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OBSERVAD R SEMANAL PALABRAS DE CERTEZA Y ESPERANZA RESPONSABLES: Guillermo Lesmes - Nathalia Lemir

- www.sanrafael.org.py - mail: observador_semanal@yahoo.com

- AÑO VI - Nº 281 - JUEVES 25 DE NOVIEMBRE DE 2010

“Pa'i, ¿Existe aún una cultura cristiana en nuestro país?” Gramsci, el filósofo marxista italiano, el padre del camino cultural para que el Partido Comunista llegara al poder en Italia, si estuviera aquí, diría: “¡NO!”. Pero antes de entrar en la cuestión me parece importante subrayar la novedad que Gramsci introdujo hace casi un siglo en el debate de aquel tiempo cuando la fascinación de la ideología de Carlos Marx animaba al mundo cultural de aquel entonces. En el año 1917, la Revolución de Octubre había llevado en modo violento al comunismo al poder en Rusia, con el famoso asalto al palacio de invierno de los zares. Progresivamente la violencia marxista se adueñaría cruentamente de todos aquellos países denominados como “del Este europeo” o “Cortina de hierro”. Fueron décadas de terror que llegó con el tiempo a Asia, África y América Latina. Gramsci, agudo pensador, disentía de este camino violento y se hizo protagonista de la “vía cultural” al poder. Es decir, ¿de qué sirve imponer con las armas, derramando sangre, el marxismo si las personas culturalmente no son marxistas? Llegaría el tiempo que la estructura del Partido no podría mantenerse en el poder, porque el disenso se volverá mayoría y sería horrorosa la dictadura de las armas.

izquierda. No sólo esto, sino que cuando los católicos quisieron, en los años 70's derogar la ley que legalizaba el divorcio en Italia, mediante un referéndum popular, aconteció el desastre: aquella mañana de mayo, cuando dieron los resultados se constató que Italia no era más católica. El 70 por ciento de los italianos habían votado a favor del divorcio. Dejo al lector pensar en cómo nos quedamos y con nosotros los obispos ilusos que, viviendo en las nubes, soñaban que los católicos eran una mayoría absoluta. No obstante, fue muy necesaria esta ducha helada para que finalmente nosotros, pastores, que mirábamos a las miles de personas que lográbamos reunir para una manifestación quizás en San Pedro como en 1948 cuando laAcción Católica llenó la plaza de jóvenes homenajeando a Pio XII - o a cuantos venían a la Misa o se iban a los santuarios, para darnos cuenta que la mentalidad de la absoluta mayoría de sus ovejas no eran ya culturalmente cristianas.

Entonces, con una genialidad brillante lanzó la propuesta: “Compañeros, la tarea que la historia nos entrega es formar a las nuevas generaciones en el marxismo, agarrando de la mano los colegios y las universidades, creando y propagando nuevos planes y programas de estudio que sustituyan los viejos, creados y definidos por siglos de catolicismo y por el liberalismo”. Gramsci era un profundo conocedor de la realidad católica italiana. En la cárcel adonde lo había llevado el fascismo solía leer los Boletines parroquiales de la época, no muy diferentes de los de hoy, dándose cuenta del vacío cultural que exhibían, en cuanto que se limitaban a piadosas exhortaciones, a prédicas moralistas, avisos, etc. Sin embargo, no tenían ninguna capacidad crítica respecto a la realidad. Frente a los hechos diarios y en particular a la grave cuestión social que estaba sacudiendo a Europa, no tenían ningún valor cultural. En una de sus cartas, en modo sarcástico escribía: “Compañeros, no se dan cuenta de la incapacidad de los católicos para incidir culturalmente en el tejido social de nuestra sociedad. El máximo de su capacidad de incidencia en la sociedad es el organizar marchas para pedir que se derrumbe el monumento de una mujer desnuda en la plaza de un pueblo”. Y desde aquel entonces Italia, despacito, despacito, gracias a la incidencia cultural de los profesores marxistas en colegios y universidades, se volvió toda de

Actualidad: Una verdadera líder La locura de los curas

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Volviendo a nuestro país, los análisis de Gramsci se pueden aplicar al pie de la letra. Somos aún un país visceralmente religioso y formalmente cristiano. Seamos sinceros, ¿cuánto incidimos a nivel cultural en la sociedad? Bastaría verificar qué clase de cristianos hemos formado en los muchos colegios católicos y en la misma Universidad Católica, para darnos cuenta de cómo brillamos por nuestra ausencia en el tejido cultural de nuestro país, que ha sido siempre, incluso políticamente, conducido por cristianos y católicos. Volvemos a repetir, también para nuestro país, lo que afirmaba Péguy: “somos los primeros después de Cristo sin Cristo”. El mismo debate en relación a la “educación” sexual, que quiere introducir categorías totalmente extrañas al pensamiento cristiano y católico, es una evidencia de este mundo “después de Cristo sin Cristo”. En los medios de comunicación y en los protagonistas de la cultura, la presencia cristiana ya no se ve, no existe. Las iglesias siguen repletas

La Catedral de la Sagrada Familia: El Arca de Gaudi

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No deis al pecado la última palabra

en Semana Santa, también los domingos, la gente sigue diciendo: “Padre, bendígame” o pide el “Sea”, pero su modo de vivir, de pensar, tiene otros parámetros, aquellos que el papa define como la dictadura del relativismo, del hedonismo y del conformismo. Nuestra gente tiene una religiosidad visceral y esto es altamente positivo, porque indica que aún la naturaleza humana está viva, está sana, no ha sido destrozada por la ideología materialista y nihilista que domina el hemisferio Norte. Sin embargo, si no tomamos en serio el compromiso de la nueva evangelización arriesgamos que hasta la naturaleza religiosa de nuestro pueblo desaparezca. La globalización no tiene piedad de nada y de nadie. Es urgente educar en la fe y educar en la fe significa volver al entusiasmo evangelizador de los pioneros de la fe en nuestro país que alcanzó su apogeo en las Reducciones Jesuíticas. Reproponer el cristianismo es responder aún a lo que los Guaraníes y el alma de nuestro pueblo anhela: encontrar la tierra sin el mal, encontrar a Cristo como Presencia contemporánea, la única capaz de responder a las esperas del hombre, a sus deseos de amor, de felicidad, de verdad, de belleza, de justicia. Lo que se impone, como nos recuerda el Papa, es la conversión y una educación en la fe. Conversión es reconocer la contemporaneidad de Cristo. No se trata de un compromiso ético, sino que acontezca como para Juan y Andrés, Zaqueo, la adúltera, la samaritana, un encuentro, el encuentro con Cristo presente en aquellas personas ya cambiadas por Él y que caminan a nuestro lado. Conversión y contemporaneidad de Cristo caminan unidas. Sólo delante de una Presencia hoy, el corazón se conmueve y se mueve. Educar al pueblo en la fe representa mostrar todas las implicaciones existenciales que el encuentro con Cristo engendra. Implicaciones que abarcan desde el modo de mirar la realidad, tomar en serio la propia humanidad, la concepción del hombre: varón y mujer, la persona, la familia, el matrimonio heterosexual y monogámico, la libertad de educación y de conciencia, hasta el modo de mirar todos los detalles del cosmos, la ciencia, los astros, el trabajo, el orden, la limpieza, etc. Educar en la fe significa el nacimiento de una cultura nueva, de una mentalidad nueva en la concepción del hombre, de la realidad, de la vida, de uno mismo. Sigue en la pág. 2

