Page 1

EL MAESTRO MAGICO DE QUIMENIX

POR: FELIPE ZAYIN.


Introducción

Había una vez un Reino que estaba dividido en tres países. En el país del día, las Leyes del Supremo eran conocidas y aceptadas, sus habitantes vivían en armonía con el Supremo. En el país de la tarde desconocían las Leyes del Supremo, no vivían en armonía conforme a dichas leyes, pero querían saber dichas Leyes para así poder vivir en armonía con el Supremo. El país de la noche conocía las leyes del Supremo y no las aceptaba. No querían vivir en armonía con el Supremo, y estaban en un contínuo estado de guerra con su vecino (el país de la tarde). En dicho Reino había tres partes: una positiva (país del día), una neutra (país de la tarde) y una negativa (país de la noche). Nuestro Supremo, en su infinita Sabiduría, supo guiar hacia el país de la tarde a un consejero del país del día, el cual había sido desterrado como consecuencia de su osadía y del uso indebido que hizo de sus poderes. Cuando dicho consejero estuvo en su destierro -fuera del país del día- tuvo dos ofertas. Se le presentaron dos emisarios (enviados): uno era del país de la tarde y el otro era del país de la noche. Nuestro ex-consejero del país del día finalmente se decidió por la oferta del país de la tarde, y así fue como Fut comenzó a vivir su propio cielo e infierno en lo más profundo de su corazón y en silencio.

2


Capítulo 1 El juicio

Fut iba caminando por un amplio parque de la ciudad central del país del día llamada Amanecer. Dicho parque tenía abundantes zonas verdes, asientos de mármol de color blanco. En el centro del parque había zonas de juegos para que los niños pudieran jugar y una hermosa fuente de color blanco de forma de pirámide estaba en el centro; por sus caños salía el agua en diferentes colores. Los niños jugaban bajo la atenta mirada de sus padres. Tanto los niños como las niñas vestían túnicas y sandalias; los colores más frecuentes de las túnicas eran el blanco, el azul, el amarillo y el plateado; el color morado solamente lo llevaba el Presidente del Consejo. En cuanto a las sandalias solían ser marrones, azules, verdes, amarillas, plateada; las sandalias de color morado solamente las podía llevar el Presidente del Consejo. Con los cinturones que ajustaban las túnicas a la altura de la cintura pasaba exactamente lo mismo que con las túnicas, y sandalias; había de varios colores de cinturones. El cinturón morado solamente lo podía llevar el anteriormente mencionado Presidente del Consejo, que es la máxima autoridad del país del día. En el país del día se respiraba una paz absoluta. No existían edificios altos, el de más altura era el del Consejo y tenía solamente cuatro plantas. Los vehículos iban por el aire y existían varias pistas aéreas para evitar los atascos y accidentes. Se usaba la energía solar para todo (incluido los vehículos). Las formas de los vehículos eran variadas: los había redondos, alargados y en forma de triángulo. Todas las casas eran de

3


mármol y ninguna superaba las dos plantas de altura, sus ventanas eran grandes y redondas. Los habitantes caminaban por las calles de Amanecer: unos iban a sus trabajos, otros paseaban, pero todas las calles estaban limpias. Y en los bordes de algunas ceras había plantados hermosos árboles rodeados por unos pequeños jardines de flores muy bonitas. Éstas hacían una perfecta combinación con el mármol de las casas, el cual podía ser todo blanco, blanco con un fondo morado, o blanco con fondo gris perla. Mientras Fut paseaba por dicho parque, veía a sus hermanos sentados en los blancos bancos, leyendo los periódicos electrónicos, a los jóvenes revisando sus minis discos (antiguos libros) para superar los exámenes del instituto. Fut estaba totalmente asordo (concentrado consigo mismo), solamente el trinar de los pájaros que estaban en las copas de los árboles le hacía volver a la realidad que le rodeaba, dado que en ese mismo momento se le estaba haciendo en la Sala Central del Consejo un juicio. Fut era de estatura normal, delgado, cabello castaño-oscuro, ojos negros, mirada profunda y triste, su caminar era a veces lento y otras veces rápido. Siempre daba la sensación de estar con el pensamiento en otro sitio. Estuvo dando vueltas por el parque durante un largo tiempo. Estaba muy cerca de la Sede del Consejo, del que Fut había sido miembro no hace mucho tiempo. De repente se detuvo frente a la fuente, cerró los ojos y pensó para sí mismo “Supremo, aquí estoy”. Mientras pensaba y decía para su interior estas palabras, una suave brisa acariciaba su triste rostro; estuvo así hasta que fue interrumpido por un mensajero del Consejo -era alto, de cabellos rubios, ojos azules, mirada alegre, vestía túnica, cinturón y sandalias de color de plata-. El mensajero, muy amablemente, le dijo: “¿Es usted el hermano Fut?”. Éste le miró fijamente mientras el mensajero le sonreía (Fut se había fijado en el 4


triángulo plateado de la túnica del mensajero. Todos los habitantes del país del día llevaban un triángulo en sus túnicas, en la parte superior derecha). Finalmente le contestó al mensajero: “Sí, soy yo”. (Fut vestía de azul, con un triángulo amarillo). El mensajero extendió su mano derecha y le mostró un sobre lacrado con el símbolo del Consejo, se lo extendió más todavía y finalmente Fut lo cogió. Fut, con el sobre en su mano derecha, miró al mensajero y le dijo: “Has cumplido con tu misión, le deseo mucho amor y paz”. El mensajero le respondió con una leve sonrisa: “Espero que sean unas buenas noticias” y, tras hacerle una inclinación de saludo, la cual fue repetida por Fut, se fue dejándolo nuevamente solo en el parque. Se quedó mirando la misiva del Consejo y, cuando perdió de vista al mensajero, puso dicha misiva sobre la palma de su mano izquierda, a continuación colocó su mano derecha sobre la mencionada misiva, cerro sus ojos y se concentró; transcurrido unos minutos vio como un rayo partió un árbol. La visión le produjo un sobresalto y como consecuencia de la misma se despertó; comprendió perfectamente el mensaje de la misiva, la miró muy seriamente y… finalmente la abrió, decía así: Preséntese lo antes posible en La Sala Suprema del Consejo. Cuando estaba leyendo la misiva se le acercaron unos niños que llevaban unas túnicas blancas, aproximadamente tendrían unos diez años. Uno de ellos es una niña, se adelanta y, una vez cerca de Fut, le pregunta: “¿Le pasa algo? -la niña era rubia de cabellos, ojos azules, un poco gordita y muy amable-, le vemos muy triste, hermano” -le dijo. Él los miró y, tras hacer una forzada sonrisa, les dijo: “No me pasa nada, ¡hija!, simplemente… que he sido llamado por el 5


Consejo”. La niña de cabello rubio, ojos azules, con túnica blanca, sandalias plateadas como su cinturón y con un triángulo blanco le respondió: “Entonces debe usted ir”. Sin poder apartar su mirada de los niños, con voz triste pero al mismo tiempo suave, le respondió a la niña: “¡Sí, debo ir! Pero antes debo hacer mi último servicio”. Ellos se miraron totalmente desconcertados, pues no sabían lo que quería decir y hacer. Fut metió su mano derecha en su bolsillo y sacó su último triángulo amarillo, a continuación le quitó el triángulo blanco a la niña (los demás niños se apartaron dejándolos solos), se agachó y puso el triángulo amarillo en la túnica blanca de la niña. La niña quedó asombrada, al igual que el resto de los niños. Fut se volvió a incorporar a su estatura normal y le dijo a la niña pequeña y bonita: “A mí no me hará falta más. Espero que tú lo lleves con un corazón más limpio, leal y noble que el mío”. Fut hizo gestos de irse con su mano derecha cuando unas lágrimas comenzaron a caerse por su cara. Finalmente se despidió de los niños y comenzó su último caminar hacia el Consejo. Mientras tanto los demás niños se echaron literalmente encima de la rubia niña. Uno de ellos dijo: “¡Es un triángulo del Consejo! ¡Cómo flipa!”. Fut, con paso corto como si quisiera parar el tiempo, comenzó a caminar hacia la Sede del Consejo. Cruzó unas cuantas calles y finalmente se encontró ante el edificio del Consejo, ese mismo edificio al que tantas veces había entrado; sabía perfectamente que podía ser la última vez que entrara en él. La entrada principal estaba debajo de un porche sujetado por siete columnas, en cada una de las cuales podía leerse, en letras bien grandes y de color dorado, comenzando por la izquierda y acabando por la última de la derecha, lo siguiente: Gloria, Fortaleza, Inteligencia, Victoria, Magnificencia, Sabiduría; en la columna central ponía “JUSTICIA “. En lo más alto de la fachada estaba escrito con letras grandes de tamaño y de color morado “SUPREMO “.

6


Fut se quedó mirando toda la fachada muy fijamente durante unos minutos, luego comenzó a subir las escaleras, escalón tras escalón, sin prisa pero sin pausa. El cuerpo le pesaba cada vez más, y así llegó hasta la puerta principal, la cual era de madera de roble y estaba abierta. Era una gran puerta, alta y de dos hojas. Dos vigilantes con túnicas azules y triángulos verdes le saludaron con la cabeza, él les devolvió el saludo de la misma forma y entró dentro. El vestíbulo era enorme, su techo era muy alto, las columnas blancas de mármol se sucedían unas tras otras formando un largo pasillo. Al final de dicho pasillo se encontraba una pared y dos escaleras de caracol, también de mármol blanco. Una escalera estaba a la derecha, la otra estaba a la izquierda; ambas estaban custodiadas por dos vigilantes que iban vestidos como los dos vigilantes de la entrada principal. Fut se dirigió hacia la escalera de la derecha. Los vigilantes le dejaron pasar sin hacerle ninguna pregunta -ya le conocían-, pero, antes de empezar a subir la escalera derecha, Fut y los vigilantes se intercambiaron sendos saludos con las cabezas. Fut subía la escalera con pausa pero con firmeza. Cuando terminó de subirla se encontró con una puerta de color morada al fondo, también de dos hojas. Era mucho más pequeña que la puerta principal y de madera de pino; a su lado derecho había una mesa de madera de color marrón claro, un vigilante con túnica azul y triángulo verde que, cuando vio a Fut, se levantó y se dirigió hacia él. Junto a la puerta, pero de pie, estaba el otro vigilante, que vestía túnica azul, triángulo verde, cinto azul y sandalias también azules, igual que todos los vigilantes del edificio del Consejo. Cuando estuvieron el uno frente al otro, Fut le dijo: - Que la paz del Supremo sea contigo. - Lo mismo te digo -respondió Mesatur. 7


Mesatur era un hombre de unos cincuenta años, de estatura alta, cabello de color castaño -con algunas canas-, ojos verdes, expresión dulce y de constitución física fuerte. Tras los amables saludos entre los dos viejos amigos, Fut le entregó la misiva a Mesatur. Éste la leyó y le dijo: “No hacía falta que me entregara la misiva del Consejo”. Fut le contestó: - Hay que seguir el protocolo. - Tú, como siempre, tan legal –le replicó Mesatur. Mesatur se inclinó un poco ante la persona de Fut (siguiendo el protocolo), a continuación se giró y dio una orden al vigilante de la puerta con una voz profunda y seca: “! Abre la puerta ¡”. El otro vigilante enseguida obedeció la orden y le abrió solamente una hoja de la puerta. Mesatur dirigió sus pasos hacia la silla que estaba junto a la puerta semi-abierta, mientras tanto Fut dirigió sus pasos hacia el interior de la Sala del Consejo. Fut se quedó parado ante la puerta abierta; Mesatur estaba sentado en su silla y veía que Fut no entraba, finalmente le dijo: “¿A qué esperas, Fut?”. Él volvió nuevamente en sí mismo y le respondió: “Perdona Mesatur”. Dicho esto entró en la Sala del Consejo, el vigilante cerró la hoja de la puerta que estaba abierta y, finalmente, Fut se encontró dentro de la Sala del Consejo. Al fondo de la sala estaban los siete asientos de mármol de color morado de los Miembros del Consejo; el resto de los asientos de la sala eran de madera de haya y se encontraban frente a los mencionados asientos de mármol de color morado. Los asientos de madera estaban divididos en dos bandas, porque había un pasillo que conducía a la mesa del Consejo; la que era de mármol con un tono plateado, pero de color morado. Entre la mesa del Consejo y las primeras sillas de madera había una separación de unos tres metros, interrumpidos solamente por 8


una valla de noventa centímetros. Dicha valla iba desde las paredes laterales de la sala hasta el pasillo, no había puerta al final del pasillo. Desde la puerta de entrada hasta la mesa del Consejo había una ligera pendiente, para que así los asistentes no estuvieran todos a una misma altura. Las paredes eran de un beige claro; en la de la izquierda había escritas tres palabras: “Victoria, Magnificencia, Sabiduría”. En la pared de la derecha también había escritas tres palabras plateadas, como en la pared izquierda, que decían “Gloria, Fortaleza, Inteligencia”. En el fondo de la sala, y encima del asiento central (asiento del Presidente), se podía ver claramente una palabra plateada que decía “Justicia”, encima de la cual había un gran triángulo de color morado en cuyo interior se podía leer, en un morado más intenso, “Supremo”. En la esquina posterior izquierda de la sala, es decir, por detrás de la mesa del Consejo, se podía ver una puerta de una sola hoja de color marrón, de madera de haya. La iluminación de la sala estaba constituida por unos paneles de energía solar, traslúcidos, situados en las esquinas de la sala (las cuatro esquinas); además de estos cuatro paneles había otros dos más, uno en el centro del techo y otro en forma rectangular situado encima de la mesa presidencial. Fut se encontraba en la entrada de la Sala del Consejo y tras él se encontraba la puerta cerrada de la misma; al fondo, sentado en el asiento presidencial, estaba su amigo y, a la misma vez, presidente del país del día, Base. Base vestía todo de color morado, cabello castaño, ojos marrones claros, delgado pero fuerte de constitución física, mirada sin fondo, expresión dulce pero, a la misma vez, pícara, estatura superior al metro setenta e inferior al metro ochenta, voz firme y suave al mismo tiempo y con movimientos armónicos. Al ver sólo a su amigo Base, él se puso un poco serio, dado que su amigo también lo estaba, y comenzó a caminar hacia donde se encontraba Base. Cuando Fut llegó al final del pasillo, su amigo 9


Base levantó su mano derecha indicándole que se detuviera. Este gesto le hizo a Fut recordar la visión que tuvo en el parque (cuando el rayo partió el árbol en dos partes); ahora comenzaba a comprender todo y se detuvo. Transcurridos unos segundos, Fut le dijo a Base: - ¡Estás muy serio! ¿Dónde están los demás miembros? Base le respondió con una voz muy profunda y seria: - ¡Siéntate! De forma seca, respondió Fut: - Si puedo escoger, prefiero estar de pie. - ¡Cómo tú quieras! Los demás miembros no están porque hemos decidido que sea yo quién te lo diga. Se produjo una leve pausa, pero Fut escuchaba muy atentamente a su amigo, quien continúo hablando: - Tras examinar tu expediente, hemos decidido la pena máxima. Fut, muy asombrado, responde: - ¡La muerte! Se produjo un largo silencio durante el cual ambos se miraron con tristeza. Finalmente Base rompió dicho silencio para decir: - Gracias a mi voto como presidente sólo has sido condenado al destierro del país del día. Base agachó la cabeza y dejó de hablar, mientras que Fut no podía dar crédito a lo que habían oído sus oídos. Fut estaba atónito. Finalmente se recuperó de lo que su amigo le había dicho y, de 10


una forma muy espontánea, le dijo: “Vaya broma que gastáis los del Consejo”. - No es broma, es un fallo y en firme (ya no se puede cambiar), es un fallo sin recursos posibles -respondió Base. Fut no sabía qué decir, siguió escuchando a Base. - Como amigo tuyo que soy, en calidad de presidente del Consejo, te lo digo yo; si hubiese sido otro, aún sería peor. Serás desterrado, aunque conservarás todos tus conocimientos y algunos de tus poderes. Serás apartado de tus hermanos y no podrás regresar a tu país hasta que te sea levantado dicho destierro. - En contra de mi voluntad, acepto el fallo, nunca mejor dicho, de este Consejo. ¿Puedo pedir una gracia? Base le miró con vehemencia y le respondió: - ¿Cuál? - Pido que no me pongáis vigilancia durante el camino de mi destierro. - No tendrás escolta, pero no puedo dejar que no se cumpla la Ley. Por eso te acompañaré yo mismo hasta la frontera de la tierra de nadie, así nadie se dará cuenta de tu destierro. Con voz resignada, Fut añadió: - De acuerdo, mejor tú que otro. Base se levantó e hizo un gesto con su mano derecha y le dijo a Fut que le siguiera; éste le siguió. Salieron de la sala por la puerta lateral derecha y se subieron a un coche gris de forma triangular. El coche se levantó del suelo unos cincuenta centímetros y se puso en marcha hacia la tierra de nadie; conducía Base y a su lado estaba Fut. En un momento dado, Base le preguntó a Fut: 11


- ¿Dónde quieres ir? - ¿Acaso puedo elegir? - Podemos ir directamente a la frontera o pasar antes por tu casa. - A mi casa ¿para qué? - Entonces, ¿no quieres ir a tu casa? Fut respondió con una negación de cabeza. - En ese caso iremos directamente a la frontera. Si piensas que dejando tus cosas aquí te vas a olvidar de tu pasado, te engañas a ti mismo; como siempre, nunca cambiarás. Fut pensó “se está poniendo en plan paternal”. Entonces Base le dijo: - No soy tu padre, soy tu amigo. - Has vuelto a leerme el pensamiento, como siempre. - Te lo estoy leyendo desde que el emisario te dio la misiva en el parque. ¿Quieres pruebas? - No son necesarias, nos conocemos demasiado bien. El coche no se tenía que parar en los controles porque llevaba el distintivo del Consejo, y era conducido por la máxima autoridad del país. Continuaron el viaje en silencio, hasta que dicho silencio fue roto por Fut diciendo: - No puedo ir al destierro con esta ropa, me gustaría cambiarme. Base le miró con una leve sonrisa y le dijo: “Ya lo tenía previsto”. Se miraron mutuamente y detuvo el coche en un campo solitario. Se bajaron de la parte posterior del coche, Base sacó una túnica 12


menos vistosa (era una túnica de color marrón, cinto y sandalias también del mismo color y sin triángulo). Fut se cambió de túnica y nuevamente volvieron a subir al coche, tras poner la virtuosa (llamativa) túnica de Fut en el maletero del coche. El resto del viaje transcurrió nuevamente en el más absoluto silencio, hasta que Base le comunicó a Fut: - Hemos llegado ya -la voz de Base se rompió. - Entonces... Su amigo no podía hablar, solamente hizo una afirmación con la cabeza. Se encontraban en un campo donde había pocos árboles, la vegetación era escasa. Frente a ellos había un camino de tierra, muy bien conservado y cuidado. Base dio a un botón y la ventanilla de Fut se bajó totalmente, señaló con su dedo índice de su mano derecha, y le dijo: - ¿Ves ese camino? Si lo sigues todo recto, aproximadamente a unos trescientos metros está la frontera; los vigilantes ya saben de nuestra presencia, no te harán ninguna pregunta. Con voz desafiante, Fut exclamó: - ¿Acaso no eres capaz de ejecutar tú mismo tus propios fallos?. - En estos momentos tengo el corazón partido en dos, por un lado estoy obligado a mandarte al destierro, y por el otro… -no pudo continuar hablando porque volvió a romperse. Finalmente, tras una leve pausa, pudo decir: “Cómo tú quieras”. Base y Fut se bajaron del coche y anduvieron en silencio esos trescientos metros que había desde el coche hasta la frontera. Cuando llegaron a la frontera, los guardias, tras saludar a Base, les dejaron pasar sin hacer ninguna pregunta como era de esperar. Había un destacamento de cuatro soldados, los tres vigilantes vestidos de túnicas amarrillas, cinto y sandalias también amarillas 13


y triángulo plateado, y el oficial jefe del puesto fronterizo, el cual vestía también todo de amarillo pero con un triángulo de color verde. Dos de los soldados se quedaron al lado de la barrera elevadora fronteriza; el otro se quedó dentro de la caseta. El oficial jefe del puesto fronterizo acompañó a Base y a Fut hasta la zona neutral. A unos treinta metros se podía ver una gran piedra que indicaba el comienzo del bosque neutral. Base hizo una señal con su mano derecha para que el oficial jefe se detuviera; éste la vio y se detuvo, dejando que ambos hombres siguieran andando hacia la gran piedra. En un momento dado, Fut se giró un poco hacia su derecha y vio por última vez a su amigo Base, quien le quiso dar un abrazo, pero Fut se apartó y le dijo: - Así es mejor para los dos. - Siempre estaré contigo, Fut. Finalmente Fut se giró completamente, dando la espalda a su amigo. Cuando traspasó la frontera, vio a su gran e íntimo amigo con expresión muy triste. Fut continuó andando con pasos cortos e inseguros. Vio con el rabillo de su ojo derecho cómo el vigilante fronterizo cerraba la frontera, lentamente, y siguió su marcha hacia esa gran piedra, que cada vez era más grande. Cuando dejó atrás dicha piedra, sintió un gran estruendo. Fut se volvió y vio una enorme muralla que, de tan alta, parecía no tener fin, tanto en altura, como en longitud. Dicha muralla le impedía ver el país del día: se quedó petrificado (como una piedra) durante mucho tiempo, hasta que… una suave y fresca brisa comenzó a acariciarle las tímidas lágrimas que recorrían por su ausente rostro. Entonces Fut comprendió que comenzaba para él una nueva etapa en su vida. Se volvió dejando atrás la gran muralla de su pasado, viendo frente a él un camino de tierra. Dicho camino estaba bordeado -a cada lado- por muchos árboles. Sin mirar hacia atrás,

14


comenz贸 a andar su nuevo camino, con pasos cortos, inseguros y con la cabeza cabizbaja.

15


Capítulo 2 La decisión

El bosque neutral está situado entre los tres países; es decir, entre el país del día, el país de la tarde y el país de la noche. Este bosque es muy extenso, debido a que está situado en el centro del Reino. En dicho bosque abundan los pinos, robles, encinas y hayas, además de una rica vegetación y flora. Un lago central; dicho lago se alimenta de las aguas freáticas del subsuelo. Una espesa vegetación lo cubre casi todo, excepto los pocos caminos que hay; solamente hay dos, uno va desde el país del día hasta el país de la tarde. En el margen del mismo camino hay una vieja cabaña, la cual siempre está preparada para recibir a cualquier persona (siempre tiene comida dentro y un par de mantas para soportar el frío de la noche). Todos los animales son pacíficos y vegetarianos: pájaros, conejos, liebres, jabalíes, lobos, caballos salvajes y otros muchos. El bosque neutral está casi siempre sin habitantes, pero ahora había un hombre caminando, con pasos cortos e inseguros, por el camino que conducía hacia el país de la tarde. La bifurcación que conducía al país de la noche quedaba aún muy lejos. Tanto a su izquierda como a su derecha había contínuamente árboles y una espesa y abundante vegetación, el camino era de tierra, podía sentir el trinar de los pájaros, el ruido que hacían algunos animales cuando se movían por detrás de la vegetación. A veces el camino era cruzado por liebres, piaras de jabalíes y lobos. Fut iba tan metido en sí mismo que no se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor. De pronto levantó la cabeza y pudo ver que se le estaban aproximando, desde lejos, dos siluetas. Al principio no podía distinguirlas muy bien, pero, poco a poco, ambas siluetas se le 16


aproximaban. Al principio sintió miedo, pero luego pensó que “después de lo que me ha ocurrido”, ya le daba todo igual, tanto si eran dos ladrones como si fueran dos viajantes. No apartaba la vista de aquellas dos siluetas y finalmente vio que eran dos hombres: uno alto, el otro un poco más bajo. Ellos iban hablando entre ellos, de vez en cuando señalaban hacia Fut. Tantas señales hacían ellos que Fut se puso en guardia (a la defensiva). Cuando los tres hombres estuvieron de frente, el más alto, que vestía túnica de color negro -como el resto de su vestimenta-, de ojos negros, cabello liso pero también negro en media melena, delgado pero fuerte, superaba en unos centímetros el metro noventa, de mirada profunda y con sonrisa socarrona, era el emisario del país de la noche, le dijo a Fut: - Muy buenas tardes, señor. Fut le devolvió el saludo exactamente de la misma manera. - Muy buenas tardes, señor. El otro hombre era un poco más bajo, superaba el metro setenta pero no llegaba al metro ochenta, vestía túnica de color marrón, al igual que el resto de sus complementos, sandalias y cinturón, sus cabellos eran de color castaño, ojos marrones, de complexión normal, y su semblante era serio: era el emisario del país de la tarde. Una suave brisa de aire fresco corrió por el pasillo que había entre ellos, se hizo un silencio total, hasta que el hombre alto, vestido de negro, habló: - Me llamo Zu, y soy emisario del país de la noche. Nos hemos enterado de que el país del día ha expulsado a un consejero. A continuación habló el otro hombre y le dijo: 17


- Me llamo Minar, y soy el emisario del país de la tarde. Fut les miró y, con un gran dominio de sí mismo, les contestó: - Me entero de esta noticia ahora mismo. Ellos se miraron y sonrieron mientras miraban a Fut. Minar le respondió: - Sabemos que eres tú. Fut, al principio se quedó fijamente mirando a los dos hombres y, en un arranque espontáneo, comenzó a reírse. Su risa fue acompañada por sus dos visitantes durante un rato, hasta que Fut dejó de reírse y exclamó en un tono un poco serio: - ¿Qué queréis? - Como emisario del país de la noche tengo una oferta que hacerle. - Yo, como emisario del país de la tarde, también tengo una oferta que hacerle. Fut miró a su izquierda y vio una cabaña de madera de pino, debajo del porche de la cual había un asiento. Como estaba un poco cansado de tanto caminar, les propuso ir a la cabaña. Ellos asintieron con las cabezas y se fueron los tres hacia allí. Cuando llegaron los tres a la cabaña, Fut se sentó en el asiento, invitó a sus dos acompañantes a que hicieran lo mismo, junto a él, pero ellos declinaron la oferta muy amablemente, diciéndole “no gracias, nosotros no estamos cansados”. - Como emisario del país de la noche, le hago saber mi oferta. Fut lo miró con la máxima atención.

18


- Usted es el siguiente consejero. Además de los conocimientos que ya tiene, tendrá los nuestros; recuperará todos sus poderes y nosotros le daremos aún más, tendrá todo lo que nos pida; solamente tiene que venirse conmigo. - Yo, como emisario del país de la tarde, solamente le puedo ofrecer hospitalidad y un lugar tranquilo, donde podrá encontrar de nuevo la paz de su corazón. Usted compartirá con nosotros sus conocimientos y nosotros compartiremos nuestra paz con usted. - Ambas ofertas son muy interesantes y dignas de una meditación -les respondió Fut. - Pero una es mejor que la otra –replicó Zu. Minar miró muy serio a Zu. - Tranquilo, Minar, solamente era una opinión personal -sin dejar su sonrisa socarrona. - He sentido a los dos muy atentamente. En estos momentos estoy cansado y un poco confuso, me gustaría tener un tiempo para tomar una decisión firme. - ¿Cuánto tiempo? –le preguntó Minar. - No sé ahora mismo. A lo que añadió Zu: - Para un antiguo miembro del Consejo del país del día... con un mes tendrá suficientemente. - Es poco tiempo -observó Minar. - Es el tiempo justo. Volved dentro de un mes y tendréis mi respuesta en firme -aseguró Fut.

19


- ¿Supongo que estarás aquí? –le preguntó Minar. - ¿No has oído hablar de la palabra de honor de los consejeros, mi amigo Minar? -le inquirió Zu. - Aquí estaré. Ahora me gustaría estar solo, por favor. Entonces ellos dos le saludaron y se fueron por el mismo camino por el que habían venido, dejando solo a Fut, sentado en el asiento de la cabaña que estaba debajo del porche de la misma. Mientras reposaba, veía como se iban los dos emisarios, apoyó su cabeza contra la pared de madera de la cabaña y dejó que la brisa le acariciara su cara. Mientras tanto, por el camino Zu le dijo a Minar: - Vaya oferta que le habéis hecho. - Es una buena oferta. Zu, en un tono muy seguro y terminando en una socarrona sonrisa, le volvió a decir: - La nuestra es mucho mejor, por eso estoy seguro de que no aceptará vuestra oferta. - Pero la mía es de paz y reposo. - Así es, estimado Minar, pero nuestra oferta es de poder y de ambición. Fut, en el fondo, es ambicioso y por eso aceptará nuestra oferta. Finalmente llegaron a una bifurcación, es decir, a un cruce de caminos; por el lado izquierdo comenzaba el camino que conducía al país de la tarde. Minar miró a Zu y le dijo: - Hemos llegado al final, cada uno debe volver a su país. Nos veremos aquí dentro de un mes. 20


Minar y Zu se miraron. Zu se despidió con su típica sonrisa socarrona; Minar simplemente inclinó su cabeza. A continuación cada uno cogió el camino que les llevaba a sus países respectivos. Fut continuó sentado en el asiento de la cabaña. Se estaba haciendo de noche cuando se levantó un poco de fresco, y entró por primera vez en el interior de la cabaña. Puso su mano derecha sobre el pomo de la puerta y lo giró hacia la derecha, a continuación empujó la puerta hasta abrirla; pudo ver cómo era por dentro. En el centro había una mesa de madera, frente a ella vio una chimenea construida de piedra de color marrón oscuro, a cuyos lados había alineadas unas estanterías, donde alguien había puesto una linterna solar, junto a los platos, etc. En el lado izquierdo de la chimenea estaba colgada de la pared, mediante un enganche, una sartén mediana, y junto a la misma colgaba una olla también de tamaño mediano. En la pared del fondo de la izquierda había una hermosa cocina de energía solar, la cual lucía con mucho brillo, dado que estaba muy limpia. Solamente tenía un poyo en su lado derecho. Encima de dicho poyo también había otro armario de haya, pero éste era de una sola hoja. La placa de la cocina era de color gris perla, tenía tres fuegos, uno pequeño a la izquierda, uno mediano a la derecha y, por último, el fuego petrificado más grande estaba situado en la placa superior de la placa, exactamente en el centro. Fut se adentró un poco más y contempló su futura cama durante un mes, que era también de madera, como el resto de la cabaña; tenía algo parecido a un colchón, lo tocó con sus manos: ya se había movido por el interior. Aquella masa azulada era en realidad un duro colchón de plástico. Fut pensó para sí mismo “menos mal que duermo sentado”, cuando terminaba la cama. Aproximadamente a un metro de distancia de la cama y a una altura de un metro veinte, había una 21


ventana de dos hojas, las cuales estaban entreabiertas y por cuya abertura entraba la luz de la luna; hacía una noche con luna. La cabaña carecía de instalación propia, por eso tenía una linterna solar que se encendía cuando se le daba al botón de encendido, el que era de color verde. Abrió las dos hojas de la ventana y dejó que la luz de la luna entrara al interior de la cabaña. A continuación Fut se dirigió hacia la cocina y abrió el armario superior; en su interior había comida enlatada, de todo tipo de comida. Abrió el armario inferior y en su interior solamente había material de limpieza. Entonces le vino a la memoria que fuera había un pozo de donde se podía sacar agua. Cerró el armario inferior, sacó una lata de garbanzos y otra de tomate frito, las puso sobre el poyo, cerró el armario superior, anduvo un poco hasta coger la linterna solar y cogió un cubo que había en el suelo (el que estaba debajo de la sartén y de la olla). Antes de salir al pozo, vio la desnuda pared de madera que tenía frente a él: era la pared que estaba entre la puerta y la pared de la chimenea; alzó la cabeza hacia arriba y contempló el techo de madera en forma triangular. Pensó para sí mismo: “Al menos tengo un cobijo donde pasar estos días, y está limpio”. Aquella fue su primera noche. Se preparó una cena muy ligera a base de frutas, se iluminó con la lámpara, puso los cubiertos encima del poyo y cenó. Después se sentó sobre el colchón, con las piernas cruzadas, pero antes había puesto la manta entre el colchón y sus piernas para así no sentir la dureza del colchón. La ventana se la dejó abierta, la lámpara la tenía ya apagada, comenzó a meditar en las dos ofertas que le habían hecho los dos emisarios y, sin darse cuenta, se quedó dormido. A la mañana siguiente, el cantar de los pájaros hizo despertar a Fut junto a las primeras luces del día. Su cuerpo estaba un poco anquilosado, tuvo que esperar unos 10 minutos para que se pusieran sensibles sus articulaciones, para poder comenzar así un nuevo día. 22


Lo primero que hizo después de asearse fue dar un largo paseo por el bosque cercano a la cabaña, durante el cual recogió comida del bosque (frutas, principalmente, y algunas hierbas): también pudo ver la numerosa fauna: pájaros de todos los tamaños y colores, conejos, liebres, jabalíes solos o en compañía de otros jabalíes, caballos salvajes (algunos eran pequeños y de color blanco, otros eran de todos los colores y más grandes), lobos, zorros, linces, serpientes, ratas pequeñas de campo de color gris y muchos insectos y hormigas. Después de sus largos paseos matinales, volvía de nuevo a la cabaña con las frutas y hierbas que había cogido, ponían sus recolecciones matinales dentro del armario superior y limpiaba el interior y el exterior de la cabaña. Le gustaba mucho el orden y la limpieza; cuando lo tenía todo limpio y en orden, volvía a dar otro nuevo paseo; pero éste muy cerca de la cabaña. Después del paseo comía y luego meditaba sobre las ofertas de los emisarios. Una vez realizada la meditación, limpiaba los restos de la comida, se sentaba en el asiento de la cabaña, y allí pasaba el resto del día, hasta que llegaba la noche. Siempre se quedaba dormido un rato, durante el cual volvía a tener recuerdos e imágenes de su pasado. Fut tenía largas y profundas meditaciones, sabía de las consecuencias que tendría si escogía una u otra oferta, tanto para él como para el país a donde se fuera a vivir. Cuando era de noche se metía en la cabaña, cenaba y, tras limpiar la cocina y la mesa, se sentaba de nuevo en la cama, y así se quedaba dormido, meditando profundamente sobre las dos ofertas. Su expresión era siempre perdida y concentrada, y finalmente pasó el mes. Cuando llegó el decisivo día, Fut se encontraba sentado en el asiento de la cabaña, el que estaba debajo del porche de la cabaña. Vio nuevamente a los dos emisarios que se aproximaban hacia él con pasos firmes y cortos; vestían con las mismas ropas que

23


llevaban en el primer encuentro. Cuando llegaron a su altura, Zu estaba a su izquierda y Minar a su derecha. -¿Cuál ha sido tu decisión, consejero? –le preguntó primero Minar. Fut miró a los dos emisarios con expresión perdida y respondió: - Me llamo Fut y he decidido irme con Minar; es decir, me voy al país de la tarde. Zu, con su socarrona sonrisa, le respondió: - Nosotros, los del país de la noche, respectamos tu decisión, pero si algún día cambias de opinión, siempre tendrás un lugar entre nosotros. Fut sabía que Zu tenía una carta escondida. Zu, muy cortésmente, se despidió de Fut y de Minar, y se alejó por el camino por el que había venido acompañando a Minar. Ahora se quedaron ambos solos. Fut estaba mirando hacia el suelo y Minar no le dejaba de observar, así estuvo durante unos minutos, hasta que Minar dice: “¿A qué esperamos?”. Fut levantó la cabeza y le dijo: “No espero nada. Aunque esté con vosotros, mi corazón estará siempre en otro lugar”. - Lo comprendemos, es natural –le respondió Minar. Finalmente se levantó del asiento y ambos empezaron a andar por el camino que conducía al país de la tarde. Comenzaron a caminar dejando atrás la cabaña y en enseguida estuvieron en el camino, el cual era de tierra. Había muchos árboles a cada lado y una gran vegetación; solamente se oía el trinar de los pájaros y algunos ruidos entre la vegetación, producidos por los animales. De vez en cuando, algunos jabalíes,

24


liebres u otros animales se les cruzaban por el camino, pero todos los animales eran pacíficos. En un momento dado, Fut se detuvo bruscamente y se dirigió hacia unas malezas, una vegetación alta y espesa de plantas. Minar se le quedó mirando. Fut, quieto, hizo un gesto con su mano derecha y Zu salió lanzado de las malezas para caer en el centro del camino. - Sabía que tenías algunas cartas escondidas –le dijo Fut. - Vosotros, los del país del día, siempre sois los mismos -le respondió Zu. Apareció en la mano izquierda de Zu un gran palo de hierro, el cual fue lanzado contra Minar, pero Fut lo detuvo con su mirada y lo desvió hacia el fondo de otras malezas del camino. Minar comprendió que estaba siendo testigo de un combate entre dos fuerzas opuestas, se retiró a un borde del camino muy asustado, dejando el camino libre para ellos dos. Ambos, Fut y Zu, se pusieron el uno frente al otro, a una distancia de unos siete metros. Zu levantó sus manos, extendiendo sus brazos y mostrando las palmas de sus manos hacia Fut, le envió una gran llamarada de fuego, pero… Fut desapareció. Cuando el fuego se fue, nuevamente volvió a reaparecer. Minar no puedo dar crédito a lo que estaba viendo. Después, Fut hizo lo mismo que Zu con sus brazos y manos. Ambos levitaron (estaban levantados del suelo) aproximadamente medio metro, y así estuvieron un largo periodo de tiempo, hasta que Zu dijo: -Nos volveremos a encontrar, esto ha sido una prueba, solamente, para probar tus poderes. Y a continuación, Zu desapareció. 25


Fut volvió a su posición normal, es decir, volvió a tocar suelo y se dirigió a Minar. - Minar, no has visto nada, esto ha sido solamente una pequeña prueba. -Minar asintió afirmativamente con la cabeza-. Me decidí por vuestra oferta porque sólo busco paz en mi corazón. - Entonces la encontrarás en mi país, no tendrás que hacer nada de lo que he visto hace un momento. - Eso espero, hermano Minar. - ¿Cómo hacéis eso de desaparecer y aparecer? - Es muy fácil: la complementación de las dimensiones espaciotiempo no es lineal, sino dual. - ¿Cómo? No lo comprendo. - Ya te lo explicaré a su debido momento. Fut y Minar se miraron y se rieron. Después reinó entre ellos un profundo silencio, que fue roto cuando Minar dijo: - Hemos llegado ya.

26


Capítulo 3 El nuevo hogar

Minar y Fut llegaron al río, el que marca el final del bosque neutral y el comienzo del país de la tarde. El río es tan claro que se pueden ver las piedras del fondo, así como los peces, que son de colores variados. No es un profundo río, pero si ancho, es decir, sus orillas se distancian un poco, solamente un hermoso puente plateado une ambas orillas. - En la otra orilla empieza mi país -le comentó Minar. Fut se lo quedó mirando fríamente, como siempre, y no dijo nada. A continuación cruzaron el puente y se encontraron ambos en el país de la tarde. - Bienvenido a mi país, hermano. Fut solamente le respondió con un tono seco: - Gracias. Fut se quedó mirando todo el alrededor y preguntó a Minar: - ¿Cómo es que no hay vigilantes? - Los vigilantes los tenemos en la frontera con los de la noche, que son nuestros verdaderos enemigos. - ¿Y nosotros no? - Ya conoces tú muy bien la historia, no te hagas el ignorante.

27


- Es cierto, hace ya mucho tiempo que hay paz entre nosotros, pero aún estamos muy distantes. - Tú ya no perteneces a tu país, ahora eres uno de los nuestros. Debemos continuar caminando, estamos muy cerca de la ciudad de Imaf, donde descansaremos unos días. Luego partiremos hacia la capital, Quimenix. Comenzaron a caminar por un amplio camino con árboles muy altos a cada lado, con vegetación abundante que unía unos árboles con otros; los árboles más abundantes eran hayas, pinos y robles. Era un bosque muy espeso, los aromas de las flores se hacían cada vez más intensos; de vez en cuando se veía algún animal, como ciervos, pero sobre todo se oían el trinar de los pájaros. - Nunca pensé que habría tanta belleza en tu país –le comentó Fut. - Nosotros sabemos conservar y vivir en armonía con la naturaleza. Cuando Minar hubo acabado de decir estas palabras, salieron al camino, a una distancia de unos diez metros, frente a ellos, dos hombres armados (visten todo de color marrón). Uno llevaba una espada en el cinto y una lanza, el otro solamente una lanza. Fut se puso en plan defensivo. Pero Minar le dijo: - Tranquilo, son nuestros guardias. Cuando los militares estuvieron frente a Minar y Fut, el que tenía la lanza y la espada, y que también tenía un pequeño distintivo circular plateado sobre sus hombros, se dirigió de una forma muy respetuosa hacia Minar y le dijo: - Somos la escolta enviada por nuestro Presidente Tamur, señor. - Entonces llevadnos hasta Imaf. 28


El militar que únicamente llevaba la espada se puso a sus espaldas después de hacer un saludo a Minar, mientras que el otro militar se puso a la cabeza; en medio de los dos militares van Fut y Minar. Los cuatro hombres comenzaron a caminar hacia la segunda ciudad más importante del país de la tarde, y capital de la provincia occidental de dicho país. En Imaf vivía el vicepresidente, que se llama Nobear. El militar que iba delante y tenía el pequeño distintivo plateado sobre sus hombros era alto y delgado, con expresión muy seria; en cambio el militar que cerraba la comitiva era bajo, gordo, y su expresión era mucho menos seria que su superior. Reinaba un silencio absoluto entre ellos hasta que Fut preguntó a Minar: - ¿Son de confianza? Minar le sonrió y le respondió: - Mira que eres desconfiado... Si no te hubiera avisado de que eran nuestros hombres, les hubieras hecho lo mismo que a Zu. - A punto he estado. Y deja de tratarme como a uno de los vuestros, algún día volveré a mi país, amigo mío. - Estás soñando, cuando despiertes de tu sueño pensarás, sentirás y actuarás como uno de nosotros. Tras dejar atrás una curva pudieron ver un valle al fondo, en el centro del cual estaba la ciudad de Imaf. Imaf se hallaba, aproximadamente, como a una hora de camino; el cielo era azul claro, sin nubes, un abrasador sol caía sobre ellos.

