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ITR DE ERSO

edici贸n

Felipe Zapico Alonso

Ilustra: Juan Rafael


FELIPE ZAPICO ALONSO, Zapi, nació en León, en 1960, y desde hace algnos años vive en Badajoz. Entre sus muchas facetas destacamos las de actor, fotógrafo viajero, voz cantante del mítico grupo leonés Deicidas y escritor de poemas y letras de canciones. Es doctor en Documentación por la Universidad de Salamanca y ejerce como profesor en la Facultad de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Extremadura. Su primer libro de poemas editado lo ha sido en la colección virtual Traviesas de Poesía, con el poemario Tragos.

JUAN RAFAEL. Nacido en León. Licenciado en Bellas Artes en Salamanca en 1992. Desarrolla su actividad creativa personal fundamentalmente en el terreno de la pintura y el grabado. Trabaja como diseñador, maquetista, rotulista, decorador, muralista, carpintero, pintor, fotógrafo, escenógrafo, escaparatista, iluminador, animador, editor, escuchador, analista, asesor y cualquier otra actividad que pueda ser valorada por quien le pone precio.


LITRO DE VERSOS Felipe Zapico Alonso


ITR DE ERSO


PRÓLOGO A “LITRO DE VERSOS”

Después de muchas lunas... Viajábamos en un viejo coche, mientras sonaban ‘Ratita bonita’, en una versión lentísima, y ‘Seré mecánico por ti’, de Kiko Veneno... ¿Habrán pasado 21 años desde entonces? No. En realidad eso sucedió hace mucho más tiempo, en una época en que nos hubiera gustado ser punkies y escupir palabras verdaderas sin que importara la sangre. Es una metáfora, claro. No se puede “querer” ser punk. Como dice Garrafis: se es, o no se es punk. Hace 21 años, no obstante, supongo que cada cual había tomado su camino y tuvieron que pasar muchas lunas hasta que volvimos a encontrarnos, unos con otros, y con el recuerdo de los que ya no estaban, también, como si la vida fuera algo más que eso que se escapa de nosotros hasta dejarnos exhaustos, como si los ausentes no formaran parte sólo de lo que fuimos sino de lo que llegaremos a ser.

Huyendo cada noche de mí di los rodeos más extraños llegando siempre sin remedio, casi siempre crispado, a donde había prometido no volver. Hace ya más de 20 años que se produjo la disolución del Telón de Acero y la caída del Muro de Berlín. Y aunque en aquel entonces el Ayatolá Jomeini ofreció una recompensa de tres millones de dólares por matar a Salman Rushdie, condenado por escribir ‘Los versos satánicos’, el escritor aún sigue vivo. Pero hete aquí que siete años antes, en 1982, Siniestro Total ya cantaba aquello de ‘Ayatollah, Ayatollah, no me toques la pirola...’, advirtiendo de lo que se nos venía encima. Claro que los fundamentalistas (de todo tipo) nos han seguido tocando la pirola a todos y todas, cada vez más. Hacia 1988 está datado este ‘Litro’ de versos con solera de Felipe Zapico (‘Zapi’’). Es decir, sólo un poco antes de que Internet dejara de ser un sueño gracias al físico Tim Berners-Lee. En aquella época Zapi leía a Bukowski (no los poemas todavía) y recomendaba ‘La máquina de follar’ (que nunca llegué a leer, por cierto). Siempre sospeché que aquello era un puro atavismo, aunque tiempo después apreciaríamos en lo que valen los poemas devastados del gran Chinaski, porque sí, porque el amor puede ser un perro infernal y hay cosas que Shakespeare nunca hizo.

Acopié gozos llegó el yermo y fue tanta la tristeza que sólo pude escribirlo. Los poemas, con el tiempo, mas que amarillear se pueden convertir en objetos simbólicosmelancólicos-secretos. Y ahora resulta que Zapi, el que se esconde tras ese poderío con el que se crece sobre el escenario cuando ejerce de Deicida, ha tardado precisamente 21 años, o más, en sacar del armario (o almario) este Litro para ofrecérnoslo a pequeños tragos. Asumiendo eso de que “la escritura puede ser una trampa” de Bukowski, frente al “nunca llegarás a nada” de Benet.


