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OBSERVAD

R SEMANAL

PALABRAS DE CERTEZA Y ESPERANZA RESPONSABLES: Guillermo Lesmes - Nathalia Lemir

- www.sanrafael.org.py - mail: observador_semanal@yahoo.com

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AÑO VI - Nº 287 - JUEVES 6 DE ENERO DE 2011

Sólo con Cristo, Cronos se volvió amigo del hombre Mientras el mundo en modo frenético despedía el 2010, ya en un momento vuelto “viejo” y moribundo, la Iglesia con su milenaria sabiduría nos propone en la Santa Misa de fin de año el Prologo del evangelio de San Juan: “En el principio existía la Palabra y la palabra era Dios…”. Al mundo, para el cual todo tiene fecha de vencimiento, el cristianismo contrapone la verdad ontológica del cosmos por la cual todo es un eterno comienzo, un eterno presente. La creación no está destinada a desaparecer en la nada, más bien San Pedro nos recuerda que habrán cielos nuevos y tierras nuevas. Es decir, que el cosmos, el cual gime los dolores del parto esperando la resurrección de los Hijos de Dios, no sólo no se acabara, sino que conocerá, un nuevo modo de ser, para nosotros desconocido.

y un adverbio, contienen la esencia misma del Yo, creado para un destino eterno. Sin embargo hasta cuando el “Verbum”, que era desde el inicio y que tunca tuvo inicio, se hizo carne, el tiempo fue sólo el enemigo más grande, el único gran enemigo del hombre, el que tenía como fin acabar con todo y con todos. Por eso los griegos lo representaban, el tiempo, con un mito al cual dieron el nombre de Cronos. Cronos, según la mitología devoraba a sus hijos. Solamente Zeus fue salvado de la boca de Cronos (Rhea, la Tierra, madre de Zeus, lo escondió en un

¡Qué diferencia vivir con la certeza de un “por siempre” a la del engaño de fin de todo! En el primer caso, la vida se llena de dinamismo, de gusto, de alegría, de creatividad. En el segundo caso inevitablemente será la desesperación en manos del poder dominante la que nos defina, volviéndonos cínicos, títeres destinados a desaparecer en la nada. ¿Qué sería la vida si la realidad tuviera la misma suerte de la mercadería que se vende en los supermercados donde cada producto lleva bien visible su fecha de vencimiento? ¿Qué serían las relaciones humanas ti todas llevaran la fecha de vencimiento? Todo sería terriblemente absurdo y la muerte sería la única solución. Sin embargo, también si la cultura nihilista de hoy está totalmente empapada de esta negatividad, asumida como criterio de la vida de las relaciones humanas (divorcio, eliminación y sustitución del matrimonio heterosexual monogámico, homosexualidad, etc.) el corazón del hombre, ese puntito rojo que late, bien representado por Matisse en su “Ícaro”, grita potentemente que no es así, que el hombre está hecho por el Infinito, que una vida, que una relación con fecha de vencimiento es absurda además de inútil. Cuando el filosofo existencialista francés Gabriel Marcel, afirmaba que “amar significa decir al otro: tú no morirás”, quería expresar la evidencia de la exigencia más elemental, más originaria que el Infinito mismo ha impreso en el corazón de cada ser humano que nace. Y si somos sinceros ¿quién de nosotros en su primer amor, cuando se enamoró por primera vez de un(a) chico(a), no le ha dicho, no le ha jurado: “Te amaré para siempre. Seré tuyo(a) por siempre”. Y ¿quién en un ímpetu de gran pasión no ha firmado una carta a su enamorado(a) dibujando dos corazoncitos traspasados por una flecha y debajo de la firma el “Tuyo por siempre”? Estas tres palabritas, un adjetivo, una preposición

Cristofobia: El perdón, Una verdadera gesto más grande que el odio.líder

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Theotokos, madre de Dios). No más Cronos quien se devora a sus hijos, sino Cronos junto con el Topos, el espacio, en el cual lo que era desde el Principio se hizo carne y sigue presente. Desde aquel SI el tiempo se volvió amigo del hombre y en compañía del espacio dieron origen a lo que llamamos la historia humana. No más el nihilismo coactivo y desesperado de antes sino el comienzo de la civilización. No más el hombre arrastrado por Cronos en la tormenta del espacio hasta desaparecer en la nada, sino el hombre como protagonista de la historia. No más el Tiempo (Cronos) como el padre que devora a sus hijos, sino como la condición, el amigo que permite al hombre experimentar de un lado la verdad de su camino hacia la eternidad con toda la carga de positividad que esta certeza conlleva, y del otro, la gracia de experimentar en la paciencia del tiempo que transcurre, la misericordia divina. La historia, la gran historia del hombre, después del fracaso inicial el pecado original comienza con la Encarnación del Hijo de Dios. Desde aquel día la historia, es decir, el tiempo y el espacio, se ha vuelto el lugar donde la libertad de Dios, deseosa de encontrar la libertad humana, y la libertad humana, deseosa de reconocer en el Misterio la propia consistencia, encontrándose forman aquel lugar de certeza y esperanza que es la Iglesia. Es decir, la contemporaneidad de Cristo, lugar en el cual no sólo nadie se pierde, sino que todos viven continuamente redimidos, salvados.

Cronos, vencido por el Amor, Venus y la Esperanza- Simón Vouet

sitio para animales domésticos y envolvió una piedra en una manta del bebé. Ella puso la piedra en la cuna, y Cronos se comió la piedra en lugar de Zeus). Se dice que cuando Zeus se rebelo contra Cronos, volviéndose así la suprema divinidad, el anciano dios fue vencido por el Amor, la Alegría y la Esperanza . Para el pensamiento griego el tiempo marcaba la gran injusticia de la vida, del cosmos. En este contexto se aparece un día un Arcángel a una chica que con su SI cambio la concepción inhumana que está en contraposición del corazón, del tiempo y del espacio (no ha sido una casualidad que la Iglesia celebre al comienzo del mes la Virgen

La Vocación: Matrimonio o Virginidad

Hasta mis pecados, ahora que Cronos ha sido redimido, habiéndolo el Verbo asumido como modalidad para entrar en el espacio, no sólo no son más motivo por el cual el tiempo que pasa sería un enemigo, sino que gracias a mis pecados el tiempo es el lugar de la misericordia divina. Y este es el motivo por el cual en la Iglesia el año no comienza el primero de enero sino con Adviento, es decir, con el latido del corazón que busca “el eterno infante” y termina con la fiesta de Cristo Rey, el Pentacreator, el Señor de todas las cosas. El tiempo en la Iglesia es el recorrido de la creación que encuentra en la redención la nueva creación y sigue en su camino hacia la Parusía cuando Cristo será todo en todos. Un camino, como el de Jesús, el Verbo hecho carne, donde el sacrificio, la cruz, son parte integrante para llegar a la Resurrección. Dolor y sufrimiento que si para los griegos y todos los pueblos eran inexplicables y formaban parte de la voracidad rabiosa de Cronos, para los que reconocieron y reconocen a Cristo no son solamente un “castigo” producto del pecado original, sino una gracia en cuanto participación de los sufrimientos de Cristo para su cuerpo que es la Iglesia. Continúa en la pág. 2

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LUZ DEL MUNDO: El Papa, La Iglesia, el Signo de los Tiempos

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Inauguración Casa de Acogida Chiquitunga

