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Efrén Martín, gerente de

y profesor de la Universidad de Deusto www.fvmartin.net

Foto: Baharri

“El dueño de una empresa gritó al administrador, porque los resultados no eran los previstos. El administrador llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de gastar demasiado, al verla con un vestido nuevo. La esposa gritó a la empleada porque rompió un plato. La empleada dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar. El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la vereda, porque obstaculizaba su salida por la puerta. Esa señora fue al hospital a vacunarse contra la rabia y gritó al joven médico porque le dolió cuando le aplicó la vacuna. El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado. La madre le acarició los cabellos diciéndole: -Hijo querido, mañana te haré tu comida favorita. Tú trabajas mucho. Estás cansado y necesitas de una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas para que descanses con tranquilidad. Mañana te sentirás mejor... Luego abandonó la habitación, dejándolo sólo con sus pensamientos... En ese momento, se interrumpió el círculo del enojo, porque chocó con la tolerancia, con el respeto y el perdón”. (Autor desconocido)

Nuestras reacciones emocionales son influidas por la presión de las circunstancias, que en gran medida están compuestas por el comportamiento de los demás hacia nosotros. Y como nosotros somos los demás para los demás, ellos también reaccionan ante nuestras conductas. Entramos así en una compartida y contagiosa rueda emocional. La salida no está en el exterior sino en el interior de cada persona; en nuestra capacidad de realizar un acto interno tan imperceptible como importante: cambiar la asociación situación–respuesta, cuando no es constructiva. ¿Quiénes pueden actuar como la madre del relato, frenando el giro emocional negativo y activando el positivo? Aquellos que son capaces de reír en medio de la penuria económica, de calmarse ante los problemas, y de no ofenderse por la crítica. No son locos, los locos son quienes no han aprendido –aún- a dominar sus emociones. Pruebe esta técnica de anclaje, basada en Ivan Pavlov: 1) Cuando experimente una fuerte emoción positiva, que quiera “atrapar” y revivir en el futuro, 2) elija un estímulo que forme parte de la situación -imagen, música, palabra, gesto, olor, sabor, sensación, etc.- y 3) prescinda de todo y concéntrese en asociar dicho estímulo con la emoción, mientras la siente con la máxima intensidad. 4) Una vez no basta, repita el proceso varias veces seguidas, muy rápido, para fortalecer la conexión entre emoción y estímulo. 5) En el futuro, para evitar que hechos o conductas ajenas le arrastren hacia emociones negativas, recuerde su imagen, música, palabra o repita su gesto o sensación. Activará la nueva conexión y volverá a sentir la emoción controlada. Se puede aprender a “cargar pilas” y salir de la rueda emocional negativa.

Publicado en: Observatorio de Recursos Humanos y Relaciones Laborales, Nº 14, junio 2007


14-LA RUEDA EMOCIONAL..junio2007