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Editorial moniosamente en las noticias de cada tele-diario (casi cometo un lapsus y digo tele-no-ve-la). Observen “la vidilla” que provoca en tantas y tantas almas en busca de líder ese pique entre los machotes de unos y otros equipos; porque mejor si consiguen dividirnos en dos bandos, ¿verdad…?

PAN Y CIRCO «Panem et circenses» (“pan y juegos de circo”) es una expresión latina que describe las maneras de un gobierno para mantener al pueblo distraído de la política. Vale decir, las artimañas que emplean quienes sean los que pertenezcan al grupo de los de arriba -o sea, al club de “los que cortan el bacalao”-, para alejar a los ciudadanos de los asuntos de estado. ¿En qué consiste dicha maniobra? Muy sencillo: en tenerlos entretenidos. Es así de simple como de eficaz: se les ofrece los productos adecuados para saciar los instintos más básicos (alimento, comodidades, etc.) y pasatiempos o jolgorios en forma de espectáculos de baja calidad para conseguir que los dejen en paz desviando su atención en asuntos menores, mundanos. En su origen describía la costumbre de los emperadores romanos de regalar trigo y entradas para los juegos circenses a sus súbditos a fin de (re)tenerlos “ocupados” y contentos. Actualmente, tal estrategia continúa teniendo su vigencia, ya que muy a menudo sigue apuntando a los tejemanejes de los mandamáses de turno para desviar la atención de la gente de hechos polémicos o controvertidos o sencillamente inherentes a la responsabilidad de hacernos cargo de nuestras propias vidas. En definitiva, subterfugios de los (todo)poderosos para enredarnos en aspectos intranscendentes y mantenernos en una situación de ignorancia. Es la historia del mundo: historias… al margen de la Historia del Pensamiento. En su versión moderna, y dentro de las peculiaridades de cada país, en el nuestro durante un tiempo equivalió a “pan y toros”, convirtiéndose en el tópico de la fiesta “cultural” de España. ¡Olé! El espectáculo del futbol, hoy en día, acompaña muy bien al pan. Es decir, es una buena “comida de coco” para evitar pensar reflexivamente; fíjense ustedes si no en el escrupuloso tiempecito que se le dedica cere-

Madrid-Barça, moros y cristianos, blancos y negros, derecha-izquierda,… en definitiva, lo tuyo y lo mío pero como dos posiciones irreconciliables, como dos partes en conflicto permanente. Como para aburrirse, ¿no es cierto? ¡Qué astutas maniobras orquestales en la oscuridad, por reivindicar algo de música para tanta letra mutilada de escritura…! Aunque también las palabras diversión, ocio o calidad de vida están entre los nuevos ingredientes de moda que dan mucho juego y sabor a dicho cereal como alimento básico. Luego, cuando más embobados nos tienen, nos pillan por banda y nos dicen lo que les viene en gana: hay crisis, por ejemplo, y el pueblo se lo cree, y lo sufre. Pero el pueblo también creerá cuando a través de “los informativos” le hagan ver que ya no hay crisis o incluso que en realidad nunca la hubo; al igual que padeció la alarma de la gripe aviar, o de las predicciones fatalistas del fin del mundo por la mala pinta del agujero del la capa de ozono, o de cualquier cosa que interese a los intereses creados. Por supuesto, también le harán sentir que puede llegar a tenerlo todo y a ser feliz, adquiriendo el último descubrimiento de la industria del marketing… esta es otra estrategia de manipulación mental. Sin embargo, si nos remitimos a los números enseguida comprobaremos un panorama estadístico de desencanto y mal-estar muy distinto a las promesas de la sociedad del bien-estar. “A los políticos de hoy les preocupan demasiado los sentimientos de los ciudadanos”, decía La Dama de Hierro en su reciente película. “¿Por qué no me pregunta lo que pienso en lugar de lo que siento?”, le espetó la Sra. Thatcher al médico que la chequeaba buscando algún trastorno. Lo cual no deja de ser anecdóticamente esperanzador, saliendo de la boca de un Primer Ministro. Lean. Comprobarán que su historia ya está escrita en algún libro. Acostúmbrense a leer para no repetir la vida de otros, para que la historia de su vida se escriba en nombre propio evitando el final que a buen seguro ya le habrán reservado incluso antes de nacer. Lo pre-destinado puede cambiarse, pero el trabajo para llevar a cabo dicha transformación corre por su cuenta. Responsabilidad y ética son dos maneras de nombrar dicho proceso de cambio.


Editorial Nº2