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ADO BALIZ O GLO NISM URBA

o ñ e s i D y a r u t c e t i ía u c q r a r G A oz ñ , u a M r me u i t a l J l u C Gabrie

PrestigioLiterario


URBANISMO GLOBALIZADO

Cultura, Arquitectura y Diseño Gabriel Jaime Muñoz García

TITULO ORIGINAL DISEÑO DIAGRAMACIÓN CORRECCIÓN ESTILO FOTOGRAFÍA

Gabriel Jaime Muñoz García Gabriel Jaime Muñoz García Gabriel Jaime Muñoz García Gabriel Jaime Muñoz García María Isabel Vera Vélez


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E C I I IND DICE NDICE I N I E C I IND E C I D IN E C I ND

E C I D IN

CAPITULO 1

URBANISMO

Urbanismo Historia de la Ordenación del territorio Concepto de Urbanismo Ordenación del territorio Conceptos de Gestión y Ejecución Urbanística El malestar del Bienestar Agrofilia

Pag. 1 Pag. 4 Pag. 5 Pag. 5 Pag. 6 Pag. 9 Pag. 11

CAPITULO 2 ECOLOGIA, RURALIDAD, URBANISMO, ENTRE OTROS El Derecho a la Basura Introducción Ecología y Regadíos El Regadío como acelerador del desarrollo Conclusiones Lo Rural lo Urbano

Pag. 13 Pag. 17 Pag. 18 Pag. 21 Pag. 22 Pag. 23

CAPITULO 1 URBANISMO Y URBANISTAS EN LA URBE GLOBAL Urbanismo y Urbanistas en la Urbe Global La evolución conceptual: las rutas hacia la urbanística La evolución conceptual: Eclepticos del Urbanismo La globalización: hacia la Urbe Global Condicionales culturales locales: globalización

CAPITULO 2

URBANISMO EN COLOMBIA

Quince años de cambios en el urbanismo en Colombia La ciudad Colombiana o del urbanismo en busca del pensamiento Una aproximación a la historia de la ignorancia de la ciudad

Pag. 37 Pag. 40 Pag. 30

Pag. 25 Pag. 26 Pag. 30 Pag. 31 Pag. 22


URBANISMO GLOBALIZADO La muestra pedagógica 208, quizo mostrar a sus grandes lectores lo mejor del urbanismo, no solo a nivel Antioqueño sino mundial, ya que es importante retomar los diferentes aspectos arquitectónicos, urbanistas y de diseño urbano frente a las nuevas tendencias de la sociedad en sus cambios culturales y conceptualizar una idea global de lo que pasa con nuestro mundo en sus cambios llamados “arcaicos” con respecto a la nueva era. Es importante resaltar que no solo es mostrar la urbe y los lugares que componen nuestro cotidiano vivir, ni las personas y sus problemas de urbanística, sino mostrar las tendencias que hay, y que a medida que el mundo cambia, ellas también cambian, varían de forma y de concepto visual hacia nuestro nuevo futuro que ya viene con pasos de oso grande, y que nos tenemos que acoplar a el para sobrevivir en un mundo nuevo con reformas clásicas pero con sentido sencillo para nuestro vivir.


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S A U G I T N A S E N O I C C U R T S N

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e t s e e r b o s a v i t c e p s r e p u t a t o An

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CAPITULO 1

URBANISMOURBANISMO El urbanismo es la disciplina que tiene como objeto de estudio a las ciudades, desde una perspectiva holística enfrenta la responsabilidad de estudiar y ordenar los sistemas urbanos. El término actual concretizado Urbanismo- procede del ingeniero español Ildefonso Cerdá. Es una disciplina muy antigua, que incorpora conceptos de múltiples disciplinas y un área de práctica y estudio muy amplia y compleja. Según algunos, sería una ciencia que se encuadraría dentro de las ciencias sociales (geografía, sociología, etc.) y, según otros, sería un arte, asociado tradicionalmente a la arquitectura, es decir, un conjunto de saberes prácticos que proporcionan las bases fundamentales para resolver los problemas de las ciudades; en esta dualidad se vislumbra el carácter descriptivo y explicativo del urbanismo como ciencia frente al carácter

prescriptivo del urbanismo como arte, aunque ambos e n fo q u e s n e c e s a r i a m e n t e s e r e a l i m e n t a n mutuamente. El urbanismo empezó siendo una teoría compleja que interesó desde el primer momento a los estudiosos de la ciudad, y acabó siendo una disciplina que reúne una suma de conocimientos sustanciales relacionados con la construcción y conservación de las ciudades y con el estudio de las relaciones socio-económicoambientales que tiene lugar dentro del fenómeno urbano, de la que se ocupa actualmente una multiplicidad de profesionales: abogados, arquitectos, economistas, geógrafos, ingenieros, sociólogos, y de forma exclusiva los urbanistas. Hipodamo de Mileto (considerado por muchos el primer urbanista de la historia) hizo el plan urbanístico de El Pireo, el puerto de Atenas, sobre una cuadrícula que ahora se conoce como hipodámica, y que se ha repetido multitud de veces. Nerón también se comportó como un urbanista cuando, tras el incendio de Roma, hizo reconstruir la ciudad sobre un plan


distinto del trazado original. Felipe II recoge varias ideas urbanísticas en las leyes de Indias, cuando trata de la construcción de nuevas ciudades en el Nuevo Mundo (proceso en el que España llevó a cabo una de las mayores creaciones de ciudades de nueva planta de la historia). Desde el siglo XV en toda Europa también se fundan ciudades, aunque probablemente, en la mayoría, la idea directriz era más demostrar el poder del monarca que hacer ciudades útiles, lo que no quita para que haya unas cuantas de gran belleza. A iniciativa del Instituto Superior de Urbanismo de la Ciudad de Buenos Aires, en 1949 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaro el 8 de noviembre Día Mundial del Urbanismo como fecha para recordar acciones necesarias para el bien común como el aumento de parques y zonas recreativas, la remodelación de algunas áreas ciudadanas, la terminación de obras de desarrollo urbano, la descongestión de zonas superpobladas y aquellas medidas que disminuyan la contaminación del aire y del agua. Esta fecha es el inicio de diversas iniciativas para el desarrollo urbano sostenible y un hito para las celebraciones de los urbanistas de todo el mundo. Rebasando el marco en el que por etimología y definición estaba constreñido el urbanismo –la ciudad-, hoy es una disciplina de objetivo mucho más amplio y se utiliza para la ordenación integral del territorio. El urbanismo, sinónimo de planificación y ordenación, se ocupa de proporcionar modelos territoriales sectorializados, donde cada uno de esos ámbitos tiene asignado un desarrollo acorde con sus aptitudes. Así, habrá unos suelos netamente urbanos, otros urbanizables, esto es, susceptibles de llegar a ser

Iglesia Cerro Nutibara. Tomada desde ángulo derecho.

2 urbanos cuando las necesidades de crecimiento y expansión lo determinen, y, por fin, suelos no urbanizables sin ninguna expectativa de evolución hacia espacios cívicos. El término "urbanismo" procede de la palabra latina urbs (‘ciudad’), que en la antigüedad se refería por antonomasia a la capital del mundo romano, Roma. Aparece por vez primera en el diccionario de la Real Academia Española en 1956, donde se define como “conjunto de conocimientos que se refieren al estudio de la creación, desarrollo, reforma y progreso de los poblados en orden a las necesidades de la vida urbana”. Es claro que la idea de poblado no se ajusta a la dimensión actual del urbanismo, siendo la idea de ciudad, en el sentido moderno del término, la que se adecúa más al campo de esta disciplina.


Aunque el término urbanismo se utilizó inicialmente para designar todos los fenómenos de ordenación urbana, a medida que el fenómeno constructivo y edificatorio ha traspasando el espacio propiamente urbano, dicho término ha sido desplazado en la práctica por el de Ordenamiento territorial cuando se quiere hacer referencia a intervenciones en suelos extra urbanos, donde entran en juego intereses supralocales protegidos desde instancias públicas superiores: defensa nacional, carreteras, medio ambiente, etc. En España, el término Ordenación del Territorio se emplea también para la planificación en ámbitos supramunicipales, en los que generalmente existen relaciones funcionales importantes entre los municipios y se aprecia la necesidad de coordinar los planes urbanísticos municipales.

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En la actualidad el término urbanismo se aplica a la ordenación urbana; a todos los conocimiento relacionados con la construcción de ciudades o núcleos urbanos, y se distingue del término “urbanización”, el cual está, hoy en día, directamente relacionado con los procesos constructivos, pero no con la o rd e n a c i ó n u r b a n a . E l t é r m i n o ordenación del territorio se utiliza, en cambio, para designar la actividad urbanística orientada a la planificación del suelo interlocal, desde una óptica más amplia de ordenación espacial, abarcando ámbitos de carácter rural. En el mundo desde hace varias décadas, el urbanismo se impar te en las universidades como disciplina liberal e independiente de otras profesiones. Podemos encontrar más de 100 universidades de distintos países, que brindan esta carrera universitaria empleando denominaciones como: Urbanismo, Licenciatura en Urbanismo, Ingeniería Urbana, Planeamiento Urbano, Planificación de Ciudades, entre otros. En Latinoamerica la primera

carrera de urbanismo a nivel licenciatura se implantó en la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, luego la carrera se implementó en México, Perú, Colombia, Argentina y Brasil. El caso europeo es liderado por Holanda y Francia y en América del Norte por Canadá. No obstante, aún perdura la formación de urbanistas como una especialización al nivel de postgrado de disciplinas afines, tales como la Arquitectura, la Ingeniería Civil, la Sociología, la Economía, el Derecho y la Geografía, entre otras.


HISTORIA DE LA ORDENACIÓN DEL TERRITORIO La Ordenación del Territorio es una disciplina novedosa y en fuerte auge en gran parte del mundo, aunque la disciplina surgió en los años 20 en Inglaterra; para intentar compensar la pérdida de suelo producida por el exceso de urbanismo. En ese país, como en la mayor parte del mundo desarrollado, el planeamiento del suelo corría a cargo de los arquitectos, lo que hizo que durante décadas, la visión urbanizadora dominara sobre el conjnto del territorio. Esta óptica cambió cuando el exceso territorio urbanizado comenzó a generar en esos países un exceso de suelo urbano que generaba problemas territoriales y ambientales. Por tanto, surgió una nueva técnica, independiente del Urbanismo, dedicada a la ocupación racional del territorio, y que ha sustituido al urbanismo en la gestión de aquellos suelos categorizados como "no urbanizables". La ordenación del territorio ha experimentado un auge en toda Europa desde el final de la II Guerra Mundial, y ha adquirido en algunos países gran relevancia; creando Ministerios o consejerías específicos para este tema; y considerando delito (Delito contra la Ordenación del Territorio) el incumplimiento del ordenamiento territorial.

"No se trata tampoco de hacer instrumentos inútiles que haya que reformar en cuanto cambie una sola de sus variables o previsiones. Se trata de posibilitar diseños, previsiones, instrumentos flexibles, sin apenas exigencias materiales previas, que dependerán de cada momento, pero respecto de los que se detalla, sobre todo, lo importante: un procedimiento que garantice la participación y, con ella, la asunción del contenido y la garantía de su viabilidad y continuidad”

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ORDENACIÓN DEL

TERRITORIO

CONCEPTO DE

URBANISMO

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El urbanismo trata del desarrollo de las ciudades y de sus alrededores. Durante la mayor parte de su historia el urbanismo se centró, sobre todo, en la regulación del uso de la tierra y en la disposición física de las estructuras urbanas en función de los criterios estipulados por la arquitectura, la ingeniería y el desarrollo territorial. Con la Revolución Industrial, que se inició en el siglo XVIII, la proliferación y el crecimiento de las ciudades hicieron que, ya en el siglo XIX, el concepto se ampliara, para incluir el asesoramiento general del entorno físico, económico y social de una comunidad. Ildefons Cerdà, con su Teoría general de la urbanización, marca las pautas para el urbanismo moderno.

La ordenación del Territorio, u Ordenación territorial es una disciplina científica, y técnica administrativa; influída por multitud de disciplinas; especialmente por la Geografía física, la Geografía humana y las Ciencias Ambientales que tiene como objetivo una ocupación racional del territorio, mediante la aplicación de normativa que permita o prohiba unos determinados usos de la tierra. Existen múltiples definiciones sobre la ordenación territorial, la Carta Europea de Ordenación del Territorio de 1983 la definió como: La expresión espacial de la política económica, social, cultural y ecológica de toda sociedad, con multitud de objetivos, entre ellos el desarrollo socieconómico y equilibrado de las regiones, la mejora de la calidad de vida, la gestión responsable de los recursos naturales, la protección del medio ambiente, y por ultimo, la utilización racional del territorio. Es a la vez una disciplina científica, una técnica administrativa y una política concebida como un enfoque interdisciplinario y global, cuyo objetivo es un desarrollo equilibrado de las regiones y la organización física del espacio según un concepto rector. El conjunto de normativas sobre ordenación del territorio recibe el nombre de Ordenamiento Territorial.


CONCEPTOS DE GESTIÓN

Y

EJECUCIÓN

URBANÍSTICA

Ahora que se ha visto la evolución en nuestro Derecho Urbanístico de la iniciativa privada empresarial, examinando su papel en cada contexto, y la importancia que haya podido acarrear el hecho de recurrir a ella, parece conveniente dar un paso más en esta sección. Se trata ahora de analizar en qué consiste la gestión y ejecución del urbanismo, para fundamentar luego a quién co r re s p o n d e d i c h a g e s t i ó n y ejecución en nuestro ordenamiento.

De este análisis también pende parte del resultado global del presente trabajo, puesto que según seamos capaces de poder diferenciar y justificar las atribuciones que pueden corresponder a la Administración y a los particulares, así estaremos en condiciones de poder afrontar una cuestión ulterior, como es la intervención que puede desarrollar la iniciativa privada en el proceso urbanizador, tanto si actúa en razón a su propiedad del suelo, como si programa o ejecuta como empresa privada desligada del dominio sobre los solares. Se trata de poder explicar lógicamente algo que, a lo largo de bastantes páginas hemos venido presumiendo sin otro fundamento que el mero hecho de recogerse en las distintas leyes tanto la

intervención administrativa como la de los par ticulares, fueran estos propietarios o no. Parece necesario contar con una base dogmátical que nos aporte elementos de juicio bastantes, los cuales nos permitan sustentar el apoyo a la mayor o menor intervención de cada uno de los sujetos que participan en la acción urbanizadora. Siguiendo a PORTO REY, podemos tomar como referente del concepto el Reglamento de Gestión Urbanística, que vendría recogido en el Real Decreto de 25 de agosto de 1978. De él destaca el autor que la gestión vendría dada por todo el proceso completo de producción de lo urbano que se inicia con la formación , redacción, tramitación, aprobación de los planes y se desarrolla con su ejecución. A su vez, la ejecución comprendería diversas fases como son: Adquisición por la Administración de terrenos para dotaciones y equipamientos.

