por una coalición de los ejércitos de cuatro potencias: Austria, Prusia, Rusia y Suecia 108. Al terminar esas guerras con el desastre francés de Waterloo, en 1815, de Greiff se dedicó a enseñar en la Escuela Superior de Guerra de su país. Poco después, a raíz de una contrariedad con sus superiores en el Ejército, pidió la baja y decidió venir a la Nueva Granada a trabajar en las minas109. Seguramente lo atrajo aquí el hecho de que su hermana ya vivía en Colombia, casada con el químico Hausswolff. En 1825 de Greiff llegó directamente a Antioquia, navegando en vapor desde Cartagena hasta el río Cauca, y subiendo en champán por éste y por el Nechí hasta Zaragoza (Antioquia) con su esposa Luisa Petronila Taxe, a la casa de su hermana María y del esposo de ésta, el químico ruso-finlandés Carlos Ulrico Hauswolff, ya mencionado. Vino en compañía, también del ingeniero sueco Pedro Nisser. En el momento de llegar de Greiff no había en Antioquia ni un solo ingeniero (salvo Bayer y Walker, como veremos) y tal vez ni siquiera había un agrimensor. El ingeniero sueco trabajó desde su llegada, en minas de Amalfi, Anorí y otros sitios, dedicándose a mejorar las minas de esa región, instalando aparatos nuevos; enseñando la amalgamación y el uso de la pólvora; construyendo molinos de pisones o bocartes, que él había conocido en el libro de Giorgius Agrícola; trazando socavones y túneles; construyendo carreteras y puentes en las áreas mineras de la Provincia; instalando calderas y máquinas de vapor de Watt, adiestrando a los obreros en el uso de las herramientas de hierro, y enseñando pruebas de docimasia de minerales. Todo 107

La sangrienta Batalla de las Naciones se combatió cerca a la ciudad de Leipzig del 16 al 19 octubre de 1813. 108 Suecia participó en esa batalla con especial beligerancia porque el rey de Suecia en ese momento, Karl XIV Johann era francés, se había llamado Jean-Baptiste Bernardotte y había sido Mariscal de los Ejércitos de Napoleón. Pero entre estos dos surgió una fuerte rivalidad por el amor de una dama llamada Desirée Clary. Y cuando esta se casó con Bernardotte, en 1798, entre ellos surgió un verdadero odio. Bernardotte se había portado gallardamente con el ejército sueco, al que derrotó como militar francés en un combate anterior, y había protegido a Suecia del ataque de Prusia dirigido por el Mariscal Blücher. Por tales razones, cuando murió el rey de Suecia sin heredero, el Parlamento de ese país, decidió llamar al Mariscal francés, y nombrarlo como regente de Suecia el 2 de noviembre de 1810, y luego lo coronó como rey de ese país y de Noruega, con el nombre de Karl XIV Johan. Poco después ocurrió en Leipzig la famosa Batalla de las Naciones, que aquí ya mencionamos. La familia real de Suecia, hoy en día, lleva aún el nombre de Bernardotte, como su antecesor francés. 109 Santamaría dice que fue por pedido de los banqueros de Londres, lo cual no parece probable, porque en Inglaterra había suficientes ingenieros muy capaces para cumplir estas misiones.

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ello era completamente nuevo en las minas de Antioquia y de Colombia. De Greiff recorrió la vasta provincia en toda su extensión, estudiando y describiendo su abrupta geografía. Desde 1826 hasta 1831 vivió en la población de Rionegro y allí nacieron dos de sus hijos: Jaime en 1828 y Óscar en 1830. Cuando Agustín Codazzi vino a Antioquia en 1852, a hacer el levantamiento corográfico, ésta estaba dividida en tres “provincias”: Córdoba, Antioquia y Medellín. Así lo había dispuesto de manera torpe e innecesaria la Constitución expedida el 21 de mayo 1853 durante la presidencia del general López110. El ingeniero Codazzi, uno de los más importantes ingenieros inmigrantes que han venido a Colombia, encontró en de Greiff una ayuda preciosa; de él recibió Codazzi numerosos informes, mapas, coordenadas y datos geográficos para el trabajo corográfico del italiano, quien así lo reconoció en sus informes posteriores. Fruto de los estudios geográficos de de Greiff sobre Antioquia fue el primer mapa completo de la Provincia, que el ingeniero sueco dibujó personalmente, y que luego hizo imprimir, a su propia costa, en París, en 1857. Hacia 1865, de Greiff pasó con su señora a Remedios a dirigir las minas de la compañía inglesa The Colombian Mines Corporation Limited, donde hizo admirables obras de ingeniería civil y de minería para mejorar esas explotaciones. En dicha población murió don Carlos Segismundo, el 29 de julio de 1870, después de servir durante 45 años a su patria adoptiva y de formar una brillante familia cuyos descendientes han ilustrado las ciencias, las letras, las artes, el deporte y la ingeniería de nuestro país. Uno de ellos, el gran ingeniero, matemático y musicólogo Otto de Greiff Häusler fue amigo y compañero del autor de este documento en la Universidad Nacional de Bogotá, en 1957, siendo ambos profesores en el Departamento de Matemáticas. 92. Como expresamos antes, cuando D´Elhúyar hubo de cerrar las minas de Santa Ana, por orden del Rey y del Virrey, en 1795, su ayudante el Sr. Jakob Benjamin Wiessner se trasladó a otras áreas mineras, como Marmato, la provincia de Soto (que entonces abarcaba a Pamplona) donde lo encontró Humboldt, con otros mineros alemanes en 1801. Posteriormente Wiessner pasó a la región esmeraldífera de Muzo. Se sabe que Wiessner era director de estas últimas minas durante las guerras de Independencia y que colaboró con el Gobierno de Santander en la difícil financiación de ese nuestro primer gobierno. Colombia declaró la Independencia en 1810 y expulsó a los españoles en 1820. Se sabe que durante parte de este lapso, fue director de las minas de esmeraldas de Muzo, Somondoco, Coscuez y Chivor; y que al instalarse la República las puso bajo el gobierno de Bolívar y Santander, con gran beneficio financiero para el escuálido erario de la República en esos tiempos. Unos años después, siendo Presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada el general Antonio Nariño Álvarez, en sus andanzas por el país mineral, en 1814, Wiessner descubrió yacimientos de mineral de hierro, de carbón y de calizas en la población Pacho, y estableció una pequeña fundición de plomo, para hacer balas. Terminadas las guerras de Independencia, instaló una forja catalana para producir hierro. Así nació la Ferrería de Pacho, de la cual se habló y se volverá a hablar más abajo. En los 110

Esta disposición solamente se explica porque Antioquia era una provincia mayoritariamente conservadora, que había acogido a los generales reaccionarios Eusebio Borrero y Sergio Arboleda (aristócratas caucanos, traficantes de esclavos), en la guerra de 1850−1851 contra el general López, el libertador liberal de los esclavos; mientras que los congresistas de 1851 eran liberales radicales de los llamados “draconianos” que así castigaron a la muy conservadora Provincia.

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años siguientes a 1824 fue a trabajar en las minas de plata de La Angostura, famosa entonces por su riqueza, en la región de Pamplona, que ahora eran explotadas por los ingleses. Allí montó una instalación como la que había hecho con D´Elhúyar en Santa Ana, con un horno de tostación para eliminar el azufre (en forma de anhídrido sulfuroso: SO 2), y otro horno para recuperar la plata por el método “mexicano” que se explicó atrás. Pero la calidad de los minerales no le permitió hacerla operar con éxito. Cuando salió de allí, los ingenieros ingleses trataron de lograrlo, sin éxito. 93. El ingeniero Thomas Johns, nacido en Liverpool, estudió ingeniería de minas en su patria y vino a Antioquia acompañando a don Carlos Segismundo de Greiff, en 1825, en el mismo barco; con él trabajó en varias minas. Johns inició la explotación de las minas de oro para una compañía inglesa, en la población de Angostura, cerca al río Nechí y allí ejerció la misma obra de tecnificación y modernización que sus demás colegas europeos estaban cumpliendo en otras regiones mineras de Antioquia. Él construyó el primer molino californiano (con cuatro pisones o bocartes, y fabricado todo en hierro) que hubo en Colombia. Se convirtió al catolicismo para poder casarse, en Santa Rosa de Osos, con doña Isabel Henao Gómez. Su hijo Juan Manuel Johns Henao se graduó de ingeniero civil y de minas en Inglaterra, volvió a Colombia a trabajar, e inició la explotación de las minas de La Quiebra y El Diamante. Aquí vivió el ingeniero inglés por el resto de sus días, y sus descendientes han conservado la vocación por la ingeniería que trajo a Colombia el antecesor. Mr. Johns murió en Medellín en 1839. 94. En los años veinte del s. XIX, existía la que hoy llamamos Gran Colombia, que entonces se llamaba Colombia a secas. Era un inmenso territorio de más de tres millones de kilómetros cuadrados, que comprendía: la mitad occidental de la actual república de Guyana, desde el río Esequibo; toda la actual Venezuela; toda la actual Colombia, más un enorme trecho sobre el río Amazonas que, después, nos arrebataron Brasil y Perú; toda la actual República de Panamá, incluyendo una parte de la actual Costa Rica; una ancha franja sobre el mar Caribe de Nicaragua; todo el actual Ecuador más otra superficie mayor apoyada en el Amazonas, que le arrebató el Perú en 1941. La gobernaba el general Francisco de Paula Santander, como vicepresidente, mientras Bolívar guerreaba en Ecuador, Perú y Bolivia. El censo nacional ordenado por Santander en 1824, enunciado antes, encontró 2´644.000 habitantes, de los cuales 104.258 estaban en Antioquia. Medellín ya era su capital provincial, desde 1822, y era un poco más que una aldea, con 6.000 pobladores. El país avanzaba organizada y decididamente para actualizarse a las nuevas ideas, instituciones, economía, industrias y cultura del joven s. XIX, cuando en el mundo civilizado avanzaba a grandes pasos la Revolución Industrial. Viendo Santander que en el país no había ni un solo ingeniero, resolvió traer los más y los mejores que pudiera, de Europa, para modernizar nuestro rezagado país. En gran medida lo hizo así, dentro de las estrechísimas limitaciones políticas, técnicas y fiscales del momento. 95. El general Santander fue no solamente el primer presidente en ejercicio del mando, en sentido cronológico, sino el mejor de los 57 que Colombia ha tenido en toda su vida republicana, desde 1819 hasta hoy (2010)111. Él construyó un país casi de la nada, partiendo 111

El autor se refiere a los ciudadanos que han ocupado la presidencia por tiempo significativo. Se excluye a personas que ocuparon la presidencia en reemplazos temporales.

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del atraso y la pobreza que nos dejó la colonia española, y con poquísimos recursos financieros y humanos. La relación de sus actos de gobierno que fueron brillantes, certeros y constructivos de patria, crearon una nueva República. Sería demasiado larga para presentarla aquí, baste señalar, dentro de nuestro tema, las realizaciones que ya se han presentado y las que se verán más abajo. En especial, hay que destacar que él fue uno del escaso grupo de presidentes, entre los 57 que hemos tenido en estos 190 años, que pueden llamarse con propiedad, grandes “Presidentes tecnificadores y cientificientes” de Colombia112. Tanta fue la importancia de Santander y tantos sus innumerables méritos, que cuando Bolívar viajaba hacia Cartagena por el Magdalena en su último viaje, al hacer una escala en Mompox para descansar, le dijo a un viejo general que había sido su compañero de armas: “Esta vaina de la libertad fue una pendejada”; y le agregó “el no habernos arreglado con Santander nos ha perdido a todos”.

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El autor distingue o configura tres galerías de presidentes memorables. La primera, la de los presidentes constructores de país (Santander, Tomás C. de Mosquera, Manuel Murillo Toro, Rafael Núñez, Rafael Reyes, Pedro Nel Ospina, Enrique Olaya Herrera, Eduardo Santos, Alfonso López Pumarejo, Mariano Ospina Pérez, Gustavo Rojas Pinilla, Carlos Lleras Restrepo). La segunda, de presidentes tecnologizadores (Tomás Cipriano de Mosquera, Manuel Murillo Toro, Rafael Núñez, Rafael Reyes, Pedro Nel Ospina, Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos Montejo, Mariano Ospina Pérez, Gustavo Rojas Pinilla y Carlos Lleras Restrepo). Y, la tercera, los presidentes grandes educadores (Santander, José Ignacio de Márquez, Tomás C. de Mosquera, Eustorgio Salgar, Rafael Reyes, Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos, Carlos Lleras Restrepo). En las tres categorías, destaca, y de lejos, al general Santander. Casi todos ellos incurrieron en graves errores de tipo político, pero eso no desvirtúa lo dicho, ni viene al caso. Por las limitaciones de este documento en cuanto al tiempo histórico (1780−1950), aquí solamente se mencionan realizaciones de los anteriores a 1950.

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LOS COMIENZOS DE LA NUEVA GRANADA (1830−1850) 96. Se puede estimar que fue entre 1835 y 1840 cuando vino, desde la Gran Bretaña a Antioquia, el técnico minero hebreo Francisco Pemberthy. Nacido en Liverpool, formado como técnico experto en minería. Vino llamado por la sociedad Marcelino Restrepo y Compañía, la cual explotaba algunas minas en la Provincia de Antioquia. Cuando llegó era aún muy joven (tenía menos de 20 años de edad). Las primeras minas donde trabajó estaban ubicadas cerca de la población de Santa Rosa de Osos (Antioquia), y allí conoció a la señorita Ana Rita Rojas, quien le puso la condición de hacerse católico para casarse con él. El joven minero se convirtió y cambió su anterior nombre de Isaac al de Francisco. Tuvieron varios hijos, entre ellos Isaac, Juan Manuel y Manuel. Pemberthy murió en 1870 en la mina de Hoyo Bravo, al caerle accidentalmente un gran alud de tierra que lo sepultó [Gallo: 2009]. El matrimonio dejó en Colombia la raíz de una larga descendencia cuyos numerosos miembros viven hoy. El actual (2010) Presidente de la Empresa Colombiana de Petróleos, ingeniero Javier Gutiérrez Pemberty es uno de ellos. 97. La multiplicidad de nacionalidades, de lenguas, de conflictos internos (que crea el oro en todas partes y en todo tiempo), de condiciones humanas (desde misioneros hasta forajidos) y de negocios (desde los más honestos hasta los peores como las cantinas prostibularias y otros peores), y el gran número de habitantes que había en Marmato en los años treinta, cuarenta y cincuenta del s. XIX, aglomerados en la cumbre estrechísima de un acantilado casi vertical, había llevado a la autoridad local a realizar periódicamente censos de los habitantes113. 98. El registro de población de Marmato en 1834, indica que allí trabajaba un Mr. Robert Bishop, residente en San Sebastián de Riosucio, minero inglés amañado con misiá Juliana Hernández. En ese mismo año se casó con doña María Bayer Vásquez, nacida en Sonsón, hija del ingeniero de minas alemán Friedrich Bayer y de su esposa, de quien ya se habló. Nada más se sabe de Mr. Bishop. Ya casado con colombiana, lo más probable es que hubiera seguido viviendo aquí, trabajando en su oficio y criando su familia. Aunque Bishop no fuera ingeniero graduado en academias, su gran conocimiento de un oficio tan técnico y exigente como es la minería de socavón, que él ejercía y en el que seguramente fue un maestro eficaz por el ejemplo, da mérito para recoger su nombre en este documento. 99. En el matrimonio de Benjamin Johnson y Mariana Wood, quienes vivían en Newcastle, en el norte de Inglaterra, nació su hijo Alexander Johnson, en noviembre de 1825. El joven recibió una buena educación, estudió y se graduó de ingeniero mecánico. Dada la boga en que estaba en aquellos días el oro de la Nueva Granada y recomendado por Mr. James Tyrrell Moore (de quien se hablará en extenso, en este mismo documento), vino al país en 1835 a trabajar en las minas de El Zancudo, que estaban en pleno proceso de modernización y ensanche, bajo la propiedad y el capital de la Compañía de Minas de 113

Eastman [2006] calculaba que en 1850 allí había unos 7.000 pobladores; mientras, que este autor (G.P.R.) calcula que en Medellín había 13.000 y sabe que en Bogotá el censo nacional de 1851 encontró 29.649 personas.

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Antioquia. Se casó en Titiribí con doña Amelia García. Allí sirvió varios años, y después se trasladó a trabajar en varias minas de otras regiones de Antioquia, en donde entrenó obreros, capataces e ingenieros más jóvenes en la afortunada escuela de “learning by doing”, así como lo hicieron todos sus colegas europeos en ese sector, tanto en esa Provincia como en el resto del país. Él construyó y enseñó a construir ruedas hidráulicas, poleas, estructuras de madera para construcción, carretas de dos y de cuatro ruedas, y otros aparatos utilísimos en esas empresas mineras. Alexander Johnson permaneció en Colombia y falleció en Titiribí en 1877. Los hijos de su matrimonio fueron Carlos, Amelia y Helena, quienes tuvieron numerosa descendencia. Su apellido perdura hasta hoy en Antioquia. 100. Diego Davidson era un ingeniero irlandés, que el general Santander había solicitado a Inglaterra en 1826 (último año completo de su afortunado gobierno), para tecnificar las salinas de Zipaquirá y Nemocón, que eran propiedad del Estado, y una fuente importante de ingresos fiscales. Davidson vino en 1827 e instaló en esas minas las primeras calderas de vapor, acuatubulares, para caldear las soluciones decantadas de rocas salinas, evaporar el agua y obtener así la sal. Davidson permaneció en Colombia, se casó y dejó descendencia numerosa. Alguno de sus descendientes trabajó en la Ferrería de La Pradera. Otro se trasladó posteriormente a vivir en Medellín, donde el apellido fue conocido en los años sesenta del s. XX. 101. Por recomendación de de Greiff, en 1828, fue traído por la empresa minera inglesa, el ingeniero James Tyrrell Moore Stewart, a dirigir las minas de Marmato, que eran explotadas por la compañía británica Western Andes Mining Company. Moore nacido en Londres en 1803, recibió muy buena educación en matemáticas y ciencias en Londres, Zurich y Freiberg, donde se había graduado, en 1823, como Ingeniero de Minas en su ya muy mencionada Escuela de Minas. Posteriormente, viajaría por el Continente Europeo antes de regresar a su país. Lo enviaron los banqueros ingleses por recomendación de De Greiff. No se dice en ninguna parte, pero Moore debió llegar a Cartagena o a Santa Marta y tomar allí un vapor del río Magdalena hasta Mompox, donde pasó a un champán que, subiendo el río Cauca, lo llevó hasta el puertecito del Espíritu Santo, donde se recogía el oro del occidente de Antioquia para enviarlo a Cartagena por este río y el Magdalena. De allí, a caballo llegó a Medellín; después de otros 10 días llegó a Marmato. Ya en la dirección de las minas de la Western Andes Mining, comenzó Moore a trabajar con energía para implantar métodos y máquinas más modernos de minería. En 1830 trajo los molinos “cornish” y enseñó a usarlos, así como las ruedas hidráulicas y las bombas aspiranteimpelentes para achicar el agua del fondo de los socavones. Algunos autores atribuyen a Boussingault la primera implantación de la amalgamación, más eficiente, en las minas de Marmato. Cinco años después del francés, de Greiff y Moore generalizaron el uso de este proceso en otras minas de la región, con otras fórmulas. Fue Moore quien inició en esa región la extracción de plata desde el momento en que llegó. Antes de Moore, Marmato solamente producía oro. Cuando terminó sus compromisos en Marmato, en 1831, Moore fue contratado como director, por la joven Compañía Antioqueña de Minas (cuyos socios ya mencionamos), que era la dueña de las riquísimas minas de oro de El Zancudo, Chorros y Otramina, al pie de la población de Titiribí (Antioquia). Allí Moore empezó a divulgar el uso, y a enseñar a usar el molino de pisones metálicos, llamados por él y por sus mineros “cornish mill” debido al origen que estas máquinas tuvieron en las famosas minas de casiterita (óxido de estaño mineral: SnO 2), en 80


la región británica de Cornwailles, en el país de Gales. Este molino era una estructura parecida al “molino antioqueño” de don Gregorio Baena, el que tenía sólo dos bocartes; pero aquél tenía cuatro o seis pisones, era todo construido en hierro y era, obviamente, más grande, pesado, y productivo, pero bastante más costoso que el “molino antioqueño” ya mencionado, y era accionado también por una rueda hidráulica vertical, de golpe superior. Estos molinos suprimieron y sustituyeron con ventaja el trabajo que antes se hacía a mano, y produjeron rendimientos en oro antes no imaginados, rendimientos que eran amplificados por el uso de la pólvora para abrir galerías subterráneas, por la amalgamación para aislar el metal precioso, y por varias técnicas que Moore y los otros ingenieros europeos estaban enseñando. En El Zancudo, en 1835, inició Moore la producción de plata, la separación de ésta del oro y de refinación de ambos metales. Para ello construyó hornos de tostación de minerales, molinos de amalgamación, hornos para reducir los minerales de plata con coque, hornos para coquizar el carbón, y hornos de fusión diferencial de los dos metales por temperatura y por densidad. También construyó un horno para calcinar calizas y producir así cal viva (CaO), y otro para recocer ladrillos refractarios. Trabajó para los empresarios antioqueños durante 13 años. Las instalaciones metalúrgicas que hizo Moore en El Zancudo y luego en su propia planta de Mina Vieja tuvieron otro efecto muy favorable para la economía de la región: el desarrollo de la producción de carbón coquizable, a escala industrial en Titiribí; y de calizas para producir argamasa para construir los hornos, y de arcillas silico-aluminosas para fabricar ladrillos refractarios para el recubrimiento interior de los mismos. Era la primera vez que esto se realizaba en Antioquia. En 1848 Moore se desvinculó de la empresa de El Zancudo, e inició la construcción de su propia planta de apartado y refinación de oro y plata; y en 1851 la puso en operación, con hornos de fundición construidos bajo su dirección. La llamó Hacienda de Fundición y Apartado de Titiribí. Era el establecimiento minero industrial más grande que se había construido en nuestro país hasta entonces. Tenía cinco hornos de tostación de minerales, cinco de reducción de los metales con coque, y dos de copelación. Allí procesaba los minerales auroargentíferos (sulfuros, silvinita, argentinita y otros), que Moore compraba a los dueños antioqueños de El Zancudo (sus anteriores empleadores), para extraerles el oro y la plata residuales que aún contenían, y para separar los dos metales y refinarlos. Puede pensase que allí comenzó Moore a hacer la grande fortuna que llegó a tener, a pesar de que sus anteriores empleadores le establecieron una fuerte competencia, trayendo al ingeniero alemán Reinhold Paschke (de quien se hablará más abajo), como director técnico para reemplazar a Moore. A su nueva empresa, la Hacienda de Fundición y Apartado de Titiribí, Moore trajo de Alemania (de Freiberg) al ingeniero Carlos Greiffenstein y al maestro de minas Karl Moritz Koch, como empleados, para ayudarle en el manejo técnico muy complejo de ese establecimiento. Pronto también vendría, como socio de Moore, el conde Bourmont. De todos ellos se ocupa este documento.

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- LOS PRIMEROS MÉDICOS INGLESES EN LAS MINAS 102. Las empresas mineras organizadas que ya trabajaban, tanto las de los ingleses como las de empresarios neogranadinos, ya tenían personal numeroso, ocupado permanentemente. Requerían no solamente ingenieros y maestros mineros, también 81


requerían, con suma necesidad, los servicios de médicos muy idóneos. Pero en la época de la Gran Colombia y en los años que siguieron a su disolución era muy difícil encontrar en Europa a médicos bien preparados que aceptaran venir a este país tan lejano, desconocido, tropical, sin estaciones, montañoso, semiselvático, lleno de fieras y de alimañas mortales, azotado por la viruela y otras enfermedades fatales, revoltoso, carente de hospitales, sin medicamentos, y, en fin, con todos los disuasivos imaginables 114. Era menos difícil encontrar ingenieros de minas que quisieran venir, porque a ellos se les asignaban muy buenos salarios (del orden de 3.000 pesos oro anuales, o un poco más) 115; además, tenían el gran incentivo de poder obtener unos kilos de oro durante los tres, cuatro o cinco años que durarían sus contratos. 103. Tal vez el primer médico que vino a Antioquia a servir en estas empresas fue el Dr. Hugo Blair Brown, irlandés nacido en Villa Raffi en 1787, en el hogar de James (Jacobo) Blair Sprowl y Ana María Brown Red. Estudió medicina en Londres y allí mismo se graduó. Al comienzo de 1819 se enroló en la Legión Británica como médico de la misma. Al terminar las guerras de Independencia, en 1824 se estableció en Antioquia donde se radicó definitivamente. Ejerció su profesión en varias regiones de esa Provincia, tanto como médico militar cuanto como médico civil. En 1836 contrajo nupcias con doña Eduviges Gaviria Restrepo, y a lo largo de su vida tuvieron tres hijos: José Domingo, Ana María y Benigna. El Dr. Blair trajo con él todos los conocimientos científicos que se le impartían a un médico en esa época y que requería en su práctica profesional: anatomía, fisiología, botánica, patología, bacteriología, epidemiología, farmacia, cirugía 116, óptica médica, puerología (hoy llamada pediatría) y tocología (hoy ginecología y obstetricia); y en la práctica profesional entrenó a numerosas enfermeras y auxiliares paramédicos. Por sus servicios a la Patria, el Gobierno de Santander le otorgó pensión vitalicia. Trabajó en varias empresas mineras, en hospitales y en Medellín durante muchos años, y murió en esta ciudad el 30 de Septiembre de 1864. 104. Otro de los primeros médicos que aceptó el desafío de venir a Colombia, fue el Dr. George Williamson, nacido en Dublín en el año de 1798 (cuando Irlanda era una posesión colonial de Inglaterra, y en Francia Napoleón subía al poder absoluto). Hizo sus estudios de Medicina en el Royal College of Medicine, en Londres; se graduó en 1824 y ejerció allí la profesión durante unos diez años. En 1833 o 1834 [Ramos: 2007] la Colombian Society of 114

Se trataba de la Nueva Granada, que era el nombre de la Colombia de hoy, desde 1831, cuando se disolvió la Gran Colombia. Su extensión era de 1´569.900 km2, según calculó el general Joaquín Acosta. Seguramente Acosta estaba muy cerca de la verdad, porque desde entonces, a nuestro país le han usurpado grandes extensiones de tierra: Panamá y más de 400.000 km 2 en la Amazonía que nos arrebataron desde entonces el Perú, Brasil y el Ecuador, con la torpe o criminal tolerancia, o indiferencia, de nuestros gobernantes posteriores a Santander. Nuestra superficie es hoy es solamente de 1‟141.748 km2. 115 Cuando el peso-oro era equivalente al dólar, y cada dólar compraba en el comercio internacional compraba lo que compran unos doscientos dólares actuales. 116 Sin anestesia, porque aún no se conocían el óxido nitroso hilarante (NO), ni el éter sulfúrico (etano-oxietano), ni el cloroformo (HCCl3) como anestésicos quirúrgicos.

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Mines, la dueña inglesa de la Western Andes Mining Company, lo contrató para venir a prestar sus servicios en las minas de Marmato y Supía. Allí debió trabajar durante tres o cuatro años, tratando malarias, fiebres amarillas, tuberculosos, sifilíticos, acuchillados, operando apéndices, heridas infectadas, amputando miembros destrozados por la pólvora, cauterizando heridas que no sanaban con hierro al rojo, suministrando antidiarreicos, dando quenopodio vermífugo, atendiendo partos con y sin fiebre puerperal, y, en fin, ejerciendo cumplidamente su oficio tal como era en ese tiempo. El Dr. Williamson, como todos sus colegas británicos adhería a la escuela médica del Dr. John Brown (1735−1885), un médico escocés opiómano y alcohólico pero altamente reconocido en toda la Gran Bretaña por su prestancia profesional. Hacia 1838 fue a vivir en Rionegro, donde se casó con doña Sebastiana Mejía, hermana de la esposa del Sr. Edward Nicholls 117 y continuó sirviendo como médico, aunque en condiciones menos dramáticas que en las minas. Muchos de sus pacientes eran personas indigentes o pobres vergonzantes a quienes atendía gratuitamente, y por eso ganó fama muy merecida de humanitario y filántropo. Este matrimonio tuvo once hijos: Ana María, Jorge, Magdalena, Tomás, Manuel Antonio, Alberto, Ester, Federico, Ricardo, Carlos y Enrique. De ellos procede una larga dinastía con su apellido, que ha sido muy reconocida en Antioquia y en otras secciones del país. El Dr. Williamson siguió cumpliendo su misión en Rionegro, en 1860, mientras en nuestro país se desencadenaba otra guerra civil de tantas que hemos tenido: Tomás C. Mosquera se levantó en el Cauca para derrocar al Presidente Ospina Rodríguez. Colombia tenía ya muy cerca de 2,5 millones de pobladores, en una pobreza espantosa para el 90% de ellos. 105. La fama de tierra inundada en oro (decían en Europa que se caminaba con el metal en polvo hasta los talones), la escasez de médicos, y el rápido aumento de la población de la provincia, continuó atrayendo médicos a Antioquia. El médico inglés William Jervis fue el primero que llegó a ejercer su profesión en las minas de Marmato en el año de 1826, probablemente solicitado a Inglaterra por Mr. Walker. El Médico llegó cuando Boussingault entró a ser el primer Director de la Sociedad Colombiana de Minas. El Dr. Jervis estableció allí un modesto hospital para obreros y empleados, aplicó y divulgó el uso de la vacuna contra la viruela y de las peligrosas sales de mercurio (calomel o cloruro mercurioso: HgCl2) contra la sífilis y, sin duda, tuvo que hacer numerosas cirugías sin anestesia (la que no se había inventado aún) usando en su lugar mucho opio y aguardiente, por los múltiples y graves accidentes corporales que la minería ocasionaba a los obreros, y que eran peores aún en los socavones que en las playas y vegas de los ríos. 118 Cuando cumplió su contrato, vino a vivir a Medellín. Aquí siguió atendiendo enfermos y accidentados, y le correspondió trabajar duramente en la epidemia de cólera de 1834. Lamentablemente todos sus pacientes murieron. Deprimido y decepcionado de la profesión, se dedicó a la “guaquería”. En sus andanzas por los alrededores de Medellín, en el pueblo de Hato Viejo (hoy Bello) observó unos terrenos de arcillas lateríticas, de fuerte color rojo. 112. Inmigrante destacado como pionero, junto con su hermano Paul, de la industria cervecera en Antioquia, aspecto que se tratará más adelante en este mismo documento. 118 El uso del óxido nitroso, o gas hilarante (NO) como anestésico quirúrgico fue inventado después, en 1844, por el Dr. Horace Wells en Inglaterra. En 1846 los doctores Warren y Morton, en Estados Unidos, usaron el éter llamado sulfúrico o etano-oxi-etano. En el año siguiente el médico James Y Simpson encontró y aplicó el cloroformo o triclorometano, para este fin.

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Como seguramente recordaba las clases de Química que había recibido en su escuela de Medicina en Inglaterra, advirtió que eran minerales con alto contenido de hierro (limonita, FeO y hematita: Fe2O3). Improvisó un pequeño alto horno encendido con carbón vegetal, adicionando cal viva (CaO), y produjo así el primer lingote de hierro que se fabricó en Antioquia (y en todo el país, después de los de la Ferrería de Pacho). Esos mismos conocimientos de Química Médica le sirvieron para montar una buena botica en Medellín, que fue la primera que hubo en esa ciudad. Allí mismo falleció en fecha que no se conoce.

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- MÁS TÉCNICOS MINEROS EN TITIRIBÍ 106. En su viaje de 1857 a Freiberg, su escuela nutricia, Moore contrató a cuatro maestros mineros para ocuparlos como técnicos especializados en su Hacienda de Fundición de Titiribí, en el caserío de Sitio Viejo, la que ya tenía problemas económicos porque los dueños de El Zancudo le estaban suspendiendo el envío de minerales auroargentíferos, encareciéndoselos y disminuyéndoselos. El conde Bourmont acababa de asociarse a la empresa con un buen aporte de capital. Es probable que Moore pensara que con esto, y mejorando la calidad, los rendimientos físicos y los costos unitarios, pudiera defenderse de sus desleales competidores antioqueños. Por eso trajo a Karl Moritz Koch, Karl August Gelgert, Friedrich C. Martin y Robert Müller, quienes llegaron en 1858. Sus contratos, redactados en alemán y en español, los obligaban a trabajar con Moore durante seis años; pero los salarios que se les ofrecieron eran muy altos, inclusive comparándolos con los de Alemania en ese tiempo. Las condiciones laborales eran severas: jornadas de 12 horas diarias, incluyendo los domingos, si fuera necesario; prohibición absoluta de huelgas119; abstenerse estrictamente de trabajos “paralelos”; un salario escueto y sin reajustes; 200 francos (4 francos equivalían a un peso oro) para gastos de viaje; descanso semanal sólo en domingo, salvo cuando le fuera exigido al subalterno. Se le daba a crédito otros 200 francos para la familia del contratado, quien debía pagarlos por la renuncia al 25% de sus primeros sueldos mensuales. El contratado debía observar intachable comportamiento personal; respetar todas las costumbres civiles y religiosas de la Nueva Granada; se abstendría rigurosamente de escándalos públicos, so pena de aplicarle sanciones pecuniarias o de prisión, según la gravedad. Tendría derecho a asistencia médica y a medio sueldo durante una enfermedad, “bien entendido que ella no hubiera sido causada por descuidos o por excesos”. Si la empresa abrogara el contrato sin justificación o sin previo aviso, se indemnizaría al contratado con dos salarios mensuales. Al cumplir los seis años del contrato, y si el contratado salía del país antes de un mes de su retiro, se le pagarían los gastos de viaje a su ciudad de origen. Si el contratado no cumpliese con rigor alguna cláusula del contrato, la compañía podría despedirlo y cobrarle, además, una multa de 20 salarios mensuales120. A comienzos de 1858 los cuatro alemanes tomaron un barco en Hamburgo y en dos meses cruzaron el Atlántico hasta llegar a Santa Marta. El itinerario usual, y ya descrito los trajo hasta Titiribí. Es seguro que ellos, por sus conocimientos, su experiencia y su trabajo personal, dieron a la empresa de Moore y Bourmont un fuerte 119

Las huelgas, en esa época de capitalismo feroz, en Europa, eran un delito sancionado con cárcel. En esos tiempos, las divisas internacionales eran la libra esterlina, equivalente a 5 pesos-oro de Colombia, y el franco, equivalente a 0,20 de nuestros pesos-oro. Los tipos de cambio entre todas las monedas eran fijos, y estaban atados al “respaldo en oro” o contenido físico de ese metal. 120

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empuje técnico, y que los subordinados y compañeros antioqueños de los alemanes, en el trabajo, aprendieron mucho de ellos. Pero, como veremos, no dejaron de causarle dolores de cabeza a su contratante. 107. Karl Moritz Koch había sido entrenado como experto minero (“Bergwerkemeister”) en Freiberg. Su salario sería de 250 francos mensuales, o sea 3.000 francos anuales (equivalentes entonces a 750 pesos oro anuales), más el subsidio para movilizar la familia (200 francos) y el anticipo reembolsable (otros 200 francos), y las demás condiciones ya dichas. Llegó a Sitio Viejo como en mayo de 1858 y entró a trabajar en la preparación de minerales. Trabajaba duramente, sin duda. Pero en 1860, dos años y medio después de haber firmado su contrato con Moore, fue demandado por éste por incumplimiento de varias cláusulas del contrato, incluyendo que había faltado al trabajo durante cinco días por embriaguez continuada. Se le obligó a pagar una multa de 1.000 pesos oro (4.000 francos). Al parecer, su vida fue siempre desordenada y pobre, debido a la bebida. Nunca se adaptó a la vida en el país y tuvo mil conflictos con trabajadores y con vecinos. Un día le hizo un tiro a su concubina que casi la mata. Enseguida ambos se enzarzaron en una trifulca armada con vecinos. Además, lo afectaron las “fiebres” (malaria, seguramente), la disentería y el hígado (¿cirrosis?). Fue tan conflictivo que finalmente la compañía lo despidió a los cuatro años de contratarlo. No se sabe cómo pudo regresar a Alemania. 108. Karl August Gelgert había firmado su contrato en 1855, tres años antes que Koch. Posiblemente lo hizo por interpuesta persona, porque en ese momento Moore estaba viviendo en Titiribí, cerca de su planta en Sitio Viejo. En todo caso, Gelgert llegó allí en el mismo año de 1855; se le asignó a la sección de los hornos. Estaba obligado a trabajar 12 horas diarias con un salario de 171,50 reales mensuales, o sea 17,15 pesos oro por mes, muy inferior al de Koch121. En el año siguiente Moore lo demandó porque Gelgert abandonaba el trabajo, diariamente, antes de la hora de relevo, “perjudicando gravemente el funcionamiento de los hornos a su cargo”. El juez del caso lo condenó a la deportación y a reembolsar a Moore los gastos de su venida de Sajonia. El alemán pidió clemencia; lo amnistiaron, y tuvo que amoldarse al contrato por los cinco años restantes. 109. Friedrich C. Martin era un excelente maestro mecánico. Este título profesional, en alemán, se decía “Metallbaukasten”, y los de esa nacionalidad, ya en ese tiempo, eran casi tan competentes como los que hoy llamaríamos con propiedad, un buen ingeniero mecánico. Martin había sido preparado, así como tantos otros ya mencionados, en Freiberg, y allá se lo recomendaron a Moore, quien lo trajo a nuestro país junto con Gelgert, en1855, con el mismo propósito: trabajar en mejorar la eficiencia y la calidad de los productos de su Hacienda de Fundición de Titiribí. Pero no sólo trabajó allí, sino que cumplió una gran actividad mejorando explotaciones mineras en toda Antioquia, incluyendo las de regiones de pésimos climas, como Zaragoza, Cáceres, Segovia, Remedios y el bajo Porce. En esta última región adquirió unas úlceras en las piernas que le causaban dolores atroces122. Llegó a quedar incapacitado permanentemente para trabajar y aún para caminar. Esto, y los 121

Un real era un décimo de peso-oro; un jornalero antioqueño ganaba 12 a 14 reales por mes. En Antioquia, anteriormente, esta dolencia era llamada “pián” o “espundia”, y era causada por un parásito microscópico que se interna en la piel de la víctima y destruye el tejido epitelial. Podría ser la que ahora se llama leishmaniasis. 122

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dolores espantosos lo llevaron al desespero y terminó suicidándose con un disparo de escopeta. 110. Carlos Müller era graduado también en Freiberg como maestro minero, o experto minero (en alemán: “Bergbaumeister”).Vino a trabajar en la planta de Moore, en el corregimiento de Sitio Viejo, pero se radicó en la población de Titiribí. Aquí había una numerosa colonia de alemanes, la cual era muy notoria porque [Molina L.: 1989], casi todos eran borrachos, tahúres, peleadores, apostadores de galleras, y clientes asiduos y peleadores de prostíbulos y cantinas. Después de los seis años de trabajo en la Hacienda de Fundición de Titiribí, con Moore, cumplidos en 1861, permaneció en nuestro país trabajando en otras minas, en talleres metalmecánicos y en otros oficios propios de sus saberes. En 1893 fue a dar a Rionegro, donde ya prosperaba una industria de zapateros artesanos, que necesitaban cueros curtidos, que había que llevar allá de Medellín, y no siempre bien procesados. Por eso Müller se asoció con un comerciante acaudalado de Medellín, y montó una tenería (o curtiduría, o curtimbre), accionada por una caldera y máquina de vapor de Watt. Para esto, Müller debió haber aprendido en Freiberg, por su cuenta, bastante química orgánica e inorgánica; y así pudo haber organizado el suministro de sus insumos: taninos, sal, cal, cromatos, polisulfuro de sodio, soda cáustica en escamas y otros, que en el país todavía no se producían. Esta tenería fue una de las primeras que funcionó en el actual departamento de Antioquia, y operó por muchos años, hasta bien entrado el s. XX. Así también duró la manufactura de calzado en Rionegro hasta después de mediados del s. XX. 111. Molina L. [1989] agrega que en la misma época de los anteriores, (década de los años 1840) vinieron los mineros alemanes Heinrich Wagner Sauer y Johann Abbe [Gallo: 2009, p. 470]. Heinrich Wagner Sauer nació en la población de Clausthal, en el matrimonio de Christian Wagner y Henrietta Sauer. Fue traído a Marmato por su paisano, el geólogo alemán Karl Degenhardt. Lo más probable es que fuera ingeniero de minas y no solamente un obrero especializado. El 11 de febrero de 1850 contrajo matrimonio en esa misma población con doña Manuela Domínguez Silva, con quien andando el tiempo, tuvo cinco hijos: Manuel, Guillermo, Julián, Enrique y Emilia. A su vez, estos se casaron en poblaciones de la región vecina a Marmato, lo cual indica que D. Heinrich permaneció en la Nueva Granada y que terminó sus días aquí. En cuanto a Abbe, parecería que regresó a Alemania al terminar de cumplir su contrato de trabajo en Marmato con Dehenhardt. 112. Molina L [1989] también menciona al ingeniero inglés Richard L. Marshall como uno de los últimos británicos que vinieron a trabajar en las minas de Titiribí. Infortunadamente no ha sido posible, para este autor, encontrar más información sobre este personaje. Podría presumirse que permaneció por lo menos los consabidos tres o cuatro años que duraban los contratos para los ingenieros europeos que venían a las minas. Y es casi seguro que después retornó a su patria. 113. Veintiocho años trabajó Moore en Titiribí: trece como ingeniero de El Zancudo y quince en su propia empresa. Posteriormente trabajó al servicio de otras minas cerca de Santa Rosa de Osos, y en las minas de Santa Ana y La Constancia cerca de Anorí. En todas partes instaló máquinas motrices de vapor, enseñó a construir y a usar los molinos “cornish” y los “molinos de arrastre” para amalgamar minerales, y las máquinas de vapor 86


de Watt123; y a aplicar técnicas y máquinas modernas de minería, como la amalgamación, los “arrastres”, la rueda hidráulica, la mesa de concentración de Wilfley, los crisoles para fundir metales, y los “modernos” métodos de amalgamación y de docimasia que se usaban en ese tiempo, para reconocer minerales. Por esta época, este ingeniero incansable levantó el primer mapa geológico de Antioquia que existiera. En uno de los años medianeros de los cincuentas, Moore se nacionalizó como colombiano y casó en Rionegro con doña Nepomucena Mejía Lorenzana, parienta del prócer Liborio Mejía. Con ella tuvo dos hijos: Plantagenet y Juan Francisco. Después de afrontar muchos problemas técnicos y comerciales, y con la ayuda de Greiffenstein, Moore logró estabilizar su propia fundición de plata de 0,900 de pureza en barras y de oro refinado en lingotes, en Titiribí, hacia 1861. En ese momento la Hacienda comenzaba a producir utilidades, no sin serias dificultades por materias primas. Su dueño se asoció con el Conde Bourmont [si nos atenemos a lo que dice Ramos: 2007] o el Conde le compró a Moore [según Molina L.: 1989]. La negociación valió 600.000 pesos oro, que en ese tiempo era una suma enorme. Salvador Camacho dice en sus Memorias que quien tuviera en esa época un capital de 200.000 pesos oro era un potentado y que en toda la Nueva Granada sólo habría un puñado. Bourmont dirigió la Hacienda durante diez años de conflictos con el comerciante Carlos Coriolano Amador, nuevo accionista principal de El Zancudo. Finalmente, la Hacienda quebró porque El Zancudo, dominado ahora por Amador, le suspendió a aquélla −que le competía exitosamente− el suministro de los minerales auroargentíferos a que se había comprometido con Moore. Bourmont y Moore, sus dueños, la cerraron. En el municipio de Titiribí, en su caserío de Sitio Viejo, quedan todavía algunas ruinas de los hornos que montaron y operaron Moore, Greiffenstein, Bourmont y su auxiliar Koch. En mayo de 1858 Moore viajó con su esposa a Europa, para visitar a su familia inglesa y para llevar a la Escuela de Minas de Freiberg a Santiago Ospina Barrientos, hijo de don Mariano Ospina Rodríguez, y a otros dos jóvenes antioqueños, para que estudiaran y se graduaran allí como ingenieros de minas [Ramos: 2007 y Safford: 1976, aunque con diferencias menores], lo cual culminaron todos ellos en 1862. En épocas posteriores, ya como próspero empresario, Moore intentó establecer la navegación en vapores por el río Cauca en Antioquia, desde Mompox hasta Santa Fe de Antioquia, pasando por el puertecito fluvial de Espíritu Santo, a donde llegaba desde el interior de la Provincia, una gran cantidad del oro que producía Antioquia. Pero después de algunos intentos desistió de esta empresa por las dificultades técnicas del Cauca para navegarlo en su tramo montañoso de Antioquia. Pidió también al Gobierno que le diera 100.000 hectáreas de baldíos en el Bajo Cauca antioqueño, para fundar una colonia de inmigrantes extranjeros, pero no lo consiguió debido a la oposición cerril de los curas de pueblos vecinos, temerosos en su fanatismo de que llegaran europeos protestantes a contaminar a sus feligreses católicos. En este proyecto Moore se inspiró en el caso de la Colonia Tovar, al occidente de Caracas, que había fundado Codazzi con familias inmigrantes alemanas, en 1845, con el apoyo del Presidente Páez. En su lugar, Moore construyó un largo camino de 13 leguas (unos 65 km.) desde Yarumal hasta la población de Ayapel (en el actual departamento de Córdoba), que se llamó popularmente “el camino del Pedrero”, para traer ganado de las planicies del Bajo 123

La máquina de vapor reciprocativa, la de ciclo termodinámico de Rankine, era desconocida en la Nueva Granada, todavía a más de 50 años de ser inventada por James Watt, debido a la prohibición que los españoles coloniales habían mantenido prohibido su uso, por su aversión a la tecnología moderna y porque suponían (con razón) que iría a ser usada para fines industriales, lo cual era prohibido practicar en estas sus colonias.

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Cauca al interior de Antioquia. En esa región, al pie de la población de Valdivia, montó una gran hacienda cañicultora, con las mejores cultivariedades traídas de Jamaica, y un trapiche panelero de grandes dimensiones movido por máquina de vapor. Ésta fue una de las empresas con más éxito económico que tuvo. Moore se radicó con su familia en Medellín y desde allí continuó haciendo trabajos como ingeniero y como empresario. Había hecho, en 1830, los planos para fundar la población de Fredonia (a la cual le dio el nombre), trazó sus calles y dirigió su construcción inicial. Cerca de allí, Moore estableció una gran finca de café. Ya en Medellín, entre 1860 y 1862, hizo el primer plano de esta villa, y lo usó para urbanizar una buena parte de las tierras que rodeaban a la pequeña ciudad de entonces. Con estas empresas acumuló una respetable fortuna. En esos días escribió sobre temas geográficos y mineros en la revista El Amigo del País, en Medellín, así como una extensa y brillante Memoria sobre aspectos geológicos y técnicos de la minería de Antioquia, que hoy es muy poco conocida, y que sería importante descubrir y reproducir. En 1863, Moore se trasladó a Bogotá, donde fundó una fábrica de ladrillos y estableció una gran finca cafetera en el municipio de La Vega, al occidente de Cundinamarca, con el propósito de exportarlo. En 1865 compró y explotó minas de cobre que había en Moniquirá (Boyacá), y al año siguiente viajó nuevamente a Alemania a contratar técnicos mineros para establecer una planta de producción y refinación de plata en las ya muy mencionadas minas de Pamplona. Moore falleció en Bogotá el 26 de febrero de 1881. Hasta los años medianeros de los sesenta del s. XX existió en la Capital de la República la Fábrica de Tubos Moore, de propiedad de sus bisnietos. Una calle de Medellín lleva su nombre.

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LA METALURGIA DE LA PLATA EN EL ZANCUDO

114. El proceso “mexicano” para obtener plata metálica a partir de las vetas y de los minerales naturales de plata (silvinita, AgO; argentita, Ag2S; y cerargirita, AgCl), que aplicó Moore, primero en El Zancudo, y después en su propia empresa de la Hacienda, consiste en las siguientes operaciones: a) triturar y lavar las rocas; b) lixiviar el triturado con soluciones concentradas de sal común y sulfato de cobre (obtenido por tostación de las abundantes piritas que hay en las gangas) con lo cual se obtiene cloruro de cobre y cloruro de plata, los cuales son sólidos blancos, que se precipitan; c) se separan éstos por filtración; d) la mezcla de los dos cloruros se trata con mercurio (líquido), el cual reduce la plata del cloruro, y la disuelve, formando la amalgama Ag/Hg; e) se destila la amalgama, el mercurio se recupera, líquido, por ser más volátil (punto de ebullición: 962°C), y en el fondo del crisol queda la plata, que es mucho menos volátil que el mercurio, pues funde a 962°C y herviría a los 1.944°C; f) para refinar la plata se lava con ácido clorhídrico diluido, se refunde y se vierte en lingotes. Así lo hicieron D´Elhúyar y Wiessner en Santa Ana, hacia 1790 (con éxito inicial que no perduró); Moore en Marmato y en Titiribí, hacia 1828 (con éxito); y Wiessner y los ingleses en las minas de Pamplona, hacia 1830 (sin éxito). Hoy en día (2010) ya no se usa este método. Pero en el s. XVIII y en el XIX fue el método para extraer plata de sus minerales y de sus vetas que predominó en Latinoamérica. 115. El otro proceso industrial que Moore aplicó en la planta de El Zancudo y en la suya propia, fue el de aprovechar minerales auroargentíferos, tanto en roca como en piritas, calcopiritas, galenas y blendas, para extraerles las intrusiones, adherencias e hilos de oro y 88


de plata, triturarlas y lavarlas; calcinar la mezcla sólida para eliminar el azufre; después tratar la mezcla de rocas inertes, incluyendo sales de plata y fragmentos de oro, con coque para obtener los dos metales puros por reducción química de sus óxidos y sales; y luego pasar al horno de amalgamación en donde se separa la amalgama resultante de los áridos, por decantación; y finalmente la destilación a diferentes temperaturas volatiliza primero el mercurio (P. de F.: 357°C), funde después la plata, que sobrenada por fundir primero y ser más liviana, (P. de F.: 962°C. Densidad específica: 10,5) y se vacía en lingotes; y finalmente funde el oro (P. de F.: 1.063°C; densidad relativa: 19,3), como metal puro y derretido, que se vacía líquido en lingoteras.

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- LA MISIÓN DEL RIVERO − BOUSSINGAULT 116. En 1822, dos años antes del famoso empréstito inglés de 1824, Santander pidió al embajador Zea, en Londres, que viajara a París y solicitara al Secretario de la Academia Francesa, quien a la sazón era el eminente naturalista Georges Cuvier, que formara una comisión de científicos para venir a Colombia a estudiar nuestros recursos mineralógicos y metálicos y a establecer una “escuela de minería”. Cuvier formó la comisión, que fue encabezada el científico peruano Mariano Eduardo del Rivero, mineralogista, químico e ingeniero de minas de L´École de Mines de París. La constituyeron también el naturalista Justín Marie Goudot, el médico Francois Desiré Roulin, el entomólogo Jacques Bourdon, y el joven químico Jean Baptiste Boussingault, recién graduado en L´École de Mines de Saint Étienne. Sus contratos eran por cuatro años, es decir hasta 1826. La comisión llegó en octubre y noviembre de 1822; se estableció en Bogotá, y se dedicó a establecer la Escuela de Mineralogía y un Museo de Ciencias Naturales, de minerales y de rocas, que deseaba el Gobierno. Pero las dificultades eran muchas: sólo dos o tres estudiantes se inscribieron en la escuela de minería; el material para el museo era muy poco y muy difícil de obtener; los sueldos de los profesores extranjeros eran tan altos como los de los ministros; el erario nacional vivía exhausto por las guerras de Bolívar en Ecuador, Perú y Bolivia; no se conseguían libros ni material de laboratorio; las dificultades para importar materiales e instrumentos eran muy fuertes; la barrera del idioma no les permitía dar muchas conferencias públicas, excepto a Del Rivero y a Bousingault, quien aprendió el español durante el viaje en barco de Marsella a Cartagena. Del Rivero y Bourdon hicieron algunas colecciones de minerales y de insectos. Pero en 1824 Santander y los científicos renunciaron al proyecto, por absoluta imposibilidad material. Sin embargo, por fortuna, esta misión dejó un museo de historia natural muy bien dotado y bien organizado que, con el tiempo se convirtió en el Museo Nacional que conocemos en Bogotá. En seguida veremos lo que cada uno de ellos hizo en la Gran Colombia. 117. Jean Baptiste Joseph Dieudonné Boussingault nació en París el 2 de febrero de 1802. Vino a Colombia en 1822, de 20 años de edad, con un contrato de cuatro años para enseñar Química y Mineralogía, hacer estudios sobre nuestra mineralogía y minas, y con el gran deseo de conocer volcanes activos, los cuales no existen en Francia. Tenía entonces 20 años. De inmediato, en 1823, comenzó a publicar memorias científicas en periódicos de París y Bogotá. Al disolverse la misión, Boussingault viajó a las minas de Santa Ana, a varias zonas mineras de Antioquia, el Chocó, Marmato y Supía. Acompañó a Walker en su recorrido en el cual éste compró todas las minas que encontró, como ya dijimos. En todas 89


las minas que visitó aportó conocimientos modernos, prácticas químicas y mineralógicas nuevas, y más elementos de mejoramiento, con gran beneficio de sus productividades. Viajó por los Llanos Orientales, bajando por el río Meta llegó hasta el Orinoco. En todas partes coleccionaba minerales y rocas. Nombrado desde Londres por los banqueros ingleses como Superintendente de la Asociación Colombiana de Minas, intervino en la renegociación del contrato del Gobierno de Santander con la voraz Colombian Mining Corporation. En 1827 pasó de la cuenca del Magdalena a la del Cauca con la misión de examinar el estado y el funcionamiento de las minas de la Vega de Supía. El informe que rindió sobre este trabajo fue una excelente descripción geológica de los terrenos de la Vega de Supía. En esta ocasión compró para la Sociedad Colombiana de Minas seis minas de filón de oro y plata en Marmato, cinco de oro en Quiebralomo y una de aluvión en el Llano de Supía. En Marmato trabajó Boussingault como Director de las minas desde 1828 hasta 1830. Años después escribía el químico francés: En 1826, cuando por la primera vez visité estas minas, Marmato no era otra cosa que la reunión de unas cabañas miserables habitadas por negros esclavos. En 1830, época en que salí de aquellos lugares, Marmato presentaba el aspecto más animado, se veían grandes talleres, fundición de oro, máquinas para triturar y amalgamar el mineral. Más de tres mil habitantes, todos libres, vivían en el declive de la montaña. (Luego se extiende sobre la geología de esa región).

El libro de las Memorias de Boussingault relata sus trabajos, sus andanzas y experiencias en la Nueva Granada, y especialmente en Antioquia. En esta Provincia trazó los planos de las calles y de las plazas de las poblaciones de Rionegro, Miraflores (hoy llamada La Ceja) y Marinilla. Estuvo en Medellín, cuando la pequeña ciudad tenía solamente 14.800 habitantes. Pasó luego a la vecina población de Envigado y después a Titiribí; bajó al río Cauca, en una balsa se embarcó para la Ciudad de Antioquia, y de ésta regresó a Medellín pasando por Sopetrán y San Jerónimo. Estuvo también en Buriticá y en Santa Rosa de Osos, conociendo minas de socavón, en la primera, y minas de aluvión, en la segunda. En nuestro país vivió, viajó y trabajó casi diez años. Finalmente, en 1831 viajó al Cauca y al Ecuador, para después regresar a su nativa Francia. Boussingault hizo después valiosos aportes a la ciencia mundial, como fueron sus estudios de la química de las plantas y la fundación del Instituto Agronómico de París. Por eso se le llama, merecidamente: Padre de la Química Agrícola. En París ayudó a Humboldt a publicar su monumental obra sobre los viajes del alemán al Nuevo Mundo. Las revistas científicas francesas de su tiempo contienen innumerables documentos escritos por él. En 1840, con Alexander Humboldt y Francois Arago, recibió a Codazzi en la Academia de Ciencias de París y le ayudó a publicar su inmenso atlas sobre Venezuela. Después de una fecunda vida, Boussingault murió en París el 11 de mayo de 1887. A él se deben amplios estudios sobre la geología y sobre la mineralogía de las minas antioqueñas y las de Santa Ana, y muchos esfuerzos por divulgar métodos más avanzados para su beneficio, como un nuevo método de destilación del mercurio en el proceso de amalgamación, el conocimiento de la copelación, el uso del agua regia, la prueba del soplete en carbón, la perla de bórax, y otros. Boussingault es una figura central en la historia científica y de la ingeniería en Colombia. Safford [1976] dice, equivocadamente, que el viaje a Colombia fue para Boussingault algo así como una excursión ocasional, una curiosidad de juventud, y que el joven sabio despreciaba el medio 90


colombiano. Está equivocado. El sabio francés dice en sus Memorias que Medellín le pareció muy agradable por su clima suave y permanente y “par la beauté de ses charmantes dames”, lo cual no indica ningún desagrado. Agrega que no sólo que disfrutó mucho de su estadía en la Nueva Granada, como experiencia personal enriquecedora, sino que le descubrió su interés científico en la Química Agrícola, además del que ya tenía sobre la Química Mineral y la Metalurgia. Fue, sin duda, uno de los tres o cuatro grandes científicos descollantes en el mundo, que hayan venido a traer a Colombia sus multivariados saberes para bien del país. 118. Mariano Eduardo del Rivero, un joven y brillante profesional peruano,se había graduado como químico, metalurgista e ingeniero en la Real Escuela de Minas de Francia. Fue contratado como primer director del recién creado Museo de Historia Natural Nacional. Llegó con sus compañeros en el año antedicho a uno de nuestros dos puertos: Cartagena o Barranquilla; subieron a Honda en champán, y llegaron a caballo a la pequeña Bogotá de entonces, que tenía apenas unos 30.000 pobladores. Del Rivero organizó un programa de conferencias públicas, en el que participó el Pbro. Dr. Juan María Céspedes, un brillante naturalista autodidacta caleño. Al mismo tiempo insistió, acompañado por Boussingault y apoyados ambos por Santander, en el empeño de fundar una “Escuela de Mineralogía”. Del Rivero devengaba el sueldo exorbitante de $4.000 anuales, el equivalente al doble del de un juez de la Alta Corte Suprema, y convenido, antes de venir, con el estrafalario Zea en París. Tal vez por escrúpulo el Químico peruano ofreció contribuir con $1.000 anuales de su propio sueldo para el Museo Nacional y la Escuela de Minas. El proyecto de la Escuela de Mineralogía fracasó como ya se dijo. Finalmente, cumplido su contrato, en 1825, Del Rivero se fue al Perú. Poco dejó en Colombia, pero no por su culpa. Sin embargo, como obra suya quedó el Museo Nacional, bien equipado y administrado 119. El médico francés Francois Desiré Roulin, (Rennes, Francia, 1793 − París, 1874) vino en 1823, contratado para seis años. En sus libros y en su mente traía la medicina anatomoclínica de René Théofile Laënnec, que era una escuela médica rival de la escuela escocesa de William Black. Trajo consigo los instrumentos propios de su profesión que veremos más abajo. Enseñó Anatomía y Fisiología en el Museo de Historia Natural y en la Universidad Central, creada por Santander, y escribió varias memorias, en colaboración con Boussingault, en los salones del Museo que ellos organizaron con Del Rivero; y enviaron esos trabajos a Francia, donde fueron muy apreciados. En 1824 participó en una expedición científica para hacer la cartografía y la localización geodésica del río Meta, hasta el Orinoco. En el año siguiente, contratado por la Western Andes, fue a las minas de Supía y Marmato a instalar servicios médicos para el personal de mineros. Además, Roulin, era un muy buen pintor y en todos sus recorridos realizó bellos dibujos de animales y plantas. Disuelta la Universidad Central por Bolívar, en 1828, éste le anuló su contrato. Dice doña Pilar Moreno de Ángel que, perseguido políticamente (sin duda por ser leal a Santander), tuvo que abandonar su profesión científica, en la más absoluta pobreza para dedicarse, por necesidad, a la pintura. En 1829 pintó un retrato de Bolívar 124 que años después le serviría al escultor Tenerani para vaciar la estatua del Libertador que existe hoy en la plaza central de Bogotá. Un documento de la biblioteca Luis Ángel Arango dice que en dicho año regresó con su familia a Francia; que siguió trabajando en actividades científicas y 124

Combes Margarita [1942] Roulin y sus amigos.

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académicas hasta su muerte, y publicando trabajos en las revistas “Le Globe”, “Le Temps” y “La Revue de Deux Mondes”, Safford agrega que poco después publicó en París su libro Histoire naturelle et souvenirs de voyage [1976] y “various other works on New Granada”. Safford dice también que Roulin volvió a Francia en 1828 o en 1829, cuando cumplió su contrato. El documento citado de la Biblioteca Luis Ángel Arango informa que Boussingault y Roulin publicaron juntos, en París, el libro Viajes científicos a los Andes Ecuatoriales o colección de memorias sobre física, química e historia natural de la Nueva Granada, Ecuador y Venezuela, presentados a la Academia de ciencias de Francia, el cual fue publicado por Lasserre Editeur en 1849. Anota finalmente que el médico Roulin falleció en París en 1874. Doña Pilar Moreno de Ángel y doña Margarita Combes afirman que el médico francés murió en Bogotá, en una profunda pobreza y en fecha desconocida125. Safford da una versión parecida: Dice que ni ofreciendo sus servicios como médico y como pintor pudo sostener a su familia y que, al final, andaba en Bogotá en extrema pobreza, con camisas que su señora le hacía con las cortinas de la casa. No parecen verosímiles estas versiones. 120. Justin Marie Goudot no era un académico propiamente. Era un preparador de laboratorio y técnico taxidermista. En Bogotá se dedicó a coleccionar muestras de flora y fauna, a prepararlas para el Museo Nacional, a formar con ellas colecciones de pájaros, reptiles y batracios, y a construir instrumentos de laboratorio. Enseñó algo de estos oficios en el Colegio Mayor de San Bartolomé y en un museo de la Escuela de Medicina. Le rescindieron el contrato como a Roulin y a Bourdon, probablemente por la misma razón política. Puso una botica con “extractos”, “tinturas” y “esencias” vegetales y otras sustancias de la Iatroquímica de Paracelso, quien se llamaba a sí mismo con el impresionante nombre de Felipe Aureolo Teofrasto Bombasto Paracelso von Hohenheim. Había nacido en Basilea en el s. XVI; se hizo médico autodidacta y viajante, y fue el primero que formuló productos químicos como medicamentos a sus pacientes, como lo fue el sulfato de sodio (Na2SO3) para el estreñimiento. Dichos materiales (y los que abajo se mencionan) los dosificaban Goudot y sus colegas en el mismo local con balanzas y probetas graduadas, y poco tenían de medicamentos pre dosificados y pre envasados. En esos días se le llamaba a un establecimiento de este tipo, una “apoteca”. Dice doña Pilar Moreno en su biografía de Santander que Goudot murió en Honda años después. Es presumible que fuera una víctima más de la malaria o de la fiebre amarilla, que en ese tiempo pululaban en Honda. 121. Es oportuno recordar en qué consistía o qué contenía una apoteca (que no es exactamente como lo que hoy se llama una botica): tintura de yodo, desinfectante; tintura de ruibarbo, como digestivo; mercurio cromo, como antiséptico; salvarsán, como antisifilítico; acido fénico (o ácido carbólico, o fenol, C6H5OH), antiséptico fuerte; salicilato de metilo, para inflamaciones superficiales; permanganato de potasio (KMnO 4), como fungicida; hipoclorito de sodio (NaClO3), para higiene femenina, y de calcio [Ca(ClO3)2], bactericida para aguas; agua oxigenada (H2O2), para desinfectar heridas abiertas; glucosa líquida (C6H12O6), para preparar jarabes; sal de Glaubert (sulfato de sodio: 125

Un documento de la Biblioteca Luis Ángel Arango, firmado por doña Carmen Ortega Ricaurte dice también que Roulin volvió a París con su esposa y su hijo único en 1828. Describe muchas actividades científicas suyas y viajes en años posteriores y que murió en París el 5 de junio de 1874.

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Na2SO4), como laxante suave; sal de Epsom (epsomita o sulfato de magnesio: MgSO4.7(H2O)), contra el estreñimiento; tintura de crataegus, para dolores superficiales en piel; tintura de genciana, contra dermatitis por hongos; láudano de Sydenham para dolores de estómago; extracto de passiflora tranquilizante; tintura de boldo para trastornos hepáticos; extracto de alcachofa, para derrames biliares; extracto de zarzaparrilla para “depurar la sangre” (entiéndase: aliviar enfermedades venéreas); aceite de ricino (o de higuerilla) y aceite de quenopodio, como purgante vermífugo; azul de metileno contra infecciones de piel; levadura de cerveza en solución; ácidos sulfúrico, clorhídrico, acético y tartárico; bicarbonato de sodio (NaHCO3); sal amoníaco (cloruro de amonio: NH4Cl, sólido) para reanimar desmayados; mercurio metálico líquido; calomel (cloruro de mercurio monovalente: HgCl); tincal (boracita, o bórax natural (Na2B4O7. 10H2O); alumbre [(K Al. (SO4)2] como hemostático; bromuros (X.Br) como ansiolíticos; opio anestésico y analgésico; creosota y guayacol expectorantes; alquitrán médico; “flor” de azufre (azufre puro y pulverizado); yeso para inmovilizar fracturas; y otros materias de uso médico. Todo estaba contenido en potes de porcelana blanca y en frascos de color ámbar con tapa de vidrio. Para expenderlo se pesaba en balanzas con pesas de precisión hasta de un miligramo, y se procesaba en morteros, en retortas, en vasos de precipitación, en balones de destilación, en probetas graduadas, etc., para preparar con rigurosa exactitud la fórmula magistral del médico o del mismo apotecario. 122. Jacques Bourdon era también un especialista en técnica biológica, curador de museo y también entomólogo empírico (lo que no significa que fuera malo). Todo su trabajo en Bogotá fue el de coleccionar insectos para dotar el Museo. Él también fue destituido pero permaneció en la Nueva Granada, y, presumiblemente, murió en la misma Bogotá. No se conoce la última parte de su vida. Safford dice de Bourdon y de Goudot que “… their lives are wrapped in obscurity”. Tiene razón sobre el primero. Pero de Goudot ya se sabe cómo y dónde terminó. -

- LA PRIMERA MISIÓN MÉDICA OFICIAL (DEL GENERAL SANTANDER) 123. El interés de Santander por el desarrollo de las Ciencias, lo movió a traer al país a los médicos franceses Pedro Pablo Broc y Bernardo Daste, en 1823 (Daste era además, un competente químico). Con ellos vino también el médico inglés Lucius Davoren. Los dos primeros eran, por supuesto, de la escuela del famoso médico Laënnec ya mencionado. Los dos trajeron y enseñaron el uso de muchos nuevos instrumentos, prácticas y medicamentos que en el país no se conocían. Venían a un país lleno de tuberculosis, viruela, malaria, fiebre amarilla, sífilis, uncinariasis, disentería, desnutrición, tifo y otros males propios de la pobreza y del coloniaje español. La inmensa mayoría de los 2‟650.000 neogranadinos y los (quizás) 700.000 venezolanos de entonces carecían de vivienda higiénica, de medicamentos, y de salubridad. Andaban descalzos y vivían en zonas rurales carentes de todo servicio. Su pobreza y su ignorancia sólo les permitían una muy mala alimentación. Broc abrió un curso práctico de Anatomía (con disecciones en cadáver) y Daste fue nombrado profesor de Cirugía. Firmando la Ley del 18 de mayo de 1826, Santander fundó la Universidad Central, con estudios de Medicina y dispuso dar lecciones de Anatomía, Fisiología, Cirugía y Patología Interna. Buen número de estudiantes fueron discípulos de los dos médicos franceses, y más de diez de aquéllos obtuvieron el grado de Bachiller en 93


Medicina y de Doctor en Medicina mientras estuvo abierta la Universidad. Broc y Daste fueron duramente atacados por un médico criollo, un aristocrático doctor Merizalde, por celos profesionales. Pero, a pesar de éste, los dos galenos franceses fueron decisivos en la reapertura del Hospital San Juan de Dios. Habiendo ejercido la medicina durante diez años, Daste, con sus conocimientos de Química, que le permitían entender bien los procesos siderúrgicos, obtuvo del gobierno una ampliación de un “privilegio” anterior (por decreto de agosto de 1827), y formó una compañía, la “Sociedad Hispano Colombiana de Ferrerías” (lo de “Hispana” se debía a que incluía al socio español sefardita Luis Egea), la cual le compró a D. Jacobo Wiessner la Ferrería de Pacho. Dice D. Luis Ospina Vásquez [1979, p. 155], que Daste era “francés, médico, hombre de empresa y de avería”; y agrega que en el tiempo de la disolución de la Gran Colombia se estableció en el Ecuador, donde inició empresas de colonización y desempeñó papel activo en la política de ese país. Puede presumirse que fue aliado político del dictador venezolano de ese país, Juan José Flórez, porque en ese momento, nadie que no fuera adherente estrecho del dictador, podía actuar allá en política. Este último no era persona de fiar, pues no sólo traicionó a Bolívar aprovechando la mala hora del Libertador para arrancar al Ecuador de Colombia y declararnos una guerra, sino que manejó a ese país como un autócrata absolutista. Hay quienes dicen que cortejaba a doña Mariana Carcelén, marquesa de Solanda, la esposa de Sucre, y que esto no fue ajeno al asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho, crimen que se le atribuyó calumniosamente 126, al general José María Obando.

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Aún hay quienes hacen esta sindicación calumniosa contra Obando, sin ninguna prueba. Así lo hace, por ejemplo, Gabriel García Márquez en su novela El general en su laberinto. También Vargas Linares [2009] acusa con enfática audacia a Obando como autor intelectual del asesinato de Sucre, aduciendo varios hechos más imaginarios que reales en apoyo de su creencia. Además, inculpa al partido liberal de ser instigador del asesinato y veladamente salpica con esa culpa al general Santander (¡). Pero ignora, de manera injusta y temeraria, los muchos escritos que Obando redactó en Lima y en Santiago de Chile, estando desterrado allí en 1842 y 1843, demostrando su inocencia con muchos y válidos argumentos. Uno de esos argumentos es sumamente poderoso y nadie lo rebatió nunca: Que Obando no odiaba a Sucre; más bién lo respetaba como militar; nunca tuvo pleitos partidistas, militares ni personales con éste; y no tenía ningún móvil para destruirlo. Los dos actuaron juntos en muy pocas ocasiones: dos o tres en las campañas de Pasto y Ecuador, en 1827, como compañeros de armas colombianas y no más. Obando fue un personaje de suerte negra desde la cuna de su madre: hijo expósito sin padre ni apellido; recogido por una familia rica de Popayán, los Obando; inicialmente militar realista; un pésimo político; y un desastroso Presidente. Era un auténtico liberal demócrata; pero nunca tuvo disputas políticas con nadie, ni fue politiquero, sectario ni fanatico, como lo supone Vargas. En cambio, Juan José Flórez, recién auto-nombrado autócrata de El Ecuador, quien demostraría luego su crueldad y felonía, si tenía poderosos motivos para querer que Sucre no llegara vivo a Quito, pues era indudable que todo ese país pondría al Mariscal en la Presidencia de la minúscula y vacilante república. Dos veces fue juzgado Obando: una, por el presunto asesinato de Sucre, en la que fue absuelto; y la otra por su indigna entrega de la Presidencia a Melo en el golpe de éste en 1854. La fatídica suerte de Obando quiso que en 1861, por noble o ingenua lealtad con su partido, se sumara a las filas de Mosquera (quien siempre lo había odiado) en la guerra subversiva con que “Mascachochas” derrocó al reaccionario y viscoso señor Ospina Rodríguez. En una de las batallas finales de dicha guerra, que iba quedando a favor de Mosquera, cerca de Subachoque, Obando hizo una “sortie” imprudente, sin compañeros, y un sargento conservador con varios soldados, lo alcanzaron, solo y sin armas, y el sargento lo asesinó de un lanzazo salvaje. Vargas no logra ocultar su aquiescencia hacia este crimen. El cadáver sangrante del gran guerrero se lo llevaron a su esposa, en Bogotá. Pero, a pesar de su mala estrella, Obando había sido venerado por el pueblo raso de todo el país. Su sepelio fue un acto de multitudes como pocos había conocido la capital. Éste parece ser el final común a varios defensores del pueblo humilde de Colombia.

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En cuanto a Broc, al parecer, regresó a Francia después de algunos años en Colombia, si es que no falleció aquí. De todas maneras, estos dos médicos fueron muy efectivos pioneros de la Medicina del s. XIX en la Nueva Granada. 124. El doctor Lucius Davoren fue un médico que vino de Inglaterra, en la misma misión de Broc y Dasté. Nacido en la población de Corofin, condado de Claire, Irlanda, en 1795; estudió su profesión en el Royal Colege of Medicine, en Londres. Llegó a Bogotá en 1825, a servir en el Hospital San Juan de Dios, donde también trabajaban los médicos Broc y Daste, venidos desde dos años antes (1823). Fundado en los amplios conocimientos de química que entonces recibían los médicos en la universidad, Davoren sirvió como asesor de dos empresas de tenería de la Capital. A diferencia de Broc, quien volvió a Francia, y de Daste, que se fue al Ecuador, Davoren permaneció en la Nueva Granada, y murió en Bogotá en mayo de 1879. 125. Otro de los primeros médicos inmigrantes que vino tempranamente a las minas de Antioquia fue el Dr. Francisco Antonio Orta, venezolano, quien llegó primero a Bogotá, en noviembre de 1822. Allí el Dr. José Manuel Restrepo, antioqueño, ministro de Educación en el primer gobierno del general Santander, le sugirió que viniera a ejercer en Antioquia, en donde abundaba el oro y casi no había médicos. En 1823 llegó Orta a Medellín y allí ejerció por unos años en el Hospital San Juan de Dios. En las espantosas epidemias de cólera que sufrió la ciudad en 1834 y 1850, prestó inmensos servicios. Se casó allí con doña Milagros Lince. Falleció en Medellín, dejando un hijo. Curiosamente, siendo Orta un médico, su opinión sobre el valor económico de minas era tenida muy en cuenta. Hacia 1840 un señor Uribe, sumamente rico, cuando fue a comprar acciones de El Zancudo, lo llevó allá y le pidió su concepto sobre el precio de la empresa.

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LA PRIMERA CERVECERÍA EN ANTIOQUIA

126. Ramos [2007] dice que el apellido Nicholls vino con un caballero inglés de tal nombre, como funcionario técnico administrativo a las minas de Marmato y Supía (ya muy mencionadas). Pero Ramos parece no saber que con él vino su hermano mayor Paul (Pablo) Nicholls Huges, porque aquel no lo menciona en su excelente libro. Edward Nicholls Hughes127 nació el 8 de marzo de 1806. Dice Ramos [2007] que fue en Londres. Poveda opina que era irlandés, porque un descendiente de ellos se lo comunicó personalmente en 1950. Él y su hermano Paul eran hijos de Mr. Edward Nicholls y Mrs. Sarah Hughes. Desde muy joven Edward se enroló en la marina inglesa y viajó por el mundo recorriendo las muchas colonias británicas de entonces. Según diversas fuentes, no parece que hubiera tenido grado de ingeniero, y que fue un “self made man”. (La información de Poveda es que sí era ingeniero de minas). En 1820 vino a Colombia como superintendente de las minas de Santa Ana, enviado por la Howard Graham Powels & Co, que era el nuevo arrendatario de las mismas. Allí estuvo tres años, cumpliendo su contrato de servicio, sorteando mil dificultades. Luego la misma compañía lo trasladó, con el cargo de Superintendente General, a las minas de Marmato, que también ella controlaba como arrendatario y operador. En este cargo y en todas sus actividades Nicholls demostró 127

Gallo [2009] escribe equivocadamente, “Nicholls Heus”.

