Page 1

LA ESCUELA CATÓLICA y LA GLOBALIZACIÓN

LA ESCUELA CATÓLICA EN LOS CONTEXTOS SOCIOCULTURALES (¿NUEVOS?) QUE SE LLAMAN "SOCIEDAD OCCIDENTAL" Jaime Rodríguez F. SDB

"La visión escolar" por parte de la Iglesia Desde hace un par de siglos, cuando la escolaridad se convirtió en Sistema Educativo y se hizo parte integrante de la estructura de la sociedad moderna surgida de la Revolución Industrial, la Iglesia reclama para sí el derecho de tener escuelas, en ellas su libertad de enseñanza y de administración y, en este sentido, defiende la ESCUELA CATÓLICA y la ha consolidado como su subsistema educativo propio.

En la sociedad urbano-industrial, dada la enorme complejidad que ésta tiene, la familia se ha visto incapaz de educar a sus hijos para la inserción en ella. De aquí el surgimiento del Sistema Educativo como entidad especializada en transmitir a la juventud la herencia cultural, conocimientos, técnicas y habilidades. Realiza funciones especializadas de preparación a la vida adulta que la sociedad le confía ya que la familia no las puede desempeñar, luego la escuela, en su calidad de nueva institución de la estructura de la sociedad, no se puede considerar como una prolongación de la familia ni su legitimidad proviene de aquélla. Los valores que transmite cada entidad, la familia y la escuela, son distintos y con frecuencia entran en oposición. Este "desplazamiento" de la Iglesia del control religioso del conocimiento y de la educación no ha sido fácil por las tensiones suscitadas entre el ámbito religioso


JAIME RODRÍGUEZ F. SDB

Página 2

tradicional y el nuevo arreligioso, fundamentado en otro tipo de valores. Sin embargo fue cediendo la polémica inicial sobre el derecho a la educación de los hijos como exclusividad de la familia. La Iglesia terminó por aceptar la autonomía de los sistemas educativos, su especificidad, como en general del llamado mundo de la laicidad y, en especial del quehacer científico y la de la función del Estado educador. Vinieron cuestionamientos por parte de estados y grupos de poder en las nuevas formas de sociedad secularizada sobre la legitimidad social de la Iglesia y de su acción en la sociedad. Más que su autonomía y funciones especializadas dentro de la sociedad pluralista se pronosticaba su desaparición. Llegó a desarrollarse una militancia “secularizante” que no favorecía la autonomía religiosa y funciones especializada dentro de la sociedad pluralista por parte de la Iglesia sino que propugnaba la sociedad sin religión. Ésta “debería quedar” sin representatividad institucional, confinada a la conciencia individual, sin posibilidad de influencia en los roles sociales. En los estadios iniciales sería la “religión invisible” mientras la desaparecía, como institución social. En consecuencia, dentro de esta perspectiva, la Iglesia no podía ser educadora. Precisamente lo contrario a lo que la Iglesia reclamaba para sí: ser EDUCADORA por esencia. Por eso, la Iglesia persistió y persiste reivindicando con todo vigor, en el sentido y porqué de su misión, su derecho a la educación dentro del sistema educativo de la sociedad moderna. Aunque propiamente la escuela no forme parte de la estructura eclesial como tal, la Iglesia la considera un instrumento privilegiado de evangelización, fundamentando su derecho a la acción escolar en el “… vayan y

enseñen a todas las gentes…” con que Jesús confió su misión a los Apóstoles. (Mt.XXVIII,19).