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-Equidistribución de beneficios y cargas entre los propietarios y la Administración. -Urbanización, que comprendería el desarrollo de infraestructuras, transformación en solares, calles, zonas verdes... etcétera. -Edificación, o construcción de las viviendas, superficies industriales o dotaciones correspondientes. -Conservación de lo urbanizado y edificado.

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De este concepto amplio, PORTO REY llega a uno más estricto en el que gestión y ejecución del planeamiento sería coincidentes, y que comprendería el derecho de los propietarios de suelo a obtener un porcentaje del aprovechamiento establecido por el plan, a través de actuaciones sistemáticas, mediante unidades de ejecución del suelo urbanizable, o asistemáticas, en suelo urbano. También comprendería la obtención por parte de la Administración del suelo para ejercer el derecho al aprovechamiento urbanístico que le corresponda, así como los terrenos de los sistemas locales, dotacionales, de equipamiento y los terrenos urbanizados de sistemas locales de comunicaciones (calles, plazas...) y espacios libres (parques, jardines...), incluyendo también las infraestructuras de urbanización correspondientes. Gestión y planeamiento van unidos, como señala ORTEGA GARCÍA, pues “el planeamiento sin gestión es inútil, no sirve para nada, pero la ejecución sin planeamiento no es posible, ya que es el plan y el cumplimiento de sus determinaciones el que delimita y configura los derechos y deberes básicos de los propietarios del suelo...” Dicha

gestión puede llevarse a cabo mediante diversas fórmulas, que GONZÁLEZ BERENGUER concreta en cuatro fundamentales: Actuación pública con capital público, que calificaríamos como gerencia. Actuación pública llevada a cabo a través de capital privado, a la que denominaríamos como concesión. Actuación privada, aunque sustentada con capital público, en cuyo caso hablaríamos de empresa privada municipal. Actuación privada, participada en parte por capital


privado y en parte por capital público, que sería la empresa mixta. De las cuatro figuras, la gerencia se distingue de las otras en que su función urbanística esencial sería la de planeamiento, mientras que las otras fórmulas tendrían como fin la ejecución. No obstante, debe matizarse que estos modelos teóricos admiten modificaciones, de tal manera que cabe una gerencia actuando con objetivos más amplios, como también resulta admisible que las figuras que hemos ceñido a la ejecución desarrollen tareas de tipo planificador, como son los programas de actuación urbanística, que son de especial interés para este trabajo dada su vinculación con el agente urbanizador. No en vano éste es la figura más destacada, en la actualidad, dentro de los modelos que conforme a la clasificación anterior podríamos incluir en la concesión, esto es, la intervención por empresas privadas para el cumplimiento de una finalidad pública urbanizadora. Por hallarse la iniciativa privada, lo que podemos denominar como urbanismo empresarial, primordialmente dentro de las tareas de ejecución, vamos a señalar con mayor amplitud qué posibilidades se ofrecen a los particulares para la ejecución privada del planeamiento. Trataremos especialmente las que incumben a la empresa no propietaria del suelo. El modelo de economía mixta lo veremos de modo más breve, pues nada se ajusta al objetivo sobre el que este trabajo, dada la participación del sector público y junto a él, la iniciativa particular expresada en la participación social por los propietarios del suelo. Siguiendo a PARADA encontramos los siguientes modelos: * Concesión expropiatoria, desarrollada conforme al Real Decreto 3288/1978, de 25 de agosto, Reglamento de Gestión Urbanística, en desarrollo de la Ley del Suelo. Permite a la Administración seleccionar un concesionario, a través de un proceso de concurso, método este que proporciona mayor discrecionalidad que con el anterior sistema de subasta. El concesionario se va a encargar de realizar en nombre de la Administración las expropiaciones necesarias para el desarrollo de un programa de urbanización. Concesión de programas de actuación urbanística, en el cual la formalización y ejecución del programa puede llevarse a cabo, bien por la Administración o bien por los particulares, como se ha señalado en la sección anterior. La elección corresponde a las e n t i d a d e s l o c a l e s , correspondiéndoles además la aprobación de las bases si optan por la gestión indirecta.

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municipio no compartir las ganancias de la operación inmobiliaria con el empresario no p ro p i e t a r i o, co n ce s i o n a r i o o a g e n te urbanizador. Consiste en concertar, mediante los convenios urbanísticos, con los propietarios de los terrenos la operación urbanizadora, constituyendo con ellos una sociedad de economía mixta.

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A la empresa encargada de la ejecución le corresponderá llevar a cabo la urbanización y edificación de acuerdo con el Programa de Actuación Urbanística y sus Planes Parciales de desarrollo, debiendo cumplir las obligaciones derivadas de ellos. Sin embargo, a cambio, estas empresas adquirirán el suelo susceptible de expropiación que no se reserve la Administración concedente, lo cual implica un parecido bastante evidente con el modelo de concesión expropiatoria. Concesión del sistema de compensación, donde el concesionario-urbanizador es un gestor impuesto a los propietarios, que se encarga de hacer toda la obra urbanizadora y, en su caso, de la edificación. Las plusvalías quedan para repartir entre el concesionario y los propietarios, como ocurre en modelos normativos recientes, tal como el de La Rioja en su Ley 10/1998 de 2 de julio. Agente urbanizador. Permite la iniciativa en e l p ro c e s o t r a n s fo r m a d o r d e l o s particulares, sean o no propietarios, salvo en casos reservados a la iniciativa pública. Como veremos, el sustrato para poder desarrollar este sistema se halla en el Programa para el desarrollo de Actuaciones Integradas. Sociedades de economía mixta con los propietarios de suelo. Permiten al n el

Una vez desarrollados los conceptos previos en torno a la gestión y ejecución urbanística, estamos en disposición de adentrarnos en las bases que sustentan el derecho a urbanizar, así como de indagar sobre las potestades que puedan tener tanto la Administración como los particulares, propietarios o no, en el desarrollo del proceso.

EL MALESTAR DEL BIENESTAR El complejo socio-político que hoy denominamos Estado del Bienestar constituye un logro sin precedentes en la historia de la Humanidad. Si bien uno se ubica de partida en la Filosofía dela Historia de Kant, según la cual el mundo indefectiblemente progresa hacia a mejor, la evidencia nos muestra que, demasiado a menudo, el mundo parece morirse de mejoría. Por ello el que un conjunto de países mantenga su opción por la protección de los más débiles, en el marco de un amplio conjunto de derechos sociales y políticos, no cabe duda de que


constituye tanto un motivo para la esperanza como una causa por la que merece la pena luchar. Sin embargo, el Estado del Bienestar, tal y como hoy lo conocemos, no constituye en modo alguno un ideal. Perviven, aún dentro de ese grupo de países ricos, desarrollados, cultos y democráticos al que pertenecemos, lacerantes desigualdades e injusticias sociales. Y es en la cuestión de la vivienda donde más explícitamente se perciben hoy. El Estado del Bienestar ha satisfecho el justo imperativo de vivienda para todos; aunque la masiva afluencia de inmigrantes -propios y ajenos- está permanentemente a punto de bloquear la máquina de la vivienda, todavía alcanza el sistema a dar un techo a casi todo el mundo. Sin embargo, la dotación de un techo, esto es la modificación del espacio físico vital de la población marginada, no significa nada si ello no supone a la vez la salida del espacio social de la marginación. Cambiar físicamente de sitio a los grupos de marginales constituye un avance social importante, pero claramente insuficiente si socialmente permanecen en el círculo de la marginalidad.

Por ello, si bien no deja de ser cierto que se produce un acto de insolidaridad vergonzosa cuando vecinos de un barrio - seguramente beneficiarios antes ellos mismos del Estado del Bienestar, se oponen a acoger en su entorno a grupos de realojados, no es menos cierto que la realidad es que siempre les toca a los mismos. Nunca se realoja un núcleo de chabolas en barrios de alto standing, por más que los Ayuntamientos disponen también de suelo en esos barrios, como producto de las cesiones previstas por la Ley del Suelo. Por lo demás, las operaciones de realojo no son cosa nueva. Antes bien, están experimentadas desde hace muchas décadas, y cuantos análisis se han realizado a posterior y han mostrado la conveniencia de romper, con los procesos de realojo, los núcleos y redes demarginalidad, atomizando a los grupos realojados. Las leyes de vivienda han previsto incluso la inclusión de pequeños porcentajes de vivienda social en todas las operaciones residenciales que se benefician de

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alguna forma del apoyo público. Sin embargo, estos imperativos rara vez se cumplen. Se realoja a empujones, y los conflictos se suceden. Por supuesto, este tipo de hechos también ayuda a los ciudadanos a percibir las desigualdades e injusticias que perviven en nuestras sociedades ricas, desarrolladas, cultas, justas y democráticas. La percepción de la desigualdad es un paso importante hacia la igualdad.

AGROFILIA 11

Hay dos buenas razones para que en general la prensa de ámbito nacional no atienda más de lo que lo hace a la Agricultura y sus problemas: la más comprensible a los ojos de la mayoría es que "el campo" es ya algo marginal en la sociedad española; incluso físicamente se ve crecientemente reducido el espacio agrario. La segunda razón (pero no de menor importancia) es que los agricultores no leen la prensa nacional, ni siquiera los dominicales; es decir, no son buenos clientes. De ahí que únicamente en la prensa regional (y no en toda) se de puntual noticia de estos temas. Por todo esto aquéllos pocos que, en las ciudades o fuera de ellas, seguimos pensando que el campo es algo más que ese estrambótico lugar en el que las gallinas andan con plumas, sin duda nos hemos sorprendido unánime y fraternalmente por la acogida dispensada en la prensa nacional (y de re b o te e n n o p o co s p e r i ó d i co s regionales) a artículos que, en general, vienen a exponer la peregrina tesis de que el abandono de tierras de cultivo, por

decisión de la CEE, no es sino "un síntoma más de que la raza humana camina hacia su autodestrucción". ¡Por fin!, hasta en las páginas de 'El País' (infalible en todo aquéllo en que el Papa no alcanza a serlo) se advierte a la sociedad española de los peligros que acechan sobre uno de los elementos que conforman, sin ningún género de dudas, nuestra forma de ser y de pensar. Porque España habrá dejado de ser el país "eminentemente agrario" de los manuales de Geografía; pero desde luego aún hoy el que no viene del campo tiene un pariente en la huerta. No cabe duda de que, entre aquéllos que venimos planteando dos opciones urgentes (la descentralización a todos los niveles de los desmesurados núcleos urbanos y la revitalización de los espacios agrarios) como parte de las soluciones que pueden permitir acabar con los complejos problemas de nuestro tiempo, los hechos que nos ocupan pueden tener interpretaciones bien distintas. La decisión de la CEE de primar el abandono temporal de tierras de cultivo de secano ha despertado, de hecho, una auténtica fobia entre los sectores agraristas más tradicionales (más, diría, que entre los propios agricultores). Aparentemente, parece un desatino: dejar improductiva, voluntariamente, una parte del campo más productivo del planeta. Mientras que en el resto del mundo miles de millones


de personas se las ven y se las desean para comer un poco de grano, en Europa decidimos dejar de cultivar unos cientos de miles de hectáreas, porque nos sobran cereales. En realidad, ese es el único argumento de peso que puede oponerse contra la medida, y curiosamente no ha sido esgrimido por nadie. Algunos se limitan a ver en la decisión de la CEE un elemento más, ni el último ni el más importante, en el proceso general de devaluación del Campo. Otros lo relacionan con los compromisos cereal-imperialistas asumidos con los USA. En conjunto los lamentos que se escuchan por esta medida no son muy distintos de los que se o ían en los tiempos de la Reconversión Industrial. ¿Y qué otra cosa que un sector más de la industria es hoy la Agricultura, y qué otra cosa que una reconversión en toda regla son estas medidas?. Sin embargo si uno lo piensa a fondo ésta es una de las mejores medidas comunitarias que han podido plantearse, y no parece entonces ninguna suerte de castigo divino el que las tierras estén ociosas, tal y como están las cosas. Por supuesto que no entro aquí en los aspectos económico-contables del asunto, que no son de interés en esta reflexión. De principio, parece mucho más interesante no producir que tirar la producción a la basura. Y se llevan años desnaturalizando miles de toneladas de excedentes que bien podríanalimentar -no por caridad sino por decencia- a millones de hambrientos. En cuanto a los agricultores y las propias tierras, de ningún modo puede hacerles daño una pequeña subvención para los primeros y unos años de relajado barbecho para las segundas. De hecho, la desaparición de excedentes puede permitir una elevación de los precios de los productos del campo, lo que de paso podría facilitar la recuperación agraria de no pocas economías de países en vías de desarro llo que hoy no pueden competir con los precios políticos de Europa o los USA. En cualquier caso, la cuestión es otra muy distinta, y curiosamente tampoco se hace referencia a ella en los lamentos jovellanistas que se han alzado por doquier. La cuestión fundamental es que la Agricultura europea ha alcanzado un nivel de drogadicción y dependencia tan alto, respecto de los abonos sintéticos y los productos fitosanitarios, que aparece como más rentable dejar de cultivar una parte que rebajar en conjunto los rendimientos, de resultas de rebajar las dosis de estupefaciente. Tal vez porque, como ocurre con cualquier otra droga, no sea posible rebajar las dosis manteniendo sólo rebajas proporcionales en la productividad. Pues estamos entonces en un momento ideal para empezar a hacer competitiva la agricultura biológica, de forma que el tipo de productos 'limpios' que ésta hace posibles puedan llegar a la mayoría de los ciudadanos a precios aceptables, y de forma que el amor a la tierra que profesan agricultores y agraristas pueda manifestarse eficientemente preservando libre de contaminación fitoquímica una buena parte de la superficie labrada. Por lo mismo que estamos en un momento ideal para devolver a la Madre Natura tantas tierras que nunca debieron haber sido roturadas, y cuyas bajas producciones nunca han compensado en términos ecológicos ni aún económicos la pérdida de cubierta vegetal y la erosión desencadenada. Por supuesto que hubiese sido mucho más razonable que la CEE hubiese triplicado la prima si en vez de a la ociosidad las tierras se destinasen a su reconversión en bosques, con especies adecuadas, o que decididamente hubiese acompañado esta directriz con medidas concretas de apoyo a la agricultura biológica, pero algo es algo. De todas formas, no deja de ser curioso que el amor al campo haya despertado, entre la inmensa mayoría de agraristas, tan sólo un incontenible deseo de explotarlo hasta la última partícula de su nitrógeno. Fuera de Costa, algún utópico que no cabe citar por desconocido y en las generaciones modernas Gaviria, Naredo y cuatro más, muy pocos agraristas han expresado en España el amor al campo en el sentido de entender EL CAMPO como un elemento orgánico y vivo del que puede extraerse provecho, pero al que también hay que cuidar. No por nada, simplemente por aplicar ese dicho campesino que advierte que "hay más días que longanizas". En suma, que viva la ociosidad de las tierras que acaba de proclamar la CEE. Sin duda alguno lamentará que se pueda meter a los agricultores, por esta vía, en la sociedad del ocio. Como si hubiese que preservarlos, de por vida, trabajando de sol a sol. O como si hubiese que preservar, a las zonas rurales, como reserva espiritual de Occidente para chanza de los listos de la ciudad.