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CULTURA - TESTIMONIO

EDITORIAL En esta perspectiva se comprende porque la Iglesia al final del año solar, el 31 de diciembre, propone el “Te Deum laudamus. Te Dominum confitemur”, porque es consciente que cualquier circunstancia o detalle que haya sido vivido por el hombre en los 365 días del año ha sido una posibilidad para reconocer la buena voluntad del Padre, quien incluso mediante la situación más incomprensible a la razón, como el dolor, la enfermedad, el dolor inocente, muestra en su Hijo, la predilección que tiene por cada hombre. Viviendo día tras día con el dolor, que muchas veces se vuelve insoportable, la lentitud del tiempo que nunca pasa, se vuelve para mí cada vez más claro que no existe circunstancia, por más “fea” o “irracional” que sea, que no esté dentro de un diseño más grande y bueno, comprensible solamente mirando a la cruz de su Hijo. Ha comenzado para el mundo un nuevo año y Dios quiera que sea la oportunidad para encontrar aquel Hombre que haciéndose carne dio consistencia al tiempo y el espacio, es decir, a la historia de cada uno, porque si no fuera así Cronos se volvería a comer a sus hijos, a nosotros, y la vida, con su inexorable fecha de vencimiento nos llevaría a la desesperación. Cristo vino para sacar esta fecha de vencimiento y poder decir a todo el cosmos, pero en particular a la autoconciencia del cosmos que es el hombre “Tú no morirás”. ¡Qué diferencia entre volver a casa a la tardecita, abrazar a tu esposa (o), tu novia (o), tus padres, con la certeza que “no morirá” y volver con la desesperación que todo y todos acabaran en la nada! Deseo a cada uno esta mirada llena de ternura, esta certeza que llena la vida de gozo y el andar humano lleno de significado: “Tú no morirás”. Cristo ha vencido a Cronos y Cronos se ha vuelto con el Espacio, factor constitutivo de la historia de la salvación, de tu historia personal donde tu libertad encontrando la de dios se vuelve protagonista, autoconciencia del cosmos. “Yo soy Tú que me haces”. P. Aldo

PINOCHO SIN HILOS La fuerza del amor “PINOCHO, SIN HILOS” es la obra teatral que forma parte de las actividades del proyecto “El Gesto” ejecutado en su segunda etapa y denominado “Telón de fin de año” desde el mes de septiembre de 2010 al 6 de enero de 2011 por “Los buscadores de la tierra sin mal”, compañía abierta a niños de 8 a 13 años y jóvenes y adultos educadores voluntarios de la Fundación San Rafael, bajo la responsabilidad del P. Paolo Buscaroli y la atenta mirada del P.Aldo Trento. ¡El 26 de diciembre de 2010, el teatro Agustín Pio Barrios del Centro Paraguayo Japonés se puso de fiesta! ¡Arriba el telón!¡Los corazones palpitan, los nervios se canalizan, se

convertían en declamación melodía, música y baile. Pinocho, sin hilos, este pequeño muñeco de madera de Carlos Collodi cobraba

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vida! Detrás de todo esto hubo meses de preparación ardua, donde experimentamos y vivimos el verdadero significado de la historia de “Pinocho”: La creación, el pecado y la redención. Tuvimos momento difíciles, sobre todo costó mucho hacer comprender a los niños el motivo por el cual realizamos la representación teatral. No por la fama, ni el dinero, sino por la verdadera gloria. Lo hacemos por descubrir, conocer “y por estar en el camino en compañía, en amistad ”, crecer y educarnos íntegramente a través de la cultura….

“Y alegres van los niños a la Fuente del saber”, así fuimos al teatro temprano los adultos a poner a punto todo, a hacer bien la tarea... Desde

el escenario, luces sonidos, efectos especiales y corroborar que cada cosa esté en su lugar, luego se sumaron los niños llevando su alegría y algarabía de siempre. También llevaron su energía a veces en exceso que nos toca a los adultos canalizar de la mejor manera posible, eso nos sirve también para que los pequeños comprendan que se deben dejar guiar por los adultos. Este 6 de enero del 2011 pondremos nuevamente en escena la obra de “Pinocho, sin hilos” en el Patio Cubierto de la Parroquia San Rafael a las 20 hs., con la misma alegría y deseos de educar y educarnos en la cultura. Finalmente este proyecto teatral pasará a ser historia, pero lo vivido, lo experimentado y aprendido quedará en nuestros corazones, marcando cambios, cambiando los corazones de los más pequeños y adolescentes y

adultos de la compañía. Comprender al fin que con la fuerza del amor todo es posible. Agradecimientos especiales a la Fundación San Rafael en la persona del P. Aldo Trento y a todos los voluntarios, especialmente a Marcos Insfran, Miryam Giménez de Omar, Rebeca Sánchez, Rocío Valdez, Amira Rojas, Sofía Marecos, a los adolescentes que se sumaron y a todos los amigos que nos apoyaron. La Representación teatral es organizada por voluntarios de la Fundación San Rafael, bajo la Supervisión y responsabilidad del Padre Paolo Buscaroli y es posible su realización mediante el apoyo económico del Fondec (Fondo Nacional de la Cultura y lasArtes). Olga Narváez Queijeiro Voluntaria Responsable de la Compañía

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ACTUALIDAD:CRISTOFOBIA

El perdón, gesto más grande que el odio La noche de Navidad, en Nigeria, los musulmanes extremistas han matado 86 cristianos mientras asistían a la misa de Nochebuena. La última noche del año, en Alejandría de Egipto, un coche bomba ha matado 21 cristianos coptos que asistían a la Santa Misa. Y la enumeración podría continuar en estos últimos días del año sobre la matanza de los cristianos en el Mundo: Filipinas, Pakistán, Irak. En medio de tanto odio hacía Cristo, porque de eso se trata, hay dos episodio que nos dan esperanza y certeza de que el odio no prevalecerá. El

primero ocurrió unos meses atrás, después que un chico cristiano fue a estudiar árabe a El Cairo donde conoció a un profesor musulmán. El encuentro podría haberse desarrollado siguiendo la idea que cada uno tenía del otro. Pero sucedió algo inesperado: se hicieron amigos. El musulmán le preguntó porqué era cristiano, y el joven lo invitó a Italia, donde participó en el Meeting de Rimini. Movido por el encuentro con una realidad humana diferente, quiso llevar a El Cairo la experiencia del

“En este tiempo de la Santa Navidad, el deseo y la invocación de la paz se han hecho aún más intensos. Pero nuestro mundo sigue estando marcado por la violencia, especialmente contra los discípulos de Cristo. He sabido con gran tristeza del atentado en una iglesia católica de Filipinas, mientras se celebraban los ritos del día de Navidad, como también del ataque a iglesias cristianas en Nigeria. La tierra se ha manchado una vez más de sangre en otras partes del mundo como en Paquistán.

Meeting, implicando a muchos jóvenes egipcios, tanto musulmanes como cristianos. Un hecho c o n m o v e d o r y extraordinario donde se afirma que la Amistad verdadera es más grande que el odio. El otro hecho ocurrió en la última semana del año. El Arzobispo Ignatius Kaigama, de la ciudad nigeriana de Jos, donde en la Noche Buena 86 cristianos murieron, logró convencer a los jóvenes cristianos de abandonar la vía de la venganza y abrazar la del perdón, perdonando a los musulmanes.

