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OBSERVAD

R SEMANAL

PALABRAS DE CERTEZA Y ESPERANZA RESPONSABLES: Guillermo Lesmes - Nathalia Lemir - www.sanrafael.org.py - mail: observadorsemanal@sanrafael.org.py - AÑO VII - Nº 336 - JUEVES 15 DE DICIEMBRE DE 2011

La caridad es la afirmación del Ser S

e ven en la calle en estos días unos carteles publicitarios que invitan al perdón. Detrás de la iniciativa hay personas que se han animado a proponer esta cura a los dolores de nuestra sociedad. De hecho, llama la atención la puesta en marcha en nuestro país de una organización cuyo objetivo no es solo exigir justicia, sino estimular a las personas a superar sus rencores y a perdonar. El primer sentimiento que genera en nosotros esta iniciativa es el de simpatía, ya que, por experiencia, los cristianos sabemos que el nuestro es un Dios de perdón. Luego, vemos que detrás de todo gesto orientado al perdón, está la mano de nuestro Padre. Lo segundo que brota en nosotros, es un deseo de ahondar en esta realidad y dejarnos iluminar por la verdad que subyace en ella, partiendo de la reflexión sobre la rica herencia y la sobrada experiencia de la Iglesia en esta materia. Como decía C. S. Lewis, el escritor inglés converso, autor de las Crónicas de Narnia, en su ensayo sobre el perdón: “…Con frecuencia interpretamos equivocadamente el perdón de Dios y de los hombres. En cuanto a Dios, cuando creemos pedirle perdón, a menudo deseamos otra cosa…; en realidad, no queremos ser perdonados, sino disculpados; pero son dos cosas muy distintas. Perdonar es decir: “Sí, has cometido un pecado, pero acepto tu arrepentimiento, en ningún momento utilizaré la falta en contra tuya y entre los dos todo volverá a ser como antes”. En cambio, disculpar es decir: “Me doy cuenta de que no podías evitarlo o no era tu intención y en realidad no eras culpable”. Hay una parte inexcusable en nuestro comportamiento y es la que nos lleva a pedir perdón. Analizaba Lewis que con una excusa perfecta, no necesitamos perdón, sino solo explicar las “circunstancias atenuantes” de dicha conducta, es decir disculparnos; pero si una acción requiere ser perdonada, es imposible una excusa. La pregunta es ¿creemos en verdad en el perdón? Lo afirmamos en el credo, lo tenemos como un bien, pero en la práctica parece que impera el: “ni olvido ni perdón”. Es una de las pruebas fehacientes del pecado original. De querer, queremos perdonar, hacer el bien; pero, al obrar terminamos haciendo el mal que aborrecemos, como decía San Pablo, y nos dejamos arrastrar por el rencor y la mutua desconfianza.

Mi sueño se cumplió

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Sincerémosnos, perdonar de verdad un mal recibido y pedir perdón sin excusas es imposible a la sola voluntad humana. No es una cuestión de buena voluntad. En este sentido, es muy verdadera la sentencia que irónicamente solemos escuchar de los que ya no creen en él: “perdonar es sólo divino”. Cosa de Dios. Luego, imposible para los hombres que estamos como resignados a vivir excusándonos, disculpando, poniendo parches, arrastrando esa carga del “deber ser” para no desesperar en nuestra impotencia, ante el “no poder”. Imagina una niña de 12 años, pobre y huérfana de padre. Dulce, obediente. Le han herido con más de 14 puñaladas y sus heridas alcanzan el pericardio, el corazón, el pulmón izquierdo, el diafragma, el intestino… Han intentado abusar de ella y ella ha peleado hasta el final. El canalla es su vecino, amigo de su familia… ¿Qué surge en tu corazón? Probablemente, lo mismo que a sus vecinos: un deseo de linchar al criminal allí mismo, sin juicio ni sentencia… Su madre, destrozada, la acompaña al hospital y su angustia se convierte en horror cuando la niña le cuenta que el culpable era aquel que había estado comiendo hace un rato con ellos en su mesa. Pero ella que amaba tanto su primera comunión y que besaba constantemente la cruz pequeñita que llevaba al cuello, sólo reza. Y “con todo el corazón”, perdona “por amor de Jesús”. Ella era María Goretti, la que sorprende al cura cuando estaba dándole la extrema unción y el viático diciéndole: “Quiero que él también vaya conmigo al

La posibilidad de vivir la vida como una aventura (1)

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paraíso”… ¡Definitivamente el amor supera toda ley humana y su máxima expresión es el perdón! Alessandro Serenelli, el asesino de María, cumple una larga condena, y ya en la cárcel recibe la gracia del perdón. Se arrepiente sinceramente, llora y pide perdón a Dios, a la comunidad y a la madre de María. No hay excusa en su conducta. No hay disculpa. Sólo la posibilidad abierta por la fe de la niña para el perdón. Más tarde será hortelano en un convento de capuchinos y será admitido en la tercera orden de san Francisco. También don Orione, el santo de la caridad, protagoniza uno de estos eventos: luego de una prédica en la que hablando del perdón de Dios ejemplifica que aunque uno haya puesto veneno a su madre y la hubiese matado, si se arrepiente y pide perdón, Dios se lo concede. Volviendo por la madrugada y en medio de las montañas, un espectro negro se le acerca en un puente. Nieva. El santo se asusta y reza. Pero el espectro resultó ser un hombre deprimido, angustiado, que le dice: ¿En serio crees lo que predicas?, reclama solitario en la oscuridad cerrada. Don Orione afirma que sí. ¿Y cómo sabías lo del veneno?, confiesa. Es él el matricida. El santo no lo sabía, Dios lo ha inspirado. La mirada de Don Orione no es de reproche, es de compasión. El atormentado cae de rodillas, llora, confiesa. No ha tenido paz desde hacía tiempo. Iba a matarse esa noche. Fue al templo antes de quitarse la vida. Escuchó a Don Orione y la verdad cala en él más que en ninguno de los oyentes. Es el principio del camino de retorno… No es esfuerzo. Es abandono. No es voluntarismo. Es una gracia. El perdón sólo se encuentra en el Señor. Sus frutos son la paz y la alegría. Si no hay perdón, toda relación se rompe, todas las estructuras tiritan, todas las obras decaen. ¡Y, sin embargo, algo tan esencial para el hombre, no está en nuestras manos el hacerlo realidad! Es una prueba fehaciente de que necesitamos de Dios. Verdaderamente. No de una religión como superestructura o de unas normas, sino de una experiencia que viene con la fe. Por eso, en el año de la familia en nuestro país y en este inicio de año litúrgico, en este adviento, pongamosnos de rodillas y con el corazón y pidamos a Dios que se acuerde de nuestra debilidad. Como aquel ladrón que junto a la cruz de Cristo encontró el camino del regreso al Padre. Observador Semanal

Jesús: ¿el maestro?

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Donde Cristo es un acontecimiento, florecen las vocaciones (1)

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TESTIMONIO

“Ustedes ven en mí, el rostro sufrido de Cristo y yo veo en ustedes, Su rostro misericordioso”

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ilvia no es solamente la inteligente y l a b o r i o s a administradora de la fundación San Rafael, sino una de aquellas personas que todo ser humano necesita para ser educado a tomar en serio la propia humanidad y vivir intensamente la realidad, para ella totalmente positiva. Hace un año que ella está luchando contra el cáncer y día tras día, pasando por momentos muy difíciles, hasta de desesperación. Sostenida por la fe en Cristo, pudo connuestra compañía, los que que compartimos con ella el mismo camin, transformarse en una Presencia llena de alegría, en una compañía auténtica de verificación de la fe. Silvia en pocos meses ha sido colmada por la gracia de Cristo, con la ayuda maternal de la Virgen. Del miedo y del espanto debido a su dolorosa enfermedad, pasó a la certeza de que Dios le ha concedido una gran gracia que le permite vivir cada día conmovida y agradecida. Mientras hace un año y medio se enojaba conmigo, cuando solía repetirle que cualquier enfermedad, en Cristo, se vuelve una gracia, un gran recurso humano; ahora es ella quien me lo recuerda en cada momento. De verdad no existe situación, aún la más dolorosa, que en Cristo Jesús no se vuelva positiva, como en Silvia, el permitirle conocer qué es la paz y la leticia. Gracias Silvia, porque para todos nosotros, que te queremos, sos el signo más concreto de la Misericordia Divina. P. Aldo.