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capacidades muy sobresalientes de administrador de empresas de alto nivel técnico (como las de minas) y de empresario promotor, cualidades que seguramente le aprendieron muchos de sus subalternos. Después de cumplir su contrato con los ingleses fue a trabajar y a vivir, primero en Sonsón y después en Rionegro, donde se casó el 6 de agosto de 1836 con doña Salomé Mejía Villegas y luego vivió en La Ceja. Por ese tiempo también se casó Paul en Sonsón. En La Ceja, los hermanos Nicholls fundaron, en 1858, la primera cervecería “moderna” que hubo en Antioquia, con una fórmula inglesa e importando la cebada, el extracto lúpulo (llamado lupulino), las botellas, los tapones y los demás insumos. Para operar acertadamente una cervecería es indispensable aplicar buena tecnología y buena administración. Lo segundo lo aportaba D. Edward. Para lo primero era indispensable que D. Paul lo aportara. Por eso conjeturamos aquí que D. Paul debía ser ingeniero 128. Pero ellos mismos no eran maestros cerveceros experimentados, así que en 1852 trajeron de Inglaterra al técnico Charles Wright, quien sí lo era. Los Nicholls fueron los primeros empresarios cerveceros que hubo en Antioquia. Sin duda, algunos de sus empleados y trabajadores les aprendieron tanto a ellos como a Wright los oficios de la cervecería por el ya inveterado método de “learning by doing on the job”. 127. Fue toda demostración de energía empresarial la de traer desde Inglaterra, vía Cartagena, Honda, Sonsón, Miraflores, los equipos pesados y costosos que requería esa cervecería, así fuera pequeña y semiartesanal129. Dicho equipo constaba, casi seguramente, de lo siguiente:                

Molino pulverizador de malta germinada Olla de cocción despiezada en láminas de cobre Olla de filtro para mosto cocido Tanque de adición de lupulino Bidón para siembra de levadura Enfriadores de gas carbónico para tanques de fermentaciones Tanques cerrados para fermentación primaria Tanques cerrados para fermentación secundaria (maduración) Compresores para gas carbónico para enfriadores y para cerveza final Lavador de gas carbónico Filtro para cerveza madurada Lavadora de botellas Embotellador-gasificador-taponadora Caldera piro-tubular de evapor Máquina motriz de Watt, y Mecanismos sencillos para transmisión de potencia y de movimiento

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Esto nos lo corroboró, en 1950, el arquitecto Óscar Nicholls, compañero de Universidad, en conversación sobre sus antecesores. 129 Era lo necesario y lo suficiente como para producir la pequeña cantidad de 20 hectolitros por día, que el autor cree verosímil, basándose en su conocimiento de la tecnología de esa industria y en el tamaño muy reducido del mercado antioqueño de entonces, que no conocía la cerveza y solamente tenía como 300.000 habitantes y sólo un 10% de esta población podría y querría tomar cerveza.

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128. Para iniciar esta empresa era indispensable que alguno de los Nicholls (probablemente Paul) hubiera conocido una similar en Inglaterra o en Irlanda (su patria), y que entre ambos dispusieran de un capital de consideración (para su tiempo) traído de Europa o ganado en Marmato. Pero, al parecer, tuvieron dificultades que ni aun Wright pudo solucionar. El hecho es que en 1876 los Nicholls vendieron esta fábrica a los hermanos Vicente y Pastor Restrepo, quienes sí tenían una formación profesional en Francia como químicos, la continuaron con mayor éxito y, además, montaron otras tres, una en Medellín, otra en Cali y otra en Neiva. Las cuatro operaron exitosamente durante varios años. Después, D. Edward Nicholls vivió en Medellín, como agente de compañías inglesas, en una ciudad donde saber ese idioma era utilísimo y propio de muy escasas personas. Al fin de su vida volvió a Rionegro donde falleció el 19 de octubre de 1891, a los 85 años de edad. El matrimonio Nicholls Mejía tuvo trece hijos: Eduardo, Salomé Victoria, George Edmundo, Thomas Edwin, Sara María Pastora, Tomás, Horacio Lucio, Braulio, Pablo, Magdalena Francisca, John Richard, Solina Pastora, y Alfredo. En Medellín viven hasta hoy, varios descendientes de esta familia, con su mismo apellido130. Este autor no ha podido encontrar información sobre el destino del ingeniero Paul Nicholls. Es casi seguro que fue a vivir en Medellín y que allí terminó sus días, como D. Edward. Este autor fue profesor de Matemáticas superiores en la Escuela de Minas del alumno José Jaime Nicholls, quien llegó a ser un ingeniero civil distinguido, después Alcalde de la ciudad y Senador de la República. El economista Pablo Nicholls, trabajó con este autor en estudios profesionales sobre empresas industriales. Varias damas Nicholls han ocupado puestos públicos y empresariales destacados en esta ciudad. A principios del s. XX uno de los hijos o de los nietos de don Edward se incorporó a la corriente colonizadora que en ese período histórico fluía intensamente desde Antioquia, pasando por Sonsón, hacia el actual departamento de Risaralda. En Santa Rosa de Cabal y en Pereira vivieron otros descendientes, de los cuales este autor conoció a varios a mediados del siglo, en Medellín, en Santa Rosa de Cabal y en Pereira; es el caso del arquitecto Óscar Nicholls, ya mencionado. 129. El técnico cervecero inglés Charles Wright vino contratado por los Nicholls a su cervecería de La Ceja, en alguno de los años de 1850 a 1855. Cuando aquellos vendieron la fábrica a D. Vicente Restrepo y su hermano Pastor, Charles se trasladó a Medellín y puso una fábrica de vinos, llamada Compañía Vinera Antioqueña. Después se fue a vivir a Bogotá, donde casó con doña Ruperta González. Tuvieron cinco hijos: Luis, Jaime, Pablo, Herminia y Matilde. Después de la muerte de su padre, Luis continuó manejando la empresa vinícola, y posteriormente lo hizo el nieto Carles Wright II. En 1906 el directorio telefónico de Medellín registra el nombre de esa empresa. − − - UN BUSCADOR DE PLATINO

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Parte de la información sobre la vida de Nicholls en Rionegro la escuchó el autor de la tradición oral y popular en Rionegro, de la niña Margarita Sanín Herrán, nieta del general Pedro Alcántara Herrán, y nacida allí en 1883. En 1938, siendo ya mayor, en conversaciones familiares, ella la relató a los padres del autor, en Bogotá. Éste tenía ocho años, la escuchó y la memorizó.

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130. Es común decir que el metal platino (Pt) fue descubierto por el químico español Antonio de Ulloa, cuando éste viajaba en 1736 hacia la línea ecuatorial, en la expedición del geógrafo Charles de La Condamine, dirigida por el marino español D. Jorge Juan, expedición enviada por la Académie Francaise, para medir allí el arco del meridiano terrestre ecuatorial, y luego compararlo con el arco de meridiano en Laponia 131, para determinar así la forma y las dimensiones de la “esfera” terrestre, con lo cual se descubrió que ésta tiene la forma de elipsoide oblato132, tal como lo había predicho Newton. Más cierto es que Ulloa halló el metal en rocas procedentes del Chocó, las que obtuvo cuando la expedición bordeaba el litoral neogranadino, en viaje hacia el sur. Pero Armando Espinosa [1993] ha demostrado que el platino ya era conocido en el Virreinato y que se le daba el nombre de “la platina”, aunque no se le daba mucho valor económico. Cuando el platino llegó a Europa, y allá le encontraron sus extraordinarias propiedades de alta resistencia mecánica, invulnerabilidad a la corrosión y al ataque por reactivos, resistencia a las muy altas temperaturas, altísimo punto de fusión (1.755°C) y utilidad en joyería, el mundo le atribuyó un altísimo precio, muy superior al del oro. Además, ya a finales del s. XVIII y principios del s. XIX, se sabía que el Virreinato de la Nueva Granada y Rusia (en los Montes Urales) eran los mayores depósitos de platino en el mundo de entonces. Naturalmente, los países europeos más avanzados industrialmente, procedieron a despachar enviados y exploradores a nuestra tierra, en busca de platino o de sitios platiníferos o, al menos, de información sobre existencias y ubicación del metal. Uno de los exploradores que vinieron con ese encargo fue el médico, químico y negociante alemán Justus Erik Bollmann (1769−1822), enviado por la empresa química y metalúrgica alemana Baringgesellschaft. Bollman había sido algo como un trotamundos, que había vivido en Estados Unidos, donde conoció a Washington y a Jefferson. Llegó en 1821, a Bogotá, durante el afortunado Gobierno del general Santander. No hay información documentada sobre sus actividades en Colombia, pero es seguro que, con la característica disciplina y tenacidad alemana, estuvo en el Chocó informándose sobre las fuentes del platino y sobre la manera de obtenerlo. Seguramente, también, llevó muestras de metal puro a su país, y, quizá, con su espíritu y su experiencia como hombre de negocios, no dejó de hacer algunos negocios rentables con el nuevo y valioso metal.

TRES GEÓGRAFOS INGLESES INVITADOS POR SANTANDER

131. Otro de los varios actos administrativos sabios del general Santander, en 1821, fue el de ordenar a Zea, el embajador en Londres, que contratase un ingeniero y cartógrafo para que viniera a elaborar la primera carta geográfica del enorme país que era en ese momento la que hoy llamamos la Gran Colombia. Zea cumplió este encargo, al parecer, de la manera enredada y confusa como él hacía las cosas en su función. En efecto, Zea contrató al oficial naval Francis Hall, quien, a su vez subcontrató con dos geógrafos el trabajo. Como contratista principal, Hall recibió seguramente el grueso de los honorarios. (¡cosas de Zea!). 131

A donde iba otra expedición encabezada por el físico Pierre Louis Moreau de Maupertuis, quien descubrió que un minuto de arco de meridiano en el polo norte mide más metros que en el Ecuador, demostrando así que la Tierra se parece más a un elipsoide oblato de revolución, que a una esfera. Así lo había pronosticado Newton un siglo antes. 132 Elipsoide oblato, en geometría, es un cuerpo de revolución, achatado, que resulta de hacer girar un óvalo elíptico alrededor de su eje más corto.

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Uno de los dos ingenieros presuntamente agregados por Hall, y que fue encargado de los temas geográficos, cartográficos y astronómicos, fue el ingeniero militar, astrónomo y marino mexicano Joseph María Lanz, quien vivía en España, llegó al país en noviembre del año siguiente (1822), y cumpliría su misión en Colombia, en los cinco años siguientes con singular eficacia. El otro expedicionario, encargado de los aspectos de la geografía económica, fue el capitán de marina Charles Stuart Cochrane, quien llegó en 1823. Hall y Cochrane vinieron en el mismo barco a La Guaira, visitaron a Caracas, y luego vinieron a la Nueva Granada a cumplir sus encargos. Doña Pilar Moreno de Ángel [1989] afirma que Hall también vino y que “hizo extensos levantamientos de las cartas hidrográficas de nuestras costas y ríos”. 132. El ingeniero, astrónomo y marino mexicano Joseph María Lanz vino de España, e inició su trabajo a comienzos de 1823 y lo continuó durante cinco años, con admirable tesón y tenacidad, en medio de las innumerables dificultades de todo orden que son imaginables, y en un país que entonces medía bastante más de tres millones de km2 de superficie. Santander lo hizo miembro de la Academia Nacional de Colombia, creada por su Gobierno, junto con otros 20 miembros numerarios. Este científico e ingeniero calculó la superficie de la Gran Colombia en 3´064.800 km2 , al mismo momento cuando el censo de 1825 arrojaba 3´155.000 pobladores, de los cuales 1´223.589 habitaban en la Nueva Granada. Lanz produjo un completo mapa de la República de la Gran Colombia, el primero que de ésta se hiciera, para el que aprovechó, sin duda, los mapas parciales o completos hechos anteriormente por Talledo, Humboldt, Anguiano, Caldas, Adlerkreutz y Cochrane. El mapa de Lanz fue incluido por Hall, dos años después, en el primer gran libro enciclopédico sobre la nueva República, el que Hall publicó en Londres en 1833 con el título de: Colombia: its present state, in respect to climate, soils, productions, population, government, commerce, revenue, manufactures, arts, literature, manners, education and inducement to emigration thereto; with itineraries, partly from Spanish survey, partly from actual observation133. Cabe registrar aquí que el oficial naval Hall también publicó a su regreso a Londres otro libro titulado Letters written from Colombia during a jouyney from Caracas to Bogotá and thence to Santa Marta in 1823134. Entre otros servicios que prestó, Lanz rehabilitó, por disposición de Santander y su Ministro de Educación, José Manuel Restrepo, el Observatorio Astronómico Nacional, que los españoles y los diez años de guerras de liberación habían dejado casi inutilizado 135. Parece que Lanz tenía cierto ascendiente científico sobre el capitán Cochrane, porque el primero recibió del Gobierno la distinción de ser incluido oficialmente en la Academia de Colombia, fundada por ese afortunado gobierno, pero no el segundo. Por lo menos debieron trabajar en permanente coordinación, pues mientras el primero hacía la cartografía y laboraba sobre los aspectos físicos, el segundo recorrió todo el inmenso país estudiando y redactando los aspectos económicos del mismo, cuya economía consistía en una modesta 133

No es claro si este libro fue obra de Hall como único autor, como aparece en unas ediciones, porque en otras ediciones se dice que fue “contributed to by Francis Hall”. Para mayor confusión, el señor Zea reivindicó después ser el autor o editor del mismo. Ediciones antiguas y usadas de este libro clásico aún se consiguen por Internet. 134 La referencia a Santa Marta ratifica, en parte, la validez de la aseveración de doña Pilar Moreno de Ángel [1989] según la cual el capitán Hall “hizo extensos levantamientos de las cartas hidrográficas de nuestras costas y ríos”. 135 Jorge Arias de Greiff, referido en la bibliografía.

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agricultura y una minería que solamente en Santa Ana y en Marmato tenía un comienzo de modernización. Al término de sus trabajos en Colombia, Lanz regresó a su patria, México, después de haber servido con gran utilidad y gran lealtad a Colombia. 133. El Capitán de Marina inglés Charles Stuart Cochrane llegó al pequeño puerto marítimo de Sabanilla, cerca de Barranquilla, a fines de 1822, en un barco de la Royal Navy comandado por su compañero de armas, el capitán Edward Owen. Es probable que en el mismo viaje viniera el capitán Hall, de quien ya sabemos llegó a este mismo puerto venezolano. Como quiera que sea, Cochrane visitó la entonces muy pequeña ciudad de Caracas y después subió por el Magdalena en champán hasta Honda en 46 días, cuando lo más frecuente eran más de 30 días 136. Desembarcó en Honda y, a caballo, recorrió las “aweful sixty miles from Honda upward to Bogotá”, en viaje de cinco días. Inició su trabajo a comienzos de 1823. Durante tres años recorrió el país visitando sus regiones, incluyendo algunas que en ese tiempo eran muy remotas y desprovistas de todo recurso, hasta el punto de ser muy difícil encontrar allí alojamiento y alimentación. Esto era muy frecuente en zonas como el río Atrato, el Sinú, Coyaima (Tolima), Antioquia, el Cauca, el Chocó, Casanare y varias más. Cabe recordar que en la Gran Colombia de 1825 había 3´155.000 habitantes dispersos en la enorme extensión de 3´064.800 km2 (poco más de una persona por km2): era un país de inmensas soledades. Según un visitante norteamericano, la Colombia de esos años se extendía de sur a norte por 1.320 millas, y de este a oeste por 1.080 millas. El profesor Juan de Dios Higuita [1940] informó en su trascendental documento histórico demográfico, que en julio de 1822, cuando se realizó el censo nacional ordenado por el general Santander, en la Nueva Granada (incluyendo a Panamá), ésta tenía la muy escasa población de 1´223.598 personas, dispersas en 1´559.800 km2 (bastante menos de un habitante por km2) Aunque puede dudarse de la exactitud de la cifra de población, hay que reconocer que el censo fue una prodigiosa realización gubernamental. La medida del área fue hecha, muy probablemente, por Josph Lanz y por Cochrane sirviéndose de muchos mapas viejos, de mediciones “in situ” de coordenadas geográficas, y de los extensísimos recorridos sobre la tierra colombiana que hizo el segundo. En ese momento, en Colombia era imposible hacer una medición por triangulación geodésica, que fue el método que inventó Giovani Doménico Cassini en el s. XVII para medir el área de Francia y la longitud del meridiano de París. D. Vicente Restrepo [1973] cita en varias partes de su libro algunos conceptos de Cochrane sobre los recursos mineros del país. Por ejemplo, cita extensamente partes del libro−informe que el Capitán escribió y publicó después de su regreso a Londres, en 1825, en dos volúmenes y titulado Journal of a residence and travels in Colombia during the years of 1823 and 1824. El libro ofrece una visión muy detallada y fiel de la sociedad colombiana posterior a la Independencia, e incluye varios bellos grabados coloreados; pronto se tradujo al alemán y se publicó en Jena. Estando todavía en el país, el marino y geógrafo inglés presentó un detallado informe acerca de las reservas de oro y plata en el Chocó, donde “en 1824 se extraían anualmente cerca de diez quintales de platino”; en la Vega de Supía, donde ponderaba las minas de Chachafruto y Echandía. Anota Restrepo que solamente 40 años después de estos estudios de Cochrane, en 1864 (durante la memorable Presidencia de Manuel Murillo Toro) se 136

Lo refiere en su diario, en el cual anota que por lo veloz de la corriente del río, lo más que se avanzaba aguas arriba en el champán eran 30 millas por día.

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pusieron en producción las ricas minas de plata de Supía. Y anotamos aquí que fue el concepto técnico de Cochrane, en gran medida, lo que movió a explotar esta riqueza tanto en Supía como en Popayán y en el Valle del Cauca. En su misión de redactar una geografía económica del país −que en ese momento lo único que exportaba eran metales preciosos y casi nada más−, este viajero visitó principalmente las zonas mineras: La Plata, Santa Ana, el centro del Tolima, las minas de Vetas (entonces en la provincia de El Socorro, hoy Santander del Sur), Almaguer (entonces en la provincia de Popayán, y hoy en el departamento de Nariño), Caloto y norte del actual Cauca, norte de Antioquia (Zaragoza, Cáceres, Guamocó), Quibdó, Pamplona, Ibagué, y algunas otras en la actual Colombia y en Venezuela. Este informe fue un aporte fundamental al libro que se mencionó más arriba sobre Colombia, y que el capitán Hall publicó como suyo. Fue la primera gran Geografía Económica de nuestro país. Fue un gran servicio para nuestra incipiente República. Restrepo le glosa al inglés, que éste expresó en su informe final la opinión errónea de que “pocas de las famosas minas de oro y plata de Mariquita (entiéndase: las minas de Santa Ana, que Cochrane estudió personalmente sobre el terreno) han sido explotadas, por la preferencia que dio el viejo sistema español a las minas de México sobre las de Colombia”, lo cual Restrepo considera equivocado, pero que la historia real de América Latina confirma hoy. Parece que Cochrane pensó permanecer un tiempo más en nuestro país, porque en 1826, según Ospina [1979] solicitó y obtuvo del Gobierno, por Decreto expedido el 28 de julio de 1823, un “privilegio” para montar plantas de laminación de cobre en una zona que abarcaba parte del actual departamento de Nariño y de la actual provincia del Carchi, en el norte del Ecuador. Para este autor, es indudable que esta iniciativa la tomó el oficial inglés, porque encontró en alguno o varios sitios del actual departamento de Nariño y en el norte del Ecuador, yacimientos ricos en minerales de cobre, como los muchos otros que encierra la Cordillera Occidental, y que son la prolongación en Colombia de los enormes depósitos cupríferos que existen en Chile, Perú y Ecuador. Pero, al parecer, Cochrane nunca aprovechó ese privilegio y prefirió regresar a su patria. Después de publicar en Inglaterra el libro mencionado, nada se vuelve a saber de él. Nadie recuerda a Cochrane en nuestro país, aunque debemos a su memoria un gran agradecimiento por un enorme servicio.

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- UNA GRAN INNOVACIÓN TECNOLÓGICA 134. En el año de 1824 se dio en Inglaterra una gran innovación tecnológica de importancia mundial: el Ingeniero Joseph Aspdin inventó, empezó a producir y generalizó el uso del cemento Portland fabricado a escala industrial. Usó para hacerlo las rocas calizas extraídas en la isla inglesa de Portland, situada en el Canal de la Mancha. En el s. I a.C, los ingenieros romanos descubrieron al sur de Italia, en la población de Puzzoli, un monumental depósito de ceniza volcánica, que ellos llamaron “tierra de Puzzoli”, y que les resultó utilísima, porque, al mezclarla con cal, arena y agua, permitía ser moldeada y, dejándola endurecer dos o tres días, adquiría la dureza de una roca de granito. Y para mejor, la mezcla −que pronto llamaron “concreto”− también se comportaba así bajo el agua, lo cual lo hacía sumamente ventajoso para construir puentes, canales, cloacas, acueductos, puertos, además de edificios, murallas militares, calzadas y demás obras de construcción. Con este material se construyó en la ciudad de Roma, a mediados del s. III d. 101


C. el bellísimo edificio del Panteón, ideado por el emperador Adriano 137 y que ha durado intacto durante 18 siglos, hasta el día de hoy, con una cúpula redonda de casi cien metros de diámetro, sostenida solamente en su perímetro por el cilindro que forman las paredes. Cuando desapareció la civilización romana, alrededor del año 500 de nuestra Era, el conocimiento y el uso del concreto de Puzzoli se perdió. Los grandes castillos y las grandes iglesias medioevales se construyeron con la simple mezcla de cal, arena y agua, llamada argamasa. Pasaron los siglos hasta que finalizando el s. XVIII, en 1756, en Inglaterra, el ingeniero John Smeaton, uno de los ingenieros que crearon la Ingeniería Civil (nombre que adoptaron para diferenciarla de la milenaria Ingeniería Militar), inventó el material que llamó “cement” y estableció la primera fábrica de lo que hoy, después de muchas mejoras, llamamos cemento. En 1796 el técnico inglés John Parker fabrica por primera vez un cemento de tipo moderno, simplemente extrayendo de suelos y rocas, arcillas con alto contenido natural de rocas calcáreas, y calcinándolas a alta temperatura. El uso de estos primeros cementos se fue popularizando no sólo en Inglaterra sino en Francia y en toda Europa occidental. En 1817 químico industrial francés Georges Vicat publicó un extenso informe sobre sus experiencias y descubrimientos acerca de las cales hidráulicas. El siguiente paso de avance en la tecnología del cemento fue el de Aspdin, ya anunciado. En Francia, en 1867, el ingeniero Joseph Monier patenta su invento del concreto u hormigón reforzado con barras y varillas de acero para formar vigas y columnas sometidas a fuertes tensiones y cizalladuras. Este avance dio lugar a la iniciación de las investigaciones teóricas y experimentales de la ciencia que hoy se conoce como Resistencia de los Materiales. A fines del s. XIX ya se había generalizado en Europa y en Estados Unidos el uso del concreto reforzado. A Colombia llegó el uso del concreto, seguramente, con la construcción de ferrocarriles, en puentes, muros de contención, pontones, alcantarillas, estaciones, tanques elevados para agua y demás obras accesorias. En ello tuvieron papeles principales ingenieros como Cisneros, González Vásquez, Ramos, y los otros ferroviarios de fines de ese siglo. La primera fábrica de cemento en Colombia la montaron los hermanos Santiago, Antonio, José María y Joaquín Samper Brush, quienes, estimulados por las políticas de fomento del general Reyes, en 1909 instalaron al oriente de Bogotá un horno para producir 20 toneladas diarias, empleando seguramente a un ingeniero o técnico inglés o norteamericano, cuyo nombre no guardó la historia. 135. Para entender el esfuerzo titánico que exigía en aquellos días a ingenieros, comerciantes, militares y colonizadores viajar por Colombia, es oportuno citar los datos que dio el ingeniero y general payanés Francisco Javier Vergara y Velasco (1860−1914), quien recorrió el país buscando información para su libro Nueva Geografía de Colombia, publicado en Bogotá en 1899. En esa época (antes de los ferrocarriles, de los automotores y de la aviación) se viajaba a caballo, en el mejor de los casos, como lo hizo el general Vergara, quien registró la duración de sus viajes, en una buena montura, con la ayuda de varios “peones”, provisto de un buen equipo para la intemperie, en épocas de buen clima. En esas óptimas condiciones, los tiempos de viaje en varios caminos de la República se resumen en la tabla 5.

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Adriano, fue, indudablemente, el mejor gobernante y uno de los mejores militares de los doce césares emperadores romanos.

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Tabla 5 Tiempos de viaje en caminos de Colombia, segunda mitad del s. XIX138 Recorridos (punto a punto) Nare – Medellín Bogotá – Ambalema Bogotá – Honda Honda – Manizales (o a Salamina), por el Páramo de Herveo Honda – Sonsón (por el camino de Villegas) Sonsón – rio Arma – río Cauca y Marmato Ibagué – Cartago Manizales – Anserma – Riosucio – Supía y Marmato Medellín – Riosucio (llamado entonces Quiebralomo) Medellín – Guamocó (al nordeste de Zaragoza Santa Ana – Mariquita – Manizales – Anserma – Riosucio y Marmato Medellín – Marmato Medellín – Sonsón Ambalema – Mariquita y Manizales Mariquita – Manizales (por el Páramo de Herveo Popayán – Cartago y Marmato Honda – Mariquita – Santa Ana Bogotá – Tunja – Santa Rosa de Viterbo –Soatá y Pamplona Fuente: Tomado y adaptado de Jahlay Henri [1909]

Tiempo de viaje en días Cuatro Tres Tres Cuatro Cuatro Cuatro Tres Siete Ocho Diez Nueve Siete Tres Cuatro Tres Quince Dos Doce

Además, hay que tener en cuenta el pésimo estado de los caminos, los profundos precipicios, las empinadas pendientes, los aguaceros sobre los viajeros en tiempos lluviosos, los fangales donde las mulas se hundían hasta el codillo, los páramos en las cordilleras, la falta de albergues y otros muchos inconvenientes y riesgos. Basta tener en cuenta que la región que atravesaba el entonces llamado “camino de Villegas” entre Sonsón y Mariquita, que pasaba por donde hoy están la poblaciones de Pensilvania y El Fresno, era mencionada por los viajeros y por los arrieros que lo transitaban, como “las tenebrosas montañas de Sonsón”. En terrenos muy escarpados y lisos, ni los caballos ni las mulas podían subir y el viajero tenía que ser transportado en una silleta a lomo de indígena, como lo muestra el grabado muy conocido de Riou y Millart que se incluye en este documento y que se llama “El Monte de la Agonía”; que representa a un viajero solitario cargado en una silleta por un vigoroso indígena a través de “las oscuras montañas de Sonsón” por el llamado camino de Villegas.

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LOS INGLESES EN SANTA ANA

136. Dado que las minas de Santa Ana habían quedado abandonadas, desde 1795, por orden del rey de España Carlos IV, y luego de la Independencia eran propiedad del Estado 138

El general Vergara y Velasco informa sobre otras treinta rutas usuales dentro de Colombia en ese momento, que no incluimos porque las anteriores bastan para ilustrar cómo era de difícil viajar en las condiciones que lo hicieron los ingenieros, los científicos y los médicos que vinieron a nuestro país en el s. XIX, a enseñarnos la Ciencia y la Tecnología que ya el mundo civilizado conocía y empleaba, mientras nosotros teníamos tres siglos de atraso por el infortunio del dominio español durante esos tres siglos.

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colombiano, entraron también en el negocio con los banqueros ingleses en 1824. Consecuentemente, allí llegó Robert Stephenson139, en el mismo año de 1824, como primer Director del establecimiento, ya bajo el dominio de los ingleses. Dice Samuel Smiles [ca. 1880] en su biografía de George (el padre), que Robert “recorrió el país en todas direcciones buscando minas, visitando minas abandonadas hacía mucho tiempo, y analizando muestras de minerales obtenidas en diversos parajes”. Hubo de empezar abriendo caminos a las minas de Santa Ana, La Manta y otras, que estaban lejos del río Magdalena (vía indispensable para llegar y salir de allí al exterior), y estaban todas enmontadas y obstruidas por la vegetación que había crecido durante 35 años de abandono. Encontró una situación de desastre: la maleza había crecido por todas partes; no había maquinaria, salvo unos viejos molinos de pisones movidos por ruedas de agua, que también estaban semidestruidas. Era imposible llevar una máquina de vapor de Watt, porque, aunque los vapores de Elbers ya navegaban en el Magdalena desde 1824, casi hasta Honda, no había caminos adecuados ni bestias capaces de subir máquinas de tanto peso por los abruptos caminos de Honda a Mariquita y a Santa Ana. Comenzó a construir un horno para tostación de minerales140, y otro horno para fundir y amalgamar la plata de los minerales, lo cual era un oficio muy dañino para el ambiente cargado de gases y partículas de plomo. Pero, con todo, Stephenson no logró que funcionaran, y tuvo que recurrir a los equipos que habían hecho D´Elhúyar y Wiessner en 1790 (o sea 35 años antes). Casi no había trabajadores y, menos aún, técnicos calificados; los socavones ya eran sumamente profundos y estaban inundados por el abandono y por las aguas freáticas y de lluvia, y no había siquiera bombas manuales de madera; y, peor que todo, los filones estaban ya casi del todo agotados. Además, el idioma era una barrera con sus subalternos, y el clima lo enfermó varias veces. A pesar de todo, Stephenson tuvo el gran mérito de abolir el trabajo esclavo y establecer la remuneración por jornal diario pagado en dinero. Como buen inglés, Robert luchó con denuedo para arreglar esta situación, pero no pudo hacerlo. Resistió tres años y en 1827 regresó a Inglaterra. Lo reemplazó otro ingeniero venido de Londres, el señor Bodmer, del cual no quedó historia. 137. Por este tiempo llegó a las minas de Santa Ana y La Manta otro ingeniero inglés, enviado por las mismas empresas imperialistas de Londres, para reemplazar a Stephenson y con la misma misión de dirigir esas minas. Se llamaba William Wills. Nacido en Londres en 1805 y educado en los mejores institutos de su patria, hasta graduarse de ingeniero de minas. Llegó al país en 1825 y a Santa Ana en 1829 con todos los bríos de un ingeniero joven británico; pero los enormes obstáculos que habían anulado los esfuerzos técnicos y administrativos de Stephenson también se le interpusieron, algunos de ellos agravados, como eran la inundación continua de socavones, la inexistencia de hornos para separar la plata, el precio elevadísimo del mercurio necesario para la amalgamación 141 y muchos otros más. Aún más, en Bogotá las cosas iban de mal en peor. Bolívar había regresado del Perú en 1826 lleno de enfermedades, de amargura y de frustración en su vida y de odio a Santander y a lo que éste había realizado (como lo del empréstito inglés y el casi inevitable 139

Hijo y colaborador de George Stephenson, el inventor del ferrocarril comercial. Esta era (y es) una operación sumamente dañina para todos por las emisiones de anhídrido sulfuroso (SO2) que desprenden los varios sulfuros contenidos en el mineral: pirita, calcopirita, galena, blenda, antimonita, molibdenita y otros. 141 Metal líquido que se traía, únicamente, desde el Perú, y que se requería como solvente de la plata y del oro 140

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arrendamiento de las minas). Había desterrado a Santander y no quería saber nada de minas. Los mensajes de Wills a Bogotá, enviando plata metálica para acuñar y para exportar y pidiendo dinero colombiano para pagar a los obreros, no obtenían ni respuesta. Naturalmente, Wills se retiró en 1832, a los tres años de trabajar duramente allí, cumpliendo su contrato con los banqueros de la City. En ese año de 1832 Santander regresó de su infame destierro al país e inició su segunda presidencia. Esos años fueron de cierto florecimiento industrial en Bogotá, favorecido decididamente por Santander. En consecuencia, Wills se fue a vivir en la Capital de la República, donde se casó con doña Juana Pontón Piedrahita (antioqueña y hermana de la esposa de Santander). Uno de sus aportes a la Ciencia en Colombia fue el libro Compendio de Geología, que publicó en 1857. Los esposos Wills Pontón tuvieron tres hijos: Guillermo, Alfredo Luis y Alejandro. El mayor de ellos, Guillermo Wills Pontón se radicó en Medellín, la ciudad natal de su madre, en 1864, para trabajar en la Casa de Fundición y Ensayes de los hermanos Vicente y Pastor Restrepo. Los descendientes de Guillermo han sido médicos, músicos e ingenieros civiles bien reconocidos todavía hasta hoy en Medellín (2010). Los otros dos hijos de don William quedaron en Bogotá. A fines de los años treinta del s. XIX, el ingeniero inglés compró la hacienda Cune y montó un ingenio azucarero en Villeta (Cundinamarca), que producía azúcar cruda142, y además producía alcohol medicinal y aguardiente. Inicialmente, hizo una buena fortuna pero al final la fue perdiendo, y murió muy pobre, en Serrezuela, en 1875. Aportó grandes conocimientos técnicos y de iniciativa empresarial a Colombia. Todos los colombianos que han llevado su apellido han sido y son sus descendientes. 138. En el año de 1943 un ingeniero tolimense construía la carretera Falan − Palocabildo – Casabianca − Villahermosa, en su departamento. Tenía su campamento en la población de Falan, que está situada en un contrafuerte oriental de la cordillera Central de Colombia, demarcado al Norte por el río Guarinó y al Sur por el río Gualí. Allí, él oyó los relatos que la memoria colectiva y la tradición oral habían conservado por más de cien años, y que se trasmitía de generación en generación. Contaban los ancianos cosas tan interesantes como que en 1830, Bolívar en su paso final por Honda hacia su muerte, visitó las minas de plata. Memoraban también, que después de la administración de William Wills, vino como médico de las minas de Santa Ana de las Lajas (que era su nombre oficial), el médico irlandés Thomas Patrick Fallon, enviado desde Inglaterra por la ya muy mencionada Colombian Society of Mines143 Mr. Falan (como le decían los lugareños) trabajó muy duro, como buen irlandés: aplicó vacunas contra la viruela (que los españoles desconocían); curó enfermos de malaria con sulfato de quinina; trató sifilíticos con el peligroso cloruro de mercurio; entablilló fracturas abiertas; cosió heridas profundas de cuchilladas por peleas entre los obreros por asuntos de mujeres o de la plata robada; atendió parturientas de hijos de los mineros; trató anemias con sulfato ferroso; amputó dedos y manos destrozados por la pólvora; desinfectó heridas graves y abiertas con fenol (“ácido fénico” le decían); ayudó a

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O “azúcar de pilón”, que eran bloques cónicos de azúcar muy morena, casi como panela, de unos 35 kg cada uno. 143 La cual explotaba esas minas y las de Marmato, Supía y Pamplona, según el contrato leonino de 1824 del empréstito inglés ya relatado.

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bien morir a las víctimas de la incurable fiebre amarilla (“vómito negro” le decían) y de la inexorable tuberculosis. En fin, sirvió concienzudamente su misión144. En 1832 el doctor Fallon se casó en la cercana Mariquita (la capital de la provincia de su mismo nombre), con una dama de esta ciudad, y el día 10 de marzo de 1834 les llegó su primer hijo, en la población de Santa Ana. Al niño lo bautizaron con el nombre gaélico de Diego, en la modestísima iglesia del pueblo. Sus padres le enseñaron a leer y a escribir en castellano y en inglés, y adquirió otros conocimientos elementales en la escuela de la población, pues desde 1822 existía allí, como entonces en todo “cantón” (municipio) colombiano y por decreto del gobierno de Santander, una escuela primaria. A los 12 años de edad de Diego, Mr. Fallon y su esposa salieron de Santa Ana para ir a residir en Bogotá y a educar al hijo. En Colegio de San Bartolomé Diego hizo los estudios secundarios. En 1861 su padre lo envió a Londres a estudiar, y allí se graduó, después de seis años, en Ingeniería Civil y en Música. Como todo hombre culto de su tiempo, el joven Fallon aprendió el idioma francés. Hacia 1867, cuando se fundó la Universidad Nacional, regresó a los Estados Unidos de Colombia y se dedicó a enseñar Matemáticas, Música, francés e inglés, en colegios de secundaria y en la Universidad; y también a frecuentar la “alta sociedad”, a hacer pequeñas composiciones musicales, y a escribir poesías 145. El joven Diego se casó en Bogotá, tuvo varios hijos y dejó una descendencia que llega hasta hoy (2010) con su mismo apellido. Su hijo mayor, el Dr. Luis Tomás Fallon dirigió, de 1903 a 1905, el colegio de San Luis Gonzaga, de los Hermanos de La Salle, en Bogotá. El padre, Diego, tiene un puesto elevado en la historia de la literatura colombiana. Nunca ejerció ni enseñó la Ingeniería. Perteneció al partido conservador y con dolor vio arder las guerras civiles de 1876, 1885, 1895 y de los Mil Días (1899−1902). En 1874 vivió la fecha cuando en el gobierno de don Santiago Pérez de Manos Albas, la Nación recibió en reversión definitiva las minas de Santa Ana (a cuyo borde naciera), ya completamente agotadas por españoles e ingleses, sucesivamente. Diego Falon (como ya era común decirle), falleció en Bogotá el 13 de agosto de 1905. Su población natal adoptó el nombre de Falan, en su honor, alrededor de 1930, por iniciativa de otro de sus ilustres hijos, el Dr. José Antonio Montalvo, quien en ese momento era Ministro de Economía del presidente Enrique Olaya Herrera, y quien lo fue también después en el gobierno del presidente Mariano Ospina Pérez en 1947. 139. Junto con James T. Moore, y en el mismo barco, llegó en 1829 a Cartagena, desde su patria el ingeniero inglés Thomas Eastman, nacido en Brighton, con su esposa, doña Rebeca Michels y con sus cinco hijos: Thomas, Erwin, John, Isabel, y Rebbeca. Su descendiente Rubén Darío Eastman Hoyos [2006], relata las peripecias de su viaje, acomodación e influencia en la región minera, en una reconstrucción de la saga Eastman en Colombia y América. Como muchos otros ingenieros europeos, trabajó en primer lugar en las vetas de Supía, Quiebralomo y Marmato. Andando el tiempo sus tres hijos varones se hicieron ingenieros en Europa pero los tres regresaron al país, se casaron y se radicaron en Colombia. D. Thomas dejó una abundante progenie, que hoy se aprecia en su frondoso árbol genealógico. Entre ellos se han destacado numerosos ingenieros, abogados y 144

Hasta aquí el relato del ingeniero tolimense a su hijo, el autor de estas líneas. Una de éstas, La Luna se enseñaba comúnmente en los colegios de educación secundaria del Tolima en los años cuarentas del s. XX. 145

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abogadas, políticos y empresarios. Uno de sus descendientes, don Tomás O. Eastman, llegó a intervenir en el bando liberal, en la Guerra de los Mil Días y, después, a ser un destacado parlamentario y ministro de Estado, liberal, que mantuvo siempre una firme posición defensora del liberalismo manchesteriano de la “free enterprise”. Su predecesor inglés, don Thomas, falleció en Riosucio hacia 1860, después de 30 años de servir a la minería de Antioquia. Otros descendientes suyos viven hoy en Pereira, donde participan activamente en la vida económica y política local y en la nacional. Una de sus descendientes, la doctora Aydée Eastman fue una de las primeras tres mujeres que lograron entrar a la Universidad de Antioquia, a su facultad de Derecho. En los años setenta y ochenta del s. XX, un Eastman, D. Jorge Mario, fue político “cuasiliberal” muy activo y combativo ministro y parlamentario notorio. Un hijo del anterior desempeña hoy (2010) un cargo en la Presidencia de la República con actuaciones controvertibles. 140. En 1836 llegó desde Inglaterra el ingeniero William Cock Williamson, nacido en Liverpool en 1810 en el hogar de Mr. William Cock y su señora Mary Williamson, y formado en la Universidad de Manchester como “Mining Engineer”. Vino al país en 1835 y se radicó en Riosucio, trabajando en las minas de oro vecinas a esa población. Al año siguiente fue a vivir y a trabajar en Popayán, donde se casó con doña Ana María Bayer, hija, sin duda, de Friedrich Bayer, quien había trabajado en minas en la provincia del Cauca, como ya se informó 146. El matrimonio Cock Bayer tuvo cuatro hijos: Zacarías, Julián (después gobernador de Antioquia, como ya se dijo), Fortunato y Cristina. Después de casarse en Popayán, el ingeniero Cock fue a trabajar en las minas de Santa Ana. De allí pasó a las de Marmato y Supía, donde murió doña Ana María. Posteriormente fue a Inglaterra a casarse en segundas nupcias con su prima Ana Pemberthy de Pears, quien andando el tiempo le daría otros dos hijos: Elisa y Alfredo Cock Pemberthy. Regresó a Colombia, a Antioquia, alrededor de 1850, a seguir trabajando en minería por otro largo tiempo. Murió en Riosucio, en 1870, a la edad de 60 años, después de servirle a nuestro país durante los 35 años más productivos de su vida. En ese lapso hubo de presenciar, sin duda con tristeza, las absurdas guerras civiles de 1840, 1851 y 1860. Descendientes suyos han sido distinguidos ingenieros antioqueños como don Alfredo Cock Pemberthy y su hijo Carlos Cock, quien fue uno de los tres primeros alumnos egresados y graduados de la Escuela de Minas en 1893, y quien, años después, fue un connotado profesor de vías de comunicación en la misma, y gran ingeniero ferroviario. En los años veinte del s. XX, don Carlos estaba asociado con otro ingeniero distinguido, Gabriel Sanín Villa, para instalar plantas eléctricas en poblaciones de Antioquia y de otros departamentos. Otros numerosos descendientes del ingeniero inmigrante, más recientes, viven aún en Medellín, y conservan el lustre intelectual de ese apellido. Dos jóvenes Cock fueron condiscípulos del autor en la Facultad de Ingeniería Química del Universidad Bolivariana, en Medellín, desde 1949 hasta 1952. 141. En esa primera mitad del s. XIX vinieron otros ingenieros europeos a trabajar en las minas de la provincia antioqueña. Algunos de ellos no permanecieron en nuestro país y regresaron finalmente a sus patrias del Viejo Mundo después de enriquecer con su trabajo y con sus conocimientos a nuestras cultura, tecnología e industria. Entre ellos merece 146

En ese momento Popayán albergaba tan solo unas 4.000 personas, cuando en el país entero vivían 1´700.000.

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mencionarse, en primer lugar, a D. Pär (Pedro, en sueco) Nisser Brunnamark, nacido 1799, en Londres, de padres suecos (el padre era el embajador sueco en Inglaterra). La madre enviudó y se casó en segundas nupcias con su compatriota Gustav Brolin, quien era perito en minas. Éste inculcó a D. Pedro el gusto por la ingeniería y química de minas. Estudió más que todo lo último, bajo la enseñanza del famoso químico sueco Jöns Jakob Berzelius, quien a la sazón vivía y enseñaba en Inglaterra. Después, Pedro fue a la Universidad de Uppsala, a especializarse en Química y Farmacia. Acompañando al químico Carl Ulrich Hausswolff, Nisser llegó en 1825 a Cartagena, donde fue huésped del coronel polaco alemán Friedrich Adlerkreutz (de quien se trata en otro acápite). Luego viajó a Antioquia por el río Magdalena hacia 1828, y vivió en varias poblaciones de esa Provincia, ganando prestigio en medicina por sus conocimientos de química y de ciencias naturales, obtenidos en Londres y en Uppsala. Así hizo mapas y estudios de ciencias naturales, y recogió muestras de minerales. Logró formar una compañía para explotar oro en Anorí, pero ésta quebró a los dos años. Nisser continuó como médico empírico, explorador, cartógrafo, coleccionista de minerales, y, especialmente, como técnico experto en minas. Escribió una famosa memoria sobre los procesos mineros que conoció, titulada modestamente: Sketch of the different mining and mechanical operations employed in some of the South American goldworks as well ancient and moderns. With maps showing the route from the Atlantic and the relative situation of the different mineral deposits &c. particularly those in Antioquia in New Granada. Este trabajo le mereció un premio en Rusia por su elevada calidad científica. (El autor recomienda quitarle a este párrafo el marco rectangular que lo rodea, para dejarlo como un párrafo normal del texto. Yo no lo hice porque no supe cómo) En uno de estos mapas están subrayados los pequeños puertos de Guamocó, situado sobre el río Tigüí, cerca a su desembocadura en el Nechí; y el de El Espíritu Santo, sobre el Cauca. En el primero se acopiaba el oro de las zonas auríferas más ricas del norte y el nordeste de la provincia de Antioquia (Zaragoza, Remedios, Cáceres, Amalfi, Anorí, Santa Rosa, la cuenca del Nus,…); y en el segundo, el del occidente y suroeste de la provincia (Buriticá, Frontino, Santa Fé de Antioquia, Titiribí, Anzá,…). Desde uno y otro de estos pequeños puertos, el oro bajaba en champanes protegidos por soldados y uno o dos oficiales, por el Nechí, el Cauca y el Magdalena, hasta Cartagena, en donde se guardaba en los castillos esperando la llegada semestral del “Barco de las Indias”, que recogía el metal para llevarlo a Cádiz. Los mapas de Colombia y de Antioquia de pricipios del siglo XIX (hacia 1810 y 1815) aún señalaban esos dos lugares.

El Sr. Nisser ya había trabajado más de diez años en minas de Marmato, Supía y Salamina, cuando fue en busca de otras en Sonsón. Como Bayer, como Walker y como otros en el futuro, Nisser se casó en esta población, en 1831, con la dama sonsoneña doña Ana María Martínez Arango. En febrero de 1852 fueron a vivir en Salamina y allí él ejerció la medicina hasta septiembre de 1853. No tuvieron hijos antes de que Mr. Nisser viajara a Londres a publicar su excelente y completo informe técnico sobre nuestra minería, ya mencionado. Salió de Sonsón, a caballo, por el camino de Villegas a Mariquita, Honda y al puertecito de Conejo; y de allí siguió en barco por el Magdalena, a Cartagena o a Santa Marta. De Londres, el ingeniero viajó a Melbourne, Australia, en donde se acaban de encontrar grandes yacimientos de oro. Allí publicó otro libro titulado The elementary substances originating and promoting civilization. Ramos [2007] dice, que de Londres, Nisser mantuvo correspondencia con su esposa y sus amigos en Colombia, y que se fue a Australia, donde se acaban de encontrar enormes yacimientos auríferos, a trabajar en esas minas, y que allí publicó su segundo libro, el que ya se mencionó. En 1877, regresó a Inglaterra y al año siguiente (1878) inició su regreso a Colombia. Pero mientras su barco 108


hacía escala en Kingston (Jamaica), falleció el Sr. Nisser 147. Su viuda, doña María Martínez de Nisser siguió viviendo en Salamina y resultó ser una mujer de armas tomar. En la guerra civil de 1840, de los “pre liberales” contra el gobierno “pre conservador” de José Ignacio de Márquez, ella vistió el uniforme del gobierno; y en la batalla de La Frisolera, al pie de Salamina combatió denodadamente como oficial y fue persona crucial en el triunfo de su partido de gobierno. Ella falleció en Medellín en 1872, estando su esposo todavía lejos. Uno no puede menos que pensar que Nisser fue un trotamundos incorregible. 142. A Marmato llegó en 1830 el ingeniero inglés Collon Goldsworthy, en el mismo año cuando las minas comenzaron a ser dirigidas por el ingeniero Leay. No es absurda la hipótesis de que vinieran juntos desde Inglaterra, como ocurría con frecuencia tratándose de esos viajes a muy lejanas tierras, llenos de peligros y de incertidumbres. Goldsworthy, nacido en una familia católica del norte de Inglaterra, había estudiado Ingeniería de Minas en Londres, y se había casado con doña Ana María Banfield en 1828. Tuvieron nueve hijos, unos en Marmato y después otros en Sonsón. En Marmato vivió sus cuatro años contractuales y después se trasladó a Sonsón, en busca de trabajo en las minas de aluvión y de veta que había entonces en esas vecindades. Allí trabajó durante treinta años, hasta su fallecimiento en 1864, con 62 años de edad. Allí dejo su descendencia. Una nieta suya, doña Amalia Goldsworthy se casó en Sonsón hacia 1919 con don Dositeo Botero, cuyos hijos serían nueve148. Alrededor de 1910, un hijo del Ingeniero Goldsworthy y padre de doñaAmalia, Eduardo, con la misma profesión de su padre, se trasladó a trabajar en Sonsón; y fue el promotor de la fundación de la aldea de Argelia, a distancia de camino de herradura de unos 30 kilómetros de Sonsón, trasponiendo el páramo de este nombre. Argelia es hoy uno de los 125 municipios de Antioquia 149. 143. Los médicos que vinieron de Europa a estas tierras a principios del s. XIX, sabían que venían con grandes limitaciones profesionales. La misma medicina europea estaba aún muy retrasada. Además, Sur América era todavía un continente sumido en la oscuridad científica en que nos había mantenido España durante más de tres siglos. Seguramente venían equipados con una dotación indispensable para ejercer su profesión en este azaroso continente, y era más desafiante aún, si era para hacerlo en zonas de minas, donde el trabajo humano, aquí y en todas partes, ayer y hoy, ha sido y es sumamente peligroso. Por eso traían implementos como seguetas para amputar huesos, barberas para sangrar enfermos, bisturíes para drenar abscesos, fórceps para ayudar partos, cautines para cauterizar heridas infectadas rebeldes, pinzas para cabecear venas y arterias, agujas y tripa de gato (“catgut”) en hilos para coser cortadas hondas y cisuras, gatillos para extraer dientes y muelas, formones y martillos para trepanar cráneos (sabían hacerlo los egipcios y los incas desde siglos antes), pinzas para exodoncias, bisturíes en varias formas, lupas, un microscopio y 147

Tal vez de malaria o de fiebre amarilla transmitida por mosquitos infectados, lo que era muy común en el trópico caribeño. 148 Este autor fue amigo de tres de ellos: Delio, el mayor, Néstor el séptimo, y Jorge, el octavo y menor de los hermanos. Ellos fueron quienes le dieron esta información sobre su bisabuelo el ingeniero Collon Goldsworthy (en opinión de este autor, Mr. Goldsworthy era hebreo, porque su apellido significa “valioso en oro”, muy típico de los israelitas ingleses en esa época). Los tres hermanos mencionados y todos sus otros hermanos murieron ya. 149 Desde este sitio, a 2.500 m de altitud bajó Callon al río Samaná, trazando su camino, del que se hablará más abajo.

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algunos recipientes de vidrio de laboratorio. Tenían que surtirse para largo tiempo de alcohol antiséptico, tintura de yodo, morfina para cirugía sin anestesia 150. Traían también láudano de Sydenham, tintura de genciana para micodermatosis, hipoclorito de calcio para higienizar aguas y lavar heridas, cloruro mercurioso (calomel, peligrosísimo por el mercurio) para la sífilis, tártaro emético para trasbocar venenos, ácido fénico (fenol o ácido carbólico) desinfectante fuerte, alcanfor como broncodilatador, mentol para dolores superficiales e inflamaciones de piel, nitrato de plata para ayudar a cicatrizar heridas, morfina para dolores intensos y cirugía, alumbre [sulfato de aluminio y potasio KAl(SO 4)2] para coagular sangrados, emetina para disenterías amibianas, y los otros medicamentos e implementos que le proporcionara la ciencia médica, la cual avanzaba en ese s. XIX a pasos agigantados. 144. Todo lo anterior debió traer consigo el médico Edward Gregory, cuando vino a la Nueva Granada, y específicamente a la población de Rionegro, en Antioquia, en 1837, probablemente atraído por la presunta abundancia de oro fácil de esta Provincia. En Rionegro se casó y ejerció su profesión en esos años cuando casi no había médicos actuantes en la Provincia; y cuando abundaban la tuberculosis y la uncinariasis en los climas fríos como Rionegro; la malaria, la fiebre amarilla y el pián en los cálidos; y las cuchilladas, viruelas, tifo, heridas y venéreas en todas partes, amén de los muchos partos de una población sumamente prolífica. El Dr. Gregory dejó sus descendientes en Antioquia, pero ni la genealogía ni la historia recogieron más noticias de ellos.

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LA PRIMERA FÁBRICA DE PAPEL

145. En 1836 el señor Martín Peralta (ciudadano español que había permanecido en la Nueva Granada) fundó la compañía Martín Peralta y Cía., y estableció, en Bogotá, una fábrica de papel a partir de trapos. Fue la primera fábrica de papel que hubo en Colombia. Ese papel se fabricaba lavando fuertemente los girones de los trapos, en primer lugar; luego dejándolos macerar y hervir por horas, en una solución concentrada y filtrada de sosa (carbonato de sodio denso, Na2CO3), o de lejía de cenizas de leña (muy ricas en hidróxido de potasio: KOH); luego se lavaba nuevamente y se le agregaba colapiscis o almidón de yuca como aglutinante, y cal muy finamente pulverizada y muy bien lavada como material de relleno y blanqueador óptico. Esta masa, empapada de agua, se molía en húmedo y se escurría, formando una así una dispersión semilíquida de celulosa aglomerada, la cual se ponía en grandes cedazos cuadrados a desaguar. Finalmente, las hojas cuadradas se dejaban pre secar y se pasaban a una prensa de tornillo, entre planchas metálicas calientes, para compactar y terminar de secar las hojas. Se obtenían así hojas grandes de papel, cuadradas, de la forma y el tamaño de los cedazos. Este era el producto que se expendía en el comercio para ser usado en tipografías y en envolturas. Esta era la tecnología usual, en su tiempo, para fabricar papel y, puesto que Peralta y sus socios eran solamente hombres de negocios,

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La anestesia se generalizó en el mundo médico en 1846, cuando el odontólogo, Dr. William Morton, en el Hospital General de Massachusetts en Boston, demostró el poder del éter sulfúrico (etano-oxi-etano) como anestésico general.

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es seguro que debieron traer de España un técnico experto en esta fabricación151. Técnicamente, hoy se diría que este producto era papel blanco de fibra corta. La misma tecnología que se describe así, se usa hoy en día, en Europa, para fabricar papeles muy finos y especiales Pero el mercado nacional del producto era muy pequeño. La mayoría de la población del país no sabía leer ni escribir. Los periódicos eran pocos y de muy poca circulación. El papel europeo, que le competía casi sin arancel aduanero, era mucho mejor. Los libros no se imprimían en el país, sino que venían de Europa y de Estados Unidos. La productividad de la fábrica nacional, en kilos diarios de producto, era muy poca. El arancel aduanero para importar papel era muy bajo, con el propósito de incentivar la lectura y la escritura. En consecuencia, la fábrica del Sr. Peralta solamente duró cuatro años y se cerró en 1840, al estallar la desgraciada Guerra de los Supremos o Guerra de los Conventos. Diez años después se intentó nuevamente fabricar este material, pero también fracasó por las mismas razones, ahora agravadas por la política “laissez fairista” y manchesteriana que había impuesto el Ministro de Finanzas, don Florentino González (de ingrata recordación), de mantener libres las importaciones, actuando así contra los intereses de Colombia. El historiador William Mc Greevey [1972] demostró que esta fue una muy política dañina que retrasó cuarenta años el desarrollo económico de Colombia y que, indirectamente, dio lugar las guerras civiles de 1854 y 1860. Habrían de transcurrir 115 años para que en Colombia, se volviera a producir papel (esta vez, papeles kraft, de fibra corta) en Cali, en 1955, a partir de celulosa importada; y trascurrirían 120 años para que se produjera papel blanco, de fibra larga, en 1960, en esa misma ciudad, esta vez a partir del bagazo de caña de azúcar. Aunque no se tienen más noticias del Sr. Peralta, es casi seguro que permaneció en el país hasta sus últimos días; y su memoria merece un válido encomio como empresario schumpeteriano, innovador y arriesgado, cuando muy pocos de esta clase existían en nuestro país.

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INMIGRANTES EDUCADORES

146. En 1837 vino también a Medellín el químico italiano Luciano Brugnelli, contratado por el gobernador provincial, Juan de Dios Aranzazu, desde 1835, con un sueldo exageradamente alto, para que enseñara Química y Mineralogía en el Colegio Provincial, que había sido creado por el gobierno del general Santander y su Ministro de Educación José Manuel Restrepo y que fue la semilla de la actual Universidad de Antioquia. Para pagar los servicios del químico se hicieron colectas populares en la Provincia y se estableció una pequeña tasa a la fundición de oro. El profesor Brugnelli trajo de Europa algunos equipos muy costosos e inició sus clases, pero el gobierno provincial no pudo 151

Nunca nadie había hecho papel en nuestro país. En España esta técnica había sido usada desde el año 1150 cuando los árabes la llevaron desde la ciudad de Samarcanda. Los árabes lo había aprendido en esa ciudad del Asia Central, de unos prisioneros chinos que habían apresado en una batalla que ganaron los primeros. La primera fábrica que existió en Europa apareció en la ciudad española de Játiva en 1154. Luego aparece otra en Francia en la población de Héroult, en 1189. La técnica descrita arriba fue usada en Europa hasta 1785, cuando se inventaron las primeras máquinas continuas para producir papel, como es hoy la máquina que los hermanos Henry y Sealey Fourdriner diseñaron y construyeron en 1807, en Estados Unidos, para fabricar industrialmente el producto, en línea continua. Ésta es la máquina que se usa aún hoy en día (y se segurá usando por muchos decenios) en todo el mundo, para fabricar papel a escala industial.

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cubrirle los elevadísimos salarios que cobraba (1.400 pesos anuales, que hoy en día serían como 10 millones de pesos corrientes mensuales); tuvo sólo seis alumnos; y encontró otras varias dificultades. En dos años el gobierno provincial había agotado su presupuesto para enseñanza secundaria. Como agravante, en 1839 estalló la guerra civil de los “pre-liberales” contra el gobierno “pre-conservador” de don José Ignacio de Márquez, guerra que duraría hasta 1841, a la cual el gobierno antioqueño hizo sustanciales aportes a favor del gobierno. En consecuencia el profesor Brugnelli hubo de retornar a su Italia nativa en 1840, dos años después de su llegada a Medellín, probablemente muy frustrado. Safford [1976] dice, sin razón ni justicia, que Brugnelli también se fue contento por abandonar un ambiente tan cerril como el de Medellín (palabra más o palabra menos), y con ello ese autor demuestra una hostilidad sesgada y sin motivo hacia esa ciudad. Ciertamente la ciudad era pequeña, pero Medellín, con 8.500 habitantes, no era una ciudad “ruda”. Por lo menos, no lo era más que Bogotá (con 39.000 habitantes), Cali (con 10.000) u otra ciudad colombiana cualquiera, en ese momento o en el presente152. 147. En 1831, al disolverse la Gran Colombia, el militar retirado venezolano Blas Brusual153 permaneció en Colombia, sirviendo como instructor en el pequeño Ejército de la Nueva Granada, compuesto por 7.000 hombres, durante el segundo período de gobierno del general Santander y de su Ministro de Guerra, el general Antonio Obando 154. Pero en 1837 Brusual pidió la baja del servicio activo. La ley expedida en 1836 por dicho gobierno, refundó las Universidades del Estado (la Central en Bogotá, la de Popayán y la de Cartagena, y la Escuela Náutica en Cartagena), y dispuso que en todas ellas se impartiera alguna instrucción militar. En consecuencia, Brusual se vinculó a la Universidad Central como profesor permanente de Trigonometría, Cosmografía y Topografía en el curso militar. Así lo hizo con plena idoneidad hasta 1839. Pero en Cartagena solamente tenía seis discípulos en su carrera de las armas. Y en 1840, cuando se desató la estúpida Guerra de los Conventos, promovida torpemente por José María Obando contra el Gobierno “pre conservador” de José Ignacio de Márquez, los seis cadetes se retiraron y fueron a servir en los combates en que Márquez defendió con éxito su cargo de Presidente, cargo que, cuatro años después, entregaría al general Pedro Alcántara Herrán. Brusual, decepcionado del país, regresó a Venezuela, sólo para encontrar en el suyo unos gobiernos más volátiles, inestables y pendencieros que los neogranadinos. No se volvió a saber más de él. 148. La historia de la Universidad de Antioquia da cuenta de que alrededor de 1843 o 1844, el gobierno regional de D. Julián Vásquez Calle, trajo a aquella institución al profesor francés Charles Fisanne, a dar cursos de Química y de Física, al nivel de la enseñanza secundaria. Pero este autor no ha encontrado más referencias acerca de este personaje. Esto mismo indicaría que no desempeñó ningún papel importante en la Educación ni en la Ciencia de la Provincia; y es casi seguro que regresó pronto a Europa. 152

Medellín, tenía en ese años unos 8.500 habitantes, mientras toda Antioquia tenía unos 175.000; Bogotá algo menos de 40.000; Cali tenía 10.000 en número redondos; y toda Colombia algo como 1´750.000. 153 Entrenado en las filas y en las batallas de nuestra Independencia como Oficial de Ingenieros, probablemente por el coronel Alderkreutz. 154 El general Antonio Obando había sido enviado en comisión oficial por el Vicepresidente Santander a Italia, así como había enviado al coronel Joaquín Acosta a París, y al capitán José María Melo a Alemania, todos con la misma misión de hacer estudios militares y técnicos. En 1832, Obando, fue Ministro de Guerra del general Santander. Ver acápite sobre Acosta.

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149. En 1844, finalizando la Presidencia del general Pedro Alcántara Herrán, volvió al país el general Tomás Cipriano Mosquera (suegro y antipatizante de Herrán), viniendo de Chile y del Perú, donde había actuado como embajador de Colombia. Mosquera fue siempre un ingeniero frustrado. En ese talante, fue siempre un admirador comptiano 155 y apasionado de la Ciencia y de la Ingeniería. Siendo consciente de la falta de profesores de Física en Colombia y de la ignorancia universal de esta ciencia entre nosotros, Mosquera había invitado a venir consigo al país, al sacerdote jesuita chileno José Gumilla, para que enseñara esa disciplina en los colegios de Bogotá. El padre Gumilla hizo junto con Mosquera el viaje a caballo de Santiago a Valparaíso. De allí en un velero a El Callao, donde pasaron a otro que los llevó de El Callao a Buenaventura. De aquí, por el río Dagua y a caballo, en cinco días llegaron a Cali, donde reposaron de su larga travesía de varios miles de kilómetros. Siempre a lomo de bestia, hicieron luego el camino de Cali a Cartago, a Salento, a Ibagué, al paso de Guataquí en el Magdalena, Tocaima, La Mesa, Cuatroesquinas (hoy Mosquera) y a Bogotá. En la capital, el P. Gumilla cumplió su tarea docente con eficiencia y brillo. Puede decirse que él fue el introductor a Colombia del estudio de la Física creada en Europa desde el s. XVII, la que ya en ese momento era una ciencia fundamental para los ingenieros, los astrónomos y los médicos que se formaran en Colombia. Entre el año de su llegada (1844) y 1848 enseñó Física en el San Bartolomé, en el Colegio del Rosario, en colegios particulares y en la Escuela de Medicina, en cuyo currículum él introdujo esta materia. Al ser fundado el Colegio Militar de Ingeniería por Mosquera, en 1848, el P. Gumilla dictó la cátedra de Física a los cadetes del primer año de estudio (más abajo se mencionarán sus nombres y los de otros profesores). Poco después, el sacerdote recibió de sus superiores la orden de viajar a España. En su camino por tierra de Bogotá a Santa Marta hizo alto en Pamplona, en donde fue consultado por los mineros sobre los múltiples problemas de la extracción de plata que les aquejaban, y que ni don Jacobo Wiessner había podido resolver años atrás. Sobre este episodio del viaje del P. Gumilla hay un pasaje de mucho interés en el libro clásico de don Vicente Restrepo.

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FERRERÍA SAMACÁ

150. La Ferrería de Pacho había trabajado produciendo hierro durante 22 años, sin competencia nacional, desde 1823 hasta 1854. Debía ser un negocio exitoso, porque dos antiguos empleados operadores técnicos de aquélla, quienes habían venido de Inglaterra, se fueron al estado de Boyacá, presidido entonces por D. José Eusebio Otálora, a fundar otra ferrería, en la población de Samacá, donde había gruesos mantos de hulla, depósitos cuantiosos de óxidos de hierro y grandes montañas de rocas calizas. El proyecto era del estado de Boyacá y los técnicos eran Martín Perry y James Bruce. Por falta de capital sólo pudieron construir un pequeño alto horno de reducción; otro para recalentar el arrabio que el anterior producía (muy difícilmente) y luego convertirlo en hierro maleable a martillo y

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Se refiere al filósofo y fundador de la ciencia de la Sociología Augusto Compte.

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más recalentamiento; y un tercero para fundir hierro gris y fabricar piezas de “hierro colado”156. Pero pronto la Ferrería de Samacá comenzó a tener muchos problemas técnicos: la calidad de las materias primas, la débil construcción del horno, la baja proporción de hierro forjado y exceso de hierro gris, la falta de vías y de medios de transporte, el diminuto mercado accesible (el actual departamento de Boyacá, como es hoy, en 2010, y en ese entonces pobrísimo). A fines del s. XIX, la ferrería fue cerrada y convertida en una empresa textil con telares “modernos”. Probablemente ya no estaban allí ni Perry ni Bruce. El primero permaneció en Colombia y aún hoy viven personas de ese apellido, que desempeñan papeles destacados en el gobierno y en entidades particulares. En cuanto a la Fábrica de Tejidos de Samacá, ésta perduró hasta los años cuarenta del s. XX, y aún en 1975 este autor conoció algunos de sus viejos telares, ya herrumbrosos y arrinconados en la fábrica de la empresa Fabricato, en la población de Bello (Antioquia). (El autor recomienda quitarle el color a este párrafo, ponerle el tipo corriente de letra y numerarlo al comienzo,como los demás) Para la mejor comprensión de las rutas de Colombia hacia mediados del s. XIX, en este documento se incluye una ilustración del explorador francés Edouard André, como aparece en su monografía “América Equinoxial” que hace parte de su libro “América Pintoresca”, publicado en Barcelona en 1884. En la misma se muestra el sitio de Guataquí Era un villorio donde todos los viajeros que iban a cruzar el río tenían que parar para arreglar sus menajes, preparar las cabalgaduras para nadar, cargar y descargar fardos en las canoas y descansar o tomar algún refrigerio. El sitio está en la orilla derecha del río Magdalena, unos 35 kilómetros aguas abajo del actual Girardot, en la desembocadura del Rioseco en el primero. Allí el río tenía un estrechamiento y por eso fue escogido desde épocas coloniales para cruzarlo en las dos direcciones. El camino venía desde La Mesa, al Oriente, y continuaba a Ibagué, al Occidente. De allí mismo se desprendía un ramal dirigido hacia el Sur, a El Guamo, Purificación y Neiva, y que continuaba a La Plata, Popayán, etc. En Guataquí se reunieron Jiménez de Quesada, Pizarro y Federmán para ir a Madrid a que el Rey resolviera por arbitrio su agrio y beligerante conflicto de intereses territoriales. Por allí pasaron, pues, Nariño, Bolívar, Sucre, Córdova, Caldas (en varias ocasiones viniendo de Popayán a Bogotá), Serviez, J. H. López, J. M. Obando (juntos en varias ocasiones), Domingo Caycedo (varias veces, entre Bogotá y su finca de “Saldaña” o a Neiva), Codazzi y casi todos los grandes que recorrieron el país de Oriente a Occidente o viceversa, antes del año de 1883, recién iniciado el ferrocarril Girardot − Bogotá cuando se construyó el primer puente en Girardot para el camino de allí a Ibagué. Muy probablemente este fue diseñado y construido por uno de los primeros ingenieros egresados de la Escuela Militar de Ingeniería. En la figura se muestra a un viajero a caballo, que lleva un cargamento de mercancías hacia regiones al occidente del rio, con varias mulas y varios muleros. En algún documento que conoció este autor, G.P.R., se dice que se trata de don Eliseo Parra Gómez (1825-1900) cuando era un sencillo comerciante santandereano (siempre fue hombre sencillo, amante de la paz e integérrimo), nacido en Barichara en 1825, que llevaba mercancías al Tolima, como también a otras regiones del país. Se muestra también a un personaje “tirando una línea de vista” con un teodolito (o taquímetro, como era más usado decir entonces; o tránsito, como se usa más decir hoy). A su lado, en el suelo tiene una lienza retráctil y una cartera de apuntes. Es evidente que estaba midiendo el rio por el método de triangulación. 156

Un hierro que contiene menos de 0,2% de carbono se llama hierro maleable, o hierro forjado, o hierro dulce. Era el hierro “primario” que producían los países desarrollados en todo el mundo, antes de ca. 1855, cuando se inventó el proceso Siemens Martin para producir acero. Se consideraba que el tonelaje de su producción era el óptimo indicador único del desarrollo industrial de un país. Inglaterra iba a la cabeza. El acero, por definición, es un hierro que contiene más de 0,2% y menos de 2% de carbono. Es hoy el metal industrial por excelencia en el mundo. Un hierro que contiene más de 2% hasta 4% se llama hierro de fundición (o hierro gris, hierro colado o “fundición”, a secas).

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Necesariamente era un ingeniero civil o ingeniero militar. No quedó registro de su nombre, pero el autor considera que era, casi con seguridad, el mismo Edouard André o, quizás, Agustín Codazzi. Al frente de Guataquí estaba el villorrio de Guataquicito, en la orilla Occidental, del lado tolimense del rio.

151. Junto con Carlos Johnson Wood, en 1854 llegó al país el ingeniero de minas irlandés John Kennedy, a trabajar en Marmato, como tantos otros de sus colegas y compatriotas. Después de concluir su contrato, ya cerca de1860, se casó en Santa Rosa de Osos con doña Juliana Cárdenas, y se radicó en Amalfi, que era tierra rica en oro. Tuvieron cuatro hijos: Nicasio, José Manuel, Mariana y Guadalupe. Dice Gallo [2009] que Kennedy murió al caerse de un andamio, mientras trabajaba en una mina. 152. Alrededor de 1850, cuando gobernaba el general José Hilario López, llegó a la Nueva Granada uno de los ingenieros extranjeros que más le sirvió al país, no solamente con el aporte de su propio trabajo, sino por haber formado en el país una familia que le ha dado numerosos ingenieros, educadores, administradores y gobernantes. Fue Martin Perry Rohitmore, nacido en Darlstone, Staffordshire, Inglaterra, alrededor de 1815, en el hogar de Joseph Perry y Mary Rohitmore. Siendo aún muy joven, con 23 años, desposó a doña Mary Ann Bray Green en 1838, con quien tuvo dos hijos en Inglaterra. Se entrenó en los oficios de la metalurgia del hierro en ferrerías de Devonshire, y de allí vino, junto con su joven familia, y con otros técnicos ingleses expertos en minas y metales, que habían sido llamados por Mr. Roberto Bunch, ciudadano inglés que vivía en Bogotá y que era uno de los principales socios de la Ferrería de Pacho, con el fin de mejorar los procesos metalúrgicos y de elevar el rendimiento en hierro maleable (“wrogh iron”, o hierro “dulce”) de cada colada, en dicha Ferrería. Después de trabajar en Pacho durante cuatro o cinco años, elseñor Perry fue llamado por la nueva Ferrería de Samacá, situada en esta población de Boyacá, donde empezó por estudiar y montar la indispensable mina de carbón coquizable, que en esa región es de excelente calidad metalúrgica. Allí trabajó Perry con su hijo mayor George Perry Bray (sobre la suerte de esta ferrería se trata más arriba). Don Martin Perry trabajó en la ferrería hasta cuando ésta fue cerrada para construir allí mismo la Fábrica de Tejidos de Samacá. En ese tiempo falleció su esposa. Él la sobrevivió hasta el 25 de diciembre de 1867, cuando murió en la misma población donde tanto sirvió, pocos días después de haber recibido el bautismo católico. Le dejó al país su apellido en sus cuatro hijos Mary Ann, George, Alfred y Elizabeth. Los personajes colombianos importantes que han llevado el apellido Perry y que se recuerdan, han sido incontables: ingenieros, industriales, funcionarios públicos, publicistas, escritores y otros profesionales 157.

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FERRERÍA LA PRADERA

153. También en 1855, otros dos ex empleados técnicos de la fecunda Ferrería de Pacho, John James y Raphael Forrest se asociaron con el Sr. Samuel Sayer (ya mencionado), un 157

Este autor recuerda con gratitud al ingeniero Gustavo Perry Zubieta, quien fue su amigo y compañero de trabajo en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Nacional en Bogotá, en 1957 y en años posteriores, y quien lo presentó en la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 1970.

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antiguo carpintero inglés que había llegado a Bogotá diez años antes, y se había enriquecido con su trabajo. Teniéndolo como socio capitalista, los dos técnicos siderúrgicos antedichos, emprendieron la construcción de otra ferrería cerca a la población de Subachoque (Cundinamarca, unos 40 km al noroeste de Bogotá) la cual fue llamada Ferrería de La Pradera. Tenía las clásicas instalaciones de una empresa de estas en sus tiempos: minas de hulla, minas de mineral de hierro, minas de caliza, un depósito grande de arcillas refractarias, un horno de colmena para coquizar el carbón, un horno para hacer ladrillos refractarios, el alto horno para producir el hierro crudo o arrabio, o “pig iron”), un horno de recalentamiento para tochos, una forja para convertir el arrabio crudo en hierro dulce, un cubilote para fundir hierro gris, un taller de mecanizado de metales, una carpintería para hacer moldes de fundición, y otros implementos. En su tiempo éstas eran industrias de alta tecnología, y los ingenieros y técnicos europeos que las instalaron y las operaron con tantas dificultades tenían que ser hombres altamente calificados, que le dejaron al país un importante caudal de conocimientos y de experiencia técnica. Esta ferrería funcionó con mayor éxito que la de Samacá. Sus fundadores y sus operarios debían ser expertos siderúrgicos muy capaces, porque allí se fabricaron, en 1880 los rieles con que se construyó el Ferrocarril de la Sabana (de Bogotá a Facatativá). En 1876 ocupaba 76 trabajadores y producía unas cuatro toneladas diarias de arrabio fundido. Pero los aparatos metálicos ya venían importados en acero, las guerras civiles de 1885, 1895 y de 1899−2002 (de los Mil Días) habían arruinado al país, la inflación y el desbarajuste monetario de los gobiernos incompetentes de fin de siglo y la sempiterna estrechez del mercado nacional acabaron por rendirla. Además, ningún técnico del exterior quería venir a un país tan desastroso como éste. Pese a todo, en 1894 esta ferrería producía alrededor de 40 toneladas de metal diariamente. El eminente presidente Rafael Reyes hizo hasta su retiro, en 1909, lo posible para salvarla, pero no lo logró. En medio de problemas de toda clase, la planta siguió funcionando a medias y con problemas hasta que en 1911 se cerró definitivamente. Todavía hoy (2010) se ven, cerca a la población de Subachoque, algunas ruinas de hornos y chimeneas de lo que fue esa planta. 154. No hay duda de que muchos de los obreros que se entrenaron “on the job”, sobre la marcha, en alguna de las tres ferrerías (fundidores, horneros, herreros, moldeadores, forjadores, torneros, carpinteros, etc.) fueron después a trabajar muy útilmente en las incipientes fábricas que ya comenzaban a funcionar en Bogotá y en Bucaramanga; en los talleres de los ferrocarriles en Facatativá, Girardot y Bogotá; en fundiciones y talleres metalmecánicos; y en talleres de reparación de máquinas y de automotores, pues estos comenzaron a entrar al país y a rodar por calles y algunas carreteras desde 1903, al terminar la Guerra de los Mil Días. D. Luis Ospina Vásquez [1979] en su libro Industria y protección en Colombia, anota, muy atinadamente, que las ferrerías fueron también una escuela muy buena para formar espíritus empresariales y para aprender métodos modernos de administración mucho más avanzados que los que dejaron los colonizadores. 155. Hacia 1842 gobernaba a la Nueva Granada el Sr. José Ignacio de Márquez. En los primeros 20 años como república el país había cambiado muy poco. Santander (1819−1826) y Márquez (1837−1841) habían intentado un comienzo de fomento industrial que prometía seguir avanzando. Pero no había capitales, ni mercado interior, ni personal técnico. Ya habían ocurrido dos guerras civiles: una para derrotar la dictadura bolivarista de Rafael Urdaneta (1830); y otra de los “pre-liberales” rebelados contra el gobierno “pre116


conservador de José Ignacio de Márquez (1840). No había vías de comunicación, ni bancos, ni agua pública, ni fábricas, ni un kilómetro de ferrocarril. Solamente unos pocos barcos navegaban el Magdalena. El sistema tributario era el mismo de la Colonia española. La criminal institución de la esclavitud perduraba, pese a los esfuerzos de los Restrepo, de Bolívar y de Santander. La Universidad Central, que fundó Santander, había sido cerrada por Bolívar como dictador en 1828. -

INMIGRANTES EN LA COSTA ATLÁNTICA

156. El ingeniero, físico y geólogo francés Luis Striffer nació en Estrasburgo, provincia de Alsacia alrededor de 1810, y vino a la Nueva Granada en 1841, en una comisión de ingenieros, mineros y geólogos, contratada por la Compagnie Francaise de l´Haut Sinu, la cual se proponía extraer el oro de los ricos aluviones del río Sinú. En este plan exploró extensamente los ríos Sinú, San Jorge y Cesar, y, posteriormente, la Sierra Nevada de Santa Marta. Aunque la compañía francesa no tuvo éxito en su empresa minera, Striffer se estableció en Cartagena, allí se casó con doña Felisa Gaticker, y allí residió sus dos hijos: Elisa y Zenón. Monsieur Striffer dejó escritos dos libros sobre sus extensas exploraciones: El Alto Sinú y El río San Jorge. Viajó a Francia a publicar sus libros y allí murió. Desde los primeros días de la República, Barranquilla comenzó a recibir de Europa una corriente de inmigrantes hebreos, tanto de los sefarditas (de origen español y portugués) como de los askenazi (originarios del centro de Europa): Brion, Méndez, Pardo, Cortissoz, Salas, Correas, Peres (con “s”), Müller, Siefken, Held, Giesseken, Wessels, Sourdis, Watnick, Senior, Pineda, Sanjuán, Monasterio, Bueno, Plata, Blanco, Carbó, Rojo, De Solla, Cáceres, Toledo, López-Penha, Lindemeyer, Santodomingo, y varios otros judíos emprendedores y exitosos, unos muy ricos y otros menos acaudalados, quienes encontraron allí un sitio donde establecer sus negocios, negocios que, como ha sido la costumbre en la historia de la gente de su nacionalidad, eran generalmente de alcance internacional. Alrededor de 1845, llegó a ese pequeño poblado, que tendría entonces tan sólo unos 5.500 habitantes, el Sr. Julius Hönigsberg, ingeniero civil, hebreo procedente de su patria alemana. En 1848 ya era miembro de la logia masónica local. Se dedicó a negocios de exportación de algodón, añil, cueros y tabaco 158. 157. En esos años se expandía fuertemente el negocio de la navegación por el río Magdalena, cuyos barcos ya se construían en Barranquilla. Hoenisberg se asoció con su compatriota y correligionario D. Martin Wessels y entraron en el negocio naviero, que les resultó muy exitoso y, ello, en buena parte, por el auge que surgió de la exportación de 158

Este último negocio prosperó en forma floreciente después de 1850, cuando el gobierno del Presidente J. H. López y de su Ministro del Tesoro, D. Florentino González (de muy ingrato recuerdo), y de un poderoso negociante antioqueño muy interesado en ello, D. Francisco Montoya Zapata, suprimió el monopolio gubernamental del tabaco y dejó su producción, elaboración y exportación, al libre ejercicio de los particulares. Como era previsible, Montoya y sus socios, Sáenz y Arrubla, montaron en Ambalema una empresa elaboradora y también exportadora de la hoja, que la compraba a miles de campesinos al precio que aquélla imponía: un monopsonio capitalista sin control, que arruinó a miles de familias campesinas de la región. Por una de las curiosas viceversas de la vida, el señor Montoya murió años después en Bogotá, en 1862, en la más profunda ruina, después de haber sido el hombre más rico de la Nueva Granada, según concepto de Frank Safford en su artículo “Influencia de los antioqueños en la economía colombiana”.