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El Papa no cambia Música de idea sobre el preservativo Tosca de Puccini

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TESTIMONIOS DE LA CLINICA DIVINA PROVIDENCIA

EDITORIAL Dos mil años de cristianismo evidencian qué significa la fe que se ha vuelto cultura. Basta un viaje a Europa o donde haya llegado el cristianismo para darse cuenta de ello. Basta documentarnos de dónde nacieron todas aquellas formas de vida humana con sus herramientas para darnos cuenta que todo lo que aún hoy existe y no pertenece más a la Iglesia, en la Iglesia tuvo su origen. Los bancos, las universidades, las cooperativas, los sanatorios, las letras y artes, etc., ¿de dónde tienen origen? La cultura es la conciencia crítica y sistemática de la realidad. Es decir la persona capaz, gracias a la experiencia de fe que vive, de juzgar todo valorando todo lo positivo que hay injertándolo, como hicieron los Benedictinos en Europa y los Jesuitas en las Reducciones, en la experiencia cristiana que no sólo valora,sino que permite descubrir toda la belleza de la realidad. La cultura es la conciencia de la realidad como positividad, como signo, como templo del Misterio y de esta conciencia nace el modo de vivir humano llamado “civilización”.

Catequizar es entonces la primera urgencia, formar una nueva mentalidad que nazca de Cristo es la cuestión esencial que se impone también en Paraguay. Si descuidamos este reclamo, seremos los primeros responsables de la destrucción de la naturaleza religiosa de nuestro pueblo. Despertémonos, antes que nuestro pueblo sencillo, humilde, religioso, desaparezca en el desierto de la nada o de un sincretismo religioso despersonalizado y engañador, cuales son las sectas y otras formas exotéricas de la perversión de la religiosidad. Que la fe se vuelva cultura es la prioridad en nuestra evangelización. Lo comprendió hasta un gran teórico del marxismo consciente que el problema está en el incidir en la conciencia de la persona y no en el cambio, ante todo, de las estructuras. Un lindo sanatorio, con médicos y enfermeras bonitas se volverá pronto un chiquero. Nunca me canso de repetir que el problema de nuestro país y del mundo no es la pobreza material, sino la cultural y por eso cualquier compromiso económico o de estructuras de nada sirve. Y la pobreza cultural coincide con un cristianismo vaciado de su contenido y reducido a moralismo y espiritualismo.

P. Aldo

Antes de enfermarme trabajaba en una panadería, hasta que en febrero de este año empecé a sentirme mal, nadie lograba descubrir lo que me pasaba, recién, más tarde, en abril, supimos que el VIH me había contaminado. Sufrí el rechazo de muchos, durante el tiempo que estuve internado en Lasimed me dejaron totalmente solo, sin ninguno de los míos que me hiciera compañía. La doctora que me atendía me propuso trasladarme aquí, a la clínica Divina Providencia. De este entonces ya pasaron quince días y en este lugar: todo es de lo mejor. Las personas me tratan muy bien, son buena gente. Para entretenerme durante el día, dibujo figuras de santos, escribo frases en ellos, y voy copiando en hojas, para entender y acordarme más del contenido, un libro titulado “El perdón del corazón” que me ayuda mucho. Antes de enfermarme y después, solía transcribir frases de la Biblia de mi hermano, ya que yo no tenía una, me escondía de él para poder leerla. Mi mamá me pedía que fuera con ella a una Iglesia no católica, y me insistía bautizarme pero yo le decía: “no”. Mi abuela me recordaba siempre que de chico ya me había bautizado en la Iglesia Católica y que este sacramento se recibía una sola vez en la vida, además yo mismo conocía a mi padrino. Como mi mamá insistía tanto, decidí ir a vivir solo en una casita, no quería cambiarme de religión. Cuando mi mamá dejó a un lado

“Gracias Padre celestial porque no sólo me amas, sino que además me enseña a amar”

todas las imágenes de santos que veneraba, yo las recogí a escondidas de ella y las guardé conmigo.

sobre el perdón y el amor, aprendí a perdonar a la persona que me contagió de todo corazón.

Cuando me enteré de mi enfermedad no quise vivir más, el doctor me habló mucho, y mi hermano me propuso llevarme a la casa de mi mamá donde nadie me rechazaría. Hasta que me vi tan bien de salud que dejé de tomar mis medicamentos, tuve una recaída, volví a internarme y luego me trasladaron aquí.

Antes de enfermarme no iba a misa, apenas unas tres o cuatro veces al año. Ahora quiero seguir la religión católica, ¿por qué? Porque gracias a ustedes estoy aquí, sintiéndome bien. Dios puso en la mente de la doctora y en la mía el deseo de trasladarme a esta Clinica. Ahora que el domingo hice mi Primera Comunión pienso cambiar por completo. Me gusta mucho asistir a la misa, a la recorrida y a la fiesta de los sábados de noche.

En esta Clínica recuperé las ganas de vivir, para el VIH encontré en Dios el remedio. Dios es un Padre para mí. Desde que llegué aprendí muchas cosas

Cada vez que llega el Santísimo a mí y me arrodillo frente a Él no siento nada, ningún dolor, ni hambre, ni sed… me da la impresión de estar como flotando, en el aire. A todos aquellos que no creen en Dios les digo que se arrepientan, porque Él fue quien cambió el rumbo de mi vida trayéndome a este lugar para poder recuperarme.

Blas Marcos Ayala

El Santo Padre no se cansa de repetirnos estas cosas y en una de sus intervenciones más lindas, el discurso en la Universidad Saint Mary de Londres, la cual hemos publicado en el editorial de un número pasado del Observador Semanal, ha subrayado la urgencia de proponer a los jóvenes el ideal de la santidad.

Soy de Santísima Trinidad, soltero de 32 años, con un hijo de siete años que vive con mi papá.

Blas Marcos Ayala

Podríamos definir la cultura como dice el poeta romano Publio Terencio: “Homo sum, humani nihil a me alienum puto”, Hombre soy, nada de todo lo que auténticamente humano existe me es extraño. Sólo si la fe es vivida integralmente es posible el acontecer de esta experiencia, de esta capacidad de construir un mundo nuevo en el cual Cristo se coloca como centro del cosmos y de la historia y, por consiguiente, origen de una novedad humana ya no definida por la barbarie y la violencia.