“Ustedes ven en mí, el rostro sufrido de Cristo y yo veo en ustedes, Su rostro misericordioso” ¿En qué se funda nuestra esperanza? Es la gran pregunta…¿Si en el hecho de saber que hemos sido elegidos por Cristo, o en nuestra capacidad de creer que todo lo podemos solucionar nosotros, que podemos hacer cuenta con nuestros recursos, competencias, estando muchas veces apoyados en el aplauso o en el aliento de los hombres, cayendo en la tentación de que somos el éxito? Ahora, en este momento de crisis como es el que estoy pasando, no tengo dudas de cuál es mi respuesta…no tengo dudas que yo he sido “elegida”. Pero lo veo ahora, cuando esta crisis me obliga a mirar sinceramente qué es lo que quiero, qué es lo que estoy sintiendo, qué me provoca todo esto. En esta situación desesperante se me empezaron a presentar varias cosas, y las mismas en repetidas oportunidades, y empecé a percibirlas como señales, como señales muy importantes, porque en realidad estoy cayendo en la cuenta de que son éstas las que me van a salvar, las que me están salvando. ¡Entendí, después de que me las hayan dicho muchas veces, que debo hacer un ejercicio personal de aprender a perdonar! Primero, perdonarme a mi misma y segundo, perdonar a los demás; es un trabajo que me cuesta muchísimo pero que lo empecé a hacer y realmente me ayuda. Entendí que si no me perdono y no perdono a los demás, es imposible que en mi corazón haya amor. Veo que en mi corazón hay rencor, odio, resentimiento, rabia desde hace tantos años, desde mi infancia. Cuando me pongo a pensar, que los problemas tenidos con tanta gente, los iba ocultando, los iba

tapando, porque me decía: “Para qué revolver, total trato de olvidarlos”…La vida después te pasa la cuenta, como me la está pasando a mí, pero en un momento que me hace ver las cosas de otra manera. Hace 6 años que me está pasando la cuenta y “no veía”, en cambio ahora sí, tengo claras estas señales que Dios me está dando, porque entendí realmente que Él me eligió y que me quiere y me sostiene en este tiempo difícil de mi vida. V i v o a h o r a m u y intensamente la necesidad de perdonar, porque es lo primero que le pido a Dios, el de poder limpiar mi corazón, el que Él ablande este corazón tan duro, al cual nunca le permití que entrara o saliera amor, sino sólo rencor y odio en relación a las cosas que pasé y que nunca las pude borrar de mi mente; recién ahora, indagando bien el porqué de todo ésto, me di cuenta qué era lo que Dios me quería decir… entonces entendí que al haber tanto dolor incrustado desde hace tanto tiempo, era imposible que entrara o saliera una gota de amor de mi corazón. Ahora entiendo que con el perdón, primero, me beneficio yo, me libero, porque uno siempre tiene esa tentación de decir: “¿por qué lo tengo que perdonar con todo lo que me hizo?” Y me doy cuenta de que me hace bien a mí, que me está limpiando el corazón terriblemente ¡y cómo me estoy dando cuenta!! Siento como una revolución interna donde lucho por querer ver cuál es mí salida, qué es lo que Cristo me quiere enseñar. Tanto pedía por la conversión de mi familia y ¿dónde estaba la mía? Siento que me estoy convirtiendo y estoy agradecida a Dios por esta sensación de gozo, de vivir cada momento que Él me está regalando, porque sé que me está diciendo: “¡Silvia, sálvate! Por algo te elegí, sálvate, perdona, limpia tu corazón, confiésate, pero una confesión sincera, con todos los pecados que muchas veces dejaste de nombrarlos porque se te pasaron, o porque te daba vergüenza confesarlos y no los dijiste” Hoy tomo conciencia de este trabajo de confesión profunda, entendí, como me dijo el confesor: “Dios ya te perdonó, por qué no te perdonas vos, ¿por qué sos tan dura?” Todo esto estoy aprendiendo gracias al apoyo incondicional de mi familia, a la compañía que tengo a mi lado que me demuestra en cada pequeño detalle lo mucho que me quiere, cómo no creer que soy una elegida…Últimamente muchos me suelen decir: “Silvia, ¡qué

cambiada que te vemos, vos nos ayudas a seguir luchando porque vemos en vos el rostro sufriente de Cristo!”, y yo les contesto que en realidad veo en todos ellos el rostro misericordioso de Cristo, esa misericordia a la que necesito aferrarme profundamente y que por primera vez en mi vida experimenté que Cristo es todo. Siempre vi en mis hijos, en mi marido la razón de mi vida, ahora en medio de la mucha desesperación que estoy sufriendo, veo sólo que Él me sostiene y me conforta. Cuántas veces me dicen: “¡Te admiro por cómo seguís adelante, cómo seguís luchando!”. Quisiera contarles que en muchos momentos de debilidad le pido a Dios: “Por favor Señor, no permitas que me aparte de tu lado, porque soy tan débil y pecadora, que cuando me siento un poco mejor ya quiero correr sola y en el acto algo me pasa que me dice: caminá, ésto no es una carrera, caminá a mi lado”. Ahí me doy cuenta que sola no puedo hacer nada, y le pido en mi desesperación que se haga Su voluntad...Inmediatamente me viene al encuentro Su ayuda, se me presenta en la persona indicada que me levanta en forma impresionante; son todos detalles que antes no veía y que ahora sé que son señales que me indican que mi vocación, mi única razón de vivir es Cristo y que lo que le pido, me lo concede. En el trabajo personal que estoy haciendo de toda mi infancia, especialmente durante la noche del miércoles pasado, estuve pensando cómo me gustaría que viniera mi hermana Patricia desde Rosario, para que con mi otra hermana Gladis, que vive aquí, pudiéramos estar las 3 juntas, abrazarnos y hablar de tantas cosas que nos han hecho muy infelices a las 3... Al día siguiente de haber deseado esto, a primera hora en la oficina, la

veo llegar con mi hijo que la había ido a buscar a la terminal… ¡No lo podía creer!!! Nunca me hubiera imaginado que en la noche que yo estaba necesitando su presencia, ella estaba viajando para acá. Dios nos regaló la oportunidad de juntarnos, de hablar, de llorar, de recuperar tanto tiempo perdido…. ¡Cómo no agradecer los regalos que me hace! Pero también tengo mis momentos en los cuales me empiezan los dolores en las piernas, es como si quisiera volver a flaquear pero algo ocurre, una llamada, una presencia…la ayuda de Dios en persona, que me dice: “¡Seguí luchando, Yo estoy a tu lado!”…y lo percibo con tanta fuerza, que me parece sentir Su abrazo, Su calor…Siento que El Verbo se hizo carne en mi. Nunca entendí lo que esto quería decir, ahora sí, porque de corazón reconozco que Dios está permanentemente conmigo. Señor, tanto yo pedía por los demás y me hiciste ver que primero tengo que pedir por mí, y si me elegiste para que yo haga esto, es porque evidentemente estoy ayudando también a los demás. No tengo palabras más que de agradecimiento con todos los que me demuestran el amor que me tiene Jesús, apoyándome continuamente, con tantas cadenas de oración. Agradezco a los sacerdotes de mi Parroquia que tanto me apoyan, por la tanta conmoción que ésto despertó. Otra cosa que aprendí en esta etapa, es dejar de lado mi orgullo y permitir la ayuda de los demás, porque reconozco que sola no puedo nada. No sólo permito que me ayuden, sino que pido ayuda, y ¡qué fácil se me hace todo!!! Escuchar cuando me dicen: “¡Silvia no lo hago por vos, lo hago por mí porque ayudarte me hace bien!”…¡estoy doblemente agradecida!!! Sigue en la pág. 3


