Page 1

2陋 Edici贸n


FELIPE ZAPICO ALONSO. León (1960). En el instituto ganó un concurso de relatos dotado con 2.500 pesetas por esas fechas publicó su primer poema en la revista Diente de León. Preocupado por los comentarios en el barrio ocultó sus veleidades literarias durante un par de décadas, dedicándose entre tanto a ejercer de limpia cristales, jefe de sala de bingo, montador de plazas de toros portátiles, estanquero, camarero, mozo de espadas, manager de grupos musicales, gestor cultural, actor, fotógrafo, bloguero y profesor universitario. En 1983 formó Deicidas, a lo que dedicó su vida hasta el año 1993, con varios discos y múltiples actuaciones. En julio de 2008 se publica su libro de poesía Tragos en la colección Traviesas de Poesía. En diciembre de 2009 se edita Litro de versos, en Eolas. En el años 2010 participa en el libro de relatos Simpatía por el relato. Ha colaborado con El Casco y en Vinalia Trippers. Ha recitado sus poemas en múltiples bares, librerías e incluso bibliotecas. Como desobediente compulsivo se encuentra en estado de indignación permanente.


BALANCES PARCIALES Felipe Zapico Alonso Ilustrado por Javier Zabala


BALANCES PARCIALES © De los textos, Felipe Zapico Alonso © De las ilustraciones, Javier Zabala Diseño de cubierta: Javier Zabala Primera edición en Eolas bajo la dirección de Héctor Escobar


Pr贸logo


“Cuando ya nadie ama, / por cansancio / o temor a la catástrofe / me hago la VI, / con lluvia y su luna, / hasta el mar”. Así comienza Felipe Zapico su nuevo poemario Balances Parciales. Seguramente los demás no amen porque estén agotados o tengan miedo, pero Zapi se pone en marcha, no se queda de brazos cruzados; el peligro está ahí, como la noche y la lluvia que dificultan la conducción. Sin embargo, no es su condición esperar a que escampe, dejar que todo siga su curso y el tiempo haga su trabajo; Zapico inicia el camino (o, mejor dicho, lo prosigue, que nunca ha dejado de hacerlo) y se enfrenta a la adversidad a golpe de verso, a base de respiración y de piel, sin solución de continuidad. Tuve el honor de presentarle a mi amigo Zapi su Litro de Versos y entre las muchas sandeces que sin duda dije hubo algo que le gustó, pero es que él es así de generoso incluso con los que no son su gente: en aquella ocasión me atreví a comparar su Litro… con uno de tequila, aguardiente que se toma a tragos cortos, aunque contundentes, como son para mí los poemas que destiló en ese libro, algunos de los cuales considero entre los mejores “aforismos” jamás escritos, certeros, precisos, totales: hasta un Cioran habría dado lo que fuera por firmar alguno de ellos. Y volviendo al tequila, hay que recordar que se toma con sal y limón, sal que escuece en las heridas, como dice mi querida Raquel Zarazaga en uno de sus poemas, pero las cicatriza, y limón cuya acidez desinfecta, aunque nos haga torcer el gesto. Para mí que en estos Balances Parciales Zapico tampoco puede olvidarse de la ironía, ni de la acidez: es un hombre que se posiciona ante la vida con valentía y honestidad y eso le ha procurado, no cabe duda, más tragos amargos que dulces… Pero, y aunque le/nos pese, no nos engañemos, Zapico, por muy deicida que sea, ya va teniendo una edad; a lo mejor por eso, y aunque sea “parcialmente” (¡faltaría más!), en este poemario un elemento irrumpe tímidamente como un nuevo gran descubrimiento que mi querido poeta de guardia parece haber hecho recientemente y que, por mucho que intente camuflarlo entre lo que han sido las constantes de su obra, me cuesta creer que vaya a desaparecer: la ternura ha llegado para quedarse, para nuestra fortuna como lectores que disfrutamos de su enorme talento poético y como amigos que queremos a este gran hombre, aunque tanto él como nosotros lo disimulemos 6


lo mejor que sabemos, que no es mucho, porque los tiempos para la lírica, para la belleza y para eso que nadie sabe muy bien qué es, el amor, siguen siendo tan malos como lo han sido siempre. Ni su fuerza ni su voluntad se han resentido un ápice, nadie puede negar que está hecho un chaval a la hora de la crítica inteligente, del compromiso, de la lucha, y muchos somos testigos diarios de cómo sus ganas, y a veces también, sus dardos, nos hacen reaccionar y tiran de nosotros. En Balances Parciales no ceja en “denunciar” (a) aquello(s) que lo defrauda(n) o lo ha(n) abandonado: en versos como “cuando

