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FELIPE ZAPICO ALONSO. León (1960). En el instituto ganó un concurso de relatos dotado con 2.500 pesetas por esas fechas publicó su primer poema en la revista Diente de León. Preocupado por los comentarios en el barrio ocultó sus veleidades literarias durante un par de décadas, dedicándose entre tanto a ejercer de limpia cristales, jefe de sala de bingo, montador de plazas de toros portátiles, estanquero, camarero, mozo de espadas, manager de grupos musicales, gestor cultural, actor, fotógrafo, bloguero y profesor universitario. En 1983 formó Deicidas, a lo que dedicó su vida hasta el año 1993, con varios discos y múltiples actuaciones. En julio de 2008 se publica su libro de poesía Tragos en la colección Traviesas de Poesía. En diciembre de 2009 se edita Litro de versos, en Eolas. En el años 2010 participa en el libro de relatos Simpatía por el relato. Ha colaborado con El Casco y en Vinalia Trippers. Ha recitado sus poemas en múltiples bares, librerías e incluso bibliotecas. Como desobediente compulsivo se encuentra en estado de indignación permanente.


BALANCES PARCIALES Felipe Zapico Alonso Ilustrado por Javier Zabala


BALANCES PARCIALES © De los textos, Felipe Zapico Alonso © De las ilustraciones, Javier Zabala Colección Seinne Todos los derechos reservados © 2011, EOLAS Ediciones Librería Universitaria León 1980, S.L.L. Gran Vía de San Marcos, 3 24001 León info@universitarialibros.com www.universitarialibros.com Director editorial: Héctor Escobar ISBN: 978-84-938666-5-5 Depósito Legal: LE-1304-2011 Diseño de cubierta: Javier Zabala Imprime: Gráficas ALSE LEÓN info@ale.com.es


Pr贸logo


“Cuando ya nadie ama, / por cansancio / o temor a la catástrofe / me hago la VI, / con lluvia y su luna, / hasta el mar”. Así comienza Felipe Zapico su nuevo poemario Balances Parciales. Seguramente los demás no amen porque estén agotados o tengan miedo, pero Zapi se pone en marcha, no se queda de brazos cruzados; el peligro está ahí, como la noche y la lluvia que dificultan la conducción. Sin embargo, no es su condición esperar a que escampe, dejar que todo siga su curso y el tiempo haga su trabajo; Zapico inicia el camino (o, mejor dicho, lo prosigue, que nunca ha dejado de hacerlo) y se enfrenta a la adversidad a golpe de verso, a base de respiración y de piel, sin solución de continuidad. Tuve el honor de presentarle a mi amigo Zapi su Litro de Versos y entre las muchas sandeces que sin duda dije hubo algo que le gustó, pero es que él es así de generoso incluso con los que no son su gente: en aquella ocasión me atreví a comparar su Litro… con uno de tequila, aguardiente que se toma a tragos cortos, aunque contundentes, como son para mí los poemas que destiló en ese libro, algunos de los cuales considero entre los mejores “aforismos” jamás escritos, certeros, precisos, totales: hasta un Cioran habría dado lo que fuera por firmar alguno de ellos. Y volviendo al tequila, hay que recordar que se toma con sal y limón, sal que escuece en las heridas, como dice mi querida Raquel Zarazaga en uno de sus poemas, pero las cicatriza, y limón cuya acidez desinfecta, aunque nos haga torcer el gesto. Para mí que en estos Balances Parciales Zapico tampoco puede olvidarse de la ironía, ni de la acidez: es un hombre que se posiciona ante la vida con valentía y honestidad y eso le ha procurado, no cabe duda, más tragos amargos que dulces… Pero, y aunque le/nos pese, no nos engañemos, Zapico, por muy deicida que sea, ya va teniendo una edad; a lo mejor por eso, y aunque sea “parcialmente” (¡faltaría más!), en este poemario un elemento irrumpe tímidamente como un nuevo gran descubrimiento que mi querido poeta de guardia parece haber hecho recientemente y que, por mucho que intente camuflarlo entre lo que han sido las constantes de su obra, me cuesta creer que vaya a desaparecer: la ternura ha llegado para quedarse, para nuestra fortuna como lectores que disfrutamos de su enorme talento poético y como amigos que queremos a este gran hombre, aunque tanto él como nosotros lo disimulemos 6


