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Conversaciones con un gran maestro (II) PAG. 3

“La única obra que interesa realmente es la realización de nuestro propio yo”

Tres notas para una idea de la democracia

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“La vida no puede valorarse sólo en base a la productividad” PAG. 7

RESPONSABLES: GUILLERMO LESMES - NATHALIA LEMIR - www.sanrafael.org.py - MAIL: observadorsemanal@sanrafael.org.py - AÑO VII - Nº 356 - JUEVES 3 DE MAYO DE 2012

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ubo un tiempo en el que un lugar de trabajo era un rincón de la tierra en el que los hombres eran felices. Hoy es un lugar de la tierra donde los hombres se recriminan, se buscan las vueltas, se pegan, se matan…En la mayoría de los trabajos se cantaba, hoy se gruñe”. Así describía el escritor Charles Péguy en su obra El dinero los tiempos en los que “trabajar era un gozo, la raíz profunda de su ser. Su razón de ser. Existía un honor increíble del trabajo, el más hermoso de todos los honores, el más cristiano”. ¿Quién se plantea el trabajo humano así en la actualidad? Y eso que nos llamamos un país católico y el 1 de mayo celebramos el Día de los Trabajadores y saltan como siempre los discursos sobre el pueblo y su “tragedia”: el trabajo. Se plantean las “reivindicaciones”, los desafíos, las “luchas” y hasta cierto punto es justo. Pero, ¿eso es todo? Es lo mismo que se preguntaba el místico escritor francés, republicano y socialista como se autodenominaba, y siguiendo sus relexiones quizás podríamos encontrar algo de luz también nosotros para entender el problema de fondo que nos afecta como trabajadores hoy. “Conocimos un honor del trabajo que era exactamente el mismo que en la Edad Media regía la mano y el corazón… Hemos conocido esa piedad de la obra bien hecha… Durante mi infancia vi renovar la paja de las vacas exactamente, con el mismo espíritu y el mismo corazón, y por la misma mano, con que ese pueblo había tallado sus catedrales”, exclamaba poéticamente Péguy. ¿Y qué es en el fondo la crítica del poeta sino la denuncia de ese espíritu que domina nuestras relaciones laborales también aquí y ahora, en nuestro país, donde nos enorgullecemos cuando trabajamos menos horas que los demás y ganamos un mejor salario por ello, que apenas recibidos en alguna carrera ya necesitamos secretaria y chofer para dejar bien sentado nuestro estatus de trabajadores de clase A, que muchas veces sentimos vergüenza de los trabajos manuales y ni qué decir del trabajo ligado a los cuidados de la casa, como si fueran reprochables, inferiores…La menta-

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“Trabajar es orar”, ¿quién lo ve así hoy?

lidad burguesa no es solo la que domina entre la gente de arriba, también en el pueblo se ve y se siente este mismo pensar, esta mis actitud ante el trabajo. “Ha sido la burguesía la que haciendo burgueses a los obreros les ha enseñado a mendigar”, reclamaba con iereza Péguy. “Todo sabotaje tuvo su cuna en la burguesía que comenzó a tratar como valor bursátil el trabajo del hombre; el trabajador comenzó a su vez a tratar el valor de su propio trabajo como valor de bolsa… hoy vivimos un régimen de jugadas de bolsa y de chantaje perpetuo”. ¡Qué distancia de aquella descripción del trabajo cristiano: “Era necesario que una pata de silla estuviera bien hecha. Era algo sobreentendido… No había que hacerlo forzosamente bien a causa del salario… No había que hacerlo bien para el patrón, ni para los entendidos, ni para los clientes… Era necesario que estuviera bien hecho por sí mismo, en sí mismo, para sí mismo”. ¡Qué belleza en el trabajo del hom-

bre iel a sí mismo! Sea cual fuera el ramo de su desenvolvimiento laboral: oicina, consultorio, cocina, confesionario, obra de construcción… El trabajo es un motivo de alegría para el hombre. Una expresión de su ser. Una colaboración personal, es decir humana, a la obra divina de la creación. Y sigue Péguy con una actualidad impresionante: “Estos obreros se hubieran sorprendido mucho y no sabemos cuál hubiera sido su disgusto si se les hubiera dicho unos años más tarde que sus compañeros se pondrían de acuerdo entre sí para trabajar lo menos posible y que considerarían esto como una gran victoria”. Alejémonos por un momento del discurso, de la teoría, de la ideología, de los blablá que sobreabundan en estos días acerca de los trabajadores y sus “opresores”. Miremos por un momento nuestra propia realidad y veremos que lo que decía Péguy sigue tan campante en nuestros días. Si fuéramos sinceros admitiríamos que uno de los grandes fracasos de nuestro tiempo es que le hemos perdido el

sentido, el gusto al trabajo como expresión alegre de nuestro yo. Es como si tuviéramos que guardarnos siempre algo, un as bajo la manga, “¡qué trabajen en serio los tontos!”. El vivo es el que triunfa sin esfuerzo, con maña, sin pasión, sin trabajo. Y todo está supeditado al dinero: los horarios, la vestimenta, los proyectos laborales. Claro que el dinero es importante. Con este estrangulamiento que sentimos por parte del poder burgués que nos hace desear incluso lo que es sabido que no podremos alcanzar ni en tres vidas. Cosas, dinero y más objetos que valoramos como si fueran dioses. El consumismo y la vanidad invaden los corazones de la gente que vive en los barrios cerrados tanto como en los que cierran sus viviendas con un pedazo de cartón. Y nuestro modelo es siempre el “primer mundo”, los famosos países “desarrollados”, un mundo forjado hace años a fuerza de trabajo, de muchos cristianos entre otros, que veían en sus esfuerzos creativos algo mucho más importante que el prestigio

