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a L a M a ca gu

La mapanare, macagua, jaracacá amarilla o cuatronarices (Bothrops atrox) es una de las serpientes más temidas en las zonas tropicales de América del Sur. Detecta a los animales de sangre caliente al percibir su calor corporal por medio de un órgano ubicado entre los ojos y el hocico. Se camufla cerca de caminos a la espera de sus presas. Puede tener diversos colores: desde marrón, pasando por el verde oliva hasta el gris. Llega a tener dos metros de longitud y unos dos centímetros de grosor. Suele hallarse en regiones de naturaleza cálida, especialmente las orillas del mar. Otra variante de este animal es la llamada “macagua terciopelo” de color negro aterciopelado que suele encontrarse en las montañas venezolanas. En la mitología de nuestro país la serpiente ha sabido desligarse de la influencia

eurocéntrica que le concede simplemente una relación diabólica y de pecado. Existe por ejemplo, la historia yanomami donde se explica la transformación de esta en serpiente como resultado de un ataque de cólera.También en el llano se acostumbra el refrán “al que lo mordió macagua bejuco le para el pelo” para referir a la persona que por una mala experiencia pasada tiene precaución o recelo sobre una situación. Este dicho quedo inmortalizado en nuestras letras gracias a Alberto Arvelo Torrealba al ser citada en su famosa obra Florentino y el Diablo. En la actualidad el nombre de este ofidio le ha sido otorgado a múltiples lugares en nuestro país como es el caso del pueblo de La Macagua en Barinas y las centrales hidroeléctricas Antonio José de Sucre, mejor conocidas como Macagua I, II y 3 III en el estado Bolívar.


Centro Simón Bolívar, o Torre Norte, piso 21, el silenci , Esquina Pajaritos Caracas - Venezuela / 7688399 Teléfonos: (58-0212) 7688300

© Fundación Editorial el perro y la presidente: William Osuna

© Tlön Director: Ricardo romero romero Consejo editorial: Gabriel Jiménez emán eloi yagüe jarque susana sussmann deisa tremarias ricardo romero romero william osuna mercedes franco coordinadora editorial: deisa tremarias jefe de redacción: eloi yagüe jarque Diseño y diagramación: Jhonn Aranguren Gabriela correa corrección: Francisco Romero Ilustradores: Nathaly “ lemur” Bonilla richard león leonice luis miguel leyba david Dávila Alfredo Rajoy La Dea Gabriel Patiño Mario Semeco

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rana, 2011

Correos eleCtróniCos: es@yahoo.es elperroylaranacomunicacion es atencionalescritor@yahoo. páginas web: gob.ve http://www. elperroylarana. ltura.gob.ve acu http://www. ministeriodel Hecho el Depósito de Ley c3649 Depósito legal lf: pp201002d Impresión: Fundación Impren 5000 ejemplares

ta de la Cultura


e d it oria l

Al que lo mordió macagua bejuco le para el pelo Bajo la serpiente se han erigido muchos preceptos en la historia de la humanidad, como entidad de lo maligno, depredadora insaciable o portadora del pecado original. Pero dentro de nuestra tradición latinoamericana tenemos también la absolución de estas características, pues, pudimos en alguna época representarnos bajo serpientes emplumadas como dioses en muchas de nuestras culturas ancestrales. En casi todas ellas éstas serpientes lejos de ser malignas representan el respeto sagrado entre la unión de cielo y tierra. El caso más representativo de esto es Quetzalcóatl como ser supremo en las culturas mesoamericanas. En nuestro país se ha dado a conocer recientemente un texto sobre el misticismo que encierra la macagua, al referir la inmunidad de una sabia mujer barloventeña al veneno de esta serpiente en el libro La macagua silbadora y otros cuentos de Mercedita escrito por Neguel Machado y publicado en la Fundación Editorial el perro y la rana. En el caso de este número las serpientes, las mujeres y el agua signan nuestros textos, y más allá de ellos, los une todo el imaginario latinoamericano bajo el signo de la fatalidad. Podemos adelantar que aquí nadie tiene final feliz, no, no vivieron felices por siempre y, seguramente no podremos entrar con la misma confianza a un río, al mar o a un pipote con agua sin pensar en que nos puede salir algo tenebroso. Después de este número pensaremos mejor en estimar a las femmes fatales autóctonas y todo su poderío que ha calado fuerte hasta nuestra mitología cotidiana. Dejamos a juicio de cada quien domar las fieras internas y reconciliarse con el fino hilo de la literatura y la imagen. Así que estemos atentos a todas las señales, porque ¡al que lo mordió macagua bejuco le para el pelo!

