Issuu on Google+


Había una vez un

de papel que no tenía

perfectamente recortado y pintado por todo el

la

. Pero tenía un

que podía elegir qué tipo de

pasaba el

. Estaba

, excepto por

en su

, así

iba a tener ¡Menuda suerte! Por eso

preguntando a quien se encontraba:


- ¿Cómo es una

-

Una

que

perfecta?

tenga

un

gran

-

respondieron

los

.

-

No.

No,

que

no

tenga

-. La

.

-dijeron

los

perfecta está llena de


- Olvida el

y las

-interrumpieron las

- Si quieres una

perfecta, tú llénala de

.

Y

así,

todos

los

que

encontró,

fueran

o

con sus propias

,

, le animaron a llenar su

y

. Pero


cuando el

,

se dibujó

,

,

,

cosas más, resultó que a ninguno le gustó aquella

y mil

¡Y ya no podía

borrarla!

Y pensando en la oportunidad que había perdido de tener una

perfecta, el

pasaba los

llorando.


- Yo solo quería una

que le gustara a todo el

-

decía-. Y mira qué desastre.

Un

, una

escuchó sus quejas y

se acercó a hablar con él:

- ¡Hola

! Creo que puedo ayudarte. Como soy una

y

no

tengo

,

puedo

poner

que quieras ¿Qué te parece si voy cambiando de hasta encontrar una que te guste? Seguro que podemos arreglarte un poco.

la


Al

le encant贸 la idea, y la

todo tipo de

hizo para 茅l

. Pero ninguna era lo suficientemente perfecta.

- No importa- dijo el

al despedirse- has sido una amiga

estupenda.

Y le dio un abrazo tan grande, que la

sonri贸 de extremo a

extremo, feliz por haber ayudado. Entonces, en ese mismo momento, el

dijo:


- ¡Esa! ¡Esa es la

que quiero! ¡Es una

- ¿Cuál dices? - preguntó la

perfecta!

extrañada - Pero si ahora no

he hecho nada... - Que sí, que sí. Es esa que pones cuando te doy un abrazo... ¡O te hago cosquillas! ¡Mira!

La

se dio por fin cuenta de que se refería a su gran

. Y juntos tomaron el

dibujar al

de papel una

para

enorme que


pasara diez veces por encima de

y

Y, efectivamente, aquella

,

.

era la Ăşnica que gustaba a todo el

, porque tenĂ­a el ingrediente secreto de las

perfectas: una gran

,

que no se borraba jamĂĄs.


LA CARA PERFECTA