o el salario: era el bien común. Pero, ¿qué está pasando en Europa? ¿Qué es toda esa crisis inanciera a nivel mundial?, sino la comprobación dolorosa de que no se puede sostener un sistema humano sin contar con lo humano: en la economía, en las inanzas, en el mundo del trabajo. En Irlanda, por ejemplo, el gobierno está estimulando a los trabajadores en paro a reaprender oicios que ya nadie hacía en ese país: albañilería, carnicería, zapatería… ¡Están volviendo a revalorizar el trabajo porque la especulación inanciera de las oicinas chuchis y las limusinas se les ha venido abajo como a tantos otros en el mundo. ¡Cientos de miles de parados en Europa! ¿Y qué están viendo? ¡Qué hay que volver a las raíces si quieren salir de esta crisis! ¡Hay que revalorizar el trabajo, la familia, incluso la fe!, esas fuentes genuinas de riquezas social y material. Impresionante. Mientras aquí seguimos comprando espejitos, soñando con la construcción de un país ideal al estilo primermundista, a fuerza de discursos, sin sacriicios, sin trabajo honesto, o peor aún a fuerza de un puritanismo que acusa de todo a la corrupción, como si hubiera un hombre que no escapara de la miseria del pecado original. ¡Así no se construye un país enserio! Si cada católico se pone hoy frente al espejo transparente de Cristo, hijo de José, el carpintero de Nazaret, podría ver quizás, como Zaqueo que hay mucho defraudado, que hay mucho robado, que hay mucho holgazaneando, que hay mucho que rectiicar a nivel laboral. Y con la ayuda de Dios todos podemos dar ese paso. Hace falta un cambio radical, es cierto, pero no para destronar a los empresarios y establecer una dictadura del proletariado como algunos trasnochados intelectualoides proponen, sino tomando enserio lo que con crudeza aconsejaba San Pablo: “El que no trabaja, que no coma” y lo que con nostalgia describe el mismo poeta francés recordando a los trabajadores cristianos: “Decían riendo para embromar a los curas que trabajar ya es orar ¡y no sabían hasta qué punto decían la verdad!”. Observador Semanal


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El martes 1º de Mayo, iesta de San Riccardo Pampuri, cumplimos 8 años de nuestro “Sí” a Cristo en los enfermos más pobres y abandonados.A lo largo de estos años hombres y mujeres cruciicados por el dolor y el sufrimiento han quedado en nuestros corazones, personas de países lejanos han encontrado a Cristo dejándose conmover por el testimonio elocuente de los pacientes, amigos de trabajo han visto sus vidas transformadas y han pedido los sacramentos, voluntarios han recobrado el gusto por la vida y han logrado descubrir que Cristo tiene que ver con todo. Hemos sido testigos de innumerables milagros que evidencian la presencia de Cristo entre nosotros. Por eso, delante de este caudal de gracias, nos llenamos de agradecimiento, primeramente por haber sido elegidos y llamados a pertenecer a una familia, a un lugar donde el Misterio canta Su misericordia. Quisiéramos compartir el testimonio de algunos amigos que han estado en los inicios de esta obra de Dios. Ellos nos hablan de la audacia de aquel “sí” primero que hoy es renovado con el ciento por uno de la gratuidad divina.

Un bello comienzo Todo empezó cuando un matrimonio que trabaja en la Parroquia se hizo cargo de la primera paciente, cuidándola en su propia casa. Más tarde la mudaron al ediicio nuevo de la clínica donde éramos sólo cuatro enfermeros y algunos voluntarios, todos amigos del Padre Aldo. Era aquel un ambiente muy hogareño, se respiraba una gran familiaridad, todo era a nivel de amigos y conocidos. El Padre sabía que yo había termina-

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Un lugar donde se canta la

P A M P U R I Ramón, uno de los primeros enfermeros

misericordia del Señor

Modesta, alimentando a un paciente

do la carrera de enfermería y que aún no tenía experiencia en ella, entonces me pidió que trabajara en uno de los turnos. Fue mi primera experiencia de trabajo, que con el tiempo me hizo crecer humana y profesionalmente, porque cuando empecé no existían las catequesis, almorzábamos con los compañeros, pero no teníamos un espacio donde expresar lo que uno siente y pasa. Trabajar aquí signiicó para mí un giro muy grande, cambié mucho en mi manera de pensar y concebir la vida. Fui aprendiendo hasta cómo usar el propio sueldo, cómo administrarlo, y en qué invertirlo. Mirando a “alguien” que tiene mucha fe, como el Padre Aldo y el enfermo, me pregunté siempre: “¿Por qué él tiene tanta fe y yo no? ¿Por qué él es feliz estando enfermo y yo que estoy sano no soy feliz?”. Poco a poco voy entendiendo y pienso que si no hubiera vivido la experiencia de la Clinica yo sería un ladrillo más en la pared. Ramón.

Una puerta al Paraíso Soy una de las primeras cocineras. Recuerdo que una señora de la Parroquia San Rafael me preguntó si quería venir a trabajar en una clínica que estaba abriéndose para gente muy necesitada. Cuando escuché lo de “necesitada” me fascinó, porque ya solía activar mucho en la Capilla de mi barrio y siempre quise trabajar en un lugar donde pudiera ayudar a los más pobres, entonces la misma tarde que vine, me quedé. Me impresionaba mucho ver a tan-

ta gente sufrir y morir, y me preguntaba el porqué. Me decía: “Si yo llegara a tener esta enfermedad me quitaría la vida”, la verdad, no estaba preparada para afrontar una realidad así, hoy día tengo la gracia de entender qué signiica el sufrimiento, porque viendo el rostro sonriente de los enfermos cuando mueren entiendo que es un momento de puriicación para llegar más bellos al Señor. En un comienzo los pocos trabajadores que éramos, hacíamos de todo, de la cocina pasábamos al lavadero, del lavadero a limpiar los baños… hasta que con el tiempo fueron integrándose a la Clínica más personas. Hoy día, a la mañana temprano, antes de preparar el desayuno de los pacientes, rezo el Ángelus con ellos, por bloque, a in de preparar sus corazones para la comunión. También los acompaño en las catequesis y los preparo para recibir los sacramentos. El Padre Aldo se convirtió en un “papá” para mí. Un paciente una vez me dijo algo que nunca he podido olvidar, que el sacerdote es más que el Presidente de la República. Él me enseñó lo que signiicaba la presencia de un “Pa`í”, y me pide que oremos para que muchos se den cuenta de ello. Algunos días que no hemos tenido leche, ni yogurt, entonces con mi compañera vamos a rezar frente al Santísimo a la Divina Providencia y llegan las ayudas. Nunca ha faltado la gracia de Dios para éstos enfermos. En este lugar estoy feliz, nunca tengo sueño, ni estoy cansada para servir a mi prójimo. Aquí aprendí la importancia de los sacramentos para tener una muerte santa y estar con el Señor. Son los enfermos los que me animan a seguir cada día, viéndolos sufrir

dolores inmensos con tanta paciencia, mis problemas se transforman en nada comparándolos con el de ellos. Modesta