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tabaco en hojas y en cigarros de Ambalema (empresa de Montoya, de su paisano Juan Manuel Arrubla y de su socio Sáenz), hacia Europa, y que en su gran mayoría iba a los puertos de Bremen y Hamburgo, donde, tanto Hoenigsberg como Wessels, mantenían muy buenas relaciones comerciales y personales. En los años que siguieron, y en virtud de la política “liberal” de 1850, implantada por el Presidente José H. López y por los presidentes que le siguieron, el negocio de importar adquirió gran rentabilidad y auge. Así que la compañía Hoenigsberg Wessels y Compañía amplió sus negocios a la importación en grande de manufacturas europeas: textiles, vidriería, papeles, mobiliario, menaje doméstico, pianos, metales, licores, y todo lo que encontrara una buena demanda en la misma ciudad, en Bogotá (40.853 habitantes en 1870), Medellín (30.000 habitantes), y Bucaramanga (11.260 habitantes), que eran las ciudades alcanzables por los vapores (completándola con una conexión terrestre adicional desde puertos del rio hasta esas ciudades: desde Puerto Marta en el rio Sogamoso, a Bucaramanga; desde Islitas en el río Nare, a Medellín; y desde Honda, a Bogotá). En 1869 la compañía de los dos alemanes pidió al Estado Soberano de Bolívar, sin lograrlo esta vez, que le asignara el “privilegio” o concesión para construir el ferrocarril de Barranquilla a Sabanilla (la que hoy se llama Puerto Salgar). Ésta era una pequeña aldea, al mismo borde del mar Caribe, adonde llegaban los barcos de alta mar (que entonces no excedían de 1.000 o 1.200 toneladas de porte GDW159, barcos para los cuales el mar, allí, tenía aguas profundas muy cerca a la playa. La carga y los pasajeros embarcaban y desembarcaban en botes que llegaban a la callecita de la aldea, donde había bodegas y modestos hospedajes para llegar desde y hasta “La Arenosa”. La comunicación entre los dos sitios se hacía por el caño de la Piña, una boca lateral al occidente de Bocas de Ceniza, de aguas tranquilas y siempre llenas, por el cual iban y venían los botes y las barcazas entre uno y otro sitio. Pero el trasbordo era incómodo, costoso y demorado. De tal modo que los comerciantes de Barranquilla (que ya tenía 11. 000 habitantes en una Colombia con 2´950 000), pidieron al gobernador del Estado Soberano de Bolívar, la construcción de un ferrocarril, que sólo tendría 18 millas (30 km), por un terreno muy plano, y que conectara su ciudad con Sabanilla. El Estado lo aprobó y otorgó la concesión al “general” Ramón Santodomingo Vila, de obvio origen sefardita, aliado político de don Rafael Núñez, y que combatiría después en la segunda batalla de Garrapata en la “guerra nuñista”. Las “concesiones” monopolísticas por el Estado a particulares han sido siempre en Colombia una presa para leones. En el caso del “ferrocarril de Bolívar”, hubo toda clase de ventas, reventas, cabildeos, comisiones en dinero, “cesiones”, asociaciones, desistimientos, contratos, subcontratos y maniobras turbias para hacerse a la jugosa concesión, por muchos particulares “privados” poderosos y codiciosos. Alguien se apoderó finalmente del negocio, pero como no tenía ni idea de cómo hacer un ferrocarril (así fuera tan pequeño), recurrió a D. Julio, en su carácter de ingeniero. Él y su socio contrataron en Alemania y en Inglaterra un equipo de ingenieros para que hicieran la construcción, y se reservaron para ellos la operación y la administración de la empresa. La construcción de la línea comenzó en enero de 1871 y se inauguró a fines de dicho año. Hoenigberg, Wesels y otros socios alemanes conformaron una empresa aparte para manejar el negocio ferroviario, que se llamó “Compañía del Ferrocarril de Bolívar”. El 1 de enero de 1872 arrancó el primer tren, de Barranquilla a Sabanilla. Poco después se inauguró en la ciudad la Estación Montoya, llamada así en homenaje a D. Francisco Montoya Zapata, 159

Esta sigla significa Gross Dead Weight: ésta era y es la nomenclatura naviera inglesa.

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comerciante, naviero, exportador, importador, tabacalero, prestamista, minero, y negociante en otras actividades de confusa ética calvinista, que era el hombre más rico de Colombia en esa época, y que moriría después en la más absoluta pobreza, en Bogotá. Los dos empresarios alemanes regresaron a su patria en 1873. Ambos se habían casado en Barranquilla, donde dejaron una larga descendencia que aún actúa en esa ciudad.

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LAS RUTAS HACIA ANTIOQUIA Y OTROS TERRITORIOS AL SUR

158. En 1840 vivían muy cerca de 1´623.000 personas en todo el país. De ellas 40.000 vivían en Bogotá; 104.060 eran antiqueños, y de éstos, sólo 6.100 habitaban en Medellín. La corriente migratoria de antioqueños hacia el sur del río Arma continuaba intensamente. Manizales fue fundada en 1848. Antioquia era entonces un territorio fuertemente amurallado por cordilleras en todos sus costados. Para entrar a esa Provincia, uno de estos ingenieros europeos que se mencionan aquí, debía tomar un barco de velas; cruzar el Atlántico durante un mes; llegar a Santa Marta, a Sabanilla o a Cartagena; y esperar a que saliera un vapor por el Magdalena hacia el interior del país. Quien fuera para Medellín tenía cuatro opciones: a) Desembarcaba del vapor en Islitas, en el río Nare, 8 km adentro de su desembocadura; allí tomaba, en una cabalgadura, el mal camino a San Carlos, Granada, Santuario, Rionegro y Medellín, de 100 km, gastando cuatro o cinco días. b) Llegando a Islitas, tomaba un camino, más largo, pero mucho mejor construido, de 200 km, hacia el río Nus, Santo Domingo, Barbosa y Medellín. c) Desembarcaba del vapor en Mompox; allí trasbordaba a un champán, que lo subía río Cauca arriba hasta Santa Fe de Antioquia, donde desembarcaba y tomaba el más largo camino, de 70 km, hasta Medellín; o d) navegaba hasta Anzá (fundada en 1770), donde desembarcaba y tomaba el camino, más corto, de 45 km a esa ciudad. Fue por esta vía del río Cauca como llegó a vivir D. Juan del Corral desde su Mompox natal a Santa Fe de Antioquia, donde gobernó la Provincia, inclusive como Dictador pacífico, y donde murió. Quienes vinieran a las ricas zonas mineras del nordeste de la Provincia, llegaban desde Mompox, en el champán, hasta Cáceres o hasta el actual Puerto Valdivia, o desviaban por el Nechí, aguas arriba hasta Zaragoza. Del desembarcadero continuaban a caballo hasta el sitio de la mina a donde fueran. Hay claros indicios de que así vinieron varios inmigrantes como Hausswolff, Moore, Coymat y otros. Quienes vinieran a Titiribí hacían la ruta descrita por el río Cauca hasta Anzá. Desde allí llegaban a caballo a Titiribí, a 40 km, en un día. Es my probable que fuera así como llegaron Griffenstein, Paschke, los mineros que trajo Moore en 1854, los Wolff, y otros mineros y técnicos a Titiribí, al Zancudo y a Sotioviejo. Pero si el inmigrante iba a la zona minera del norte de Antioquia, desembarcaba en Mompox y, en champán o en canoa, por el Cauca y el Nechí, aguas arriba, llegaba a Zaragoza, Cáceres, Segovia o Remedios. Quienes iban a las minas de Santa Ana subían en vapor hasta Honda y allí seguían a caballo a su destino. El viajero con destino a Bogotá tomaba en Honda el azaroso camino a Guaduas, Facatativá y Bogotá, en cuatro o cinco días a lomo de bestia o a lomo de indio. Los ingenieros y científicos que venían al país debían ser hombres jóvenes, físicamente muy fuertes, decididos, disciplinados, con gran iniciativa, frugales y resistentes al sol y al agua, como lo eran los buenos oficiales militares de entonces y hoy. De hecho, la formación de un ingeniero civil o de minas en Europa tenía un intenso contenido de entrenamiento casi castrense. 119


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INMIGRACIÓN Y PROGRESO POR EL GENERAL MOSQUERA

159. El país recibió un firme impulso de progreso durante el primer cuatrienio (1845−1849) del presidente y general Tomás Cipriano de Mosquera, quien adoptó oficialmente el sistema métrico decimal; mejoró los caminos del país e hizo un plan nacional para cubrirlo con vías para carretas; trajo varios técnicos e ingenieros a enseñar ciencias y técnicas, y a construir obras públicas; revivió con estímulos a la navegación del Magdalena; contrató la construcción del ferrocarril de Panamá; trajo al país al coronel Agustín Codazzi; fundó el Colegio Militar de Ingeniería; hizo construir el camino para carretas de Buenaventura a Cali; reconstruyó la Casa de la Moneda en Bogotá; inició el Capitolio Nacional; hizo mejorar sustancialmente el “camino del Quindío”, entre Ibagué y Cartago; creó el Instituto Nacional de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas; hizo abrir el Canal del Dique, por el ingeniero George Totten, para navegación por vapores fluviales; apoyó decididamente la minería aurífera, porque el país no poseía casi nada más para financiar su comercio interior y exterior; implantó la moneda de plata a la par con la con la de oro en la relación 1 de oro por 12 de plata, y mucho más. Antes de Mosquera había gobernado el general Pedro Alcántara Herrán (1840−1844), y después de aquél gobernaría el general José Hilario López (1849−1843). 160. Mosquera fue, indudablemente, en orden cronológico, el segundo de los grandes Presidentes de la República, después de Santander, que han impulsado vigorosamente el desarrollo y la modernización de la Ciencia y la Tecnología en nuestro país. Habrá la oportunidad de demostrarlo detalladamente por sus valiosas y numerosas realizaciones. Colombia no es consciente de esto y casi nadie está, ni ha estado nunca interesado en saberlo. Pero aunque fuera solamente por eso, ellos merecen un grande homenaje de Colombia. Aquí sólo se puede consignar el modesto homenaje de este autor. Después de terminar su período presidencial, Mosquera viajó a Nueva York a establecer una casa comercial de su familia, y, regresando al país, se dedicó a construir un excelente mapa de Colombia que aún hoy en día es uno de los clásicos de la historia de la cartografía nacional. (Mosquera era un ingeniero frustrado, y hombre de gran cultura: hablaba latín, inglés y francés; era un hábil matemático y un eficaz constructor de fortificaciones, puentes y calzadas en sus campañas militares). En 1843 solicitó al gobierno del Presidente José María Obando, su sucesor y enemigo personal, un “privilegio” (o “concesión”, como se diría ahora) para construir una carretera (en el sentido de entonces, del que ya se hablará) de Cali a Buenaventura y beneficiarse de él durante 30 años, cobrando peajes a cargamentos y a viajeros. Era una necesidad muy sentida de la Provincia del Cauca, que lo requería para facilitar su comercio con Panamá, con el Ecuador y con el Perú. Ya durante la Colonia española, en 1590, el Gobernador de Popayán había concedido un “privilegio” a un comerciante emprendedor, don Francisco Jaramillo, para abrir un camino desde Cali hasta el Océano Pacífico, siguiendo la ruta del río Dagua, el cual desemboca en la Bahía de la Buenaventura, al sur y muy cerca de ese puerto. Dice Ortega [1922] que “ese camino debió prestar algún servicio no obstante su defectuosa construcción”. Posteriormente, en el s. XVIII, un hacendado caleño, don Manuel Caycedo Tenorio, abrió otra senda de Cali a Buenaventura, que sirvió durante varios años hasta que el duro clima y 120


la selva la inutilizaron. Estas dos obras fueron, sin duda, dos proezas formidables, considerando la topografía muy arriscada de la Cordillera Occidental que atravesaban, las selvas tupidas que la cubren, las mortales malaria y fiebre amarilla, las fieras y las alimañas que entonces (y aún hoy) las pueblan, las lluvias diluviales de todos los días, la falta absoluta de medios de comunicación y transporte, las dificultades para subsistir allí, y las herramientas muy rudimentarias con que se hicieron (picas, palas, barras, machetes y casi nada más). En 1805 dos hacendados valientes y decididos, los señores Manuel deJ. Caycedo y Gabriel de la Roche, dedicaron seis meses a explorar la región en busca de una ruta de ladicha ciudad al puerto mencionado. Al parecer, ellos fueron quienes primero encontraron y recomendaron la ruta del rio Anchicayá, por donde comenzó a construirse la primera carretera para automotores en 1910, ciento cinco años después de la expedición de Caycedo y de la Roche. En 1821 otro empresario, caleño y emprendedor, don Francisco Vallecilla, abre una vía desde el sitio de Juntas, cerca de Buga y al pié de la Cordillera Occidental,, hasta la parte navegable del Dagua, el cual fluye muy caudaloso pero tranquilo en su últimos 35 curvilíneos kilómetros. En 1817, cuando el “Reconquistador” Pablo Morillo dominó como dictador a nuestro país, hizo construir un nuevo camino “real”, empedrado, para tráfico de bestias y de peatones, desde Cali, transmontando las serranías al occidente, pasando por la aldea de Anchicayá, y descendiendo desde allí por la hoya de dicho río hasta Buenaventura. Es posible que esta vía hubiera sido el camino por donde salió el general Antonio José de Sucre con seiscientos colombianos, venezolanos y británicos a combatir en el Ecuador, en el Perú y en el alto Perú (hoy Bolivia) para expulsar a los invasores españoles. Posteriormente, en 1829, Bolívar venía de Quito hacia Bogotá e hizo una escala en Cali. Allí le ordenó al coronel de ingenieros militares, caleño, Eusebio Borrero, que construyera un buen camino para carretas a Buenaventura, con un batallón de zapadores (posiblemente de los que había instruido Adlerkreutz para la campaña del Sur). Pero Borrero no tenía conocimientos, ni voluntad, ni disciplina para hacerlo, y nunca cumplió la orden. Éste era un aristócrata arrogante, politiquero y reaccionario, que después se distinguió por su odio a Santander, a quien atacó con saña en el Senado. Luego pasaron muchos años cuando sólo existía una mala trocha desde Cali y otra desde Buga para ir al río Dagua donde éste se puede navegar en grandes bongos de madera. Un poco más abajo de allí existía ya un caserío llamado Córdoba, en recuerdo del Héroe de Ayacucho, quien pasó por allí en 1826, viniendo de Guayaquil y Buenaventura, acompañando y como escolta de doña Manuelita Sáenz, por encargo del mismo Libertador, quien la esperaba en Bogotá. La primera carretera de Cali al mar, para automotores, fue iniciada en 1910, durante el gobierno del Presidente Carlos E. Restrepo, y terminada 35 años después, en 1945, durante el segundo cuatrienio del Presidente Alfonso López Pumarejo. Esta vía seguía la ruta del río Anchicaya, hasta el Dagua. Desde su inauguración y ientras se usó fue llamada “carretera Simón Bolívar”. En 1972 fue abandonada, al ser inaugurada otra vía, por el camino del ferrocarril Cali-Buenaventura, a lo largo de todo el cauce de dicho río. 161. Mientras recibía el privilegio, Mosquera constituyó con varias familias adineradas de la región (Caycedos, Garcés, Lloredas, Isaacs, Llorentes y otras), una empresa con el nombre de Compañía del Camino de Buenaventura para explotar el privilegio, el cual recibió en 1854 del gobierno del Presidente Obando (a quien Mosquera odiaba). 121


Durante su gobierno, en 1846, Mosquera había dado instrucciones a su hermano José Joaquín, quien era el embajador en Londres y en París, de que le enviara una misión de ingenieros europeos para construir caminos y carreteras dentro del gran plan de vías para todo el país, que ese gobierno acababa de promulgar. Entre otros ellos vino el ingeniero civil polonés Stanislasz Zawadski. No está documentado en ninguna parte pero es indudable que Zawadski trajo los instrumentos y los libros necesarios y propios de su profesión (como los que más adelante relacionaremos para el ingeniero Alfredo Callon, en 1853) porque aquél sabía que aquí no los hallaría. Cuando aquél hubo realizado otras obras viales cerca a Popayán, en 1855, emprendió el trazado desde Cali al villorrio de Córdoba. Para ello se sirvió, sin duda, de lo que quedara en el terreno de los antiguos caminos de Jaramillo, de Caycedo, de Vallecilla y de Morillo, de las exploraciones de Caycedo y de la Roche, y de los pocos mapas de la región que hubiera en ese tiempo. Sin duda, para estos trabajos, Zawadski hubo de entrenar algún personal auxiliar como topógrafos y cadeneros, que en esa época casi no existían en la región. Conociendo la zona y las vías que hoy existen, el autor piensa que el trazado del ingeniero polaco, el primero que se hacía con la técnica “moderna” de su tiempo, siguió probablemente la ruta del río Anchicayá, el que nace no muy lejos de la ciudad, al occidente de los llamados “Farallones de Cali” y va a desembocar en el río Dagua, cerca a Córdoba. Esta ruta fue la que siguió la primera carretera para automotores desde esa ciudad al mar, la cual fue construida entre 1926 y 1931 160. Hoy en día ese ferrocarril, como los demás del país, está práctica y culposamente abandonado por los gobiernos desde 1990. Zawadski hizo el trazado completo del camino y comenzó su construcción, a lo largo de los años desde 1855 hasta 1859, en medio de las enormes dificultades ya descritas. Según el conocimiento que este autor tiene sobre la economía de la construcción y la operación de carreteras y ferrocarriles, la construcción debió comenzar en Córdoba hacia Cali, para aprovechar el tramo navegable con muy bajo costo, del río Dagua, que redundaba en grandes economías en la construcción y, posteriormente, en la operación y el mantenimiento del camino. Pero en 1859 murió Zawadski (a la temprana edad de 49 años), muy posiblemente a causa de una malaria o de fiebre amarilla adquirida en esas selvas, como moriría años después, de uno de estos mismos males, en 1906, el ingeniero Abelardo Ramos, trabajando en la construcción del ferrocarril, en el sitio de “Platanales”, al pie de la población de “Papagayeros” (llamada hoy Dagua). 162. Para continuar la obra, Mosquera trajo enseguida, de Nueva York, con un elevado salario de 6.000 pesos-oro anuales, al ingeniero civil George Hopkins, quien continuó la construcción de la “carretera” que había comenzado su colega polaco, siempre en medio de las mismas dificultades y riesgos. Seis años duró Hopkins en la brega, hasta que falleció en 1865, también, muy posiblemente, por una enfermedad tropical adquirida por mosquitos malignos (Anopheles vivax o Aedes aegipti), tal como le ocurrió a Zawadski, antes, y como le ocurriría a Abelardo Ramos, años después. Después del trabajo de dos años con Zawadski y seis con Hopkins, el camino debía alcanzar ya algo así como 90 o 100 km.

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Este autor recorrió esa carretera en 1953; después, en 1975, recorrió la que se hizo por la ruta del ferrocarril; y en 1997 recorrió la de Buga a Buenaventura. En 1956 recorrió el ferrocarril de Cali al mar. Por eso entiende las dificultades que afrontaron, sin duda, los constructores de esas vías, desde la Colonia hasta mediados del s. XX.

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Parece que la obra estuvo suspendida durante algún tiempo, quizás debido a que por enonces el Estado Soberano del Cauca se embarcó en la fatídica guerra religiosa de 18761877, aliado con los de Cundinamarca y Santander, pero aquél llevó la mayor parte del esfuerzo bélico y de su altísimo costo. Pero parece que, aun estando incompleto, la empresa dueña del camino carretero ya cobraba peajes, sin duda, en valores muy rentables (Mosquera era también un negociante audaz y económicamente exitoso). Alrededor de 1873, Mosquera contrató con los hermanos Robert, John Henry y Franklyn White, quienes estaban viviendo y trabajando en el Estado desde 1870, la conclusión de la obra. Las fuentes sobre el tema, en este período, no son claras. Lo que indican es que los White aceptaron el trabajo y que se les estableció la condición de que fueran supervisados por el ingeniero estadounidense Henry Meiggs, quien en ese tiempo tenía mucho prestigio en los países suramericanos de la Costa Pacífica como empresario audaz y constructor eficaz de ferrocarriles. Este autor no cree esa versión. Éste ha estudiado extensamente la historia de los ferrocarriles en Colombia y sabe que Meiggs nunca participó en la construcción de caminos carreteros en nuestro país ni en otros países de Suramérica, y que en ese momento estaba construyendo ferrocarriles en el Perú y en Chile. En el año mencionado, Meiggs construía, con la ayudantía de Francisco Javier Cisneros, el ferrocarril de El Callao, en la costa peruana, al pueblo minero de La Oroya, en lo alto de los Andes peruanos, a 3.500 m de altitud, obra prodigiosa que enaltece más aún el nombre de Cisneros. Ya veremos que, cuando éste terminó esa obra, vino a Colombia a construir el ferrocarril de Antioquia. Además, los tres hermanos White eran ingenieros de muy alta calificación y pundonor, que no necesitaban ni hubieran admitido la tal supervisión de Meiggs. Se sabe que los White sufrieron una considerable pérdida de capital en los cuatro o cinco años en que estuvieron trabajando, pero que, al parecer, terminaron la construcción hacia 1877. El hecho es que, cuando Cisneros comenzó la construcción del ferrocarril, en 1878, el camino carreteable ya estaba operando. La vía debió medir unos 185 o 190 kilómetros, algo más que la antigua carretera de automotores, que medía 175 kilómetros, y que el ferrocarril que medía 174 kilómetros (antes de que los últimos gobiernos, llamados “neo-liberales”, desde 1900, dispusieran su abandono y su extinción). 163. El Canal del Dique fue construido por iniciativa del “Maestro de campo” (grado equivalente entonces al de “Ingeniero comandante de campo”) Pedro Zapata, y bajo la dirección de ingenieros militares españoles, en el s. XVII (entre 1649 y 1654), cuando se pensaba que iba a ser recorrido por champanes para conectar a Cartagena con el río Magdalena. Y así ocurrió desde entonces hasta principios del s. XIX, sin graves tropiezos para dichas embarcaciones, que solamente calaban alrededor de un pie (30,48 cm), aún cuando iban cargadas, pesando hasta 15 o 20 toneladas métricas. Pero en el transcurso de 190 años, hacia 1846, gobernando el general Mosquera, la densa sedimentación que le aportaba el Magdalena y la tupida eutroficación por islas enteras de plantas acuáticas, ya lo habían hecho casi imposible de navegar para barcos de vapor. Esta situación ponía a los comerciantes de Cartagena en inferioridad de condiciones ante los de Barranquilla y ante los de Santa Marta, tanto más, cuanto que la población de la primera estaba mermando rápidamente y en el año dicho (1846) ya solamente tenía 10.000 habitantes, siendo así que en 1825 había tenido 16.000161. 161

Barranquilla tenía en 1846, unos 6.000 pobladores, y Santa Marta albergaba a unos 4.000, pero ambas ciudades estaban en proceso de crecimiento.

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Un grupo de comerciantes cartageneros solicitaron a Mosquera, ayuda financiera, técnica y política para reabrir y limpiar el Canal. Ellos y el Presidente convinieron en entregar la dirección de la obra al ingeniero estadounidense “coronel” George Totten162, quien poco después, en 1850, asumiría la dirección de la construcción del Ferrocarril de Panamá, la que Mosquera acababa de conceder por contrato a una empresa norteamericana. Totten no tenía ningún grado militar, pero él usaba el ya dicho porque eso le daba mucho más ascendiente sobre sus subordinados. En verdad, la vida de un ingeniero de campo, en esos tiempos, era casi igual a la de un oficial militar en campaña, incluyendo hasta el traje de trabajo. Los comerciantes, por una parte, y la Nación, por la otra, acordaron también partir el costo de la obra por mitades. El trabajo comenzó en agosto de 1847 y se realizó en tres años. Totten y sus hombres levantaron un nuevo mapa del canal, removieron miles de toneladas de vegetación verde y descompuesta, dragaron el fondo en muchos tramos, cerraron algunos brazos, levantaron jarillones en largos trechos de las orillas para evitar el desagüe lateral, sondearon toda la “vena” honda y dejaron escrito un programa para el mantenimiento permanente, que los gobernantes locales olvidaron pronto. El Canal fue dado al servicio en diciembre de 1850, con el paso del vapor “Cartagena”, de 100 toneladas de “porte”. Lamentablemente este trabajo no detuvo el retroceso acelerado en que iba Cartagena: de los 16.000 habitantes que había registrado en 1825, descendió a 9.900 en 1851, y 20 años después, en 1871, solamente tenía 8.600 pobladores. Totten cobró 5.500 dólares por todo su gran trabajo y regresó a su patria. Él no fue un ingeniero “inmigrante”, propiamente dicho, pero sí fue un servidor eficaz del país, que seguramente dejó muchos de sus conocimientos en la mente y en las notas de trabajo de sus ingenieros y sus auxiliares colombianos. Veinticinco años después, en 1875, el ingeniero estadounidense regresaría a Colombia en el equipo de ingenieros que trajo Cisneros para comenzar la construcción del Ferrocarril de Antioquia, en Puerto Berrío 163. 164. En 1846, justamente antes de comenzar la reapertura del Canal del Dique, un grupo de empresarios, unos colombianos y otros extranjeros, constituyeron la Compañía de Cartagena, para navegar el Canal y el Magdalena. Ellos estuvieron entre los que solicitaron ese trabajo al gobierno de Mosquera de lo que ya se habló. Los socios extranjeros eran Patricio Wilson, Enrique Price, George Totten (el mismo ingeniero estadounidense que después haría el trabajo), Roberto Bunch y Segismundo Schloss. Además de Totten, se sabe que Wilson no sólo era empresario, sino que también era ingeniero. 165. Como ya se ha dicho, entre 1848 y 1850, los presidentes Mosquera y López realizaron una serie de reformas de corte “liberal” y “manchesteriano”, como se entendía 162

Totten no era oficial de ejército. Se auto-apellidaba “coronel” porque ello daba prestigio ante obreros iletrados y aun entre personas más cultas; y porque en realidad, muchos de los ingenieros estadounidenses de esa época eran ingenieros militares graduados en la escuela militar de West-Point, que era muy similar en su organización, en su currículum y en sus propósitos a la École Polytechnique de París. Ambas escuelas tenían un alto y merecido prestigio en sus respectivos países y en toda Europa y Norteamérica, tanto como escuelas militares cuanto como escuelas de ingeniería 163 Esto dice uno de los biógrafos de Totten. Pero el autor, quien ha estudiado cuidadosamente la historia del Ferrocarril de Antioquia, no ha encontrado en ninguna parte su nombre entre tales constructores. Lo que si se sabe es que es que este ingeniero dirigió la increíble construcción del Ferrocarril de Panamá (1850−1855, con unos 6.000 u 8.000 muertos), y después fue a dirigir la construcción del ferrocarril La Guaira-Caracas.

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este concepto en ese tiempo. Unas de esas reformas fueron muy perjudiciales para Colombia: la disolución de los resguardos indígenas; la apertura a ultranza a las importaciones, con grave daño para el fisco y para las nacientes industrias; la creación de poderosos monopsonios agro-exportadores (como el del tabaco en Ambalema, que arruinó a miles de familias campesinas); la liquidación consecuente de varias industrias nacientes; el empobrecimiento de los artesanos y de los indígenas; la fuerte concentración del ingreso y de la propiedad rural; el freno al desarrollo agrícola; y la torpe abolición de títulos académicos y la prohibición de escuelas profesionales que instruyeran en “profesiones científicas” como la ingeniería y el derecho, que fue dispuesta por la Ley 15, de mayo de 1850. Mc Greevey [1972] demuestra en su libro de historia económica de Colombia, que esta política manchesteriana de “laissez faire, laissez passer, laissez vendre” resultó en una larga y continuada declinación de la economía colombiana durante los 30 años siguientes, casi hasta el fin del siglo; y directa o indirectamente, generó tres grandes guerras civiles nacionales que ocurrieron posteriormente. (Sin contar 12 guerritas interiores en los estados soberanos, por disputas ideológicas, de poder o económicas). Otra consecuencia perversa de esta política (como era -y es- natural y de esperar) fue la multiplicación y la mayor pauperización de los grupos humanos más pobres: indígenas, aparceros, peones rurales, obreros urbanos, indigentes, artesanos y ancianos. A finales del siglo, don Miguel Samper Agudelo, respetado dirigente e intelectual liberal (padre de los hermanos Samper Brush, ya mencionados), dio testimonio de este resultado desastroso en su libro La Pobreza en Bogotá, donde pinta un cuadro trágico de la miseria de entonces. No es de extrañar que el golpe de Estado del General Melo contra el inepto Presidente Obando, en 1854, aquél fuera decididamente respaldado por los artesanos, quienes estaban arruinados por las libres importaciones de productos extranjeros dispuesta por Florentino González, y quienes, encabezados por el sastre don Ambrosio López (abuelo del futuro Presidente Alfonso López Pumarejo), apoyaron resueltamente para tomarse el poder, y posteriormente combatieron a su favor cuando todos los generales “legalistas”, conservadores y liberales, le declararon la guerra a Melo, lo derrotaron y lo desterraron. Los generales “legalistas” y el Presidente Manuel María Mallarino, a quien ellos colocaron en ese puesto, mandaron presos, de manera infame, a centenares de artesanos a podrirse y a morir en las mazmorras de las prisiones de Panamá. Otras de las reformas “liberales” de 1850 y 1851 fueron claramente benéficas, como la justísima y retrasada abolición de la esclavitud, la libertad de navegación de los ríos, la libertad de enseñanza, y la libertad de credos religiosos. 166. Fray Serafino Barbetti nació en Villadosola (Italia) el 16 de mayo de 1800. A la edad de 25 años entró a la orden de los Franciscanos. Probablemente fue durante su vida religiosa cuando se formó en la práctica como ingeniero arquitecto, lo cual era común en su país desde la brillante época el Renacimiento. Su comunidad lo envió a Popayán, y llegó en mayo de 1859, cuando esa ciudad tenía algo menos de 8.000 habitantes. Su misión inmediata fue la de completar la construcción de la catedral de la ciudad, lo cual cumplió con sobra de satisfacción del obispo. Al mismo tiempo, dirigía la reconstrucción de la bóveda de la iglesia de los Jesuitas y la reparación del templo de San Francisco. En ese momento los Estados Soberanos (como lo era el del Cauca) tenían la facultad de construir y mejorar sus caminos. Esto dio pie al gobierno estatal para encargarle a Fray Seraffino la construcción del puente sobre el río Juanambú, en el camino de Popayán a Pasto; la construcción del primer puente sobre el río Palo, en el camino de Cali a Caloto; la 125


reparación del camino que seguía la orilla del río Cauca, desde la actual población de Suárez hasta Popayán, que era llamado “el Callejón del Cauca”, porque allí el río va encajonado entre montañas; y la construcción del puente del Humilladero, a la entrada norte de la ciudad, obra admirable construida en ladrillo, de 240 m de longitud, sostenida por 12 arcos, y que todavía existe en buen estado. Terminó esta última obra en 1873, cuando Popayán contaba con unos 8.800 habitantes. Como buen franciscano y como buen ingeniero, Fray Serafino cumplió con excelencia sus encargos. Fray Serafino Barbetti murió en Popayán en 1874, a la edad de 74 años. 167. Ya se destacó que el general Tomás Cipriano de Mosquera ejerció la Presidencia de la República, por primera vez, de 1845 a 1849. Uno de sus muchos logros en aquella ocasión fue el de encargar, en 1846, al embajador colombiano en Londres y en París, D. Manuel María Mosquera, su hermano, que le enviara de Europa varios ingenieros para proyectar y construir varias vías y otras obras públicas que él tenía en mente, y para servir de profesores en el Colegio Militar de Ingeniería, que el presidente y general payanés acababa de fundar en Bogotá con el fin de crear un cuerpo de ingenieros civiles y militares que el país no tenía aún. De Inglaterra vinieron el arquitecto constructor escocés y nacionalizado en Dinamarca, Thomas Reed y el ingeniero civil Henry Tracy, quienes cumplidamente diseñaron y comenzaron la construcción del Capitolio Nacional, que Mosquera había decidido iniciar para el país. Reed proyectó, además, una serie de puentes sobre los ríos descubiertos que cruzaban a Bogotá por esos días. Hasta donde se sabe, ambos ingenieros trabajaron en la obra del Capitolio hasta 1854, cuando el golpe del general Melo y la subsiguiente guerra civil paralizaron la obra, y, de paso, cerraron el Colegio Militar de Ingeniería.

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LA MINERÍA CAPITALISTA

168. En 1860, en su lento crecimiento demográfico, el país tenía solamente 2´500.000 habitantes, y su producción de oro había aumentado a unas 110.000 onzas troy por año. De esa población, vivían en Bogotá unas 45.000 personas; y en Medellín, residían unas 17.000 personas, y en Cali unas 12.000. El país, en conjunto, producía alrededor de 80.000 onzas troy al año, y las mayores provincias productoras eran El Cauca (que cubría a Marmato) y Antioquia. Esta última producía 55.000 onzas, es decir como el 70% o algo más, del total nacional, según cálculos de Poveda. Para el país y para dicha Provincia, éstos eran niveles de producción muy superior al que hubo en 1824, año en el cual llegó la primera corriente de ingenieros y técnicos de minas al país. La pequeña ciudad de Medellín albergaba en dicho año unos 17.000 habitantes, según estima también este mismo autor. En ese momento comenzaba otra guerra civil, iniciada por Mosquera, y que derrocaría al presidente Ospina Rodríguez. Pero el desarrollo minero avanzaba vigorosamente, gracias al aporte sustancial de los ingenieros y los científicos europeos. Aquellos ingenieros, técnicos y químicos europeos fueron quienes trajeron a Antioquia y también a toda la Nueva Granada, el conocimiento y las aplicaciones “prácticas” de numerosas ciencias nuevas como la Mineralogía, la Topografía, la Geología, la Geodesia, la Hidráulica, la Cristalografía, la Mecánica aplicada, la Termotécnica, la Química mineral, la Electricidad y la Metalurgia. Ellos mismos trajeron técnicas mineras e industriales como los métodos geofísicos, el análisis químico y mineralógico de minerales, el uso del carbón 126


mineral, la amalgamación del oro y de la plata, la construcción de vías y de túneles; así como también el uso y la construcción de máquinas, como los molinos de pisones, la caldera de vapor con la máquina de Watt, la rueda hidráulica y (después) la turbina de Pelton, (con los generadores eléctricos), y, posteriormente, los motores de explosión. Así también trajeron el conocimiento y el “know how” para operar los “arrastres” para amalgamar, la mesa vibratoria de Wilfley para separar los minerales por vibración, según sus densidades, y los molinos para triturar minerales; y también materiales como la pólvora, los reactivos químicos, el mercurio, los aceites para flotación de minerales, y el agua regia. Gracias a esos avances tecnológicos la minería antioqueña hizo grandes progresos entre 1825 y 1840, especialmente en las explotaciones de filón. De un 5% que representaba la producción de las pocas vetas de la provincia, su participación en el total de Antioquia subió a cerca del 25% o el 30% a mediados del siglo. Sobresalían entre esas minas las de El Zancudo en Titiribí y Santa Ana en Anorí (la mayor de Antioquia en ese momento). El uso del molino de pisones, la amalgamación, la aplicación de buena ciencia geológica, la energía y los aparatos hidráulicos, las técnicas de fundición, el adecuado financiamiento, la modalidad empresarial asociativa y la implantación del trabajo asalariado hicieron de esas minas de veta las primeras empresas modernas, de tipo capitalista, en Antioquia y en la Nueva Granada. Al mismo tiempo, en el transcurso de 1825 a 1830 la provincia antioqueña se convirtió en la primera región aurífera de la Nueva Granada, superando con amplitud a la provincia del Cauca y llegando a producir la mitad de los metales preciosos que exportaba el país. En esos años la provincia producía entre 5.000 y 6.000 libras de oro por año, según estimaciones del autor. A ese desarrollo los ingenieros inmigrantes europeos hicieron un aporte decisivo que tuvo, entre otras, una consecuencia económica decisiva para Antioquia; y que, por efectos de difusión geográfica y cultural, incidieron también en el desarrollo tecnológico y científico de todo el país. Esta nueva minería capitalista dio a los comerciantes que asumieron su explotación, el control, ya no solamente del comercio del oro, sino de su misma producción. Ahora los nuevos empresarios hacían producir las vetas en los socavones con técnicas avanzadas, y trabajaban yacimientos más duraderos y más confiables que los veleidosos aluviones. En esta nueva escuela práctica fue formándose la clase empresarial y la mano de obra técnica que, al final del s. XIX, iniciaría el fenómeno sui generis de la industrialización temprana de Antioquia, que tanta importancia ha tenido en el desarrollo económico de Colombia. A estos pasos de progreso estuvieron ligados estrechamente los nombres de aquellos ingenieros europeos.

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INMIGRANTES E IDEAS LIBERTARIAS

169. En el año de 1848 se desató en Europa un huracán de revoluciones que barrió a Francia, Hungría, Austria, Italia y Alemania. [Heers: 1974, Cap. 2]. Carlos Marx y Federico Engels publicaron El Manifiesto Comunista. Suelen decir los historiadores que esa fue la “Explosión romántica de los nacionalismos socialistas y utópicos”. Aún en Colombia algo de eso ocurrió en 1850, como se verá más abajo. Un producto auténtico de ese espíritu revolucionario y científico fue el geógrafo e ideólogo político, que vino a nuestra Patria, Jean Jacques Elisée Réclus164. Réclus nació en Sainte Foi la Grande, departamento de la 164

En nuestra bibliografía se le llama solamente Eliseo Réclus.

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Gironda (Francia) el 15 de marzo de 1830, otro año revolucionario en ese país contra el rey Carlos X. Tal vez esto marcó la vida de Réclus, que fue siempre un revolucionario político y un socialista utópico del estilo de Saint Simón y de Fourier, aunque su cuna fue en una familia pudiente, donde, además de Eliseo, hubo trece hermanos. En el liceo aprendió latín, griego, holandés, inglés, español y algo de alemán. En la Universidad de Berlín estudió Geografía con el ingeniero militar y científico Carl Ritter. Sus inquietudes políticas lo llevaron a Irlanda y a Estados Unidos. De allí vino a la Nueva Granada en 1855, donde aspiraba fundar en la Sierra Nevada de Santa Marta, una colonia libertaria en la que primara la igualdad, al estilo de los llamados “falansterios” del pensador socialista-utopista Charles Fourier. El país tenía 2,6 millones de pobladores. Esta empresa fracasó por la guerra civil de 1854 declarada por los intereses económicos de la burguesía criolla y de los importadores bogotanos contra el general José María Melo, quien pretendía, con muy acertada intención, apoyar a los artesanos y fabricantes nacionales (aunque con métodos muy cuestionables), quienes habían sido duramente golpeados por las políticas aperturistas y “liberales” de 1850165. Réclus se dedica a recorrer la Sierra y a escribir su Viaje a la Sierra Nevada de Santa Marta, una extensa descripción de esta región de nuestro país; al mismo tiempo escribe un tratado de Geografía de Colombia, que son obras ya clásicas en nuestra historiografía geográfica colombiana166. Este libro constituye el capítulo sobre nuestro país en la monumental obra Geografía Universal. Dice un biógrafo del general Vergara y Velasco 165

a. Los historiadores convencionales colombianos han echado un manto negro contra la persona de Melo y contra su alzamiento, que fue políticamente muy torpe pero socialmente muy justificado. Así ha ocurrido en Colombia con otros gobernantes que han intentado mejorar las duras condiciones de los pobres, de los campesinos y de los trabajadores colombianos, como Rafael Reyes y Gustavo Rojas Pinilla. b. La vida de José María Dionisio Melo Ortiz fue una vida muy accidentada. Nació en El Chaparral, Tolima, en 1800, en una familia de ancestro indígena, pijao. Hizo estudios primarios en el colegio San Simón, en Ibagué. En 1819 fue a Bogotá y se incorporó al Ejército, que lo recibió como Teniente. Rápidamente ascendió en el escalafón militar hasta el grado de Coronel. En 1822 marchó con Sucre a luchar en los países del sur contra el dominio español. A órdenes de Córdova fue hasta Bolivia. Regresó al país en 1825. Fue a Alemania, enviado por Santander, a recibir mejor formación militar. De regreso a Bogotá apoyó la dictadura militar de Urdaneta, y al ser derrotado éste, se exilió en Venezuela. Allí participó en otro alzamiento que fracasó y fue expulsado. Volvió al país años después gracias a la amnistía que le concedió el Presidente José H. López, quien además lo nombró Jefe Militar de Cundinamarca en 1851. En junio de 1854 dio el golpe contra el incompetente Presidente General Obando y así desató otra guerra civil contra sí mismo. Derrotado una vez más, y desterrado, se refugió en El Salvador, donde entró al ejército con un grado alto. Luego, en 1859 pasó a México para combatir, como voluntario en el bando liberal, en la guerra civil que allí habían desatado los conservadores, dirigidos por el aristocrático y reaccionario general Miguel Miramón, contra el gobierno legítimo y liberal de Benito Juárez. Al año siguiente, en una escaramuza, Melo fue hecho prisionero por los insurgentes reaccionarios, que lo fusilaron el 1 de junio de 1860 en la aldea de La Trinitaria, cerca de la ciudad de Chiapas. La muerte de Melo no fue inútil: dos años después, en 1862 Maximiliano de Hapsburgo llega a Ciudad de México y, con el respaldo de Napoleón III, se proclama como Emperador de México. Miramón, el General Tomás Mejía y sus copartidarios conservadores apoyan resueltamente al Hapsburgo. En 1867 los liberales republicanos de Juárez derrotan a las fuerzas imperialistas, y fusilan en Querétaro a Maximiliano, junto con el aristócrata Miramón a su izquierda y el indígena Mejía a su derecha. En el libro del Coronel Alfonso Plazas Vega, se dice que Melo fue fusilado por los liberales juaristas y que combatía a lado de los conservadores de Miramón. La realidad histórica es exactamente al contrario como se describe en las líneas anteriores. 166 Este autor encuentra especialmente interesante y vívida la descripción de Réclus sobre su viaje por la región entre Manizales, Salamina y Sonsón, la que el geógrafo describe con interés y simpatía. Aquél la ha recorrido en varias ocasiones y allí está su tierra natal. Por eso puede dar testimonio de la fidelidad de la narración de Réclus sobre esas tierras.

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que mucho del material del trabajo de Réclus se basa en documentos del aquél. Eso es absurdo: en 1856 y 1857 el general payanés apenas tenía unos 20 años. Él comenzó sus trabajos geográficos solamente cuando ya fue General de Ingenieros, en 1885. En 1860 Réclus regresa a Francia, pobre, enfermo y tan inconforme como siempre (y con razón) con el capitalismo salvaje de entonces (y también de hoy). Para sostenerse trabaja como geógrafo en la redacción de la enciclopedia geográfica El Hombre y la Tierra y unas Guías para Viajeros. No olvida su vocación de viajero, va a Londres y a Suiza, donde continúa la Geografía Universal para una editorial francesa. Después viaja por Oriente, África y Norteamérica. En 1893 se traslada a Thourout, una población cerca a Bruselas, y allí termina su vida agitada, romántica y productiva, el 4 de julio de 1905. Colombia nunca le agradeció a Réclus su aporte a nuestra ciencia geográfica, probablemente por sus ideas políticas, que en nuestro país, tan reacio a las reformas para el mejoramiento social, siempre han sido aborrecidas y temidas irracionalmente, aunque sean tan inocuas y justas como las que proponía Réclus. Años después su hermano Armand vendría a Panamá, en 1878, a realizar los estudios preliminares necesarios para el proyecto del canal interoceánico, que Francia contemplaba en ese momento. -

OTROS MINEROS EUROPEOS

170. Informa Gallo [2009] en su voluminoso y admirable libro que en 1870 vivía en Marmato un minero (quien al parecer no era ingeniero sino un experto o un obrero especializado), oriundo de Inglaterra, de nombre Guillermo (William) Bath, quien en ese momento tenía 50 años de edad. Haciendo una sencilla proyección retrospectiva se puede calcular que llegó al país alrededor de 1850. Agrega la noticia de Gallo que Bath se asoció con sus compatriotas, los hermanos William y James (Santiago) Harris para fundar una compañía minera para extraer plata aurífera en el sitio de las Cabeceras de Rampao, en Supía. Como dato adicional, se dice que en 1881 tuvo una hija extramatrimonial llamada Anita Vélez. 171. Uno de los grandes servicios que prestó Moore en Antioquia fue el de invitar a venir al país y congregar un magnífico grupo de técnicos e ingenieros que sirvieron a la provincia y al país en grado eminente. De Europa vinieron a instancias de Moore los ingenieros Enrique Häeusler, Carlos Greiffenstein y Alejandro Johnson. Al tiempo, trabajando con ellos y dándoles su propio ejemplo profesional y técnico, Moore y los otros ingenieros europeos formaron la primera generación de técnicos e ingenieros de minas antioqueñas, como fueron Francisco de Paula Muñoz, Fabriciano Botero, Joaquín Uribe, Santiago Ramírez, Mario Escobar y otros que también se mencionan en este texto. 172. En 1835 vino a Antioquia el señor Carlos Greiffenstein, nacido en la población de Gross Gerau, cerca a la ciudad de Darmstadt, en el estado de Hessen (Alemania), en febrero de 1836. A los 22 años se había graduado de metalurgista en la misma Escuela de Minas de Freiberg donde estudiaron Humboldt, Moore y muchos de los ingenieros de minas que vendrían después. Moore había solicitado desde Antioquia a su escuela nutricia un metalurgista para que le sirviera como ayudante técnico en la Hacienda de Fundición y Apartado de Titiribí, que Moore había montado por su cuenta, en 1850, cerca a esta población. Greiffenstein fue escogido para el cargo. Llegó a Colombia, al puerto de Nare (Antioquia), el 15 de octubre de 1858, siendo aún muy joven (tenía 23 años). Vino a 129


trabajar con Moore, a quien le ayudó a montar, en 1861, la planta de fundición, de recuperación y de refinación del oro y de la plata, por separado, a partir de minerales auroargentíferos de la mina Los Chorros en Sitioviejo, cerca de Titiribí. En ese trabajo permaneció quince años viviendo en Titiribí. En ese lapso de tiempo se casó en Itagüí con doña María Antonia Vélez, en 1865. De esa pareja nacieron ocho hijos: Rosa, Beatriz, Carlos, Ricardo, Enrique, Eduardo, Guillermo y Julio. En 1875, como ya se describió, Moore desistió de la empresa de la Hacienda de Apartado y refinación de Titiribí, porque los dueños de El Zancudo se negaron a venderle mineral para el proceso. Greiffenstein se fue con su esposa y sus primeros hijos a Marmato, a trabajar como ingeniero jefe a las minas de los ingleses, ya tantas veces mencionadas. Allí vivió otros quince años. En 1890, con 54 años y una familia numerosa, vino a residir a Medellín donde estableció su hogar. Allí participó en la fundación del Banco del Progreso. Sus hijos varones fueron empresarios, ingenieros e industriales connotados. Ellos fundaron el Taller Industrial de Caldas, donde construían y reparaban piezas fundidas, despulpadoras, trapiches, máquinas para minas, turbinas Pelton. El taller subsistió hasta los años setenta del s. XX. Descendientes de don Guillermo aún viven en Antioquia. 173. Heinrich (Enrique) Häeusler Brymik. Había nacido en 1805, en Maguncia (Mainz, en alemán), ciudad situada sobre la orilla occidental del río Rhin, en la provincia de Renania. Sus padres eran Herr Joseph Häusler y Frau Francisca Brymick. Después de graduarse como ingeniero mecánico, recorrió casi toda Europa, conociendo, trabajando y estudiando. En 1839, siendo gobernador de la provincia de Antioquia don Mariano Ospina Rodríguez, y por recomendación de Moore y contratado por el gobierno provincial, Häeusler vino a nuestra tierra; era ingeniero mecánico, especialista en la construcción de puentes y para eso se le requirió 167. Construyó en esta provincia varios de los puentes requeridos: el primero que hubo sobre el río Medellín (1846), en la actual calle de Colombia; el hoy llamado puente de Guayaquil, a la entrada de la ciudad por el sur; el del Río Negro, entre la población de este nombre y la aldea de San Antonio de la Pereira; en el río Samaná, y en el Nus, ambos en el camino de Medellín al puertecito de Islitas, sobre el río Nare, y en otros varios ríos. Pero además instaló la barca cautiva en el río Cauca cerca de Santa Fe de Antioquia e hizo otras varias obras. Fue el primer director de la Escuela de Artes y Oficios en Medellín, fundada en 1864, y en ella instaló nuevos equipos mecánicos, con los que esa escuela llegó a fabricar piezas tan elaboradas como fusiles (para la guerra religiosa de 1876), turbinas Pelton y máquinas de coser. Fue Häeusler quien montó la primera maquinaria de la Casa de la Moneda, que fue fundada en 1862, bajo el gobierno provincial del doctor y general Marceliano Vélez. Häeusler contrajo matrimonio con doña Teotista Rincón y vivió un tiempo en Santa Fe de Antioquia. Tuvo tres hijas: Enriqueta, Amelia y Carlota. Como empresario, Häeusler instaló el primer trapiche metálico que hubo en Envigado en la plantación del Sr. Agustín Uribe; después estableció en Medellín un taller de carpintería con 20 obreros, donde se formó como aprendiz el señor Lorenzo Márquez, quien le sucedió en la dirección de la Escuela. Häeusler fundó su familia en Antioquia, permaneció aquí y murió en Medellín. Nunca logró hablar bien el español. Vivió pobre y murió así en Medellín en 1888. Dejó una larga descendencia de profesionales médicos, industriales, educadores e ingenieros que 167

La gente del común en Antioquia, que no pronunciaba bien su apellido, le daba el curioso nombre de “Mister Alia”, en tono amistoso.

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conservan su apellido en Medellín, aún hoy (año 2010). Uno de ellos, el Profesor Otto de Greiff Häeusler fue un distinguido ingeniero civil, profesor de matemáticas en la Universidad Nacional y musicólogo erudito, de quien este autor, fue amigo y compañero de trabajo en esa Universidad durante el año de 1957.

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NUEVAS VÍAS Y SUS CONSTRUCTORES

174. De Francia vino el ingeniero Antoine Poncet, cuya misión era trazar y abrir un camino para carretas de cuatro ruedas que reemplazara el pésimo camino multisecular, para bestias, de Bogotá a Honda. El general Santander había iniciado un camino como el que quería Mosquera, en el año de 1824, pero éste nunca se llegó a concluir porque en aquellos años no había ningún ingeniero en el país que tuviera experiencia en caminos, carreteras y puentes, ni instrumentos técnicos para el caso; porque la obra era demasiado difícil para su tiempo; y porque Bolívar ordenó suprimir el proyecto cuando volvió en 1826 del Perú, lleno de paranoia política, que pronto se convirtió en odio a Santander y a sus obras. Poncet realizó el trazado en 1847, al que se proponía llegar bajando de la Sabana, por Villeta, y luego por el río Negro para salir a un sitio del río Magdalena llamado El Peñón de Conejo, más abajo de Honda, casi donde hoy está Puerto Salgar. Inició su construcción desde el Magdalena hacia Guaduas y Villeta, pero el paludismo diezmó a sus obreros y la desdichada guerra civil de 1851, de los negreros aristocráticos contra el liberador de los esclavos, general José Hilario López, le impidió a Poncet terminar la obra168. La ruta de Poncet de Facatativá al río Magdalena fue reestudiada y mejorada, varios años después, por el ingeniero tolimense Indalecio Liévano en 1863−1865. Luego de realizar otros trabajos para el gobierno, Poncet volvió a Francia. Decenios después, ya en el s. XX, el trazado Poncet−Liévano sería el que seguiría la construcción del ferrocarril de Bogotá a Puerto Liévano, sobre el río Magdalena 169. 175. Cuando se habla hoy de “una carretera” se piensa siempre en una vía para el tránsito de vehículos automotores. Pero el primero de éstos fue inventado tan sólo en 1885 por el ingeniero alemán Karl Benz, y los primeros que rodaron en Colombia lo hicieron en 1903, un año después de finalizar la Guerra de los Mil Días. Para Mosquera y sus ingenieros “una carretera” era una vía en tierra para el tránsito de carretas de cuatro o de dos ruedas (generalmente hechas de madera, circundadas y apretadas en sus perímetros por cintas de hierro forjado), que eran tiradas por bueyes o por caballos, que en algunos casos tenían un entoldado de lona, plano o cilíndrico. En algunas de las de cuatro ruedas, el par delantero era de diámetro menor que el trasero, para facilitar el recorrido de curvas. Pero aún en estos casos, y en el de todas las de ruedas iguales, el eje delantero estaba unido por un gozne o “pin” vertical, muy grueso, muy fuerte y bien engrasado, de hierro forjado, libre para girar sobre sí mismo, y unido al resto de la carrocería de madera. Así, cuando la carreta recorría una curva, aunque ésta fuera muy cerrada, el eje delantero giraba alrededor del “pin”, y la carreta adelantaba sin frenarse y sin sufrir esfuerzos de torsión en su estructura de madera, 168

Algo casi igual había sido el caso de Elbers, a quien, 25 años antes, le había sido imposible construir el mismo camino como lo exigía su concesión naviera, y por lo cual Bolívar le canceló el contrato y lo arruinó. 169 Hoy llamado Puerto Salgar en honor del presidente Eustorgio Salgar Moreno, el primer Presidente iniciador de ferrocarriles en Colombia.

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esfuerzos que, de otra manera, podrían romperla. Aquellas “carreteras” que se construyeron en el s. XIX usualmente seguían la ruta de anteriores caminos “reales, de herradura”, y éstos habían sido construidos siguiendo las trochas y caminos “de indio” que habían encontrado los españoles al llegar. Ejemplos que mencionamos aquí de tales carreteras fueron, con distintas épocas de construcción: la de Buenventura a Cali; la de Cali a Popayán; la de Medellín a Barbosa; la de Bogotá a Facatativá; la de Bogotá a Villavicencio; la de Cali a Cartago; la de Cúcuta a Pamplona; la de Cambao a Facatativá; etc. El ingeniero escocés John Loudon McAdam había inventado y generalizado en Inglaterra, desde 1815, el procedimiento de afirmar los caminos y las carreteras con una sub-base de piedra gruesa, cubierta por una capa o base de grava triturada y terminada en la superficie con una mezcla de arena y arcilla, técnica que desde entonces los ingenieros civiles llaman “afirmado en macadam”. Era algo muy semejante a lo que fueron las carreteras del Imperio Romano, algunas de las cuales subsisten en Europa, en varios trechos, hasta hoy. En la Nueva Granada, durante todo el s. XIX, el tener vías de esta calidad fue una aspiración de todas las regiones del país, pues todas sufrían de las peligrosas dificultades y de los ominosos riesgos de los “caminos de herradura” (como los que recorrió el ingeniero y general José María Vergara y Velasco), y peores aún, de los “caminos de indio” abiertos por éstos en tiempos precolombinos. Pero en Colombia sólo hasta los años del decenio de 1860, se construyó el primero de estos “caminos carreteables” entre Bogotá y Facatativá, por obra del eximio presidente Manuel Murillo Toro en su primer bienio (1864−1866)170. En aquellas “carreteras” las velocidades más frecuentes de hombres y de carretas tiradas por bueyes o caballares, eran del orden de 5 km en una hora de marcha activa, más 10 minutos de descanso, lo que constituía una etapa. Se viajaban de 8 a 10 horas del día promedio, variando según el estado del tiempo, según que fueran uno o dos animales de tiro, según la topografía, según el cuidado requerido por la carga, etc. Considerando jornadas de 9 horas, se hacían algo más de siete y menos de ocho etapas en la jornada y se recorrían unos 35 a 40 km. 176. La “carretera” que se le exigió a Elbers, del río Magdalena a Bogotá, o la que se le encargó a Poncet con los mismos extremos, o la que Zawadski, Hopkins y los White hicieron desde el río Dagua hasta Cali, o la que Turnbull construyó de Bogotá a Villavicencio, o las otras pocas de su tipo que llegaron a hacerse en el s. XIX, eran vías de unos cuatro metros de anchura, con pendientes hasta de 5% (con dos animales de tiro), para carretas que podían cargar en sus plataformas hasta unos 800 kg, y los radios de curvatura de los arcos del camino no debían ser menores de 30 m. Excepcionalmente, hubo carretas con capacidad de una o dos toneladas de carga neta, como las que usó don Jacobo Wiessner III (nieto del alemán y homónimo suyo) para subir desarmadas, las primeras locomotoras, marca Porter, para el Ferrocarril de la Sabana, en 1881, desde el pequeño puerto de Cambao, situado en la orilla derecha del Magdalena, 12 km aguas abajo desde el actual puerto de Beltrán; y subiendo por la “carretera” del 5% abierta recientemente, y para ese efecto, por el ingeniero Juan Nepomuceno González Vásquez, en carretas de vigas de roble, de 2,5 metros de ancho por 4 m de largo, calculadas, diseñadas y construidas por Wiessner para cargar hasta 1000 kg de peso neto, más tres personas: dos al pescante y un ayudante bajo la carpa vigilando la carga. 170

Manuel Murillo Toro debe ser incluido en la galería de los grandes presidentes constructores de Colombia. Así lo ha encontrado el autor y así lo sostiene en otros libros suyos. [Poveda: 1993].

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En ese trayecto bajan un gran número de ríos y riachuelos desde el altiplano de la Sabana de Bogotá hacia el Magdalena, de manera que González Vásquez y Wiessner diseñaron y calcularon diez puentes en madera desde Cambao hasta Facatativá, pasando por San Juan de Rioseco, Vianí, Guayabal de Síquima, Bituima y Albán. El viaje de 75 km, cuesta arriba, duró cinco días, a una velocidad promedia de 15 km/jornada, incluyendo en ésta las paradas para el descanso de los bueyes, su alimentación y sus abrevaderos, los yantares de los tres tripulantes en carreta y tres a pie y las paradas para arreglar o reforzar el amarre de la pesadísima carga. Ascendieron desde los 200 m de altitud de Cambao hasta los 2.650 m del Alto de los Manzanos (llegando a Facatativá), o sea 2.450 m que en 76 km da una pendiente promedia de 3,3%171. 177. Trazar y construir una de estas vías era en su tiempo un trabajo de técnica muy avanzada, y una experiencia personal muy severa. Como instrumentos se requería, por lo menos: mapas de la región (y los muy pocos que había en el s. XIX no eran del todo fidedignos), uno o dos tránsitos, cadenas de agrimensor, jalones, miras verticales graduadas, brújulas, barómetros aneroides, niveles de mano (de Abney y de Locke), termómetros atmosféricos, podómetros (cuenta pasos), fluviómetros hidrográficos (para medir caudales de quebradas y ríos) y otros. Como equipos de personal, se requería: carpas (con toldillo si era en climas cálidos y húmedos), un revólver, sombrero “casco”, medicamentos, y jabón. En el campo, el ingeniero y su gente debían soportar soles reverberantes, fríos de páramo, lluvias diluviales y lloviznas; riesgos de caídas, inundaciones y despeñaderos; el riesgo permanente de serpientes y otros animales venenosos; los mosquitos, chinches y sus consecuentes fiebres amarillas y de malaria; la comida cruda, mal cocinada, colesterol a porrillo, riesgos de maleantes y otros. Ejemplos de estos caminos carreteables fueron, en el s. XIX: el de Bogotá a Facatativá, construido por el ingeniero Abelardo Ramos; el de Medellín a Barbosa, a Santo Domingo y al río Nare, de 170 kilómetros, construido por el ingeniero George Griffin con la colaboración de Benito Balcázar Álvarez172; el de Bogotá a Villavicencio, de 110 km, construido por el ingeniero William Turnbull; el de Facatativá a la vuelta de la Gran Madre de Dios (cerca del actual Puerto Liévano) de alrededor de 200 km, construido por el ingeniero Indalecio Liévano (200 km); el de Buenaventura a Cali, de 170 km, iniciado por el ingeniero Zawadski, continuado por el ingeniero Hopkins, y concluido por los ingenieros White; el de Cali a Popayán (75 km), iniciado por el Padre Barbetti y concluido por el ingeniero Zawadski; el de Cambao a Facatativá (65 km), construido por los ingenieros Juan Nepomuceno González Vásquez y Jacobo Wiessner III; el de Cúcuta a Pamplona, de 50 km, construido por Mr. Hencker. 178. Como ya se expresó, el embajador colombiano Mosquera, también contrató en París al ingeniero polonés Stanislaz Zadwadski Broniski, nacido en Dubrowka, Polonia, en 1814, hijo del médico Simon Zawadski y su esposa, Balbina Broniski. Llegó a la Nueva Granada 171

En una carretera de hoy, año 2010, para automotores, se toleran pendientes hasta de 6%, en trechos no muy largos. 172 Benito Balcázar Álvarez, fue un curioso “factótum” antioqueño de aquella época. Era abogado graduado en la Universidad de Antioquia, pero como “modus vivendi” se dedicó a la impresión y encuadernación de libros. Además, quizás actuando como ayudante de alguno de los ingenieros extranjeros en Antioquia y, sin duda, por inclinación vocacional, aprendió topografía y agrimensura. Por eso colaboró eficazmente con Griffin en el trazado del camino de Medellín al río Nus y al puerto de Islitas sobre el río Nare.

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en 1846, atendiendo a la solicitud del presidente Mosquera de trazar y construir caminos en su provincia del Cauca. Su primera obra consistió en trazar por completo y construir un camino carretero (o “de ruedas”, como se decía entonces) entre Popayán y Cali. En la parte de Cali a la actual población de Suárez, este camino fue después la ruta del ferrocarril entre las dos ciudades173. Después construyó un puente de calicanto que existió hasta el s. XX, sobre el río Cauca, junto a la población de Belalcázar, en esa Provincia. Pero su mayor obra fue realizar el trazado completo de un camino carretero desde Buenaventura hasta Cali, que había sido concebido por el mismo Mosquera con algunos socios. El trazado de Zadwadski partió de Buenaventura, iba a la aldea de Córdoba (a 16 km), en el río Dagua; luego torcía hacia el sur buscando el río Anchicayá; y seguía por éste hasta sus fuentes en los Farallones de Cali, y de allí hacia esta ciudad 174. Para este trabajo contó Zawadski con la existencia de un antiguo camino de herradura ordenado por Pablo Morillo, y con algunos estudios parciales que se habían hecho antes en vista de la vieja necesidad de abrir esta “carretera”. Zawadski hizo el trazado ya dicho y comenzó la construcción, la cual continuó hasta 1859, cuando murió a la temprana edad de 45 años. Es muy probable que hubiera fallecido a consecuencia de una malaria o de una fiebre amarilla, las cuales abundaban (y abundan) en la selva pluvial del Pacífico, y que hubiera contraído allí. Mosquera trajo un ingeniero estadounidense para continuar la obra (de quien se ocupa también este documento). Dice Safford [1976], equivocadamente, que el ingeniero polaco participó en la construcción del ferrocarril de Buenaventura a Cali. No es correcto. El trazado y la construcción de ese ferrocarril solamente comenzaron en 1883, por el ingeniero estadoudinense Barton Smith, mucho tiempo después del fallecimiento de Zawadski. El ingeniero Zawadski fue también profesor de Matemáticas y de Ciencias Naturales en el Colegio de Santa Librada (fundado en 1822 por Santander y José M. Restrepo, su Ministro de Educación). Escribió un libro de Ingeniería Civil que fue texto didáctico en el Colegio Militar de Ingeniería, en Bogotá. Además hizo para un grupo de empresarios payaneses y caleños, los estudios previos a la posible navegación del río Cauca en todo su curso plano, desde la actual población de Suárez hasta Cartago. Se pensaba hacerlo, como ya se hacía en el Magdalena desde 20 años atrás, o más. La idea no fructificó en ese momento por la dificultad y el costo de introducir vapores desarmados desde Buenaventura. Habría que esperar algo como 30 años para que Cisneros repitiera y ampliara esos estudios, por encargo de otros empresarios, encabezados por don Karl Simmonds. El ingeniero polonés se radicó definitivamente en el país. Contrajo matrimonio el 8 de agosto de 1849, en Popayán, con doña Martina Rebolledo Valdez (parienta del general José Ignacio López Valdés), y en su hogar hubo tres hijos: Dolores, Clementina y Roberto. Éste abrazó la carrera militar y llegó a ser coronel del Ejército, fundador del periódico liberal “El Relator” (muy conocido hasta los años cuarenta del s. XX), y tronco de una larga y prestigiosa descendencia. El ingeniero Zawadski falleció en Cali el día 9 de marzo de 1859. En los años alrededor de 1950 figuraban en Cali con distinción varios descendientes directos de Roberto (nietos del ingeniero): Jorge (n. 1884), periodista y político; el 173

La parte donde no coincidieron fue la del llamado “Callejón del Cauca”, por donde si avanzó la “carretera” hasta Popayán, pero que el ferrocarril no siguió después, por una gran equivocación de un Ministro de Obras Públicas que, cediendo a presiones de terratenientes de Piendamó, hizo subir el Ferrocarril por esta cordillera para valorizarles sus tierras, con una gran demoa y un gran extra-costo. 174 Esta misma, en esencia, fue la ruta de la primera carretera que se construyó entre Cali y el mar de 109 kilómetros, que se llamó Carretera Simón Bolívar, la que fue comenzada en 1910 por el Gobierno del Presidente Restrepo, y terminada en 1931, bajo el gobierno del Presidente López Pumarejo, como ya se dijo.

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sacerdote secular, escritor proficuo y docente brillante Alfonso Zawazdski Colmenares (n. 1886); y Hernando (n. 1889), oficial del Ejército, periodista y político.

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MÁS SOBRE EDUCADORES

179. Bernard Carl Lewy era un químico judeo-danés, muy reputado en París en su profesión. Vino con un contrato de cuatro años a dirigir el Instituto Caldas de Ciencias Físicas y Matemáticas, recién fundado por el Gobierno (en 1847); a asesorar a la Casa de la Moneda, y a establecer la cátedra de Química en el Colegio Militar de Ingeniería, que estaba a punto de surgir de manos del presidente Mosquera, donde Lewy enseñó un solo año; en la vacilante Universidad de entonces (cuyo rector era el ex presidente José Ignacio de Márquez) y en los colegios de San Bartolomé y El Rosario. Cobró los altísimos honorarios de 1.400 pesos anuales, cuando lo normal eran 1.000. No sabía español, y en Bogotá nunca lo aprendió ni lo habló bien. Seguramente enseñó algo sobre metales y metaloides, pilas eléctricas, la teoría de Dalton sobre los átomos (vigente desde 1800) y uno que otro tema más. Pero desde el principio fue un gran problema: exigía gastos y compras inútiles, y libros carísimos para pedir a Europa; era arrogante con los alumnos y con los superiores; importunó hasta el mismo presidente Mosquera. Safford [1976, p. 127] lo describe muy bien. A los dos años de estar en el país el Gobierno lo despidió, y regresó a París. 180. El médico y naturalista francés Eugene Rampon llegó al país a comienzos de 1845, más o menos en los mismos días que sus compañeros de misión. En el Licée Louis Le Grand aprendió español y se graduó en La Sorbona. Vino a enseñar Patología, Ciencias Naturales y Anatomía en la Escuela de Medicina de la flamante Universidad, llamada “de Colombia” en esos días. Trajo consigo los instrumentos profesionales que eran de rigor en un médico (en otra parte hablamos de ellos), libros de anatomía y de fisiología, y, probablemente, algunos elementos de laboratorio clínico. Sus clases eran principalmente en salas de disección y en salones de pacientes de los hospitales, con delantales blancos, él y sus estudiantes. Su doctrina médica era la del famoso doctor Laënnec (René Théophile Hyacinthe, 1781−1826), el pontífice máximo de la escuela anatomo-clínica francesa de entonces. No sería raro que Rampon hubiera tenido que hacer cirugías invasivas profundas sin más anestésico que mucho aguardiente y bastante opio. Estuvo ocho años en la Nueva Granada, hizo una excelente labor y dejó numerosos discípulos. Uno de ellos fue el joven Santos Acosta, quien sería médico y general en nuestros campos de batallas civiles, y Presidente de la República en 1867. Rampon cumplió su contrato en 1849, permaneció otros dos años en nuestro país, ejerciendo su profesión, y regresó a Francia en 1851. Después, fue cónsul de Colombia en París. 181. El presidente Mosquera y su ministro D. Lino de Pombo (graduado como ingeniero en la Universidad de Alcalá de Henares), tenían especial interés en traer de Francia un excelente profesor de Matemáticas para el Colegio Militar de Ingeniería, que ambos ya tenían en mente. Francia era el mejor semillero del mundo de entonces, pues su ya famosa École Normal Superieur formaba los mejores maestros avanzados en esta ciencia y en las demás. Así lo encargó a su hermano, el embajador en París, y de allá vino el profesor Aimé Bergeron en 1847. Dice Safford [1976] que su salario contratado era de 1.250 pesos por año, muy superior al de cualquier alto funcionario nacional, y que se lo pagaron por casi cuatro 135


años, a título de profesor de Matemáticas en el Colegio; pero que le suspendieron la paga desde abril de 1850 hasta octubre de 1853. En este momento regresó a Francia 175. Por recomendación de Bergeron, los dos años lectivos del programa de Matemáticas que se comenzaron a dar en el Colegio, fueron extendidos a tres, y él se encargó de los más avanzados: Álgebra superior, Cálculo diferencial e integral, Geometría analítica y Geometría descriptiva. Con él estudiaron los alumnos de la primera promoción de graduados del Colegio, que incluyó nombres de ingenieros civiles y militares tan brillantes como Abelardo Ramos (quien moriría en el paraje de “Platanares”, cerca a la aldea de “Papagayeros”, hoy Dagua, Valle, en 1906, de malaria, como interventor en el Ferrocarril Buenavantura−Cali), Juan Nepomuceno González Vásquez, Manuel H. Peña, Indalecio Liévano, Rafael Arboleda Mosquera (quien moriría en 1882 cerca a Girardot de fiebre amarilla, como ayudante de Cisneros en la construcción del ferrocarril de ese puerto a Bogotá), José Cornelio Borda (quien moriría como militar defendiendo la plaza de El Callao en Perú contra la agresora marina de España 176) y otros que se mencionarán en otro acápite. 182. El caso de Giseppe Eboli fue un caso sintomático del atraso social de la Colombia entonces (y de hoy). Eboli era un químico napolitano que había sido traído tres años antes a Caracas por el gobierno del general Páez, a enseñar su ciencia en la Universidad Central de Venezuela. No se sabe cómo, D. Lino de Pombo y D. Manuel Ancízar lo invitaron a trabajar en Colombia enseñando Química en la Universidad de Popayán y asesorando a la Casa de la Moneda de esa ciudad, con asignación de mil pesos anuales (presumiblemente mejor que la de Caracas), más gastos de viaje, lo cual era una remuneración muy alta en el país Así procedió Eboli, quien llegó a Popayán en septiembre de 1846, al comienzo del calendario escolar que se seguía allá. Instaló con éxito sus cursos. El rector, los profesores colegas y los estudiantes lo acogieron bien por la calidad académica de sus lecciones, a pesar de no contar con laboratorios, y por su correcta conducta personal. Así sirvió eficaz y tranquilamente por otros dos años. Entonces comenzó a tener problemas con un alumno de sus clases que perdió la materia (la cual duraba tres años y era exigida a los estudiantes de derecho, que pertenecía a la aristocrática familia Urrutia de la ciudad. El joven y sus poderosos parientes escribieron al Gobernador y al Ministro de Educación, presionando para expulsar a Eboli de la Universidad. Veinte estudiantes lo apoyaron por escrito, así 175

Dice Safford [1976], que los 1.250 pesos anuales de 1850 equivalían a 1.000 dólares anuales de 1975. Según estudios histórico-económicos de este autor, los 1.250 pesos equivalían a 1.250 dólares anuales de aquella época, y tendrían hoy el valor aproximado del orden de 60 o 70 millones dólares anuales de 1975. Por eso el autor opina que Safford está gruesamente desacertado. 176 En el año de 1881 la rapaz España le declaró la guerra al Perú para robarle las islas guaneras vecinas a la costa pacífica de este país, llamadas Islas Chinchas. El guano es la acumulación de siglos, petrificada, de deyecciones de aves piscívoras que pululaban en esa costa peruana, donde termina la corriente fría de Humboldt que trae millones de toneladas de krill (un crustáceo de 3 a 5 mm de longitud) y de plankton y, con ellos trae millones de toneladas de anchovetas. Ese material tiene un alto contenido de fósforo (P) y de nitrógeno amoniacal (NH4+), y por eso es un fertilizante sumamente eficiente y barato (en ese tiempo). En España no había yacimientos de roca fosfórica ni de nitratos minerales, que eran los sucedáneos del guano, pero eran muy costosos. Los Químicos alemanes, encabezados por Fritz Haber, ya habían desarrollado procedimientos industriales económicos para producir ácido nítrico por la fijación del nitrógeno del aire mediante arco eléctrico, y ácido fosfórico de los fosfatos de Argelia, todos los cuales eran fertilizantes artificiales que ya se usaban en toda Europa Occidental. Pero España estaba en la edad de piedra en materia de industrias. Por eso decidió, como de costumbre, asaltar al Perú y robarle el guano.