Dios me trajo aquí

“Somos hijos de Dios”

Blas Marcos Ayala


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N TURA E VLI IS D T AA D A CE T

La locura de los curas El Papa Benedicto XVI en estos últimos tiempos pide “no preocuparnos tantos de las persecuciones externas a la Iglesia, sino de lo que contamina la fe y la vida de los cristianos”. El peligro sobre todo viene de nosotros, de los cristianos que se dejan contaminar por el mundo. Los demás, los enemigos externos pueden confundirnos, golpear nuestros cuerpos, pueden obligar a la Iglesia al silencio, como ya ha acontecido. Pero nosotros, los cristianos, podemos perder la fe, si no la cultivamos y si no pedimos todos los días: “Señor, aumenta nuestra fe”. En este inicio de Adviento se pone aún más evidente en Paraguay este grito del Papa: la evidencia de que muchos, y en modo especial clérigos, están perdiendo la fe. Unos hechos impresionante. Primero la triste y horrorosa entrevista del padre Pablino Cáceres, titular de la Secretaría de Acción Social, publicada en el diario La Nación del domingo 21 de noviembre. Triste porque como cura y hombre de la Iglesia ha perdido el “norte”. Declaraciones como “Estoy a favor de que los sacerdotes se casan ”, “ que tenemos que aprender de los pastores que tienen su familia, su esposa, igual

se dedican a su comunidad y a veces hasta mejor que nosotros los sacerdotes”, “actualmente vivo en pareja, desde hace dos años”, “la Iglesia ha quedado lastimosamente en la retaguardia (sobre el uso del preservativo)”, y un montón de otras barbaridades que revelan una sola cosa: quien abandona su vocación, “ por miedo de envejecer esperando la dispensa…” del Vaticano, pierde la fe en Cristo, volviéndose político y enemigo de la verdad sobre sí mismo y sobre el bien del pueblo. Triste, también, porque lastimosamente su pensamiento está muy presente dentro de la Iglesia. Él no tiene vergüenza de manifestarlo, otros sólo lo piensan y esperan tiempos más adecuados para hacerlo público. Triste porque revela, en esta entrevista, que Cristo no es todo, no cumple lo que el corazón desea. Por eso uno busca en la política, en la pareja, en la ideología, lo que la experiencia de fe cristiana vivida por 18 años no supo cumplir. Otro hecho. El sacerdote Celso Ovelar, ex-cura párroco de la ciudad de Vallemí que fue elegido intendente del municipio de San Lázaro de Concepción por el Frente Guasú. Otro hecho que revela una fe que no radica en Cristo, sino en lo

que uno piensa. Pienso que después de estos dos hechos graves, la Conferencia Episcopal Paraguaya no se puede quedar en silencio. Como no se callaron en defender el matrimonio y la vida, ahora no hay que callarse frente a algo más grave: la falta de fe de los curas. Esto es aún más grave, porque es un ataque a la Iglesia que viene desde adentro de ella misma. Más grave porque aumenta la confusión en el mismo clero y también en el simple pueblo cristiano. Ante estas realidades no nos queda más que preguntarnos: ¿Por qué cuando desde este semanario se emiten juicios (llamando siempre a la verdad) se genera revuelo generalizado mientras que antes afirmaciones como la del actual Ministro de la SAS y el nuevo intendente Ovelar el mundo eclesiástico y político se queda en silencio? Parece que muchos curas EST IMO IO hanTperdido el centro deN la vida porque han perdido a Cristo. Parece que muchos sacerdotes no esperan más a Cristo, y estos dos sacerdotes son solo la punta de un iceberg que aún no ha flotado lo que está bajo el mar. Pedimos en este tiempo de

Adviento oraciones y gestos concretos de caridad por la conversión del pueblo cristiano, para que los curas sean santos volviendo su interés a Cristo, Él que se ha curvado sobre la miseria

humana, Él que tuvo compasión de nuestra nada, Él el único que puede cumplir lo que el corazón desea. P. B

TESTIMONIO DE LA CLINICA DIVINA PROVIDENCIA

Dios es el único camino Soy de Caaguazú, tengo 6 hijos. Me alegro mucho de haber conocido esta Clínica. Tuve tantos problemas que gracias a ella los pude superar. Agradezco a Dios

por las personas que me trajeron aquí, yo no estaba nada consiente, no lograba comunicarme, no hablaba, no comía, no caminaba. Hoy después de varios meses me e n c u e n t r o perfectamente bien, volviendo a dar pasos firmes con la ayuda de mi andador y con vistas a tener pronto el alta para volver a casa. Gs. 61.000 Aquí aprendí muchas cosas, como a rezar, a tener más fe en Dios. Me divertí mucho con todas las actividades

que realizamos. El hecho de volver a ver a una de mis hijas después de un año, de poder volver a abrazarla, lo considero un verdadero milagro, que me puso muy contenta. Yo no tengo miedo a la muerte porque creo en Dios. Estos momentos de sufrimientos cambiaron mi vida, antes yo no conocía las verdades de la Iglesia, ya que antes de enfermarme me prohibían ir a misa. Ahora puedo decir que Dios es el único

ALMUERZO CASERO DE LUNES A VIERNES, DE 11:30 A 14.30 hs.

Enfermos y voluntarios de la Clínica Divina Providencia durante una actividad lúdica

Camino, que Él es la Verdad y la Vida eterna.Amén. Herminia

Vanhamburguesas y papas fritas Gogh Cruz del Chaco 1680 - Asunción - Paraguay


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LA OBRA MAESTRA DE ANTONI GAUDI

La Catedral de la Sagrada Historia del “arquitecto de Dios” y de su idea de construir un Templo para celebrar la nueva alianza entre la católica España y la Sagrada Familia. Un enorme risco animado donde todas las creaturas se agolpan para cantar gloria al Creador. Antoni Gaudí nació en 1852, en Reusnei, cerca de Terragona, Cataluña, quinto y último hijo de Francesc Gaudí, calderero de Riudoms, y Antonia Cornet, proveniente de una familia de trabajadores cúpricos. Fabricaban calderas de cobre o fierro para hervir agua y calderos con un largo mango para extraerla de pozos, pero también alambiques para preparar aguardiente. La mamá lo destetó tarde y el pequeño Antón creció grácil.A los cinco años comenzó a sentir dolores que le impedían caminar por lo cual el médico le diagnosticó una artritis. Durante el verano iba mucho a Riudoms, a una hora de camino de Reus, donde sus padres tenían una pequeña casa y algunas viñas. En los bellos días el pequeño Gaudí se divertía jugando en los alrededores de la casa con pedacitos de madera, o bien agarraba lagartijas o insectos y los examinaba. Así aprendió a mirar el mundo con otros ojos. El campo donde solía ir se convirtió, para él, en el “Jardín de los siete secretos”, donde las lagartijas le parecían dragones, las cañas eran lanzas, las hojas de palmas enanas, escudos; y los árboles, columnas. Los caparazones de los caracoles, las serpientes enrolladas bajo las piedras y los zarcillos de las amapolas tenían una curiosa forma de espiral, similar a la de las serpentinas de los alambiques que veía forjar a su padre. Una forma suscitó en él una fuerte impresión, casi se convertía en el esqueleto de todas las cosas. Antón era un niño especial. Enseguida acudieron a Joan

Tarrats, dueño del Vapor Nou, la fábrica de tejidos de algodón dónde el pequeño fue empleado como fuellero para ganar un poco de dinero. Un día el patrón lo encontró en un rincón de la fábrica leyendo un libro. "¿Qué lees?", le preguntó. "Es un libro de aritmética", contestó el pequeño Antón asustado. Tarrats quedó sorprendido y, dado que era de buen corazón, prometió que al día siguiente le llevaría otro libro, del tema que el pequeño prefiriera. "Un libro de geometría", le rogó Gaudí. Tarrats convocó a sus padres y prometió ayudarlos económicamente: aquel niño debía poder estudiar. Fue así que Gaudí, con tan sólo once años, entró al colegio de los Escolopios en Reus. Aquí se volvió amigo de los compañeros de clase Joseph