Dios está en el Sagrario y en el enfermo Mi mamá se internó en esta Clínica y estuve a su lado todo el tiempo que duró su enfermedad. Le ayudaba en las comidas, en el aseo, rezaba con ella, y el Padre Aldo siempre me decía que le impresionaba cómo estaba delante de ella, con tanta atención en los detalles, entonces me pidió que me quedara a trabajar como voluntaria. A mí, que me gusta estar con los enfermos, el orden, la limpieza, experimenté una correspondencia total con la propuesta del Padre. Todas las diicultades que empecé a encontrar en medio de este “Sí” fortalecían mis fuerzas y me animaban aún más. A las doce del mediodía, antes del almuerzo, yo rezaba el Ángelus con los pacientes. Con el tiempo muchas cosas fueron cambiando para bien, empezaron a realizarse las misas en cada sala, las recorridas del Santísimo, el rezo del Rosario. Además todos hacíamos de todo, como si estuviéramos en nuestra casa, pasábamos felices de un espacio a otro. Una vez recuerdo que con el Padre Aldo nos pusimos a limpiar los baños, él nos mostraba, limpiando con nosotros, cómo teníamos que estar atentos a todos los detalles del baño. El Padre Aldo fue la primera persona que me enseñó que Dios está en el

Sagrario y en el enfermo, que todo es oración, tanto el limpiar, como el barrer, y el cocinar, si tenemos la conciencia viva de para quien y con quien trabajamos. Tampoco la palabra “realidad” la había escuchado antes. Solían decirme: “El hombre propone y Dios dispone”, pero que la realidad era signo de Su presencia, no. Todo lo que aprendía me fascinaba y decidí quedarme. Aprendí que la oración era necesaria para que los problemas que uno va encontrando no lleguen a ser motivo para alejarse ó huir, sino todo lo contrario, son el “trampolín” para perseverar y una ocasión para preguntarme: “¿Quién es Cristo para mí?”.

Gabriela


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T E S T I M O - E D U C A C I Ó N : En homenaje a los maestros en su Día (30 de abril), esta es una conversación icticia con el fallecido Monseñor Luigi Giussani, fundador del movimiento católico Comunión y Liberación y en actual proceso de canonización, basada en los conceptos y deiniciones desarrollados por él en varias de sus obras, principalmente en El sentido religioso. Iniciado la semana pasada este encuentro con el Monseñor Luigi Giussani, consideremos estos apuntes para relexionar sobre la importancia de la educación y de los educadores hoy.

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aestro, nos quedamos pensando en su deinición de educación como riesgo. Pero, ¿Qué otros elementos están implicados en la educación? –Mira, lo primero que debes plantearte es que para aprovechar realmente cualquier encuentro educativo, una cosa es imprescindible y es poner en juego tu persona, ¡involucrarte! Otro elemento importante es la TRADICIÓN. –¿Tradición? –Sí, la tradición es el punto de partida a la apertura hacia la realidad total. El hombre vive en un tiempo y en un espacio determinados donde va haciendo su historia y solo asumiendo esta hipótesis, esta tradición en la educación, se puede enfrentar la realidad en forma crítica, en el sentido positivo del término. –¿Aceptamos toda esta tradición, así, sin más? –No, además de la tradición, está el elemento de la CRÍTICA, porque la tradición de cada persona debe ser puesta en remojo, por así decir, poniendo en el tapete los aspectos positivos y

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Conversaciones con un gran maestro (II) negativos de su bagaje cultural, intentando cambiar los negativo y asumiendo lo positivo. –¿Y qué me dice de la autoridad? - La AUTORIDAD es una necesidad acuciante, sobre todo en este tiempo. –¿Y qué método sugiere para desarrollar este encuentro educativo? - El mejor método es la experiencia personal; cada uno debe hacer su parte: el maestro enseñar y el alumno abrirse a lo que el maestro le enseña para luego veriicarlo libremente la hipótesis que el maestro le presenta. –¿Algo más? –Por supuesto, no se puede educar a nadie si no se pone en juego el CORAZÓN. - Ah, claro, usted se reiere a los sentimientos y a las emociones.

- NO, cuando digo corazón me reiero al conjunto de las exigencias más profundas del hombre: verdad, justicia, amor, belleza, felicidad… El corazón no se reduce a los sentimientos, aunque los contempla, va más allá, porque abarca la totalidad de los factores de la experiencia. –¿Y qué es lo que desencadena estas exigencias en el hombre? –El factor que activa el corazón del hombre es la REALIDAD, por eso “educar es introducir en la realidad total”. –¿Y cómo se introduce en la realidad? ¿De dónde partimos? –Partimos del yo y de nuestros deseos. DESEO es un término formado por dos palabras en italiano (de: falta; sidera: estrellas = ininito), luego, deseo se conceptualiza como “nostalgia de ininito”. Si lees el pasaje del evangelio sobre el buen y el mal ladrón en

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su diálogo con Jesús, notarás que no hay que comenzar la educación con la pregunta: “¿Qué debo hacer?”, sino con “¿Quién soy yo?” Hacemos educación con todo lo que realizamos y decimos, pero sobre todo: YO SOY DESEO DE INFINITO. Entonces, todo lo que se encuentra en la vida tiene un valor pero no llena, a menos que nos ponga en relación con el ininito. Poner todo lo que nos sucede en relación con el ininito partiendo de los deseos de nuestro corazón es educar en la realidad. –Pero, ¿qué es la realidad? – La realidad es todo lo que existe dentro y fuera de uno, visible e invisible. Y la realidad en su totalidad es el anticipo de vida de eso que será plenamente cumplido en nuestro destino que es trascendente. Todo en la realidad es signo de la presencia de Dios, pero hay que superar la apariencia y no quedarse