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Luna hiena ENRIQUE LAYNA Ilustración: Alfredo Rajoy

ando s estrech le a im n a ás cerca. nos seis u m n z a e r v E a . s d e. Ca r tivo s astros. rno a Zays taros fu lo o n t e á n d c e z s lu lo lo u e n l enu n co el círc lgían a la t tió triste a u regresaba cuando el día f in s s e e r e r s s je o e u ll u ji m unq Las bro Los o la calma, a amado. La jefa de la raba bre el hom e ió o b d r s r e a e v u p e g r o a n n a su adé yó. Ella llenos de eta de Og a no vería angrány Zayse ca s y s s e e e a u m d n q r a a r y L ie a . l p s a o pen sus se n el s pardeab có contra criaturas o rizonte co ieles sudorosas s h o a c h l n a e u d d a lg a n A . e ma añicos n sus p en la lín eció boca o o n o c iz r a h n b , m a e r e b s e d o la p r r il a la t s br ánta a. Ella es, dose. Ella a hora de a a El c omar agu im t im lt a t ú n íc o rdidas lev la v r o e n a r d m ía u r s c s a a lo e r a h r e , c p o l bajo e o las prim pestilenobre tod hacía a d s la s n y , a o ie í, n t s e id in e ñ p r s a u t , n ien n gr abajo meaban e de , Zayse, qu rañazos. U de sus alientos la o s a h a c s ll a o e r h e e c d u im n e ez un m s pr la más jov s y la fetid marcaron ía unido a as en lo b le g a r a ie ig h la t p e a s s f s e u s h s la a c e y n s no cia d iedo en dos sema siones a la eso y el m asta lo ; lu h n a r o r e n c sumergió ie ía o c e lv n a S o o . H v c . ia n d a c e a a n d b e su e sist s dica ento reja se de el firmam los sonido e el límite de su re a a jo p y a , la b s e s o u a p q ll r las , su tribu y Zayse s sin estre a e sus cue A e n d . h a o o r c n it o o r d b n u n t s a ó c un s, lo n io no más rec o. Muy lejo to ya anticipaban u o había ni t n el silenc n r e d ie a ía s d it e li d a m l e e e d en r men que ella ra ese mo pies, pues : una planicie dura, a s p , lo ia n il o r m a a d . e f zona le enre bres salie e funesto ba. Más d arse en la m c a z o z la e h n n p a s e o á r s lc t e a m é d e a sd las vist con qu turbiedad esposo y lo ontraron a la luz de a donde la u t u s s S n a e h n , u a a s so, a enc eex ten es y hedía scarla y la uido precio . Desapareció en s t u q r b lí e l a u e f n d s o r d a a id la ado l her la mit or el sol. A iva. El brujo has. Tenía bía derram p v c a r a h a o d b e t a a s n t t , a a s a r s e lt ero ma uiso terro irió l muer to, p o no entendió o no q superficie lguna sug a A la . im e o n t d a c s a o t d gun staba in ensar a uró, per rido. Para e p c r o u m r la c o a y o t c n ió a ía á r p b c a a lim eh ua p menos el é era lo qu urio. Zayse era e de su ag ital para u t v r q a a r r a p e c n e li a u p r x q e bían n aug que cedie ue un bue demás sa s. Tendría f e s t s la n o n o ie r u e ip lg c p , a us re la joven toar llenos s o antes mejor; era v e ll ecial. ses y para s p e ia s il m e s m t a o n f n a s u e u u s joven. No ás las qu saron alg la l aguaje, c a m a e P s r d e a z r s e t e ñ y r e o g pr dad que re evidente la asión que vivía con habían an e e u u f q . s a o la e d a ld r e una ho vano la p asta la a repon h a e r ó o a z n id n r ntre se fu s a o t ie lc ía v e a b l r a e z ía h d r lu n a e e sd lum nale tom imos rayo nor te, de poso. El vo más desproporcio s e u s Con los últ to que provenía del vez e de ndo cada o a la noch ie El vien d . c n a a a u h ñ sin dudar: g a ó a p l m e m ir o f c a m ner a o a a r c b te guía para ñas, llega do y la par ia las monta as estrellas eran su d e do hora y m os a. L luna nuev rrido. Había camina id ientos, ru co im e v r l o e m r a ió t ple percib o cuando s e r g e r e d

