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Hace muchos años atrás, existió un niño de 12 años que quería ser el mejor futbolista de la historia. Pero nadie lo apoyaba. Su entrenador decía que él era malo y que no servía para jugar futbol. El niño se lo creía todo y cuando jugaban a la pelota, el entrenador decía que mejor no jugara porque podría meter un auto gol o que a lo mejor le iba a dar una oportunidad de meter un gol al equipo contrario, etc. Pero eso no era lo peor, también su entrenador le decía que era malo porque el creía que diciéndole eso él iba a querer mejorar y así ser el mejor jugador de fútbol del colegio o del mundo. Cuando el niño regresaba a su casa, llegaba llorando porque no lo invitaban a un campeonato o a un partido. Los padres querían hacer una carta con todas las firmas de los apoderados que han tenido hijos maltratados física y sicológicamente por el entrenador del colegio, pero el niño no quería que sus Papás hablaran con el entrenador, por que así menos lo iba a considerar para los partidos. Los padres no hicieron caso al niño y hablaron con el jefe del entrenador quien les dijo que muchas personas habían reclamado sobre el entrenador, pero no podían despedirlo hasta contar con una carta con todas las firmas de los padres de los niños maltratados. Finalmente los padres del niño nunca hicieron la carta con las firmas, pero ingresaron al niño a otro club deportivo para que el niño se perfeccionara en el juego de la pelota y después taparle la boca al entrenador. El niño estaba muy nervioso en el primer día de clases de su nuevo club, porque no conocía a nadie y nadie lo miraba. Tampoco le daban pases en los partidos, pero cuando vieron su talento, lo aceptaron, le dieron pases y comprobaron que tenía capacidad para pasarlos a todos. El nuevo entrenador lo estimuló y felicitó, invitándolo a los futuros partidos del campeonato. A los 15 era un reconocido crack, siendo escogido para jugar en la selección chilena. Al final llegó a ser el capitán y goleador de todo el equipo, pero todavía le faltaban algunas cosas para completar su sueño. El reconocido jugador, acompañado de su nuevo entrenador; llego a ser un jugador profesional, participando en los equipos del Real Madrid, Barcelona, Manchester etc. En el año 1998 casi fue seleccionado como el mejor futbolista del mundo y tuvo que jugar contra un equipo que casualmente tenían al mejor del mundo como arma

secreta. Cuando empezó el partido el comentarista dijo: “la lleva Moreno (ese era el nombre del niño), se pasa a uno, se pasa a otro, le da el pase a Juan, Juan toca con Varela, Varela toca con Moreno, ahora Moreno y el mejor del mundo llamado Igor están cara a cara, Moreno decide pasárselo con un truco y con una notable acción se los pasó a todos”. Los jueces lo encontraron un jugador maravilloso, superior a muchos; Incluso a Igor. Al otro día del partido, le regalaron una copa que tenía escrita que debido a sus habilidades en el futbol, Moreno había cumplido su sueño y vivió en Europa feliz por siempre. 