el calor es tremendo / y el dolor muy pequeño / amaneces tan lejos / que ya ni te necesito”, o “a veces el recuerdo me parte” podemos observar lo duro que le pueden resultar el

desengaño o la ausencia y cómo no puede reprimir la pulsión de manifestarlo claramente, de “cantarle las verdades al lucero del alba” si se tercia. Pero también denuncia cómo la sociedad, el mundo, este viejo imperio de occidente caduco, mercantilista e inresurrecto nos ha hecho pasar por el aro, queramos o no, y nos ha desubicado de nosotros mismos: genial ese poema “el músico de jazz / crió chepa / de tanto agacharse / para hablar / por el micro del saxo”, magnífica metáfora de cómo incluso lo más inclasificable, lo más libre, el mismísimo jazz, agacha la cerviz y se pliega a los usos más mundanos. Cruelmente reales y sangrantes las descripciones de esas putas baratas “de senos machitos / y cosenos inexistentes” y de esos “hombres escasos / de bolsa / mente / y de imaginación castrada”, protagonistas de uno de los poemas de La Frontiera. Y, por supuesto, alguien como él tampoco se conforma con lo que puede ser su propia “inactividad”, su falta de respuesta, y aboga, entonces, por la “Insumisión

de mí mismo. / La tristeza / se apaga con bicarbonato, / eso sí, sódico”, NaHCO3, sal que entre sus componentes incluye

el sodio, igual que lo hace el hidróxido NaOH, más conocido como sosa cáustica, tanto como puede ser su humor cuando en uno de los poemas de Tragos describe una situación que no por familiar nos resulta “lógica”: “Estalló un vaso a nuestros

pies / dos bofetadas sirvieron para educarle / las mujeres me admiraron esa noche / pero durmieron con los hombres /que se habían quedado quietos, / muy quietos”.

7


Pero al hacer “balance” es este momento encuentro, como decía antes, que la ternura ha surgido y en el caso de Zapico no lo considero, en absoluto, signo de debilidad. No le va a hacer prescindir de la ironía: quien tema que esto pueda ocurrir que se deleite con las Hojas Volanderas de este poemario, como la que dice “Si dictamino tajantemente / sobre los contenidos de tu

pregunta / tal vez acierte / volviéndome mudo, / invidente / y tal vez manco / para que no me cojas más la mano.” Mi abuela decía,

con toda la sabiduría y la humildad del pueblo llano apenas leído y escasamente escrito, que no hablaba por no pecar, pero Zapi aquí “peca” (¡Maldito deicida! Yo te bendigo) de genial sarcasmo enmudeciendo, cegándose e incluso quedándose tullido con tal de dejar bien claro a su interlocutor lo anodinos, cuando no estúpidos, que son sus torpes argumentos. Y quien crea que la retranca, incluso la que se autodedica con tanto esmero, pueda desvanecerse por esa súbita y tímida aparición de la ternura que repase esa otra “octavilla” que pregona “Una

palabra amarilla cayó de tu boca / y tras quitarte las bragas / comenzaste a pensar en otro / y tus jadeos sonaron bonitos, / poco antes del atardecer.”: ni después de haber ligado y de

haberse llevado al huerto a una muchacha se da una tregua este hombre… Normal, por otro lado; si a alguien le enamoran por igual los cabellos, la sonrisa, las malvadas ocurrencias, el cúter, el taladro y la lijadora, y los hombros y el culo de una mujer está claro que debemos olvidarnos de cualquier temor a que nuestro admirado “tipo duro” pierda su esencia. No obstante, y después de haber tratado de convencer al amable lector que haya tenido la gentileza de llegar hasta este punto del prólogo de que tenemos garantizado que este epígono de Bukowski y de otros malditos y beatniks seguirá en plena forma muchos años, ya no puedo soslayar por más tiempo hablar de la ternura que me ha conmovido en este poemario de Zapico. Quizás con citar un ejemplo sería suficiente, tal es su grandeza y hondura. En uno de los poemas más descriptivos y sensoriales de La Frontiera, después de hacernos sentir el deseo inocuo, de llenar nuestros ojos de niñas desvirgadas, de hacernos oler a frito y de obligarnos a tragar el veneno de la polla nos sorprende con una imagen austeramente bella: “y

la luna imperceptible / no testifica / sino / la presencia de esos viejos / cogidos de la mano.” 8


