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Efrén Martín, gerente de

y profesor de la Universidad de Deusto www.fvmartin.net

Foto: Baharri

Érase un labrador que vivía siempre feliz. Nada lo desanimaba. Sus amigos envidiaban su actitud despreocupada pero comentaban que, teniéndolo todo, no tenía ningún motivo para estar triste. Decían: - "Esperemos a que la calamidad se atraviese en su camino, ¡entonces veremos la diferencia!" Pero estaban equivocados. Cuando una crecida del río acabó con su cosecha, el labrador declaró: - "Todo está bien. Coseché más de lo que era necesario el año anterior. Ahora tendré tiempo para el ocio y podré disfrutar de mi familia". Y cuando el fuego destruyó su casa, él comentó: - "Todo esta bien, esta casa ya era vieja, construiré una mucho mejor". (A. desconocido)

Una de las mayores causas de sufrimiento humano surge del deseo de que las cosas sean de forma diferente a lo que son. Hay 4 etapas de negación de la realidad que son 4 posadas en el infierno del sufrimiento personal, antes de ver la luz de una salida: Incredulidad: Dos pensamientos irracionales muy arraigados en nuestra mente son: 1) suponer que, a nosotros, no nos pasará nada malo y 2) que lo que deseamos seguro que pasará. Nada más falso. La vida es una caja de sorpresas, con riesgo e incertidumbre incluidos.

Y cuando lo inesperado ocurre, ¡no nos lo podemos creer! No es bueno ser crédulo, pero tampoco incrédulo. Lo que pasó, pasó, y cuanto antes lo asumamos antes lo superaremos; porque no se trata de caer en el simple conformismo, sino en una aceptación del presente que sirva para mejorar el futuro. O perderemos demasiado tiempo en éste y los siguientes apeaderos. Enfado: La segunda reacción es buscar activamente culpables. Sirve cualquiera que estuviera cerca en el momento de los hechos por cuya causa estamos sufriendo. En este estado surge la ira, el deseo de justa venganza; un horno emocional que consume la energía, inteligencia y esperanza de quien lo enciende. Nostalgia: Cuando la sangre se enfría, miramos atrás y vemos que todo pasado fue mejor. Nos arrepentimos de lo hecho, nos lamentamos de nuestra mala suerte e insistimos en volver atrás. Pero nadie puede volver atrás. La queja es el deporte nacional, que impide mirar hacia delante. Tristeza: Tras agotar toda la energía en tan largo trayecto nos desfondamos y por fin sentimos la pérdida. Es precisamente en este tocar fondo, donde podemos empezar a recuperarnos. Cuando perdemos lo viejo es cuando podemos ganar lo nuevo. Surge así la aceptación y tras ella la esperanza, que de haber surgido antes nos habría evitado tanto sufrir por no querer sufrir. Un matrimonio suele atravesar 100 disgustos al año, siendo más importante que el número su habilidad para afrontarlos. Laboralmente los reveses son mucho más numerosos, puesto que nos pagan por resolver problemas: desviaciones entro lo que debería suceder y lo que en realidad sucede. L a s c o s a s n un c a s e r á n c o m o q u i e r e s , ¡aprende a querer las cosas como son!

Publicado en: Observatorio de Recursos Humanos y Relaciones Laborales, Nº 31, enero 2009

31-ACEPTACIÓN.enero.2009  

Publicado en: Observatorio de Recursos Humanos y Relaciones Laborales, Nº 31, enero 2009 Efrén Martín, gerente de Baharri y profesor de la U...

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