Antoni Gaudi, el “arquitecto de Dios”, el último constructor de catedrales

Ribera y Eduard Toda, con quienes amaba ir de paseo por los campos. Un día prepararon todo y los tres realizaron una excursión al monasterio cisterciense de Poblet, glorioso edificio del siglo XII que en el pasado había hospedado sepulcros de reyes y santos, pero luego quedó en ruinas, reducido a lugar desolado poblado de animales salvajes. Esto, a los ojos de Toda, Ribera y Gaudí no importó nada. Para ellos representaba todavía, aunque maltrecho, el símbolo de la gloria de Cataluña. Ellos lo habrían reconstruido. Hoy, a más de un siglo y medio, surgen los escalofríos al ver a la gente subir delAvinguda Diagonal hasta el parque de la Plaza Gaudí y la Plaza de la Sagrada Familia, pararse con la boca abierta y la nariz hacia arriba

delante de aquella montaña viviente que es la Basílica Penitencial de Barcelona. ¿Quién habría podido imaginar que del sueño de un niño habría nacido esto? Con las limosnas de los fieles Pero para entender el nacimiento de la Sagrada Familia hace falta hacer de nuevo un salto atrás en el tiempo. En 1861 se estableció en Roma un librero catalán, Josep Maria Bocabella y Verdaguer, que tuvo la idea de publicar una revista, El propagador de la devoción a San José, que gracias a la creciente popularidad de San José entre los cristianos de Cataluña, que vieron en él el santo trabajador por excelencia y un modelo para cada padre, consiguió en España y en América Latina un éxito inesperado, llegando a contar seiscientos mil abonados. En el mismo período un sacerdote, hijo de pobres campesinos de Tremp, Josep Manyanet, fundó la congregación de los Hijos de la Sagrada Familia Jesús, Maria y José. El Padre Manyanet tuvo una intuición genial, que comunicó, el 24 de junio de 1869, por carta al propio obispo: viendo la escasez de las finanzas de la Iglesia, propusieron erigir una catedral "al glorioso patriarca San José" únicamente valiéndose de las limosnas de los fieles. Manyanet expuso también su idea a Bocabella, que en el abril de 1874 la publicó en su periódico. Fue una empresa absurda.

Vista de la Sagrada Familia desde otra obra maestra de Guadi: La pedrera

sario textil que regresó a Barcelona de Nueva York con una fortuna y el financiero Eusebi Güell, entre otros, confiaron sus sueños y aspiraciones a Gaudí, sin intuir con quién realmente tenían delante. Pero la nombradía de este arquitecto que inventó formas nunca vistas, coloridas, casi extraterrestres, y construyó casas que habrían podido ser habitadas por duendecillos, como la Battló, o parques que parecían la visión poética del Jardín del Edén, con plan-

tas y animales anexos, como Parc Güell, se esparció por toda Cataluña y más allá. Fue así que su nombre llegó a los oídos del librero Bocabella, que logró ya comprar un bonito terreno en Barcelona para dar vida a su proyecto de catedral. Y cuando el arquitecto del primero proyecto de la Sagrada Familia, Francisco de Paula del Villar y Lozano, dimitió, Bocabella vio enseguida en Gaudí el arquitecto ideal para continuar los trabajos.

En aquellos años Gaudí que ya había conseguido el título de arquitecto y se había establecido modestamente en Barcelona, recibió los primeros encargos. El modelo de un quiosco, un muro, rejas, un proyecto para un escaparate en cristal. Solicitudes de poca cuenta que sin embargo Gaudí satisfizo de modo tan original como para ganarse la fama de tener las manos de oro. Frecuentando los laboratorios artesanos del Barrio Gótico aprendió las profesiones de carpintero, alfarero, vidriero y forjador. Además construyó modelos en arcilla de estatuas y adornos arquitectónicos para sus primeros encargos. En fin encontró interesante dibujar "tanto un armario como un edificio entero". Así empezaron a llegar encargos importantes, de personas ricas y raras, para el joven y genial arquitecto. Salvador Pagès y Anglada, empre-

El nombre de Antoni Gaudi se había extendido por su capacidad de crear formas e incluir colores de una manera nunca antes vista en Cataluña


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LA OBRA MAESTRA DE ANTONI GAUDI

Familia: El arca de Gaudí Gaudí se metió enseguida a la obra. Antes solucionó el problema de la cripta subterránea, cavándole alrededor un foso que permitió a la luz solar iluminarla, protegiéndola de la humedad. Luego, en los años siguientes, elaboró el proyecto completo de la catedral, que completó en 1890. En 1892 empezó la construcción de la fachada de la Natividad. Esta, orientada hacia Levante y el mar, en parte de mosaico, es una de las fachadas más bonitas en el mundo, todavía parece naturaleza, pero ya no lo es. Es un gigantesco risco animado, donde la vida ha iniciado a brotar en todas sus formas, minerales, vegetales y animales, cantando gloria al Creador. Su secreto es el efecto que anima la piedra: es como si las esculturas se movieran. Son tallados episodios de la infancia de Jesús, en los que participa la naturaleza creada en un canto universal. Las columnas que separan las puertas de la Fe, la Esperanza y la Caridad, dedicadas a San José, la Virgen María y al Niño Jesús, son sostenidas por tortugas, terrestres y marinas. De la piedra, que parece como si estuviera viva, brotan numerosas especies animales y vegetales, caracoles y camaleones, patos y pavos, palomas y pavos reales, acacias, hortensias, palmas, glicinias, lirios, azucenas,

juncos, árboles de Jesse, olivos, almendros, albaricoqueros, melocotoneros, cerezos y manzanos.

La conjunción entre cielo y tierra Para las figuras Gaudí se inspiró directamente en modelos vivientes como aquellos observados de niño. Los disponía entre algunos espejos y los fotografiaba de manera a conseguir más imágenes de puntos de vista diferentes. Luego elegía la pose apta y las modelaba directamente en yeso como un escultor. "Hemos reali-

Como un enorme risco animado en el cual todas las creaturas se juntan para alabar a Dios, así se levanta la Sagrada Familia

zado una fachada completa del templo para que su belleza vuelva imposible abandonar los trabajos", dijo. A partir del 1910 también aplicó a las naves los nuevos descubrimientos estructurales, experimentados en la iglesia de la aldea Güell. Encontró una solución original al problema del equilibrio y del reparto de los pesos sobre las naves laterales, enigma sobre el que los arquitectos se rompieron la cabeza para poder resolver durante siglos. "El interior de la Sagrada Familia será como un bosque", anunció. Y por una selva de columnas inclinadas y ramificadas como arborizas, palmas y laureles, a partir de los capiteles, anuló empujones y contraempujones, suprimiendo así el empleo de los contrafuertes y poniéndose en condición de abrir enormes ventanas laterales. Estas, coloridísimas, filtran la luz solar irradiando al interior matices diferentes a cada hora del día. Para él "todo proviene del gran libro de la naturaleza, todos los estilos son organismos emparentados con la naturaleza."

brucelosis. Pero la Sagrada Familia no debía interrumpirse, así que el arquitecto decidió que no aceptaría más otros encargos: la basílica se convirtió en su misión. Se estableció en su interior, creando una pieza y un laboratorio a los pies de la construcción. El 30 noviembre de 1925 fue completado el primer campanario de la fachada de la Natividad dedicada a San Bernabé. Gaudí radiante expresaba toda su alegría: "Es como si aquella lanza juntase el cielo con la tierra."