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TESTIMONIO DE LA CLINICA

Mi sueño se cumplió

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ara mí lo que Dios hace en mi vida es un milagro. Él me trajo a la Clínica Divina Providencia, donde trabajo, para servirlo en Su Casa y en ella a los enfermos. Me trajo para que mi vida cambie, gracias a los sacramentos y a una compañía. Aquí me siento abrazada primeramente por Dios y por los enfermos. Tr e s a ñ o s e s p e r é p a r a testimoniar de corazón lo que yo sentí y siento en este lugar. Con Gabriel, siendo novios, vivimos juntos durante cinco años. Desde que empecé a trabajar en la Clínica Divina Providencia, mi pensamiento sobre el vivir juntos sin estar casados, comenzó a cambiar, gracias a las palabras del Padre Aldo en las homilías de las mañanas y en las catequesis semanales, donde él solía hablarnos de la importancia de los sacramentos, en especial del sacramento del matrimonio, ayudándonos a entender cómo el hombre y la mujer tienen que vivir su relación, no como animales, sino comprometiéndose uno con el otro para toda la vida, por medio del sacramento. Cuando llegaba a casa le compartía a mi compañero todo lo

que escuchaba, pero él no entendía, no le interesaba, entonces un día le dije que si a él no le interesaba casarse conmigo yo me iría de la casa. Y asi lo hice, decidí dejarlo, alquilé una piecita cerca de la Clínica y empecé a estudiar farmacia. Hace tres años que estoy aquí y todos los días me arrodillaba delante del Santísimo, y pedía al Señor que me mostrara lo que más me convenía para mi vida de fe, el de casarnos ó el de separarnos definitivamente. Finalmente, todo se fue dando según Su plan, para los dos. Gabriel me llamaba deseando recomponer la relación, pero yo, cada vez, le insistía que no volvería con él hasta que nos casáramos. Entonces me propuso casarnos por civil, ya que a él le faltaba todavía recibir el sacramento de la confirmación, nos casamos y de la luna de miel llegó Gabrielita, nuestra hija que hoy tiene un año y seis meses. Pero yo seguía pidiendo a Dios todos los días, para que le conceda el querer casarse por Iglesia, y él leyendo todos los escritos del Padre Aldo, las cartas del mes, los boletines, el observador, y conociendo a algunas personas que trabajan conmigo en la Clínica, por fin se decidió. Le pedí al Padre Aldo que

TESTIMONIO Viene de la pág. 2 Dios me puso en una prueba enorme, la cual me plantea como una crisis, de la que salgo y sigo saliendo con felicidad porque estoy recorriendo un camino de fe que me da paz y me ayuda a enfrentar lo que se me presenta. Al preguntarme por qué no vi todo ésto antes, entiendo que no fue el momento y agradezco a Dios de darme la oportunidad de hacerlo ahora. Todo esto también me da fuerzas y me ayuda a no sentir miedo ante la muerte, porque sé que otra cosa me está esperando del otro lado, otro encuentro. No sé si llegado el momento lo voy a decir como ahora, ya que tengo incluso la esperanza, la necesidad, de que del otro lado, pueda encontrar a mi madre. Seguro va estar ahí esperándome para poder conocerla, porque después de casi 60 años la sigo necesitando, todavía el recuerdo de no haberla tenido conmigo me produce una tristeza infinita y mucho llanto; lo que me mantiene es la esperanza de llegar a ese momento con paz y alegría sabiendo que algo grande me espera. Por último, realmente agradezco a Dios porque me ha elegido y porque me está cambiando tanto y me hace muy bien. Muchas veces le pedí este cambio pero a su vez me daba miedo por aquello con lo que me podía llegar a encontrar. Bueno, me encontré con un drama bastante difícil pero Dios jamás me abandonó, ¡jamás!, Me dio la fuerza de seguir luchando, ¡me dio la alegría para entender tantas cosas!!!!! ¡Me eligió!!!! Silvia

nos casara en la Clínica, él dijo que sí y empezamos a prepararnos en el cursillo de matrimonio de la Parroquia San Rafael. El domingo pasado, primer domingo de Adviento, nos casamos en la Clínica y agradezco a todos los que me apoyaron en esta decisión. Ahora puedo testimoniar que lo que deseamos debemos pedirlo con fe, porque sin fe no se te da nada. Debemos dejar que Dios actúe entre nosotros. Él realmente actúa a través de las personas para que tu deseo se cumpla. Fue emocionante ver a toda mi familia, y lo que más me conmovió fue ver a gente que nunca se imaginó que iba a participar de un casamiento en una Clínica, con enfermos terminales. Al día siguiente mi marido me dijo: “Yo nunca vine a la misa de la Clínica un domingo, y me impactó ver a

los enfermos en nuestra boda, no sabía que nuestro casamiento sería en la misa de ellos, ¡cómo Dios es grande!, invitamos a tanta gente sana y no vinieron, y en cambio ellos, en sillas de ruedas, estaban allí siguiendo paso a paso nuestra unión, realmente el Señor estaba entre nosotros; ellos dijeron “Sí” y nos acompañaron durante toda la misa y el brindis. Es lo que Dios quiso para nosotros y tenemos que obedecerle”. La homilía del Padre Aldo me hizo llorar , cuando nos recordó que en este lugar muchos de nuestros enfermos son abandonados por sus familiares, en cambio nosotros los abrazamos, nosotros vinimos y festejamos con ellos nuestra boda. Este lugar me enseñó que tiene que ser así. Además en nosotros se cumplió la finalidad de esta Clínica, la de hacer que todo el que

llega a ella pueda encontrarse con Cristo y ser feliz. Dios abre las puertas a quien quiere hacer las cosas como El quiere. Mi sueño se cumplió. Lo que una mujer desea, es casarse, tener hijos, y si yo no estaba aquí no sé qué hubiera sido de mí. Todo lo que escuchaba hablar al Padre Aldo me impulsó a recibir los sacramentos, de verdad, es muy importante hacer lo que Dios manda y como Dios manda. Ahora me siento en paz, como si hubiera vuelto a nacer; después de la confesión, de la comunión del aquel inolvidable domingo, me veo libre, en paz, y todo el cansancio y estrés que me pesaba desaparecieron. Percibo en mí algo que me llena el corazón, tengo la seguridad de que todo este bienestar es consecuencia de estar en paz con Dios. Muchas gracias. Doralicia

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CATEQUESIS

La posibilidad de vivir la vida «El otro día me levanté con el pie izquierdo. Pero, cuando salía de casa, levanté la mirada y vi un cielo espléndido. Eran las seis de la mañana, no había nadie alrededor, ese cielo estaba puesto allí sólo para mí, pensé porque Jesús sabe que hoy lo necesito. Desde ese momento todo fue mejorando. Entré en una iglesia para rezar el Ángelus con mis amigos antes de ir al colegio, y allí me di cuenta definitivamente de cuánto me estaba amando Dios aquella mañana, tanto que no pude dejar de decirles a los demás: “¡Diablos! ¡Qué afortunados somos de tener a Cristo con nosotros!” Y me fui al colegio con un deseo grande de vivir hasta al fondo ese día, teniendo estas cosas en mente. Pero después todo fue decayendo: las discusiones con los amigos y los profesores que hacen de todo para demoler los buenos propósitos…Y al final de la mañana me sorprendí diciendo: “¡Qué asco de día!”. ¿Cómo es posible que uno empiece el día diciendo: “¡Qué hermoso!”, “¡Qué suerte tengo de tener a Cristo!”, y termine, en cinco horas, diciendo: “¡Qué asco!”». Por tanto, me parece decisivo preguntarte algo sobre la decisión de tomar en serio las propias exigencias, como decías en el retiro, y el juicio que permite que lo que probamos llegue a ser experiencia.

