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c u l t u r a

cientes, a los hechos cotidianos de nuestro presente, y a condicionar así por tanto nuestra conducta, la cognición y la emoción en el hoy. A veces, toda esa algarabía neuronal nos juega malas pasadas y nos conduce a miedos, obsesiones, depresiones, distorsiones en el autoconcepto, incapacidad para la empatía y un largo etcétera de sensaciones y mecanismos de defensa que nos empobrecen la vida y bloquean el desarrollo satisfactorio de nuestro presente. Pues bien, volviendo a la literatura, pensemos que a través, por ejemplo, de los cuentos, el niño da rienda suelta a su imaginación y construye mundos de fantasía que le generan emociones paralelas, ideas y sensaciones que le irán desarrollando como un ser genuino, e irá remodelando así su mundo interno. A través de personajes imaginarios, del mito, percibirá cómo estos resuelven situaciones complicadas y gestionan emociones conflictivas para el yo. Los jóvenes, y los que no lo somos tanto, a través del vínculo emocional con esas otras vidas que en las páginas de una novela o de un poema nos vamos a encontrar viviremos pasiones, sentiremos odios, añoranzas e ilusiones, resiliencias para seguir adelante. Nos pondremos en la piel de otros y miraremos la vida desde otros ángulos. Nos reflejaremos y nos diferenciaremos. Y eso, sepan ustedes, nos liberará de nuestros anclajes, ofreciéndonos nuevas rutas para nuestro destino.

La literatura: una ruta hacia el crecimiento personal D

esde que el psicólogo Daniel Goleman publicara su Inteligencia Emocional, mucha literatura científica y de autoayuda se ha generado, aspirando a dar una explicación más exhaustiva y certera de la importancia de tal cualidad. Y es que este autor acuñó la inteligencia emocional como la capacidad que tenemos para reconocer nuestras emociones y sentimientos, sin caer en autoengaños, por supuesto; también a la capacidad de manejarlos, crearnos motivaciones y relacionarnos con los otros. Otros autores, como el psicólogo Howard Gardner en su teoría de las inteligencias múltiples, también introdujeron la necesidad de integrar a la inteligencia interpersonal (comprender los sentimientos e intenciones de los demás) e intrapersonal (capacidad de autoconocimiento) en el estudio de la mente humana. Muchos especialistas de la psicología habían ya hablado de la relevancia para el ser humano de estos aspectos emocionales y otros lo han hecho después, aunque Goleman popularizó tanto este constructo, gracias a la gran difusión de su libro, que los artículos y estudios sobre este tema se vieron muy beneficiados desde entonces. 32

Y es que las investigaciones neurológicas apuntan a que la emoción precede a la cognición. Que el raciocinio que se produce en el neocórtex va a rezago del cerebro primitivo e incluso a contracorriente del mismo. Corazón y razón, eterno dilema. ¿Y por qué les cuento todo esto? ¿Y qué relación tiene este mundo de las inteligencias emocionales con la literatura? Sí, la literatura en su sentido más literal, la de Cervantes y Shakespeare, la de Dostoiesvki, Saramago, Josep Pla y Carme Riera, Baltasar Porcel, Márquez o Andersen, para entendernos y nombrar a unos pocos. Esa que se define como el arte de las palabras, como el arte de crear ficción y mejorar nuestro intelecto, la que sabe conjugar localismo y cosmopolitismo, raciocinio y sinrazón… pues bien, piensen ustedes que muchos traumas, júbilos y pasiones, y en general cualquiera de las situaciones impactantes en la vida desde el punto de vista emocional -las que verdaderamente nos importan a la mayoría- se registran en este cerebro primitivo, en el hipocampo y en la amígdala, y quedan allí fijados. Esa memoria atrapada en la amígdala es la que va a asociarse, con sus reminiscencias incons-

La literatura connotativa, esa que ayuda a la reflexión y al desarrollo del pensamiento abstracto, la que a través del sus recursos estilísticos nos ayuda a construir lo simbólico y lo emotivo contribuirá a que superemos la adversidad cotidiana y a edificarnos un mundo más esperanzado y justo, ampliará nuestro repertorio emocional y nos re-situará social y filosóficamente en nuestro presente para, de esta manera, encontrarnos con nosotros mismos y descubrirnos como seres más libres y mejor pensantes. Socializar el sufrimiento nos va a ayudar a gestionarlo. Ponerle nombre a los sentimientos nos rompe armaduras. La empatía, la transferencia se hace necesaria en la vida, y por ende en una terapia psicológica. La relación empática que establezca el psicólogo con el paciente y viceversa va

a ser decisiva, incluso por encima del tipo de terapia que el psicólogo clínico nos plantee. Si no establecemos una corriente de confianza con el especialista será complicado que cumplamos las prescripciones terapéuticas, y si el terapeuta no establece una buena relación empática con las dificultades emocionales de su paciente será arduo y complicado que el proceso de rehabilitación llegue a materializarse de forma positiva.

“El sentimiento de soledad, los miedos, las culpas, la melancolía y la esperanza forman parte del ser humano, hoy y ayer, en Mallorca, Nueva York o Borneo” Cuando acabé de escribir La mecedora azul, me percaté de que era una historia local, muy mediterránea, pero a la vez universal. El sentimiento de soledad, los miedos, las culpas, la melancolía y la esperanza forman parte del ser humano, hoy y ayer, en Mallorca, Nueva York o Borneo. La idea inicial al elaborar esta obra de ficción, aunque basada en un hecho real, partió de ese malestar que arrastramos sobre el pasado y cómo nos condiciona el presente y el futuro. No obstante al escribirla no pude aislar a los protagonistas de su entorno (Mallorca), de su pasado (infancia y secretos de familia) y de su futuro. Y es que como decía Ortega y Gasset, el hombre es él y sus circunstancias. La capacidad para concebir una visión del pasado y del futuro reflejada en nuestro lenguaje es la diferencia más marcada entre los humanos y otras especies, comenta el fundador de la etología humana EiblEibesfeldt, y tan solo el lenguaje, pues en otros aspectos sociales y emocionales no distamos tanto de otras especies; de hecho los estudios sobre etología animal así lo demuestran. Pues bien y les dejo ya, lo que quería transmitirles es que esas emociones impresas en una novela, en un poema o en una canción que forman ese milagro al que llamamos literatura pueden complementar nuestra didáctica e incluso acompañarnos a ampliar el proceso rehabilitador de una psicoterapia.

FRANCISCA  ALBIS Psicóloga clínica Col. nº :B-642

Contacto: xisca_albis@hotmail.com

Centro Albis-Montoliu    www.albismontoliu.com Autora de La mecedora azul, una novela de corte psicológico y costumbrista ambientada en Mallorca. Venta en librerías, Amazon y Bubok. Para más información:

www.lamecedoraazul.com

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