Gaudí también se interesó en la acústica. Las torres del campanario, en efec“La tarde del 7 junio La tarde to, tienen aberde 1926, en el centro de del 7 junio de turas en forma de tornavoz, Barcelona, sobre la Gran 1926, en el característica Via, entre Calle Gerona y c e n t r o d e de las guitarras Bailén, cerca de la iglesia B a r c e l o n a , sobre la Gran españolas de la de San Felipe Neri, un Vi a , e n t r e época, que por Calle Gerona viejo yacía en el suelo la inclinación y Bailén, cerca de las placas en manchado de sangre de la iglesia de las paredes dirijunto a los carriles del San Felipe gen el sonido de Neri, un viejo tranvía ...” las campanas yacía en el directamente suelo manchahacia el extedo de sangre rior, hacia abajo. En la fachada de la Natividad junto a los carriles del tranvía. hay campanas tubulares de percu- Traía puestos vestidos raídos y sión, en la de la Pasión campanas zapatos maltrechos, pero el batín a de órgano sonoro y en la de la la americana y la corbata no Gloria son afinadas en Mí, Sol, hacían pensar en un obrero. Do. El hombre no tenía consigo En 1911 Gaudí se enfermó de documentos. En un bolsillo le

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Portal dedicado a la Natividad

encontraron un puño de uva pasa y un puñado de cacahuetes, en la otra un libro arrugado y mal encuadernado: los Evangelios. A las preguntas de los enfermeros contestó balbuceando su nombre pero aquellos no entendieron. ¿Un mendigo? Nadie sabía quién era, así que aquel viejo fue llevado con la ambulancia al hospital de la Santa Cruz, en el Barrio Gótico, dónde eran llevados los pobres y los disolutos. El paciente fue hospitalizado en una habitación vacía, con una imagen de la Virgen y un rosario negro colgados en la pared. El día después Gil Parés, capellán de la Sagrada Familia en construcción, llevado al hospital lo reconoció: aquel viejo maltrecho eraAntoni Gaudí. Él último constructor de catedrales murió dos días después, a los setenta y cuatro años. El inmenso cortejo fúnebre El día del funeral, el 12 de junio de 1926, en Barcelona reinó un silencio absoluto. Una inmensa muchedumbre compuesta de gente de todas las condiciones sociales, pero sobre todo de pobres, obreros, ropavejeros, tenderos, artesanos, subía muda por la Rambla, salían a las estrechas calles del Barrio Gótico, de las tabernas y de los hostales. Bajaban de las colinas detrás Parc Güell, de Barcelloneta, de los países vecinos, en tren, a pie, en bicicleta. Había quien se encaramaba sobre los árboles y sobre las farolas y quién se asomaba a las ventanas y los balcones adornados de luto, con los niños en brazo, para ver el carro que transportaba a Antoni Gaudí, el arquitecto de Dios, que renunció a todo por la Sagrada Familia, qué no desdeñó salir por la calle a pedir caridad para ayudar a su obra. Vladek Cwalinski


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PECADO Y MISERICORDIA

No deis al pecado la última palabra El Martes 16 de noviembre la revista “Tempi” de la cual soy desde hace un año un colaborador fijo, junto con el Centro cultural “Manfredini” de Boloña, organizaron en el Aula Magna de la primera y más antigua Universidad del mundo, un encuentro con el Arzobispo de Boloña, el eminentisimo Señor Cardenal Carlo Caffarra y con el “burro de Jesús” el misionero P. Aldo Trento. El Aula Magna que lleva la fecha de construccion “año 1088” y tiene la forma arquitectónica de una iglesia románica, estaba colmada por más de 1000 estudiantes y profesores,. El tema del encuentro era particularmente interesante porque nunca como hoy el hombre necesita descubrir y encontrar la misericordia divina: “La última palabra de la vida no es el pecado sino la misericordia”. La relación del cardenal Caffarra tocó profundamente el corazón del público, mostrando a través de dos escritores en particular, Alessandro Manzoni y Fyodor Dostoievski, cómo el corazón del hombre

“Queridos amigos, en mi no tan corta vida me ha tocado ya tomar palabra frente a todos, también frente al Papa, pero no me ha sido nunca tan difícil tomar la palabra como esta tarde. Es decir, tomar la palabra frente a un testigo, padre Aldo, que reconstruye cotidianamente la humanidad devastada por el mal de todo tipo con el abrazo del perdón. Acepten entonces mi palabra, en su pobreza, sólo como una ayuda que les doy, para destacar, espero, el testimonio que seguirá a mi palabra. El hombre hoy -me refiero al hombre occidenta - está mal, aunque trata de vivir alegremente su malestar, porque se ha vedado la experiencia del perdón de parte de Dios, y por lo tanto la experiencia de Su misericordia. El hombre no puede vivir una buena vida sin esta experiencia. Él es capaz de actuar mal, pero es incapaz de librarse del mal por completo. Con esto no me refiero a poner remedio a las consecuencias que su acción ha causado en sí y sobre los otros. Hay un texto manzoniano que nos ayuda a entender esta paradoja del hombre que puede actuar mal y no puede librarse del mal por completo. Es la famosa noche del Innominado, en el momento en que él hace memoria de todas sus perversidades. "Eran todas suyas; eran él: el horror de este pensamiento, renaciente a cada

uno de aquellas imágenes, pegado a t o d o , c re c i ó h a s t a l a desesperación" [Los Novios, cap. XXI]. Y también en las Observaciones sobre la moral católica: "El culpable siente en su conciencia aquella voz terrible: ya no eres inocente; y aquella otra más terrible aún, no podrás serlo más" [VIII, 3]. Con las propias elecciones cada uno de nosotros engendra lo mismo, y se convierte en creador de lo mismo: eres lo que decides ser. Los actos de injusticia no eran actos de los cuales sólo el Innominado era responsable: "eran él". Existe una misteriosa pero real y progresiva identificación de nuestro yo con las elecciones de nuestra libertad. Si pienso en un triángulo, no me convierto en un triángulo. Si cumplo un robo, llego a ser un ladrón. Puedo, ciertamente y tengo que, devolver eso de lo que me he adueñado injustamente, pero eso no saca lo que he sido. Existe como una identificación de la persona con sus actos: "pegado a todo", como dice Manzoni. La solución, el escape sería aquel de un "recomenzar otra vez", como un tipo de renacimiento y regeneración. Pero, "¿como un hombre puede nacer cuándo es viejo?¿Puede quizás volver a entrar al vientre de su madre y renacer?". Pero ya que el hombre no puede cumplir este milagro, ha elaborado e inventado otras vías paliativas para la liberación del mal. Han sido inventados varios relevos del único acto que puede reengendrar al hombre: el perdón de Dios. No los enumero todos.