29


La ciudad de Imaf estaba dividida en dos partes por un río que descendía de las montañas del norte, el resto era todo llano. El río dejaba Imaf por su parte este. Aunque aún no estaban cerca de la ciudad, se podía distinguir un mosaico de colores, pues cada casa tenía un color diferente. Antes de llegar a Imaf, Minar dijo a modo de comentario: - Si hiciera un poco de brisa, el camino sería más cómodo. Fut se lo miró. Después de unos minutos, se levantó una suave brisa, la que hizo más cómodo el camino restante hacia Imaf. A Fut le sorprendió mucho el aspecto tan colorido de Imaf y, finalmente, le preguntó a Minar: - ¿Por qué se parece a un arco iris? - Porque cada casa y edificio están construidos por una mezcla de materiales y la proporción de dicha mezcla no es igual en cada casa, por este motivo, y según la luz del día, cada casa tiene un color y tono diferente. Todo en Imaf era diferente. Él, muy interesado, dijo: - Es que hay más cosas diferentes... Los puentes son dorados, plateados, o de ambos colores. - Tenéis una ciudad muy especial. La escolta se detiene. El militar que iba delante se volvió hacia Minar y le dijo: - Señor, estamos en Imaf. Espero órdenes de usted, señor. Minar, muy serio y con voz de mando, profunda le responde:

30


- Volved al cuartel, nosotros continuaremos el camino hacia la casa del Delegado Presidencial. Entonces ambos militares se encuadraron ante Minar y, tras decir “a la orden de usted”, se adentraron en la ciudad, dejando a Minar y a Fut solos, en la entrada de Imaf. Las casas y los edificios eran cada uno de un color diferente. Minar y Fut entraron por la parte sur de la ciudad, donde vivía la población civil. Las casas tenían todas dos pisos; las ventanas de las casas eran amplias y eran de dos hojas; las puertas de las casas eran de madera todas, algunas eran de color marrón oscuro, otras eran más claras. La población civil viste toda con túnicas y cintos (cinturón de la cintura) de color marrón, y los niños llevan sandalias plateadas verdes. Los militares, tanto si están cumpliendo funciones de militares como de policías, visten todos de marrón. En el país de la tarde, la defensa (ejército), como el orden interno (policía), la lleva los militares. Los coches del país de la tarde funcionaban también con energía solar, pero no estaban tan avanzados como los del país del día, por eso no volaban. No podían volar y eran de tres colores, azules para la población civil, marrón para los militares y plateada para los miembros de la Asamblea y sus familiares. Por las calles de Imaf se podían ver animales como en cualquier otra ciudad, como perros, gatos y, en algunas ventanas, estaban colgadas algunas jaulas de pájaros, de todos los tamaños y colores. Los parques eran pequeños. En cada uno había una fuente en el centro; sus bancos eran de diversos colores también y estaban situados bajo las sombras de los árboles, para así protegerse las personas del sol. Estos parques tenían cuatro entradas, porque tenían cuatro jardines hermosos, que los separaban de las aceras de color gris plateado. Sus fuentes eran de un azul marino con puntitas plateadas y echaban agua de todos los colores por sus chorros. 31


- Me gusta mucho la ciudad. - Nuestro destino final es la capital, Quimenix, aquí solamente estaremos unos días -le comentó Minar. Imaf era una ciudad muy tranquila. Las personas iban por sus calles sin prisa alguna; unos compraban, otros estaban sentados en los bancos de los parques viendo a sus hijos pequeños jugar, y otros simplemente paseaban solos. La circulación era fluida y estaba dirigida por los policías-militares. Minar y Fut se dirigían hacia la casa del Delegado Presidencial. - ¿Por qué llevan sandalias de diferentes colores? -preguntó Fut. - El presidente viste todo de color blanco y el vice-presidente viste todo de color blanco menos las sandalias, que son naranjas. Los miembros de la Asamblea visten sandalias amarillas y el resto es todo de color blanco; los consejeros visten todo de color azul. Los militares visten todo de color marrón; esto en cuanto a los cargos. En lo que se refiere a la población civil, todos los adultos mayores de 25 años visten también de marrón, pero llevan las sandalias de color verde; los jóvenes entre 16 y 25 años llevan las sandalias de color dorado, y los niños menores de 16 años sus sandalias son de color plateado; en cuanto a la graduación te la explicaré mañana. - Ahora comprendo la variedad de colores de las sandalias. - Ya hemos llegado. Frente a ellos había una casa de tres pisos, de color naranja, con una amplia puerta de dos partes de madera oscura; y con unos grandes ventanales en cada uno de los pisos superiores (dos ventanales por cada piso). Minar llamó al picaporte unas cuantas veces de forma muy suave y en unos momentos se abrió media puerta. Un hombre un poco mayor, con cabellos blancos, ojos

32


marrones, con arrugas en la cara, alto, delgado, con expresión dulce y vestido todo de color marrón, dijo: - ¿Quiénes sois? - Soy Minar y vengo en misión presidencial. Entonces el portero les hizo un gesto para que entraran, y ellos así lo hicieron. Entraron en un recibidor, en el que había, en su lado derecho, una mesa pequeña de madera de pino, con su respectiva silla, también de madera. Frente a la mesa, a su lado izquierdo, sólo había el cuadro de una batalla, y encima de una puerta que estaba abierta se podía ver un pasillo, del que colgaba, en su lateral derecho, un mapa del país de la tarde con unas letras que Fut no entendía. - Sigan este pasillo todo recto, el Señor Delegado Presidencial ya les está esperando -dijo el portero. A continuación hizo una señal a los soldados del pasillo para que les dejaran pasar. En el pasillo había muchas puertas a cada lado; en cada puerta había un militar haciendo guardia y, entre puerta y puerta, había retratos de militares. Entonces Fut comprendió que aquella no era una casa normal, y ciertamente así era, se encontraba en la residencia de la segunda autoridad del país de la tarde. Anduvieron unos cuantos metros más, cuando repentinamente se abrió una puerta. De ella salió al pasillo un hombre de unos cincuenta años, alto, de cabellos rubios, ojos azules, constitución corporal fuerte, de facciones un poco rudas, las cuales estaban acentuadas todavía más porque tenía una herida en su pómulo derecho, y vestía todo de color blanco menos las sandalias que eran de color naranja. Con pasos firmes se dirigió hacia Minar y Fut. Los soldados se encuadraron a su paso frente a ellos; cuando llegó a su altura, Minar también se encuadró, se puso firme. Así fue como Fut 33


conoció a la segunda autoridad del país de la tarde, que se llamaba Nobear. - ¡Descanse! -ordenó Nobear. Y así lo hizo Minar. - Señor Delegado Presidencial, le presento a Fut. Fut le hizo un saludo con la cabeza. Nobear sonrió y le dijo: - Veo que es usted un hombre de mando. - Lo fui, señor. De una manera muy amable, Nobear les hizo un gesto con su mano derecha para que le siguieran hasta la puerta que estaba abierta; finalmente los tres hombres entraron en la habitación. En dicha habitación había un gran mapa del país de la tarde; al fondo, delante de dicho mapa, se podía ver una mesa de madera oscura y, entre la mesa y el mapa, había una silla muy cómoda de color oscuro. Frente a la mesa había dos sillas no tan cómodas, como la que había entre el mapa y la mesa, que también eran de color oscuro. Tanto a la izquierda como a la derecha, había unos grandes armarios llenos de muchos papeles y archivos. Un ventanal grande facilitaba la luz natural en la habitación y, en el techo, una lámpara sustituía a la luz natural cuando se hacía de noche. Nobear se adelantó, se puso al lado de su silla oscura cómoda e invitó a que tomaran asiento Minar y Fut. A la izquierda de Nobear se sentó Minar y a su derecha Fut. - En el nombre de mi Presidente, le doy la bienvenida a nuestro país -habló Nobear.

34


- Tengo muchas preguntas que hacer, señor -le siguió Fut. - Con su permiso, señor. Nobear asintió afirmativamente a Minar con la cabeza y éste continuó hablando: - Fut, mi misión es prepararte para el encuentro con nuestro Presidente Tamur, en Quimenix. - ¿Cuántos días vais a estar aquí? -preguntó Nobear. - Solamente dos días, señor. Mañana le preparo y le informo sobre nuestras costumbres; al otro día partimos hacia la capital. Nobear tenía una herida en el pómulo derecho, la cual llamó la atención de Fut, y por ella le preguntó: - ¿Cómo se hizo usted esa herida, señor? - Fue en una batalla, contra los de la noche, hace ya unos años. - ¿Me permite que le ponga mi mano derecha sobre la herida? Nobear hizo un gesto de asombro. Minar, que se dio cuenta de la situación, rápidamente le dijo a Nobear: - Yo de usted me dejaría... Por un momento, el Señor Delegado Presidencial se quedó sin saber qué decir, pero finalmente dijo a Fut: - Bueno, usted mismo. Fut se levanta, tras dejar atrás el borde de la mesa oscura, se acercó a Nobear, le puso su mano derecha sobre su herida y posteriormente dijo: “En el nombre del Supremo”. Una vez dichas estas palabras, se volvió a sentar en su silla. Minar hizo una expresión de asombro al ver la cara de Nobear sin ninguna herida. 35


Tanto se asombró Minar que asustó a Nobear, el cual, en un tono un poco asustado, le dijo a Minar: - ¿¡Qué ocurre, Minar!? - Señor, usted ya no tiene la herida en la cara. Nobear se toca el pómulo derecho, luego sacó un pequeño espejo de unos de los cajones de la mesa y comprobó que ya no tenía su herida en su pómulo derecho; dijo muy asombrado y dirigiéndose hacia Fut: - ¿Quién es usted? - Fui… un consejero del país del día, señor. Nobear miró a Minar y le preguntó: - ¿Qué más cosas ha hecho Fut? Minar le dice a Fut: - Es mi superior, se lo tengo que decir. Fut, de forma resignada, le respondió: - Lo comprendo. - Cuando veníamos fuimos atacado por Zu y Fut lo venció solamente usando la mirada y sus manos. - Entonces, ¿hubo combate físico? - No Señor. Aquella respuesta dejó atónito a Nobear que, cuando volvió en sí, le dijo a Fut:

36


- ¿Puede dejarnos solos por un momento? Fut, de una forma muy amable, le respondió: - Claro que sí. Se levantó y se quedó afuera en el pasillo, esperando a que saliera Minar. Al poco rato, se le acercó un soldado con una silla y le dijo: - Señor, tengo orden de traerle esta silla. Y se la dejó en el lado derecho de la puerta, porque en el izquierdo había un soldado haciendo guardia. Fut se sentó y esperó muy pacientemente a que terminara la entrevista entre Nobear y Minar. Mientras tanto, en el interior de la habitación, Minar le estaba contando a Nobear lo que había sucedido en el camino. - Quiero saber cómo venció al lugarteniente de Rumar. - Sí, señor. Haciendo un gesto con su mano derecha, sacó a Zu de unas matas, luego con su mirada impidió que Zu me hiriera con un palo, porque lo detuvo en el aire, para luego lanzar dicho palo a unas matas, todo esto con la mirada. - Con su mirada... - Sí, señor. A continuación se levantaron los dos del suelo, como medio metro, y se pusieron el uno frente al otro, a una distancia aproximada de unos seis metros. Nobear le preguntó muy interesado: - ¿Qué hacia usted? - Me retiré a un lado del camino y me limité solamente a observar lo que estaba viendo; no me lo podía creer, señor. 37


- Lo comprendo; pero continúe, Minar. - Cuando estaban los dos levantados sobre el suelo, Zu le lanzó una llamarada de fuego que salió de sus manos, y Fut desapareció antes que las llamas le diesen. Cuando Zu dejó de lanzar fuego por sus manos, entonces Fut apareció nuevamente. Estuvieron durante un rato los dos mirándose y levitados del suelo, finalmente Zu desapareció. - ¡Es asombroso! Siga usted si… hay más. - Sí, hay algo más, señor. Cuando veníamos hacia Imaf, hacía mucho calor, y Fut levantó una suave brisa que nos acompañó hasta que entremos en la ciudad..., y ahora su herida. Nobear estaba fuera de sí mismo, sabía que Minar no le había mentido; pero le costaba creer. Tenía la prueba de su herida en la cara. Le dijo a Minar: “Ahora mismo voy a hacer un informe de todo lo que me has dicho y se lo enviaré directamente a nuestro Presidente Tamur”. A continuación abrió un cajón de su mesa y cogió una pequeña placa metálica de color azul marino, se la dio a Minar y le dijo: “Enseñando esta placa, tendréis todo gratis en Imaf, y cualquier necesidad que podáis tener, deberá ser resuelta en el acto, hasta que lleguéis a Quimenix”. Tras una breve pausa, Nobear continuó diciendo: - Fut se debe quedar entre nosotros, sería el marido perfecto para mi hija Sebatar. Ahora puede retirarse, no se olvide en utilizar este salvoconducto presidencial que le acabo de dar. - Sí, señor. Se levantó y, tras saludar a Nobear, abandonó la habitación; afuera estaba Fut, esperando pacientemente como siempre.

38


Al día siguiente, después del desayuno, salieron a dar un paseo por la ciudad, tanto Minar como Fut vestían como civiles adultos, para no llamar la atención. - Ese es el edificio del cuartel militar, es un edificio de cuatro plantas, de color verde. Ahora estamos en el barrio de los militares, por eso casi todos los coches son de color marrón. Las casas son de tres o dos plantas, con parques y zonas verdes entre las casas. Llegaron a un puente plateado que atravesaba un río muy caudaloso. - Fut, este río se llama Bioto, nace en las montañas del norte, y divide la ciudad en dos partes; después continúa por la meseta del país hasta llegar a la capital, Quimenix. Cruzaron el maravilloso puente plateado, con el río debajo de él; en las orillas del río había un gran y florido paseo, donde se paseaban los imafcienses. - Ahora estamos en la parte de los civiles, por eso las casas no tienen más de dos plantas y casi todos los coches son de color azul. - Es una ciudad muy tranquila -observó Fut. - No siempre fue así. Ese puente une la parte militar con la civil. Tenemos otro puente también plateado que une la parte civil con la industrial. Continuaron dándose un buen paseo por el sector civil, como iban vestidos de adultos civiles no levantaron curiosidad por parte de los imaficienses. Finalmente llegaron al puente que unía el sector civil con el industrial, Minar dijo:

39


- Este es el puente del cual te he hablado antes. Es hermoso, con sus dos arcos plateados, pero no lo vamos a cruzar, seguiremos el curso del río hasta llegar al puente principal. - Tenéis un paseo muy bonito. En el río había patos; entre el río y el paseo por el que paseaban los imafcienses, había plantados, en hermosos jardines, unos grandes árboles. Entre ellos había asientos de diferentes colores, se sentía el cantar de los pájaros. Mientras estaban caminando por el paseo que conducía al puente principal, Minar se paró en seco y le dijo a Fut: - ¿Te apetece un refresco? A dicha invitación, Fut exclamó: - ¡Es una buena idea! Se aproximaron a un puesto de bebida y de tomar algunos aperitivos, un pequeño bar en forma circular, con unas cuantas mesas que estaban bajo un tejado de madera. Solamente había una camarera, una chica joven alta, delgada, de cabello castaño, ojos negros, y que vestía todo de marrón y sandalias doradas. Estaba detrás de la barra del bar, la cual era de color azul. Las paredes externas eran de color violeta y las internas eran de color naranja. Ellos se sentaron junto a una mesa de afuera y en seguida vino la joven y guapa camarera; en su mano derecha llevaba algo parecido a un bloc y un bolígrafo. - ¿En qué puedo serviros? - Queremos dos palmeras, con dos lunas -le respondió Minar. Ella lo apuntó y a continuación se retiró.

40


Minar, tenía frente a él a, Fut, el cual estaba sentado y mirando al río, así estuvo hasta que, Minar, le comenzó a hablar. -Minar: Te voy a explicar las graduaciones militares. Entonces Fut dejó de mirar al río y puso su atención en Minar. - Los soldados rasos visten todos de color marrón y no llevan ningún distintivo. El superior de primer orden lleva en cada hombro un pequeño distintivo circular, y tiene bajo su orden a 10 hombres. El superior de segundo orden lleva dos círculos plateados, y tiene a 20 hombres bajo su mando. El superior de tercer orden lleva tres círculos plateados y manda a 40 hombres. Luego vienen los jefes: el jefe de… Minar es interrumpido por la camarera, que viene con el pedido que él le había hecho en una bandeja. En la bandeja había dos copas con un líquido de color verde, las copas tenían la forma de una palmera. También había algo parecido a dos trozos de pan, de color blanco, y de forma de luna creciente; la camarera lo puso todo con rapidez sobre la mesa, una copa y una luna para cada uno. - ¿Cómo vais a pagar? Minar sacó del bolsillo de su túnica la placa metálica que le dio Nobear; Fut no la pudo ver porque Minar no levantó su mano sobre la mesa, sólo la pudo ver la camarera y él. Al ver la placa, ella dijo: - Ya comprendo -y se retiró dejando a los dos solos, tomando su consumición. Tras la breve interrupción de la camarera, Minar continuó explicándole las graduaciones militares a Fut. - Como te iba diciendo, el jefe de primer orden manda a 80 hombres, y lleva en sus hombros solamente un cuadrado dorado. 41


El jefe de segundo orden manda a 160 hombres, y lleva en sus hombros dos cuadrados dorados. El jefe de tercer orden manda sobre 320 hombres, y lleva en sus hombros tres cuadrados dorados. El Supervisor, mando sobre todos los militares, lleva en sus hombros una estrella de color azul con seis puntas. - ¿Cómo se administra vuestro país? –preguntó Fut. - Nuestro país tiene dos provincias: la occidental, en la cual estamos ahora y cuya autoridad máxima es el Delegado Presidencial que, actualmente, es Nobear; la provincia oriental es la más importante, en ella está la capital, Quimenix, y reside “La Asamblea”. En nuestro país solamente hay dos ciudades importantes que son Imaf, capital de la provincia occidental, y Quimenix, capital de la provincia oriental y también del país. En Quimenix vive el presidente, que preside la Asamblea. Esta asamblea está compuesta por seis miembros y el mencionado presidente, los cuales cuentan con voz y voto. En cambio, los tres consejeros que actualmente tiene la Asamblea únicamente tienen voz; es decir, no pueden votar, sólo pueden aconsejar a los restantes miembros de la Asamblea. La autoridad máxima de nuestro país es la del Presidente, que actualmente es Tamur; después viene la autoridad del Delegado Presidencial, cuya autoridad es plena en la provincia occidental, pero también se extiende, en según que casos, a la provincia oriental. El Presidente es Tamur y el Delegado Presidencial es Nobear. - A ver si lo entiendo: son siete los miembros que tienen voz y voto. - Así es, Fut. Pero, en caso especial, el Supervisor, el jefe de todos los militares, también tiene voz. - ¿Cuánto duran los mandatos? - Todos los cargos son vitalicios, para siempre.

42


- Entonces, ¿cuándo son cesados? - Cuando mueren, o cuando abusan indebidamente del poder, incluido el presidente. - Cada vez me gusta más vuestro país, Minar. - Finalmente acabarás siendo uno de nosotros. Fut le sonríe. - Me gustaría ver más cosas de Imaf –añadió Fut. Minar y Fut se levantaron, se despidieron de la camarera con un saludo, con sus manos, el cual fue correspondido con un gesto de cabeza por parte de la camarera. Minar le hizo a Fut una reverencia en tono de broma y le dijo: - Lo que usted diga, mi señor. Fut se río y le contestó: - Estoy en tus manos, funcionario, o lo que seas. Salieron del pequeño bar. Comenzaron a caminar por las coloridas calles de Imaf; se habían salido del hermoso paseo del río e iban en dirección hacia el puente principal de la ciudad. Finalmente llegaron al puente principal, de tres arcos: el arco central era dorado y los otros dos arcos eran plateados. Era el puente más grande de la ciudad, pues unía la parte del sector civil con el sector de la asamblea, donde estaban los edificios más importantes de la ciudad; es decir, la casa del Delegado Presidencial, la escuela y los edificios administrativos civiles. Los rayos del sol hacían brillar el dorado y plateado puente, haciendo unos hermosos efectos ópticos visuales con el agua del río, donde estaban los patos y los bonitos peces de colores.

43


Ante tanta belleza, el callado y prudente Fut dijo: “¡Qué maravilloso!”. Minar le cortó la inspiración cuando dijo: - Crucemos el puente y vayamos a la casa del Delegado Presidencial. Cuando estuvieron por la mitad del puente se pararon ambos: frente a ellos se podía ver la casa del Delegado Presidencial perfectamente, y como a unos 200 metros de la casa Presidencial estaba la escuela, a su derecha. A la izquierda de la casa Presidencial estaban los edificios administrativos civiles, los cuales estaban a una distancia de unos 300 metros. Cuando se disponían a reanudar el camino, y cruzar finalmente el Puente de la Asamblea (este era el nombre oficial del puente), se sintió el grito de una mujer que decía: - ¡Mi hijo! Un niño de unos ocho años se había caído al río y no sabía nadar. Todos se agolparon en torno al río, la mujer no paraba de gritar. Todos ponían mucha atención al río, pero nadie veía al crío. Minar se dio cuenta del cambio brusco que hizo Fut en su rostro, pues se puso serio y tenso. - Aquí el río es muy profundo -observó Minar. - No puedo dejar que se ahogue –dijo Fut. - ¿¡Qué vas hacer!? A lo mejor el niño está lejos del puente, porque la corriente aquí es fuerte... En un tono muy seco y profundo, Fut le dijo: - Eso no importa.

44


Fut extendió ambos brazos hacia el río y cerró los ojos (las personas seguían concentradas en el río). Un militar, que llevaba un círculo plateado en sus hombros, se dio también cuenta de lo que estaba haciendo Fut y se dirigió hacia él; entonces Minar le enseñó el salvoconducto presidencial y el militar se detuvo junto a ellos, sin hacer ninguna pregunta. El militar y Minar simplemente se limitaron a ver lo que hacía Fut. Finalmente, la madre comenzó a llorar por su hijo y, en ese mismo momento, Fut dio un gran grito. - ¡Silencio! Todos miraron hacia Fut: vieron a un hombre vestido con una túnica marrón, con los brazos extendidos en dirección al río. Fut no se calló, siguió hablando: - Vais a conocer el poder del Supremo. Minar pensó para sí mismo “qué va a hacer ahora”. Tras una breve pausa, Fut pronunció: - En el nombre del Supremo… ¡niño, sal ahora mismo del río! -Al instante, el niño salió del río. No se quedó aquí el poder del Supremo, sino que el niño comenzó a flotar en el aire y comenzó a dirigirse hacia los brazos de Fut. Todos estaban asombrados, no daban crédito a lo que sus ojos estaban viendo; finalmente el niño estaba en los brazos de Fut, pero estaba inconsciente como consecuencia del agua que había tragado. Se lo dio al militar, quien cogió al niño y, dirigiéndose hacia aquella pequeña y mojada criatura, volvió a gritar: “Niño, vive”. Al instante, el niño volvió a la vida, comenzando a echar por la boca toda el agua que había tragado.

45


- Será mejor que nos vayamos de aquí lo antes posible, Fut -le advirtió Minar. Todos estaban atónitos, no podían creer lo que habían visto. - Tienes razón, Minar. Minar y Fut comenzaron a abandonar el puente de la Asamblea en dirección hacia la casa del Delegado Presidencial. La madre era una mujer de unos treinta años que vestía de marrón, con sandalias verdes, de estatura un poco baja. Con el rostro triste, con lágrimas, cabellos de color negro y ojos marrones, cuando vio a su hijo vivo en los brazos del militar, salió corriendo hacia Fut. Finalmente la madre alcanzó a Fut, se puso de rodillas y le dijo: -¡Muchas gracias por haber salvado a mi hijo! Fut se agachó (ellos dos estaban rodeados por los testigos de la escena); otros se añadieron a través de las ventanas de la casa del Delegado Presidencial. Nobear, desde una ventana, lo vio casi todo, con voz baja y profunda dijo…: “Serás el marido de mi hija Sebatar”, y a continuación se limitó a seguir mirando aquella escena como el resto de los funcionarios desde otras ventanas de la casa del Delegado Presidencial. Fut levantó a la mujer del suelo y le dijo, una vez que estuvieron los dos en pie: - No soy nadie, para que nadie se arrodille ante mí, mujer. No he dado vida a tu hijo, ha sido el… Supremo. El poder solamente lo tiene él. La mujer, con lágrimas secas en los ojos, no podía responderle, simplemente se le quedó mirando, mientras Fut le sonreía.

46


El silencio entre Fut y la Madre fue roto cuando vino el militar con el niño completamente sano y andando por sí mismo; se lo entregó a su madre, ésta lo abrazó muy fuertemente mientras veía como Fut y Minar se alejaban de la cercanía del puente, con pasos rápidos y firmes, hacia la casa del Delegado Presidencial. La madre le preguntó al militar: - ¿Quién es ese hombre? - No lo sé, señora, solamente sabemos que llegó ayer y que se dirige hacia la capital. - No corras tanto, Fut -le recriminó Minar. - Salimos esta misma noche hacia Quimenix. - De acuerdo, pero será de madrugada. Entraron en la casa del Delegado y, nada más entrar, les estaba esperando Nobear. - He visto todo, o casi todo, lo ocurrido, por eso saldréis esta misma noche hacia Quimenix, con una escolta. Fut miró a Minar y le dijo: - Es lo correcto. Finalmente, Minar se dirigió a Nobear y le dijo: - A su orden, señor. Por razones obvias, no salieron más por Imaf, y esa misma noche salieron hacia Quimenix, con una escolta de seis militares de caballería: tres iban en la parte trasera del carruaje, vestían de marrón y con una franja azul; los otros tres iban en la parte delantera, también con una franja azul, la cual iba desde el

47


hombro derecho hasta la cintura izquierda. El militar que dirigía la escolta tenía dos círculos plateados en cada hombro. Antes de salir, Minar recibió un mensaje para el Presidente Tamur, el contenido del cual sólo era conocido por el Delegado Presidencial, es decir, por Nobear, y decía así:

«Señor Presidente: El antiguo consejero del país del día, Fut, tiene poderes muy poderosos, además de los ya mencionados en mi primera misiva. Le comunico que he visto con mis propios ojos cómo sacaba a un niño caído en el río Bioto, usando solamente unas palabras. Recomiendo al señor Fut como maestro de la escuela de Quimenix, de la cual mi hija Sebatar es directora. Nos interesa saber lo que sabe Fut sobre el Supremo y que se quede entre nosotros. Recomiendo también a Minar para que sea nombrado alumno de la escuela de mi hija, para que así continúe la amistad entre ellos dos. Firmado: El Delegado Presidencial»

El camino hacia Quimenix lo hicieron por la noche, sin paradas, por lo tanto llegaron al otro día. Quimenix era una ciudad un poco más pequeña que Imaf, estaba cruzada también por el río Bioto. Al sur de dicho río se situaban los sectores civiles, industrial y el administrativo central del país.

48


En el sector norte solamente estaban los sectores presidencial, militar y administrativos de la ciudad. El cuartel militar estaba situado fuera de la ciudad; sus cuatro puentes eran todos de tres arcos (el arco central era dorado, los dos restantes eran plateados). Los puentes unían los diferentes sectores. El edificio de la Asamblea era el único que tenía cinco plantas, los demás solamente tenían dos o tres; la casa Presidencial era de color amarillo. La escuela de Quimenix era de color verde claro; tenía dos plantas una de las cuales era residencial, dónde vivía su directora, Sebatar, y dónde vivirían Minar y Fut: Minar como alumno y Fut como maestro de las Enseñanzas del Supremo. El edificio de los Asuntos Civiles era más grande que el de Imaf. Había dos edificios civiles administrativos, uno para los asuntos de Quimenix y el otro era el archivo central del país. Los colores de los coches eran los mismos que en Imaf: azules para los civiles, marrones para los militares y plateados para los del sector presidencial. Las casas también eran todas de colores diferentes. Había numerosos parques iguales a los de Imaf. Los habitantes de Quimenix vestían como los de Imaf, pero Fut pudo ver unas cuantas túnicas blancas y azules, lo cual le llamó un poco la atención. Nada más llegar a Quimenix, la escolta les dejaron en las afueras de la ciudad. Esto lo hicieron a petición de Minar, para no llamar la atención. Se fueron los militares de la escolta directamente al cuartel militar, que estaba situado fuera de la ciudad. Tras caminar por el sector civil, llegaron muy cerca del sector presidencial. Como tenían hambre, entraron en un humilde comedor los dos solos. Al caer la tarde, se subieron a la terraza del comedor, desde la que podía verse una gran parte de la ciudad.

49


- ¿Te apetece dar un paseo, Fut? - Después de lo ocurrido en Imaf, no tengo ganas de pasear. ¿Cuándo está prevista la reunión con la Asamblea? - Para mañana al mediodía. - ¿Me puedes hacer un favor? - Claro que sí, Fut. - ¿Me puedes dejar solo, en la terraza? Minar cumplió el deseo de su nuevo hermano y lo dejó solo. Antes de irse del comedor, se dirigió a los dueños de la posada, les enseñó el salvoconducto que le dio Nobear, en Imaf. Los dueños de la posada eran un matrimonio de unos sesenta y pico años de edad cada uno y, al ver el salvoconducto, comprendieron lo que quería decir Minar, al que la mujer le dice, en un tono muy suave y amable: - No se preocupe, serviremos a su hermano como es debido. - Mañana podréis presentar la factura en el departamento de la tesorería, os será pagada; con decir que es la factura X-22 es suficiente. Minar abandonó el comedor y se dirigió hacia la casa presidencial, vigilada por militares. Cuando llegó al primer control, un militar de alta graduación (tenía dos cuadrados dorados en cada hombro) se le aproximó. Minar le enseñó el salvoconducto (la placa azul), el militar lo cogió y le preguntó: - ¿Cuál es el motivo de su visita? - Entregar esta carta a nuestro Presidente Tamur de parte del Delegado Presidencial Nobear.

50


El militar dejó a un inferior en el puesto de vigilancia (tenía un círculo plateado en cada hombro) y le dijo a Minar: - Sígame. Una voz profunda sonó desde la puerta principal de la casa del presidente, diciendo “no es necesario”. Era el mismo presidente Tamur quien había salido al porche de su casa. Todos los militares que se encontraban haciendo guardia se encuadraron. Entonces, Tamur dijo “descansar”, y así lo hicieron los militares que estaban en la casa presidencial. Tamur hizo un gesto con la mano derecha para que Minar se aproximase a él; ellos dos, Minar y el militar de alta graduación, se dirigieron al presidente. Tamur le dijo al militar: “Déjenos solos”. El militar obedeció y Tamur y Minar comenzaron a dar un paseo por el jardín. - Ahora no quiero ningún tratamiento, Minar. - Cómo usted diga. - Eso me gusta más. ¿Qué tienes que darme? Minar sacó el mensaje de forma que se podía ver el sello lacrado de Nobear, y el presidente Tamur lo cogió. Ambos paseaban en silencio, el presidente iba leyendo el mensaje para sí mismo. Cuando acabó de leerla, la introdujo en su bolsillo y le dijo a Minar: - Tengo dos informes de ese tal… Fut. ¿Es cierto… todo lo que se dice de él? - Así es, señor.

51


El Presidente se giró un poco hacia Minar, hasta ponerse frente a él, y, en voz alta, le dijo: - Un hombre así puede hacer mucho bien, y mucho mal. - Señor Presidente, ¿le puedo hacer un comentario? - ¡Cómo no! - Fut solamente hace uso de sus poderes cuando es atacado, o para hacer el bien a los demás. - ¿Sabe usted por qué fue expulsado de su país? - No lo sé, señor, y creo que nunca lo sabremos. - Así que nuestro Fut es un hombre misterioso... - Así es, señor. - Entonces…, como presidente le doy la misión de que averigüe por qué fue expulsado de su país. - Lo intentaré, señor. - ¡Por favor! Deje de decirme “señor”. Y, ¿cómo lo hace? - Lo hace con la mano derecha y con la mirada, casi siempre. - ¡Casi siempre! - A veces llama al Supremo, extiende los brazos, o ambas cosas a la misma vez. Tamur estaba muy interesado en lo que le estaba contando Minar, y le preguntó: - ¿Usa su mano izquierda? 52


- No, siempre usa la mano derecha. - Muy bien. Usted ha cumplido con su misión, en parte; desde ahora Fut es su responsabilidad, no se olvide de su nueva misión: saber por qué fue expulsado de su país. Puede usted retirarse, mañana nos veremos en la Asamblea. Le recuerdo que este encuentro no se ha producido nunca. Minar asintió afirmativamente con la cabeza. - Hasta mañana, señor Presidente. Minar abandonó la Casa Presidencial y se dirigió hacia la terraza, donde seguía Fut sentado, con expresión perdida, como siempre. - ¿Quiere seguir sentado o nos vamos a descansar? - Será mejor que descansemos. Dejaron la terraza y se fueron a descansar. Minar se dirigió a la mujer de la posada y le dijo: - Queremos descansar, señora. - Vuestra habitación es la doble suite, esta al fondo del pasillo, a la izquierda, subiendo esta escalera. - ¿Sería usted tan amable de avisarnos mañana, a eso de las nueve de la mañana? - Así lo haré, señores. Muy educadamente, Minar le dijo a la mujer: - Buenas noches, señora. - Buenas noches, señores. 53


La voz de la mujer era un poco cansada, dado que ya era un poco tarde. Minar y Fut comenzaron a subir la escalera de pino. Cuando subieron dicha escalera, giraron a la izquierda y se perdieron de vista. La posadera cerró la puerta de la posada por dentro y dijo en una voz muy baja: “¿Ahora quién me pagará este hospedaje? Bueno, todo sea por la Asamblea”, y se fue a su habitación, la que estaba en el lado izquierdo del recibidor, un poco antes del comienzo de la escalera; pero antes apagó las luces del recibidor y toda la posada quedó a oscuras y en silencio.

54


Capítulo 4 La Asamblea

Llegó el día de la presentación ante “La Asamblea”, todo estaba preparado. El edificio de la Asamblea era de tres pisos de altura. Sus paredes eran de mármol de color blanco, con puntitas doradas. Había una larga escalera. No tenía porche principal, sino una pared lisa de mármol, con una gran puerta de haya de dos hojas. Dos vigilantes hacían guardia en la puerta principal, llevaban en cada hombro dos círculos pequeños plateados y en sus manos derechas tenían cada uno una lanza, mientras que en el costado derecho tenían envainadas sendas espadas. Mientras se terminaban de dar los últimos preparativos dentro de la Asamblea, en el interior de la posada las cosas iban bien. - Nos tenemos que ir ¡ya!, Fut -le decía Minar a Fut, una y otra vez, pero él solamente ponía inconvenientes, hasta que finalmente Minar le dijo en un tono seco y serio:- ¡Salgamos ya! - Cuando tú digas –respondió Fut. Salieron de la posada donde habían pasado la noche y se encontraron con una escolta de cuatro militares que les estaba esperando: tres militares vestían simplemente de marrón y uno llevaba tres círculos plateados en cada hombro, era el de mayor graduación. La gente se amontonaba en la calle, pues las noticias de los prodigios de Fut había llegado a Quimenix, todos querían ver de cerca como era ese hombre tan misterioso. Tanto Minar como Fut se quedaron sorprendidos. - ¿Acaso viene el presidente aquí? –preguntó Fut.

55


- Que yo sepa no, el presidente te está esperando en la Asamblea, más concretamente en la Sala Principal de la Asamblea. Aquellas palabras no eran nuevas para Fut. De repente, una tristeza se hizo dueña de su cara; Minar se dio perfectamente cuenta y le dijo: - Tranquilo, nosotros no te vamos a desterrar, amigo y hermano nuestro. Fut se le quedó mirando, con la mirada pérdida, como casi siempre. Minar le dio una suave palmada en la espalda y ambos comenzaron a ir hacia la escolta. Cuando llegaron a su altura, el superior de tercer orden se encuadró frente a Minar: - ¡Señor! Tengo orden de acompañarle hasta la Asamblea. - ¡Descanse! Cumplamos la orden de Nuestro Presidente -se lo dijo con una voz profunda y seca. Acto seguido, el militar de mayor graduación se puso a la cabeza de la comitiva; después venía un militar raso, a continuación se pusieron Minar y Fut y, por último, cerrando la comitiva, se colocaron los otros dos soldados rasos. Como la distancia entre la posada y la Asamblea era muy corta, la marcha la hicieron a pie. La gente se agolpaba a su paso. Fut pensaba en esos momentos “¿acaso soy un jefe de alto rango, para tanto honores?”. Cuando se quiso dar cuenta, ya se encontraban frente a la Asamblea. El superior de tercer orden que iba delante se detuvo, al igual que el resto de la comitiva. Saludó a Minar y recibió el mismo saludo por parte de éste. Se encuadraron los cuatros militares, agacharon las cabezas y se retiraron a continuación, dejando a Minar y a Fut solos frente a las escaleras de la Asamblea. 56


Comenzaron a subir dicha escalera. Cuando estuvieron ante la puerta principal, los dos soldados rasos que estaban haciendo guardia se encuadraron, llevaban solamente una lanza en sus manos derecha cada uno; Minar, de una forma muy discreta, le hizo una señal con su mano derecha para que volvieran a posición de descanso; así lo hicieron. Uno de ellos abrió una hoja de la puerta. Minar y Fut traspasaron la puerta, tras la cual se encontraba el vestíbulo. Fut solamente pudo ver una pared al fondo con una silla, tras la cual estaba un militar sentado, no podía ver su graduación. El militar, al verlos, no se levantó porque ya sabía el motivo de su visita. A la derecha había tres puertas de una sola hoja de madera de haya, las tres estaban cerradas; entre ellas se podían ver unas estatuas muy bonitas: una era una madre con su hijo pequeño en brazos, y la otra era un campesino segando con una hoz un campo de trigo. A la izquierda había una escalera que subía al piso superior. Fut se paró por unos momentos, pero Minar le dijo: - No te pares, no podemos perder más tiempo. Minar tomó la iniciativa y se dirigió hacia la escalera; Fut lo siguió y subieron a la segunda planta. Frente a ellos vieron una gran puerta de madera de haya, custodiada por dos militares vestidos de gala y sin armas (vestían de marrón, llevaban dos cuadrados dorados en ambos hombros y una banda de color azul les atravesaba la parte superior de sus túnicas, la cuales iban desde su hombro derecho y terminaban en su cintura izquierda). El militar del lado derecho iba a abrir la hoja derecha de la puerta, pero Minar le hizo un gesto con su mano derecha para que se detuvieran por el momento. Un silencio absoluto reinaba en la antesala presidencial; Minar y Fut se encontraban frente a la gran puerta, delante de los dos militares, vestidos de gala.

57


- Detrás de esta puerta está Nuestro Presidente, esperándote, Fut. No temas, no te puedo acompañar, te esperaré aquí fuera. A continuación, Minar hizo una señal con su mano derecha al militar, éste abrió inmediatamente la hoja derecha de la gran puerta de madera de haya. La sala era todo de madera, al fondo había una gran mesa de pino, con siete asientos, los cuales estaban todos ocupados. A la derecha de esta gran mesa había tres sillas muy cómodas, también de madera; cuando terminaba las tres sillas de los consejeros comenzaba una barandilla, la cual iba de pared a pared, solamente interrumpida por el pasillo central. Dicho pasillo, iba directamente desde la puerta de entrada, hasta, la gran mesa de madera. Al lado del pasillo se alineaban las filas de los bancos, los cuales eran de madera de pino. Desde la puerta hasta la mesa Presidencial el suelo era descendente, para evitar así que una persona alta tapara la visión a otra persona más baja. Las paredes eran de color verde claro con puntitos naranjas y la iluminación estaba formada por una gran placa solar situada en el centro del techo de color azul marino. Detrás de la mesa presidencial se podía ver un gran mapa del país de la tarde y, encima de dicho mapa, estaba colocada una placa solar en forma rectangular que iluminaba la mesa de manera directa. En la sala solamente se encontraban los diez miembros de la Asamblea, es decir, su presidente, los seis miembros y los tres consejeros. Entre la barandilla y la mesa presidencial había una distancia de tres metros. Fut avanzó con paso firme hacia la mesa presidencial; cuando se encontró en el borde de la barandilla se detuvo, se dirigió al presidente (lo conocía por la información que anteriormente le había dado Minar), y le dijo: - Señor Presidente, soy Fut. 58


Una vez dicho esto, se quedaron los once hombres presentes en la sala mirándose. El silencio es aprovechado para que Fut se fije en cada uno de los componentes de la Asamblea del país de la tarde. Comenzó por la izquierda de la gran mesa: el primero que vio fue al miembro Bequier. Bequier tenía unos sesenta años, de cabellos blancos, no llevaba barba, un metro ochenta y cinco de estatura, complexión fuerte, voz profunda, ojos de color azul, generoso, cabezón, firme en sus ideas, desconfiado de aquellos que no piensan como él, pero siempre está dispuesto a ayudar a los demás. Damez, de un metro cincuenta de estatura, llevaba barba rubia, cabello de color rubio, ojos azules, complexión normal, voz muy melodiosa, gestos armónicos, las facciones de su cara eran muy suaves y con pocas arrugas a pesar de su avanzada edad, setenta años. Etra era calvo, bajo, aproximadamente un metro cuarenta y ocho centímetros, ojos de color negro, expresión siempre muy seria, muy poco comunicativo, bastante desconfiado, con muchas arrugas en la cara porque tiene ochenta años de edad. En el centro de la mesa presidencial estaba sentado el Presidente, Tamur; es decir, a su izquierda había tres miembros sentados y a su derecha se encontraban otros tres miembros. El Presidente Tamur tenía barba castaña; de complexión fuerte; medía metro ochenta; tenía una voz firme; sus pasos eran firmes, pero cortos; cabellos y ojos de color castaño; tenía cincuenta años; las facciones de la cara eran un poco rudas, desprendía madurez y amor. A continuación, Fut fijó su atención en los miembros de la Asamblea que estaban a la izquierda del Presidente Tamur; el primero que venía era Fanir.

59


Fanir tenía el cabello rizado y de color gris; era el miembro más joven porque tenía treinta y seis años; medía un metro ochenta centímetros; ojos castaños; se dejaba una tímida barba en los bordes de su cara, la cual era de apenas de un centímetro de espesor; la expresión de su cara era juvenil, aunque su voz era un poco seca; no podía esconder su personalidad abierta, casi siempre estaba en plan de broma. Jaliel tenía ojos de mirada profunda, marrones; cabellos de color negro; nariz achatada; cara redonda; medía un metro sesenta centímetro; sus pasos eran largos y rápidos; de complexión normal; su expresión era un poco triste, su edad era de sesenta y dos años. Metar tenía el cabello rubio castaño; ojos azules; medía casi dos metros de altura, 1,98; complexión fuerte;, facciones dulces, desprenden tranquilidad y paz desde su cara; el cabello lo tenía liso, su melena le llegaba hasta los hombros; sus pasos eran lentos, pero firmes; tenía siempre una sonrisa en su cara y tenía cuarenta años de edad. En el lado derecho de la mesa Presidencial, estaban los tres consejeros que no tenían voto, pero si tenían voz en los asuntos de la Asamblea del país de la tarde, al igual que el supervisor militar, en algunas cuestiones concretas. Los consejeros eran tres y vestían todos de color azul, se sentaban en el lado derecho de la mesa Presidencial. El primer consejero que estaba sentado a la derecha de la mesa Presidencial era Opear. Opear tenía el cabello pelirrojo y liso, no tenía melena; sus ojos eran verdes, su mirada dulce; de complexión fuerte; en su cara se podía ver un hombre hecho a sí mismo en los campos de batalla; su voz era profunda; su nariz era un poco pronunciada; medía un metro noventa; su edad rondaba los setenta años; sus manos eran grandes. Al lado de Opear se encontraba sentado Azule.

60


Azule tenía el cabello blanco; su barba era blanca; sus ojos eran de color marrón; el semblante de la expresión de su cara era la de un anciano curtido en la diplomacia; era callado, pero cuando hablaba era concreto e incisivo, es decir, directo; de complexión normal, medía un metro con sesenta centímetros; su voz era lenta y melodiosa; tenía setenta y cinco años. El último consejero que ocupaba la última silla como tal era Zadar. Zadar tenía cara de intelectual, en su juventud se ocupó de la formación universitaria y científica del país; sus ojos verdes demostraban el cansancio de haber pasado noches despierto; su cabello era blanco; tenía serias entradas, pues estaba un poco calvo; su barba era blanca; a pesar de su edad, tenía una expresión de paz en su cara; medía un metro con cincuenta centímetros; su edad era de ochenta años; sus pasos eran cortos e inseguros; una cualidad suya era que se daba cuenta de todo sin tener que mover la cabeza para nada. Podemos ver en los tres Consejeros de la Asamblea un perfecto equilibrio entre los tres sectores de la sociedad: Opear, en el campo militar; Azule, en el campo de la diplomacia, y Zadar, en el campo científico. El sepulcral silencio fue roto por el Presidente Tamur, quien comenzó diciendo: - Hacia tiempo que te estábamos esperando. Fut le hizo una reverencia con la cabeza. - No son necesarias tanta ceremonia, soy el Presidente, y estos son los Miembros y Consejeros de esta Asamblea, como tú también lo fuiste de la de tu país. Te queremos hacer unas cuantas preguntas: ¿está usted dispuesto a contestarnos? - Si puedo, así lo haré, señores. El primero en abrir la ronda de las preguntas fue el presidente: 61


- ¿Es cierto que fuiste Consejero del país del día? - Sí, señor. - ¡Por favor! No use tanto el tratamiento de señor, simplemente limítese a contestarnos. Aún no había acabado de hablar el Presidente con Fut, cuando Damez le hizo otra pregunta: - ¿Tiene usted poderes? Fut le respondió con una suave voz, pero firme a la misma vez: - El poder solamente lo tiene el Supremo. Nuevamente le volvió a preguntar Damez: - Hemos oído que venciste al lugarteniente de Rumar, a Zu. Nuevamente Fut volvió a responder con voz suave y firme a la misma vez. - La Fe es la mano que accede al poder del Supremo. Los miembros de la mesa comenzaron a hablar entre ellos, en voz muy baja. Tras deliberar un rato, Etra, en un tono muy serio, se dirigió a Fut y le preguntó: - ¿Puede hacernos una demostración del poder del Supremo? - Si tengo el permiso del Presidente... - Usted lo tiene -dijo Tamur. Entonces, ante la atenta mirada de todos los miembros de la Asamblea, Fut cerró los ojos y, al instante, el edificio empezó a

62


temblar. Llegó a temblar tanto que el mismo Etra tuvo que decirle: - ¡Pare! Ya tenemos bastante. Fut abrió sus ojos y el edificio dejó de temblar. Todos quedaron asombrados y en silencio hasta que Opear, en un tono irónico, como de burla, le preguntó: - ¡Solamente puede hacer esto! Fut se puso serio y, en un tono muy seco, se dirigió a la Asamblea para decirles: - El Supremo puede hacer lo que quiere a través de mí porque soy una flauta y él es el músico. Ante la tensa situación, el Presidente se vio obligado a tomar las riendas del interrogatorio y le preguntó a Fut: - ¿Puede el Supremo sanar a cualquier enfermo? Fut le respondió muy seguro de sí mismo: - ¡Sí, puede! ¡Lo puede todo! Bequier, en un tono muy provocativo, le dijo: - Le veo muy seguro. Fut le miró muy fijamente y no le dijo nada. Un silencio absoluto se apoderó de la sala, nadie se atrevía a decir nada. Finalmente, el Consejero Zadar, el científico, se dirigió al Presidente y le dijo: - ¿Por qué no le traemos unos cuantos enfermos?