Hace mucho tiempo existió un niño llamado Pablo. El estaba con su Mamá en el centro comercial y mientras estaban caminando, vieron algo espectacular. El niño se fijo en una tienda de deportes y dentro de una vitrina había una hermosa pelota de fútbol que tenía todas las cosas buenas que alguien se podría imaginar. Era bonita, de una excelente calidad, no se deformaba y además no era muy cara solo costaba $10.000 pesos. Pablo la quería tener a toda costa y le preguntó a su Mamá si podían volver mañana por la pelota, a lo que ella respondió que muy bien y que volverían mañana. Al otro día Pablito y su Mamá regresaron por la pelota pero también había otro niño que quería la misma pelota que Pablo. El estaba seguro que ansiaba más la pelota que el niño que estaba parado enfrente de su tan preciada pelota. Pablo tenia un plan muy hábil para que el niño no comprara la pelota antes que él. Vio otra pelota que no era tan bonita como la otra, pero igual muy llamativa, entonces cuando todo estaba en silencio Pablo gritó: Mamá cómprame esa pelota, cómprame esa pelota!!! Y cuando el niño escuchó que otra persona quería tanto esa pelota; era por que de seguro esa era la mejor y decidió que él se la iba a comprar. En medio de toda la confusión, Pablo se escurrió entre la gente y compró rápidamente la pelota que tanto quería. Al llegar a su casa, Pablo probó la pelota y al patearla salió disparada al ángulo superior derecho, con mucho efecto y fue un gol estupendo. El pensó que con esa habilidad podía ser un jugador profesional y decidió inscribirse en un equipo de fútbol profesional. En el debut jugaron con la pelota de Pablo, por lo que fue el mejor de todos. Daba pases excelentes y cuando tiraba los tiros libres, eran goles asegurados. En adelante, en cada campeonato, lo ponían de titular y a pesar de ser el jugador más joven de su equipo, era además el más popular. Siempre lo entrevistaban los canales de TV deportivos y llevaba una vida de lujo. Cuando Pablo tenía 14 años, lo compraron para que jugara en el club deportivo de Cóbreloa. A los 15 años lo compró Boca Juniors. A los 16 años lo compró River y así pasó de equipo a equipo hasta que llego al FC Barcelona, el mejor equipo del momento. Un día lo llamó el director técnico de su país para que jugara en la selección Chilena. Pablo tenía mucha presión, ya que esperaban mucho de él. Todos esperaban que se fuera a la Champion ligue de Europa. Últimamente estaba muy nervioso porque creía que si perdía, nadie lo iba a querer como futbolista nunca más y lo iban a rechazar por malo. Al llegar el día del Champion, había entrenado como un loco; nunca lo habían visto así. Cuando entraron a la cancha, Pablo se sentía muy tensionado. No quería defraudar a sus fans, pero tampoco quería esforzarse más que en otros partidos. Tenia un revoltijo de ideas en su cabeza. Faltaban 20 segundos para empezara el partido y le caían gotas de nervios y sudor por la frente, hasta que el arbitro tocó el pito de inicio. Pablo manejó su concentración como un profesional; se relajó y metió un gol a los 15 minutos. Nunca más se preocupó tanto por las cosas antes de enfrentarlas y vivió relajado por siempre.


Hace muchos años existió un niño llamado Sebastián Rubio. El tenía un Papá muy bueno que siempre le compraba pelotas, ropa, todo de excelente calidad; siempre estimulándolo para que practicara futbol. El Papá de Sebastian era un futbolista fanático igual que Él, hasta fueron a ver un partido de la selección chilena en 2009 contra Venezuela. Pero lo que su Papa más deseaba era que Sebastian fuera un buen estudiante. Sebastian no quería ir a la universidad y tampoco quería ir a la escuela, solo quería jugar, jugar y jugar fútbol. El padre a veces se enfurecía porque su hijo no pensaba en nada mas que en el futbol y le decía: “Sebastian no juegues en el departamento, no lleves la pelota a clases” pero el niño no hacia caso. Un día el Papá tuvo una idea y hablaron de inscribir a Sebastian a una escuela de futbol para que agotara su energía. Cuando fueron a inscribirse, se encontraron con un ambiente raro, todos hablaban raro, eran más agresivos y Sebastian no se sintió bien entre toda esa gente. El niño deseaba cambiarse de casa porque en un edificio no podía jugar a gusto pero como estaban en crisis económica, no podían y Sebastian jugaba en el edificio cada vez que podía. Eso también le colmaba la paciencia a su Mamá ya que en la mañana muy temprano escuchaba un pum y pum y pum. Era la pelota que Sebastian hacia rebotar. Algunas veces el Papá le prometía que al otro día irían a unas canchas de futbol a entrenar, pero cuando era el momento de ir, le decía una y otra cosa a Sebastian y no iban. El creía que su Papá lo estaba engañando y que no quería ir a jugar con el, entonces Sebastian se enojaba y jugaba fuerte futbol en el edificio. Más de alguna ves rompió algo. El niño no estaba feliz, ya que pensaba que su Papá había ido a un mundial de fútbol entre empresas petroleras en Brasil y había ganado colocando tres goles y él no había participado en nada importante aún y lo encontraba muy injusto. Un día Sebastian le dijo: ¡Papá porque no puedes ser feliz de que yo quiera ser un futbolista famoso!! Y el Papá respondió: ¡porque Tú nunca te pones feliz con nada de lo que Yo hago por ti! el niño se enojó con el Papá y se encerró en su pieza. El Papá esperó en el sillón mientras veía futbol hasta que pasaron mas de 100 minutos y ninguno de los dos se movieron de donde estaban, hasta que llegó un momento en que el niño salió de su pieza y dijo con una voz muy dulce “Papito nos perdonamos?, desde ahora yo me pondré muy feliz de las cosas que tu hagas y tu te pondrás feliz de las cosas que yo haga” Desde ese momento Sebastian y su Papá se felicitaron cada ves que hicieron algo bueno y Sebastian empezó diciendo que estaba orgulloso de tener un Papá futbolista y bueno con él y el Papá dijo que estaba orgulloso de tener un hijo tan comprensivo y bueno para el fútbol. Cuando terminaron de felicitarse se dieron un gran abraso. Al otro día Sebastián y su Papá fueron a entrenar a unas de las mejores canchas de la ciudad y después se tomaron un refresco. Cuando Sebastian tenía 15 años fue el mejor jugador del Cobreloa y a los 19 ya estaba jugando por el Manchester United en Europa. Un día le llegó una solicitud para participar en el mundial 2010 y Sebastian invitó a su hermana, a sus Mamá y Papá, pero su familia le dijo que no porque no tenían plata para pagar y el dijo que iba a ir al mundial a jugar y que podía invitar a tres personas con todo incluido. Los padres maravillados felicitaron al jugador y fueron la familia mas unida que se puedan imaginar.