anhela la misericordia que tiene en Cristo su rostro divino y humano. Bellísimo el título de un diario italiano el día siguiente al encuentro: “¡no deis al pecado la última palabra!” De mi parte tuve la gracia, también dentro de la conciencia que no estaba a la altura de sentirme digno de estar al lado de un príncipe de la Iglesia, de relatar, siguiendo mi estilo de hablar, las maravillas que el Señor ha hecho y hace en mi vida y en cuantos comparten esta aventura de misericordia visible en las obras de caridad de la parroquia San Rafael de Asunción. Me encantaría poder relatar cuanto el Espíritu Santo por la intercesión de la Virgen me sugirió, sin embargo las palabras del cardenal Cafarra, por la profundidad del contenido y por la cercanía del Adviento, tiempo de misericordia y de gracia, son mas adecuadas y de ayuda para cada uno de nosotros. Leamos atentamente cuanto la infinita providencia y misericordia de Dios está haciendo en nuesta parroquia y que ha permitido al Arzobispo de Boloña compartir con nosotros sus palabras de aliento.(P. Aldo)

negación [de la existencia] de Dios. Quiero decir de un Dios implicado en el Destino de la persona humana. Eso no ha ocurrido por casualidad. La negación de Dios no ha coincidido casualmente con la negación del mal moral. Los dos, existencia del mal moral en el hombre y existencia de Dios, están o acaban juntos. Nadie como Dostoievski nos ha mostrado esto, sobre todo en dos grandiosas novelas, “Crimen y castigo” y “ Los hermanos Karamazov”. "Si Dios no existe todo es permitido": el fruto de la negación de Dios por el verdadero ateo es la liberación de cada ley moral. ¿Pero qué ocurre en hombres como Raskolnikov o como Iván Karamazov? Son destruidos, al final, del delito que han cumplido. Elimina a Dios de la vida y la voz de la conciencia se hará cada vez menos imperiosa. No estoy seguro, la sociedad y el Estado comienzan a empeñar la conciencia del hombre, a “atar” su libertad. Es el corazón del drama del hombre de hoy. Pero hay algo en el hombre que ha pecado que le impide al final conformarse con los varios subrogados del perdón de Dios. Es el encontrarse con él mismo, con un él mismo devorado por la potencia destructiva del remordimiento.

El castigo que sigue al pecado como tienen bien visto Manzoni y Dostoievski - "precede a la condena de cada tribunal y es más Me limito a alguna reflexión terrible que cada condena. Es este sobre la tentativa más trágica, más castigo la prueba de Dios. El desesperada que el hombre ha pecador puede no reconocer a intentado nunca, al intentar vivir Dios en su castigo, pero si el homsin el perdón de Dios: la negación b r e n o p u e d e o f e n d e r del mal moral. Es una tentativa impunemente la ley, sin que el que ha ido paso a paso con la delito recaiga sobre él, la destrucción psicológica que sigue al delito afirma igualmente la P. Aldo "divinidad de la ley"" (Divo Barsotti, Dostoievski. La pasión por Cristo). Pero quizás hoy se Farmacia PUNTO FARMA ha embocado ya otro camino. Se Delivery 24 hs. sin costo 607 500 trata de explicar el origen de Supermercado GRAN VIA nuestro ser consciente en Usted puede colaborar con las nosotros mismos, en primera obras de San Rafael redondeando el monto de su ticket o factura persona, y por lo tanto el origen de nuestra libertad en una Ayude a los niños, ancianos y realidad de tipo neurobiológico, enfermos de sida y cáncer abandonados por la sociedad como se explica un efecto con

REDONDEE

Asi se presentaba el Aula Magna en la Universidad de Bolonia, durante la conferencia, en la mesa de disertantes: el P. Aldo Trento, el card. Carlo Caffarra y Luigi Amicone

su causa. "El misterio de la c o n c i e n c i a s e r á re m o v i d o progresivamente cuando s o l u c i o n e m o s e l p ro b l e m a biológico de la conciencia" (John Searle, El misterio de la conciencia). El acontecimiento cristiano es la posibilidad ofrecida al hombre de ser reengendrado a través del perdón de Dios: de nacer de nuevo y de empezar de nuevo. El cristianismo es la posibilidad de decir en cualquiera circunstancia: "Ahora recomienzo otra vez", porque es el perdón de Dios siempre ofrecido al hombre, a cada hombre. Decir "Dios perdona" no significa: Dios decide no tener en cuenta las elecciones de tu libertad, con un tipo de disimulo. Él toma terriblemente en serio nuestras elecciones equivocadas, y asume hasta el final el peso de ello. La asunción de todas las elecciones equivocadas de cada hombre es la Cruz de Cristo. Pero al mismo tiempo el perdón de Dios consiste en la acción de Dios que transforma nuestra libertad y renueva de raíz nuestro yo. Este acto es más divino, es más grande que el mismo acto de la creación. A la acusación de los hombres, a su pecado, Dios contesta con su perdón. Existe un límite contra el que se quebranta la potencia del mal: el perdón y la misericordia de Dios. También Dostoievski ha expresado admirablemente la fuerza regeneradora del perdón de Dios, en el discurso de un borracho, incapaz de librarse del

vicio del beber que ha llevado a su familia a la miseria más negra, en el discurso de Marmeladov, el padre de Sonia, en Crimen y Castigo . Marmeladov suplica piedad. "El que tuvo piedad de todos los hombres, el que todo y todo incluidos tendrá piedad de nosotros, él sólo es el juez, él vendrá en el último día…Todos serán juzgados por él y él perdonará a todos: a los bueno y a los tristes, a los santos y a los mansos…Y cuando haya pensado en los otros, entonces vendrá nuestro turno: "Acérquense también ustedes", nos dirá, "acerquénse, vosotros beodos, acérquense, ustedes desesperados". Y nos acercaremos todo sin temor…Y los sabios y los biempensantes dirán: "Señor, ¿por qué acoges a esos?". "Yo los acojo…Porque ninguno de ellos se ha creído digno de este favor". Y nos desdoblará los brazos y nosotros nos precipitaremos y e s t a l l a re m o s e n d e s e o s y c o m p re n d e re m o s t o d o … Y entenderemos todo… Señor venga tu Reino". Estas páginas se encuentran, a mi juicio, entre las más altas de la literatura cristiana de todo tiempo, parece la huella de la página evangélica que cuenta el llanto de la prostituta perdonada y que sólo tiene el ánimo de besar ” los pies del Dios. Y quien vio aquel encuentro no pudo no acusar a Cristo de comportarse como si fuera Dios. Está en su misericordia que Él revele su divinidad.


Jueves 25 de noviembre de 2010

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OBSERVADOR SEMANAL

ACTUALIDAD

La reforma de la Iglesia comienza por la reforma en uno mismo El jueves 4 de noviembre, con motivo del cuarto centenario de la canonización de san Carlos Borromeo, Benedicto XVI en un mensaje dirigido al arzobispo de Milán, el cardenal Dionigi Tettamanzi, instó a reformar la Iglesia empezando por uno mismo y detalló unas indicaciones para llevar a cabo esta necesaria purificación proponiendo el ejemplo de este santo. Benedicto XVI escribió que este santo 'era consciente de que una reforma seria y creíble debía empezar precisamente por los pastores, para que tuviera efectos beneficiosos y duraderos en todo el Pueblo de Dios'. En la época de San Carlos Borromeo (1538-1584), La Iglesia se encontraba en una de sus coyunturas más decisivas. Se había consumado desgraciadamente la ruptura religiosa con todo el norte de Europa. Sin embargo, después de mil dificultades, el concilio de Trento iba trazando un programa de auténtica reforma realmente maravilloso, que había de bastar para llenar durante siglos las actividades de los más celosos pastores. Señala el Sumo Pontífice como: “En tiempos oscurecidos por numerosas pruebas para la Comunidad cristiana, con divisiones y confusiones doctrinales, con el empañamiento de la pureza de la fe y de las costumbres y con el mal ejemplo de varios ministros sagrados, Carlos Borromeo no se limitó a deplorar o a condenar, ni simplemente a auspiciar el cambio en los demás, sino que empezó a reformar su propia vida, que, una vez abandonadas las riquezas y las comodidades, se llenó de oración, de penitencia y de dedicación amorosa a su pueblo. San Carlos vivió de manera heroica las virtudes evangélicas de la pobreza, la humildad y la castidad, en un continuo camino de purificación ascética y de perfección cristiana.” La santidad de Carlos es, en su suprema sencillez, una gran lección para todos. Se hizo santo por un método viejo y poco complicado: cumpliendo su obligación. Se hace santo por la observancia rigurosa y plenísima de sus deberes, quemando toda su existencia, poco a poco, entre los mil negocios de cada día.