Estalló un vaso a nuestros pies dos bofetadas sirvieron para educarle las mujeres me admiraron esa noche pero durmieron con los hombres que se habían quedado quietos muy quietos. (De ‘Tragos’) ¿Se notará en estos poemas el paso del tiempo? Porque son versos de amor y desamor, en los que burbujean las palabras y sus huecos como algo necesario. Como un conjuro contra la soledad, las heridas, la desventura, la fragilidad, el desvalimiento o la locura. Porque expresarse a través de la fractura tiene sus riesgos. Como pudo decir Bukowski: “Un poema es una ciudad llena de calles y de cloacas (...) / un poema es el mundo”. Y como dijo Samuel Beckett “ser artista es fracasar donde ningún otro se atreve a fracasar”. Pero es a Bukowski a quien están dedicados estos versos de un libro inédito de Zapi, ‘El ladrón de peras’:

Algunos descubren al poeta, al hombre que sabía amar, y escribía duro, cortante, tan romántico como una motosierra en Finlandia. Henry te adoro, me has contado cómo es la vida aunque yo no tenga ni puta idea de qué hacer con la mía. Y para el que no lo sepa escribía como los ángeles, del infierno, por supuesto. Y de ese mismo libro extraemos otro poema, fechado en Córdoba, el 23 del XI de 2007, en el que sí se nota que han pasado 20 años, o más:

No eres un clavo ardiendo pero me abrasas. No eres una tabla de salvación pero me reflotas. No eres la fuente de la vida pero me sacias la sed tan lejana, tan antigua. No eres una gata pero me arrullas. No eres tantas cosas, que las que eres me encantan, me salvan, me enamoran


o incluso en este otro, más reciente, que lleva el título de: ‘Consejos contra la gripe humana’

No beses si no amas. No des la mano si no sientes afecto. No des la espalda ni a tu padre. Ahhhh...! Pues sí, hace bastante más de 20 años que no me puedo escapar a tu poder de seducción, querido amigo. ¿Será cierto que hemos cambiado de siglo? Si no fuera por los avances de la física cuántica y la mecánica ondulatoria y por la blogosfera y el facebook y las nuevas tecnologías digitales y todo eso de viajar por el ciberespacio virtual... yo diría que no... la verdad. En fin, hace más de 20 años quizá ya intuíamos que la mejor inversión de una vida es la del cariño, tal y como lo expresó Raymond Carver poco antes de morir:

And did you get what you wanted from this life, even so? I did. And what did you want? To call myself beloved, to feel myself beloved on the earth.

[¿Y conseguiste lo que querías de esta vida? Lo conseguí. ¿Y que querías? Considerarme amado, sentirme amado en la tierra.]

ELOÍSA OTERO (En León, septiembre de 2009) [P.D.: Este ‘Litro’ nunca hubiera sido el mismo sin el trabajo y la exploración de Juan Rafael en torno al concepto de PINTURA: “Aquello que recubre / (o disimula) / las fronteras de los espacios que habitamos”. Brindemos pues, también, por la mixtura singular de este brebaje irrepetible destilado a cuatro manos... ¡Salud!].


Litro de versos Textos - Felipe Zapico Alonso Dise単o de cubierta e ilustraciones - Juan Rafael Las dos primeras ediciones en papel fueron llevadas a cabo por EOLAS ediciones en 2009 y 2010.


LITRO DE VERSOS Felipe Zapico Alonso


Consumé tu ausencia ofendiéndome y ofendiéndote a ti también.


Es la noche tus labios proscritos me son vedados el cafĂŠ humea en la taza y la luna, como un esbozo, delimita la oscuridad mientras un huĂŠrfano sentir acaricia el vacĂ­o de tus caderas descabalgadas.


Mientras descubro tu cuerpo ya no veo parejas cogidas de la mano y las convulsiones de tu placer esparcen cimientos de soledad mientras descubro tu cuerpo ya es primavera en el corte inglĂŠs y el metro ya no serĂĄ nunca motivo de discusiĂłn mientras descubro tu cuerpo recurro a romperme perdido entre las piedras mientras me obligo a olvidarte.