Este Felipe Zapico ya no se parece tanto al Clint Eastwood de

Harry el Sucio y nos recuerda más al de Gran Torino. Pero si empecé este prólogo hablando de lo que me parecía una declaración de intenciones del autor, el poema que cierra este magnífico Balances Parciales me parece aún mejor evidencia de este proyecto de transformación del autor, que “… en la claridad de la noche / busca abrazos, reparte

risas, / por no llorar desconsolado / la combustión de su vida”. Como decía Aute, a Zapi le bastan solamente dos o

tres segundos de ternura, que son los que nos regala en este momento de su vida, en este tiempo de hacer balance, de extraer un par de conclusiones y de seguir camino con la serenidad y la sabiduría que poco a poco nos van dando las canas y las arrugas. A nosotros nos corresponde saborearlos y deleitarnos con todo ello; no creo que haya mejor manera de abrazar a este (cada día más) magnífico poeta pero, sobre todo, cada minuto que pasa mejor persona. Arantxa Oteo Ugarte

PS. Esta aprendiz de poeta deicida tiene, sin embargo, que pedir perdón a Javier Zabala, por haber sido tan desconsiderada de no mencionar siquiera su generosidad al regalarnos a todos (no sólo a Zapico) las fantásticas ilustraciones que más que acompañar los textos les dan vida y sentido. A veces recitan soledades; otras, algarabías, igual que esos (más escasos de lo que nos gustaría) juguetones versos de Zapi que de vez en cuando nos sorprenden tan agradablemente. La obra de Zabala para este poemario es algo así como el documento plástico del ser vivo en delicado e imperfecto equilibrio, la mejor instantánea del lema que, aquí lo digo públicamente sin temor a las consecuencias, robo a Zapico para hacerlo mío: “sin pasión, sin dolor, ¡cómo te aburres!”. Zabala y Zapico, la (doble) marca del Zorro, nos traspasan el alma sin remedio: todos nos congratulamos y yo, además, me regocijo. 9


Notebook


12


Cuando ya nadie ama, por cansancio o temor a la cat谩strofe me hago la VI, con lluvia y sin luna, hasta el mar. La noche se diluye con el sol oriente. Y las pastillas producen su ansia, cuando ya necesito otro trago s贸lo un tap贸n de whisky.

13


La noche me invade me ataca me lanza a la bĂşsqueda del bĂĄlsamo que ciegue mi ansia.

14


Amarillea la noche mientras derramo la vida y mi dentadura perfecta no sabe de ti. Cientos de gatos negros auguran el final interminable cuando la lluvia fina apaga el viento de verano.

15


Llegará el verano con su aspaviento pequeño disimulado la tarde se hará cadenciosa dramática insalvable.

16


17


En la ventana secas tu pelo al sol mientras lees. En invierno ya sería de noche y la escarcha enredaría tus cabellos rojizos ahora al sol y las estrellas te coronarían como una virgen como una mujer para los sueños.

18


Un trazo iris esfumรกndose en la borrasca, aguda y visceral, tormenta de primavera con fragor wagneriano y el iris amarillento se ha diluido entre el altozano y los รกrboles caducados.

19


20


Guerra de largas en la carretera larga, corta, posición. Acérquese al arcén y pare el motor. Guerra de largas en la frontera de la noche se ilumina la rasante y un destello deslumbrando entorpece los ojos al terminar el día cuando descarga la guerra de largas en la carretera.

21


Sesión de madrugada en un cine chiquitín. Plástico y espuma aquí no hay caricias sólo ojos fijos en los cetreros oídos para acentos georgianos. Sesión de madrugada al salir de la sala rostros circunspectos y sonrisas retratadas aquí es de noche y vulnerando lo cotidiano las farolas irrumpen con su silencio siseo de electrones.

22


Los ataúdes enfieltrados, en la noche clara, desconfían de labios trémulos y lenguas huidizas. Las colillas de tus ojos horadan, desde atrás, mi espalda chepa acumulada de desatinos, alumbre de pupilas encendidas simetría discontinua de amanecer en tus párpados móviles y clausurados.

23


24


Si ya no puedo andar de puntillas pues se me han roto los dedos de sigilosos. Si mis dedos se desgastan de acariciar el viento, meteoro de la ausencia. Si no distingo la luna de las estrellas pues tengo los ojos agotados de no verte. Si la soledad me vuelve invisible y los tulipanes se abren en la noche, ansiándote. La agonía de una luciérnaga oscurece el canto del pájaro de la madrugada un silbido imperceptible cuando los grillos ya no callan.