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como el rector y los otros profesores. Pero finalmente ganó la oligarquía contra el saber. Eboli renunció y en julio de 1850 partió al Ecuador, donde fue a seguir “desasnando” a los herederos de las arrogantes e ignorantes aristocracias suramericanas. 183. Informa Safford [1976] que en 1846 vinieron a Cali los profesores franceses Francois Chasard y Edmond Charles, contratados por el gobierno de la provincia de Buenaventura, por autorización de la Asamblea de la misma. Su tarea era montar cátedras de ciencias y de técnica en el Colegio de Santa Librada (fundado por el fecundo gobierno de Santander, en enero de 1823). Chasard enseñaría Matemáticas y “sus aplicaciones industriales”, curso que fue programado en detalle, y a nivel académico muy avanzado, con tanto adelanto a su tiempo, que éste era un curso completo casi de ingeniería mecánica, como dice Safford [1976, p. 126]. Por su parte, Charles enseñaría “ciencias físicas y naturales en todas sus ramas”. El currículum comprendía botánica, zoología, mineralogía, anatomía, algo de astronomía, electricidad, mecánica elemental y nociones de lo que hoy se llama ciencias de la tierra. Los dos profesores trajeron instrumentos, aparatos de laboratorio y libros excelentes para su tiempo. Hay que recordar que esa era una época de grandes y acelerados avances en estas ciencias en Europa, y de espectaculares desarrollos tecnológicos que traía la Revolución Industrial en los países del occidente de ese continente, menos, por supuesto, en la España oscurantista de ese siglo. Después de cinco años de servicio que señalaba su contrato, ambos regresaron a Francia, y fueron sucedidos por ex alumnos de Giuseppe Eboli cuando éste fue profesor en Popayán. Un alumno de Chasard, Liborio Vergara viajó después a Europa; obtuvo el grado de ingeniero; volvió a su tierra del Valle; allí construyó caminos y carreteras; y enseñó Ciencias Naturales en la Universidad del Cauca, en Popayán. -

EMPRESARIOS DE MINAS

184. D. Vicente Restrepo [1973] informa que en 1844, durante el Gobierno del general Pedro Alcántara Herrán, el médico y empresario francés Mr. Víctor Dujadin organizó una compañía llamada Sociedad Minera del Sinú para extraer oro en el Alto Sinú, motivado vivamente por la tradición y por las muestras de orfebrería de la región, que él había conocido en esos días, y que demostraban una gran riqueza local del metal y una gran habilidad para trabajarlo. El empresario trajo maquinaria e ingenieros de Francia, hizo grandes inversiones, pero todo ese grande esfuerzo fue perdido, porque, según aquél autor, si bien había oro en cantidad en las playas y arenas, el metal se encontraba en menudas escamillas sumamente difíciles de separar del material estéril, y difíciles de concentrar y de aislar. Agrega Restrepo que hubo imprevisión, y que “el material que se aplicó a la explotación resultó inadecuado”, lo que desanimó a los franceses, quienes pronto abandonaron la empresa. El Director de la misma, Mr. Louis Striffler (de quien también se habla en este documento) publicó en Cartagena, en 1850, en un libro de 200 páginas, la “curiosa historia” (como dice Restrepo) de esta experiencia frustrada. Monsieur Dujardin fue uno de los primeros franceses que vino al Sinú, y logró atraer a muchos compatriotas suyos a esa región.

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EL BRILLANTE PERÍODO DE MEDIADOS DEL S. XIX 185. Cerca de 1845 vino procedente de Inglaterra a la Nueva Granada el ingeniero civil inglés Samuel Bond177, graduado también en Humanidades en la Universidad de Cambridge, a trabajar en las minas de socavones en Marmato. En esta labor estuvo varios años, administrando una de las minas más difíciles y peligrosas, y dirigió durante varios años el laboreo de un socavón que era famoso por su riqueza y su profundidad. En la misma población conoció a la joven María de Jesús Macías, a quien desposó en 1850. Con ella se trasladó a vivir después en Rionegro 178. En Rionegro el ingeniero Bond trabajó como profesor de Matemáticas y de Filosofía en el colegio de secundaria de la población. Viajó después con su esposa a Bogotá, donde fue profesor de inglés de don Manuel Antonio Caro. Volvieron por un tiempo a Rionegro y después, de nuevo a Bogotá, donde Mr. Bond enseñó latín, griego e inglés. Entre estas idas y venidas los esposos Bond tuvieron un hijo, a quien dieron el nombre de Samuel, que murió muy joven en 1875. El Sr. Bond falleció en Bogotá en los primeros años del s. XX. 186. El Sr. Jules Richter fue un técnico minero, alemán, probablemente preparado en Freiberg, que fue enviado desde Inglaterra acompañando al ingeniero Jorge Tomás Federico Gärtner, por los dueños de la Western Andes Mining Co. Llegaron a Cartagena o a Santa Marta en 1847, en un vapor fluvial de ese tiempo 179. Gärtner y Richter fueron por el río Magdalena hasta el leñateo de La María (hoy La Dorada). A caballo recorrieron los doscientos y más kilómetros del escabroso y mal camino de La María a Honda, Mariquita, Manizales, río Cauca, Marmato y Supía. Esta fue la misma ruta de muchos de los ingenieros que vinieron de Europa a las minas de la empresa inglesa, en esos años. Don “Julio” como se le llamó en estas tierras, cumplió su contrato con los ingleses. El clima tan distinto del de su país, la dureza del trabajo, la falta de recursos técnicos, el aislamiento de la familia y de todo el mundo, el trato rudo de los mineros, la barrera del idioma, la alimentación muy distinta y poco agradable, y la soledad, no daban para durar más tiempo en esas condiciones. En consecuencia, a continuación, marchó a Rionegro, donde se radicó y se casó con doña Dolores Bonafont. Tuvieron varios hijos: un varón, que murió muy joven y varias hijas que se casaron y dejaron una abundante descendencia. Pero, con el paso de las generaciones femeninas, el apellido ya no tiene representantes en la región. El Sr. Richter murió en Rionegro. 177

Gallo [2009] le agrega el nombre intermedio, o “middle name”, de “Stara”. Al autor de esta nota, le parece muy extraño este nombre dentro de la filionomía inglesa. En sus varios y prolongados recorridos por varios países angloparlantes nunca lo ha escuchado. 178 En ese tiempo los viajeros que iban de Marmato a Rionegro, como Nicholls y otros ya mencionados, se trasladaban a caballo, descendiendo por una pendiente de 45°, al río Cauca; y siguiendo por la orilla del río hacia el Norte, aguas abajo, hasta la desembocadura del río Arma; luego por la orilla del Arma, corriente arriba, hacia el Oriente hasta el puente donde cruzaba el camino de Aguadas a Sonsón. Seguían por ese camino hacia dicha población, ascendiendo 2.000 m verticales, por una empinada pendiente. En Sonsón se descansaba uno o dos días antes de seguir a Abejorral, La Ceja y Rionegro. El viaje duraba cuatro o cinco días, en buenas cabalgaduras y con buen clima. 179 En esos años Cartagena tenía abierto el Canal del Dique, y en Santa Marta había una boca del mar que lo conectaba con la Ciénaga de Santa Marta, y ésta conducía entre caños naturales al Magdalena, frente a Barranquilla.

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187. Los primeros profesores del Colegio Militar fueron hombres muy bien escogidos por Mosquera y por D. Lino de Pombo por sus méritos académicos y por los antecedentes que demostraran su vocación hacia la ingeniería. Sus nombres fueron:  D. Lino de Pombo O´Donell, quien impartió las clases de Matemáticas a las dos primeras cohortes de estudiantes, en 1849 y 1850. Con ese fin escribió textos didácticos de Lecciones de Aritmética y Álgebra y de Lecciones de Geometría Analítica, que fueron usados en todos los pocos planteles de la época donde se dieran estas asignaturas.  El general José María Ortega, antiguo combatiente de Colombia en el Perú, era el Director del Colegio. Es muy seguro que, además, dictara otras materias militares más avanzadas, como podía ser la de Balística Exterior, la de Fortificaciones o la de “Corte de piedras”, que es una Geometría descriptiva (a la manera de Gaspard Monge), aplicada a ese oficio que es tan importante para los ingenieros militares en la construcción de estructuras de defensa.  El coronel Santiago Fraser, oriundo de Escocia, quien había venido como oficial en la Legión Británica y luchado en nuestras guerras de independencia hasta llegar a la Pampa de la Quinua (Ayacucho), para seguir después con Sucre y Córdova a desterrar a los “chapetones” de Bolivia. No está documentado en ninguna parte, pero lo más probable es que diera las materias de la instrucción militar a los jóvenes cadetes: tiro, orden cerrado, orden abierto, transmisiones y hoplología 180.  El ya mencionado P. Jesuita Ignacio Gumilla, chileno, a quien trajo desde su país el general Mosquera al regresar, en 1844, de ser embajador de Colombia en Santiago de Chile y en Lima. El P. Gumilla era un gran Físico, que venía de dar esta materia en la Universidad Central de su país, y para eso lo trajo Mosquera. Fue profesor de dicha materia en los dos primeros años de la carrera de los presuntos ingenieros. No se sabe qué textos utilizaba. Seguramente eran muy diferentes a los actuales, porque en ese momento apenas se sabía qué eran los átomos, los tres estados de la materia, algo de la Estática y de la Dinámica de Newton, la Acústica y la Luz. Se ignoraba qué era un electrón o un protón; del electromagnetismo sólo se conocían los fundamentos, descubiertos por Faraday, desde 1831, pero se desconocían los trabajos de Maxwell (que vendrían 30 años después). Es de presumir que el Colegio tuviera algún gabinete de Física aceptable, sin el cual esa materia no se hubiera podido (y tampoco hoy) impartir.  El Matemático francés Aimé Bergeron (de quien ya se dio cuenta) dio los cursos más avanzados de su disciplina, como puede inferirse del texto usado: Cálculo infinitesimal, escrito por el ingeniero militar francés Lázaro Carnot 181, hacia 1795, probablemente, en los intervalos entre batalla y batalla de la Francia Revolucionaria

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La hoplología es el estudio de las armas. Se asocia con “hoplita”, término que se refiere al soldado espartano de infantería que usaba armas pesadas. Cien hoplitas fueron la fuerza fundamental que detuvo a miles de persas en la batalla de Maratón, los derrotó y los hizo retroceder a Asia. 181 Padre de Nicolás Sadi Carnot, el fundador de la Termodinámica.

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contra las monarquías reaccionarias que la rodeaban y que la combatían ferozmente182. El químico hebreo danés Bernard Lewy dio en el Colegio la materia de su competencia en el primer año del programa, de cuatro que constituían el plan de estudios, por lo menos durante dos años lectivos. No se sabe si ocasionó tantos problemas en el Colegio como lo hizo en la casa de la Moneda, en la Universidad Central y en donde quiera que estuvo. Este autor cree que no, porque conoce por experiencia propia cómo es la severidad de la vida en una Escuela Militar. El general Joaquín María Barriga, combatiente en nuestras guerras de Independencia, y quien había luchado en la guerra civil contra la dictadura de Urdaneta, y posteriormente, en defensa del gobierno de José Ignacio de Márquez, en la que le declararon a éste los “pre liberales”, y que se llamó “la Guerra de los Supremos”. Dado que posteriormente figuró entre los ingenieros que proyectaron líneas férreas en la sabana de Bogotá, parece que hubiera sido un ingeniero civil competente, aunque tal vez sin estudios académicos. Quizás daba la materia de Poliorcética, que es tan necesaria y útil para los ingenieros militares, o también podía ser profesor e instructor de la materia Puentes y Aguas, que se nos imparte a los oficiales de ingenieros de ejército, desde la época de los romanos. El entonces coronel Agustín Codazzi, recién llegado de Venezuela, donde había dejado una brillantísima trayectoria como militar, científico y geógrafo. Había sido invitado por el presidente Mosquera para iniciar el magno proyecto de la Comisión Corográfica. Mientras se elaboraba el contrato para este gran proyecto, se le destinó al Colegio como Inspector de Estudios y se le encargó de hacer el primer plano geométrico de Bogotá, con ayuda de los estudiantes del Colegio. La ciudad era muy pequeña: albergaba muy poco menos de 30.000 pobladores y tenía algo así como 200 o 300 manzanas. (La Nueva Granada tenía en ese momento muy cerca de 2´200.000 habitantes). El Dr. José María Galvis era profesor de Legislación Militar, y su decidida insistencia en que el Colegio intensificara la formación militar y preparara a sus alumnos, preferentemente, como ingenieros militares, hace pensar que en el pasado había sido oficial del Ejército. El antiguo militar venezolano Miguel Bracho era el instructor de Caballería y de Esgrima. Apoyaba resueltamente al Dr. Galvis en la idea de hacer mucho énfasis en la formación militar, en lo cual coincidía también, a nivel superior, el general Ortega. El tácito pero resuelto opositor de esta propuesta era D. Lino de Pombo, quien concebía el Colegio a la manera de L´ École Polytechnique, fundada por Napoleón para preparar sus mejores ingenieros, unos de ellos militares y otros civiles, aunque D. Lino recalcaba que el país necesitaba en ese momento, muchos más de los últimos que de los primeros.

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El General Lázaro Carnot fue llamado por Napoleón “El Organizador de la Victoria”, cuando en la batalla de los Molinos de Valmy, los generales Dumouriez y Kellerman derrotaron avasalladoramente a una coalición de los ejércitos de cuatro países que pretendían invadir a Francia, restablecer “l´Ancien Régime” y coronar al inepto hermano menor de Luis XVI, con el nombre de Luis XVIII. Actor muy descollante en el triunfo de Valmy fue el admirable prócer venezolano Francisco Miranda, cuyo nombre se puede leer en los muros interiores del Arco del Triunfo, en París, y cuyo busto está en el campo de Valmy, frente al busto de Kellerman.

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 El coronel Joaquín Acosta, de acuerdo con su rica y amplia preparación en París era, casi seguramente, el profesor de Geografía y Cartografía Militar. Él había colaborado con Cochrane y con Boussingault, y con base en esos viajes y en sus propios estudios, ya había elaborado un excelente mapa del país.  El general Antonio R. de Narváez con su gran experiencia en campañas de larga duración, era posiblemente el comandante de las prácticas semanales en “terreno” y de las “campañas” de final de año lectivo. Si así hubiera sido, él mismo pudiera haber sido, consecuentemente, el profesor e instructor práctico de Topografía y Agrimensura.  Ramón Guerra Azuola fue uno de los primeros egresados graduados del Colegio. Pero tan pronto obtuvo su título de ingeniero civil, fue nombrado monitor, y luego profesor, de los cursos de Topografía y de Cartografía, por su brillante desempeño en esas materias como alumno, durante sus estudios. Era hijo del coronel Ramón Nonato Guerra, quien fue fusilado por orden de Bolívar, al lado del almirante Padilla, de manera infame, sin fórmula de juicio, acusándolos falsamente de haber participado en la conspiración septembrina.

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LA OBRA INMORTAL DE CODAZZI

188. Uno de los tres o cuatro más brillantes y útiles científicos o técnicos que han servido a Colombia y han fijado su residencia en el país, ha sido el general Agustín Codazzi. Mucho se ha escrito sobre su biografía de viajero, aventurero, navegante, geógrafo, militar, promotor de inmigraciones y servidor público 183. Giovanni Battista Agostino Codazzi Bertolotti nació en Lugo, Italia, el 12 de junio de 1793. Sus primeros estudios los hizo allí mismo con el profesor invidente Piero Matteo Zappi. Siendo aún muy joven (de 15 años) fue admitido en la Escuela de Ingeniería de Módena y a los 18 entró a la Academia de Guerra de Pavía. Estos eran institutos de formación militar que Napoleón estaba abriendo en toda Italia para formar oficiales libertarios, igualitaristas, antimonárquicos, y leales a él. Después de viajar por toda Europa y por Estados Unidos, se incorporó como oficial artillero en el barco de mando del corsario francés Louis Aury, que ejercía su “profesión” en servicio de los patriotas venezolanos y neogranadinos, sin duda con buena paga. Allí, es muy probable que conociera a Louis Peru de la Croix, militar francés ayudante inmediato de Aury. Codazzi vino a Colombia por primera vez en 1820, a traer un mensaje secreto de Aury para Bolívar. Entró por el Golfo de Urabá, subió en canoa por el Atrato, en Nóvita tomó un caballo y, pasando por la depresión que hay allí en la cordillera Occidental, llegó a Cartago, donde lo recibió el coronel Tomás Cipriano Mosquera. Por el camino del Quindío llegó a Ibagué y luego, por Tocaima y La Mesa, fue a dar a Bogotá. Cumplida su misión, regresó al Caribe por el río Magdalena y se incorporó de nuevo a los barcos de Aury. No se sabe bien qué hizo en los diez años transcurridos de 1820 a 1830. Presumiblemente, siguió sirviendo 183

El mejor tratado sobre la vida y obra de Agustín Codazzi, lo escribió su biógrafo alemán Hermann A. Schumacher, quien también hizo una excelente biografía de Caldas. En Colombia el historiador bogotano Efraín Sánchez Cabra, escribió otro tratado sobre el ingeniero italiano, cuya lectura es muy recomendable, a pesar de algunos errores menores sobre ciertos nombres y sobre algunos aspectos técnicos de la obra. En la bibliografía se registra este último libro.

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como artillero y navegante del francés, o de Brión, o de Elbers, o de otro de los navegantes comerciantes que traían de Jamaica o de las Antillas francesas y británicas a los ejércitos patriotas, armas (que sobraban a rodo y a precios irrisorios en Europa después de terminadas las guerras napoleónicas), vestuario, pólvora, libros, noticias, material de intendencia, y voluntarios, como eran los irlandeses (como O´Leary, Mac Gregor, Rook, Fergusson y sus hombres), los franceses (como Manuel Serviez, Luis Perú de la Croix, Pedro Bonaparte, y otros), los alemanes (como Adlerkreuz), y aún unos pocos españoles libertarios que vinieron a defender la causa colombiana. Seguramente recibían buena parte del pago por estas mercancías, oro en polvo o en barras, que eran contrabandeados por los negociantes particulares antioqueños por el Atrato o por la vía del Cauca−Magdalena, y por los comerciantes cucuteños por el Zulia y el Golfo de Maracaibo, ahora que no había autoridades españolas y que el antiguo “quinto real” se lo podían apropiar. Esos pagos se recogían seguramente en el solitario e inmenso delta del Orinoco, en la Isla Margarita, en la escarpada costa venezolana, en las desoladas ensenadas de La Guajira o en el solitario Golfo de Urabá184. Codazzi vino a la Nueva Granada, por segunda y definitiva vez en 1848, cuando una revolución en Venezuela, encabezada por el militar José Tadeo Monagas y dirigida con éxito contra el Presidente Páez, ahuyentó a aquél de ese país, y viajó a Curazao con su familia. De allí lo llamó Mosquera para que viniera a ejecutar la Comisión Corográfica y a que, mientras se hacía el contrato, sirviera como profesor de Geografía y Agrimensura Militar en el Colegio Militar de Ingeniería, que el Presidente acababa de fundar. Mosquera le asignó el altísimo sueldo anual de 8.500 pesos oro, según Safford [1976], quien se sorprende con lo que era en ese tiempo una altísima cifra (ya se vio el desempeño del militar italiano como profesor en el Colegio). 189. Codazzi partió para su primera expedición el 3 de enero de 1850, cuando ya gobernaba el presidente José Hilario López Valdés, y llevaba un magnifico equipo de ayudantes. Viajaron por Ubaté, Chiquinquirá, El Socorro, Simácota y Bucaramanga. Luego a Tamalamenque, Ocaña, Cúcuta, Pamplona y a la cordillera Oriental en su vertiente hacia los Llanos. En agosto retornan a Bogotá y Codazzi reinicia sus clases el Colegio Militar. La segunda excursión partió en enero de 1851 hacia las cabeceras del rio Bogotá, continuó al lago de Tota, a las provincias de Tunja y Tundama, incluyendo sus orillas en el Magdalena. Siguen a las minas de esmeraldas de Muzo, Somondoco, Coscuez y Chivor y al Nevado del Cocuy; en junio regresan a la capital. En enero de 1852 parte la tercera expedición. Van a El Espinal e Ibagué; ascienden a los vecinos nevados de la cordillera Central: el Quindío, el Tolima, el Santa Isabel, el Cisne y el Ruiz; cruzan el gélido Páramo de Herveo. Bajan a Manizales y continúan hacia Salamina, Aguadas, Sonsón y Rionegro. Estando en plena expedición, en marzo, el gobierno del general López ascendió a Codazzi a Coronel de Ingenieros. Un acompañante especial de esta expedición fue el eminente botánico colombiano José Jerónimo Triana. Van luego a Medellín, bajan por el valle del río Porce, van a la Meseta del Norte de Antioquia, en la entonces provincia de Medellín. En mayo marchan a la población de Santa

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Codazzi había conocido el Golfo de Urabá cuando en 1822 vino al país la primera vez y desembarcó allí para entrar al Atrato y remontarlo hasta Nóvita, en camino hacia Cartago, sin ser advertido por autoridades españolas.

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Fe de Antioquia, capital entonces de la provincia de Antioquia 185, y prosiguen a Urrao. Después suben por las orillas del Cauca hasta Supía, Marmato, Anserma y Cartago. De aquí van de nuevo a Ibagué, y trabajan meses estudiando el centro del actual departamento del Tolima. En septiembre están de nuevo en Bogotá. La cuarta expedición fue la más extensa y la que produjo más material en informes, mapas, documentos científicos, planos, dibujos y herbarios. En enero de 1853 bajaron a Honda y de allí, por vapor, a Barranquilla. De allí navegaron hasta Turbo, a donde llegaron el 1 de febrero. Remontaron el río Atrato y exploraron el Napipí, el Truandó y el Juradó. Trasmontaron la cordillera del Baudó y bajaron por este rio al océano Pacífico. Bordeando la costa navegan a Buenaventura, la isla de Gorgona, Tumaco y las bocas del río Patía. Por tierra van a Túquerres, Ipiales y Pasto, a donde llegan en julio. De aquí siguen a Popayán, suben al Puracé y luego bajan a Palmira. Marchando hacia el Norte, pasaron por Cartago, sobrepasaron la altísima cordillera Central para llegar a Ibagué, y de ahí a Bogotá, cruzando el Magdalena por el paso de Guataquí, a Tocaima, La Mesa, Tres Esquinas y Bogotá. En enero de 1854 la quinta expedición baja a Honda, por el Magdalena y por el Canal del Dique a Cartagena. Con unos oficiales de la Marina Inglesa, Codazzi entra por el Atrato al Chocó y con éstos estudia varias rutas posibles para un canal interoceánico, en la zona del Darién. Tanto Codazzi como los ingleses descartan dos presupuestas rutas canaleras, que tanto el uno como los otros consideraron inviables y que desecharon. Luego Codazzi y su gente van a Panamá y allí exploran la ruta de Colón, por el río Chagres y Ciudad de Panamá, que el ingeniero italiano conceptuó como la única posible y conveniente. Posteriormente, hacia 1880, esta ruta fue adoptada con el nombre de Réclus Wysse Sossa, y por ella se construyó, finalmente, el canal. Regresando del viaje, por el rio Magdalena, es nombrado como jefe del Estado Mayor del Ejército que luchaba contra el gobierno “de facto” del general José María Melo en Bogotá, gobierno que fue derrocado pocos meses después. En diciembre, Codazzi es ascendido a General Graduado. La sexta excursión, en 1855, fue corta. Como dato especial se anota que iba con él uno de sus primeros alumnos del Colegio Militar, Indalecio Líévano. Van al Salto de Tequendama y bordeándolo llegan a su desembocadura en el río Magdalena. Luego ascienden por el río Sumapaz a la región de Pandi, y en abril vuelven a Bogotá, donde Codazzi era requerido por sus compromisos como Jefe del Estado Mayor del Ejército Nacional. En este momento Codazzi es maltratado por el gobierno de Ospina Rodríguez: se le escatiman sus honorarios, se le exige más trabajo y se le archivan muchos de sus innumerables informes. El historiador Efraín Sánchez Cabra [1999] opina lo contrario: que ese gobierno le dio a Codazzi una amplia cooperación. Aquí se respeta esa opinión pero se discrepa diametralmente de ella. Poveda, en su libro Ingeniería e Historia de las Ciencias explica ampliamente la obra del italiano y allí demuestra lo que aquí opina. En su séptima expedición (1856) van, con otros, el mismo Triana y otro ex discípulo del Colegio Militar, Ramón Guerra Azuola. Suben a la cordillera al oriente de la capital, bajan a Villavicencio. Navegan por el río Meta, atraviesan las llanuras de San Martín y Casanare hasta llegar a la desembocadura del río Arauca. Buscando el pie de monte de la cordillera pasan por Tame, Labranzagrande, Medina, Gachalá y llegan en marzo, de nuevo, a Bogotá. Allí, el gran italiano redacta sus informes, dibuja mapas, hace cálculos astronómicos, ajusta sus cuentas y sus presupuestos y se alegra de estar con su esposa e hijos. La Comisión ya 185

Recuérdese que en ese entonces la tradicional Provincia de Antioquia había sido parcelada, en 1851, en tres provincias: Córdoba, Medellín y Antioquia.

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había explorado 25 de las 32 provincias del país y uno de los dos enormes territorios que también lo componían. Así era la división político administrativa que había establecido la Constitución de 1853. La octava expedición parte en diciembre de 1856. Recorre el sur del Tolima y todo el Huila actuales. Trasmontó la cordillera Oriental, llegó al río Caquetá y navegó por él, así como por el Orteguaza y otros de esa cuenca. Atravesó la selva y llegó al río Putumayo. Luego subió a la “Estrella Fluvial Colombiana”; bajó por el Magdalena a Timaná, en abril, y durante un mes reconoció el territorio arqueológico de San Agustín. En mayo se dirige al Norte, visita a Neiva e Ibagué y se dirige a la capital. Allí llega en junio de 1857. Gobernaba el país el presidente Mariano Ospina Rodríguez. Se le exigió el trabajo menor de trazar un camino de Facatativá al puertecito de Beltrán, en el Magdalena. Codazzi lo hizo sin entusiasmo pero con la disciplina y la eficiencia que le eran propias en el breve lapso de cinco meses. En diciembre de 1858 salió para esta décima y última expedición. Fue a Honda. Tomó un vapor hasta la boca del río Cesar. Exploró las ciénagas de Simití, Zapatosa y Chimichagua. Remontó el Cesar, pasó por Valledupar y se dirigió a la Sierra de Perijá. En febrero llegó al pueblecito de Espíritu Santo, cerca a la Sierra. En una hacienda vecina, llamada Pueblito, la edad, el cansancio y la malaria terminaron el 12 de febrero con su vida asombrosa. Hoy casi no se le recuerda en Colombia. El bautizo de la aldea del Espíritu Santo, (donde fue enterrado) con el nombre de Codazzi, y el haber dado ese nombre perilustre a un batallón de ingenieros del Ejército, es un pobrísimo reconocimiento a uno de los hombres de grandes saberes, que ha sido el más esforzado, productivo y generoso de los que han servido a esta Patria, que no era la suya. 186 190. Puesto que Codazzi fue uno de los ingenieros inmigrantes que más ampliamente hubo de desplegar sus saberes para cumplir su formidable tarea de explorar y cartografiar a nuestra Patria en las muy difíciles condiciones y con la alta eficiencia como lo hizo, cabe aquí hacer una relación de esos saberes, tal como los ha inferido este autor, valiéndose de su conocimiento de la Ingeniería Civil, de su experiencia en 1953 como fotogrametrista en el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, y de sus conversaciones en ese tiempo, con su superior el Coronel e Ingeniero Luis Laverde Goubert, quien era el Director del Instituto. Otras pistas y conjeturas razonables permiten suponer cuáles eran los conocimientos teóricos en que este Ingeniero, casi autodidacta, fundamentó su monumental labor geográfica, y que transmitió a sus alumnos en el Colegio Militar y a sus ayudantes en las marchas y en los campamentos a campo abierto de sus recorridos. Tales pistas son las siguientes: a) b) c)

Lo que se conoce sobre el contenido de las enseñanzas en las escuelas de artillería francesas, a principios del siglo XIX; La lectura de los informes escritos por Codazzi, que dan cuenta de sus investigaciones; Los documentos de Humboldt, Arago y Boussingault que comentan, desde un punto de vista científico, los trabajos de Codazzi en Venezuela;

186

El capítulo sobre Codazzi en el libro Ingeniería e Historia de las Ciencias [Poveda: 1984], se presenta una relación más amplia de las numerosas publicaciones, documentos, mapas y estudios que resultaron de los trabajos de Codazzi, y de quienes fueron sus colaboradores.

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d) e)

Lo que se deduce del examen atento de los mapas elaborados por el propio Codazzi, como el bello mapa de la Provincia de Soto; Las características técnicas y científicas de los trabajos póstumos que se hicieron sobre la obra de Codazzi, por parte de Manuel Ponce de León, Felipe Pérez y Ramón Guerra Azuola.

Sobre las anteriores bases, puede colegirse que Codazzi tenía buenos conocimientos académicos y prácticos en los siguientes campos científicos y técnicos:  Aritmética: las siete operaciones con números enteros, fraccionarios, decimales y mixtos; logaritmos y sus tablas; potencias y raíces cuadradas y cúbicas y su computación numérica;  Geometría euclidiana elemental: principios de Euclides; semejanza de figuras, paralelas, triángulos, polígonos, círculos, áreas planas, sólidos, poliedros regulares, cuerpos redondos, áreas y volúmenes de sólidos, proyecciones geométricas;  Álgebra clásica: las cuatro operaciones entre polinomios, teorema del binomio de Newton, ecuaciones de primero y segundo grados, sistemas de ecuaciones, ecuaciones de las cónicas;  Trigonometría plana: ángulos, funciones trigonométricas circulares, tablas trigonométricas, solución de triángulos planos, triangulación topográfica y geodésica;  Trigonometría esférica y astronomía: triángulos esféricos, coordenadas astronómicas, sistema solar, trayectorias zodiacales; instrumentos astronómicos;  Física elemental: unidades de longitudes y distancias, sistema métrico decimal, estática de sólidos, máquinas elementales, calor y temperatura, óptica geométrica;  Geografía: relieves de terrenos, coordenadas geográficas, corografía, hidrografía elemental, climatología, orografía, hipsografía, meteorología descriptiva, hipsometría:  Cartografía: proyecciones cartográficas, escalas métricas, triangulación cartográfica, restitución de planos, coordenadas gaussianas;  Dibujo: coordenadas planas, perspectiva, perfiles, panorama, topografía, instrumentos de dibujo;  Agrimensura y topografía: medidas de distancias, terrenos, nivelación, mensuras, tránsito, curvas de nivel, trazado y localización, poligonales, rumbos y distancias, geodesia, taquímetro, plancheta y telémetro, grafometría y orografía. La obra de Codazzi abrió de manera definitiva un campo a la Ingeniería en la vida de Colombia, tanto en las actividades técnicas como en las científicas, en las económicas y en las de administración pública. −

PRIMEROS ALUMNOS DEL COLEGIO MILITAR DE INGENIERÍA

191. Los alumnos de la primera promoción del Colegio Militar, que obtuvieron allí su título de Ingeniero Civil y Militar en 1852, bajo el gobierno del general José Hilario López Valdés, quien presidió la ceremonia de graduación, fueron: 145


 José Cornelio Borda Sarmiento. Nació en Facatativá en 1829. Se graduó en el Colegio como ingeniero militar. Fue a Francia a continuar estudios, y la École Central de París le dio el grado de ingeniero civil y militar. Ganó un alto prestigio y construyó ferrocarriles alrededor de París. Ya en Colombia, en 1858, montó en Bogotá y en Medellín sendos laboratorios para producir derivados de la sal. Su profesión militar y la vida lo llevaron al Perú. Murió en 1866, defendiendo la plaza de El Callao contra el bombardeo de los barcos españoles en la guerra que este país le había declarado en el año anterior al país suramericano, para robarle sus islas guaneras.  Joaquín M. Barriga (1830−1905) se graduó en el Colegio después de haber sido su comandante; trabajó como Ingeniero Oficial en el Estado Soberano de Boyacá, en el ferrocarril de Zipaquirá Nemocón, en el de La Sabana y en las salinas de Zipaquirá.  Nicolás Caycedo d´Elhúyar (1833−1904), de Bogotá, hijo de Juan José D´Elúyar, trabajó en el Estado de Antioquia, en la construcción del Ferrocarril del Norte y en los estudios previos para el de Girardot y el de Puerto Wilches.  Antonio Dussán Manrique, neivano, tomó la carrera de las armas y llegó a General de Brigada del ejército conservador en la guerra de 1860. Sirvió como ingeniero en los estados de Santander y Tolima (que entonces incluía a Neiva, su cuna). Rector del Colegio Militar y de la Escuela Politécnica en 1866 y 1867. Pereció en la estúpida la guerra religiosa de 1867, en la primera batalla de Garrapata, cerca a Mariquita en su tierra tolimense.  Indalecio Liévano (1834−1913), nacido en El Carmen de Apicalá, Tolima; trabajó después en los estudios de varios ferrocarriles y en la construcción de otros. Posteriormente profesor en la misma Escuela. Autor de dos textos didácticos para los cursos de Matemáticas, Aritmética y Álgebra. Distinguido teórico de la Aritmética avanzada de su tiempo en Europa, preanunció la teoría que el matemático alemán Leopold Krönecker formuló después, en 1880 sobre los números naturales: “Die ganzen Zahlen hat Gott gemacht. Alles Anders ist Menschenwerke” (“Dios hizo los números enteros. Lo demás es obra del hombre”).  Juan Nepomuceno González Vásquez (1830−1910), nació en Zipaquirá. Después de graduarse viajó a París a seguir estudiando. En la École National d´Arts et Métiers obtuvo el Degré d´État de Ingeniero. Construyó ferrocarriles en ese país. Vuelto a Colombia dirigió la construcción del Ferrocarril de Cúcuta (el primero que fue hecho solamente por ingenieros colombianos), y de los ferrocarriles del Norte y de La Sabana; y realizó los estudios y el trazado de otros como el de Cúcuta−Tamalameque (que nunca se construyó) y el de Facatativá al río Magdalena (que ya mencionamos en el acápite sobre Poncet). Fue el más prestigioso constructor de vías en el s. XIX.  Manuel H. Peña (1836−1900). Nacido en Zipaquirá. Se graduó en 1856 y durante11 años dirigió un colegio en su población natal, donde enseñó Matemáticas. Luego midió y parceló tierras eclesiásticas para desamortizar, a raíz de las leyes de Mosquera y sus copartidarios radicales de 1861 187. Trabajó como Ingeniero Oficial 187

Las leyes de “desamortización de bienes de manos muertas”, propuestas por el Presidente Mosquera y aprobadas por el Congreso radical de 1861, dispusieron la expropiación de los inmensos latifundios que había llegado a acumular la Iglesia Católica por cuenta de las innumerables y grandes herencias que le dejaban los

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para el Estado Soberano de Boyacá; fue profesor en colegios superiores y en la Universidad Nacional. Ingeniero ayudante en el ferrocarril Bogotá − Zipaquirá, en los estudios del de Girardot, y jefe de la “carretera” Facatativá − Cambao. Después de otros trabajos con ferrocarriles falleció en Nueva York en 1900. Alejandro Ortega. Al graduarse fue nombrado por Mosquera como Ingeniero Oficial del Estado del Magdalena188. Trabajó con Juan N. González Vásquez en los estudios para el frustrado ferrocarril de Cúcuta − Tamalameque; y en la construcción de los de La Sabana, del Norte, de Girardot y de Cúcuta. Ignacio Ortega, hermano de Alejandro, trabajó en el Estado Soberano de Cundinamarca (gobernado entonces por el general Daniel Aldana), nombrado por Mosquera, y en trabajos en este Estado como los de su hermano Alejandro en el del Magdalena. Manuel Ponce de León (1829−1899), bogotano, se graduó con honores. Acompañó a Codazzi en algunas de las comisiones corográficas. Estudió y construyó carreteras, caminos y ferrocarriles. Fundador de la Sociedad Colombiana de Ingenieros. Profesor por varios años en la facultad de Ingeniería. Hizo publicar un espléndido mapa de la Nueva Granada, basado en los mapas parciales de Codazzi, en París. Trabajó en las salinas de Zipaquirá. Gozó de gran prestigio profesional. Falleció en Bogotá en 1899, la víspera del fin del s. XIX. Rafael Pombo (1833−1912), hijo de D. Lino de Pombo heredó de su padre la vocación por la ingeniería, aunque nunca la practicó. Pero fue un calificado profesor de Matemáticas por muchos años, en colegios de educación secundaria en la Capital, y en la Universidad. Fidel Pombo (1837−1901), también hijo de D. Lino y hermano de Rafael. Trabajó como Ingeniero Oficial en el Estado Soberano del Tolima y después en el de Cundinamarca. Fue profesor en la Universidad Nacional de Cálculo infinitesimal (como se decía entonces) y escribió dos excelentes textos de estudio para esa asignatura. Juan Francisco Urrutia, nacido en Popayán de familia de aristócratas (los que le hicieron la vida imposible al químico Eboli). Ingeniero Oficial en el Estado Soberano de Santander. Allí hizo el trazado de varios caminos carreteables, que hoy

grandes terratenientes al morir, encargando que les fueran recompensadas mediante misas “para salvar sus almas del purgatorio”. Eran cientos de miles de hectáreas dispersas en el país, que en su inmensa mayoría estaban ociosas o empleadas en una ganadería muy ineficiente y muy improductiva, con algo así como cinco hectáreas o más por cabeza, en promedio. Según un cálculo muy convincente de Mc Greevey [1972, p. 128], en todo el país había 400.000 hectáreas cultivadas, que constituían el 2,8% de la tierra arable de entonces, o sea de 14,3 millones de hectáreas. Es posible que las tierras de manos muertas ocuparan algo así como el 10% del área de tierra agropecuaria, es decir, algo del orden de 1,5 millones de hectáreas acumuladas y casi improductivas. Infortunadamente la ley disolvió los resguardos indígenas (que eran muy productivos, de propiedad comunal y ocupaban muchas tierras); y sus comunidades fueron obligadas a dispersarse o a cultivar su parcela como propiedad individual. Como consecuencia, decenas de miles de campesinos pequeños tuvieron que vender sus parcelas a los poderosos terratenientes, o abandonarlas o alquilarse como jornaleros de los grandes “patrones”. Así se concentró más la propiedad agraria del país. 188 Las torpes ideas “liberales” de 1850 habían llegado a la paranoia de dictar una ley que prohibía la enseñanza de profesiones y anulaba la exigencia de títulos académicos para ejercerlas. Mosquera tuvo que valerse de su enorme autoridad y don de mando para darles empleo a los recién graduados, nombrándolos en los nueve cargos de “Ingeniero Oficial” de los nueve Estados Soberanos que había desde la Convención de Rionegro, aunque constitucionalmente él no tenía derecho a hacerlo.

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 

son carreteras para automotores, como el de El Socorro a Boca del Carare, sobre el río Magdalena.  Juan Esteban Zamarra (1828−1871). Se graduó como Ingeniero civil y militar y de inmediato entró a estudiar Derecho. Fue un distinguido abogado nacido en Santa Fe de Antioquia. A los 27 años llegó a ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Esta brillante nómina de ingenieros fue resultado de los espléndidos profesores colombianos y extranjeros del Colegio Militar y de su sucesora, la Escuela Politécnica, geniales creaciones ambas de Mosquera. −

ALGO NUEVO SOBRE QUÍMICA

192. Torres y Salazar [2002] mencionan como un ingeniero que vino a Colombia, en 1848, al “Sr. R.C. Bottger”. Están equivocados: Esas iniciales y ese apellido corresponden con precisión al inventor alemán de la cerilla o fósforo de seguridad moderna, que lo hizo precisamente en 1848. [Mumford: 1971, p. 469]. No se sabe de dónde obtuvieron esta información, porque, además, no dicen ni quién era ese personaje, ni a qué vino, ni a dónde, ni qué hizo, ni cuándo se fue. Es, indudablemente y con el debido respeto, un “lapsus calami”. Para más señas, Böttger se llamaba Rudolph Christian y publicó su descubrimiento fundamental en una memoria titulada Uber die Einwirkung des Leuchtgases auf verschiedene Sältze, in besondere auf eine ammoniakalische Kupferchlorürlössung. 193. Hacia 1850, había en Bogotá, Medellín y otras ciudades menores, varias cervecerías, que en su mayoría eran de pequeña escala, domésticas o artesanales. Pero de entre ellas se destacaban las de tres ciudadanos extranjeros, quienes estaban radicados en la Nueva Granada: los señores Samuel Sayer (antiguo carpintero inmigrante inglés, ahora enriquecido y ya mencionado en relación con la Ferrería de la Pradera), George Stévenel (francés) y Maurice Gautier (francés). Los tres habían instalado sus respectivas pequeñas fábricas, obteniendo en el exterior (en Inglaterra el primero, y en Francia los dos segundos), equipos, insumos (malta, lúpulo, botellas) y fórmulas para elaborar la bebida. Una cervecería, en ese tiempo, en la Nueva Granada era un establecimiento casi artesanal, instalada en una vieja casona, y que constaba de cuatro secciones: 

Sección 1. La „cocina‟, con una o más marmitas de lámina de cobre, cerradas y calentadas al fuego directo o por una camisa de vapor a temperatura superior a 100°C, donde se cocina una masa de cebada malteada (quizás importada, pero posiblemente producida también allí, en pequeña escala), más un poco de arroz triturado y de maíz molido. Esta masa fluida hierve durante varias horas con el fin de hidrolizar los almidones polisacáridos farináceos de los granos, y convertirlos en monosacáridos (dextrosa, maltosa y fructuosa). Luego se agrega la flor de lúpulo o su extracto. A continuación se filtra este líquido espeso y se deja enfriar. El líquido resultante es el „mosto‟. De la filtración queda un residuo de sólidos húmedos, usado para alimentación animal. Sección 2. En un tanque pequeño se inocula un caldo de levadura (Sacharomyces cereviciae), y se vierte todo en el mosto, que se almacena en tanques cerrados de 148


fermentación a 7°C de temperatura, por seis días, produciendo así el alcohol, según la reacción: Polisacáridos o almidones (más la levadura de cerveza, o Saccharomices cereviciae)  Etanol + gas carbónico En nomenclatura química: n.(C6 H12 O6)  2n(C2 H2OH) + 2n (CO2)

El mosto fermentado pasa luego a los tanques de maduración durante diez a doce días, a 7 u 8 grados Celsius para eliminarle SO2 y otras materias volátiles que dañan el sabor, y para inyectarle el gas carbónico que resulta de la etapa anterior (la de fermentación).  

Sección 3. Compresores de amoníaco (NH3), para refrigerar los tanques de fermentación y de maduración, según el procedimiento de Carré189. Sección 4. Envasado a presión, en botellas de vidrio importadas y con tapones de corcho firmemente amarrados, a mano, al pico de la botella con alambre de hierro galvanizado o de cobre puro (también importados). Ésta parece haber sido la cervecería más grande y la más “moderna” en esos años, frente a otras varias, más pequeñas y más rudimentarias, que ya existían hacia 1850 en Bogotá, Tunja, Neiva y otras poblaciones menores.190 194. Para enfrentar la competencia que comenzaban a hacerle las ferrerías de Samacá y La Pradera, el Sr. Roberto Bunch, socio de la Ferrería de Pacho llamó de Inglaterra a Mr. Edmundo Corradine Moore, experto “iron master”, quien llegó a Bogotá en 1850191. Según Gallo [2009] se estima que el Sr. Corradine nació en el poblado inglés de Clay Mills, condado de Staffordshire, hacia 1815, siendo hijo de James Corradine y de Elizabeth Moore. Cuando llegó, ya estaba casado con Mrs. Mary Ann Banks Jones. Trabajó varios años en la ferrería, a la que llevó varias innovaciones: en el manejo del alto horno, en el proceso de coquización de hullas, en el moldeo en piso para vaciar formas fundidas, etc. Ésta fue una de las épocas más prósperas de esa ferrería, que en su tiempo fue un gran 189

Una innovación tecnológica muy importante internacionalmente, que se extendería pronto por el mundo, fue el invento por el ingeniero mecánico francés Ferdinand Carré (1824−1900), en 1859, de la refrigeración por amoníaco. El proceso y el sistema consisten en cargarlo con amoníaco licuado (el amoníaco es un gas muy fácil de licuar con un poco de compresión); luego dejarlo expandir, a presión, a un espacio a muy baja presión, lo cual produce una intensa absorción de calor del medio circundante, y un fuerte enfriamiento. Este fenómeno se denomina “efecto de Joule−Thomson”. El gas expandido se vuelve a licuar con compresores y se repite el proceso. En Termodinámica se dice que éste es un ciclo Brayton inverso. Para perfeccionar técnicamente este sistema serían necesarios varios años de investigación y de experimentación. Pero desde los años setenta del s. XIX, en Colombia comenzaron a adoptarlo las cervecerías que existían, para enfriar sus cavas de fermentación y las de maduración. Solamente en 1876, en Alemania el ingeniero Karl Paul Gottfried von Linde (1842−1934) patentó el primer refrigerador práctico y económico para uso en industrias, hogares y comercio, usando también amoníaco. 190 Sayer permaneció en Colombia y dejó una descendencia que continuó su tradición de cervecero, y que, un siglo después, incluía a personas que figuraban entre las más connotadas en Bogotá. [Perry: 1948, Gallo: 2009]. 191 La Capital contaba con 30.000 habitantes. Inglaterra vivía en pleno furor la Revolución Industrial, y comenzaba a vivir los comienzos de la Revolución de la Electricidad.

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avance en tecnología de procesos químicos industriales. Su hijo Jorge Corradine Banks inició una prolongada descendencia, cuyos miembros vivieron todos en Cundinamarca y Boyacá, y uno de ellos, siguiendo las huellas del antecesor inglés, fundó la Siderúrgica Corradine, en Pacho, de la que se hablará más abajo. El Sr. Corradine murió en la población Pacho el 22 de febrero de 1873. 195. El científico colombiano que más trabajó en el siglo XIX por la incorporación del país al mundo de la Ciencia Occidental fue Ezequiel Uricoechea Rodríguez (Bogotá, 1834 – Beirut, 1880). Hijo de una familia santafereña de prosapia, llegó a ser un muy destacado escritor, naturalista, químico, humanista, filólogo y policientífico. Habiendo hecho sus primeros estudios en la Capital, a los 14 años fue a Estados Unidos a estudiar medicina y se graduó en la Universidad de Yale a los18 años. Cuatro años después, fue a la Universidad de Götingen en Alemania, a estudiar Química y Mineralogía, y se graduó en 1854 como “Philosoficum Doctor et Magister Liberal Arts”. Desde 1852 comenzó a publicar trabajos científicos en el New York Herald, y desde 1853 en Annalen der Chemie und Pharmacie, en Giessen, Alemania. En el Pharmaceutical Journal de Londres publicó en 1854 un extenso estudio sobre la Cinchona officinalis (L) y la quina, y en el mismo año, en Berlín, su primer libro: Memorias sobre las antigüedades neogranadinas. Regresó al país en 1857 a enseñar Química y Mineralogía en el Colegio del Rosario. En ese año publicó en Londres, con la editorial Taubner, su Mapoteca colombiana: colección de los títulos de todos los mapas, planos, vistas, etcéteras, relativos a la América Española, Brasil e islas adyacentes, recogida en su recorrido por muchas bibliotecas de América y Europa. Fruto de su labor docente fue un libro inédito, Elementos de Mineralogía, que él consideraba su mejor obra científica. Además: Tratado de Meteorología, Disertaciones sobre las combinaciones del tridio (como él llamó al iridio, metal recién descubierto) y un Diccionario de Ciencias Naturales, que quedó inédito. Al mismo tiempo recopiló su Biblioteca Colombiana, un catálogo exhaustivo de las obras impresas en Colombia; e inició la recolección de un Diccionario de voces de Historia Natural americana, y de un Diccionario biográfico americano. Colaboró en muchas revistas con artículos de muy diversa temática. Fundó la Sociedad de Naturalistas Colombianos, con su revista Contribución de Colombia a las Ciencias y a las Artes. Dominaba los idiomas inglés, francés, alemán, latín, griego, árabe y varias lenguas indígenas. Desilusionado por la falta de ambiente y de medios en Colombia para la investigación científica, en 1869 regresó a Europa; se instaló en París, y, careciendo de un laboratorio de Química y de Mineralogía, que eran las ciencias de su pasión, se dedicó a los estudios filológicos. En 1880 viajó a Asia a profundizar en el estudio de algunas lenguas orientales, pero en Siria cayó enfermo y viajó a Beirut para tratar su dolencia. Allí murió a la temprana edad de 46 años. La colección de sus estudios filológicos y lingüísticos de Uricoechea alcanzó a 25 volúmenes, el último de los cuales fue publicado en París en 1903. Su gran mérito científico fue traer a Colombia el conocimiento de la Química y de la Mineralogía de mediados del siglo XIX, cuando ambas ciencias habían hecho y continuaban haciendo extraordinarios progresos en los últimos cien años.

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− UN INGENIERO Y IGNORADO Y OLVIDADO

EDUCADOR

INMIGRANTE

DESCONOCIDO,

196. Un ingeniero inmigrante que vivió y sirvió de manera admirable a una pequeña porción de nuestro país, y del cual se sabe muy poco en Colombia, pero que hizo en nuestro país una labor técnica y educativa muy valiosa, original y solitaria; aunque fue una labor local, poco duradera y sin muchas repercusiones, fue el ingeniero francés Alfredo Callon. Nacido en Lyon, de familia prestigiosa. Su hermano era el Director General de la Compagnie Générale de Chemins de Fer. Llegó a Honda en 1850 (cuando esa ciudad era una de las más importantes del centro del país, con casi 9.000 habitantes) en un vapor del Magdalena procedente de Santa Marta, viniendo de su patria. Dice Gallo [2009] que, al llegar Callon dirigió los trabajos en la mina de oro de “Riodulce”, cercana Mariquita, durante casi un año. Este autor considera que Gallo está mal informado, porque: 1. Ni en el exhaustivo libro de Restrepo [1973] ni en ninguno de sus muchos estudios propios sobre historia de la minería, el autor ha visto mencionada ninguna mina de oro de ese nombre cerca a Mariquita; 2. Cuando después Callon vivió en Sonsón, trabajó en minas y en el Riodulce, cercano a esta población había varias minas de playa; 3. Callon trabajó en minas de oro para devengar un ingreso que, al parecer, llegó a ser no despreciable, en los primeros años en esta población, y es probable que lo hubiera hecho en algunas del cercano Rio Dulce; 4. Este autor conoce bien la región vecina a Mariquita y sus recursos naturales, y sabe que por allí no hay minas de oro y de ningún otro tipo, ni ningún río que se llame Riodulce. En Honda lo encontró el poeta D. Gregorio Gutiérrez González, quien era oriundo de la población de Miraflores (hoy La Ceja, en Antioquia), y venía de Bogotá, al terminar el período legislativo del Congreso de la República, en donde tenía curul como representante de Antioquia. Era 1851 y Callon tenía unos 55 o 56 años de edad y, al parecer, estaba en difíciles condiciones económicas. Gobernaba a la Nueva Granada el general José Hilario López Valdés192, quien en esos días había decretado la abolición absoluta de la infame institución de la esclavitud y los negreros reaccionarios le desataron la guerra civil 193. Considerándolo hoy, retrospectivamente, es claro que el francés traía una excelente formación como ingeniero civil, que había recibido en la excelente École des Ingénieurs de Lyon. Es obvio que también traía consigo, en su baúl, un teodolito, un nivel óptico telescópico de precisión, los dos niveles de mano clásicos (de Locke y de Abney), aparatos profesionales y de medición (brújulas, barómetros, estuche de dibujo, etc.), libros de matemáticas y de ingeniería, y elementos propios de su profesión. Sin estos recursos no hubiera podido hacer lo que más abajo veremos que hizo después, en Sonsón. No se sabe 192

La Nueva Granada contaba, en ese momento, con 2´200.000 habitantes, y ocupaba casi 200 millones de hectáreas, (contra los 113,7 millones de hectáreas que ocupa hoy, después de los grandes y numerosos zarpazos que han sufrido nuestro territorio y nuestra soberanía, tolerados por gobiernos incompetentes). La Provincia de Antioquia albergaba a 244.000 pobladores en un área de “590 miriámtros cuadrados” (59.000 km2), según Uribe Ángel, y sensiblemente menor que hoy en día, cuando abarca 65.000 km2. Entonces incluía buena parte del actual Caldas, hasta el río Chinchiná, pero carecía de todo el Urabá, que, absurdamente, era parte de la Provincia de Popayán. 193 El día 1 de mayo de 1851, dos hermanos Arboleda, Julio y Sergio, aristócratas rapaces, y traficantes de esclavos iniciaron esa guerra inicua, bajo el lema “muerte al socialista infame”, refiriéndose al Presidente emancipador. Previamente habían exportado sus esclavos al Perú, a un buen “precio” canalla; y después se los volvieron a hacer pagar del erario colombiano.

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qué causa lo movió a venir a nuestro país. Puede suponerse que la razón de que saliera de su patria y viniera a la Nueva Granada fue alguna de varias: a)

b)

c)

d)

e)

O bien era perseguido políticamente por los revolucionarios muy radicales de 1848 (como Louis Blanc e Hilario Barbés), que habían depuesto al rey Luis Felipe de Orléans (“le Roi Citoyen”, según le decían al comienzo de su reinado, antes de conocer sus manejos financieros torticeros); que habían tomado el poder en París, y que repelían al espíritu conservadurista que Callon poseía, al parecer, según lo sugiere su estilo de vida posterior, en Sonsón. O bien huía de la Justicia oficial de su país por deudas no pagadas (lo que en las sociedades fiero-capitalistas, burguesas y poderosas de Europa occidental daba prisión), quizás debido a algún fracaso financiero, a juzgar por el estado de estrechez económica en que lo encontró el Sr. Gutiérrez González. O tuvo algún problema de los que los franceses caracterizan con la frase “cherchez la femme”: un desengaño amoroso, o un marido burlado y armado, lo que en la Francia del Romanticismo midisecular del s. XIX era muy común, y no era muy mal visto. O había oído por sus coterráneos que habían regresado a Francia (Bonpland, Péru de la Croix, Boussingault, Roulin, Poncet, Bourdon y otros) que este era un país lleno de oportunidades y donde “el oro daba a los tobillos”. Esta última leyenda había traído hasta Antioquia a numerosos inmigrantes europeos; y específicamente a Sonsón, en 1847, al artesano francés Gabriel Tisnés, quien se había casado allí con una joven de apellido Marulanda, nacida también allí. O, tal vez vino debido a una combinación de varios de estos motivos.

197. Movido por su espíritu cristiano y generoso, y tal vez por cierta empatía humana e ideológica entre buenos conservadores moderados, D. Gregorio, quien estaba recién casado y vivía en Sonsón, invitó al ingeniero francés a ir a vivir en esa población, quizás hablándole de las oportunidades que le podían ofrecer como ingeniero, las minas de oro que entonces se explotaban cerca al poblado, en ríos y riachuelos como el Aures, el Sonsón, el Tasajo, el Samaná y el Mulatos ; y de las venas subterráneas en el páramo de Sonsón, en el de Las Palomas y en el cerro de los Parados. La pequeña ciudad ya tenía unos 8.000 habitantes, y estaba en pleno crecimiento económico, gracias a las corrientes de emigrantes antioqueños que iban a colonizar lo que hoy son los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Norte del Tolima, y que hacían una parada en esa población para comprar equipos, vituallas, herramientas, bueyes, caballos y mulas para su viaje por el camino de Sonsón − Aguadas − Salamina − Manizales. Esta última ciudad acababa de ser fundada oficialmente, en 1848. Aguadas y Salamina ya lo habían sido, en 1814 y 1825, respectivamente, esta última con el aval del general Santander. La fuerte corriente pobladora había comenzado en 1787, pero ya en 1800 se había intensificado. En 1850 esa corriente estaba en pleno vigor. Mediante modelos matemáticos y demográficos, con datos de Parsons [1961], y con otros recursos históricos y numéricos, el autor de esta nota ha calculado que entre 1790 (cuando comenzó con fuerza), y 1940 (cuando esa corriente amainó casi del todo), pasaron hacia otros departamentos al sur, unos 550.000 o 600.000

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emigrantes colonizadores194. Sonsón también crecía en población por la alta fecundidad de sus mujeres y porque la bonanza atraía y retenía a numerosos pobladores venidos de otras regiones de Antioquia. Parsons [1961] apunta que, en toda Antioquia, en 1840, por cada 100 fallecimientos, ocurrían 398 nacimientos, lo cual era una alta tasa de natalidad, muy superior a la mortalidad 195; y, por ende, la población mantenía una alta tasa porcentual de aumento de población196. Callon aceptó ir a vivir en Sonsón, y los dos personajes alquilaron bestias, equipo y “peones” y tomaron el viejo camino, llamado “de Villegas”, que iba desde Honda y Mariquita hasta la población antioqueña, con un recorrido de 100 kilómetros. Había sido comenzado desde fines del s. XVIII, financiado por don Felipe Villegas y Córdoba, un español “dueño” de una inmensa concesión de tierras donde fueron fundados, a principios del s. XIX, las poblaciones de La Ceja (1812) Sonsón (1800), Abejorral (1808), Pocitos (hoy Nariño) y otros caseríos; y que, como contraprestación al Rey español Carlos IV, el megafundista se había comprometido a construir a su costa. El camino pasaba muy cerca a lo que sería en 1866 la población de Pensilvania, en tierras de una familia latifundista de Sonsón: la del Dr. Luis María Ramos Botero y sus dos hermanos. Esas tierras estaban situadas en Antioquia, en ese tiempo; hoy pertenecen al departamento de Caldas, al cual pasaron después, en 1905 cuando el Presidente General Rafael Reyes, creó este último departamento. 198. El camino de Villegas había sido iniciado en 1770 por orden de las autoridades españolas en Bogotá. Desde el principio afrontó grandes dificultades físicas, humanas y técnicas. En 1810 se suspendió la obra por la eclosión del movimiento de la Independencia. No se sabe quién dirigió la construcción en todo el tiempo transcurrido hasta 1810, cuando la obra se suspendió, aunque faltaba menos de la mitad para terminarlo. Cuando Morillo acababa de llegar con su bárbara Reconquista, en 1816, la dirección del trabajo fue asignada al conocido historiador, científico y futuro Ministro D. José Manuel Restrepo. Así lo había ordenado el brutal “reconquistador” español Pascual Enrile desde Cartagena, como castigo a las actividades independentistas del destacado hombre público antioqueño y como sanción conmutatoria de la pena de muerte que inicialmente le había impuesto el mismo Enrile. Esto, en gracia a la condición de antioqueño de Restrepo y al enorme respeto que se 194

En su libro La colonización antioqueña, el historiador tolimense-antioqueño Eduardo Santa (nacido en El Líbano, con ascendencia en Rionegro) habla de la pequeñísima cifra de 150.000 migrantes (!). Es absurdo. El censo de 1918, por ejemplo, halló en el Caldas de entonces, 428.137 habitantes. Un sencillo cálculo numérico y demográfico muestra que estaban distribuidos así: unos 10.000 caucanos, 240.000 antioqueños, 180.000 hijos y nietos de antioqueños. En 1790−1918 ya habían llegado y muerto en Caldas, otros 250.000 antioqueños. Además al Tolima ya habían llegado unos 100.000 migrantes antioqueños. 195 Ya en 1941 sólo ocurrían 23 nacimientos por cada 100 defunciones. 196 Estos datos implican que, en Antioquia, la tasa anual de natalidad era el cuádruple de la mortalidad. La tasa de emigración calculada por el autor era muy cerca de 1% anual. La tasa de aumento de la población de toda Antioquia era muy cercana a 2% anual (después de emigraciones, cuya tasa anual era de 1%), según calculó en 1937 la Contraloría General. Haciendo el balance demográfico resulta que la tasa de natalidad en la Provincia era de 4% anual, que era muy superior a la del conjunto del país. (Compárese con la natalidad colombiana en el período 1945−1965, cuando el Gobierno consideró altísima, porque era del 5% anual). Aplicando las tasas antioqueñas a Sonsón, que tenía entonces unos 8.000 habitantes, resulta que el aumento neto de la población local era de unas 180 a 220 personas cada año, pero que durante el mismo año pasaban por allí, como transeúntes hacia el sur, unas 2.000 personas provenientes de otros pueblos de la Provincia: algo como una o dos familias (admitiendo que eran de a cinco personas en promedio), cada día promedio.

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le profesaba en su Provincia. El 14 de agosto se le ordenó al nuevo Director que partiera a Sonsón a iniciar la obra, y ocho días después comenzaron los trabajos. En esta tarea se le asignaron 1.000 patriotas castigados así (lo que en realidad significaba trabajos forzados, como a los delincuentes), con la jefatura técnica del ingeniero militar don Manuel Antonio Jaramillo, un patriota también antioqueño, sancionado por la misma causa. En verdad, en esa época, esa era una verdadera y dura sanción corporal, por la dureza de las condiciones de vida, por las dificultades físicas de los trabajos y por los muchos y elevados riesgos de no volver con vida. De hecho, en esa obra perecieron casi cien personas, entre obreros y mujercitas valerosas que los seguían para darles alimentación, coraje, medicamentos naturales, amor, e hijos y ayudarles a bien morir. Eran llamadas “las camineras”, así como en las posteriores guerras civiles se las llamó “las soldaderas”, y en las construcciones de los ferrocarriles se las llamó después “las ferrocarrileras”. Dice el P. Botero Restrepo [1979] que el 21 de septiembre, en un plazo de tiempo muy corto, don José Manuel termina la obra en Mariquita y la entrega al coronel español Miguel Fresno, comisionado por Morillo para recibirla; y que desde entonces comenzaron a transitar en ambos sentidos, las primeras bestias y los primeros viajeros. El camino pasaba también cerca de una pequeña aldea, situada en el actual departamento del Tolima, la cual había sido fundada por don Gonzalo Jiménez de Quesada poco antes de morir en la cercana Mariquita. La aldea se llamaba antes La Esperanza y quedaba cerca de la que hoy se llama Falan, donde había en ese entonces numerosas minas de plata que eran famosas en todo el país, y de las que ya se habló. Por allí estaba escondido el patriota León Armero, antes de que lo sorprendieran los españoles y lo fusilaran. Cuando la construcción del camino pasó por allí, donde el coronel Fresno esperaba su terminación, los habitantes de La Esperanza le cambiaron este nombre por el de El Fresno, tratando de ganar la buena voluntad política del duro militar español, y de proteger a Armero el patriota, sin éxito al final. 199. Cruzando cañadas profundísimas, serranías que rayaban el cielo, subiendo por pendientes y bajando por descensos de 45°; bordeando precipicios y desfiladeros espeluznantes; después de cruzar un territorio tan escabroso que los arrieros lo llamaban “las oscuras montañas de Sonsón”; y al cabo de 100 km, y después de cuatro o cinco días de viaje a caballo, Gutiérrez y Callon arribaron a su destino. Al llegar allí, Gutiérrez alojó al Ingeniero −con quien ya había hecho una buena amistad− en su propia casa, con su propia familia. Además de darle albergue, y en vista de la precaria y notoria situación económica de Monsieur Callon, D. Gregorio propuso en el Concejo Municipal de la población, al que pertenecía el poeta, que se contratara con el Ingeniero francés el trazado de un futuro camino para carretas de ruedas, desde la población hasta un punto cercano que estuviera sobre la orilla occidental del Magdalena, de manera que pudieran tener un puerto en ese río donde los vapores que lo navegaban, yendo y viniendo, pudieran embarcar y desembarcar pasajeros y carga, sin necesidad de que llegaran hasta Honda para después tomar el camino de Villegas. El Alcalde, D. Valerio Isaza, respaldó la idea197. Unos meses después, en el año de 1852, en abril, pasó por Sonsón el coronel Agustín Codazzi, viniendo desde Manizales, en su tercera expedición, acompañado por su hijo Domingo, estudiante de Ingeniería; José Jerónimo Triana, insigne botánico; Enrique Price, dibujante de la Expedición, y Santiago Pérez Triana, como secretario. Es indudable que el 197

Era el año de 1851 y gobernaba la provincia de Antioquia el Sr. Nicolás Florencio Villa. La población antioqueña era de 244.442 personas.

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Sr. Callon se entrevistó con ellos, y que les dio informaciones sobre la región del camino de Villegas y de los alrededores de la población que aquéllos no habían conocido, pues habían venido del centro del país por el camino de Mariquita − Fresno − El Ruiz − Manizales − Salamina − Aguadas − Sonsón. De aquí la Comisión siguió a Abejorral, Rionegro y Medellín para visitar las otras dos provincias antioqueñas, ya mencionadas. Un año después de Codazzi, en 1853, pasó por la población el geógrafo francés Eliseo (Jean Jacques Elisée) Réclus, de quien ya se habló, conocido hoy y aquí por su solo y ultimo apelativo. Réclus había recorrido para llegar a Sonsón, el mismo trayecto de Codazzi desde Mariquita, pasando por Manizales, Salamina, Aguadas y llegando a Sonsón, para seguir después a Abejorral y Rionegro. Réclus viajaba por allí como parte de los muy extensos recorridos que hizo por Colombia 198. El gran geógrafo y viajero francés hace en su libro seminal una detallada y admirablemente poética descripción de esas regiones, calificando a Sonsón como centro urbano tan importante o más que Manizales y Salamina, y ponderando el vigor físico y las ostensibles aptitudes físicas de sus varones para el servicio militar, y “la beauté de ses charmantes dammes” (si no lo hubiera dicho así, Réclus dejaría de ser un francés romántico del medio s. XIX). Como se anotara antes, fruto de estos muchos viajes tan fructíferos de Réclus, fue el libro La Géographie de la Colombie, que este gran investigador e inconforme soñador social comenzó a escribir en el país y terminó en Francia después de 1855, cuando salió de Colombia. Su libro formó parte de una monumental Géographie du Monde, que D. Eliseo contribuyó sustancialmente a escribir antes de su muerte. En Colombia es casi desconocido el magnífico libro de geografía de nuestro país, a pesar de su gran importancia científica y bibliográfica. 200. El ingeniero francés emprendió pronto los preparativos de trabajo para el trazado del camino al Magdalena, previo contrato escrito, y mediante algún avance de honorarios, en los términos acordados con el entonces boyante Municipio. Se trataba de localizar a través de un terreno que era (y es hoy) mitad quebradísimo y mitad selvático, un camino carreteable como el que se describe más abajo, en este mismo documento. Es evidente que, para poder hacer este trabajo, el francés debió haber llevado consigo desde Francia sus dos niveles de mano, el nivel telescópico, varias cadenas de eslabones de 20 m, llamadas “chaines d´arpentage” o cadenas de agrimensor (porque entonces no existían aún las lienzas de tela ni, menos aún, las lienzas de metal), varios jalones de madera, una o dos miras verticales, podómetros cuenta-pasos, un carretón de mano para medir longitudes de camino, brújulas de mano, reloj de precisión de Harrison, sextante, barómetro aneroide de Bourdon, termómetro hasta 100 grados centígrados (Celsius), y teodolito, además de algunos pocos mapas, como el mapa de la región del Nevado del Ruiz, levantado en 1808 por el ingeniero militar español José Talledo; el mapa del Cantón de Salamina, hecho un año antes en Sonsón por un joven geógrafo aficionado, de los ayudantes de Codazzi, el Sr. Tomás María Flórez; y el mapa general de toda Antioquia, hecho por el ingeniero don Carlos Segismundo de Greiff en 1835, y que tanto sirvió a Codazzi en 1852. Así como llevaba también unos cuadernos (que tiempo después los ingenieros civiles llamarían “carteras”) para anotar los datos numéricos de la topografía, de las nivelaciones que fueran registrando,

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Los recorridos de Réclus fueron tan extensos y concienzudos como los de Codazzi, y mucho merecen un historiador que nunca ha tenido, probablemente porque aquél fue mal mirado en Colombia por sus ideas románticas de socialista utópico (ideas que la gran mayoría “dextrófila” de nuestra Patria aborrece y teme).

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las temperaturas, presiones atmosféricas, altitudes, pluviosidad y demás observaciones pertinentes a su misión. El termómetro le serviría para medir alturas sobre el nivel del mar, valiéndose de la temperatura de ebullición del agua, y de la llamada ecuación hipsométrica, a saber: p(h) = p(0). exp (- h/a), en donde “p(0)” es la presión atmosférica al nivel del mar, o sea 760 mm de mercurio, o, muy aproximadamente, un kg por centímetro cuadrado; “h” es la altura sobre dicho nivel; p(h) es la presión atmosférica a altitud “h”; y “a” es una constante que vale 8.550 m verticales).

Ya lo habían observado Blais Pascal y su cuñado, habiendo subido éste al Mont Blanc con un barómetro y un termómetro. Así lo había hecho, empíricamente, sin ecuaciones, don Francisco José de Caldas en 1799, en sus viajes de Popayán a Quito como comerciante, a través de las cumbres de los Andes. Sonsón está a 2.545 metros sobre el mar y tenía una temperatura media de 15°C, mientras que el río Magdalena, a donde debía llegar el proyectado camino carretero, está a 250 m.s.n.m. y tiene temperatura media de 32°C. Es decir que el intervalo de presiones atmosféricas era muy grande: desde 600 milímetros de mercurio en la población, ascendía a 750 mm, a la orilla del río. Así mismo era la diferencia en temperaturas, humedad, vientos, ecología, etc. Callon sabía también que los físicos Paul-Émile Clapeyron (en París) y Rudolph Clausis (en Alemania), habían desarrollado 25 años antes, la ecuación que liga la presión atmosférica “p(T)” con la temperatura “T”, que hoy llamamos “absoluta”. La Ecuación de Clausius-Clapeyron es, como bien se sabe: p(T) = C. exp (H/RT) Como bien se recuerda, en esta ecuación “R” es la constante universal de los gases “ideales” (R = 8.31 Joules/(°K- mole-gramo) de agua, mole que equivale a 18 gramos); “H” es el calor latente de evaporación del agua hirviendo, o sea 2.256 kilo-Joules/ gramo del líquido; y “T” es la temperatura absoluta a que hierva el agua, en recipiente abierto a la atmósfera. La expresión “exp” indica al número “e” (= 2.718281…) elevado a la potencia que está a su derecha. La constante “C” se determina experimentalmente.

También es evidente que el diligente ingeniero francés necesitó entrenar previamente, en Sonsón y en sus alrededores, a dos topógrafos improvisados y a cuatro o cinco “cadeneros”. Debió llevar un equipaje de subsistencia consistente en tiendas de campaña, catres plegables y hamacas, menaje de cocina, algunos medicamentos, víveres, cantimploras, velas de sebo, y yesca con esmeril y mecha para hacer fuego 199. Para transportar todo esto Callón requirió al menos dos mulas y dos bueyes de carga y dos o tres cabalgaduras bien ensilladas, para sí mismo y para algunos de sus ayudantes. Además debía llevar un grueso manual de ingeniería que contuviera las fórmulas técnicas más usuales para los ingenieros en esos días, así como tablas de funciones matemáticas, y datos de propiedades de materiales (como resistencia de maderas, densidad de metales, puntos de fusión y de ebullición, etc.). 199

Entonces no se conocían los fósforos de fricción, que habían sido inventados en 1830, a nivel de laboratorio, por los químicos norteamericanos Charles Sauria y J. F. Kammerer; pero solamente habían sido industrializados y comercializados desde 1848 por R. C. Bottger en Alemania, como ya se dijo.

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En su recorrido, la comisión de trazado de Callon remontó el páramo de Sonsón (o páramo de Las Palomas), a 3.200 m de altitud; al oriente del páramo siguió la curva de nivel de Sonsón, pasando por donde hoy está el municipio de Argelia. De allí, descendió por retorcidas y peligrosas “trochas de indio” al cañón del río Samaná Sur, a 500 m de altitud, y con una temperatura asfixiante hasta de 40°C a la sombra al medio día. De aquí en adelante ya no había ni siquiera “caminos de indio”, y hubo de avanzar a campo traviesa y a “salto de montes”. Siguiendo el curso profundamente encañonado del río Samaná, al fin de tres semanas de camino y de trabajos de trazado, Callon y su comisión llegaron a la desembocadura de aquel río en el de La Miel, el cual era entonces la parte más oriental del lindero entre las provincias de Antioquia y Mariquita (la que hoy se llama departamento del Tolima), en una región nunca antes explorada, donde el río La Miel cruza de Occidente a Oriente la tupida y peligrosa selva pluvial que entonces cubría, a lado y lado, las orillas del Magdalena, en dos respectivas franjas de a 10 km de anchura, paralelas al gran río, y que iban de Sur a Norte desde Honda hasta El Banco (provincia de Magdalena). Era lo que Humboldt y los naturalistas posteriores llamaron la “Hilea Magdalenensis”. Así, después de más de casi 100 km de recorrido, de mucho trabajo topográfico, de enormes esfuerzos físicos y de un mes de marcha por trochas estremecedoras, y del mismo mes de trabajo simultáneo trazando el camino mientras avanzaban difícilmente con sus instrumentos y con la impedimenta cargada en bueyes y mulas, llegaron Callon y su gente a un caserío exiguo y paupérrimo de pescadores y leñadores, sin nombre, situado en la orilla norte del rio La Miel, cerca y al norte de donde queda hoy la población que se llama Buenavista (que entonces era una aldehuela); y en la orilla occidental del Magdalena, uno o dos kilómetros al norte de donde ambos ríos se encuentran, 18 km al norte de la actual población de La Dorada (que entonces era solamente un “leñateo”200 llamado La María)). Los ayudantes del ingeniero francés le pusieron al sitio, al llegar allí, el nombre de Puerto Calón, nombre que después popularizarían entre los pobladores de Sonsón. El dibujo en esta página esquematiza el probable recorrido de Callón. En el sitio había una flora y una fauna tan abundantes que impresionaron al europeo por la variedad, la novedad y la abundancia. Abundaban los mosquitos, los lagartos de todos los tamaños, los pumas, las serpientes de cien especies, los simios chillones, los “manaos” (cerdos salvajes que hoy ya no existen porque fueron exterminados por los cazadores), las iguanas, los pájaros exóticos y multicolores, los curiosos armadillos, las dantas, las “guaguas”, las ciénagas y los pantanos con sus extraños peces y batracios, y cientos de especies más. Callon debió sentirse a la vez maravillado y estupefacto. Nunca en su vida había visto tal variedad de espeies exóticas de plantas y animals. Una vez demarcado el sitio, levantados varios planos y mapas, medido las coordenadas geográficas con su tránsito, sus tablas y su reloj de precisión Harrison; y registradas también la altitud, la presión barométrica, las temperaturas ambientes y otros aspectos físicos y climáticos del lugar; y después de permitir un merecido descanso a la comisión, Callón ordenó el regreso. Puede ser que en esos días transcurridos al borde del Magdalena hubieran visto pasar alguno de los vapores fluviales que ya recorrían el río hacia el sur, al 200

Un “leñateo” era un sitio a la orilla del río donde vivía una pequeña cuadrillla de leñadores que cortaban madera para los vapores que allí paraban a recogerla para sus hornillas de caldera. En ese tiempo, con la tecnología vigente, un barco consumía diariamente entre 600 y 800 kg de leña tropical, con lo cual recorría alrededor de100 km, según cálculo de Poveda en su libro Vapores Fluviales [1998, p. 56].

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Peñón de Conejo (casi al frente de donde hoy es La Dorada),o que venían de allá hacia la Costa Caribe. La comisión gastó tres semanas para regresar a su base, restituyendo o restableciendo los hitos, los mojones y las marcas dejadas antes en la bajada, y en medio de un invierno diluvial, recorriendo a la inversa esas “oscuras montañas de Sonsón”. El recorrido de su trazado medía unos 95 kilómetros y su realización de ida y vuelta le requirió alrededor de dos meses, al cabo de los cuales regresó a la población que lo había acogido tan cordialmente. Callon dibujó el mapa de la región que había recorrido, al cual él llamó Mapa de El Mulato. Y después de esta proeza, decidió pasar allí el resto de su vida. Tenía ya casi 60 años, o poco más o menos. Era 1852 y recientemente había terminado la guerra inicua que los esclavistas y negreros del país le habían declarado al Gobierno del general José Hilario López por su valerosa decisión de decretar la libertad definitiva de los esclavos; y en el conflicto había pasado por Sonsón hacia el Norte, el reaccionario general vallecaucano y conservador Eusebio Borrero (enemigo acérrimo del general Santander desde 15 años atrás), quien gobernaba la provincia de Medellín, recién creada, e iba reclutando jóvenes conservadores (como lo eran todos los de Sonsón) para ir después en ayuda del aristocrático negrero Sergio Arboleda, sitiado en Cartago por el Ejército del Gobierno. Para fortuna de Colombia, Borrero fue frenado y derrotado en forma aplastante, en Rionegro, por una fuerza liberal comandada por el general liberal Tomás Herrera, nacido en Panamá, y futuro Presidente de nuestro país. Al término de su trazado, Callon presentó un extenso informe técnico, y sus carteras de topografía y de trazado, acompañado todo esto de un amplio reporte geográfico, ecológico y forestal, en el cual recomendaba firmemente construir el camino, y mostraba las riquezas y la exuberancia de aquellas regiones, y las enormes posibilidades de explotación productiva que tenía (mucho de lo cual ha desaparecido hoy). El proyecto de camino fue apoyado con énfasis por el Gobernador de la provincia de Córdoba 201, el Sr. Venancio Restrepo Villegas, en su informe a la nueva legislatura en este último año. 201. En ese tiempo Antioquia era un territorio estrechamente cerrado por sus arriscadas montañas y sus grandes ríos. Especialmente enclaustrado era Sonsón. De allí partían cinco caminos escabrosos, malamente transitables por mulas, caballos y bueyes y, muy difícilmente, por varones muy fuertes a pie:  El camino Sonsón − Abejorral − La Ceja − Rionegro − Medellín, mandado a construir en 1805 por el alcalde sonsonés Juan José Hurtado.  El camino Sonsón − río Arma − río Cauca − Bufú − Marmato, que seguía a Cartago, Cali y Popayán, camino que existía desde los tiempos coloniales.  El camino de Sonsón − Aguadas − Salamina − Manizales, abierto por los fundadores sonsoneños de Aguadas, en 1814.  El camino “de Villegas”, que iba de Sonsón a La Victoria, El Fresno, Mariquita y Honda, iniciado en 1776 por D. Felipe Villegas, luego suspendido durante treinta años y reanudado en 1816.  El camino Rionegro – Abejorral – Sabaletas − río Poblanco a la boca del Arma en el Cauca, y Cauca aguas-arriba. Por aquí salieron Manuel Serviez, José María 201

Una de las tres provincias en que dividieron a Antioquia la tradicional, en 1851, y que se acababan de fusionar otra vez con las otras dos, en abril de 1855, bajo la presidencia de don Manuel María Mallarino.