Era el año 1965 y mi abuelo tenía 19 años. Había viajado a Santiago a ver a un primo y aprovecharon de ir al estadio nacional para ver el gran evento del momento “el partido de la Universidad de Chile y el Santos”; el equipo donde jugaba el jugador más grande del mundo…Pelé. En esos tiempos, la ida al estadio era una oportunidad de Picnic y los hombres que iban llevaban canastas con comida, bebidas, sándwich, cervezas, etc. Para las mujeres, el ir estadio era mal visto. La gente podía tomar en el estadio y nadie lo prohibía. No había peleas, ni barras. Mi abuelo me contó que Pelé fue un jugador de fútbol brasileño que comenzó a los 17 años a jugar en su club Santos y terminó a los 35 años en el mismo club. Nunca se quiso cambiar de club, aún cuando lo invitaban; pero nunca lo aceptó por que no era ambicioso. El partido de ese momento era por la disputa del campeonato exagonal de verano y jugaban los tres equipos chilenos U. Católica, Coló Coló y U. de Chile; e invitados extranjeros como el Dinamo de Moscú, el Santos de Brasil y un equipo húngaro, del que no se acordó el nombre. El ganador fue el Santos de Brasil. Cuando terminaba el primer tiempo; la gente sacaba su comida y se daban tremendos banquetes; pasaban vendiendo de todo. En esos tiempos, la gente era muy bromista y cuando metían un gol y todos se paraban para celebrar; de arriba tiraban cáscaras de naranja, bolsas con agua, y tomates. A su primo le llegó una bolsa con bebida. El pobre no podía alegar por que o si no le llegaba inmediatamente otro proyectil. La ropa de los jugadores era muy apretada. Pantalón ajustado, muy cortito y apegado al cuerpo. Manga larga, nunca corta y cada equipo con su tenida. No había cambios de tenida. Nunca se veía un jugador con pelo largo o con algún aro o tatuaje. A lo más se usaba bigote. Los zapatos eran solo negros. Si un equipo tenía un traje azul y el otro negro; se jugaba con esos colores; ya que como no existía la televisión, no había confusión de equipos. Los partidos eran transmitidos sólo por la radio. Estaba a punto de terminar el partido y Pelé tomó la pelota a la mitad de la cancha; corrió tan rápido que nadie lo pudo parar, hasta que efectuó el tercer gol, con el que terminó el partido. Todo el estadio parecía una fiesta y mi abuelo y su primo comenzaron a salir rápidamente para no encontrarse con el tumulto de gente. Al salir del estadio, se dieron cuenta que un joven y cabezón periodista estaba entrevistando a un jugador. Ese joven en el futuro sería el animador más famoso de Chile; Don Francisco.