Deseo expresar mis sentidas condolencias por las víctimas de estas absurdas violencias, y repito una vez más el llamamiento a abandonar el camino del odio para encontrar soluciones pacíficas de los conflictos y dar a las queridas poblaciones seguridad y serenidad. En este día en el que celebramos la Santa Familia, que vivió la dramática experiencia de tener que huir a Egipto por la furia homicida de Herodes, recordemos también a todos aquellos en particular a las familias que son obligados a abandonar sus propias casas a causa de la guerra, de la violencia y de la intolerancia. Os invito, por tanto, a uniros a mi en la oración para pedir con fuerza al Señor que toque el corazón de los hombres y traiga esperanza, reconciliación y paz.”. (Benedicto XVI. Ángelus del 25/12/10)

Y el Papa en el Ángelus del primer día del año nos empuja con sus palabras, porque la “humanidad no puede resignarse a la violencia”. Por eso es sólo esta belleza que acontece ahora (el respeto de la libertad religiosa y el perdón) la única respuesta al odio hacia Cristo y que nos permite de no tomar la vía de la violencia.

Mujeres cristianas nigerianas de Jos rezan después de la matanza

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Es sólo testimoniando una humanidad nueva que lleva al hombre al encuentro con la Verdad última capaz de crear un mundo donde los hombres puedan vivir en paz. Y nosotros los cristianos somos llamados a testimoniar esta humanidad nueva, que nace de la mirada puesta siempre y sólo en Cristo presente en la Santa Iglesia, y no puesta en el cálculo, intereses, preocupaciones, problemas. El mundo necesita ver, a través de los cristianos, la pura bondad de Dios para con los hombres, para que el corazón de las personas vuelva a desear de entrar en relación con el Misterio presente en la historia.

Cristianas de Irak en Misa de Navidad después de una masacre

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ACTUALIDAD Muchas personas, y en particular los jóvenes están siguiendo con profundo interés la novedad de cuanto Julián Carrón, responsable último del Movimiento eclesial Comunión y Liberación, dijo en Italia durante una charla dirigida a los chicos que, acabada la secundaria, se preparan a decidir: “o universidad o mundo del trabajo”. Y aún la cosa más importante porque cualquier otra elección es funcional a la vocación: Matrimonio o Virginidad. En las dos primeras partes publicadas, Carrón trató esta cuestión partiendo de la raíz. Es decir, de las preguntas que definen el tejido ontológico del ser humano y que son parte de la única gran vocación cual es la llamada de parte de Dios a la existencia, al porqué de la vida, a las exigencias elementales que forman la estructura del Yo humano, cuales son las exigencias de amar y ser amado, de felicidad, de verdad, de justicia, de belleza, de verdad. Cualquier otra preocupación o camino no tendría sentido. Giussani solía repetirnos que la condición para el matrimonio, la vida consagrada o el ser cura, es que exista el hombre y el hombre existe sólo cuando toma conciencia de su destino final y, por eso, de la razón de su vivir en esta tierra. El fracaso de los matrimonios, de muchos consagrados y sacerdotes, tiene su raíz en la falta de lo humano, en la confusión respecto al porqué último de la vida, a la falta de sinceridad con la propia humanidad, en un uso inadecuado de la razón, en la censura del propio corazón bíblicamente entendido como síntesis de sentimiento y razón. En esta tercera parte publicamos lo que el Carrón dijo hablando de los dos formas de vida en la cuales se concreta la gran vocación a la existencia, cual es que Dios nos ha creado para conocerlo, amarlo y servirlo en esta vida, para gozar después con Él en persona: el Matrimonio y la Virginidad. LA ELECCIÓN DE LA VOCACIÓN Con todo esto, son dos las cuestiones fundamentales a decidir, son dos las elecciones fundamentales que cada uno de nosotros está llamado a hacer en la vida. a) La vocación como elección del estado de vida Existen dos estados de vida fundamentales: uno es el «normal, natural, de ponerse delante de Dios a través de la mediación de otra persona». ¿Qué significa ponerse delante de Dios a través de la mediación de otra persona? Que, enamorándote, la persona que más te hace vibrar, que más te

abre, que más te relanza, que más te remite a otra cosa, es mediadora: tú estás llamado a abrirte a la totalidad a través de este hecho que te ha sucedido, con el que te encuentras. Si Dios te da a esa persona, no es para bloquearte allí, sino para abrirte más al Misterio, para abrirte más a esa totalidad para la cual estás hecho: de modo que comienzas a tener alguna señal de cuál es la vocación a la que Dios te llama. Tú caminas hacia el Destino a través de una mediación, en la compañía de la mediación de otro o de otra. En este sentido uno sigue la gran ley que une el hombre a Dios a través de la realidad mundana y, así, uno dice: «Yo con

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Matrimonio o

esta persona voy hasta el fin del mundo», voy al destino, estoy llamado a ir al destino con ella porque me recuerda más que cualquier otra la meta de la vida. No es que esta persona me pueda hacer feliz, porque no me hará feliz ojo, porque en esto os equivocáis siempre , en cuanto mi deseo es demasiado grande y donde esto se hace más evidente es justamente aquí: ninguna persona te despierta todo el deseo de felicidad como esa persona, pero al mismo tiempo nadie es tan incapaz de cumplirlo como esa persona. Por esto, no hay que reprochar al marido o a la mujer esta incapacidad, sino comprender que forma parte de la vocación, que esa persona te ha sido dada para despertar todo el deseo de caminar juntos hacia Aquel que lo cumple (por esto es una vocación, porque es la posibilidad de alcanzar el destino). Si tú, en cambio, identificas el destino con esa persona y te bloqueas, pasa como a todos: «Ah, ahora sé porque nací». ¿Cuál es en vuestra cabeza la utilidad para el mundo? ¡Querer a esta persona, punto! « ¿Por qué tengo que ir más allá? ¿Por qué debo abrir me más?».Y luego es sofocante y se separan porque ya no pueden más: ¡están tan hechos el uno para el otro que ya no pueden más! Si cometemos este error, acabamos como vemos que acaban muchos ahora, porque no comprendemos la naturaleza de la experiencia amorosa, el motivo por el que el Misterio nos crea así: para abrirnos más a Aquel que puede llenar la vida. «En el ámbito cristiano la realidad de este estado [que es formar una familia] es fundamental, porque a él se confía la posibilidad misma de que el reino

de Dios se extienda en el mundo [a través de los hijos]». Pero en la vida de la Iglesia hay otro estado de vida, que es el de la virginidad, «que constituye también una función fundamental, y que se nos presentará todavía más claramente si recuperamos el motivo último y exhaustivo por el que la persona se ofrece a Dios; este motivo es la imitación de Cristo [Cristo, el Misterio hecho carne, ha puesto en la historia una modalidad de ser útil al reino de Dios que es vivir para este reino, vivir para hacer la voluntad de Dios dando toda la vida a esto: es justamente lo que hizo Jesús, que no formó una familia, dio toda su vida a esto]. La imitación de Cristo es la ley de todos los cristianos, sin embargo, en la elección de un estado de este tipo esta imitación alcanza su vértice [una vocación a la virginidad alcanza su vértice], porque es la imitación del estado de Cristo en su plenitud. El estado de Cristo en su plenitud era una relación con el Padre que, desde cierto punto de vista, como persona, no estaba mediada por nada [en el matrimonio la relación con el Padre está mediada por otro, mientras que aquí la relación con el Padre no está mediada por nada]». Los que están llamados a este estado están llamados a una relación única, inmediata, directa, con el Misterio. Esto es la virginidad: Dios llama, Dios introduce en la vida una semilla, una experiencia de la vida tal por la que te hace sentir tan lleno, tan agradecido, hace posible una experiencia de vida por la que dices: «Yo quiero esto», y esto te hace libre para dar toda la vida, no para mutilarla. Es por una plenitud, no ante todo por un

