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Efrén Martín, gerente de

y profesor de la Universidad de Deusto www.fvmartin.net

Un acróbata y su aprendiz iban de pueblo en pueblo exhibiendo sus equilibrismos. Un día prepararon un número especial: El mayor colocaba sobre sus hombros una larga pértiga y el joven tenía que trepar por ella hasta quedarse suspendido al final con una mano. El aprendiz propuso al acróbata: - “Supongo que, para que todo vaya bien, lo mejor será que cuando estemos haciendo el número Ud. debe estar muy pendiente de mí y yo muy pendiente de Ud”. Pero el maestro le rectificó: - “No, así tendríamos, antes o después, un accidente. Para evitarlo debemos estar tú muy atento a ti y yo muy atento a mí”.

Foto: Baharri

Este cuento tibetano me recuerda el conocido efecto vaca mirando al tren: cada vez que hay un golpe en un carril de la autopista, poco más adelante lo hay en el otro, por el despiste de los que al pasar se fijan en aquel y pierden la atención de su conducción. Instalar mamparas que impidan la visión del otro carril, limitaría dicho efecto, al menos entre sentidos contrarios.

Podemos extrapolarlo también a otras situaciones que complican la convivencia:

Conviene no excederse en curiosear las opciones políticas, deportivas o religiosas contrarias a nuestras creencias; porque caemos en el inútil esfuerzo de intentar sacarles de su “error”; sin darnos cuenta – además- de que incurrimos en la actitud cerril que intentamos corregir. A nivel profesional, nuestros vendedores están demasiado “preocupados” por los problemas de fábrica, con lo que pueden descuidar la satisfacción del cliente. Han de estar informados, pero no distraídos de su meta. Por otro lado, la fábrica puede estar más pendiente de los errores de los comerciales que de lo que a ellos debía preocuparles en primer término: calidad, eficiencia, seguridad y medio ambiente. Igualmente podríamos aventurar que, quienes trabajamos en RR.HH., nos convertimos en tan críticos observadores de la conducta de los demás, que podemos llegar a hacernos odiar, como molestos curiosos que no hacen sino estorbar. Un joven me dijo una vez: “Yo soy muy feliz con mi mujer, porque ella se ha adaptado a mi y yo me he adaptado a ella”. Algo muy diferente a lo que intenta la mayoría: “tú te adaptas a mí y ya no hace falta que yo me adapte a ti”. En cualquier relación, no podemos prescindir de cómo se comportan los demás, pero esto no ha de ponerse en primer término, sino en segundo. De lo contrario, caemos en el empanamiento mental de las vacas que, sorprendidas, miran pasar el tren. Vive y ayuda a vivir, estando más atento a la corrección de tus actos que pendiente de lo que deben hacer los demás.

Publicado en: Observatorio de Recursos Humanos y Relaciones Laborales, Nº 13, mayo 2007

13-EFECTO VACA. mayo2007  

Publicado en: Observatorio de Recursos Humanos y Relaciones Laborales, Nº 13, mayo 2007 Efrén Martín, gerente de VViivvee yy aayyuuddaa aa v...

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