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Córdova, Liborio Mejía y los otros alumnos del Colegio Militar de Ingeniería fundado por Caldas, hacia la Provincia de Popayán, donde recibieron su bautismo de fuego en la batalla del río Palo, donde obtuvieron un brillante éxito contra los “godos” españoles. Todavía en 1901, el general e ingeniero José María Vergara y Velasco, que recorrió a caballo casi todos los caminos de su tiempo, informaba en su libro Nueva Geografía de Colombia sobre tiempos de viaje en más de 25 recorridos por caminos importantes del país. En los que iban o venían hacia o desde Sonsón o sus vecindades, daba los tiempos de viaje en buena cabalgadura y en clima seco, como se muestran en la tabla 6. Tabla 6. Tiempos de viaje en caminos que conducían a y desde Sonsón, s. XIX Recorridos (punto a punto) Honda – Manizales – Salamina o – Sonsón Honda – Rionegro Manizales – Salamina Salamina – Sonsón Sonsón – Rionegro Salamina – Medellín Sonsón – Marmato o Supía Sonsón – Medellín

Tiempo de viaje en días Cuatro Cinco Uno Tres Dos Cuatro Cuatro Tres

Lo frecuente por esos pésimos caminos de herradura, en épocas de verano (apartando el calor), era que se recorrieran unos 40 a 45 km en una jornada de 10 horas, sin lluvias, pero parando a almorzar y a descansar, las bestias y las personas. En los caminos solía haber “tambos” para cenar y pernoctar, aunque muy poco cómodos y menos higiénicos. Por eso, bastantes viajeros llevaban carpas impermeables, hamacas, catres plegables de campaña, mantas, capotes encauchados, materiales minerales para hacer fuego, machetes y hasta implementos de cocina, para pernoctar donde la noche les llegara. 202. Después de regresar de su misión al Magdalena, es indudable que el ingeniero francés tuvo que realizar varios trabajos profesionales durante los años de 1852, 1853 y 1854, no solamente para su manutención, sino también para reunir los ahorros que necesitó en 1855 para abrir su propio Colegio Científico de Callon, como se verá poco más abajo. Probablemente, hizo trabajos como asesor técnico en las minas, de demarcación de predios y de construcción de edificaciones, porque el pueblo estaba creciendo con rapidez, tanto en habitantes como en viviendas y calles. Es interesante anotar también que durante los 10 años en que Callon vivió en Sonsón, tuvo la ocasión de conocer a varios miembros y descendientes de las familias de los ingenieros europeos que se habían radicado en la población antes de él, como los nietos de Federico Bayer; a Eduardo Walker, a su señora y a sus hijos (antes de que esta familia se trasladara a vivir en Manizales). 203. En 1850, muy poco antes de que nuestro personaje llegara a Sonsón, nació en la población el chico que se llamó Luis María Tisnés Marulanda. Muy probablemente Callón supo de él porque de niño y de joven, aquél hizo sus estudios primarios y secundarios en el 159


Colegio Santo Tomás de Aquino, que Callon regentó durante dos años. A los 16 años, en 1867, este joven emprendió los 15 días de recorrido a Bogotá por el ya mencionado camino de Villegas, e ingresó al Colegio Politécnico de Ingeniería, el que había sido fundado por el general Mosquera en 1848 con el nombre de Colegio Militar de Ingeniería. Después de cuatro años de estudio y de prácticas militares, a sus 20 años de edad, Tisnés recibió el grado de Ingeniero Civil y Militar y regresó a su tierra. Fue el primer antioqueño en la historia de la Provincia que ostentó un grado académico de ingeniero. Callon no lo conoció como colega, porque el ingeniero francés ya había fallecido en 1860. En la población existía un colegio de enseñanza secundaria, de bachillerato clásico, llamado Colegio de Santo Tomás de Aquino, y al año siguiente (1854) se le confió su dirección al ingeniero francés. El nuevo Director estableció en ese colegio público las cátedras de Álgebra, Geometría, Trigonometría, e Idioma Francés, las cuales él sirvió personalmente; no sin proveer con buenos profesores antioqueños y caucanos, otras materias como: Ciencias Sociales, Castellano, Filosofía y demás asignaturas de la educación media de la época. No satisfecho con esto, el ingeniero Callon (cuyo apellido pronunciaban los lugareños como “Calón”) decidió fundar, personalmente, un colegio de enseñanza secundaria, pero rotundamente orientado a la enseñanza de la Ciencia y de la Técnica, que él llamó Colegio Científico de Callon. A fines de 1854 presentó a la ciudadanía y al Concejo el correspondiente plan de estudios, que por su gran originalidad, alto nivel académico y singularidad a nivel del país, merece transcribirse textualmente. Escribía Callon así: “(…) Además de las materias que se enseñan en los colegios ordinarios, como Gramática castellana, Historia, Retórica, Filosofía clásica, los principios de Religión, (…), de cuyos cursos quedaría encargado un profesor del país, me dedicaría a enseñar personalmente: 1. La Literatura Francesa (…) 2. Las Ciencias Matemáticas comprendiendo: La Aritmética, Álgebra, Geometría, Trigonometría; Geografía; Geometría Analítica o Aplicación del Álgebra a la Geometría; Topografía o arte de levantar planos, medir terrenos, &, con el modo de servirse de los instrumentos y los métodos usados para representar en un mapa un terreno con todos sus accidentes y circunstancias; todo lo que dice al dibujo geométrico con las nociones indispensables de Geometría Descriptiva, en fin la Mecánica Racional con los elementos de Cálculo Infinitesimal que necesita el estudio de esta ciencia. 3. Las Ciencias Naturales comprendiendo la Física, Química, Mineralogía, Geología, y los elementos de Zoología o Historia Natural y Botánica con algunas de sus aplicaciones a la Agricultura. 4. En fin, las aplicaciones de estas ciencias a la industria privada y a los trabajos públicos, como v. g. el laboreo de los metales preciosos o útiles; la construcción de los puentes de madera, de mampostería y de metal, de los acueductos para ciudades o establecimientos particulares, de los caminos en los llanos, en las faldas o en las cumbres. Aunque yo sea hasta ahora poco conocido en este país, tengo la esperanza de que serán aceptadas mis propuestas por el interés que debe presentar a cualquiera persona el conocimiento de estas ciencias tan útiles para uno mismo como para el país en general, y con esta confianza me pongo a la disposición de los que quieran emplearme, ofreciéndoles desempeñar este destino con todo el celo posible, y prometiéndoles un pronto adelantamiento con tal que quieran los estudiantes ayudarme con su asiduidad. Faltarían también instrumentos para la enseñanza de algunas ciencias, como globos para la Geografía, máquinas de Física para la demostración de los fenómenos de la electricidad y de la luz, una máquina neumática, &, pero mientras tanto, se supliría esta falta con algunos

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aparatos de la mayor sencillez y de ningún valor; y si el favor con que estén acogidas estas propuestas hacía posible la realización de nuestras esperanzas, se podrían conseguir en Europa a precios equitativos estos instrumentos que quedarían entonces de la propiedad o del establecimiento o de la Provincia que los costearía. Inmensa ventaja sería esta para la Provincia; pues, además de haber dado el primer impulso a la enseñanza científica quedaría de algún modo en posesión para muchos años del privilegio de un tal establecimiento, el único que se haya intentado fundar sobre estas bases en esta parte de la República. (…) Estaría dispuesto también a abrir en el lugar del establecimiento cursos públicos en que se darían a los artesanos las indicaciones que se necesiten para sus trabajos con las nociones de geometría y dibujo lineal que les permitan resolver las dificultades que pueden ofrecérseles en las obras que se les encargue; dando en fin a los trabajadores las indicaciones que sean del caso para enseñarles métodos racionales en lugar de la mera rutina a que están acostumbrados. Fdo. Alfredo Callón”.

Cabe hacer a esta propuesta algunas observaciones de interés:  Este es uno de los pocos documentos explícitos que se conocen sobre lo que eran los conocimientos y las capacidades didácticas de aquellos ingenieros de mediados del s. XIX que vinieron a Colombia desde Europa.  Callon era un ingeniero polivalente, pluridisciplinario y politécnico, como era lo general entonces en las escuelas francesas de la profesión, y también en las posteriores escuelas colombianas de fines del s. XIX y de principios del s. XX. Esto ya hoy no se practica en las escuelas de ingeniería en Colombia ni en muchos países latinoamericanos.  Debía tener una magnífica preparación científica y excelentes cualidades didácticas y de pedagogo para ofrecer la variedad de disciplinas que prometía dictar.  Como buen francés “du demi-siécle” Callon era un ingeniero racionalista, sistemático y culto. Su pensamiento, aunque conservadurista, era evidentemente cartesiano  Evidentemente, Callon era un buen “vendedor” de sus ideas sobre educación técnica.  Captaba correctamente que el atraso económico del país estaba fundado en una gran ignorancia de la Tecnología del momento, y que la estrategia para superarlo era educar en Ciencia y Tecnología a los grupos humanos de la base de la pirámide obrera. El Colegio Científico de Callon, en Sonsón, se abrió en enero de 1855. El gobernador de la recién reconstituida provincia de Antioquia, el citado Sr. Venancio Restrepo Villegas, en una comunicación a la Legislatura, destacó este colegio como uno de los tres mejores en organización y en nivel académico en toda Antioquia, al lado de un colegio de niñas de las monjas de la Presentación en Abejorral, y del Colegio de San José, para jóvenes varones, en Marinilla. El instituto en que Callon pensaba y que llegó a fundar por cuenta propia y de ciudadanos acaudalados, se llamaría hoy, bajo la influencia cultural estadounidense que nos abruma en Colombia, un “Junior Community College”, como los centenares que fundó el gobierno de Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, para educar a los millones de soldados que regresaron triunfantes pero desocupados a ese país. En Francia se llamaba “une École technique”. En Sonsón, hoy en día (año 2010), sigue sin existir ninguna 161


institución como éstas; sigue siendo muy necesaria. Así también tales “Community Colleges” deberían existir en doscientos o trescientos municipios colombianos de los 1100 o más que hay en Colombia. El Colegio inició sus cursos a comienzos de 1855 con el nombre de Colegio Científico Callon, con estudios de secundaria especializada en tecnología, donde el ingeniero enseñaba Matemáticas, Física, Francés, Ciencias Naturales, Química, y otros dos profesores locales enseñaban Geografía Universal, Historia Universal, Dibujo técnico, y otras disciplinas más avanzadas de lo que entonces se había oído en la población. En 1856 había un subdirector competente; se habían pedido útiles a Europa, y se abrieron, además de las cátedras del año anterior, las de Geografía práctica, Trigonometría aplicada al levantamiento de planos, Construcción de mapas topográficos y corográficos202, Física, inglés y latín. Mientras tanto, el ingeniero francés emprendió una campaña cívica para que el gobierno nacional construyera el camino para carretas de cuatro ruedas que él había trazado, desde la población hasta el río Magdalena, que era entonces el límite oriental del territorio municipal y del territorio de la Provincia. Aquélla era la época de las grandes migraciones hacia el sur del Departamento, cuyo límite sur era el río Chinchiná. Manizales acababa de ser fundada en 1848. Antioquia entera tenía poco más de 250.000 habitantes (Colombia tenía unos 2´350.000). Un grupo amplio de campesinos se había establecido a orillas del Magdalena, en el caserío diminuto que había sido bautizado como Puerto Calón. En el Colegio Científico Callon estudió por algún tiempo el Sr. Pascual Bravo, quien sería, años después, Presidente (liberal) del Estado Soberano de Antioquia, y quien moriría en una batalla de la guerra civil intestina entre antioqueños liberales y antioqueños conservadores (la estúpida batalla de Cascajo, en 1878, donde los conservadores destruyeron a los liberales, entre Marinilla y Rionegro). Los biógrafos de Bravo insisten en que Callon ejerció una marcada y afortunada influencia en el espíritu progresista y en el intelecto de aquél. También fueron discípulos y amigos del ingeniero Callon tres personajes que dejaron después una notable huella constructiva en la historia de Antioquia: el doctor Andrés Posada Arango, insigne médico y botánico; José María Restrepo Maya, ingeniero que llegó a ser muy prestigioso; y Juan Pablo Gómez, notable jurista. Trágicamente, en la noche del 2 de noviembre de 1856, dos discípulos muy jóvenes del Colegio, llamados Nepomuceno Mejía (antioqueño) y Leopoldo Domínguez (caucano), de 14 y 16 años de edad, se suicidaron dentro del Colegio con sendos pistoletazos, por móviles que nunca quedaron en claro. Monsieur Callon, consternado y en depresión profunda, se apresuró a hacer los exámenes reglamentarios de fin de año y se retiró a Rionegro, en donde dirigió por poco tiempo un plantel de segunda enseñanza. Alfredo Callon, el ingeniero olvidado, volvió a Sonsón a morir, en casa de su amigo Gutiérrez González, donde falleció el 4 de enero de 1860, cuando tenía unos 65 años, soltero y sin descendencia. Gobernaba a Colombia don Mariano Ospina Rodríguez, quien no hizo nada por apoyar a Callon, a pesar de que aquél era antioqueño. El país había crecido muy poco. Solamente existían como universidades, la Nacional en Bogotá, la de Cartagena y la de Popayán. Había 2´500.000 colombianos, de los cuales 300.000 vivían en Antioquia; y en Sonsón ya habitaban 12.000. El camino que trazó Callón y el pequeño puerto sobre el Magdalena llevaron su nombre por varios años. Hoy nadie sabe dónde 202

Recordando que el Coronel Agustín Codazzi y su comisión habían pasado por Sonsón en 1852, viniendo de Bogotá por el camino de Mariquita a Manizales, camino a Medellín, y ahora estaba haciendo otra de sus extensísimas exploraciones en otra parte del país.

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estuvieron. Así terminó la curiosa y admirable historia del ingeniero francés que tanto sirvió a su pueblo adoptivo, como quizás nunca lo ha hecho ningún sonsoneño raizal. De los diez años que Callon vivió en Sonsón (ca. 1851−1860), en los primeros cinco (1851−1855), el “cantón de Sonsón” fue parte de la transitoria Provincia de Córdoba, cuya capital fue Rionegro. En ese lapso fueron gobernadores de la Provincia los señores Antonio Mendoza, Rafael Campuzano, Raimundo Hoyos, Heliodoro Jaramillo, Rafael María Giraldo, Venancio Restrepo y José María Gómez. En ese quinquenio gobernaron a Colombia los Presidentes López Valdés, Obando, Melo y Mallarino. Sonsón era tan importante como Rionegro. En el censo de 1850 tenía 8.000 habitantes y lo mismo tenía Rionegro; pero en el censo de 1864, el primero había aumentado hasta 9.835 pobladores mientras el segundo todavía tenía casi lo mismo que antes: 8.011 habitantes 203. 204. En 1926 el gobierno del general e ingeniero Pedro Nel Ospina Vásquez (1922−1926) y de su Ministro de Obras Públicas, Laureano Gómez Castro, decidió construir el camino proyectado por el ingeniero Callon, pero ahora como carretera para automotores. Nombró para hacerlo al ingeniero Pío B. Poveda N., recién graduado en la Escuela de Minas de Medellín. Curiosamente, éste tuvo en Sonsón la misma experiencia de los otros ingenieros Federico Bayer, Eduardo Walker, Pedro Nisser, Francisco Barbier, los hermanos Gouzy, y los hermanos Nicholls: allí se casó en 1928 y allí nació uno de sus hijos en 1931. Durante 1927 y 1929, Poveda construyó 25 km de la nueva vía, hasta el Páramo de Sonsón, siguiendo el trazado de Callon; pero el tremendo déficit fiscal del Gobierno Nacional, que se agravó en 1929, detuvo la obra. Durante su estada en la población, este Ingeniero supo muchas noticias sobre el colega Callon, guardadas por la tradición popular, y años después las narró a su hijo sonsoneño, quien escribe estas líneas. Casi quince años después, en 1941, el eminente presidente Eduardo Santos Montejo (otro de los grandes que ha tenido Colombia), decidió continuar la construcción de la vía, dirigiéndola ahora hacia La Dorada; y el Ministro de Obras Públicas, ingeniero Francisco Rodríguez Moya, volvió a nombrar para ese encargo al mismo ingeniero Poveda, quien había sido discípulo de Rodríguez Moya en la Escuela de Minas en Medellín, en 1922 y 1923. En 1944 fue terminada la carretera Sonsón−Dorada, que se había iniciado como carretera Sonsón−Calón. Hoy (año 2010) esta carretera ha sido abandonada y está prácticamente destruida.

MINEROS Y CERAMISTAS

205. Como ya se dijo, cuando T. Moore se separó de los dueños de El Zancudo para montar su propia planta, cerca también de Titiribí, trajo de Freiberg reputados ingenieros de 203

Gran parte de esta información procede de una novela histórica llamada Mercedes, escrita por el Sr. Marco Jaramillo Álvarez, en Sonsón, en 1930, y memorizada por este autor. La muerte de los dos estudiantes aparece publicada por el sacerdote Roberto Jaramillo Arango en el número 100 del periódico mensual La Acción, de Sonsón, y está citada por don Julio César García en su libo Historia de la Instrucción Pública en Antioquia. Los datos sobre el trazado del camino al Magdalena fueron suministrados al autor por D. Cristóbal Ramos Jaramillo –su abuelo–, nacido en 1885 en Sonsón; y por el ingeniero Pío Poveda –su padre– quien se casó allí y vivió allí en dos ocasiones, en los años de 1927, 1928 y 1929 (la primera vez, iniciando la carretera a Puerto Calón), y 1941 y 1942 (la segunda vez, siguiéndola, reorientada, hacia La Dorada), y quienes oyeron a miembros de la familia Bayer y a otros numerosos informadores locales sobre la historia de Callon.

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minas como D. Carlos Greiffenstein. En la competencia cerrada, los empresarios de El Zancudo pidieron a Alemania (sin duda a Freiberg) otros ingenieros de minas calificados. Así vino en 1851 o 1852204, el ingeniero Reinhold Paschke. Luis Fernando Molina [1989] dice que Paschke “posiblemente ya había estado en Santander como parte de las colonias alemanas que se habían radicado en esa región”, pero no agrega ninguna prueba de su conjetura. El hecho es que desde que llegó, en 1851 o 1852, el ingeniero comenzó a trabajar con los dueños de El Zancudo; pero, solamente duró allí los tres o cuatro años usuales en ese tiempo de contratos con ingenieros y técnicos extranjeros. Pasó a las minas de la Frontino Gold Mines en Zaragoza, a establecer una pequeña fundición de su propiedad para fabricar partes y repuestos para la maquinaria de esa compañía. De allá fue llamado en 1860, otra vez, por los dueños de El Zancudo, a montar una planta como la de Moore, en el sitio de Sabaletas, caserío cercano al mismo Titiribí, que entonces tenía unos 6.000 habitantes en el pueblo, y que después se convertiría en un centro minero metalúrgico de primer orden, no sólo de Antioquia, sino también de toda la Nueva Granada. Así lo hizo Paschke con gran eficiencia y en 1861 produjo los primeros lingotes de plata pura que salieron de esa nueva instalación, que igualmente fueron los primeros de esta clase que se exportaron de Antioquia y de Colombia. En 1863 emprendió la construcción de otros diez hornos que se le encargaron para ensanchar la planta y su producción, con un salario de 200 pesos oro por mes, más el 10% de las utilidades generadas por sus obras, durante cinco años. Uno de los mejores méritos de este gran ingeniero es que permanentemente estaba transmitiendo a sus trabajadores y ayudantes sus grandes conocimientos de minería, metalurgia y mineralogía, inclusive para preparar a sus futuros reemplazos. Ellos administrarían en el porvenir varias importantes empresas mineras de Antioquia. Al término de su segundo contrato con los dueños de El Zancudo, Paschke regresó a Alemania, en 1870. Pero su experiencia antioqueña debió serle muy satisfactoria, porque en 1885 (según Molina) regresó a nuestro país, en el momento en que Colombia estaba enfrascada en la atroz guerra civil que estalló en ese año, a la que el pueblo raso llamó “la guerra nuñista”, en alusión a Rafael Núñez que presidía el país y cuyas tortuosas maniobras políticas ayudaron en mucho a provocarla. Esta vez Paschke vino convocado por la “Compañía Cerámica Antioqueña”, constituida el 9 de agosto de 1881 [Gallo: 2009] que estaba fundando la Fábrica de Locería de Caldas, para que participara en esta empresa como mayor socio y director, en compañía de varios connotados empresarios antioqueños y con el Sr. Reinhold Wolff Thilak, fundador y dueño de una gran empresa constructora de maquinaria industrial. Se le prometía a Paschke que contaría también “con la asesoría de un técnico ceramista traído de Berlín” [Ramos: 2007], lo cual le cumplieron efectivamente: en 1882 llegó el técnico ceramista Max Bohro y en 1884 Federico Klinkert205. Wolff, Paschke, Bohro y Klinkert construyeron “in situ” los hornos, los molinos de minerales y las otras máquinas requeridas. Así nació, la empresa que por más de un siglo se ha llamado la “Locería de Caldas”, situada en la aldea de este nombre, a unos 20 km al sur de Medellín, y que entonces tendría unos 2.000 pobladores. 204

Molina [1989] dice que fue en 1854, pero nos apoyamos en la mayor autoridad profesional de Restrepo

[1973]. 205

Ramos asegura que esto fue en 1881, en contradicción con Molina. Acogemos el dato de Molina, porque Ramos se muestra mal informado sobre la segunda venida de Paschke, diciendo erróneamente que regresó a Alemania y que allí se quedó.

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Esta fábrica fue el germen de la actual empresa Locería Colombiana S.A., que a su vez hace parte de un poderoso conglomerado empresarial conocido como Grupo Corona. En sus años iniciales, los resultados financieros de la empresa fueron bastante deficientes, por la mala calidad de las materias primas y de los productos; pero Paschke formó allí un grupo de técnicos y ceramistas que poco después lograron convertirla en un negocio floreciente, el cual cumplió cien años en 1998. En la misma planta de la locería comenzaron a producir artículos de vidrio: obra de bazar, adornos, pantallas, etc., y vidrio hueco: jarras, vasos, botellas, etc. Pero uno o dos años después, ésta fue separada de la primera con el nombre de Vidriería de Caldas. Después de 100 años y varios cambios de nombre, hoy es la gran fábrica vidriera de Peldar. De la población de Caldas se trasladó el ingeniero alemán a la población de Pácora206, a administrar la mina de El Bureo, como lo hizo eficientemente hasta su muerte, acaecida en esa población en 1888. Quien esto escribe vio, en 1949, la lápida, casi borrada, de este meritorio ingeniero en el cementerio de la población de Pácora207. Paschke hizo un gran aporte al país, representado más que todo por lo que dejó en conocimientos y en habilidades técnicas y científicas en sus colegas colombianos, en sus técnicos y expertos ayudantes y en sus trabajadores rasos. Ellos fueron, en gran medida, factores esenciales de la temprana industrialización de Antioquia en los primeros años del s. XX. 206. Herr Max Bohro fue un experto ceramista alemán (Keramikermeister), a quien, como se indicó antes, trajeron de su patria, en 1882, los socios que fundaron la Compañía Cerámica de Antioquia. Poco después de Bohro, en 1884, vino también otro experto ceramista, el Sr. Friedrich Klinkert. Ambos diseñaron y construyeron el primer horno de esta fábrica, e hicieron frente a los problemas de calidad de los productos, en sus primeros tiempos, hasta que la hicieron producir satisfactoriamente. Herr Max Bohro regresó a Alemania, o falleció aquí sin dejar descendencia ni noticias de su vida. Klinkert se casó y se radicó en Colombia, donde aún viven varias personas que llevan su apellido, tanto en Antioquia como en otras ciudades del departamento de Caldas. 207. Con el conde Bourmont vino de Francia a Antioquia un técnico en explosivos, de nombre Henri Lebrun, probablemente pensando, con acierto, que en una región tan rica en minas de oro habría muchas oportunidades para alguien de su oficio. Para empezar y para hacerse una fuente estable de ingresos, estableció en Medellín una fábrica de pólvora negra, que era en ese tiempo (antes de que se conocieran el nitrato de amonio y la dinamita), el explosivo universal para demoler grandes moles de tierra y roca y para abrir túneles. Su consumo en la Provincia, donde no había otros fabricantes, debía ser considerable, así como la rentabilidad del negocio. Además, estableció en la pequeña aldea de El Poblado, en sociedad con el conde Bourmont 208, a dos o tres kilómetros del perímetro urbano de Medellín, una fábrica de fuegos pirotécnicos, muy usados entonces para celebrar 206

Entonces con 6.500 habitantes en todo el municipio, y tal vez 2.000 en el propio caserío. Ubicada hoy en el departamento de Caldas, pero localizada en ese año en el sur del departamento de Antioquia. 208 No sobra recordar que Bourmont vino de Francia en el mismo barco con Lutz, los dos Bedout, de Brettes y Monsieur Tisné. 207

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festividades. Pero una mañana de 1877 estalló esta fábrica, murieron varios obreros y el dueño quedó arruinado. Se sabe que se casó en Medellín porque hasta hace unos 60 años (hacia 1950) vivieron en la ciudad personas de ese apellido, descendientes de Mr. Lebrun. No se sabe si su matrimonio fue anterior o posterior al accidente, ni se sabe nada del resto de su vida. 208. Uno de los métodos principales que, tanto Moore como Paschke, cada uno en su respectiva empresa, usaron para obtener plata pura a partir de minerales de plomo argentífero, como la galena argentífera, fue el de “copelación”. Se parte de la galena (sulfuro de plomo natural: PbS) rica en mini incrustaciones de plata metálica; se funde y se tuesta en una “copela” (una cuba de fondo redondo, colocada dentro de un horno con gases muy calientes) para convertirla en óxido plumboso (PbO), que es un sólido desmenuzado y granular, que sólo funde a temperatura mucho más alta y que es más liviano que la plata fundida, sobrenada en la superficie del baño fundido. El óxido se retira mecánicamente, con una cuchara de cerámica (manejada a mano, en ese tiempo). La plata fundida y pura se vierte en moldes de arcilla para formar los lingotes, que se despachaban para la exportación. Los conocimientos aprendidos de estos ingenieros y científicos europeos permitieron seguir mejorando el nivel técnico de las minas. Así por ejemplo, en 1852 se instaló la primera máquina de vapor que llegaba a las minas antioqueñas, y fue instalada en la mina Bolivia, cercana a la población de Remedios. En los mismos años de mediados del s. XIX, en algunos aluviones profundos, se instalaron bombas de madera para extraer agua, que eran construidas en la región por operarios cuyos conocimientos, así fueran empíricos, habían llegado con los ingenieros ingleses y sus técnicos acompañantes. En años posteriores, el uso de bombas metálicas accionadas por vapor se expandió a otras minas tecnificadas. En 1865 comenzaron a ser usadas en la ya mencionada mina Bolivia de la compañía inglesa Frontino and Bolivia Gold Mines. La prosperidad minera y el ejemplo paradigmático de los inmigrantes, movieron a algunos jóvenes a viajar por primera vez a Europa para estudiar Ingeniería, Química y Metalurgia. Notables entre ellos fueron los hermanos Vicente y Pastor Restrepo que fueron a estudiar Química y Metalurgia a París y a Alemania. Don Vicente fue discípulo de profesores famosos como los químicos Théophile Jules de la Pélouze, Pierre Huggard y Alcide D´Orbigny; trabajó con ellos en sus laboratorios y se graduó como químico en la Universidad de París. Al regresar al país los dos hermanos fundaron en Medellín el primer laboratorio de fundición de metales preciosos y ensaye de minerales. 209. A mediados del siglo vinieron a Marmato, contratados por la eterna compañía inglesa que explotaba esas minas, Jorge Tomás Federico Gärtner como ingeniero y Julio Richter, como técnico minero. Como ya se dijo, el Sr. Richter permaneció en Antioquia. El ingeniero Gartner había nacido en la pequeña ciudad de Glausthal, estado de Hannover, Alemania, en 1819, en el hogar del Sr. Georg Heinrich Gärtner y de doña Henriette Gerhige. En 1847 llegó a la Nueva Granada, acompañado de su paisano y pariente, el Sr. Richter, de quien ya se habló. Se casó en Supía en el año siguiente (1848) con doña Columna Cataño García, con quien llegó a tener ocho hijos. Trabajó en las minas de Antioquia y Caldas. Permaneció en Colombia y aquí formó su familia. Varios de sus descendientes estudiaron, se graduaron y enseñaron en la Escuela de Minas de Medellín, y fueron ingenieros connotados, como sus hijos Carlos y Jorge Gartner, quienes llegaron a ser 166


distinguidos profesores en la Escuela de Minas en Medellín y Ministros de Estado en los años cuarenta del siglo pasado, de los Presidentes Santos Montejo y López Pumarejo. D. Jorge Tomás ejerció su profesión en las ya muy mencionadas minas de los ingleses en Marmato, Supía y otros sitios. Los últimos años de su vida transcurrieron en Riosucio y allí murió, el 26 de agosto de 1886. 210. Acerca de ingenieros o técnicos inmigrantes de origen cercano, se sabe del costarricense Manuel Celedón, nacido en San José de Costa Rica en el hogar de Manuel Vicente Celedón y Virginia Valenzuela. Estudió en Estados Unidos en un “college” de California, la carrera intermedia de Tecnología Minera. Vino a Colombia porque lo llamaron Santiago Pérez Triana (periodista, diplomático, viajero y escritor, que vivió casi siempre en el exterior, extrañamente metido en este caso en un negocio minero) y José Domingo Restrepo, para trabajar en su mina de Las Colonias. Luego trabajó en la mina de El Zancudo, en Titiribí, en donde se casó en 1898, con doña Herminia Villa Alarcón, con quien tendría tres hijos todos colombianos. Posteriormente, trabajó como minero en la región de Girardota, al norte de Medellín, y mientras tanto colaboró por varios años en la Escuela de Artes y Oficios de esta ciudad. En los primeros años del decenio de los treinta vivió en Ibagué y trabajó en minas cercanas a esa ciudad. Posteriormente, se trasladó a La Habana, donde falleció el 30 de octubre de 1941. 211. En los años próximos anteriores o posteriores a 1885 vino desde Bilbao a trabajar en las minas de oro de Riosucio, el experto técnico minero Apolinar Güendica.209 Nació alrededor de 1850 en la provincia vascongada de Álaba; estudió en Bilbao y trabajó en minas de hierro de la región. Vino a Colombia con dos hijos: un varón y una joven. Parece que era viudo. Trabajó como técnico minero en Quiebralomo, Anserma y Supía, durante unos 20 años. En 1905 el gobierno del general Reyes creó el departamento de Caldas, y en esos días el viejo minero se retiró del trabajo y fue a vivir en Pereira, que tenía entonces 15.000 − 16.000 pobladores y crecía rápidamente. Allí falleció D. Apolinar alrededor del año de 1910. Su hijo Ramón Emilio, nacido en Bilbao en 1875, vino siendo casi un niño, en 1885, con su padre y su hermana a Riosucio, como se dijo arriba. Allí creció y se educó; y siendo ya adulto conoció al ingeniero Tomás Eastman, quien fue su amigo y protector y lo apoyó para trasladarse y radicarse, algunos años después, en Medellín hacia 1920. Se había casado en Pereira en 1915 con doña María Antonia Restrepo, y estaba viviendo con ella en Marmato y trabajando en las minas de los ingleses. Allí nacieron sus tres hijos: Conrado, Óscar y Amanda. Su esposa falleció en Medellín, en 1925 y en su depresión, don Ramón Emilio se fue con sus hijos a administrar una mina de un ingeniero inglés, en el municipio de San Rafael, donde permanecieron hasta 1932, cuando el doctor Tomas O. Eastman lo ayudó a reinstalarse en Medellín. Doña Amanda falleció sin hijos hacia 1945. Conrado se hizo ingeniero civil y de minas en la Escuela de este nombre, en 1939, ejerció su profesión, fue fundador del Colegio Mayor de Antioquia para la educación superior de señoritas, y falleció hacia 1985. Óscar estudió en la Escuela Militar de Cadetes, donde fue graduado como Oficial de Ingenieros en diciembre de1937. Se casó en Medellín, en 1940, con Lilly Coymat, hija del ingeniero Julián Coymat, del cual se trata más abajo. Con los años, Óscar ascendió en el Ejército 209

Gallo [2009], en su libro, lo llama “Apolinar Wendicker”, en una equivocación seguramente involuntaria.

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hasta el grado de coronel antiguo, y alcanzó méritos para ser ascendido a General de Brigada, pero el presidente Rojas Pinilla lo objetó debido a un grave descalabro moral en su hogar que Óscar sufrió al principio de su carrera militar. Hasta el año pasado (2009), vivía, ya muy anciano, en Medellín. Un nieto suyo es hoy (2010) un ingeniero civil que lleva el mismo nombre de Óscar Güendica. 210 212. No deja de ser curioso que tantos ingenieros alemanes vinieran en el s. XIX a una tierra tan lejana, extraña y difícil como nuestro país, y más concretamente a Antioquia, a pesar de los riesgos de la travesía, de su costo, de sus incertidumbres, y de la barrera del idioma, que ningún neogranadino sabía hablar. Un poco explicable es el caso de los ingenieros de minas. Pero la atracción que Antioquia ejerció sobre otros ingenieros alemanes es un tanto más curiosa. Este fue el caso del Sr. Agustín Freydell. Nacido en Dresde, capital del reino de Sajonia, alrededor de 1818, y en esa misma ciudad estudió y se graduó como ingeniero hidráulico. También allí se casó con doña Johanna Georgine Seidel, ya habían recibido a su primera hija, Elizabeth, cuando el gobierno de la provincia de Medellín, dirigido por D. Proto Jaramillo, a comienzos de 1853, lo llamó, para que viniera a trabajar en construcción de puentes y obras hidráulicas, de las que mucho requiere la minería aurífera. En el viaje a América murió la primogénita. Llegó a Cartagena y luego a Medellín, por la ruta ya descrita, en 1853. En Antioquia nacerían sus otros hijos: Teodoro, Agustín y Helena, en Medellín; y Germán, nacido en San Jerónimo. En cumplimiento de su encargo, el Sr. Freydell construyó dos puentes en piedra y argamasa en Medellín (en las carreras de Palacé y Carabobo sobre la quebrada de Santa Elena), tres puentes colgantes al occidente del río Cauca y varias barcas cautivas para atravesar ríos grandes en la Provincia. Un ejemplo de éstas fue la barca de “el Paso de los Pobres”, para cruzar el río Cauca entre las poblaciones de Titiribí y Concordia. Otra de tales barcas se muestra en el grabado que acompaña este nuestro documento, que puede ser, precisamente, la del Paso de los Pobres. Como empresa propia inició una fábrica de chocolates que trabajó exitosamente. Trabajó como instructor superior y jefe de talleres en la Escuela de Artes y Oficios que fundó el Presidente del Estado Soberano, en 1864, y donde Freydell enseñó a construir fusiles, máquinas de coser, trapiches, despulpadoras, arietes hidráulicos, otras máquinas para minas, tuberías en lámina de hierro, y otras obras sorprendentes. Después de este período, a comienzos de los años ochenta, junto con otros socios, instaló su propio taller de mecánica y fundición donde produjo por varios años numerosos tipos de artículos metalmecánicos: bocartes en hierro y en bronce para molinos de pisones, grandes pailas de hierro y de cobre para trapiches paneleros, ruedas hidráulicas, “arrastres” para amalgamación, trapiches para caña, despulpadoras para café, ruedas de agua en hierro, trilladoras de café, arietes hidráulicos, y repuestos de todas estas máquinas. Fue un maravilloso transferidor de tecnología moderna (de su tiempo) a Antioquia y, por difusión, a todo el país, Colombia. Murió trágicamente ejerciendo su profesión, junto con su hijo mayor Teodoro y con otros compañeros de trabajo. Una noche de tormenta estaban en su campamento a la orilla del río Cauca, reparando la barca mencionada, cuando sobrevino una repentina creciente del río, 210

Quien esto escribe conoció, a su edad de 12 años, en 1943, a Óscar y a Conrado Güendica, en Ibagué, cuando ejercían allí sus profesiones, y eran amigos de la familia del autor. Esta vivencia personal, complementada con datos suministrados por su familia de hoy es la fuente de esta información.

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que, como una tromba, arrasó la precaria vivienda, la aplastó sobre ellos, y acabó con la vida de todos. El día anterior otro hijo había muerto quemado y destrozado por el estallido de un depósito de municiones que cuidaba. Ya había muerto, ahogado, otro de los hijos, Agustín “Junior”, cuando se lanzó al mismo río, a tratar de salvar a un amigo que cayó de una barca que se estaba inaugurando ese día. Aún viven en Antioquia varios de sus descendientes patrilineales, que prolongan el apellido. 213. Carlos Johnson nació en Inglaterra e hizo sus estudios de ingeniería en la Universidad de Oxford y en Alemania (probablemente en Freiberg, que en su tiempo era la más afamada escuela de minería en Europa). Después trabajó en España. En 1854 vino a Marmato, contratado por la ya muy mencionada Western Andes Mining Corporation. Trabajó posteriormente en minas de Supía, Titiribí y Porce. En Medellín contrajo matrimonio con doña Susana Urreta, con quien tuvo tres hijos: Arturo, Emilio y Luis Guillermo. Uno de ellos fue contabilista y otro fue ingeniero. Hacia 1868 construyó para el gobierno de Antioquia el camino de ruedas de Medellín a Barbosa; y en 1874 Francisco Javier Cisneros lo vinculó a la construcción del ferrocarril de Puerto Berrío a Medellín; en esta obra trabajó durante cinco años. Construyó también numerosos puentes en diversos sitios de Antioquia. Vivió en esta tierra el resto de su vida y falleció en Medellín, donde aún viven sus descendientes. 214. Antioquia seguía necesitando clamorosamente, personas preparadas en el campo de la Química para trabajar en las minas. Los profesionales extranjeros eran muy útiles, pero no bastaban para el gran número de minas pequeñas y medianas que había en la Provincia. A mediados del siglo, en 1850, ésta contaba con unos 270.000 habitantes, dentro de un total de 2´240 000 que había en todo el país. Hacía ya 20 años que era la mayor provincia en producción aurífera en la Nueva Granada. Por ejemplo, su producción durante 1858 valió 1´500.000 pesos oro, mucho mayor que la del Cauca, la que le seguía en este orden. Por eso, a pesar de la mala experiencia con Brugnelli (de 1838 a 1840), el gobierno provincial, en 1855, requirió al químico franco suizo Eugene Lutz, con el propósito de que enseñara su ciencia en el Colegio Provincial, de que hiciera consultoría para las minas, y, en general, de que aportara su ciencia a las actividades de producción en la Provincia. 215. Lutz vino en 1856, acompañado por otros inmigrantes franceses: el conde Bourmont, dos hermanos Bedout, de Bréttes, y Monsieur Gabriel Tisnés (un artesano fabricante de vestuario que luego se casaría en Sonsón y se radicaría allí de por vida). Trabajó primero en varias minas, enseñando a aplicar técnicas de docimasia, a manejar el peligroso mercurio, a establecer laboratorios pequeños de química mineral, a pesar y dosificar materiales, y a contabilizar costos. Cuando se fundó la Ferrería de Amagá, en 1864, fue contratado por sus dueños para colaborar, junto con el ingeniero francés recién llegado Eugene Bonnet, en el montaje y en la operación de los hornos de recocido del arrabio para forjarlo y producir hierro maleable (con menos de 0,2% de carbono), el de coquización, el alto horno, el cubilote para fundir piezas de hierro gris, el martillo de forjado y las otras instalaciones que constituían una ferrería en esos años. La producción comenzó en 1867. Pero ni Lutz ni otros jefes técnicos posteriores pudieron hacer producir al alto horno hierro maleable, que era y es el hierro de más valor, debido, sin duda, al coque de mala calidad que producen las hullas de la región. Sólo pudieron producir hierro de fundición (hierro gris) y objetos vaciados de este material, algo frágil pero muy resistente a 169


la compresión, lo que le permitió a la ferrería subsistir por unos 30 años. Seguramente frustrado, después de casi cuatro años de trabajar allí, Lutz se retiró de esa empresa. Pese a las dificultades, Lutz y su compañero Bonnet lograron establecer, en 1869, la producción de bocartes, ruedas dentadas, arietes hidráulicos, herramientas para minería, cilindros de “arrastre” para tanques de amalgamación, despulpadoras de café, y otras piezas metalmecánicas. La Ferrería de Amagá, duraría funcionando hasta 1930, cuando se cerró a consecuencia de la Gran Crisis económica de ese año. (Del proceso industrial y social de la Ferrería de Amagá se hablará más a extenso en páginas posteriores). No hay duda de que el aporte de tecnología europea, por éste y por muchos otros científicos e ingenieros inmigrantes, fue decisivo para que la producción neogranadina de oro, que en el decenio de 1831−1840 fue de 57 toneladas (según Poveda), hubiera aumentado a 59 toneladas en 1841−1850 y a 68 toneladas en el decenio siguiente (1850−1860), con los correspondientes y proporcionales aumentos de valor en millones de pesos (1 millón de pesos oro = 2,5 toneladas del metal, en esos tiempos).

ESPÍAS CIENTÍFICOS

216. Torres y Salazar [2002] incluyen en una lista de ingenieros venidos a Colombia al francés Monsieur Pierre Cornet, quien, según ellos, estuvo haciendo observaciones meteorológicas en Bogotá en el año de 1856. Aquellos autores no dan ninguna información adicional. Por supuesto, el francés no dejó ninguna información en Colombia (como ha sido lo tradicional en los “observadores” extranjeros), y volvió a su país. El autor de estas notas conjetura que el único sentido que tenía en aquel tiempo el hecho de que un ingeniero francés hiciera tales “observaciones meteorológicas”, era que las mediciones y sus resultados estaban destinadas a la marina de guerra de Francia. 211 Este autor considera que lo mismo puede decirse del ingeniero inglés William Chandles, quien, según los dos autores citados, estuvo haciendo observaciones meteorológicas en Cartagena en 1863. Es seguro que también hizo estudios oceanográficos, batimétricos y geográficos de esa bahía y que ese trabajo le había sido encargado por el Almirantazgo Británico, el que, bajo la Reina Victoria, dominaba entonces todos los mares del mundo, y quería tener esa información para eventuales operaciones militares en ese puerto.

LOS GOBIERNOS PROGRESISTAS RADICALES

217. La victoria del general Mosquera en la guerra civil de 1859−1861, que derrocó al presidente Ospina Rodríguez, inició en Colombia una época política muy interesante: la de los gobiernos radicales. Empezó por reunir en Rionegro (Antioquia), población que entonces era eminentemente liberal, en 1863, una Convención que expidió una constitución que la historia conoce como Constitución de Rionegro, estableció un gobierno de estados federales, absurdamente independientes, llamados Estados Soberanos. Fueron nueve: 211

Solamente en beneficio de la completitud de este documento se menciona a este personaje, que muy probablemente era un agente del ejército imperialista francés. Estos visitantes no han hecho ni hacen ningún beneficio a Colombia, pero aún hoy siguen viniendo. En nada le sirven al país. Son algo así como unos “espías técnicos”.

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Antioquia, Cauca, Tolima, Cundinamarca, Boyacá, Santander, Magdalena, Bolívar y Panamá. Cambió el nombre de la república por el de Estados Unidos de Colombia. Cada estado soberano tenía su propia constitución; sus tres poderes: presidente y secretarios, legislatura, y judicatura; sus propias legislaciones civil y penal; su propio tesoro y presupuesto; su propio ejército; y una casi total autonomía política, administrativa y judicial. El gobierno federal, en Bogotá tenía los tres poderes pero muy limitados en funciones y en autoridad; un minúsculo presupuesto; manejaba solamente la moneda unificada, las relaciones exteriores y el servicio diplomático. El período del presidente federal era solamente de dos años, para dejarlos sin poder. La única fuerza armada nacional era una minúscula Guardia Nacional de 600 hombres. Un visitante colombiano a Francia le llevó a Víctor Hugo, quien era entonces el paradigma mundial de las ideas “liberales” de ese tiempo, la nueva constitución colombiana, muy orgullosamente. El gran literato francés, solo dijo: “C´est une constitution pour un peuple d´anges”. Los presidentes de Colombia en Bogotá, bajo este régimen utopista fueron: Tomás Cipriano Mosquera (gran presidente y gran general, 1861−1864, y 1866−1867) Manuel Murillo Toro (1864−1866, y 1872−1874, Santos Acosta Castillo (1867−1868), Santos Gutiérrez Prieto (1868−18709), Eustorgio Salgar Moreno (1870−1872), Santiago Pérez de Manos-albas (1874−1876), Aquileo Parra Gómez (1876−1878), Julián Trujillo Largacha (1878−1880) y Rafael Núñez Moledo (1880−1882). Mosquera, Murillo y Núñez (en sus primeras respectivas administraciones pero no tanto en las otras), fueron, sin duda, los mandatarios verdaderamente destacados de este período. Este régimen radical “pour des anges” dio lugar a doce estúpidas guerras civiles interiores en los nueve “estados soberanos”, a muchas refriegas internas con violencia, y a las sangrientas guerras civiles nacionales de 1876 y 1885. El censo nacional de 1864, bajo el presidente Murillo Toro, dio 2´694. 487 habitantes, para todo el país. En Bogotá se censaron cerca de 36.500 personas. No había industrias fabriles, la agricultura era misérrima. No teníamos ni un kilómetro de ferrocarril, aparte del enclave colonial imperialista del de Panamá, que casi nada redituaba a Colombia. En aquellos años, el único signo de modernidad que se conocía en Colombia eran los 30 o 35 vapores que navegaban en el Magdalena y en cuatro o cinco trayectos fluviales más. 218 Muchos de los inmigrantes que llegaron a nuestro país en el siglo XIX vinieron a radicarse en Cúcuta o en Bucaramanga. En 1865, la primera tenía muy cerca de 8 500 habitantes y la segunda albergaba muy cerca de 10 500. Pero, curiosamente, entre la gente de Europa que sabía algo de la Nueva Granada, la primera era más conocida y, frecuentemente, asociada a Venezuela, porque el cacao de esepaís ere altamente apreciado en ese continente or su altacalidad, y por razones obvias, el cacao de los valles de Cúcuta era exportado por Maracaibo, razón por la cual los compradores europeos oían frecuentemente el nombre de Cúcuta impreso en los bultos de cacao en grano procentes de Maracaibo, y reunidos con bultos originarios de regiones venezolanas, como las de Valencia, Maracay, Aragua, La Victoria y Caracas. Bucaramanga tenía otros atractivos. En esa época era capital del Estado Soberano de Santander, que se extendía sobre los dos departamentos que hoy llevan el nombre perilustre de nuestro Presidente rosarino, y que registró 425 427 habitantes en el censo de 1871 (204 551 hombres y 220 876 mujeres), cuyo número solamente era superado por Boyacpa, Cauca y Cundinamarca, en su orden. En conjunto los dos departamentos de hoy producían anualmente 100 000 sacos de café, de los 114 200 que se cosecharon en todo el país en 171


1874. Incluía a la tercera gran región productora de tabaco en rama para la exportación, que era la de Girón (37 mil arrobas en 1863, dentro del total nacional de 800 000 arrobas), después de Carmen de Bolívar (310 mil) y Ambalema (287 000). En sus pastales y pradera había unas 300 000 cabezas de gabado, según estima este autor (G.P.R.) partiendo de datos del Doctor Mario Galán Gómez. Se fabricaban sombreros de palma de iraca en Zapatoca, Bucaramanga, Piedecuesta y Girón, y se exportaban con éxito a la Costa y a países caribeños vecinos. Era la mayor región productora de caña panelera y de este alimento energético (y lo sigue siendo). En las provincias de Vélez, El Socorro y Soto se generaba la mayor parte de la producción industrial del Oriente colombiano, y mucho más que la de todo el Occidente: cigarros en Zapatoca, y Bucaramanga; textiles en El Socorro; dulcería en Vélez; herraduras y herramientas forjadas en numerosas fraguas populares; y obras de madera en todas las poblaciones vecinas al valle del Magdalena. Es probable que esta viva activida económica hubiera sido lo que atrajo al experto cervecero italiano don Giusseppe Delfino Lambole, quien llegó a “La Cuidad Bonita” en 1867. Puede pensarse que traía consigo un cierto capital financiero, porque ya en 1869 había importado un equipo para producir cerveza con una fórmula de su patria, la había instalado y estaba produciendo y vendiendo la bebida. Al parecer, fue la primera cervecería que existió en la ciudad, mucho antes de la una de los señores Kopp (que veremos más abajo), y también mucho antes de la que instalaría don Christian P. Clausen en Floridablanca en 1889. Teniendo en cuenta la población que ya dimos, y recordando que los grupos populares solo consumían chicha o aguardiente, es probable que la fábrica del señor Lambole funcionara en su misma casa, donde elaboraría quizás unos 200 o 300 mil litros anuales.

218. El presidente Salgar ordenó un censo nacional de población, que se realizó durante 1870 y 1871. Dio como resultado que la población total era de 3´316.542 personas, de las cuales 1´799.348 eran varones y 1‟517.194 eran mujeres. Los aborígenes, no censados, se estimaron en 80.000 en todo el territorio nacional. De entre todos los Estados Soberanos, los más poblados eran Boyacá, Cauca, Cundinamarca y Santander, como lo muestran las cifras de la tabla 7. Tabla 7. Población según censo de 1870, en Estados Soberanos de Colombia Estados Antioquia: Bolívar: Boyacá: Cauca: Cundinamarca: Magdalena: Panamá: Santander: Tolima: Territorios federales:

Total habitantes 365.974 367.193 482.874 435.078 621.763 85.255 221.052 425.427 230.891 81.035

Hombres

Mujeres

180.496 241.704 234.127 211.314 409.002 40.682 113.215 204.551 110.791 53.466

185.478 125.489 248.747 223.764 212.761 44.573 107.837 220.876 120.100 27.569

172


Totales

3.316.542

1.799.348

1.517.194

En 1885 y en años cercanos no hubo censos de población. Higuita [1940] estimó, por interpolación entre los censos de 1871 y 1905, que en dicho año habría 2´750.000 o 2´800.000 habitantes. En Bogotá vivían 96.000 personas, en números redondos pero muy cercanos a lo exacto. Ni siquiera en población crecía el país: la natalidad era alta (tal vez un poco más de 3.5 % anual, pero la mortalidad casi la alcanzaba: quizás era de unas pocas décimas menos que aquélla. La diferencia, que es la tasa de crecimiento vegetativo, sería de menos de 1% anual, a lo sumo, lo cual significaba que la población tardaba más de 70 años en duplicarse). La economía consistía en una agricultura de pan coger con tecnología medioeval, que ocupaba unas 500 o 550 mil hectáreas; unos pocos cultivos exportables de algodón, tabaco y añil, ocupando 40 o 50 mil hectáreas; y una ganadería extensiva y muy poco productiva que apenas contaría, si mucho, con un aproximado de 1´500.000 cabezas de vacunos. Prácticamente no había fábricas, distintas de unas pequeñas cervecerías artesanales, hilados y tejidos manuales en Boyacá y Santander, y cigarros hechos a mano en Santander; curtidurías, imprentas pequeñas y otras semi-manufacturas muy pequeñas. El café era todavía una rareza. Cuatro pasos importantes de progreso pueden rescatarse de ese período: La adopción y extensión del telégrafo alámbrico desde 1865, bajo el presidente Manuel Murillo Toro; la creación de la Universidad Nacional, por el presidente Santos Acosta Castillo, en 1867; la reforma educativa de 1870, expedida por el presidente Eustorgio Salgar Moreno; y el comienzo de la construcción de ferrocarriles (el de Barranquilla, en 1869; el de Antioquia, en 1874 y el de Cúcuta en 1878) 212. 219. Esa fue una de las épocas de más intensas y caudalosas migraciones de antioqueños hacia los territorios del sur. Lo común era que diariamente salían de Sonsón unas diez personas, constituidas casi siempre por una numerosa familia típica de Antioquia, más unos peones y acompañantes, hacia Aguadas, Pácora, y más al sur, o hacia Pensilvania, La Victoria, Marulanda y El Fresno por el camino de Villegas. Por ejemplo: en 1860 Manizales contaba con unos 6.000 habitantes, y en 1885 había crecido hasta 15.000. Casi cien pueblos y aldeas que hoy son poblaciones importantes se fundaron en los departamentos actuales de Caldas, Risaralda, Quindío y Norte del Tolima: Pereira, Apía, Risaralda, Filandia, Villamaría, Palestina, Chinchiná, Quimbaya, Montenegro, Circasia, Armenia, Calarcá, Líbano, Santa Isabel, Anzoátegui, Anaime, Herveo, Casabianca, Villahermosa, Murillo, Roncesvalles y decenas más. Ese proceso humano fue la gran fuerza 212

La empresa del Ferrocarril de Panamá era, en esos años, la más rentable del mundo, pero al Estado Colombiano solamente le reconocía un ridículo 3% de las utilidades netas de cada año, después de gastos e inversiones liquidadas e informadas según una contabilidad amañada, como a ella le convenía. Colombia les había cedido, sin ningún costo, la ancha franja de tierra que ocupaban, el derecho a talar toda la madera y a gastar toda el agua que necesitaran, gratuitamente. Además la compañía de “hienas” explotaba el negocio infame, macabro y muy rentable de exportar a Estados Unidos, en toneles llenos de formol, los cuerpos de los 20 obreros y 15 mujercitas, o algo así, que morían cada semana, para venderlos a las escuelas de medicina de ese país. Las condiciones de trabajo eran tan horrendas que los trabajadores chinos que hubo allí (que fueron más de dos mil) terminaban suicidándose adentrándose en el mar, en largas filas de frente, cogidos de la mano hasta hundirse bajo las olas, o colgándose con su larga trenza de una viga, o pidiéndole a un compañero que le diera un tiro mortal.

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que impulsó al café, que hacia 1860 era un cultivo casi marginal, para pasar a ser, después de 1880, el artículo de exportación más importante del país. Todas las regiones de colonización antioqueña se convirtieron en zonas de muy intenso cultivo del grano. Las migraciones antioqueñas que poblaron en centro y el occidente de Colombia fueron el fenómeno socio-económico más importante, más duradero y más trascendente en nuestro país. -

IMPACTOS DE LA COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA

220. El fenómeno socioeconómico más importante en Colombia en todo el s. XIX, fue la intensificación de las grandes migraciones antioqueñas hacia las regiones al sur de su Provincia. Ya se mencionaron varias de las poblaciones que surgieron como resultado de este caudaloso proceso, una de cuyas consecuencias felices fue la extensión y el aumento extraordinario del cultivo de café. El fenómeno ha sido expuesto y analizado por varios autores en sus respectivas publicaciones: James Parsons en su Antioqueño Colonization of Western Colombia; Eduardo Santa en su La Colonización Antioqueña y en Arrieros y Fundadores; Álvaro López Toro en Migración y Cambio Social en Antioquia en el S. XIX; Gabriel Poveda Ramos en Historia Económica de Antioquia; Pedro Felipe Hoyos en Café, Caminos de Herradura y el Poblamiento de Caldas, y otros más. Con base en datos antiguos de poblaciones habitantes en Antioquia, Caldas, Tolima y el Valle, en modelos matemáticos y demográficos, y en informes de viajeros como Fredrich von Schenk, Poveda estima que durante los 130 años desde 1800, cuando tomó ímpetu en Sonsón la corriente migratoria, hasta 1940, cuando decayó casi del todo, salieron de Antioquia unas 450.000 a 500.000 personas, quienes, además, se multiplicaron rápidamente en sus nuevas tierras. Por ejemplo, el viajero alemán Friedrich von Schenk informa que en 1870 había 30.000 nuevos colonos (antioqueños) en el Cauca Grande (actuales departamentos del Valle, Quindío y parte de Risaralda), y el Tolima. En total: 395.000 personas. Dice Parsons [1961] que en 1905 la propia Antioquia tenía 650.000 pobladores; Caldas tenía 185.000 antioqueños; el Tolima, 56.000; y el Cauca Grande, tenía 32.000 personas, oriundas u originarias de Antioquia. Sumaban 273.000 colonizadores. En este año el gobierno admirable del general Reyes creó el departamento de Caldas. Las olas de inmigrantes seguían viajando. En 1918 Antioquia tenía 823.000 habitantes, Caldas albergaba 428.000 de tales inmigrantes; en el Tolima, habitaban ya 81.000 inmigrantes originarios de Antioquia; y Valle, tenía 45.000 de tales pobladores. En total, 554.000 colonizadores de las nuevas tierras. Veinte años después, en 1938, cuando ya las migraciones estaban terminando, había 1´188.000 personas en Antioquia; 780.000 en Caldas, de ese origen; 152.000 en Tolima; y 100.000 en el Valle. Sumaban 1‟032.000 pobladores y colonizadores originarios de Antioquia. 221. Pero casi nada se ha dicho del papel crucial que en ese “Volkswanderung” tuvieron los ingenieros, los topógrafos y los médicos. Aquí casi nada podemos agregar sobre el tema, salvo señalar que en ello debió haber varios ingenieros civiles, posiblemente graduados en Medellín y en el Instituto Técnico Central de los Hermanos Lasallistas. Los ingenieros de la Universidad Nacional en Bogotá consideraban esas tierras como regiones semisalvajes, nunca estuvieron por allí y en nada contribuyeron a este formidable proceso económico y social, el mayor y más importante del s. XIX. Posiblemente también hubo en esas regiones y en esas corrientes humanas, en sus últimas épocas, ya en el s. XX, algunos 174


ingenieros graduados en la Universidad del Cauca, en Popayán, la cual expedía títulos desde 1911213. Estos profesionales necesitaban la colaboración indispensable de topógrafos y agrimensores para trazar y construir caminos de herradura; para trabajar en las minas de oro que se encontraron en las regiones; tender líneas telegráficas; construir puentes de madera sobre ríos y quebradas; hacer los planos urbanísticos de las nuevas poblaciones; construir edificaciones en tierras muy quebradas y muy sísmicas 214. Por lo menos algunos de esos ingenieros y de esos topógrafos debieron haber sido ayudantes o cooperantes de los ingenieros europeos que llegaron a Antioquia desde 1825 hasta mediados del s. XX. 222. Algo análogo se puede decir de los médicos que acompañaron esas migraciones, que les fueron indispensables para atender accidentes con herramientas, tifoideas, malarias, tuberculosis, cuchilladas por riñas, los numerosos partos de las mujeres, las uncinariasis y parasitosis de los menores, etc. Aún en 1937 la uncinariasis era una de las mayores causas de morbilidad en Caldas [García Nossa: 1937]. Aunque no se encuentra documentación sobre el hecho, es seguro que numerosos médicos fueron con las expediciones colonizadoras o tras de ellas215. Muchos debieron salir de la Escuela de Medicina de la Universidad de Antioquia, donde enseñaron los médicos Gregory, Williamson, Blair, Orta, Eusse y otros inmigrantes europeos; también enseñaron en esa Escuela varios discípulos de éstos. Este tema merece una seria investigación histórica que aún no se ha hecho, que solamente fue iniciada por los trabajos aislados del Dr. Alfredo Naranjo Villegas, sobre la historia de la medicina en Antioquia. Un reciente libro, extensísimo, de historia de la medicina en Colombia, dirigido por el médico Emilio Quevedo, omite totalmente este tema, como si no hubiera existido. 223. A escala nacional, la constitución de Rionegro y los gobiernos radicales lograron mantener la paz interna durante 15 años, desde 1861 hasta 1876 (no así en el interior de cada estado, que tuvieron sus guerritas intestinas ya mencionadas). Pero en 1876 los gobernadores conservadores, fanáticos y sectarios, de los Estados Soberanos de Antioquia y el Tolima, el Sr. Recaredo de Villa y el general Manuel Casabianca respectivamente, ultra clericalistas, se aliaron para declararle, con sus respectivos ejércitos, una guerra estúpida contra el gobierno federal de don Aquileo Parra, un hombre pacífico, probo y modesto, que sólo contaba con 600 hombres de tropa, y un presupuesto muy corto. De inmediato, los presidentes de los estados del Cauca, general Julián Trujillo, y de Cundinamarca, general Daniel Aldana, acudieron a respaldar al gobierno federal. La guerra fue furiosa, como toda guerra religiosa. Especialmente sanguinarias fueron la batalla de Los Chancos, (31 de agosto de 1876), al pie de Buga, donde triunfaron los macheteros liberales caucanos, comandados por el general Trujillo; la primera batalla de Garrapata, (20 al 22 de 213

Cabe aclarar que las migraciones de la colonización antioqueña perduraron hasta los años treinta y cuarenta del s. XX. 214 La gran falla geológica del Romeral cruza todo el centro de los actuales departamentos de Risaralda y de Caldas y ambos, con otros territorios vecinos, están cerca a la línea de choque de la placa tectónica de Nazca con la placa de Suramérica en la costa del Pacífico. Esta situación hace que esos departamentos sean muy propensos a terremotos fuertes. 215 Un ejemplo de ellos fue el Dr. Ricardo Jaramillo Londoño, oriundo de Sonsón y graduado en la Universidad Nacional de Bogotá, quien se trasladó de su pueblo natal, en 1880, a Manizales, donde ejerció la profesión hasta su muerte en 1920. Todos los días, a caballo, visitaba a sus enfermos, y lo hacía de manera gratuita para los más pobres, a quienes les suministraba los medicamentos.

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noviembre), cerca a Mariquita, donde se enfrentaron los generales Sergio Camargo (llamado “El Bayardo colombiano” por su valentía y por su caballerosidad militar) y Santos Acosta, por los radicales; y Marcelianio Vélez y Braulio Henao, por los conservadores; ninguno de los dos bandos ganó porque a los tres días de matanza ambos ejércitos se retiraron del campo, horrorizados por la vista de miles de cadáveres que eran pasto de los buitres216. En el año siguiente, en Manizales, los ejércitos conservadores fueron finalmente derrotados por Trujillo. Antioquia y el Tolima fueron invadidos y humillados. En la primera los invasores radicales hicieron horrores contra los sacerdotes y contra las iglesias. Trujillo se declaró “presidente” de ese Estado, puesto desde el cual pasaría, en el año siguiente, a la Presidencia de la República para el bienio 1878−1880. En esa guerra fueron movilizados 20.000 combatientes, de los cuales murieron unos 9.000 hombres jóvenes; el gobierno federal quedó más impotente que antes; los estados contendientes quedaron en la ruina fiscal, y miles de ciudadanos perdieron sus pertenencias. ¡Un desatino criminal! 224. A pesar de la brevedad del período presidencial de entonces (dos años); a pesar de la guerra de 1876 que hubo de enfrentar; a pesar de la pobreza del fisco federal a que lo redujo la insensata Constitución de Rionegro (la “constitución pour un peuple des anges, como la llamó Víctor Hugo); y a pesar de la virulenta oposición conservadora contra su tolerante e impecable gobierno, don Eliseo Parra Gómez hizo un gobierno bastante aceptable para cualquier estudioso desprovisto de sectarismo. Una de sus útiles iniciativas fue la de invitar al país al agrónomo español José María Gutiérrez de Alba, el primero de su profesión que venía oficialmente al país, con el encargo de desarrollar técnicas mejoradas para producir cultivos propios del centro del país: Cundinamarca, Boyacá y Santander, escogidos para este fin porque eran donde se cultivaba el grueso de los alimentos de Bogotá y de esos tres estados, y porque ofrecían climas benignos para producir trigo, cebada, papa, maíz, panela y hortalizas. (Bogotá tenía muy cerca de 65.000 habitantes, y el resto de la región podía tener otros 300.000; lo que da una demanda de alimentos para cerca de 370.000 personas, o algo muy cercano. Según bromatólogos consultados, es razonable estimar que, en promedio, el consumo de alimentos vegetales fuera de una y media libra de la mezcla de esos productos, y que las pérdidas del campo al consumidor fueran, verosímilmente, de 30%. Luego, la producción agrícola anual de la región, debía totalizar unas 145.000 toneladas en la puerta de la finca). El señor Gutiérrez estableció por cuenta del Estado Soberano de Boyacá una granja experimental en la Villa de Leyva, donde se esforzó por desarrollar mejores métodos de cultivo e trigo y cebada, pero por razones que no se conocen no tuvo éxito. Posteriormente lo llamó el Estado de Santander, presidido entonces por don Manuel Murillo Toro, y estableció en Piedecuesta un instituto del Estado, para la enseñanza agrícola, con la colaboración de un agrónomo belga y de un horticultor francés, traídos por el Presidente.

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En esa misma llanura de la hacienda “Garrapata” se habrían de enfrentar también los dos partidos, en la guerra civil de 1885, en otra sangrienta batalla que entonces sí ganaron los conservadores, encabezados, entre otros, por el general barranquillero Ramón Santodomingo Vila, amigo personal de Núñez, y beneficiario de las generosas “concesiones” de Núñez a sus amigos.

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225. Como ya se expresó, en 1869 el Presidente del Estado Soberano de Antioquia, don Pedro Justo Berrío 217 contrató al químico franco suizo Eugenio Lutz, con honorarios muy superiores a lo usual en el país, para modernizar y establecer normas y sistemas de control de calidad en la Casa de Moneda de Medellín, donde se fabricaban las monedas metálicas que circulaban en el Estado; y también para formar un comité con el Sr. Enrique Häusler y con el Sr. Juan Lalinde, experto director de minas, que hiciera los pedidos de maquinarias nuevas para ese establecimiento. En el año siguiente, el Gobernador lo encargó, junto con el Sr. Häusler, de re-establecer la Escuela de Artes y Oficios del Estado, en su capital, escuela que había sido creada en 1864. Ellos elaboraron los programas docentes e instalaron los talleres de mecánica, herrería, fundición, moldería, carpintería, ebanistería, cerrajería y telegrafía. Dos egresados de este último programa fueron quienes, bajo el mismo Gobernador, instalaron la línea telegráfica de Medellín a Manizales. Otros dos instalaron la de Medellín a Nare. Esa escuela fue un soporte muy eficaz para el comienzo de la industrialización de Antioquia, que surgió en esos años. En efecto, ya en 1870 funcionaban en el Departamento dos cervecerías, dos plantas de separación y refinación de oro y plata (la de Pashke y la de Moore), una fábrica de ácido sulfúrico, locerías en El Carmen, La Unión y Rionegro, una fábrica de fósforos, varias tenerías, varios talleres de telares, tres fábricas de chocolates y numerosas fundiciones con talleres de mecanizado. 226. En la primera y frustrada Facultad de Ingeniería de la Universidad de Antioquia (Facultad fundada en 1874, que se cerró en 1880, y de la cual se habla a espacio más abajo), Lutz enseñó Matemáticas a discípulos como José María Escovar, José María Villa, y Esteban Álvarez Lalinde; y después, en la Escuela de Artes y Oficios, enseñó Matemáticas y Dibujo. Un discípulo de Lutz en la Escuela, el señor Lorenzo Márquez, experto en Mecánica, hizo varios inventos que se le patentaron, y viajó a Inglaterra, donde se destacó en una fábrica de aparatos para telegrafía. Habiendo ya varias líneas telegráficas en el Departamento, las cuales usaban pilas eléctricas tipo Daniell como fuente de electricidad, que requieren ácido sulfúrico y sulfato de cobre como electrólito, el Gobierno Estatal encargó a Lutz, en 1869, de establecer y de operar una planta fabricante de este producto químico, la cual funcionó en la Casa de la Moneda. En ese tiempo la tecnología de producción del ácido era la que se llamaba “de cámaras de plomo”. Lutz pudo establecerla y hacerla operar bien al principio. Pero luego comenzaron las dificultades: el azufre era importado de Sicilia, muy caro; los equipos eran mal sellados y los vapores de ácido lo atacaban todo, incluyendo la piel de Lutz y de sus trabajadores; el Gobierno Estatal estaba enzarzado en la estúpida guerra religiosa de 1876, y el dinero oficial necesario para pagar los equipos y para los gastos corrientes no llegaba o se demoraba; el transporte del ácido a las telegrafías de Manizales, Rionegro, Nare y Santa Rosa era difícil y peligroso y, por eso, muy costoso. Lutz sólo pudo producir pequeñas cantidades del producto, intermitentemente, y de mala calidad. Decepcionado nuevamente, renunció y regresó a Europa. Poco tiempo después lo hizo su ex compañero Bonnet. Al renunciar Lutz, el Gobierno Estatal nombró a don Vicente Restrepo como director técnico de la planta de ácido (que producía en una cámara de plomo, como era la tecnología usada en el Mundo, en ese tiempo). Restrepo había estudiado ese proceso en París, y logró un éxito muy satisfactorio en operar la pequeña fábrica.

217

El doctor y General Pedro Justo Berrío fue el mejor gobernador del Estado en el s. XIX.

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227. El Sr. Adolphe Ghaisnes, Conde de Bourmont, tenía en realidad ese título por herencia de su padre, un distinguido militar de los ejércitos de Napoleón. Se sabe que era un ingeniero y coronel del ejército francés, e ingeniero militar graduado en ambas profesiones en la École Militaire de Saint Cyr, la más famosa de su género y en su tiempo, en ese país. Vino a Colombia en 1856, en compañía de Eugene Lutz, de Adolphe y Pablo de Bedout, de Henri Breche y de Armand de Coleville, atraídos todos ellos por la fama de Antioquia en el Mundo como tierra repleta de oro. Gobernaba al país don Manuel María Mallarino Ibargüen, y el gobernador del Estado Federal de Antioquia era don Rafael María Giraldo. Lutz, Bourmont, Breche, Coleville y los Bedout formaron una sociedad para explotar minas, la cual logró hacerlo en una o dos de tales empresas, pero, al parecer, sin mucho éxito, puesto que Lutz se retiró pronto a enseñar Química en el Colegio del Estado, y los Bedout se dedicaron más bien al comercio en Medellín. De Breche y de Coleville no se vuelven a tener noticias. Bourmont se fue a Titiribí, donde estaban las famosas minas de El Zancudo, Chorros, Otramina y varias otras, en busca de oportunidades mineras y económicas. Allí invirtió un dinero considerable en la Hacienda de Fundición y Apartado de Titiribí, que Moore había fundado y operado con gran éxito desde 1851, y en otras minas de la región. Pero por un pleito entre la Compañía de Minas de Antioquia, propietaria de El Zancudo, y la Hacienda de Fundición, propiedad de Moore y Bourmont (empresas cuyos orígenes y cuya dura emulación ya se explicaron), pleito que fue fallado en contra de estos últimos, Bourmont se arruinó y se encerró en su casa, en Medellín, durante más de diez años, hasta su muerte en esa ciudad, en 1883 218. Decían las antiguas leyendas de Medellín que, en sus últimos años de melancolía y retiro, el Conde Bourmont sólo hallaba regocijo instalándose todas las tardes, en cierta esquina, para ver pasar a una dama muy bella, que era la viuda del general Antonio Acosta219. 228. Poco después de que llegara Lutz, el gobernador provincial de Antioquia, don Rafael María Giraldo, trajo a Medellín, en 1856, al químico español Francisco Flórez Domonte, a enseñar la materia en el Colegio del Estado de Antioquia. Medellín albergaba en ese momento alrededor de 20.000 habitantes. Se le reconocía un salario extraordinariamente alto, como solía ocurrir con los extranjeros que venían por encargo de entidades oficiales. Además, estaba autorizado para hacer asesorías técnicas a particulares, y en ese plan cobraba para hacer un análisis de pureza de oro, una suma altísima para su época: 12 pesos y 80 centavos220. Pero cuando los hermanos Vicente y Pastor Restrepo establecieron su laboratorio de fundición y ensayes, Flórez se vio obligado a rebajar esa tarifa. Flórez duró muy poco en esta misión, principalmente por sus fricciones fuertes con los funcionarios oficiales y por las dificultades fiscales del Estado, que no pudo pagarle los altos emolumentos que cobraba, de manera que en 1859 se volvió a su país. Pero en esos tres años formó un grupo de estudiantes que después fueron profesionales distinguidos en la 218

Se diría que el fallo no afectó tan duramente a Moore, porque quizás éste ya tenía otras muy buenas inversiones en Antioquia, teniendo en cuenta que continuó en plena actividad económica, por el resto de su vida, en Medellín y en Bogotá. 219 Venido desde Bogotá en 1877 como general de brigada en el ejército del Estado Soberano de Cundinamarca, en la coalición liberal de los que derrotaron e invadieron Antioquia. El General Acosta murió en la estúpida guerra religiosa de 1876, cuando era perseguida por otro general liberal, el General Prudencio Tolosa. 220 Recordar que un peso equivalía a un dólar, y que éste tenía en ese tiempo un poder de compra del orden aproximado de unas cien veces mayor, o algo más, que el dólar de hoy, en 2010.

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ingeniería y en la química, o esforzados y exitosos empresarios, como los señores Mario Escobar, Ildefonso Gutiérrez, Liborio Mejía (hijo del héroe de su mismo nombre), Francisco de Paula Muñoz (futuro gran ingeniero) y Pastor Restrepo, Andrés Posada Arango (futuro gran médico y botánico), Cándido Restrepo, Cándido Molina, e inclusive otros alumnos que después se convertirían en abogados.