con el signo. Hay que aprender a airmar el signiicado de lo que vemos a simple vista, ir más allá para introducir a los niños en la realidad total. –En esta búsqueda de signiicado, el maestro es clave, ¿no? –El maestro es irremplazable en la relación educativa. Maestro, educador es el que enseña; etimológicamente, “el que lleva adentro un sello”; nos ponemos frente a la realidad y mostramos aquello que la realidad señala. Esa tarea fascinante es la del maestro, quien es el interlocutor de las preguntas profundas de las personas que son sus alumnos. –Disculpe, pero ¿esta función que usted asigna al maestro no le quita protagonismo al alumno? –No tiene por qué hacerlo. Piensa en esto, educar viene del latín: Educere (duce: sacar; ecere: afuera) que signiica sacar hacia fuera. Por ejemplo: la semilla que brota para hacerse una planta. El educador permite que la semilla del educando salga a lote. No hace que la semilla sea una planta, lo ayuda a ser lo que él ya tiene en sí. ¿Entiendes la diferencia entre guiar y reemplazar? –¿El verdadero maestro es una guía para su alumnos? –Se puede decir que el verdadero maestro es una guía al destino de sus alumnos. Es la compañía que hace brotar el yo de los alumnos ante todo lo que les sucede, ante todo lo que viven, y despierta en ellos el deseo de felicidad, enseñándoles a leer lo que les pasa en clave positiva. –Suena bien lo que dice sobre la educación. –Es que es bueno educar, es el mayor bien, descubrir la verdad, la belleza, el amor que hay detrás de todo lo que nos rodea y de todo lo que nos sucede porque en la realidad se encuentra presente el mismo Cristo. CCL

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¿Presumir de

las propias debilidades?

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l mundo moderno, en sus muchas contradicciones, exalta la transgresión y la disciplina, la suciedad y la limpieza, la despropor-

ción y los cánones estéticos. Por eso, no es difícil encontrar a quienes presumen de sus inidelidades, de sus trampas, de sus laquezas, como si se tra-

tasen de trofeos gloriosos. Al mismo tiempo, otros buscan desesperadamente ocultar los errores del pasado y aparecer como impecables, coherentes, buenos. De unos y otros, en nuestro país, son claro ejemplo quienes ahora ocupan (y algunos usurpan) los altos cargos en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial En medio de esas contradicciones, sorprende leer las palabras de san Pablo: “Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis laquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo”. Estamos ante una de las paradojas cristianas. Cristo, es verdad, no duda en exigir la máxima perfección, la misma que se encuentra en su Padre: “Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”. Pero al mismo tiempo acoge y convive, come y pasea con los pecadores, los proscri-

tos, los fracasados, los sucios, los que reciben el desprecio de los cumplidores de la Ley, y los invita a la conversión. Cada uno de quienes hemos sido bautizados sabe en qué laquea, dónde están sus debilidades. Unos sienten el peso de la carne, de las pasiones bajas que amenazan continuamente con embrutecernos. Otros descubren en su corazón envidias que carcomen, que dañan las relaciones en la familia o con los amigos. Otros sienten la atracción fatal de las riquezas y de los bienes materiales, hasta el punto de estar dispuestos a dejar de lado la integridad ética para esclavizarse ante el ídolo del dinero. Otros albergan deseos de poder y de grandeza: su debilidad les lleva a depender de aplausos fáciles y de triunfos que encandilan y engañan. Si nos miramos en el espejo, descubrimos las propias debilidades, esas que nos avergüenzan, que nos duelen,

que nos arrastren, que nos encadenen. ¿Es posible presumir de ellas? ¿No son más bien heridas que buscamos afanosamente ocultar ante los ojos ajenos y ante nuestra propia mirada? San Pablo nos sorprende, pero sus palabras tienen sentido. Porque la debilidad, puesta delante de Cristo, puede convertirse, si la acompañamos con el arrepentimiento, en un vale legítimo para pedir ayuda, para suplicar misericordia, para abrirse al Médico que vino no para los justos, sino para los pecadores. Al confesar mi pecado, al denunciar mis debilidades, reconozco, con valentía y humildad, lo poco que puedo sin Dios, y lo mucho que puede realizar Dios cuando un corazón suplica, como el pecador en el último rincón del templo: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!”. (GL)


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Vemos a Mónica Poletto, presidenta de las Obras Sociales de la Compañía de las Obras (CDO) en los jardines de la fundación, conversando animadamente con Marcos y Cleuza (de Brasil)

adora Nilsa, trabaj Padre Pío ja en la gran

“Nosotros sin embargo, en este momento estamos invirtiendo muchísimo para que, sobre todo los jóvenes, aprendan dentro de las obras una profesión, porque esto puede ayudarlos en su trabajo”.

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stas son todas las obras sin ánimo de lucro? Si. Entre las Obras Sociales de la CDO tenemos varias obras como las de la Parroquia San Rafael, donde hay de todo. Por ejemplo, obras que se ocupan de los presidiarios, de los enfermos terminales, niños abandonados, drogadictos, es decir, se ocupan de todas las perso-

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“Este es un lugar donde todo el drama humano tiene un espacio y puedo ser yo misma”. De este modo, Mónica Poletto deinió las obras de la Parroquia San Rafael, luego de haber compartido unos días con las personas que están al frente de las mismas. Ella es presidenta de las Obras Sociales de la Compañía de las Obras (CDO) en Italia y vino al Paraguay para visitar algunas iniciativas que forman parte de la asociación que sólo en Europa, reúne a más de mil obras de caridad. Mónica Poletto, es consultora tributaria de profesión.Vive y trabaja en Milán, en un estudio que brinda asesoramiento legal a empresas y organizaciones; además es presidenta de las Obras Sociales de la Compañía de las Obras (CDO), que agrupa todas las Asociaciones sin ánimo de lucro, que forman parte de la entidad. Sólo en Italia, este segmento reúne a unas mil obras de caridad que tienen como objeto ante todo que la asociación pueda existir; para lo cual trabajan juntas y se ocupan de la formación y capacitación permanente de sus integrantes. Luego de un recorrido por diferentes obras en Paraguay, Poletto destacó el valor educativo de las mismas y reiriéndose especíicamente a la Parroquia San Rafael, dijo que “es un lugar donde el drama humano no es censurado, donde puedo ser yo misma y no puedo escapar. La única obra que interesa realmente es nuestro propio yo. El objetivo de las obras es ayudar a las personas y eso se ve acá”. nas, en especial de aquellas en diicultad. Estas nacen y trabajan de una manera muy similar a las obras que tiene el padre Aldo Trento y están a cargo de personas que, particularmente, se sienten llamadas a responder a las necesidades y así nacen las obras. La CDO es ante todo una compañía de Obras; y nosotros que somos directivos o miembros, buscamos servir en