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joven morder. La a y r a n io c c . La par tera menzó a su a r o a c z lt a o r s o v la que meñas no lograba uando se cu o r C . e o p in ó o. Las pequ it m r d a g a c r r n a e . g s n s a e e n m d rna fue oble as vie carne mate zaron los pr dos criatur ló y el pezón e la ja p n m ía e n , r, e s t io e ar s s e o t e me s en su in ulas aún s tes aument o n íb t e d n s n le e a plieron siet r io p m v s s la o s de o disovimient ras los grito . emos que n t r t n x ie Ella sintió m e m s e r lo s io s separaron do d a a e L . b m n a e s ió r u s s a u c f lo i n en: la niña co m ujo n a la r t n b lo que le ic l a d e b d u s s o ió r a nunc lo que s conju entregarla El brujo pro se registró e , u s minuían ni lo q é u ía p b s a e ir h d , lu o zó a f ienas a. Poco ismo espos lata comen hija de las h m r a u a de la par ter r c S e . s a e b a a n d g iá ia e : una r adre se n uviera vac uvieron que t m t s a e e L s . a y s ll a a e más temían Z ll a e A d . abrujo o como si to iña que fue bedecer al e intensific n o s s la ió o a id n r e c de su cuerp e s e t r d a in er llev as ovimientos ritorios que sus entrañ r rla para pod n e a r t e r n s a e o dose; los m m d e a a h c in os na no uñidos orig años chillid e miembros nada en ple r d t o x s d e o n t a s ban y los gr n b u e a S . m s g . les oñera s. Los fra lan las carr n reconocib de distancia o o s r r t o r ie n t eran audible o ic e c h m e ó s il sak e que pulsados escuchado . Dudaban d n s e ía r r que eran ex e je s u m ida. s la rrorizada horas, ba esplénd e la d il r s b é a u a despier ta n p s s lu io e para las ho a c D L n . e a r il s ie a gad z tinuó sobreviv En la madru rdas. A la lu vientre con e l u E ella misma . c o s v la u t a n s a o t e de suje cion ia se c re, inmóvil, l ventanuco y las palpita d e a s la hemorrag r o o m t p n a ie r t n im e v que atas s había os mo la luna llena en cuatro p los gemelo abultado. L e e e d u d q o a n r u u : t s o ia clar a muestra is za ve a la cr r o n h o c s eran signos u a s L . n . Hija . olmillos. El a a su lecho ipio creyero c c c r s in e r o c p d a l a sobrevivido e A il f s l. a a , s piar norm ueño El par to fue , luego de lim dos los peq o a g e r t a la b p m e acho, sin a recién ja una risa. m L . e n a u m r e b a r s m e o e e h id u n a q er so enta de que a de lo se dieron cu boca un poco más larg la cuerpo. nacida tenía y vello incipiente en el ado una mirada n o c o r e p acostumbr , e r ia s de la mad presión ser x e n o c Tenía los ojo s o d ó. vigilaba a to hija y la bes u s a ó astuta que m o t nte. Zayse . La criatura o h c e y sorprende p l e ió o le ofrec Acto seguid

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El refrigerador

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EDUARDO COBO Ilustraci贸n: La Dea


De pensarlo mejor no lo hubiera hecho, comer a deshora nunca le caía bien, pese a eso la gula lo provoca de improviso y difícilmente se abstiene. Sin embargo, todo tiene su fin. Esa puede ser una ley de la vida, se dice. Y a Hunter le llega de nuevo el momento de llenar el refrigerador. No es complicado, al contrario. Él los encuentra en cualquier lugar, aparecen ingenuos, hablando una jerga incomprensible, con una sonrisa sorprendente que los hace herméticos. Se mantienen con fragilidad en el aire, piensa, son del aire más de lo que uno se imagina. Los invita cuando están lejos de sus madres, en sus ropas de colores. Apartándolos del resto, por entre la grama, donde sus gemidos no se escuchen al entrar el cuchillo traspasando la piel. De vez en cuando es necesaria una segunda estocada y todo puede complicarse porque el cuerpo no quiere deshacerse del metal, aunque generalmente no hace falta. Parpadean un poco y se apagan, como si nunca hubiesen estado aquí.

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Un d铆a especial

SUSANA SUSSMANN Ilustraci贸n: Richard Le贸n

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Despierto por la m añana, con la es tridente alarma del reloj desper tador co mo fondo. Recuerdo qu e hoy es un día espe cial. Por la tarde, despué s del trabajo voy a casarme. Una sonrisa se adueña de mi rost ro y cambia la habitu Decido caminar ha al mueca de disgus cia el trabajo porto que no deseo co que tengo siempre mpartir mi costoso al levantarme. Salt perfuo rá- me con las de pidamente de la ca ce nas de desconocid ma y de un golpe si os que len- abarrotan el cio el altavoz coloca pequeño tranvía. Ad do bajo la almohada. emás, los del sector Ambiente Mientras me aseo y nos han regalado un froto con una fina a danza de luces violet arenilla impregnada as y anaranjadas en de una suave fragan la - cúpula, acompaña cia a agua de mar, das de una suave br todo lo mejor en un isa. día Es un paisaje ac especial, repaso lo orde con mi estado s cálculos que me de ánihan mo, tan herm permitido aceptar oso que sería impe la propuesta de m rd on able atri- no disfrutarlo monio de Miguel. Co . Y aún es tempran n los noventa litros o, te ngo de tiempo de darm agua que me pagan e el placer de pasear al mes en el Ministe . rio más los ciento trei Al llegar a la oficina, nta y cinco que perc me prepararé un ib e delicioso desayu él, podremos darnos no de huevos deshidra el lujo de criar un pa tar dos con un poqu de hijos. Todo está it o listo para hacer nu de agua. Tal como me es - dije, hoy me da tra vida juntos. Ha ré todo lo mejor, para sta nos han alcanz animarado me a pasar el los ahorros para in largo día hasta la ho cluir el bautismo ri ra de satual lida. Luego a la de medio litro de ag Jefatura y a mi nuev ua al salir de la Jefa o hogar. tura Civil. Tengo suer Tan concentrada es te. Mi pobre herman to y en m i fe licidad, a, que no me perc cuando se casó ha ato del vehículo pe ce tres años tuvo rsonal que que se lanza so conformarse con un bre mí. Un chirriar de as pocas gotas. ruedas contra el pavimento es todo el aviso qu e recibo. Volteo en la dirección del sonido y la mirada demencial y homicida del conduc to r que se acerca velo zmente me hace en tender, en una fracción de segundo, que no va a tratar de esquivarm e. Viene por mí.