sacrificio, es porque Cristo le ha fascinado que uno puede sentir la urgencia de darle todo: «Yo soy para ti, Cristo». Ojo, ¡que nadie piense en este camino por otro motivo que no sea esta plenitud! No es porque es más perfecto, no es porque es más bello, no; es que uno vive suspendido sobre una plenitud y no quiere perderla por nada del mundo, tanto es así que las personas que se encuentran con que tienen esa vocación quizá habían pensado en otro camino, no habían pensado nunca en este, y se encuentran con que viven una plenitud tal que dicen: «Esto es demasiado, demasiado hermoso para no seguirlo». Por esto dice don Giussani: «Jesucristo, con su virginidad, no era un mutilado. El concepto de renuncia, aunque implique la reverberación psicológica que la existencia genera en ese caso, desde el punto de vista del valor, desde el punto de vista ontológico no supone una renuncia a algo, sino el adentrarse en una posesión más profunda y final de la experiencia afectiva y de todas las cosas. La virginidad de Cristo era una forma más profunda de poseer a la mujer, una forma más profunda de poseer las cosas. Esto alcanzó su cumplimiento, por así decir, en el hecho de la resurrección, mediante la cual Cristo poseyó todas las cosas como nosotros las poseeremos al final del mundo. En este sentido, la virginidad, en el ámbito de la comunidad cristiana, es la situación paradigmática, ejemplificad ora, ideal, a la que deben remitirse todos». Es el paradigma, el ejemplo, el ideal no ya de no poseer, sino de poseer demo domas verdadero.


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ACTUALIDAD

Virginidad

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El otro día, durante el descanso de mi clase en la Universidad Católica, vino una chica que, tras años de noviazgo, me dijo: «A mí me gustaría volver a ese primer momento, al primer atisbo de la relación con mi novio», cuando todavía no se habían rozado: ¡esto es la virginidad! Y ¿por qué esta chica después de años todavía siente nostalgia de aquel instante? Porque todo lo que sucedió después no recreó ni siquiera una pizca de la plenitud que había experimentado entonces. Esta chica sigue con su novio, pero desea esto, desea poseer al otro así, y que su chico la posea así, como en aquel primer y conmovedor instante. La virginidad es un modo más profundo de poseer a la mujer, un modo más profundo de poseer las cosas. Y hoy, que es la Ascensión, es la fiesta que celebra cuando Cristo resucitado entró en la profundidad de las cosas, poseyéndolas. También nosotros las poseeremos al final de los tiempos, es un cumplimiento verdadero hablando desde un punto de vista afectivo, porque es aquel al que todos están llamados: «La virginidad representa en la vida de la Iglesia [en el reino de Dios] la función suprema, y esto es tan verdadero que la historia de la Iglesia ha identificado el testimonio supremo de Cristo de dos maneras: la virginidad y el martirio. La virginidad, en el ámbito de la comunidad cristiana, está en función del fin de la vida y constituye su testimonio». En ella podemos gritar a todos: «Mira que aquello por lo que tú amas a tu novia, a tu novio, aquello por lo que te casas, por lo que tienes hijos, tiene un nombre que te grito con mi vida: Cristo. Y es posible aquello para lo que estás hecho teniendo mujer e hijos, existe, te lo testimonio. ¿Por qué? Porque yo he dado la vida a esto y mi vida no existiría, no existiría si él no existiese. Sería imposible si Cristo no hubiera entrado en la historia y no nos hubiera fascinado tanto como para poder vivir de Él». ¿Cuál de los dos caminos abrazar, pues? «La elección entre un camino u otro no puede ser una “creación” nuestra, sino un “reconocimiento”. Debemos reconocer algo para lo que hemos sido destinados. No debe ser una decisión nuestra en cuanto a que nuestra voluntad elabore una cierta posición, sino en cuanto a que nuestra libertad se adhiera a la indicación que nos marca el camino». De modo que la cuestión fundamental para la elección de la vocación es educarnos al Misterio, educarnos a estar completamente abiertos, atentos a descubrir los signos mediante los cuales puedo entender a qué estoy llamado. Y esto, amigos, muchas veces es

complicado. Porque estamos hechos para el “quid”, tenemos que llegar a ver claro y, por esto, queremos acelerar el camino cuando no lo vemos claro sentimos un extraño desasosiego, una impaciencia . Puesto que esta posición es vertiginosa, queremos superarla en seguida y muchas veces nos equivocamos; en lugar de esperar que se muestren los signos mediante los cuales el Misterio me da todas las indicaciones a las cuales obedecer, o decidimos nosotros o dejamos que decida otro. Porque el camino es, en el fondo, una obediencia; es una obediencia que lleva dentro todo aquello para lo que estoy hecho, que tiene en cuenta todos los factores que me hacen ser realmente yo mismo, no es una decisión “mía”. b) La vocación como elección de la profesión Todo lo que hemos dicho nos ayuda a comprender también el camino de la elección de la profesión que desempeñar, pero quiero subrayar fundamentalmente una cosa. «La concepción moderna de la vida en ninguna otra cosa se manifiesta tan lejana del Espíritu de Cristo como en este punto. El criterio con el que la mentalidad de hoy acostumbra a mirar el futuro se centra en el provecho, el gusto, o la comodidad para el individuo. El camino que elegir, la persona a la que amar, la profesión que desarrollar, la facultad donde matricularse: todo está dispuesto de tal modo que se erige como criterio absoluto la utilidad particular del individuo. Y esto parece tan obvio y tan supuesto que el vuelco que provoca la llamada resulta, aun para muchas personas honradas, un desafío al buen sentido, un engreimiento, una exageración. Son acusaciones repetidas incluso por educadores que se sienten cristianos, o por padres a los que sólo preocupa el éxito humano de sus hijos: juicios sobre las situaciones personales y públicas, consejos para vivir bien, advertencias o reprimendas, todo está dictado desde un punto de vista en el cual está totalmente ausente la devoción al Todo, la preocupación por el Reino, y exiliada la realidad de Cristo»23. Podemos ser de GS, podemos haber encontrado a Cristo, pero en el momento decisivo de las elecciones fundamentales él no tiene nada que ver. Por esto, este momento es dramático, sólo decirlo me hace temblar; me imagino como tembláis vosotros que debéis elegir, de tanto que contradice toda la mentalidad en la que estamos inmersos. ¿Entendéis por qué es una lucha? La lucha en nosotros es entre seguir la voz única del ideal (que sea la que nos muestre el camino) o dejarnos engullir por la mentalidad del mundo. Si no nos decimos esto,