EL ACERO DESPLAZA A LAS FERRERÍAS

229. El invento de métodos para producir acero (que es hierro con contenidos de carbón inferiores a 2% y superiores a 0,2%), en grandes cantidades y a muy bajo costo, revolucionó en el mundo entero, no solamente a la industria siderúrgica, sino a toda la tecnología metalmecánica que usa máquinas, aparatos y herramientas metálicas. En agosto de 1856, Henry Bessemer, en Inglaterra inventó el método de soplado de aire al arrabio salido del horno y refundido a líquido, en una especie de enorme “pera” con entrada del aire por el fondo, lo cual quema el exceso de carbón (principalmente), de azufre y de fósforo, pasándolo a la condición de acero indicada arriba, al cual se le pueden adicionar metales que le dan propiedades especiales, como el manganeso, que le da muy alta dureza al acero, o el silicio, que le da especiales cualidades magnéticas. Pocos meses después los dos hermanos alemanes Charles William y Frederik Siemmens, en Inglaterra, inventaron el método llamado “de hogar abierto” (“open hearth furnance method”) y, casi a renglón seguido, lo reinventaron en Francia, independientemente de los anteriores, los hermanos Pierre y Émile Martin. Por eso se le dice hoy “Método de Siemmens-Martin”. En consecuencia, desde el decenio de los años sesentas, los equipos, las herramientas y las máquinas que llegaban a las minas, a los ferrocarriles, a los talleres y a las pocas fábricas, empezaron a ser de acero, en su mayoría, y ya no de hierro forjado ni de hierro fundido. Es indudable que esta radical innovación tecnológica, en Colombia, tuvo una incidencia económica desfavorable para las ferrerías existentes, porque ninguna de las cuatro que funcionaron en el país, pudo producir acero propiamente dicho, así que los productos importados, de este metal, desplazaban rápidamente a los productos de hierro, por ser el acero más duro, más resistente, más duradero y más económico que el mismo hierro maleable (“wrough iron”). La Pradera llegó a producir rieles para el tendido de la carrilera del ferrocarril de la Sabana, de Facatativá a Bogotá, en 1886. Esto produjo manifestaciones públicas de alegría patriótica en Bogotá, como se ve en la ilustración de un artista de la época, que se muestra en página vecina. Pero hay testigos fidedignos que dicen que estos rieles se rompían fácilmente al paso de los trenes. Es probable que fueran de buen hierro forjado (“wrough iron”) de bajo carbono, pero quizás tenían exceso de silicio, elemento que hace frágil al hierro y al acero. Sobre esta notable realización técnica de la Ferrería, el Ingeniero Rafael NietoParís escribió un importante artículo en la revista Anales de Ingeniería (Vol. 3, No. 89, 1889), de la Sociedad Colombiana de Ingenieros. En ese mismo año, esa misma empresa había fabricadolaprimera máquina de vapor que se hicieraen colombia, locual fue un verdadero alarde de capacidad técnica e industrial, y sobre lo cuakl el mismo Ingeniero hizo un artículo explicativo y encomiástico en la misma revista (Vol. 3, No. 29, 1889). 230. Rafael Nieto París fue un nieto del General Joaquín París Ricaurte, héroe de nuestrasguerras de Independencia. Hijo el Coronel Pedro Ferancisco Nieto Fernández y de 179


doña Dolores París Bilbao, nació en Neiva en 1839. Tuvo una hermana menor, llamada Concepción Nieto París. Su padrecombatió enla guerra cidil “de los Supremos” o “de los conventos” en 1840 y 1841, en el bando de los “pre-liberales”, bajo el comando del General José María Obando. Habiendo sido derrotado este partido, Nieto fue desterrado por el gobierno “pre-conservador” del General Pedro Alcántara Herrán, y los Nieto París fuerona vivirenla ciudad de Guatemala. Allí recibió el joven neivano su educación primaria y secundaria, en el colegio de los padres jesuítas. En 1857, a sus 18 años , viajóa Boston a estudiar Ingeniería Civil en la Universidad de Boston, donde estudió durante los cuatro años reglamentarios en Estados Unidos (que allá denominan freshman, sophomore, junio y senior) y allí se graduó al final del año de 1862. En ese año ya estaban en Colombia, en el poder, los liberales radicales, con los cuales Nieto simpatizaba, y elIngeniero decidió volver a Colaombia con la familia. Fuénombrado director del Observatorio Nacional por el gobierno de Murillo Toro. También fue profesor de Física en el Colegio de San Bartolomé, y fue después profesor de Astrnomía y Geodesia en el Instituto Politécnico de Ingeniería, que Mosquera había reabiero y rebautizado en 1861. En el Observatorio hizo numerosos trabajos científicos, y entre ellos una modificación al método de Bessel para calcular el movimiento de la Luna. Cuando en 1880 Núñez, en su primer período (que fue muy fructífero), fundó una Escuela Militar Nacional, Nieto París sirvió allí como profesor de Astronomía y Geodesia, hasta 1885, cuando estalló la guerra civil de eseaño. En 1865 se casó con doña Nicaanora de los Dolores García Torres, con quien habría de tener tres hijas: María Isabel, María Matilde y Clementina Nieto García. Ejerció su profesión en el terreno, como ingeniero al sol y al agua, haciendo el trazado de un ferrocarril llamado “del Carare”, que no se construyó entonces, y que solamente en 1925 sería iniciado por el gobierno del General Ospina. Posteriormente trabajó en la labor de desagüe de la Laguna de Fúquene, iniciada por el Gobierno Nacional. El brillante Ingeniero Nieto desplegó en el Observatorio admirables aptitudes inventivas: allí inventó un taquímetro especial (instrumento óptico usado enonces para medir distancias lejanas, muy usado en Agrimensura y en Artillería, muy similar al telémetro binocular, que se usó hasta ca. 1885); un reloj eléctrico de precisión para medir la longitud geodésica del Observatorio de Bogotá con relación al Observatorio de Greenwich en Londres; un espejo reflector de imágenes estelares, y otros aparatos para laobservación astronómica de alta precisión. Pero su mayorpasión fueron la Matmática y las Ciencias Naturales; y tuvo siempre un especial interés por la Geometría Métrica, por la Geometría Analítica y por el Cálculo Infinitesimal (como se le decía entoces a nuestro Análisis Matemático de hoy), y por las aplicaciones de estas bellas ciencias a la Física, la Mecánica y la Astronomía. Fue uno de los fundadores de la Sociedad Clombiana de Ingenieros y de la revista Anales de Ingeniería y en esta publcación colaboró asiduamente con artículos sobre Matemáticas, Astronomía, Geodesia y Meteorología, unos de carácter teórico y otros de carácter experimental u observacional. Entre los primeros merecen mencionarse especialmente los que se refirieron a los tres problemas clásicos de la Gemetría Euclidiana: la cuadratura del círculo, la trisección del ángulo y la duplicación del cubo, para loscuales presentó la historia de los fracasado esfuerzos por resolerlos, y algunos métodos mecánico y numéricos aproxiados para resolverlo. Él alcanzó a entrever que no serían rigurosamente resolubles con regla y compas, tal como lo demostrara el matemático alemán Karl Fredrich Gauss. En uno de esos artículos presentó el poema que él mismo inventó, dando vado a su vena poética, para recordar una largasucesión de los primeros 33númerosdígitos del 180


número “pi” (π), poemaen el que cada palabra tiene el número de letras que indica el dígito que está en la misma posición en la seecuencia de palabras, así: Soy π, lema y razón ingeniosa, De hombre sabio que, serie preciosa, Valorando encontró magistral. Con mi ley singular bien medido El grande Orbe, por fin reducido Fue al sistema ordinario real. Arquimedes, en ciencia preciado, Crea π, monumento afamado Y aunque intérmina dio valuación Periferia del círculo, supo, Duplicando geométrico grupo Resolver y apreciarle extensión. Teorema legó memorable Como raro favor admirable De la espléndida ciencia inmortal; Y amplia ley, filosófica fuente De profunda verdad y ascendente Magnitud descubrió universal. Las palabrs anteriores representan, cada una y en su órden, a los siguientes números dígitos, escritos en el mismo órden: 3. 14159 26535 89793 23846 26433 83279 50288 41971 69399 37510 58209 74944 59230 78164 06286 20899 ……………., y sigue sin término, porque π es, como se dice en Aritmética Superior, un número no-racional, es decir, que no se deja representar por un quebrado ni por un número con deimales finitos. Por las circunstancias de exiliado en su juventud, y por su formación profesional en el exterior, Nieto fue casi un inigrante a Colombia. Pero por sus ancestros, por su cuna neivana, en su espíritu y por toda su fecunda vida, fue un fervoroso colombiano. Se podría decir de él, como de José María Cabal, de Pedro Uribe Gauguin, del General Joaquín Acosta, de Armando Dugand y de muchos otros de los personajes que aquí presentamos, que fue un gran cerebro colombiano recuperado por nuestro país, que nos trajo del exterior las luces de la nueva ciencia y de la mejor Ingeniería de su tiempo. 231. En 1864 gobernaba al país el eximio presidente Manuel Murillo Toro. Había 2‟694.487 habitantes, según el censo oficial de aquel año, ordenado por el mismo Presidente. El país abarcaba 1´569.900 km2, es decir, que era casi 40% más extenso que el de hoy221. En el Estado Soberano de Antioquia era Presidente el gran gobernante liberal

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No nos habíamos dejado usurpar las enormes extensiones (del orden de 40 millones de hectáreas) que les entregamos después, gratuitamente, al Brasil, al Perú y a Venezuela, y hasta al débil Ecuador; los países vecinos que nos timaron jugándonos con mapas falsos y con amenazas o ataques armados con que nuestros

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Pascual Bravo. El Estado tenía 330.000 habitantes. Su forma geográfica y su área eran muy diferentes a las de hoy, porque el territorio tenía una gran extensión que después pasó al departamento de Caldas, pero carecía del extenso territorio de Urabá, que estaba incluido, absurdamente, en el Estado del Cauca, y que solamente se le reintegraría a Antioquia en la reforma constitucional de 1910.

LA FERRERÍA DE AMAGÁ 232. En aquel lejano año mencionado, el Estado de Antioquia, que disponía de sus recursos naturales (según la Constitución de 1863), le otorgó a los señores Francisco Antonio Álvarez, Pascasio Uribe y Eugenio Martín Uribe el “privilegio” para establecer una ferrería en el Estado. Llamaron al ingeniero francés Jean Pierre Boudelot para identificar las fuentes de mineral, de carbón, de calizas y de arcilla, y para elegir el sitio mejor para la planta. Escogieron el paraje de La Clara, muy cercano a la población de Amagá. Como ingeniero jefe del montaje vino el francés Pablo Bossement, quien llegó en 1867. Allí montaron los equipos: máquinas para la preparación de minerales; horno de coquización (o pirolisis, como se dice hoy); básculas; alto horno y accesorios; forja (que no funcionó porque nunca se pudo producir hierro forjado); horno de refundición y desescorificación; cubilote para fundir hierro gris; carpintería para modelos de piezas, en madera; máquinas para preparación de arenas de moldeo; y taller. La ferrería era un poco más pequeña que las de Pacho, de Samacá y de La Pradera. En 1867 el alto horno comenzó a producir metal, pero desde el principio se negó a producir hierro maleable, lo cual intentaron los ingenieros usando la forja para convertir el arrabio en hierro forjado. Pero el arrabio se rompía y la forja pronto quedó sin uso. Nadie ha hecho el estudio de por qué ocurrió así, pero este autor está convencido por sus conocimientos profesionales, de que aquello ocurrió por dos factores principales:  La calidad pobre de los carbones de la región de Amagá, que son muy altos en materias volátiles, bajos en carbono fijo, , muy altos en cenizas, y de bajo poder calorífico (alrededor de 6.250 calorías pequeñas por gramo, cuando el de un buen carbón término debe ser de 7.000 calorías por gramo o algo más), lo que hace a aquéllos, carbones malos coquizantes; y  El alto contenido de azufre de los mismos carbones, debido a contaminación con los suelos, que en esa región están constituidos por gruesas capas de ceniza volcánica muy sulfurosa y fosfórica, procedente de antiguas erupciones del volcán nevado del Ruiz, la misma que, por su contenido de estos dos elementos, es muy rica como suelo para sembrar café, producto en el cual esa región es, precisamente, muy rica, como todas las regiones vecinas de ese volcán nevado en Antioquia, el viejo Caldas y el Tolima.

Los dueños se habían comprometido, al recibir el “privilegio”, a producir 1.200 toneladas por año de hierro colado, forjado y maleable. Después de un lento proceso de crecimiento, gobernantes y diplomáticos se dejaron chantajear. Además, en ese momento la pequeña Panamá, con sus 2.3 millones de hectáreas, todavía era colombiana.

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la producción de hierro crudo (o arrabio) llegaba a esa cifra. Pronto la empresa se dedicó solamente a producir hierro gris, y, con éste, desde 1869, a fabricar aparatos y piezas de hierro colado (o fundido, como se dice hoy más comúnmente). Baudelot se fue (o lo despidieron) y la empresa trajo al ingeniero de minas francés Eugene Bonnet, que sirvió como ingeniero jefe en la época de los primeros años setentas. En ese momento era la empresa industrial más importante del Estado de Antioquia. Fabricaba despulpadoras de café, trapiches para caña, piezas mayores de trilladoras de café, bombas rotativas de agua, válvulas de guillotina para agua, arietes hidráulicos, cucharas para turbinas Pelton, zapatas de hierro para molinos de pisones y repuestos para todas estas máquinas. Cuando Bonnet cumplió los tres años de su servicio según contrato, la empresa contrató al químico Eugenio Lutz (de quien ya se habló) para reemplazarlo. Lo que dicen los documentos sugiere que Lutz fue menos exitoso que Bonnet, lo cual es muy explicable porque aquél tenía, simultáneamente, muchas otras actividades: enseñaba en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Antioquia; asesoraba minas; hacía ensayes de minerales privadamente, cobraba alto; trabajaba en la Casa de Moneda, donde puso una fábrica de ácido sulfúrico que funcionó mal. No sería raro que lo hubieran despedido, o que, con ocasión de sus pocos resultados se hubiera vuelto a Europa. En todo caso siempre fue muy bien pagado: ganaba 1.800 pesos oro, anuales, mientras el Presidente del Estado ganaba 1.200 pesos oro. Hacia 1876 llegó a Medellín, como profesor de la Escuela de Artes y Oficios y asesor técnico de la Casa de Moneda de Medellín, otro ingeniero francés 222. Este personaje se llamaba Edouard Amours, y cuando cumplió su contrato con el gobierno del Estado, fue llamado como director de la Ferrería, en 1881 y éste sí obtuvo muy buenos resultados técnicos y económicos porque organizó y racionalizó mucho mejor que sus antecesores, los procesos productivos en la planta, aunque recibió la empresa en medio de una serie de crisis financieras y metalúrgicas. Finalizando el siglo, a Amours lo sucedió el ingeniero Pedro Nel Ospina. Con la gerencia del ingeniero Ospina, la ferrería se restableció de los problemas técnicos y financieros que había sufrido recurrentemente. Así pudo entrar al s. XX con cierto éxito, y pudo beneficiarse de la bonanza económica que surgió gracias a las sabias reformas del Presidente Reyes (1904−1909). En 1916 la ferrería instaló un nuevo alto horno, capaz de producir dos toneladas diarias de arrabio. Ocupaba entonces 60 trabajadores. Gracias a las mejoras técnicas que implantó el ingeniero Ospina, la Ferrería entró entonces a producir equipos más complejos, como turbinas tipo Pelton (para impulsar generadores y molinos de pisones), bombas para agua, válvulas de guillotina para agua y montacargas. En 1914 llegó a la población de Amagá la línea férrea que venía de Medellín, lo cual le amplió y le acercó el mercado a la ferrería. En esta forma trabajó a lo largo de todos los años 1920. En 1931 terminó de construir un horno nuevo, más grande, con capacidad de cinco toneladas diarias de arrabio, con soplado de aire caliente, pero en ese momento estalló la Gran Crisis económica en el mundo, y la empresa no pudo sobrevivirla.

LAS ESCUELAS DE INGENIERÍA EN ANTIOQUIA

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La preferencia por los franceses como profesores se debía a que ellos aprendían el castellano muy pronto y lo hablaban bien, a diferencia de los alemanes y de los ingleses. Esta ventaja hacía que los galos fueran preferibles para los estudiantes.

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233. En 1874 el Estado Soberano de Antioquia tenía ya una serie de actividades que reclamaban el trabajo de ingenieros que en ese momento casi no había en su jurisdicción, o que si los había, estaban ocupados en las grandes empresas mineras. Esas actividades eran varias: la construcción de caminos de herradura y para carretas, la expansión de la minería; las industrias fabriles que comenzaban; el tendido de líneas de telégrafo alámbrico, la próxima iniciación del ferrocarril del Estado, la necesidad creciente de puentes por el crecimiento de la población y del comercio interno: en efecto, la población, que en 1851 era de 244.442 (según el censo oficial), había pasado a 365.974 en 1871 y aumentaría a 440.364 en 1883 (sin incluir los municipios que después serían del departamento de Caldas). La caudalosa corriente migratoria que iba a los actuales departamentos de Tolima, Caldas, Risaralda, Quindío y dentro de la misma Antioquia, demandaba caminos, trazado de nuevos pueblos, construcción de iglesias y más obras. Medellín, que registró 29.760 pobladores en 1871, pasó a más de 35.000 en 1880 y a 42.600 en 1890. Las muchas poblaciones de Antioquia, Caldas y el Tolima que fueron fundadas en esos años, requerían obras públicas y reclamaban ingenieros civiles y de minas223. 234. Fue esto lo que llevó al presidente del Estado Soberano de Antioquia, D. Recaredo de Villa, a crear en la Universidad, la primera Escuela de Ingeniería que hubo en Medellín. La fundó por decreto del 10 de febrero de 1874, y recibió sus primeros alumnos en julio del mismo año. Entre sus profesores estuvieron durante la corta vida de la Escuela, el ingeniero civil y militar Luis María Tisnés Marulanda, los profesores Christian Siegert y Gustavo Bothe, y el Sr. Tulio Ospina, quienes enseñaron Matemáticas, Química Mineral, Geografía y Mineralogía. Pero los obstáculos fueron muchos: no había laboratorios; tampoco había profesores con experiencia en minería, en electricidad ni en mecánica. Y lo peor de todo: al año siguiente este Estado se alió con el del Tolima y se embarcaron en la trágica guerra religiosa de que ya se habló, y que aquéllos perdieron en 1876. Antioquia quedó arruinada en su erario, fue ocupada militarmente por las tropas vencedoras, y el general Julián Trujillo, comandante general de éstas, se auto-nombró Presidente del Estado Soberano de Antioquia. Este fue sucedido en la Presidencia por el semibárbaro “General” Tomás Rengifo, un sectario “liberal-radical” y furibundo anticatólico que tomaba las iglesias como pesebreras para sus caballos y como cuarteles para su tropa, y torturaba con fuego a los sacerdotes de la católica Antioquia 224. Naturalmente la Universidad de Antioquia casi fue cerrada por falta de recursos fiscales. Sólo subsistieron las Escuelas de Medicina y de Derecho. La de Ingeniería se cerró en 1880, con la firma del brutal “Presidente” Rengifo. Los alumnos tuvieron que ir a buscar otras tierras para terminar su accidentada carrera. Entre ellos estaban José María Villa, Francisco de Paula Muñoz, Fabriciano Botero, José María Escovar Escobar, Joaquín Uribe,

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El de Caldas en ese tiempo era también un departamento rico en minas de oro, de socavón y de aluviones. Siendo niño, en 1935, y viviendo en Sonsón, su solar natal, este autor oyó varias veces los comentarios aún indignados sobre las barbaridades del ejército caucano, al mando de Trujillo y de Rengifo (especialmente éste), como usar la iglesia del pueblo como pesebrera para sus caballos y quemar los pies a sacerdotes y monjes. 224

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Gregorio Pérez y otros que se mencionarán más abajo, quienes partieron para Estados Unidos, los unos, y para Francia, los otros225.

FERROCARRIL DE GIRARDOT

235. Las etapas iniciales de la construcción del ferrocarril de Girardot a Bogotá fueron difíciles, conflictivas e indignantes. El propósito de construir esa vía era aprovechar los vapores del Alto Magdalena, que ya llegaban a ese pequeño puerto, y conectarlos con la Capital para llevar y traer pasajeros y carga (especialmente café de exportación y mercancías variadas de importación). Inició la obra en 1881, por contrato de concesión con el gobierno de Núñez, el ingeniero Francisco J Cisneros, cuando Girardot era un pequeño caserío de chozas pajizas. Durante cuatro años trabajó allí Cisneros. Por lo menos uno de sus ayudantes, el ingeniero payanés Rafael Arboleda Mosquera, murió de fiebre amarilla en Apulo. En 1885 estalló la guerra civil “nuñista” y Cisneros tuvo que devolver el contrato, porque el gobierno no le pagaba lo comprometido, debido a que el Erario Nacional estaba consagrado a los gastos de la guerra. En 1888 se inauguró el primer tramo, de Girardot a Tocaima. Entonces siguió una batahola de proponentes, “robber barons”, contratistas, compradores, traficantes, incumplidores y engañadores al Gobierno, durante siete años, hasta que finalmente llegó una compañía inglesa, The Colombian National Railway Company Co Limited, que recibió el contrato, se hizo cargo de la obra, y a unos dos o tres años llegó hasta a aceptar una participación del Estado en el capital y en la administración de la empresa. En 1896 esta compañía reinició la construcción. En los primeros días de este período, los socios londinenses mandaron una comisión de ingenieros para reparar lo ya hecho (que en siete años de abandono estaba semidestruido), e iniciar el avance hacia Anapoima. La comisión venía dirigida por el ingeniero John Carles Gibney. Pero, a poco de llegar, Gibney y cinco de sus ingenieros, murieron en Girardot y en otros sitios cercanos, en el año de 1900, abatidos por la misma fiebre amarilla que había matado a Arboleda. La compañía anglocolombiana continuó su muy difícil trabajo de ascenso a la Sabana de Bogotá, con túneles, viaductos vertiginosos, “switches” de avance-reversa, pendientes largas del 4%, por lo arriscado del terreno, sumado a la geología y la gran diferencia de altitudes entre Girardot (310 m) y el punto más alto (2.850 m, cerca de Facatativá). Tampoco faltaron fricciones entre los socios ingleses y el socio Gobierno. Finalmente, en 1907, por la insistencia enérgica del general Reyes, la línea llegó a Facatativá y empató con el Ferrocarril de la Sabana. Gibney y sus compañeros, desafortunadamente, no dejaron ningún recuerdo en Colombia. − INDUSTRIALES E INGENIEROS INMIGRANTES

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Luis María Tisnés Marulanda nació en Sonsón en 1850.Viajó a Bogotá e ingresó al Instituto Politécnico y Colegio Militar, refundado y rebautizado por Mosquera, en 1867. En 1871 se graduó como Ingeniero Civil y Militar. Fue el primer antioqueño en obtener el grado de ingeniero. Quien esto escribe considera, por varias consideraciones serias, que su padre francés, don Gabriel Tisnés, lo envió a Francia, por uno o dos años, a avanzar en sus estudios, pero no tiene documentos para probarlo. En la primera Escuela de Ingeniería que hubo en Medellín, enseñó Álgebra, Geometría y Trigonometría. Después sería uno de los profesores fundadores de la Escuela Nacional de Minas, en 1888. En la bibliografía se cita un extenso artículo escrito por este autor sobre la vida y las obras de Tisnés.

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236. Reinhold Wolff fue uno de los personajes que Mr. James Tyrrell Moore trajo a Colombia al regresar de su viaje a Alemania en 1855−1856. Nació en la población alemana de Christianstadt en 1837, en el hogar israelita de don Johann Ernest y doña Ernestine Thilak. Se educó y entrenó como mecánico y fundidor profesional. Vino a Antioquia por recomendación de compatriotas suyos que ya trabajaban aquí y por solicitud personal de Moore. Llegó al país en 1874, cuando era Presidente de Colombia el Dr. Manuel Murillo Toro, y Presidente del Estado Soberano D. Recaredo de Villa. Precisamente, ese año el Presidente de Villa firmó el contrato con Cisneros para construir el ferrocarril Puerto Berrío − Medellín. Wolff se radicó en Sitioviejo (caserío del municipio de Titiribí), cerca a las dos grandes plantas metalúrgicas de las que ya se habló, una de El Zancudo, y otra de Moore. Con sus modestos ahorros montó un taller pequeño de cerrajería y mecánica para reparar máquinas de minería y de industria, y para fabricar repuestos, el cual pronto comenzó a crecer hasta llegar a ser la más importante fundición y fábrica metalmecánica de Antioquia. Allí, en su taller de Sitioviejo, Wolff construyó el primer molino californiano en hierro y acero, que se hizo en Colombia, con 12 pisones. En 1862 se casó en Titiribí con doña Gertrudis Escobar Quijano. En 1881 se asoció con D. Reinhold Paschke e inversionistas antioqueños para formar una nueva empresa cerámica. Esta sociedad trajo de Alemania un experto ceramista −Herr Max Bohro, a quien ya se mencionó− y así fundaron la Locería y Vidriería de Caldas. Después de 21 años de matrimonio, en 1883 enviudó. Fue a su patria, se volvió a casar, ahora con su prima María Wolff, y regresó a Antioquia. Se residenció en la población de Caldas (20 km al sur de Medellín) y allí estableció otra vez un gran taller metalmecánico, análogo en funciones al anterior. Allí enseñó a fundir y a construir bocartes, despulpadoras, trilladoras, trapiches, arietes hidráulicos, ruedas hidráulicas, molinos californianos y otras máquinas industriales y mineras. En eso trascurrió el resto de su vida, y educando una numerosa prole. Falleció en Titiribí en 1901. Numerosos descendientes suyos viven aún en Antioquia y en otros sitios de Colombia, incluyendo entre ellos al actual Gobernador de Nariño, el Sr. Navarro Wolff, antiguo jefe guerrillero. 237. La Compañía Francesa del Nechí fue una de las dos compañías de capital francés que operaron en Antioquia (y en Colombia) a finales del s. XIX. Como su nombre lo dice, la empresa explotaba las ricas arenas auríferas de las playas de río Nechí, afluente del Cauca, en Antioquia. Era una empresa innovadora que, hacia 1870, trajo una de las primeras grandes dragas flotantes con brazo sumergible de cucharas que se vieron en Antioquia, varias bombas mecánicas hidráulicas, y un pequeño vapor para el transporte de su personal y de sus materiales. En ello invirtió 765.000 francos, que equivalían entonces a unos 153.000 dólares226. Desafortunadamente, la draga funcionó mal, resultó muy pesada y hubo de ser desechada, y una creciente del río hizo zozobrar el pequeño vapor.

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EL PRIMER INGENIERO-GEÓLOGO Y OTROS MINEROS

Un dólar de entonces tenía más poder de compra en el Mundo que cien y más dólares de hoy (año 2010).

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230. Al llegar a Marmato en 1835, como Director de las tan mencionadas minas de la Western Andes, el Sr. Degenhardt encontró una notoria escasez de personal calificado. Ya se habían ido de allí Bayer, Moore y los otros ingenieros alemanes e ingleses que habían venido a partir de 1825. Por esa razón, el Director procedió a traer de Alemania varios obreros técnicos especializados en minería. Gallo [2009] menciona a uno de ellos, el Sr. L. Dünemann (posiblemente formado en Freiberg), y dice que llegó a Colombia en 1846 227. Otro de esos técnicos auxiliares de Degenhrdt fue Herr Wagner, a quien nos referimos en otra parte. 231. A las minas de la Frontino and Bolivia Gold Mines llegaron también varios ingenieros que dejaron sus conocimientos y su experiencia en Antioquia. La mayoría de ellos, probablemente, volvieron a su tierra natal, pero varios permanecieron ejerciendo el magisterio de su trabajo esforzado y fructífero, como lo hicieron los tres hermanos Roberto, John Henry, y Franklyn White Blake, quienes nacieron en la ciudad portuaria de Cowes, en la isla inglesa de Wight situada en el Canal de la Mancha, en el matrimonio de un oficial naval, Mr. Robert White y su esposa Mrs. Louise Blake. Eran descendientes de una familia muy antigua de marinos, armadores e ingenieros. Roberto, el mayor de los White, nació el 10 de septiembre de 1840. Estudió y se graduó como ingeniero civil en el Queenswood College, en Londres. Movido quizás por lo que en Londres se decía sobre la riqueza aurífera de la Nueva Granada, vino a Popayán en 1867 con su hermano Franklyn. Pronto el Estado lo encargó de un trabajo enorme (en esos tiempos) y, en consecuencia, en 1870 llamó a John Henry para venir a colaborarles en la misión. El gobierno del Estado Soberano Cauca les dio la tarea de hacer los estudios previos para establecer la navegación a vapor en el rio de ese nombre, desde Cali hasta Cartago, y de importar los barcos requeridos para iniciar ese transporte fluvial. El contrato se hizo como una “concesión”, a riesgo financiero de los contratistas. John Henry se incorporó al equipo y los tres lucharon denodadamente durante cinco años. Pero la guerra civil de 1876, a la que el Estado del Cauca dedicó su todo su erario; la carencia de instrumentos de ingeniería; la falta de personal auxiliar calificado; la oposición de los barqueros transportadores en el río, que veían venir una competencia durísima; la imposibilidad material de importar los buques; y otras dificultades insalvables, frustraron su misión. Luego el mismo Estado encargó el mismo trabajo para el río Patía, y de la misma manera, y por las mismas razones, los White tampoco tuvieron éxito. En estas dos empresas, los hermanos perdieron todo el apreciable capital que habían traído de su patria. Pero el influyente general Mosquera, quien había apreciado las altas calidades de los tres ingenieros, contrató con ellos la construcción de un camino carretero (como los que se describen en otro acápite de este documento), desde Cali hasta el río Dagua, en un punto cerca a su desembocadura, donde el río ya es navegable por embarcaciones menores. Los hermanos construyeron parte del camino, pero no todo, por falta de recursos financieros. El camino había sido trazado por el ingeniero Zawadski, a fines de los años cuarenta, y al retirarse los White, éste mismo terminó la construcción. Roberto se trasladó a Antioquia alrededor de 1878 o 1879 y se dedicó a trabajar en minas, unas veces por su propia cuenta, y otras con las compañías europeas. En 1880 contrajo matrimonio en Medellín con doña María del Rosario Uribe, quien, con el tiempo le daría 227

Con el debido respeto a Gallo, este autor cree que, si lo trajo Degenhardt, el minero dicho debió venir antes de 1840.

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seis hijos, de los cuales sobrevivieron cuatro: Roberto J., Alicia, Eduardo y Luisa. El resto de su vida lo dedicó a la minería. Buscando y evaluando minas recorrió casi toda Antioquia, gran parte del Chocó y de lo que es hoy el departamento de Caldas (que entonces era, casi del todo, parte de la antigua Antioquia). Don Roberto identificó y cuantificó el total de las reservas mineras de rocas auríferas y argentíferas de la región de Titiribí, lo cual permitió que varias minas de filón, que ya habían sido abandonadas se volvieran a explotar, profundizando los socavones o abriendo otros nuevos. Roberto y su hermano John Henry administraron en Remedios (Antioquia) las grandes y muchas minas de la Frontino and Bolivia Gold Mines 228. Posteriormente fue director de las minas El Silencio, La Cecilia y El Tigre, en Frontino, donde se quedaron viviendo algunos de sus hijos. Don Roberto recogió una extensa información científica sobre flora, fauna, minerales y climas de las varias regiones de Colombia que recorrió; información que enviaba en forma de monografías a Londres y a París, donde, por los méritos de estos trabajos, fue elegido como miembro de sociedades científicas. De sus muchos estudios de este tipo, tal vez el más extenso que sobrevive es el Report on the Rivers San Juan, Sipí y Tamaná. A comienzos de 1886 don Roberto fue contratado por el gobierno del Estado Soberano del Tolima, presidido por el general Manuel Casabianca, ultracconservador en política pero progresista como gobernante, para dirigir la Junta de Minas de ese Estado, recién establecida, para encabezar una comisión “científica” encargada de explorar todo su territorio “en busca de minerales valiosos” y para establecer en Ibagué una casa de fundición y ensayes de esos metales. En ese entonces ese Estado muy extenso cubría los actuales departamentos del Huila y del Tolima, desde el río Suaza, al extremo sur del primero, hasta el río La Miel, en la frontera norte del segundo. Don Roberto estableció formalmente la Junta; y luego, durante meses recorrió con su comisión todo ese extensísimo territorio, desde las orillas del río La Miel, lindero con Antioquia, al sur de La Victoria (en el actual departamento de Caldas), hasta la remota aldea (hoy municipio) de Guadalupe, en el extremo sur del Huila, junto al río Suaza. La comisión de White hizo numerosos hallazgos de oro de aluvión en ríos y quebradas, especialmente en los ríos La Plata, Saldaña (en particular en Ataco y en Coyaima, como lo había señalado Cochrane), Lagunilla y Gualí; y vetas de oro en Ibagué, en la Cordillera Central y en El Fresno, al norte del Estado, y presentó su informe al final del año. Pero en ese momento ya se había expedido la Constitución nuñista de 1886, que le quitó a los antiguos estados soberanos sus potestades sobre recursos minerales, para reservárselas a la Nación, y por eso el Tolima no pudo tener su casa de fundición y ensayes 229. 228

Estas minas habían sido adquiridas en los primeros años treinta del s. XIX por el abogado “malinche”, de mala recordación, D. Florentino González, a pequeños mineros nacionales, por unas pocas libras esterlinas, a nombre de la compañía inglesa, por lo cual debió recibir una jugosa comisión. Esta empresa, típicamente imperialista duró enriqueciéndose con ellas hasta finales de 1971 (¡más de 140 años!), cuando, a raíz de la decisión de los Estados Unidos de abandonar el precio fijo de 35 dólares por onza troy, fijado en 1934 durante la Gran Depresión, se formó la compañía colombiana Mineros S.A., que compró las minas a los ingleses. Éstos se fueron sin cancelar muchas deudas laborales a sus ex obreros, a los cuales les “pagó” entregándoles algunos socavones casi agotados y peligrosos, que estos hombres y sus familias siguen laborando hoy para subsistir. En la historia de Colombia es tal vez el caso más vergonzoso de sometimiento a explotación colonial, de los muchos que han tolerado nuestros gobiernos en los 200 años de la República. 229 En el año siguiente, 1886, la Ley 60 de dicho año, propuesta y promovida en el Congreso por el senador don Tulio Ospina Vásquez, ordenó la creación de sendas Escuelas Nacionales de Minas en Pasto, en Ibagué, en Medellín y en Rionegro. Los ibaguereños y los pastusos no se interesaron nunca en abrir sus respectivas

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En 1902, recién terminada la guerra civil de los Mil Días, el ingeniero Robert White fue llamado a Anorí a inspeccionar unas minas. Allí contrajo una disentería infecciosa que lo llevó a la muerte en Amalfi en 1908. Él y su hermano John Henry dejaron una progenie que ha dado numerosos ingenieros, funcionarios públicos y particulares, abogados y otros profesionales a Colombia.

LA PRIMERA CARRETERA DE BOGOTÁ A LOS LLANOS

232. De Bogotá a Villavicencio existía un camino de “herradura” con fuertes pendientes, que en épocas lluviosas era un fangal de extremo a extremo, y en época seca era un polvero de 20 leguas o algo más. En muchos sitios había que pasar las bestias, los cargueros y los viajeros, uno tras otro porque el estrecho camino estaba bordeado, a un lado, por un talud altísimo, y al otro, por un precipicio insondable. La carne necesaria para abastecer a los 40.000 bogotanos, con una ración diaria de unos pocos 125 gramos por persona/día, requería transportar unas 0 −12 reses diarias por ese dificilísimo camino. En 1867 el presidente Santos Acosta Castillo, médico y militar liberal, contrató a través de la embajada en Londres, al ingeniero William Turnbull para venir a dirigir la construcción de una nueva vía de Bogotá a Villavicencio, de las que entonces se llamaban “carreteras”, es decir un amplio camino de ruedas. Los Llanos eran la fuente mayoritaria de ganado y de otros productos agropecuarios para la Capital. Turnbull llegó y comenzó la obra, cuando ya gobernaba el general Santos Gutiérrez Prieto. Desde tiempos coloniales había existido un camino “de herradura” de la Capital a Villavicencio, por el cual escaparon en 1816, después de las derrotas de la Cuchilla del Tambo y del Páramo de Cachirí, los restos del ejército patriota a los Llanos, por Cáqueza y siguiendo el Río Negro, incluyendo en ellos a Santander, Córdova, Serviez, Castelli, José Hilario López. Joaquín París y otros combatientes patriotas. Quien haya recorrido la actual carretera de Bogotá a esa ciudad (ya muy mejorada) se dará cuenta del trabajo ímprobo de trazar y construir una vía de ese tipo, en aquel tiempo, por encima de la abrupta y anchísima cordillera Oriental, con sus durísimas pendientes, sus precipicios insondables, sus cumbres altísimas, sus cañones profundos, y su multitud de corrientes de agua, trabajando solamente con herramientas tan rudimentarias como picos, palas, carretillas y pólvora negra230. Fácilmente se puede estimar que la vía tuvo una longitud de unos 130 o 140 kilómetros de longitud, incluyendo sus numerosos y largos desarrollos curvilíneos, y que requirió por lo menos cuatro años o algo más para ser terminada231. Este camino carreteable fue usado Escuelas, y por eso nunca existió allí tal cosa. Pero los antioqueños, encabezados por el mismo don Tulio, y por su hermano Pedro Nel, crearon la suya en ese mismo año y comenzaron sus clases en febrero de 1888. Cincuenta años después, en 1938, el progresista gobierno del presidente Alfonso López Pumarejo creó algo parecido a lo que quiso el general Casabianca: sendas Plantas Metalúrgicas en Ibagué, en Medellín, y en Bucaramanga. La de Medellín sobrevive, aunque muy desmejorada por las desastrosas políticas mineras de los gobiernos posteriores al presidente Lleras Restrepo y a su Ley 1ª de 1969. Pero las plantas de Ibagué y Bucaramanga desaparecieron desde los años cincuenta del s. XX. 230 El autor viajó, cuando era cadete en la Escuela Militar, de Bogotá a Villavicencio, a maniobras militares, en 1953, por la estrecha, tortuosa y peligrosa carretera de entonces. Se gastaban más de cuatro horas en el recorrido de los 130 km. 231 Las tecnologías rudimentarias, la rugosidad fragosa del terreno, y las lluvias torrenciales que vienen a esa zona desde la Amazonía, apenas permitieron construir entre 25 y 30 km anuales de esa carretera.

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hasta cuando, en 1915, en el gobierno del presidente Restrepo, se construyó la primera carretera para automotores entre las dos ciudades. Es seguro que Turnbull regresó a su patria cuando terminó su trabajo, probablemente a los cinco años de haber llegado al país. 233. En uno de los últimos años del decenio de los sesenta, del s. XIX llegó a Marmato el ingeniero civil inglés William Martin, a trabajar en las ya muy nombradas minas de la Western Andes. Entre los muchos extranjeros residentes en Marmato en 1870, figura Martin como ingeniero de profesión, con la edad de 30 años. Después de cumplir su contrato en las minas, ejerció la ingeniería, independientemente. Dice Gallo [2009] que el inglés hizo los planos y dirigió la construcción de los templos de Neira, Pácora, Sonsón y Salamina, el cual, afirma aquél, fue su obra superior. En 1884 comenzó la construcción del templo de San Lorenzo, en Supía, y cuando terminó éste, continuó con el templo de la Candelaria, en Riosucio 232. Martin hizo la agrimensura, la topografía y la demarcación del resguardo indígena de Tabuyó, próximo a la actual población de Quinchía (entre Riosucio y Anserma), lo que los indígenas le retribuyeron dándole tierras del mismo resguardo. Además, hizo el trazado de las calles y el plano urbano de esta población. Por su vinculación a la tierra antioqueña y caucana, que se acaba de mencionar, lo más probable es que este ingeniero también se radicó en nuestro país.

NUEVOS CAMINOS CARRETEABLES

234. En 1870 gobernaba al Estado Soberano de Antioquia el progresista general y doctor Pedro Justo Berrío. En ese momento no había en la región ningún ingeniero experimentado en la construcción de caminos. Por eso Berrío contrató en Estados Unidos al ingeniero Geo Buttler Griffin, para trabajar en el planeamiento y la construcción de caminos en el Estado. Desde que llegó, Buttler ocupó el cargo de Ingeniero Oficial del Estado. Su primera gran tarea fue la de proyectar en mapas un camino carretero (de los que se habla en otra parte) desde Medellín hasta el río Magdalena, lo cual realizó en su totalidad, llegando hasta identificar la ruta que debería seguir hasta el puerto de Islitas (a pocos kilómetros de Nare, 232

Las cuatro primeras poblaciones mencionadas no están muy lejos de Marmato, y a ellas se podía llegar, muy posiblemente, en dos o tres días a caballo (juzgando por los datos del general Vergara y Velasco que se dieron más arriba), escalando montañas muy empinadas, porque Marmato está a 1.130 m (?)de altitud sobre el mar. De allí se baja al río Cauca, que está a 600 m sobre el nivel del mar, y aquéllas están a más de 2.500 m. Las otras dos podían alcanzarse cabalgando en un día o día y medio siguiendo por un camino que iba desde donde es hoy la población de Irra, sobre el Cauca, a la población cordillerana de Neira (1.969 m.s.n.m.) y siguiendo por este filo de cordillera a Salamina, Pácora, Aguadas y Sonsón. La cultura antioqueña daba gran importancia a la religión católica, con razón en ese tiempo, como factor de cohesión social, de ética pública, y de moral personal y familiar. Por eso le atribuía mucha importancia a tener templos muy bien construidos y lujosamente ornamentados, especialmente en las poblaciones mayoritaria y severamente conservadoras y clericales, como eran aquellas cuatro. En esa época estaba en su auge el movimiento de colonización antioqueña hacia esas regiones, que entonces eran del sur de Antioquia y después fueron del norte de Caldas. Martin se ocupó en delimitar y medir nuevos predios rurales; en parcelar haciendas y “concesiones” latifundiarias, como la de Aranzazu y la de Burila; trazando caminos en esas tierras que aún eran tan desconocidas; construyendo acueductos; y levantando planos urbanos. El autor conoce todas esas poblaciones, situadas en montañas muy escarpadas, pero que, aún así, tienen calles bien trazadas en damero cuadriculado, posiblemente trazadas por Martin con su teodolito de ingeniero.

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subiendo 7 km desde su desembocadura en el Magdalena, y que los vapores podían recorrer); partiendo de Medellín iría a Barbosa, Santo Domingo, Yolombó, el río Nus, el río Nare e Islitas (De este camino se hablará más abajo). Griffin también exploró personalmente, con una comisión auxiliar, un posible camino de Medellín a un puerto sobre el río Atrato. En este sitio está hoy la población de Vigía del Fuerte. Y por su condición de ingeniero civil (cuando los ingenieros civiles eran politécnicos factótii) se le pidió administrar una ladrillera y un tejar que eran propiedad del Estado. No hay documentación sobre el destino posterior de este ingeniero. Lo más probable es que regresó a su patria pocos años después, cuando terminó de construir la carretera de Medellín a Barbosa, en 1872, tres años antes de que Cisneros comenzara a construir el ferrocarril desde el río Magdalena hasta Barbosa, en 1875, trayendo consigo un buen equipo de ingenieros (que se enumeran en otra parte). 235. Los ingenieros y los técnicos que vinieron de Europa y de Estados Unidos, fueron diseminando de manera efectiva y rápida, sus saberes, su experiencia y sus habilidades entre sus subordinados, entre sus compañeros de trabajo y entre sus colaboradores neogranadinos (primero) y colombianos (después de 1863). De manera que, cuando ya iba finalizando el s. XIX, digamos en su último decenio, ya había en Antioquia, en Bogotá y en Santander, un buen número de artesanos, tecnólogos y operarios bien capacitados en muchos oficios, surgidos más que todo de la minería. Entre otros, se encontraban mecánicos de taller, carpinteros, calderistas, cerrajeros, maquinistas de vapor, fundidores, modelistas, fogoneros, tallistas de madera, moldeadores, ceramistas en arcilla, pintores de brocha gorda, maquinadores de piezas metálicas, torneros, topógrafos, tipógrafos, motoristas, troqueleros, “acequiadores” (para trazar acequias con pendiente continua y muy suave), ebanistas, contadores, “ensayadores” de metales, químicos “prácticos”, telefonistas, telegrafistas, constructores de carretas, dibujantes, “cadeneros”, orífices y plateros, etc. Ellos serían, en muy buena parte, uno de los factores que hicieron y sirvieron a la industrialización temprana de Antioquia, Santander, Bogotá y Manizales, ya desde los últimos años 1890, inmediatamente antes de la Guerra de los Mil Días.

ESFUERZO CIVILIZADOR Y EDUCATIVO DEL PRESIDENTE SALGAR

236. Los años vecinos al de 1872 fueron años de paz y de progreso en todo el país. Éramos los Estados Unidos de Colombia, según la Constitución de Rionegro, de 1863. Gobernaba el país el Presidente Eustorgio Salgar Moreno (1870−1871), quien promovió los primeros ferrocarriles, hizo una gran reforma educativa y mantuvo la paz política entre los partidos políticos y entre los belicosos estados soberanos, aunque éstos tenían la autonomía de tener sus propios ejércitos y de declararse la guerra entre ellos. Una de sus medidas de progreso fue ordenar un censo nacional de población, en el bienio de 1870−1871, censo que dio 2´951.323 habitantes en el país, y 365.974 en el Estado Soberano de Antioquia, gobernado por el doctor y general Pedro Justo Berrío. Una de las grandes medidas de Berrío fue crear el 1 de mayo de 1872, la Escuela Normal de Varones de Medellín, cuyo primer director fue el muy capaz profesor alemán Amado Weiss. Pero éste era luterano y Berrío era católico fanático en una “ciudad” incipiente con tan solo 33.000 habitantes ultra católicos. Así que envió al Sr. Eusebio Santamaría (uno de los pocos medellinenses que hablaban francés, el idioma universal en la Europa culta) a 191


Alemania (cuyo sistema educativo era famoso en el Mundo desde que lo estableció el emperador Federico II de Prusia) a contratar dos educadores para la Normal: uno como director para reemplazar a Weiss y otro como profesor de planta. En Berlín, Santamaría encontró, en 1872, dos prestigiosos pedagogos católicos que aceptaron venir a trabajar en esa ciudad, seguramente con altos salarios (como era lo usual entonces con profesionales extranjeros). Uno fue el Sr. Christian Siegert, quien dirigiría la Normal, y el otro fue el Sr. Gustav Bothe, quién actuaría como profesor de planta. Don Christian Siegert von Patowitz, nacido en Brandemburgo hacia 1841, en el hogar de D. Christian Friedrich Sieger y de doña Elma von Patowistz. Hizo sus estudios preuniversitarios en los gimnasios de Rostok y Berlín. Luego en la Universidad de Jena se formó como educador en esa ciudad. Tan pronto él y su colega, arreglaron con Santamaría, iniciaron el viaje a Colombia, partiendo de Hamburgo, para llegar a Santa Marta en el mismo año de 1872. Durante el viaje aprendieron la lengua española. De Santa Marta salieron en uno de los barcos de la Compañía Unida de Navegación a Vapor233. En diez días de navegación llegaron a Nare. De allí a Medellín tomaron cabalgaduras y en cuatro o cinco días, según el clima: seco o lluvioso) llegaron a su destino. El Sr. Siegert tenía unos 30 años de edad. Ganaría 6.000 pesos fuertes por año, y de inmediato reemplazó a Herr Weiss. Siegert era persona de extensos conocimientos: dominaba varios idiomas además del suyo (francés, castellano, italiano y latín) y conocía ampliamente de Ciencias Naturales. Reorganizó los estudios y estableció prácticas pedagógicas que debían hacer los alumnos, al estilo alemán, y asumió los cursos de Pedagogía, Didáctica y de Historia Universal. Con eficiencia y disciplina germanas Siegert le dio a la Normal de Varones un alto nivel académico y profesional. Sus egresados fueron en Antioquia paradigmas de saber y de conducta. Estando en el cargo, el Director se casó con doña Elisa Callejas, antioqueña, de quien los autores dicen que era “mujer de gran hermosura”. Con ella formó su familia y dejó aquí una larga y numerosa descendencia que prolonga el apellido, y cuyos miembros son personas connotadas en varias actividades en Antioquia y en el país. El Sr. Gustav Bothe, nacido en Breslau (entonces en Alemania) o Broklaw (hoy en territorio y en escritura de Polonia), en 1850, fue el otro de los dos profesores de academia que Sr. Santamaría encontró y contrató en Berlín. Llegó en 1872 con su compañero Christian Siegert, por la ruta ya descrita. En el largo viaje en vapores del mar y de río, vinieron estudiando el idioma castellano con las características disciplina y tenacidad alemanas. Mientras Siegert organizaba y dirigía la Normal, y daba clases se Historia Universal, venciendo la barrera del idioma ajeno, el Sr. Bothe, en el mismo ejercicio, enseñaba Geografía Universal, Agricultura y Botánica. Se dice que aquellos años iniciales fueron “la época dorada” de la Normal. A Bothe y a Siegert les correspondió darles grados de maestros a grandes pedagogos que multiplicaron sus enseñanzas: a D. Joaquín Antonio Uribe (después eminente Botánico), D. Bonifacio Vélez, D. Dionisio Hernández, D. Federico Escobar Isaza, D. Jesús María Giraldo Duque, D. Luis Antonio Vélez y D. Rubén Puerta, quienes fueron después notables institutores y autores de libros didácticos. El Sr. Bothe dejó descendencia en Antioquia y hasta comienzos del s. XX hubo una familia con su apellido. Hoy ya no se conoce este nombre en Colombia. 233

Esta empresa naviera fluvial era propiedad el Sr. Robert Joy, un acaudalado empresario inglés que había llegado a Colombia en 1849 como contador del barco “Unión”, propiedad del Sr. Francisco Montoya Zapata para, quien lo había comprado en Inglaterra, junto con otro, y los tenía destinados a navegar ese río. Joy se había radicado en dicho puerto. Permaneció en Colombia hasta el fin de sus días.

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CISNEROS Y PRIMEROS FERROCARRILES

237. En 1872, el general Berrío, como Presidente del Estado Soberano de Antioquia, se propuso establecer una buena vía de transporte desde Medellín hasta el río Magdalena, donde navegaban los vapores, yendo y viniendo a la costa Atlántica, al norte, y a cerca de Honda, al sur. El Presidente consideraba que esta era la solución para el aislamiento secular de ese Estado con respecto al resto de Colombia, y, por supuesto, respecto al mundo exterior. En el primer momento pensó en tender un ferrocarril de Medellín al río Magdalena. Pero no había en toda Antioquia quien tuviera los conocimientos, la experiencia y el músculo financiero para realizar esa obra, y las finanzas del Estado no le permitían, ni remotamente, construirla a su costo. Por esas razones el buen gobernante decidió más bien, construir una carretera, a varios años de plazo, por cuenta del mismo Estado. Su sucesor, D. Recaredo de Villa, contrató al ingeniero estadounidense Mr. Griffin (ya presentado), quien llegó a Medellín en 1872. En primer lugar se le encomendó buscar una ruta posible de Medellín al río Cauca, en algún punto entre la boca del río Arma y la boca de la quebrada de Sinifaná. Enseguida se le pidió definir una ruta de Medellín a la población de Barbosa y al rio Magdalena, lo que Griffin hizo de inmediato. La construcción se inició en el mismo año de 1872, bajo la dirección del ingeniero estadounidense, teniendo como ayudante e intérprete al ingeniero caucano D. Benito Balcázar. En un año y medio se llevó la carretera hasta la población de Barbosa, 40 km al noroeste de la ciudad, siguiendo el curso del río Medellín o Porce. La obra fue realizada con muy buenas especificaciones técnicas, y hay testimonios escritos de quienes la recorrieron, que certifican las buenas condiciones de amplitud, afirmado y estabilidad de la obra. Pero en ese momento, el gobierno estatal decidió llegar al Magdalena mediante un ferrocarril, y la carretera se detuvo en Barbosa durante dos años. Sin embargo, dándose cuenta del largo tiempo que requeriría la ferrovía, el Estado, decidió, en 1874, convertir en camino carretero el camino pre-colombino que existía desde Barbosa a Yolombó, al río Nus, y al sitio de Islitas, en la margen norte del río Nare, y situado a 7 km antes de su desembocadura en el Magdalena y a donde podían llegar los barcos de vapor. Esta vía quedó tan bien construida que en 1888 la recorrió el señor Enrique Cortés, quien escribió: “Desde Puerto Berrío al Valle de Aburrá, esta vía es el camino mejor construido y mejor conservado que he conocido”. En el año ya mencionado de 1874, el Estado llamó al ingeniero Francisco Javier Cisneros para contratar con él la construcción del ferrocarril de Barbosa al río Magdalena. Griffin retornó a su país. 238. Cisneros ya era ingeniero graduado en La Habana y posgraduado en el Rensselaer Polytechnical Institute, y también guerrillero patriota que luchaba por la libertad de Cuba, cuando vino a Cali a reclutar macheteros caucanos para su lucha en la Isla. Años después fue al Perú como ingeniero ayudante del empresario e ingeniero William Meiggs, quien es famoso en la historia de los ferrocarriles de ese país, en los de Bolivia y en los de Chile. Cisneros trabajó en la construcción del ferrocarril desde el puerto de El Callao hasta el pueblo minero andino de La Oroya, a 3.400 m de altitud, en la cordillera de los Andes. 193


El contrato para la construcción de un ferrocarril desde el río Magdalena hasta cerca de Medellín (andando el tiempo, sería desde el actual Puerto Berrío hasta Medellín), se firmó en mayo de 1874, entre el presidente Recaredo de Villa y Cisneros. Éste hizo lo que hoy se llamaría un “estudio de factibilidad” para conseguir financiación en Nueva York, lo que consiguió y vino a comenzar la obra en la orilla del río, en junio de 1875. Diez años lucharía el ingeniero entre la manigua, los pantanos, las enfermedades de sus trabajadores, la lluvia torrencial y cotidiana, la falta de pago por el gobierno, las dificultades para instalar un taller en Puerto Berrío, para construir campamentos para obreros y para traer rieles, herramientas y vituallas desde Barranquilla. Para esto último constituyó una empresa naviera fluvial, que le daría, con los años, mucho más utilidades que las pocas que le dejaron las cinco ferrovías que contribuyó a construir. En 1877 el presidente invasor de Antioquia, general Julián Trujillo, en vista de su eficiencia y de su capacidad técnica, contrató con Cisneros la construcción del ferrocarril de Buenaventura hacia Cali, lo cual éste procedió a iniciar en 1881, reconstruyendo 7 km que se comenzaron a hacer en 1873, se habían abandonado, y la selva los había devorado. En este mismo año el gobierno nacional contrató con él la construcción del ferrocarril desde Girardot hacia la Sabana de Bogotá; y en 1882 el mismo presidente Núñez le asignó la construcción de una línea férrea desde Honda a un sitio aguas abajo del río, que hoy es donde está La Dorada. Poco tiempo después se le encomendó la prolongación del ferrocarril de Barranquilla a Puerto Salgar, para seguirlo hasta Puerto Cupino (hoy Puerto Colombia) y construir allí un muelle hasta aguas profundas. Todo lo hizo a conciencia. En todos estos trabajos Cisneros desplegó condiciones casi sobrehumanas de vigor físico, tenacidad, cumplimiento, honestidad y eficiencia. El solo hecho de desplazarse de uno a otro de estos cinco sitios tan distantes, en un país sin vías de comunicación, sin vehículos, al sol y al agua, en alojamientos incómodos y sucios, es toda una prueba para cualquier hombre muy avezado a las dificultades. En 1885 tuvo que devolver los contratos porque estalló la sangrienta guerra civil de ese año y el gobierno suspendió todo tipo de gastos que no fueran los gastos para la guerra. Con los contratos entregó, escrupulosamente informadas, todas las obras cumplidas, las carrileras tendidas, las estaciones, el material rodante y cuentas limpias de los dineros aportados por él, y de los fondos recibidos del gobierno y de la explotación de lo construido. Dificultades ajenas a su voluntad, le impidieron terminar cuatro de las cinco líneas que emprendió. En 1880 el gobierno del General Trujillo le dio el encargo de abrir el Alto Magdalena a la navegación en vapores hasta Neiva. Así lo hizo, y en uno de sus vapores estableció el transporte de carga, de pasajeros y de correo desde Honda hasta la actual capital del Huila. Y, mientras trabajaba con su ayudante Denning Thayer de Buenaventura a Cali, hizo los estudios hidrológicos y fluviográficos del río Cauca desde “Juanchito”, un puertecito vecino a Cali, hasta Cartago, para un grupo de inversionistas que llegaron a establecer en él la navegación a vapor desde más al sur hasta la desembocadura del río La Vieja en el Cauca. [Poveda: 1998]. En el proceso de realizar este impresionante número de obras, Cisneros incorporó al país un extenso catálogo de innovaciones tecnológicas que antes no conocía, innovaciones que fueron asimiladas por sus ingenieros ayudantes colombianos y por sus trabajadores ferroviarios, para luego ser transferidas al conjunto del país por un proceso de difusión muy eficaz. Como en Colombia no había ingenieros capacitados para trazar y construir ferrocarriles tan difíciles como los que enfrentó Cisneros, él trajo del exterior un grupo de ingenieros cubanos, peruanos y norteamericanos que fueron los realizadores sobre el 194


terreno, de una gran parte de sus obras. Calumniado por grupos poderosos de Medellín, de Cali y de Honda, en 1898 dejó el país para ir a morir en Nueva York. La empresa fluvial que constituyó en el Magdalena, duró hasta el s. XX, y llegó a ser, en su momento, la más grande del país. No por nada, cuando el ingeniero entregó limpiamente sus contratos, sus cuentas y sus obras, el entonces Ministro de Hacienda, el tolimense don Aníbal Galindo, dijo: “Cisneros nos ha enseñado todas las letras del alfabeto del progreso”. Pese a la opinión de algunos, ingenieros y no ingenieros, este autor sostiene que Cisneros es entre los ingenieros que vinieron a servir a Colombia, quien más le ha dejado al país en obras de su profesión y en conocimientos técnicos. Sin embargo, no le faltaron detractores en su tiempo, ni le faltan hoy en día. En la época cuando trabajaba en los ferrocarriles de Buenaventura a Cali, Puerto Berrío − Medellín y Honda − Dorada, se formaron en Cali, Medellín y Honda, sendos grupos de ácidos enemigos del ingeniero cubano que lo atacaron ferozmente y lo acusaron (y aún lo acusan), erróneamente y sin ninguna prueba, de engañar a la Nación y de enriquecerse fraudulentamente con estas tres obras. Esos detractores llegaron a crear la palabra “cisnerismo” para referirse peyorativa y ofensivamente a quienes aprobaban las obras de Cisneros. Aún hoy en día hay hasta ingenieros colombianos que tratan de robarle méritos y de imputarle atrevida o calumniosamente indelicadezas y errores que no cometió. Llegan a afirmar audazmente que Cisneros “no era ingeniero”. 239. El trabajo de Cisneros dejó en Colombia, entre otras, las siguientes obras y realizaciones:  Dos ferrocarriles completos que funcionaron bien y prestaron un gran servicio a la economía: el de Barranquilla y el de La Dorada, incluyendo material rodante, líneas telefónicas y telegráficas, estaciones, talleres y bodegas  Tres ferrovías iniciadas, con mucho trayecto adicional estudiado y trazado: el de Antioquia en Pavas; el de Girardot a Bogotá, en Tocaima; y el del Pacífico, en la pequeña estación de Córdoba, sobre el río Dagua  El muelle de acero en Puerto Colombia para cargar y descargar pasajeros y la carga de nuestro comercio exterior, desde 1893 hasta 1936, cuando se dio al servicio el puerto marítimo en la ciudad de Barranquilla  El servicio de navegación del Alto Magdalena, que duró funcionando 70 años: 1880−1950  La empresa de navegación fluvial más grande de su tiempo: la Compañía Colombiana de Transportes. Duró hasta cerca de 1905 navegando en el río Magdalena, Alto y Bajo, en el Bajo Cauca desde Cáceres, y en el Sinú desde Montería  El servicio de vapores desde Juanchito hasta Puerto Chávez (hoy La Virginia) en el Alto Cauca  El servicio de correos nacionales a todo lo largo del río Magdalena  El testimonio como ingeniero denodado y valeroso que enfrentó la selva, los aguaceros torrenciales, el calor asfixiante, las víboras, los mosquitos, la malaria, la fiebre amarilla, la vida durísima a la intemperie o en toldas y caneyes rudimentarios, la mala comida, el agua contaminada para beber 195


 Su ejemplo como creador y administrador schumpeteriano de empresas para el servicio del público, manejadas con tesón, honestidad, responsabilidad e inventiva 240. Entre las muchas novedades técnicas y profesionales que trajo al país y que nos dejó el gran ingeniero cubano, merecen mencionarse:  La locomotora de vapor con cilindros a alta compresión, de Trevithik  La caldera piro-tubular de vapor en las locomotoras, pero que es útil para otras aplicaciones  El telégrafo alámbrico, indispensable en toda línea férrea en servicio, a lo largo de la vía  El teléfono, para comunicaciones entre estaciones  La trocha ferroviaria de yarda, que después demostraría sus ventajas de economía y adaptabilidad topográfica, y por eso se extendería a todos los ferrocarriles colombianos  El conocimiento y uso del acero en puentes y en los trenes  El conocimiento y el uso del cemento portland y del concreto reforzado con acero en puentes, edificios y muros de contención  El uso de la electricidad para la iluminación de trenes, edificios y vapores, y de la refrigeración en éstos.  Los conocimientos sobre el trazado y construcción de carrileras, túneles y puentes, que posteriormente se usaría también en carreteras para automotores  El compresor de aire  La gasolina y el motor de gasolina de ciclo de Otto  El diseño y fabricación de piezas en metal  El uso de las vacunas contra la viruela, el tifo y la rabia, y el suero antiofídico  La lámpara de luz de arco, en el fanal frontal de las locomotoras  El sistema de frenos de aire comprimido, para ferrocarriles, inventado por George Westinghouse  El conocimiento y el uso del acumulador de plomo y ácido sulfúrico, inventado por Gastón Planté en 1859 241. Cisneros trajo al país, para comenzar el ferrocarril de Antioquia, a varios ingenieros extranjeros que, al parecer, regresaron a sus países de origen cuando terminaron sus trabajos en Colombia. Ellos fueron:      

Denning Thayer, estadounidense John B. Daugherty, estadounidense Ernesto Luaces, cubano Ernesto Marquetti, peruano Aniceto Menocal, cubano

Tiempo después vendrían los ingenieros F. F. Whitekin, Neville Craigh, Charles S. Brown (de quien se hablará más abajo), Luis Johnson, y Luciano D. Battle a trabajar en esa misma obra. Todos habrían de regresar a sus países de origen 196


Se sabe que todos ellos trabajaron en el ferrocarril de Antioquia durante los primeros años de esta obra, y que Cisneros los fue trasladando a las otras, a medida que lo fue requiriendo. Daugherty dirigió la construcción del puente metálico que une la isla de Cascajal (donde estaba ubicada la población de Buenaventura en ese tiempo), con el continente, y el tendido de 20 km de rieles desde ese puerto a la aldea de Córdoba, sobre el caudaloso Dagua, así como el trazado hasta el cañón de ese río, 40 km más arriba. Además, representó a Cisneros en la escrupulosa liquidación del contrato del ingeniero cubano sobre ese ferrocarril, que éste se vio obligado a rescindir en 1885, debido a la incapacidad del Gobierno para pagarle, por la guerra civil que estalló ese año, y trabajó algunos años más en la empresa del Ferrocarril de Antioquia. De los demás ingenieros mencionados, no se conocen más noticias. 242. En torno de la obra del Ferrocarril de Antioquia, así como de casi todos los otros ferrocarriles del país que fueron hechos antes del gobierno del presidente Ospina Vásquez (1922−1926), merodearon muchos “robber barons” (como se les decía y aún se les dice en los mismos Estados Unidos) tratando de obtener contratos, concesiones, ventajas, dinero, gajes, etc. Con disgusto, pero para recordar sus “maniobras” contra Colombia, cabe mencionar al “barón” Leon de Coincy, a James Cherry (un ingeniero embaucador que robó y demandó al Gobierno Nacional en el ferrocarril de Buenaventura a Cali, sin poner ni un polín), a Ramón Santodomingo Vila, a Charles Patin, a William J. Curtiss, a Santiago Pérez Triana (hijo del ex presidente Santiago Pérez de Manos Albas, y a quien ya mencionamos como personaje indelicado), a Charles P. Spencer, a James T. Ford (otro aventurero que estafó a la Nación en el ferrocarril de Girardot) y otros. De todos estos “robber barons” no se da noticia en este informe, por haber sido personajes de repudiable conducta y de ingrata memoria. Capítulo aparte merece la empresa inglesa Punchard Mc Taggart Lowther and Company, que estafó al Gobierno de Antioquia en ese ferrocarril y al de Santander en el de Puerto Wilches a Bucaramanga, no construyó ni un kilómetro en ninguno de los dos Estados, y luego los demandó a ambos y a la Nación, y obtuvo en un tribunal suizo una costosísima y grotesca “indemnización”. Este episodio infame está relatado en detalle en el libro, Antioquia y el Ferrocarril de Antioquia, [Poveda: 1974]. Afortunadamente, en el año de 1923 el general Ospina, recién posesionado de la Presidencia, decidió que, en adelante, todos los ferrocarriles serían construidos directamente por el Gobierno o mediante contratos directos con ingenieros calificados, y sometidos a rigurosas interventorías, y que no se haría ninguno otro por la odiosa figura de la “concesión”. Torres y Salazar [2002] mencionan a un ingeniero belga de apellido Lebrun, de quien no dan el primer nombre de pila y que, según ellos, vino en 1881 “a revisar trabajos de ferrocarriles en construcción por la Compañía Franco Belga de Ferrocarriles”. Agregan que, además, este Ingeniero dio (¿en Bogotá?) algunas conferencias sobre los movimientos de la Tierra en el espacio (que son los de: rotación, traslación, precesión, libración y nutación). Presumiblemente, este personaje volvió a Europa234. 234

Este autor, ha estudiado en detalle la historia de todos los ferrocarriles que hubo en Colombia, desde 1869 hasta 1978, y sólo ha encontrado una empresa de nacionalidad belga (pero ninguna “franco belga” que construyera ferrocarriles), que lo hizo en el Ferrocarril del Nordeste (entre Bogotá y Villa Pinzón), en los años

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veinte del s. XX. Además: En 1881 gobernaba Rafael Núñez, y ninguno de los ferrocarriles que se hicieron durante su gobierno fue hecho por ingenieros belgas ni por compañías de ese país. Parece, pues, que Torres y Salazar fueron mal informados.

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EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX 243. Dice el autorizado autor Gallo [2009] que, por los años de 1881 a 1890, en plena época de la “Regeneración” nuñista, fue traído a las minas de la muy recordada (y poco simpática) Western Andes Gold Company, el ingeniero de minas inglés William Arbet, a trabajar en las minas de Marmato y Supía. Dicho autor no da ninguna información adicional. El autor de estas líneas considera que ese ingeniero regresó a su patria al cumplir los tres o cuatro años usuales que muy probablemente le exigía su contrato, ya que su apellido no vuelve a aparecer en ninguna de las muchas fuentes consultadas. 244. Don Leo S. Kopp nació en Offembach (Alemania) el 14 de agosto de 1858, y vino a Colombia alrededor de 1876, con el propósito de hacer importaciones y exportaciones, y se radicó en Bogotá. En el año de 1879 fundó la sociedad comercial Kopp y Castello, y diez años después, la sociedad industrial Kopp Deutsche Brauerei Bavaria con aportes de capital de algunos parientes, con el propósito de montar una cervecería en esa ciudad, que fuera más moderna (en su tiempo) que las otras pequeñas y semiartesanales que habían existido allí. Su hermano Emil Kopp llegó a El Socorro (Santander) poco tiempo después de que llegara don Leo a Colombia; y en 1887 fundó allí la Cervecería Alemana Kopp y Compañía. Ésta funcionó durante dos años, y en 1889 D. Emil la cerró, se trasladó a vivir en Bogotá, se asociación con don Leo, y juntos establecieron la Cervecería Bavaria, en la capital. Importaron los equipos y trajeron un técnico cervecero (Brauermeister) de Alemania235. La fábrica de Bavaria estaba situada en un sitio casi fuera de la Bogotá de entonces (que tenía muy cerca de 100.000 habitantes, en un país con 3,15 millones) pero que hoy estaría en pleno centro de la misma, y constituía en ese momento la primera cervecería de escala apreciable, con equipo y técnicas modernas, que se instalaba en el país. Al iniciar sus operaciones, en junio de 1891, ocupaba 80 obreros y producía 6.000 litros diarios, pero al año siguiente hubo de ampliar su instalación con nuevos equipos, para aumentar su producción, debido a la gran demanda que encontró desde el principio. Rápidamente dejó atrás a las pequeñas cervecerías ya existentes en la ciudad. Con el fin de asegurar el abastecimiento de 10.000 o 14.000 cargas de cebada que requería anualmente, desde el primer momento implantó medidas de apoyo a los cultivadores, ofreciendo precios fijos, suministrándoles semillas mejoradas y garantizando la compra oportuna de sus cosechas. Aparte de la cebada para elaborar la malta, importaba el lúpulo y otros materiales auxiliares. Años después, la misma empresa creó una filial, la Vidriería Fenicia, para fabricar los envases para la cerveza. Esta empresa fue tal vez la primera en Colombia que usó el sistema de refrigeración por compresión y expansión de amoníaco gaseoso (NH3) (inventado en 1860, en Estados Unidos, por Carré) para refrigerar las cavas de fermentación del mosto a 7°C, durante 6 días, y las de maduración a 12°C, durante dos semanas, que era (y es) lo usual. Desde sus 235

Los técnicos cerveceros de Bavaria y de las demás cervecerías que operaron en Colombia, fueron todos alemanes e ingleses (muy pocos). Solamente hasta los años cincuentas y sesentas del s. XX, los nuevos ingenieros químicos colombianos comenzaron a reemplazarlos rápidamente. En 1965, tales técnicos eran todos colombianos. Muchos de los antiguos técnicos alemanes se quedaron viviendo en Colombia. Lamentablemente de ellos no quedaron registros históricos y por eso no ha sido posible mencionarlos por sus nombres en este documento.

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principios Bavaria ha sido y es la empresa cervecera más grande del país, y una gran escuela práctica de muchas tecnologías específicas, y de química industrial para obreros, técnicos y funcionarios. En la época de los años noventa del s. XIX, Bavaria, con los talleres de la mina de El Zancudo y con el astillero de Cisneros para construir sus barcos, en Barranquilla, constituían las tres empresas industriales más grandes y tecnificadas en Colombia. Los Kopp no fueron ingenieros ni científicos, en sentido estricto de las palabras. Pero fueron, sin quererlo ni saberlo, unos de los inmigrantes que, con el paso de los 121 años transcurridos desde 1889, han impulsado más intensamente los saberes técnico-científicos en Colombia, así sea indirectamente. En 2006 Bavaria fue comprada por una empresa extranjera gigante. Es verdaderamente lamentable que esta empresa, que fue un paradigma de industria eficiente y de alto nivel tecnológico, totalmente colombiana, haya pasado hoy a ser un cuasi-monopolio extranjero, como resultado de las políticas “neoliberales” y extranjerizantes de los gobiernos de los últimos 20 años (1990−2010). 245. En 1876 Alexander Graham Bell patentó su invento del teléfono (que también lo había inventado, unos días antes, un electricista italiano trotamundos Antonio Meucci, sin patentarlo), aparato que se convirtió en pocos años, en un instrumento de uso mundial. Hacia 1885 fue traído a algunas minas de Antioquia y de la región de Marmato – Supia − Riosucio (que entonces pertenecía al Estado del Cauca). En Colombia, la primera ciudad que tuvo teléfonos urbanos fue Honda, en 1886. Es muy lamentable que la historia no recogiera los nombres de los técnicos europeos que vinieron al país a instalarlos. Dos años después, se instalaron en Bogotá. 246. A lo largo del decenio de 1880−1890 se propaga y se generaliza en el mundo el uso del generador eléctrico de C.D.236. En ese período, Thomas Alba Edison inventó la bombilla luminosa incandescente y desarrolló a escala comercial su sistema de iluminación eléctrica y de motores en corriente directa (C.D.), mientras mantenía una fuerte controversia con George Westinghause, quien sostenía (y la historia le dio la razón) que la más conveniente era la corriente alterna (C.A.). Sin embargo la C.D. sirvió por algunos años en el mundo, para operar lámparas de arco y (lo que nos interesa aquí), sirvió por varios años para mover motores de C.D., sustituyendo rápidamente en estos usos a las bicentenarias máquinas de vapor. De manera que, ya a finales del decenio mencionado, varias minas en Antioquia, en el Tolima y en Santander −principalmente en las que eran de empresas inglesas o norteamericanas− tenían en sus instalaciones máquinas generadoras de C.D., produciendo energía para iluminar los campamentos y para mover motores impulsores de bombas y de molinos. En este documento incluimos una figura que muestra una instalación de este tipo. 247. Torres y Salazar [2002] registran también que hacia 1890 el ingeniero estadounidense Charles Davis estuvo en Colombia realizando estudios geográficos en la zona del Darién. No dan ninguna otra información sobre este personaje. Pero la presencia de este personaje en el Darién tiene una explicación clara. En 1882−1886 la Compagnie 236

Desarrollado a nivel semi-industrial por Zenobio Teófolo Gramme, con base en trabajos anteriores del físico italiano Antonio Paccinnoti, y perfeccionado después, a escala industrial y comercializable, por Werner Siemmens en Alemania, en 1866.

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Francaise du Canal de Panamá había comenzado a excavar un canal a nivel en el Istmo, ignorando que entre los dos océanos hay una diferencia entre sus niveles medios, de 7 m; pero este intento terminó en un colosal fracaso técnico, y financiero, con miles de obreros colombianos y de ingenieros franceses muertos por la fiebre amarilla, y en un escándalo mundial que llevó a Ferdinad de Lesseps hasta los tribunales de París. En indudable que desde ese momento, los Estados Unidos vieron con avidez que esto les abría a ellos la oportunidad preciosa de hacer la obra, a su manera. Por esa razón, es altamente verosímil que Mr. Davis estuvo en esos años recogiendo información sobre la región del Darién, en Colombia y en Panamá, como base necesaria para el ejército y la marina de su patria, en preparación para la futura construcción de su canal. 248. Gallo [2009] informa que en 1885 vino a las minas de la región de Frías, en el norte del Tolima, el experto técnico minero irlandés David Davis, con los otros ingenieros ingleses que, según Restrepo [1973], extraían plata en ese antiguo “real de Frías”. Se casó con doña Rosa Espinosa, quien le dio dos hijos. Al terminar su contrato, fue a trabajar en otras minas de ese Departamento. Después de una vida muy larga, murió en Armenia en 1960, casi de 100 años de edad. 249. En 1890 se posesiona como encargado de la Presidencia el Dr. Carlos Holguín Mallarino. Era uno más de los presidentes “regeneradores” que Rafael Núñez, residiendo en Cartagena, imponía en Bogotá mediante telegramas y mensajeros propios que viajaban para allá y para acá en los vapores del Magdalena. Con indudable acierto Holguín decidió formar un cuerpo de policía permanente para Bogotá, debidamente entrenada, para mantener el orden en las ciudades, y para tal fin instruyó al encargado de negocios en París, su primo Gonzalo Mallarino, para que solicitara al gobierno francés, una misión con ese propósito, dado el alto prestigio mundial de que gozaba la policía de ese país. La misión vino bajo el mando del Comisario especial de la policía francesa, Jean Marie Marcellin Gilibert, quien llegó a fines de 1891. De inmediato se dedicó a organizar y a entrenar una policía moderna para Bogotá. El oficial había nacido en el pequeño pueblo de Fustinag, Alto Garona, Francia, el 24 de febrero de 1839. Combatió en la guerra franco prusiana de 1870, y ocupaba un cargo alto en la policía nacional francesa en la ciudad de Lille cuando fue comisionado para venir a Colombia. El 1 de enero de 1892 puso en servicio la policía de la ciudad, con 450 agentes, con un desfile solemne en presencia del Presidente Holguín. Bogotá era todavía una ciudad pequeña: contaba solamente con 1.020 manzanas y con unos 90.000 habitantes. Después se le encargó de hacer esa misma tarea para organizar una Policía Nacional, que fue creada por el Decreto Ejecutivo 1000 de noviembre de 1891,como cuerpo armado pero con funciones exclusivamente civiles, a la manera francesa. El coronel Gilibert escribió los reglamentos del servicio; formó los primeros oficiales; redactó los manuales de operación; y se enamoró de una dama bogotana. Su contrato con el gobierno colombiano venció en agosto de 1892, pero se casó y decidió quedarse en el país. En los siguientes seis años le tocó enfrentar motines, asonadas y delitos sin número. Pero en 1898 el Coronel renunció debido al recargo en exigencias de sus funciones, y los pocos recursos oficiales que se le daban, así como por fatiga en ese duro oficio. El gran Presidente Reyes lo llamó en 1905, nuevamente al servicio, primero como director y después como asesor de la Policía, cargos que desempeñó hasta su último día, que llegó el 11 de septiembre de 1923, en Bogotá. El coronel Gilibert no fue ni un ingeniero ni un 201


científico, propiamente dichos. Pero fue un hombre de elevada preparación profesional militar, y que nos dejó una institución que, con errores y aciertos, ha sido esencial para la vida civilizada e institucional del país. Su apellido se ha prolongado hasta los años recientes, cuando uno de sus bisnietos, el general Luis Ernesto Gilibert ocupo la Dirección General de la Policía Nacional de Colombia. 250. Durante todo el s. XIX el territorio de Polonia estuvo dividido entre Prusia, Rusia y Austria. La ciudad que hoy se llama Pozsnan (en polonés) era parte de Alemania (o más propiamente, de Prusia, que era el estado líder de la Deutsches Landes Bund), y se llamaba Posen (en alemán). La ciudad está localizada en la región agrícola y carbonífera de la Alta Silesia, alemana entonces y polaca hoy (año 2010). Sus naturales son disciplinados, trabajadores, rectos y estrictos. En esa ciudad nació Wilhelm Wolff, en el hogar hebreo askenazi de Johann August Wolff y Louise Wegener en 1856, en la larga época de paz que tuvo Europa después de Napoleón. En 1881 Wilhelm se casó en Berlín con Emma Mielke Ferbits. Muy probablemente sus connacionales radicados en Antioquia lo interesaron en venir, en un momento en que el Continente pasaba una depresión de pobreza de uno de los ciclos cuasi periódicos del capitalismo feraz de la época. W. Wolff llegó con su esposa a Santa Marta en 1883. En un vapor llegaron al pequeño puerto de “Islitas”, en el río Nare, 10 km aguas arriba de su desembocadura en el Magdalena; de ahí, a caballo, en cuatro días (si hacía buen clima), llegaron a Medellín, y en otros tres días, a Titiribí, donde trabajó en los grandes talleres mecánicos de la empresa de El Zancudo durante dos años. En 1885 fue a Medellín a enseñar sus oficios en la ya mencionada y muy importante Escuela de Artes y Oficios, donde fue instructor durante 20 años. En 1905 ya con 50 años de edad, viudo y después de tener diez hijos, volvió a Titiribí, a trabajar en El Zancudo. Allí falleció en 1917, mientras su patria, Alemania, estaba enzarzada en las batallas de Yprés y de Verdún en la sangrienta Primera Guerra Mundial. Fue uno de los principales precursores de la temprana industrialización de Antioquia en el s. XX. Muchos descendientes suyos viven todavía, en Antioquia y en otros departamentos, aún hoy en 2010. 251. Un ingeniero geólogo estadounidense, de curioso nombre C.F.Z. Carachristie, vino a Colombia en 1893 [Torres y Salazar: 2002] a realizar estudios sobre yacimientos de carbón y de petróleo en nuestro suelo, especialmente en la Sierra Nevada de Santa Marta y en sus alrededores. Es seguro que encontró manifestaciones del carbón de la cuenca del Cerrejón, la cual que se extiende ampliamente hasta La Guajira. No hay duda de que este personaje era un empleado de una gran compañía petrolera237. En su país escribió en 1894, una memoria titulada Una excursión a la Sierra Nevada de Santa Marta. El Sr. Carachristie no le hizo ningún servicio a Colombia. Se fue y se llevó toda la información, la que, seguramente sirvió después para llevarse nuestro petróleo y nuestro carbón, mal pagados. Esta es la clase de ingenieros extranjeros que han sido y seguirán siendo de mala recordación para los colombianos. 252. Con las compañías mineras francesas vino también el ingeniero Francisco Barbier de Lahaze. Había nacido en la pequeña ciudad francesa de Jean-de-L´Isle (Lorena, Francia) 237

Posiblemente la Standard Oil Company de New Jersey, de Rockefeller, que en ese momento era la petrolera más grande del mundo y se estaba apoderando de todas las reservas energéticas de todos los países.