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C

A R U R , A I G O L O C E

, D A LID

M S I N A B UR

S O R T O E R T N O, E

2 O L U T API


e t s e e r b o s a v i t c e p s r e p u t a t o An

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S A T O N

S NOTA

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S A T O N

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S A T O N S A T O N

S A T O N

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CAPITULO 2

ECOLOGÍA, RURALIDAD,

URBANISMO,

ENTRE OTROS

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EL DERECHO A LA BASURA

No está claro si los payos hemos conducido a los gitanos hasta los basureros en un empeño inconsciente de desembarazarnos de ellos, o han sido ellos quienes, perseguidos por la Guardia Civil y acorralados por el Tupperware y las vajillas de acero inoxidable, han huído al único espacio que quedaba incontrolado: las femeras. El caso es que ahora ni eso se les quiere dejar, con lo que sólo les quedan dos opciones: o la integración en el ejército estructural de parados asistidos (osea la integración, el ro llo de siempre), o bien profundizar en el oficio de traficantes de droga. No me extraña que ellos (¡y cualquiera!) prefieran la femera. Sin embargo no se trata de un problema de racismo, así que no tenemos por qué nombrar la bicha. Al fin y al cabo ni en Estados Unidos ni en Japón (al menos que yo sepa) tiene la raza gitana notable representación, y sin embargo también en numerosas ciudades de estos países centenares de familias viven de rebuscar entre los desperdicios de los más afortunados. El problema es de civilización, como casi siempre, y si nos paramos un poco más, simplemente de malas entendederas. De principio hay que decir que si las femeras tuvieran conciencia se revelarían ofendidas al verse comparadas,


semánticamente, con los vertederos. La femera constituye, o constituía, una técnica fundamental en el proceso de recuperación de la energía. Es un considerable avance humano en el campo de la agricultura. Cada organismo viviente emplea energía para procesar materias primas y, al hacerlo, produce a menudo algún tipo de resíduo. El papel de las femeras era hacer retornar esos resíduos al ciclo productivo de laNaturaleza, acelerando el proceso de descomposición de los materiales. Por el contrario, los vertederos son espacios en los que aparcamos todo aquéllo que aparentemente no nos sirve para nada:un sumidero de energía que se degradará las más de las veces en forma de contaminación de acuíferos, malos olores y gases explosivos. Tan sólo los gitanos han hecho que, de alguna forma, el vertedero de Zaragoza (como los de tantas otras ciudades españolas y europeas) se acerque a la función de una femera. Para los gitanos seguramente no hay "desperdicios"; más bien hay materiales que en ocasiones acaban apareciendo donde no deben, y alguien tiene que ayudarles a completar su potencial energético, reinsertándolos en el flujo productivo... Así era hasta que apareció el perro del hortelano, es decir lo del "modernísimo sistema” que titulaba un día el Día. El "modernísimo sistema", en realidad, viene a ser la burla no sólo de los gitanos, que pierden su medio de vida para beneficio de nadie; es también una burla de diez años de luchas, reflexiones y campañas de los ecologistas españoles; una burla incluso de las tendencias mundiales en la recuperación de materiales. Lo que permite este sistema no es hacer desaparecer el problema de las basuras sino, como tantas otras "soluciones" modernas, ocultar los síntomas del problema, no sin costosas inversiones (dehecho, a los zaragozanos les va a costar ahora el servicio de basuras más del doble, y además más de 300 zaragozanos se habrán quedado sin empleo; aunque se hayan creado 123 nuevos puestos en FOCSA, la pérdida absoluta de empleos en esta reconversión habrá sido de más de 150, aunque también es cierto que éstos no aparecerán en las estadísticas). Según los informes anuales de la Dirección General de Medio Ambiente, en torno a 1,5 de las 10,2 millones de toneladas de resíduos sólidos urbanos generados en España son sometidos a tratamientos de recuperación. Los cálculos económicos en este campo son todavía escasos y timoratos, sobre todo por la dificultad de calcular y añadir, al montante económico

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de lo recuperado, las economías externas derivadas de la disminución de la contaminación o de la superficie de vertido precisa, o de otros elementos como puedan ser la recuperación de suelos (tan importante en una región como la aragonesa) con los composts que constituyen uno de los productos recuperados más importantes. Hoy por hoy los cálculos sólo se centran en el valor de algunos elementos recuperados (por ejemplo el vidrio recuperado en España entre 1982 y 1986 evitó la importación de 6.000 toneladas equivalentes de petróleo y el ahorro en materias primas y costes de fabricación de más de 53.000 toneladas; el papel y el cartón recuperados en España en 1986 evitaron la tala de 200.000 Has de monte...). En cualquier caso, la recuperación es todavía cara, sobre todo si se plantea como un sistema perfecto y cerrado y lo medimos en términos estrictamente contables, sin otras consideraciones sociales y/o ecológicas. Como decía Jouvenel, sin duda uno de los más lúcidos pensadores europeos modernos, "a este respecto debemos alimentar grandes ambiciones, pero sin hacernos excesivas ilusiones. Nuestro sistema de destrucción acelerada no es totalmente recuperable, ni es barato hacerlo". Pero aún es más caro despreciar sin más un recurso potencial, limitándose a enterrarlo en cal viva. De ahí que, en tanto llega esa nueva Revolución que Toffler, Vacca, Johnson, Jouvenel, Woodward y tantos otros anuncian desde ópticas distintas (aunque en sus planteamientos ninguno considere elementos tan fútiles como los gitanos o las basuras, a ver si el "Programa 2000" atiende a estos temas), y en la cual surgirán sin duda mecanismos para acabar con la obsolescencia planificada y el derroche gratuito, debemos ensayar mil sistemas nuevos y viejos. Como están haciendo los Amigos de la Basura en diferentes puntos del Estado, y cientos de grupos y empresas en EEUU, Japón y algunos países europeos. Aquí ha llegado ahora uno de los sistemas más 'nuevos' (en realidad basado en un sistema biológico tan viejo como la estrategia del avestruz), pero pervive a la vez el sistema más viejo de recuperación. ¿Por qué no intentar una vía intermedia, que haga menos inútil el sistema moderno y más eficiente el antiguo? En suma, se trata de desterrar de una vez por todas de Aragón al perro del hortelano, que tanto daño nos viene haciendo. Que nuestros hijos no se acuerden ni de la jota que lo denuncia desde hace un siglo. Alegar


razones higiénico-sanitarias para que los gitanos no rebusquen en las basuras no es un contrasentido: es puro cinismo. En tanto la integración de los gitanos, como una raza más, no parece ir tanto en la línea de arrastrarlos al modo de vida payo como por encontrarse en un punto intermedio, una actitud sensata en lo de la basura incluso ayudaría. Por ejemplo instalando en la femera, en el punto en el que trabajan, un botiquín y unas pilas de agua. Hace diez u once años pasé varias noches observando cómo trabajaban ellos y los empleados del servicio de basuras; como imagino que el sistema habrá variado poco, tal vez fuese conveniente también un pequeño cobertizo con chimenea para que puedan dejar abrigados, mientras trabajan, a los niños más pequeños. Que busquen y rebusquen, que saquen sus 20 ó 30 millones de producción anual (que no es moco de pavo), y luego con el resto que lo entierren, que lo campacten, que hagan lo que quieran los de FOCSA y el Ayuntamiento (sobre todo ir pensando en una solución más racional a largo plazo, por ejemplo formando y ayudando a esos mismos gitanos en la creación de pequeñas empresas basadas en loa recuperación y el reciclaje, permitiéndoles obtener un mayor valor añadido por su trabajo). Con grupos débiles, como los gitanos, es fácil ponerse autoritario, sobre todo si se tiene a la fuerza pública detrás y se lleva mala conciencia en el cuerpo. Desde esa posición es fácilincluso engañarles, haciéndoles creer que, en una ciudad con 30 ó 40.000 parados estructurales, van a poder entrar en el mercado de trabajo, por muchos cursos del INEM que se les den. Pero si nos bajamos de ese podio, veremos que a la vez es mucho más fácil y barato contentarlos que cuando nos sentamos frente a cualquier otro grupo social. Hace falta sólo un pequeño esfuer zo de comprensión...y de humildad. Empezar por reconocer que, a pesar de toda la marginación, analfabetismo y lastres históricos, han sido capaces de autogenerarse un empleo. Sin universidades, sin planes de desarrollo, sin viajes al extranjero, descubrieron hace 25 años lo que los más espabilados empezaron a atisbar hace apenas 10 ó 15 años: que la basura es riqueza. Por eso lo más razonable es que, por lo menos, se queden como están. Como en el chiste.

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Introducción Buenos días. En primer lugar agradecer a los organizadores el haberme invitado a participar en estas jornadas. No sólo porque, en lo personal, ello suponga un reconocimiento de los análisis y propuestas que durante años he realizado en torno a la gestión del agua, y particularmente del regadío. Sino también, y especialmente, por cuanto no suele ser habitual que, desde instancias técnicas, se busque la aportación a estos temas de las Ciencias Sociales.Tradicionalmente, desde las ingenierías tan sólo se ha aceptado el concurso de los juristas, pero de forma creciente se percibe que la cuestión del agua precisa ser percibida desde múltiples perspectivas para ser comprendida en su totalidad, en su extremada complejidad.

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No en vano el agua ha sido, como he escrito en alguna ocasión, la causa de los primeros conflictos sociales conocidos en España. El que tal vez sea el documento escrito más antiguo de este país, hallado por los arqueólogos en las cercanías de Zaragoza, hace referencia precisamente a la mediación de los romanos en una grave querella que enfrentaba a varios clanes por asunto de riegos. Y algunos de los más agudos conflictos sociales detectados en los últimos años tienen relación, precisamente, con la ubicación de pantanos o los trasvases de aguas intercuencas. Aunque no exista una Sociología del Agua, ni una Antropología del Agua, pese a las modestas aproximaciones que algunos hemos hecho, una Política Hidraúlica (término que prefiero, por más exacto, al de planificación) no puede basarse, si quiere ser eficiente, justa y perdurable, exclusivamente en criterios técnicos, económicos o aún jurídicos, sino también, en criterios sociales.

Voy a exponer algunas reflexiones derivadas de la lectura del Plan Hidrológico, aunque para ser exactos debería decir de la no-lectura, y voy a hacerlo bajo el prisma de lo que denomino Planificación Eco-Social, un modelo de planificación esencialmente distinto del utilizado en el documento que nos ocupa. Si digo que mis reflexiones surgen de la no-lectura es porque, pre cisamente, y esto es un elemento muy definitorio del Plan Hidrológico, prácticamente no se dice nada de regadíos: apenas se les otorgan cinco de las cien páginas dedicadas a nuevas actuaciones. Tal vez parezca injusto para con un documento que, en otros aspectos, hace notables aportaciones, pero es que da la impresión de que los regadíos se hayan utilizado única y exclusivamente como instrumento metodológico para justificar los trasvases. Desde luego los más tecnocráticos y antiagrarios de entre los antiguos Planes de Desarrollo, aún tratando una temática mucho más amplia, eran mucho más generosos con el regadío que este documento, que está dedicado monográficamente a un elemento del que, por casualidad, el regadío es el principal riño les


consumidor. Uno diría que, definitivamen te, a los ingenieros del MOPT se les ha caído la palabra canales de su titulación, tal y como dicen que les ocurre a algunos partidos con sus siglas. Con todo cariño les recomendaría a los rectores de esta digna institución, que hoy nos acoge con hospitalidad, que le quiten el moho y le saquen un poco de brillo a la palabra, para que no se les caiga del frontispicio. Con esta pequeña introducción habrá quedado sin duda muy clara mi posición decididamente favorable a los regadíos. Puede que en parte se deba a ser hijo, nieto y al menos también bisnieto de agricultores de regadío, y haberme criado en un pueblo que lleva al menos dos mil años viviendo de la huerta. Pero hay también razones objetivas para ello. Con la brevedad que se exige a este tipo de intervenciones, intentaré razonar mi defensa del regadío, y apuntar de paso algunas críticas positivas al tratamiento que el Plan Hidrológico hace del tema. Procuraré hacerlo lo más esquemáticamente posible, con el fin de no robar tiempo al debate, que, al igual que la ponencia que ha abierto la sesión, será sin duda mucho más rico que mi modesta aportación. Para ello me centraré en dos aspectos fundamentales: la relación entre regadío y ecología, y la relación entre regadío y desarrrollo económico y social.