Mientras descubro tu cuerpo comienzo a saber de engaĂąo traiciones desatadas mentiras en tu boca, tus ojos desviados. Mientras descubro tu cuerpo me dueles dentro, muy dentro, y la tristeza desgarra cada pedazo de olvido. Mientras descubro tu cuerpo el alma partida, roto el aliento, descubro tu cuerpo, eso me creĂ­a.


Desafié las leyes desafié las reglas un invierno en santísima trinidad cigarrillos apagados en el bordillo esperando un taxi y tu boca cerrada ofreciendo la incógnita. Designios remotos al retomar la dirección prohibida la senda traicionera desafié las leyes desafié las reglas un invierno en santísima trinidad.


El agua espejo centelleante cegando nuestro sentir un pulso un latido una lágrima derramada en la última fila un adiós inesperado una conjunción imposible un te quiero y un quizá absorbiendo tu humedad hasta tu aridez.


Confundí los instantes desmedí el compás del tiempo involucrándome en tus días sin imaginar tu ausencia o la falta de aliento discurrir truncado delirio de amaneceres torva en tus hechos imagen alterada de tus ojos huidizos.


Con esa bolsa he ido de cama en cama a veces, sólo un colchón, autobuses, trenes o autos, frío, lluvia y sol, rumbo variante resaca matutina de palabras y alcohol despedido primero, luego rastreado, beber una vez más, siempre beber la ruta varía esta vez, perdido… encontrado deme un billete por favor.


Conocí la insistencia de las alegorías espuma en tu boca, recibí tu beso de judas mis labios marchitos furia desatada (en mis ojos) y mis manos crispadas conteniendo el puñetazo la lágrima adiós muy buenas.


En un paĂ­s de privilegios y sandeces instaurando la ignorancia de continuo marchita la esperanza ahogado el grito, aplastada el ansia, desmerezco el instinto abrazando mi dolor y tĂş, hermano, opositas.


Estabas rota, nuevamente estabas rota, te recompuse desprotegiendo mi dolor y destrozaste mi locura mi ingenua ternura rompiste mi valor sosegaste mi caja de Pandora. Ahora, desmadejado, Recompongo la alambrada fortifico la muralla desbarato la cordura.


Olía a tabaco si, olía a tabaco. Los días se entrecruzaban y el sabor de la mañana está de nuevo pegajoso la saliva no pasaba, cuando el teléfono sonaba hiriente. Sábana de ahorcado sábana de evadido sábana húmeda de pasión, lecho vacío y tumultuoso recordé el olvido y dormí enredado hasta las cinco.


Una amapola herida adormece tu dolor mientras arrastro en su ausencia me humillo en la soledad mendigando su voz, para quedarme manso, tierno, imbĂŠcil.


Puedo volverme loco de pensarte, puedo volverme loco hoy, mañana o pasado, ayer casi lo consigo, un rasgo un alambique reventado, puedo volverme loco, puedo volverme loco de razón, de cordura, y tú sin culpa ya eres una señora.


Es la noche ha comenzado a nevar después de haberlo esperado durante toda la tarde. Los sobrecillos, a cada taza, contienen menos azúcar. Ahora recuerdo tu azucarero, tu miel, falsa, sintética de supermercado sin marcas, y además no te olvido.


Machacada la margarita acaricio tu distancia, tan distinta tan mentira. Solicito la excedencia de ti, un olvido marcado.


Hoy he vuelto a ser raro, fragmentos de ilusión. Se clavan en mis pupilas, consumiéndose al tiempo que comprendo que nada podéis contra mí, vuestra destrucción aniquila, únicamente mis partes blandas, las remilgadas, las inútiles, lo que siempre estorba.


Hubiera pedido una beca de la Diputación para escribir esto y beber con mis amigos pero cómo quiere usted, señor del despacho, que yo sepa lo que voy a escribir, lo que voy a sentir, que adjunte resguardos y currículas, que me entreviste con usted, yo escribo sin su dinero y usted bien se libra de mí.


Y me hago mezquino modelo el recuerdo, avivo la incertidumbre.


Disgrego los frentes, presencio las ausencias, me vacĂ­o, mientras me saco punta.


Se suceden lentas las horas para pasar al vĂŠrtigo de los instantes. Se adormece ligera la caricia mientras los silencios estallan.