no somos amigos; yo os lo digo porque soy amigo vuestro, porque la cuestión es la finalidad de la vida, la cuestión es qué hacemos aquí. Si nosotros, en este momento clave de la decisión, no vinculamos la elección de la profesión con la pregunta sobre qué hacemos aquí, nos perdemos por el camino. «“¿Qué me podrá dar todo? ¿Cómo conseguir la mayor ventaja posible de todo?”: estos son los criterios inmanentes de la sabiduría más extendida y del buen sentido más reconocido. En cambio, la mentalidad cristiana invierte estas preguntas, las contradice, las mortifica, y agiganta justamente el imperativo opuesto: “¿Cómo podré darme con todo mi ser, servir más al Todo, al Reino, a Cristo?”.Este es el único criterio educativo de una personalidad humana tal y como la ha redimido la luz y la fuerza del Espíritu de Cristo». «En la elección

del trabajo y de la profesión debe aflorar esa tercera categoría que he señalado antes: las necesidades de la sociedad. Pero para el cristiano éstas no pueden representar un criterio aislado de otro más profundo: lo que la comunidad cristiana necesita». ¿Qué significa, pues, en el fondo esta disponibilidad si no prontitud, disponibilidad a la vocación? Esto es lo que debemos pedir: que el Señor nos conceda la gracia de ver todos los signos que nos permitan identificar la vocación, de manera que no nos equivoquemos de camino y estar dispuestos a aceptar, porque a veces podemos verlo claro como el agua y no estar dispuestos a reconocerlo.

«La profunda disponibilidad de toda nuestra vida para el servicio al Todo es de extrema importancia precisamente para comprender cuál es la función que estamos llamados a desarrollar, cuál es nuestra vocación personal». Porque la vocación, amigos, no es una orden, aquí nadie os manda nada, esta mañana; tampoco Cristo dio una orden; se trata de una sugerencia, una invitación, una posibilidad intuida, y os deja toda la libertad. Después de todo lo que hemos dicho, toda la libertad, dramáticamente, está en vuestras manos. Julián Carrón

TESTIMONIO

Hemos completado la vida como Dios quiere que sea Padre Aldo: quisiera relatar un poco lo que fue nuestra relación de noviazgo y matrimonio. Nuestro noviazgo empezó en la época del colegio. Tal vez fue equivocación, tal vez fue el destino. Al principio sus padres no aceptaban nuestro noviazgo porque supuestamente yo era un vago. No niego que en esos tiempos hacia cosas equivocadas. Pienso que fue así porque mis padres no vivían conmigo y buscaba en Aida una compañía, un apoyo y creo que ella también buscaba en mí lo mismo, por la presión que tenía de parte de su familia. Con el transcurso del tiempo pudimos lograr la aprobación de su familia y continuar nuestro noviazgo, pudimos conocernos más el uno al otro. La confianza, el apoyo, el respaldo que habíamos buscado, pero siempre teniendo encima los ojos de su familia. Cuando llegó el momento de dar el paso más importante, que era el matrimonio, que implicaba la independencia, ambos sabíamos que ese paso iba a cambiar nuestras vidas. Éramos jóvenes, tuvimos algunas dificultades, pero juntos las superamos y así nos llegamos a casar por lo civil. Luego nos encontramos con al noticia de que íbamos a ser padres. Empezamos “a tirar juntos la carreta”, como dice el refrán. Gracias a Dios tuvimos a nuestra nena, una hermosa niña que ahora ya tiene 10 años. Pasados los años, siempre apoyándonos uno al otro, luego de 6 años nació nuestro segundo hijo, varón, que gracias a Dios nació bien y sin problemas. Trabajando Aida en al clínica Divina Providencia de la parroquia san Rafael, fuimos seducidos a completar lo que pide la ley de Dios con el matrimonio religioso. Así fue que el 19 de abril nos

casamos en la clínica, fue un momento único y especial, nunca nos imaginamos que Dios tenía algo así preparado para nosotros. Fue un momento muy hermoso para los dos, porque todos los invitados y los enfermos, deseaban de corazón nuestra felicidad. Los pacientes fueron nuestros invitados especiales. Estamos muy agradecidos a usted padre Aldo, porque hoy podemos decir que completamos nuestra vida como Dios quiere que sea. Con cariño. Roberto y Aida


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TESTIMONI OS

El cristianismo da alegría He recorrido gran parte de la hermosa Italia para dar testimonio de los milagros que el Señor, por Su bondad y gracia, hace acontecer en Paraguay. Pero en este recorrido he visto también como la presencia del Señor tiene la fuerza de dar alegría y de mover

"La realidad es como es, y no como quiero que sea”

la aventura cristiana en América Latina. He visto lo que dice el Papa en su último libro, Luz del Mundo: “ Dios no se impone… Su existencia se manifiesta en un encuentro, que llega hasta lo más intimo y profundo del hombre”. He encontrado gente herida en

Fachada del Colegio Pa'i Alberto

el corazón de los hombres que viven en el Viejo Continente, encontrando muchas personas que me han testimoniado cómo, después de 2000 años, Cristo tiene aún la fuerza de atraer y de fascinar a los hombres de nuestro tiempo. Cuántos amigos, que provocados por la amistad que acontece en América Latina, entre unos amigos de Brasil y Paraguay, se han puesto en movimiento deseando de vivir la misma amistad con un solo fin: la de estar junto no para hacer obras o consolarse por los tiempos malas, sino para seguir al padre Julián Carrón, responsable del Movimiento de Comunión y Liberación, para que crezca la propia humanidad y la gente conozca Cristo.

el cuerpo y alma, pero contenta porque acompañada por la poderosa amistad cristiana, que permite, por la contemporaneidad de Cristo, que la “desgracia” se transforme en Gracia, como me ha testimoniado una señora de Milán que desde 17 años se ha quedado viuda con tres hijos. Y el más pequeño tenía solo unos meses cuando su marido falleció. Pero contenta y no se cansaba nunca de repetir de cómo “es grande el Señor que me envía siempre amigos para hacer compañía a mi pobre vida, y así yo experimento que esta Presencia cumple frente a mi deseo de ser feliz. Siguiendo a Cristo, a través de los amigos, mi vida se hizo más grande, más linda, más feliz”.

Gente sencilla provocada por la poderosa presencia del Señor. Gente contenta que no se quejaba de la crisis económica aún presente en Italia, de los problemas, sino deseosa de amar, conocer, servir al Cuerpo de Cristo. Gente sencilla deseosa de servir el Cuerpo de Cristo más allá de los confines italianos llegando hasta Paraguay. He encontrado grupos de madres que organizan ferias vendiendo artesanía tradicional, producida por ellas, para los niños abandonados de la Casita de Belén. He encontrado niños de un colegio amigo a la orilla del Lago más grande de Italia, que durante todo el año hacen actividades para apoyar al colegio Pá’í Alberto para niños pobres y de escasos recursos. He visto comunidades cristianas que han vuelto a renacer a través del testimonio de unos amigos que viven con intensidad y plenitud

Muchas veces volvía a casa muy cansado, pero con la experiencia de que las palabras del Papa, en su último libro, eran verdaderas: “…el cristianismo da alegría, amplía los horizontes”. Y vuelvo contento a Paraguay provocado por la certeza de que Cristo está presente en los rostros de los amigos. PB