25


Habías sacado a pasear a tu perro y corrí desde las afueras para darte un beso. Mis ojos vidrio estallaron cuando el ascensor se llevó a tu perro te llevó a ti se llevó mi beso y yo, tonto de mí, me quedé sin ti me quedé sin beso menos mal que no me gustaba tu perro.

26


Cuando la noche acaba en tus ojos y yo velo tu ausencia hasta el alba casi sin mirarte si tu respiración se desvanece y tu sueño es un gruñido tiemblo por lo que nunca dijiste.

27


28


A veces el recuerdo me parte. Tu cabeza ya no duerme en mi brazo y esta mañana te añoré enorme, sábanas vacías y es que a veces el recuerdo me parte.

29


La noche inmensa testifica olor de mujeres frondosas ausentes intactas en mi alma vac铆a y si declino la caricia robada olvidando las por mi pedidas establezco el punto de uni贸n entre mi locura y mi mente podrida.

30


Si mi voz se mutila ante el receptor y tus ojos indagan un anuncio de pantys. Cuando una lรกgrima ahogue la tecla del 8 un pitido salvador indicarรก que el suplicio ha terminado, al menos el tuyo, por hoy. Maldita sea si suenan otros.

31


Cuando las apariencias nunca engañan y los rostros se ocultan ininterrumpidamente. Si se hurtan las miradas y las manos ya sólo sostienen tazas y cigarrillos, entonces las apariencias no engañan sólo te engaña la esperanza agotada.

32


33


Siempre hay culpas encaramadas de mi sexo siempre hay culpas para purgar deshaciendo entendidos tornando el color un aspaviento y siempre hay culpas. Entiendo... entendido.

34


Cuando el calor es tremendo y el dolor muy peque単o amaneces tan lejos que ya ni te necesito. 35


Es tan difícil querer al menos querer bien y es tan duro no querer sobre todo si hay olvido y debes recordar amigo mío que sin pasión, sin dolor, ¡cómo te aburres!

36


37


Puedo atravesar la naci贸n para darte un beso y pasar谩n las estaciones y cuando todo haya acabado podr茅 atravesar la naci贸n para darte un beso de regreso o tal vez de despedida.

38


Tras las puertas rotas y las escaleras sin peldaños aparecerá el lecho quejumbroso donde el óxido me cubre de orín. Y resonancias de voces apagadas y muertas de éxtasis me deslumbran que el silencio me marchita la luz me ciega y la ausencia de tus labios me turba más que el estallido de una traca de feria, una granada de prácticas.

39


El m煤sico de jazz cri贸 chepa de tanto agacharse para hablar por el micro del saxo.

40


41


Dos o tres veces me has besado como besa una mujer a un hombre. Dos o tres veces te has parado una te has asustado.

42


La ausencia se iba difuminando hasta concentrarse al final en un Ăşnico, mortal, punto. Justo allĂ­ donde tĂş tan bien sabes.

43


44


El cielo plano la mar calma un pintor de barcas desconchadas y tus labios sin besarme sin pronunciarme siquiera.

45


Acabado el curso y agotados los alquileres regresĂĄis torpes a la querencia del estĂ­o desesperante hasta un nuevo curso y volver a hablar de alquileres.

46


Qué quieta estaba la noche qué quieta y no había desesperanza tampoco había ilusión sólo noche quieta, sin luna y un perro ladrando lejos muy lejos tan lejos como estás tu.

47


48


La noche se iba estrechando sin incógnitas ya. Dentro del camión de la basura desaparecía la luna y las imitaciones brillaban por su ausencia, los cólicos acechaban cuando ya nada esperaba y la desgana me llenaba de apatía. Mis pies arrastrados indican oriente y ruge el camión de la basura.

49


50


La frontiera


La transmisi贸n de poderes de aquel cuerpo olvidado, al tuyo, se produjo sin incidentes de mayor relevancia; te entristeciste apurando la bocanada de labios y susurros y comenzamos a respirar desacompasados absurdos, limpios de polvo y paja, sin querellas hundiendo nuestras manos, con sus dedos, en el tibio abismo de experiencias encontradas.

52


53


El viento desliz贸 el cigarrillo de mis dedos mientras la luna se iba acostando al fondo. La nausea no prosper贸 y el p谩lpito se precipit贸 desde el frente.