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“La única obra que interesa realmente es la realización de nuestro propio yo” Mónica Poletto, con miembros de la Fundación

legio, porque se comprende que están personalmente comprometidos con la obra. ¿Existe alguna diicultad o problema que pueda perjudicar el crecimiento de estas obras? Siempre hay diicultades, pero eso no es sólo acá. Lo más importante es tener una atención en educar a los jóvenes para que puedan asumir una responsabilidad. En muchos lugares he visto gente muy buena, pero que deben realizar un esfuerzo muy grande para hacer su trabajo. Si tú no tienes la capacidad de involucrar a personas que tienen tu misma mirada, la obra muere o arriesga no tener continuidad. Esto es para mí lo más importante, que nuestras obras sean lugares educativos para que las personas puedan decir “yo” responsablemente. Y a mí me parece haber visto esto aquí.

Mónica Poletto en la granja Padre Pío

lo posible en esto también ayudando en la organización de un trabajo común. ¿Cuál es tu impresión de las obras que tenemos en Paraguay? En Paraguay he visto las obras de la Parroquia San Rafael que son bellísimas porque, ante todo, percibí una cosa: la insistencia en el valor educa-

tivo de la belleza, que es algo que caracteriza mucho todas nuestras obras, porque lo hemos aprendido de Don Giussani. A mi por ejemplo me ha impactado que una vez en Italia, un funcionario del Ministerio me dijo: “ayer fuimos a visitar una obra de ustedes”. Entonces le pregunté si ellos le dijeron que eran de la CDO y el me respondió: “no, lo descubrí enseguida

porque era bella”. Sobre todo, cuanto uno trabaja con personas que en la vida sólo han encontrado problemas; el hecho de darles a ellos un lugar bello, es ante todo decirles que creemos en ellos, que ellos son dignos de poseer la belleza y que, en la vida es posible encontrar algo bello. Por eso, la belleza tiene un valor educativo enorme y esto en las obras de San Rafael

es evidente e impresionante. Lo otro que me ha impactado bastante y lo he dicho antes, que se comprende de inmediato es que, aunque está la genialidad del Padre Aldo, es una genialidad que sabe generar una compañía, porque en torno a él hay realmente muchas personas que tienen la misma mirada suya.

¿Estuviste además en otras obras? Si, también estuve en el Colegio Santa Caterina da Siena, donde encontré a la directora Giovanna (Tagliabue). Aunque son realidades y personas muy diversas; la insistencia sobre la belleza también la he visto ahí. Me han impactado todas las personas que enseñan y trabajan en el co-

Un aspecto que tocaste antes fue referente a la tarea de los responsables y quienes trabajan en las obras ¿esto qué implica? Una obra debe tiene siempre dos características: mientras persigue su objetivo, realiza la felicidad de quien la hace. Si tú no tienes en perspectiva esto, la obra muere poco después, sobre todo una obra cristiana, porque para nosotros el trabajo es verdaderamente el modo más adulto de decir “sí”. En una obra cristiana es fundamental esto, pues el verdadero recurso de una obra está en las personas que trabajan en ella. Es como si de la fascinación con que viven dentro de esta obra, nace casi naturalmente el bien que llevan a las personas. Es por eso muy importante lo que decía Marcos (Zerbini), la primera responsabilidad de una obra está en el perseguir todos el mismo objetivo, la realización de las personas que la hacen, porque o sino, tarde o temprano, to-

dos se marchan. Uno puede estar por un voluntarismo por un tiempo, pero dura poco. Estuve en muchos lugares donde algunos, después de uno o dos años, se marchan porque no tienen cuenta esto. Por eso, lo importante es que exista siempre un punto positivo para mirar la propia vida y poder llevar luego esta positividad a las personas que ayudamos. Todas las obras nacen de la respuesta a una necesidad. Cada vez hay más necesidades, ¿esto signiica que se deben abrir nuevas obras? Esto es importante, porque una obra no se desarrolla diciendo sí a todas las necesidades. Decir sí a todo es imposible porque además la necesidad es ininita. Por eso, una obra se desarrolla respondiendo a una necesidad, pero ante todo, frente a cada necesidad, se debe realizar una evaluación realista. El realismo en la obra viene dado siempre por dos factores: una obediencia a las personas que tenemos, con quienes la hacemos, y, una obediencia a las posibilidades económicas. También este es un punto de obediencia a Dios porque Madre Teresa de Calcuta decía siempre: “Si Dios no me da el dinero, signiica que no le sirve mi obra”. De esto depende que una obra se desarrolle. Cantervill


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R E F L E X I O N E S no de los conceptos más manoseados y, paradójicamente, más prestigiosos es el de democracia. Manoseado en su propia signiicación pues cualquier persona o sistema administrativo o incluso actitud que quiera reclamar bondad para si misma no tiene sino que invocar que es “democrática”. Y así nos topamos con “posturas o discursos” democráticos, o bien con “instituciones” democráticas como una “universidad democrática” y hasta “éticas y religiones democráticas”. El resto, lo otro y las otras, al no poseer el sello democrático, se los enclaustra en el rincón de lo anti-democrático, autoritario. Lo democrático es sinónimo, entonces, de prestigio, valor inestimable, honor: es el equivalente del summun bonum que decían los escolásticos: la instancia ultima, la carga afectiva y moral del in de los actos humanos. En otras palabras: no ser o no actuar conforme a la democracia es remitirse al reino del mal. Pero, felizmente, la democracia no es eso. Ni pretendió serlo. Es apenas un régimen de gobierno político. Nada más y nada menos. Por eso creo, ante tamaña exageración de sus posibilidades e ideologización del uso del concepto, un bosquejo, aunque sea mínimo, de lo que ella entraña es necesaria. ¿Cuáles serían, entonces, algunas notas de la idea de la democracia? En primer lugar, y ya lo adelantamos, democracia supone, una cierta idea de régimen político, una forma de gobernar. La tan mencionada y alabada deinición del presidente Lincoln de que la democracia es un sistema de gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no hace sino enfatizar precisamente ese aspecto. La democracia es una forma de convivencia que organiza al pueblo como sujeto de su destino político. En segundo lugar, democracia reiere a una idea, de legitimación del po-