No volverá a ser hoy hasta que pasen cuatro años. Te habré olvidado, me habrás deseado. Los tumultos se sucederán y tu letargo irá en aumento seguiré viviendo sin sentido mientras tú dejas escapar la vida.


Nuestros iconos adornan las paredes de algunos bares y la verg眉enza me sumerge cuando me fijo en ello. Buscamos la seducci贸n para anular el recuerdo durante el breve orgasmo, huyendo despavoridos cuando nos miran a los ojos, una disculpa en la chepa un desgarro en la garganta al volver derrotado suplicando el chasquido de tus dedos.


Soplé la armónica se deshizo, y un mechón metálico, en tus labios agotados entonó el no puedo, las membranas inmovilizaron mis dedos una nota cautiva surcó el cielo, y ya tu letargo aglomeró tus carencias, residuos, de lo real.


Un perro transparente confundido con mi nombre y tu rostro marcado por el orgullo de ganadora de mera funcionaria del triunfo un efluvio vacĂ­o indica que tu cadĂĄver esmeralda correrĂĄ mi misma suerte, podridos, y separados.


No me alcanzan los versos para llegar al litro una mĂşsica suave y melodiosa -de la que no se escuchahuye por el arquitrabe, el ciclo se cierra de nuevo yo sigo sin tener versos para llegar al litro.


Manoseo el recuerdo lo sobo, mientras aseguro el futuro, atrincherรกndome en mi cuarto.


Veo tus letras que ponen mi nombre, mi altar archivado, y tu frente divertida surcando aterrada, la duda.


Camino hacia el mar dejándote atrás. A la vuelta te volveré a cruzar un crujido de miradas. La mandíbula batiente temblará al sollozo, la rabia molerá los dientes, sigo sin dormir, la radio, el techo, la lámpara me envuelve.


La grasa pringa mi frente, tĂş, un encuentro insalvable se anuncia, entre el odio y la esperanza, lucho la batalla perdida.


Tan callada, ese silencio atronador ruido de entrañas, anuncio de no entregarte. Tus horquillas plateadas te hablarán de mí. Ya no estás, no, para nada.


De versión en versión sin encontrar el original y perdiendo tanto en cada choque, que soy gancho y colgajo al mismo tiempo, y debo dejar de buscar, abrazar la nada -bálsamo inútilo aceptar cualquier versión -cualquierapermaneciendo, vitalicios, mis ojos en otro sitio.


Me has dejado en barbecho soy casi un erial, para ti, un desierto.


El choque fue menos violento de lo previsto -s贸lo fue brutalAleluya fin final.


Acopi茅 gozos lleg贸 el yermo y fue tanta la tristeza que s贸lo pude escribirlo.


El columpio había quedado roto los niños lloraban y tú sólo pensabas en librarte de mí en romperme.


Antes o después encontraré la mujer de mi vida, de un instante. Volverá a dolerme volverá a empezar.


Con la suerte contraria, suspiros haciendo trizas mi aliento, deshilvanada la memoria, mis trozos componen la copla de la suerte contraria.


Son los días los que pasan, sólo los días. Tu permaneces hiriente, y no faltas ni un solo día.


Me deslumbra tu ausencia mi rencor acumulado mientras establezco las condiciones para rendirme, olvidarte y comenzar a buscar.


Desato la ira tibia, la desato, y tĂş ya no estĂĄs, ni siquiera eres, mi mente es un arbusto, el fruto caĂ­do es pisado por el onagro.


La Habana se reseca se desconcha la colonia huele mal, el salitre acaricia el cemento con un leng端etazo demoledor tremendo, penetrando hasta los ba単os donde la sangre salpica.


Nunca tomaré ya el tren para Nueva York olvidaré el rail, al revisor, los tejados nevados, tu cuerpo abrasándome, recordaré el precio del billete y tu mirada al mentirme.


Castrada la ilusi贸n preparo el desayuno; una taza de vino, una colilla arrugada y tres pu帽etazos al marco de la ventana.


Ambas aguas probé -doble venenocruzadas las alas del búho mirando desorbitado, impávido, la picadura de una frase -de tu frasede la frase nunca dicha, sólo mirada.


Me he dado la vuelta las monedas al suelo he llegado a la mitad sin saberlo -sintiĂŠndolo muchohe llegado a la mitad y aĂşn recuerdo. Cuando llegue al final habrĂŠ terminado.