54


Sombra tullida, sombra tullida y escamosa aparte de las farolas ĂĄrboles y buzones. Sombra deslucida aparta tu quietud de mis pies logarĂ­tmicos, ahora que el fondo de mi mirada acude al embuste de la luz.

55


CrujĂ­a suave la luna tras el pico bombeando un halo delgado y perpetuo. Llamas alejando nuestra mirada en el azul inmenso del alcohol perdido. Susurros de cigarras, luna recortando siluetas perdidas allĂ­ donde los ojos anidan extraviados ahogĂĄndose impertĂŠrritos solos y mudos inmensamente mudos.

56


57


Luna plena en cresta, crespón blanco, alboreando la noche, luciérnaga esperpéntica lenta, vertiginosa, musgo en la almohada al norte, profilaxis dental, silencio, pánico, no se rueda.

58


Luna blanca sin mácula venciendo al negro. Hostia pura hostia santa haz que me quiera Julia. Hostia puta puta santa que si no se me atraganta. Disparate de luna escaparate en tus ojos, yo soy diez, uno, ninguno. La hostia se ríe la luna me mira y tú piensas callándote.

59


60


Una mañana fui dios cáustico abrupto desperdigando a la noche. Tentado por tu cuerpo grosero encontré la perdición la recta final del caos controlado.

61


Cuando el aspaviento se hace perpetuo, desmenuzรกndose, imagino soluciones finales tremendas demoledoras.

62


Susurra el saxo y la tiza numera al detenido cuando tus labios, huidos de la boca, persiguen –impotentes–, aleteos que destellan. Y un clamor grosero anuncia la continuidad el vacío constante el ansia inconmensurable y permanente.

63


Si me deshabito incoherente y el 谩ngel de la guarda de las t贸rtolas se desmenuza sobre el campo de alfalfa, acaso deba pulcro solicitar la insumisi贸n de m铆 mismo, eco azulado y tumefacto.

64


65


Una luna llena persiguió a otra y ésta persiguió a aquélla y todas las lunas llenas se persiguieron intermitentes, lentas, seguras de ser múltiples sin reparar, bobas, en su unitaria monotonía.

66


Hay tantos folletos que no me dicen lo que quisiera saber y esas comidas r谩pidas para una muerte lenta; aunque con el est贸mago destrozado. La tristeza se apaga con bicarbonato, eso s铆, s贸dico.

67


Putas baratas para hombres escasos de bolsa esperanza y caricias. Putas baratas de senos marchitos y cosenos inexistentes. Hombres escasos de bolsa mente y de imaginaci贸n castrada.

68


69


Es ahora cuando el deseo es inocuo, la churrerĂ­a empieza a oler a frito, los mariquitas corren presurosos a casa de su madre y las niĂąas desvirgadas se enamoran de una polla envenenada y la luna imperceptible no testifica sino la presencia de esos viejos cogidos de la mano.

70


La libreta de urgencias se ha convertido en billetero, almacén de teléfonos inútiles y críticas musicales adversas. Y quiero a dos mujeres, tanto, que ya no las necesito.

71


72


Lentes ahumados esperando la próxima estación ojos abarrotados de miradas caídas y el esperma aprieta pero no ahoga, cuando la niebla amarilla me preocupa menos que deshacerme de ti que mientes verdades nocturnas. El alba nublado traerá la reparación.

73


Y se agotรณ hasta la frustraciรณn ya sรณlo quedaba ser feliz y las mariposas de purpurina nunca hicieron su agosto mรกs que contra el parabrisas de este automรณvil robado y tus ojos me terminan pero no me acaban.

74


Sonó el tercer aviso y volví a retirarme junto a la botella que es muda y no me lleva la contraria, hasta que se vacía, sonó el tercer aviso ¿o tal vez era el último?

75


Si se me rompen las palabras a la altura del segundo botón de la camisa y las caricias y las uñas son necesarias, tal vez, entonces, debería enturbiar la nomenclatura y de la claridad llamar a las cosas por su nombre y sobre todo quitármelo a mí.

76


77


Se rasga de continuo la hoja.

78


Me desperezo y la melancolía roza en el zapato mientras mi talón ya casi no quiere saber de ti de tus planes lejos de tu risa de mi ausencia paralela. Las gárgolas gimen y la vela ardió retardando de continuo el último aspaviento la filigrana del mutis cerrojazo a la ilusión.

79


Aliviando el disparate reforcé la rotura de ataduras y si ya no secas tu pelo mientras me afeito tal vez debería extender la llanura más allá del horizonte y la bañera hecha pedazos ya no enmascararía el dolor bajo mis cejas pobladas de salitre amarillento sin tu saliva.