Sus mismos defectos, al contacto con la santidad, quedan trocados "a lo divino": su orgullo y desprecio a lo bajo, se transforman en horror al pecado; su mala administración y excesiva liberalidad de los tiempos de estudiante, se truecan en caridad hacia los pobres; su terquedad se hace tenacidad; su falta de brillantez, le da ocasión de ejercitarse en la laboriosidad y en la humildad. Pero si quisiéramos resumir su vida espiritual en una virtud más característica diríamos que fue la constancia. Pese a todo y a todos mantuvo en alto la bandera de la reforma. Por esto bien dice el Papa: “De su vida santa y conformada cada vez más a Cristo nace también la extraordinaria obra de reforma que san Carlos realizó en las estructuras de la Iglesia, en total fidelidad al mandato del Concilio de Trento. Admirable fue su obra de guía del Pueblo de Dios, de meticuloso legislador, de genial organizador. Todo esto, sin embargo, sacaba fuerza y fecundidad del compromiso personal de penitencia y de santidad. En todas las épocas, de hecho, es ésta la exigencia primera y más urgente en la Iglesia: que cada uno de sus miembros se convierta a Dios. Tampoco le faltan en nuestros días a la Comunidad eclesial pruebas ni sufrimientos, y ella se muestra necesitada de purificación y de reforma. Que el ejemplo de san Carlos nos impulse a empezar siempre desde un serio compromiso de conversión personal y comunitaria, a transformar los corazones, creyendo con firme certeza en el poder de la oración y de la peni-

tencia. Aliento particularmente a los ministros sagrados, presbíteros y diáconos, a hacer de su vida un valiente camino de santidad, a no temer la exaltación de ese amor confiado en Cristo por el que el Obispo Carlos estuvo dispuesto a olvidarse a sí mismo y a dejarlo todo”. Realiza la reforma del pueblo, del clero, de los monjes y de las monjas, que se resistían a aceptar algunas normas de Trento. El no se arredra ante las dificultades. “basta obrar rectamente en todo, dice, y luego que cada cual diga lo que quiera”. Promueve los Ejercicios de San Ignacio. En esa acción de reforma “supo recurrir a las fuentes tradicionales y siempre vivas de la santidad de la Iglesia católica: la centralidad de la Eucaristía, en la que reconocía y proponía de nuevo la presencia adorable del Señor Jesús y de su Sacrificio de amor por nuestra salvación; la espiritualidad de la Cruz, como fuerza renovadora, capaz de inspirar el ejercicio cotidiano de las virtudes evangélicas; la frecuencia asidua de los Sacramentos, en los que acoger con fe la acción misma de Cristo que salva y purifica a su Iglesia; la Palabra de Dios, meditada, leída e interpretada en el cauce de la Tradición; el amor y la devoción al Sumo Pontífice, en la obediencia pronta y filial a sus indicaciones, como garantía de verdadera y plena comunión eclesial”, como subraya el santo Padre.

recordemos su preocupación por el seminario, y su clara visión de la necesidad de adaptar la formación de los seminaristas a la vida real; recordemos su empeño por la santificación de los seglares y la organización apostólica de los mismos; recordemos la amplitud de espíritu con que concibió las relaciones del clero secular con los religiosos.

Leyendo sobre su vida, vemos cómo San Carlos es el auténtico ideal del obispo reformador y sus medidas legislativas son copiadas, adaptadas, implantadas y urgidas. En muchos aspectos es decidido antecesor de iniciativas que estimamos modernísimas. Recordemos el "Asceterium" al que el papa Pío XI llamó en la encíclica Menti Nostrae, la primera casa de ejercicios del mundo;

También recordó que durante su episcopado, su diócesis “se sintió contagiada por una corriente de santidad que se propagó a todo el pueblo” y esto fue posible gracias al “ardor de su caridad”. “La de san Carlos Borromeo fue sobre todo la caridad del Buen Pastor, que está dispuesto a dar totalmente su vida por el rebaño confiado a su cuidado, anteponiendo las exigencias y los deberes del ministe-

Bien destaca Benedicto XVI en su mensaje que “De su vida santa y conformada cada vez más a Cristo nace también la extraordinaria obra de reforma que san Carlos realizó en las estructuras de la Iglesia, en total fidelidad al mandato del Concilio de Trento. Admirable fue su obra de guía del Pueblo de Dios, de meticuloso legislador, de genial organizador”. La caridad contagia

rio a cualquier forma de interés personal, comodidad o ventaja.” “No se podría comprender, sin embargo, la caridad de san Carlos Borromeo si no se conoce su relación de amor apasionado con el Señor Jesús. Este amor él lo contempló en los santos misterios de la Eucaristía y de la Cruz, venerados en unión muy estrecha con el misterio de la Iglesia. La Eucaristía y el Crucifijo sumergieron a san Carlos en la caridad de Cristo, y ésta transfiguró y encendió de ardor toda su vida, llenó las noches pasadas en oración, animó toda su acción, inspiró las solemnes liturgias celebradas con el pueblo, conmovió su fino ánimo hasta llevarlo a menudo a las lágrimas”. “Donde existe la experiencia viva del amor, se revela el rostro profundo de Dios que nos atrae y nos hace suyos”, afirmó el Papa, invitándonos a hacer “ de la Eucaristía el verdadero centro de nuestras comunidades” y asegurando que “toda obra apostólica y caritativa tomará vigor y fecundidad de esta fuente”. El Pontífice concluyó su mensaje renovando su llamada a los jóvenes a la santidad: “Dios os quiere santos, porque os conoce en lo profundo y os ama con un amor que supera toda comprensión humana”, dijo. Y añadió: “Vosotros, queridos jóvenes, no sois sólo la esperanza de la Iglesia; ¡vosotros ya formáis parte de su presente! Y si tenéis la audacia de creer en la santidad, seréis el tesoro más grande de vuestra Iglesia ambrosiana, que se ha edificado sobre santos”.

G. L


Jueves 25 de noviembre de 2010

OBSERVADOR SEMANAL

ACTUALIDAD

LA AVENTURA HUMANA DE LOS SANTOS

El Papa no cambia de idea sobre el uso del preservativo

San Virgilio

Intentemos poner un poquito de orden sobre las anticipaciones de unos temas que se encuentran en el libro entrevista con Benedicto XVI escrito por Peter Seewald, “Luz del mundo”, que pronto se podrá encontrar en todas las librerías. En este libro emerge toda la humanidad e índole del pastor. Es verdad que es un profesor, un académico, un intelectual profundo, pero quien sigue su magisterio que no se agota en palabras, sino que está hecho también de encuentros y de ejemplos- no se asombra en encontrar en el libro la sencillez de un Papa que acepta de hablar de sus fragilidades, que reconoce errores, que reitera de no ser infalible cuando no habla “ex cátedra”, que se define un “mendigo” y no un “monarca absoluto”. Un Papa que en muchos diarios se le muestra como un terrible inquisidor, y que al contrario muestra de haber reflexionado y de compartir en todo cuanto han dicho unos cardinales y teólogos sobre el tema del preservativo. Hay que poner atención, la doctrina católica sobre el condón no cambia. El adelanto un poco fuera del contexto que el sábado pasado se había publicado en el Observador Romano (faltaba la pregunta y también faltaba la sucesiva pregunta de Seewald y la segunda respuesta del Papa sobre el argumento) se refería a la polémica surgida en el marzo 2009 después de la entrevista de Benedicto XVI en el avión que lo llevaba a Camerún, cuando el Papa había explicado que la distribución de los preservativos no era la respuesta más adecuada y eficaz en la lucha contra el SIDA. Un concepto que se retoma nuevamente en el libro, junto al hecho de volver a proponer la enseñanza de la encíclica Humanae Vitae, en la cual Pablo VI en 1968 definió ilícitos el uso de los anticonceptivos. En el texto original, en alemán, el Papa habla de “männliche Prostituierte” que significa “prostituto” (no prostituta)