63


Tamur se quedó un poco pensativo, miró a Fut -que estaba esperando alguna salida para esa situación tan tensa-, y le preguntó: - ¿Acepta usted el desafío? - Lo acepto, no en mi propio nombre, sino en el nombre del Supremo. - Le veo muy seguro -replicó Bequier, casi riéndose. - Como Presidente de la Asamblea ordeno que traigan a unos enfermos. Mientras nos los traen, ¿sería usted tan amable de sentarse? Fut se sentó en un banco frente a la mesa presidencial, y el Consejero Zadar salió de la sala para traer a los mencionados enfermos. Después de una espera un poco larga, se abrió la puerta de la sala y entraron tres enfermos. - Señores, ya tenemos aquí a los enfermos –afirmó Tamur. Los enfermos fueron colocados entre la mesa de la Asamblea y la barandilla. Bequier, en un tono provocativo, le dijo a Fut: - ¡Aquí tiene a los enfermos! Muéstrenos el poder del Supremo. Si la provocación fuera poco, Opear añadió más leña al fuego; en un tono irónico se dirigió a Fut para decirle: - Tiene a un ciego de nacimiento, un tullido y un mudo de nacimiento. Fut estaba sentado a la derecha de los enfermos, frente a él se encontraba la mesa Presidencial y, a su derecha, se encontraban

64


los tres consejeros sentados. Todos los presentes menos el ciego tenían fijados sus ojos en Fut. Fut comprendió perfectamente la situación: apoyó sus manos sobre la barandilla, se levantó, abandonó los bancos dejando atrás la barandilla, se dirigió hacia los enfermos y, dando la espalda a la mesa Presidencial y la cara de los enfermos, dijo, tras levantar la mano derecha hacia arriba, hacia el techo, en voz alta y fuerte: “Supremo, si es tu voluntad, manifiesta tu sanidad, Señor mío”. Cuando Fut se retiró, se apoyó nuevamente en la barandilla derecha manteniendo su posición vertical. Todos los componentes de la Asamblea se quedan sorprendidos al ver como el ciego veía, como el tullido andaba bien y como el mudo hablaba. Los sanados no cabían en su júbilo; los componentes de la Asamblea se miraban entre ellos, muy serios. Fut no podía ocultar una ligera sonrisa. Finalmente, el Presidente Tamur se dirigió a los enfermos y les dijo: - Vosotros, podéis ir a vuestras casas. Así lo hicieron, y los que entraron en la Asamblea enfermos, salieron perfectamente sanos. - Y usted, Fut, haga el favor de esperar fuera. Dígale a Minar que entre. - Sí, señor. Minar entró en la Asamblea, se puso de pie frente a su Presidente y le saludó. Mientras tanto, Fut estaba sentado fuera, esperando el fallo o decisión final de la Asamblea. Cuando estuvieron los once hombres solos en la Sala Presidencial, el Presidente, con un tono de preocupación, dijo: - Ese hombre tiene mucho poder. 65


Etra apoyó más la desconfianza de Tamur tras decir: - ¡Podría ser el nuevo presidente! En ese momento, Minar, dirigiéndose al Presidente, le pidió permiso para tomar la palabra, la cual le fue dada. Todos los ojos de los restantes asistentes se clavaron en Minar. - No conozco muy bien a Fut, quizás nunca lo llegue a conocer. Es cierto que tiene poderes, y que es muy misterioso; pero os puedo asegurar de que lo poco que sé de él… es todo bueno. Fanil, que había estado callado todo el tiempo, se decidió finalmente a hablar y les dijo a todos los presentes: - Tenemos un especial interés de que se quede entre nosotros para siempre y eche raíces aquí. - Señores, podemos llegar a un punto de confianza limitada para Fut -dijo Tamur. Los demás pusieron mucha atención a lo que estaba diciendo su presidente. - Solamente hay una forma de saber el verdadero poder y sus verdaderas intenciones: haciéndole maestro de La Escuela Espiritual de Quimenix; impartirá dichas enseñanzas en la escuela dirigida por Sebatar. Fut será el maestro espiritual y Sebatar seguirá como hasta ahora; es decir, seguirá enseñando las materias normales, seguirá siendo la directora de la escuela. Tras una breve pausa de Tamur, continuó hablando: - A ti, Minar, te pondremos como alumno de la escuela espiritual; tu misión consistirá en informarnos de todo lo que vayas conociendo sobre Fut, ya sea en lo que se refiere a sus poderes, como a su pasado.

66


Todos los componentes de la Asamblea movieron sus cabezas afirmativamente, diciendo “es una idea muy buena, Presidente”. Ante el pequeño tumulto formado en la mesa Presidencial, el Presidente tuvo que poner un poco de orden: - Señores, aún quedan dos puntos: el primero es saber si Minar acepta la misión de ser alumno espiritual de Fut, y la segunda que éste acepte ser el maestro espiritual de Quimenix. - Señor Presidente, para mí es un orgullo obedecer su voluntad respondió Minar. - Entonces, ¡haced entrar a Fut! -ordenó Tamur. Azule, el experto en diplomacia, se levantó y salió de la sala en busca de Fut, luego entraron ambos. Azule volvió a ocupar su silla como consejero; Fut se puso junto a Minar y esperó en silencio las palabras del Presidente. - Hemos decidido que sea nuestro maestro espiritual, impartirá sus enseñanzas en la escuela cuya directora es Sebatar. Nos gustaría que aceptara a Minar como alumno de su escuela espiritual. Os alojaréis en la planta superior de dicha escuela, ¿aceptas mi propuesta? - ¡Pero...! ¿Qué voy a enseñar, señor Presidente? - Nos enseñará sus conocimientos sobre el Supremo, tanto a los pequeños como a los grandes; por eso, además de los niños, tendrás a Minar y a Sebatar como alumnos. Fut se quedó con la expresión perdida durante un rato; algunos de los presentes le hacían gestos a Minar para saber que le pasaba a Fut. Minar les indicó con sus manos que esperasen un poco. Finalmente volvió en sí y dijo, con voz normal, y mirando al Presidente Tamur: - Sí, acepto, señor Presidente. 67


- Entonces, sea bienvenido a nuestro país. Cualquier cosa que necesite, se la pide a Minar. Fut y Minar saludaron a Tamur y abandonaron la sala de la Asamblea. Una vez fuera, Fut le dijo a Minar: - Tengo la sensación de haber caído en una trampa. - Nada de eso, maestro Fut. Fut miró a Minar con una sonrisa forzada y le dijo a su nuevo alumno: - Tengo que dar una clase mañana. - ¡Ya comenzamos! - Para el Supremo no hay tiempo que perder... ¿Dónde vamos? - Vamos a nuestro nuevo hogar, a la “Escuela de Quimenix”, está muy cerca. Tras cruzar unas pocas calles, se podía ver un edificio de dos plantas de color marrón claro, de mármol, con puntitos pequeños de color verde. La puerta era normal. Ambos se acercaron; Minar llamó a la puerta y Sebatar la abrió. Sebatar era una joven alta, vestida de adulta, cabellos muy rubios, ojos azules como el mar, facciones de la cara muy suaves y simpáticas. - Sebatar, te presento a Fut, nuestro nuevo maestro espiritual. Ella se quedó sin palabras por un instante, para luego decir: - ¡Nuestro nuevo maestro de que…! Minar, estoy ahora mismo flipando.

68


- Nos enseñará al Supremo. - Minar, no sigas más, porque estoy alucinando contigo hoy. Finalmente, Sebatar no pudo aguantar la risa. Fut se la quedó mirando muy serio, mientras que Minar no sabía qué decir. Ellos esperaron a que Sebatar terminase de reírse y, cuando así sucedió, Minar le volvió a hablar, en un tono más serio: - Por orden de nuestro Presidente, y de acuerdo con todos los miembros de la Asamblea, Fut ha sido nombrado maestro espiritual de Quimenix e impartirá su enseñanza en esta escuela. Tú seguirás siendo directora y maestra, como hasta ahora, y nosotros seremos sus alumnos. Aunque ya no se reía, no pudo impedir tener una sonrisa contínua en su cara, y dijo: - Ahora soy maestra y alumna..., pues muy bien, maestro espiritual. Tu alumna Sebatar te da la bienvenida a esta tu escuela. Fut entró en el vestíbulo y le dijo a Sebatar: - Ha sido un placer haberla conocida, ¿dónde está mi habitación? Estoy muy cansado y mañana debo dar mi primera clase. - ¿No vas a cenar? -le preguntó Minar. - No tengo hambre, cenad vosotros. - Su habitación está subiendo esta escalera, la segunda a la derecha -le indicó Sebatar. Cuando llevaba unos cuantos peldaños subidos, Fut se giró hacia Sebatar y le dijo en un tono serio y seco: - No ha sido idea mía, sino de tu Presidente.

69


Siguió subiendo la escalera. Finalmente, cuando terminó de subir, giró a la derecha y se perdió de vista. Sebatar cerró la puerta y se quedaron, solos en la planta baja de la escuela, entre la puerta y la escalera, - ¿Quién es este hombre? ¿De dónde viene? - Me gustaría poder responder a la primera pregunta, pero ni yo mismo sé quién es. En cuanto a la segunda pregunta, sí te puedo responder: viene del país del día y ocupó un alto cargo allí. Con una expresión de extrañeza, ella le dijo: - Pero..., ¡te has dado cuenta de lo raro que es! - ¡Claro que sí! Pero ese hombre raro, como tú dices, ha curado la herida que tu padre tenía en la cara. - ¿Cómo? - dijo muy asombrada Sebatar. - Solamente le puso su mano derecha y nada más. Entonces, la cara de Sebatar se iluminó con una luz especial, se puso más seria y de nuevo volvió a preguntarle a Minar: - ¿Ha hecho más cosas parecidas? Minar le contestó moviendo afirmativamente la cabeza. Sebatar cogió a Minar de su mano y hombro derecho y le dijo: - Quiero que me cuentes todo lo que ha hecho este hombre y todo lo que sepas de él mientras cenamos, te haré tu cena favorita, conozco tus gustos. Al ver Minar los ojos brillar de Sebatar, como diamantes, comprendió en ese mismo momento que la había perdido para siempre, el corazón de Sebatar sería para su nuevo hermano Fut. 70


Capítulo 5 El maestro

Llegó el día siguiente y con él su estreno como “Maestro Espiritual de Quimenix”. Fut entró en el aula tras abrir una vieja puerta de madera de pino, con un pomo dorado bastante gastado (oxidado) debido al paso del tiempo. El suelo de la clase era de color marrón claro, con puntitos verdes; a su izquierda había una pared, donde solamente había un colgador para poner diez prendas o maletas. La pared de la derecha estaba totalmente vacía, sólo había una mediana ventana que ocupaba el centro de dicha pared. Al fondo se encontraba una gran pizarra, encima de la cual se encontraba un retrato del Presidente Tamur. Frente a la gran pizarra se encontraba colocada su silla, junto a la mesa del maestro, ambas de madera de pino; su mesa era grande, estaba recubierta por sus lados, por su parte delantera. En su parte posterior, en el lado izquierdo, tenía tres cajones. Frente a la mesa del maestro había nueve pupitres de madera de pino, con sus respectivas sillas, en tres filas. Cada fila tenía tres pupitres. A Fut no le gustó mucho su futura clase. Se fijó en la ventana y pudo ver parte del patio, que era un poco pequeño (tenía una longitud de unos siete metros y una anchura de unos ocho metros; es decir, tenía casi sesenta metros cuadrados). Tenía una pequeña puerta de madera que lo comunicaba con la calle y, tras subir tres escalones, se entraba por otra puerta al vestíbulo. Aquí había una puerta tras la cual se encontraban, ahora mismo, Fut con sus alumnos, es decir, la clase. Finalmente se atrevió a entrar en su aula de maestro espiritual, anduvo unos cuantos pasos, de manera pensativa, se detuvo en mitad de la clase y, con una voz muy baja y melodiosa, dijo: 71


- Me han hecho maestro del Supremo, pero... ¿quién soy yo para enseñar tu luz, si ni siquiera me comprendo a mí mismo? Solamente te pido, Supremo, que por esta boca solamente salgan tus enseñanzas, y no las mías… Ahora mismo saldría corriendo y dejaría todo, no soy digno de enseñar lo poco que sé de ti. Supremo, no soy perfecto, he dicho cosas que no tenía que haber dicho; he hecho cosas que tampoco tenía que haberlas hecho. Solamente tú sabes cuáles son, no quiero este cargo, pero tampoco puedo defraudar a estos hermanos que confían en mí, cuando deberían confiar solamente en ti, Mi Señor. Fut avanzó hacia su mesa. Cuando llegó a su silla, la que tenía un amplio respaldo, la retiró, se sentó en ella y, poniéndose las manos juntas sobre su frente, se agachó un poco, cerró sus ojos (por su mente pasaban algunas escenas de su pasado), mientras que sus labios pronunciaron contínuamente “ayuda, ayuda…”. Así estuvo un buen rato, hasta que finalmente se quedó sin conciencia del exterior, parecía que estaba como dormido, pero realmente estaba concentrado consigo mismo. Minar entró en la aula -la puerta estaba abierta-, andó hasta llegar a la mesa de Fut, lo vio sentado frente a ella con la cabeza agachada, sus manos estaban formando un triángulo que tocaba su frente para así impedir que su cabeza cayera sobre la mesa, y diciendo, una y otra vez, “ayuda”. Un ruido seco y fuerte del exterior, que venía de la calle, hizo que Fut volviera a tomar contacto con el exterior. Cuando Fut vuelve en sí, ve a su hermano Minar sonriéndole: - ¿Cuánto tiempo haces que estás aquí? - El suficiente para sentir tu petición de ayuda. ¿Acaso tienes miedo de ser el maestro espiritual? Fut se levantó de repente con gestos faciales muy serios y dijo: - Solamente hay un maestro espiritual, ¡y no soy yo!

72


Minar se lo quedó mirando y, de forma pensativa y con mucha suavidad, le dijo: - ¡Puede ser que tenga razón! Pero aquí solamente tú tienes conocimientos espirituales. - ¡Es cierto, que tengo conocimientos espirituales! Pero en el fondo ¡soy como vosotros, no soy perfecto! -le gritó Fut a Minar. - Nosotros no queremos que seas perfecto, nada de eso. - Eso lo comprendo, Minar. ¿No has pensado que puedo romper la armonía entre los tres países? - La armonía entre los tres países hace ya mucho tiempo que está rota. Nosotros, con tus enseñanzas, seremos un poco más perfectos. - Debes saber que no son mis enseñanzas, y segundo… Minar iba a interrumpir a Fut, pero en ese mismo momento entró Sebatar acompañada con los alumnos. Sebatar entró acompañada de siete niños, cuatro niñas y tres niños, cuyas edades iban desde los ocho hasta los doce años. Los niños, al ver a Fut por primera vez, se sorprendieron un poco, porque habían oído algunas cosas de él, se lo imaginaban como un mago, no como un hombre más. Mientras que los niños ocupaban sus pupitres de siempre, Minar le dijo con voz muy baja y sonriendo: - ¡Aquí tienes a tus alumnos, maestro! Todos los pupitres de la primera fila fueron ocupados; los dos laterales, tanto el de la derecha como el de la izquierda, también fueron ocupados; solamente quedaron libres, es decir, sin ocupar, los dos pupitres centrales posteriores. 73


Minar y Sebatar estaban de pie, los niños miraban tanto a Fut como a Sebatar, porque no sabían quién era el profesor ahora. - Señor maestro, ¿dónde puede sentarse su alumno Minar? preguntó el mismo Minar. - Se puede usted sentar en el pupitre vacío, que está detrás de esta guapa niña de cabellos rubio-castaño. Minar así lo hizo, y se sentó en ese pupitre. - Y tú, Sebatar, no es necesario que te diga dónde te puedes sentar, porque solamente queda un pupitre libre, el que está detrás del pupitre de Minar. Fut se puso frente a la guapa niña de cabellos de color rubiocastaño y se dirigió a la clase: - Me llamo Fut y vengo del país del día. Desde hoy seré vuestro maestro espiritual. Algunos niños dijeron: - ¿Maestro de qué? Otros niños pusieron cara de extrañeza; Sebatar tuvo que intervenir para poner un poco de silencio. - Muchas gracias, Sebatar. Antes de explicaros lo que os voy a enseñar, primero os presentaréis vosotros mismos. Comenzaremos por ti -señalando al primer alumno de la fila delantera que estaba sentado en el pupitre de la izquierda. - Me llamo Masete y tengo diez años -tenía el cabello rubio oscuro, delgado, alto para su edad, ojos azules, la expresión de su cara era de astuto, y así era, muy listo y distraído a la misma vez. - Muy bien, Masete. La siguiente. 74


La siguiente era la niña que ocupaba el pupitre central de la primera fila. - Me llamo Kattya y tengo doce años recién cumplidos -tenía el cabello rubio-castaño, sus ojos eran de color verde, delgada, muy sociable, comunicativa, inteligente, con dotes organizativas, complexión fuerte, cara muy agraciada, sin pecas, siempre tenía una sonrisa, hacía constantemente preguntas, sus movimientos físicos eran armoniosos, es decir, no eran bruscos, tenía un gran interés por las cuestiones del Supremo y siempre se estaba haciendo preguntas muy cultas y profundas. Su estatura era normal para su edad y se podía ver que sería una joven muy guapa. Pero sobre todo tenía un corazón muy generoso hacia los demás niños. Cuando Kattya terminó de presentarse, Fut miró al último pupitre de la primera fila, el que estaba situado a la derecha de Kattya. - Profesor Fut... - Llámame solamente maestro. - ¡Cómo usted diga! Maestro Fut, me llamo Jale y tengo once años -era un niño alto para su edad, muy delgado, cabellos de color negro-castaño, ojos castaños, era muy comunicativo, buscaba siempre compañeros cultos e inteligentes, la expresión de la cara un poco astuta, pero de buena persona. Ponía mucho interés en los asuntos nuevos para él y era de toda confianza; a veces era un poco travieso con los niños menores de su edad. Era un niño sano y tenía un gran futuro, porque hacía unas preguntas como si fuera un adulto. - Bueno, ya tenemos a todos los niños de la primera fila presentados. Comencemos ahora con la segunda fila, y será… aquella guapa niña de la izquierda. - Maestro, me llamo Tua y tengo ocho años -era una niña con unos ojos muy vivos, de color negro, al igual que su cabello; tenía 75


una melena que le llegaba hasta los hombros, como tenía el cabello liso le favorecía a su redonda cara. Le gustaba mucho subirse y bajarse de las alturas, su pequeño cuerpo parecía de goma; le cayó bien desde el primer momento su nuevo maestro. Era lista, con gran facilidad de palabra; en su cara redonda casi siempre tenía una sonrisa, su estatura era normal para su edad. - Ahora vamos por la última niña de la fila central. La niña estaba sentada en el lado derecho de la clase: era directa, y comenzó diciendo: - Fut, me llamo Yuamí y tengo once años -era muy alta para su edad, tenía el cabello liso de color castaño, sus ojos eran marrón claro; era una niña de mucha vida, se daba cuenta de muchas cosas, es decir, era muy observadora; en sus preguntas se podía ver que era demasiada realista, porque hacía unas preguntas muy directas, demasiado serias para su edad; al igual que al resto de sus amigos y amigas de escuela, le gustaba mucho jugar y estaba muy bien educada por sus padres. Tras la presentación de Yuamí, Fut se dirigió a la última fila, se volvió a fijar en otra niña que estaba sentada en el extremo de la fila y le dijo: - Ahora es tu turno, jovencita. Con una gran sonrisa le dijo: - Maestro Fut, soy Mel, tengo once años y me gusta mucho aprender cosas nuevas -ella tenía una cara alargada muy bonita, siempre con una sonrisa, y tenía muchas ganas de jugar. Era muy revoltosa, porque casi nunca estaba callada; era alta para su edad; delgada; su cabello era castaño liso, llevaba una espléndida melena; a pesar de ser un poco habladora, estaba muy bien educada, al igual que todos los niños de la escuela; sus ojos eran verdes; su complexión era normal, aunque estaba un poco delgada, delgadez que la hacía más guapa todavía. Era muy dulce 76


y amable con los mayores. Junto con Kattya y Yuamí, formaban un pequeño grupo de amistad entre las niñas, al cual se le sumaba, a veces, la pequeña Tua. - Ya vamos a acabar las presentaciones, niños, y podremos comenzar con nuestra primera clase. Hemos comenzado con Masete y acabaremos con... -miró al último niño sin presentarse. - ¡Burén, señor maestro! Eso tan raro no lo entiendo. Fut sonrió un poco porque ya ve quién es el travieso de la clase. El niño prosiguió: - Tengo diez años y me gustan mucho las cosas rápidas -tenía una cara de pícaro que no podía con ella; sus cabellos eran rubiooscuro; sus ojos eran azules; era bastante inquieto, aunque de poco hablar y sí de hechos. Tenía mucha curiosidad por las enseñanzas de Fut y por todo aquello que no conocía, su espontaneidad le había sobresalir sobre los demás, pero, sobre todo, tenía un corazón muy noble. Cuando jugaba, no le gustaba perder; eso le hacía tener un espíritu combativo, como cualidad más importante de su personalidad. Era alto para su edad. - Cómo ya nos hemos presentado todos... -quiso continuar Fut, pero fue interrumpido. - ¡Perdone, señor maestro! Faltan dos por presentarse –dijo Kattya. Él la miró y le dijo: - A Sebatar y a Minar ya los conocéis, y nos conocemos. Soy vuestro maestro espiritual, Sebatar seguirá siendo vuestra directora y maestra de lo no espiritual como hasta ahora; es decir, esta escuela tiene una sola directora y dos maestros, uno de la enseñanza espiritual y el otro de la enseñanza normal.

77


Todos escucharon muy atentamente, reinaba un silencio absoluto, esperando las palabras de Fut, quien continuó diciendo: - El poder más grande de toda la creación es el amor, El Supremo, que ha creado la creación por amor; por eso, hemos sido creados a su imagen y semejanza. - ¿Quiere decir esto que soy una Suprema? -preguntó Yuamí. - ¡No! Tú no eres el Supremo, pero tienes su esencia dentro de ti. - No lo comprendo -añadió Minar. - Es muy sencillo, os voy a poner un ejemplo y lo vais a comprenderlo todos. Sabemos lo que es un océano, compuesto por millones y millones de gotas de agua; si cogemos una sola gota de ese océano, la gota no es el océano, pero tiene la misma esencia. Y allá donde se encuentre esa gota, siempre podrá manifestar la esencia del océano del cual proviene. - Nosotros no somos el Supremo, pero podemos manifestar su esencia -dijo Masete. - ¡Así es! Pero siempre que tengamos un motivo para ello, porque, si no hay motivo, será una manifestación sin sentido o, en su caso, indebida. - Todo esto está muy bien, pero queremos ver un ejemplo práctico de tus enseñanzas -solicitó Sebatar. Fut, por un momento, se quedó muy pensativo; finalmente le dijo a la vivaracha Tua: - ¿Puedes salir al patio y traer una piedra grande? Todos se quedaron extrañados, pero Tua obedeció, se levantó, salió de la clase y, una vez en el patio, cogió una gran piedra, casi no podía con ella. Fut, cuando la vio entrar con aquel pedrusco, 78


no pudo aguantar su risa, la cual fue acompañada por el resto de los presentes en la clase. Tua, un poco rayada, dijo: - ¿A qué vienen esas risas? - Te he dicho una piedra grande, no un pedrusco. La niña, de una manera muy vivaz, le dijo a su maestro: - Así podrá demostrar mejor ese poder, señor maestro. Viendo el sobreesfuerzo que estaba haciendo Tua, le dijo Fut a Minar: - ¿Puedes tú coger la piedra y ponerte frente a la ventana? Minar, que ya conocía las cosas de su nuevo maestro, no le sorprendió ya nada de él, lo miró de forma resignada, se levantó de su silla, liberó a Tua de su gran peso -nunca mejor dicho- y, finalmente, se puso frente a la ventana, esperando lo que le dijera su misterioso maestro. - ¿Qué hago ahora? Ante la sorpresa de todos, Fut le dijo con una voz muy firme: - ¡Lánzala contra la ventana! La ventana era de tamaño mediano, transparente, con los marcos de madera oscura, y estaba dividida en dos partes. En el centro tenía una maneta que abría o cerraba la ventana; podía verse casi todo el patio a través de ella. El resto de la clase no podía creer lo que estaba sintiendo: un maestro mandando romper una ventana. Minar conocía algo a Fut y de él se lo esperaba todo. Sin pensárselo dos veces, lanzó el pedrusco contra la ventana. Se rompió en mil pedazos, literalmente, y Minar se volvió hacia Fut y le dijo muy sonriente: 79


- Aquí tienes tu preciosa ventana rota, maestro -le dijo Minar. Fut aguantó las risas con su típica seriedad y, cuando acabaron, con una voz seria, les dijo: - Ahora vais a ver como esta ventana vuelve a estar como antes. A Sebatar se le saltaron los ojos de asombro cuando oyó estas palabras de la boca de Fut, luego sonrió muy discretamente. Fut se quedó mirando fijamente hacia la ventana -se produjo un silencio absoluto- y, de repente…, la ventana volvió a ponerse tal como estaba antes de que Minar le lanzara la piedra. Ante los mismos ojos de todos los presentes en la clase, todos se quedaron asombrados y con la boca abierta. Fut, entonces, se volvió hacia ellos con una leve sonrisa, y les dijo: - Lo que habéis visto todos es solamente una pequeña parte del poder del Supremo. Cualquiera de vosotros que tenga fe en él y tenga un motivo justificado lo puede hacer. - Y si rompemos de nuevo la ventana, maestro -preguntó Burén. - Entonces se quedará rota y la tendrá que pagar tus padres, porque ya no hay motivo para manifestar el poder del Supremo. La dulce Kattya le pregunta: - ¿Cuál fue el motivo de antes? - El motivo ha sido que vosotros podáis ver una pequeña prueba del Supremo, así comprenderéis que mis enseñanzas no son mías, sino también es vuestra. Se levantó Sebatar de su pupitre y les dijo a los niños: 80


- La clase ya ha terminado por hoy. Los niños abandonaron la escuela en dirección a sus casas; los más grandes iban solos, los más pequeños eran acompañados por los adultos. En Quimenix no había escuela por la tarde, la clase de Fut había sido muy larga y un poco especial. Una vez fuera de la clase, los niños hablaban entre sí, diciéndose: - Este maestro mola mazo -empezó Tua. - Para mí es mega-guay –siguió Kattya. - Pues yo, flipo –añadió Burén. Cuando iba a hablar la realista, Yuamí, todos callaron, la miraron y esperaron su opinión. - Este maestro mola por un tubo, además de aprender mucho con él, lo pasaremos pipa. Los padres que estaban fuera esperando a sus hijos, no podían creer lo que estaban oyendo sobre el nuevo maestro. Se quedaron los tres a solas en la clase; es decir, Sebatar, Minar y Fut. Sebatar se sentó en un pupitre situado frente a la mesa del maestro, a la derecha de Fut, pero, como él estaba un poco cansado de estar de pie, se sentó en otro pupitre situado a la izquierda de Sebatar. Mientras tanto, Minar se sentó sobre la mesa del maestro, mirando a los dos. Minar miró a Fut y le dijo: - ¡Vas a coger fama de mago! - No soy mago. - ¿Entonces qué eres? -le preguntó Sebatar. - Soy un maestro más, simplemente. 81


- No eres un maestro corriente, nunca había visto algo como lo de hoy -prosiguió Sebatar. Fut miró a los, se levantó, dio una palmada y les dijo: - Estoy un poco cansado, me voy a mi habitación a descansar. Dio una segunda palmada y desapareció. Sebatar miró a Minar y éste, con una gran sonrisa, le respondió: - Ya te irás acostumbrando a sus cosas, Sebatar. En la clase se hizo un silencio total, hasta que Minar lo rompió: - ¿A ti te gusta Fut? - Ese presumido, distante y serio... ¿hombre? ¡No digas tonterías! - Durante un instante, te he visto como le sonreías durante la clase... - Tiene algo que me gusta, pero no sé lo que es, ¡es tan misterioso! - Vayamos a preparar la comida mientras que nuestro misterioso maestro descansa. - ¿Por qué no le pedimos que nos haga aparecer la comida? Minar y Sebatar entraron en la cocina, prepararon la comida, pusieron la mesa y, cuando ya la tenían toda preparada, llamaron a Fut. Él bajó de su habitación y se sentó en la mesa junto a ellos dos. Frente a Fut estaba Sebatar y, en medio de ellos, se encontraba sentado Minar. Fut se quedó mirando fijamente a Minar y a Sebatar, y les dijo muy serio:

82


- La comida no se puede hacer aparecer porque ya no la da la naturaleza. - ¡Puedes leer los pensamientos! -le contestó Sebatar. - ¡Puede! -añadió Minar. - No lo hago siempre, cuando lo hago nunca comento lo que veo. Las clases de la escuela de Quimenix estaban organizadas de la siguiente manera: la primera hora era del maestro Fut, luego venía media de patio y, por último, venía la segunda hora que era de la maestra Sebatar. Los niños y niñas, desde que estaba Fut dando esa materia tan rara -y nueva para ellos, con la que alucinaban por un tubo-, eran los primeros en levantarse en sus casas, por las mañanas, cuando había escuela. Sus padres ya no le tenían que decir que se dieran prisa en vestirse, tomarse el desayuno y demás cosas; eran ellos lo que metían prisa a sus padres, porque no se querían perder las clases flipadas del maestro Fut. Para la siguiente clase, a Fut se le pegaron un poco las sábanas, entró a la clase unos diez minutos más tarde. Cuando entró en la clase vio a todos muy callados y sentados. Tan frío como siempre, se dirigió hacia su mesa; cuando llegó a la misma se sentó, en la esquina izquierda de la mesa. Cuando se disponía a hablar, la simpática Mel le dijo: - Buenos días, maestro. Fut levantó la cabeza y respondió: - Buenos días a todos. Una vez que saludó a todos, se puso de pie, comenzó a mover la cabeza de izquierda a derecha, y finalmente dijo a todos, en voz alta: 83


- No me gusta como es esta clase -todos recordaban lo de la ventana del día anterior, y pensaban qué iba a hacer ahora. Se adelantó unos pasos, se puso casi encima de Kattya y dio una palmada; entonces, en la pared de la izquierda apareció dibujado un hermoso paisaje, con un gran arco iris, pájaros volando, y el colgador que antes era de color oscuro, ahora era de todos los colores. - ¡Qué bonito es! -decía una y otra vez Sebatar. Los niños estaban con la boca abierta, sin saber qué decir. A continuación Fut volvió a dar otra palmada y, esta vez, en la pared de la derecha apareció dibujado un hermoso valle con unas montañas nevadas al fondo, con un espléndido cielo azul marino, en el centro del cual había un sol. Si antes los niños, y los no tan niños, estaban con la boca abierta, ahora tenían todos los ojos salidos, de lo asombrados que estaban. Fut les miró a todos con una amplia sonrisa (era la primera vez que Minar veía a Fut alegre). Volvió a dar otra palmada y la pared del fondo se transformó en un dibujo en el que se podía ver un fondo marino, con sus aguas claras y muchos peces de todos los colores y tamaños. El borde de la pizarra, que antes era oscuro, ¡ahora era de todos los colores!; solamente el cuadro del Presidente quedó como antes estaba. Los siete niños, como los dos adultos, se lo estaban pasando en grande. Cuando todo parecía haber acabado, Fut les dijo: - Ahora queda el punto final -volvió a dar su última palmada. Entonces el suelo se transformó en un césped verde, con florecillas dibujadas de todos los colores. El techo ya no era de color blanco, sino rosa claro; la puerta de la entrada a la clase también era de todos los colores; y todos los pupitres, sillas y la mesa del maestro, dejaron sus colores de madera oscura y pasaron a tener todos los colores del arco iris. 84


Algunos niños se levantaron de sus sillas y contemplaban con gran asombro la gran transformación que había tenido su clase. Otros estaban sentados, mirando todo totalmente salidos de sí mismos; muy sabiamente Fut dejó un rato de tiempo muerto, sin decir nada, sin hacer nada, para que todo volviera a su normalidad ¡si es que lo que él había hecho se podía llamar normal! En vista de que pasaba el tiempo y la clase no volvía a la normalidad, dado que contínuamente se sentían expresiones como ¡tenemos una clase súper-mega-guay!, ¡qué flipada ha hecho el maestro!, ¡qué pillada más hermosa!, ¡estoy flipando y no me lo puedo creer!, Fut volvió a dar una nueva palmada, pero esta vez solamente para llamar la atención y, finalmente, consiguió calmar la clase y se dirigió a sus extasiados alumnos: - Si queréis vuelvo a poner la clase como antes estaba... Todos, a una misma voz, le respondieron, con unas voces altas y claras…: ¡No! - Entonces... que se quede como está ahora. A continuación volvió a dar una palmada y del techo comenzaron a caer unas pequeñas gotas plateadas, las que, antes de alcanzar algún objeto o persona, desaparecían. Finalmente dejaron de caer esas gotas plateadas. - Es hora de que comencemos la clase de hoy -sugirió Sebatar. Sebatar no dejaba de mirar a Fut, y sus ojos brillaban mucho. Minar se giró hacia atrás y lo comprendió todo en seguida, ya no había duda. Fut, sólo en dos días, había conquistado el corazón del amor de su infancia, y el de los niños de la escuela. Fut, al mismo tiempo que estaba hablando, estaba leyendo el pensamiento de su nuevo hermano Minar; pero siguió hablando de la lección que iba a dar a continuación. - Hoy comenzaremos un tema muy interesante, vamos a dar el tema de la sanidad. 85


- ¿Dónde viene la sanidad? -preguntó Kattya. - La sanidad nos viene del amor del Supremo, por amor; el Supremo nos da todo lo suyo, entre ello, la sanidad. - ¿Qué significa sanidad? -preguntó Jale. - La sanidad es la ausencia de enfermedad -contestó Fut. - Eso no me lo creo -dijo Burén. - Todo lo que os enseño viene del Supremo. - Entonces... ¡si me rompo una pierna, él me la sana! -dijo Yuamí. - Si te rompes la pierna por accidente sí, pero si te la rompes intencionadamente ¡no!, porque entonces te estás riendo del Supremo. - ¿Cómo lo sabe él? –preguntó Kattya. - ¡Porque él lo sabe todo de nosotros! ¡Siempre! El pícaro Masete le puso una prueba a su maestro: - Mi gato, el otro día, se cayó de un tejado, se partió la cabeza y ahora está en mi casa muy enfermo. ¿Me lo va sanar el Supremo? - Lo vas sanar tú. El pícaro Masete, muy sorprendido, replicó: - ¿Cómo? - Por medio de tu fe -le respondió Tua.

86


- Muy bien, Tua. La fe y el amor son dos fuerzas muy poderosas, con las cuales accedemos al poder del Supremo. Entre ese poder está la sanidad -dijo Fut. - ¡Pero si es solamente un niño! -exclamó Sebatar. - Los niños están más cerca del Supremo que muchos adultos, y que yo mismo. - ¿Cualquiera de estos niños puede hacer lo que tú haces? preguntó Minar. - Así es. Hoy vamos a dar la clase en casa de Masete. Todos se sorprendieron un poco, pero solamente un poco, porque ya iban conociendo a su nuevo maestro, de él se podía esperar cualquier cosa. - ¿Y si no están mis padres? Fut, con una voz muy firme, le dijo: - Ahora mismo está tu madre en tu casa. - ¿Usted cómo lo sabe? Fut no respondió. Todos se levantaron para irse a casa de Masete y, aprovechando el pequeño bullicio producido, Minar se le acerca por detrás a Masete y, poniéndole su mano derecha sobre su hombro derecho, le dijo: - ¡Hijo! Si Fut dice que está tu madre en tu casa es porque está. No me preguntes como lo sabe, porque ni yo mismo lo sé. Masete se giró y sonrió a Minar. La comitiva estaba capitaneada por Masete, después iban Fut y Minar, y la cerraba Sebatar. Después de andar por unas calles, 87


llegaron finalmente a casa de Masete: era de color violeta con puntitos amarillos y la puerta era de madera de pino clara. Ésta se abrió. Salió una mujer alta, joven, con cabellos negros, ojos castaños, cara redonda, las facciones de la cara eran muy agradables, vestía toda de marrón, con sandalias verdes. La mujer, al ver la comitiva, se sorprendió un poco y, al instante, su hijo le dijo: - Mamá, te presento a mi maestro Fut. Maestro, le presento a mi madre, Ameitana. - Es un placer conocerla, señora. - Mamá, mi maestro quiere dar la clase en casa. Esas palabras de su hijo la hicieron dudar, pero finalmente respondió: - ¿Es usted el hombre de Imaf? Él sabía perfectamente a lo que se refería, a lo ocurrido en el puente principal de Imaf, cuando ayudó al niño ahogado. - Sí, señora, yo soy. Me gustaría dar una lección en su casa -ella se quedó pensando para sí misma: “Con lo tranquila que estaba, y ahora vienen estos a romper mi paz..., pero no me puedo negar”.Está bien, podéis pasar y dé usted su lección. La comitiva entró solamente hasta la entrada del recibidor, pues el gato se encontraba allí, en un cesto. El gato estaba más muerto que vivo, tenía un vendaje en la cabeza un poco ensangrentado. - ¡Pero si está casi muerto! -gritó Tua. - No se mueve –dijo Burén. Masete se dirigió a su madre y le dijo con toda la naturalidad del mundo: 88


- Vamos a sanar al gato, mamá. Ella lo miró y no dijo nada. Finalmente actuó Fut diciendo: - Debemos dejar un espacio libre al gato. Todos se apartaron un poco del gato, el pobre animal estaba rodeado por la comitiva y por la pared del recibidor. Fut le pidió a Ameitana un trapo limpio de color morado. - No sé si lo tengo, señor. - Señora, tiene usted uno debajo del segundo armario, en el primer cajón que está a la derecha del fogón. La señora de casa no sabía que decir... Fue al sitio indicado por Fut y descubrió dicho trapo morado; se sorprendió mucho, cogió el trapo morado y volvió al comedor para dárselo. - No me lo dé a mí, sino a su hijo, señora. Así lo hizo ella. Masete cogió finalmente el trapo morado. - Ahora, Masete, obedece fielmente y no dudes: coloca este paño sobre la cabeza del gato -él lo hizo así. - ¿Qué hago ahora, maestro? La madre de Masete lo seguía todo a cierta distancia, con suma atención e interés. - Masete, ponte frente a tu gato y di estas palabras que te estoy escribiendo en este papel. Cuando terminó de escribir, se lo dio a Masete y le dijo: - Lee en voz alta y di una sola vez esto.

89


Masete cogió el escrito que le dio Fut y dijo así: - Supremo, por amor, me dirijo hacia ti para que sanes a este gato -a continuación se produjo un silencio y todos miraron a Fut. - Quítale el paño y el vendaje a tu gato. Cuando el gato tuvo la cabeza descubierta, todos pudieron ver que tenía la cabeza completamente curada: el gato salió de su cesto dando un salto. Masete lo cogió en brazos, pero salió corriendo por el comedor y se perdió de vista cuando entró en un pasillo. De todos los presentes, la más impresionada era Ameitana, la madre de Masete, la cual no podía creer lo que había visto. - Mi clase, por hoy, ha terminado, niños. Ahora son todos tuyos, Sebatar. Muchas gracias, señora, por habernos dejado su casa. - Las gracias se las tengo que dar a usted, señor. La comitiva abandonó la casa de Masete y nuevamente se dirigió hacia la escuela. A medio camino, Fut le dijo a Sebatar: - Tengo que ir a la biblioteca. Estaré de vuelta para la hora de comer. Ella asintió afirmativamente con la cabeza y él se alejó de la comitiva en dirección a la biblioteca. La fama de Fut se había extendido por todo Quimenix, y parte del país de la tarde; la Asamblea tenía un amplio informe suyo hecho por Minar. El temblor del edificio de la Asamblea, las tres curaciones realizadas en la misma, la demostración en la clase (la ventana) y la curación del gato de Masete, habían hecho de Fut un hombre muy misterioso y deseado, a la misma vez, por todos.

90


Estuvo en la biblioteca haciendo unas consultas y, tras ellas, se dispuso a abandonarla, pero cuando iba por el largo pasillo que conducía a la salida, custodiado por seis columnas, tres a cada lado, de tan concentrado en sus asuntos de maestro cómo iba, no se dio cuenta de que había tres hombres escondidos, cada uno detrás de una de las columnas. Cuando había superado dos columnas, a su espalda le salieron dos hombres de esas dos columnas traseras. Esos dos hombres lanzaron cada uno un cuchillo sobre Fut; pero momentos antes de que estos cuchillos fueran lanzados contra él, una luz blanca muy fuerte envolvió a los dos hombres y los dejó ciegos por unos segundos. Fut se dio la vuelta de inmediato y vio como dos cuchillos se dirigían hacia su cuerpo, aunque un poco desviado debido a la luz blanca. Comprendió que estaba siendo víctima de un atentado, concentró su mirada en los cuchillos y los desvió lanzándolos contra la pared lateral derecha, a continuación extendió sus brazos (como cuando se encontró con Zu, cuando se dirigía hacia Imaf) y esos dos hombres fueron lanzados contra las columnas tan fuertemente que quedaron inconscientes en el suelo. Un tercer hombre salió de la columna lateral derecha, la que estaba a su espalda, con una espada y dispuesto a usarla contra él; pero cuando vio lo hecho con los otros dos hombres, se quedó sin saber qué hacer. Entonces Fut dio una palmada y la espada se clavó en el muslo izquierdo de este tercer hombre, cayendo herido al suelo. Fut se dirigió hacia él y cuando llegó a su altura, le sacó la espada de su muslo izquierdo y le preguntó: - ¿Quién te envía? El hombre, muy asustado, le dijo: - ¡No me mates!

91


- Sólo quiero saber quién te envía. Tus compañeros se recuperarán muy pronto, aunque, eso sí, un poco aturdidos por el golpe. En cuanto a ti… -Fut extendió su mano derecha sobre la herida y le dijo:- las manos están para curar solamente, no para matar. Ya le había sacado Fut su espada del muslo izquierdo y la había dejado en el suelo. Cuando terminó de decir esto, su pierna izquierda estaba completamente curada de la herida. - ¿Cómo lo has hecho? - Vosotros habéis intentado matarme, en cambio yo te he curado en el nombre del Supremo. - Nos envía un miembro de la Asamblea, Bequier; nuestra misión no era matarte, sino comprobar tus poderes más de cerca. Fut se quedó muy pensativo y finalmente le dijo: - Id y decidle a Bequier que mi poder viene del Supremo, por mí mismo, no soy nada. Este poder es solamente para hacer el bien, solamente quiero vivir en paz en este país, como todos. Mientras Fut le decía todo esto, el hombre le escuchaba muy atentamente y pensaba para sí mismo “este hombre me ha curado y yo lo he intentado matar”. Fut extendió sus manos hacia él, pero al principio no se movía, pues no se fiaba mucho de Fut. - No te voy hacer ningún daño, amigo, te estoy dando las manos para que te levantes del suelo. Finalmente se agarró a las manos de Fut y se levantó. Cuando Fut lo levantó del suelo, con una amplia sonrisa, le dijo: “¡Amigo mío, nosotros nunca nos hemos visto!”. Dicho esto, se alejó y salió de la biblioteca. Lo sucedido en la biblioteca no le sorprendió, en cierta manera se lo esperaba, sabía perfectamente que habría más pruebas por parte de la Asamblea; no le dio importancia y no lo comentó con nadie. 92


Después de comer, comenzó a preparar el tema de la clase del día siguiente con la mayor tranquilidad del mundo. Los niños y niñas entraron acompañados por Sebatar y Minar, y todos ocuparon sus asientos. Fut dejó de estar sentado sobre su mesa y se puso de pie, reinaba un absoluto silencio en aquella colorida y hermosa clase (casi siempre, cuando los niños y niñas llegaban a la clase, Fut ya estaba allí, unas veces de pie y otras veces apoyado en su mesa, muy pocas veces se sentaba). Sus clases eran un poco diferentes y, a la misma vez, amenas: los alumnos preguntaban, él respondía, y todo esto se hacía en un orden y respeto mutuo; tanto desde los niños hacia Fut, como de él hacia los niños. Finalmente habló y dio comienzo así la clase de un nuevo día en la escuela espiritual de Quimenix. - Todo tenemos un cuerpo físico -dijo tocándose con la mano derecha y con la mano izquierda-, tenemos una mente -y se toca la cabeza con la mano derecha- y tenemos un espíritu -a continuación hace con sus manos un globo encima de su cabeza. - El cuerpo físico lo puedo comprender, pero la mente y el espíritu, no lo comprendo -dijo Sebatar. - Esa es una buena pregunta que siempre nos hacemos; es debido a que el cuerpo físico se puede ver fácilmente. El mental no se ve físicamente, pero se manifiesta a través del físico: según como pensamos, así actuamos físicamente. Todos estaban callados porque era la primera vez que oían aquellas enseñanzas. - ¿Qué es el espíritu? -preguntó Minar.

93


- El espíritu es la parte de nosotros que está más cerca del Supremo. Dicho de otra forma, es la parte del Supremo que todos tenemos dentro de nosotros. - No entiendo nada, maestro -dijo Jale. - Es normal que ahora no entiendas nada, ya lo irás aprendiendo. Es un estudio muy fácil y, a la misma vez, tan profundo que nunca se llega a saber todo; por eso, solamente hay un maestro, que es el Supremo, y lo podemos conocer por mediación del mensajero del amor. - ¿Por qué nos hablas tanto del Supremo? -preguntó ahora Yuamí. - Todos estamos hechos a su imagen y semejanza, por encima de él no hay nadie, de él venimos y hacia él volveremos. Todo lo que hay en la creación viene del Supremo. Sintió tanto amor que nos hizo a su semejanza e imagen, esto quiere decir que funcionamos como él, pero nunca seremos él. - ¿Para qué sirven tus enseñanzas? -ahora fue Sebatar quien preguntó. - Primero, no son mis enseñanzas, y segundo, sirven para conocer mejor la creación, a nuestros amigos, y conocernos mejor a nosotros mismos. Conforme vamos conociendo a nuestros amigos y amigas, nos vamos conociendo más a nosotros mismos. - ¿Estás autorizado para enseñar estas enseñanzas? -preguntó Minar. - Cualquiera que sea consejero, o que lo haya sido, no solamente está autorizado, sino que tiene la obligación de enseñarlas. El Supremo debe ser siempre el centro, todo gira en torno a él, y, consecuentemente, debemos dar la gloria a él, nunca a nosotros. - Le tengo que hacerle muchas preguntas, maestro -dijo Burén.