Hace muchos años existió una familia compuesta por un padre una madre y un hijo. Ellos estaban en Brasil de paseo y una noche la madre llamada Ana María se empezó a sentir muy mal. El padre llamado Christian Parra le pidió a su hijo llamado Sebastian Moreno que trajera hielo a la madre porque tenía fiebre, vómito y dolor de estómago. El hijo preocupado pregunto al padre: ¿papi la mamá esta embarazada? El padre asustado dijo: no hijo como se te ocurre, por lo que el hijo se disculpo y después de traer el hielo se durmió. Nueve meses después toda la familia estaba en la clínica porque la madre iba a tener una guagüita. Mientras el esperaba con su papá, le dijo: ¿papa te acuerdas que cuando estábamos en Brasil te pregunté si la mamá estaba embarazada y tu me dijiste que no? Si hijo, dijo el Papá, yo te dije que no porque el bebito se podía morir en la guatita de la mamá y no quería que supieras hasta estar seguro de que tu hermanita estuviera segura de nacer. Antes de que el hijo pudiera hablar la enfermera grita: ¡señor Christian Parra venga rápido, su hija esta a segundos de nacer!! El padre se para y corre lo más rápido que puede y una hora después el papá sale y le dice a hijo que era muy tarde y que debían irse y que en tres días mas verían a la mamá y a la nueva hermanita llamada María José. Tres días después la mama y la hija llegan a la casa Sebastian y su padre recibieron a la nueva integrante de la familia y a la mama con pasteles y la casa muy decorada. Un año mas tarde Sebastian y toda la familia se reúne en la casa de la bebé para celebrar un año de vida de María José Parra Sanhueza. Todo el día se la pasaron regaloneado a la bebe pero llego un momento que los hombres de la casa quisieron ver futbol y en el instante en que María José vio el futbol, se quedo concentrada y boquiabierta observando el partido. Era un mundo nuevo para ella era, divertido y con movimiento pero lo mas importante era que “la José” tenia pasión por el futbol. Mientras el tiempo pasaba; la familia observaba que María José jugaba mucho con las pelotas y autos de su hermano. Cuando creció y fue al colegio se inscribió en el futbol femenino y llegó a ser la mejor jugadora. Fue seleccionada para jugar en la selección chilena de mujeres y un día llego una carta a su casa que decía: “estimada María José, la necesitamos para que juegue en el equipo español femenino Real Madrid. Si acepta el trabajo, deberá llamar al número telefónico del director técnico que es 2134789. María José se comunicó impaciente con sus nuevos representantes y llegó a ser una millonaria jugadora de futbol. Hacía pijamadas con sus compañeras de equipo, lo pasaba muy bien, tenia los mejores balones y una cancha de futbol en su patio. Llevaba una vida de lujo y le compró una mansión a cada unos de sus familiares. Todos querían ser como ella; pero ella era inigualable porque nunca jugaba por la plata como los otros jugadores. Ella jugaba por la camiseta y eso nadie lo podía igualar. Por fin había cumplido su maravilloso sueño y vivió feliz por siempre. 


Yo lo hice solamente pensando en el futbol y en lo que a mi me gustaría que pasara en mi vida y la vida de mi familia.

Yo lo hice porque me gusta escribir y me encantaría que otras personas además de mi leyera lo que yo siento, pienso o escribo.

Yo hable del futbol porque es el tema que mas me gusta y me interesa es el futbol. Jugando futbol me olvido de todo los problemas que me ocurren en la vida.

A mí se me ocurrió hablar sobre el futbol porque es lo que mas hago en mi vida social y en el colegio

cuentos de futbol  
cuentos de futbol  

yo hable del futbol porque es lo que me gusta

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