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Podemos registrar la respuesta del organismo en tiempo real frente a estímulos electromagnéticos de frecuencias e intensidades críticas. Cada vez más se nos desmaterializa el cuerpo y se disuelve en ese campo vital o biocampo, que tiene las llaves para explicarnos la respuesta del organismo completo frente a estímulos que no son de tipo químico. Esa desmaterialización de la materia, incluida la de nuestros cuerpos físicos, nos revela que todo está compuesto de partículas subatómicas en constante interacción con el vacío cuántico. Desde tiempos inmemoriales la noción del campo etérico —una noción equiparable a la del campo cuántico—, explica interacciones energéticas que trascienden la biología molecular. Ya desde mediados del siglo pasado, Harold Burr, investigador de la Universidad de Yale, dedicó más de cuarenta años a objetivar la exis-

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tencia de este campo, al que denominó “campo L”. Encontramos así en Occidente un sustrato para la antigua concepción del campo o doble etérico que caracteriza todos los organismos, y que en otras tradiciones se asocian al llamado Laya Yoga, la antigua ciencia de los centros de energía o chacras. Durante tres décadas hemos explorado la reacción del campo L o biocampo a estímulos sutiles como la luz coherente de muy baja intensidad, soft láser. Miles de experiencias clínicas durante más de tres décadas, nos llevan a considerar que este campo sutil es un receptor, procesador y distribuidor de energías e informaciones que entran en contacto con el organismo. Los estímulos sutiles que el biocampo procesa selectivamente son transferidos por la vía de sistemas de conducción de señales biológicas propias del organismo, a toda la red de receptores en el cuerpo. El estudio de estos centros de energía ubicados en el biocampo que rodea el organismo, nos ha llevado a sistematizar sus propiedades e interacciones, comprobando su utilidad para expandir el campo de

las terapias, que en medicina terminaban en la biología molecular. Hoy ya sabemos que esta no es el límite y que la luz, el sonido y los campos magnéticos de muy baja intensidad pueden ser utilizados por su potencial terapéutico. La nueva farmacopea partirá de estímulos biofísicos. La luz, el sonido, estímulos electromagnéticos de baja intensidad y frecuencias selectivas y la propia energía humana serán, sin duda, aspectos importantes en la terapéutica del futuro. EL LAYA YOGA Y LA CIENCIA DE LOS CHACRAS O CENTROS DE ENERGÍA Es sorprendente comprobar la exactitud con la que los antiguos yoguis describieron un tejido sutil de redes y centros de energía en el seno del campo energético humano. Encontramos en el Laya Yoga —el método de yoga que trata de los centros de energía— la descripción de todo un sistema de finos circuitos integrados con sus conexiones precisas, digno de las modernas ciencias de sistemas. El estudio clínico de la posibilidad de la existencia de estos sistemas distribuidos en siete centros de procesamiento o chacras mayores y su posible correspondencia con los conocimientos de la medicina occidental, dio pronto sus frutos en el terreno de la sintergética. En la visión sistémica de este método, la asociación de chacras, plexos nerviosos y glándulas endocrinas ha sido de crucial importancia para el diseño de su propuesta integrativa. Con los años fueron surgiendo con claridad patrones de frecuencias y correlaciones precisas para el desarrollo de una metodología clínica que permite su abordaje integrado al de todos los sistemas orgánicos.

Revista Vivo Sano, nº8  

Revista de salud y vida natural de la Fundación Vivo Sano

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