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Tres notas para una idea de

la democracia

der. En la democracia el poder aspira a un consenso legitimo pues, el régimen político, lo hace surgir del pueblo mismo. Democracia deviene, entonces, sinónimo de legitimidad política. Si el pueblo, y no el monarca, es el soberano, entonces ese pueblo se convierte en garante del poder, ejerciéndolo de manera justiicada. El origen del poder nace entonces del ciudadano, quienes con su querer, su voluntad, conferirían la autoridad pero una autoridad, debe recordarse, que no embebe ni abre las puertas para la licitud de cualquier conducta ciudadana. La democracia no equivale, y este es un error común en la mentalidad contemporánea, a la ética o moral. Puede suponer un contenido de valores alguna naturaleza pero de suyo no lo supone. Lo que indica y lleva a una

tercera nota: la de que la democracia no se reduce a ser un régimen político solo formal sino que puede ser algo más. Puede ser “colmado” por un contenido sea esta una ilosofía de vida, o una ideología. De ahí que han existido y aun existen modos de vida diferentes autodenominados democráticos; los de la democracia liberal o “burguesa”, o conservadora o bien, una democracia participativa “popu-

La tragedia de las democracias es que aún no han conseguido lograr la democracia Jacques Maritain, Cristianismo y Democracia

lar” y socialista, y hasta la aún insistente democracia cristiana o “personalista” Así, lo de burgués o popular o personalista no está dado por el régimen político de la democracia sino por el contenido del sujeto-pueblo y de los individuos que la forman. Por eso, hay conductas buenas, moralmente, que no son “democráticas” y viceversa; conductas malas que lo son a pesar de surgir de un consenso democrático y popular. El bien no se funda en el querer de las mayorías, ni las mayorías siempre saben o quieren el bien. Por eso es que lo peor que le puede pasar a la democracia es la politización y la expansión de la misma a todos los rincones de la vida humana pretendiendo identiicar lo democrático necesariamente con el bien moral.

Dicho esto, no se debe colegir que la democracia no deba tener un contenido moral. Lo que se sugiere es que no tenga un contenido ideológico que permita la manipulación conforme a un lenguaje arbitrario y contrario a la naturaleza de las cosas. Si se reduce la democracia a su dimensión de su contenido ideológico se corre el riesgo de empobrecerla, -e insistimos- de manipularla, y transformarla en un instrumento ideológico excluyente. Es que la moralidad de la democracia, su amplitud respecto a su alcance dentro del juego de las libertades humanas es lo que la hace social, económica, abierta a las oportunidades de los ciudadanos. Democracia implica, entonces, confrontarse con la realidad de las cosas. Lo razonable de la democracia remite a la idea de bien común que es un concepto ético. Es la condición que hace posible el desarrollo y participación de todos. Pero bien común no es un concepto ideológico idealizado sino un “bien” de llegada: la condición de posibilidad para el progreso social. Nada más. Pero nada menos. Por eso, pretender alcanzar una democracia de “llegada o resultado” donde exista algo así como un “paraíso” no deja de ser un infantilismo político. La democracia no es todo: no es Dios, no es el paraíso, no es la salvación. Es un régimen político que supone el compromiso de todos, por eso es república: es de todos. La democracia es republicana o no es nada; es lo que el ilósofo Jacques Maritain advertía hace más de cincuenta años: el no darse cuenta que la no realización de una democracia, la autentica y no los remedos, democracia ingida o “bolivariana”, es una verdadera tragedia. Basta mirar a nuestro alrededor para veriicar la certeza de esta profecía. * Mario Ramos-Reyes, Catedrático y Filósofo; Director del Centro de Cultura, Ética y Desarrollo. Para comentarios o preguntas, dirigirse a mramos-reyes@kc.rr.com


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Jueves 3 de mayo de 2012

C A T E Q U E S I S

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nte unas 40.000 personas que asistieron en la plaza de San Pedro del Vaticano a la audiencia pública del miércoles 25 de abril, el Papa Benedicto XVI destacó la importancia de la plegaria en la vida del hombre y señaló que sin la misma nuestra vida se vacía y quedamos insatisfechos. “Las demasiadas ocupaciones, una vida frenética, acaban muchas veces por endurecer el corazón y hacer sufrir al espíritu, decía san Bernardo. Son palabras muy importantes para el hombre de hoy, acostumbrado a evaluar todo con el criterio de la productividad y la eiciencia”, airmó el Obispo de Roma. Añadió que el libro de Los Hechos de los Apóstoles recuerda la importancia del trabajo en la vida diaria, pero precisa que se debe desarrollar con responsabilidad y dedicación y sin olvidad la necesidad que tenemos de Dios.

D E

B E N E D I C T O

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“La vida no puede

valorarse

sólo en base a la productividad”

“Sin la plegaria diaria vivida con idelidad, nuestro menester se vacía, pierde el alma profunda, se reduce a una simple actividad que a larga nos deja insatisfechos”, destacó el papa, que resaltó la antigua tradición cristiana de rezar antes de cada actividad. Caridad y justicia son un servicio espiritual El compromiso de salir al encuentro de las necesidades del prójimo no tiene límites; pero es imprescindible que se realice a la luz del Espíritu Santo, para que no se pierda en puro activismo. Así pues, esas dos realidades, el anuncio de la Palabra de Dios y el deber de la caridad, “deben vivir en la Iglesia”, donde ambas tienen su lugar y su “relación necesaria”. El Papa cita la narración de san Lucas en los Hechos de los Apóstoles para hablar de la intervención de la Iglesia en favor de las “personas solas y necesitadas de asistencia y ayuda”. Ha vuelto a proponer “la exigencia primaria de anunciar la Palabra de Dios según el mandato del Señor”. Pero subraya la exigencia de poner en el mismo plano “el deber de la caridad y de la