1. A LA ALTURA DE LOS PROPIOS DESEOS Estoy contento de que haya llegado tan pronto ese recodo en que volvemos a encontrarnos para reemprender el camino en este nuevo año que tenemos ante nosotros; este nuevo año es una oportunidad, como todo lo que nos ofrece la vida, una gran promesa que cada uno puede afrontar o dejar pasar, porque no hay nada mecánico o automático en la vida del hombre, sino que todo es un don, una oferta, una propuesta a la vida. Es por esto que la vida puede llegar a ser una aventura o un “asco”. ¿Qué quiere decir tomar en serio la necesidad de vivir, las exigencias que bullen dentro de nosotros? Lo dice bien uno de vosotros en esta carta que me ha mandado: «A menudo me encuentro releyendo el saludo que nos hiciste en el retiro a nosotros, estudiantes de bachillerato». Cada vez que lo vuelvo a l e e r, p e r c i b o q u e m i naturaleza vuelve a despertarse; vuelve a despertarse lo que soy verdaderamente: deseo de belleza, de justicia, de amor y verdad. ¡Qué grandeza la de este deseo! ¡Qué grande esta exigencia que encuentro en mí todos los días, momento a momento! Pero si esta exigencia es tan grande, más grande es la alegría que me invade cuando decido [he aquí la decisión] ir detrás de ella. ¡Y qué asombro el de sorprenderme agradecido al final del día y al mismo

Ladrillo cerámico

tiempo falto de una satisfacción total de mis exigencias! Como si ni siquiera la cosa más hermosa que haya vivido en este día o en mi vida sea capaz de satisfacerme. ¡Y es así! ¡Y qué gratitud cuando me doy cuenta! ¡Me doy cuenta día a día de que nada agota este deseo! Me asombra que esta exigencia mía nunca está plenamente satisfecha, me doy cuenta de que este camino a veces me da mucho, pero que además prosigue y promete mucho más. Me asombra que un hombre sea tal, sólo cuando desea, y cuando no quiere desear, cuando se conforma cuando decide no tomárselo en serio, su humanidad decrece. Yo mismo he pasado dos semanas en este estado de ahogo y opresión, debido a mi incapacidad de amar. Ahora puedo decir que he sido rescatado, pero quiero entender si lo que he aprendido de esta experiencia es justo o si en cambio, en última instancia, es una equivocación. Durante dos semanas me ha acompañado un malestar insostenible. Me he dado cuenta de que en esos días, no me he preguntado el porqué de las cosas, sino que sencillamente hacía lo que me tocaba sin escucharme, sin preguntarme qué deseaba. Así, me he encontrado haciendo siempre algo distinto de lo que quería hacer, no estando dónde quería estar, no sacando partido de nada de lo que vivía, ni siquiera cuando era algo increíble. El origen de

mi malestar era el silencio que se había creado al descuidar mi pregunta, la realidad que me rodeaba, y la relación entre estos dos factores. ¡Qué amargura en esos momentos! Verdaderamente no me sentía ya libre y vivo, sino ahogado y oprimido. Es decir, al no dar espacio a lo que soy verdaderamente, lentamente, moría. Basta sólo un instante en que yo deje de amar, de desear, de exigir, de pedir, para que todo ese malestar empiece a tomar forma; y quitármelo de encima me parece imposible. Sin embargo, después, de improviso, la exigencia vuelve a hacerse sentir más fuerte que antes y, al vivirla en relación con la realidad que la genera, crece, y yo vuelvo a vivir, y me sorprendo amando cada aspecto de la realidad, hasta pasar horas mirando las flores en la pista ciclista, mientras vuelvo a casa (vivo fuera de la ciudad) o los extraños efectos de la luz en el cielo. Así, como estoy atento a estas cosas, estoy atento a mi madre (a pesar de la tensión que hay entre nosotros), al colegio y a todo lo que se me presenta. Si lo que he dicho es cierto y te escribo también para saberlo reconozco un hecho, sin embargo: tengo la necesidad de ser educado en escucharme [a tomar en serio mis exigencias], a amarme y a amar. Lo que deseo de hecho es ser siempre fiel a mi exigencia para no encontrarme nunca perdido. Quiero cultivar mi pregunta, que reconozco es la primera fuente de vida, lo que me

hace moverme, actuar, reconocer, me empuja a medirme con toda la realidad. No quiero negar el dolor que reconozco como parte de mi vida, pero quiero negar la nulidad, esa nulidad que hace verdaderamente triste y pobre al hombre. Me doy cuenta de que cómo hacerme feliz, llenar mi corazón, es una exigencia que no tiene nunca una respuesta última, y pido ser educado en no olvidarme nunca de ella, sino hacerla el centro de mi vida. Tu compañero de aventura». ¡Este es un compañero de aventura! Porque quiere vivir a la altura de sus deseos. ¿Y por qué quiere vivir a la altura de sus deseos? Porque, si no, el malestar domina la vida, el vacío y la amargura toman las riendas. Y es, sólo cuando estos deseos están vivos en nosotros que nos sorprende cualquier aspecto de la realidad. Precisamente, cuanto más se da uno cuenta de ésto (que todo el misterio de la vida está en estar despiertos, en ser

despertados en las propias exigencias, en la propia humanidad), más comprende entonces, cuál es su verdadera necesidad. ¿Pero quién puede ser capaz de despertar constantemente mi yo, de tal forma que pueda disfrutar así de la vida, en vez de ahogarme, porque la realidad parece no decirme nada? El único que puede despertar constantemente nuestro yo tiene un nombre: Cristo. Cristo ha venido, nos ha dicho siempre don Giussani, porque siente piedad por nuestra nada, por esta decadencia de nuestras exigencias, por este ser arrastrados por el torrente de las circunstancias y de los estados de ánimo. Cristo, viendo esta situación nuestra, ese paso de la alegría al malestar que la carta que hemos citado al principio describía perfectamente , nos quiere hasta el punto de decir: « ¡Si no vengo yo a ayudarles, estos pobrecillos son barridos!». Por eso don Giussani nos dice que Cristo ha venido para despertar constantemente nuestro sentido religioso, nuestras exigencias. «El corazón de nuestra propuesta es más bien el anuncio de un acontecimiento que sorprende a los hombres del mismo modo en que, hace dos mil años, el anuncio de los ángeles en Belén sorprendió a los pobres pastores. ¿Por qué es tan decisivo el acontecimiento cristiano? Porque éste nos dice don Giussani vuelve a suscitar, enciende de nuevo, despierta nuestro yo, nuestras exigencias, nuestro deseo de vivir, de gozar, de amar, de implicarnos en las cosas, potencia este sentido religioso, este conjunto de exigencias y evidencias que describe la carta que acabo de leer. Releed luego la carta párrafo a párrafo, porque todo está allí.


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CATEQUESIS

como una aventura (1) Vivir el sentido religioso introduce una alegría y una gratitud infinitas; mientras que, cuando decae, todo se vuelve plano. Sabemos que muchas veces vivimos el asombro frente a las cosas: nos levantamos con “el pie izquierdo” pero luego alzamos la mirada y vemos un cielo estupendo y todo empieza a mejorar. Pero después decaemos, como hemos experimentado tantas veces. Entonces, ¿cómo podemos ayudarnos? Don Giussani dice que tenemos necesidad de una educación, porque de otra forma, si no se nos educa en relacionarnos adecuadamente con la realidad, somos como un canto arrastrado por las circunstancias, llevado de aquí a allá sin darse cuenta del todo; y al final nos hartamos. Por eso dice don Giussani: «Nosotros no estamos acostumbrados a mirar una hoja presente, una flor presente, una persona presente, no estamos acostumbrados a fijarnos en lo que está presente como una presencia». Para aclarar esto, os leo una carta que me escribió un universitario de Roma: «En noviembre del año pasado sufrí un accidente que me obligó a permanecer en la cama durante más de tres meses. Me costó muchísimo. No me podía mover, estaba imposibilitado para cualquier actividad, cualquiera, no podía ni siquiera estudiar a causa de los analgésicos que tomaba, que me impedían cualquier actividad que requiriese un mínimo de concentración. Tres meses en cama, quieto, inmóvil. Recuerdo sin embargo que un par de meses después de haber empezado a caminar, mirando las fotos mías en la cama con mis amigos alrededor, fui a mi madre y le dije casi instintivamente:“¡Mira qué foto más linda! Al final ha sido un periodo bonito”. Mirando atrás puedo decir que, a pesar de lo que me costaba estar quieto en la cama, en toda aquella impaciencia por querer ponerme en pie enseguida había algo que no me hacía infeliz; es más, puedo decir que en cierto modo estaba contento dentro de ese sufrimiento. Por dos motivos. El primero es que siempre he sido