ECOLOGÍA Y REGADÍOS Al considerar la relación entre el regadío y la ecología, aspecto que considero extremadamente importante, hay que señalar la contradicción evidente en que se cae en la memoria del Plan. Pues de un lado se reconoce que "el regadío permite una mayor diversificación de cultivos, más capacidad de adaptación a los cambios en la demanda, y aumento en la garantía en la producción", es decir elementos claramente positivos desde una perspectiva ecosistémica, pero de otra parte, como lleva ya muchos años haciendo el MOPT, se utilizan argumentos bioecológicos como arma arrojadiza contra el regadío. Tal parece que el regadío, y no las industrias químicas, no las centrales nucleares, no los vertidos urbanos, fuese el culpable del lamentable estado en que se encuentran los ríos españoles. De hecho, se llega a decir, por ejemplo, que los acuíferos más degradados desde el punto de vista de la contaminación "se corresponden, como es lógico

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(sic), con sectores rurales de intensa explotación agrícola". Sin duda las petroquímicas, las explotaciones mineras, las grandes áreas metropolitanas, las parcelaciones de segunda residencia y las urbanizaciones del litoral no se corresponden con los acuíferos más contaminados, a juicio de los redactores de la memoria del Plan. Desde la perspectiva de la Ecología Social, por el contrario, es indudable que, en el actual estadio del desarrollo tecnoeconómico, el regadío constituye objetivamente un activo ecológico de primer orden.Las tendencias en la agricultura de los países ricos parecen ir ahora mismo hacia la concentración. Sin embargo, esto ocurre de una forma contradictoria:

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por un lado los agricultores necesitan cada vez más tierra y mayores producciones brutas para sobrevivir, dado el valor decreciente de la unidad de producto, pero por otro lado se recomienda el abandono de tierras, por varios factores, sobradamente conocidos de todos ustedes. El regadío es sin duda, en este marco, la solución a este dilema en muchas áreas, pues concentra in intenso, y no in extenso. Precisamente sólo este tipo de concentración puede permitir la extensificación de la agricultura que hoy se desea. El regadío permite obtener más sin aumentar proporcionalmente los inputs energéticos (salvo que el regadío se base en sistemas antiecológicos como los de elevaciones cuantiosas que, curiosamente, consagran los trasvases propuestos por el Plan). Por cada Ha. transformada en regadío podrían dejar de ser cultivadas entre 5 y 15 Has. de tierras marginales, que recuperarían así su carácter de bosque. Bajo esta perspectiva es absurdo, por tanto, plantear un dilema entre ecología y regadío; es un dilema falso. Como es falso cuando se plantea en términos de simplificación de los ecosistemas. Desgraciadamente, la introducción de la Bioecología en la planificación hidrológica se viene utilizando de forma creciente como instrumento de contención al crecimiento de los regadíos, en lugar de aplicarse a la mejora del propio ecosistema de regadío. Ahora mismo tenemos en Extremadura casi 100.000 Has a medio transformar, porque a quienes pretenden mantener modelos de desarrollo desigual, frenando las inversiones infraestructurales en las regiones atrasadas para concentrarlas en las áreas más ricas, les viene como agua de mayo la oposición conservacionista local a


que se sustituyan unos ecosistemas diseñados por la población hace doscientos años, por el ecosistema del regadío. Obviamente, desde una perspectiva científica calificar de ecosistema natural a la dehesa, que es una tecnología productiva determinada por el latifundio y la baja densidad demográfica, y basada como todas las tecnologías agrarias en la selección artificial de especies, mientras se tacha de ecosistema artificial al regadío, es sencillamente una bobada. Las huertas milenarias de los pequeños valles afluentes del Ebro, de muchos valles de Cataluña y el Levante, del Norte de Extremadura, de tantas otras zonas españolas, son ecológicamente mucho más ricas que algunos espacios supuestamente naturales mitificados por los que yo llamaría eco-4x4, en honor a los vehículos con los que les gusta patear el campo. Naturalmente que hay regadíos ecológicos, y regadíos antiecológicos. Del mismo modo que bosques tan artificiales como el hayedo de Urbasa, pacientemente construído y mantenido por los madereros y pastores a lo largo de los siglos, son considerados como patrimonio ecológico, y otros bosques artificiales precipitadamente construídos por la ingeniería de montes, como los eucaliptales de Extremadura o Huelva, son un desastre ecológico. Ni siquiera el conserva cionista eco-4x4 más obtuso consideraría antiecológicos los regadíos del Canal Imperial de Aragón, dejando a un lado la cuestión de los pesticidas, fungicidas y fitosanitarios, problemática que es común a toda la agricultura mundial y no específica del regadío. Pero del mismo modo el productivista más insensible ha de reconocer cierta irracionalidad ecológica en elevar agua centenares de metros, transportarla por tuberías a lo largo de cientos de kilómetros, fuera de su cuenca natural, volverla a elevar a montañas brutalmente aterrazadas y practicar monocultivos casi de forma hidropónica. El coste energético y ecológico por unidad de biomasa obtenida es sin duda demencial. Por ello he abogado repetidamente, en muchos de mis trabajos, porque la transformación en regadío debe plantearse no sólo en términos productivos, sino asimismo ecológicos. Pero no sólo en referencia a los dichosos estudios de impacto ambiental, que siempre dicen lo que pretende quien los encarga, sino en lo que hace a una concepción mucho más rica del diseño. Por ello yo creo que no debería hablarse más de transformación en regadío, sino de diseño de

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EL REGADÍO COMO ACELERADOR DEL DESARROLLO huertas. Evidentemente las microhuertas que debían alimentar a unos centenares de personas no son lo mismo que las grandes zonas regables que deben suministrar alimentos y materias primas industriales para millones de habitantes. Pe ro e l c o n c e p t o d e e q u i l i b r i o ecosistémico, de riqueza biológica, de integración de biotopos, de armonía paisajística, deberían ser plenamente incorporados. Contamos con los medios técnicos y económicos para ello.

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Partiendo de lo que el conocimiento empírico nos muestra en muchas regiones españolas, creo el regadío debe ser considerado todavía hoy como un inductor del desarro llo y, sobre todo, como un factor de modernización y progreso social. Por decirlo en términos más tecnocráticos, el regadío todavía genera riqueza, a pesar de los pesares (y me refiero a los pesares de los agricultores de regadío, que observa impotente cómo las fronteras españolas se desarman, de forma que vamos a terminar importando hasta lechugas tailandesas).Aragón, Navarra, La Rioja, Murcia, incluso Cataluña en mayor medida de lo que se cree (habitualmente se o lvida que esta región cuenta con más de 200.000 Has de regadío, fundamentalmente en Lérida y Tarragona, pero también en el Maresme, en las mismas puertas de la metrópoli barcelonesa) deben buena parte de su elevado nivel de vida al regadío, que sustituyó al menos desde mediados del siglo XIX a los valles de montaña en la función de acumulación primitiva de capital. Pero en el otro extremo de los niveles de desarrollo hallamos idénticos factores en activo: Extremadura es desde hace dos o tres años la región con un crecimiento relativo más fuerte, aunque siga estando en la cola del desarrollo económico; y el crecimiento de sus últimos años se basa casi exclusivamente en la agroganadería, especialmente en el regadío, que concentra el empleo agrario y la producción industrial de la región. Esta función creo que aconseja, en los tiempos presentes, orientar espacialmente la transformación en regadío. Yo creo ahora que el regadío debe concentrarse allí donde quedan agricultores, que vienen a ser además las áreas más necesitadas de desarrollo y modernización, si es que existe una voluntad real de reequilibrio espacial. Cuando se está planteando una planificación hidrológica fuer temente centralizada, y se redistribuye el agua por la geografía nacional a voluntad por parte de ese órgano planificador central, no parece razonable que los pocos regadíos nuevos que se preven en el futuro más inmediato se repartan graciosamente intentando satisfacer todas las peticiones. No parece muy razonable transformar hoy 100.000 Has. en Navarra, o incluso en Aragón, para luego intentar traer a manchegos, extremeños, gitanos o marroquíes a cultivar y recoger el producto.


Parece más razonable transformar en territorios como Extremadura, donde hay un excedente de población activa agraria cercano a las 30.000 personas. En Navarra, Aragón, Cataluña o incluso La Rioja y Murcia lo que hay que poner en marcha son instrumentos de redistribución del dominio, como los Bancos de Tierra, de forma que los pocos agricultores que quedan puedan explotar las tierras de regadío de quienes abandonan la agricultura. Pero plantear en estas áreas nuevos regadíos, mientras miles de Has. de la cuenca del Ebro, incluso de los regadíos más antiguos del Canal Imperial o el Canal de Tauste, permanecen sin regar y yermas, es un despilfarro económico, ecológico y social.

CONCLUSIONES Terminaré con unas reflexiones que, de alguna forma, unifican los dos aspectos del regadío que he tratado, ecología y desarrollo. La rentabilidad decreciente de la agricultura, y el coste de la energía, desa consejan hoy los proyectos basados en grandes elevaciones de agua, como lo son hoy todos los que se pueden plantear en el Levante y el Sudeste. Pienso que hay que volver a los grandes planes basados en el suministro por gravedad, aunque ya no podrán ser, en todos los casos, aplicables los sistemas de riego a manta, sino que habrá que introducir sistemas ahorradores de agua. Pero en cualquier caso hacerlos allí donde el agua puede llegar por presión natural. Por otro lado, el regadío ya no puede cumplir hoy únicamente una función productiva. La agricultura, el campo, cumple funciones medioambientales muy importantes para el conjunto de los ciudadanos, y ya no sólo para los habitantes de las grandes ciudades. Por lo que los nuevos regadíos deben planificarse mediante un diseño meticuloso que permita cumplir funciones ecológicas y paisajísticas. El regadío transforma el paisaje, y los ingenieros deben de volver a los orígenes, a estudiar los viejos regadíos, para que el nuevo paisaje sea ecológica, estética y éticamente rico. En cuanto a la reducción de inputs químicos y energéticos en la agricultura de regadío, no creo que este sea el marco más adecuado para tocar la cuestión, aunque ahí queda citada. A modo de conclusión diría que, en mi opinión, los dos

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grandes proyectos, en los sentidos aquí expuestos, pendientes y más necesarios en el Estado son el Sistema de la Margen Derecha del Ebro en Aragón, para el que en un informe sobre el campo riojano publicado hace diez años proponíamos soluciones bastante imaginativas y eco-productivas; y el Gran Canal de Barros en Extremadura. Proyectos que, además, deben permitir recuperar, adaptado a las nuevas realidades sociales, el concepto de Colonización, que debe ser muy distinto del que hemos conocido, y que a pesar de sus grandes aciertos ha quedado obsoleto por muchas razones que no vamos a discutir aquí. Pero debe ser mucho más prioritario el Gran Canal de Barros, por cuanto en este caso el regadío podrá cumplir mucho más eficientemente la función de desarrollo. Y aún debe ser más prioritario terminar los regadíos de la Zona Centro de Extremadura, bloqueados desde hace años a medio construir.

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LO RURAL Y LO URBANO:

CALIDAD DE VIDA

Me toca hablar de dos cuestiones que, en la actualidad, son tremendamente ambiguas en la realidad existente. Intentaré hacerlo lo más caóticamente posible (me ayudará bastante la jaqueca que arrastro desde hace 48 horas), con la intención de aportaros no tanto una clase como una carga de datos e ideas para la reflexión crítica y el debate.En primer lugar la dicotomía rural-urbano. Desde que hace algo más de un siglo se inició la reflexión sociológica sobre las consecuencias de la Revolución Industrial, que provoca un proceso de acumulación de masas de población en las ciudades (es lo que conocemos como proceso de urbanización), esta dicotomía se viene planteando en términos de polarización radical, y luego de oposición. Pero sobre todo, y en el marco general del positivismo que desde su origen caracterizó al pensamiento sociológico, se ha venido tratando el tema en términos de sucesión histórica de etapas, y en consecuencia de jerarquización: si la revolución industrial traía el progreso económico a las sociedades, la urbanización conllevaba el progreso social. Y, desarrollando hasta el absoluto la lógica, lo rural suponía la decadencia económica y el atraso social. Esta valorización no ha sido siempre explícita, pero ha estado desde luego latente en todas las grandes teorías sociológicas (de Spencer, Durhkeim, Simmel,


Töennies, Redfield...), que han desarrollado esta dicotomía esencial. Así se hablase de solidaridad mecánica o solidaridad orgánica, de comunidad o asociación, de lo folk y lo urban, etc, aunque se manifestaba una preocupación por el tipo de desórdenes sociales provocados por la urbanización, se estaba poniendo en lo alto de la escala a lo urbano, y en lo más bajo a lo rural. Desde el origen mismo de las ciudades medievales (antes de los últimos siglos de la Edad Media no puede hablarse propiamente de dialéctica rural-urbana, ni siquiera campo-ciudad), éstas supusieron (a pesar de que en su mayor parte eran, en términos actuales, auténticos villorrios) un avance objetivo hacia formas de organización social más democráticas y basadas en el imperio de la ley. Los marxistas atribuyen a Marx una frase que yo no he leído en él, pero sí en Weber, que es el primer sociológo que hace una profunda crítica de Marx, y que parece ser estaba escrita en la puerta principal de una vieja ciudad alemana: "El aire de la ciudad nos hace libres". Y la ciudad ha posibilitado, ciertamente, una acumulación de capital y una concentración demográfica que ha hecho factible un incremento de la creatividad social. Y se ha puesto en la ciudad el origen de la democracia, ya desde la polis griega, a pesar de que, por apuntar una primera contradicción, en la actualidad es en las áreas rurales más deprimidas y despobladas donde únicamente podemos encontrar formas de democracia directa al estilo griego, bajo la denominación de concejo abierto que es como tienen la opción de funcionar (y de hecho lo hacen bastantes en el Norte de España) aquéllos municipios que no alcanzan tamaño suficiente para conformar un Ayuntamiento. En los términos que estamos viendo, la definición e identificación de lo rural y lo urbano ha sido relativamente simple. Pero en la actualidad las cosas no son tan sencillas. El proceso de urbanización dejó de ser hace mucho tiempo un mero proceso cuantitativo para pasar a ser un proceso de carácter cualitativo. Si los sociólogos han hablado de la urbanización como modo de vida (como hizo Wirth, el primero que trato esta cuestión), es porque ya no puede verse en términos de acumulación demográfica, exclusivamente, sino en cuanto extensión de estilos culturales (entendida la cultura en un sentido antropológico, es decir como sistema de civilización). Es decir, lo urbano ya no está únicamente en las ciudades. Cuando algunos hemos hablado, hace años, de la urbanización del mundo campesino, queríamos expresar ese proceso que entonces veíamos como de colonización cultural, por el que las denominadas zonas rurales adquieren los modos de vida considerados urbanos, la tecnología de las ciudades. Pues, insisto en ello, la urbanización es un proceso indisociable de la revolución industrial y el capitalismo: únicamente allí donde las formas de intercambio y de relación no sean de tipo capitalista podríamos hablar tal vez de cultura rural, es decir preindustrial, precapitalista. De hecho, ¿qué puede significar hoy esa polaridad rural-urbano?, en un planeta donde se ha hablado ya de metrópolis, luego de megalópolis, y últimamente de ciudades-mundo. Cuando Peter Hall plantea la existencia de cuatro o cinco ciudades-mundo (Nueva York, el eje San Francisco-Los Angeles, París, Tokio, el eje del Rhin y poco más) que constituyen el auténtico centro económico e intelectual del planeta, ¿qué sentido tiene que hablemos de lo rural y lo urbano?. ¿Es urbano Badajoz... y Sevilla o Zaragoza? ¿En qué diablos se asemeja Zaragoza a París, y no digamos a Tokio o Nueva York?. Naturalmente podemos echar mano de definiciones, pero ninguna sirve, salvo como frágil muleta para mantener ficciones epistemológicas, supuestos campos científicos que no son sino refugio de anticuallas: sociología rural, sociología urbana, geografía rural, geografía urbana, ordenación rural, ordenación urbana... y ahora hasta turismo rural. El Instituto de Estadística, para censar y cuantificar a la población, habla de zonas rurales, zonas intermedias (algo que nunca nadie ha definido) y zonas urbanas. ¿Cúal es el criterio de clasificación? Pues como en casi todos los países, el tamaño demográfico del municipio. En todas las áreas metropolitanas hay sin embargo municipios clasificados como rurales que son únicamente dormitorios de la metrópoli, ¿son rurales?. Veamos un ejemplo mucho más cercano, inmediato para los de Badajoz. Dentro del gigantesco término municipal de Badajoz también hay zonas urbanas y rurales: ¿Las Vaguadas es una zona rural? ¿La barriada de Llera es una zona urbana?. Podríamos debatir largamento sobre ello sin llegar a acuerdos.Voy a leeros un texto, que escribí hace quince años, y que creo que expresaba muy bien ese proceso.

