Page 24

EL PODER DE LA MENTE, LA ATENCIÓN GLOBAL Cuando pensamos en el poder de la mente, pensamos que es capaz de producir enfermedades, pero lo que no solemos pensar es que también tiene poder para sanarnos. Y lo tiene. Ninguna enfermedad es una enfermedad exclusiva del cuerpo. Mente y cuerpo, aunque son diferentes, trabajan siempre juntos y, por tanto, se enferman juntos y se curan juntos. Por eso en toda enfermedad se ha de intervenir de manera global, sobre el ser humano en su totalidad y no sobre su cuerpo aisladamente. Hay muchos padecimientos o conflictos psíquicos o mentales que se expresan en el cuerpo. A veces un intenso dolor psíquico, como la pérdida de alguien amado o el dolor de sufrir una ofensa o una injusticia, se traducen en un dolor físico, como una jaqueca, por ejemplo. Hay un mecanismo llamado conversión, por el cual una frase o pensamiento, en lugar de expresarse verbalmente, se expresa en el escenario del cuerpo. Por ejemplo: una disfagia (dificultad para tragar), puede ser la expresión en el cuerpo de la frase: “Esto no me lo puedo tragar”, referida a una situación que resulta inadmisible para esa persona. Esto es lo que la medicina conoce como trastornos somatomorfos. El cuerpo es el escenario de un conflicto psíquico y el síntoma se presenta como un jeroglífico que necesita de un especialista para ser descifrado. Por muchas endoscopias digestivas que le hagamos al paciente con disfagia de origen psíquico, manometrías, phmetrías, etc., no encontraremos nada, porque no hay una lesión orgánica. En cambio, si le invitamos a hablar de sus padecimientos, nos dirá muchas cosas y le ayudaremos a romper esa cadena por la cual, al no poder hablar, expresa con su cuerpo. De ahí la importancia del psicoanálisis en

estos trastornos, de una escucha especializada, que sea capaz de descifrar el síntoma y de transformar esa forma de expresar los conflictos a través del cuerpo. Otras veces es la angustia la que genera síntomas corporales: mareos, vértigos, diarrea crónica, palpitaciones, dolores en el pecho, algunos tipos de fibromialgia o dolores miofasciales crónicos, etc. Es lo que la medicina llama trastornos de ansiedad generalizada. Son síntomas de la activación de un sistema que es el sistema nervioso simpático. Es una parte de nuestro sistema nervioso que nos prepara para la huida, que se activa frente a un peligro. Pero, ¿por qué algunas personas están constantemente alerta o alarmadas? Porque en ellas, la activación de su “sistema para la huida” se produce frente a un peligro imaginado, no frente a un peligro real. Fantasean constantemente fracasos y catástrofes. No soportan la incertidumbre del futuro. Para cambiar un estado corporal, hay que transformar la manera de pensar que lo sostiene, y eso no se consigue con psicofármacos, antidepresivos o ansiolíticos. Por eso, en el Departamento de Salud mental de CMI, disponemos del instrumento del psicoanálisis para abordar estos padecimientos de manera global. Porque el dolor no es imaginario, es real, hay que tratarlo, desde lo orgánico y desde lo psíquico. La depresión también es otro padecimiento de la mente, que organizaciones como la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha vinculado con ciertas enfermedades orgánicas, incluido el cáncer. La psiconeuroinmunología es una rama de la medicina que estudia el impacto de la mente y de procesos como el duelo, el estrés, la depresión, etc., sobre el sistema inmune. Se ha demostrado que cuando hay una depresión psíquica, esta se asocia a una inmunodepresión, a una alteración de nuestro sistema de defensa, que nos protege frente a enfermedades virales y bacterianas y frente al cáncer. Esto es una de las razones fundamentales para tratar los episodios depresivos, la de prevenir ciertas enfermedades orgánicas. Y la depresión no se puede reducir exclusivamente a una alteración bioquímica. Somos más que un conjunto de reacciones bioquímicas, también somos una historia de frases escuchadas y pronunciadas, de vivencias, de pérdidas y ganancias. El paciente con depresión necesita ser escuchado. Y también el paciente con una enfermedad orgánica grave, como puede ser el cáncer. En todos los casos mencionados, la enfermedad habla, o mejor dicho el paciente habla con su enfermedad y nos dice cosas, pero sólo para aquellos que saben escucharla, descifrarla, y reconducir esa energía dirigida a la autodestrucción y ponerla a trabajar para la curación. DRA. ALEJANDRA MENASSA DE LUCÍA CMI-Clínica de Medicina Integrativa Internista. Psicoanalista Vicepresidenta SESMI

24 VIVO SANO

Revista Vivo Sano nº 7  

Revista de salud y vida natural de la Fundación Vivo Sano