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en 1869, en el hogar de Francois Barbier Lescasse y Marguerite Zelene de Lahaze Marschal. En una escuela nacional de ingenieros obtuvo el Diplöme d´ État. Llegó a Colombia en 1897, como profesor al colegio de los Hermanos Cristianos en Bogotá, en cuya comunidad fue llamado hermano Juan. Fue trasladado a Medellín y allí se retiró de la comunidad. Decidió regresar a la capital y lo hizo por la vía a caballo de Medellín – Rionegro – Abejorral − Sonsón con la intención de seguir por el “camino de Villegas” a Honda y Bogotá. Pero en Sonsón se hospedó en la casa del cura párroco, el Pbro. Daniel F. Sánchez, quien lo convenció de quedarse allí dando clases de francés y de Matemáticas en el liceo de la población. Se empleó en la mina de La Bretaña, primero como contador y después como director; y montó una droguería en la población. En 1905 contrajo matrimonio con doña Jesusita Botero Vallejo, y en su matrimonio hubo ocho hijos: Víctor Manuel, María, Margarita, Angelina, Gabriel, Blanca, Pablo y Laura 238. El ingeniero Barbier vivió el resto de su vida en Sonsón. En los años treinta del s. XX aún vivían en esa población algunas de las hijas de D. Francisco, que eran admiradas por su extraordinaria belleza. Monsieur Barbier murió en Sonsón en 1935. 253. El avance técnico, científico y financiero que estos ingenieros inmigrantes y sus discípulos le habían dado a la minería de Antioquia, fue tan grande que en 1858 sus minas produjeron oro por valor de 1´500.000 pesos-oro, cuando un peso-oro se cambiaba a la par con un dólar de entonces, el cual era, por supuesto, mucho más valioso que el dólar de hoy. En 1886 llegaría a 1´600.000 pesos oro. Dice Restrepo [1973] que la producción de metales preciosos en Antioquia, durante todo el s. XVIII fue de 64´000.000 pesos oro; y que después, de 1811−1900, fue de 137´000.000 pesos oro, es decir, más del doble del siglo anterior. Un aspecto no desdeñable del aporte que los inmigrantes (ingenieros y médicos, especialmente) hicieron a su país adoptivo fue el de los capitales financieros que trajeron algunos de ellos, y las inversiones permanentes que aquí hicieron y dejaron. En el caso particular de los que estamos relacionando en este documento, es imprescindible nombrar, entre otros, a Juan Bernardo Elbers, Bernardo Daste, Carles Cochrane, Julius Hönigsberg, James Tyrrell Moore, Martin Peralta, los hermanos White, Karl Simmonds, Edmundo Corradine, el conde Bourmont, los hermanos Kopp, Manuel Celedón y varios otros, que trajeron consigo sumas importantes de libras esterlinas, de francos y de dólares, a juzgar por las realizaciones en Colombia que se reseñan aquí mismo. 254. Colombia se dio en 1853 una constitución semifederalista y adoptó un nombre representativo de esa condición: República Federativa de la Nueva Granada. Era Presidente el inepto general José María Obando 239. Codazzi conducía su cuarta expedición 238

Lo mismo había ocurrido a los ingenieros Bayer, Walker, Nisser, uno de los Nicholls, y los dos Gouzzy, y lo mismo ocurriría en el futuro a otros de sus colegas. 239 Obando fue un personaje de vida “esquiliana” (una vida propia de una tragedia de Esquilo). Su nacimiento extra-matrimonial (en 1795, entre Caloto y Corinto) y el de su madre fueron una historia trágica en Popayán. Una generosa familia española lo adoptó y le dio sus apellidos Obando del Campo. A los19 años se incorporó al ejército realista como capitán y obtuvo algunas victorias contra los patriotas. Pero en enero de 1822, Bolívar lo encontró en Cali y lo convenció de pasarse al bando colombiano, conservándole sus grados y méritos militares. El General Santander lo nombró jefe civil y militar de la Provincia del Cauca, cargo que ocupó por seis años. En 1828 se unió con el General López y se alzaron contra la dictadura de Bolívar. Mosquera los atacó, perdió, y les tomó especial odio; se atrincheraron en Popayán, pero se rindieron ante

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corográfica. El país tenía en 1855 alrededor de 2,4 millones de habitantes, y Bogotá tenía 29.000. Los años que siguieron fueron muy agitados: la rebelión del general Melo; la guerra civil que lo derrocó; el gobierno provisional de don Manuel María Mallarino; la Presidencia de D. Mariano Ospina Rodríguez; otra constitución en 1858, muy retrógrada; la guerra civil encabezada por el general Mosquera desde su Provincia del Cauca; el derrocamiento y el destierro de Ospina; la Convención de Rionegro; el régimen federal de los nueve “estados soberanos”, y sus diecisiete “guerritas civiles” internas; el nuevo nombre de Estados Unidos de Colombia, y el empobrecimiento progresivo del país causado por las reformas “liberales” de 1850−1851, propugnadas por la figura, de mala recordación, de D. Florentino González; los presidentes radicales ya mencionados; el censo nacional de 1864 presidido por Murillo Toro; la incapacidad del gobierno federal; el estancamiento del comercio exterior. Solamente en 1870−1871 el gobierno nacional tuvo recursos suficientes para hacer otro censo nacional de población. Encontró 2´951.111 colombianos, de los cuales vivían 40.833 en Bogotá, y 29.765 vivían en Medellín, la segunda ciudad. 255. En 1867 se hicieron en Europa dos inventos que habrían de tener resonancia mundial, incluyendo a nuestro país, al cual fueron llegando en los años setentas del s. XIX para ser usados en casi todas las obras de ingeniería civil y de ingeniería de minas: la dinamita, inventada por Alfredo Nobel en Suecia, y el concreto reforzado con barras de acero, inventado por Joseph Monier, en Francia. En realidad, ambos inventos tenían muy lejanos antecedentes.

Córdova. Torpemente Obando se unió a las tropas peruanas comandadas por el Presidente José de La Mar (Boliviano) quien invadió a Colombia por el Ecuador, pero quien fue derrotado por Mosquera en la batalla del Portete de Tarqui (1829). Mosquera apresó a Obando, pero Bolívar lo perdonó y lo nombró gobernado de la Provincia del Cauca. En 1830, poco antes de morir Bolívar, Sucre fue asesinado en la montaña de Berruecos (actual departamento de Nariño); y Mosquera y los bolivaristas acusaron a Obando como autor intelectual del crimen. Fue juzgado y absuelto porque nadie aportó ninguna prueba, y porque Obando no tenía ningún motivo para semejante barbaridad. (Hay indicios muy convincentes de que el autor fue el dictador del Ecuador, el venezolano Juan José Flórez, quien requebraba a la esposa de Sucre). En la guerra civil contra la dictadura de Urdaneta, Obando combatió contra el venezolano. Al disolverse la Gran Colombia en 1831, Santander fue nombrado como Presidente, con la Vice-presidencia de Obando. Éste ocupo el solio mientras llegaba Santander (1832). En 1836 el Presidente Márquez lo nombró Ministro de Guerra, y hubo de correr a la Provincia de Pasto, a rechazar a Flórez, quien la había invadido para anexarla al Ecuador. Obando lo derrotó definitivamente. En1840, en su permanente confusión ideológica, propició la guerra civil contra Márquez, que se llamó “la guerra de los conventos” y la “guerra de los Supremos”. Otra vez Mosquera lo derrotó y le tomó más odio. Obando, derrotado y perseguido, huyó con su segunda esposa por el río Putumayo, llegó al Amazonas, subió a Iquitos y por escabrosos caminos de selvas y cordilleras intransitables llegó a Lima. Allí vivió varios años humildemente, cultivando y vendiendo hortalizas para subsistir. Del Perú fue expulsado a Chile, pero en 1845 se le permitió regresar a Lima. En 1848 su enemigo Mosquera, como Presidente, lo amnistió y en el año siguiente, volvió a Colombia. Su amigo y copartidario, el General López lo nombró gobernador de la Provincia de Cartagena, y en 1850 fue al congreso como representante de esa provincia. En 1853 fue elegido para la Presidencia de la República, de donde fue derrocado por el General Melo. Fue juzgado por el Senado como “cómplice de Melo” y destituido de la Presidencia. Se retiró a Popayán a su vida familiar. En 1860 Mosquera le ofreció la reconciliación y lo embarcó en la guerra civil que aquél emprendió contra el Presidente Ospina Rodríguez. En una de las batallas finales de esa contienda, en abril de 1861, en el Páramo de Cruz Verde, entre Funza y Chía, Obando fue apresado por un sargento conservador que lo asesinó de un lanzazo. Sus funerales en Bogotá fueron acompañados por una inmensa multitud. El pueblo de todo el país lo veneraba como defensor de los artesanos y de las clases humildes, de acuerdo con su confuso pero sincero pensamiento liberal.

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El químico italiano Ascanio Sobrero había inventado en su laboratorio, en 1847, la nitroglicerina [C3H5 (NO3)3] (o trinitropropanol, en el lenguaje de los químicos), sin saber que es un explosivo violento, hasta cuando, un día, accidentalmente, cayó de un tubo de ensayo que tenía en uno de sus bolsillos, una gota al suelo, lo que produjo una estruendosa detonación en el laboratorio y un gran susto a Sobrero. Desde entonces, este líquido espeso comenzó a usarse como explosivo para voladura de rocas en minas, pero su manejo en este estado era sumamente peligroso y causaba hasta muertes. Nobel era dueño de minas de carbón y de pozos de petróleo en Rusia y se propuso buscar una forma de manejar el líquido que no fuera tan explosiva, y mucho más fácil de manejar, así llegó a la idea de absorber la nitroglicerina en una pasta de gelatina y aserrín conformada en pequeños cilindros, que es como se usa aún hoy. Nobel sufrió una profunda frustración al ver que su invento era usado para destruir obras y seres humanos, como lo presenció en la sangrienta y mortífera guerra de Crimea (1854−1856). Su complejo de culpa lo llevó a crear los Premios Nobel, que hoy son bien conocidos. Desde el s. III a.C. los romanos habían encontrado en el sur de Italia una ceniza volcánica que, al mezclarse con cal y arena, producía un mortero que al fraguar, inclusive debajo del agua, producía una roca artificial extraordinariamente dura, con la cual construyeron obras maravillosas de ingeniería que aún perduran, como son algunos de sus acueductos y el Panteón en Roma. En la Edad Media se perdió este conocimiento y solamente en el s. XVIII volvió a experimentarse con mezclas de cal, arena y yeso para producir morteros adherentes, resistentes y durables, inmunes a la lluvia y a la atmósfera. Esto ya se había logrado en Inglaterra trabajando con rocas calcáreas de la isla de Portland, situada en el Canal de la Mancha. En 1867 el albañil (“mason”, en francés) Monier, persona sin educación técnica formal pero inteligente e imaginativo, comenzó a experimentar en la formación de piezas de concreto con varillas de refuerzo, y a tener un gran éxito. En 1869 comenzó a difundir su invento, lo cual se reprodujo rápidamente por todo el mundo. A Colombia llegaron estas dos extraordinarias innovaciones con el comienzo de la construcción del ferrocarril de Antioquia (1875, por el ingeniero inmigrante Francisco Javier Cisneros) y del ferrocarril de Cúcuta (1878, por el ingeniero cundinamarqués Juan Nepomuceno González Vásquez), que fueron de los dos primeros ferrocarriles construidos con la participación de ingenieros nacionales. 256. En 1870 llegó el ingeniero inglés John Henry (Juan Enrique) White a Buenaventura. Había nacido el 2 de abril de 1846, y, como sus otros dos hermanos (Robert y Franklyn ya mencionados) en la ciudad de Port Cowes en la Isla de Wight, cerca a Inglaterra, en el Canal de La Mancha. Recibió su formación como ingeniero civil en su patria, en el Queen´s Colege de Londres, y como oficial naval en la Real Marina Británica. Como ya se dijo más arriba, al hablar de su hermano mayor, Robert, los White contrataron con el gobierno del Estado Soberano del Cauca el establecimiento de la navegación en ese río. Ya conocemos sus resultados negativos240. Los White tampoco pudieron establecer la navegación a vapor por el Patía, por las mismas razones anteriores: pobreza de los Estados, guerras civiles, penuria del comercio. En ello perdieron los hermanos White toda su fortuna; y, en vez de 240

La navegación a vapor del río Cauca en esa región la inició el Sr. Karl Hauer Simmonds en 1885, bajo el gobierno de Rafael Núñez, previos los necesarios estudios hidrológicos e hidrográficos que hizo el ingeniero Francisco Javier Cisneros, por encargo de Simmonds, con ese propósito. La navegación del Patía siguiendo por el Telembí hasta Barbacoas, se inició en 1905, bajo el Gobierno del general Rafael Reyes.

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reclamar y demandar al Estado, se dedicaron a trabajar duramente como ingenieros. Posteriormente el general Mosquera, como Presidente del Estado del Cauca contrató con ellos la construcción del camino para carretas de cuatro ruedas, de Buenaventura a Cali, para lo cual Mosquera, como ya sabemos, había formado una compañía con otros socios payaneses y caleños. Este camino ya había sido trazado, años atrás, por el ingeniero Zawadski. Algún biógrafo dice que los White fueron puestos para este trabajo bajo la supervisión del ingeniero norteamericano William Meiggs, quien ya había construido ferrocarriles y caminos en Chile y en el Perú en los años sesenta. (En el Perú, Meiggs había tenido como ingeniero ayudante a Francisco Javier Cisneros) 241. 257. A fines del s. XIX vino al país una comisión del gobierno norteamericano encargada de trazar un ferrocarril desde Chile hasta México, y dirigida por el coronel William Shunk, del cuerpo de ingenieros del ejército de Estados Unidos. La comisión incorporó al ingeniero John Henry White quien trabajó en ella por dos años, en el sector de los departamentos de Nariño, Cauca y Valle. En esa condición vino a Antioquia hacia 1880, y aquí se radicó. También John Henry se dedicó a trabajar como ingeniero de minas. En esa labor vivió largo tiempo en la población aurífera de Remedios. Por ese tiempo se casó en Medellín con doña Rita Uribe, quien era hija de don Heraclio Uribe (hermano del general Rafael Uribe Uribe) y de doña Rita Uribe Uribe. Doña Rita era hermana de doña Rosario, la esposa de don Roberto White. John Henry formó aquí su familia, y aquí dejó una larga y nutrida descendencia. En Medellín dirigió la construcción de puentes y calles, y el trazado un nuevo camino hacia el occidente del Departamento. En 1908 fue nombrado Director de Caminos del Departamento, y en ese cargo trazó el camino de El Carmen de Atrato a Urrao, y construyó el de Urrao a Frontino, entre varias otras vías. Viajó extensamente por Antioquia y el Chocó, por lo cual fue designado por el Gobierno Nacional para presidir una comisión demarcadora de límites entre los dos departamentos; y desempeñó con brillo varios otros cargos oficiales y privados. Por recomendación suya se introdujeron en los planes de estudio de la Escuela de Artes y Oficios nuevas materias del área metalmecánica como metalistería y ferrería, gracias a lo cual esa Escuela suministró personal calificado a la minería y a la incipiente industria de la región. Desempeñó brillantemente varios cargos, públicos y privados; realizó una intensa labor en pro del departamento de Antioquia. Falleció en Frontino el 23 de septiembre de 1925. Aún hoy (2010) viven en Antioquia varios descendientes de don Enrique (como se le decía familiarmente) y de su hermano Roberto. Varios de ellos han sido o son ingenieros muy destacados. La Ministra de Educación de Colombia, entre 2002 y 2008, doña Cecilia María White, es descendiente directa de don Juan Enrique. El ingeniero civil Bernardo White fue un gran calculista de estructuras en construcciones y fue alumno de este autor en un curso de Matemáticas Avanzadas para ingenieros en la Universidad de Valle en 1958. 258. El país progresaba en ese entonces. En 1871 el censo nacional ordenado por el Presidente Eustorgio Salgar Moreno encontró 2´951.111 residentes en Colombia y 40.833 241

Este autor duda mucho de lo de Meiggs, porque en sus detenidos estudios sobre ferrocarriles en Colombia, nunca encontró su nombre en obras hechas en el país, pero sí en ferrocarriles de Chile y el Perú, como el ferrocarril de El Callao, sobre el mar, a La Oroya, centro minero a 3.700 m.s.n.m., ayudado por Cisneros en esa obra prodigiosa. Además, los tres White eran suficientemente buenos ingenieros para realizar solos este trabajo, sin supervisión de nadie.

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en Bogotá. El comercio exterior se intensificaba, pero casi todo tenía que tramitarse por Cartagena (con frecuentes problemas de obstrucción del Canal del Dique) o por Santa Marta (a través de la Ciénaga grande y los caños que van al río) porque las Bocas de Ceniza era casi imposible de pasarlas. Por eso el Estado Soberano de Bolívar y el Gobierno Nacional decidieron construir un ferrocarril desde el puerto de aguas profundas de Sabanilla, sobre el mar, hasta Barranquilla y así salvar el problema de la boca del río en el mar. La obra la hicieron ingenieros alemanes traídos a Barranquilla por la empresa Hönigsberg−Wessels Gesellshaft, cuyos socios alemanes estaban entonces residenciados en Barranquilla, pero que tenía su sede en Bremen. La obra se trazó y construyó entre 1869 y 1871. Barranquilla se convirtió así en uno de los tres puertos principales sobre el Atlántico. Es evidente que los alemanes trajeron con esa obra muchas nuevas tecnologías que no se conocían antes en el país: el trazado y la construcción de vías; el uso del teléfono y del telégrafo de Wheatstone (mejor que el de Morse); las locomotoras de vapor con su caldera piro-tubular y su cilindro de vapor de alta compresión; las máquinas de taller para reparaciones de los equipos; el uso del concreto de cemento; los materiales y herramientas de hierro maleable, y otros más. Pero estos elementos de tecnología, tan importantes, casi nada influyeron en el desarrollo técnico del país, porque los alemanes no aprendieron a hablar castellano, porque se llevaron todos sus conocimientos, porque no formaron escuela, y en Barranquilla no existían ingenieros ni técnicos colombianos, ni ningún instituto técnico que recibiera esos conocimientos. En cambio, estos últimos efectos sí se produjeron en el segundo ferrocarril que se inició en la Colombia actual, que fue el de Puerto Berrío a Medellín, iniciado por el ingeniero Francisco Javier Cisneros en 1874, por contrato con el Estado Soberano de Antioquia, porque Cisneros empleó a varios ingenieros colombianos mientras duró esa obra; porque su idioma castellano le facilitaba comunicarse y dar instrucción a sus ayudantes y a sus trabajadores; porque tenía sensibilidad laboral para sus obreros; porque era también latinoamericano242. 259. Entre 1874 y 1885 se iniciaron los ferrocarriles de Rio Zulia − Cúcuta (1878), Buenaventura − Cali (1878), Girardot − Bogotá (1980), Dorada − Honda (1981), Cartagena − Calamar, Bogotá − Zipaquirá, Bogotá − Sibaté, y Puerto Wilches − Bucaramanga. Dice Mc Greevey [1972] que se hubieran debido comenzar 30 años antes (como lo habían hecho varios países latinoamericanos) y que el país hubiera adelantado su desarrollo económico en 50 años. A la construcción de ferrocarriles con sus puentes y sus túneles, vinieron a Colombia, tanto en el s. XIX como en el s. XX, numerosos ingenieros, médicos y técnicos ingleses, alemanes, franceses y estadounidenses. De su labor en el país ha quedado muy poca o ninguna documentación, y hasta donde se sabe, sólo muy pocos se quedaron en Colombia, con la excepción de los constructores y operadores ingleses del ferrocarril de La Dorada, la mayoría de los cuales permanecieron en Colombia. De ellos se hablará en este documento. 260. En 1871 se presentaron en Bogotá dos traficantes, “encantadores de serpientes”, llamados David R. Smith y Franck B. Modica, proponiendo al gobierno federal de don Eustorgio Salgar y al del Estado Soberano del Cauca que la empresa estadounidense que 242

En páginas anteriores en este documento, se anotan las principales innovaciones tecnológicas, administrativas y laborales que trajo Cisneros al país.

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representaban, la “Cauca Valley Mining and Construction Company”, construiría un ferrocarril de Buenaventura a Cali en cinco años, lo cual era evidentemente inverosímil, cuando el ritmo medio de construcción de tales vías era de 15 a 20 km por año, sin interrupciones, y la distancia, ya calculada varias veces, era de 170 a 180 km. Pero los dos intrigantes exigían enormes “anticipos” en efectivo, exenciones de aduanas, extraterritorialidad judicial, cesiones de enormes baldíos, uso y abuso de aguas y de bosques, concesión sin competidores por 100 años, y otros más grandes gajes, recompensas, reembolsos, pagos, privilegios, etc. Increíblemente, el Congreso aprobó ese adefesio, por una Ley del 6 de julio de 1872, bajo la Presidencia del Sr. Salgar. Smith y Modica regresaron felices a informar a su empresa, la Cauca Valley Mining and Construction Company, en Illinois, de su éxito. Pero la codiciosa compañía, en una maniobra engañosa, había cambiado su nombre por el de Buenaventura and Cauca Valley Rail Road Company y se había trasladado a Nueva York. Aún así esta empresa puso otras mil objeciones y exigencias adicionales que el Gobierno Colombiano ya no aceptó, por desmesuradas. Pero, a pesar de todo, el contrato era tan jugoso, que la compañía de “robber barons” decidió emprender la construcción del ferrocarril y envió a Buenaventura, en 1873, al ingeniero civil Barton C. Smith para iniciar la obra. En forma muy responsable y eficiente, Smith empezó sus trabajos preliminares en el mismo año precitado. Hizo el trazado de la línea preliminar desde el puerto marítimo hasta el río Cauca, sirviéndose también de los estudios anteriores del Sr. Jaramillo, de los hermanos White, de Zawadsky, de Hopkins y del mismo Mosquera (quien, dicho sea de paso, hubiera sido un excelente ingeniero, y así lo sentía él mismo). Smith levantó mapas y planos, dibujó topografías, trazó perfiles, diseñó puentes de madera, ubicó las estaciones intermedias, calculó los números de traviesas y de rieles, estudió y diseñó algunas variantes y calculó el costo total de la obra. Hizo el plano de la isla de Cascajal, que sirve de asiento a Buenaventura, y cuidó de la buena conservación del camino que ya había sido puesto en servicio por la compañía de Mosquera. Pero su casa matriz en Nueva York lo dejó abandonado: no le suministraba fondos para la obra, ni herramientas de construcción, ni materiales, ni medicamentos para él ni para sus obreros, ni quiso enviarle un médico para combatir la malaria y la fiebre amarilla, etc. Aún así, construyó siete kilómetros de carrilera, selva adentro. De manera que a los tres años, agobiado por las dificultades, Smith renunció a su tarea, regresó a su patria; y la “Buenaventura and Cauca Valley” no reinició la obra, a pesar de haber recibido ya fuertes subvenciones, donaciones de tierras y cuantiosos avances. La obra quedó congelada, y en dos años la selva devoró los siete kilómetros que ya había construido el incansable Smith. 261. Tres años después de que Smith se retirase, Cisneros reinició la obra en 1878 empezando por reconstruir los siete kilómetros hechos por Smith, que la selva pluvial del Pacífico había cubierto y destruido [Poveda: 2010], y la llevó 20 km selva adentro desde el mar. Pero en 1885 renunció a este y a otros contratos de ferrocarriles con el Gobierno Nacional, por la imposibilidad de éste para pagarle sus trabajos, debido a la guerra civil de ese año, iniciada en forma suicida por los radicales contra Núñez. Hacia 1891 otro ingeniero aventurero de mala fe, James Cherry, estadounidense, pidió y recibió la concesión acompañada de las prebendas, gajes, exenciones y donaciones consabidas; pero no puso ni un riel y demandó a la Nación, “por incumplimiento del contrato”. El pleito duró varios años y después de muchas instancias y de un largo forcejeo, fue a dar a la Corte 208


Suprema de Justicia de Estados Unidos, y ésta, en 1905, condenó a Colombia (¡cómo no iba a hacerlo!) a indemnizar al pícaro empresario. Después llegaron otros dos “robber barons”, los hermanos Edward y Alfred Masson. Estos también engañaron a la Nación y nada hicieron para avanzar la obra. Uno de ellos, Edward, se radicó en Cali. Años después, en 1908, aparece como uno de los socios de don Phanor Eder, Ulpiano Lloreda y Benito López, como constituyentes de la “Cali Electric Light and Power Company”, empresa que instaló en esa ciudad, dos años después, en 1910, la primera planta de generación eléctrica, sobre el río Cali.

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DOS INGENIEROS TESONEROS 262. En los años iniciales del decenio de los setenta (1870 o 1871), llegó a Santa Marta el empresario y técnico naviero alemán Karl H. Simmonds243. Santa Marta tenía cerca de 6.500 pobladores, pero era uno de los dos puertos más activos de Colombia 244. Trajo a Santa Marta 150 trabajadores, alemanes en su mayoría, para colonizar la Sierra Nevada de Santa Marta, pero este proyecto se frustró por la muerte de la gran mayoría de aquéllos, víctimas de la fiebre amarilla (o “vómito negro” como decía el pueblo). Simmonds traía algún capital de cierta importancia porque desde los primeros momentos adquirió dos barcos de vapor que puso a navegar desde dicha ciudad hasta Barranquilla, atravesando la Ciénaga Grande y los caños que la unían (y la unen) al río Magdalena; y también hasta Cartagena, por el mar, bordeando la Costa, unas veces, o entrando por la Ciénaga al Magdalena, subiendo hasta “Barranca Nueva” (hoy Calamar) y llegando por el Canal del Dique a la “Ciudad Heroica”. Esta última ciudad había perdido mucha importancia desde la Independencia; cuando llegó Simmonds al país, apenas alrededor de 8.500 habitantes. En Santa Marta trabajó Simmonds durante dos años. Pero, al parecer, no tuvo mucho éxito en la navegación del Magdalena, debido tal vez a la fuerte competencia que había en ese momento en el transporte por el río, dominado por la fuerte empresa naviera que Cisneros había fundado en 1875. El hecho es que el emprendedor alemán se fue a vivir y a trabajar a Lima, no sabemos en qué actividad. Después, en 1880 vino a vivir a Popayán (con 12.000 pobladores, en ese momento), donde se casó y dejó su descendencia. Muy poco después se trasladó a residir en Cali (entonces con 35.000 habitantes). Allí inició varios negocios, como la exportación de tagua, cueros y caucho. Pero, no olvidando su vocación naviera, en 1882 encargó a Cisneros hacer los estudios geográficos, hidrológicos e hidráulicos del río Cauca, entre Cali y Cartago, necesarios al establecimiento de su navegación por vapores. Asociado con varios inversionistas de Cali, iniciaron la operación de los primeros barcos que surcaban ese rio en 1883. Eran los vapores “Caldas”, “Sucre” y “Cabal”. Transportaban pasajeros y cargamentos de café, cacao, cueros, quina, caucho y crin para exportarlos a Nueva York. Uno de sus vapores, el “Cabal” se hundió cerca de Buga. Pero, a pesar de este tropiezo, la empresa de Simmonds continuó navegando dicho río hasta 1896. Después de una intensa vida de trabajo, don Carlos Simmonds fue asesinado en una calle de Cali por un loco. Otras empresas caleñas continuarían esa navegación hasta 1930, cuando se extinguió dicha actividad. Todavía hoy en día (2010) viven en Popayán personas destacadas en la política que llevan el apellido Simmonds, heredado de don Carlos. En años no muy anteriores a hoy, el Sr. Carlos Lemos Simmonds fue Ministro de Relaciones Exteriores del presidente Julio César Turbay; y después, el mismo Lemos fue encargado de la Presidencia por varias semanas, durante el cuatrienio del presidente Samper. 263. Charles S. Brown fue un ingeniero civil estadounidense, especializado en ferrocarriles, que vino a Colombia representando a la empresa de Chicago ya mencionada, 243

Probablemente el señor Simmonds era hebreo azquenazi, a juzgar por el apellido, y por su vigor como empresario emprendedor, que ya había desplegado en sus actividades comerciales en las Antillas y en Barranquilla. Es probable que a nuestra Costa Caribe lo haya atraído Barranquilla, por el hecho de que ya había allí una numerosa y próspera colonia hebrea, con mayoría de alemanes. 244 Cuando murió Bolívar, allí, en 1830, tenía a lo sumo dos mil o tres mil pobladores.

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en 1872, a proponerle, al Gobierno Nacional y al del Estado Soberano del Cauca, que esa compañía construiría el ferrocarril de Buenaventura a Cali, a cambio de una concesión de explotación por cien años, más muchas prebendas de que ya se habló, más otras condiciones leoninas que ni el Gobierno Nacional ni el del Estado del Cauca aceptaron. Brown fue y volvió, y finalmente el ferrocarril se inició en 1873, bajo la dirección del ingeniero Barton Smith, ya mencionado. Pero Brown decidió quedarse en el país. Su historia muestra que era un ingeniero apasionado por los ferrocarriles, con mucha imaginación y capacidad de cabildeo, y con casi nada de financiación. Viajó a Bogotá, a proponer al Departamento de Cundinamarca, en 1866, que construiría el ferrocarril de Bogotá al sitio de “Conejo”, sobre la margen derecha del Magdalena, más debajo de Honda, con el fin de evitar los violentos rápidos de la desembocadura del río Guarinó, que amenazaban a los buques que iban hasta dicho puerto. Proponía seguir el trazado de Poncet y Liévano. Pero no obtuvo el contrato porque no demostró la solvencia necesaria para realizar el trabajo. Después de que Cisneros tuvo que renunciar en 1885 (debido a la sangrienta guerra civil de ese año y a los consecuentes trastornos financieros) a construir el ferrocarril de Puerto Berrío a Medellín, Brown fue a Medellín a presentar su propuesta y el gobierno departamental, en un momento de estrecheces financieras, el 27 de febrero de 1888, le otorgó el contrato para seguir construyendo la línea de Antioquia, desde la estación Pavas (km 47) hasta Medellín (km 197). El contrato era muy riguroso con Brown. Se le entregaba la empresa para explotar los 47 km ya construidos desde Puerto Berrío hasta la estación de Pavas. Se le daba plazo de seis años desde el comienzo de su trabajo para terminar los 150 km faltantes hasta Medellín 245, y eso sin contar con el tremendo obstáculo de la cuchilla de La Quiebra, que Cisneros no había sabido cómo resolver. Se le daba una subvención de 5.000 pesos por cada kilómetro que construyera246, hasta un tope máximo de 800.000 pesos247. Se le daba, como era usual en esos días, mil hectáreas de baldíos en Antioquia, donde él escogiera. Se le concedía un privilegio de exclusividad por 30 años a partir de la terminación de la obra, más otro privilegio para explotarlo por 55 años adicionales248. El contratista, en un plazo máximo de 8 meses desde la aprobación del contrato, debía demostrar que disponía del capital suficiente o que había constituido debidamente una sociedad al efecto de financiar la obra, antes de lo cual no estarían vigentes ni sus derechos ni sus obligaciones. Además, tenía que comenzar a trabajar en el término de 90 días a partir de la firma del contrato. El Gobierno Nacional aprobó el contrato. Más aún el Congreso votó la Ley 136 de ese año, autorizando al Gobierno a tomar acciones en la empresa de Brown, a razón de 1.000 pesos por cada kilómetro que se tendiera entre Pavas y Medellín. Pero Mr. Brown no daba ningún indicio de que fuera a cumplir sus compromisos, y, fundada en esto, la Asamblea Departamental, por Ordenanza 16 del 25 de julio del mismo año, autorizó al Gobernador para que, si el contrato con Brown no se realizaba, negociase con otra persona o sociedad, colombiana o extranjera, la ejecución de la obra, sobre las bases que creyera convenientes. 245

Este era un plazo demasiado estrecho, pues suponía un ritmo de construcción de 25 km. en promedio por año, lo que era un poco mayor que lo general en ese tiempo, que era solo de 20 km. por año promedio. 246 Cuando el costo promedio en ferrocarriles era de 500.000 a 900.000 pesos por km. 247 Cuando cada peso oficial se cambiaba a la par del dólar, y un dólar de entonces tenía el poder de compra internacional de unos ciento o más dólares de hoy (2010). 248 El privilegio duraría 85 años, en total, lo que era menos que en otros ferrocarriles de la época.

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En un intento por comprometer a Brown, el Departamento le entregó provisionalmente el ferrocarril en noviembre, pero aquél no pudo demostrar su solvencia ni entregar las fianzas exigidas. A principios del año siguiente el Departamento volvió a tomar la empresa y Brown, decepcionado, regresó a Bogotá. El caso de Antioquia fue el caso típico de los ferrocarriles que él quiso hacer en Colombia, a la cual él ya consideraba como su patria adoptiva. Después de esos dos fracasos, Brown se asoció con un socio capitalista, Mr. Charles G. Dodge, y propusieron al Departamento de Cundinamarca, en el mismo año de 1888, como representantes de la “Compañía del Ferrocarril del Occidente”, construir un ferrocarril desde Facatativá hasta un sitio del Magdalena llamado la “Vuelta de la Gran Madre de Dios”. Les otorgaron el contrato y Brown comenzó a construir desde la orilla mencionada del río, con el propósito de llegar frente a Ambalema (donde hoy está la población de Beltrán) y de allí subir a la Sabana por el camino de Cambao a Facatativá, que había construido en 1880 el ingeniero Juan Nepomuceno González Vásquez, y por el cual el ingeniero Jacobo Wiessner III (nieto y homónimo del que vino en 1788 de Freiberg), en 1881, había subido en carretas tiradas por bueyes, las locomotoras desarmadas para el Ferrocarril de La Sabana, que se estaba construyendo. Pero Brown solo alcanzó construir unos pocos kilómetros desde el río Magdalena hacia el sur, hasta frente a Honda. Porque allí murió de malaria y quedó enterrado “junto a unos rieles herrumbrosos y a una pequeña locomotora que pronto fueron cubiertos por la selva” como dice Fred J. Rippy. Brown nunca perdió su fe en Colombia, y en que los ferrocarriles le darían un impulso definitivo al progreso de este país. A pesar de sus frustraciones, Brown dejó en sus pocos ingenieros ayudantes, en sus maquinistas y en sus obreros, una lección patriótica de tecnología y de trabajo ferroviarios, con la que, indirectamente, así ayudó al progreso posterior del país. Fue, en este sentido, un admirable y patriótico ingeniero inmigrante al país.

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LOS DESCUBRIDORES DE NEIVA 264. A finales de 1870 o a comienzos de 1871 llegó a Barranquilla el oficial naval retirado, alemán, Alexander Weckbecker. Acababa de pasar la Guerra Franco Prusiana de 1870, provocada maquiavélicamente por el Mariscal Otto von Bismark, prusiano, con el doble propósito de: a) Fundir la multitud de “estados” germano parlantes en un gran Estado - nación, el “Imperio Alemán”; b) Arrebatarle a Francia, de una vez por todas las provincias de Alsacia y Lorena, que desde la Edad Media se disputaban la nación alemana y la nación francesa, que Napoleón había dejado para Francia, y donde predominaban dos nacionalidades opuestas: el idioma y la cultura alemanas, en la primera; y el idioma y la cultura francesa en la segunda. Dado que Weckbecker era oficial naval prusiano, no podía haber venido a Colombia antes de ese conflicto bélico, pero es indudable que después del mismo 249, el joven Schiffkapitän pidió su retiro del servicio activo, y se vino a Suramérica. Escogió a Barranquilla, posiblemente, porque supo que allí había ya una numerosa colonia alemana, toda ella muy exitosa económicamente, y muy unida, como ya lo hemos visto en el caso del Sr. Hönisgsberg (quien en ese momento construía el ferrocarril “de Bolívar”). Vivían allí también los alemanes Ludwig Giesseken, Wolfgang Lindemeyer, Thomas Held, Julio Gerlein Güell y varios otros connacionales inmigrantes, todos muy exitosos económicamente, y esto lo orientó hacia la pequeña ciudad, la que entonces contaba apenas con 11.600 habitantes. Con la participación de otros socios, alemanes y colombianos, constituyó la Empresa Alemana de Vapores, gerenciada por él mismo, la cual entró al río Magdalena con tres vapores de 200 toneladas de porte (el “América”, el “Deutschland” y el “Welther”), que comenzaron a navegar con buenos resultados técnicos y económicos entre Barranquilla y el caserío de la María (que llegaría a ser el actual puerto de La Dorada). Además el empresario y técnico alemán estableció nuevamente, capitaneando él personalmente su barco, la navegación desde Santa Marta a Ciénaga, y por los caños que van al Magdalena, a Barranquilla250. Alguno de sus primeros vapores se aventuró alguna vez a ir más al sur de La María (hoy La Dorada), hasta Honda, pero se dio cuenta de que con esos pesados tonelajes, un vapor no podría trasmontar el famoso “Salto de Honda”, con sus tres o cuatro kilómetros de contracorrientes, raudales furiosos, violentas torrenteras, enormes peñones en medio del cauce, torbellinos y más obstáculos descomunales. Pero el navegante alemán consideró que era posible y rentable subir el río hasta Neiva (que ya tenía 8.400 habitantes) y traer de allí el cacao, el tabaco, el arroz, los sombreros de Timaná, y los viajeros al exterior, que el Huila (que entonces era la parte sur del Estado Soberano del Tolima) despachaba al resto del país y al exterior en ese tiempo 251. 249

Que duró sólo unos meses antes de que Francia cayera estrepitosamente en la batalla de Sedán, donde hasta el Emperador Napoleón III quedó prisionero de los alemanes. 250 Un documento de la Biblioteca Luis Ángel Arango dice que esta fue la primera vez que se navegó en vapor por esta ruta. Está equivocado. El que primero lo hizo fue uno de los vapores de Elbers, y luego lo hicieron otros. Dice también que esto fue en 1859−1860. También está equivocado. Weckbecker sólo llegó al país en 1870, como ya se dijo. 251 En todo el Caribe los finos sombreros de paja toquilla que se hacían a mano en la población de Timaná eran llamados “sombreros de Panamá”, y eran muy apreciados por su blancura, su elegancia y su frescura, en las tórridas tierras del Caribe. Dicha población había sido fundada en 1537 por soldados de Belalcázar y a fines del s. XIX tenía unos 4.000habitantes.

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Así que, en los meses finales de 1874, Weckbeker diseño él mismo, en su sala de corte de lámina, en el astillero de su empresa en Barranquilla, un pequeño vapor de 35 toneladas GDW, dirigió personalmente la construcción en sus talleres, y lo botó al agua en su propia dársena, bautizándolo con el nombre de “Moltke”, con el que aludía al Mariscal Helmuth von Moltke, quien había conducido los ejércitos prusianos que ganaron la guerra ya mencionada, y quien personalmente recibió la rendición y la entrega de Luis Napoleón Bonaparte (“El Pequeño”) en Sedán. Solamente quien hubiera sido un excelente ingeniero y oficial naval alemán, severamente entrenado y bien experimentado (como fue siempre en la marina de ese país) podía tener la idoneidad técnica, la preparación naval militar, y el coraje personal que eran indispensables para acometer esta empresa con la confianza de lograrla exitosamente. Weckbecker escogió personalmente un contramaestre, un “práctico” o piloto, un maquinista y cinco “marineros”. El capitán era el mismo Weckbecker. En los primeros días de enero de 1875 el “Moltke” zarpó de su ciudad de origen. Sin problemas navegó hasta Magangué, de día y de noche. De ahí en adelante no se debía navegar de noche, porque los troncos en el cauce, los bancos de arena y los torbellinos furiosos no eran visibles. Con su espíritu de explorador, Weckbecker entró varios kilómetros en el río Cauca y en el Cesar, así como en el Lebrija, el Suárez, el Carare, el Opón, el Nare, y el Río Negro. De todos ellos reconoció la factibilidad de su navegación por vapores pequeños252. Desde Magangué hasta La María había (y hay todavía) numerosos sitios peligrosos, en varios de los cuales habían naufragado varios vapores en casi medio siglo de historia de nuestra navegación fluvial. Pero esos riesgos ya eran conocidos de los tripulantes y del mismo capitán; el vaporcito apenas calaba un pie, y era muy maniobrable. Así pues llegó a La María (hoy La Dorada) y siguió hacia el sur. Pasó por el “Peñón de Conejo” y por la “Vuelta de la Gran Madre de Dios”, así como por el peligroso “Chorro del Gualí”. Este río, que actualmente marca el límite entre los departamentos de Tolima y Caldas desemboca con velocidad arrolladora, “de través”, en el Magdalena, y los capitanes de ese tiempo que llegaran hasta Honda, sabían que era un punto sumamente peligroso, y lo superaban orillando por la margen oriental, a contracorriente, a toda máquina, lentamente, piloteando el mismo capitán. Así lo superó el “Moltke”, que llegó a Honda a principios de febrero. El capitán alemán y sus ocho tripulantes hicieron prodigios de habilidad náutica, de conocimiento práctico, de fuerza física y de inteligencia para trasponer el “Salto” en dos días. Pero lo lograron253. Entre Honda y Ambalema, y de ahí a Purificación encontró y superó numerosos puntos sumamente peligrosos y difíciles 254. A Purificación (fundada por D. Diego de Ospina y Maldonado en 1546, como ya se dijo), llegó a principios de abril, dos meses después de pasar por Honda. En ese tiempo aquella población era el único centro comercial de cierta importancia entre Honda, Ambalema y Neiva 255. De Purificación hacia Neiva el río tenía (y 252

De hecho, posteriormente, hubo vapores que surcaron regularmente los ríos Cesar, Bajo Cauca, Nechí, Lebrija, Suárez y Nare. 253 Poveda [1998], en su libro Vapores fluviales en Colombia, describe cómo era la peripecia de cruzar el Salto de Honda, desde el puertecito de Caracolí, en el norte de esta población, hasta el de Arrancaplumas, en el sur, una proeza que era especialmente difícil y peligrosa cuando se iba hacia el sur, a contracorriente, pero que también era muy riesgosa cuando se iba aguas abajo. 254 Poveda en el libro citado enumera y describe todos los sitios peligrosos del Magdalena, incluyendo los del Alto río. 255 En ese tiempo Girardot apenas era un villorrio de chozas pajizas con muy pocos habitantes: menos de 2.000.

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tiene) poco caudal porque en ese tramo sólo recibe ríos pequeños como el Prado y el Cabrera. Al frente de la población de Natagaima, cerca de ésta, el Magdalena presenta un accidente formidable: dos inmensos peñones surgen del agua y alcanzan una altura de alrededor de 8 m, dejando entre ellos un pasaje sumamente angosto, por donde se precipita el grueso del caudal a velocidad vertiginosa. La gente de las vecindades los llama “Las Mamas” por su forma. A toda máquina, lentamente, piloteando en la toldilla un “práctico” de la región entrenado en los champanes que iban y venían de Neiva, y con el capitán a su lado, en la toldilla, el “Moltke” pasó entre las dos moles, a mediados o fines de abril. Más hacia el sur, recorrió el altísimo cañón y la estrecha garganta por donde corre el río antes de recibir las aguas del río Cabrera, al que se llama el “Estrecho de las Golondrinas”. Finalmente, el 12 de mayo de 1875, a las 5 p.m., después de cuatro meses de navegación, Weckbecker, con el “Moltke” y sus ocho tripulantes (No se perdió ni uno, lo que era un prodigio en ese tiempo y en esa peligrosa aventura), llegaron a Neiva, “después de salvar obstáculos que se creían insuperables” [Jalhay: 1909], y atracaron en el “Puerto de Las Ceibas”, sitio donde desemboca el pequeño río de “Las Ceibas”, al borde norte de la ciudad256. La población de Neiva hizo festejos durante una semana. Después, se inició el regreso. Al principio, navegando aguas abajo, éste fue menos accidentado. Por la lluviosa época del año (abril y mayo), el Magdalena tenía más agua. En la boca del Saldaña el capitán quiso explorar este caudaloso río que baja de las nieves del Nevado del Huila. Entró unos pocos kilómetros y se devolvió. Pero en algún punto de este río tumultuoso se hundió el “Moltke”, probablemente chocando con una roca o con un tronco hundido. Por fortuna nadie perdió la vida. Como pudieron, el capitán alemán y su gente regresaron a Barranquilla. En 1876, Weckbecker entregó al Gobierno Nacional de D. Aquileo Parra un informe detallado sobre su viaje, y copia del cuaderno de bitácora, y solicitó una indemnización por su barco, aunque no por sus servicios. Pero el Gobierno no se la concedió. Muy probablemente se debió a que casi en el mismo momento se desencadenaba la guerra religiosa que los Estados de Antioquia y el Tolima, ambos conservadores, coaligados, le declararon torpemente al pacífico Sr. Parra (liberal radical), a quien de inmediato apoyaron los Estados de Cauca, Cundinamarca y Santander (liberales), coaligados, y los cuales resultaron vencedores. El diminuto Ejército Federal del Presidente Parra tenía solamente unos mil o dos mil hombres257. Poco después el empresario y capitán alemán vendió su empresa, comúnmente llamada “La Alemana”, a otros armadores del río. De ese momento en adelante no se tiene noticias del destino del denodado capitán Weckbecker. Este autor considera que es probable que después de vender su empresa, deprimido por la pérdida de su precioso barco insignia, económicamente muy afectado, y decepcionado de Colombia, hubiera regresado a Alemania, poco después de 1870, como lo hicieron también varios compatriotas suyos258.

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Pardo Pardo [1972] cita extensa y textualmente el informe que rindió Cisneros cinco años después, sobre los riesgos y los problemas del río entre Honda y Neiva. 257 En esa guerra insensata se movilizaron 20.000 hombres de los cuales murieron 9.000 en combate y más de 1.000 murieron de enfermedades, fusilamientos, accidentes e infecciones, después de las terribles batallas de Los Chancos, al pie de Buga el 31 de julio de 1876; Garrapata (la primera batalla de Garrapata, cerca a Ambalema) el 20 de noviembre de 1876, La Donjuana (actual Norte de Santander) el 28 de enero de 1877, Manizales y otros combates menores. [Datos de Mc Grevey: 1972, p. 88 y de Poveda]. 258 Las poquísimas notas históricas existentes sobre Weckbecker están llenas de equivocaciones:

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265. Cinco años después de Weckbecker, en 1880 llegaría a Neiva, ascendiendo por el río Magdalena, el ingeniero Francisco Javier Cisneros, comisionado por el gobierno del General Julián Trujillo para abrir y establecer la navegación regular del Alto Magdalena, desde Honda hasta Neiva. Lo hizo en un buque pequeño, de 50 toneladas GDW, llamado “Tolima” y así se inició el tráfico de pasajeros, de carga y de correo en esa región259. Desde Purificación hacia Girardot y Honda (en su puertecito sur de Arrancaplumas) se continué haciendo navegación en vapores desde 1905 hasta 1927. En este año se recortó más aún, hasta sólo recorrer el tramo del río al norte de Girardot hasta Arrancaplumas, en donde se suprimió este servicio de transporte hacia 1950260. 266. Las dos historias de los viajes pioneros de Cisneros y de Weckbecker, han sido reconstruidas aquí por el autor a base de numerosos fragmentos de información, de documentos, de narraciones y de informaciones personales al autor, de las siguientes fuentes: a) El libro de Jalhay [1909], que informa con precisión y autoridad sobre el viaje del marino alemán; b) La Historia de Alemania, de Emil Ludwig; c) El pequeño libro Die Erziehung der Jünge Offizieren in der Deutsche Militäre Akademien, adquirido por este autor en una a. Una página de Internet, dedicada al capitán Weckbecker, y redactada por una organización de navieros del río Magdalena está llena de errores sobre este personaje admirable y sobre su viaje a Neiva. Dice, por ejemplo que “(…) en 1861(¡!) Alexander Weckbecker remonta el río Magdalena hasta Neiva (…) y después navegó hasta 1873(¡!) (…) en buques traídos de Estados Unidos”. b. Gallo [2009] dice que era “un comerciante radicado en Honda, Tolima”. Es absurdo por mil razones. Dice también que tenía vapores (supuestamente en Honda, cuando allí ya no se navegaba), en 1850 (¡!). c. Dice, además, que Weckbecker llegó a Neiva en 1873 (¡!). Jalhay [1909], mucho mejor informado e históricamente más cercano al hecho, da la fecha y la hora correctas y exactas de ese suceso, ya citadas arriba. 259 Dice el visitante alemán a Colombia, llamado Hermann von Schenk (de quien se habla también en otras páginas de este documento), cuando volvió a Colombia, por segunda vez, a fines de 1880, que al regresar Cisneros de Neiva hacia el Norte su vapor se hundió frente a la población tolimense de Natagaima. Esto NO es verosímil: si hubiera sido cierto, Cisneros lo hubiera informado en su informe al Gobierno de Núñez, informe que fue favorable a esa navegación, que Pardo-Pardo [1972] cita extensamente y donde nada de esto se dice. Ni el ingeniero cubano hubiera puesto en el Alto Magdalena varios vapores de su propiedad, como el “Tolima”, el “Unión”, el “Emilia Durán” y otros. Ni hubiera recomendado la posterior navegación del Alto Magdalena. Ni hubiera recomendado al Gobierno Nacional que enviara por ahí el correo y los cargamentos oficiales. Todo esto SI lo hizo el Ingeniero cubano al regresar de Neiva a Honda. Ni hubiera habido servicio ordinario desde 1880 desde Neiva hacia Purificación, Girardot y Honda hasta el año de 1905 (25 años), autorizado y apoyado por el Gobierno Nacional. Así navegó el vapor “Neiva” de los hermanos Benito y Fernando Salas, empresarios de esta ciudad, homónimos de los dos hermanos Salas que fueron fusilados en 1816 por los “reconquistadores” españoles por haber ayudado económicamente a las campañas de Nariño en el Sur. Es posible que von Schenk hubiera sabido del caso de Weckbeker, que se hundió en el río Saldaña, (que no está lejos de Natagaima) y lo confundió con el caso de Cisneros. 260 Jalhay [1909, p. 221] dice textualmente: “le (riviére de) Saldaña est navigable pour de petits steamers sur une longueur de 120 kilométres”. El autor de estas líneas considera que esta afirmación tuvo que ser obtenida de una fuente gubernamental, y que dicha fuente tuvo que basarse en el informe que Weckbecker envió al Presidente Aquileo Parra, en el cual le informa sobre su entrada al río Saldaña y a otros varios afluentes que entonces eran muy caudalosos, como los que ya mencionamos más arriba. El autor conoce bastante bien el río Saldaña, desde su desembocadura en el Magdalena, unos pocos kilómetros aguas abajo de Purificación, hasta la población de El Ataco (un recorrido curvilíneo de 80 km). Más arriba de allí no hubiera podido nunca subir ningún barco de vapor aunque fuera un “petit steamer” como el “Moltke” de Weckbecker (35 toneladas) o el “Tolima” de Cisneros (50 toneladas). Por eso el autor afirma que Jalhay exagera mucho cuando habla de “120 kilómetros”.

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librería de antigüedades en Frankfurt (Alemania) en 1973; d) Informaciones verbales de los Srs. Adriano Poveda y Pedro Cifuentes (en varios momentos entre los años de 1938 y 1945), quienes fueron capitanes de barcos en el Alto Magdalena, y conocieron muy bien el río desde Neiva hasta Honda; e) Tradiciones recogidas por ellos en Honda, Girardot, Neiva y Purificación; f) Conversaciones del autor con el ingeniero Pío Poveda Narváez., su padre , quien viajó en su juventud (desde 1914 hasta 1925) muchas veces, por el Magdalena en el champán del abuelo, D. Timoteo Poveda Aragón, y en vapores del Alto río, como el “Emilia Durán”, el “Tolima” y el “Unión” (los tres de Cisneros) entre Neiva, Purificación, Girardot y Honda; g) Narraciones de don Timoteo Poveda, abuelo del autor (quien navegó en su propio champán entre Neiva y Honda, transportando mercancías y pasajeros, desde 1885 hasta 1925), a su hijo el ingeniero Pío Poveda, y que éste repitió al autor; h) El libro Historia Económica y Humana de Colombia del ingeniero Alberto Pardo Pardo, donde cita extensos apartes del informe de Cisneros al gobierno de Núñez, en 1880; i) La experiencia del autor, quien navegó en lancha de motor todo el rio desde Neiva a Girardot, en varias ocasiones, en los años cincuenta del s. XX; j) El libro Vapores Fluviales en Colombia de este mismo autor; k) En narraciones oídas por el autor en 1945 al Sr. Luis Dubois, radicado en Purificación desde 1920, cuando se retiró del río en el que navegó como maquinista o “ingeniero” en los vapores, desde Neiva hasta Honda; l) En conversaciones tenidas por el autor en Purificación, en 1950, con el Sr. Uldarico Rouaines, hijo de un ex capitán de vapores, francés, que navegó en el Alto Magdalena a fines del s. XIX y a principios del s. XX, y que se quedó viviendo en dicha población; m) En la buena memoria y el conocimiento personal que tiene el autor, de toda la región vecina al Magdalena, desde la actual Buenavista (en Caldas), al Norte, pasando (hacia el Sur) por La Dorada, Honda, Ambalema, Girardot, Purificación, Natagaima y Neiva, hasta Timaná, que son regiones del Tolima y el Huila donde vivió aquél durante varios años; n) En memorias oídas al ingeniero neivano Ramón Salas Trujillo, recogidas por éste en el archivo de su familia; ñ) En una narración del general Roberto Leyva en su hacienda de “El Tigre” en Saldaña (Tolima), en enero de 1940, a los padres del autor de este documento, a quienes les relató su recuerdo de 1875, cuando él tenía 5 años y por allí pasó Weckbecker, y de 1880, cuando tenía 10 años y por allí pasó Cisneros. 267. Las historias de los viajes de Weckbecker y de Cisneros a Neiva, que en su momento fueron tan importantes para el desarrollo económico y tecnológico del Huila y del Tolima, son desconocidas del todo en Colombia. Este autor tuvo ocasión de oír un testimonio personal y verbal de alguien quien en su niñez supo del primero y fue testigo de la actividad del segundo, a saber: Se trata del general Roberto Leyva quien procedía de una familia colonial, que en esa época vivía en La Calera (Cundinamarca), de apellidos Leyva Caycedo, poseedoras, cada una, de sendos enormes latifundios en el Tolima, a orillas de los ríos Magdalena y Saldaña. El general nació en Ibagué, en 1870, donde y cuando su padre, el general Uldarico Leyva era Presidente del Estado Soberano del Tolima 261. Luego, el general Roberto obtuvo su grado combatiendo en el bando conservador en la guerra civil de 1895 y en la de los Mil Días. Él y toda su familia eran cerradamente conservadores, pero eran también personas muy decentes, civilizadas y amables. La casa señorial de su hacienda de “El Tigre” tenía iglesia 261

El que, de Sur a Norte se extendía desde el río Suaza, contra el territorio del Caquetá, hasta el río La Miel, que marcaba el límite con Antioquia.

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propia y cementerio propio; estaba situada en la confluencia del Saldaña sobre el Magdalena. Sus tierras se calculaban en 5.000 hectáreas. A menos de un kilómetro estaba la casona de la finca “Saldaña”, de la familia Caycedo, descendientes del general de la Independencia Domingo Caycedo. Tambien, como su antecesor, eran conservadores profundos, pero al mismo tiempo, personas muy decentes y civilizadas. También era la “manor house” de otro latifundio de unas 5.000 hectáreas. Ambas casas estaban situadas a unos 10 km, Magdalena abajo, de la población de Purificación. Ésta había sido declarada Capital de la República en 1831, cuando la dictadura de Urdaneta desalojó de la Vicepresidencia al general Caycedo. Del pueblo a las dos casas se iba en dos horas a caballo. Un día domingo, en enero de 1941, los Leyva invitaron a dos familias de Purificación a almorzar en su hacienda. Una de ellas fue la familia liberal de este autor (quien en ese momento cumplía diez años de edad). En el curso de la conversación se llegó al tema de cuando pasaban vapores frente a las haciendas de “El Tigre” y “Saldaña”, procedentes de Neiva o de Purificación, hasta unos 15 años atrás, como en 1927. El general tenía en ese momento 71 años (como lo declaró) pero era todavía un hombre muy vital y completamente lúcido. Contó entonces cómo, en 1880, cuando él tenía 10 años de edad, él y su familia vieron pasar frente a la hacienda, el vapor “Tolima” conducido por Cisneros, que se dirigía a Neiva, y la curiosidad y el alborozo que despertó entre los pobladores de la región, quienes se agolparon a la orilla del Magdalena a verlo subir río arriba. Recordaba que dos semanas después lo volvieron a ver pasar, río abajo, pitando y con la bandera nacional al viento, de regreso hacia Honda. Su padre, el general Uldarico, le explicó la importancia que tenía para todo el Tolima ese paso de progreso. El suceso fue novedad por varios días y, a propósito, los adultos que lo presenciaron, comentaban que cinco años antes, en 1875, habían visto pasar hacia Neiva el pequeño vapor ”Moltke”, conducido por el capitán Weckbecker; que lo vieron regresar a los varios días y entrar a la fuerte corriente del Saldaña, a la vista de ellos; para saber a los 8 días que el “Moltke” había naufragado al chocar con un enorme tronco de árbol sumergido en ese río, que entonces era mucho más hondo y más caudaloso que hoy (año 2010). El autor narra esta anécdota porque la vivió personalmente, junto con sus padres, y porque se refiere a hechos históricos que hoy nadie conoce, y porque respalda lo que aquél ha expresado más arriba sobre esos dos viajes, y sobre los errores que se han dicho acerca del capitán alemán, y el error de von Schenk sobre el presunto hundimiento del barco Cisneros, que este viajero confundió con el del “Moltke” 268. Es pertinente aquí dar una explicación sobre el “tonelaje” de los barcos, según el lenguaje que han usado armadores y capitanes, marítimos y fluviales, desde Elbers hasta hoy, pasando, por supuesto, por Weckbecker:  “One ton” (se escribe en inglés porque sólo en ese idioma tiene el significado que aquí se le da) es la unidad de medida asignada para la capacidad “gross dead weight”, por autoridad debidamente calificada, para aforar la capacidad de carga según el tamaño de un barco. Se supone: one ton = 100 pies cúbicos. Net register tonnage = capacidad de pay-load = gross tonnage menos “deducted space”.

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 Gross tonnage = capacidad en pies cúbicos (100 p. cub. = one “ton”) de todos los espacios bajo cubierta libre, más espacios permanentemente sellados encima de ella, menos “excepted spaces”.

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INNOVACIONES MUNDIALES E IMPACTO EN COLOMBIA EN 1870 A 1890 269. En la tarde del 24 de enero de 1848, un inmigrante suizo-alemán en Estados Unidos, llamado Johann Augustus Sutter, que había llegado unos 12 años atrás a este país, y había nacido en el Gran Ducado de Baden Alemania), encontró fortuitamente en su inmenso latifundio cercano a la actual ciudad de Sacramento (California), un grano de metal amarillento, del tamaño de una nuez. Era oro, por supuesto. La noticia cruzó el país, de Occidente a Oriente en pocos días, y centenares de miles de personas se lanzaron hacia ese territorio, en pos del metal. Aquello se llamó después, la fiebre del oro de California 262. A California llegaron en los años siguientes, multitudes de inmigrantes del mismo Estados Unidos, de Europa, de China y del Japón a lavar arenas, a tumbar peñones y a cavar túneles. Miles y miles de ellos murieron en accidentes de trabajo, en riñas armadas, en explosiones imprevistas y en todos los demás desastres que causa la “libido lucrandi” desenfrenada en los humanos. Allá llegaron también miles de ingenieros de minas, civiles y mecánicos, americanos y europeos. Alguno de estos técnicos inventó allá el “monitor hidráulico” a mediados de los años cincuentas, máquina que trajeron, por primera vez a Suramérica, a las minas de Santa Ana, los hermanos franceses Gouzzy, de quienes se habla más abajo. 270. Otro de esos ingenieros mineros inventores fue el ingeniero inglés Lester Allan Pelton (1829−1908), quien afrontó el problema de cómo producir grandes cantidades de energía mecánica para mover los miles de molinos “californianos” (también inventados antes allí) que trabajaban en las minas. En 1870 llegó a la solución, con la turbina de impulso que hoy lleva el nombre del ingeniero inglés. Las numerosas y caudalosas caídas de agua de la Sierra Madre, también rica en oro, hicieron enormemente útil y económica a la turbina. En ilustración incluida en este documento se observa el dibujo de la máquina en la patente original que su inventor obtuvo en Octubre de 1880). Esta turbina se propagó por todo el mundo. A Colombia empezaron a llegar unidades de la misma a finales de los años setentas y comienzos de los ochenta a las minas, las unas (P. e.: a El Zancudo, a las de Marmato, a las de Remedios, etc.); y a las plantas eléctricas generadoras, que ya entonces comenzaban a instalarse en ciudades, pueblos y fábricas, las otras. En todas estas aplicaciones fue una innovación extraordinaria por su facilidad de

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Este fue un inmenso golpe de suerte para los Estados Unidos, pero fue también una gran calamidad para México: En ese mismo año, y por la codicia del metal y de la enorme extensión de tierra de California, aquél país le declaró la guerra a México, lo derrotó aplastantemente, y le arrebató todo lo que hoy son los estados de California, Arizona, Nevada, Colorado, Nuevo México y Oklahoma. En conjunto, le arrancó a México más de dos millones de kilómetros cuadrados, casi el doble del área actual de Colombia, y más de la mitad de lo que era México cuando se independizó de España. Para completar la humillación, el Ejército norteamericano invadió el centro de lo que quedó de esa Nación, llegó a Ciudad de México, y le impuso al gobierno un infame tratado de “cesión”. Los mexicanos se defendieron heroicamente. Hasta los jóvenes y adolescentes cadetes de la Escuela Militar de Chapultepec combatieron con el mayor coraje, pero nada pudieron hacer, frente a la enorme superioridad técnica de los yankees. Dos años antes, en 1826, los Estados Unidos le habían usurpado a Texas, valiéndose de tretas políticas y militares, que culminaron en la batalla de El Álamo, donde el general Sam Houston acabó con el pequeño ejército mexicano.

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mantenimiento, su sencillez de instalación, su versatilidad para aprovechar caudales variables, su muy alta eficiencia mecánica y sus otras ventajas de varias clases. En los años finales de la década de 1890 y comienzos de la de 1890, algunos ingenieros y mecánicos, todos inmigrantes, comenzaron a fabricar estas máquinas. Las hicieron, por ejemplo, los hermanos Penagos en Bucaramanga, don Reginald Wolff en Titiribí, Mr. Forest en La Pradera y Monsieur Amour en Amagá. 271. Franklyn White vino a Antioquia desde el Cauca, tal como ya se expresó, con sus hermanos (Roberto y John Henry), en enero de 1887. Entró a trabajar con Cisneros en la construcción del ferrocarril de Antioquia y allí trabajo hasta 1885, cuando éste tuvo que devolver su contrato por las imposibilidades que se le presentaron a raíz de la guerra civil que estalló ese año. Trabajó luego en empresas mineras en Antioquia, al igual que lo hicieron sus dos hermanos. En ese mismo año fue contratado por la Compañía Francesa del Nechí para traer a ese río, desde Cartagena, una draga flotante del tipo Priestman, con cucharas de fondo, para dirigir su instalación y para la posterior operación de este complejo equipo, que en ese momento era una pieza muy compleja y muy costosa, de tecnología sumamente avanzada para la minería de aluvión. Esta fue la primera draga flotante que operó en este Departamento. Después de algunos años, decidió volver a su patria. De allí fue llamado a trabajar en las minas de oro del Transvaal, en Suráfrica (la cual era entonces un “Dominio” del Imperio Británico), y allí permaneció algunos años263. Después regresó otra vez a Inglaterra y allí vivió sus últimos años. Murió en Londres el 18 de octubre de 1928. 272. Entre 1870 y 1880 se experimentó en las minas de Colombia, México y Perú, un gran avance en los equipos y en las capacidades de los molinos de pisón para minas de oro. En los talleres de Antioquia y de Bucaramanga ya se construían estos equipos, cuyos diseños y materiales habían sido apropiados por los ingenieros y los mecánicos colombianos mediante el método de hacerle “ingeniería reversa” a los equipos similares importados de Estados Unidos y de Europa. La mayoría de esos molinos operaban bajo la dirección de ingenieros extranjeros. El Sabio D. Tulio Ospina estimó que hacia 1871 había en toda la provincia de Antioquia unos 850 pisones de molinos para triturar roca en las minas de filón, número que él juzgaba muy pequeño. De ese número podemos estimar que unos 600 o 700 estaban en Antioquia. Pocos años después, en 1875, Cisneros informaba que en las minas de veta que funcionaban en Antioquia había unos 1.200 pisones de molinos “cornish”, de los cuales 100 estaban en El Zancudo. Comparando estas cifras se advierte que en sólo cuatro o cinco años el número de pisones de molinos se había duplicado prácticamente, también por esos años cuando se empezaron a traer las primeras turbinas tipo Pelton, que el ingeniero inglés Lester Pelton había diseñado y construido por primera vez en 1870 en las minas de oro de California. 273. El ejemplo de este buen número de eminentes técnicos e ingenieros extranjeros había suscitado entre numerosos jóvenes antioqueños el deseo de seguir sus pasos en la ingeniería y de servir a su tierra con sus conocimientos profesionales. Entre ellos estuvieron, además de otros:

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Dice Ramos [2007] que allá falleció Franklyn, pero en esto está mal informado.

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 José María Villa, quien estudió en el Stevens Institute, en el estado de Nueva York; allí se graduó como ingeniero mecánico; luego trabajó en la construcción del puente de Brooklyn bajo el Coronel Roebling, y a su regreso al país construyó el puente colgante de Occidente (1895), el de Pescadero y el de La Iglesia, los tres sobre el río Cauca, en Antioquia, donde hasta entonces no había ninguno  Vicente y Pastor Restrepo, quienes estudiaron Química en París con Théofile Jules de La Pelouze y con Alcide D‟ Orbigny; y después estudiaron y se graduaron en Metalurgia en Berlín  Joaquín Uribe, connotado ingeniero de minas  Tulio y Pedro Nel Ospina, graduados como ingenieros de minas en la Universidad de California de Berkeley, y con estudios adicionales en Europa. Fueron los fundadores de la Escuela de Minas en Medellín. D. Tulio, llamado “el Sabio” por sus saberes universales; es de lamentar que no haya sido presidente de Colombia, hubiera sido uno de los grandes Su hermano Pedro Nel fue uno de los pocos grandes presidentes eminentes que Colombia ha tenido desde 1819. Ambos fueron tan importantes a nivel nacional que de ellos se habla, más a espacio, en otra parte de este documento  Luis Tisnés Marulanda, fue hijo de un artesano francés, Gabriel Tisnés, quien se había radicado y se había casado en Sonsón. Se graduó como ingeniero civil y militar en la Escuela Politécnica y de Ingeniería (con la que Mosquera había reemplazado el primer Colegio Militar de Ingeniería, dada la prohibición absurda y grotesca de los ”liberales” de 1851 de prohibir la existencia de facultades para la enseñanza de profesiones superiores como la Ingeniería, el Derecho y Medicina). Tisnés se graduó en Bogotá en 1871. Según este autor, viajó a profundizar sus estudios en Francia durante dos o tres años, para regresar después a Medellín  Jorge Rodríguez Lalinde, quien se graduó como profesor de Matemáticas e Ingeniero Civil en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional en Bogotá, y luego se especializó en Matemáticas en la Universidad de París. Fue quien primero enseñó Teoría de Quaternios 264 en Medellín y en Colombia. Luego fue profesor durante muchos años de Geometría Descriptiva y Cálculo Diferencial en la Escuela de Minas de Medellín. Allí murió en 1948  José María Escovar Escobar, inicialmente estudiante de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Antioquia (1874−1880) hasta que ésta se cerró, y quien posteriormente fue a terminar la carrera en París y allí se graduó. Fue uno de los primeros profesores de Matemáticas en la Escuela de Minas de Medellín al abrirse

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La Teoría de los Quaternios fue inventada por el matemático y astrónomo irlandés Sir Williamm Rowan Hamilton, de la Universidad de Dublín, en 1843. Pero fue superada por la Teoría del Análisis Tensorial, formulada por el matemático italiano Gregorio Ricci-Cubastro en 1890, y complementada por su compatriota, alumno y colega hebreo Tulio Levi-Civitta en 1917. Esta teoría desplazó completamente a la teoría de los Quaternios por su mayor alcance teórico y por su potencia mucho mayor como herramienta matemática para la investigación en Física. Cuando Einstein la empleó a fondo en 1915 para construir su Teoría General de la Relatividad, el Cálculo (o Análisis) Tensorial fue adoptado por físicos y matemáticos del mundo y los Quaternios pasaron al olvido.

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ésta en febrero de 1888. En1897 instaló la primera planta hidroeléctrica que hubo en Medellín265 Fabriciano Botero, graduado en Estados Unidos como ingeniero civil, donde trabajó en ferrocarriles recién graduado allá. Después de regresar a Antioquia, trabajó en la construcción de caminos carreteables en el Estado Soberano Francisco de Paula Muñoz, quien llegó a ser un ingeniero de gran reputación en el Ferrocarril de Antioquia Juan de la Cruz Posada fue un ingeniero emblemático de la profesión en Antioquia, gran geólogo, uno de los mejores profesores de Geología que hubo en la Escuela de Minas, gerente de muy importantes empresas mineras (como la de El Zancudo) y de empresas industriales Gregorio Pérez, graduado en Estados Unidos, y quien fue el primer ingeniero electricista con título académico que hubo en Colombia Camilo C. Restrepo, eminente ingeniero y administrador de ferrocarriles. Gobernador de Antioquia dos veces Francisco y Julián Escobar, distinguidos ingenieros de minería y de industrias Tomás Arturo Acebedo, ingeniero destacado en la construcción del ferrocarril de Antioquia Clímaco Villa, ingeniero constructor de caminos Críspulo Rojas, ingeniero civil, graduado en la Universidad Nacional, en Bogotá Luis A. Isaza, ingeniero que se distinguió en el Ferrocarril de Antioquia y luego en el Ferrocarril de Caldas Alejandro López Restrepo, de Medellín, brillante ingeniero civil y de minas, autor de la idea del túnel de La Quiebra, profesor de Economía Industrial y de Estadística en la Escuela de Minas, gerente de la empresa de El Zancudo, diplomático, proficuo escritor de libros de pensamiento político y de temas profesionales, Ministro de Educación. Murió en Fusagasugá, a principios de 1940 Juan Esteban Zamarra, nacido en Santa Fe de Antioquia, y quien estudió y se graduó en la Facultad de Matemáticas e Ingeniería de la Universidad Nacional en Bogotá. Después estudió derecho y llegó a ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia

274. Los hermanos Tulio y Pedro Nel Ospina Vásquez heredaron de su padre, don Mariano Ospina Rodríguez, una cuantiosa fortuna y un profundo amor al estudio y a las realizaciones pragmáticas y económicas. Al regresar de la Universidad de Berkeley en California, donde obtuvieron sus títulos como ingenieros de minas, ejercieron su profesión activamente en Antioquia. Fundaron y administraron empresas navieras, mineras, cafeteras, ganaderas, eléctricas e industriales. Ellos trabajaron intensamente por la creación de la Escuela Nacional de Minas en Medellín, y cuando ésta se abrió, en 1887, sus dos primeros rectores fueron D. Pedro Nel y don Tulio Ospina, en su orden. D. Tulio fue profesor por muchos años de Geología en esa Escuela, y de Química Agrícola en la Escuela de Agricultura de Antioquia, que él mismo ayudó a fundar. D. Tulio Ospina es uno de los 265

La que consistía de cuatro generadores de corriente directa (C.D.) de 25 kilovatios cada una, para las lámparas de arco en la plaza; y tres alternadores de 50 kilovatios cada uno, para la iluminación interna de las viviendas y para fuerza motriz en una que otra fábrica existente.

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grandes Presidentes que Colombia debiera haberse dado, pero que este país se dio el lujo de no elegir. 275. En el año de 1876 el audio-fono-audiólogo escocés Alexander Graham-Bell, trasladado al Canadá y a Estados Unidos, obtuvo en la U.S. Bureau of Patents el registro del teléfono eléctrico que él había inventado. Unas horas después llegó, con el mismo propósito un electricista italiano trotamundos, Antonio Meucci, quien, en realidad ya lo había hecho, sin patentarlo, en sus correrías por Europa, las Antillas, Cuba y Estados Unidos. Los dos inventores habían inventado la bocina de gránulos de carbón y membrana de hierro, y el auricular electromagnético, así como el sistema de comunicarse mediante corrientes eléctricas suministradas por pilas primarias, de las cuales ya existían numerosos tipos en el Mundo. En los años 1880 el teléfono de Meuci-Bell se extendió por todo el mundo, hasta llegar a Colombia. Rápidamente lo adoptaron varias ciudades del país, comenzando por Honda y, luego, Bogotá, y pronto llegó hasta las fincas grandes y a las minas retiradas de las ciudades, donde proporcionó un servicio sumamente necesario y útil. 276. Francia estuvo gobernada desde 1852 hasta 1870 por Charles Louis Bonaparte, hijo de Luis Bonaparte, rey de Holanda por la gracia de su hermano, el “Gran Corso”, y de la esposa de aquél, Hortence Fani Beauharnais. Un hermano menor de Elisée Réclus, de nombre Armand, y graduado en la escuela insignia de las escuelas técnicas del mundo de entonces, L´Ëcole Polytechnique en París, vino a Panamá, entre 1876 y 1880, a explorar el Istmo y a hacer los estudios y el trazado de la ruta que debería seguir el futuro canal de Panamá. Esta misión fue creada por el Congreso Internacional de Ciencias Geográficas, presidido por Ferdinand de Lesseps, el promotor de la construcción del Canal de Suez por parte de Francia y Egipto, a propuesta de “Napoleón el Pequeño” quien quería “in-péctore”, con De Lesseps, que el futuro canal fuera de Francia y no de Inglaterra, ni de los Estados Unidos. Luis Napoleón translucía así las fuertes intenciones colonialistas de Francia en ese momento, cuando estaba invadiendo a Marruecos y a Vietnam. Y para hacer notar la preponderancia que Francia debería tener en esa misión, el “emperador” nombró como jefe de ella a su sobrino Lucien-Napoleón Wysse-Bonaparte. La misión estaba constituida por 20 ingenieros, oficiales navales, oficiales del ejército, astrónomos, geodestas, geógrafos y personal auxiliar, quienes llegaron a Colón (Panamá) en noviembre de 1876, siendo Presidente de nuestro país D. Aquileo Parra, recién posesionado. En seguida se incorporó al grupo el ingeniero panameño (entonces colombiano) Pedro Sossa, graduado en el Troy Polytechnical Institute, Estado de New York (actualmente es el Rensselaer Polytechnical Institute). De los trabajos de este grupo resultó, como recomendación final para la ruta del futuro canal, la que se llamó “la línea Réclus−Wysse-Sossa”, por donde De Lesseps comenzó a construir “el canal francés”, a nivel de mar a mar 266, en enero de 1881, hasta paralizarse en 1886 por el estruendoso fracaso técnico, financiero y sanitario de esa empresa, que llevó a De Lesseps ante los tribunales de París. Esa ruta fue también la misma por la que los estadounidenses construyeron finalmente el canal actual, entre 1904 y 1914. Entre tanto, el grupo de los tres ingenieros había elaborado propuestas al gobierno colombiano para 266

Error enorme pues entre los dos mares hay una diferencia permanente de 8 m, más alto el Pacífico, debido a la enorme fuerza de atracción gravitacional que ejerce la mole de los Andes sobre el agua del Pacífico.