justicia, es decir, el deber de asistir a las viudas, a los pobres, y proveer con amor a las situaciones de necesidad en las que se encuentran los hermanos y las hermanas”, dado que también en este caso se trata de “responder al mandato de Jesús: amaos los unos a los otros”. La Iglesia, de hecho, “no sólo debe anunciar la Palabra, sino también realizar la Palabra”. En esta perspectiva, caridad y justicia no se han de interpretar sólo como “acciones sociales” sino también como “acciones espirituales”. Hasta el punto de que quienes están llamados a hacer concreta esta doble expresión de la única misión de la Iglesia “no pueden ser sólo organizadores que saben actuar” sino que deben ser “hombres llenos de Espíritu Santo y de sabiduría”, porque la obra que llevan a cabo, aunque sea sobre todo práctica, es de modo es-

pecial “una función espiritual”. La actividad en favor del prójimo, ciertamente, “no se debe condenar -reairma el Pontíice-, pero conviene subrayar que debe estar penetrada interiormente también del espíritu de contemplación”. Esto ayuda a “aprender la verdadera caridad, el verdadero servicio a los demás”, que “ciertamente requiere las cosas necesarias”, pero sobre todo “el afecto de nuestro corazón, de la luz de Dios”. Es una valiosa advertencia “para nosotros hoy -concluye el Papaacostumbrados a valorarlo todo con el criterio de la productividad y de la eiciencia”. La primacía de la oración y de la palabra de Dios El papa Ratzinger manifestó que los cristianos creen en la fuerza de la

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palabra de Dios y de la plegaria y subrayó que la oración recuerda a los ieles “que sólo de la relación íntima con Dios, cultivada día a día, nace la respuesta a Dios”. Destacó el primado de la plegaria y de la Palabra de Dios para los hombres y aseguró que “Para los pastores esta es la primera y más valiosa forma de servicio a la grey a ellos coniada. Si los pulmones de la oración y la palabra de Dios no alimentan la res-

Hay dos cosas que aparecen: en primer lugar, existe desde aquel momento en la iglesia, un ministerio de la caridad. La Iglesia no sólo debe proclamar la palabra, sino también cumplir la palabra, que es amor y verdad.Y, en segundo lugar, estos hombres no solo deben gozar de buena reputación, sino que deben ser hombres llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, es decir, que no pueden ser solo organizadores que saben cómo “hacer” sino que deben “hacer” según el espíritu de la fe con la luz de Dios, en la sabiduría del corazón; y por lo tanto su función --si bien es sobretodo práctica--, es sin embargo una función espiritual. La caridad y la justicia no son solo acciones sociales, sino son acciones espirituales realizadas a la luz del Espíritu Santo.

piración de nuestra vida espiritual, corremos el riesgo de asixiarnos en medio de miles de cosas todos los días: la oración es la respiración del alma y de la vida”. El Sumo Pontíice invitó a los ieles a mantenerse siempre unidos a Dios con las plegarias. Saludando a una asociación de familiares de víctimas de accidentes de tráico, a los que expresó su solidaridad, insistió en la necesidad de conducir “siempre con prudencia y sentido de responsabilidad”. Hablando en español, invito a participar “en la apasionante tarea de ediicar la Iglesia de Cristo en todas sus facetas, no solamente con buena voluntad, sino santiicando con la oración cada uno de los pasos de nuestro hacer”. Preparado por GL


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C U L T U R A /

M Ú S I C A

Grupo Generación:

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Gran Concierto de Pascua Mañana 4 de mayo a las 20 hs. en el patio cubierto de la Parroquia San Rafael se presentara el Grupo Generación en un Concierto a beneicio de la Escuela Pa’i Alberto y el Colegio Pa’i Lino

L E T R A

L A AVE NT URA HUMANA DE LOS S ANTOS

Felipe y Santiago el Menor, Santos Apóstoles

aporte a nuestra cultura esde 1982, en que se inician como Generación, han recorrido un camino musical pleno de éxitos. El nombre del grupo fue inspirado en la palabra “generar”, porque la misma se refería a personas de una misma época y con una misma ideología musical. Sus integrantes Alejo Benítez, Adolfo Arregui, Carlos “Toti” Rodríguez y Hebert Cáceres forman una conjunción de experiencia y juventud al servicio de la música. Junto a ellos, Ismael Resquín en percusión, Patricia Álvarez en lauta y Silvio Turró en bajo y guitarra siguen escribiendo la historia de una brillante trayectoria. Realizaron actuaciones en Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y los Estados Unidos. Han grabado en total 7 discos: “Música Paraguaya”, “Regalo de Amor”, “Serenata”, “Amigos para siempre”, “Siempre el sol volv-

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erá”, “Generación de Emiliano”, y “Generación de Emiliano 2”, en ellos recorren el cancionero popular paraguayo y latinoamericano, incluyendo también algunos cortes de música universal. Una historia de sueños y realizaciones, recorriendo el bello camino de la música, sembrando emociones y cosechando afectos, admiración y logros. Generación es hoy más que un grupo, es parte importante de la evolución musical que el Paraguay ofrece al mundo. Sus temas, impregnados de una pulida técnica y de un inocultable sentimiento, se anidan en el corazón de su gente con tanta o más fuerza hoy. Actualmente, Generación está considerado como la máxima expresión musical como conjunto vocal del Paraguay, mostrando un alto grado de versatilidad y consolidación artística, habiendo logrado por primera vez en la historia de la música de su patria, incorporar la polifonía con un color vocal y una armonización sumamente original, paraguaya y universal a la vez.