sostenido en el dolor, de una forma libre y gratuita […] Percibía una total dedicación a mí: total y minuciosa. El segundo motivo es que las cosas, incluso las más pequeñas, ya no eran algo que diera por descontado: me sorprendía por un plato de pasta un poco más elaborado, por la compañía que veía a mi alrededor, por el hecho de que mis hermanas, antes de acostarse, ponían junto a mi cama un vaso de agua por si lo necesitaba por la noche, sin que yo se lo pidiera. Hasta llegar, una mañana, mientras me trasladaba una ambulancia al hospital para una revisión, a asombrarme de ver de nuevo el cielo. Yo ya sabía que existía el cielo, pero finalmente me había dado cuenta de que existía, de que estaba ahí. [Cuando uno se da cuenta de ello una vez en la vida, comprende cuántas veces el cielo no ha sido algo presente para él]No hacía nada, no podía hacer nada, y sin embargo, con todo el dolor, con toda la impaciencia, no era infeliz. Consideraba todo por el valor que tenía, ya no daba nada por descontado […]Ahora, cuatro meses después de haber vuelto a caminar, me doy cuenta de que esa tensión hacia las cosas ha disminuido completamente: el plato de pasta más elaborado se ha convertido en un plato de pasta normal, las cosas están de nuevo bajo la sombra de mi medida y de mi complacencia [la vida se ha vuelto de nuevo algo plano]…¿Cuál es el camino que puede devolverme esa condición, que puede permitirme vivir siempre esa experiencia [de sorprenderme por las cosas presentes]?». Don Giussani nos dice que las causas de esta reducción son dos. Primera: nuestro uso habitual de la razón es reducido. Segunda: estamos sometidos a una división entre el reconocimiento y el afecto. Y pone un ejemplo: «Al comienzo de la edad moderna, Petrarca admitía perfectamente toda la doctrina cristiana [estaba de acuerdo con lo que se le decía en relación a la fe cristiana], la percibía incluso mejor que nosotros, pero su sensibilidad o afectividad fluctuaban de forma autónoma». Fijaos, lo que don

Giussani dice de Petrarca es lo que pone de manifiesto la primera carta que hemos leído: en una mañana se pasa de la belleza más conmovedora al asco. Esta es nuestra fluctuación. Por eso se entiende hasta qué punto tenemos necesidad si no queremos pasar toda la vida como un canto arrastrado por la corriente, por la fluctuación de nuestros estados de ánimo de una educación. Nos dice de nuevo don Giussani: mirad, chicos, que el problema interesante es darnos cuenta de la realidad; y ¿qué nos ofrece don Giussani para esta educación? ¿Cómo podemos aprender a usar la razón de un modo justo para vencer esta fluctuación que nos lleva constantemente a vivir esos altibajos que nos confunden? Julián Carrón Continuará…

EDUCACION

El Padre César Son casi las 10 de la mañana del domingo. En la pequeña capilla se encuentran los jóvenes en la catequesis. Hacen barullo y se mueven de aquí para allá, y las señoras -en su mayoría son mujeres- hablan entre sí de las últimas actividades que se hicieron para pagar los gastos del hermoseamiento de la capilla. Todo el mundo se conoce. Desde hace unos meses, brilla la luz perpetua y el Santísimo hace compañía de forma especial en un receptáculo de madera tallada. Antes era sólo un centro de la parroquia, hoy está “la Presencia”. No todos entenderán su valor, pero de que les alegra que la capilla crezca en dignidad, no hay duda. Llega el padre. Este año arrastra más los pies al caminar. Sus grandes ojos tienen la expresión de los españoles criados con Lope de Vega y García Lorca. Con ese aire de gallardía y con la sencillez de los ibéricos. Se fija en todo. La liturgia ha ganado en dignidad desde los años que me toca ir de vez en cuando a acompañarlos. No tiene muchos años la capillita. La hicieron unos vecinos de cerca de mi casa. Se la dedicaron

al corazón de Jesús. Cuando toca la oportunidad vamos con mis hijas, pero casi de visita, somos ovejas de otro redil. Antes, las misas no eran cosa de cada semana. Ahora el padre se ha ingeniado para hacerse de tiempo para atender con más regularidad las necesidades de la capilla. La viña de la parroquia es enorme y los viñadores, pocos. Trae bajo el brazo los boletines que él mismo prepara. Hay auspicio de 4 casas comerciales del barrio, dos espacios publicitarios están libres. En la primera página siempre se habla del santo de la semana y en el interior del boletín, las reflexiones sobre las lecturas del domingo, los avisos, la rendición de cuentas… El coro es una conjunción de buena volun-

tad y voces juveniles. El altar está de color violeta pues es adviento. Se encienden más velas de la corona. El padre César dirige y supervisa con la mirada muchos detalles. En la homilía aprovecha para instruir en todo lo que puede. Tiene la paciencia de un monje para aclarar términos y remitir a la historia de la Iglesia, pero también es enérgico como un sabueso que detesta la mediocridad. Se sabe muchas anécdotas y las cuenta con gracia, mientras el ventilador le sopla directo al corazón desgastado y enfermo. Todavía conserva el acento patrio. Muchos se resienten por ello. Esperan más guaraní. Pero para mí es una cátedra educativa cada encuentro. La otra vez estuvo contando a los feligreses con la mirada. Se alegró de ver tanta gente. Invitó a todos a participar en la misa de Nochebuena. Se le suele llenar el altar de pesebres para ser bendecidos. Cada año vamos con las chicas y de vuelta a casa recorremos las casas viendo pesebres. Somos los únicos visitadores que quedamos. Muchos niños crecieron, otros se mudaron, algunos perdieron el deseo de hacer esas cosas. Nos esperan todos los vecinos. ¡Nos llenan de golosinas!... Mientras vamos caminando de vuelta a casa, pienso en el Padre César. Tan lejos de su casa materna. No hay cámaras de televisión que capten su duro trabajo. Está enfermo y arrastra un poco los pies al caminar. Es un buen padre. Espero que nos veamos de nuevo en Nochebuena… CCL


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REFLEXIONES

Jesús: ¿el maestro? Jesús fue un gran maestro y de eso no se puede dudar. Basta leer los evangelios para darse cuenta de esa verdad. El mismo dice de sí mismo que era un maestro. Esa es la realidad y yo no hago otra cosa sino atenerme a la realidad de las cosas. Eso es lo científico, lo que dice la historia. Esa fue la explicación que un amigo recientemente me dio sobre Jesús. Y añadió rápidamente más razones. Mira - Jesús comenzó nació y enseñó en un tiempo determinado. ¿Cómo se pretende entonces que fuera divino? Nada de eso. Era un gran hombre, sin duda, pero eso nada más. El resto no deja de ser una piadosa leyenda construida por sus discípulos primero y la fantasía de la primera comunidad de cristianos más tarde. Pero Jesús no fue más que un gran maestro. La cristología de mi amigo no era novedosa ni tampoco, lamentablemente, fuera de lo común. Ha sido una concepción e idea extendida sobre Jesús y que, ayudado por una idea de la racionalidad humana que se reduce a los sentidos la creencia de que solo existen las cosas que se pueden tocar, oír u oler -ha devenido a ser parte de nuestro modo de pensar, nuestra manera de ser; a ser en breve el alma de nuestra cultura. Es una postura, además, muy a tono con la mezcla de creencias en un mundo en donde lo políticamente correcto radica en que todo es relativo. Que Jesús no era sino un maestro como otros. Como Buda o

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impotente de darnos una explicación de un accidente, del porqué de una enfermedad, del enigma y rabia de una injusticia?