94


Fut sonrió y le respondió con una sonrisa: - Poco a poco, que tenemos mucho tiempo, solamente hemos comenzado... Ahora vamos a explicar lo que es el bien y el mal y sus consecuencias en nosotros. Cuando hacemos caso a nuestros padres, es decir, cuando somos obedientes a nuestros padres materiales y espirituales, entonces estamos haciendo el bien. Y con el tiempo tendremos la victoria en nuestras vidas. Tras una leve pausa, Fut continuó con su clase: - El corazón del Supremo siempre es hacer el bien -algunos comienzan a mover la cabeza dando a entender que lo están empezando a entender-. En cambio, cuando no hacemos caso a nuestros padres, entonces hacemos el mal; si seguimos por el camino del mal, finalmente perdemos la paz del amor. A veces nos preguntamos: si nuestro Supremo siempre es amor..., ¿por qué permite la existencia del mal? Eso no es cierto. Reinaba una expectación total, es decir, un gran interés por las futuras palabras de Fut. Continuó diciendo: - El Supremo permite la existencia de las malas acciones para que nosotros nos demos finalmente cuenta de que en su amor siempre tenemos todo lo mejor. Todos pusieron caras de extrañeza, como de no comprenderlo muy bien. - ¿Cómo sabía que le iba a preguntar eso, maestro? -le preguntó Kattya. - Eso no importa ahora, os voy a poner un ejemplo. Cuando hacemos una acción mala, tenemos una sensación de malestar, nos sentimos incómodos con nosotros mismos -todos asintieron afirmativamente con la cabeza-. En cambio, cuando hacemos una acción buena, tenemos una sensación de paz, nos sentimos cómodos con nosotros mismos -nuevamente asintieron 95


afirmativamente con la cabeza, dando la razón al maestro-. Cuando más acciones buenas hacemos, más nos acercamos al Supremo, porque estamos haciendo lo que hay en su corazón; es decir, el bien, la luz, la paz, el amor. Hasta que llegue el momento de nuestra comunión con el Supremo, es tan fuerte e íntima que nadie y nada la puede romper; entonces, nosotros somos sus flautas y él es el músico, después viene la manifestación de su poder a través de nosotros, antes no. En la clase se produjo un silencio sepulcral, nunca en toda la historia del país de la tarde se habían oído esas enseñanzas. Todos las comprendieron perfectamente. El silencio fue roto finalmente, cuando Fut dijo: - Sebatar, mi clase por hoy ha terminado, prefiero dar un poco cada día, que sea bien asimilado por todos, que dar mucha materia y que no se comprenda. Cuando una semilla es plantada, siempre hay que esperar un tiempo para que esa semilla dé su fruto. Tras otra leve pausa, continuó con su clase diciendo: - Vosotros sois lo mismo que yo, es decir, una semilla del Supremo -la voz de Fut se rompió y no pudo seguir hablando más. Hizo un leve gesto con su mano derecha a Sebatar y, tras saludar con la misma mano a la clase, abandonó la clase dejando a Sebatar como maestra. Sebatar se levantó y dijo a los niños: - Podéis ir al patio. Ellos no se lo pensaron dos veces y salieron al patio dejando a Sebatar y a Minar solos en la clase. - Nunca en mi vida he sentido lo que mis oídos han sentido hoy – dijo Minar.

96


- Es la primera vez que veo a mis alumnos inmóviles y callados como piedras... ¿de dónde viene Fut? -preguntó Sebatar. - Viene del país del día. - Eso ya lo sé -los ojos de Sebatar brillaban como diamantes y estaba como ausente. - Conozco esa mirada en las mujeres... ¿No dirás que te has enamorado de Fut? Es un hombre especial, pero frío y distante. - No importa, el amor de una mujer puede cambiar a un hombre. - Espero que tengas suerte en tu conquista. Ella miró a Minar, le sonrió y no le dijo nada. El tiempo del patio había terminado y los niños entraron en la clase nuevamente. Sebatar dio su clase de matemáticas, tras la cual los niños se fueron a sus casas. Durante la comida, Sebatar no dejó de mirar a Fut, le sonrió, le facilitó el pan y cualquier cosa que le hacía falta antes que él lo pidiera. Minar sabía que ella estaba enamorada de Fut, pero se hacía el distraído. Cuando terminaron de comer, Sebatar le preguntó a Fut: - ¿Quieres ayudarme en la cocina? Él muy serio le respondió: - Tengo que preparar la lección de mañana. Ella, con una sonrisa, le replicó: - Bueno, otro día será, prepara tu lección.

97


Fut subió al piso de arriba. Sebatar miró a Minar (la conocía desde la infancia y conocía muy bien aquella mirada). - Está bien..., te ayudaré yo -le dijo Minar. Sebatar limpió los cubiertos y platos y Minar los secaba. En medio de la limpieza de los cubiertos, ella le dijo a Minar: - ¡Cuéntame todo lo que sepas sobre Fut! Él tenía un plato en sus manos que estaba secando con un trapo, continuó secándolo y miró hacia el techo, y dijo con voz audible: - ¡Supremo, la que me ha caído! Ella se rió y le dijo nuevamente: - Comienza ya. Muy obediente, bajo la atenta atención de Sebatar, Minar comenzó a contarle cosas de Fut. Al otro día en la escuela, estaban todos nuevamente en la clase, cada uno en su lugar, esperando a que Fut diera comienzo su clase, pero Fut estaba callado, no dijo nada. Finalmente comenzó a hablar y dijo: - Hoy no podré dar la clase. Todos se miraron entre sí. Tras una leve pausa, Fut continuó hablando. - La lección de hoy la voy a dar a los miembros de la Asamblea sin dejar ninguna pausa, continuó hablando-. Dentro de un instante entrará por esa puerta un emisario de la Asamblea diciendo que le acompañe, así que hoy vuestra maestra Sebatar tiene todo el día para ella.

98


No había acabado de decir estas palabras cuando un emisario de la Asamblea, vestido todo de marrón, sin armas, pero con un círculo plateado en cada uno de sus hombros, entró en la clase y dijo exactamente lo que había dicho Fut. Todos se asombraron solamente un poco, porque ya iban conociendo a Fut. Tras saludar a toda la clase con la cabeza, dejó la clase y acompañó a este emisario hasta la Asamblea.

99


Capítulo 6 El consejero

Cuando Fut se encontró ante la Asamblea, se dirigió a la misma diciendo: - Con el debido permiso, señor Presidente. Las palabras que vuestros oídos van a escuchar no son para vosotros. Bequier hizo gesto para responderle, pero el Presidente, por debajo de la mesa presidencial, le hizo un gesto con su mano derecha para que se callase; Bequier obedeció y se calló. Fut continuó: - Supremo, -entonces, en ese mismo instante, cayeron al suelo los dos vigilantes de la puerta de acceso a la sala Presidencial, los dos vigilantes estaban inconscientes. Él continuó hablando como si nada estuviera ocurriendo y siguió diciendo:- tú has tenido, tienes y tendrás siempre soberanía en toda tu creación -entonces la puerta desapareció y en su lugar apareció la continuación de la pared. Los miembros de la Asamblea estaban perplejos, algunos tenían un poco de temor ante lo que estaban viendo, pero Fut siguió hablando como si nada estuviera ocurriendo en la sala. Alzó las manos y con voz fuerte dijo siete veces: - Alabado sea el Supremo -dirigiéndose hacia la mesa presidencial-. Señores, todo árbol tiene una raíz, la raíz del árbol del Supremo se llama reino; se llama así porque en la raíz nace su ley, la cual está fundamentada por el amor. Tras una leve pausa continuó hablando:

100


- El fundamento del amor lo llena todo, pero no podemos usar ese amor para abusar de él. El amor consiste en servir solamente a los demás, sin esperar nada a cambio -dichas estas palabras, Fut se puso con los brazos en cruz y comenzó a levantarse del suelo. Ahora estaban todos los miembros de la Asamblea atónitos y con los ojos totalmente salidos de sus órbitas. La mesa presidencial, junto con los miembros de la Asamblea, comienza a levantarse del suelo: la mesa presidencial, las siete sillas, las tres sillas de los consejeros, los diez miembros de la Asamblea... Estaban como Fut, es decir, a dos metros sobre el suelo. Fut cerró los ojos, pero no dejó de seguir hablando y decía: - Para evitar que ocurra esto, el Supremo aplica su justicia con firmeza y con bondad. La Sala Presidencial se había transformado totalmente en un maravilloso bosque. Fut tenía los ojos cerrados y estaba levitando, al igual que el resto de los miembros de la Asamblea, los cuales también estaban levitando. A pesar de todo, no sentían miedo, sino una paz en sus corazones como nunca habían sentido. Fut solamente estaba alabando al Supremo, con los ojos cerrados, en cruz y levitando. De pronto apareció una nube morada en el interior de la Sala Presidencial y Fut dejó de hablar. La nube morada cubrió totalmente la sala, y en la misma reinaba un silencio absoluto; donde antes estaba la puerta de la entrada de la sala, ahora había una pared transformada en un bonito bosque, al igual que al resto de la sala. Apareció un triángulo de color morado, más denso que la nube morada, que cubría todo el interior de la Sala Presidencial. De repente se sintió una voz muy fuerte que, con un tono de firmeza y de amor, como ningún ser humano la podía hacer, dijo:

101


“Soy el Supremo, la Corona que da vida a toda la creación. Hasta ahora teníais dudas de mi existencia”. A continuación, el triángulo desapareció, al igual que la nube morada de la sala. En un instante todo volvió a ser como antes era y los vigilantes comenzaron a levantarse, los vigilantes estaban un poco mareados. Fut tenía los ojos abiertos y se encontraba sobre el suelo, como el resto de los miembros de la Asamblea. Los miembros se miraban entre sí y Fut los miraban a ellos, así estuvieron hasta que el Presidente se dirigió a Fut y le dijo: - ¿Nos puede dejar solos? - Sí, señor Presidente. Cuando Fut se disponía a abandonar la sala nuevamente, el Presidente lo llamó y le dijo: - Usted puede volver a la escuela, si así lo desea. Sin mirar hacia atrás, Fut abandonó la sala y el edificio de la Asamblea, saliendo finalmente a las calles de Quimenix. Una vez fuera, vio a muchas personas juntas por las calles rodeando el edificio y, muy extrañado, se dirigió a su hermano Minar y le preguntó: - ¿Qué ocurre? - Pero, ¿no te has enterado? - ¡De qué debo enterarme? - No sé lo que ha pasado dentro de la Asamblea, pero aquí fuera hemos visto cómo una nube morada cubría toda la Asamblea, toda la ciudad ha temblado y todos los enfermos del hospital se han curado.

102


Al oír todo esto, Fut comprendió lo que había ocurrido realmente. Su expresión se transformó en sorpresa, se quedó durante un largo rato como extasiado, como si no estuviera allí, sino en otro lugar; hasta que Minar, de nuevo, lo trajo al mundo de los sentidos reales. - ¡Entonces ha sido...! Fut asintió afirmativamente con la cabeza a la misma vez que miró a Minar con una expresión de gozo en su cara. Cuando los miembros de la Asamblea recibieron el informe de lo que había ocurrido en la ciudad, comprendieron que ya habían dejado de ser el país de la tarde, había comenzando una nueva etapa para el país de la tarde. El único hombre que les podía ayudar ahora era solamente Fut. Se produjo un tenso debate interno dentro de la Asamblea. - Todos hemos sido testigos de lo que ha ocurrido aquí dentro, hemos sido informados de lo qué ha sucedido en la ciudad. ¿Qué podemos hacer? -preguntó el Presidente. - Lo matamos -respondió Bequier. - No digas tonterías, Bequier. ¿Y si le hacemos preguntas? -dijo Fanir. - Más preguntas ¿para qué? Después de lo de hoy sobran las preguntas -añadió Tamur. Todos se callaron durante unos instantes. Azule rompió el silencio diciendo: - ¿Por qué no le hacemos miembro de la Asamblea? - ¿Con qué cargo? -preguntó Etra. - Con el de Presidente -añadió Bequier. 103


Tamur miró a Bequier y todos se rieron; finalmente actuó Fanir y puso fin al debate cuando expuso su idea, la cual consistía en hacerle consejero con derecho a voto. A todos les gustó la idea y la misma fue aprobada sin ningún voto en contra. El consejero Zadar salió fuera de la Asamblea y regresó después acompañado por Fut y Minar. Zadar se sentó en su silla mientras que Fut y Minar estaban de pie, frente a la mesa presidencial. - ¡Puede dar un paso hacia delante, Fut! -ordenó Tamur. Él así lo hizo, se puso unos pasos por delante de Minar, que estaba a su derecha. El señor Presidente, con una voz muy solemne, muy seria, le dijo a Fut: - La presente Asamblea, por unanimidad, es decir, sin ningún voto en contra, ha decidido hacerle Consejero con derecho a voto de la misma. ¿Acepta usted el cargo? De una forma un poco seria, y triste a la misma vez, respondió: - Acepto el cargo, señor Presidente. Tamur cogió su martillo y dijo a continuación: - Yo, Tamur, Presidente de la Asamblea del país de la tarde, te nombro consejero de pleno derecho, con voto de la misma Asamblea. Si hay alguien que tenga algo en contra de esta decisión, que lo diga ahora o que calle para siempre. -Esperó unos minutos y, como nadie dijo nada, dio un golpe con su martillo y dijo:- Desde ahora mismo, Fut, tiene los cargos de maestro espiritual y de consejero con pleno derecho de esta Asamblea. Fut le hizo una reverencia al Presidente y le preguntó: - ¿Puedo retirarme, señor? 104


- Puede usted retirarse, señor Consejero. Tras saludar a la Asamblea, Fut y Minar abandonaron la Sala Presidencial y salieron al exterior del edificio Se dieron un pequeño paseo por las calles de Quimenix y después volvieron a la escuela, donde estaba Sebatar con la mesa puesta. Entraron los dos en el comedor, Sebatar estaba sentada y ellos se pusieron de pie frente a ella. - ¿Cómo ha ido todo en la Asamblea? - A mí no me pregunte, porque no me acuerdo de nada –dijo irónicamente Fut. Ella desvió la mirada hacia Minar. - Será mejor que te lo cuente él, porque yo no he podido entrar. Sebatar se levantó muy enfadada y, en un tono muy serio, les dijo: - Minar no entró y tú, Fut, no te acuerdas de nada. Todo Quimenix ha salido a la calle asustado y he tenido que suspender las clases. Sin dejar de mirar a Fut, y tras una pausa, continuó hablando: - Esta vez te has pasado Fut, Minar me lo ha contado todo. - No he sido yo, Sebatar. - Me vas a decir que ha sido el Supremo. - Así es, Sebatar. Ella estuvo a punto de explotar literalmente. Ante la tensa situación creada entre Sebatar y Fut, Minar tuvo que intervenir y le dijo a ella: 105


- Ahora tenemos un nuevo Consejero de la Asamblea. - Ahora, además de maestro eres consejero... - Así es -le respondió Fut. Finalmente Sebatar explotó y, gritándole, le dijo a Fut: - Señor consejero-maestro, ¿tengo su permiso para retirarme del comedor? -Y a continuación, muy enfadada, abandonó el comedor, dejando a los dos solos. - Se ha enamorado de ti, por eso está así. - ¡Ha temido por mi persona! - Así es, Señor Consejero. - ¡No me llames así! No quiero tanto tratamiento. Para vosotros soy el mismo de antes. - ¡Pero eres consejero! Y desde mañana tendrás que vestir nuevamente de azul. Entonces Fut se puso un poco triste. - Quizás el Supremo te quiere decir algo. - No sé, solamente sé que nada ocurre por casualidad, todo tiene un motivo. Minar se quedó mirando a Fut y, cuando iba a hablar… llamaron a la puerta. Minar hizo movimiento para levantarse, pero Fut le dijo: - Voy yo, Minar.

106


Minar se quedó sentado. Fut se fue hacia la puerta y cuando la abrió se encontró con un soldado joven que tenía tres círculos plateados en cada hombro. El soldado joven le dijo: - Le traigo la ropa de usted, señor Consejero. El soldado joven extendió sus brazos y Fut cogió con sus manos un paquete de color azul. El joven soldado se despidió de Fut con un saludo con la cabeza, el que fue correspondido de la misma manera por Fut. Acto seguido, el joven soldado abandonó el portal de la escuela, dejando a Fut solo con la puerta abierta. Minar se le acercó por su espalda y le dijo: - A partir de mañana deberás llevar puesta la ropa de Consejero, debemos aceptar su voluntad -refiriéndose al Supremo. Fut cerró la puerta, se giró y le dijo a su hermano Minar: - Veo que aprendes muy rápido. ¡Buenas noches, Minar! Una vez dicho esto, dejó a Minar en la puerta, se subió a su habitación con el paquete de su nueva ropa de Consejero. Mientras subía los escalones de la escalera, Minar dijo en voz muy baja: - No sé quién eres, pero sé que algún día serás nuestro Presidente… ¡Buenas noches, señor Presidente! Llegó otro nuevo día y con el nuevo llegó su primer día como Consejero, tendría que vestir como tal; es decir, todo vestido de azul (túnica, cinto y sandalias) ante sus estimados alumnos. Nada más llegar, Sebatar informó a los niños y niñas de la clase sobre el nuevo cambio en la vida de Fut, pero los alumnos ya lo sabían, porque la noticia se había extendido con mucha rapidez por toda Quimenix. 107


- Las noticias corren demasiado rápido aquí, maestra Sebatar -dijo Mel. - Ya lo veo, solamente quiero que lo tratéis como antes, aquí es solamente el maestro espiritual. - ¡Y algo más para usted! -añadió Yuamí. - ¿Cómo dices, Yuamí? - He dicho que ahora vendrá vestido de azul... - ¡Pues yo! como directora de esta escuela, quiero que sea el único cambio de esta escuela. Entonces, la simpática Mel, con una voz muy baja, le dijo a la vivaracha Tua: - Su príncipe azul. Finalmente, Sebatar dijo: - ¡Basta ya de hablar en voz baja! Todos se callaron, esperando a que entrase Fut, y diera comienzo así un nuevo día de clase. Se abrió la puerta de la clase, finalmente, y entró Fut tan serio como siempre, pero vestido por primera vez todo de color azul, lo cual le distinguía como Consejero de la Asamblea. Lo primero que dijo Fut cuando entró en la clase tan colorida fue “buenos días “. Sebatar se sentó y puso mucha atención en Fut. - Cómo podéis ver todos vengo vestido como Consejero de la Asamblea; para todos vosotros quiero seguir siendo solamente vuestro maestro, por eso os pido un favor... Se produjo una leve pausa, tras la cual Fut volvió a hablar: 108


- Que el tratamiento de Consejero me lo dejéis solamente para los actos oficiales, aquí soy… vuestro maestro nada más. Sebatar, al oír aquellas palabras, estaba totalmente embobada con Fut; algunos niños y niñas se dieron cuenta, sobre todo la realista Yuamí. - Hoy vamos a analizar entre todos el siguiente anunciado: “Sale el sol, y pónese el sol, y otra vez vuelve a su lugar donde torna a nacer”. - ¿Qué quiere decir “tornar”? -preguntó Mel. - Quiere decir “volver”. Si analizamos la expresión, vemos que tiene tres partes: la primera, “Sale el sol”; la segunda, “y pónese el sol”, el sol sale y se oculta, sigue una Ley; por eso dice a continuación “y otra vez vuelve a su lugar donde torna -vuelve- a nacer”. ¿Qué nos quiere decir esto? - Debemos seguir una Ley -afirmó Minar. - No vas mal encaminado, pero ese no es el mensaje. - Es algo así como una lección contínua, que se debe aprender y que no se puede estudiar en un solo día -dijo, a continuación, Masete. - Casi, Masete, solamente te ha faltado el punto final, que lo voy a poner yo. El enunciado quiere decir que cuando hay algo que no lo comprendemos, no nos tenemos que forzar en comprenderlo en un solo día, porque vendrá otro nuevo día, y en ese nuevo día podemos comprender lo que aún no comprendamos, así hasta que finalmente lo consigamos comprender. Fut hizo una leve pausa y, posteriormente, continuó hablando: - Puede ser una lección, como ha dicho Masete, o puede ser una Ley, como ha dicho Minar, o una nueva experiencia. Cuando 109


comenzamos algo nuevo para nosotros, nunca nos tenemos que agobiar si no lo entendemos o lo comprendemos; con paciencia y constancia, finalmente lo llegamos a comprender. - ¡Qué maestro más rollete tenemos! -gritó Jale. Fut sonrió, pero, cuando se dispuso a continuar con la clase, entró el Consejero Zadar. - ¡En pie! -ordenó Fut a la clase y todos así lo hicieron. Zadar, en un tono muy humilde, dijo: - Podéis sentaos . - ¿Qué ocurre? -preguntó Fut. - La Asamblea te llama urgentemente. Nada más sentir aquellas palabras, Fut, acompañado por Zadar, abandonó la clase, sin darse cuenta de que Sebatar le siguió. En el vestíbulo de la clase se encontraron los tres reunidos, es decir, Zadar, Fut, Sebatar. Ésta, de una forma muy directa y con toda confianza, le preguntó a Zadar: - ¿A qué viene tanta prisa? Zadar la miró y le respondió: - Te lo digo a ti porque eres la hija de Nobear... Ella seguía callada y muy atenta esperando a que Zadar siguiera hablando. - Hemos sido invadidos por el país de la noche y estamos a punto de firmar la paz. Tú, Fut, eres el único que lo puede impedir. Fut sintió cómo las manos de Sebatar agarraban su túnica. Zadar se separó un poco porque se había dado cuenta de la situación. 110


- Deja que firmen ellos la paz, mi amor. Cuando él sintió la palabra “mi amor”, sintió una sensación nueva en lo más profundo de su corazón que nunca había sentido antes. La miró y vio su cara de preocupación; le dijo con mucha ternura: - Tengo que hacer siempre la voluntad del Supremo, cariño, debo irme. Volveré, mi corazón. Zadar y Fut abandonaron la escuela en dirección hacia la Asamblea, dejando a Sebatar sola en el vestíbulo muy preocupada por su amor. Finalmente entró en la clase y todos se dieron perfectamente cuenta de que estaba muy preocupada, que no era la misma de siempre. Sin sentarse le dijo a Minar: - ¿Puedes dar tú hoy la clase? - ¿Yo? - Solamente debes repasar estos problemas de física, aquí tienes el libro de las soluciones. - Si es así... - Toma el libro. Minar cogió el libro de soluciones de física y ella dejó la clase, dejando a Minar como maestro interino de física.

111


Capítulo 7 La batalla

La noticia de la invasión del ejército de la noche se había extendido como una mancha de aceite por el país de la tarde. La Asamblea se había reunido urgentemente para tratar el asunto; en la calle se respiraba una tensión cada vez más tensa. Mientras tanto, la Asamblea estudiaba las posibles salidas a esta situación. Todos los miembros estaban reunidos, además del supervisor militar, que es el jefe de todos los militares y que vestía de marrón, con una estrella de seis puntas azuladas sobre cada hombro; era de estatura baja, cabellos negros, ojos negros, la cara la tenía vasta y con unos cortes en el pómulo izquierdo, su voz era muy profunda y seca. - ¿Qué podemos hacer, señores? -preguntó el Presidente. - Debemos atacar lo antes posible -respondió Damez. - ¿Con qué les atacamos? -preguntó Izar, el jefe de los militares. - Con nuestro ejército -contestó Fanir. Entonces Izar comenzó a reírse. - La situación es muy seria como para que tú te pongas a reírte -le recriminó Damez. - Me río porque nuestro ejército solamente sirve para mantener el orden en nuestro país, y nada más. Si presentamos batalla a los de la noche, seremos vencidos.

112


Intervino el Presidente para mirar de llegar a una conclusión o acuerdo definitivo y, con una expresión de resignación, dijo a todos los presentes: - Tendremos que aceptar sus condiciones de paz. Todos se miraron entre sí, pero nadie dijo nada, un silencio total reinaba en la Sala Presidencial. Dicho silencio se rompió cuando Izar se levantó y dijo: - Enviaré una comisión para negociar la paz. El Presidente, con expresión triste y seria, se lo confirmó con la cabeza, pero, de repente se abrió la puerta de la Sala Presidencial y entraron Zadar y Fut. - ¡Esperad un momento, hermanos! No nos precipitemos, la batalla aún no está perdida -aclamó Zadar. - ¿Cómo la vamos a ganar? Si nosotros somos ochocientos y ellos son ocho mil... Además, ellos están mejor armados y tienen más experiencia de combate que nosotros. Nosotros sólo tenemos experiencia en vigilar nuestras fronteras y en acompañar a los niños a la escuela -protestó Izar. - Izar tiene razón, vamos a negociar la paz con ellos -dijo el Presidente, de una forma muy resignada, pues aparentemente nada se podía hacer. - Después de esta paz, vendrá otra, y luego otra; hasta que seamos sometidos totalmente a ellos -aseguró Zadar. - Como supervisor militar que soy, le digo, señor Presidente, que nuestro ejército no puede luchar con los de la noche. Pero cuando parecía estar todo decidido, habló Fut y, en voz alta, dijo ante todos los presentes de la Sala Presidencial:

113


- Yo sí puedo vencerlos. Izar empezó a reírse y a decir: - ¿¡Un solo hombre va a vencer a ocho mil!? El resto guardaron silencio, pues aún se acordaban de la demostración de poder ocurrida en la Asamblea el día anterior. - ¿Cómo piensas vencer? -le preguntó Tamur. - No lo sé, señor, pero cuando esté en el campo de batalla lo sabré. - ¡Que sea pronto ese momento, porque ya están a dos días de aquí! El miembro Damez, con una voz muy baja y pausada, se dirigió al señor Presidente y le dijo: - Señor Presidente, por intentarlo no se pierde nada, todos confiamos en Fut. Ante esa propuesta, todos estuvieron de acuerdo menos Izar, quien, muy enfadado, se dirigió a Fut: - ¿Quieres ser tú el nuevo supervisor militar? Fut, con una voz firme y pausada, le respondió: - No busco el poder, ya lo tuve y sé lo que es. - ¿Entonces qué quieres? - Simplemente quiero ir al campo de batalla y, una vez allí, que me dejes hacer lo que tenga que hacer. Te respeto y te acepto como militar que eres.

114


Izar se volvió y le dijo al Presidente: - Estáis todos locos, pero como no podemos perder más tiempo discutiendo..., debemos llegar a un acuerdo, señor Presidente. - Muy bien, este es mi fallo como Presidente: ordeno al supervisor militar, Izar, a que presente batalla al ejército de la noche lo antes posible. Una vez en el campo de batalla, nuestro consejero Fut tendrá plenos poderes para hacer lo que él vea más conveniente. Si hay alguien en contra de esta orden presidencial, que lo diga ahora. Todos callaron y miran a Izar. Finalmente éste se dirigió a su presidente y le dijo: - Si esa es su voluntad, que así sea, señor Presidente. Entonces, todos los presentes en la sala presidencial se levantaron y se fueron dejando a Izar y a Fut solos en la misma sala. Ambos se miraron y, tras unos segundos, el supervisor Izar agachó la cabeza y, medio sonriendo, le dijo a Fut: - Vamos al campo de batalla, soldado, o lo que seas. - Sí, señor. - Por lo menos respeta mi autoridad. Fut siguió a su supervisor militar hasta las afueras de la ciudad, dónde se encontraban los ochocientos hombres. Cuando Fut los vio, pensó en su interior: “estos no ganan ni lo que está ganado”; eran en su mayoría hombres no aptos para el combate, las armas pocas y anticuadas, los caballos viejos, en resumen… era una visión desastrosa. Se dirigió a Izar: - Por el momento quiero un caballo e ir siempre a su lado.

115


Izar lo miró con malas ganas y a continuación ordenó a unos de sus jefes, el cual tenía dos cuadrados dorados en cada hombro: - ¡Ya le has oído! - Sí, señor -le respondió el militar. El militar y Fut se dirigieron hacia donde estaban los caballos, a las caballerizas, y el soldado, a medio camino, le preguntó: - ¿Es cierto que es usted quién va a vencer a los de la noche? - Simplemente estaré junto a nuestro supervisor y después haré lo que el Supremo quiera que haga. El militar no comprendió la respuesta, lo miró con expresión de extrañeza y, una vez en las caballerizas, le dio un hermoso caballo blanco. Fut comenzó a acariciar a su caballo y a decirle bellas palabras, con un tono de voz muy suave. Cuando el caballo lo aceptó, se subió a él y se dirigió galopando hacia Izar. Izar iba a la cabeza de aquel proyecto de ejército. Por orden de Tamur, no atravesaron Quimenix, sino que dejaron atrás la ciudad. Fut galopó y se puso a la izquierda de Izar. Muy educadamente le dijo: - Aquí estoy, señor. Nuevamente le volvió a mirar de mala gana y, en un tono muy seco, le respondió: - Cómo usted no es militar, no le puedo mandar, señor Consejero; pero le puedo pedir un favor... - ¿Cuál, señor? - Déjeme tranquilo hasta que llegue el momento de la batalla, ¿comprende usted? 116


Fut lo miró y no dijo nada más; pero continuó cabalgando a su izquierda. Dejaron la ciudad, entraron en un bosque y durante unas cinco horas estuvieron de marcha por dicho bosque. Se hacía de noche cuando llegó un explorador montado en su caballo. Se detuvo frente a Izar y, tras saludarle, le dijo: - Señor, el enemigo ha acampado al comienzo de la llanura desértica. Izar se quedó muy pensativo y le preguntó muy interesado: - ¿Son muchos? - Señor, unos ocho mil, y están muy bien armados. - Muy bien, explorador, puede usted retirarse a la retaguardia. Así lo hizo el explorador después de saludar a Izar. Izar miró a Fut y él miró al cielo. Sus jefes, quienes llevaban cuadrados dorados en sus hombros, empezaron a reírse; finalmente, Izar, se desesperó. Cuando Fut se dio cuenta de la situación, se volvió hacia Izar y le dijo: - Tenemos localizado al enemigo, ahora solamente nos queda la batalla, y ésta no será librada por nosotros. Todos se quedaron desconcertados, no se lo esperaban de Fut, todos menos Izar, que no pudo aguantar más y, finalmente, explotó literalmente gritando a fuerte voz: - ¡Basta ya de tonterías! ¿Qué es usted? ¿Un hombre o un niño? Detrás mío tengo a ochocientos hombres y mañana estarán casi todos muertos.

117


Fut se calló y todos los presentes se pusieron muy serios. A continuación Izar dio una orden a uno de sus jefes: - ¡Acamparemos aquí mismo! Estaban a una hora de marcha de la llanura desértica. El lugar de la acampada del ejército de la tarde era una amplia llanura, rodeada de pinos y de una espesa vegetación. Era un lugar perfecto para hacer una pausa antes de la batalla. Estaban Izar y sus jefes, junto a Fut cenando cuando un jefe dijo: - Por lo menos tenemos el factor sorpresa a nuestro favor... - Eso espero –contestó Izar. Se produjo entonces un leve silencio en la clara noche, porque había una luna llena, hasta que Fut habló: - De eso nada, señores, hace más de tres horas que hemos sido localizados por los exploradores de Rumar; mañana estaremos exactamente donde él quiere que estemos. Izar dio un fuerte golpe en la mesa y dijo: - ¡Lo que me faltaba por oír! ¿Cómo sabes tú todo eso? Todos miraron muy intrigados a Fut y él, con una voz muy calmosa y profunda, les respondió: - Me lo ha dicho el Supremo. - ¡Estoy harto de ese Supremo! Así que mañana tú y tu Supremo presentaréis batalla a los de la noche... Fut, con una amplia sonrisa, le respondió: - Por tu boca ha hablado el Supremo, señor. 118


- Si no fuera porque tienes autorización del Presidente, ya verías lo que te haría. Ante la tensa situación que se estaba respirando, algunos jefes intervinieron y, finalmente, uno de los jefes dijo: - Déjele ya tranquilo, mañana lo matarán los arqueros de Rumar. Izar miró de malas a Fut y se calló. Continuaron cenando en el más absoluto silencio y, conforme iban terminando, se iban retirando cada uno a sus respectivas tiendas. Con las primeras luces del alba se levantó el campamento del país de la tarde; después de casi una hora de marcha, llegaron a la llanura desértica donde se vieron ambos ejércitos. La gran diferencia entre los dos ejércitos era bien visible: el ejército de la noche se componía de ocho mil hombres, la mitad de los cuales eran de caballería, e iban armados con espadas y escudos; la infantería se componía por tres mil hombres, la mitad de los cuales iban armados con lanzas, y la otra mitad tenían escudos y espadas. La flor y nata de las fuerzas armadas de Rumar la componían sus expertos mil arqueros. Todos los ejércitos de la noche vestían todos de color negro. El ejército de la tarde sólo tenían quinientos hombres en la caballería, sus espadas y escudos eran viejos; la infantería estaba compuesta por trescientos hombres, los cuales estaban mal preparados para la batalla y carecían de escudos; y si todo esto fuera poco, sus veinte arqueros carecían de experiencia en combate. Desde una prominencia montañosa, Rumar, que era muy alto, pues medía dos metros de estatura, de cabellos castaños, ojos negros, cara muy suave y agraciada, delgado, de constitución fuerte, no tenía barba, y vestía todo de color negro, siempre, y tenía una sonrisa socarrona y una mirada muy profunda y tenebrosa, estaba acompañado por su estado mayor, al frente del 119


cual se encontraba su lugarteniente Zu. Colocó a su ejército de la siguiente forma: toda la caballería en el centro, la mitad de su infantería al lado derecho de la caballería, mientras que la otra mitad ocupaba el lado izquierdo; los arqueros fueron colocados en las prominencias de las montañas. Las fuerzas del ejército de la tarde estaban dispuestas de la manera siguiente: la caballería ocupaba el lado derecho, sus armas eran unos escudos muy pocos adecuados para el combate y sus espadas demasiado pesadas; la infantería ocupaba el flanco izquierdo y solamente tenían escudos y lanzas; los arqueros se situaron en unas prominencias montañosas. Izar y Fut se pusieron al frente del ejército, esperando el comienzo de la batalla. La llanura desértica era como indicaba su nombre, una pequeña llanura (una porción de tierra completamente llana), en la cual solamente había tierra, rodeada tres partes por montañas. Los dos ejércitos se encontraban el uno frente al otro. El ambiente era cada vez más tenso, se respiraba una cierta euforia por parte del ejército de la noche. De repente, los de la noche comenzaron a gritar y a hacer ruido con sus armas; el ruido era cada vez más fuerte. Cuando parecía inminente el ataque… Fut le pidió a Izar su espada. Él se lo quedó mirando (no tenía tiempo que perder, además Fut tenía autorización presidencial), desenvainó su espada y se la dio. Fut cogió la espada de Izar y, con ella cogida por su mano derecha y apuntando hacia el suelo con la misma, galopó en dirección hacia el ejército de la noche. Al ver este gesto imprevisto e imprudente, Rumar dio la orden de suspender el ataque y, consecuentemente, dejaron de gritar. Comenzaron a observar fijamente a ese jinete que se dirigía hacia ellos él solo. - ¿Por qué has suspendido el ataque, Rumar? -le preguntó Zu.

120


- ¡Quiero ver lo que hace ese! - Ese es Fut, mi señor, es muy peligroso. En un tono irónico, como de burla, Rumar dijo: - ¿Qué puede hacer un solo hombre contra mi ejército? Mientras que Rumar y Zu dialogaban, Fut continuó cabalgando. Finalmente se paró en el centro del campo de batalla, se bajó del caballo y anduvo unos cuantos pasos por delante de su caballo. Todos los ojos se fijaron sobre él, unos asombrados, pues no sabían qué iba a hacer; otros se reían en voz baja, a ver cómo un solo hombre hacia frente a todo un ejército. El jefe de los arqueros de los de la noche miró a Zu y éste le hizo una negación con la cabeza. Casi nueve mil hombres estaban fijos en lo que Fut hacía, unos por un motivo y otros por otro. Fut se detuvo, luego se arrodilló en el suelo, levantó con las dos manos la espada de Izar y, mirando al cielo, dijo por siete veces a grito vivo: “Supremo...”. A continuación gritó, y todos los presentes le pudieron oír perfectamente: “por mediación de esta humilde e insignificante espada, manifiesta tu poder y justicia”. Una vez dicho esto, clavó la espada en el suelo y, agachando la cabeza, cerró los ojos. Pasaron unos minutos en los que no pasó nada, entonces los de la noche comenzaron a reírse, mientras que los de la tarde pensaban, la gran mayoría: “Estamos perdidos”. Por la cabeza de Izar pasaba el siguiente pensamiento: “¡Qué poco tiempo de vida le queda a este Consejero!”. Repentinamente unas nubes moradas taparon el sol, se hizo de noche, y se comenzó a sentir un fuerte ruido que venía desde el interior de la tierra. Todos comenzaron a sentir miedo.

121


El alto y fuerte Rumar dijo: - ¿Qué es esto? - ¡Ya se lo dije, señor! –dijo Zu. El ruido se hizo más fuerte, hasta que finalmente apareció una enorme grieta en el suelo que dividió a los dos ejércitos. Dicha grieta se iba haciendo cada vez más grande, pero iba hacia donde estaba el ejército de la noche. Ante aquella prueba de poder, todo el ejército de la noche comenzó a huir en estampida, menos los arqueros, ya que no podían creer lo que estaban viendo y, en su huida, dejaban todas sus armas. Los del ejército de la tarde se pusieron todos de rodilla, incluso Izar, a ver ese gran poder. De las nubes moradas comenzaron a caer rayos en dirección hacia donde estaban los arqueros del ejército de la noche, los que también abandonaron sus posiciones. La derrota del ejército de Rumar había sido total. El Supremo había manifestado su gran poder haciendo huir a todo un ejército, pero, a la misma vez fue justo, pues no hubo ni un solo muerto. Rumar no pudo soportar su derrota y gritó: - ¡Hemos perdido por culpa de un solo hombre! - No, señor -le corrigió Zu. - Entonces, ¿por quién? - Por El Supremo. Rumar no estaba para bromas en ese momento y, con una voz muy fuerte, se dirigió a todos los presentes de su estado mayor: - Quiero a ese hombre vivo, ¡y de nuestro bando! Todos sabían que era una orden para Zu. 122


- Así será, mi señor. Rumar se retiró dejando a Zu solo, porque con él también se fue el estado mayor del país de la noche. Zu se quedó un rato solo pensando y finalmente hizo llamar al jefe de los arqueros: - Aquí estoy, señor. - Tengo una misión para ti. - Estoy para cumplir sus órdenes, señor. - Dame una flecha, arquero. El arquero le dio una flecha, Zu la cogió, untó en la punta de la flecha un líquido verdoso y nuevamente se le devolvió la flecha. Le dijo: - Quiero que tu mejor arquero clave esta flecha en Fut, pero que no le mate, ya me comprendes, lo queremos vivo. - Así será, señor. El jefe de los arqueros se retiró, dejando a Zu solo, y pensando para sí mismo: “voy por ti, Fut”. Mientras todo esto ocurría en el cuartel general del ejército de la noche, abajo, la llanura desértica estaba llena de las armas dejadas por los hombres de la noche y agrietada por el terremoto. Fut se había levantado, sacó la espada del suelo y dijo unas palabras, con una voz muy baja, y a continuación se dirigió hacia Izar. Cuando llegó a su altura, le entregó su espada a Izar, sin decir nada, la envainó nuevamente en su cintura, pero cuando Fut se disponía a caminar en medio de la tropa del ejército de la tarde, que le había hecho un pasillo, una flecha se le clavó en el 123


omóplato derecho de su espalda, cayó fulminado al suelo y perdió el conocimiento casi instantáneamente. Desde muy lejos, Rumar y Zu contemplaron la escena y, cuando Fut fue alcanzado por la flecha, Zu dijo: - Que tengas unos felices sueños, Fut, nos veremos muy pronto. Rumar y Zu cruzaron unas sonrisas socarronas y volvieron a su país, es decir, al país de la noche. Fut fue recogido y le pusieron sobre un carro. Una vez en Quimenix fue trasladado al hospital, donde fue ingresado. Tuvo los mejores médicos del país, pero nada podían hacer ante su inminente muerte. Sebatar pidió permiso para poder estar junto a su amado todo el día, para ello tuvo que dejar la escuela bajo la dirección de Minar. La Asamblea se lo dio. No se apartaba de Fut ni de día ni de noche; lo cuidaba como una madre cuida a su hijo, pero su estado de salud era cada vez peor. Finalmente los médicos le tuvieron que decir la verdad, la llamaron y le dijeron: - Sebatar, de esta noche no pasa. Ante aquella noticia, ella se echó a llorar. En mitad de su llanto, les preguntó a los médicos: - ¡Pero..., no se puede hacer algo! Los médicos le dijeron que no con la cabeza y a continuación abandonaron la habitación, dejando a Sebatar sola y llorando sobre la cama de Fut. Entonces Sebatar se acordó de las lecciones del Supremo y, llorando, levantó la cabeza y, agarrándose firmemente a la colcha de la cama, dijo: “Supremo, creo en ti fielmente, envíale ayuda,

124


aunque no le perdones nunca”. Finalmente ella se quedó dormida, así estuvo unas horas hasta que unos pasos la despertaron. Unos hombres venían por el pasillo, escoltados por militares de alta graduación -tres cuadrados dorados en cada hombro-; esos hombres escoltados eran Tamur y Base. Sebatar, medio dormida, le preguntó por el hombre de las vestiduras moradas. - ¿Quién es este hombre, presidente Tamur? - Es el presidente del Consejo del país del día y viene a curar a Fut. En la puerta de la habitación se habían quedado dos militares, se podían ver las sombras de otros dos militares en el pasillo. Sebatar estaba muy interesada en la mejoría de Fut y le preguntó a Tamur. - ¿Puedo estar presente? Tamur miró a Base y éste dijo: - Solamente podéis estar presentes vosotros dos; es decir, usted, presidente Tamur, y usted, futura señora de Fut. Una vez dicho esto, los militares de la puerta cerraron la misma y dejaron a los tres a solas en la habitación de Fut. Una vez que estuvieron solos, Base comenzó a dar instrucciones y a hacer su curación a Fut. - Ahora podéis retiraros un poco de la cama -pidió Base. Ellos se retiraron de la cama, dejaron a Base a los pies de la misma, pero solo. Sebatar se puso a la izquierda de la cama, mientras que Tamur ocupó el lado derecho.

125


Base se quedó un poco pensativo y, dirigiéndose hacia ellos, les dijo: - ¿Os podéis poner en la cabecera, cada uno a un lado, tal como estáis ahora? Tamur y Sebatar obedecieron a Base. A continuación, Base cogió las manos de Fut y levantó sus brazos, a continuación nombró al Supremo por siete veces consecutivas y entonces Fut comenzó a recobrar poco a poco la consciencia (antes estaba dormido). Tamur y Sebatar se maravillaron mucho, y ella se alegró mucho más al verlo de nuevo despierto. Base puso su mano derecha sobre la tibia izquierda de Fut y sobre todas sus heridas, las cuales comenzaron a desaparecer, incluida la de la espalda. Finalmente Fut recobró su estado de consciencia normal y todas sus heridas fueron curadas, tanto la de la flecha, como las que se hizo cuando se cayó del caballo. Fut, muy sorprendido, preguntó a Base: - ¿Qué haces aquí, Base? Base pasó su mano derecha sobre los ojos de Fut y nuevamente se quedó dormido. - ¿Por qué lo duermes? -preguntó Sebatar. - No debe saber que he estado aquí, he venido porque el Supremo ha oído tu petición y me ha enviado. Cuando despierte dentro de unas horas, le dice que estaba alucinando como consecuencia de la batalla. - ¡Pero...! ¡Lo quiero despierto! - ¿Le quieres? -le preguntó Base a Sebatar. - ¡Sí! Mucho. 126


- Tú eres el bálsamo que cura la herida de su corazón. Base se quedó mirando fijamente a Sebatar y finalmente le dijo: - Dame tu mano derecha. Ella se la dio, las dos manos derechas (la de Base y la de Sebatar) se pusieron en contacto. Ella sintió una gran corriente que se apoderó de todo su cuerpo. Mientras tenían las manos en contacto, él le dijo: - Cuando Tamur y yo salgamos de la habitación, póngale la mano derecha encima de su corazón y Fut volverá a estar despierto; pero necesitará estar veinte días en reposo absoluto. Cuando Base y Tamur se disponían a abandonar la habitación, ella le preguntó: - ¿Le puedo pedir un favor? Tamur, que había estado callado todo el rato, rompió su silencio y le respondió: - No es bueno abusar de la amistad, Sebatar. Base sonrió y, muy amablemente, dijo: - ¡Dejadla! ¿Qué quieres, mi linda flor? - Me gustaría que asistiera a nuestra boda. - Si tengo el permiso de vuestro presidente..., por mí no hay inconveniente alguno. - Usted puede venir cuantas veces quiera a este país, siempre será bien recibido -le contestó Tamur.

127


Base sacó del bolsillo de su túnica un triángulo de color morado, se lo dio a Sebatar y le dijo: - Cuando se aproxime dicha boda, enviad a un emisario vuestro con este triángulo y entonces vendré. Tamur y Base abandonaron finalmente la habitación y el hospital custodiados por la escolta, mientras tanto Sebatar despertó a Fut, tal como se lo había dicho Base. Su amado recobró la consciencia total, ella le dijo que se había caído del caballo, perdiendo el conocimiento a consecuencia de dicha caída; él no entendía nada, se dejó abrazar por ella y así estuvieron hasta que entraron dos médicos en la habitación. Los médicos, al ver a Fut tan despierto, y después de hacerle un reconocimiento, no podían creer la increíble mejoría del paciente. Un médico era alto, delgado, cabellos y ojos castaños, de complexión fuerte; el otro era de estatura normal, un poco gordo, cabellos rubios, ojos azules y de complexión normal. A los pocos días, Fut salió del hospital, estuvo veinte días de reposo absoluto en la escuela, durante los cuales estuvo bien atendido por Sebatar; así fue como Fut se enamoró de ella.

128


Capítulo 8 El amor llama a la puerta

Sebatar se había adelantado a Fut, se encontraba de pie mirando a través de la ventana de la clase; ella estaba, muy pacientemente, esperando la llegada de su amor. La puerta de la clase se abrió y entró Fut, tan serio y triste como siempre, con sus ropas de consejero; él la miró y, muy fríamente, le preguntó: - ¿Dónde están los alumnos? Sebatar lo miró con amor -en sus hermosos ojos se podía ver el amor que ella sentía por él- y, finalmente, le contestó: - Están fuera, descansando o jugando en el patio. - ¿Qué pasa con la lección de hoy? Sebatar no pudo aguantarse más y le dijo, en un tono también muy serio, que sorprendió a Fut: - Hoy hay una lección que tú debes aprender -dicho esto se lanzó sobre él y lo abrazó. Fut estaba muy sorprendido, pero en su interior estalló una gran lucha: él también la amaba, pero nunca se lo había dicho, ni hacía ningún gesto de amor hacia ella. Sebatar destruyó todas sus murallas y entró en lo más profundo de su triste corazón; a pesar de todo, él hizo un leve intento de desprenderse de ella, pero fue imposible, así que, finalmente, Fut se rindió a Sebatar.

