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El miedo


Boom, boom, boom. Y un repetido boom, boom. El corazón aún sigue haciendo su función, mientras que ella, lo único que puede hacer es estar sentada mientras mira su alrededor desde el balcón del medio de la ciudad. Oyendo los gritos de niños, las sirenas, sintiendo como su pelo se mueve de ahí para allá, los murmullos de la gente que pasa por la calle y, siempre, observando cómo sale y se pone el sol imaginándose que algún día, esa será ella, será esa luz de esperanza que se va pero que siempre vuelve aún más radiante que nunca. Siempre es lo mismo: mañana, tarde y noche, sin excepciones.


Coches en frente que parecen siempre los mismos y coches de desconocidos que pasan sin un rumbo fijo, árboles que fueron plantados antes de que ella naciera, con nidos de pájaros en él, y edificios que pocas veces cambian de vecinos o que cuando lo hacen, suelen ser los hijos de los mismos. Un parque dividido en dos, una parte para los perros, la más grande, y otra para los niños y niñas del vecindario, la más pequeña y con un simple tobogán. Las mismas tiendas que cierran, cambian de dueños, lo que provoca que se vuelvan a abrir, pero al cabo de poco, el dueño se cansa y ese local vuelve a estar cerrado, y así un continuo ciclo.


Recuerda que tampoco hace tanto que todo su mundo era al revés, el mundo giraba a su alrededor, ella era la dueña de su mundo, de sus amigos, de todo lo que ella querría, mientras que ahora, lo único que puede hacer, es observar aquello que le es inalcanzable. Antes, ella era esos niños que no se preocupaban de lo que la mañana siguiente tenían que hacer o no hacer, era una niña que quedaba en ese parque todas las tardes con todos sus amigos tanto del colegio como del vecindario, era una chica que tenía todo eso y más de lo que uno podía pedir, y ahora, ya no es ni eso ni nada más.


Lo único que puede ver son esas cosas porque está encerrada en un piso: con cuatro habitaciones, dos baños, una muñeca que le mira cada vez que se mueve, un estudio, con televisión, y con todo amueblado, todo igual como si fuese su casa sin serlo verdaderamente. Ve cómo la gente se mueve de un lado hacía otro por tal de no llegar tarde al lugar donde sus seres queridos los esperan o donde el trabajo les espera. Ve cómo todo se mueve, hasta la tierra, como todo sigue su curso, pero ella no, ella es una excepción en todo esto porque lleva ya más de una semana ahí encerrada sin que su familia ni amigos le vengan a visitar. Solo sabe que aún sige viva porque le llega una comida constante.


Pensó varias veces en tirarse por el balcón, como lo hizo ya hace una semana, pero siempre que llega a sentarse en la barandilla, con los pies volando, termina reflexionando sobre todo lo que le pasó y todo lo que dejó atrás. Si pudiese volver atrás intentaría volver a empezar todo lo que había dejado a medias, volvería a ser la persona que fue siempre en el fondo de su corazón pero que intentó ocultar por el miedo a ser dañada otra vez más.


También pediría perdón sin esperar una recompensa, viajaría, aceptaría sus castigos encantada, seguiría sus sueños hasta el fin del mundo sin dejar que nadie la derrumbase cuando no lo consiguiera, y lo más importante, le diría a todo el mundo lo mucho que los quiere sin el miedo al rechazo, solo con la ilusión y con el único pensamiento de que al menos lo ha intentado y no se ha quedado con la cuestión de siempre: ¿Qué hubiese pasado si…?


Si pudiese hubiera investigado todo lo que no le es inalcanzable o alcanzable, no hace falta que todo tenga que ser muy lejos, puede que las mejores cosas le pasen en el lugar que le es más cercano y no uno tan lejano. Si hubiese cambiado todo eso o hubiese hecho alguna de esas cosas, su mente hubiera sido al revés o sinceramente puede que hubiese sido igual que ahora, eso no lo puede saber, pero lo que sí sabe, es que no estaría ahora mismo en ese círculo vicioso una y otra vez sin poder salir de él.


Y sin enterarse de que ya se ha ido el sol, ese rayo de esperanza que siempre espera que le lleve algo bueno, ella sigue pensando en ese círculo vicioso que le tiene ocupada durante todos los días, semanas, meses, años…. en conclusión, durante toda la vida. Eso que sueña en su pequeña mente le hace estar como en un espiral, en un constante espiral que no le deja salir, y es en esos momentos cuando se para a pensar, es cuando se entera que está encerrada en su propia mente, que no puede huir de ella y que ella es quien la domina.


Y todo eso es lo que siempre piensa en su mente cuando no presta atenciĂłn al mundo que le rodea. Le gustarĂ­a hacer todas esas cosas, pero como todos sabemos, siempre hay esa cosa que le hace retroceder y que no le deja cumplir o seguir sus sueĂąos o objetivos por el miedo al fracaso, por el miedo a lo que la gente puede pensar de ella, o el miedo a, simplemente, al miedo... -Tu miedo termina cuando tu mente se da cuenta que es ella la que crea ese miedo.-

El miedo  
El miedo  
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