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¿PARA QUÉ SIRVE EL MITO? La mitología actúa como resorte fundamental para sacar a la luz sentimientos genuinamente humanos.

José García Peñalver, Psicoanalista y autor de “Hay otra manera de vivir” www.psicoanalisispalma.com

El mito tiene una utilidad inestimable en el abordaje de determinadas y susceptibles cuestiones del alma humana. A veces constituye el único paradigma en el que podemos sustentarnos para hablar de asuntos delicados. También para explicar la génesis de diferentes cuestiones trascendentales: nuestro propio origen, la esencia del amor, etc. Dichas historias o mitos, así como las leyendas populares, el folclore o los cuentos - entre otros desarrollos de la civilización -, nos sirven de inestimable ayuda para auxiliarnos en la comprensión y exposición de temas de interés psicológico. La mitología, rescatando y apoyándose en el conocimiento que habían ido adquiriendo los hombres a través la más remota antigüedad, actúa como resorte fundamental para sacar a la luz sentimientos genuinamente humanos. En efecto, las disputas entre padres e hijos, o entre hermanos, por ejemplo, permitirá sostener el argumento de la rivalidad fa18 www.revistaplural.com

miliar por los siglos de los siglos. El relato de Cronos devorando a sus hijos, o Zeus castrando a su padre, ilustran aspectos sentimentales de semejante competitividad familiar paterno filial: enemistad, odio, animadversión, resentimiento, y un largo etcétera; eso sí, al lado, también, de afectos tiernos y cariñosos. El genial Goya lo refleja magníficamente en una de sus inquietantes pinturas negras: “Saturno devorando a un hijo”. El pintor flamenco, Paul Rubens, realizará su propia versión. Representaciones literarias, como la tragedia griega de Sófocles, Edipo rey, o el inmortal Hamlet shakesperiano, al hilo y al límite de tales sentimientos humanos, universalizan dos de los delitos más repudiables: el parricidio y el incesto. Ficción Los mitos, entonces, van a tener esa gracia

de mostrarnos, sin censura, comportamientos o fantasías de unos dioses y seres fantásticos, “muy humanos”. No olvidemos que es el hombre él que escribe sobre ellos, y no al revés; lo mismo, dicho sea de paso, que es el amo del perrito el que, p.ej., dice: “hoy, Boby no se aguanta ni él: está deprimido”. Pero, a decir verdad, ¡vaya usted a saber lo que le pasa, “por dentro”, al animal!, puesto que, lo que sí sabemos, es que las palabras salen de la boca de un animal muy especial: el animal de la palabra. En definitiva, sentimientos, sensaciones, ideas, pensamientos o actos incómodos; y por consiguiente, no bien vistos. Motivo por el cual se tiende a censurarlos o convertirlos en tabú. Una manera sin embargo de airearlos, de dejarlos traslucir, es desplazarlos en la ficción. Allí, en tan peculiar representación, observando la trama de los personajes de fábula, podemos averiguar qué asuntos del hombre han sido transferidos. Normalmente se trata de fantasías. Fantasías que a veces, lamentablemente, “se pasan” al cruzar la frontera de la realidad. Y entonces, empujadas por lo insoportable de una mala conciencia, en algún momento le hace estallar en cólera, tal

vez por ese cúmulo de celos, de envidias, de deseos de venganza, o de destrucción y muerte almacenados. Pero también uno puede llegar a pasarse de amores imposibles, de pasiones locas…, sobre todo con quien no corresponde y además con quien tampoco puede ser. En fin, asuntos sentimentales que tiene lugar en el seno familiar impregnados de amor, odio, cariño, resquemor, ternura, rivalidad, aprecio, desprecio… Asuntos, hasta cierto punto, “normales”, es decir normalizantes, estructurantes. O sea, constitutivo y constituyente. Algo, que de alguna manera formó parte de la propia realidad psíquica para llegar a construir nuestro aparato mental. No obstante, desgraciadamente, en ocasiones, se mete mano al acto; cometiéndose, en esos ajustes de cuentas entre los miembros de sangre, los crímenes más deleznables. Acontecimientos que, en su puesta en escena, a veces, “bestial”, los personajes de ficción no harán sino corroborar lo descubierto, posteriormente, en la labor clínica: el Complejo de Edipo. Igual que para Freud los sueños tienen un sentido y deben ser interpretados, para el gran antropólogo Lévi-Strauss, los mitos también.

“Los mitos tienen un sentido y deben interpretarse”

octubre 2010 19


¿PARA QUÉ SIRVE EL MITO?