129


- Este corazón –refiriéndose al corazón de Fut- debe ser mío, porque... ¡yo te quiero con todo mi alma! Desde el primer que te vi, supe que tú eres mi hombre. Mientras tanto Fut callaba, no sabía qué decir; ante aquel silencio, Sebatar volvió de nuevo al ataque -nunca mejor dicho-: - Tu lugar está entre nosotros, no volverás nunca más a tu país, tú lo sabes, mi amor. Tras el último ataque amoroso de Sebatar, a Fut le comenzaron a caer unas lágrimas por la cara. Ella insistió nuevamente: - Por eso siempre estás triste. Finalmente, Fut le habló y le dijo: - Yo también te quiero, pero mi corazón nunca será tuyo. - Lo sé, y no me importa, solamente quiero estar el resto de mi vida junto a ti. - ¿No te importa compartir tu amor con mi pasado? - No me importa, porque sé que el gran amor que siento por ti finalmente vencerá a tu pasado, y todo tu corazón será mío. Por primera vez desde que Fut estaba en Quimenix, se le vio sonreír plenamente y le dijo a su amada Sebatar: - ¡Entonces…! Pon tú la fecha de nuestra boda. Cuando se disponían a darse un beso, en ese mismo instante, se abrió la puerta de la clase y entró Minar, poniendo fin temporal a esta declaración de amor. - Parejita, os recuerdo que tenéis una clase que dar.

130


Sebatar se separó físicamente un poco de Fut y, un poco nerviosa, le respondió a Minar: - ¿Qué clase? - ¿De qué clase estás hablando, Minar? Los niños estaban a punto de entrar del patio, Fut miró a Sebatar y dijo: - Minar tiene razón, debemos dar comienzo a la clase de hoy. Muy alegre, Sebatar le preguntó a su amor: - ¿Cuál será el tema de hoy, maestro? - De él nos podemos esperar todo, y más hoy -dijo Minar. Fut no dijo nada, se quedó de pie frente a su mesa mientras veía como todos tomaban asiento en sus pupitres de siempre. Sus alumnos estaban callados y esperando la lección de ese nuevo día. - ¿De qué va la clase de hoy, maestro? -preguntó Kattya. Finalmente Fut levantó su mano derecha, y todos comprendieron que iba a hacer algo especial; juntó sus dedos pulgar e índice de la mano derecha y, a continuación, hizo un chasquido. Entonces apareció en el pupitre de Sebatar un hermoso ramo de rosas rojas. Ella se emocionó un poco y se comenzó a sentir por la clase expresiones como “¡qué bonito!”, “¡mola mazo este profe!”, “¡menuda pillada!”. Ante el asombro de los presentes, Fut volvió de nuevo a la carga nunca mejor dicho-, y les dijo: - ¡Esperad! Esto es solamente el principio –dio da una palmada y aparecieron por todo el suelo de la clase unas hermosas margaritas.

131


- ¡Ojalá todos los maestros fueran como usted de enrollados -gritó Tua. - ¡Qué bonito es todo esto! -dijo Sebatar. - ¡Pero tú eres más bonita! -le respondió Fut. Todos los presentes dijeron a la misma vez: “¡Oh!”. Fut finalmente tuvo que intervenir para poner un poco de orden en la clase, diciendo, por primera vez, desde que era maestro: “¡Silencio!”. El silencio se rompió cuando la realista Yuamí le dijo a la vivaracha Tua: - Te he ganado la apuesta. - ¿De qué apuesta estáis hablando? -preguntó Fut. - Yuamí aposto que finalmente usted y Sebatar serían novios. - Por lo que vemos, Yuamí ha ganado la apuesta -añadió Fut. En tono de broma, le dijo Minar a Fut: - ¿¡Pensáis tener muchos hijos? A continuación todos se rieron. Después de pasar un rato distendidos entre risas y bromas, Fut hizo un gesto con su mano derecha e indicó a Sebatar que se levantase y se pusiese a su lado; pero, antes que ella se levantase, dio una palmada e hizo desaparecer las margaritas que había por dónde ella tenía que pasar; es decir, hizo un camino desde donde ella estaba hasta encontrarse con él. - Estoy molando por un tubo -dijo Masete. Ella se levantó y, tras andar por el camino hecho por su amor, se puso a su lado, más concretamente a su lado izquierdo. Ambos se

132


apoyaron sobre la mesa del profesor y se quedaron mirando la clase. - El amor es la fuerza más grande que hay en la creación. El corazón del Supremo es amor; si no tenemos amor, no tenemos nada -instruyó Fut a la clase. - Entonces todas estas rosas y margaritas son una prueba de amor -dijo Mel. - Sí. Pero primero tenemos que sentir amor en nuestro espíritu, y luego viene todo esto. - ¿El qué? -preguntó Masete. Fut y Sebatar se miraron con ojos de enamorados. Fut levantó el brazo derecho -todos miraron la mano derecha de Fut con una gran expectación-, volvió a hacer otro nuevo chasquido y apareció en su mano derecha una hermosa rosa roja. Se volvió hacia ella y, antes de darle la rosa, le dijo: - En esta hermosa rosa está la prueba de mi amor hacia ti: cuando la tenga en tus manos, tendrás mi corazón. Minar, con una voz muy baja, le dijo a Kattya: - Si no lo veo, no lo creo. - Con este maestro estoy flipando que es demasié -dijo Kattya. - El amor que tiene el Supremo por cada uno de nosotros es muy superior a lo que habéis visto -prosiguió Fut. - Me gustaría llevarle un ramo de rosas a mi madre, maestro -dijo Yuamí. Él miró a Sebatar y ella le respondió:

133


- Ella también quiere demostrarle su amor a su madre. - Está bien, mi amor. Nuevamente volvió a hacer un chasquido con su mano derecha y apareció encima de cada pupitre… un hermoso ramo de rosas. - ¿Puedo hacerte una pregunta, maestro florista? -preguntó Minar. Todos se rieron. Muy espontáneamente, Fut dijo: - ¡Pregunta! - ¿Por qué el corazón del Supremo es amor? - El amor es dar todo a cambio de nada. El Supremo nos está dando todo lo mejor que tiene a nosotros, contínuamente, y nunca pide nada a cambio. Eso sí, le gusta que nos acordemos de él, que le seamos obedientes y que seamos mejores con los demás. Tras una leve pausa, Fut dio una palmada e hizo desaparecer las margaritas del suelo de la clase, pero no las rosas rojas de los pupitres. Sebatar dejó de estar apoyada sobre la mesa del profesor y volvió a su pupitre con una rosa roja en su mano derecha. Todos estaban muy callados, y Fut muy pensativo; esta situación de silencio estuvo hasta que Burén lo rompió: - No lo entiendo muy bien, maestro. - Os voy a contar una historia: Una vez había un consejero -todos comprendieron que se referían a él-, que llegó a ser la mano derecha de su presidente, lo que aquí es Tamur -entonces la voz de Fut se rompió y tuvo que pararse porque no podía seguir hablando. Una vez que recuperó su voz, continuó hablando, pero con una voz un poco forzada y melancólica; es decir, un poco triste-. Incluso una vez tuvo una experiencia en el Supremo, a plena luz del día... Tuvo gran poder, pero una vez usó este poder para hundir, es decir, para hacer daño a una persona: la justicia del Supremo cayó sobre él. 134


- ¿Qué hizo, maestro? -preguntó Yuamí. - Ya lo he dicho antes, hundió a una persona usando sus poderes conscientemente. - ¿Cómo lo hizo? -preguntó, ahora, Kattya. - Eso nunca lo sabréis, porque son cosas que nunca se debe hacer a nadie. - Ese consejero, ¿volverá hacer lo que hizo, maestro? -preguntó Jale. La voz de Fut se fue haciendo cada vez más débil, pero aún se le podía oír. - Nunca más se lo hará a nadie, a nadie… -Finalmente se calló, porque se había quedado sin voz. - ¿Cómo fue el juicio? -preguntó Minar. Fut seguía callado, con la cabeza un poco caída. - ¡Este consejero es usted! -dijo Masete. Finalmente Fut levantó la cabeza, se quedó mirando al pícaro Masete, quien le recordó, con dichas palabras, su pasado…: “¡Es usted!”. Sebatar se dio cuenta de la situación, se levantó, pero Fut le hizo con la mano derecha un gesto para que se volviera a sentar. Con unas lágrimas corriendo por su cara, dijo: - Sí, yo soy.

135


En ese momento la clase se llenó de un ambiente a la misma vez tenso y triste, y así estuvo un rato hasta que la simpática Mel rompió el silencio: - ¿Tuvo usted una manifestación con el Supremo? Sería dormido. - No hija, fue a plena luz del día, y con los ojos bien despiertos y abiertos. - ¿Nos lo contará algún día, maestro? -preguntó Minar. - ¡Quizás! Quién sabe... Antes de que os vayáis al patio, vamos a terminar esta lección tan especial para todos nosotros. Recordar esto que vais a sentir, y no lo olvidéis nunca en vuestras vidas todos pusieron la máxima atención esperando las palabras de Fut: El Supremo siempre es amor, y también es justicia, ¡pero! su misericordia siempre es superior a su justicia. - ¿Qué es misericordia, maestro? -preguntó Jale. - Es cuando nuestros padres nos castigan, porque hemos hecho algo mal; pero luego nos quitan parte de ese castigo. Esto ocurre porque en lo más profundo de sus corazones nos quieren y, debido a ese amor, el Supremo, al igual que nuestros padres materiales…, nos perdona. Fut hizo una afirmación con la cabeza a Sebatar, ella supo lo que quería decir: le había dicho a Sebatar que la clase había terminado. Los niños salieron al patio y se quedan los tres mayores, Fut, Sebatar y Minar, a solas en la clase. Entonces Minar fue quién llevó la iniciativa: - ¡Por fin has abierto tu corazón! - Se lo he abierto yo con mucho amor -confirmó Sebatar.

136


- Ahora me voy a dar un paseo, volveré a la hora de la comida dijo Fut. - Me parece muy bien, así te despejarás, mi amor. Antes de irse Fut, le dio un beso a Sebatar. Mientras Fut paseaba por Quimenix, los niños jugaban en el patio; en la clase se quedaron Minar y Sebatar; solamente ella estaba apoyada sobre la mesa del profesor, mientras que Minar estaba sentado en el pupitre de Kattya, frente a Sebatar. - Ya sabemos parte de su historia, ¿lo sabías tú? -le interrogó Minar. - No la sabía hasta hoy. - Es la primera vez que lo veo como un humano más. - Lo he cuidado después de la batalla, y te puedo asegurar que tiene huesos y carne como todos nosotros. - ¿Te vas a casar con él? - Sí, Minar. Es como los demás hombres, tiene sus defectos y virtudes, pero tiene una cualidad muy especial que pocas personas tienen. - ¿Cuál? - Él aprende de sus propios errores y eso lo hace diferente de nosotros. Ella hizo una pausa, pero Minar le dijo: - Me interesa mucho esta conversación, puedes seguir hablando.

137


Y ella siguió de nuevo la conversación: - Mientras que la mayoría de las personas caen en el sentimiento de culpabilidad, él, en cambio, saca lo positivo de sus errores y se perfecciona más como persona, y como maestro a la misma vez. - Veo que estás muy enamorada de él... La cara de Sebatar era de alegría desbordante. - Lo quiero tal y como es. - ¿Dónde dejas al Supremo? Ella se quedó un poco desconcertada y no supo qué decir, finalmente le dijo: - ¿Qué tiene que ver el Supremo en todo esto? - Perdona Sebatar, no te lo he preguntado bien, conoceremos algún día toda su verdad. Ella se quedó callada y muy pensativa. Minar estaba esperando su respuesta, mientras que ella se había quedado mirando el techo de la clase. Finalmente respondió: - Nunca conoceremos su verdad, aunque estemos el resto de nuestras vidas a su lado… ¡nunca lo conoceremos! -Ella dejó de mirar el techo y le dijo a Minar, mirándole fijamente a sus ojos: yo lo quiero con todo mi corazón. De repente se abrió la puerta de la clase y miraron a ver quién era. Sebatar tenía la cabeza agachada, pero no era un niño, era Fut. - Cariño, tenemos que darle la noticia a tu padre -le dijo Fut a Sebatar. - Él ya lo sabe, cariño.

138


Fut tenía una nueva expresión en su cara para todos, porque estaba sorprendido. Minar, para sí mismo, pensó: “esto no me lo pierdo yo”. Vio a Fut sorprendido por algo que no se lo esperaba. - Le envié una carta hace unos días y ya tengo la respuesta, vendrá un poco antes de la boda. Está muy contento de que tú seas su futuro yerno. La cara de Fut era un auténtico mapa de sorpresa y se quedó sin palabras. Finalmente le dijo a su amada: - Has sorprendido al maestro... Te lo digo sinceramente, mi amor.

139


Capítulo 9 Las semillas del Supremo

Fut entró muy temprano en la clase -Sebatar y Minar aún estaban acostados- y, en el más absoluto silencio de la mañana, se dirigió hacia su mesa. Cuando llegó a la mesa cogió su silla y se sentó. El día aún no se había levantado, es decir, aún estaba un poco oscuro; sin darse cuenta se quedó dormido, apoyó sus brazos sobre la mesa, encima de los brazos apoyó su cabeza y finalmente se quedó dormido. Entró en un sueño profundo, pero no soñó nada, sino que revivió una experiencia de su pasado, cuando él estaba en el país del día; parecía como si el tiempo no hubiese pasado. Estaba el presidente Base curando a unos enfermos en la sala de curas del Consejo, la cual era pequeña -cabían unas diez personas como mucho-, tenía una puerta de entrada solamente y una ventana en la pared izquierda; las paredes no tenían ninguna decoración, solamente eran de color marrón claro, con puntitos azules; había ocho sillas y un mueble con muchos cajones; y nada más. De repente se puso a llover muy fuerte, cada vez la tormenta era más fuerte. Base acabó de curar a un enfermo, se asomó por la ventana y contempló durante unos segundos la tormenta; con una cara muy seria cerró la ventana. Se dirigió con pasos cortos, pero firmes, hacia el mueble con cajones, abrió uno y sacó un libro; abrió el libro, se lo dio a Fut y le dijo: - Abre la ventana y lee esto. Fut cogió el libro, pero estaba escrito en una lengua desconocida para él. Entonces le dijo a Base: - No conozco esta lengua. 140


Base le respondió. - No importa, tú solamente limítate a leer como puedas. No me gustan estas tormentas tan fuertes, suelen hacer mucho daño. Fut obedeció. Mientras se dirigía hacia la ventana, Base comenzó a curar a otro enfermo. Finalmente llegó a la ventana y, bajo la atenta mirada de algunos de los enfermos allí presentes, la abrió y leyó aquella página como pudo; volvió la cabeza hacia atrás y vio como Base le hizo un gesto de aprobación con la cabeza. Fut comprendió que había actuado en nombre de Base, lo que Base representaba; unos minutos después la tormenta comenzó a debilitarse, hasta quedarse en una simple lluvia muy fina. Finalmente dejó de llover y salió de nuevo el sol. Fue la primera vez, pero no la última, en que Fut usaba el poder de Base. El día se había levantado, ya era totalmente de día. Fut se encontraba despierto y sentado en su silla, con las imágenes aún frescas en su mente, cuando entraron Minar y Sebatar a la clase; ellos vieron a Fut con cara de cansado. - Si quieres te puedes tomar el día libre, te veo algo cansado –le comentó Sebatar. - No me pasa nada. - Ella tiene razón –insistió Minar. Él calló durante un rato y luego comenzó a hablar de una forma muy seria. - Hoy comienza una nueva etapa en la que habrá muchos cambios -respondió Fut. - ¿Cambios? -preguntó Sebatar.

141


- Las clases se harán en el patio y aprenderemos por mediación de juegos, es decir, serán lecciones prácticas. - Esto se pone muy interesante, Sebatar -dijo Minar. - Demasiado interesante -añadió ella. - Esta mañana he compartido parte del poder que el Supremo me dio con todos vosotros; es decir, con vosotros dos y con los niños. Un poco asustada, Sebatar le preguntó: - ¿Cómo lo has hecho? De una forma muy tranquila y normal, él le respondió: - Haciéndolo. - ¿Esto quiere decir que puede hacer lo mismo que tú haces? preguntó Minar. Entonces Fut se dio cuenta del interés de Minar por sus clases, tras pensar lo que le iba a decir, le respondió, en un tono normal: - Así es. A ti te daré por las tardes unas clases especiales, y a solas. - ¿Y eso por qué? -le volvió a preguntar Minar. Fut quiso poner fin a la conversación y salió por la calle de en medio; es decir, no dijo nada para cambiar de conversación. - Minar, escucha bien lo que te voy a decir: “El hombre sabio no pregunta, solamente espera la respuesta pacientemente”. Entonces, en ese momento, entran los alumnos más menudos tomando cada uno sus asientos, dando comienzo así la clase de ese nuevo y especial día para todos. 142


Fut tenía una expresión muy seria. Todos conocían a Fut y sabían que iba a hacer una cosa especial, o a decir algo importante, por eso estaban todos callados y mirándolo. Finalmente, la voz suave de Fut rompió el silencio de la clase, comenzando, de esa manera, esa clase tan especial, como todas sus clases: - Ya no habrá más clases aquí dentro, se harán en el patio por mediación de juegos. Los niños gritaron de alegría cuando oyeron que iban a aprender jugando. Fut intentó poner orden, pero fue inútil al principio; finalmente consiguió callar a los niños, y a las niñas, y continuó con la clase: - En estos juegos también jugaremos Minar, Sebatar y yo. Ahora mismo todos los que estamos en esta clase tenemos el poder del Supremo, porque he repartido parte de mi poder entre todos vosotros. - ¿Podemos hacer lo mismo que usted hace? -preguntó Mel. - Así es. - Eso no me lo creo yo -dijo Yuamí. - Puedes hacer una prueba, si quieres -le respondió con una amplia sonrisa. Yuamí cerró los ojos y desapareció de la clase, el resto de los presentes se asombró porque pensaba que Fut no hablaba en serio. Finalmente, Yuamí apareció en el patio de la escuela, se acercó a la ventana y vio al resto de sus compañeros y compañeras dentro de la clase, mientras ella estaba fuera de la clase. Yuamí tenía en su cara una expresión de miedo; Fut se dio perfectamente cuenta y le dijo:

143


- No tengas miedo -hizo un chasquido con su mano derecha y Yuamí nuevamente apareció en su pupitre, como si nada hubiera ocurrido. - ¡Lo he hecho yo, maestro! -gritó Yuamí. - Lo primero sí, lo segundo no, porque aún tienes miedo de tu poder. - ¿Por qué tiene miedo Yuamí, maestro? -preguntó Tua. - Porque ella desconoce el poder que tiene, por este mismo motivo todos comenzaremos con diez minutos de prácticas cada día: por cada acción buena que hagamos, tendremos un punto más; y por cada acción mala tendremos un punto menos; y quién pierda todos los puntos, tendrá que esperar al próximo curso para volver a tener de nuevo los diez puntos iniciales y jugar en el patio. - Eso va por todos -dijo Sebatar. - Sí, Sebatar, por todos, incluido yo mismo, que soy el maestro. Todos debemos ser un solo cuerpo. - ¿Cómo sabrás nuestros puntos? -le preguntó Minar. - Hay cosas que el maestro no puede contar, por el momento. Además de los juegos-lecciones del patio, saldremos un día a la semana por las calles de Quimenix; iremos en cinco parejas, es decir, de dos en dos, y demostraremos el poder del Supremo aprendido. - ¿Ya has hecho las parejas? -preguntó ahora Masete. - Sí, las tengo ya hechas, y son las siguientes: Tua-Mel, YuamíJale, Kattya-Fut, Sebatar-Burén, y Minar-Masete.

144


Los niños miraron a Kattya y a Fut, pero él reaccionó rápidamente y les dijo: - He tenido en cuenta el desarrollo espiritual, así tenemos parejas espiritualmente equilibradas. Tras una leve pausa, Fut volvió a la carga: - Las enseñanzas del Supremo son alegres. Un maestro espiritual nunca debe ser distante de los demás, somos mensajeros de vida, y debemos dar siempre, y en todo momento, vida. Nuestro Supremo es de todos y no es de nadie. Esto quiere decir que nadie, absolutamente nadie, puede ser su dueño; nosotros, los presentes y futuros maestros, debemos ser fiel reflejo de su corazón, que es “amor”. Al Supremo lo conocemos por mediación, es decir, a través de sus maestros, todos nosotros tenemos la obligación de dar a conocer sus enseñanzas. A Fut parecía que le estaban dando cuerda, porque hablaba y hablaba sin parar, y continuaba hablando… - Os voy a dar estas enseñanzas mediante juegos tres días a la semana en el patio, un día lo dedicaremos a ir por las calles de Quimenix, en parejas de dos, como os he dicho antes, manifestando el poder del Supremo. Recordad de hacer siempre acciones positivas y así tendremos todos más puntos positivos, yo también incluido, porque somos un equipo; y al final no habrá maestro ni alumnos, solamente habrá maestros. El último día de la semana, cada pareja dirá lo que habrá hecho; es decir, compartiremos las experiencias y así veremos cómo va subiendo el nivel del equipo. Futuros maestros de las enseñanzas del Supremo, la clase ha terminado por hoy. Los niños y las niñas salieron al patio. El tema de sus conversaciones eran el nuevo giro o cambio de las clases de Fut; ellos estaban esperando que ya fuera mañana para poder así

145


comenzar esas clases tan amenas y divertidas, pero también serias. Después del patio, vino la clase de Sebatar y, por último, cada alumno se fue a su casa, menos Kattya, que se quedó a comer en la escuela. Estaban comiendo en el comedor de la escuela cinco personas: Sebatar, Fut, Minar, Kattya y un escolta. La mesa era rectangular; Sebatar estaba sentada en el extremo derecho de la mesa y frente a ella se encontraba Kattya; es decir, en el extremo izquierdo de la mesa. Entre ellas dos se encontraban sentados Fut y Minar, por este orden, a la izquierda de Sebatar. Frente a ellos había una amplia ventana, a través de la cual podía verse la calle. Era la hora de la comida y por ese motivo había pocas personas por las calles. Junto a la puerta del comedor, al lado de la puerta, había un escolta militar sentado. Dicho militar llevaba un círculo plateado en cada hombro, pues al ser Fut miembro de la Asamblea, debía llevar escolta, menos cuando daba clase. Todos estaban comiendo en silencio, cuando, de repente, Fut gritó “¡Eso no!” tan fuerte y de una forma tan inesperada que asustó a todos los presentes en el comedor. Se puso de pie, se dirigió al escolta y le dijo: “Van a matar al presidente. ¡Vayamos a su casa enseguida!”. El escolta, al ver a Fut, y sabiendo lo que había hecho en la batalla de la llanura desértica, comprendió que iba en serio y se dispuso a salir por puerta; pero Fut le dijo: - ¡Por la puerta no, no podemos perder tiempo! Todos se miraron con asombro. - Pero señor… -intentó decir el escolta, cuando fue cortado por Fut.

146


Entonces extendió sus brazos, mostrando las palmas de sus manos hacia la ventana, y le dijo: “Por aquí”. Toda la ventana, y una gran parte de la pared, desapareció; solamente el escolta le miró con asombro y miedo, los restantes miembros no. - ¿A qué espera, soldado? - Sí, señor -y el escolta salió corriendo a través del hueco abierto por Fut. A continuación, Fut dijo: - Juntaos los tres -les dijo a Sebatar, Minar y a Kattya. Sin perder un instante, Kattya se agarró, literalmente, a Minar y Sebatar se agarró por detrás de Minar; los tres, Minar, Sebatar y Kattya, formaron una sola piña. Fut cerró los ojos, manteniendo los brazos extendidos, y a continuación se levantó un fuerte viento que hizo volcar la mesa; el aire era cada vez más fuerte, parecía que Fut iba a salir volando, pero los otros tres no estaban siendo afectados por el fuerte viento, porque, en todo su alrededor, había una suave brisa que les protegía del fuerte viento. Mientras que todo esto ocurría en el comedor de la escuela, en el despacho presidencial, donde estaba el presidente trabajando, entraron de repente tres hombres por la ventana del despacho sin hacer ningún ruido. Uno era muy alto, de constitución normal; el presidente se dio finalmente cuenta de la presencia de estos intrusos en su despacho. - ¿Quiénes sois vosotros? -preguntó Tamur. - Eso no importa -le respondió el hombre más alto. En ese momento, el Presidente gritó:

147


- ¡Guardias! Los dos guardias que estaban detrás de la puerta entraron y, al ver a los intrusos, sacaron sus armas, una espada cada uno, pero los dos hombres más bajos les lanzaron cada uno un cuchillo al pecho y cayeron los dos guardias heridos al suelo del despacho presidencial. - Ahora estamos a solas -dijo el hombre alto. El Presidente comprendió las verdaderas intenciones de sus inesperados invitados; uno de los hombres más bajos le tapó la salida hacia la puerta al Presidente. El otro hombre bajo sacó de debajo de su túnica un arma blanca más fina que un cuchillo, pero más larga, era un arma muy usada en el país de la noche, y le dijo al Presidente: - ¡Ha llegado su fin, Señor Presidente! -poco a poco se acercó al Presidente con el arma blanca en su mano derecha, y sonriendo. El Presidente se puso firme y le dijo: - Fui militar, estuve en muchas batallas, no tengo miedo a la muerte. - En ese caso tendrá una muerte digna, y con honor, señor Presidente -prosiguió el hombre bajo. Cuando todo parecía llegar a su trágico final, el hombre más alto cayó desmayado al suelo, quedando inconsciente en el suelo. El que estaba junto a la puerta salió lanzado, sin que nadie lo cogiera, contra la ventana, rompiéndola y cayendo posteriormente al jardín que rodeaba la casa presidencial. La guardia exterior, al ver todo esto, comprendió que algo estaba ocurriendo en el despacho presidencial, y que no era nada bueno. Todos los militares destinados en la casa presidencial, desde el de

148


más graduación hasta el de más baja, se dirigieron hacia el despacho presidencial. Unos militares fueron a ver cómo estaba el hombre que había salido lanzado por la ventana solo; cuando llegaron a su altura, vieron que solamente tenía unos cortes producidos por el vidrio de la ventana y nada más. El hombre que llevaba el arma y que se disponía a matar al Presidente… simplemente se quedó como una piedra, en el más amplio sentido literal de la palabra. El Presidente sabía que había sido víctima de una tentativa contra su vida y que Fut se encontraba detrás de su salvación. Cuando la guardia presidencial entró en el despacho presidencial, vio a dos guardias heridos, a un hombre alto inconsciente en el suelo y a otro convertido literalmente en una piedra con un arma blanca en su mano derecha. - ¿Qué ha ocurrido aquí, señor Presidente?, -preguntó uno de los militares, que llevaba dos cuadrados dorados en sus hombros. - Me han querido asesinar. Detenedlos a todos. - El hombre que salió por la ventana está vivo, pero... ¡qué hacemos con este? -preguntó otro militar, refiriéndose al que estaba como una piedra. Este militar sólo tenía un cuadrado dorado en cada hombro. - No podemos hacer nada hasta que llegue Fut, él ha sido quién me ha salvado la vida, dejad a estos dos soldados heridos hasta que él llegue; físicamente no ha estado aquí, pero su poder sí, y muy pronto vendrá. El señor Presidente se encontraba en su despacho rodeado por sus hombres, mientras que en el comedor de la escuela Fut había abierto sus ojos y, manteniendo los brazos extendidos, dijo:

149


- El Presidente se ha salvado, pero ha habido heridos. Ellos tres continuaban juntos. El aire fuerte se fue y Fut finalmente bajó los brazos; hizo un chasquido y volvió a aparecer la ventana y toda la pared; a continuación dio una palmada y todo volvió a estar como antes, la mesa en su posición normal; y tras otra palmada, volvieron a aparecer los mismos alimentos como estaban antes. - ¿Podemos seguir comiendo, mi amor? -preguntó Sebatar. - Ahora sí. Sebatar y Minar ocuparon sus asientos, pero cuando Kattya se disponía a sentarse, él le dijo: - No te sientes Kattya, que vendrás conmigo. - ¿A dónde te la llevas? -le preguntó Sebatar. - Vamos a ver al Presidente. - Solamente espero que salgáis por la puerta esta vez -ironizó Sebatar. Fut miró a su amada y, con una sonrisa, le dijo: - No vamos a salir por la puerta. - Entonces... ¿cómo piensas irte esta vez? - Él sabe lo que se hace, Sebatar -le dijo Minar. Finalmente, Sebatar solamente movió la cabeza de un lado para otro, como diciendo “te quiero mucho, pero no te comprendo”. Fut llamó a Kattya y le dijo: - Coge mi mano derecha. 150


Ella se cogió de la mano derecha de su maestro. - Ahora cierra los ojos y no los abras hasta que yo te lo diga. Ella asintió afirmativamente con la cabeza. Una vez que los dos estaban cogidos por las manos y con los ojos cerrados, ambos desaparecieron del comedor de la escuela dejando a Minar y a Sebatar solos. Fut y Kattya aparecieron en el despacho presidencial. Un alto militar se dirigió hacia Fut, pero el Presidente le dijo: - Este hombre me ha salvado la vida. Entonces el militar, quien llevaba dos cuadrados dorados en cada hombro, se detuvo y miró a Fut con cierta desconfianza. El militar miró a Kattya y le dijo al Presidente: - Este no es lugar para una niña. - Fut sabe lo que se hace, jefe de segundo orden -dijo Tamur. - A su orden, señor Presidente -y se retiró al fondo del despacho presidencial. - Agradezco su ayuda, Consejero Fut, su emisario ya nos ha contado todo -el Presidente se refería a lo sucedido en el comedor de la escuela, cuando Fut quitó la ventana y parte de la pared temporalmente; sin su ayuda estaría muerto. - Supongo que habéis detenidos a todos. - A todos menos a este -señaló al hombre que estaba como una piedra. Fut se lo miró, se acercó al hombre piedra y le sopló. Al instante recuperó el estado de conciencia y de estado normal, entonces un militar dijo: 151


- ¡Ahora mismo! Dos militares allí presentes, sin graduación, se le acercaron, le quitaron el arma blanca y lo sacaron del despacho presidencial. - Señor Presidente, con su permiso, esta dulce niña se llama Kattya y nosotros vamos a curar a los dos soldados heridos. Tamur y los allí presente no se asombraron de lo que Fut y sus alumnos podían hacer, porque su fama se había extendido por todo el país. - Mientras le quito los cuchillos del pecho, tú, Kattya, coge la bandera y la rompes por la mitad (la bandera del país de la tarde era mitad azul y la mitad inferior de color verde). Uno de los que allí estaba presente miró al presidente con un poco de mosqueo, pero Tamur le hizo un gesto con las manos para que no hiciera nada, y así lo hizo, se quedó quieto. Fut sacó los cuchillos a los soldados heridos, mientras que Kattya, con su mirada, rompió la bandera en dos partes, casi iguales. - Ahora pon cada trozo sobre las heridas. Ella obedeció y se quedó esperando una nueva orden de su maestro. - ¡Ya puedes utilizar el poder como tú sabes! Kattya extendió su mano derecha sobre la herida de un soldado y dijo siete veces “Supremo”, a continuación repitió exactamente lo mismo con el otro soldado; al instante, ambos soldados quedaron curados. En el despacho presidencial solamente estaban el presidente Tamur, un militar de alta graduación, un soldado raso (sin graduación), el escolta de Fut, Kattya y Fut. 152


- ¿Puedes darme los dos trozos de la bandera, Kattya? - ¡Claro que sí, maestro! Cuando Fut tenía los dos trozos en sus manos, hizo una bola y se la dio al militar de alta graduación diciéndole: - Aquí tiene usted nuestra bandera entera. El militar de alta graduación la cogió y a continuación la desplegó. - ¡No lo puedo creer! - Pero es cierto -dijo Fut. La bandera estaba entera. - Su escolta tiene el día libre Fut, le enviaré a otro en su lugar. - ¡Cómo usted diga, señor! Tenemos su permiso para retirarnos... - ¡Pues claro que lo tenéis! Muchas gracias por su ayuda. - Las gracias se las tiene que dar al Supremo, señor. Fut y Kattya saludaron con la cabeza al señor Presidente, se cogieron de las manos y, tal como aparecieron en el despacho presidencial, desaparecieron del mismo; es decir, desaparecieron de la vista de todos los allí reunidos. Fut y Kattya aparecieron de nuevo en el comedor de la escuela. - Vuestra comida está fría -inició la conversación Sebatar. - Eso no me importa -dio una palmada y la comida se calentó.

153


Fut y Kattya se sentaron cada uno en su silla y los cuatro comieron tranquilamente, como si nada hubiese ocurrido. El siguiente día de clase hacía un día soleado, se encontraban los diez alumnos de la escuela espiritual de Quimenix en el patio, en parejas de dos. La fila de los alumnos iba desde la pared más próxima a la pared de la clase hasta la entrada del patio, era la siguiente: Tua-Mel, Yuamí-Jale, Kattya-Fut, Sebatar-Burén y Minar-Masete; estaban colocados uno frente al otro, es decir Tua frente a Mel, Yuamí frente a Jale, y así sucesivamente. - Ahora comenzamos las clases prácticas: vamos a aprender a desaparecer y luego a aparecer; haréis lo que yo os diga solamente. Todos estaban callados y atentos a las palabras de su maestro. - Tua, cierra los ojos y concéntrate contigo misma, y luego da una palmada. Tua obedeció a su maestro y desapareció. - Mel, haz lo mismo que ha hecho Tua. Mel también obedeció a su maestro y desapareció. - Ahora quiero que todos vosotros hagáis lo mismo. Sin hacer ninguna pregunta, todos los restantes alumnos obedecieron a Fut, y todos desaparecieron; menos Fut. Cuando pasaron unos minutos, Fut dio una palmada y todos volvieron a aparecer, pero lo hicieron en lugares distintos: donde estaba antes Tua, se encontraba Mel; Yuamí apareció donde antes estaba Jale; Mel apareció donde..., y así sucesivamente ocurrió con todas las parejas excepto con Kattya, porque Fut no quiso desaparecer para tener así un mejor control de la situación. La niña apareció frente a su maestro, es decir, donde antes estaba.

154


Se quedaron todos los alumnos muy callados y con ganas de seguir practicando aquella nueva e interesante lección. Fut esperó a que todos se recuperaran de su primera desaparición, porque la primera vez deja a la persona un poco mareada. - Aparecer y desaparecer cuando tenemos el poder del Supremo es muy fácil, solamente tenemos que cerrar los ojos y pensar dónde queremos estar; después damos una palmada, o bien un chasquido, pero siempre con la mano derecha, y nada más. Pasaremos el resto de la mañana haciendo este ejercicio, desapareciendo y apareciendo, pero recordad esto, niños y no tan niños…, lo haremos siempre dentro de la escuela; la calle la dejaremos para más tarde. - ¿Usted también lo va hacer? -preguntó Masete. - Lo voy hacer porque soy uno más. Durante toda la mañana estuvieron ejercitando apariciones y desapariciones, las hacían de forma alegre. Cuando Fut veía que alguien estaba en apuros, o que hacía algo mal, con mucho amor y paciencia lo corregía y le ayudaba. Ésta fue la primera clase práctica de la escuela espiritual de Quimenix. La clase estaba llegando a su fin por ese día. Fut dio una palmada y todos se pusieron tal como iniciaron la clase, entonces él dijo: - Para vosotros todo esto es un juego, pero recordad que vosotros sois “las semillas de Quimenix”, y lo mismo que estoy haciendo con vosotros, vosotros lo haréis con otras futuras semillas algún día, el cual no está muy lejano. - ¿Todas las clases van hacer así de súper, mega, guay, maestro? le preguntó Tua. - ¿Qué tendremos mañana, maestro? -ahora fue Kattya la que preguntó.

155


- Mañana haremos una continuación de lo de hoy y… ¡ya veremos, niños!. La clase mía por hoy se ha terminado. Sebatar, ya puedes comenzar tus clases. -Miró a Minar y le dijo:- Ven conmigo, que te tengo que dar una lección ahora mismo. Sebatar se metió en la clase con los niños y niñas, mientras que Fut y Minar subían a la estancia superior de la escuela. Entraron en una habitación que sólo tenía una mesa y dos sillas. Minar se sentó en una silla, mientras que Fut permaneció en pie. De repente… apareció una piedra sobre la mesa, después ésta desapareció. Minar se quedó mirando a Fut esperando las palabras de su maestro, la cuales vinieron después de un corto silencio: - Te voy a enseñar el poder de la mirada: ¡Haz aparecer una piedra sobre la mesa, Minar!. Minar se fija en la mesa, pero los minutos pasan y pasan y no aparece ninguna piedra. Finalmente le dijo a Fut: - No puedo, maestro. - ¡Nunca más quiero sentir esas palabras en tu boca! El poder de la mirada es directo, tan efectivo como el de las manos o de las palabras, Minar. ¿Qué ocurre si no puedes hablar o utilizar las manos? - Tengo mucho que aprender de tus enseñanzas... ¿Qué tengo que hacer? - Eso me gusta un poco más... Sólo tienes que pensar en una piedra, luego fijar tu mirada sobre la mesa y nada más, Minar. Minar le hizo caso, siguió todas las instrucciones dadas por su maestro y, después de esperar un poco, apareció una pequeña piedra sobre la mesa.

156


- ¡Es una piedra pequeña! Pero, al fin y al cabo, es una piedra. Sigue practicando hasta que hagas aparecer una piedra un poco más grande. - ¿Hasta cuándo debo seguir con los intentos? - Hasta que te sientas un poco cansado, no quiero que te fatigues, me voy a preparar la clase de mañana. Fut abandonó la habitación, dejando a Minar solo practicando el poder de la mirada. Nuevamente llegó un nuevo día y, consecuentemente, vino una nueva clase. Se colocaron todos en el patio, exactamente en el mismo orden que el día anterior. El semblante de los niños y niñas no eran triste, sino todo lo contrario, porque sabían que de Fut como maestro se podía esperar cualquier cosa menos aburrimiento. - Hoy haremos el mismo ejercicio de ayer. -Él dio un chasquido con los dedos de su mano derecha, y así comenzó la clase de aparecer y desaparecer. Todos participaron, incluido el maestro, hasta que se sintió una palmada, después de transcurrido un cierto tiempo, y la clase se terminó. Los alumnos no estaban tristes, sabían que su maestro siempre les tenía una sorpresa preparada. - Lo hemos hecho mejor que ayer, pero aún nos queda mucho por mejorar, poco a poco lo conseguiremos hacerlo bien. El maestro hizo una leve pausa, tras la cual dijo: - Nos vamos a sentar todos, formando un círculo. Esperadme, que vuelvo enseguida. Todos se sentaron formando dicho círculo en el patio, dejaron un hueco entre Kattya y Sebatar para el maestro. Fut se metió en la 157


escuela y, al poco rato, salió de la misma con una planta que estaba marchitada, la puso en el centro del círculo y, a continuación, se sentó en su sitio (entre Kattya y Sebatar) y comenzó a hablar: - La sanidad nos viene del Supremo. Ahora vais a comprender mejor estas palabras: esta planta está muy marchitada, un poco enferma. La recogí ayer por la tarde mientras paseaba por el campo. Muchos de sus alumnos dijeron: “no se puede hacer nada por la planta”. Todos ellos se equivocaban. Finalmente volvió el silencio y Fut pudo seguir dando la clase; la atención no estaba sobre el maestro, sino puesta en la planta moribunda. - La sanidad siempre está -Fut concentró su mirada en la planta y dijo:- Supremo, manifiesta tu sanidad eterna en esta planta. Ante la presencia de los diez alumnos de la escuela espiritual de Quimenix (contamos a Fut como alumno, como humildad), la planta floreció con unas hermosas flores azules. Muy sabiamente Fut dejó pasar un tiempo para que se calmase la situación de asombro. Cuando ya vio que era el momento de continuar con la clase, dijo: - Para mañana cada uno de vosotros vais a traer una planta marchitada y haréis lo que habéis visto hacer hoy. - ¿Cuándo saldremos a la calle? -le preguntó Yuamí. - Saldremos a la calle pasado mañana, e iremos por parejas. Nos encontraremos finalmente en la escuela y, sobre todo, no debemos tener miedo, porque siempre iremos acompañados por alguien superior a nosotros. Se produjo un leve silencio en el patio, tras el cual Fut siguió hablando: 158


- Niños, ya podéis ir a la clase de Sebatar (a los niños les gustan más las clases de Fut, pero también tienen que ir a las clases convencionales). Tú, Minar, continúa con la piedra. Lo siento, pero debo irme ahora mismo. -Dio una palmada y desapareció del patio, y así acabo la segunda clase especial impartida por Fut, el maestro de lo espiritual. Al siguiente día de clase, cuando Fut bajó de las estancias superiores de la escuela, se encontró con el patio vacío de alumnos. Estaba lloviendo y hacía un día un poco oscuro; el sol estaba tapado por las nubes. Se encontró a sus nueve alumnos dentro de la clase. - ¿Qué hacéis aquí dentro? - ¡Está lloviendo! -contestó Sebatar. - ¿Y qué? ¿Es que yo lo tengo que hacer todo siempre? -A continuación abrió la ventana de la clase y, sin mover la mano derecha ni pronunciar ninguna palabra, puso una mirada un poco perdida y miró hacia el cielo oscuro. Pasaron unos cinco minutos y entonces dejó de llover, saliendo el sol posteriormente. - ¡Es asombroso! -aclamó Minar. - Esto mismo lo podéis hacer cualquiera de vosotros, todos tenemos el poder del Supremo ahora, no solamente yo. Dicho esto fueron todos al patio, se colocaron como siempre por parejas y comenzaron nuevamente haciendo ejercicios de apariciones y desapariciones. Fut, por mediación de una palmada, dio por terminado los ejercicios de apariciones y desapariciones por ese día y dijo: - Cada vez lo hacemos mejor. A este paso estaremos listos dentro de muy pronto. - El suelo está mojado, maestro -le informó el travieso Burén. 159


- ¿Habéis traído todas vuestras plantas marchitadas? Todos le respondieron casi a la misma vez: “¡Sí!”. - Cómo el suelo está mojado, tendremos que hacer una cosa: poned vuestras plantas en el suelo y, sobre todo, no tengáis miedo de lo que vais a sentir y a ver. Todos se miraron como diciendo “¿qué irá a hacer ahora?”. Así lo hicieron y, cuando terminaron de colocar sus plantas sobre el húmedo suelo del patio, todos los presentes del patio se levantaron medio metro del suelo. Algunos dijeron: “Estamos flotando en el aire”; la simpática Mel le pidió a Fut que la convirtiera en un pájaro, pero, muy sabiamente, Fut le respondió: - Tu belleza es superior a la de un pájaro. Las clases de Fut eran alegres y divertidas, pero dentro de un orden y respeto mutuo entre maestro y alumnos; cuando alguien hacía mal, Fut, con mucho amor y paciencia, lo corregía, y así de esta armoniosa manera crecían las semillas de Quimenix. - Después de las apariciones haremos levitaciones, es decir, cuando un cuerpo se levanta del suelo sin ninguna ayuda de ningún tipo. Estando los diez levitados, Fut continuó hablando: - Hoy es el tercer día de clase y Minar ha aprendido a aparecer una piedra con el poder de la mirada; pero antes vamos a sanar a estas hermosas plantas, todas están muy secas y sin hojas. Fut extendió las palmas de sus manos hacia el suelo del patio, luego cerró los ojos y, al instante, comenzó a salir humo del patio; cuando dejó de salir humo, el suelo se había secado totalmente: todos volvieron a estar nuevamente con los pies en el suelo.

160


Cuando parecía que se iban a sentar todos en el suelo, Fut empezó a bailar. Sebatar y Minar se lo quedaron mirando sin saber qué hacer; los niños y niñas comenzaron a reírse, nunca nadie había visto aquella nueva faceta de su maestro, y finalmente los niños y niñas se pusieron a bailar. Sebatar y Minar siguieron el ejemplo de los niños; es decir, al final había diez personas bailando en el patio. - Hoy me he levantado con mucho movimiento y la clase de hoy va a ser muy especial, por eso estoy tan alegre. Continuemos bailando..., ¡todo el mundo a bailar! Lo digo yo, que soy el maestro. Después de estar un buen rato bailando, Fut dio una palmada y todos dejaron de bailar y, en un silencio absoluto, pusieron mucha atención a las futuras palabras de Fut: - Antes de hacer las prácticas diarias de desapariciones y apariciones, nuestro compañero Minar nos hará una demostración de lo que ha estado practicando durante estos tres días. Todos miraron a Minar. Éste fijó su mirada en el suelo del patio y, de repente, apareció una piedra un poco grande, en el suelo del patio. - ¿Cómo lo haces? -le interrogó Masete. - Con el poder de la mirada. - Podemos manifestar el poder del Supremo mediante la palabra, mirada, y por la mano derecha. Os digo esto porque mañana será nuestro primer día de salida, es decir, hoy es nuestro último día de práctica de la semana; así que, como ya hemos visto el poder de la mirada, pasaremos a los ejercicios diarios de desaparecer y aparecer. Durante media hora todos estuvieron haciendo prácticas de desapariciones y apariciones, se respiraba un ambiente de paz, 161


alegría; la autoridad era de Fut, pero la ejercía de una forma tan sabia, que nadie se sentía molesto ni ofendido, sino todo lo contrario. Cuando corregía a alguien, lo hacía con tanto amor que la persona corregida quedaba sumergida en una paz que jamás había sentido antes. - Muy bien, ahora vamos a la siguiente lección. Todos se sentaron en el patio formando un círculo y cada uno tenía su planta frente a él. Cuando se encontraban todos ya sentados, pusieron cada uno sus plantas a una distancia de dos metros de ellos. - Todos nosotros tenemos el poder del Supremo, lo que vamos hacer es sanar a estas plantas, solamente tenemos que mirar cada uno a su planta y, a continuación, dar una palmada, solamente eso y nada más; el poder del Supremo es muy fácil de manifestarlo. Tua será la primera en comenzar. Tua se fijó en su planta, a continuación dio una palmada y, de repente, su planta sanó y se transformó en una maravillosa malva. Mel hizo lo mismo que Tua y su planta se transformó en una maravillosa gatuña. Yuamí transformó su planta en una maravillosa bistorta. Jale transformó su planta en un maravilloso cítiso. Kattya transformó su planta en un maravilloso girasol. Le tocó a Fut, pero viendo como la atención de todos se concentraba en él, les dijo: - No he traído ninguna planta, porque os tengo preparada una sorpresa para el final. Ahora le toca a Sebatar. Sebatar transformó su planta en un hermoso pensamiento. 162


Minar transformó su planta en un maravilloso saúco. Burén intentó irse del círculo, pero Fut le dijo: - No te escapes, Burén. - Con usted no puedo, maestro. Burén transformó su planta en un maravilloso cactus. - Ahora es su turno, maestro -le recordó Kattya. - Así es, ahora es mi turno, lo habéis hecho muy bien. Lo que os voy hacer ahora es una cosa que falta en este patio. Todos se miraron un poco extrañados, pero ya iban conociendo a su maestro. Fut se quedó totalmente quieto, no movió sus labios para nada y mostró las palmas de sus manos hacia el centro del círculo. Al principio no ocurrió nada, pero poco a poco se va levantando un viento en el centro del círculo, después el viento se transformó en fuego y, aunque todos estaban un poco asustados, confiaban plenamente en su maestro; cuando el fuego desapareció y, en su lugar, apareció un espléndido y hermoso pino. Todos estaban muy alegres y les gustaba mucho el pino, menos a Sebatar, la cual estaba un poco seria. - ¡Es de verdad! -gritó Mel. - ¡Pues claro que sí, que es de verdad! Un patio sin árbol está un poco vacío, porque le falta algo. En un tono de voz un poco serio, Sebatar le dijo: - No me ha pedido permiso para poner este pino en mi escuela.