Sócrates. Y así, ese “igualitarismo” nos salva de ser llamados intolerantes y depositarios de la exclusividad de la divinidad de un hombre. Pero - se debe insistir en eso - la idea de mi amigo no era nueva. Es la antigua tentación del espíritu humano que vendrá a ser formulada, hacia el siglo III - de la mano de un hombre extraño y suspicaz; Arrio. La creencia sugerida por Arrio, acarreaba, como la de mi amigo, una buena dosis de buena voluntad. Jesús es considerado solo un ser humano, excepcional y gran maestro pero nada más que eso. Es la pretensión de negar el misterio de Cristo y, con El, el misterio de la realidad toda. Para Arrio, la creencia en el Dios Padre no está relacionada con Jesús, pues como afirmaba - «hubo un tiempo en que el Hijo no existía» - y que por tanto el Hijo, Cristo, era una creación de Dios y no era Dios mismo. El Hijo, Cristo, no pudo haber sido engendrado por el Padre y al mismo

tiempo, coeterno con el Padre. No era posible pensar, para Arrio, que Dios sea concebido en tres personas distintas mientras guardaba la unidad de lo divino. La Trinidad de Dios era, así, una imposibilidad racional. Sólo cabía, entonces, la creencia de que Jesús era un maestro. Arrio, como muchos contemporáneos, racionaliza la fe. Convierte nuestro contacto con las cosas, en una cuestión de sumar y restar, de medir y tocar. Nada hay de novedad pues todo es cuestión de encontrar la manera de conocer. Vivir es cuestión de estudio. La felicidad es cuestión de dinero. Y así, niega todo misterio a la realidad pues pretende que se podrían explicar, tarde o temprano, todas las cosas. ¿Pero acaso la vida es así? ¿Podría acaso el ser humano, en su limitación y su finitud, en el drama de su vida, agotar lo que las cosas son? ¿No sería más razonable afirmar que esa racionalidad meramente “mensurable” es

Este error del arrianismo, el de Arrio y de muchos contemporáneos racionalistas, socava a la vida, paradójicamente, de sentido. Es que si Arrio tiene razón entonces - el Dios Padre, si existe, nada tiene que ver con el drama de nuestra vida. Jesús sólo nos mostraría un camino, nos “inspira” con sus enseñanzas pero él no comparte “nuestra suerte. Y así no habrá nada que pueda dar sentido reiteramos - a las preguntas últimas de la vida; la de la justica o el dolor, la muerte o el sufrimiento del inocente. A menos de que como mi amigo que cree que Jesús es solo un maestro - se pretenda que la ciencia empírica pueda explicar por qué ocurren hechos como el holocausto o la injustica de los gulag o las torturas en las mazmorras de Stroessner. La supuesta ciencia teológica de Arrio como la positivista y laicista actual impiden ver y contemplar la realidad, el misterio de la vida, como lo que realmente es. Y con ello, impide la verdadera compresión de las cosas. Es que es un manojo de contradicciones; por ejemplo; afirma que Jesús es un maestro excepcional y no explica cómo alguien excepcional “mentía” pues el mismo Jesús decía que El y el Padre eran una y la misma cosa. Crean en Dios y crean también en mí (Jn 14:1) y todo esto lo dijo desde el principio cuando sus padres lo buscaron y lo encontraron a los 12 años en el Templo: ¿cómo es

que me buscaban? ¿Acaso no sabían que debo estar en las cosas de mi Padre? (Lc 2:49) Nadie, ni Buda o Confucio, Zoroastro o Mahoma declararon ni pretendieron que ellos “perdonaban los pecados” o que eran la “resurrección y la vida” o, el “pan de vida”. Sólo Jesús, el Cristo lo reclamaba a menos que este “maestro excepcional,” no era tal sino “desvariaba.” Pero Jesús es Dios. Jesús afirma que Él es el Hijo de Dios de una manera única y exclusiva. No nos debe extrañar, entonces, que el Cardenal Newman haya escrito qué el arrianismo como el liberalismo relativista - es la síntesis de todas las herejías: es la supresión del misterio de nuestra vida, la eliminación del estupor frente a las cosas, la arrogancia que el ser humano tendría, tarde o temprano, todas las respuestas. Es lo que San Agustín, en forma significativa decía que Cristo es el camino hacia la verdad y la vida. La aceptación del Misterio de la Trinidad, la de la Cruz y su Resurrección, - legítimamente nos ayuda, a darnos cuenta de nuestras limitaciones nos hace más razonables, es decir, más capaces de dar un juicio sobre la realidad pues la experiencia de Cristo el Logos que experimentamos en nosotros nos guía a discernir y entender los signos de la realidad solo perceptibles en fugaces chispazos. Jesús: ¿maestro? De ninguna manera como le dije finalmente a mi amigo- Jesús es el Cristo, centro del cosmos y de la historia. Mario Ramos-Reyes Mramos-reyes@kc.rr.com

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Jueves 15 de diciembre de 2011

ENTREVISTA AL PADRE MIGUEL MARTÍNEZ, SEMINARIO MAYOR SAN JOSÉ DE LA DIÓCESIS DE CIUDAD DEL ESTE

Donde Cristo es un acontecimiento, florecen las vocaciones (1) Coraje y prudencia. Fe y fortaleza. Virtudes que quizás mejor definen el trabajo paciente y seguro, “siempre confiado a la gracia”, que realizan y vivencian los responsables y estudiantes del Seminario Mayor San José de la Diócesis de Ciudad del Este, Alto Paraná, en donde cien jóvenes se encaminan hacia el sacerdocio. Aquí, el testimonio de uno de los formadores y dos seminaristas, en una breve visita a la capital del país. Los rayos del sol caen implacables; casi queman en esta tarde de primavera. Bajo la sombra de un entramado verde, junto al Café Literario Vicent Van Gogh, se observa a un grupo de jóvenes reunidos, conversando y riendo. La vestimenta color negro los distingue de modo particular. Son estudiantes del Seminario Mayor San José de la Diócesis de Ciudad del Este, Alto Paraná, diócesis a cargo de Mons. Rogelio Livieres Plano. Nos acercamos al padre Miguel Martínez, formador de la institución, quien espera a unos 100 seminaristas que en ese momento realizan una visita a sitios de Asunción. La idea es que conozcan las obras de caridad de la parroquia San Rafael. Llama la atención la alegría de estos muchachos. “Nuestra alegría es Cristo”, afirma de modo contundente Martínez, quien se formó en este seminario. El formador asegura que el sacerdote tiene que ser un hombre de ciencia, prudente y trabajador, pero, sobre todas las cosas, un hombre de fe, “una persona con fe en la eucaristía, en la Santísima Virgen, en la Gracia”. Un testimonio de esperanza en tiempo de escasez de vocaciones y de muchas dificultades en la Iglesia. ¿Cuántos estudiantes tienen ahora en el Seminario? Están unos cien distribuidos en varios cursos y en varios programas de formación, algunos más intensos y otros menos. Hay algunos pocos extranjeros, el resto son paraguayos.Algunos son de Curuguaty, las colonias de la zona, Ciudad del Este, Franco, Hernandarias y de algunos otros puntos del país. En un 80% es gente de la diócesis misma. El seminario se inició recién en el 2006. ¿Cuál es el desafío que enfrenta en la actualidad la formación de

seminaristas? El desafío mayor es formar el futuro sacerdote para que realmente sea un sacerdote católico, conforme a la más sana tradición católica. El desafío es que cada seminarista pueda reflejar el auténtico espíritu de Cristo y pueda ser, como dice nuestro escudo del seminario, ser sacerdote según el corazón de Cristo. Así como la Iglesia ha formado a sus sacerdotes durante muchos siglos para distintas necesidades y distintas épocas también lo hace ahora. Ésta es una época realmente difícil por la existencia de mucho escepticismo, mucha crítica a la fe, un ateísmo práctico vigente; no un ateismo científico sino uno de la práctica, que procura rechazar la religión porque ella le molesta, entonces presentar la religión como algo tan público, como tiene que hacerlo el sacerdote, es una cosa que exige mucho de él, mucho de vida espiritual, mucha entrega, mucha renuncia de sí mismo, mucho de procurar imitar y parecer cada vez más a Cristo. ¿Cómo se logra ésto? Esto más bien a través de su espíritu de fe, tiene que ser un hombre de fe, un hombre de ciencia también, así como un hombre prudente, trabajador y que ve las necesidades de su prójimo, pero sobre todas las cosas un hombre de fe, una persona con fe en la eucaristía, en la Santísima Virgen, en la Gracia; es decir, que no cree en sus fuerzas, sino principalmente en la gracia de Dios, y que es Dios el que hace todas las cosas, y que él solamente es un instrumento libre en las manos de Dios. Si tiene ese espíritu de fe podrá enfrentar todas las cosas. ¿Por qué hay pocas vocaciones al sacerdocio?