80


81


El traficante de licor me susurra incesante los orines resbalan de sus ojos. Prefiero un surtido deshilachado la música permanece y ya el acelerador centellea ante molinos lunas y lágrimas ocultas al fondo de la nuca. La luz cegará y la diáspora agotará esfuerzos entonces el hojaldre de Alejandría deleitará mi boca rompiendo la gramática de tus acontecimientos.

82


Fraccionando las esferas he acumulado toneladas de serrín seráfico. Esfera tras esfera otra esfera y serrín, montañas de serrín, mis sienes repletas de serrín, vuela el serrín y tu humedad no viene a cortar su vuelo, ya nada caerá al suelo.

83


Cerré los ojos y vi destellos cerré los ojos y tú no estabas, abrí los labios y el silencio me abrasó, abrí la mente y lamenté haberlo hecho, no pude volver a cerrarla, y los labios quedaron tan tiesos que las arañas anidaron en ellos y el metal surgió en mis ojos el flúor drenó mis sienes acumulando fracciones de fracciones de segundo, segundo tras segundo silencio perpetuo tras el muro al decir adiós.

84


85


Investigo el sentido de tus manos duplicadas… plegarias inmóviles antología de caricias remotas, cercenadas. Desayuno en la cama, buenos días, flores congeladas revoltijo de saleros sin agujero, pizca de engaño, idolatría de la mentira, un muñón, un mendrugo, y el cielo vira y mi cabeza estalla.

86


Los mecánicos llevan gomina en el pelo, grasa en las manos, en el culo, los mecánicos reparan sin convicción mordiscos del tiempo, resbalones de la razón, además siempre aparentan creer que el desgarrón está trazado de forma irresoluble, y si mancillan algo con la cremallera, dicen que ellos no han sido.

87


Tragos


90


La noche fue un ladrido de perros; lenguas ásperas y gargantas roncas, ideas mudas apelotonadas junto a las cejas y el resquemor de un adiós rápido. La ropa ovillada a los pies del sofá inicia su llamada continua y martilleante; es entonces, cuando los barrenderos arrastran sus pies contra el alba y los pájaros comienzan a buscar las moscas, el momento de vomitar silencioso en cualquier rincón de la memoria.

91


Leve temblor de labios descubriendo tu dentadura perfecta, la lengua roza el canero, afilado de tantas noches de leves temblores de dentaduras perfectas. La noche llega a su fin la lengua se queda quieta descansa duerme tal vez seca, estรก seca.

92


Diría no hasta cincuenta y dos veces. Y las letras del tesoro serían mi lecho nupcial en vehículos importados te gozaría las suites más barrocas me verían desayunar tras tu desmayo. Diría no hasta cincuenta y dos veces si tú, tal vez, me preguntas.

93


94


El peralte se acentĂşa y los abrazos ruedan desmembrados a la cuneta aĂşn por desbrozar repleta de maleza, turbios adioses y un reluciente tapacubos.

95


Se rompe la red y entre mis dedos tus cabellos caen al vacĂ­o, la longitud del infinito establece la distancia que separa mis labios de la red rota inĂştil culpable, al fin.

96


Recorre la yema de mi dedo Ă­ndice la geografĂ­a de ausencias, al cabo de un rato aburrido la yema de mi dedo Ă­ndice hurga en mi nariz.

97


98


Estall贸 un vaso a nuestros pies dos bofetadas sirvieron para educarle las mujeres me admiraron esa noche pero durmieron con los hombres que se hab铆an quedado quietos muy quietos.

99


Descubro entre el ruido la lentitud de tu mirada y la noche progresa al compĂĄs de Harlem Nocturno cuando el saxo calla la lentitud de tu mirada, seguida de tu hermoso culo se ahoga entre los hielos de mi penĂşltima copa.

100


Racimos de dientes ante mi lengua y corre la espuma de la cerveza sobre la barra dejando ese cerco con el que juguetear contra la madrugada.

101


102


Trepidaci贸n de guitarras distorsionadas en las mentes nubladas de deseo y miseria trepidaci贸n 煤ltima justo antes de vestirte cuando el sol indica la hora de dormir cuando ya fue tarde para haberte ido con quien no quiso.

103


Corre el turno la chica de moda hoy es la noche anunciada elegirรก un nuevo hombre a quien volver loco ante las puertas del bar se apelotona la multitud al final ella se marcharรก los hombres usados se agarrarรกn, cabizbajos, a su copa infinita.