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Un instante después todo es negro y rojo, ardiente y lleno a la vez con el frío helado de la insensibilidad, el dolor y el vacío. Escucho las voces y los gritos de la gente que me rodea. Lucho contra la inconsciencia durante un tiempo interminable, hasta que percibo que me levantan y me acuestan en algo que se siente como una camilla. Junto todas mis fuerzas para abrir los ojos. No es sólo una camilla, sino un saco-camilla para el retiro de cadáveres. La cremallera empieza a cerrarse. Un rostro de hombre cubierto con una mascarilla me mira mientras su mano corre la cremallera del saco que me envuelve. Nuestras miradas se encuentran. Quiero gritarle que no estoy muerta, que no me lleven a la planta de reciclaje, que tengo medio litro de agua esperándome esta tarde en mi boda, que es un día especial, ¡que deben darme atención médica! Las palabras no llegan a salir de mi boca. No tengo fuerzas suficientes. Mis labios se mueven en silencio. Unas lágrimas escapan de mis ojos y resbalan por mis mejillas hasta reunirse con la sangre que he perdido. Él me mira. Yo lo miro. Sabe que estoy viva. Sabe que necesito atención médica. Sabe que es mi derecho como ser humano. Pero la cremallera termina por cerrar el saco-camilla. En la oscuridad que me rodea alcanzo a oír sus palabras, ¡asesino hipócrita! —Pobre mujer, ¡era tan joven! Todavía tenía mucha agua por delante.

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El baúl

MÓNICA PISCITELLI Ilustración: Luis Miguel Leyba

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En aquella calle solía verse el amanecer llegar sinuoso por la esquina donde se encontraba ésa, la primera casa construida por aquel viajero extraño y que daba comienzo al largo paisaje de mar que engalanaba la soledad de sus arenas, aquel persopluma y escribía, cada amane naje se confundía con el follaje cer, cada mañana, cada día guaragreste de la costa, las paredes daba esos papeles en un viejo de la casa, teñidas de un color baúl hecho de conchas de coco y barro, añejado por el salitre, mecate. Cada vez que me entrese fundían con la piel de aquel gaba aquel baúl solía levantar la o mp tie el por da rca ma bre hom cabeza y mirarme con profunda ias tor his s nta cuá e sab en qui y intensidad, su mirada guardaba y recuerdos. En las madrugadas un dejo de amor perdido, quizás solía salir de su hogar de palmas, una preocupación o una espebarro y madera y esperar en siranza, o simplemente el tiempo lencio, sólo el sonido del mar esencerrado en el alma, lo cierto tallaba en la orilla y acompañaba es que siempre desper taba en sus pasos, ¿qué esperaba? el ese instante con su mirada reamanecer, o sólo era una espetratada en mi mente. cie de oración, tal vez insomnio, Estoy sentada en un vie era ño sue ese que Sé sé. lo no jo tronco afuera de la casa, tal hom el , sto pue sol el con Ya l. rea vez en el que muchas veces el bre solía regresar a su hogar a también se sentó y tengo en mis tomar el agua de los cocos que manos el ya más viejo baúl, indía a día recogía y masticar algutento sentir todo el paisaje, me nas plantas que sólo él determipregunto quién era y por qué ha naba, tomaba un papel, una querido hablarme o es que es otro sueño en el que ahora estoy yo.

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Algo más RICARDO ROMERO ROMERO Ilustración: Richard León

Yo, Ricardo Romero Romero, con una identidad numerada por encima de los seis millones, con una existencia aproximada a los polvos volátiles, he descubierto: Que a pesar de tener altas concentraciones de testosterona, barba, mal sudor, de querer bañarme tres veces al día, poseer un miembro que guinda escondido, a pesar de estas cosas y otras quizás pertinentes o impertinentes, he descubierto: Soy Mujer. Pienso como una mujer, siento como la fémina más estrogénica existente y ahora que me reconozco mujer, tengo mi conciencia tranquila, pero... he descubierto algo más: Soy lesbiana.