Padre Miguel Martínez (izq.), Junto a algunos de los seminaristas

La falta de vocaciones es por falta de buen ejemplo de los sacerdotes, donde hay buenos sacerdotes, donde hay buen ejemplo, donde hay ardor en la fe, alegría en la vocación, hay vocaciones. Las vocaciones existen, solo que no se las busca como conviene, no se las encuentra, no se las cultiva, y se cultiva justamente con una vida sacerdotal ejemplar. Si un joven ve un sacerdote vestido como sacerdote, que habla y piensa como tal, que reza, que se dedica a su trabajo, se siente atraído, es la atracción de la Verdad. Se trata de ser auténtico en el sentido propio de la palabra, un auténtico sacerdote que no es otra cosa que el “otro Cristo”. A veces el sacerdote se olvida de ésto y quiere ser él mismo nomás, se olvida que es ministro de Cristo. Pero si los jóvenes ven eso, hay muchas vocaciones. En nuestra diócesis tenemos muchísimas, son cien seminaristas, también hay religiosas,

institutos nacientes. Vocaciones hay pero para una vida consagrada radical, auténtica y de entrega; pero vocaciones para esa vida disoluta y aguada, no hay. Llama la atención la alegría de estos muchachos, “vestidos de negro”. Bueno, nosotros hablamos del espíritu de alegría en esta vocación, pero la alegría no está ni existe por sí misma. Hay que procurar distinguir las causas de los efectos. La alegría es un efecto, un efecto visible y que todos buscan, porque en un tiempo de tanta dificultad, violencia, tristeza, uno busca un poco de alegría. Pero esta alegría no es otra cosa que el efecto de la fe, de la confianza en Dios, de haber puesto todo en Él, nuestra alegría es Cristo. Muchos califican de “muy conservadoras” estas posturas que menciona con respecto a la Iglesia, la liturgia, etc. ¿Cómo toman estas críticas?

La Iglesia tiene 2000 años. El “conservadurismo”, entre comillas, fue y es la Iglesia de todos los siglos, la Iglesia de los santos, de los mártires, de los que confesaron su fe, de las grandes órdenes de los misioneros que abrieron paso en medio de la selva en América; es decir, la “Iglesia conservadora”, entre comillas, repito, es la Iglesia que construyó la civilización, no hay una distinción entre Iglesia conservadora y progresista; hay una sola Iglesia, y hay algo que no es la Iglesia, y hay algo que sí es la Iglesia; eso que sí es la Iglesia, es lo que nosotros procuramos vivir. ¿Entonces eso que se llama Iglesia progresista no es la Iglesia? No lo es, es cualquier cosa menos la Iglesia de Cristo. El “progresismo”, entre comillas, en la Iglesia, es el mundo metido en la Iglesia; es la mundanización de ella; y eso no es la Iglesia; no hay una Iglesia paralela. Lo que nosotros buscamos es hacer lo que hicieron los santos; es decir, parroquias como las hicieron los santos; los sacramentos, como expusieron y vivieron los santos y los misioneros. La idea es construir pueblos cristianos, pueblos que tengan su centro en la fe, en Dios, en la revelación de Cristo, en el Misterio como suele decir el Padre Aldo Trento. Y si tienen su centro en el Misterio, lo demás está dicho; a partir de ahí todo empieza a desarrollarse en forma distinta; parroquias que tienen su centro en la eucaristía, en el sacramento de la confesión, y en donde hay más devoción, hay también más caridad, más amor al prójimo, no estamos inventando nada. Entonces, si van a reclamar algo, reclamen a San Ignacio, San Carlos Borromeo, a todos los que vivieron así, no nos reclamen a nosotros.

“Lo que falta a la peregrinación de Caacupé es la actitud penitencial”

Padre Miguel Martínez

¿Cómo aprovechar esta religiosidad del pueblo que se expresa en Caacupé y no siempre tiene sus anclas en la vida cotidiana? En primer lugar, desde el punto de visto de los que procuramos aprovechar el tiempo de esta religiosidad, se trata de no pensar o pretender que todo el que va a Caacupé será uno que va

rezando el rosario o haciendo penitencia por sus pecados, cada uno va a su nivel. Si la persona va y tiene cierta religiosidad, tiene la fe, una fe que en algunos casos está muy disociada de la vida, pero la tiene, entonces algo hará Dios para ir llevándola por el buen camino, Dios recibe a todas esas personas y les comunica la gracia de acuerdo a la apertura que tiene cada una. Entonces, ante esto, lo que queda son los pastores, quienes tienen que dar un buen ejemplo, una buena catequesis, aprovechar esos momentos. Tenemos que rezar mucho para que el Señor muestre señales a todas las personas que van, algunas señales que les lleve a la conversión. Que vean sacerdotes vestidos de sacerdotes, monjas vestidas de monjas, que vean devoción, una buena liturgia, una buena prédica, etcétera. ¿Y en segundo lugar? En segundo lugar creo que lo que falta en estas peregrinaciones es la penitencia por nuestros pecados, la actitud penitencial de completar en nuestra carne lo que falta a la pasión de Cristo, es el sacrificio del camino que no se ofrece. En síntesis, que a este acto de acción de gracias se agregue el acto penitencial; muchos

santos nos han dado ejemplo de esto, el mismo san Francisco, tan querido por nuestros pueblos, san Ignacio también, que han hecho peregrinaciones como penitencia por sus pecados. Para aprovechar mejor estas fiestas de Caacupé se podría inculcar el punto de que cada uno tiene necesidad de pagar por sus pecados, sufrir un poco, 'completar en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo', y así, de algún modo, aliviar la cruz de Cristo con mi propio sufrimiento. Valen más los sufrimientos soportados con paciencia en el día a día, pero también se puede hacer esto. Pero Caacupé no deja de ser un testimonio público de fe, pues impresiona ver a tanta gente caminando hacia la Villa Serrana; es una oportunidad para hacer penitencia y agradecer. Muchas veces la prensa critica a los obispos que en Caacupé solo hablan de cuestiones de fe y no de la política, la corrupción, etcétera. A veces uno peca de ingenuo. Atacar a los políticos es muy fácil. Podés sentarte a tomar tereré y bajarles la caña a los políticos, a Galaverna, Jaegli, pero el punto no está ahí. Eso es fácil, incluso es cosa de perezoso, irresponsable. Y todo el mundo compra eso, es un

poco la malicia del hombre que le encanta ver los defectos del otro. Es fácil desde una parroquia predicar sobre política, criticar al intendente, concejales, pero qué difícil es dedicar todos los días a visitar a los enfermos que tengo en mi parroquia, llevarles la comunión, llevarle la confesión, reunirme con la gente de la comunidad, eso es más difícil, y con eso sí se construye una sociedad. Hablo de los políticos y acá, mientras, están a punto de destruir a las familias con la homosexualidad, el aborto y la anticoncepción, y nadie dice nada. El tema es qué es lo que quiero; si quiero que el que me escucha diga '¡cierto monseñor!' o quiero que la persona diga 'el padre me habla a mí, necesito cambiar'; pero muchas veces uno cae en el juego. El que todos me alaben y aplaudan por mi homilía contra los políticos es fácil, pero tocar el “callo” a ese que está sentado ahí enfrente y que está concubinado, y que con su concubinato está destruyendo la familia, a la Iglesia y la sociedad, o que no es responsable con la educación de sus hijos, eso es más difícil. Los políticos tienen su responsabilidad, pero ¿y nosotros y nuestros pecados? ¿y mi conversión?

