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Efrén Martín, gerente de

y profesor de la Universidad de Deusto www.fvmartin.net

Foto: Baharri

“Durante la era glacial, muchos animales morían por causa del frío. Los puercoespín, percibiendo esta situación, acordaron vivir en grupos; así se daban abrigo y se protegían mutuamente. Pero las espinas de cada uno herían a los vecinos más próximos, justamente a aquellos que le brindaban calor. Y por eso, se separaban unos de otros. Pero volvieron a sentir frío y tuvieron que tomar una decisión: o desaparecían de la faz de la tierra o aceptaban las espinas de sus vecinos. Con sabiduría, decidieron volver y vivir juntos. Aprendieron así a vivir con las pequeñas heridas que una relación muy cercana les podía ocasionar, porque lo realmente importante era el calor del otro. Y así sobrevivieron”. (Madeleine E. Belliard).

La perspectiva del cambio, crea en el ser humano serios conflictos internos y externos. Resulta difícil elegir entre: a) dos opciones positivas, b) dos negativas o -lo más común- c) entre alternativas que tienen dos polos que no se pueden disociar. Elijas lo que elijas, las consecuencias son negativas en los tres supuestos: a) pierdes algo bueno, b) te quedas con algo malo, c) has de asumir los dos extremos.

Según Orwell, se puede “mantener en la mente dos ideas opuestas en forma simultanea y aceptar las dos”. Pero, ¿qué hacen quienes no saben hacerlo? Ante el dilema de permanecer o cambiar, la reacción suele ser lamentarse, por dentro o por fuera, cayendo en el aislamiento o la violencia. Una u otra reacción depende de si puedes elegir libremente o no. Quienes son obligados a elegir, caen en el sentimiento de desamparo y victimismo, desarrollando la creencia de que sus esfuerzos no servirán para nada. Se tornan pesimistas y apáticos. Los que sí pueden elegir, pero no saben aceptar, tampoco quedan contentos. Sus dudas entre los beneficios y costes que toda alternativa implica, hacen que una vez elegida una deseen más la otra; cayendo en la exigencia y el cinismo. Hagan lo que hagan y se les de lo que se les de, siempre se arrepienten, porque siempre quieren más. Lo peor es el daño que se provoca en las relaciones sociales. Quien no asume su suerte con esperanza de mejora, pronto encuentra a quien echar la culpa de todo. Al proyectar fuera las frustraciones, el conflicto interno se vuelve externo y el proceso de cambio se torna tormento. Las reacciones emocionales de miedo e ira, conducen al ostracismo o la agresión, malogrando las oportunidades que todo cambio supone, porque los pasivos las desperdician y los activos las destruyen. En esta nueva era, de cambio acelerado y crecientemente conflictivo, podríamos aprender de los puercoespines y aceptar de buen grado los inconvenientes que toda convivencia implica, para disfrutar las ventajas que también conlleva. Asume el lado malo de lo bueno.

Publicado en: Observatorio de Recursos Humanos y Relaciones Laborales, Nº 9, enero 2007


9-ELEGIR.enero2007