Acólito, alcohólico, acrílico. Una genuflexión, una mancha de vitriolo… desapareciendo.


Cae la tarde aplastĂĄndome, viene la sed y la sed me seca. La noche mortuoria humedece mis tejidos, cae el dĂ­a cae la noche, y me aplastan me aplastan.


Voz en negro fundiendo el silencio. Ritmo roto de voz sin rostro. Castigando el sonido la ausencia de anhelo.


Amarga tu nombre en mi boca. Reptando el recuerdo balancea la decisión. El asco agarrota mi garganta y una gárgara de alcohol me escalofría.


Lechos prestados lechos de incertidumbre, miedo y sudor. Almohadas de granito, rudimentos de caricia, las colillas queman la alfombra las lĂĄgrimas inundan mi alma.


El dolor me parte ahora, me han contado que te gustĂŠ, cantando. La rabia acumulada me hace destrozar el viento. El tiempo no restaĂąa, la araĂąa desgarra mis ojos.


Tu ausencia, inverosímil cacofonía de golpes, distorsión dolorosa de los alambres, el aliento partido y la cegadora oscuridad, tapándome la boca, esperando el esperpento de tu mueca.


Si rompo las artima帽as desbarato las estrategias me aclimato a esta jugada nada sucede s贸lo estoy solo.


Cuando el coñac y el anís se funden, el hielo amanece y el sinsabor me vacía, hacia el vómito. Entonces hasta mi bilis te necesita.


Restregando amargura restregando sintiendo el rasponazo, expulsando la vida, anhelando el letargo, la parada, el the end.


Comienza de nuevo la espera, desgarros en el nervio 贸ptico, de otearte esperando tu 谩nimo, tus brazos, tu turbulencia.


Después, después será el llanto y la desesperación, la fiebre el hallazgo imposible. Después será la luna escondida, y un silencio de siglos, entre el fandango de la gente borracha.


FamĂŠlico y harto, me acaloro al verte.


No sabía no lo sabía que tu falta engendrase hábito.


Reconstruyo tus labios y tus gritos -me suenasentonces se entonan los sones de la tribu y el hechicero me cercena, instaurando mi fin, acabado.


Suelos sintéticos cerámica de la “china” pisadas y vómitos bostezos delirio y hasta mañana.


Desconfío del halago que me regala el oído. Desconfío de tus frases amorosas, del trueque de caricias, de la incógnita sabida, desconfío, en fin, de vivir, del mar y de todo lo que sé.


A Almudena Guzmán. Usted se enamoró, consiguiendo algo, brindo por ello hasta caer muerto, esperando el encuentro en un lecho profundo de nenúfares.


Los pasos se pierden irremisibles. Cuando ya s贸lo quieres contarme tu dolor es ahora cuando acierto al no esperar nada. Ni siquiera el fin.


Instauraste tu dictadura, doblegándome, doblándome, haciendo de mí el animal que querías, conseguido esto, me destinaste a la granja de despiece.


Tomo distancia para el lamento, cercenando la nostalgia en esquinas secantes, traviesas, tomo tambiĂŠn carrera para embestir -ciegoa tu mirada vacĂ­a.


Es ahora el tiempo de los besos en las mejillas, del ÂżquĂŠ tal?, contarse hazaĂąas, hablar por hablar, quedarse con desgana y hasta el verano.


Absurdamente encolerizado me desdoblo hacia la ira y remato los portazos las fugas y ausencias, volviendo al enfado, los gritos, y a tu obediencia.


La longitud de tu mirada qued贸 a un palmo de mi cuerpo, con las frases programadas, resolviste mi presencia, vol茅, me fui.


No cruzaré más los dedos ahogaré la esperanza, partiendo los pétalos, esparciendo mi dolor -bien repartidojunto a la línea de corner.


Rasga tediosa la guitarra melancolĂ­a urbana cargada de historias dedos y uĂąas. Se rompe una cuerda en el gemido y el silencio solloza por las risas de ayer, esas risas de nunca.


Harto ya de escurrirme a tu gusto descargo ahora el silencio demoledor, el cinismo en el rictus, la indiferencia amagando mientras me ara帽o los ojos, en el rinc贸n oscuro de mi pupitre.


