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ACCIÓN CIUDADANA TRIUNFA EN NOMBRE DE LAS ARTES FUTURO F. MONCADA

Cherán / Carlos Álvarez Montero Comuna trece, Medellín / Jesús Abad Colorado

A dos semanas de haber empezado el revuelo por la posible reubicación –o cierre- del proyecto de formación en artes Escuela Adolfo Prieto, para dar paso a las oficinas de la Secretaría de Desarrollo Social, se emitió una resolución oficial motivada por el uso de los conductos regulares: bastaron las manifestaciones artísticas en la parte exterior del edificio, las más de 4.000 firmas recabadas en una carta dirigida a las instancias pertinentes y la asistencia de las redes sociales como vías organizativas. El inmueble, que fuera utilizado como escuela por los hijos de los obreros de la ex-Fundidora entre 1926 y 1981, mantiene su vocación educativa y, de alguna manera, su base popular.

Otra suerte corrió el Antiguo Palacio Federal -primer edificio moderno construido en la ciudad-, el cual fue retirado, sin protestas, a las instituciones que hasta hace unos meses lo ocupaban, es decir, la Agencia de Desarrollo Urbano, la Corporación para el Desarrollo Turístico, las ya minimizadas oficinas de correos y, sobre todo, el Conarte, puesto que allí funcionaban sus oficinas directivas, una sala de exposiciones y una librería. En aquella ocasión, también de manera silenciosa, se pidió el edificio para que pasara a ser parte de la Secretaría de Obras Públicas. Cuando el común de la gente lo supo, ya la mudanza del Conarte se había hecho a la Torre Administrativa, un edificio reciente que cuenta con 36 pisos, donde funcionan las dependencias gubernamentales. La sala de exposiciones y la librería habían desaparecido, sin que se planteara, de manera pública, qué institución debería ocupar este Patrimonio Arquitectónico de la Nación.


A través de los medios impresos hubo comentarios del por qué se pretendía dar a la Secretaría de Desarrollo Social una sede tan visible dentro de las instalaciones del centro simbólico de la ciudad, el Parque Fundidora, planteándose el posible vínculo entre el titular de esta institución, Federico Vargas, y las elecciones a la gubernatura en 2015, como quiera que el actual gobernador, Rodrigo Medina, lo incluyó en su terna de aspirantes en septiembre pasado. Pues bien, Vargas, en compañía de un vocal de los gremios de artistas, el Director del Conarte y un representante del movimiento que surgió en defensa de la Escuela, declararon que el proyecto de arte continúa de la misma manera como se venía desarrollando, es decir, la cuerda se ha roto por la parte más débil: una decisión acomodada se revierte ante la manifestación ciudadana y, de este modo, todo el mundo se queda en su lugar y con la imagen a salvo. En las declaraciones dadas a la prensa, el director del Conarte, Katzir Meza, plantea que está por verse la sede de la librería que el Conarte perdió en el Edificio de Correos. También se aclaró que mediante acuerdo entre las dos instituciones se llevarán actividades culturales a los centros comunitarios del Estado: logros extraordinarios si se ven en perspectiva los hechos y la posible apatía del medio artístico y la ciudadanía en general, que bien pudo acatar este sospechoso procedimiento y abandonar el proyecto de formación en artes más importante de la ciudad. Ahora, el arte está abocado a hacer presencia social, debido a un juego de fuerzas inesperado entre las instituciones comprometidas. El mensaje implícito en este tipo de procesos es claro, la cultura no es una prioridad para la administración gubernativa, sin embargo, es importante guardar las formas y hacer uso de ella cuando sea necesario.

Aunque el director de Sedesol habló en nombre de Rodrigo Medina, ni éste, ni los funcionarios que hacen parte del Organismo Público Descentralizado Parque Fundidora aparecieron a lo largo de los hechos, a pesar de que sin su anuencia no hubiera sido posible dicho traslado. Sigue sin entenderse la manera como se toman las decisiones respecto a lo que sucede en el Parque Fundidora y qué tan convenientes son estas decisiones para la ciudadanía, teniendo en cuenta que el terreno de más de 1 millón de metros cuadrados fue donado por el Gobierno Federal –dueño de la siderúrgica paraestatal que allí funcionaba- al Gobierno del Estado en 1988, para convertirlo en un espacio público destinado a la preservación de la naturaleza y al desarrollo de la cultura. Hoy la tercera parte del mismo se encuentra concesionada y no se distingue propiamente por ser un pulmón para la ciudad debido a las amplias áreas que han sido construidas en su interior. Las formas de resistencia ciudadana, casi inexistentes en Monterrey, como resultado de la historia misma de la ciudad, se han reanimado con acciones sencillas como las que se vivieron en la Escuela Adolfo Prieto en estas dos semanas, las cuales, apegadas a las normas, han rendido frutos en la defensa de un espacio esencial para esta sociedad.


Acción ciudadana triunfa en nombre de las artes  

Las formas de resistencia ciudadana, casi inexistentes en Monterrey, como resultado de la historia misma de la ciudad, se han reanimado con...

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