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Efrén Martín, gerente de

y profesor de la Universidad de Deusto www.fvmartin.net

“Dario, espantado, vio a Zopiro con la nariz mutilada, sin orejas y cubierto de heridas. -“¿Quién te ha puesto así?”, preguntó el rey. -“Yo mismo. Tus enemigos están encerrados en Babilonia y es necesario ocupar la ciudad. Yo me presentaré a ellos y diré que tú me has hecho mutilar a causa de unas rencillas. Me creerán y yo los convenceré para que me concedan el mando de su ejército para vengarme de ti. Me lo concederán y tengo planeada una emboscada con la que podrás tomar Babilonia sin esfuerzo”. Todo sucedió así, y un día preguntaron al rey: - ¿Cual es, de tus bienes, el que querrías que se multiplicase por cien? - “Zopiro”, fue la respuesta.

Foto: Baharri

(Carlos Fisas, Historias de la Historia)

Los criadores de animales buscan ejemplares de cuyo cruce surja una excelente camada. En nuestra vida se cruzan muchas personas y con algunas podemos alcanzar una complicidad tal, que de lugar a un excelente equipo, a una camada… social. Aunque dicen que quienes viven o trabajan juntas se parecen, el parecido es solo en lo mejor, si se aprecian. Si se odian

el parecido es en lo peor. Además, muchas personas viven y trabajan juntas pero no unidas; ni se aprecian ni se desprecian, son neutras. Tampoco así surge una camada. No se llega al ”nosotros” a base de sumar “yoes”. Un buen equipo no está compuesto por personas excepcionales, sino por personas normales que logran resultados excelentes, cuidando tres ingredientes que les tornan más amables: - Adaptar e integrar objetivos. Los intereses comunes nos unen y los distintos nos separan, salvo que los hagamos compatibles. Son muchas las empresas que se disuelven y los matrimonios que se divorcian porque partieron, desde un punto común de necesidad, hacia deseos diferentes; pero en el camino se perdieron o encontraron compañías que perseguían metas más estimulantes. ¿Cómo encontrar juntos el norte? estableciendo e integrando objetivos. - Coordinar papeles y obligaciones. El sentido de propiedad es básico en las personas y en el espacio social hay un terreno que no nos gusta que nadie nos pise: nuestro papel. No es grato que se metan en nuestros zapatos para sermonearnos, diciéndonos lo que debemos hacer o no. Podemos coordinarnos sin invadirnos. No es sensato encadenar a quienes están voluntariamente a nuestro lado, a quienes se ha de estimular a mayor grado de libertad y no al revés. - Compartir el resultado de los esfuerzos realizados. Hay que disfrutar juntos del éxito y apoyarse mutuamente tras la derrota. Seamos justos o tendremos que tirar solos del carro, tras crear rencor en el equipo: “A A veces sucede así en la vida: cuando son los caballos los que han trabajado, es el cochero el que recibe la propina”.

Publicado en: Observatorio de Recursos Humanos y Relaciones Laborales, Nº 38, septiembre 2009


38-CAMADAS-septiembre 2009