Adolfo Bautista Continuará…


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OBSERVADOR SEMANAL

TESTIMONIO

En la tragedia, Él me ama (Testimonio de una chica que en un instante y en modo trágico perdió a su padre y a su madre)

V

iernes 26 de agosto de 2011, después de una tardecita de peleas, gritos, maldades, huí hacía lo de una amiga para no ver lo que estaba sucediendo en mi casa. Una hora después, nosotras (dos chicas), preocupadas por el hecho que mis padres no me buscaban y que no respondían ni siquiera al teléfono volvimos a mi casa para ver qué había pasado. Doblando la esquina y tomando la calle principal que lleva a mi casa, miro en los ojos a mi amiga: una pequeña preocupación se puede leer en los rostros de ambas. La calle está iluminada más de lo acostumbrado, la gente se encuentra fuera de sus casas y charlea en voz baja con el vecino y al vernos quedan mudas. Lo que está pasando no lo sabemos, pero nuestros corazones laten muy fuertes. Entramos en el pequeño pasillo que lleva a los jardines que rodean mi casa, una luz azul ilumina a intermitencia el pasillo: es una ambulancia. Alrededor de aquella casa hay autos, personas, agentes policiales, periodistas en silencio y gente con lágrimas en los ojos por el dolor y de incredulidad. Nadie me quiería decir que habia sucedido. Alrededor mío había mucha gente que me quería abrazar. Tenía mucho miedo por mi madre qué le hubuiese pasado algo.

nunca será perdido, sé que el camino que mis padres han iniciado es aptop ra mí. Lo que una chica como yo, de diecisiete años necesita, es el apoyo de ellos para tener la capacidad de ayudarme a mi misma y hacerme sentir viva en cada instante. Los momentos de desesperación no faltan, no puedo decir que soy completamente feliz, me siento en parte vacía, pero tengo certezas, sé de no estar sola. Como me lo ha recordado un amigo: hay que tener certezas firmes en los cuales apoyarse, cuando lleguen los momentos de dificultad. Es la única manera para lograr de tener la cabeza levantada. ¡Los problemas continuarán, pero con mis certezas firmes sé que soy inquebrantable! No obtuve r ninguna respuesta… Después de algunas horas entendí lo que había pasado: mis padres habían muerto. Muertos en forma trágica que nadie había podido preveer: mi papá, en un momento de furor, acuchilló a mi madre y luego, cuando se dió cuent de lo que había hecho, decidió alcanzarla e irse con ella a la eternidad. No tengo recuerdos concretos de aquella noche, en aquellas horas no logré ni a decir ni a hacer nada. Pienso que nunca me había sentido así, tan por el piso, creo que nunca tuve tanto miedo a lo ignoto, como en aquel momento. Yo estaba en medio del

jardín, incapaz de moverme, de sostener la mirada de las personas que estaban alrededor mío, empezé a sentir la presencia de Alguien. Ese Alguien me sostuvo todo el tiempo, me tomó de la mano y no me abandonó más. Ahora estoy plenamente contenida. Me siento llena de fuerzas y de una alegría, algo que antes de ese día de fines de agosto, nunca había experimentado. Yo sé que no podré nunca más ver los ojos dulces de mi madre, sé que no sentiré más los bigotes de mi padre rozarme la mejilla mientras me da un beso, pero sé que lo que he vivido

Pero como a las flores hay que cuidarlas, pues si no se marchitan. Y los amigos, sirven de hecho para eso: para recordarte que no estamos solos. En este periodo siento la necesidad de sentir siempre la

presencia de alguien a mi lado. La suerte es que tengo siempre algún amigo listo para darme una mano, aunque fueran las dos de la madrugada, cuando el miedo prevalece sobre cualquier otro sentimiento y sobre la razón. La seguridad que hayan personas adultos y personas de mi edad junto a mí, me permite estar cierte de que esa flor de no marchitará nunca. La provocación del Meeting de Rímini de este año, ultimas vacaciónes con mi madre, fue esta frase: “Lo que acontece está en las manos de Alguien que nos ama”. ¡Y cómo no creer en esta frase después de los últimos tres meses que me ha tocado vivir! Las ganas de mirar al mundo con una sonrisa prevalece sobre cualquier otra cosa, nada acontece al azar. Sobre todo si Él está al lado tuyo. Si uno tiene a Él, él te llena el corazón .Elisabetta Peviani

LA AVENTURA HUMANA DE LOS SANTOS Estimados lectores, la columna habitual de “LA AVENTURA HUMANA DE LOS SANTOS”, por motivos de espacio, será publicada en el siguiente número

DONACION DE SANGRE

Sábado

En esta Navidad regala esperanza,¡dona sangre!

17 de

“Poco a poco fue pasando tu vida, tu regalo de amor, por mis venas, y gracias a tu buena voluntad, hoy estoy viva…. Ahora te siento más mi hermano, más mi padre, más mi madre. Antes no me fijaba mucho en las personas, pero ahora veo en todos los seres humanos un posible familiar, pues una gota de vida nos ha unido para siempre”. Lourdes A.D., 15 años.

Diciembre

DonaVida San Rafael es una asociación de amigos de la Fundación San Rafael, que ante la necesidad de sangre de los pacientes de la Clínica Divina Te invitamos a ser voluntario Providencia, se han propuesto y donar tu sangre donar sangre como gesto de amor gratuito hacia los más abandonados y necesitados de Hora: 7:00 12:00 hs. la sociedad. Local: Salón Multiuso Este año, se realizaron 6 de Donación de Parroquia “San Rafael” Jornadas sangre. La última se llevara a Favor inscribirse antes del cabo el 17 de diciembre y tiene meta colectar 50 almas 17 de Dic., al tel.: 611- 214 como solidarias para donar sangre

JORNADADEDONACIÓN DESANGRE

PEREGRINACION A LA VIRGEN DE GUADALUPE

Visitando: TEOTIHUACÁN - ACAPULCO - CANCÚN PLAYA DEL CARMEN - RIVIERA MAYA - TULUN Salida: 3 de febrero de 2012

Regreso: 13 de febrero de 2012

ORGANIZA: LA AGENCIA SAN RAFAEL PEREGRINACIONES S.R.L. CRUZ DEL CHACO 1703; TEL 623 496 - 662 758; CEL.: 0971 954 480

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como gesto de esperanza y vida en esta Navidad. En nuestro país se necesitan alrededor de 60.000 unidades de sangre por año para que ninguna persona sufra por falta de sangre. En la Clínica Divina Providencia, se necesitan en promedio, unas 20 unidades de sangre por mes, siendo el mes de octubre el mes en el que más sangre se necesitó, ¡alcanzamos las 60 unidades en total! DonaVida San Rafael te propone ser donante voluntario de sangre para que juntos podamos construir una sociedad de solidaridad y de amor en dónde la donación de sangre se vuelva el gesto patente de este compromiso, que nace de la consciencia de que El nos amó primero, dando toda su sangre por nosotros: “Con amor eterno te ame, teniendo piedad de tu nada”.

Dra. María Lidia Recalde, Consejera Médica

Una sola hoja puede hacer que un árbol florezca

De ti depende

Dona Sangre Regala vida Quien puede ser DONANTE DE SANGRE? La donación de sangre es SIEMPRE UN GESTO DE AMOR GRATUITO, y tiene algunos REQUISITOS: ü No estar en ayunas y tomar mucho liquido. ü Tener entre 18 y 65 años ü Pesar más de 50 kilos ü Gozar de buena salud ü No haber tenido hepatitis después de los 10 años. ü Dormir bien la noche anterior a la donación ü No tener comportamientos de riesgo para enfermedades de transmisión sexual ü No tener gripe, diarrea, o fiebre ü No haber ingerido bebidas alcohólicas en las últimas 12 horas ü No usar drogas ü No presentar heridas no cicatrizadas (incluye extracción dental en las ultimas 48 Hs.)


Observador semanal del 15/12/2011