Se enumeran amasadas las desdichas, trasteando con un vaso, las lĂĄgrimas hasta se olvidan, pero risas no ha habido. Si las inventas, comienzas otra vez, comienzas con las lĂĄgrimas, la desdicha y asĂ­ te inventas hasta risas.


Tu reloj siempre estรก adelantado mi camino se va recortando ella me duele inmenso y debo determinarme raudo a alcanzar el fin.


El dolor me penetraba entrando en ti, gozosa, y yo debĂ­a ser feliz. Tartamudeo el dolor, y el gozo y ya cada vez recuerdo menos.


Una pincelada de amor abstracto, inocuo, tu silencio se hace mĂ­o, cuando ya adoro a la luna, que ha vuelto a llenarse, y yo sigo agrio.


Construyo tus dĂ­as con tanta antelaciĂłn que casi lo olvido, pero remisa, ordenada, cumples, uno a uno, mis vaticinios, mis visiones, doliĂŠndome doble, al realizarse.


Olía fuerte a naranjas. Olía fuerte y la galbana gozosa arremetía al desvarío. Olía a naranjas, mientras acometía, la nueva disputa, la gana, el ansia, la galbana gozosa.


Amor de tap贸n irrellenable luna desgajada juicio final. Hasta el pr贸ximo encuentro, traves铆as nocturnas, buscando el rodeo.


No soy manso e ir辿 bravo a por tus tres puyazos reglamentarios, y cuando mi alma sangre hasta la pezu単a, prepara el enga単o, cari単o, para aguantar mi embestida, noble con el peligro de mi casta de mi raza.


Zumo y licor, retardando los latidos, manoseo en un reservado de discoteca castellana y un alarido rompiendo la noche, cuando ya las estrellas boicotean su destello y los tricornios sobresalen arrogantes.


Buscando el sol de octubre enmarco tus ojos en mi retina, al recordar las frases mientras olvido tus labios ¿o tal vez tú los cierras? Acometo la reconstrucción -sinuosade dos, de ser uno, conjunción imposible de cariño crispado.


Acaba el día con el teléfono mudo, mi pulso ya tranquilo, el silencio me petrifica y el fósforo taladra el cerebro, cuando ya todo es inútil. Soy testigo absurdo del sacrificio perpetuo de la obligatoriedad anhelante, de querer, de quererte, todo o nada por siempre.


Oscila la llama al romper amarras buscando rumbos tras la deriva el timĂłn solitario y las corrientes abiertas las velas se lanzan o caen, desviando puertos, y si llega la calma chicha o embriagadora no estarĂŠ a merced del viento no estarĂŠ a la deriva.


Vuelve a esconderse el cielo mientras el verde gana al hierro, la reja. Se espanta la ilusi贸n, entretanto, y el recuerdo molido, solidifica mi cerebro, el aleluya desafinado y est茅ril es remanso formando remolinos.


He llegado al litro lleno, repleto, sobrecargado, pero no he acabado, quiero, recuerdo, destrozo. Cuando ya las horas son inĂştiles, las palabras cascajo, y tus ojos se funden, en la aridez, como un lagarto.


Hace un año hiciste un año y también me hiciste daño. Cuando hagas el próximo año espero haber olvidado el día, incluso el año.

(bis)


P. S. Por razones de destino o azar, de la misma manera que una vez apurado el litro, al recoger, descubrimos ese “culín” que puede saber a gloria, 37 (bis) quedó acurrucado entre tinta y pixel para aparecer enriqueciendo el gusto. rafa


Terminado un 14 de cuan d o la Re p Ăşb li ca


abril de 1 9 8 8 e n M a d r i d , es ya s贸l o un re cu e rd o.


PUEDE RUGIR, SEÑORÍA Gritar de miedo, llorar, pedir ayuda, llamar en general —todo eso aquí se llama “rugir”. En Siberia no sólo rugen los osos, sino también los gorriones y los ratones. “El gato lo ha atrapado, y ruge” —dicen de un ratón. ANTON CHÉJOV (‘En Siberia’)


FELIPE ZAPICO Litro de Versos

Litro de versos  

Poemario de Felipe Zapico Alonso, con ilustraciones de Juan Rafael y prólogo de Eloisa Otero

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