y vale puntualizar que el Santo Padre está hablando del preservativo como herramienta contra el SIDA y no del preservativo como herramienta de anticoncepción. Lo que dice el Papa, si tomamos sus palabras originales en alemán, es simple y sencillamente que si un prostituto homosexual utiliza un condón (con el objetivo único de no contagiar ni contagiarse de SIDA), esto puede ser señal de un inicio de moralización, de que el hombre se está dando cuenta (en su interior) de que no puede hacer con su sexualidad lo que le venga en gana. En otras palabras, Ratzinger no ha “absuelto” el uso de los preservativos, no ha cambiado la doctrina, sino con autoridad ha explicado como ningún Pontífice había hecho- que en unos casos, y en lo que se refieren a las relaciones sexuales en el ámbito de la prostitución homosexual con uno de los dos enfermos de SIDA, el preservativo podría justificarse. Y sea este “un primer acto de responsabilidad”, “un primer paso en el camino hacía una sexualidad más humana”, que hay que privilegiar al hecho que se uno no lo usa expone el otro al riesgo de la vida. Pero el Papa tiene bien presente no solo las miserias ajenas. No evita de hecho de presentarse como alguien

opuesto a un monarca o a un poderoso faraón. “Recuerda -es la frase de San Bernardo que el Papa hace suya- que no eres el sucesor del emperador Constantino, sino eres el sucesor de un pescador”. Vicario de Cristo, pero no superman. Expuesto a los errores, como lo que el Papa reconoce en el asunto del obispo lefebvriano Williamson, diciendo que si sabía de sus posturas no le habría quitado la excomunión. Capaz de hablar con gran sencillez de sus posibles renuncias: “Si el Papa se da cuenta con claridad que no es más capaz, física, psicológica, y espiritualmente, de cumplir con los deberes de su oficio, entonces tiene el derecho y, en algunas circunstancias, también la obligación, de renunciar”. Añadiendo también que “Cuando el peligro es grande no hay que huir”, y entonces justamente ahora “ciertamente no es el tiempo de renunciar”. Capaz de recordar que la infalibilidad pontificia entra en juego muy raramente, como en el caso de las definiciones dogmáticas: “En determinantes circunstancias y a determinantes condiciones, el Papa puede tomar decisiones por último vinculantes gracias a las cuales se vuelve claro qué es la fe de la Iglesia, y qué no lo es. Eso no significa que el Papa p u e d a c o n t i n u a m e n t e p ro d u c i r 'infalibilidad'”. Benedicto XVI el domingo pasado por la mañana, entregando el anillo a los 24 nuevos cardenales, ha dicho a ellos que el ministerio de Pedro como el de ellos “es difícil porque no se asemeja a la manera de pensar de los hombres”. Es justamente por la fidelidad al mensaje cristiano, que el Papa lleva a hacer propia la misma compasión de Jesús hacía las miserias humanas ajenas y propias, en la conciencia que la verdad cristiana no consiste en un conjunto de dogmas o de formulaciones abstractas da proclamar como una espada en la cara al mundo, sino en el encuentro posible hoy con aquel Jesús que antes de juzgar, amó. Preparado por PB

Irlanda, evangelizada por el gran obispo San Patricio en el siglo V, se convirtió en patria de santos y un verdadero semillero de vocaciones para la vida monástica, que proporcionó a la Iglesia numerosos misioneros. El santo que hoy la Iglesia conmemora (27 de noviembre), Virgilio, es uno de estos intrépidos monjes que emigró como misionero al continente europeo. Su nombre original era Fergil, latinizado en “Virgilius”. Nació alrededor del año 700. De joven abrazó la vida monástica, se convirtió en abad de un monasterio irlandés y adquirió una vasta cultura no sólo teológica y bíblica, sino también científica, sobre todo en matemáticas y geografía. Pepino, rey de los francos, queriendo fundar en su reino centros culturales y pacificar a su pueblo con la fe cristiana, invitó a Virgilio en el año 743 para abrir una escuela superior en la región de Baviera, que estaba bajo el dominio del duque Odilón. Con la muerte del obispo de Salzburgo, Virgilio fue elegido abad del monasterio de Saint Peter, del que dependía el obispado. En calidad de abad, Virgilio debía gobernar la diócesis, aunque sin consagración episcopal. Para las funciones propiamente reservadas a la orden, Virgilio se valía de algún obispo itinerante. La situación, sin embargo, no agradaba a muchos y daba lugar a comentarios desfavorables. Para evitar esta situación delicada, Virgilio solicitó del Papa la consagración episcopal, lo que ocurrió en el año 755, cuando tenía 55 años de edad. Como pastor y maestro de la diócesis, Virgilio se destacó por su diligencia, su espíritu de organización y sus iniciativas, que tenían por objeto la educación religiosa del pueblo, y su profundo saber. Conoció al gran apóstol de Alemania, San Bonifacio, con quien discutió, incluso, cuestiones litúrgicas y doctrinales, llegando ambos a un acuerdo amigable. Edificó una catedral separada del monasterio de Saint Peter y con esto dio inicio a una pacifica diferenciación entre la abadía de los monjes y de la diócesis. Cuando el rey Pepino lo invitó para trabajar en su reino tal vez tenía objetivos políticos, pero el santo supo corregirlos hábilmente, e impuso su acción pastoral y su enseñanza en un plan exclusivamente espiritual y con preocupaciones únicamente morales. Virgilio fue contemporáneo del gran filósofo y teólogo Alcuíno, quien reconoció en el santo obispo de Salzburgo grandes dotes intelectuales y espirituales. Con la finalidad de favorecer la más profunda penetración del Cristianismo entre los pueblos más remotos, Virgilio fundó varios monasterios benedictinos que se convirtieron en verdaderas antorchas de evangelización. A algunos de estos monasterios Virgilio les confió, incluso, una misión evangelizadora frente a los pueblos eslavos. San Virgilio fue el primer autor del famoso catálogo y crónica de los monasterios y las iglesias confiadas a los benedictinos. Se trata de una obra magistral que continuó sus reseñas por cinco siglos transmitiendo preciosas informaciones sobre la vida cristiana, incluyendo, con ocho mil nombres de personalidades y lugares. Virgilio falleció el 27 de noviembre del año 784. Fue sepultado en la Catedral de Salzburgo construida por él y que quinientos años después sería arrasada por un incendio. Sin embargo sus reliquias se salvaron y, en ocasión de su traslado, ocurrieron varios milagros.


Observador Semanal del 25/11/2010