Recientemente he visto en You Tube una entrevista a Julio Velasco, ex entrenador de la selección nacional italiana de voleibol que, contando su experiencia, afirma que "la realidad es como es, y no como quiero que sea" y, poniendo como ejemplo el balonvolea mismo, como el hombre siempre trata por todos los medios de construirse una propia (la llamada teoría de la disculpa) para no asumir su propia responsabilidad. No he podido no sentir dentro de mí un sobresalto e inmediatamente he hecho una comparación con mi vida, con mi trabajo, con nuestro trabajo. La aplicación de la "teoría de la disculpa" engendra inevitablemente una confusión de l a r e l a c i ó n e n t r e m e d ico/paciente pero sobre todo de la relación entre colegas, en que "en lugar de tratar de solucionar los problemas se buscan los culpables", como Velasco siempre citó. Esto, como muchas veces me ha sucedido, hace que sienta el trabajo como un peso, un deber y engendra una tristeza en el corazón de uno por "día desperdiciado." ¡Responsabilidad, la palabra quizás más usada, pero al mismo tiempo más malentendida! A menudo confusa e identificada con una firma, del parte médico operatorio o de la consultoría de urgencias (yo, si asumo mis responsabilidades: ¡firmo!), pero en realidad todo se usa para reducir su verdadero sentido (¡quizás la firma sería más identificable como profesionalidad!) Cuántas veces he pensado que mi responsabilidad respecto al paciente acaba cuando finaliza mi "campo técnico", cuántas veces he pensado que mi responsabilidad acaba en el momento en que estoy en orden “legalmente”. ¡La "colaboración entre colegas"! El pretexto para descargar las propias responsabilidades, muchas veces para descargar la mía e igualmente para sentir el peso de la de los demás. ¿Pero este continuo delegar mi responsabili-

conexión con los compañeros, en casa con los hijos, con los amigos, delante de la enfermedad o a la muerte de un amigo, delante de todo. "La responsabilidad", dijo monseñor Giussani, "es la conversión del yo al acontecimiento Es verdadero, humanamente presente". Seguir lo que Otro es mucho más fácil delegar hoy al hace, ésta es nuestra responsabicolega y el porvenir al amigo, lidad, una conversión al acontecipero al final, quizás, ¿no pierdo miento presente por los hechos que desafían mi yo, delante del yo? cual no se puede hacer trampas. "No aceptar excusas", afirma Dos hombres diferentes, un cura Velasco, "en el sentido de no acep- y un entrenador, pero en el coratar el porqué una cosa no se zón el mismo deseo de engendrar puede hacer que no sea por la hombres, es decir, las personas propia responsabilidad”: que no que contesten jugándose su ressea por la propia responsabilidad, ponsabilidad, su yo, en los desaque no tenga que ver en últimas fíos cotidianos de la vida. conmigo. Podemos seguir simulando He aquí qué es la responsabi- que no exista el desafío pero, al lidad, es mi respuesta delante de final, la vida lo propone de modo cada circunstancia de la vida; a menudo violento (como la muertodo tiene que ver conmigo, todo te o una enfermedad). Y en aquel tiene que ser la ocasión para punto ya no conviene hacer tramaumentar mi deseo de felicidad, pas.Al menos por mí ha sido así. justicia y belleza. En el trabajo la Luca L. dad a quién favorece? ¿Y si en el trabajo tengo que poner en juego mi responsabilidad, no es quizás aún más verdadero en cada instante de la vida? ¿Y entonces, si delego en el trabajo, en la cotidianidad de mi vida a quién?


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ACTUALIDAD

LUZ DEL MUNDO (1)

El Papa, la Iglesia, los signos de los tiempos

Conmoción, asombro, agradecimiento, han sido los sentimientos que probé mientras, en dos días, como nunca me había acontecido, leí el libro-entrevista al papa del periodista alemán Peter Seewald: “Luz del mundo”. Es la primera vez que en 2000 años de cristianismo un Papa concede hablar de los diferentes problemas del mundo y de la Iglesia con un periodista, usando el método de la entrevista, saliéndose de todos los esquemas usados por los 264 Sumos Pontífices que le han precedido. Este libro ilumino estos días donando a mi vida una luz nueva, llena de certeza y esperanza. Al final dije “Estamos en buenas manos porque es evidente, hasta en su modo de hablar de las cosas más pequeñas y sencillas así como de los problemas más graves que afectan a la Iglesia y al mundo, la Presencia del Espíritu Santo”. Por eso pedí al responsable del Observador Semanal, Guillermo Lesmes, publicar punto por punto las tres grandes partes que forman el libro-entrevista, de manera que todos los lectores de nuestro semanario puedan leer y conocer esta perla preciosa que el Santo Padre nos regaló y que de esa lectura reflorezca nuestro sentimiento gozoso de pertenencia a la Iglesia y para cuantos la han abandonado, la posibilidad de volver a su seno. P. Aldo *********

Prefacio Castelgandolfo, en verano. El camino hacia la residencia del papa llevaba por carreteras solitarias. En los campos la brisa mecía las espigas, y en el hotel en el que había reservado una habitación bailaban, alegres, los convidados de una fiesta de bodas. Sólo el lago, bien abajo, en la hondonada, parecía sereno y sosegado, grande y azul como el mar. Como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger me había brindado ya dos veces la ocasión de entrevistarlo durante varios días. Su posición era que la Iglesia no debe esconderse, la fe debe y puede ser explicada, porque es racional. Me daba la impresión de ser alguien joven y moderno, para nada cicatero, sino un hombre que arriesga con coraje, que mantiene viva su curiosidad. Un maestro de superioridad soberana y, además, incómodo, porque ve que estamos perdiendo cosas a las que, en realidad, no se puede renunciar. En Castelgandolfo habían cambiado algunas cosas. Un cardenal es un cardenal, y

un papa es un papa. Nunca antes en la historia de la Iglesia un pontífice había respondido preguntas en la forma de una entrevista directa y personal. Ya el solo hecho de esta conversación coloca un acento nuevo e importante. Benedicto XVI había aceptado poner a mi disposición, durante sus vacaciones, una hora diaria desde el lunes hasta el sábado de la última semana de julio. Pero ¿qué tan abiertas serán sus respuestas?, me preguntaba yo. ¿Cómo juzgará la labor que ha realizado hasta ahora? ¿Qué otras cosas se habrá propuesto emprender aún? Oscuras nubes se habían cernido sobre la Iglesia católica. El escándalo del abuso arrojaba su sombra también sobre el pontificado de Benedicto. A mí me interesaban las causas de estas cuestiones, el trato que se les daba, pero al mismo tiempo las acuciantes preocupaciones del papa en una década que según los científicos es absolutamente decisiva para el futuro entero del planeta. La crisis de la Iglesia es un punto, y la crisis de la sociedad, el otro. Estas crisis no están desconectadas entre sí. Se ha acusado a los cristianos de que su religión es un mundo ficticio. Pero ¿no reconocemos hoy otros muy distintos y auténticos mundos ficticios: los mundos ficticios de los mercados financieros, de los medios, del lujo y de las modas? ¿No tenemos que contemplar dolorosamente cómo una modernidad que pierde los parámetros de sus valores corre peligro de hundirse en el abismo? Vemos allí un sistema bancario que aniquila enormes patrimonios del pueblo. Vemos una vida a alta velocidad que literalmente nos enferma. Vemos el universo de Internet, para el que todavía no tenemos respuestas. ¿Hacia dónde nos dirigimos, en realidad? ¿Nos está realmente permitido hacer todo lo que podamos hacer? y si miramos hacia el futuro: ¿cómo superara la próxima generación los problemas que le dejamos en herencia? ¿La hemos preparado y entrenado suficientemente? ¿Posee un fundamento que le dé seguridad y fuerza para resistir también tiempos tormentosos? La pregunta es, asimismo: si el cristianismo pierde su fuerza plasmadora en la sociedad occidental, ¿quién o qué pasará a ocupar su lugar? ¿Una «sociedad civil» arreligiosa, que no tolere más relación alguna con Dios en su estructura? ¿Un ateísmo radical que combata con vehemencia los valores de la cultura judeocristiana? En cada época ha existido el afán de declarar muerto a Dios, de orientarse hacia lo supuestamente tangible, aunque fuesen becerros de oro. La Biblia está llena de tales historias. Estas tienen menos que ver con una falta de atractivo de la fe que con las fuerzas de la tentación. Pero ¿hacia dónde se dirige una sociedad alejada de Dios, sin Dios? ¿No acaba de hacer ya ese experimento el siglo XX en Oriente y Occidente, con sus tremendas consecuencias en pueblos arrasados, con las chimeneas de los campos de concentración, con los Gulag asesinos?