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Dedicado a un grande En el año 2008 se grabó el primer disco homenaje al gran cantautor Emiliano R. Fernández, considerado uno de los máximos exponentes de la poesía paraguaya. Su carrera como poeta lo llevó a escribir unos 2.000 poemas, también participo en la Guerra del Chaco, de donde se desprenden muchos de sus poemas inspirados de esta guerra. A varias de sus creaciones se les ha puesto música, de ahí que cuando suena alguna de sus canciones, se oye la frase “aipóa Emilianore”. El disco denominado “Generación de Emiliano” volumen I, incluye temas como: La cautiva, Aháma Che la Reina, Despierta mi Angelina, entre otros. Siguiendo con las mismas ideas, en Octubre, del 2010 se lanzó el volumen II de este material, con el auspicio del diario ABC Color, el Mariscal López Shopping y la Municipalidad de Asunción, otro gran material que incluye algunos éxitos como: 13 Tujuti, Ndejuru Mbyte, Gratitud, La Ultima Letra, y mas. Preparado por GL

C A N C I O N E S

La Libertad Todo el tiempo que pasó lo pasé sin respirar como si estuviera yo atrapado debajo del mar pero igual puede pensar y la vida valorar Fui juntando tanta valentía acá debajo del mar Y ahora que vuelvo a salir ver la luz me hace sufrir Me pregunto si no será mucho ¡No! Esto no es nada, amigo esto es pequeño, comparado al despertar que va a venir fuera, ya estoy afuera Y ahora tengo miedo de tanta libertad Todo ese cielo azul y ver tanta libertad me ha dejado quieto y al in puedo llorar Tanto tiempo yo dormí

sin poderme despertar Era tan oscuro ese silencio debajo del mar pero igual pude soñar y la calle imaginar Extrañaba tanto tu alegría allá debajo del mar y ahora que vuelvo a salir ver la luz me hace sufrir Me pregunto si no será mucho ¡No! Esto no es nada, amigo Esto es pequeño comparado al despertar que va a venir Fuera, ya estoy afuera Y ahora tengo miedo de tanta libertad Todo ese cielo azul y ver tanta verdad me ha dejado quieto y al in puedo llorar. (Vicentico, cantante argentino)

elipe y Santiago tienen poco realce en el colegio apostólico. Pero sólo formar parte de él, ya supone un gran privilegio. Son dos de las Doce Columnas de la Iglesia. No entenderían todo lo que predicaba el Maestro, pero por encima de todas las diicultades, le permanecieron siempre ieles. Celebramos juntos a estos dos apóstoles de Jesucristo porque en torno al siglo VI sus restos fueron llevados a Roma. Felipe y Santiago dieron su vida por amor a Jesucristo y a la predicación del Evangelio. El primero fue cruciicado cabeza abajo en Frigia, y Santiago murió apedreado, hacia el año 62. Tuvo que ser un momento de gran expectación aquel amanecer sobre la montaña. Jesús había pasado la noche en oración. Muchos le habían seguido. Y al amanecer, Jesús empezó a nombrar nombres, doce nombres “a quienes llamó apóstoles”. Felipe y Santiago el de Alfeo no podrían contener la emoción cuando se sintieron llamados por el divino Maestro. A Santiago se le llama “el Menor” para diferenciarlo del otro apóstol, Santiago el Mayor (que fue martirizado poco después de la muerte de Cristo). Felipe era natural de Betsaida como Andrés y Pedro, junto al lago de Genesaret, donde tantas veces Jesucristo predicó. Fue primero discípulo de Juan el Bautista, hasta que Jesús lo llamó a ser Apóstol. Felipe, sin perder tiempo, le anunció a Natanael que por in había encontrado al Mesías. Encontró a Bartolomé y lo atrajo hacia Jesús. “Ven y verás”, le dijo, y Bartolomé se unió también al grupo apostólico. San Juan habla de él varias veces en el Evangelio. Sabemos que estuvo presente en las Bodas de Caná, y que, en el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, fue a él a quien se dirigió el Señor para preguntarle cómo podían hacer para saciar el hambre de tanta gente. El discurso de la última Cena le debió parecer largo y oscuro. “Muéstranos el Padre, interrumpe a Jesús, y esto nos basta”. Jesús le aclara: “Felipe, quien me ve a mí, ve también a mi Padre”. Hay en el Evangelio otra intervención de Felipe. Felipe es nombre griego, y algo conocería esta lengua. Cuando un grupo de griegos quiso hablar con Jesús, se dirigió a Felipe para obtener la audiencia, quien a su vez acudió a Andrés para conseguirla. De Santiago no aparecen intervenciones concretas en el Evangelio. Se sabe que era de Caná y pariente del Señor, según la opinión más probable. Parece que su madre era hermana de la Virgen, y por eso se le llama “hermano” de Jesús, que en hebreo signiicaba primo o cualquier clase de parentesco. Es uno de los pocos parientes de Jesús que creyeron en Él antes de la Pasión. Cuando los apóstoles se dispersaron, después de Pentecostés, Felipe y Santiago son los menos andariegos. La Tradición dice de Felipe que llevó el Evangelio a Frigia (Asia Menor) donde fue cruciicado. A veces llegaba a la vecina Laodicea, a cultivar la semilla que había sembrado el apóstol Pablo. Santiago fue el primer obispo de Jerusalén, el obispo apropiado para la “transición”, iel a la doctrina de Jesús, sin abandonar la ley de Moisés. Preside el concilio de Jerusalén y consigue la paz entre los judíos convertidos y los paganos que pasan al cristianismo, a los que no se deben imponer las prácticas judías. Era un tema espinoso, y supo encontrar el equilibrio. San Pablo no duda en llamarle “Columna de la Iglesia”. Era un gran asceta, pacíico y tenaz a la vez. Este apóstol redactó uno de los escritos más agradables y provechosos de la S. Biblia. La que se llama “Carta de Santiago”. Es un mensaje hermoso y sumamente práctico. Contiene una serie de normas morales inspiradas en los libros sapienciales, pero impregnadas ya de la espiritualidad del Sermón de la Montaña. Normas preciosas sobre la verdad, la libertad, la caridad, la concordia, la unión inseparable de fe y obras... Allí dice frases tan importantes como estas: “Si alguien se imagina ser persona religiosa y no domina su lengua, se equivoca y su religión es vana”. “Oh ricos: si no comparten con el pobre sus riquezas, prepárense a grandes castigos del cielo”. “Si alguno está triste, que rece. Si alguno se enferma, que llamen a los presbíteros y lo unjan con aceite santo, y esa oración le aprovechará mucho al enfermo” (de aquí sacó la Iglesia la costumbre de hacer la Unción de los enfermos). La frase más famosa de la Carta de Santiago es esta: “La fe sin obras, está muerta”. (Preparado por GL)


Observador Semanal del 03/05/2012