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C

U

Y O M S I N A B R

N E S A T S I N A B R U

E B R U A L

L A B GL O

3 O L U T I AP


e t s e e r b o s a v i t c e p s r e p u t a t o An

o l u t i p ca

S A T O N

S NOTA

S NOTA

S A T O N S NOTA

S A T O N

S NOTA

S NOTA

S NOTA

S A T O N S A T O N

S A T O N

S NOTA


25 CAPITULO 3

URBANISMO Y URBANISTAS EN LA URBE GLOBAL Artemio Baigorri Mi intervención pretende repensar, en términos actuales y teniendo a la vista las nuevas realidades tecnológicas, sociales y culturales, mi propuesta epistémica sobre la Urbanística y las Ciencias del Territorio, expuesta en (Baigorri, 1995). Pero pretende hacerlo, además, teniendo a la vista una finalidad específica: esto es, la reflexión en torno a la formación de urbanistas en la Universidad Nacional de Colombia que el profesorado de su Facultad de Artes se viene planteando en los últimos tiempos. Así, me centraré en intentar aportar algunas ideas, con pretensiones de generalización universalista huyendo por tanto de particularismos en todo lo posible, pero sin que ello suponga ignorar las diferencias culturales- sobre lo que hoy podemos entender por urbanismo, pero más específicamente sobre lo que hoy podemos entender por urbanistas, su papel y su currícula formativo.

Naturalmente, mis reflexiones han de presentar algunos sesgos, de cuyo origen debo siquiera advertir. En primer lugar, mi condición de sociólogo; en segundo lugar, la condición transdisciplinaria con que he conceptualizado siempre el urbanismo; en tercer lugar, el hecho de que, después de tres lustros de práctica en el urbanismo y la ordenación territorial en España, tanto en espacios rurales como urbanos, tanto en grandes como en pequeñas ciudades, abandoné dicha práctica hace más de un lustro, circunscribiéndome desde entonces a elaboraciones de naturaleza más teórica. Mis aportaciones en este terreno se han recogido sobre todo en mi libro Hacia la urbe global (Baigorri, 2001), además de en otros trabajos previos (Baigorri, 1990, 1996, 1998,1999, y 1999bis, fundamentalmente). Finalmente, debo advertir que, por tratarse de una intervención dinámica, he intentado huir de todo aparato erudito, por lo que no incluiré otras citas o


referencias que la localización bibliográfica de mis trabajos citados. Desde mi perspectiva, el urbanista es un producto histórico cuya función y rol vienen determinados por cuatro elementos condicionantes. 1 La evolución conceptual: las rutas hacia la Urbanística 2 La globalización: la formación de la urbe global 3 Los condicionamientos culturales regionales/locales: la glocalización 4 La virtualización de la enseñanza En los siguientes apartados me detendré a analizar cada uno de estos elementos, en una intervención que pretende en mucha mayor medida plantear preguntas que dar respuestas.

La evolución conceptual: las rutas hacia la urbanística No es posible hacer una historia del Urbanismo, ni siquiera de la Urbanística, en diez minutos, por lo que remito a mi trabajo en (Baigorri, 1995) para una revisión sintética desde mi particular perspectiva sociológica. Sin embargo, sí que podemos establecer alguna especie de esquema evolutivo que nos ayude a situar a los profesionales y estudiosos actuales en un marco general diacrónico. Por cuanto las concepciones actuales, tanto de la Ciencia -si es que consideramos al Urbanismo, o a la Urbanística, o a las Ciencias del Territorio en un sentido más general, como ciencia como de la práctica profesional -la praxis, la ciencia aplicada, la técnica si se quiere descansan, obviamente, en una tradición que va ya para dos siglos. Naturalmente, una revisión de estas características nos llevaría a definir una serie de tipologías entre los 'urbanistas realmente existentes' en cada momento histórico, que pueden llevar a confusión cuando pensamos el status de urbanista. Pues no es lo mismo si pensamos en urbanistas aplicados a la práctica, como Le Corbusier, que en fundadores como Patrick Geddes, reformadores como Jane Jacobs, o teóricos como Henri Lefebvre. Esas tipologías han existido prácticamente desde la

fundación misma del urbanismo, en el siglo XIX, y siguen estando presentes en la actualidad en el universo académicoprofesional. El origen del Urbanismo moderno, como hoy lo entendemos, no está tanto en los planes de ensanche que, sobre todo a mediados del siglo XIX, se generalizaron en todas las grandes ciudades europeas (ensanches que, con mayor o menor virtud y extensión, se venían produciendo en las ciudades desde la Edad Media), como en la crítica de los efectos que dichos ensanches tuvieron en las ciudades y sociedades de la época. Como muy agudamente señaló Engels en su famoso opúsculo, "Las calles son ensanchadas, se abren otras nuevas, pasan por ellas ferrocarriles. En el mismo momento en que los obreros afluyen en gran número a las ciudades, las viviendas obreras son destruidas en masa". El Urbanismo no se deriva del hecho de hacer ciudad, del mismo modo que la Física no se deriva de la existencia de los minerales; el Urbanismo surge como tal de la reflexión crítica sobre la forma de hacer ciudad, del mismo modo que la Física deriva de la

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reflexión del hombre sobre su naturaleza circundante. Y sólo en la segunda mitad del siglo XIX, tras la irrupción en todos los órdenes de la Sociedad Industrial, podía surgir esa reflexión crítica respecto de la ciudad. No es casual que Emerson, quizás el primer pensador autóctono nortemaricano, pronunciase entonces esa tan repetida frase suya: "Primero los hombres se construyen las casas, pero luego las casas construyen a los hombres". En suma, no hay que buscar el origen del urbanismo, a la manera de los eruditos, rastreando autores en busca de la primera vez en que la palabra fue dicha, sino rastreando la primera vez que, utilizándose o no la palabra urbanismo, alguien puso en crisis el proceso de producción de ciudad realmente existente.

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La respuesta a aquellas críticas primigenias tendrá dos expresiones, una de carácter técnico-aplicado, y la otra de carácter científico, más centrada en lo teórico. Por un lado está la respuesta técnica (tecnocrática en el sentido moderno) que, a partir del famoso tratado de Sitte, Principios artísticos de la construcción moderna (1889), abrirá un ancho camino a través de la praxis, primero a ingenieros y arquitectos, y desde mediados del siglo XX también a los abogados. Y podemos quedarnos con algunas expresiones del propio Sitte para entender en toda su complejidad la ruta que abrió este arquitecto. Porque, en realidad, Sitte es apenas un fachadista, un tramoyista de la ciudad capitalista, que intenta hacerla más bella pero sin intervenir en sus estructuras fundamentales. Es cierto que recupera el dictum aristotélico, según el cual la ciudad existe para dar seguridad y felicidad a los hombres, pero deja muy claro que el trabajo del urbanista tal y como él lo entiende, como un artista, apenas necesita como campo de trabajo "algunas calles principales y plazas; todo el resto puede dejarlo librado al tránsito y a las necesidades materiales cotidianas".


En realidad, los primeros pasos de la vía técnica, o de la praxis, se limitaron a plantear la necesidad de mejorar la habitabilidad de las ciudades a través tanto de la mejora de las infraestructuras higiénico-sanitarias (ingeniería), como de la mejora en la calidad de las viviendas obreras (arquitectura). Todo ello está muy presente todavía en Le Corbusier, y abrirá un camino, a caballo entre el despotismo ilustrado de los técnicos que supuestamente responden al interés público trabajando para el Estado, y el "laisser faire, laisser passer" de los técnicos que están al servicio de las grandes empresas inmobiliarias. Un camino que, sin agotarse, no conduce a ningún sitio decente en una sociedad en la que la propia creación de ciudad se ha convertido en uno de los motores económicos del sistema (Baigorri, 1990). En cuanto a la respuesta científica, fundamentalmente -aunque no exclusivamente desde las Ciencias Sociales, buscará más bien la construcción de un corpus teórico que sea a la vez aplicable, y con suerte aplicado. Sin duda es Geddes no sólo el más ínclito representante de esta senda, sino también el que ha inspirado a casi todos cuantos han transitado luego por ella. Pues aunque algunos sociólogos académicos, como Durkheim y luego Simmel o Weber, intentaron comprender la ciudad como el fenómeno social por excelencia, sólo Geddes plantea explícitamente (aunque sin éxito en su propia experiencia vital) el Urbanismo como una ciencia aplicada, orientada no sólo al análisis, sino también a la acción. Sus propuestas alimentarán débilmente a los sociólogos de la Escuela de Chicago (quienes hacen sus propias aportaciones prácticas, aunque más orientadas a la asistencia social que a la urbanística), y a su través a una Geografía Urbana que desde su mismo origen será claramente feudataria de la Sociología Urbana -a la que apenas añade el estudio de la forma. En cualquier caso, sólo perimetralmente los protagonistas de esta ruta se han acercado, a lo largo del siglo XX, a la praxis, y casi siempre lo han hecho como meros apéndices de los técnicos. El sociólogo Henri Lefebvre, último gran hito en la ruta, se lamentó en más de una ocasión de no haber podido aplicar sus conocimientos a la praxis urbana, aunque sí lo hicieron algunos de sus mejores discípulos, como el español Mario Gaviria, que imparte su magisterio, y deja su particular impronta ecologista, en numerosos proyectos de planeamiento urbano entre los años '60 y '90 del siglo XX.

Por supuesto que casi desde el inicio de la bifurcación han habido intentos por encontrar caminos confluyentes. La publicación de Ciudades-jardin del futuro de Evenezer Howard, en 1898, es probablemente un hito importante. Pero será a partir de finales de los años '60 del siglo XX cuando, en el marco de la crisis del sistema civilizatorio industrial, y de los fundamentos científicos modernos, han de surgir los auténticos intentos de caminar a caballo de ambas rutas, camino de la trandisciplinariedad que, parécenos hoy, constituye el destino final del Urbanismo, según hemos expuesto en (Baigorri, 1995). Mi propio caso es un ejemplo de transdisciplinariedad aplicada. A lo largo de casi veinte años de experiencia en el planeamiento urbanístico y territorial (entre mediados los años '70 y mediados los '90, cuando definitivamente aburrido abandoné la práctica del Urbanismo), fuí alejándome progresivamente del papel de anexo floral a que los técnicos querrían reducirnos a los societarios. Yo creía que el hecho de no saber encargar e interpretar un cálculo de estructuras, o de no saber trazar una red de abastecimiento, en modo alguno limitaba mi capacidad para el planeamiento urbano, ni siquiera para el diseño urbano. Fue a veces duro, pero poco

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29 a poco tanto los técnicos con quienes trabajaba, así como los técnicos de las administraciones públicas a quienes había que rendir cuentas, fueron aprendiendo que la coordinación superior de un proyecto de planeamiento no corresponde, de modo natural, al técnico, sino a aquel organizador capaz de superar las limitaciones disciplinarias para establecer una imagen global del proyecto capaz de arrastrar a todo un equipo pluridisciplinar, y sobre todo a la comunidad a la que va dirigido dicho proyecto. La crítica demoledora de Lefebvre contra la falsa multidisciplinariedad del urbanismo tecnoestructuralista; las propuestas orgánicas de Alexander, la crítica comunitarista de David Riesman, y luego Jane Jacobs, o directamente ecologista de Paul Goodman; laspropuestas participativas, desde la arquitectura, de Percival Goodman y el propio Alexander; la recuperación de Mumford, simbólico albacea pero a la vez enriquecedor del pensamiento de Geddes; las apuestas libertarias de Ivan Illich o la propuesta anarquista y explícitamente ecologista de Murray Bukchim; el retorno de la Sociología a la forma olvidada, primero con Kevin Lynch y luego con William H. Whyte... Entre los años'60 y finales de los '70, en

poco más de tres lustros, se construyó todo el constructo que, durante las últimas décadas del siglo XX, y sin lugar a dudas al menos durante el primer tercio del siglo XXI, ha alimentado y alimentará la formación del urbanismo transdisciplinario. En ello se han formado ya, a veces sin ser conscientes de ello, las últimas generaciones de técnicos, que de forma apenas imperceptible, pero en un proceso imparable, se han venido alejando de su matriz (la construcción o la ingeniería civil) para convertirse en algo distinto, algo que de forma creciente se reivindica en su propia identidad: urbanistas. Ese es, por tanto, el primer elemento que ha de caracterizar a los urbanistas y el urbanismo del siglo XXI: la convicción de que el Urbanismo constituye tanto una rama científica específica (sea como tal Urbanismo, o enmarcado en unas Ciencias del Territorio), como sobre todo una actividad profesional específica y con personalidad propia, producto de la confluencia transdisciplinaria de conocimientos y habilidades bien dispares, procedentes de la Ecología, la Sociología, la Economía, el Diseño, el Cálculo, la Historia del Arte, el Derecho y la Ciencia Política, etc.


referencias que la localización bibliográfica de mis trabajos citados. Desde mi perspectiva, el urbanista es un producto histórico cuya función y rol vienen determinados por cuatro elementos condicionantes. 1 La evolución conceptual: las rutas hacia la Urbanística 2 La globalización: la formación de la urbe global 3 Los condicionamientos culturales regionales/locales: la glocalización 4 La virtualización de la enseñanza En los siguientes apartados me detendré a analizar cada uno de estos elementos, en una intervención que pretende en mucha mayor medida plantear preguntas que dar respuestas.