El director de la residencia papal, un señor de cierta edad y muy amable, me condujo a través de interminables salas. Según me decía en susurros, había conocido a Juan XXIII y a todos sus sucesores. Éste, me confió, es un papa inusualmente fino e inconcebiblemente laborioso. Esperamos en una antesala grande como un picadero cubierto. Poco después se abrió una puerta. Y allí estaba la figura no precisamente gigantesca del papa, que me extendía la mano. Sus fuerzas habían disminuido, me dijo al saludarme, casi como disculpándose. Pero después no se notó en absoluto que las fatigas del ministerio hubiesen hecho mella en la energía de este hombre o, menos aún, en su carisma. Todo lo contrario. Como cardenal, Joseph Ratzinger previno contra la pérdida de identidad, de orientación, de verdad, si un nuevo paganismo asumiera el dominio sobre el pensamiento y la acción de los hombres. Criticó la estrechez de miras de una «sociedad de la codicia», que cada vez se atreve a esperar menos y ya no se atreve a creer en nada. Según él, hay que desarrollar una nueva sensibilidad para la creación amenazada, oponerse de forma decidida a las fuerzas de la destrucción. En esa línea no se ha modificado nada. El papa actual quiere que su Iglesia, después de los terribles casos de abuso y extravíos, se someta a una suerte de limpieza a fondo. Según él, después de discusiones tan infructuosas y de ocuparse de forma paralizante consigo misma, es indispensable conocer por fin de nuevo el misterio del evangelio en toda su grandeza cósmica. En la crisis de la Iglesia se cifra para él una enorme oportunidad, la de redescubrir lo auténticamente católico. Para él la tarea es mostrar a las personas a Dios y decirles la verdad: la verdad sobre los misterios de la creación; la verdad sobre la existencia humana; y la verdad sobre nuestra esperanza, que va más allá de lo puramente terreno. ¿Acaso no nos estremece ya hace mucho tiempo lo que nosotros mismos hemos ocasionado? La catástrofe ecológica prosigue sin frenos. El ocaso de la cultura adquiere formas amenazantes. Con la manipulación médico-técnica de la vida, que en otro tiempo se consideraba sagrada, se están violando las fronteras últimas. Al mismo tiempo, nuestro anhelo se orienta hacia un mundo que sea fiable y creíble, que sea cercano, humano, que nos proteja en lo pequeño y nos dé acceso a lo grande. ¿No nos vemos hasta obligados a reflexionar de nuevo, frente a una situación de visos a menudo tan escatológicos, sobre algunas cosas fundamentales de dónde venimos, a dónde vamos?, ¿no debemos plantearnos tales preguntas, esas que, aparentemente banales, sin embargo arden en los corazones de forma tan inextinguible que ninguna generación puede eludirlas? Se trata de las preguntas por el sentido de la vida, por el fin del mundo, por el regreso de Cristo, tal como está anunciado en el evangelio. Seis horas de entrevista con el papa son mucho tiempo, y seis horas son, por otra

parte, demasiado poco. En el marco de esta conversación sólo pudieron tratarse unas pocas preguntas, y no fue posible profundizar en muchas de ellas. En la autorización del texto el papa no modificó las palabras tal como las había pronunciado, sino que sólo introdujo correcciones de menor importancia donde consideró necesarias precisiones de contenido. Al final, el mensaje de Benedicto XVI es un dramático llamamiento a la Iglesia y al mundo, a cada individuo: no podemos seguir adelante como hasta ahora, exclama. La humanidad está ante una bifurcación. Es tiempo de entrar en razones, de cambiar, de convertirse. Y sostiene, imperturbable: «Se podrían enumerar muchos problemas que existen en la actualidad y que es preciso resolver, pero todos ellos sólo se pueden resolver si se pone a Dios en el centro, si Dios resulta de nuevo visible en el mundo». En la pregunta acerca «de si Dios, el Dios de Jesucristo, está presente y si es reconocido como tal, o si desaparece » se decide hoy «el destino del mundo en esta situación dramática». Para el estilo de vida actual, posiciones como las que sostiene la Iglesia católica se han convertido en una tremenda provocación. Nos hemos acostumbrado a considerar los puntos de vista y las formas de comportamientos tradicionales y probados como algo que sería mejor neutralizar a favor de tendencias más baratas. Pero, así cree el papa, la era del relativismo, de una cosmovisión «que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos», se acerca a su fin. En todo caso, hoy crece el número de los que valoran en esta Iglesia no sólo su liturgia, sino también su resistencia. Y entretanto, después de actuar muchas veces guardando meramente las apariencias, se va perfilando con claridad un cambio de la consciencia en el sentido de tomar más en serio el testimonio cristiano y de vivir también con autenticidad la propia religión. En lo tocante al papa en cuanto tal, se me ha preguntado: «¿Cómo es cuando se está de pronto sentado tan cerca frente a él?». Yo me vi llevado a pensar en Emile Zola, que en una de sus novelas describe a un sacerdote que espera, temblando y casi paralizado, el inicio de una audiencia con León XIII. Pues, ante Benedicto XVI, nadie tiene por qué temblar. Él se lo hace francamente fácil a sus visitas. No las espera un príncipe de la Iglesia, sino un servidor de la Iglesia, un gran hombre que da, que se vacía totalmente en su acto de don. A veces lo mira a uno de forma un poco escéptica. Por encima de las gafas. Serio, atento. Y cuando se lo escucha de ese modo y se está sentado frente a él, se percibe no sólo la precisión de su pensamiento y la esperanza que proviene de la fe, sino que se hace visible de forma especial un resplandor de la Luz del mundo, del rostro de Jesucristo, que quiere salir al encuentro de cada ser humano y no excluye a nadie. Peter Seewald


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LA AVENTURA HUMANA DE LOS SANTOS

