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Querer

consigo una mejora del malestar en relación al estado de las cosas descrito por Freud a principios del siglo pasado.

no es poder

Ciertamente gozamos de un bienestar jamás soñado por nuestros antepasados. No sólo en la disponibilidad de medios y objetos de satisfacción, sino en la permisividad que nuestra sociedad brinda a la múltiple orientación y vías de realización personal. Evidentemente, de goce se trata el asunto de las nuevas generaciones. Esto ya lo sospechaba Freud al orientar el problema de la inhibición como una manifestación posible en la ecuación insatisfactoria del deseo: “...por extraño que parezca, habremos de sospechar que en la naturaleza misma del instinto sexual existe algo desfavorable a la emergencia de una plena satisfacción”, aventurándose a pronosticar nuevas manifestaciones del malestar en las siguientes sociedades del futuro.

Javier Alejandro Kuhalainen Munar Médico Psiquiatra

Se han renovado los términos, y sus precursores, entre ellos la neurosis, han caído en desuso. ¿Qué problema plantea nuestra sociedad actual en nuestras carnes?

R

ecientemente, en un seguimiento clínico, en respuesta a una demanda que se ajustaba a la letra al texto clásico freudiano Sobre una degradación general de la vida erótica (1912), me encontré en la tesitura de facilitar la elaboración del ideal todopoderoso que articula, en inocente armonía, sin límite ni discontinuidad, la voluntad y la realización de los deseos.

Como ya he comentado anteriormente, nuestra “Sociedad de Bienestar” está orientada a la satisfacción plena de nuestras necesidades. La ley que la domina no es la censura o la prohibición frente a un ideal concreto, sino, precisamente, lo contrario. No es punitiva, sino facilitadora, dispensadora de medios, objetos, conocimientos y de casi todas las alternativas o ideales posibles.

“Querer no es poder” fue la terrible conclusión de aquel día. Hoy revisaré qué hay de viejo y qué es lo actual en la presentación del malestar ante los límites del deseo, siguiendo la conclusión citada en el texto antes comentado “...este tenebroso pronóstico no se funda sino en la sola sospecha de que la insatisfacción característica de nuestras sociedades civilizadas es la consecuencia necesaria de ciertas particularidades impuestas al instinto sexual por las exigencias de la cultura.”

Como ejemplos, tenemos los nuevos medios de comunicación y acceso al Otro, de forma libre, gratuita... ¡Incluso sin tener por qué poner en juego al cuerpo! Toda la imaginería halla respuesta con un clic del ratón (si no se lo cree, escriba cualquier cosa en el ordenador y sométalo a cualquier aplicación de búsqueda, y verá que ya existe, que está ahí, que no fue el primero, que ya hay respuesta a su demanda). ¿Qué más se puede querer cuando se puede todo? ¿Qué es ese “más” del deseo?

En un primer momento, las quejas, motivo de demanda del paciente al médico, surgían en relación a la incomprensible presentación de una impotencia frente al deseo de realización de determinada acción. El “desajuste” o falta de acompañamiento de la función corporal, no encontraba correlación con cualquier dolencia o lesión en el cuerpo del paciente. La dolencia psíquica, la que ahora llamaríamos trastorno funcional, era la alternativa. El tratamiento psicológico, la solución.

Ese factor añadido a la satisfacción “tiene efecto tóxico”. Retomando el ensayo de 1912, se presenta el modelo de dependencia alcohólica, como el ejemplo del efecto deletéreo de la satisfacción “abusiva” de la demanda. Hallado el canal directo de la satisfacción “plenamente gozosa”, el hombre cae en la enfermedad, en una forma de dependencia primitiva, oral y de sueño amniótico en la que se disuelven los poquitos logros alcanzados en lo que de humano uno se puede considerar. No necesita palabras y se ha alcanzado la plenitud. La naranja no ha sido cortada por la mitad.

En la resolución y elaboración del conflicto psíquico subyacente, se observa la existencia de deseos inconscientes reprimidos, no accesibles de forma directa a la conciencia, como causa del malestar, siendo los síntomas la vía de satisfacción sustitutiva de aquellos deseos “no confesables”, “que uno ni se imaginaba”, “que uno, sabiéndolo, no se lo puede creer...” La censura, mecanismo de la represión antes citada, es el peaje a pagar en el paso del niño al adulto adaptado a su sociedad. La evolución de la cultura, de los medios y el entorno que ésta ofrece a las actuales generaciones, así como el contexto educativo en materia de áreas de importancia psicológica cardinal, como es la sexualidad, parece traer

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Después de desear y conseguir todo, ocurre lo inimaginable. El abrazo infinito de la completa satisfacción tiene un efecto aniquilador, y frente a esta nueva orientación de la cultura del bienestar, hay respuestas individuales y también sociales y políticas. Unos lo llaman recorte o sacrificio. Otros ni estudian ni trabajan. La nuit. Ilustración: Dr. Kuhalainen.

¿Cuál es su palabra?

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