1. La evolución conceptual: Eclepticos del Urbanismo No es posible hacer una historia del Urbanismo, ni siquiera de la Urbanística, en diez minutos, por lo que remito a mi trabajo en (Baigorri, 1995) para una revisión sintética desde mi particular perspectiva sociológica. Sin embargo, sí que podemos establecer alguna especie de esquema evolutivo que nos ayude a situar a los profesionales y estudiosos actuales en un marco general diacrónico. Por cuanto las concepciones actuales, tanto de la Ciencia -si es que consideramos al Urbanismo, o a la Urbanística, o a las Ciencias del Territorio en un sentido más general, como ciencia como de la práctica profesional -la praxis, la ciencia aplicada, la técnica si se quiere descansan, obviamente, en una tradición que va ya para dos siglos. Naturalmente, una revisión de estas características nos llevaría a definir una serie de tipologías entre los 'urbanistas realmente existentes' en cada momento histórico, que pueden llevar a confusión cuando pensamos el status de urbanista. Pues no es lo mismo si pensamos en urbanistas aplicados a la práctica, como Le Corbusier, que en fundadores como Patrick Geddes, reformadores como Jane Jacobs, o teóricos como Henri Lefebvre. Esas tipologías han existido prácticamente desde la

fundación misma del urbanismo, en el siglo XIX, y siguen estando presentes en la actualidad en el universo académicoprofesional. El origen del Urbanismo moderno, como hoy lo entendemos, no está tanto en los planes de ensanche que, sobre todo a mediados del siglo XIX, se generalizaron en todas las grandes ciudades europeas (ensanches que, con mayor o menor virtud y extensión, se venían produciendo en las ciudades desde la Edad Media), como en la crítica de los efectos que dichos ensanches tuvieron en las ciudades y sociedades de la época. Como muy agudamente señaló Engels en su famoso opúsculo, "Las calles son ensanchadas, se abren otras nuevas, pasan por ellas ferrocarriles. En el mismo momento en que los obreros afluyen en gran número a las ciudades, las viviendas obreras son destruidas en masa". El Urbanismo no se deriva del hecho de hacer ciudad, del mismo modo que la Física no se deriva de la existencia de los minerales; el Urbanismo surge como tal de la reflexión crítica sobre la forma de hacer ciudad, del mismo modo que la Física deriva de la

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reflexión del hombre sobre su naturaleza circundante. Y sólo en la segunda mitad del siglo XIX, tras la irrupción en todos los órdenes de la Sociedad Industrial, podía surgir esa reflexión crítica respecto de la ciudad. No es casual que Emerson, quizás el primer pensador autóctono nortemaricano, pronunciase entonces esa tan repetida frase suya: "Primero los hombres se construyen las casas, pero luego las casas construyen a los hombres". En suma, no hay que buscar el origen del urbanismo, a la manera de los eruditos, rastreando autores en busca de la primera vez en que la palabra fue dicha, sino rastreando la primera vez que, utilizándose o no la palabra urbanismo, alguien puso en crisis el proceso de producción de ciudad realmente existente.

2. La globalización: hacia la urbe global 31

Pero mientras tanto, la ciudad ha dejado de ser lo que era, un contenedor físico, para convertirse en un magma global: la urbe global. Un magma en el que, por supuesto, subsisten los contenedores, los nodos físicos de los que los humanos somos habitantes, cada vez de forma más fluctuante; lo cual justifica la práctica urbana. Pero en el que el tipo de problemas a los que el urbanista debe enfrentarse son de orden distinto a los tradicionales del ornato y la higiene. Veamos cómo ha ocurrido, y a dónde nos ha llevado el asunto. En el principio el mundo fue una terra ignota; los seres humanos se agrupaban en pequeños asentamientos autosuficientes, en un entorno medioambiental humanizado reducido, y por tanto temido más allá de ciertos límites. Las relaciones entre los distintos asentamientos eran casi aleatorias, a


menudo sólo derivadas del impulso exogámico característico de los pueblos más emprendedores. Algunos grupos humanos sobrepasaron ese estadio pre-histórico, incorporándose a la Revolución tecnológica del Neolítico, que las conexiones aleatorias fueron extendiendo por el planeta: la Primera Ola, en la conocida terminología de Toffler. Un estadio que sigue caracterizándose por la autosuficiencia en un entorno medioambiental humanizado reducido, pero en el que aparecen ya, con las desigualdades sociales, las jerarquías entre asentamientos. Seguían produciéndose relaciones aleatorias entre los distintos asentamientos, pero la consolidación de nodos de interacción (cruces de caminos, esencialmente), y el descubrimiento y la extensión de la agricultura y la ganadería, hicieron posible la institucionalización de centros dominantes que proyectan información y acumulan energía. Abriéndose una tendencia secular a la concentración, que alcanzaría su máxima expresión en la Sociedad Industrial, esa Segunda Ola toffleriana de la que apenas estamos saliendo, y sobre la que aún navegan muchas sociedades. La Sociedad Industrial, y el sistema de relaciones de producción capitalistas que mejoró su eficiencia, condujeron a la centralización y jerarquización del sistema de ciudades, y a la decadencia, en su momento de paroxismo (a partir de mediados del siglo XX) de los centros intermedios y pequeñas ciudades pre-industriales. La concentración de flujos se hizo en dos direcciones: de población, recursos y e n e rgí a h a c i a l o s ce nt ro s q u e a r t i c u l a n / determinaban el sistema, y de información, poder, bienes de equipo y bienes de consumo del centro a la periferia. A lo largo de siglo y medio los principales centros económicos del sistema industrial/capitalista se conforman en organismos habitacionales de tamaño creciente y de complejidad cada vez más inabarcable. Se suceden los términos para nombrar ciudades cuyo tamaño rompe cada diez años todas las previsiones y esquemas: de grandes ciudades a metrópolis, luego a megalópolis, regiones urbanas, ciudades-mundo.... Se agotan los términos, o llegan a resultar redundantes, y la inteligencia urbanística sólo puede concentrarse en intentar resolver los p ro b l e m a s g e n e r a d o s p o r e s a s u n i d a d e s centralizadoras de tamaño creciente, olvidando la problemática tanto de los espacios circundantes (el

territorio, el rústico, lo rural, lo salvaje, lo natural) como de los núcleos habitacionales inferiores en la jerarquía. Un sistema basado en la centralización absoluta, y en la disponibilidad no menos absoluta de flujos ilimitados de energía a bajo coste, es por propia naturaleza insostenible,y la crisis de la energía que se inicia en 1973 desencadenaría no sólo la mayor crisis económica global de la Historia, hasta la fecha, sino también el bloqueo de los sistemas a todos los niveles. Las grandes ciudades se muestran incapaces de gestionar su propio metabolismo, pero también en el marco de la crisis de sostener a la población. Las dos últimas décadas del siglo XX han sido las de la autoreflexión sobre el fracaso de la ciudad industrial como punto final de la historia, como el paraíso que habían prometido ser para la especie. A todo ello ha ayudado el amanecer de una nueva civilización, que según la metáfora toffleriana se abre paso en medio del entrechocar de oleajes viejos. Una nueva civilización que no cabe en los contenedores (sistema productivo, unidades habitacionales, etc) de la Sociedad Industrial. Hemos llamado -conscientes de introducir ruido al utilizar una denominación nueva-

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33 Sociedad Telemática a esa nueva civilización emergente, marcada por tres elementos básicos, que permiten romper y superar las barreras espacio/temporales: 1 La revolución de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, especialmente por la Óptica, la Informática y las Telecomunicaciones. 2 La Globalización, o mundialización de las sociedades y sistemas nacionales. 3 La virtualización, con ayuda de las NTIC's, con Internet como expresión social primitiva de esta virtualización. ¿Qué supone, en lo que a la naturaleza de la ciudad se refiere, el advenimiento de la Sociedad Telemática?. Fundamentalmente una complejización de los flujos, y una estructuración en red de los sistemas; unos sistemas crecientemente fractalizados en los que el territorio, como sinapsis, descentraliza, relocaliza. Sólo se concentra la información y el conocimiento, que a la vez se difunden de forma fractal. Se trata, en suma, de la Urbe Global, que definimos como el proceso por el cual los aspectos físicos y morales de la ciudad se extienden a todos los rincones

del universo humano, civi-tas-lizándolo. No hablamos por tanto de meros hechos físicos. De hecho, en el ámbito de la urbe global la ciudad ya no existe como espacio físico delimitado, sino que se extiende en una red de interconexiones que dificulta la definición de las unidades de gestión. Y, en este marco, la centralidad deja de tener importancia material; es únicamente un proceso de interrelación telemática entre protocentralidades diversas ubicadas en espacios físicos distantes entre sí. Y, sobre todo, en la urbe global el concepto de red sucede al de jerarquía en la ordenación de los flujos. Las dinámicas se complejizan, y el azar pasa a jugar un papel muy importante en los asuntos humanos, una vez destruida la capacidad de controlar/prevenir todos los efectos de todas las causas posibles. Por supuesto, no hablamos de metaciudades, lo que convertiría nuestra reflexión en vacía metafísica -error en el que en cierto modo cayó el propio Lefebvre-. Evidentemente, en la Urbe Global los nodos se corresponden en parte con lugares a los que aún denominamos ciudades, y articulan la relación entre los individuos y grupos sociales con la propia urbe, pero el espacio social de las ciudades difiere de su


espacio geográfico contiguo (una ciudad puede dejar su huella, como contaminación por ejemplo, a muchos miles de kilómetros de distancia, cuando sus ciudadanos se desplazan a descansar durante el verano), y de hecho el tamaño físico (tanto en extensión geográfica como en población) de las ciudades no constituye una variable consistente. En la Urbe Global no es tan importante la jerarquía como la dirección de los flujos (información, capital, trabajo, energía), y los roles que desempeñan los distintos nodos, pero no es menos cierto que la variedad, velocidad, grado y continuidad de la interacción social se relaciona con el tamaño, forma y función de los lugares; de ahí que la clasificación de los nodos es por tanto de utilidad científica. Naturalmente estamos al principio del principio del camino, apenas atisbando el nacimiento de la Sociedad Telemática, la conformación de la Urbe Global. De ahí que lleguemos a confusiones incluso al nombrarlas, y no haya acuerdo sobre sus efectos en las materialidades. Así, las tendencias espaciales en la Sociedad Telemática conducen, según algunos autores (más atados a conceptos periclitados, aunque con más capacidad de influencia mediática), a más concentración (Sassen, Castells), mientras que para otros conducen claramente hacia la dispersión; bien sea en forma de las Edges cities y el sprawl (Garreau, Cervero), bien sea a través de los denominados nuevos espacios de crecimiento (Campos Venuti, Piore) surgidos como resultado de la desconcentración/ deslocalización de actividades productivas, bien como fruto de iniciativas endógenas (distritos, tecnópolis...).

Una posición más atemperada presentan quienes, como yo mismo, consideran que, si bien los cambios sociales producidos por la S ociedad Telemática potencian las metrópolis, a la vez provocan cambios virtuales de posición de ciertos espacios periféricos, potenciando así algunas ciudades intermediarias (Benko, Lipietz), en la medida en que las jerarquías pierden consistencia. La investigación que realicé a mediados de la pasada década sobre la ciudad fronteriza de Badajoz me llevó a ese tipo de conclusiones.¿Por qué es importante todo esto de lo que estamos hablando para la formación de los futuros urbanistas? No sólo p o rq u e h ay a n d e a p re n d e r l o p a ra comprender mejor la ciudad, sino porque, en cierto modo, el ámbito de la interacción social es el ámbito de la acción del urbanista, y dicho ámbito ha venido modificándose históricamente, y ha cambiado de nuevo en la Sociedad Telemática.Pensemos que en las sociedades agrarias la máxima distancia que un campesino podía llegar a desplazarse en toda su vida era de 25 kms (salvo que le arrastrasen a una Cruzada, o a descubrir un Nuevo Mundo, sucesos ambos bastante improbables para la inmensa mayoría de la población), mientras que en el cenit de la Sociedad Industrial, un ejecutivo parisino de las últimas décadas del siglo XX tenía accesible a diario buena parte del territorio nacional (midiendo la accesibilidad como la capacidad de ida y vuelta en el día con un máximo de cuatro horas de transporte por carretera, tren o avión). En la Sociedad Telemática, el ámbito de interacción social de un conectado es la Urbe Global, lo que modifica por tanto sustancialmente el propio ámbito de acción del urbanista, que ya no puede pensar la ciudad observando unidireccionalmente uno de sus nodos materiales, y para el que el territorio, esa sinapsis, pasa a ser considerado en cierto modo el jardín de la Urbe Global, y por tanto de plena responsabilidad del urbanista.

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3. Condicionamientos culturales locales: globalización El tercer elemento condicionante a tener en cuenta son las propias tradiciones culturales locales, que afectan tanto a la concepción disciplinaria del urbanismo como al modelo profesional del urbanista. La forma en que nos enfrentamos a la globalización depende de nuestras particularidades, es glocal; la forma en que los urbanistas del futuro han de enfrentarse a la Urbe Global también lo es. O dicho en otros términos, están condenados a diseñar localmente la urbe global.