104


Tomé algunos sedantes en aquella época, agoté las reservas de alcohol y también, creo recordar, no podía olvidarte.

105


106


Removiendo en los recuerdos aparecen de pronto unos pechos sin rostro varias sonrisas huidizas tres o cuatro arrebatos y el Gato con Botas.

107


No tuve ocasión de decirte adiós en realidad nunca llegué a hablar contigo pero quiero que sepas ahora que soy mayor que si te vuelvo a ver te diré adiós morderé tus labios mientras te desmayas entre mis brazos y me iré sin decirte adiós.

108


Te ruboricĂŠ insolente mirĂĄndote desde mi esquina. Mientras mis piernas tiemblan ocultas tras la barra, me hubiera gustado hablarte decirte que me gustabas pero tu rubor me encendĂ­a me encantaba.

109


110


Trago tras trago fui engullendo la bilis de las tragedias diarias de las noches trรกgicas en las que hacer que trago tras trago esperar un abrazo un susurro tal vez un beso.

111


Huyendo cada noche de mí di los rodeos más extraños llegando siempre sin remedio, casi siempre crispado, adonde había prometido no volver.

112


113


Hojas volanderas

115


116


Dolor de cabeza de las 5,30 a.m. Un insecto martilleó en las sienes a las 5,30 a.m., acabo de comer un plato de garbanzos y el boceto del negro está verde. El ligero olor a mandarinas engullidas, por él, diluye el humo rubio y la tos y el moco, enredándose en mis uñas, incitan –de golpe– a mi miopía, a perderse en las orillas, de mi bolsa de agua; fría, del amanecer del dolor de cabeza.

117


Escarabajo pelotero (Escrito para enviar a Rosa de sanatorio) Obtuso el ástil, de retama adornado como un rehilete, –un remedio de mi abuela– y ese inquebrantable picor de huevos –más bien de las pelotillas adheridas– recuerdo de la zorra de mi novia. Añoro, cuando me rasco, mi exquisito garapullo de chapero vocacional.

118


Fue entonces el tiempo de los diptongos de los espacios intermedios y los paseos apresurados. Fue cuando las larvas horadaron y algún discípulo sucumbió (víctima de alguna mujer) y las miradas espesas no encontraron sosiego. Fue, ahora, la última caída de hoja, un hilván colgando del bastidor y una mordaza en las sienes.

119


Una palabra amarilla cay贸 de tu boca y tras quitarte las bragas comenzaste a pensar en otro y tus jadeos sonaron bonitos, poco antes del atardecer.

120


121


Recuerdo de una tarde pacense Cantaron hasta bien entrada la noche. Dos viejos jipis dos viejos guiris. Un hombre y una mujer cantando canciones de amor hasta bien entrada la noche.

122


He cursado enseñanzas no regladas acerca de las definiciones estéticas. He aconsejado a diversos vagabundos sobre su triunfo en los negocios. He subsanado errores de bulto en los paquetes. He recorrido más de una milla sin poder decirlo en quilómetros. He sulfatado las ideas mohosas de varios filósofos, muertos, y los capullos se han abierto desparramando lindos gusanos. He recreado, en fin, dos o tres películas viradas, un par de jaulas de canarios, cinco neumáticos recauchutados; renunciado por ello a la presidencia del círculo católico de mi ciudad.

123


124


Si dictamino tajantemente sobre los contenidos de tu pregunta tal vez acierte volviĂŠndome mudo, invidente y tal vez manco para que no me cojas mĂĄs la mano.

125


Preferiría tragar sapos, si éstos estuviesen condimentados, o tal vez sería mejor dar una vuelta por los rincones y afilar los lapiceros mientras una samba agitase mis miembros inferiores, sin embargo me iré a tomar el té a una casa en la que nunca te ofrecen pastas.

126


Sobreseyendo las rupturas e intimidaciones permanezco, impertérrito, ante la avalancha de traiciones, abandonos, irresponsabilidades… Ojeo los periódicos atrasados buscando una nueva causa por la que luchar cada mañana. La avalancha es tan pretenciosa que el fracaso no se me ocurre me atrapa.

127


Poemas sĂşbitos

129


130


Se me deshace el alma enamorada mientras me terminas y mi sexo rebosa esclavitud desesperada cuando la espuma de tu boca me ahoga inerte y la luna alumbra tus senos, tus gemidos, tus besos torbellino. Se me rompen los dedos al mirarte y tu aliento cautiva mis caricias cuando yaces desnuda y medio rota yo no puedo escapar al cautiverio. Tus cabellos, tu sonrisa, tus malvadas ocurrencias y tu cĂşter, tu taladro y lijadora con tus hombros y tu culo me enamoran.