163


Los niños dijeron: - A nosotros nos gusta mucho este pino, maestra. - Está bien, el pino se puede quedar para siempre, pero no hagas aparecer más árboles en la escuela, cariño, no quiero tener un bosque. - Niños, siempre mandan las mujeres. Todos se rieron. Minar, señalando al pino, le preguntó a Fut: - ¿Cuál ha sido el propósito de hacer aparecer un pino? - Mañana todos saldremos a la calle. El poder de desaparecer y aparecer aún no lo dominamos bien, por eso no quiero que nadie lo haga mañana. - ¡Ni usted! -le instó Tua. - Ni yo. - ¡Pero si usted es el maestro! -le volvió a decir Tua. - Solamente hay un maestro, y no soy yo. Dar sanidad ha sido enseñado para demostrar cómo se debe sanar a las personas; este poder sí que lo vamos a demostrar mañana. A partir de la semana próxima, Minar nos enseñará cómo se adquiere y se desarrolla el poder de la mirada. - ¿Yo? - ¿Acaso no lo sabe ya? - Sí, pero…

164


- Aquí no hay imposibilidades, todos somos uno, y cuando uno de nosotros domina bien un poder, se lo enseña a los demás -le cortó Fut a Minar. - ¿Aunque sea un niño? -preguntó Yuamí. - Para el Supremo no hay edad física. Os diré una cosa muy importante: muchos niños y niñas están más cerca del Supremo que muchos adultos. - Por eso comparte sus conocimientos con los niños -añadió Sebatar. - El Supremo solamente da poder a los que están preparados de corazón, ya sean niños, ya sean adultos. Sebatar, ya puedes continuar con tus clases. Con vuestro permiso, me retiro para preparar la clase tan especial de mañana. Fut se levantó del suelo usando sus pies físicos y abandonó el patio, dejando a Sebatar con sus alumnos y el pino. De esta manera dio por finalizada su clase el maestro espiritual. Sebatar dio su clase, pasó la tarde, y luego llegó la noche, tras la cual llegó el gran día por todos esperado: la primera salida de los alumnos de la escuela espiritual de Quimenix. Fut se encontraba de pie debajo del pino. Estaba esperando a que estuvieran todos sus alumnos, momento en el que comenzó a hablar: - Iremos por zonas distintas y por parejas, las cuales todos conocemos. Cuando sea la hora de acabar la clase, volveremos todos a la escuela; después iréis cada uno a vuestras casas, como siempre. Como maestro, tengo la responsabilidad de vuestra seguridad. Una vez finalizado el discurso de Fut, las cinco parejas salieron de la escuela y se dispersaron por las calles de Quimenix. 165


Fut y Kattya iban por las calles de Quimenix cuando un hombre se les acercó, y sin decir ninguna palabra… le dio un puñetazo a Fut, se cayó al suelo, medio aturdido, mientras que este misterioso hombre le decía: - Eres un farsante y mentiroso, ellos no te conocen, pero nosotros sí. Fut estaba en el suelo semi-incorporado, sentado en el suelo. Con su mano derecha se acariciaba la barbilla, la cual la tenía un poco roja. Kattya se quedó sin saber qué decir y hacer, pero cuando vio que el hombre se dirigía hacia su maestro no con muy buenas intenciones, con su mirada lo lanzó contra la pared tan fuerte que lo dejó inconsciente en el suelo. Al ver todo esto, un soldado-policía, quien tenía en sus hombros un círculo plateado, se aproximó a ellos y, una vez estuvo en el lugar de los hechos, dijo: - ¿Le ocurre algo, señor Consejero? Fut se incorporó poniéndose de pie y le respondió: - Este hombre y yo hemos chocado accidentalmente, nada más -el otro hombre estaba estirado en el suelo inconsciente-. ¡Llevadlo al hospital! - Lo que usted diga, señor Consejero. Kattya y Fut abandonaron el lugar del incidente y, después de caminar unos doscientos metros aproximadamente en un absoluto silencio, éste fue roto cuando Fut le preguntó a Kattya: - ¿Por qué lo has hecho? - ¿Usted por qué no se ha defendido, maestro? - A veces los consejeros no podemos usar del poder, Kattya. 166


- ¡No lo comprendo! - Es muy fácil, escucha atentamente, dulce niña -ella sonrió-: los consejeros somos el espejo en el que los demás deben ver al Supremo, tenemos que tener amor con todos, siempre tenemos que demostrar la nobleza del Supremo y no comportarnos como ellos. Kattya se queda un poco pensativa, luego dijo: - Entonces, lo que he hecho no está bien. - No soy quién para juzgar si tu acción está bien o mal, eso solamente lo sabes tú. - ¿Me vas a quitar un punto, maestro? - No, dulce Kattya, pero me gustaría saber lo que sentías cuando lo hiciste. - La primera vez que le pegó, ni sabía qué hacer, ni qué decir. Como vi que usted estaba bien, decidí no hacer nada; pero cuando intentó agredirle por segunda vez… no podía dejarle que lo hiciera. Fut levantó la cabeza al cielo y lo comprendió todo. Ella se calló y se lo quedó mirando. A continuación él bajó la cabeza, la miró con mucha ternura y le dijo a la misma vez que le acariciaba la cara: - Eso es amor, pero la próxima vez no lo hagas con tanta fuerza. - Sí, maestro. Fut y Kattya continuaron caminando y llegaron a un parque infantil. Todo parecía tranquilo, cuando se le acercó una mujer con mucha ansiedad. La mujer les dijo:

167


- ¡Mi hija se ha caído del columpio y está muy mal! Los dos se miraron y se fueron con la mujer al lugar donde se encontraba la niña herida. Tenía unos diez años y se había caído de un columpio, se encontraba en el suelo inconsciente con una gran herida en la cabeza de la que manaba mucha sangre; la túnica la tenía subida hasta las rodillas y en la tibia derecha tenía otra herida, de la que también salía sangre. La madre le dijo a Fut: - ¡Haga algo por mi hija! - No voy hacer nada por su hija -le contestó Fut. La madre se quedó sin saber qué decir y muy pensativa. - Es Kattya la que se va a ocupar de su hija. - Pero... ¡si es una niña! La madre finalmente se calló esperando a que alguien hiciera algo por su hija, fuese quien fuese. Cuando pasaron unos segundos, Fut dijo a Kattya: - Cuando quieras puedes comenzar. Kattya se aproximó a la niña, colocó su mano derecha sobre la herida de la cabeza, pero sin tocarla. Al poco tiempo la herida dejó de sangrar. Con la herida de la tibia hizo lo mismo y también dejó de sangrar. - ¡Es asombroso! ¡Ya no sangra! La mujer hizo movimientos para irse con su hija, pero Fut le dijo: - Aún no ha acabado, señora. Entonces ella se detuvo y siguió mirando lo que Kattya estaba haciendo con su hija. 168


Kattya puso su mano derecha sobre la cabeza de la niña, pero solamente sobre la parte seca, es decir, donde no había sangre, y a continuación desapareció totalmente esa sangre seca de la cabeza y de la cara de la niña, la herida de la cabeza se le cerró: la niña volvía a estar como antes de la caída del columpio, sin herida y sin sangre. Kattya se puso de pie, dio unos pasos y luego se arrodilló ante las piernas de la niña. Colocó su mano derecha sobre la pierna derecha y, al instante, se le cerró la herida; y la sangre seca de la pierna desapareció. La niña recuperó la consciencia plena, es decir, se despertó. A su alrededor se sumaron un pequeño grupo de personas, y entre ellos había un policía. La mujer clamó: - ¡Es asombroso! ¡Mi hija está como antes! - Señora, no se asombre del poder del Supremo -le dijo Kattya. - Si eres una niña no muy mayor que mi hija... - Todos somos flautas del Supremo, señora. Finalmente intervino Fut de una forma muy sabia, le hizo un gesto con su mano derecha para decirle que tenían que irse de allí lo antes posible. Aprovechando el acto emotivo que se estaba produciendo entre la hija y la madre, ellos abandonaron el parque en dirección hacia la escuela. Y de camino, Fut le dijo a Kattya: - Me has sorprendido, Kattya. Kattya, con una sonrisa, le respondió: - Solamente pongo en práctica lo que nos enseña usted, maestro. - Tienes una gran madurez espiritual, por eso serás mi sucesora espiritual; ese será nuestro secreto hasta que llegue el momento de hacerlo público.

169


Ella giró la cabeza hacia Fut y su expresión era de no haberlo comprendido muy bien. - Creo que no me has comprendido muy bien. - Así es, maestro. - Dime lo que no has comprendido. - Si usted se va a casar con Sebatar..., que hago yo en su vida espiritual. Él no pudo evitar que se le escapase una sonrisa de sus labios y a continuación le comenzó a explicar todo muy bien: - Sebatar será mi mujer y parte de mi vida estará unida a ella, pero tú eres mi sucesora espiritual, y parte de mi vida espiritual continuará en ti cuando tenga que abandonar este cuerpo; es decir, cuando me llame el Supremo, todo lo que sé espiritualmente te lo daré solamente a ti, para que tú luego se lo des a otros. - Ahora lo comprendo, ella ocupará su área sentimental y yo su área espiritual. - Lo has entendido a la perfección. Además de dulce eres lista. - ¡Por favor, maestro! Está bien, pero no se lo diga a nadie. - Lo haré público cuando la primera promoción de Quimenix esté equilibrada, antes no. Ella asintió afirmativamente con la cabeza; entre ellos había nacido una química espiritual que siempre estuvo entre ellos. El silencio se impuso entre ellos durante el resto del camino que faltaba para llegar a la escuela. Finalmente llegaron y fuera estaban ya unos alumnos esperando la llegada del resto.

170


Fut no entró, se quedó esperando fuera la llegada de todos. Cuando estuvieron los diez alumnos reunidos en la puerta de la escuela, el maestro dijo: - Estamos todos, muy bien. Mañana nos veremos aquí de nuevo. Fut, Sebatar y Minar se metieron en la escuela, mientras que los demás volvieron a sus casas. La última clase de la semana estaba dedicada solamente para compartir lo que cada pareja había hecho por las calles de Quimenix y para comentar los futuros cambios que el maestro pensaba hacer en la futuras clases de la escuela espiritual de Quimenix. A veces Fut enseñaba algo nuevo. En resumidas cuentas: eran unas clases muy abiertas y dinámicas, en las que no se notaba la autoridad del maestro -aunque sí existiera- porque todos eran maestros y alumnos a la misma vez. Estas clases tan especiales se hacían estando todos sentados alrededor del pino del patio. Al día siguiente estaban todos sentados alrededor del pino, hacía un buen día, y el suelo estaba un poco caliente por el sol. - Ayer salimos todos por las calles de esta hermosa ciudad, por parejas. Ahora cada pareja dirá lo que hizo, y después habrá un comentario. Comenzaremos por Tua y Mel. - Nosotras sanamos a un pájaro que se había caído de su nido. - Nosotros curamos a un hombre que cojeaba y desviamos con el poder de la mirada un tiesto que iba a caer sobre la cabeza de una mujer -prosiguieron Yuamí y Jale. - Nosotros curamos a una niña que se había caído de un columpio -dijo Kattya, sin decir nada sobre la agresión del hombre a Fut.

171


- Nosotros estuvimos sanando a todos los árboles y plantas que pudimos -siguieron, a continuación, Sebatar y Burén. - Pues nosotros solamente dimos sanidad a las plantas -dijeron Minar y Masete. - Todo esto está muy bien, pero muy bien, para ser el primer día que salimos a la calle. Si nos fijamos, cada pareja ha hecho una cosa diferente, eso es muy bueno, porque el Supremo siempre se manifiesta en equipo. Fut hizo una leve pausa para continuar diciendo: - La semana próxima habrá nuevas sorpresas. Todos tenemos un punto más, es decir, todos tenemos once puntos. Pasó el fin de semana y, consecuentemente, llegó una nueva semana. Si antes los niños y niñas esperaban las clases del maestro Fut porque aprendían mucho, se lo pasaban mazo; ahora soñaban con el comienzo de la semana para poder ir a sus clases. Sus clases eran mega-guays. A veces los niños usaban los poderes para hacer pequeñas trastadas en sus casas, esto lo sabía Fut, pero él nunca les dijo nada. Estaban los diez sentados alrededor del pino, Fut tomó la palabra para decir: - Estamos muy satisfechos de nuestro avance, vamos a hacer cosas o poderes más elevados. Seguiremos trabajando las dos dimensiones; es decir, el estar y el no estar, desaparecer y aparecer, y, además, comenzaremos con la levitación y el traspasar paredes. Haremos estas prácticas a primera hora, pues estos poderes forman el nivel básico. Fut hizo una pausa. Yuamí le iba a hacer una pregunta, pero él le dijo con sus manos que esperase un poco y, acto seguido, les dijo:

172


- El nivel medio consistirá en hacer aparecer y desaparecer objetos, mover los objetos con la mirada y lanzar objetos también con la mirada. - ¿Seguiremos jugando, maestro? -preguntó Yuamí. - ¡Pues claro que sí! Seguiremos jugando y, como siempre, por parejas. - ¿No sería mejor jugar todos juntos y no por parejas? -preguntó Sebatar. Fut se quedó un poco pensativo. Entonces, todos los niños y niñas dijeron a la misma vez: - Nos gustaría todos juntos, maestro. Fut, en un tono muy serio, les dijo: - Sí, pero solamente si me aceptáis como un niño grande, entonces jugaremos sin parejas, pero dentro de la escuela. Cuando salgamos a la calle iremos de dos en dos, como todos ya sabemos. ¿Estáis de acuerdo? Todos ellos respondieron afirmativamente con la cabeza. - ¿Qué haremos con el nivel medio, maestro? -preguntó Minar. Fut le respondió en un tono un poco áspero. - Aquí no hay maestro, todos somos iguales a la hora de enseñar y aprender. Pensáis que yo no tengo cosas nuevas que aprender todavía; quizás para vosotros sea un maestro, pero para otros soy un alumno. Fut dejó de hablar y se impuso un silencio absoluto en el patio. éste fue roto cuando la vivaz Tua preguntó:

173


- ¿Cuándo comenzaremos los ejercicios de los poderes medios? - Comenzaremos mañana a practicar esos poderes, hoy vamos a tomar un descanso, antes de comenzar los ejercicios del nivel básico -dio una palmada e, instantáneamente, apareció en frente de cada uno de sus alumnos un gran vaso de limonada fresca. Sin pensárselo dos veces, todos cogieron los refrescos y se los bebieron. Cuando terminaron de tomarse el refresco, Fut se levantó y se puso a andar por el patio. Les indicó con las manos que se mantuvieran sentados en el suelo del patio, y así lo hicieron, mientras veían a su maestro pasear por el patio un poco pensativo. De repente comenzó a hablar sobre el plan de poderes: - A partir de mañana comenzaremos una nueva etapa en esta escuela. Nosotros somos la primera promoción, luego vendrá otra, y así sucesivamente. Ahora sois alumnos, pero mañana seréis maestros y maestras. -Tras una leve pausa, Fut continuó hablando-: El primer nivel, es decir, las dos dimensiones, aparecer y desaparecer, la levitación y el de traspasar paredes, lo darán Sebatar y Kattya. Los poderes del nivel medio, es decir, hacer aparecer y desaparecer objetos con la mirada y el de mover objetos también con la mirada, lo dará Minar. Mientras que el poder de lanzar objetos con la mirada lo dará Kattya. Por último, los poderes del nivel superior, los cuales los sabréis más adelante, los daré yo mismo. El Presidente, en nombre de la Asamblea, nos ha pedido una demostración pública de las enseñanzas de esta escuela espiritual y debemos estar todos muy bien preparados. Después del pequeño discurso de Fut, todos se levantaron y se pusieron a hacer los ejercicios del nivel básico. Sólo hicieron prácticas de apariciones y desapariciones; al día siguiente pasarían a practicar poderes más elevados. Todos, absolutamente todos, jugaron juntos hasta que terminó la clase de Fut, y después de la clase de Sebatar se fueron todos a

174


sus casas, menos Sebatar, Fut y Minar, los que vivían en la escuela. Cuando llegó el día siguiente, los niños y niñas entraron al patio de la escuela y se encontraron con una sorpresa: no se encontraba Fut. Entonces Kattya preguntó: - ¿Dónde está el maestro? - Ha tenido que ausentarse, volverá más tarde. Las clases las daremos entre Minar, tú y yo -respondió Sebatar-. Todos los poderes del nivel básico nos vienen de la fe, pero el poder de la levitación, si abusamos de él, nos puede llevar al cansancio físico, por eso no es conveniente abusar de este poder. Yo me ocuparé del poder de las dos dimensiones y Kattya se ocupará de la levitación. Tua, Mel, Yuamí y Kattya comenzaron a hacer prácticas de levitación, las cuales costaron un poco al principio, pero luego fueron mejorando hasta salir medio bien. Mientras que Burén, Masete, Minar, Jale y Sebatar comenzaron a practicar el poder de las dos dimensiones. Así estuvieron un buen rato, unos aparecían y desaparecían, mientras que otros levitaban sobre el suelo. - Estoy flipando, lo estoy haciendo y no me lo creo -dijo Yuamí. Sebatar paró de desaparecer y dijo: - Lo hemos hecho todos bien, nos merecemos un descanso. Se sentaron todos. Minar dio una palmada y apareció delante de cada uno de ellos un espléndido almuerzo compuesto por un refresco y un bocadillo de ensalada. - Esto que acabo de hacer es lo que os voy a enseñar en la segunda hora. 175


Todos comenzaron a tomarse el desayuno. Entonces Mel dijo: - ¿Nosotros podremos hacer lo mismo? - Recordad lo que dice Fut -le dijo a todos Sebatar. - ¿Qué dice Fut? -preguntó Mel. En ese mismo instante apareció Fut, al lado derecho de Mel. Ella se asustó un poco, mientras que Fut sonrió; la expresión de miedo de la cara de Mel aún no se había ido del todo. El maestro dejó de sonreír y dijo: - Somos un equipo y, lo que hace uno, lo hacemos todos. - ¡Vaya susto que le has dado a Mel, maestro! -le dijo Yuamí. - Debéis estar preparados a estas sorpresas, porque hay otros que también las hace. ¡Por cierto! ¿dónde está mi almuerzo? - Aquí lo tienes -Minar hizo aparecer el almuerzo de Fut mediante una palmada. Fut se sentó al lado de Kattya y, todos sentados en torno al pino, se tomaron dicho almuerzo. Mientras se lo estaban tomando, pasaron un agradable rato hablando de todo un poco. Cuando terminaron de tomarse el almuerzo, muy sabiamente Fut dejó un tiempo de reposo físico, aprovechado para decirles un poco más de las enseñanzas espirituales. Fut, que enseñaba de una forma muy sutil, muy silenciosamente, se dirigió a todos para decirles: - El primer nivel lo hacemos todos muy bien, pero las prácticas siempre son necesaria para todos, por eso las vamos a seguir haciendo.

176


Fut dejó de hablar porque sabía que algún alumno le haría una pregunta. Y así fue..., no había dejado de hablar cuando Jale le hizo una pregunta: - ¿Hasta cuándo vamos a seguir haciendo prácticas, maestro? - Las prácticas se tienen que hacer durante toda la vida. - ¡Toda la vida! -exclamó Tua. - Conozco a un consejero del país del día con poderes mucho más fuertes que los míos que cada día hace prácticas. El Supremo nunca está parado. - ¡Ya comprendo! Como el Supremo nunca está parado, por eso nosotros no podemos estar parados tampoco -concluso Kattya. - Muy bien, así es. Fut miró a Minar y le dijo: - Cuando quieras puedes comenzar con tu clase. Minar dio una palmada y todo los restos de almuerzo, mollas de pan y restos de ensalada, desaparecieron del suelo del patio, dejándolo tan limpio como estaba antes del desayuno. Todos se levantaron, se pusieron mirando hacia Minar, incluido Fut, y, al principio, con un poco de inseguridad, Minar comenzó a hablar: - El nivel medio está compuesto en hacer aparecer y desaparecer objetos; una vez que dichos objetos están visibles en el plano físico, los tenemos que mover usando solamente la mirada; también los tenemos que lanzar y detener, tanto en tierra como en el aire; pero siempre con la mirada. El objetivo de estos ejercicios es que finalmente seamos capaces de detener, parar y desviar cualquier objeto que nos pueda lanzar alguien solamente con la mirada.

177


Hizo una leve pausa, tras la cual continuó hablando: - Solamente lanzaremos a una persona contra una pared si nuestra vida está en peligro. Antes de lanzarle, levitaremos a esa persona, o grupo de personas en su caso, a la altura que nosotros veamos más conveniente para nuestra seguridad. Y todo esto lo haremos siempre usando el poder de la mirada. Fut no cabía de gozo al sentirle a Minar esas palabras. Mientras, el resto de los alumnos estaba con la boca abierta y sin saber qué decir. - Ahora pasaremos a la práctica y nos dejaremos de teoría. Lo primero que tenemos que hacer es pensar en el objeto, después debemos usar nuestra fe y, por último, con la mirada verlo en el plano físico; es decir, que pueda ser visto y tocado. - ¿Cómo usamos la fe? -preguntó Burén. - Se trata de la fuerza interna. Os pondré a todos un ejemplo: vamos a pensar todos en un balón de fútbol, nos concentramos con nuestra fe y, cuando contamos tres mentalmente, fijamos la vista en un punto, puede ser en el aire o sobre la tierra, y dicho balón aparecerá. ¡Vamos hacerlo todos! Todos siguieron los pasos dichos por Minar. Finalmente aparecieron seis balones de fútbol muy aceptables, uno en forma de melón. Mel, Yuamí y Burén no consiguieron aparecer ningún balón. En vista de la situación, Minar les dijo: - Si alguien no ha conseguido aparecer un balón de fútbol, o el balón es un poco raro -todos miraron a Tua-, no pasa nada. A mí me costó dos días para poder dominar este poder, pero al final lo conseguiremos todos. Después de una pausa, Minar continuó dando su clase: 178


- A continuación, cada uno intentará hacer aparecer un balón individualmente. Si no lo conseguís, o aparece un balón un poco raro, no pasa nada. Cuando consigamos todos aparecer los balones perfectamente, entonces jugaremos con dichos balones todos. Continuaron practicando el inicio del nivel medio hasta que llegó el fin de la clase de ese día, afortunadamente para unos y no tanto para otros. Los alumnos se fueron a sus casas y allí continuaron practicando por indicación de Minar las prácticas del nivel medio. Una vez que estaban los tres comiendo en el comedor de la escuela, Sebatar le dijo a su amado: - ¿No crees que le estás enseñando demasiado a los niños? - ¡No! De eso nada. Aún queda el nivel superior y la enseñanza final. - ¡Pero son niños! Nosotros somos adultos y cometemos errores observó Minar. En un tono más serio, Fut les dijo: - ¡Hasta cuándo vais a ser ciegos! Ver lo que se ve físicamente, eso no es ver; la verdadera vista consiste en ver lo que no se ve físicamente. - Entonces... ¿qué es lo que tú ves en esos niños? -le preguntó Sebatar - Veo dos cosas: la primera es una gran madurez espiritual y la segunda veo el futuro de este país; porque de ellos saldrán más generaciones de maestros espirituales hasta que el nivel espiritual de este país suba y alcance el mismo nivel espiritual que el país del día; entonces ambos países se unirán en armonía y en paz. 179


- Ahora lo comprendo todo -dijo Minar. - ¡Pero los del país de la noche no se van a quedar quietos! añadió Sebatar. - Habrá una guerra -acabó por conjeturar Minar. - Hagamos lo que hagamos, al final habrá una guerra de todas formas. Llegará el día en que yo tenga que dejar este cuerpo físico y, cuando ese día llegue, deberá haber grandes maestros espirituales en este país capaces de vencer a los de la noche. De todo esto hemos estado hablando en la Asamblea, y todos hemos estado de acuerdo. Finalmente Fut se calló, pero Minar quería saber más y le preguntó: - De acuerdo... ¿sobre qué? Él lo miró con una sonrisa y, en un tono un poco bromista, le respondió: - En este momento no me acuerdo, mi buen amigo Minar. Sebatar se rió y Minar, moviendo la cabeza de izquierda a derecha, le respondió: - Eres muy misterioso, Fut. - ¡Pero yo lo quiero tal y como es! -concluyó Sebatar. Al siguiente día comenzó otra nueva clase de Fut. Sus clases eran de lo más guay. A primera hora practicaban el nivel básico. A Tua le gustaba mucho desaparecer y aparecer. Burén se lo pasaba flipa atravesando paredes. Mel casi siempre estaba desaparecida y le gustaba gastar bromas al resto de sus compañeros cuando era invisible. Yuamí hacía un poco de todo y 180


no gastaba bromas. Jale se lo pasaba pipa levitando y corriendo levitado. Kattya se lo pasaba mega-guay levitando y atravesando paredes y, en más de una ocasión, desaparecía junto a Mel para gastar pequeñas bromas a sus compañeros. Fut tenía que hacer de todo, además de vigilar por la seguridad de los niños y de algunos ya no tan niños. Sebatar, en el fondo, era una niña grande y se lo pasaba de pillada cuando levitaba y desaparecía. Minar, en cambio, era más serio y hacía como Yuamí, se limitaba a practicar los poderes y nada más. A Masete le gustaba levitar y, sobre todo, desaparecer para levantarles las túnicas a las niñas. Fut lo corregía siempre con mucho amor y paciencia. Así, de esta manera, jugando, consiguieron dominar todos los poderes del nivel básico; es decir, desaparecer y aparecer, levitar, y atravesar paredes. A veces ocurrían accidentes: una vez Jale intentó atravesar una pared, pero no lo hizo bien y chocó contra la pared; el golpe fue tan fuerte que cayó desmayado al suelo y tuvo que ser asistido por Fut. Otra vez, cuando Mel volvió a aparecer, lo hizo sin túnica y Fut, mediante un chasquido de dedos, la tuvo que vestir de nuevo. Cuando volaban levitando, se producía más de un choque involuntario, pero sin importancia. A pesar de los pequeños accidentes que a veces se producían, las clases de Fut eran totalmente seguras. Entre las prácticas del nivel básico y el nivel medio había un almuerzo, donde cada uno, dando una simple palmada, hacía aparecer su almuerzo, y luego cada uno, con una palmada, limpiaba lo que había ensuciado del patio, dejándolo tan limpio como estaba antes de empezar a comer. Las clases del nivel medio las dirigían Minar y Kattya. Aquí Fut simplemente se limitaba a participar como uno más. En estas clases se hacía aparecer, desaparecer, mover y lanzar objetos. Estas clases se podían hacer en equipo o bien individualmente; es decir, uno solo, pero siempre se lo pasaban en grande.

181


Así aprendían los alumnos de la escuela espiritual de Quimenix los poderes del Supremo, mediante juegos, y de vez en cuando algunas salidas, con su posterior enseñanza de Fut. Después de las prácticas del nivel medio, venían unos minutos de recreo y, finalmente, estaban las clases de Sebatar, donde no había poderes, sino matemáticas, historia, ciencias y otras materias. Al finalizar las clases, cada alumno se iba a su casa y no volvía a la escuela hasta la mañana siguiente. Esta era la actividad normal durante los tres primeros días de la semana; el cuarto día era el de salida por las calles de Quimenix, y el quinto y último era cuando cada pareja comentaba lo que había hecho el día anterior. La tarde del quinto día, y último de la semana escolar, volvían a la escuela, pero esta vez para recibir las enseñanzas de Sebatar para recuperar el día perdido por las salidas por las calles de Quimenix. Finalmente llegó el segundo día de salir por las calles de Quimenix. Para los niños era el gran día soñado, porque, además de pasear por las calles y parques de la ciudad, podían poner en práctica los conocimientos adquiridos en las súper-divertidas y ordenadas clases de Fut. Tua y Mel se sentaron en un banco de un parque, bajo un árbol, y vieron que un hombre mayor era acosado por unos jóvenes. - ¡Mira eso, Tua! - Serán conocidos o familiares. - No nos moveremos hasta que veamos qué ocurre finalmente. - Verás que no pasa nada. De repente el hombre mayor dijo:

182


-¡He dicho que no! ¡Marchaos ya de aquí! Entonces, uno de los jóvenes le respondió: - De eso nada, anciano. Tua y Mel, al ver la situación, se miraron y asintieron con la mirada. El hombre mayor se encontró rodeado por los dos jóvenes; Tua y Mel concentraron sus miradas sobre los dos jóvenes y ambos cayeron al suelo. Uno de ellos dijo: - ¿Qué ocurre aquí? No había acabado de decir eso, cuando fueron lanzados contra la pared y se quedaron pegados a ella sin poder moverse. - ¡Nosotros solamente nos queremos ir! -gritaron asustados. Al oír esto, las dos niñas dejaron de concentrar sus miradas sobre ellos y éstos se levantaron y echaron a correr calle abajo. De inmediato se levantaron del banco y el anciano continuó paseando. Como Tua y Mel tenían sed, se fueron a una fuente cercana donde poder beber agua. Cuando Tua estaba bebiendo, y Mel esperaba su turno, sintieron un gran griterío, giraron las cabezas y, después de beber Mel, se dirigieron hacia donde venía el ruido de voces. Una vez atravesada la barrera humana, vieron a un hombre joven bajo la rueda de un coche. El hombre estaba vivo, pero inconsciente, pudieron sentir como un médico decía: “este hombre está muy grave “. Cuando Mel sintió aquellas palabras, con su simpática sonrisa, le dijo al médico: - Se equivoca, señor.

183


El médico miró hacía donde venía esa voz y vio que era una niña, la miró y le dijo: - ¡Pero si eres una niña! - Así es, pero este hombre está completamente sano. El médico no sabía qué decirle, y finalmente le contestó: - Si tan segura estás de lo que dices..., aquí lo tienes, es todo tuyo. - Es nuestro, comienza Mel, es tuyo -le instó Tua. El médico se retiró con una gran sonrisa de vanidad, se sentía superior a las niñas, y se unió al grupo de personas que rodeaban el coche sin apartar la vista de ellas. Mel extendió sus brazos mostrando las palmas de sus manos y apartó la rueda del coche sobre las piernas del hombre, pero sin tocar para nada dicha rueda. El coche literalmente levitó y volvió a situarse por detrás del hombre, recuperando su posición normal. Cuando los presentes vieron todo esto, se asombraron, pero la demostración de Mel solamente había comenzado. Con la mano derecha dirigida hacia el inconsciente hombre, Mel dijo “sanidad” y, automáticamente, el hombre abrió los ojos. El médico dijo: - Lo estoy viendo y no me lo creo. Aún quedaba el toque final: Mel se colocó muy cerca de la cabeza del hombre y, después de una confirmación con la cabeza, puso sus manos en el aire, mostrando sus palmas hacia la cabeza y pies respectivamente -la mano derecha está dirigida hacia la cabeza y la mano izquierda está dirigida a los pies-.

184


Reinaba un silencio absoluto en el lugar, cuando de repente una luz morada salió de sus manos y, al instante, el hombre se levantó como si nada le hubiera ocurrido. Las personas allí presentes dijeron: - ¡Es asombroso! ¿Cómo lo habéis hecho? - No hemos sido nosotras -respondió Tua. Una mujer que se encontraba entre el público preguntó muy asombrada e interesada: - ¿Entonces quién? - Ha sido el Supremo -dijo Tua. Medio enfadado, dijo el médico: - Este hombre estaba grave y ahora está más vivo que yo. - Nosotras simplemente somos flautas del Supremo, él es el músico, señor. Tua y Mel se disponían a irse del lugar del accidente cuando se les acercó un policía con tres círculos plateados en cada hombro que les preguntó: - ¿Quiénes sois vosotras? Mel respondió con su típica sonrisa: - Somos alumnas del maestro Fut. El policía se quedó muy pensativo y, finalmente, les dijo: - ¡Podéis iros!

185


- Si supiera lo que han hecho estas niñas aquí, señor policía... dijo el médico. - ¡Cállese o le detengo ahora mismo! El médico se puso muy serio y le recriminó al policía: - Soy médico y ellas han practicado la medicina sin permiso. - Lo que sea usted no me importa, Fut es Consejero de la Asamblea y mano derecha del Presidente. ¿Quiere usted presentar una denuncia contra él? La cara del médico se puso pálida y respondió: - No, señor. El policía se dirigió al dueño del coche y le preguntó: - ¿Tiene su coche algún daño? - Al contrario, está mejor que antes. - Entonces márchese y siga su ruta, buen hombre. El dueño del coche se subió al mismo y abandonó el lugar del accidente, mientras que por el camino hacia su casa iba pensando: “cuando diga todo esto en casa, nadie me va a creer”. El policía le preguntó al accidentado: - ¿Se encuentra usted bien? - Me encuentro muy bien, señor. - Aunque se encuentre bien, nunca va mal un reconocimiento... Que el médico se lo haga.

186


El médico asintió afirmativamente con la cabeza y ambos se fueron al hospital para someter al hombre accidentado a dicho reconocimiento médico. Ahora el policía se dirigía hacia las niñas: - Vosotras continuad con vuestro paseo. Ellas así lo hicieron. - Y al resto de los presentes continuad vuestra marcha, que aquí no ha pasado nada. A los pocos minutos, el lugar estaba normalizado completamente, pero el policía hizo un informe que llegó a las manos del presidente Tamur. Fut nunca fue informado oficialmente de dicho informe, pero siempre lo supo. Como siempre, después del día de la salida por Quimenix, venía el último día de la semana escolar, en el que se compartían todas las experiencias de las parejas de la escuela espiritual de Quimenix. Todos entraron muy alegres y haciendo un poco de ruido. - ¿A qué viene tanta alegría? -preguntó Fut, dejando al final una amplia sonrisa. - Ayer fue un día fantástico, maestro -dijo Jale. - Todos hicimos cosas increíbles -añadió Sebatar. - También estoy muy contento. - ¿Por qué estás contento, mi amor? - Tened un poco de paciencia y ya lo veréis.

187


Todos se sentaron en torno al pino y comenzaron a compartir sus experiencias. - Nosotras liberamos liberemos a un anciano del acoso de unos jóvenes y luego sanamos a un hombre accidentado -dijeron al unísono Tua y Mel. - Nosotros dimos vista a un ciego y sanamos a un cojo -dijeron Yuamí y Jale. - Pues nosotros solamente dimos sanidad, es decir, curamos a un sordo y dejó de ser sordo -continuaron Kattya y Fut. - Nosotros únicamente pudimos dar sanidad y curar a muchas plantas y árboles, los cuales estaban muy marchitados -dijeron Sebatar y Burén. - Tuvimos que atravesar una pared para sacar a dos personas de un incendio, luego volvimos al incendio y lo apagamos -dijeron Minar y Masete. - Estoy muy satisfecho de todos nosotros, todo lo que hemos hecho es muy importante para todos, recordad siempre que somos un equipo. Ahora tenemos un punto más; es decir, tenemos doce puntos. - ¿Y la sorpresa? -preguntó Kattya. Fut la miró con mucha dulzura y amor y, después de una corta pausa, les dijo a todos: - A partir de la semana próxima, y en vista de los grandes avances que hemos conseguido con los niveles básico y medio, comenzaremos con el último nivel, es decir, con el nivel superior. En dicho nivel aprenderemos a sanar a todos a los animales, plantas y personas en el nombre del Supremo. -¿Quién nos dará las clases? -preguntó ahora Tua, la vivaz. 188


- Seré yo mismo, y la última lección que os dé por el momento será el árbol de la vida, es decir, cómo funciona el Supremo. -Fut hizo una leve pausa, para luego continuar:- Las clases de dos primeros niveles (básico y medio) se seguirán dando como hasta ahora; a continuación, y sin pausa, yo os daré el nivel superior. Cuando estemos todos preparados, entonces os enseñaré cómo funciona el Supremo. - ¿Por qué es tan importante el árbol de la vida? -preguntó Yuamí. - Si no sabes el árbol de la vida, entonces no conoces cómo funciona el Supremo, ni cómo funcionas tú, ni cómo funcionan los demás, porque todos somos su imagen y semejanza. - ¿Usted lo conoce todo? -le preguntó Masete. La pregunta de Masete se refería al árbol de la vida. - El árbol de la vida nunca se termina, a medida que más sabes, te vas dando cuenta que tienes más cosas por aprender, por eso no me considero maestro, sino maestrillo, es decir… un pequeño maestro. Somos tan pequeños ante la grandeza del Supremo que ni siquiera nos tendríamos que llamar maestros, porque solamente hay un maestro y es él, el Supremo. - ¡Tenemos hambre! –exclamó Sebatar. Fut, con un poco de ironía, le respondió: - Ya lo sé, alumna Sebatar, esa es mi sorpresa. -Dio una palmada y en frente de cada uno apareció una bandeja con un pastel, una cuchara y un refresco. - ¿Qué celebramos? -preguntaron todos a la vez. - Celebramos nuestra graduación por haber alcanzado los doce puntos. Ya no hay más puntos. ¿A qué estamos esperando?

189


Entonces todos comenzaron a comer su pastel de graduación. Cuando terminaron de comérselo, Fut se levantó, dio una palmada y todas las bandejas vacías, los vasos de los refrescos y los restos del pastel caído al suelo del patio desaparecieron, dejándolo todo completamente limpio. A continuación miró a todos sus alumnos y, con una voz profunda, dijo: - Mi clase de hoy ha terminado. Recordad que en las próximas semanas terminaremos nuestra formación. Podéis ir a vuestras casas, todos menos Kattya. - ¿Y mis padres? -preguntó Kattya. - Tus padres ya saben que te quedas a comer -le respondió Sebatar. Los demás niños y niñas miraron a Kattya y comprendieron que, aunque todos eran miembros de un mismo equipo, ella ya formaba parte de un nivel superior, al que solamente pertenecían los grandes maestros. Los alumnos se fueron a sus casas y ellos cuatro, es decir, Fut, Sebatar, Minar y Kattya entraron en la casa de la escuela. Se sentaron los cuatro en la mesa del comedor por este orden: Fut presidía la mesa, a su derecha estaba Sebatar, a su izquierda estaba Minar y al lado de Minar se encontraba Kattya. Esta vez Fut fue directo, no hubo pausa ni medias palabras, comenzó diciendo: - Aunque todos somos un equipo, solamente tres llevarán la dirección espiritual de Quimenix por el momento. Eran cuatro en el comedor, eso quería decir que uno o una sobraba, pero nadie decía nada-. En un futuro no muy lejano sabréis exactamente vuestros cargos espirituales. ¿Alguna pregunta?

190


- Explícate mejor, mi amor, porque nadie te ha entendido, como siempre -le pidió Sebatar. - Está bien, seré más claro. Para el próximo curso, es decir, cuando volvamos de nuestra luna de miel, cariño, habrá en este país tres cargos espirituales… dichos cargos estarán ocupados por Minar, Kattya y yo. Como Consejero Espiritual que soy, tengo plenos poderes para tomar estas órdenes y las que considere más conveniente para el desarrollo espiritual de este país. - Comprendo que a Minar le dé un cargo espiritual, pero ¿a mí? Si aún soy una niña -ella pensaba que le daría el cargo cuando fuera mayor, no ahora. - No importa tu edad física, sino tu desarrollo espiritual. - Entonces, ¿ella, que es una niña, está más capacitada que yo, que soy una mujer para tener un cargo espiritual? - Así es. Tras un silencio un poco tenso, Minar le preguntó a Fut: - A mí, ¿qué responsabilidad me has dado? - Eso lo sabréis tanto tú como Kattya a su debido momento Kattya ya lo sabía porque se lo había dicho antes Fut, pero no dijo nada. - Tan misterioso como siempre -le recriminó Sebatar. - No se trata de eso, sino que debo ser consecuente con mi responsabilidad -el tono de voz de Fut es cada vez más serio. - ¿Qué es responsabilidad, señor? -pregunta Kattya. Todos se rieron.

191


- Responsabilidad es saber lo que tienes que decir o hacer en cada momento. - Ahora lo comprendo. - ¿No puedes ser tan claro desde un principio? -le pregunta ahora Minar. - Mi amor es así de complicado. Finalmente Fut dijo: - ¡Vamos a comer! - ¿No vamos a usar los poderes? -pregunta Kattya. - Ahora no. Ella se le queda mirando y le responde: - Por responsabilidad. - Veo que lo has entendido, Kattya. A continuación se levantaron los cuatro de la mesa; Sebatar y Kattya prepararon la comida, mientras que Fut y Minar ponían la mesa y la ensalada. En la cocina, Kattya le preguntó a Sebatar: - ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas enamorada de Fut? - Desde el mismo momento que lo vi. - ¿Cómo se puede saber eso? - El corazón te lo dice. Nuevamente Kattya vuelve a la carga, nunca mejor dicho:

192


- ¡Pero si es muy misterioso y distante! - Eso lo dices tú porque no lo conoces. - ¿Cómo es? Cuando Sebatar iba a responderle, entró Minar en la cocina. - ¿Necesitáis ayuda? - No necesitamos ayuda, gracias, podéis estar en el comedor, nosotras iremos cuando hagamos la comida -le contestó Sebatar. - ¿Porqué le has dicho eso a Minar, cuando realmente nos hace falta una ayuda? - Así tendremos más tiempo para hablar de cosas de mujeres. Kattya se rió y dijo: - ¡Púes hablemos de cosas de mujeres! - Fut, a simple vista, es decir, la primera sensación parece distante y misterioso, pero no es así. Su misterio le viene porque solamente habla cuando tiene que hablar y lo justo, es muy observador; y cuando ve cosas que no le gustan, se aparta en silencio. Le gusta mucho la inocencia de los niños y no le gusta hablar de su pasado. Kattya escuchaba silenciosamente a Sebatar. - ¿Por qué no le gusta hablar de su pasado? - Una vez lo intenté y no lo haré más, Kattya. - ¿Qué ocurrió?

193


- Le pregunté sobre su familia, me miró muy serio, se levantó y, sin decirme nada, se fue a dar un paseo. No volvió hasta las cuatro de la noche. - En cambio cuando está con nosotros es muy distinto. - Eso es porque con vosotros se siente cómodo y seguro, y sabe que no le vais hacer daño. Kattya movió la cabeza muy pensativa y, finalmente, dijo: - Ahora lo comprendo todo, en cambio cuando está con los adultos se vuelve misterioso y distante, por seguridad. - Así es. - A mí también me atrae un poco su forma de ser, no es como los demás. - En la intimidad es abierto, bromista y le gusta escuchar a personas que verdaderamente entienden más que él sobre los temas que a él le interesan. Kattya no dijo nada y escuchaba en el más absoluto silencio a Sebatar. Sebatar continuó hablando: - Sus defectos son que le gusta demasiado el orden y es de ideas fijas, pero si se le sabe llevar, se puede hacer con él lo que se quiera, porque en el fondo es como un niño. - Cómo un niño grande. - Cómo un niño grande, al cual quiero mucho. - ¡Ojala algún día encuentre a un hombre y me enamore de él como tú lo estás de Fut! - ¡Púes claro que sí que lo encontrarás, reina! 194


Entonces Fut gritó: - ¿Cuándo va a venir esa comida, mujeres? - Ya vamos, hombres impacientes -respondieron ellas a la misma vez. - Es mejor no estar en contra de las mujeres, Fut. Minar y Fut se levantaron y entre los cuatro pusieron finalmente la mesa. Comenzaron a comer y durante la comida hablaron distendidamente sobre los temas de Quimenix. Al acabar de comer, y estando reposando la comida, llamaron a la puerta. Fut se levantó y se dirigió hacia la puerta. Cuando la abrió, vio que era Itria, la madre de Kattya. Itria era un poco gorda, cabellos y ojos negros, voz seca y cortante, pero tenía en su cara algunos signos de desconfianza. Sus facciones eran ásperas. - Soy la madre de Kattya, vengo a por mi hija. - Tanto gusto señora -la saludó Fut. - Igualmente le digo. - ¡Kattya! ¡Es tu madre! Kattya se levantó y les dijo a Minar y a Sebatar: - Tengo que irme, hasta el lunes. - Hasta la semana próxima -se despidió Sebatar. - Práctica los ejercicios -le instó Minar.