lo mejor que sabemos, que no es mucho, porque los tiempos para la lírica, para la belleza y para eso que nadie sabe muy bien qué es, el amor, siguen siendo tan malos como lo han sido siempre. Ni su fuerza ni su voluntad se han resentido un ápice, nadie puede negar que está hecho un chaval a la hora de la crítica inteligente, del compromiso, de la lucha, y muchos somos testigos diarios de cómo sus ganas, y a veces también, sus dardos, nos hacen reaccionar y tiran de nosotros. En Balances Parciales no ceja en “denunciar” (a) aquello(s) que lo defrauda(n) o lo ha(n) abandonado: en versos como “cuando

el calor es tremendo / y el dolor muy pequeño / amaneces tan lejos / que ya ni te necesito”, o “a veces el recuerdo me parte” podemos observar lo duro que le pueden resultar el

desengaño o la ausencia y cómo no puede reprimir la pulsión de manifestarlo claramente, de “cantarle las verdades al lucero del alba” si se tercia. Pero también denuncia cómo la sociedad, el mundo, este viejo imperio de occidente caduco, mercantilista e inresurrecto nos ha hecho pasar por el aro, queramos o no, y nos ha desubicado de nosotros mismos: genial ese poema “el músico de jazz / crió chepa / de tanto agacharse / para hablar / por el micro del saxo”, magnífica metáfora de cómo incluso lo más inclasificable, lo más libre, el mismísimo jazz, agacha la cerviz y se pliega a los usos más mundanos. Cruelmente reales y sangrantes las descripciones de esas putas baratas “de senos machitos / y cosenos inexistentes” y de esos “hombres escasos / de bolsa / mente / y de imaginación castrada”, protagonistas de uno de los poemas de La Frontiera. Y, por supuesto, alguien como él tampoco se conforma con lo que puede ser su propia “inactividad”, su falta de respuesta, y aboga, entonces, por la “Insumisión

de mí mismo. / La tristeza / se apaga con bicarbonato, / eso sí, sódico”, NaHCO3, sal que entre sus componentes incluye

el sodio, igual que lo hace el hidróxido NaOH, más conocido como sosa cáustica, tanto como puede ser su humor cuando en uno de los poemas de Tragos describe una situación que no por familiar nos resulta “lógica”: “Estalló un vaso a nuestros

pies / dos bofetadas sirvieron para educarle / las mujeres me admiraron esa noche / pero durmieron con los hombres /que se habían quedado quietos, / muy quietos”.

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Pero al hacer “balance” es este momento encuentro, como decía antes, que la ternura ha surgido y en el caso de Zapico no lo considero, en absoluto, signo de debilidad. No le va a hacer prescindir de la ironía: quien tema que esto pueda ocurrir que se deleite con las Hojas Volanderas de este poemario, como la que dice “Si dictamino tajantemente / sobre los contenidos de tu

pregunta / tal vez acierte / volviéndome mudo, / invidente / y tal vez manco / para que no me cojas más la mano.” Mi abuela decía,

con toda la sabiduría y la humildad del pueblo llano apenas leído y escasamente escrito, que no hablaba por no pecar, pero Zapi aquí “peca” (¡Maldito deicida! Yo te bendigo) de genial sarcasmo enmudeciendo, cegándose e incluso quedándose tullido con tal de dejar bien claro a su interlocutor lo anodinos, cuando no estúpidos, que son sus torpes argumentos. Y quien crea que la retranca, incluso la que se autodedica con tanto esmero, pueda desvanecerse por esa súbita y tímida aparición de la ternura que repase esa otra “octavilla” que pregona “Una

palabra amarilla cayó de tu boca / y tras quitarte las bragas / comenzaste a pensar en otro / y tus jadeos sonaron bonitos, / poco antes del atardecer.”: ni después de haber ligado y de

haberse llevado al huerto a una muchacha se da una tregua este hombre… Normal, por otro lado; si a alguien le enamoran por igual los cabellos, la sonrisa, las malvadas ocurrencias, el cúter, el taladro y la lijadora, y los hombros y el culo de una mujer está claro que debemos olvidarnos de cualquier temor a que nuestro admirado “tipo duro” pierda su esencia. No obstante, y después de haber tratado de convencer al amable lector que haya tenido la gentileza de llegar hasta este punto del prólogo de que tenemos garantizado que este epígono de Bukowski y de otros malditos y beatniks seguirá en plena forma muchos años, ya no puedo soslayar por más tiempo hablar de la ternura que me ha conmovido en este poemario de Zapico. Quizás con citar un ejemplo sería suficiente, tal es su grandeza y hondura. En uno de los poemas más descriptivos y sensoriales de La Frontiera, después de hacernos sentir el deseo inocuo, de llenar nuestros ojos de niñas desvirgadas, de hacernos oler a frito y de obligarnos a tragar el veneno de la polla nos sorprende con una imagen austeramente bella: “y

la luna imperceptible / no testifica / sino / la presencia de esos viejos / cogidos de la mano.” 8