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construir ferrocarriles en el país, propuestas que no tuvieron éxito por sus condiciones excesivas. Después de cumplir esta misión, y ya de regreso en su patria, Réclus publicó el libro Explorations aux Isthmes de Panama et du Darien, 1876,1877 et 1878, que es un recuento de todas sus experiencias en la misión canalera. Entre muchas otras informaciones sobre la geografía, el clima, los recursos naturales y la topografía de la región, Réclus describe y pondera su riqueza en minas de plata y de oro. Ésta es la mejor obra sobre la geografía de esa parte de la Panamá colombiana, que se haya escrito. 277. Los hermanos Antoine y Louis Gouzzy, franceses, fueron dos ingenieros de minas que merecen una mención especial en la historia de la provincia antioqueña. Llegaron a Colombia entre 1870 y 1874, quizá inconformes con el régimen muy reaccionario que surgió en Francia después de la Revolución de 1870, régimen encabezado por Thiers y Guizot, o por seguir siendo bonapartistas aún después de la huída de Luis Napoleón a Inglaterra, como resultado del desastre de Sedán. Los Gouzzy comenzaron a trabajar en los filones argentíferos de Santa Ana y en sus alrededores, como contratistas de la compañía inglesa que detentaba esas minas; y llevaron a esa zona los dos primeros molinos californianos con pisones de 70 kg de peso. Este fue un paso muy importante para la minería de esa región, que pudo así aumentar mucho su producción. En 1887, habiendo sabido del “monitor hidráulico” que se usaba en las minas de California, trajeron uno y lo usaron muy efectivamente en la mina Malpaso en Santa Ana. Los Gouzzy eran, evidentemente, verdaderos ingenieros innovadores. Cuando terminaron su labor en Santa Ana, decidieron viajar a Sonsón, donde supieron que había varias minas de oro en explotación; y allá se marcharon por el camino de Santa Ana a Mariquita, y que de aquí iba a Sonsón, pasando por la (en ese entonces) aldea de Pensilvania (situada en tierras donadas en 1864 por el Dr. Luis María Ramos Botero, un latifundista sonsoneño acaudalado), camino al cual se le llamaba entonces “el camino de Villegas”, porque había sido iniciado por el Sr. Felipe Villegas, como contraprestación al Virrey por haberle concedido una inmensa extensión de tierras en Antioquia, donde hoy están los municipios de La Ceja, La Unión, Abejorral, Sonsón y Nariño. Los Gouzzy llevaron con ellos este utilísimo aparato a las minas de Sonsón, en donde produjo magníficos resultados y desde donde su empleo se difundió a toda Antioquia. Dice Restrepo [1973] que esta fue la primera vez que el monitor hidráulico se usó en América del Sur. El “monitor” era una máquina sencilla, que consistía en dos bombas de succión-impulsión, que absorbían agua de un depósito, le daban una alta presión y la lanzaban por una boquilla a muy alta velocidad. Al dirigir este chorro contra un peñasco elevado de grava, de arena o de arcilla, lo disgrega fácilmente, y así es posible recoger el cieno formado y lavarlo en busca de oro o de plata. El hermano Louis consiguió en Sonsón la amistad y el apoyo económico del Sr. Felipe Uribe. Así, y con su trabajo en las minas vecinas, produciendo y exportando el metal, logró formar una buena fortuna en esa población, y allí se casó con doña María Faciolince. Alrededor de 1900 falleció allí mismo, dejándole al Sr. Uribe algunas de sus minas. El otro hermano, Antonio, fue a vivir en Medellín, con su esposa, también sonsoneña, y se dedicó a trabajar como orífice y ensayador de oro y plata. Así terminaron sus vidas provechosas y dejaron una descendencia que incluye a varios técnicos e ingenieros, que perdura hasta hoy (año 2010), y cuyos miembros viven en Medellín.

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278. Zénobe Théofile Gramme era un carpintero belga que trabajaba en París en un taller industrial de máquinas. Después de varios años de trabajo, e inspirado por un modelo de laboratorio construido por el físico italiano Antonio Paccinotti, en 1867 Gramme construyó en su taller parisino, el primer generador de corrientes alternas, que fuera de uso práctico e industrial. Dos años después, en 1869, construye el primer dinamo generador de corriente directa que genera voltajes elevados (industriales) y estables, indefinidamente. En 1870 patentó el generador de C.D.267. Muchos fabricantes adquirieron el uso de la patente de Gramme y ya hacia 1875 los generadores y los motores de C.D. estaban funcionando en todo el mundo civilizado. Fue en esos años cuando las empresas mineras más desarrolladas, especialmente las extranjeras, comenzaron a traer a Colombia, y a instalar generadores movidos por rudas de agua, al principio, y después (desde los años medianeros de los 1870), generadores movidos por turbinas tipo Pelton, y motores de C.D. para mover molinos trituradores, ventiladores de hornos y demás máquinas mecánicas propias de la minería. Cuando en 1881, Edison inventó la bombilla incandescente, los campamentos mayores (o “mayorías”, como les decían los mineros) pudieron iluminarse 268. Estas mismas fueron las experiencias en los campamentos de construcción de ferrocarriles que existían en ese momento, y en los pequeños trenes que recorrían sus carrileras 269.

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El alternador debería esperar otros años, hasta que el ingeniero croata Nicola Tesla desarrollara los diseños de los embobinados para alternadores y para motores de C.A. en el laboratorio de Westinghouse, en Estados Unidos. 268 Las mayores compañías mineras en esos años eran El Zancudo, la Frontino and Bolivia Gold Mines Company, la Compañía Francesa del Nechí y la Tolima Gold Company. 269 En 1885, por ejemplo, estaban en construcción los ferrocarriles de Antioquia, de Cúcuta, de Girardot, de La Dorada, de Zipaquirá, de Buenaventura, del Sur (de Bogotá a Sibaté) y de Puerto Wilches.

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ADELANTOS TÉCNICOS AL FIN DEL SIGLO XIX 279. Finalizando el s. XIX, las empresas y los ingenieros inmigrantes aportaron nuevas técnicas y nuevos conocimientos en la minería, las industrias, la medicina, la educación, el transporte, entre otros. La Compañía Francesa de Segovia y la Compañía Minera del Nechí eran dos empresas de capital francés, que representaban en esas fechas los propósitos expansionistas del colonialismo francés, que venía siendo acentuado fuertemente por Luis Napoleón Bonaparte270. En ese momento los franceses estaban ocupando nuevos y extensos espacios en África Central y en Vietnam. Alrededor de 1880, la segunda de las empresas mencionadas arriba trajo de Francia a sus instalaciones en la aldea de Nechí, bajo la dirección del ingeniero Franklyn White (como ya se relató), una draga flotante con cadena de canjilones para extraer la arena y el cieno del fondo del río, que era riquísimo en oro. −

LOS COMIENZOS DE LA ELECTRIFICACIÓN DEL PAÍS

280. Desde que Gramme comenzó a propagar el uso de generadores y de motores de corriente directa (C.D.), se le objetó a ésta que las pérdidas son proporcionales al cuadrado de la intensidad de corriente. Sin embargo, cuando Edison montó su primera planta de producción de electricidad a escala comercial, lo hizo con generadores de C.D. Pronto, George Westinghouse observó que las corrientes alternas se pueden subir y bajar de voltaje en transformadores adecuados, y que sí se suben los voltajes bajan las intensidades y recíprocamente. De manera que para enviarla de un sitio a otro lejano, se le baja la intensidad a la corriente (subiendo el voltaje), y para usarla en extremo terminal se le baja el voltaje y la corriente se restablece a sus niveles deseados. Evidentemente, todo esto es una gran ventaja económica y técnica sobre la C.D. La polémica entre Edison y Westinghouse fue fuerte y larga. Entre tanto, Westinghouse vinculó a sus laboratorios a un ingeniero electricista croata, graduado en Viena, llamado Nikola Tesla, quien compartía la adhesión de su empleador a la C.A. Además, Tesla advirtió la conveniencia de usar la C.A. no en una sola vibración, sino en tres vibraciones de una misma frecuencia, desfasadas un tercio de ciclo cada una de las otras dos, que es lo que se llama corriente trifásica. Así que, entre muchos otros trabajos que emprendió con éxito Tesla, se dio a inventar un generador de C.A. trifásica, utilizable a escala industrial y comercializable (Esta máquina surte la inmensa mayoría de la energía eléctrica en todo el mundo y se llama alternador trifásico). En 1887 patentó su primera máquina. Éste fue uno de los momentos más trascendentales en toda la historia tecnológica de la Humanidad. Es muy poco probable que los señores Gölkel y Patiño Johnes (de quienes se tratará más abajo) hubieran instalado en su temprana planta de Chitota, en Bucaramanga, dos alternadores trifásicos, para las pequeñas potencias que manejaban. Pero en la planta de El Charquito, de los hermanos Samper 271, y que se inauguró en 1900, es indudable que el

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O Napoleón “el pequeño”, o Napoleón III, el que fue derrotado y aprisionado por los prusianos en Sedán, en 1871. 271 Estos hermanos eran Manuel, Santiago, Antonio, José María y Joaquín. Su padre era el Dr. Miguel Samper Agudelo, distinguido patricio liberal a fines del siglo XIX, quien fue candidato de su partido a la Presidencia de la República en 1896, pero fue derrotado por las maniobras y trucos políticos del Presidente

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ingeniero Vergniaud si lo tuvo que hacer para los 123.000 habitantes que ya tenía Bogotá, con varias fábricas y alumbrado público. −

LOS INGLESES EN LA DORADA

281. Desde cuando Cisneros cedió la construcción de la ferrovía de Honda a La Dorada, aquélla fue asumida por la compañía inglesa The Dorada Railway Company, la cual desde entonces hasta cuando devolvió el ferrocarril a la Nación, en 1951, solamente usó ingenieros británicos para concluirlo, operarlo y administrarlo. Casi ningún registro histórico ha quedado de ellos, y solamente se recuerdan los nombres de algunos de ellos: Mr. James Lindsay, Mr. Alfred Bateman, Mr. Andrew Johnson, Mr. Harry Cutbill, Mr. John Mac Ewan, Mr. William Hunter, Mr. John Carter, Mr. Benjamin Prestl, que todavía son recordados por descendientes suyos en Honda, en Ibagué y en Bogotá, donde los ha conocido el autor. Varios de ellos habían sido ingenieros militares del Ejército Británico, que habían servido en la India, en África, en el Canadá o en alguna de las muchas otras colonias del Imperio Británico, y de allá trajeron el “mangostino” 272, el “salacot” o “corcho”273, el pantalón “short” para el servicio en climas cálidos, la estricta disciplina, la rectitud en su conducta, el alto nivel profesional y el sentido militar de la Ingeniería. Sus ocasionales devaneos amatorios con féminas oriundas de la región dejaron chicos y chicas rubios y de pupilas azules, que era frecuente encontrar en la región entre La Dorada y Ambalema. Varios de aquellos ingenieros se casaron en el país, con damas colombianas o con jóvenes inglesas que eran hijas de anteriores ingenieros británicos; formaron aquí sus familias y se quedaron en Colombia. Hasta años recientes fue muy conocido el apellido Bateman, porque lo llevaron desde ingenieros de renombre como el I.C. Alfredo Bateman, hasta guerrilleros como Jaime Bateman Cayón. 282. Torres y Salazar [2002] mencionan en su libro los apellidos de varios ingenieros, que, según ellos, vinieron a Colombia “a construir ferrocarriles, sin especificar sus nombres de pila, ni cuándo vinieron, ni en cuáles ferrocarriles trabajaron. Esos apellidos y nombres son los de: Ders (sin nombre), George H. Ziegler y George Bruce. Dice de todos que eran ingleses. No es posible verificar sus datos. Sin embargo, el nombre de Ziegler, que es escaso en inglés, y muy común en alemán, deja la impresión de que este Ingeniero puede haber venido de Alemania. En todo caso, el autor de estas líneas, quien ha estudiado cuidadosamente la historia de los ferrocarriles que hubo en Colombia, nunca vio mencionado ninguno de estos apellidos en sus averiguaciones sobre el tema. Puede ser que ellos hubieran sido ingenieros ingleses que vinieron al Ferrocarril de La Dorada, mientras conservador Miguel A. Caro, para dar el triunfo a su copartidario bugueño, ya valetudinario, Manuel Antonio Sanclemente, a quien pronto derrocaron sus mismos copartidarios y lo mandaron a morirse en Anapoima. Los Samper Brush formaron en1896 una sola empresa matriz, que fue la más activa y emprendedora del siglo XIX hasta comienzos del XX en el país. Ellos crearon compañías filiales exportadoras de café, de navegación fluvial, acueductos en Bogotá y otras ciudades, la empresa eléctrica de Bogotá, la primera fábrica de cemento, mineras de carbón, importadoras de mercancías y otras, todas ellas muy exitosas, como suelen ser las empresas de los hijos de Israel. (El apellido Samper es apócope de “San Pedro”, de auténtico origen sefardita, como todos los demás apellidos españoles que comienzan por “San”). El señor Ernesto Samper, ex presidente de Colombia es bisnieto de don Miguel. 272 Fruta semejante al mango, pero de forma más alargada, que hoy es muy popular en esa zona del Tolima. 273 Un sombrero hecho de corteza de alcornoque.

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existió, (entre 1884 y 1951), o a las vecinas minas de Santa Ana, en el s. XIX, los que fueron muchos. 283. Merece destacarse, en especial, el nombre y la labor de Mr. James Lindsay, ingeniero de The Dorada Railway Company, quien negoció en 1912, con el departamento de Caldas, la construcción por concesión del que fue después el cable aéreo de Mariquita a Manizales; e inició su construcción en ese mismo año, en Mariquita, con la colaboración de otros ingenieros ingleses. La concesión pasó en 1913 a la compañía del Ferrocarril de La Dorada, la que ahora tomó el nombre de The Dorada Railway and Ropeway Company. Lindsay había nacido en Nueva Zelandia en 1866 en su ciudad capital, Wellington (situada en la isla norte de las dos que forman a ese país), en 1886. Allí se formó como ingeniero civil, entró al Ejército, que era subordinado al Ejército británico, y así, éste lo envió a construir cables aéreos en países africanos dominados por el Imperio. La construcción se hizo desde Mariquita, por la facilidad de llevar allí los pesados materiales para la obra por los vapores del Magdalena. Todo iba bien cuando, a mediados del año siguiente (1913), en plena guerra mundial, un submarino alemán hundió el barco inglés que traía una de las torres de acero que debían soportar del cable. Lindsay, en su campamento cerca al Nevado del Ruiz, diseñó, dibujó e hizo construir una torre de madera para reemplazar la original perdida, y la erigió en el sitio donde iba a estar la inglesa. El sitio era una hondonada profunda en la cordillera Central, cuya topografía mereció que al sitio se le llamara el “Holddown”. El cable llegó a Mariquita fue dado al servicio en 1921, y prestó servicio por casi 40 años. Era de vagonetas abiertas y por eso sólo transportaba carga, constituida casi totalmente por café trillado para exportar por el río Magdalena. De Mariquita se llevaba en camiones a La Dorada y allí se embarcaba para Cartagena, Barranquilla o Santa Marte. La torre en madera del Holddown fue adquirida por la Corporación Financiera de Caldas en 1980, la hizo desarmar en su sitio y reconstruirla en la madera original de sus piezas, en Manizales. Está situada al pie del edificio de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional en esa ciudad. Durante la obra, Lindsay se radicó en Manizales, se convirtió al catolicismo con su esposa Mary y con sus hijas Irene y Ruby. En 1922, terminada su obra, viajó a Londres. De allí lo llamó al año siguiente el gobierno del dinámico Presidente Ospina, para construir el cable de Gamarra a Ocaña, obra que se inició en 1925. Allí tuvo como ingenieros ayudantes a dos distinguidos profesionales antioqueños: Julián Cock Arango y Gabriel Sanín Villa. Este trabajo no se terminó hasta Ocaña, debido a las graves dificultades financieras que empezaron a acosar al fisco nacional, debido al desaforado endeudamiento en que Gobierno y particulares se habían comprometido sin prudencia en todo ese decenio de los años veintes, y que desembocaría en la Gran Crisis de 1930. Lindsay ya había vuelto a Inglaterra y, precisamente, en este último año falleció en Londres. Este autor vio en numerosas ocasiones pasar las vagonetas del cable, yendo y viniendo, en años desde 1943 hasta 1950, en Manizales, Mariquita, Herveo y El Fresno. El cable revirtió al departamento de Caldas en 1952 y fue físicamente desmantelado en 1975. −

OTROS INGENIEROS INMIGRANTES FINISECULARES

284. Dice Molina L. [2003], en su artículo sobre el tema de El Zancudo, que los últimos extranjeros que llegaron a las minas de Titiribí vinieron en los años finales del s. XIX y en los dos primeros decenios del s. XX. De ellos da los nombres de: 229


 Wilhelm Wolff, de quien se habla más a espacio en otro acápite de este libro documento;  Leopoldo Mateo Kefer, ingeniero mecánico belga, quien fue también profesor en la Escuela de Artes y Oficios de Medellín (ya antes mencionada);  Jorge Fiebiger, mecánico (quien quizás no era ingeniero de academia) alemán;  Los hermanos León y Andrés Fould, franceses o belgas-valones (a juzgar por sus nombres y su apellido);  Michel Bosford, ingeniero inglés, probablemente ingeniero de minas o civil; y  Matias Vogt, ingeniero metalúrgico francés (probablemente era alsaciano, según su apellido de fonética típicamente alemana), quien entre 1912 y 1916 dirigió la planta de apartado y refinación de la empresa de El Zancudo, la misma que había dirigido el ingeniero Paschke cuando éste comenzó a trabajar en ella, años atrás. Pero ni Molina ni ningún otro relator dan más noticias sobre estos personajes. El autor estima que todos regresaron a Europa, o que fallecieron en el país sin dejar descendencia, porque sus apellidos hace mucho tiempo que no se mencionan en la región. 285. En la época de 1880 a 1885 llegaron a Bucaramanga dos familias europeas, tal vez expulsadas de ese continente por la crisis financiera paneuropea de aquellos años. Estas crisis ocurrían con cierta cuasi periodicidad de unos 6 a 10 años de intervalo, y eran resultado de la operación desbocada del capitalismo salvaje, que reinaba sin controles ni atenuantes en la Europa decimonónica y en Estados Unidos. Una de tales familias, de apellido Jones, era de origen inglés; la otra, de apellido Gölkel era de nacionalidad alemana. A su llegada al país, Bucaramanga era poblada por unas 15.000 personas, mientras Colombia entera tenía cerca de 3,5 millones de habitantes. Todavía regía el sistema político de los Estados Soberanos y el de Santander era uno de ellos, con capital en dicha ciudad, e incluyendo al actual Norte de Santander, el cual sería creado en 1907 por la excelente administración del general Reyes. −

LA ELECTRICIDAD EN BOGOTÁ Y EN SANTANDER

286. La primera planta de generación de energía eléctrica pública en la Colombia actual fue instalada en Bogotá por los hermanos Tulio y Pedro Nel Ospina, a fines de 1888, cuando la ciudad se acercaba a los 100.000 habitantes. Era una pequeña central movida por una máquina de Wat, alimentada por carbón, situada al borde del río Bogotá para usar sus aguas (que entonces eran limpias) para la caldera y para refrigerar el motor. Tenía dos calderas que movían dos motores de vapor de tipo reciprocativo, los cuales accionaban sendos generadores de corriente directa. Luego, a principios de 1889, en Panamá se instaló la segunda planta de generación eléctrica, para servicio público en territorio que aún era colombiano. La tercera ciudad que tuvo ese servicio en los meses finales de 1889, fue Bucaramanga. 287. Es indudable que entre los Jones y los Goelkel había varones que tenían una sólida formación técnica, quizás aprendida de sus padres, porque dos de ellos fueron los autores de esta muy notable realización, tan solo ocho años después de que Tomas Alva Edison 230


estableciera en Nueva York, en 1881, la primera central de generación eléctrica, para servicio del público, en el mundo. En efecto, en la fecha mencionada (1889), los primos hermanos Julio Jones Benítez y Reinaldo Gölkel Jones adquirieron en Boston una pequeña planta hidroeléctrica consistente en una turbina tipo Pelton de 160 H.P. (“horse-power”), que se utilizaría en operar, separada y alternativamente, dos dinamos generadores de corriente directa y otros dos de corriente alterna. Puede calcularse que cada una de las cuatro máquinas podía desarrollar una potencia que hoy llamaríamos hasta de 120 kilovatios274. Seguramente también adquirieron los transformadores reductores (del voltaje de los alternadores al de las casas, que ya estaba estandarizado en Estados Unidos en los 110 voltios), los cables de conducción a la ciudad, el cableado para la distribución urbana, y el resto del material eléctrico que era (y es) necesario para el sistema, como son: corta circuitos, pararrayos, tableros de control, instrumentos de medición y protecciones de los circuitos de alto y de bajo voltaje. Los dinamos de corriente directa debían generar 200 voltios que, sin duda, se usaban para alimentar lámparas de arco de iluminación pública en la plaza central y algunas esquinas vecinas275. El voltaje de trabajo de los alternadores debía ser de unos 1.000 voltios para llegar con muy pocas pérdidas hasta los transformadores reductores en los postes en la ciudad, y rebajarlo a los 110 V de uso por los consumidores, que entonces requerían para 920 bombillas incandescentes, y para algunos motores industriales de C.A., monofásicos, del tipo de inducción, como eran los motores para accionar los compresores de amoníaco de la fábrica de hielo del Sr. Julio Ogliastri. Esta fue la primera empresa eléctrica colombiana en ofrecer energía en C.A. para uso industrial, de manera permanente. Estos dos admirables empresarios shumpeterianos instalaron el equipo en el sitio de “Chitota”, donde el río Suratá desemboca en el Río de Oro, con fuerte velocidad y buen caudal para mover las máquinas, al norte de la ciudad 276. La planta se inauguró el 30 de agosto de 1891, pero a los tres días una avenida del río la dañó seriamente. Sin embargo, con ayuda del departamento en dinero y en personal de soldados, Jones y Gölkel, en un despliegue de conocimiento y de capacidad técnica, la repararon completamente. A los tres meses fue dada al servicio, definitivamente. En 1892 se organizó esta empresa como Compañía Eléctrica Anónima de Bucaramanga; se suprimieron las lámparas de arco y en consecuencia, se pararon los dos dinamos de C.D. Después de algunos tropiezos financieros causados por la Guerra de los Mil Días, sus operaciones se reiniciaron del todo en 1904. Desde entonces Bucaramanga cuenta siempre con electricidad para el servicio a sus habitantes. 288. Esa hermosa “Ciudad de los Parques”, Bucaramanga tenía, a fines de los años ochentas, unos 17.000 habitantes solamente. Sin embargo ya tenía también una pequeña pero firme base industrial (cigarrerías, ladrilleras, trilladoras, fundiciones, cervecería, licorera, curtidurías), llegaron a esa ciudad dos hermanos españoles de apellido Penagos, que, a juzgar por sus realizaciones técnicas posteriores, debían ser ingenieros o técnicos 274

Una turbina sola puede accionar dos máquinas a la vez, o una sola, y 160 H.P en la turbina producen, al máximo, 115 kilovatios de electricidad en generador. 275 Ese era el voltaje necesario para transmitir la corriente directa del sitio de la planta al centro de la ciudad, más el que requerían las lámparas de arco para arrancar. 276 Por su conocimiento de la historia de la Electrotecnia, de los equipos eléctricos y de la economía de esa clase de energía, el autor se atreve a conjeturar que la compra les costó entre 4.000 y 5.000 dólares de su tiempo, cuando el dólar valía unas 100 o 120 veces más que hoy (2010).

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mecánicos expertos en ingeniería mecánica y en operaciones metalmecánicas. El hecho es que montaron un taller bien equipado, donde se dedicaron a construir y reparar pequeñas máquinas industriales para las pequeñas fábricas mencionadas, arados agrícolas, trapiches, molinos paneleros (en lo que Santander sigue siendo uno de los mayores departamentos del país), y despulpadoras y trilladoras para los cafetales que entonces abundaban en los dos Santanderes. Ellos fueron los precursores en esa ciudad de la fabricación de maquinaria agrícola, la que llegó a tener grandes y exitosos representantes en el s. XX, como la Fábrica de Maquinaria Agrícola Nacional (FAMAGRÍN) y la de Penagos Estradas y Cía. Infortunadamente, estas industrias y muchas otras se desplomaron con la aplicación de la calamitosa política de “apertura de importaciones” que los últimos gobiernos aplicaron a Colombia desde 1990, por orden del malhadado Consenso de Washington. Los Penagos construyeron en su taller las turbinas Pelton con que se movieron las primeras plantas eléctricas en los municipios de Santander (que fueron pioneros en esto, a nivel nacional). Un eminente personaje santandereano, el Dr. Mario Galán Gómez, fundador de la Universidad Industrial de Santander, quien fue amigo y compañero de trabajo de este autor, nos relató que en Bucaramanga existía en los años treinta del s. XX la tradición oral de que los Penagos habían fabricado cañones para los ejércitos liberales en la guerra civil de Los Mil Días. −

DOS INGENIEROS FRANCESES AL FIN DEL SIGLO

289. En alguno de los años entre 1885 y 1890 vino el ingeniero francés Joseph de Brettes. Nacido en Limoges, Francia, en 1861; había estudiado en la Escuela Militar de Saint Cyr, y ostentaba el título de Visconde. En 1880 el gobierno de la Tercera República Francesa, en sus apetencias imperialistas, que entonces crecían, lo envió en misión de exploración al norte de África (Túnez, Argelia y Marruecos) y a Suramérica (seguramente pensando que en la vastedad de este continente, entonces tan despoblado, habría mucha tierra desocupada para colonizar. Por ejemplo, en ese año, el Brasil, con 8,5 millones de km2, solamente tenía 15 millones de habitantes, pero crecía rápidamente por la inmigración de europeos. El enorme México tenía 1´972.550 km2 y 10 millones de pobladores). En cumplimiento de esa misión, llegó a Colombia poco antes de 1890. De alguna manera, el gobernador del departamento del Magdalena, Ramón Goenaga, se enteró de la presencia de De Brettes y en 1893 lo contrató para hacer los estudios de factibilidad técnica de construir un ferrocarril desde el puerto de Tamalameque, sobre la orilla oriental del río Magdalena, hasta Riohacha sobre el mar Caribe, en el extremo nordeste del Departamento. Como resultado de sus estudios, De Brettes presentó y recomendó el proyecto de construir no sólo el ferrocarril propuesto, sino también, conectando con éste, otro ferrocarril adicional de Riohacha a Maracaibo. Después de este trabajo, y siempre en cumplimiento de su misión oficial, De Brettes exploró la Sierra Nevada de Santa Marta y la península de la Guajira, tomando fotografías de todos los paisajes que conoció, las cuales eran publicadas después en París en la revista Le Tour du Monde, que entonces era famosa en todo el mundo culto. En la Guajira, el Ingeniero explorador se prendó de una hermosa joven wayuu, llamada Josefina Bonivento. Ella le dio después un hijo, Juan Bautista de Brettes. Éste viajó a Francia; allí se educó; se hizo piloto, y como tal participó en la Primera Guerra Mundial, donde actuó en el bombardeo de 1916 que destruyó el gigantesco cañón alemán llamado “Bertha”, que tenía alcance de 25 km para sus enormes proyectiles, y que había producido desastres a los 232


ejércitos de la Entente anglo-francesa en la famosa, crudelísima y sangrienta batalla de Verdún, la que dejó cien mil muertos. El ingeniero De Brettes, el padre, se radicó en Colombia con su bella princesa wayuu. Parece que falleció hacia mediados del decenio de los años 1920. 290. Monsieur Gabriel Dydime-Dôme nació en la pequeña ciudad de Mende, departamento del Losére, Francia, en el hogar del Sr. Privat Dydime-Dôme y Marie Anne Halle, irlandesa. Completó estudios superiores en Física y en Geología, y obtuvo un diploma de Estado en Pedagogía Científica. Vino a Colombia en 1895, llamado por el presidente Caro para dirigir la enseñanza de las Ciencias Naturales en una Escuela Normal que acababa de abrir el gobierno en Bogotá, bajo la dirección general del Abate francés Louis Soulier, sacerdote salesiano. Allí enseño de 1896 a 1899, año éste cuando se cerró el instituto debido al estallido de la Guerra de los Mil Días. En los años que siguieron fue profesor de Ciencias (Física, Química, Mineralogía, Geología) en la Escuela de Agronomía de la Universidad Nacional en Bogotá, en el Colegio de Ramírez (excelente colegio de educación secundaria de entonces), en la Universidad Republicana, en la Escuela Militar de Cadetes (desde que ésta se fundó en 1907). Alrededor de 1910 colaboró como ingeniero técnico en la fundación de la Fábrica de Tejidos de San José de Suaita, en Santander. Hacia 1910 se trasladó al Tolima y en asuntos de minería fue a dar a la población de Chaparral, donde conoció a quien sería su esposa. En Bogotá contrajo matrimonio en la capilla de Las Aguas con doña Teodosia Monroy Barón, y de ella tuvo seis hijos: Gabriel, Mario, Sofía, Delfina y dos que murieron en la infancia. En Bogotá vivió durante varios años, mientras era profesor en las varias instituciones mencionadas. Posteriormente, fue a vivir con su familia en Ibagué, guiado por su vocación pedagógica. Fue Rector del prestigioso Colegio de San Simón, fundado en 1822 por el general Santander, y luego siguió allí mismo como profesor de Química y de Física durante varios años. Además, regentó cátedras en la Escuela Normal de Señoritas, en el Seminario Conciliar y en el Instituto Andrés Bello, en la misma ciudad. Escribió sendos libros, que quedaron inéditos, sobre Física y sobre Química; organizó centros de estudios científicos; y escribió numerosos artículos científicos y literarios en periódicos y revistas de esa su ciudad adoptiva y de Bogotá. El señor Dydime-Dôme falleció en Ibagué en el año de 1945. En esta ciudad dejó una prolongada descendencia, de cuyos miembros muchos ostentan hoy el apellido de su meritorio antecesor. El doctor Manuel José Álvarez Dydime-Dôme, nieto del Ingeniero francés, es hoy (2010) un prestigioso abogado y dirigente cívico en Ibagué. 291. Si se hiciera el esfuerzo intelectual de escoger un período de medio siglo durante el cual Colombia ha experimentado o presenciado la serie de novedades tecnológicas, económicas, sociales y políticas más impresionantes frente al pasado, muy probablemente uno de ellos sería el de los cincuenta años cuando Monsieur Dydime-Dôme vivió en Colombia, o sea de 1895 a 1945. Un somero recorrido de este gran período indica que la razón nos asiste:  Don Gabriel llegó en julio de 1895, cuando, en el año anterior había fallecido Núñez en Cartagena y cuando, pocos meses atrás, en abril, había fallecido don Jorge Isaacs (poeta, novelista, explorador, minero, empresario y viajero, de origen anglo-hebreo 233


y hombre admirable a quien Colombia no le ha dado la importancia que merece), en Ibagué pidiendo ser inhumado en Medellín.  En enero del año que corría (1895) había estallado una corta y demencial guerra civil declarada por el liberalismo contra el gobierno del conservador e inepto Presidente Miguel Antonio Caro, hombre de gran cultura literaria pero político sectario e ideológicamente muy reaccionario. Los generales conservadores Rafael Reyes, Manuel Casabianca y Pedro José Berrío tomaron el mando de las tropas del gobierno. Caro ordenaba con inmensa torpeza al Banco Nacional (creado por Núñez en 1880, según el modelo del Banco de Inglaterra, que él había conocido en Londres) que emitiera papel moneda a discreción para pagarla guerrita. Esto habría de llevar, durante los diez años siguientes a la más desbordada inflación de dinero sin valor que Colombia haya conocido, que arruinó el peso colombiano, y que solo llegaría a ser frenada y corregida por el Presidente Reyes en 1905.  En octubre de 1899 el ingeniero inmigrante francés supo que se acababa de importar el primer automóvil que llegara al país. Esta fue una noticia que causó sensación nacional. Lo hizo en Medellín el acaudalado industrial, minero y comerciante Carlos Coriolano Amador, quien hubo de traer del exterior al “chauffeur”, la gasolina y llantas de repuesto. Puesto que en esos mismos días de octubre comenzaba la Guerra Civil de los Mil Días, ningún automóvil volvió a entrar al país hasta 1903.  Pronto la guerra adquirió una enconada virulencia. Los liberales, encabezados por Rafael Uribe Uribe, ganaron una batalla en el río Peralonso, en el Norte de Santander, la misma que no supieron aprovechar. Otro general liberal, Benjamín Herrera se entendía mal con Uribe. Para unificar el mando se pidió que asumiera el mando unificado al ya viejo general Gabriel Vargas Santos, de 72 años, nacido en Tame (Casanare) en 1827, y veterano de las guerras de 1860, 1876, 1885 y 1895. Del 11 al 26 de mayo de 1900, 15 días con sus noches, se combate la horrorosa batalla de Palonegro, que deja diez mil muertos en el campo y un número semejante entre los liberales, derrotados y fugitivos, en el camino hacia Ocaña, por la tupida selva pluvial de Torcoroma. En ambos bandos sirvieron ingenieros y médicos ingleses, franceses y de Estados Unidos, según lo informa Puentes [1961]. Después de esto siguió una lucha desesperada de los liberales, muy mal comandados, casi toda al arma blanca, dispersa entre muchos grupos guerrilleros, sin estrategia, a veces criminosa y, finalmente, inútil. En el campo de Palonegro quedaron, probablemente, no menos de 5.000 o 6.000 cadáveres de colombianos, incluyendo parientes en bandos contrarios, que no supieron por qué combatían. Todavía se discute cuántos muertos causó este conflicto entre bárbaros. Mc Greevey [1972] calcula el número en cien mil. Algunos historiadores y estudiosos objetan que la cifra no está suficientemente probada, lo cual es cierto. Pero este autor opina que, considerando no sólo los caídos en combate sino adicionando los que murieron por ahogamiento en ríos, mordeduras de culebra, septicemia por heridas infectadas, malarias en la selva, explosiones de polvorines y tantas otras fatalidades que son propias de las guerras, el estimativo de 234


Mc Greevey es muy verosímil. Finalmente, en octubre de 1902 los liberales piden la paz y se firman sendos tratados en el acorazado US Winsconsin, en la hacienda Neerlandia cerca de Santa Marta, y en la población de Chinácota. Los liberales fueron aplastados el 15 de marzo del 1903 por el general Reyes quien los cercó en unos vastos cañaduzales en la población santandereana de Encizo y en una forma salvaje ordenó incendiarlos. Los muy pocos soldados y oficiales liberales rebeldes que no murieron achicharrados se rindieron sin condiciones. 277  El 3 de noviembre de ese mismo año, con la instigación del Presidente Teodoro Roosevelt, Panamá declara su independencia de Colombia. Este departamento se lleva consigo a 210.000 habitantes que antes eran colombianos. En realidad es un sumiso “protectorado” o un “estado-títere” de los Estados Unidos. Éste poderoso país ya había comprador a los franceses, por unos pocos dólares, los derechos que éstos habían adquirido del gobierno de Núñez, para construir el canal, por solo diez millones de franco; y las excavaciones hechas bajo De Lesseps para un canal a nivel. En 1904, los ingenieros del US Marine Corps comienzan a construir las obras preliminares para el nuevo canal, diseñado ahora con esclusas. El médico Walter Reed, de la US Navy emprende el saneamiento de la obra para eliminar la malaria y la fiebre amarilla que habían matado a multitudes de trabajadores de los franceses. A continuación este trabajo sería culminado por el Coronel médico William C. Gorgas, quien limpió el país de los mosquitos de la malaria y los de la fiebre amarilla. El primer ingeniero-jefe fue el ingeniero Coronel John Stevens; pero renunció porque tropezó con fuertes desacuerdos con su gobierno. Enseguida asumió el cargo el Coronel e ingeniero John Stanley Goethals quien dirigió con energía indomable la ciclópea obra hasta su terminación en 1914.  En 1907 se instaló en Medellín −una ciudad que no fue escenario de combates de la Guerra de los Mil Días−, la primera planta de generación eléctrica y se encendieron las primeras lámparas de arco de grafito278, para iluminar la plaza central. La obra la realizó el ingeniero José María Escovar Escobar, quien había iniciado sus estudios con el Químico Eugenio Lutz en la primera Escuela de Ingeniería de la Universidad de Antioquia, y que al cerrarse ésta, en 1880, había ido a estudiar y obtenido su grado en Estados Unidos. Siete años antes, los hermanos Tulio y Pedro Nel Ospina Vásquez habían instalado una planta termoeléctrica junto al río Bogotá y habían instalado lámparas de arco en la plaza de Bolívar y en algunas calles aledañas. Ninguno de los dos montajes resistió el cambio de siglo y la competencia de la iluminación incandescente que Edison había inventado en 1880.  El quinquenio de la presidencia inconclusa del general Reyes fue uno de los períodos más brillantes que haya dejado en la historia, un Presidente de Colombia. Una de las tareas admirables de ese gobierno, fue la de crear el Ministerio de Obras Públicas e iniciar la construcción de las primeras carreteras para automotores en 277

Este episodio lo narra el historiador Milton Puentes en su Historia del Partido Liberal Colombiano, primera edición, en 1939; pero fue suprimido por el mismo autor en la segunda edición de ese mismo libro, en 1961. 278 Cuya invención se debe al ingeniero electricista ruso Pavel Nicolaievich Jablockoff, en 1876.

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Colombia. El señor Dydime-Dôme fue testigo de los procesos técnicos acelerados para el desarrollo en ese período: la construcción de 330 km de ferrocarriles y de 250 km de carreteras; la instalación en ciento diez ciudades y poblaciones de plantas eléctricas y sus respectivas redes de distribución ; la extensión de la red nacional de telégrafos; la multiplicación de ciudades intermedias que instalaban teléfonos urbanos; el Nuevo gran acueducto de Bogotá; la nueva Escuela Militar de Cadetes, en el antiguo convento de San Agustín, al pie de la casa de Nariño; la refundación de la Marina Colombiana en Cartagena; la primera y nueva refinería de petróleo del señor Diego Martínez en dicha ciudad; la Compañía Antioqueña de Textiles; la empresa Colombiana de Tejidos (Coltejer); las numerosas nuevas cervecerías; la fábrica de cementos de los Samper; el Banco Central; la Tesorería General de la República; la primera empresa estatal de ferrocarriles, la del Ferrocarril del Pacífico; las dos primeras concesiones petroleras; y más novedades industriales, tecnológicas y económicas. En 1909, las oligarquías comerciales-importadoras y los banqueros librecambistas expulsaron del país al gran reformador, no sin antes intentar asesinarlo, y se dieron a destruir muchas de sus mejores obras. 292. En el transcurso del medio siglo que nuestro personaje vivió en este su país adoptivo, presenció o tuvo noticia de un gran número de novedades tecnológicas, económicas, sociales y políticas que recibió Colombia:  El cinematógrafo a escala comercial.  Los comienzos de nuestra industrialización desde el gobierno de Reyes, y su desenvolvimiento durante los 50 años.  El empleo de los Rayos X en los hospitales, desde 1905.  La cirugía anestésica y aséptica por los médicos, desde que comenzó el siglo.  La construcción y la expansión continuada de carreteras para automotores.  El uso de vehículos automotores, cada vez más diversificados y técnicamente mejorados, a lo largo de todo el tiempo, desde 1903.  El empleo de la refrigeración doméstica, que se inició en los vapores del Magdalena, hacia 1920, y pronto se propagó a los hogares en las mayores ciudades  La aparición en 1897,y la propagación de plantas eléctricas, y de la iluminación pública y doméstica, a lo largo del medio siglo.  La comunicación por radio-teléfono, que comenzó entre vapores y con sus puertos, y entre los aviones y sus bases. Comenzó desde 1918.  La conexión con cables submarinos a Estados Unidos y a otros continentes. El primero llegó a Santa Marta en 1911, conectando a Colombia con Panamá y con el país del norte.  Desde el comienzo del siglo, todas las ciudades mayores y medianas entraron en un acelerado y prolongado crecimiento demográfico, concentrando así un porcentaje cada vez mayor de la población total del país. La reunión de Bogotá (la más acelerada), más Medellín, Cali y Barranquilla, que en 1905 totalizaba 240.815 habitantes, creció sin pausa y muy rápidamente a 1´370.320 en 1951, para seguir ascendiendo en los años siguientes.

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 Estas ciudades instalaron sistemas de acueductos y alcantarillados desde el primer decenio del siglo. Por ejemplo, Medellín lo hizo desde 1912. Bogotá ya lo estaba haciendo.  Durante todo el medio siglo se multiplicaron a cientos de ciudades y poblaciones, se expandieron localmente, y se modernizaron los sistemas urbanos de telefonía, mediante redes de bajo voltaje.  Desde 1910 en adelante supo casi todos los años que se importaba en cantidades y valores cada vez mayores números de telares e hiladoras, de motores y otras máquinas eléctricas, de calderas y máquinas de vapor, de linotipos de Mergenthaler y prensas tipográficas, de metales industriales, de maquinaria genérica industrial, de papeles industriales, de automotores, de material ferroviario, de repuestos y herramientas y de maquinaria específica para las fábricas productoras de bienes de consumo final y de consume durable. Así como vio elevarse todos los años los indicadores industriales y de electrificación.  En los decenios de los años veinte y treinta supo de muchos nuevos ingenios azucareros que comenzaron a producir en el Valle del Cauca y norte del Cauca, de uno en el actual Córdoba (Berástegui en Rio de Oro), de uno en el Chocó (Sautatá), de tres en Cundinamarca (San Antonio, Cachipay y otro), otro más en Ambalema (Pajonales) e, inclusive, uno más en Antioquia (en Yolombó).  Las necesidades crecientes de vapor como fuente de energía industrial determinaron la aparición de una minería de carbón permanente y en aumento, aunque artesanal, en los alrededores de Bogotá y de Cali, y en Amagá (Antioquia), a sólo 40 km de Medellín.  Desde 1919 hasta 1926 supo que en el río Magdalena navegaban a 100 km por hora unas originales lanchas llamadas “deslizadores”, de fondo plano y movidas por hélices de aviones, delanteras, que hacían los 1.000 km de río desde Honda hasta Barranquilla en dos jornadas, pernoctando en Barrancabermeja. Los barcos de vapor lo hacían en ocho o diez jornadas, yendo aguas-abajo. Los deslizadores fueron inventados por un rico hombre de negocios de Medellín, el señor Gonzalo Mejía.  En el mismo año nuestro personaje supo que comenzaban a volar los hidroaviones alemanes de la empresa Sociedad Colombo-alemana de Transportes Aéreos (SCADTA), entre Barranquilla y Girardot; y también que el destacable Presidente Marco Fidel Suárez había traído aviones militares alemanes para crear esa nueva arma en el ejército, y que llamó a pilotos alemanes para formar pilotos de combate colombianos en una escuela que estableció en Flandes (Tolima).  En las minas de oro se extendía el empleo de la dinamita, del detonador eléctrico, de molinos modernos, de motores y de generadores eléctricos, de solución de cianuro de potasio (KCnO3), de taladros neumáticos y sus compresores, de turbinas Pelton y de equipos para movimiento continuo de minerales.  A lo largo de los dos los diez lustros que se consideran, los telégrafos electromagnéticos se extendieron a más y más poblaciones y la extensión de las líneas se amplió en miles de kilómetros.  A mediados de los años veintes apareció en Colombia el empleo de los motores diesel, en algunos barcos y lanchas, en el Magdalena. Había sido inventado por el ingeniero alemán Rudolph Diessel en el año de 1893.

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 En 1919 la compañía estadounidense de ingrata recordación, Tropical Oil Company (TROCO) inició perforaciones cerca a Barrancabermeja, en los campos Galán e Infantas. Dos o tres años después instaló en ese puerto del Magdalena el primer destilador de crudo, una vieja pequeña torre de destilación que trajo de sus instalaciones en el puerto petrolero de Talara en el Perú, a orillas del Océano Pacífico.  En 1926 el Presidente Ospina Vásquez inauguró la primera estación de radiotelegrafía-inalámbrica en el sitio de Morato, al pie de Bogotá (y hoy dentro de la ciudad), enviando un mensaje a Londres, al Ingeniero Guglielmo Marconi, el inventor italiano del sistema. Pronto se inauguraron otras estaciones en Medellín, Cali y Buenaventura.  Supo en 1926 que se iniciaba la construcción, en Antioquia, del túnel de La Quiebra, de 3.700 metros de longitud, obra colosal para su tiempo, en el marco de toda la América Latina. Tres años después, en 1929, se enteró de que la obra había sido terminada como un gran éxito de los ingenieros canadienses de la compañía Frasser-Brace Ltd. Algunos de ellos se residenciaron en el país, formaron su hogar y terminaron sus días en Colombia.  En 1895, al llegar nuestro personaje navegaban unos 20 o 30 vapores en el río Magdalena. Cuando falleció, en 1945, navegaban unos 60 vapores, en total, que recorrían dicho río, el Bajo Cauca, el Sinú, el Cesar, el Atrato, el San Juan y el Patía. Los barcos y los puertos fluviales tenían muchas novedades técnicas de que no disponían medio siglo antes.  Otra gran obra de ingeniería que debió admirar al Ingeniero que recordamos, fue el trabajo de la compañía alemana Julius Berger Konsortium, contratada en 1920 por el Presidente Suárez, y llamada en 1922 por el Presidente Ospina, para hacer un trabajo monumental: estudiar todo el rio Magdalena, desde Neiva hasta Barranquilla, a Cartagena y a Santa Marta, identificando todos los sitios de peligro para los barcos y los de navegación difícil; rectificar curvas; dinamitar peñones en el cauce; mejorar los malecones en los puertos; canalizar o profundizar la vena de agua en los “regaderos”; y, en fin, resolver los problemas hidráulicos, fluviográficos, hidrotécnicos y navieros del río. La empresa hizo el trabajo y entregó su informe en 1929. También en este caso, unos varios de los ingenieros alemanes permanecieron en Colombia. De algunos de ellos se informa en nuestro documento.  Durante el cuatrienio de gobierno del General Ospina, el país progresó vigorosamente también en la esfera de las actividades económicas de particulares. En esa época se introdujeron los primeros tractores agrícolas, las calculadoras mecánicas manuales, muchísimas máquinas de escribir, máquinas registradoras de dinero, los primeros aparatos y equipos de aire acondicionado, básculas y balanzas, y muchos otros elementos para el uso en empresas particulares, comerciales, agropecuarias, de transportes, de minería, etc.  Muy probablemente oyó las primeras emisiones de la primera radiodifusora comercial, la cual operó en Barranquilla desde 1929. A ésta siguieron rápidamente otras emisoras en Bogotá y en Medellín. Y sin duda, tuvo en su casa, muy tempranamente un radio-receptor domestico, que era construido con la tecnología de los tubos termo-iónicos al vacío, que se usó hasta los años cincuentas del s. XX

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 Se supo en esos días de la llegada de las vacunas de tifo, difteria y fiebre amarilla, que no se conocían en el país, y de las primeras campañas oficiales de vacunación, lanzadas por el Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, de los buenos gobiernos liberales de los años treinta.  Don Gabriel Dydime-Dôme presenció y sorteó la Gran Crisis económica de 1930 y años siguientes, y fue testigo de la sorprendente y admirable recuperación de la economía colombiana desde 1933 y 1934 en adelante.  Supo que en 1931 se inauguraba el aeropuerto de Bogotá, llamado aeropuerto de Techo, que era el primero en el país para aviones de ruedas. Al año siguiente se inauguró el de Las Playas (hoy llamado Olaya Herrera), en Medellín; y en los años siguientes, este programa continuó con el de Soledad en Barranquilla, el del Guabito en Cali, el Gómez Niño en Bucaramanga, el Camilo Daza en Cúcuta, el de La Manguita (hoy llamado Benito Salas) en Neiva, etc., etc.  El Perú invadió criminalmente a Colombia en Leticia a mediados de 1932, instigado por la compañía Ford de Estados Unidos, para que aquél país se apoderara de toda nuestra Amazonia le permitiera montar una gran planta de preparación de caucho para las llantas de sus vehículos. Así lo acordó el dictador peruano Luis Miguel Sánchez Cerro, previa una jugosa comisión en dólares, colocada en bancos suizos, sin la menor duda. Es evidente que la empresa imperialista veía venir la Guerra en Europa y en el sur-este asiático. El señor Dydime-Dôme y su esposa, como casi todos los matrimonies en el país, entregaron sus argollas nupciales de oro para que el Gobierno Nacional comprara material de guerra para enfrentar la agresión de los “cholos”. Era una idea lanzada por el Ingeniero y senador neivano César García Álvarez, ante las estrecheces del fisco en plena crisis. Colombia compró sus dos primeros destroyers, el Antioquia y el Caldas, combatió valerosamente y ganó la Guerra por las armas. Pero en el tratado de paz, en Río de Janeiro, los delegados colombianos, encabezados por el señor Fabio Lozano Torrijos cedió un enorme trozo de patria a los peruano: alrededor de 25 millones de hectáreas de selva cauchera, consistente en la enorme franja comprendida entre el Amazonas y el Putumayo, y de más de 1.500 km de longitud, de oriente a occidente. “Generosamente” los peruanos nos dejaron conservar el ínfimo acceso al Amazonas, en Leticia, que llamamos “El trapecio amazónico”. Nueve años después, recién comenzada la segunda Guerra Mundial, otro dictador peruano invadió al Ecuador y en una guerra de unos pocos meses, le arrebató a este país , de un zarpazo, toda su cuenca amazónica, es decir, más de la mitad de lo que era su pequeño territorio. Esta vez el Perú le robaba tierra al Ecuador, azuzado por la Standard Oil de New Jersey, para apoderarse de las enormes reservas de petróleo que encierra esa porción de la Amazonia, petróleo que con la venidera guerra en Europa adquiría un incalculable valor como material estratégico.  El Ingeniero francés se enteró en 1941 de que el Instituto de Fomento Industrial estaba montando una pequeña planta electroquímica para producir cloro para purificación de aguas, y soda cáustica, para diversos usos industriales, por electrólisis de soluciones concentradas de sal. Se construyó al pié de la planta de tratamiento de aguas llamada de Vitelma, al sur de Bogotá, recién inaugurada en 1936. Fue la primera industria electroquímica en el país y se llamó Fábrica Nacional de Cloro. La Guerra europea había estallado el 1 de septiembre de 1939. La planta 239


inició su producción en seguida y fue sumamente útil para todas las ciudades en el país en los seis años posteriores, cuando fue imposible importar cloro desde Estados Unidos y desde Europa.  En los decenios de los años treinta y de los cuarentas se fundaron nuevas universidades y escuelas técnicas, bajo el estímulo del vigoroso proceso de desarrollo económico que se había vivido desde 1934 hasta 1950, y que se prolongaría durante varios lustros posteriores. Hay que recordar que desde tiempo atrás, hacia 1920 existían facultades de Ingeniería civil en el Instituto Técnico Central en Bogotá, en la Escuela de Minas en Medellín, y en las Universidades Nacional en Bogotá, la de Cartagena, la de Nariño en Pasto y la del Cauca en Popayán. Ésta última también ofrecía desde 1920 el programa académico de Ingeniería Industrial. Funcionaban escuelas médicas en las Universidades Nacional, de Antioquia, de Cartagena y del Cauca. En 1931 se fundó la Universidad Javeriana en Bogotá, incluyendo facultades de Medicina y de Ingeniería civil; en 1935 el gobierno re-fundó la escuela Naval de Cadetes y la Armada Nacional, con la asesoría de una misión naval inglesa de elevado nivel técnico y profesional. Esa escuela tuvo desde entonces un alto nivel académico, el que siempre fue reconocido, inclusive por los oficiales del Ejército. En 1936 se fundó la Universidad Bolivariana en Medellín, la cual inició, dos años después, en 1938, la enseñanza en sus nuevas facultades de Ingeniería química y Arquitectura. También en 1936 comenzó a enseñarse, por primera vez en el país, la profesión de la Arquitectura, en la Universidad Nacional de Bogotá. En 1937 abrió sus puertas la Escuela Normal Superior, de carácter oficial y por iniciativa del Gobierno Nacional que presidía el eximio mandatario Alfonso López Pumarejo; y destinada a preparar profesorado a nivel universitario en los programas de Matemáticas y Física, Química y Biología, Idiomas, Sociología, Lingüística, Filosofía y Filología. Era la primera vez que estas disciplinas se dictaban en este nivel, muy superior. De esta escuela hablamos en otro acápite. En 1939 la Universidad Nacional en Bogotá empezó a dictar la carrera de Química, con profesores españoles auto-exilados de la dictadura sanguinaria de Francisco Franco, el que había acabado de ganar la atroz guerra civil española, que dejó −según se dice− cerca de un millón de muertos. En 1940 la Escuela de Minas en Medellín inauguró sus dos nuevos programas de Ingeniería de Minas y Metalurgia, y de Geología y Petróleos; en 1941 comenzó a existir la Universidad del Atlántico y una de sus carreras fue desde entonces la de Ingeniería Química. La vieja Universidad de Antioquia inició su programa de Ingeniería Química en 1943.  Las universidades respondían así, de manera eficaz, al vigoroso movimiento de industrialización que ya se desarrollaba, y que mostraba con claridad que se expandiría y se aceleraría después de la guerra, lo cual sucedió, efectivamente. Este ciclo de ampliación de la educación técnica y científica fue decisivo para el proceso de industrialización, de tecnificación y de elevación del nivel técnico-científico de Colombia. En ello estuvieron comprometidos un gran número de ingenieros, médicos, químicos, físicos, naturalistas y profesores que habían llegado al país desde antes, o que llegaron en el momento inicial, por su iniciativa, o por iniciativa del Gobierno Nacional.

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293. En suma, el medio siglo que nuestro personaje vivió entre nosotros, el Mundo fue testigo de numerosos y grandes descubrimientos científicos e inventos técnicos que admiraron a nuestro Ingeniero francés:  El primer radiograma internacional (1897, por Guglielmo Marconi).  La Teoría de los Quanta (1900, por Max Planck).  La radioactividad (1897, por Henri Becquerel) y el radium (1904, por los esposos Marie y Pierre Curie).  El avión (1903, por los hermanos Wright) y sus desarrollos posteriores.  La Relatividad Especial (1905) y la Relatividad General (1915), ambas por Albert Einstein.  El cine mudo (1897, por los hermanos Lumiére) y el cine sonoro (1927, gracias al tubo de vacío llamado tríodo o audión, inventado por el Físico Lee de Forest, en Estados Unidos).  El modelo T del automóvil de Henry Ford, cuya fabricación éste inició en 1907, en Detroit, por el sistema en serie, en gran escala y a bajo costo, con la colaboración de los Ingenieros Industriales Frederick Winslow Taylor y Henry Fayol, y que desencadenó el formidable desarrollo industrial de los Estados Unidos, desde dicho año hasta la Grán Crisis de 1930.  La bakelita, que fue inventada en 1909 por el Químico hebreo Leo Baekeland) y demás resinas fenólicas en años siguientes.  El sonar, que fuéinventado en Francia, en 1913, por el Físico Paul Langevin, para detectar submarinos alemanes sumergidos, en la Primera Guerra Mundial  El tanque de guerra, inventado como primera arma blindada en 1915, por ingenieros ingleses para combatir a Alemania en dicha guerra.  La gasolina de la hulla, inventada en 1913 por el Químico alemán Karl Bergius, en Alemania, previendo la guerra que se avecinaba, y dado que Alemania no tenía campos petrolíferos. En 1942 los Químicos alemanes Franz Fischer y Hans Tropsch inventaron en 1920 un sistema más eficiente para ese mismo proceso industrial,que Alemania seguía requiriendo ansiosamente en su acelerado proceso de crecimiento económico e industrial, y su carencia de petróleo en su mismo territorio. Rumania era francamente germanófila y era rica en hidrocarburos en ese tiepo, pero estaba muy distante, y el transporte era costoso y militarmente muy vulnerable.  Los gases asfixiantes, que los Químicos alemanes de la compañía Bayer inventaron, como atroz arma de guerra, y que hicieron desastres en las filas de los aliados occidentales, y también hicieron temibles sus nombres de fosgeno, gas mostaza, sarín); y las máscaras protectoras (1915, por químicos ingleses)  Las máscaras anti-gases, a base de carbón activado ycal, inventadas por Químicos ingleses, para protegerse de los gases asfixiantes, en esa misma guerra.  El submarino cuyos precursores se hicieron en el siglo XIX en Rusia y Estados Undos como vehiculo náutico, perfeccionado luego por el Ingeniero y reformador social catalán Narciso Monturiol en 1913, y que fue perfeccionado a escala militar por los ingenieros alemanes en los años de 1935 a 1938, en preparación para la Segunda Guerra Mundial.

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 La radiodifusión comercial, que fue iniciada en 1920 el Ingeniero canadiense Reginald Aubrey Fessenden, en Estados Unidos. En Colombia, la primera radiodifusora comercial salió al aire en Barranquilla, en 1929.  Los antibióticos del grupo de las sulfas, cuyo primer tipo sué la sulfani-amida, descubierta porel Químico alemán Gerhardt Domagk, en 1933 en ese país.  El microscopio electrónico, el cual fue inventado en 1931, por Ernest August Friedrich Ruska y por Reinhold Rüdenberg, independientemente, y ambos en Alemania. Se basaron en el descubrimiento de las “ondas de materia” generadas por electrones a muy alta velocidad, predichas por el Fisico francés Louis de Broglie en 1922, y corroboradas experimentalmente por los Físicos estadounidenses Clinton Davisson y Lester Germer en 1927).  La locomotora diesel, producida a escala industrial por la compañía General Electric, en1920, en Estados Unidos).  El nylon 6, o hexa-metilen-di-amina, que fue inventado en 1934, por Wallace Carothers, Químico de la compañía Dupont, en Estados Unidos).  Los comienzos de la televisión en Alemania y Estados Unidos hacia 1935, con base en los inventos del disco de Nipkow, por Rudolph Nipkow en Alemania, y del tubopantalla de Zworikin, inventado por el Fisico ruso-nortemericano Vladimir Kozmich Zworikin en Estados Unidos.  La fusión del uranio 235 (U235), descubierta en 1939, por los Físicos alemanes Otto Hahn y Lise Meitner, en su país, y que suscitó una enorme alarma entre los Físicos de Inglaterra y Estados Unidos, porque vieron en eso, con visión y con acierto, el primer paso para llegar a una bomba atómica de fisión en cadena, como finalmente ocurrió, pero en Estados Unidos. Los Físicos amigos Albert Einstein y Leo Szilard escribieron en ese mismo año, al Presidente Franklyn Delano Roosevelt recomendando un programa acelerado para ganarle la carrera a Alemania, como lo hizo ese gobierno.  La penicilina, descubierta en 1940, por el médico inglés Alexander Fleming en 1929, y desarrollada como medicamento anti-bacteriano muy poderoso por el Médico Howard Walter Florey, en Inglaterra en 1938, inmediatamente antes de la Segunda Guerra Mundial.  El autogiro,que féinventado en 1924, por el Ingeniero español Juan de la Cierva, y Que encontró su versión mejorada, el helicóptero, en 1939, que fue desarrollado por Igor Sikorsky, en Estados Unidos. Y muchos otros prodigios en Ingeniería, en Física, en Química y en Geología, que eran las áreas científicas de don Gabriel. Estas novedades fueron conocidas n Colombia, asimiladas, enseñadas y aplicadas, gracias a muchos profesionales inmigrantes, a otros colombianos que los conocieron en el exterior, y a otros más que los estudiaron desde aquí.

NÚÑEZ Y LA REGENERACIÓN

294. En abril de 1878, en el acto de posesión como Presidente radical, para dos años de mandato, del general Julián Trujillo, el presidente del Senado, Dr. Rafael Núñez, quien le daba posesión a Trujillo, pronunció una célebre frase que haría historia por 70 años en 242


Colombia. Refiriéndose al desorden y a la cuasi-anarquía que había causado el régimen de los Estados Soberanos de la Constitución de Rionegro en 1863, Núñez dijo: Hay que regenerar la vida política de Colombia. “Regeneración fundamental o catástrofe”. Nuestro país tenía entonces alrededor de 3´400.000. Las últimas dos mayores guerras civiles (1860 y 1876) habían causado poco menos de 15.000 muertos, y quizás un número similar de mutilados e incapacitados. Trujillo había vivido en persona la feroz guerra religiosa de 1876, como comandante general de las fuerzas aliadas del Cauca, Cundinamarca y Santander que derrotaron a Antioquia y el Tolima. Tal vez por eso, guardó en su memoria las palabras de Núñez, y para el próximo bienio, de 1880 a 1882, propició discretamente la candidatura y la elección del político cartagenero por el Congreso. Núñez realizó una serie de iniciativas y de reformas económicas muy importantes: reconstruyó la política de desarrollo nacional basada en los estímulos a la producción nacional; consecuentemente reformó y elevó moderadamente los aranceles aduaneros; inició un vigoroso plan de construcción de ferrocarriles estatales y de apoyo a los privados; creó el Banco Nacional (primer germen del Banco del Estado que Reyes reintentaría en 1905, y que Ospina Vásquez lograría establecer finalmente en 1923); apoyó las cuatro ferrerías que se han mencionado, que en ese momento funcionaban con relativo éxito; trajo una misión europea para formular programas de fomento para la agricultura; se inició un crecimiento vigoroso de la producción cafetera; propició el establecimiento de la navegación del río Cauca por Simmonds y sus socios; negoció con la “Compagnie Francaise du Canal” las condiciones para permitirle construir el de Panamá (que los franceses no supieron hacer y que terminó en 1883 en un terrible fracaso técnico, sanitario, financiero y penal); hizo construir un camino carretero (de los que se describen en otra parte de este libro) desde Bogotá a Facatativá; ordenó el mejoramiento de los caminos: de La Plata a Popayán y de Ibagué a Cartago; creó el papel moneda en reemplazo del oro y de los billetes de los bancos privados, y ordenó su curso forzoso 279. Pero el carácter veleidoso, misántropo, escéptico y autocrático de Núñez 280 lo llevó a romper con su anterior partido, el liberal-radical, a atraer a la mayoría de los conservadores, y a formar con éstos y con los pocos liberales que lo siguieron, el partido que él llamó “Nacional”. Como todo recién converso, se desató en él un fanatismo furioso contra sus antiguos correligionarios liberales radicales; les arrebató sus derechos políticos y su derecho a representación en el Congreso. Una de sus leyes dictatoriales y abusivas fue la llamada “ley de los caballos”, expedida para reprimir la libertad de expresión, que era tan atrabiliaria que fue rechazada hasta por algunos conservadores. Su primer bienio fue el mejor de los que Núñez ejerció como Presidente. En 1882 lo sucedió don Francisco Javier Zaldúa, quien murió en el cargo en ese mismo año. De 1882 a 1884 gobernó honestamente pero con pocas ejecutorias, don José Eusebio Otálora Martínez, previo un acuerdo maniobrero con Núñez. Éste volvió a la silla presidencial en 1884. Allí y entonces sus abusos de poder y su sectarismo provocaron un levantamiento 279

La catástrofe monetaria que se desataría al fin del siglo por el abuso de las emisiones de papel sin respaldo, que estas medidas permitieron, no fue culpa de Núñez, sino de la incapacidad de sus sucesores, como Caro y Marroquín, agravada por las guerras de 1895 y de los Mil Días. Solamente Reyes pudo corregirla radicalmente en 1905, creando un nuevo “peso-oro” respaldado en oro, equivalente al dólar y a un quinto de libra esterlina. 280 Hijo único de una madre sobre-protectora y dominante, como lo dice el Coronel Plazas Vega en su excelente libro citado en la bibliografía, y de un ex militar español que los abandonó siendo niño Rafael.

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general de los liberales en todo el país, en una guerra sanguinaria, que el pueblo raso llamó después “la nuñista”. Fueron famosas por su costo en vidas las batallas de Santa Bárbara (cerca a Cartago), la de Panamá (dirigida y ganada por el general Reyes), la toma de Barranquilla por los liberales, el sitio de Cartagena por el gobierno, que derrotó contundentemente a los liberales, mientras el jefe de éstos, el tolimense (nacido en Ambalema) Ricardo Gaitán Obeso se regocijaba con una hermosa mulata cartagenera. Poco después, ya en 1886, huyendo de la Costa, los liberales emprendieron la navegación del Magdalena en varios vapores, hacia el centro del país, comandados por el general Sergio Camargo. Pero a poca distancia de El Banco, en un sitio llamado “La Humareda” los sorprendió una emboscada de un gran cuerpo de ejército oficial, comandado por los generales José María Campo Serrano y Guillermo Quintero Calderón. Fue una batalla brutal, en la que no se ahorraron actos de salvajismo pero también de gallardía militar por ambos bandos. Después de unos 2.000 muertos y más de 1.000 heridos, amputados y baldados, ambos bandos desistieron de la lucha. Pero los liberales ya estaban exhaustos y derrotados. Núñez aprovechó este triunfo para derogar la Constitución de Rionegro de 1863, y proclamar, en su lugar, la Constitución de 1886, que él había redactado con don Miguel Antonio Caro. La venganza del Presidente fue criminal: apresó a los principales jefes liberales derrotados, empezando por Gaitán Obeso; los reunió en los calabozos de Cartagena; y luego los envió a Ciudad de Panamá a podrirse en las mazmorras de una prisión militar, en donde todos ellos murieron. Por gestión humanitaria de doña Soledad Román, la última compañera sentimental de Núñez, el general Uribe Uribe salió de las bóvedas del castillo de Bocachica y se salvó de la terrible suerte de sus ex compañeros de armas. Hay indicios serios, según dice Puentes [1961] de que Gaitán fue envenenado por sus carceleros. Por dictamen del sempiterno Presidente, gobernó provisionalmente, durante 1887, el general José María Campo Serrano (ex liberal tornado ahora “nacionalista”, léase nuñista), uno de los “seudo-triunfadores” de La Humareda. En 1887 y 1888 “el pensador del Cabrero” volvió a gobernar al país. Después fue elegido “Presidente Vitalicio”, y se retiró a Cartagena a vivir descansadamente, con la última de sus varias compañeras sentimentales, y a seguir gobernando a través de telegramas y de mensajeros, con los que le ordenaba a sus reemplazantes qué hacer y qué no hacer. Murió el 18 de septiembre de 1894. Algún día dijo el Presidente Alfonso López Michelsen, en el centenario de la posesión de D. Aquileo Parra Gómez, en 1976, que “lo que nunca debe volver a ocurrirnos es otra Regeneración”. 295. En otro acápite señalamos que el atraso tecnológico, económico y social generalizado, aún estando ya en el siglo XXI, es atribuible, sin duda a la reticencia de los grandes terratenientes, que dominan la enorme proporción de los 24 millones de hectáreas de tierras agropecuarias, de las cuales se destinan solamente 3,5 millones a cultivos permanentes y transitorios, y los otros 20 millones los ocupan una ganadería extensiva e improductiva que cría solamente menos de ese número de cabezas. Un sistema tan absurdo cuanto injusto, basado no en la producción sino en la valorización agraria generada por el aumento de población, poco necesita de tecnologías adelantadas. En concordancia con esta realidad, el interés de los gobiernos por el adelanto técnico del sector ha sido, a través de la historia, muy débil. 244


Sin embargo, ha habido excepciones. Una de ellas fue la del veterinario Claudio Vericel, quien vino en 1885 traído por el contradictorio Presidente Núñez, quien, pese a su personalidad sombría fue un buen administrador de la economía de colombiana. En ese momento la cabaña ganadera en todo el país era de muy cerca de 3 millones de cabezas, según estimación de este autor. Durante quince años, desde la fatídica guerra “nuñista”, hasta el comienzo de la de los Mil Días, en 1900, Vericel estuvo en varias regiones del país, haciendo consultoría para los pocos ganaderos interesados, y haciendo investigación sobre las epizootias tropicales, que eran (y son) bastante diferentes a las de Europa. Vericel regresó a su país justamente alarmado por la turbulencia e inestabilidad política, y temeroso de la guerra atroz que se veía venir. 296. Entre los ingenieros que vinieron en el siglo pasado a las minas, hay que mencionar a Silas Haynes Wright, estadounidense. Hizo sus estudios como marino e ingeniero en la U.S. Naval Academy en Annápolis donde se graduó en 1881, como oficial naval del cuerpo de ingenieros. En 1887 vino como ingeniero de una compañía minera norteamericana a trabajar en Cáceres. Se casó en Yarumal y allí nacieron sus hijos. 297. Terminando el siglo XIX el país había recibido una larga serie de ingenieros de mina europeos y norteamericanos, a quienes se debió, en gran parte, la modernización de nuestra minería y el muy notable aumento de la producción colombiana de oro durante el siglo XIX, en comparación con épocas anteriores. En efecto: Un especialista mundial en este tema, alemán, Heinrich Quiring, en su libro Geschichte des Goldes, informa que desde 1801 hasta 1900 Colombia produjo 377 toneladas métricas del metal, dentro de 5.108 toneladas, producidas en todo el continente americano, y esto dentro de las 12.303 que el mundo entero produjo durante el siglo. Esa cantidad de metal áureo colombiano, a los precios de hoy en día (1.200 dólares corrientes por onza troy), valdría exactamente, 14.500 millones de dólares corrientes. Lo que es más importante destacar en este hecho es que ese oro constituyó algo como el 85 % del valor de las exportaciones colombianas totales del siglo. (El resto estuvo constituido por pequeñas cantidades de plata, algodón, tabaco, añil, quina, café, cacao y cueros). En términos macroeconómicos esto significa, en esencia, que fue la producción y la exportación de oro lo que le permitió a Colombia financiar su muy escaso desarrollo durante el siglo, y que si no hubiera sido por nuestras numerosas y estúpidas guerras civiles, y por el insensato “liberalismo” de Florentino González, y por la codicia retardataria de los grandes terratenientes, y, más recientemente, por el malhadado “Consenso de Washington”, el país pudiera estar a la cabeza de todos los países latinoamericanos en su nivel de desarrollo económico y social. 298. Uno de los inventos que transformaron a fondo la vida de la humanidad fue el de los generadores polifásicos de corriente alterna. Por supuesto, había sido precedido por los varios inventos de generadores y de motores eléctricos, unos de C.D. y otros de C.A., por Paccinoti, Gramme, Davenport, Davidson, Siemens y Edison. Quien llevó a su cuasiperfección el generador de C.A. trifásica, en 1887, fue el ingeniero electricista Nikola Tesla, nacido en Croacia, emigrado a los Estados Unidos, y vinculado desde entonces a la empresa de George Westinghouse, cuya convicción sobre las ventajas de la C.A. sobre la C.D. era compartida por Tesla. 245


El invento se extendió rápidamente por todo el mundo, demostrando las ventajas que le atribuían Westinghouse y Tesla. Los dos primeros alternadores de C.A. monofásica fueron instalados en Colombia por el ingeniero José María Escovar en la quebrada de Santa Helena, cerca a Medellín, en 1897, para suministrar iluminación a las casas de habitación de la pequeña ciudad de 50.000 habitantes. Eran dos unidades, cada una de mil kilovatios, con turbina Pelton. Los dos primeros alternadores de C.A. trifásica, los instaló el Ingeniero Vergniano (del que se habla más abajo), en 1899, en la central de “El Charquito”, movida por las aguas del río Bogotá y del río Muña, afluente del anterior, y aprovechando la acentuada pendiente que toman ambos ríos en ese sitio. Se instalaron dos alternadores trifásicos, cada uno con capacidad generadora de 2.000 kilowatios, que eran accionados por sus respectivas turbinas Pelton, cada una con dos chorros de agua impulsores 281. Tres decenios después, en 1930, según cálculos de Poveda, las plantas generadoras que funcionaban en todo el país estaban todas completamente desconectadas unas de otras, pero la suma aritmética de sus capacidades generadoras totalizaba 45.000 kilowatios. Así, sucesivamente, se fueron electrificando las ciudades del país con C.A.: las pequeñas con corriente monofásica, y las mayores (Bogotá, Medellín, Barranquilla, Manizales, Cali, Cartagena y otras dos o tres) con trifásica. El motor eléctrico, de costo moderado, eficiente (transforma en 98% de la energía eléctrica en trabajo mecánico), pequeño y versátil, permitió establecer en nuestras ciudades (y en las de todo el mundo) las pequeñas industrias de todo tipo, las que no hubieran podido existir con el antiguo sistema de las máquinas de vapor que eran, económicamente costosas; termodinámicamente ineficientes (convertían a lo más el 7% del calor que se les suministraba en trabajo útil), mecánicamente complejas y nada flexibles en su operación horaria. 299. Las dificultades que persistentemente presentaba el Canal del Dique para su navegación por vapor, y la importancia que en ese momento estaba adquiriendo Cartagena, llevaron al Gobierno Nacional del Presidente Carlos Holguín, en 1889, a convenir un generoso contrato con el empresario e ingeniero norteamericano Samuel B. Mac Connic, para la construcción de un ferrocarril desde la Ciudad Heroica hasta el pequeño puerto de Calamar, situado en la confluencia del Canal y del rio Magdalena 282. Los trabajos se iniciaron en Cartagena en el año siguiente, bajo la administración y la dirección técnica de Mac Connic, quien ganó una fuerte suma de dinero en esa obra. La relativa facilidad de los terrenos planos de esa región, y la innegable eficiencia del contratista permitieron que los 105 kilómetros de vía, con una yarda entre rieles, quedaran terminados en 1894, en Calamar. El cónsul de Estados Unidos en la ciudad informó a su gobierno que la ferrovía había costado 2 millones de dólares 283. Mientras adelantaba este

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Los generadores de C.D. o los alternadores que se instalaban en cada central, se ponían en pares, para garantizar el suministro en caso de daño de uno de ellos, o cuando se le sometía a mantenimiento. 282 En esto tuvo mucho que ver, sin duda, la influencia del ex-presidente Rafael Núñez, quien vivía ya del todo en Cartagena, pero seguía manipulando a sus presidentes subsidiarios en Bogotá, como lo era Holguín. El gobierno de la Regeneración se distinguió por otras realizaciones materiales, pero no por su pulcritud financiera. 283 Basado en su conocimiento de la economía de ferrocarriles, este autor piensa que, en realidad, a Mac Connic sólo le costó poco más de un millón de dólares de esa época, que equivalían a un millón de pesos-oro de Colombia, en ese tiempo.

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ferrocarril, Mac Connic construyó también el primer muelle de Cartagena para barcos de alta mar. Esta línea férrea duró en operación hasta mediados del s. XX, cuando, habiéndose dragado y regularizado así la navegación del Canal del Dique, aquélla se hizo innecesaria y fue “des-enrielada”. Valido de su cercanía a Núñez, y del buen nombre técnico que había dejado en Cartagena como constructor eficiente y no ladrón, en 1894, Mac Connic obtuvo un contrato con el Gobierno Nacional, representado por Miguel Abadía Méndez, Ministro del Tesor