195


Kattya abandonó el comedor, se dirigió hacia la puerta de entrada de la escuela, dónde se encontraban Fut y su madre, y, cuando ella estaba ya en la puerta, le dijo a su madre: - Mamá, te presento a mi maestro Fut. Mola mazo. La madre le respondió en un tono un poco severo: - ¡Niña! No hables así de tu maestro. Fut no pudo evitar una pequeña sonrisa y le dijo a Itria: - Señora, no se preocupe, los niños son así. Hasta el lunes, Kattya, y adiós señora. Fut cerró la puerta y volvió al comedor. Así terminaba una semana más en la escuela espiritual de Quimenix, a la espera de comenzar las últimas semanas, más completas, en las cuales se terminaría la formación de la primera promoción de maestros espirituales de Quimenix, y por extensión del país de la tarde. Durante el fin de semana, todos los alumnos estuvieron practicando los poderes en sus casas. Cuando llegó el primer día de la semana, y consecuentemente la primera clase de la escuela, todos estaban muy preparados. Fut estaba bajo el pino junto a todos ellos y les dijo: - Todos sabemos lo que tenemos que hacer, cada uno como quiera, en equipo, o bien solo, pero siempre jugando. -Dio una palmada y cada uno comenzó a hacer lo que más le gustaba, pero al final todos terminaron haciendo todos los poderes de los niveles básico y medio. Las niñas estaban cansadas de la bromas de Masete y decidieron gastarle también una broma. Se unieron las cuatro, Tua, Mel, Yuamí y Kattya, y, de común acuerdo, desaparecieron del patio. Masete se encontraba haciendo el poder de la levitación y ellas se 196


pusieron frente a él, pero aún no eran visibles. De repente se hicieron visibles y todas dijeron a la misma vez: - ¡Estamos cansadas de tus bromas, Masete! No habían acabado de decir esto cuando extendieron sus brazos derechos y concentraron sus miradas en él. Minar intentó intervenir, pero Fut se lo impendió y le dijo: - Masete les ha hecho muchas bromas a las niñas, dejemos que ellas pongan su justicia. Masete se encontraba a una altura de dos metros sobre el suelo, frente a él se encontraban las cuatros niñas, y a su espalda se encontraban Fut, Minar, Sebatar y los otros dos niños, es decir, Jale y Burén. Tua concentro más su mirada sobre Masete y el brazo derecho de éste se puso en cruz; Mel hizo lo mismo y las piernas de Masete se abrieron, él no podía hacer nada contra el poder de las cuatro juntas. Yuamí también concentró con más fuerza su mirada y Masete puso en cruz su brazo izquierdo; y finalmente Kattya dio un chasquido con su mano derecha y desapareció la túnica de Masete. Como ese día no llevaba ninguna ropa debajo de la túnica, quedó desnudo delante de las niñas. Fut no pudo aguantar la risa y le dijo: - Eso te pasa por meterte con las mujeres. Masete se puso rojo como un tomate, mientras que las niñas tenían unas sonrisas. Finalmente Tua le preguntó: - ¿Nos va a dejar en paz? El dijo con la cabeza que sí y lo bajaron al suelo, pero aún continuaba desnudo. Fut le dijo:

197


- No te metas nunca con las mujeres. - Ahora comprendo por qué. Fut dio una palmada y vistió a Masete con una túnica. A continuación les dijo a las niñas: - He permitido que ocurriera esto para que todos comprendamos que las bromas muchas veces hacen daño, además de ser poco graciosas muchas veces. Espero que respetemos a todo el mundo, tanto como personas, como en sus sentimientos. Fut hizo una leve pausa para que todos pensaran un poco sobre el tema de las bromas, y a continuación comenzó a hablar: - Espero que esto te haya servido de lección, Masete, y vosotras, niñas, no hagáis más este ajuste de cuentas a nadie. Ahora vamos a tomar el almuerzo como siempre. Cuando terminaron el almuerzo, Fut se levantó, se dirigió a los demás y comenzó diciendo: - En el nivel superior vamos a aprender a sanar a plantas, animales y personas. Debemos usar siempre la mano derecha, la podemos poner sobre la parte enferma, cerca de la parte enferma, o sobre otra parte de la persona, como la cabeza. La sanidad depende de nuestra fe con el Supremo. - ¿Cómo lo hacemos? -preguntó Mel. - Lo hacemos igual que cuando atravesamos una pared, levitamos, o hacemos aparecer un objeto, con… fe y nada más. - ¿Por qué del Supremo depende la sanidad? -preguntó Yuamí. - Porque el poder absoluto solamente lo tiene él, nosotros sólo tenemos una parte de ese poder, y es por la fe.

198


- ¿Cómo haremos las prácticas? -le preguntó ahora Burén. - Podemos practicar con una planta, animal o con una persona, pero siempre que estén enfermos. - ¿Dónde las podemos hacer? -preguntó Sebatar. - Las haremos en cualquier lugar. He estado hablando con la Asamblea y nos traerán, el día de la salida, enfermos a la escuela, y algunos iremos al hospital. - ¿Y las salidas, maestro? -preguntó Masete. - Las salidas quedan suspendidas. Los tres primeros días haremos prácticas de los tres niveles y el cuarto día será para manifestar solamente el nivel superior. Lo más seguro es que ésta sea nuestra última semana de formación antes de hacer la demostración pública ante la Asamblea. Fut hizo una brevísima pausa para evitar más preguntas, tras la cual volvió a hablar: - Cada uno hará el nivel superior junto con otro, es decir, por parejas libres, y cambiando sucesivamente. Uno hará de enfermo imaginario y el otro de sanador del Supremo. Desde entonces todas las clases fueron de la siguiente forma: primero practicaban los poderes de los dos primeros niveles, luego venía el almuerzo, y por último se hacía el nivel superior. Todos habían llegado a dominar todos los poderes muy bien, ya no había alumnos, sino que todos eran ya maestros, dejaron de haber accidentes y bromas. Por fin llegó el gran día: fuera de la escuela estaban esperando los enfermos, de todas las dolencias. Dentro de la escuela, en el patio, se encontraban los diez maestros espirituales de Quimenix y un soldado que llevaba tres círculos plateados en cada hombro; en la

199


puerta de la escuela se encontraban dos soldados rasos, es decir, sin graduación, haciendo guardia. - Somos maestros espirituales. Ha llegado el día que tenemos que poner en práctica real el nivel superior. Tua, Mel, Kattya y yo dijo Fut- nos iremos al hospital; los demás os quedaréis aquí. Aunque no estemos juntos, siempre formamos un equipo. Cuando Fut terminó de pronunciar estas palabras, el soldado que hacía guardia abrió la puerta que comunicaba el patio con la calle, y los cuatros maestros, es decir, Fut, Kattya, Tua y Mel, abandonaron el patio en dirección al hospital. Finalmente, en la escuela quedaron los otros seis maestros, es decir, Jale, Yuamí, Sebatar, Burén, Minar y Sebatar. El soldado con graduación se quedó en el patio, mientras que en el exterior estaban los dos soldados rasos sin graduación, los que abrieron la puerta de acceso al patio de la escuela desde la calle; los enfermos estaban esperando fuera, en la calle. - ¿Quién es el responsable? -preguntó el soldado con graduación. - Soy yo -respondió Minar. - ¡Podemos comenzar ya, señor! -le dijo el soldado. Minar asintió afirmativamente con la cabeza y le dijo: - Dejad pasar a los enfermos, pero en grupo de tres en tres. Los enfermos entraron de tres en tres, en un principio, al patio de la escuela, y fueron atendidos por las parejas ya conocidas: Yuamí-Jale, Sebatar-Burén y Minar-Masete. Cada pareja cogió a un enfermo y, cuando era curado, entraba otro enfermo; así sucesivamente para ir más rápido; de esta forma se evitaba que el patio se llenase de demasiadas personas. Todos los enfermos fueron curados de sus enfermedades. 200


En un momento dado, dejaron de entrar enfermos y se produjo una interrupción porque en el patio entró el Presidente escoltado por seis militares de alta graduación, cuatro de ellos tenían tres cuadrados dorados en cada hombro y los otros dos tenían dos cuadrados en cada hombro. La escolta iba bien armada. Todos los militares que se encontraban en la escuela se pusieron firmes cuando vieron que el escoltado era el presidente Tamur. - ¡Descansad! -ordenó el Presidente. Cuando estaba en el interior del patio, su escolta se desplegó por el mismo, pero sin molestar la labor sanadora de los maestros espirituales. - ¡Bienvenido, señor Presidente! -aclamó Minar. - Continuad con lo que estabais haciendo, quiero ver con mis propios ojos lo que aquí ocurre. - Póngase bajo la sombra del pino -le sugirió Minar. - Gracias, Minar. Entonces Yuamí se metió en la casa de la escuela y del comedor sacó una silla para el señor Presidente; puso dicha silla bajo la sombra del pino y le dijo: - Aquí tiene usted su silla, señor Presidente. - Muchas gracias, reina. Yuamí volvió con Jale y el Presidente se sentó bajo la sombra del pino, bajo la vigilancia de su escolta. Tamur no daba crédito a lo que estaba viendo, no se lo creía: todos los enfermos salían sanados, sin importar su enfermedad.

201


Mientras que todo esto ocurría en el patio de la escuela, en el hospital, los cuatros maestros espirituales estaban curando a muchos enfermos. Unos médicos se aproximaron a Fut y a Kattya y les dijeron: - Estamos muy agradecidos por vuestras asombrosas curaciones. - Podéis estar todo el tiempo que queráis -les dijo también el director del hospital. Fut sonrió un poco y les dijo: - Muchas gracias, señores, pero tenemos que irnos. Si alguna vez necesitáis nuestra ayuda, solamente tenéis que ir a la escuela. Dio una palmada y aparecieron de la nada Tua y Mel ante la presencia de los médicos. - ¿Por qué nos ha llamado? -preguntó Mel. - Volvemos a la escuela, vamos a usar la vía rápida. Los cuatro saludaron muy amablemente a los médicos y desaparecieron de sus vistas a continuación, apareciendo los cuatro en el patio de la escuela. Al ver Fut al Presidente sentado bajo la sombra del pino, le saludó y le dijo: - Es un honor para mí su presencia en esta escuela, señor Presidente. - Aquí estoy por dos motivos: el primero para ver con mis propios ojos lo que ocurre en esta escuela. Lo segundo para decirle personalmente que la Asamblea, de la cual usted es miembro, ha decidido que quiere ver una demostración de sus enseñanzas lo antes posible, y ante los altos cargos del país. 202


Las palabras de Tamur fueron oídas por todos los maestros espirituales presentes en el patio, los cuales se pusieron un poco serios. Fut, después de una pausa de respeto, le contestó al Presidente: - Así será, señor Presidente. El Presidente se levantó de la silla en la que había estado sentado bajo la sombra del pino, deseó un buen día a todos los presentes, y todos los maestros espirituales de la escuela le saludaron. A continuación, el Presidente abandonó el patio acompañado por su escolta y por los tres soldados que había antes de la llegada del presidente. Finalmente la escuela se quedó como siempre, es decir, con los diez maestros espirituales en el patio, pero aún quedaban enfermos esperando para ser sanados fuera. Fut, con cierto gozo, dijo: - ¡Ya estamos solos! - ¡Perdona! Aún quedan enfermos por curar -le observó Minar. - ¿Son muchos? Tua se asomó y dijo: - Son unos veinte. - Me ocuparé yo mismo. Con pasos decididos, se presentó finalmente en medio de la calle y, cuando estuvo frente a los enfermos, todos de dolencias distintas, levantó la mano derecha y, tras decir una sola vez “Supremo”, todos los enfermos fueron sanados; algunos salieron corriendo de alegría y otros se volvieron hacia Fut para darle las gracias. Cuando se quedó solo en la calle, cerró la puerta y volvió al patio.

203


- Maestros espirituales de la escuela de Quimenix, la formación ha terminado, ya no haremos más salidas por la ciudad. Mañana os daré la última lección sobre el árbol de la vida del Supremo y desde pasado mañana nos prepararemos para la demostración de la Asamblea. Hemos aprobado todos con matrícula de honor pero, nunca debemos olvidar que el estudio del Supremo nunca se acaba -finalmente se despidió de los nuevos maestros espirituales diciéndoles “hasta mañana, maestros”. Todos ellos respondieron a la misma vez: - Si somos maestros es gracias a ti. - ¡Venga! Dejaos de tanta palabrería. Una vez dicho esto, avanzó con grandes zancadas por el patio hacia la casa de la escuela. Sebatar abrió la puerta y los nuevos maestros espirituales se fueron a sus casas. Cuando cerró la puerta se encontró con Minar, que estaba frente a ella. - Siempre será igual -afirmó Minar. - Es un niño grande -le respondió Sebatar. Minar y Sebatar se fueron a comer solos, y así terminó el día, en el que el Presidente visitó la escuela de improviso. Cuando llegó el nuevo día y los nuevos maestros espirituales de Quimenix entraron en el patio, lo primero que vieron fue a Fut sentado bajo la sombra del pino, con las piernas cruzadas. Cuando se acercaron más, le vieron un triángulo de color amarillo en la parte superior derecha de su túnica azul; su semblante era un poco serio, pero, a la misma vez, dulce. Kattya preguntó a Sebatar: - ¿Le pasa algo?

204


- Por favor, sentaos todos, y escuchad bien -dijo Sebatar. - Hoy no haremos ninguna práctica -empezó a hablar Fut. Todos se miraron y, sin de decir nada, se sentaron como siempre, esperando a que Fut abriera literalmente la boca, pues se había vuelto a callar. Los minutos pasaban y pasaban, y el maestro Fut seguía sin decir nada. Los nuevos maestros espirituales se inquietaban un poco ante tanto silencio; Yuamí iba hacer una pregunta, pero Sebatar le dijo con las manos que tuviera un poco más de paciencia. Finalmente Yuamí se calló. Pasaron unos minutos más hasta que el maestro Fut comenzó a hablar: - Es la primera y última vez que me veis vestido de Consejero del país del día, me he vestido así porque la lección que os voy a dar a vosotros también me la voy a dar a mí mismo. Hemos aprendido a aparecernos y a desaparecernos. Hemos aprendido a levitar. Hemos aprendido a traspasar paredes. Hemos aprendido a aparecer objetos con la mirada. Hemos aprendido a desaparecer objetos con la mirada. Hemos aprendido a mover objetos con la mirada. Hemos aprendido a lanzar objetos con la mirada. Hemos aprendido a lanzar a personas con la mirada. Hemos aprendido a sanar personas. Hemos aprendido a sanar a animales. Hemos aprendido a sanar plantas. Pero nos queda la última lección, que es para todos los presentes en este patio. Después de esta lección, todos seremos oficialmente “maestros espirituales”. Dicho esto, el maestro Fut se volvió a callar y, al instante, una suave brisa rodeó el pino y a todos los presentes en el patio. En todo el contorno del pino, donde estaban todos sentados, apareció de repente un espléndido césped verde; entre el césped y las paredes del patio aparecieron todo tipo de flores de todos los 205


colores; y en las paredes del patio aparecieron los colores del arco iris. Todos estaban viendo el maravilloso y espléndido patio cuando, de repente, por la boca del maestro Fut salió una voz profunda, seca, pero, a la misma vez, muy dulce, que dijo: - Todos nosotros somos una gota de un mar, y el mar es el Supremo. Una gota nunca podrá ser un mar, pero esa gota de agua de ese mar siempre llevará en su interior la misma esencia del mar del que procede. Todos venimos del Supremo, y hacia el Supremo vamos. Todos estaban muy callados y muy atentos a las palabras del maestro Fut. Después de una leve pausa, continuó diciendo: - Estos son los principios que todo maestro espiritual debe saber y ponerlos en práctica para que, así, el poder del Supremo se manifieste a través de él o de ella, ya sea niño, ya sea adulto: 1º. Hacer siempre el bien. 2º. No hacer nunca el mal. 3º. Dejar la justicia solamente para el Supremo. 4º. Pedir fuerzas siempre al Supremo para hacer siempre su voluntad. 5º. Amar a toda forma de vida. 6º. Pedir siempre ayuda al Supremo para comprender a los demás. 7º. Dejar toda nuestra vida en la voluntad del Supremo. La clase ha terminado, ya no os puedo enseñar más ¡por el momento! Cuando Fut dijo esto, aparecieron unas luces blancas que le envolvieron poco a poco hasta que, finalmente, lo cubrieron totalmente, hasta llegar a desaparecer. - Tenéis el día libre, niños -dijo Sebatar, creyendo que la clase había terminado.

206


- Aún no ha acabado la clase -dijo Tua. Fut había vuelto a ser visible y el patio recuperó su aspecto normal, pero el maestro Fut llevaba la túnica tan blanca como la nieve, se encontraba de pie y, con una voz muy suave, dijo: - Sois tan amables de levantaros... Todos obedecieron con normalidad, como siempre. Fut se giró hacia Sebatar -ella era la primera persona que estaba a su derecha-, le sopló en su frente y le dijo: - A partir de este momento la esencia del Supremo está dentro de ti. Repitió la misma ceremonia con todos, es decir, a todos le sopló en la frente y les dijo lo mismo. El maestro Fut volvió a ocupar su posición normal en el círculo, es decir, entre Kattya y Sebatar. Todos estaban de pie cuando él dijo: - Ahora somos todos una gota de agua de ese mar llamado Supremo. Nos vamos a dar todos las manos. Todos ellos se miraron y a continuación se dieron las manos y desaparecieron. Nadie supo jamás dónde estuvieron… solamente ellos, pero cuando volvieron ya eran todos maestros espirituales a todos los efectos, es decir… oficialmente.

207


Capítulo 10 El Supremo da vida a Quimenix

Una gran hambruna se había extendido sobre todo el país de la tarde, Quimenix se había convertido en una ciudad fantasma. La sequía transformó el campo en un desierto árido, en el que no crecía ninguna cosecha; el hambre hizo presencia en la tranquila sociedad de este país. Un intenso calor convirtió el aire en casi irrespirable; los hospitales estaban llenos de enfermos. Ante aquella situación, se reunió la Asamblea en sesión extraordinaria, asistiendo todos los miembros. El Presidente tomó la palabra y dijo: - La situación es gravísima, y cada vez empeora más. ¡Qué podemos hacer! - Nosotros hemos hecho todo lo que podíamos hacer, señor contestó Fanir. - El pueblo comienza a revelarse -observó Bequier. - Y con razón, porque están perdiendo todo lo que tenían -añadió Metar. Mientras tanto, el maestro-consejero Fut estaba muy callado y serio, inmóvil, casi como una estatua. Entonces, Bequier, en un tono un poco provocador, le preguntó a Fut: - ¿Qué puede hacer el maestro del Supremo? Fut, en un tono muy seco, respondió: - No soy maestro del Supremo, simplemente enseño parte de sus enseñanzas. 208


- Nosotros sabemos los prodigios que has hecho en nombre del Supremo... ¿no puedes hacer nada ahora? -le preguntó Etra. - No señores, porque todo esto supera con mucho mi fe. Entonces, en ese momento apareció, frente al presidente Tamur, el presidente del país del día, Base, con su paz y su mirada de amor. Tras saludar al Presidente con la cabeza, le dijo: - He venido para ayudaros. Fut ha hecho lo que ha podido; ahora me toca a mí, señor presidente. - ¿Se quiere usted sentar en una silla? - No, gracias. Tras una leve pausa, Base se dirigió a la Asamblea: - El verdadero poder solamente lo tiene el Supremo. El Supremo y Yo somos uno mismo..., decidme, ¡qué ocurre en vuestro país, presidente Tamur? - Hace tiempo que tenemos sequía. - Muy bien. La voluntad del Supremo es que llueva en su país lo antes posible -y dio una palmada. - Todos los depósitos de agua están vacíos y la gente necesita beber -dijo Bequier. - A partir de este mismo instante todos los depósitos de agua de este país se está llenando -le respondió Fut. - Hay hambre, no tenemos alimentos -también dijo Jaliel. A lo que le contestó Base:

209


- ¡Mientes! Porque en tu casa hay muchos alimentos... Aunque no es así en las casas del pueblo. Pero como no estoy aquí para juzgar, sino para ayudaros, a partir de este momento hay alimentos para todos. - En los hospitales hay muchos enfermos y no podemos atender a tantos enfermos -le dijo Tamur. - Muy bien. ¡Que todos los enfermos se sanen! Base se dirigió a Fut y le ordenó: - Ponte de pie. Fut obedeció y, a continuación, Base le dijo: - Cuando pasen estos siete días de lluvias, tú y tus alumnos iréis por los campos sembrando las semillas de las cosechas de este año, y al tercer día recogeréis la mayor cosecha de la historia de este país. Ya te puedes sentar. Fut se sentó después de saludar a Base con la cabeza. Éste levantó los brazos hacia el techo de la Asamblea y, bajo las miradas de todos los presentes, dijo “Supremo, que no sea mí voluntad, sino la tuya” y bajó los brazos. En ese momento entró un militar de alta graduación, que llevaba tres cuadrados dorados en cada hombro, en la sala de la Asamblea: - ¡Ha ocurrido algo sorprendente! Los depósitos tienen agua, en los mercados hay suficiente comida para alimentar a todo el país, ha comenzado a llover por todo el país y todos los enfermos de los hospitales se han curado. Al sentir esas palabras, todos los miembros de la Asamblea menos Fut se pusieron pálidos, porque sabían que, lo que había ocurrido en Quimenix, también había ocurrido en el resto del país. Lo supieron porque, estando aún allí Base, llegaron otros informadores de otras partes del país contando que había sucedido 210


lo mismo en el resto del país, igual que en Quimenix; es decir, verdaderos prodigios. - ¿Se da usted cuenta del gran poder que tiene? -preguntó Tamur. - No es mi poder, solamente hay un poder y lo tiene el Supremo. - ¿Cómo se puede llegar a tener ese poder, presidente Base? -le preguntó Bequier. - Es muy fácil, primero tienes que aceptar la autoridad del Supremo y después debes tener fe en él plenamente. Base hizo una leve pausa para continuar luego hablando: - En todo vuestro país, presidente Tamur, solamente hay diez personas nobles de corazón capaces de tener parte de este poder. Preguntó muy interesado el Presidente: - ¿Cuáles son? - Son los nueve alumnos de la escuela espiritual de Quimenix. - ¿Dónde está la otra persona? -preguntó ahora Damez. - Es una niña a quien conocerá Fut a su debido tiempo. En estas diez personas, el Supremo repartirá el poder de sus siete bendiciones. Me lo ha dicho el Supremo antes de venir, pues yo soy el único que tiene comunión directa con él. - ¿Te puedo hacer una pregunta? -dijo Fut. - ¡Púes claro que sí! - ¿Estás dispuesto a ser el padrino de mi boda? Base miró a Tamur, quien dijo:

211


- Usted puede venir a este país cuantas veces quiera, y sin pedir permiso. Sólo con su gran ayuda prestada hoy, vemos que es usted un hombre de paz y de amor. - Muchas gracias, señor Presidente. Vendré a tu boda, Fut. Con su permiso, vuelvo a mi país. Que la paz sea siempre entre nuestros dos países -una vez dicho esto, Base desapareció de la sala de la Asamblea. Después de los días de lluvias, los maestros espirituales del país de la tarde fueron visitando todos los campos de cultivo, haciendo lo que Base les había dicho en la Asamblea. Al principio eran recibidos con cierta desconfianza, pero viendo que no tenían nada que perder, no ponían ninguna dificultad. Algunos agricultores se reían cuando les decían que iban a recoger la mejor cosecha de la historia del país de la tarde. Al tercer día de sembrar las semillas, recogían todos los agricultores la mayor cosecha de toda la historia del país. Fue tan abundante, que no hubo silos suficientes para poder almacenar tanta cosecha; una parte tuvo que ser llevada al país del día. Todo lo que Base dijo se cumplió.

212


Capítulo 11 El perdón del Supremo

Después de que los diez maestros espirituales de Quimenix diesen vida al país de la tarde siguiendo los consejos de Base, volvieron todos a los ejercicios preparatorios para la gran demostración ante la Asamblea. Durante un día de preparación, el maestro espiritual Fut dejó las prácticas y entró en la clase. Sólo estaba él, pero sentía el ruido que formaban los demás maestros espirituales en el patio. Poco a poco se fue quedando dormido, hasta que finalmente entró en un profundo sueño. Se vio de repente en un bosque, rodeado de unos lobos dispuestos a atacarle, cuyos cornillos eran muy afilados y cuyos ojos estaban salidos de sus órbitas, los que eran tan rojos como la misma sangre. Cada vez los lobos estaban más cerca. Por la frente del maestro Fut caían gotas de sudor y su corazón latía cada vez más fuerte, casi sentía los hocicos de los lobos tocar sus piernas... De repente sintió un fuerte ruido: la puerta de la clase se había cerrado muy fuertemente. El ruido le hizo volver nuevamente a su estado de consciencia normal; es decir, a estar despierto y consciente. La maestra espiritual Kattya había entrado en la clase para recoger una cosa que se le había olvidado. Cuando se dio cuenta de la cara de Fut, que su cara estaba llena de sudor y no era la misma de siempre, le dijo: - ¿Le pasa algo? Kattya se le aproximó. Fut puso la mano derecha sobre la cabeza de Kattya y le dijo: 213


- También tengo pesadillas, como todos vosotros. - Pensaba que usted no tenía pesadillas... - Si hija, también tengo mis fantasmas del pasado. - ¿Puedo quedarme con usted? - ¿No quieres seguir haciendo los ejercicios, como los demás maestros espirituales? - No quiero dejarlo solo. Se quedaron hablando hasta que volvieron los demás maestros espirituales de los ejercicios. Pero antes de que los demás maestros volvieran, y estando ellos dos a solas en la clase, Fut finalmente le abrió su corazón a una persona, y le contó porqué fue desterrado de su país. - Por eso no puedo volver. Fut se puso un poco triste y la maestra espiritual Kattya le respondió: - No quiero verlo triste, nadie es perfecto. Además, éste es su país, muy pronto se casará y echarás raíces aquí. - Estas no son palabras de una niña, sino que son palabras de la actual subdirectora de la escuela espiritual de Quimenix. - Subdirectora ¿ya? Fut asintió afirmativamente con la cabeza. - Voy hacer una cosa, Kattya, pero no te asustes.

214


Fut se levantó, se puso frente a Kattya, juntaron sus manos y cerraron los ojos: una luz blanca se apoderó literalmente de la túnica y del cuerpo de Fut. Ambos dejaron de sentir el ruido del patio, se respiraba una gran sensación de paz en toda la clase. Fut estaba levitado del suelo aproximadamente medio metro, Kattya dijo finalmente: - Esto es una mega-pillada. - En esta mega-pillada, como tú dices, también estás tú. Mírate, Kattya. Ella se miró y se dio cuenta que también ella estaba como Fut; es decir, desde las sandalias hasta la cabeza, toda ella era de color blanco como la nieve, y también se encontraba levitando a medio metro del suelo. No tenía miedo, sino todo lo contrario, sentía una gran paz espiritual en todo su cuerpo. Durante un buen rato reinó un silencio absoluto en la clase, hasta que Fut, como maestro espiritual, dijo: - Te voy a dar un átomo de mi espíritu, para siempre. -Dicho esto, le puso su mano derecha sobre su cabeza y una gran corriente agradable recorrió todo el cuerpo de Kattya, y le dice:- Te nombro oficialmente subdirectora y futura directora de la escuela espiritual de Quimenix. En mi ausencia tú serás la directora en funciones. Después de este nombramiento oficial, ambos volvieron a tener el aspecto físico normal y sus pies nuevamente tocaron el suelo. Sus rostros estaban alegres y brillantes. - ¡Felicidades, futura directora Kattya! -aclamó Sebatar. - ¿Desde cuándo estáis aquí? -preguntó Fut. Se encontraban los ocho maestros espirituales restantes de Quimenix en la clase. 215


- Como hemos visto tanta luz blanca..., por eso estamos todos aquí -dijo Minar. - Entonces... ¿lo habéis visto todo? - Así es, señor -contestó Tua. - En ese caso, aprovecho la ocasión para hacer saber lo siguiente: el Supremo no castiga, ni perdona, se hace inmutable; es decir, no se altera por nada, es siempre el mismo. Si estamos en apuros y acudimos a él, siempre nos ayuda; por su infinita misericordia y amor. Nos acercamos al Supremo cuando hacemos acciones positivas, y nos alejamos cuando hacemos acciones negativas. Por eso, somos nosotros quienes nos perdonamos y nos castigamos según nuestras acciones. Después de una leve pausa, Fut continúa hablando: - A petición de nuestro presidente Tamur, se está construyendo una nueva escuela espiritual en Imaf. - Mi padre se ocupa de este asunto -añadió Sebatar. - Así es. Ayer recibí una carta de tu padre en la que me decía que la escuela está casi terminada, solamente le faltan unos detalles externos y la decoración por dentro. - Entonces..., ¿a qué esperamos? -preguntó Masete. - Solamente nos hace falta un director, o directora, puesto que los alumnos ya los tenemos. Fut hizo de nuevo una pausa para poder seguir hablando: - El director o directora de la Escuela Espiritual de Imaf es… reinó un largo y absoluto silencio.

216


Dicho silencio fue roto cuando algunos jóvenes maestros espirituales dijeron: - Sebatar, como sea así de rápido para todo, ¡vaya marido que vas a tener! Durante unos minutos todos se rieron y, después de las risas, volvió el silencio de nuevo. Pero esta vez, el silencio fue corto porque Fut comenzó a hablar: - El director o directora de la escuela espiritual de Imaf es… Minar. Todos miraron a Minar. - Ahora comprendo el porqué de tantas clases especiales -dijo Minar, sorprendido. - Tomarás posesión de tu nuevo cargo espiritual después de mi boda. Una escolta oficial te llevará a Imaf. Ahora acércate a mí. Minar obedeció a Fut y comenzó a caminar hasta llegar a la altura de Fut. Kattya se dispuso a incorporarse con los demás maestros espirituales, pero Fut le dijo: - Ponte a mi derecha, Kattya. Ella así lo hizo y Fut le dijo, en voz muy baja, al oído: - Siempre te quiero ver a mi derecha. Sobre la cabeza de Minar colocó su mano derecha, poco a poco la túnica y el cuerpo de Minar se volvieron blancos como la nieve; mientras que todo el cuerpo de Minar temblaba un poco, recibió otro átomo de Fut. - Desde este momento quedas nombrado, Minar, director de la escuela espiritual de Imaf. 217


Oficialmente había ya en el país de la tarde dos directores espirituales: Fut en la escuela espiritual de Quimenix y Minar en la escuela espiritual de Imaf. Y una subdirectora y directora en funciones, Kattya, en la escuela espiritual de Quimenix, quien haría funciones de directora en ausencias prolongadas de Fut. Con el nombramiento oficial de Minar, la clase terminó, porque Sebatar y Fut tenían que hacer los preparativos para su boda. Después de la noche, llegó un nuevo día, con su nueva clase preparatoria ante la Asamblea. Hacía un día soleado con ausencia total de nubes. Los diez maestros espirituales se encontraban en el patio, todos esperando las palabras de Fut, las que finalmente llegaron: - Tenemos el fundamento y las enseñanzas de maestros espirituales, solamente nos queda seguir practicando los próximos años. - ¡Ya somos maestros! -gritó Burén. - ¿Y el diploma? -preguntó Yuamí. - El diploma de maestros espirituales nos lo da la vida... Llevo casi treinta años en lo espiritual y aún no tengo ningún diploma de maestro espiritual. Fut miró a Burén y a Yuamí y, antes de seguir hablando, no pudo impedir que se dibujara en su boca una ligera sonrisa. - Ahora voy a repartir siete átomos entre vosotros. Recordad que somos un solo cuerpo de diez maestros espirituales. Solamente tres de nosotros, por el momento, tenemos cargos espirituales. Se impuso un absoluto silencio, mientras el cual algunos maestros espirituales se miraron entre ellos. Fut se dio perfectamente cuenta de la situación y dijo: 218


- Los siete maestros espirituales restantes también tendréis vuestros cargos espirituales, recordad que habrán más escuelas espirituales y, por tanto, harán falta directores, directoras, subdirectores, subdirectoras, maestros y maestras en dichas escuelas. - Si Minar se va a Imaf, entonces seremos nueve, no diez como ahora -observó Masete. - En el nuevo curso, que empezará cuando mi esposa y yo volvamos de nuestra luna de miel, habrá una nueva alumna que ya ha sido tocada por la gracia del Supremo, aunque ella aún no lo sabe. - Todo esto, ¿cuándo será? -preguntó Tua. - Todo esto será a su debido tiempo, ni antes, ni después. - ¡Tan misterioso como siempre! -dijo Kattya. - Deberemos conseguir en la nueva etapa dos cosas: la primera es tener un nivel superior dentro de la unidad del cuerpo, y la segunda, ser el reflejo del Supremo para los demás. Además, dentro de dos semanas tenemos la gran demostración ante la Asamblea, tenemos que estar muy bien preparados; iremos todos con túnicas, sandalias y cinturón dorados. - ¡Que guay! -exclamó Jale. - Ahora viene mi súper-flipada, como vosotros decís a veces: Kattya, ponte a mi derecha, y tú, Minar, ponte a mi izquierda; vosotros siete poneos frente a nosotros tres, en una sola fila. Fut se dirigió a Kattya y a Minar y les dijo: - Vosotros no hagáis nada.

219


Ellos asintieron afirmativamente con la cabeza. Fut levantó su mano derecha, de la cual salió una luz blanca, y de esta luz blanca salieron siete pequeñas bolitas blancas que se metieron en los cuerpos de los siete maestros espirituales que se encontraban frente a él. Así, cada uno de los diez maestros espirituales de la escuela de Quimenix tenían en su interior una pequeña luz blanca, pero, este átomo aún tenía que ser bien pulido y trabajado mediante bastantes prácticas, para que en la próxima etapa espiritual del país de la tarde se convirtiera en morado. Fut dividió su átomo morado en diez átomos blancos; es decir, compartió todo su poder entre sus alumnos, así, de esta manera, en lugar de haber un gran maestro espiritual, había diez nuevos grandes maestros espirituales; todos juntos formaban el cuerpo espiritual del país de la tarde. - No por mucho tener, o por saber mucho, somos mejores. Somos mejores cuando compartimos el conocimiento y la verdadera fuerza que tenemos del Supremo, mediante la fe, con los demás. Finalmente llegó el día de la demostración pública ante la Asamblea para los diez maestros espirituales de Quimenix. En el interior de la Sala Presidencial se encontraban el presidente Tamur y los seis miembros sentados en la mesa presidencial. A la izquierda de la mesa había cuatro asientos destinados a los consejeros; solamente uno estaba vacío, el de Fut. Fut, ese día, no se presentaba como consejero, sino como maestro espiritual. Dos vigilantes custodiaban la puerta de entrada a la Sala Presidencial, otros cuatro vigilantes (dos en cada pared lateral de la sala) estaban en el interior de la sala. En el lado izquierdo de la sala pusieron, a modo provisional, unos asientos destinados a las personalidades de Quimenix y de otros lugares del país de la tarde: entre ellos estaban el vicepresidente y futuro suegro de Fut, es decir, Nobear, y el supervisor militar Zar,

220


amparado por su estado mayor; finalmente se encontraban los comerciantes más influyentes del país. Las personas estaban hablando entre sí, por eso se sentía un poco de ruido en el interior de la Sala Presidencial. El Presidente se puso en pie y, haciendo un gesto con las manos para que nadie se levantase, dijo: - Señores, dentro de unos momentos, los maestros espirituales de Quimenix nos harán una demostración de sus enseñanzas. Tamur hizo una breve pausa y, estando aún de pie, dijo: - Ya puede pasar. Un vigilante de la puerta de entrada se asomó y dijo: - Señor Presidente, no veo a nadie. Entonces un gran silencio se adueñó de la sala, únicamente roto cuando aparecieron en mitad de la Sala Presidencial Fut y Kattya, ambos vestidos todo de dorado. Fut hizo una reverencia con la cabeza al Presidente y le dijo: - Señor Presidente, aquí estamos. Con su permiso, voy a ocupar mi asiento en la Asamblea. - Entonces..., ¿quién va a dirigir la demostración? - La dirigirá esta joven y guapa niña, y subdirectora de la escuela espiritual de Quimenix aquí presente -y señaló a Kattya. Ella sonrió. - Si es esta joven y guapa niña la que va a dirigir la demostración, por mí no hay inconveniente.

221


Fut se retiró de la presencia del Presidente después de saludarle con la cabeza, y a continuación ocupó su asiento de consejero de la asamblea. Una vez que Fut estuvo sentado en su asiento, Kattya lo miró, él asintió afirmativamente con la cabeza y ella le respondió de la misma manera. Kattya se volvió al presidente, que estaba sentado, y le dijo: - Con su permiso... -a continuación comenzó la demostración. Kattya levitó medio metro del suelo ante el asombro de los presentes, dio una palmada y entonces aparecieron frente a ella Sebatar y Burén, también levitados. Nuevamente Kattya dio una palmada y aparecieron a su espalda Tua y Mel. Otra vez dio una palmada y aparecieron a su derecha Minar y Masete y, finalmente, dio otra palmada y aparecieron a su izquierda Yuamí y Jale. Ahora se encontraban los nueve maestros levitados a medio metro del suelo, y Kattya estaba en el centro de los ocho maestros. Las cuatro parejas giraron en círculo y miraron a Kattya; los ochos maestros extendieron los brazos, mostrando las palmas de sus manos hacia ella. De repente salió fuego de sus manos dirigiéndose hacia Kattya, pero, antes de que el fuego llegase a ella…, Kattya desapareció. Cuando los ocho fuegos se juntaron en el centro del círculo, apareció un espléndido rosal, extinguiéndose el fuego y apareciendo Kattya junto al rosal levitando. Kattya dio un chasquido con los dedos de su mano derecha, comenzaron a caer pétalos de rosa por toda la sala presidencial y el olor a rosas se podía respirar por toda la sala. Kattya se despidió con su mano derecha y nuevamente desapareció. A continuación se sintió como alguien llamaba a la puerta, un vigilante abrió la puerta y, ante el asombro de todos los asistentes, era Kattya. Ella se puso en el centro del círculo, pero esta vez andando, e instantes después volvió a levitar junto con los demás maestros espirituales de Quimenix. 222


Kattya miró a Tua y a Mel y éstas desaparecieron, entrando después por la puerta de entrada de la Sala Presidencial, la que habían dejado abierta los vigilantes por orden del Presidente. Tua y Mel volvieron a ocupar su lugar en el círculo de maestros espirituales e instantes después levitaron nuevamente. Con las restantes parejas, es decir Yuamí-Jale, Sebatar-Burén y Minar-Masete, se repitió la misma demostración; es decir, desaparición, entrada en la sala usando los pies, colocación en el círculo de maestros espirituales y, finalmente, levitación. Los presentes en la Sala Presidencial no salían de su asombro, pero aún no habían visto lo más importante, sólo habían visto como aparecían, desaparecían, atravesaban paredes y levitaban. Fut se levantó y dio tres palmadas con la mano derecha; Kattya miró a Fut y él le dijo “Adelante”. Kattya dijo a todos los presentes en la Sala Presidencial: - Ahora vais a ver el poder del Supremo. Dicho esto, Tua y Mel descendieron al suelo y dijeron: - El primer principio del Supremo es vida. La vida nos viene del Supremo y hacia el Supremo vamos. Entonces, uno de los presentes les puso a prueba a Tua y a Mel y, a viva voz, es decir, con una voz muy fuerte, dijo: - ¡Tengo una pierna rota! - Tenías una pierna rota, por la tibia, y no podías caminar bien. ¡Ya puedes caminar bien! -respondió Mel. Entonces, otro de los presentes dijo: - Una niña como tú, ¿cómo has curado una pierna?

223


- Ha sido el Supremo, esto es solamente el principio -le respondió ahora Tua. Aún no había terminado de hablar Tua, cuando Masete dio una palmada e hizo desaparecer el rosal que había en la Sala Presidencial. Los presentes no podían creer lo que estaban viendo, pero la demostración continuaba. Kattya dio un chasquido con los dedos de su mano derecha y apareció un palo de madera de pino, de un metro de longitud, de un grosor de dos dedos, y de color morado. Éste estaba levitando en el aire, igual que los nueve maestros espirituales de la escuela espiritual de Quimenix. Mientras, Fut estaba sentado en su silla de consejero. Con la mirada, y sin tocar el palo, Kattya envió el palo a Mel, y así, durante un rato, todos se pasaron el palo morado solamente con la mirada y sin tocarlo. Finalmente el palo desapareció y apareció sobre la mesa presidencial. Al principio se asustaron un poco los de la mesa presidencial, porque no se lo esperaban, ni el presidente ni todos los demás miembros. A continuación todos los miembros de la mesa presidencial tocaron el famoso palo morado y comprobaron que era un palo completamente normal. Lo dejaron sobre la mesa presidencial, frente al presidente, quien, en cuanto lo tocó, se quedó muy pensativo. - Señor Presidente, como puede ver usted, ese palo es normal. ¿Podemos seguir con la demostración? -preguntó Kattya. El Presidente asintió afirmativamente con la cabeza. A continuación, los nueve maestros espirituales comenzaron a desaparecer y a aparecer, indistintamente en cualquier lugar de la sala, menos por la parte de la mesa presidencial, por razones de seguridad.

224


Mientras los maestros espirituales aparecían y desaparecían por la Sala Presidencial, un miembro de la mesa presidencial le dijo al Presidente: - Señor Presidente, ¿no piensa usted que estos maestros tienen demasiados poder? - ¡No sé qué pensar! - ¿Y si les ponemos a prueba? Tamur lo miró y le preguntó: - ¿Es que hay algo preparado? - Queremos saber hasta dónde llega su poder. Tras una pausa, el Presidente dijo: - De acuerdo. Fut se dio cuenta de que el Presidente le estaba mirando. Tamur hizo unos gestos con sus manos para que Fut parase la demostración. Fut se levantó y, dando tres palmadas, paró la demostración. Los nueve maestros espirituales volvieron a sus posiciones originales, es decir, en levitación; pero Fut les indicó con su mano derecha que tocaran suelo de nuevo. Todos los maestros así lo hicieron, tocaron con sus pies el suelo de la Sala Presidencial. El Presidente se levantó y comenzó a hablar: - Es asombroso lo que hemos visto hasta ahora, pero esta Asamblea, de la cual soy Presidente, ha preparado una sorpresa. Fut, ¿estáis preparados? - Señor presidente, no me lo pregunte a mí, sino a Kattya.

225


Tamur miró a Kattya, ella le hizo una reverencia con la cabeza y le dijo: - Señor Presidente, estamos preparados para todo. - Además de guapa, veo que tienes valentía. Eso me gusta, eres digna de tu cargo. -dio una palmada y dijo:- Que continúe la demostración. A la orden de Tamur, se abrieron las dos hojas de la puerta de la Sala Presidencial y entraron veinte hombres bien armados, con escudos, espadas, lanzas, hachas y cuchillos especiales de combate, en actitud de ataque hacia los maestros espirituales. - ¡Ya sabemos lo que tenemos que hacer! -gritó Kattya. Los maestros espirituales formaron dos líneas: en la primera estaban Tua, Mel, Yuamí y Jale; mientras que en la segunda línea estaban Kattya, Sebatar, Burén, Minar y Masete. Los maestros de la primera línea se agacharon e hicieron desaparecer todas las armas a los soldados; los maestros de la segunda línea extendieron los brazos hacia arriba y entonces todos los soldados levitaron hasta que alcanzaron casi el techo de la sala presidencial; finalmente Kattya fijó su mirada en los soldados y los hizo girar sobre sí mismos en círculos. Fut no podía aguantar por más tiempo su sonrisa, mientras que los restantes miembros de la Asamblea y los invitados se quedaron como piedras al ver como unos maestros espirituales podían vencer a veinte soldados bien armados con tanta facilidad. Entonces, el presidente Tamur, en un tono muy serio, se dirigió a Fut y le dijo: - Ya tenemos bastante.

226


Al instante, Fut dio una fuerte voz que resonó por toda la sala y le dijo a Kattya: - Esta demostración ha finalizado. - De acuerdo. -Kattya hizo un chasquido de dedos con su mano derecha y desaparecieron los veinte soldados del techo de la sala; se volvió hacia el presidente y le dijo:- Señor Presidente, sus soldados están perfectamente, ahora se encuentran en la entrada principal de esta sala. El presidente no sabía qué responder, pero cuando se asomó uno de los soldados por la puerta de la Sala Presidencial, entonces comprendió que la maestra espiritual Kattya le decía la verdad. Fut se volvió a sentar, pero Tamur permanecía de pie. Un silencio se apoderó de la sala... Por la mente del Presidente pasaba la idea de dar por terminada la demostración, cuando se le acercó el miembro Bequier y le dijo, muy astutamente: - Señor Presidente, aún queda la última prueba. Fut se volvió a levantar y, en un tono serio, dijo: - ¡Estamos aquí solamente para demostrar el poder del Supremo, señores! El Presidente se lo miró muy serio y, tras una leve pausa, dijo: - ¡Adelante con la última prueba! Bequier hacía rato que se había sentado en su asiento y Fut, muy serio, se volvió a sentar en su silla, pero el presidente Tamur continuaba de pie. Entraron unos soldados, pero esta vez solamente llevaban tres camillas, y en cada camilla había un enfermo muy grave. El miembro de la asamblea Bequier dijo: 227


- ¿Puedo decir una cosa, señor Presidente? El Presidente ya se había sentado, y le respondió: - Siga usted. Bequier se dirigió a Kattya en un tono de burla y de provocación, y le dijo: - Tenéis a tres enfermos muy graves... ¡a ver qué podéis hacer por ellos! - El poder del Supremo siempre está con nosotros -respondió Kattya. Los soldados pusieron las tres camillas sobre el suelo, una a continuación de la otra. Tua y Mel se acercaron a la primera camilla y dijeron: “En el nombre del Supremo, sano estás, levántate y vete a tu casa”. El enfermo se levantó completamente sano y abandonó la sala presidencial por sus propios pies, dando las gracias. Yuamí y Jale se acercaron a la segunda camilla, extendieron sus manos derechas y, sin decir nada…, al instante el enfermo se levantó y salió corriendo de la sala presidencial ante el asombro de todos los presentes. Sebatar y Masete se acercaron a la tercera camilla. Cuando estuvieron al borde de la camilla dijeron: “En el nombre del Supremo, enfermedad abandona este cuerpo ahora mismo”. Al instante el enfermo quedó sano y, con cierto temor, abandonó la sala. Entonces, un miembro de la Asamblea dijo: - Lo estoy viendo y no me lo puedo creer, señor Presidente.