Este Felipe Zapico ya no se parece tanto al Clint Eastwood de

Harry el Sucio y nos recuerda más al de Gran Torino. Pero si empecé este prólogo hablando de lo que me parecía una declaración de intenciones del autor, el poema que cierra este magnífico Balances Parciales me parece aún mejor evidencia de este proyecto de transformación del autor, que “… en la claridad de la noche / busca abrazos, reparte

risas, / por no llorar desconsolado / la combustión de su vida”. Como decía Aute, a Zapi le bastan solamente dos o

tres segundos de ternura, que son los que nos regala en este momento de su vida, en este tiempo de hacer balance, de extraer un par de conclusiones y de seguir camino con la serenidad y la sabiduría que poco a poco nos van dando las canas y las arrugas. A nosotros nos corresponde saborearlos y deleitarnos con todo ello; no creo que haya mejor manera de abrazar a este (cada día más) magnífico poeta pero, sobre todo, cada minuto que pasa mejor persona. Arantxa Oteo Ugarte

PS. Esta aprendiz de poeta deicida tiene, sin embargo, que pedir perdón a Javier Zabala, por haber sido tan desconsiderada de no mencionar siquiera su generosidad al regalarnos a todos (no sólo a Zapico) las fantásticas ilustraciones que más que acompañar los textos les dan vida y sentido. A veces recitan soledades; otras, algarabías, igual que esos (más escasos de lo que nos gustaría) juguetones versos de Zapi que de vez en cuando nos sorprenden tan agradablemente. La obra de Zabala para este poemario es algo así como el documento plástico del ser vivo en delicado e imperfecto equilibrio, la mejor instantánea del lema que, aquí lo digo públicamente sin temor a las consecuencias, robo a Zapico para hacerlo mío: “sin pasión, sin dolor, ¡cómo te aburres!”. Zabala y Zapico, la (doble) marca del Zorro, nos traspasan el alma sin remedio: todos nos congratulamos y yo, además, me regocijo. 9


Notebook


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Cuando ya nadie ama, por cansancio o temor a la cat谩strofe me hago la VI, con lluvia y sin luna, hasta el mar. La noche se diluye con el sol oriente. Y las pastillas producen su ansia, cuando ya necesito otro trago s贸lo un tap贸n de whisky.

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La noche me invade me ataca me lanza a la bĂşsqueda del bĂĄlsamo que ciegue mi ansia.

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Amarillea la noche mientras derramo la vida y mi dentadura perfecta no sabe de ti. Cientos de gatos negros auguran el final interminable cuando la lluvia fina apaga el viento de verano.

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JAVIER ZABALA (León, 1962). Ha publicado más de 70 libros, de algunos de los cuales también es el autor del texto. Su obra ha sido expuesta, además de en España, en países tan diversos como Italia, Irán, EEUU, México, Israel, etc Algunos de los reconocimientos a su trabajo han sido: - Premio Nacional de Ilustración 2005, Mención de Honor de la Feria internacional del Libro de Bolonia 2005 y 2008, Premio a los Mejores Libros para Niños y Jóvenes del Banco del Libro de Venezuela 2009, Premio Junceda Iberia 2010, Candidato español al Premio Andersen de Ilustración 2012. Ha impartido cursos, talleres y conferencias en España, México, Irán, Ecuador, Colombia… Es profesor en el Master de Ilustración y los Cursos Internacionales de Verano de la Universidad de Macerata. Italia, así como de los Cursos de Otoño de la “Scuola Internazionale d’Illustrazione”, Sàrmede, Italia Y sobretodo, desde hace muchos años goza de la amistad de Zapi.


ISBN 978-84-938666-5-5

Balances Parciales  

Cubierta y 15 primeras páginas de Balances Parciales, poemario de Felipe Zapico Alonso, ilustrado por Javier Zabala con prólogo de Arantxa O...