TESTIMONIO

INAUGURACIÓN DE LA CASA DE ACOGIDA PARA NIÑAS San Basilio Magno y EMBARAZADAS "CHIQUITUNGA", Y III HOGAR DE NIÑOS Gregorio de Nacianzo Volvemos a publicar una alocución de San ABANDONADOS "CASITA DE BELÉN” Gregorio de Nacianzo que describe su amistad Qué conmoción suscita para nosotros Cristianos la inauguración de estas dos obras más de caridad de la Fundación San Rafael en este portal de Navidad; nacimiento de la esperanza en el mundo, esperanza para aquellos que más sufren. El día 24 de diciembre fuimos partícipes una vez más de milagros de esta compañía de amigos de San Rafael. Hemos inaugurado el hogar de acogida para niñas embarazadas "Chiquitunga", y el 3er hogar de niños abandonados "La Casita de Belén”. Obras que han sido posibles gracias al financiamiento y trabajo a pulmón de benefactores y amigos de la comunidad. Hacen así un total de 10 obras de caridad en esta compañía San Rafael! Obras que no son más que fruto de amistades verdaderas, tensas al Infinito. Pero no nos move-

la carretilla y no con la computadora. Hoy día es una realidad que cambia vidas. Mirar a la cara a Cristo: este es el fin esta compañía. Decir “SI” a Cristo es la única razón de estas obras. De lo contrario es mejor que todo desaparezca, porque el fin es el anuncio de Cristo mediante la caridad que se hace obra en la asistencia a los más débiles, en este caso a las niñas que sufren abusos, humillaciones, maltratos ya sea por ignorancia o abandono de los padres de sus hijos o familiares. No se trata de ofrecer simplemente un techo, comida o medicamentos, sino asistir en manera integral a estas niñas jóvenes muy solas, indefensas y en su mayoría profundamente dañadas emocional y psicológicamente. Este es el origen de esta casa de Acogida para niñas embarazadas “Chiquitunga”, donde

Vista de una de las salas de estar en la Casa “Chiquitunga”

mos por la cantidad de obras, pareciéndonos a un supermercado, sino la misión del cristiano: amar al prójimo como a ti mismo, dar a ellos lo que daríamos a nuestros propios hijos. Todas estas obras han nacido concretamente de la fe, la esencialidad de la fe, el cimiento de todo y así tendría que ser siempre. Nadie en aquel entonces, 6 años atrás hubiera podido imaginar que la Misericordia Divina mostraría tan poderosamente su infinita bondad y caridad para con nosotros y, en particular con los necesitados y abandonados de nuestro 2- Hemos empezado con país.

con San Basilio, “como si los dos cuerpos tuvieran un alma en común”. Un documento hermoso que nos ayuda a entender la gran novedad que la Navidad trajo al mundo: Dios se hace compañía a los hombres.

la construcción, sorprendentemente en 7 meses, ha sido posible gracias a la empresa Talismán S.A. que realizó una donación de 475 millones de guaraníes; así mismo la Fundación Santa Librada hizo posible la remodelación de la Casita de Belén III y la empresa Burger King como tarea de Responsabilidad Social Empresarial permitirá la puesta en marcha y sostenimiento de este albergue para niños Casita de Belén. La presencia de nuestro Nuncio Apostólico, Monseñor Eliseo Antonio Ariotti nos llenó de alegría, donde nos decía: “Este lugar es un misterio, hace

“Nos habíamos encontrado en Atenas, como el curso de un río que, naciendo en una misma patria, se divide luego hacia diversas regiones y de nuevo, de común acuerdo, por disposición divina, vuelve a reunirse.

3-

Por entonces, no sólo admiraba yo a mi grande y querido Basilio, por la seriedad de sus costumbres y por la madurez y prudencia de sus palabras, sino que inducía también yo mismo a los demás que no lo conocían a que le tuviesen esta misma admiración. Los que conocían su fama y lo habían oído ya lo admiraban. Vista de uno de los dormitorios del Casa “Chiquitunga”

unos meses atrás luego de mi llegada al Paraguay he estado aquí participando de la inauguración de las nuevas instalaciones de la escuela ahora en menos de 10 meses estamos inaugurando 2 obras 4- más… le comentaré al Papa, no sé cuántas obras más iremos a inaugurar el año que viene en San Rafael, obras que no testimonian más que un gran amor a aquellos hermanos que más necesitan”. Así entre otros amigos Padre Oscar dio inicio al acto de inauguración mencionando que no es alegre inaugurar una casa para niñas violentadas, abusadas y abandonadas, no es grato inaugurar otra casa para niños abandonados, pero si es bello lograr la alegría en sus corazones, amor y esperanza en sus ojos. Nuestro 5Vice Presidente de la República, y muy querido amigo Federico Franco recalcó la belleza del acontecimiento cristiano “todo es posible para aquellos que

tiene la mirada en Cristo”. Deseamos acompañar y amar a cada madre joven y niños que llegan hasta nuestros hogares con una inquebrantable fe, esperanza y certeza en Cristo. No hay nada tan bello en la vida como hacer feliz a quien más necesita, educar el gusto de la vida, permitir dignidad, devolver esperanza y deseo de vivir a quienes menos se han favorecido en este mundo, puerta que se nos introdujo hace 2000 años en la contemplación de la natividad en Belén y lo podemos vivir hoy día. Agradeciendo al Señor, a su Santísima Madre, a Chiquitunga y a todos los santos, queremos también decir a cuantos nos acompañan un “gracias” y que sigan ayudándonos para el sostenimiento de todas estas obras que tanto ayudan a nuestro país. A.P.

¿Qué consecuencias tuvo esto? Que él era casi el único que destacaba entre todos los que habían venido a Atenas para estudiar, y que alcanzó honores superiores a los que correspondían a su condición de mero discípulo. Este fue el principio de nuestra amistad, el pequeño fuego que empezó a unirnos; de este modo, se estableció un mutuo afecto entre nosotros. Con el correr del tiempo, nos hicimos mutuas confidencias acerca de nuestro común deseo de estudiar la filosofía; ya por entonces se había acentuado nuestra mutua estimación, vivíamos juntos como camaradas, estábamos en todo de acuerdo, teníamos idénticas aspiraciones y nos comunicábamos cada día nuestra común afición por el estudio, con lo que ésta se hacía cada vez más ferviente y decidida. Teníamos ambos una idéntica aspiración a la cultura, cosa que es la que más se presta a envidias; sin embargo, no existía entre nosotros tal envidia, aunque si el incentivo de la emulación. Nuestra competición consistía no en obtener cada uno para sí el primer puesto, sino en obtenerlo para el otro, pues cada uno consideraba la gloria de éste como propia. Era como si los dos cuerpos tuvieran un alma en común. Pues si bien no hay que dar crédito a los que afirman que todas las cosas están en todas partes, en nuestro caso sí podía afirmarse que estábamos el uno en el otro. Idéntica era nuestra actividad y nuestra afición: aspirar a la virtud, vivir con la esperanza de las cosas futuras y tratar de comportarnos de tal manera que, aun antes de que llegase el momento de salir de esta vida, pudiese decirse que ya habíamos salido de ella. Con estos pensamientos dirigíamos nuestra vida y todas nuestras acciones, esforzándonos en seguir el camino de los mandamientos divinos y estimulándonos el uno a práctica de la virtud; y, si no pareciese una arrogancia el decirlo, diría que éramos el uno para el otro la norma y regla para discernir el bien del mal. Y, así como hay algunos que tienen un sobrenombre, ya sea heredado de sus padres, ya sea adquirido por méritos personales, para nosotros el mayor título de gloria era el ser cristianos y ser con tal nombre reconocidos”. San Gregorio Nacianzo

Monseñor Arioti abandonando la Casa de Belén No. 3


Observador Semanal del 06/01/2011