228


- Seguramente Fut nos tendrá alguna sorpresa para el final -dijo Tamur. - ¿Usted cree, señor Presidente? -preguntó Fanir. - Conozco muy bien a Fut. Un silencio sepulcral se había adueñado de la Sala Presidencial y de todos los asistentes, menos de los maestros espirituales, que estaban fuera de sí mismos de alegría; nunca el pueblo del país de la tarde había visto una demostración tan poderosa. Fut, de repente, se pudo de pie y dijo, dirigiéndose hacia la mesa presidencial, en un tono muy serio: - ¿Tenéis más pruebas, señor Presidente? El presidente Tamur miró a todos los miembros de la Asamblea y, ante el silencio de todos ellos, le respondió a Fut: - No hay más pruebas, consejero Fut. - Señor Presidente, tengo una última demostración por hacer. ¿Tengo su permiso? Fut se quedó mirando al Presidente; toda la sala estaba pendiente de Tamur y de Fut. En un momento dado, Tamur le indicó a Fut, mediante su mano derecha, que tenía su permiso para continuar con la demostración. Tamur pensó para sí mismo: “¿Qué va hacer ahora Fut?”. Fut se levantó de su silla de consejero y se dirigió hacia donde estaban los otros nueve maestros espirituales de Quimenix. Cuando estuvieron los diez maestros espirituales juntos, Fut dijo: - Vamos hacer la gran manifestación: hagamos un círculo y comencemos.

229


Los diez maestros formaron un círculo en el siguiente orden: Tua, Mel, Yuamí, Jale, Kattya, Fut, Sebatar, Burén, Minar y Masete; pero no se tocaban. El silencio que reinaba en la Sala Presidencial fue roto por un ruido seco y fuerte que parecía venir del suelo; cada vez era más fuerte; hasta que tembló toda la sala y la mesa presidencial comenzó a moverse. Parecía un terremoto. Los asistentes comenzaron a tener miedo, pero el Presidente les dijo con las manos que no pasaba nada. Las paredes comenzaron a crujir y se produjo una gran explosión, tras la cual apareció una gran pirámide de tres caras de color morado en el centro de la sala. En el interior de dicha pirámide se encontraban los diez maestros espirituales de Quimenix y del vértice de la misma comenzaron a salir rayos de luz morada, los cuales se expandían por toda la sala y en todas las direcciones. Estos rayos de luz morada no paraban de salir, parecía no tener fin; entonces Fut invitó al Presidente a que entrara en el interior de la pirámide mediante un gesto de su mano derecha. Un miembro de la mesa presidencial le dijo al presidente: - ¿Va usted a entrar, señor Presidente? - Tengo que hacerlo, soy el Presidente. El Presidente se levantó y se dirigió hacia la pirámide morada, un miembro de la mesa presidencial lo acompañaba. Cuando se encontraba frente a la pirámide, Fut dio una palmada y se hizo una puerta en la pirámide. El Presidente entró en el interior, pero su acompañante no lo consiguió porque salió lanzado contra la mesa presidencial y la puerta se cerró. El Presidente ocupó el centro del círculo. Una luz blanca como la nieve salió del vértice hacia el interior de la pirámide y, a los pocos minutos, todo el interior estuvo ocupado por la luz, hasta 230


que desaparecieron de la vista de los presentes de la sala presidencial los diez maestros espirituales y el presidente Tamur. La pirámide ocupaba todo el centro de la sala y sus luces moradas se extendían por toda la sala; cuando la luz blanca ocupó todo el interior…, comenzaron a salir luces de todos los colores de su vértice. Las luces multicolores ocuparon la parte inferior de la sala presidencial, mientras que la luz morada ocupó la parte superior de la pirámide. Los presentes en la Sala Presidencial comprendieron que la demostración había llegado a su fin y que Fut era el vencedor, incluso aquellos que estaban en su contra, o tenían dudas, vieron y sintieron en sus corazones una paz nunca sentida en sus vidas. Esa paz no podía venir de un hombre, sino de algo superior a todos nosotros. El temor del Presidente se convirtió en gozo y paz una vez se encontró en el interior de la pirámide y vio con sus propios ojos las siete bendiciones del Supremo, sintió en su corazón una inmensa paz jamás vivida. Entonces dijo: - ¡Esto es maravilloso! - Esta pirámide siempre protegerá a su país: cuantos más maestros espirituales tenga este país, más fuertes seremos, pero este poder solamente funciona para hacer el bien. Esta es la finalidad de las enseñanzas, de los maestros espirituales presentes y futuros. - Ahora comprendo que usted es un hombre de paz -le dijo Tamur a Fut. - Si es usted tan amable de salir de la pirámide, señor Presidente... Si no sale ahora, cuando desaparezca esta pirámide, le podríamos hacer daño involuntariamente a su cuerpo.

231


- Aquí manda usted. - No, señor Presidente, aquí manda el Supremo. Nuevamente se abrió la puerta de la pirámide y el Presidente salió de ella, ocupando su lugar en la mesa presidencial. Tamur se preocupó por el miembro que salió lanzado, Bequier, pero éste se encontraba bien. Sin saber cómo, la pirámide, la luz morada y las luces de colores desaparecieron repentinamente. Comenzaron a caer copos de todos los colores del techo de la Sala Presidencial. Los diez maestros espirituales de Quimenix se arrodillaron ante el presidente Tamur y Fut le dijo al Presidente: “Aunque los maestros espirituales dependemos directamente del Supremo, reconocemos también la autoridad de esta “Asamblea”. Por eso, los Maestros Espirituales se dirigen a esta “Asamblea” para que sean reconocidos oficialmente, tanto ellos como sus escuelas Espirituales. El presidente Tamur se levantó y, con un semblante serio, dijo: - Todos hemos sido presentes del poder manifestado en esta demostración, el Supremo ha salvado dos veces a nuestro país: la primera cuando el país de la noche nos invadió y la segunda cuando se produjo la gran sequía reciente. Hizo una leve pausa, tras la cual comenzó de nuevo hablar: - Fut es un hombre de paz, toda su enseñanza es buena y de paz. No conozco el pasado del Consejero Fut, pero os puedo asegurar que lo que él dice es para hacer solamente el bien. Si hay alguien que esté en contra de que los maestros espirituales no sean

232


reconocidos oficialmente, que lo diga ahora o que calle para siempre. Tamur dejó pasar un buen rato, durante el cual nadie dijo nada, ni los invitados ni el resto de la Asamblea. Entonces el Presidente volvió a hablar mientras los maestros espirituales continuaban de rodillas. - En vista de que no hay nadie en contra, Yo, como Presidente de la Asamblea del país de la tarde, reconozco oficialmente a los maestros espirituales del Supremo. Irán vestidos todo de color dorado. Si alguno ocupa algún cargo de esta Asamblea, tendrá un distintivo especial, que será del color correspondiente a dicho cargo. Como Fut es consejero, tendrá en la parte superior derecha de su túnica dorada un círculo azul. Cuando Tamur quiso coger su martillo para confirmar su orden, se dio cuenta de que no tenía su martillo sobre la mesa, entonces Fut dio una palmada y apareció el martillo sobre la mesa del Presidente. - Muchas gracias, Fut. Tamur cogió el martillo y, dando un solo golpe, dijo con una voz muy profunda y firme: - ¡Que así sea! Cuando Tamur dijo “Que así sea”, dejaron de caer los copos de colores y la sala presidencial volvió a su normalidad; los maestros espirituales abandonaron la sala y volvieron a sus prácticas. A partir de entonces, los maestros espirituales fueron respetados por todos, tuvieron voz en la “Asamblea” y, socialmente, estaban por debajo de los consejeros de la Asamblea y por encima de los militares.

233


Con el tiempo se fueron creando varias escuelas de maestros espirituales y, poco a poco, el país de la tarde se iba convirtiendo en un nuevo país del día.

234


Capítulo 12 El Supremo y la boda

Mientras que en Quimenix se preparaba la boda de Fut y de Sebatar, en Trona, capital del país de la noche, Rumar le estaba preparando un regalo de boda para Fut, porque aún tenía el recuerdo de la derrota que le dio el Supremo por mediación de éste. Trona era una ciudad dos veces más grande que Quimenix, sus edificios eran más altos, sus calles estaban sucias, habían muy pocos parques, y las casas no eran de colores, sino de un marrón muy oscuro. La ciudad no tenía río, el agua le llegaba mediante un acueducto. La gente vestía todo de color gris, es decir, túnica, cinturón y sandalias. Los militares vestían todos de color negro. Rumar vivía en la fortaleza que estaba en el centro de la ciudad. Su forma era cuadrada; tenía cuatro puertas, una por cada lado; tenía un patio central y tres áreas: un estaba destinada para las armas y los caballos, otra estaba destinada para los militares de baja y media graduación y, por último, estaba el área presidencial, donde tenía su despacho Rumar y las habitaciones de los militares de graduación alta. La fortaleza tenía una altura de ocho pisos. Rumar estaba en su despacho e hizo llamar a su lugarteniente, es decir, a Zu. - Aquí estoy, señor. - ¿Es cierto que Fut se casa? - Así es, señor.

235


Rumar se quedó muy pensativo durante unos minutos y después, dirigiéndose a Zu, con su típica sonrisa, le dijo: - Toda boda se merece un regalo. - Es muy difícil coger a Fut por sorpresa. - Todos tenemos un punto débil... Vamos a hacer una operación de comando, solamente deberás escoger a nuestros mejores veinte hombres, nos presentaremos en plena ceremonia y los mataremos a todos. - ¿A todos? - ¡Sí, a todos! Desde el más pequeño hasta el más mayor. - Es usted magnífico, señor. - Siempre lo soy. - En ese caso, mañana mismo partiremos hacia Quimenix. - Quiero ver al comando formado en el patio de armas a las seis de la madrugada. Esto es una orden. - A su orden. Después de hacerle un saludo militar a Rumar, Zu se retiró del despacho. Al otro día, a las seis de la madrugada, se encontraban los veinte hombres del comando bien armados y montados en sus caballos; frente a ellos se encontraba Zu, esperando la llegada de Rumar. A las seis en punto, tan puntual como siempre, apareció Rumar. Zu le saludó militarmente y el resto del comando se puso firme; Rumar se subió a su caballo y dijo:

236


- ¡Descansen! Al instante, los veinte hombres que se encontraban en el patio de armas volvieron a la posición de reposo; es decir, dejaron de estar firmes. A pesar de su nombre, no se veía ni una sola arma en dicho patio; se llamaba así porque era allí donde se hacían las demostraciones de armas y las técnicas de combate cuerpo a cuerpo. Zu se puso en la parte lateral derecha del comando, mientras que Rumar se situó en el centro. Mirando a sus hombres, les dijo: - Todos sufrimos la humillación que nos hizo Fut, ahora vamos hacerle un regalo de boda muy especial... Asumo personalmente el mando de la operación. Os daré más detalles a su debido momento, partimos ahora mismo. Finalmente, el comando abandonó el patio de armas, abandonó Trona en dirección a Quimenix. Iban a galope, corriendo al máximo y cambiando de caballo unas cuantas veces. Después de cabalgar media jornada, como medio día, llegaron a unas montañas desde las cuales podía verse perfectamente, a lo lejos, Quimenix. - Estamos a unas dos horas de nuestro objetivo. Zu, ya sabe dónde atacar -dijo Rumar. - ¿No viene usted, señor? - Me quedo aquí, te doy el mando y la responsabilidad de la misión. - ¡De acuerdo, señor! Tras saludar a Rumar, esta vez con la cabeza, Zu y el comando dejaron solo a Rumar y se dirigieron hacia Quimenix a galope. A su espalda lucía un espléndido sol acompañado por un despejado cielo azul, todo bañado por una suave brisa. 237


Solamente había transcurrido media hora, cuando el comando dejó de oír a los animales del bosque y la suave brisa desapareció para dejar paso a un viento cada vez más recio. Finalmente apareció una gran nube morada, el sol se ocultó completamente y, en cuestión de unos minutos, todo se había vuelto oscuro, como en la noche más cerrada de invierno y sin luna. Un fortísimo viento impedía la continuación de la marcha hacia Quimenix: los caballos se asustaron y todos los hombres se cayeron al suelo; los pobres animales salieron corriendo hacia Trona, dejando a sus jinetes solos en aquel imprevisto infierno. Zu se escondió entre la espesa vegetación y, con cierto temor, contemplaba todo lo que estaba ocurriendo. De repente, desde la gran nube morada comenzaron a salir rayos dirigiéndose hacia los hombres del comando y a sus armas. Rumar, al oír todo este ruido, se dirigió de inmediato y a todo galope hacia donde se encontraban sus hombres, mientras tanto no paraban de caer rayos en todas las direcciones. Cuando Rumar llegó al lugar, se encontró con una escena desoladora: toda la tierra del camino estaba quemada; de sus hombres no quedaron ni los huesos, solamente quedaron marcadas las siluetas de sus cuerpos en el suelo; de sus armas no quedaron ni siquiera sus siluetas, porque fueron volatizadas, totalmente quemadas como consecuencia de los rayos. La nube morada se había ido y en el aire se podía respirar un intenso olor a quemado. Rumar no pudo soportar ver tanta desolación, se bajó de su caballo, se puso de rodillas y dio un gran grito de rabia. Cuando terminó de gritar sintió unos pasos detrás de él, era Zu, quien le dijo: - No hemos podido hacer nada, señor, ha sido otra vez el Supremo. Rumar lo miró con rabia y le dijo: - ¡Pero yo contra ti sí que puede hacer algo! 238


Cogió su gran espada y la lanzó contra Zu, pero dicha espada no llegó a su destino, se detuvo en el aire para luego caer al suelo. - ¿Acaso te rebelas contra mí? - No he sido yo. Entonces Rumar, dando un fuerte grito, dijo: - ¿Entonces quién ha sido? En ese momento sintieron una voz que dijo: - He sido yo. Rumar y Zu volvieron sus cabezas hacia dónde procedía dicha voz y vieron a Base levitando. - ¿Has venido tú solo? -le preguntó Rumar. - No necesito venir con tanta compañía como tú. Rumar se dirigió a Zu y le dijo: - ¡Atácale! Pero Zu no atacó a Base. - ¡Hasta tu mano derecha te ha dejado! -dijo Base. - Entonces lo mataré -extendió sus brazos y lanzó a Zu contra un árbol, dejándolo inconsciente. Pero cuando se disponía a terminar su obra con Zu, Base le dijo: - Antes de matar a Zu, tendrás que matarme a mí. - Lo haré, y además con mucho gusto.

239


Pero Base se adelantó al ataque de Rumar y, concentrando su mirada sobre los ojos de Rumar, lo dejó ciego. - ¿Qué me has hecho? - No te preocupes, estarás ciego solamente unos días, muy pronto tus hombres te encontrarán. Recuerda siempre esto, mi amigo Rumar: “Yo, Base, siempre soy amor”. Base dejó a Rumar con sus lamentos y en levitación se dirigió hacia donde estaba Zu. De repente aparecieron a cada lado de Zu dos emisarios del país del día, también en levitación, vestidos todo de color blanco. Al poco rato, Zu recuperó la consciencia y, aunque un poco aturdido, Base le preguntó: - ¿Quiere ser de los nuestros o quiere seguir sirviendo a Rumar? Un emisario del país del día le dijo a Zu: - Nosotros ya sabíamos las intenciones de Rumar, pero... ¿por qué nos avisaste? Zu, con una voz un poco cansada, respondió: - No podía permitir que matara también a los niños. - Esto te ampara, te protege, ante el perdón del Supremo, pero ten en cuenta que tendrás que comenzar por lo más bajo, no tendrás ningún cargo de poder durante mucho tiempo -le explicó Base. Zu miró a Base y asintió afirmativamente con la cabeza. - En ese caso, no hacemos nada aquí, vosotros tres -refiriéndose a los dos emisarios y a Zu- volved a Amanecer (capital del país del día). Yo tengo que volver a Quimenix por la boda de Fut. Los dos emisarios se cogieron de sus manos y pusieron la otra mano de cada uno sobre los hombros de Zu, y a continuación 240


desaparecieron los tres. Base se volvió y vio a Rumar lamentándose, y le dijo en voz muy baja: “Hasta la próxima, Rumar”. Dicho esto, Base desapareció. Mientras tanto, en Quimenix, Sebatar, el padre de Sebatar, es decir, Nobear, y Fut estaban paseando por las calles de Quimenix, totalmente ajenos a lo que había sucedido no muy lejos de ellos (la destrucción física por parte del Supremo del comando de Rumar). Iban hablando tranquilamente sobre los planes de la boda, pero no iban solos, sino que los acompañaba una escolta muy discreta. Cuando, repentinamente, sintieron un gran griterío de personas. Todos se miraron sorprendidos. Nobear con la cabeza ordenó a un escolta que fuese a ver qué estaba ocurriendo. El escolta fue con pasos muy rápidos, casi corriendo, hacia el lugar de donde venía el griterío. Sebatar, Nobear, Fut y el otro escolta continuaron caminando, pero con pasos más rápidos. Cuando ya se disponían a girar la esquina de la calle, tras la cual venia el griterío, les salió el escolta un poco jadeante en su respiración debido a la corrida que se había dado. - ¿Qué ocurre? -le preguntó Nobear. - Hay un incendio en una casa, señor. - ¿Hay gente dentro? - Sí señor, una niña. Fut, nada más sentir que había gente dentro, en este caso una niña, salió disparado como una flecha hacia la casa incendiada. - ¡Qué hacéis parados? Id con él –instó Nobear a los escoltas.

241


Los escoltas salieron corriendo detrás de Fut y a malas penas consiguieron darle caza. Cuando Fut llegó al lugar del incendio, se encontró con una casa cuya planta baja estaba completamente en llamas, las cuales salían por las ventanas y por la puerta. En la segunda planta aún no había fuego, pero había una niña muy asustada. Abajo, una mujer sujeta por otras personas, gritaba: “¡Salvad a mi hija!”. El cuerpo de bomberos intentó apagar el fuego, pero éste se extendió cada vez más. El jefe de los bomberos se dirigió a Fut y le dijo: - No podemos hacer nada más por la niña, señor Consejeromaestro. - Eso ya lo veremos -respondió Fut. - Si usted puede hacer algo más, adelante señor, nosotros ya no podemos hacer nada más por ella. Fut les dijo a los escoltas: - ¡Qué nadie entre en la casa bajo ningún concepto! Los escoltas obedecieron, aunque no comprendieron bien la orden. A continuación y a toda prisa, Fut se metió en la casa contigua. Los escoltas, juntamente con los bomberos, acordonaron todo el alrededor de la casa para impedir que nadie entrase en ella. Nada más llegar Nobear, acompañado por su hija Sebatar, preguntó: - ¿Dónde está Fut? - Dentro, señor -le respondió un escolta.

242


- ¿Hace mucho tiempo que está dentro? -preguntó Sebatar. El jefe de los bomberos le respondió: - Sí, señorita. La niña había dejado de asomarse por la ventana. La expresión de la cara de Sebatar era de preocupación y su padre le dijo: - Tranquila hija, él sabe lo que se hace, aunque nosotros no lo comprendamos. El fuego de la planta baja se apagó por completo, todos los presentes se asombraron menos Sebatar y Nobear. A continuación dejó de salir humo de la planta superior. Nobear no dejaba de mirar a la casa que antes estaba envuelta en llamas sin dejar de sonreír y dijo: - Eres tan misterioso como siempre. Finalmente salió Fut de la casa con la niña andando y cogida de su mano derecha, con expresión de sorpresa y de temor a la misma vez. Una escolta le dijo a Nobear: - Señor, con el debido respeto le digo que Fut no es un hombre normal. Nobear le miró y, con una sonrisa, le dijo: - ¡Entonces mis nietos tampoco serán normales! La madre corrió hacia su hija; algunos de los presentes se quedaron con la madre e hija, y otros iban a ver como había quedado la casa, y dijeron: - La casa ha quedado totalmente destruida, pero la niña se ha salvado, que es lo más importante.

243


Fut se volvió hacia ellos y les dijo: - Pueblo de poca fe..., ¿por qué decís eso? A continuación dio una palmada y la casa volvió a estar como estaba antes del incendio. Todos los presentes menos Nobear y Sebatar dijeron una y otra vez: - ¡No puede ser! ¡Es imposible! - Para el Supremo no hay nada imposible, simplemente hago su voluntad. Vosotros también podéis hacer su voluntad si tenéis fe en él. La madre, acompañada con su hija, se acercó a Fut y le dijo: - Muchas gracias por salvar a mi hija, la casa no importaba, seas lo que seas, señor. - A mí no me tienes que dar las gracias, sino al Supremo, sin él no somos nada. - Pues muchísimas gracias, Supremo. Fut la miró y asintió afirmativamente con la cabeza. Sebatar le dijo al jefe de los bomberos: - Es mi futuro marido. - Pues tendrás un marido muy especial. Fut estaba rodeado completamente por las personas que habían visto el incendio. Un escolta se dirigió a Nobear y le dijo: 244


- Señor, Fut tiene problemas, ¿acudimos en su ayuda? - No hace falta que le ayudéis -le respondió Sebatar. El escolta miró a Nobear y éste dijo a los escoltas: - Ya habéis oído a mi hija. Los escoltas se quedaron quietos y obedecieron a Nobear y a su hija. Sebatar estaba sonriendo y muy tranquila al ver a su amor tan firme y quieto, porque ella sabía que Fut iba a hacer algo. Fut dio una palmada y desapareció, dejando a todos con la boca abierta y con una expresión de asombro y miedo a la misma vez. - ¿Ha visto usted eso, señor? -dijo el jefe de bomberos. - ¿Ver el qué? Entonces, el jefe de los bomberos comprendió que tenía que hacer la vista gorda y hacer como si no hubiera visto nada. Nobear ordenó dispensar a la gente de la calle pacíficamente para que volviera la normalidad; los escoltas obedecieron y a los pocos minutos estaba como si nada hubiese ocurrido. Nobear, el vice-presidente del país de la tarde, era la segunda autoridad del país, por encima de él solamente estaba el presidente Tamur; por eso, tanto el jefe de los bomberos como la madre, comprendieron que deberían tener la boca bien cerrada. En un tono serio y oficial, Nobear se dirigió al jefe de los bomberos y le dijo: - Aquí solamente ha habido un conato de incendio, es decir, un incendio muy pequeño, el cual, gracias a su pronta y rápida actuación, se ha podido evitar un gran incendio.

245


- Así se hará, señor. ¿Tenemos su permiso para retirarnos? Nobear asintió afirmativamente con la cabeza y los bomberos se fueron; solamente quedaron Sebatar, Nobear, la madre, la niña y los escoltas. Cuando se habían ido los bomberos, la niña preguntó: - ¿Dónde está ese hombre tan simpático? De repente apareció Fut, justo al lado derecho de la niña, y le dijo: - Aquí estoy, guapa. Ella se rió y le dijo: - Señor, mi pajarito “Piqui” ha muerto. Fut, con una amplia sonrisa, le contestó: - Tu pajarito no ha muerto, está en tu fe. - No comprendo lo que me ha dicho, señor. - Es muy fácil, haz lo que yo te diga. Ella asintió con la cabeza. - Piensa ahora en tu pajarito. Ella volvió a asentir. - Ahora junta tus manos. Ella juntó sus manos. - Ahora sopla sobre tus manos. Cuando la niña sopló, apareció nuevamente su pajarito “Piqui”. 246


Ella, muy alegre y asombrada, dijo: - ¡Mira mamá, es Piqui! - Natria, deja de molestar a este buen hombre y vayamos a casa. - Señora, su hija no me molesta, el pájaro no ha sido por mi fe, sino por la fe de su hija. Su hija es la alumna que hacía falta en la escuela espiritual de Quimenix. Me gustaría que usted diera su permiso para que, cuando nosotros volvamos de la luna de miel, su hija Natria sea nuestra nueva alumna. La hija miró a la madre con ojos de ternura y su madre respondió: - Todo lo que he oído de ustedes y de su escuela es un poco raro, pero no es malo; además, si ella está viva es gracias a su actuación. Si ella quiere convertirse en la décima alumna de la escuela espiritual de Quimenix, por mí no hay inconveniente. Natria era una niña de nueve años, su cabello era pelirrojo, sus ojos marrones, era un poco alta para su edad, delgada, de constitución débil, siempre tenía una sonrisa en su boca, las facciones de su cara eran suaves y rebosaba fe pura por todo ella. Por eso, Natria sería llamada “Natria, la niña de la fe pura”. - ¿Qué dices, Natria? - ¡Pues claro, que quiero que sea usted mi maestro! - Es el hombre más raro que he conocido y mi hija se va a casar con él mañana. Pero le digo, señora, que su hija solamente aprenderá cosas buenas, confío plenamente en él como maestro espiritual y como hombre. - Entonces, también tiene mi confianza total.

247


- Señora, el primer día no festivo del próximo mes comenzaremos las nuevas clases. Esperamos ver a su hija en la puerta de la escuela. ¿Sabe usted dónde está la escuela? -le preguntó Sebatar. - ¡Pues claro que sé donde está! Allí estará mi hija. Cuando ya parecía haberse acabado todo, la pequeña Natria dijo: - Señor, falta una cosa. - ¿Qué es lo que falta? - Falta una jaula para meter a mi pájaro. Los presentes no pudieron dejar escapar una sonrisa. - Vamos hacer como antes. - ¿Cómo antes? - Sí, como antes. Piensa en una jaula. - ¿La que yo quiera? - Sí, la que tú quieras. Ella asintió con la cabeza. - Ahora la tienes que ver en el suelo, la jaula. Ella volvió a asentir. - Ahora concentra tu mirada sobre tu jaula. Ella así lo hizo y apareció una hermosa jaula de pájaro, de madera de pino, en el suelo. La madre, cogió la jaula y Natria introdujo a su pajarito dentro de la jaula.

248


- Todo lo has hecho tú, yo solamente te he dicho cómo lo tenías que hacer. Finalmente Natria y su madre se despidieron de Fut y del resto de la comitiva, es decir, de Sebatar, Nobear, Fut y los escoltas. Ellas se metieron en su casa y ellos volvieron a la escuela porque ya se había hecho tarde para seguir paseando. Y así fue como pasaron el último día de solteros Sebatar y Fut. Finalmente llegó el día tan esperado: la boda de Sebatar y de Fut. En algunas calles de Quimenix se habían puesto flores y otros elementos decorativos para la ocasión. Sebatar se encontraba en una habitación de la casa presidencial, rodeada de sus amigas y de algunas mujeres que la estaban poniendo todavía más guapa. Fut estaba en la escuela preparándose para la ceremonia. Con él estaba su amigo Minar y algunos modistos. El lugar de la ceremonia sería la Sala de Actos de la Asamblea, pues era una gran sala. Habían quitado muchos asientos, solamente dejaron cuatro filas de bancos. Hicieron un ancho pasillo central: a la derecha del pasillo central había dos filas de bancos y a la izquierda del pasillo central se encontraba la mesa presidencial, situada sobre una tarima de piedra de tres escalones de altura. La sala estaba llena. Colocaron una espléndida alfombra roja desde la entrada de la sala de actos hasta la misma tarima presidencial. La fila lateral derecha frontal estaba destinada a la familia de la novia, la cual era numerosa. Fut no tenía familia en el país de la tarde y el lugar destinado a su familia fue ocupado por las altas personalidades del país. Pusieron flores desde la casa presidencial y desde la escuela hasta la entrada del edificio de la Asamblea. Las flores eran de todos los colores y formas. La entrada y las paredes laterales de la Sala de Actos parecían jardines de tantas flores como pusieron.

249


En la tarima se encontraban los presidentes Tamur y Base, aunque el ministro de la ceremonia sería Base, que vestía como siempre, todo de color morado; en cambio Tamur se puso una hermosa túnica de color azafrán, con algunos puntos morados, en cuyo centro había unos diamantes que brillaban como la luz del día. La familia de la novia comenzó a ocupar sus lugares frente a la tarima, el lado izquierdo fue ocupado por las altas personalidades del país de la tarde. Del país del día llegó una discreta delegación, no vestían con sus túnicas propias, sino que se vistieron como los habitantes del país de la tarde. Cuatro de ellos tenían la misión de vigilar para que no ocurriera ningún imprevisto y se colocaron en lugares estratégicos sin que nadie se diese cuenta de su presencia, pues vestían con túnicas de color marrón, como los habitantes del país de la tarde. El resto de la delegación del país se colocó detrás de las altas personalidades y autoridades del país de la tarde, en el lado izquierdo de la Sala de Actos. Vestían todos con sus túnicas azules. A su lado se sentaron los maestros espirituales de Quimenix. La guardia presidencial iba con su uniforme de gala e hizo un pasillo desde los primeros escalones del edificio de la Asamblea hasta la entrada de la misma. Poco a poco cada uno iba ocupando su lugar en la Sala de Actos de la Asamblea. Mientras tanto en la tarima Tamur preguntaba a Base: - ¿Por qué has puesto a cuatro hombres tuyos vigilando la sala? ¿Acaso no confías en mis hombres? - No se enfade, pero sus hombres no pueden combatir contra según qué poderes. - Usted sabe lo que se hace.

250


Mientras que Tamur y Base estaban hablando, Sebatar salía de la Casa Presidencial, tan hermosa como un sol, acompañada por su padre. Ella vestía una túnica gris claro y larga que le tapaba los pies; en su túnica había piedras de color azul marino y otras de color blanco perla. Estas piedras se complementaban en su túnica haciendo unos dibujos de unas hermosas flores, y en el interior de cada flor había una perla. En su cabeza llevaba una hermosa diadema de diamantes blancos, tres a cada lado, y en el centro de la diadema había una piedra preciosa de color azul. El cabello lo llevaba suelto, largo, pero bien arreglado. Cuando salieron Sebatar y su padre Nobear, la guardia presidencial, que vestía uniforme de gala, los escoltó hasta el carruaje. Una vez que estuvieron en el interior del carruaje, se puso en marcha lenta y una escolta de caballería los acompañó hasta llegar a la Asamblea. Mientras que Sebatar y su padre Nobear se dirigían hacia la Asamblea, en la escuela Fut le dijo a Minar: - Te pido perdón. - ¿Por qué me pides perdón? - Sé que tú siempre has querido a Sebatar. - Así es, pero ella nunca se ha fijado en mí. - Desde que llegué, te he quitado todas tus posibilidades de conquistarla. En Imaf encontrarás a la mujer de tu vida, estoy seguro. - Así que lo sabías y me lo dices hoy, en el día de tu boda... ¡Eres más raro! Nunca te entenderé. - Por eso eres mi testigo. - ¡Cállate ya! Que como sigas así, te dejo solo ahora mismo... 251


Entonces llamaron a la puerta, Minar la abrió y vio que era un guardia presidencial, el cual le dijo: - La señora del presidente ya está aquí. - Dile que ya bajamos. El guardia presidencial saludó con la cabeza y Minar, tras hacerle el mismo saludo, cerró la puerta. Fut no tenía familia en el país de la tarde y lo tenía que llevar la esposa del Presidente. La señora del Presidente tenía unos cincuentas años muy bien llevados, vestía una hermosa túnica dorada larga; se puso en el cuello un collar de doble vuelta de perlas; en la parte superior delantera de su túnica se podían ver unas pedrerías, es decir, un conjunto de piedras preciosas de colores muy variados: azul, rojo, verde, blanco, pero todos en tonos muy claros; y llevaba una tiara, una diadema de diamantes en su cabeza, que hacía juego con sus ojos verde claro. Cuando Fut bajó y la vio, le dijo: - No sé con quién voy a casarme hoy. - Usted tan bromista como siempre, venga hijo…, nos tenemos que ir ya. La señora de Tamur cogió a Fut de su brazo derecho y lo sacó de la escuela. Desde la poca distancia que había entre la puerta de la escuela y el carruaje, pudieron ver cómo las calles estaban llenas de personas, al igual que lo estaban los alrededores de la casa presidencial. Una escolta de la guardia presidencial le hizo un pasillo hasta el carruaje, al cual subieron Fut y la esposa del Presidente; enseguida una escolta de caballería de la guardia presidencial escoltó el carruaje hasta la asamblea.

252


Al mismo tiempo que salían Fut y la señora del Presidente hacia la Asamblea, el carruaje de Sebatar llegaba a la proximidad de la Asamblea, pero tuvo que detenerse. Nobear abrió la ventanilla y preguntó al jefe de tercer orden, quien llevaba tres cuadrados dorados en cada hombro: - ¿Qué ocurre, oficial? - Señor, nos tenemos que detener porque el novio no ha llegado todavía. Nobear cerró la ventanilla del carruaje y le dijo a su hija: - Aún estás a tiempo de no casarte con él. Ella sonrió y le respondió: - Lo quiero tal como es, padre. - Tú verás, hija. Finalmente Fut llegó a la Asamblea. Un guardia presidencial ayudó a bajar a la señora del presidente del carruaje y a continuación se bajó Fut. Ella se cogió de nuevo del brazo de Fut y subieron poco a poco todos los escalones que había hasta la entrada principal de la Asamblea. Sólo tuvieron que seguir un pasillo que les hacía la guardia presidencial hasta la misma entrada de la sala de actos. Cuando entraron por la puerta de la sala de actos presidenciales Fut y la esposa del Presidente, todos los presentes se pusieron de pie y ellos dos comenzaron a andar sobre la alfombra roja. La guardia presidencial estaba a ambos lados de la alfombra, sacaron sus espadas e hicieron un arco, por el que pasaron por debajo el novio y su temporal madre. Finalmente llegaron al principio de la tarima, Fut le dio un beso a la esposa del Presidente y ella ocupó su lugar reservado para las autoridades del 253


país. Fut subió a la tarima donde había un banco destinado para que los novios se sentaran, también adornado con flores. Base, con una sonrisa y un suave gesto con su mano derecha, le indicó a Fut que se sentara. Por la parte lateral izquierda de la tarima iba Minar, y para no quitar protagonismo a Fut en su día tan especial, una vez en la tarima se colocó al lado del Presidente Tamur, ya que eran ambos los dos testigos. Además estaban el ministro de la ceremonia Base, el novio Fut y los invitados; solamente faltaba la novia para que diese comienzo la ceremonia. La novia se hizo de esperar un poco, solamente un poco, pero finalmente entró acompañada de su padre; detrás de ella estaba la maestra de ceremonia Kattya, quien llevaba sobre las palmas de sus manos una pequeña bandeja con dos anillos y un pañuelo blanco. Todos se volvieron a levantar, la guardia presidencial volvió a sacar sus espadas para formar un arco con ellas. Los tres caminaban con pasos lentos. Base, haciendo un discreto chasquido con los dedos de su mano derecha, hizo sonar una música nupcial especial; en la sala no había ningún instrumento musical. Cuando llegaron al principio de la tarima, el padre de Sebatar ocupó el lugar que le correspondía como autoridad del país, Sebatar le dijo a Kattya: - Tú espera en esa esquina y sube cuando te lo digamos. Kattya se puso de pie en la esquina lateral derecha de la tarima, viendo con mucha atención toda la ceremonia. Sebatar subió a la tarima y Base le indicó con la mano derecha, y con una sonrisa, que se sentara junto a Fut. Ella así lo hizo. A continuación, Base adelantó unos pasos de distancia de los testigos, los cuales quedaron por detrás de Fut y a su lado derecho.

254


Base comenzó a hablar en el mismo instante que dejaba de sonar la música, entonces todos los invitados comprendieron que era Base quien realmente estaba dirigiendo toda la ceremonia. Base fijó su mirada en un punto muerto de la Sala de Actos Presidenciales donde no había nadie y dijo: - Lo más hermoso que hay en la vida es cuando un hombre y una mujer deciden vivir juntos por amor. Hizo una leve pausa, luego continuó diciendo: - No es fácil, porque cada uno debe ceder un poco de su egoísmo, hasta formar un solo cuerpo y mente. Base hizo un gesto con la cabeza a los novios para que se levantasen; se levantaron y se pusieron frente al ministro de ceremonia. Nuevamente Base hizo una leve pausa, tras la cual dijo: - Como ministro de esta ceremonia os pregunto, ¿habéis venido voluntariamente? - Sí -respondió Fut. - Sí -contestó Sebatar. - ¿Quieres a Sebatar y prometes serle fiel durante el resto de tu vida? - Sí, quiero. - ¿Quieres a Fut y prometes serle fiel durante el resto de tu vida? - Sí, quiero. Entonces, Base, con una fuerte voz, dijo:

255


- ¿Hay alguien que se oponga a esta unión? De repente, salió un hombre alto y fuerte de entre los asientos de los invitados, de la parte posterior derecha, y dijo: - ¡Sí, yo! -Y sin mediar más palabras, lanzó un cuchillo contra la tarima. Al ver todo esto, los cuatro vigilantes del país del día se levantaron al mismo tiempo y pudieron detener el cuchillo en el aire, para luego hacerlo desaparecer. A continuación extendieron sus brazos hacia ese hombre y lo levitaron hasta lo más alto del techo de la sala de actos. Fut miró a Base, pero Base le dijo: - Hoy no hagas nada, déjame a mí -entonces Base fijó su mirada sobre el hombre y, automáticamente, desapareció de la sala; después miró a Tamur y le dijo:- Nunca se sabe lo que puede pasar, señor presidente. Muy sabiamente, Base dejó que pasara una pausa un poco larga, tras la cual dijo: - Que suba la madrina. Kattya subió a la tarima con la pequeña bandeja, donde llevaba los dos anillos y el pañuelo blanco. Base cogió el anillo de Sebatar y se lo puso en su dedo; a continuación hizo lo mismo con el anillo de Fut, pero, cuando cogió el pañuelo, vio que dicho pañuelo era blanco. - ¿Aquí usáis pañuelos blancos para las ceremonias nupciales? - Así es, señor -le respondió Kattya. - En mi país son morados... ¿Qué podemos hacer, directora espiritual de Quimenix?

256


Al sentir esas palabras de la boca de Base, Kattya se asustó un poco. Fut se rió y le dijo: - ¡Tranquila, Kattya! Base lo sabe todo de todos, todo lo que sé me lo ha enseñando él. - Pues si en su país es morado y aquí es blanco, entonces podemos hacer que sea de los dos colores: una parte blanca y la otra parte morada, señor -argumentó Kattya. - En tus sabias palabras puedo ver a la gran maestra espiritual que algún día llegarás a ser, aquí tiene Fut una gran semilla. Kattya se puso un poco roja de cara al sentir aquellas palabras de Base, quien se dio cuenta y dijo: - Sigamos con la ceremonia, hazlo tú misma -le dijo enseñándole el pañuelo para que fuera ella quien cambiase el pañuelo. La niña miró a Fut. - Ahora no soy el maestro, el maestro es Base, y tenemos que hacer caso al maestro, Kattya. Ella cogió el pañuelo blanco con su mano derecha y, al instante, la mitad de dicho pañuelo se convirtió en morado y se lo dio a Base. Sebatar y Fut juntaron sus manos derechas y, a continuación, Base se las ató con el pañuelo morado-blanco, y dijo: - En presencia de todos los presentes y del Supremo, yo, Base, ministro directo del Supremo, os declaro marido y mujer. A continuación, los testigos firmaron; es decir, Tamur y Minar, en el libro de actas. Cuando Sebatar y Fut comenzaron a abandonar la Sala de Actos presidenciales, bajo el arco de las espadas de la guardia presidencial, comenzaron a caer pétalos de rosa del techo, miraron 257


hacia el techo, pero no vieron nada especial, simplemente el techo blanco de la sala, mientras los pétalos seguían cayendo. A salir al exterior, continuaban cayendo pétalos de rosa, pero sabían de dónde procedían: solamente lo sabían los maestros espirituales de Quimenix, quienes decidieron hacer ese regalo de boda a sus dos maestros espirituales. Finalmente se subieron a un carruaje que desapareció por las calles de Quimenix en dirección hacia su luna de miel. Transcurridos unos veinte minutos, los recién casados dejaron atrás la ciudad de Quimenix, pero el chófer detuvo el carruaje. - ¿Por qué nos detenemos? -preguntó Fut al cochero, después de abrir la puerta del carruaje. - Hay una niña en mitad del camino. - ¿Una niña? -preguntó sorprendida Sebatar. En ese momento, Kattya corrió hacia la puerta abierta. Cuando Sebatar y Fut vieron quien era, le dijeron: - ¿Cómo has llegado hasta aquí? - ¿Y tú lo preguntas, maestro espiritual? Fut se quedó muy serio y le contestó: - Sabes que no se puedes usar los poderes sin motivos. - ¡Ya lo sé! Con un tono más amable, Sebatar le dijo: - Si lo sabes..., ¿por qué lo has hecho? - Solamente quiero tu centro de novia, nada más que eso. 258


Con voz de resignación, Fut dijo: - ¡Mujeres! Sebatar se rió un poco junto con Kattya, que también se reía, y, en un momento dado, Sebatar extendió su brazo y le tiró a las manos su centro de novia, el que ella cogió y se alegró mucho. Y le dijo: - ¡Muchas gracias! - Ahora vuelve a Quimenix, Kattya, pero sin utilizar los poderes le indicó Fut. - ¡Pues claro que sí, maestro! Fut cerró la puerta del carruaje y éste comenzó nuevamente su marcha hacia su destino. Kattya vio cómo se alejaba de ella, mientras apretaba contra su cuerpo, y con fuerza, el centro de novia que le había dado Sebatar. Finalmente el carruaje desapareció en el horizonte. Kattya se volvió hacia nosotros, pues antes estaba de espaldas viendo como el carruaje de los recién casados se alejaba, y…, antes de desaparecer Kattya de nuestra vista, nos dijo a todos nosotros: “Hasta la vista”.

259


Epílogo

Lo que le ocurrió a Fut no fue una casualidad, en la vida no existen las casualidades. Nadie es perfecto y, el que se lo crea, está viviendo su propia auto-mentira. Nadie es más que nadie. A mayor conocimiento espiritual, adquirimos mayor responsabilidad, tanto material como espiritual. Todos somos maestros, porque todos tenemos cosas que enseñar, tanto materiales como espirituales. Y todos somos alumnos, a la misma vez, porque todos tenemos que aprender cosas materiales y espirituales. Finalmente, Fut pasó el resto de su vida en el país de la tarde, el que, por mediación de sus enseñanzas, se iba transformado cada vez más… en un nuevo país del día. Si no tenemos amor, no somos nada, aunque podamos saber mucho en cuestiones espirituales o materiales. El amor es la fuerza más fuerte y hermosa que existe en toda la creación; por encima del amor… no hay nada más. A pesar de todo, en lo más profundo de su corazón, Fut seguía estando triste. Sebatar nunca consiguió conquistar todo su corazón, solamente lo consiguió en parte. De la escuela espiritual de Quimenix fueron naciendo otras escuelas espirituales por todo el país de la antigua tarde, y del nuevo día. El fundamento de estas escuelas espirituales era el siguiente: “El Corazón del Supremo ha sido, es y será siempre Amor”.

260


Dedicatoria Doy las gracias a mis alumnos y alumnas, sin los cuales no hubiera podido escribir este libro, ni podría escribir los sucesivos. Os quiero con todo mi corazón. La puerta de los caminos ya ha sido abierta. Felipe Zayín. Hierápolis. 1 de enero 2009.

261


Datos del libro

© Felipe-Eduardo Álvarez García. felipezayin@gmail.com

Autor y titular de derechos: Felipe-Eduardo Álvarez García. Depósito legal: B-190-09.

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 270 del Código Penal, podrá ser castigado con penas de multa y privación de libertad quienes reproduzcan o plagien, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte, sin la preceptiva autorización.

262


Índice Portada…….……………………………………………….…… 1 Introducción.……………………………………………….…… 2 Capítulo 1: El juicio………………………………........…… 3-15 Capítulo 2: La decisión……………………….............…… 16-26 Capítulo 3: El nuevo hogar………………….................….. 27-54 Capítulo 4: La asamblea………………………......……….. 55-70 Capítulo 5: El maestro………………………...............…… 71-99 Capítulo 6: El consejero…………………….............…... 100-111 Capítulo 7: La batalla…………………………......…….. 112-128 Capítulo 8: El amor llama a la puerta……...............…… 129-139 Capítulo 9: Las semillas del Supremo……….....………. 140-207 Capítulo 10: El Supremo da vida a Quimenix…....…….. 208-212 Capítulo 11: El perdón del Supremo……………....….… 213-234 Capítulo 12: El Supremo y la boda………................…... 235-259 Epílogo………………………………………………………..260 Dedicatoria…………………………………………………... 261 Datos del libro……………………………………………….. 262 Índice…………………………………………........………… 263

263


Felipe Zayin, natural de Barcelona, soltero. Es autor de once ensayos y miembro de la asociación benéficosocial “Abadia-Vedruna”. El presente libro es su ópera prima ante los lectores. Le llevó dos años escribir este libro, entre 2007-2009. El maestro mágico de Quimenix es una continuación de la fantasía que teníamos cuando éramos niños.

264

El maestro mágico de Quimenix  

La fantasia no es solamente de los niños, sino, también de los que no somos ya tan niños. En este libro vamos descubriendo la fantasia e ilu...

Advertisement