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En el siglo XXI los grandes urbanistas, tanto en la teoría como en la praxis, ya no van a surgir del Occidente escueto de Europa y los EEUU. Es en los espacios en proceso de desarrollo, en donde ser localizan las mayores concentraciones demográficas del planeta, donde las mayores innovaciones van a producirse, si aceptamos como principio que el desarrollo humano no es sino el resultado de la adaptación social a las condiciones y necesidades del entorno. No obstante, conviene que prestemos atención, a modo de ejemplo, a algunas de las principales tradiciones en la praxis profesional, que en cierto modo se superponen a las rutas conceptuales para entender la configuración realmente existente y actual de los urbanistas. Se trata, de una parte, de la tradición anglosajona del planificador, instrumento de transformación social, e intermediario entre las fuerzas del mercado, el Estado, la ciudadanía y el Medio Ambiente, y de otra parte de una tradición más eurocéntrica, en la que el urbanista es visto más bien como técnico proyectista, mero ejecutor de la normativa estatal, y que a su vez presenta formas bien distintas, por ejemplo en la tradición francesa, con un débil control corporativo, y la tradición hispánica con un fuerte control corporativo por parte de determinados cuerpos técnicos (arquitectos e ingenieros de camino ).


De alguna forma, la tradición anglosajona se concreta en el planning, mientras la eurocéntrica se centra en el zonning, pero no hay que olvidar que hablamos de tipos ideales a la manera weberiana, pues las tradiciones locales son a menudo una hidridación entre ambas. De hecho, el principal lamento de los planificadores anglosajones en las últimas décadas del siglo XX fue la carencia de una zonificación que poco a poco se impone incluso en los Estados Unidos, mientras que los urbanistas europeos soñaban con hacer del mero trazado de límites (zonning) a que la normativa los ciñe, todo un proyecto planificador que sirviese incluso para transformar la vida de las ciudades. En lo concreto, hay modelos bien distintos, aunque como consecuencia de la propia globalización / mundialización, cada vez tengan más elementos comunes. Veamos algunos de ellos, por lo que puedan aportarnos o sugerirnos. En Francia la Oficina Profesional de Cualificación de los Urbanistas (Office Professionel de Qualification des Urbanistes) es un organismo dependiente del Ministerio responsable del Urbanismo, que establece un sistema único de cualificación, según se proclama"administrado por urbanistas y basado en criterios explícitos, basados en la práctica". La OPQU otorga un certificado de cualificación profesional, reconocido por el Ministerio responsable de Urbanismo. Hay tres vías para el acceso al estatuto de urbanista cualificado: 1 Con una formación superior (4 años al menos) al nivel de grado/licenciatura, completada con una formación de postgrado específica en Urbanismo, más una práctica de al menos 2 años en Urbanismo. 2 Con una formación superior (4 años al menos) al nivel de grado/licenciatura, más una práctica de al menos 5 años en el ámbito del Urbanismo. 3 Con una práctica de al menos 10 años Como se ve, en el caso francés la práctica es, en fondo, el componente fundamental para ser considerado urbanista. Una práctica que ha de haberse realizado en alguno/s de estos campos: consejo y asistencia a los constructores; realización de estudios de OT, planificación urbana, desarrollo local, urbanismo, política urbana y de la vivienda, y proyectos de ordenación desde la óptima del desarrollo sostenible; elaboración de directivas y esquemas de ordenación del territorio, documentos de urbanismo y planificación urbana; gestión de

derechos del suelo; elaboración y evaluación de políticas públicas; dirección de estudios, dirección de equipos de proyectos; formación e información; investigación. Ahora bien. Sobre esta base, ¿quiénes son los urbanistas en Francia? . Hemos analizado un directorio profesional, el de la Asociación de Profesionales del Urbanismo de MidiPyrénées (una región del Sur de Francia), y la mayoría resultan ser arquitectos, aunque también hay un corto número que proceden de Geografía, Sociología y Ciencias Políticas, de las Ciencias Ambientales, el Paisajismo, etc En los Estados Unidos el concepto de planner (proyectista, trazador de proyectos... planificador)no es exactamente el de urbanista, pero cada vez se asimila en mayor medida. En concreto los planificadores urbanos y regionales promueven el mejor uso de las tierras y recursos de la comunidad, incluyendo desde hace tiempo el zonning entre sus actividades. Se calcula que hay unos 29.000 planners en los USA, y su formación habitual es un grado de master (2 años) en "urban or regional p l a n n i n g " ( h ay u n o s 8 0 c o l l e g e s y universidades ofrecen masters), aunque hay quien lo ejerce también con un grado de bachelor (en unos 10 colleges o universidades pueden encontrarse titulaciones de este nivel).

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CAP

N E O M S I N A B UR

A I B M O L CO

4 O L ITU


e t s e e r b o s a v i t c e p s r e p u t a t o An

o l u t i p ca

S A T O N

S NOTA

S NOTA

S A T O N S NOTA

S A T O N

S NOTA

S NOTA

S NOTA

S A T O N S A T O N

S A T O N

S NOTA


37 CAPITULO 4

QUINCE AÑOS DE CAMBIOS EN EL URBANISMO EN COLOMBIA

Desde las acciones urbanísticas públicas y privadas estructuramos nuestro entorno en toda su magnitud y puede afirmarse en ese sentido, que en los últimos quince años hay señales de cambio claras y alentadoras. Al ponerse en práctica la Ley 388 de 1997 de ordenamiento territorial y sus consecutivos decretos reglamentarios de gestión urbana, se ha modificado sustancialmente la relación del ciudadano con el proceso de planificación del territorio, hoy mayormente participativa. Sin esas condiciones, el raciocinio sobre la construcción de ciudades amables, fraguado en buena parte hace varios años desde las academias y en la Sociedad Colombiana de Arquitectos, no hubiera prosperado en la manifiesta intención del gobierno nacional y en el brillante liderazgo de alcaldes con

visión integral de sus municipios, quienes modificaron el rumbo caótico que se vislumbraba para ciudades como Bogotá y Medellín o al que hoy se enfrentan a superar con renovados liderazgos públicos otras capitales como Barranquilla o Cali. En la actualidad, por pequeño que sea el municipio, los protagonistas políticos que pretenden llegar a cargos de elección popular, incluyen en sus propuestas temas como la movilidad, el espacio público, la vivienda o la infraestructura educativa, ingredientes definitivos frente a los electores o para evaluar el éxito o el fracaso de sus gestiones. En ese proceso, la arquitectura de lo urbano es protagonista y el concurso público de arquitectura el mejor mecanismo para tomar decisiones acertadas. No en vano las buenas iniciativas se han diseminado prolíficamente en acciones destacables como en Ciudad Victoria en Pereira, en la Plaza del Carnaval y la


Cultura en Pasto, el Malecón del Río Sinú en Monteria, el Centro Comercial de Cielos Abiertos en Armenia o hasta una bien diseñada plaza en la población de Muso en Boyacá., entre otras. Estamos próximos a renovar los Planes de Ordenamiento Territorial evaluando de alguna manera varios instrumentos de la Ley 388, cuando indudablemente tenemos ahora un trayecto más apropiado, que admite ajustes y que ha otorgado a la comunidad y a sus mandatarios herramientas valiosas para orientar el destino de su entorno habitable. La Ley 435 de 1998 que reglamenta el ejercicio de la arquitectura, ha mejorado la relación entre nuestra creciente fuerza profesional, nuestros clientes y nuestros usuarios, no obstante el permanente embate de los intereses meramente mercantiles que prevalecen en muchas decisiones o en algunos promotores del negocio urbano, contrastando con muchas iniciativas responsables. Son reconocidas las buenas obras que sobresalen en un ambiente exigente en el diseño y que dan relevancia a la Bienal Colombiana de Arquitectura que este año llega a la vigésima primera edición, con 251 proyectos presentados que estimamos superan un billón de pesos en inversiones con buena arquitectura. El 1º de octubre del presente año, en Cartagena se conocerán los más importantes reconocimientos que otorga la profesión a nuestros colegas. Hoy nos abordan retos tecnológicos y de conocimiento, pero quizás el más importante es introducir en nuestra práctica profesional los conceptos de sustentabilidad e impacto en el medio ambiente. Los reconocimientos que los arquitectos colombianos han recibido en el concierto internacional incentivan un panorama de

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satisfacciones profesionales. Son relevantes a nivel Panamericano los premios que serán entregados a siete compatriotas seleccionados entre 64 postulaciones del continente, en Tegucigalpa, Honduras, en el mes de noviembre. De igual manera, aquellos fueron reconocidos en cinco publicaciones y cuatro proyectos arquitectónicos seleccionados sobre 232 y 207 propuestas respectivamente, presentadas en la Bienal Iberoaméricana de Arquitectura en Portugal el pasado mes de mayo, donde Colombia resultó ganadora en las dos categorías. Nuestro país, a través de la Sociedad Colombia de Arquitectos y la participación de la Asociación Colombiana de Facultades de Arquitectura, reingresó a la Unión Internacional de Arquitectos siendo recibida con un emotivo aplauso por parte de la Asamblea de 103 países en Turín, Italia, el 3 de julio del presente año.

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No obstante, debemos hablar también de deficiencias y quizás una apreciable en estos 15 años, es la desaparición de dos entidades que marcaban la pauta en los proyectos urbanos y arquitectónicos de vivienda. El Instituto de Crédito Territorial y el Banco Central Hipotecario en su actuar, dejaron una huella indeleble en la búsqueda de ciudades amables. En sus buenos momentos convocaron lo mejor de la arquitectura colombiana para atender la creciente necesidad de vivienda para las franjas más necesitadas y medias de la población. Servían de reguladores del mercado tanto en su calidad como en sus costos y evitaban la especulación, incluso con requerimientos gubernamentales de destinaciones forzosas a aquellas entidades financieras que no atendieran unos mínimos de inversión en estratos pobres de nuestra sociedad. Hoy la vivienda media la regula la ley del mercado y la vivienda popular depende del subsidio a la demanda y de un creciente esfuerzo institucional que poco parece estimular a la oferta privada, cuyos capitales se orientan a otros sectores que les ofrecen una aparente mayor seguridad. En ese contexto parecería no caber la arquitectura. No se puede cerrar esta corta disertación sin mencionar a quienes escriben la historia de la arquitectura colombiana con su paso, a los arquitectos que nos han dejado recientemente, entre ellos a Hernando Vargas Rubiano, Arturo Robledo


Ocampo y Rogelio Salmona, quienes aportaron con sus vidas testimonios humanos y profesionales de la mayor integridad y enseñanza para todos. Debemos seguir el camino que contribuya progresivamente a unos cambios que vemos cada vez más posibles, al menos quienes confiamos la esperanza a un futuro siempre mejor.

LA CIUDAD COLOMBIANA O DEL URBANISMO EN

BUSCA DEL PENSAMIENTO

Quizás el ámbito más escueto, y más revelador, para señalar (así sea de manera rápida) la problemática incidencia que el urbanismo, como disciplina intelectual y especialmente como profesión, ha tenido en la conformación de la realidad del país -y de paso formular una pregunta a las ciencias sociales como conjunto-, sea el escenario creado en este fin de siglo por los acercamientos y conversaciones de los diversos actores que buscan la paz. Según un despacho de prensa, los voceros de un comando de milicias urbanas de Medellín consideraban que "el primer obstáculo para una eventual negociación (política del conflicto armado) radica en que el gobierno y concretamente la oficina del Alto Comisionado de Paz no' ha tenido en cuenta el conflicto urbano dentro de la agenda de paz ni han reconocido a los comandos como un actor político más en la confrontación". Aunque los encapuchados tenían razón, al remarcar como un impedimento importante para la consecución de la convivencia el desconocimiento en las negociaciones de problemas fundamentales de la sociedad colombiana, se equivocaban al señalar la ausencia de la ciudad y el silenciamiento de la problemática urbana sólo en los diez puntos de la propuesta del gobierno: tampoco se encuentran en el decálogo de las FARC ni en los 100 puntos con ellas acordados últimamente, ni se han explicitado en los temarios del ELN para su Convención ni en las declaraciones de los autoproclamados "voceros de la sociedad civil" que lo acompañan desde Maguncia. Tampoco los paramilitares tienen un planteamiento en torno a ella. Por lo demás, no son sólo los comandos urbanos los desconocidos en los parámetros que se han trazado los diversos actores para sus acuerdos. Al tenor de las

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veinticinco temáticas que se han ventilado, si consideramos también los cinco punto del temario propuesto por el ELN -los únicos que introducen un refundido, abstrac to y general "ordenamiento territorial" como objeto de análisis-, la discusión se va a desarrollar en una país que no tiene espacio o, más directamente, en uno donde la problemática espacial no ha producido ningún efecto en la conformación política, cultural, social y psicológica de sus habitantes. En el cual, por lo tanto, los marcos de consideración de las demandas sociales y el campo de definición de reivindicaciones se hubiese mantenido en los mismos horizontes de hace cuarenta años sin que la gente hubiese cambiado. Paradójicamente, en los documentos que convocan a definir el futuro de esta sociedad, se desconoce la ciudad y, en esa voltereta, se desconoce al pueblo colombiano en lo que tiene como creador, como constructor, pues, de hecho, lo único significativo que como Nación hemos construido los colombianos en

toda nuestra historia son las ciudades actuales. Lo más relevante en términos simples, de tamaño, de magnitud bruta: más del 75% de la gente vive en ellas (entre 25 y 30 millones de seres humanos) y su actividad productiva responde por casi el 80% de la economía nacional; la sola Bogotá tiene mas de 40.000 hectáreas construidas en menos de 40 años y más de la mitad de ellas edificadas por los sectores más pobres. Esto es, la gran escala realizada en un país donde todo se pretende levantar para el diario, para la obtención de rendimientos inmediatos y fáciles, sin riesgos, donde todo, por tanto, es pequeño: la economía y la universidad, la infraestructura vial y el presupuesto para la ciencia y la tecnología. Pero también lo más trascendental en términos referenciales superiores de la existencia: la cultura, la política, el conocimiento, lo cosmopolita. La ciudad colombiana, la que ha levantado la gente sin apoyo, sin legislación, sin referencia formal ni estética de los sectores dominantes (ni de los contestatarios), es la dinámica social que nos ha obligado a salir del triste y limitado campo de "nuestras tradiciones culturales para buscar en el mundo, más allá de las fronteras patrias, cómo son y cómo piensan los hombres y mujeres del fin de siglo. Por la ciudad nos hemos dado cuenta de lo limitado de nuestro pensamiento filosófico y político, de nuestro atraso en la consideración del arte (García Márquez y Botero no sólo son excepcionales sino que se tuvieron que hacer


en otra parte), de lo limitado de nuestro "pensamiento científico" (Llinás y Patarroyo son ellos solos), de la ignorancia absoluta sobre nuestro patrimonio ambiental y sobre la responsabilidad social y política que ello implica con el mundo. Adicionalmente, la ciudad es la institución histórico-social que ha logrado producir un nuevo ser colombiano, esto es, hombres y mujeres con referentes existenciales contemporáneos y por ella se ha hecho evidente la necesidad de darles el estatus correspondiente a las relaciones que civilizadamente se tienen que establecer entre ellos. Por la ciudad, ahora, se ha dilucidado que no somos "la democracia más estable del continente", como han sostenido desde siempre los sectores más reaccionarios del establecimiento y que/contrariamente a lo que sostienen las FARC en el quinto punto de su temario inicial, no tenemos ningunas "tradiciones democráticas" en qué apoyarnos para crear una nueva forma de vida. Sin embargo, en todas esas agendas se desconoce la ciudad como continente físico actual y futuro de la existencia de la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de este país y se le ignora, lo cual es mucho más grave, como dimensión cultural y política que determina la forma de vivir, esto es, de pensar, de sentir, de mirar y de considerar las relaciones que ellos y ellas establecen entre sí mismos y con la naturaleza, con las maneras de gobernar, de administrar y ejercer el poder, y con las formas de expresión creativas (arte y ciencia), y políticas.