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Cuentos para Antawari:

La Macagua Silbadora NEGUEL MACHADO Ilustración: Richard León

Todo comenzó aquella noche en que los vecinos del caserío se encontraban confinados en sus ranchos producto de los torrenciales aguaceros que azotaban la región. Truenos, relámpagos y rayos, rompían la oscuridad de aquella noche tormentosa, mientras las aguas del río cercano se lanzaban turbias y presurosas a conquistar la belleza y el fulgor de una pequeña laguna de aguas cristalinas, que se encontraba en los límites del caserío, siendo poseedora de una encantada cascada donde las aguas poseían los colores del arco iris Durante esa noche, por extraña razón, los corazones de todos y cada uno de los habitantes del rancherío presintieron algo terrible; niños, hombres, mujeres, ancianos y aun los animales domésticos, unieron sus corazones, en un presentimiento que les avizoraba algo terrible. Al caer la mañana y haber cesado la lluvia, comenzaron a salir de sus casas para comprobar el estado de sus conucos, jardines, y posesiones. Y fue cuando pudieron percatarse de que las aguas de su amada laguna habían sufrido un cambio insospechado, éstas se tornaron oscuras y la cascada multicolor que constituía el mayor orgullo de toda la

región, además de sostener la felicidad y armonía de toda aquella gente, se había secado. Este acontecimiento provocó un duelo en sus corazones, la noticia se regó por todos los caminos de la montaña y desde los caseríos más remotos vinieron para mirar con sus propios ojos cómo perdió el encanto la Laguna de Visión, como la llamaban. Los rumores y comentarios se pusieron a la orden del día, y aquel suceso ensombreció la mirada de todos. Los niños lloraban desconsoladamente, las mujeres tomaron sus rosarios y elevaban plegarias al cielo, los viejos sabios conjuraban con toda clase de hechizos, los animales mostraban su inquietud, los perros aullaban, los caballos relinchaban y corrían de un lado a otro, los becerros y las vacas, berreaban y mugían sin parar, el cacareo de las gallinas y el canto de los gallos se convirtieron en un llanto ensordecedor. Todos, absolutamente todos lloraban aquella desgracia sin sospechar que lo peor estaba por ocurrir. A medida que fueron pasando los días las aguas de la laguna se hicieron aún más oscuras, y de cuando en cuando

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ésta hacía olas como el mar, mientras desde sus profundidades brotaba un silbo melodioso que intranquilizaba a los adultos, pero se hacía muy agradable para los niños y los animales que, como encantados despertaban queriendo ir en dirección de aquella melodía. La primera noche de esos sucesos, los perros que dormían en las afueras de los ranchos desaparecieron, al igual que las gallinas que no se encontraban encorraladas, por lo que los vecinos tomaron las previsiones del caso: amarrando bien sus caballos y reforzando las trancas de las puertas, para que sus hijos no pudieran salir de casa tras la melodía encantadora proveniente de las ahora oscuras aguas de la laguna, de la misma manera se les prohibió a todos los menores acercarse por aquellos predios. En cierto momento un grupo de tres niños jugaban correteando por el caserío y embriagados por la carrera del juego, sin percatarse, llegaron hasta sus orillas, quedando admirados al ver cómo con su sola presencia las aguas empezaron a agitarse, encrespándose como el mar y dejando escuchar aquel silbo encantador. Cuando sus padres y vecinos notaron la ausencia de la algarabía producida por los pequeños en su juego, empezaron a llamarles y al no obtener repuesta corrieron desesperados hacia la laguna, pero ya era tarde, los niños habían desaparecido misteriosamente. Tan sólo

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alcanzaron a mirar con estupor cómo las aguas se revolvían, mientras un misterioso animal inmensamente grande con cola de cocodrilo, aletas de pez, y cabeza de culebra aterciopelada se sumergía hacia las profundidades. Entonces realizaron una junta con asistencia de los hombres y mujeres más valientes y osadas de la región, con el fin de dar caza a aquel horrible monstruo que se había tragado a sus hijos y a sus animales, manteniéndolos en un estado de angustia insoportable. Fue así, como a la media noche de aquel día tres de mayo y bajo la protección del símbolo de la Santísima Cruz reflejada en el cielo, salieron aquellos hombres y mujeres rumbo a la laguna portando toda clase de armas; machetes, escopetas, chícuras, escardillas, chopos, cuchillos, palos, redes y todo aquello que les sirviera para dar cacería al monstruo que les había robado la paz, la felicidad y el encanto de su amada y encantada laguna, además de sus hijos y animales trayendo la ruina y el desasosiego a sus corazones. Al comenzar a aproximarse, las aguas comenzaron a hacer olas como las del océano y se dejó escuchar el silbo que perturbaba a los adultos pero encantaba a niños y animales, sin embargo, ésta vez el silbido no surtió el mismo efecto en el corazón y ánimo de aquellos pobladores, pues les movía el amor por su tierra y sus seres queridos, además se encontraban