131


Tal vez me guste la carne muy hecha para olvidar que una vez estuvo viva, y la angustia de un chillido de lechuga se apague con un cubierto portugués si las sombras no me dicen nada oscuro y la luz de la razón me desazona es tal vez que la vida no funciona cuando el grito de un muñeco me estremece y la cuenta de su banco está en menos si amanece y está oscuro y tus cejas me iluminan es entonces, sólo entonces cuando rompo la baraja y cojo el tren.

132


Si no encuentro una gota de lejía y la pena no se borra con jabón gasolina con clorato en botella de coñac convexo y convicto un trapito en llamaradas una zona nacional y la nómina estandarte discreción asegurada no me escuches que te lío diccionario de trucos del poder.

133


134


Recuerdo de una noche en la que no estaba Borrachos, rotos y sucios tres hombres deambulan entre los destellos de la noche. Un isocarro asmático se refleja sobre el asfalto mojado y un portero escruta tras los barrotes. Tres boinas casposas, un vómito y una farmacia enrejada. Las palomas agazapadas gruñen en su sueño. Un hombre se viste cansinamente mientras ella yace desmadejada. Mientras los gatos exploran, una anciana apoyada en un cristal amasa la memoria. Una monja arrastra su cartera saliendo del sanatorio, el sereno dormita en el pasaje, y entre ajuares marchitados se ignoran aquéllos que tanto se quisieron.

135


La luz de la reserva emite su …---… cuando ya mis dedos se desmenuzan en el recuerdo de su cabello y un hombre duerme junto a un semáforo bizco tumbado sobre las baldosas de diseño angular, las luces rojas se adueñan de la ciudad cuando el amanecer es aún un mal recuerdo.

136


Un garfio en la garganta y un gato maullando desafinado junto a un clamor de clĂĄxones y pitidos digitales, una mueca de quizĂĄ, de por quĂŠ, si tal vez, y es entonces cuando tal vez clave el cuchillo entre sus omoplatos blanquecinos.

137


Un pez en tu lengua y un rastro de moras en tus labios la tarde cae at贸nita ante el avasallamiento de los reflectores el martillo golpea la ventana y 茅sta se queja agudamente. No escuchar谩n tus gritos esta noche porque mi pasi贸n ha derivado a las certezas.

138


139


140


Turbado, acostumbrado, ruborizado, establezco la distancia pormenorizadamente; una mirada furtiva, una caricia amputada, un beso subcut谩neo y esa tranquilidad explosiva del cobarde, no osado, indiferente de mentiras, que en la claridad de la noche, busca abrazos, reparte risas, por no llorar desconsolado la combusti贸n de su vida.

141


Índice Prólogo ............................................................................... 5 Notebook .......................................................................... 11 La frontiera ............................................................... 51 Tragos .............................................................................. 89 Hojas volanderas ........................................................... 115 Poemas súbitos ............................................................... 128


JAVIER ZABALA (León, 1962). Ha publicado más de 70 libros, de algunos de los cuales también es el autor del texto. Su obra ha sido expuesta, además de en España, en países tan diversos como Italia, Irán, EEUU, México, Israel, etc Algunos de los reconocimientos a su trabajo han sido: - Premio Nacional de Ilustración 2005, Mención de Honor de la Feria internacional del Libro de Bolonia 2005 y 2008, Premio a los Mejores Libros para Niños y Jóvenes del Banco del Libro de Venezuela 2009, Premio Junceda Iberia 2010, Candidato español al Premio Andersen de Ilustración 2012. Ha impartido cursos, talleres y conferencias en España, México, Irán, Ecuador, Colombia… Es profesor en el Master de Ilustración y los Cursos Internacionales de Verano de la Universidad de Macerata. Italia Italia,, así como de los Cursos de Otoño de la “Scuola “Scuola Internazionale d’Illustrazione”, d’Illustrazione ”, Sàrmede, Italia Y sobretodo, desde hace muchos años añ goza de la amistad de Zapi.


Balances parciales 2ª ed. de Felipe Zapico Alonso, ilustrado por Javier Zabala  

Balances parciales 2ª edición, de Felipe Zapico Alonso, ilustrado por Javier Zabala, con prólogo de Arantxa Oteo

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you