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UNA APROXIMACIÓN A LA HISTORIA

DE LA IGNORANCIA DE LA CIUDAD Por paradójico que parezca, esta ignorancia es el resultado lógico en un país en el cual ninguno de sus estamentos ha logrado desarrollar una conciencia muchísimo menos una cultura-, con respecto al hecho más trascendental que ha marcado nuestro desarrollo histórico en este siglo: la configuración de la ciudad como el ámbito de existencia individual y colectiva determinante.

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Como es obvio, dentro de ese contexto general una cuota muy importante de responsabilidad en ese olvido, o en este tipo de ignorancia, le cabe a las disciplinas académicas y profesionales que de una u otra manera han debido abocarse a dilucidar los componentes estructurales que sostuvieron y llevaron a cabo lo que se ha dado en simplificar como el paso de una sociedad rural a una físicamente urbana en el transcurso del último medio siglo, con el cual se caracteriza a la Colombia del siglo XX. Hablamos en plural de aquellos campos del conocimiento porque un fenómeno de la trascendencia de la ciudad colombiana, por fuerza, tendría que haber concitado en principio el interés de la totalidad de las ciencias sociales en tanto la incidencia de su ocurrencia y consolidación ha afectado todos los niveles de la sociedad como conjunto y de los colombianos y colombianas en tanto que individuos. No sola ni exclusivamente por las circunstancias particulares que han enmarcado ese desarrollo: en especial la violencia, sino por lo que como evento realmente transformador introduce en el orden social. La Ciudad recrea formas de concepciones, de comportamiento y de interrelación que afectan en sentidos múltiples tanto el inconsciente de las personas como, al mismo tiempo, la estructura económica del conjunto de la sociedad. Con respecto a los tipos de determinación del entorno rural, crea una espacialidad y una temporalidad que transforman tanto la manera de soñar como la de imaginar horizontes colectivos. Es por ello que la ciudad, tradicionalmente en el marco de la modernidad, ha sido el objeto de la literatura pero también de la filosofía, la psicología, la antropología y, por supuesto, la economía.


Sin embargo, en Colombia ello no ha sido así. Acá ha imperado una enorme ceguera de las disciplinas del análisis y de la interpretación de los fenómenos ontológicos y sociales, no sólo para abocar el estudio d e l o s fe n ó m e n o s p s i co l ó gi co s, s o c i a l e s, antropológicos que la ciudad, en su aparición y conformación, ha ido produciendo en los colombianos, sino para captarla y pensarla en su dimensión fundamental y trascendental: como hecho contundente y definitorio de la forma del ser colombiano y como parte de uno de los fenómenos fundamentales del ser de la humanidad hacia el tercer milenio: el mundo en urbanización en el marco de la mundialización de la economía y la globalización de la cultura. Esa ignorancia por parte del pensamiento dejó el proceso de desarrollo urbano, y el de la conformación de la vida ciudadana y citadina, en manos de la mera especulación tanto profesional como económica. La investigación, el estudio sistemático y el análisis crítico cedieron el espacio urbano en conformación al mundo especulativo de la consultoría, la asesoría y la planeación urbana tecnocrática, el cual, en una alianza mortal con el clientelismo y la corrupción política, y la especulación inmobiliaria y la industria de la construcción, "modeló" el horror de urbe con la que nos encontramos en la última década. La ausencia de reflexión y de investigación determinaría que el tipo de urbanismo que desde la década del cuarenta "acompañó" al inicio y consolidación de las ciudades colombianas fuera limitado tanto en su concepción como en sus alcances. Las ciudades fueron construidas por un poder terrateniente que -conformado sobre la tradición, de un lado y, del otro, sobre el oportunismo, la viveza y la especulación-, articuló a lo más conservador de la política para legislar el desarrollo urbano sin más horizontes que la potenciación de la plusvalía y su concentración en los dueños del suelo, con el aval tecnocrático de una planeación urbana y una ingeniería que apenas atendían a la racionalidad de un mercado que la urbanización había encumbrado como un enorme potencial de enriquecimiento personal y grupal. Hubo, por supuesto (y este es otro elemento que un acercamiento serio al fenómeno tendría que explicar), intentos por dotar a aquel desarrollo de elementos reflexivos y analíticos que habrían podido servir para superar el simplismo rentista sobre el cual se montó lo

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que luego vino a producir la pobre propuesta citadina que ahora confrontamos en toda su problemática y complejidad. Pero no sólo provinieron casi siempre de mentes extranjeras sino que fueron ahogados por el poder omnímodo que ejercía la tríada que hemos mencionado. Le Corbusier en persona (y, antes, gente como Karl Brunner), estuvo durante más de cinco años elaborando propuestas de desarrollo urbano para que Bogotá abocara en serio, sistemáticamente y con conciencia, la tarea de construirse un ordenamiento espacial acorde con el requerimiento que le imponía el apostarse a ser una de las grandes metrópolis del continente en menos de 50 años. El planificador suizo, incluso antes del Bogotazo del 9 de abril de 1948, trató de incidir para que la ciudad colombiana se metiera en el mundo urbano de la mano de la modernidad. Veinte años más tarde, a principios de los años setenta, Lauchlin Currie pretendió mostrar cómo habría que pensar el fenómeno de la urbanización desde una X.

perspectiva macroeconómica y fundamentó su propuesta de "ciudades dentro de las ciudades" inscribiendo -en otra perspectiva- un horizonte que permitía mirar el futuro de la sociedad colombiana girando alrededor del mundo urbano que finalmente se iba a convertir en el eje central de nuestra razón de ser como nación hacia el final del siglo XX. Pero entre la aparición del arquitecto suizofrancés y la del economista estadounidense "ocurrió" el Frente Nacional que, por otra parte, creó las condiciones para que Colombia aportara al urbanismo mundial su más genuino producto: la "Ciudad del Estado de Sitio", esto es, una urbe sin democracia, sin participación, sin crítica, sin espacio público, sin deliberación. Fue en ese contexto, en el cual Le Corbusier fue ignorado (todavía se escucha a algunos consultores exclamando: "siquiera no se dejó que Le Corbusier se hubiera 'tirado' a Bogotá", como si lo que resultara luego pudiera reivindicarse de alguna manera) y Currie minimizado (Planeación Nacional se convirtió en el Vaticano de los Planes de Desarrollo, pero para la ciudad, para lo urbano, apenas cuenta, todavía ahora, con una oficina de tercera categoría -la Unidad de Planeamiento Regional y Urbano (UPRU)- en una entidad, ella sí, totalmente jerarquizada), donde se acabó de configurar la ideología de que la ciudad es fundamentalmente un hecho económico que se construye sobre la base de planes de desarrollo urbano, elaborados por especialistas y sancionados por los entes del poder político.


Un fenómeno completamente alejado del ciudadano y del desempeño de la ciudadanía. Esta es la base de un urbanismo tecnocrático y cuya falta de proyección dejó por fuera como marginal a una inmensa cantidad de población y no contempló la complejidad y la cantidad de los procesos y problemáticas que la ciudad iba generando en sudesarrollo. Más allá de aquella euforia constructiva que, de un lado, colonizaba los territorios aledaños a los centros urbanos heredados del siglo XIX, los cuales se habían mantenido casi intactos por la inercia de nuestro pobre desarrollo económico hasta los años cincuenta, destruyendo sin miramientos el poco y pequeño patrimonio arquitectónico y urbanístico para, del otro lado, dar paso a una pequeño-modernidad atragantada de concreto y vidrio-, la ciudad no era más que un hecho natural al cual le pasaban cosas y sucesos, algunos de los cuales eran problemáticos y por ello - con esto se completaba la interpretación ideológica-, había que tratarlos de manera (casi siempre) sectorial. Aquel trípode fatal se adueñó del trabajo en la ciudad y desde el principio le asignó el carácter de marginal a todos los intentos que se hicieron por darle un sentido de humanidad: de imaginación, de c r e a t i v i d a d , d e b u e n v i v i r, d e democratización, de participación, al pujante proceso urbano y no permitió que la ciudad dejara de ser considerada un fenómeno económico -el más rendidor de todos-, para configurar un referente político-cultural para la Colombia que tan dramáticamente pretendía saldar las cuentas con el siglo XIX y que no tenía más que la ciudad, y la vida civilista que ella entrañaba, para instalarse coherentemente en el siglo XX. E s t a i d e o l o gí a s i g u e f u n c i o n a n d o especialmente en las esferas del poder. Para discutir una convocatoria que hacía el la

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Consejo Nacional de Planeación Participativa, el editorialista de un prestigioso diario "argumentaba" hace menos de dos años: "Bogotá, y las demás ciudades colombianas, necesitan un diseño urbano, un Departamento de Planeación estructurado de manera científica, compuesto por hombres sabios, expertos urbanistas con la autoridad suficiente para que sus disposiciones no se conviertan en letra muerta.." y se preguntaba: "¿Por qué motivo se invita a los ciudadanos a imaginar cómo será la ciudad del año 2019?" para contestarse en seguida, reafirmando el convencimiento de las élites colombianas de que quienes no pertenecen a ellas se mueven sólo en el ámbito de la incapacidad intelectual y mental: "No nos lo explicamos. Porque, tomando el caso específico de Bogotá, si la gran mayoría de los ciudadanos ni siquiera saben cómo es la ciudad de 1997, mucho menos podrán imaginar cómo será dentro de veintidós años...”

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De esta manera, el urbanismo que, como lo ha planteado desde el principio una de sus insignes cultoras, está cargado de ambigüedades -pero que es un producto netamente moderno en tanto se distingue de todas las artes (y ciencias) urbanas anteriores "por su carácter reflexivo y crítico y por su pretensión científica", nació trunco y tergiversado en Colombia, país en el cual de todas maneras la irrupción de la ciudad creaba inevitablemente su objeto:"...los trabajos de ingeniería (y) los planos de las ciudades o las formas urbanas características...", de esta época del siglo XX colombiano. Hasta finales de los años ochenta la academia ignoró la ciudad como fenómeno complejo y como problema de estudio sistemático, mientras por fuera de los campos universitarios imperaba la ideología que hemos descrito de manera tan simple. En ese transcurso, cuando se asomó a esa realidad consciente lo hizo motivada, en lo fundamental, por la demanda del mercado. Así, hacia finales de la década del sesenta (1968) surgió el postgrado en Planeación Física y Urbana en la Sede de Medellín de la Universidad Nacional el cual, después de 30 años de continua labor, permanece como cualificador de los profesionales que trabajan el ámbito de planificación de la administración municipal, especialmente de Medellín. A pesar de contar con una producción valiosa de monografías, tesis e investigaciones, su trascendencia en la perspectiva de exponer la complejidad citadina, más allá de sus componentes


funcionales, ha sido relativamente limitada. Algo más de una década después de fundar ese primer intento de introducir la educación continuada de los estudios de la especialidad moderna, en la misma Facultad de Arquitectura se fundó y consolidó con apoyo holandés (del actual Institute for Housing Studies de Rótterdam) el Centro de Estudios del Hábitat Popular (CEHAP) el cual, especialmente en sus primeros diez años, alcanzó a tener una figuración y relevancia, incluso internacional, como núcleo de indagación y auscultación de la incidencia y determinación de lo urbano en las condiciones de existencia de los sectores populares. Al margen de un persistente y cualificado trabajo de investigación y publicación, y de mantener uno de los mejores archivos del continente en su temática, la insuficiencia de recursos y la incidencia negativa de la situación política que impera en su entorno del Valle de Aburra se han combinado con una tendencia nacional a mantenerlo bastante aislado del conjunto del país y amenazarlo con generar su insularidad académica y política. La década del ochenta, ya en Bogotá, sirvió de marco para la constitución del Centro Interdisciplinario de Estudios Regionales (CIDER) de la Universidad de los Andes que ha logrado consolidar y mantener una dinámica muy significativa en la cualificación de quienes ejercen la labor profesional de la planeación, especialmente en términos de consultoría. La última década vio surgir en la Universidad Nacional en Bogotá, las Maestrías en Historia y Teoría de la Arquitectura y en Urbanismo y, más tarde, la de Antropología Urbana, las cuales todavía se encuentra en proceso de consolidar un corpus teórico y metodológico que fundamente su apuesta académica, intelectual y política. A esto se suman los aportes de la Pontificia Universidad Javeriana con la inauguración de Maestrías en Planeación Urbana y en el trabajo sobre el Patrimonio Arquitectónico. En ese contexto espacial y temporal han proliferado infinidad de cursos y programas de actualización y especialización, pero que han tenido como característica fundamental su intermitencia y, por tanto, su dependencia del mercado profesional, En el sentido investigativo: complejo, de creación de conocimiento y de formador de una comunidad científica el camino ha sido mucho más tortuoso y solitario.

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