en un día mágico, tres de mayo, día de la Santísima Cruz patrona de aquel rancherío y de sus corazones. Nada les detuvo, rodearon el lago y lanzaron sus redes; el enorme animal revolvió las aguas y se dejó ver de cuerpo entero. Impresionados, todos pudieron ver que aquello era una enorme serpiente de las llamadas Macagua, que había sufrido una mutación impensable. Su boca era enorme, su cola era de cocodrilo y su cuerpo alternaba entre las escamas y el terciopelo característico de éstas. Sobreponiéndose de la impresión causada por esta visión y al grito del más viejo y sabio cazador de la comarca, hicieron uso de sus escopetas y chopos, para lo cual se había acordado apuntar a la cabeza, las detonaciones ahogaron el silbo meloso y penetrante de aquella bestia que cayó moribunda, revolcándose, mitad en las aguas mitad en la tierra. Todos los demás descargaron sus machetes, palos, chícuras y demás objetos sobre ella para darle muerte definitiva. La sangre que de aquel animal brotaba vistió aquellas aguas de un olor putrefacto insoportable, pero en ese mismo instante la noche se hizo más oscura, tanto, que todos quedaron enceguecidos, no alcanzaban ni siquiera a ver sus manos ante sus ojos. De pronto sopló un viento fuerte y en el cielo se abrió para dejar ver claramente la imagen de una cruz de estrellas que se reflejó en las aguas oscurecidas de la laguna iluminándola con su resplandor. Entonces ésta comenzó a secarse, como si

el líquido que la llenaba estuviese siendo succionado por aquel brillo intenso, y allí, en el fondo, como en una cápsula estaban los tres niños y los animales desaparecidos de todo el caserío. La gente se apresuró a sacarlos de ella, estaban adormecidos; entonces la más anciana de las pobladoras, una mujer de piel negra y cabellos blancos, se acercó a ellos y empezó a recitar una oración apenas inteligible, propia de sus conocimientos ancestrales. Tomó unas ramas que cargaba en su mapire y con éstas rozó los cuerpos de los niños y de los animales, para luego entonar una melodía compuesta por fonemas y que dejaba sentir que en ella cantaba el alma, era como si el espíritu surgiera de lo profundo de la tierra para luego elevarse a las alturas del infinito para conectarse con su esencia. Todos los presentes entonaron el mismo canto, los pequeños y los animales despertaron para unirse a la armonía espiritual de su clan, al tiempo que cristalinas y nuevas aguas brotaban del fondo de la tierra para colmar la laguna, y de la roca más elevada, se dejó ver nuevamente la cascada Arco Iris. Entonces la Laguna de Visión, se cubrió de resplandores para perdurar hasta nuestros días. Esto sucedió hace mucho, mucho tiempo, por eso se ha convertido en una leyenda y ésta leyenda Antawari, se conoce con el nombre de La Macagua Silbadora.

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Amor

a toda costa AYNA ENRIQUE L Ilustración: Nathaly “Lemur” Bonilla

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Entiendo el hecho de que nadie compartiera mi decisión de marcharme a vivir a la playa; no todos están dispuestos a dejar la seguridad de un empleo y las comodidades urbanas, y mucho menos por amor. No puedo negar que a veces añoro el agua caliente de la regadera o los inodoros de porcelana, pero son nostalgias momentáneas. Lo más duro fue el último correo electrónico de Guillermo: era casi un memorando para confirmar el depósito de mi liquidación, unas palabras escuetas para desear suerte y una promesa falsa de mantenerse en contacto. Ése fue mi último roce con el yuppie que fui alguna vez; ahora habito en una casucha en un trozo de tierra desierta. Por el sur mi frontera es la autopista, por el este y el oeste los manglares y las palmeras con cuevas de cangrejos, por el norte el mar de Amada. Cada noche me siento en la playa y mido el tiempo de su llegada: cuento las crestas de las olas que se deshacen en la arena. Hoy tardó trescientas ochenta y dos crestas para llegar. La veo salir del agua y sacudirse un poco el salitre de la piel. Amada es la sirena por quien decidí abandonar todo. Hace tres años muchos me interrogaron por mi súbita afición a la playa; obviamente no podía develar el secreto del todo, apenas podía limitarme a decir que había conocido a una mujer única. Es claro que nuestro romance no fue sencillo: yo no sabía nadar ni ella

caminar, por lo tanto al principio sólo nos veíamos en la orilla de la playa. Por supuesto que ella me enseñó a nadar y a practicar el submarinismo. Amada me llevó a conocer su casa en los vericuetos del mar Caribe, a degustar el sabor del plancton y a escapar de los pescadores. Estuvimos así por meses y luego yo le enseñé a caminar, le mostré mi casa, el agua de coco y los tostones con ajo. Lamentablemente hace dos semanas nos confiamos de la soledad de los manglares y decidimos vernos en plena tarde. Nos metimos bajo el aire espeso de las plantas y ahí hicimos el amor. Fue quizás el oleaje y la espuma lo que llamó la atención de unos turistas en lancha y que al vernos jugueteando en la orilla no cesaron de tomarnos fotografías. Luego vino el acecho de la prensa, los curiosos y los oportunistas que deseaban cobrar la entrada para ver a Amada. Fue divertido al principio, pero después de unos días apenas podíamos vernos entre tantos entrometidos, por eso le envié un mensaje en una botella para participarle de mi decisión definitiva e irrevocable. Ella me mira con sus inmensos ojos plateados; está apunto de soltar una lágrima por la alegría de saber que he decidido marcharme de nuevo de mi mundo para acompañarla hasta el fondo del mar. Pero antes nos tomaremos una foto en el patio de la casa para dejársela a quienes deseen la imagen de un amor a toda costa.

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Por esos caminos de la muerte JOSÉ JAVIER SÁNCHEZ Ilustración: Gabriel Patiño Yo lo supe, siempre lo supe, ¡claro que lo sabía! Yo les dije a ustedes que tarde o temprano esto iba a pasar. Pero ustedes nunca me creyeron. Me dijeron achacosa, que yo lo que hablaba era puro cuento de camino, que mi vida se había quedado detenida en los cuentos de mis ancestros, que yo ignoraba que hoy existía Internet, que el hombre había llegado a la Luna, que habían descubierto el genoma humano, y que los clones, y que el etanol. Pero estaban equivocados. Nunca me dieron la razón. Pero la ley de la vida y sus misterios son implacables. Yo les dije que más temprano que tarde se iban a doblegar ante los embrollos de la naturaleza y sus cosas sagradas. Pero ustedes nada que me creían y se fueron de madrugada por esos caminos, y no es nada, que se llevan a Miguel, a mi maraco, a ese que parí a orillas del río en tiempos de peste, ese que tuve que ocultar bajo la maleza para que su padre no lo ahogara, por temor a que fuera un espectro del demonio que sobrevivía a la muerte para traer desgracia. Pero fueron ustedes los que me lo arrastraron a la desgracia y ahora está allí en esa sala fría apretujado en ese cajón, rodeado de velones, de trinitarias y cayenas, con la tragedia en la cara, la misma tragedia que le borró su sonrisa, su alegría. Todo por culpa de ustedes y de ese río que más temprano que tarde terminó reclamándolo. Cuando les dije que hoy Viernes Santo no se fueran al río, porque estaba escrito que el río

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siempre reclama un alma el Viernes Santo, ustedes dijeron: esta vieja está requete loca, y cuando les insistí que no se fijaran en mujer desconocida, me dijeron: aparte de loca, celópata, y nada allí está, que se van para el río hartos de miche y tabaco y se ponen a esperar mujeres, cuando saben que estas tierras son selva, soledad, purgatorio, infierno. Y no se percataron que no era mujer sino espanto la que se les acercó para pedirles fuego y les sonrió a todos y les preguntó que cuál era el menor y allí con sus juergas del diablo ustedes señalaron a Miguelito, mi Miguelito, ese que estos oídos no volverán a escuchar, estos brazos jamás abrazarán y esta memoria atacará en sus recuerdos para que no se me desintegre en el olvido. Lo cierto es que empezaron a convidar a Miguel con eso de que: agárrala, apriétala, bésala, dile que te gusta, llévala al río. Y mí muchacho, seguro que nervioso, seguro que asustado o tímido que es lo mismo, pero cansado con eso de que si no conseguía novia iba a parar en maricón, que no enamoraba ni a las burras, que no se le paraba ni con chuchuguasa, no le quedó otra cosa que obedecé a sus caprichos ingratos y de terror. A él, que yo lo soñaba cura, monseñor, mi puerta al cielo. Ustedes me le llenaron la cabeza de espantos. Fue por eso que Miguelito comenzó a enamorá a esa mujer y ella seguro que aceptó, claro, si era hija del mismísimo mandinga y cuando mi muchacho estaba emocionado, lo invitó a bañarse al río y este tonto, mi maraco, le hizo caso y se sumergió en estas aguas. Quién le dijo que meterse al río en esta época, tan crecido, y mi muchacho que nadaba tan poco, pero qué va, es que el valor que había agarrado no lo iba a detener y por eso fue que se


metió al río en Viernes Santo, Ave María Purísima, y es por eso que le empezaron a brotar escamas por los pies, por los tobillos, por las piernas y las uñas le crecieron como garfios y se le abrieron esas troneras profundas en el cuello y se le saltonearon los ojos y nadie lo vio, ni lo escuchó gritar, cuando la mujer comenzó a abrazarlo. Ustedes segurito que aplaudían cuando ya no vieron más en el río ni a Miguel ni a la mujer y fue allí, en medio de los silbidos, las risas, los aplausos, las groserías, que una cola de ballenato pequeña sobresalió del río y vieron que la mujer se había transformado en sirena, esa misma que tiene más de doscientos años saliendo por estos ríos, esa que dicen que viene del Caribe y que sube por el Delta a contracorriente para llevarse el alma de los incautos que acceden a las aguas en días santos. Bueno, gracias a Dios no se llevó su cuerpo. Miguelito hoy esta aquí en esta sala, con todo su cuerpo escamado, con esas enormes aletas pegadas en los pulmones, con los ojos brotados, los labios hinchados y esas troneras abiertas en el cuello. No se lo llevó la infeliz, mis oraciones a la Virgen de las Mercedes, a San Miguel Arcángel, a Santa Elena y ese río revuelto me lo trajeron de regreso a él y al bote de Críspulo que el río se había tragado hace siete años cuando se ahogaron los tres turistas. Mañana lo velaremos, le daremos sagradas sepulturas y por mí, ustedes váyanse al río y báñense a ver si la sirena les arranca la vida y mi Miguelito no se va solo por esos caminos de la muerte.

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Rosa fractálica OSCAR FERNÁNDEZ Ilustración: Luis Miguel Leyba

Te veo múltiple en infinita a través de tus cilios de luz. Promueves imágenes de vida que hacen de la nostalgia un reencuentro. Te siento te presiento como encanto de azul matizado. Te busco y te consigo sin salir y es que habitas hipergeométrica en el laberinto cósmico de mi respiración. Salve oh divina rosa de pétalos no euclidianos Salve oh grandiosa deidad de aromática presencia. Salve encarnación numérica del roce perfecto. Salve salvadora gráfica silente sin espacio ni tiempo. Salve estructura maravillosa dueña de infinitas miradas. salve encanto que me encanta.

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Rosa cuántica OSCAR FERNÁNDEZ Caminante transhumana te escondes en mi refugio para romper con el tiempo. No eres una ni muchas pero estás. En medio de la distancia del presente pasado de tu no presencia te escondes tras el velo de un paradigma perdido. Siento que te diriges hacia un encuentro y sin embargo la belleza de la historia se transfigura en ecos lingüísticos de luz. La ética del perdón no existe en 25 dimensiones paralelas. El Dios transdisciplinario de mi abuela no entiende de códigos binarios. El Dios metacognitivo de mi abuela no entiende de realidades uniformes. El Dios Pluriparadigmático de mi abuela no sabe de distancias y de tiempos pues para él aquí y allá hoy y ayer son lo mismo. El Dios transexistencial de mi abuela está sin estar y viaja sin moverse.

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Ilustración: Luis Miguel Leyba

El Dios cibernético de mi abuela se transforma en bits de memoria para hacer del mundo un espacio virtual. El Dios de mi abuela es un Dios Virtual. un holograma cósmico. Mi Dios comunica sin comunicar a través de las fluctuaciones

espirilicas de la fe.


Í n d i c e La macagua 1 Editorial 3 Al que lo mordió macagua bejuco le para el pelo 3 Luna hiena 4 El refrigerador 6 Un día especial 8 El baúl 12 Algo más 14 Cuentos para Antawari: La Macagua Silbadora 17 Amor a toda costa 20 Por esos caminos de la muerte 22 Historia de la Chinigua 24 Rosa fractálica 29 Rosa cuántica 30


Ilustración: Richard León

¡Mira tú! Sí sí, es contigo... Si eres paranoico, maníaco-depresivo, esquizofrénico, conspiranoico y le das duro al bolígrafo... Si estás tomando lexotanil, tafil y te la pasas hurgando el facebook... Si tu mujer te pega... Si después de 40 años sigues viviendo y te mantiene tu mami... Si te crees la última reencarnación de Bukowski... Si andas paseando por Caracas y juras que eres el Louis Ferdinand Céline de Sabana Grande... Si crees que algún hombre es fiel... Si tus manos son pinturas y tus dedos son pinceles... Entonces llegó la hora de que escribas en TLÖN Envíanos a: revistatlon@fepr.gob.ve Tus textos con máximo 3 cuartillas, fuente times new roman, tamaño 12, con doble espaciado. No olvides las ilustraciones y cómics a una resolución de 300 dpi en formato jpg. Y te daremos los siguientes premios: Estadía gratis para dos personas en Bárbula. 10 ejemplares de la revista TLÖN. Ejemplares de Noticias del Futuro I y II. Y una cita con la Macagua Silbadora. No peles ese bonche, que ¡al que lo mordió macagua bejuco le para el pelo!


Tlon  

Literatura fantastica