Mirando dentro de la “cultura occidental”… Hay antecedentes muy significativos: en Europa, sin hablar del papel de muchos monasterios que atesoraron arte y cultura, salvando y protegiendo bibliotecas de la destrucción de las invasiones, desarrollaron

conocimientos y actividades


Página 3

LA ESCUELA CATÓLICA y LA GLOBALIZACIÓN

investigativas, la Iglesia fue pionera en fundación de universidades como instituciones dedicadas al estudio, debate y profundización, sistematización del quehacer científico e irradiación del mismo. La ortodoxia de la “verdad” científica dependía del aval de la autoridad eclesiástica. Pero fueron surgiendo corrientes de pensamiento opuestas que defendían el valor intrínseco de los hallazgos científicos y su independencia con respecto al dogma religioso. Posteriormente los centros de discusión e investigación científica y universidades fundadas por la Iglesia fueron pasando a manos “seculares” al compás de los procesos de modernización de la sociedad. Las transformaciones sociales inmensas que se desencadenaron a finales del siglo XXVIII fueron el mayor catalizador de la reforma de los procesos y entidades de educación: se conjugaron, junto con la revolución en la producción de bienes, también la de los servicios y la revolución política latente de un presupuesto de igualdad de condiciones, adquirida o por adquirir, como campo específico de la educación: educar para competir. Así que es un fenómeno cultural amplísimo enraizado y encauzado en el “marketing”, nueva etapa de la ideología capitalista y de sus sistemas una vez hundidos los regímenes comunistas y el marxismo-leninismo práctico con la derrota de su concepto de sociedad y de convivencia en ella. El Pontífice Juan Pablo II en su encíclica “Centesimus Annus” afirmó categóricamente que el capitalismo triunfante no era la respuesta a las necesidades humanas en cuya solución había fracasado el comunismo. Habló entonces de la posible solución en una economía de mercado justa, sin arrogancias ni egoísmos y con el respeto de las autonomías y la promoción de los más débiles. Es decir, con la “humanización” del mercado, dando así un rostro humano al sistema. Con todo, permanecen siempre y se acrecientan los interrogantes sobre si el capitalismo es susceptible de esta transformación. Lo cierto es que el Papa ha dejado oír muchas veces su voz sobre las consecuencias deshumanizantes que se ven acompañando al proceso de Globalización.


JAIME RODRÍGUEZ F. SDB

Página 4

Analizando la realidad… …se constata la universalización de la pobreza con todas las consecuencias peyorativas sobre la condición humana. Es una pobreza “acumulativa” en cantidad y calidad. Es el 80% o más de los habitantes del mundo que ven aumentar su distancia de las metas del bienestar y, por tanto, de las minorías que manejan la economía del mercado según sus intereses propios. No se expanden ni la riqueza ni los grandes adelantos de la ciencia y la técnica. El “saber”, como nueva forma de propiedad, pertenece a los dueños del mercado que lo administran en su propio favor, tasando la expansión del conocimiento según sus intereses. De modo que el mismo “acceso” a esta cultura de la expansión del mercado queda circunscrito a las determinaciones de quienes manejan la “cultura” y sus grandes instrumentos como son los medios de comunicación social y los sistemas educativos. Dicho de otro modo, el empobrecimiento en todas sus dimensiones es un proceso dinámico que genera más y más pobreza para masas ingentes de seres humanos y más y más capacidad de posesión y de dominio para los dueños del mercado. La Globalización se percibe, de este modo, como imposición cultural, económica y social, un modo de explotación y despojo, privación de autonomía y “exclusión” de las posibilidades de “ser historia” para las mayorías “empobrecidas” del sistema global que reemplazaba las monarquías por la democracia. Lo que estuvo precedido por la revolución científica con una nueva concepción de ciencia: Se impuso con rapidez la secularización del “saber” y la creación del mundo científico regido únicamente por cánones de investigación, de conocimiento empírico derivado de ésta y la racionalidad. Al discurso especulativo y deductivo se le discutía y se le contestaba su validez. Transformaciones muy hondas que terminaron por despojar a la Iglesia de su control sobre el ámbito universitario, además de su propiedad sobre no pocas instituciones, especialmente en el nivel de la educación superior. El pensamiento y la cultura se emancipaban así de la tutela religiosa y constituían su ámbito propio y sus reglas rectoras.


Página 5

LA ESCUELA CATÓLICA y LA GLOBALIZACIÓN

El descubrimiento de América y su incorporación a la historia universal habían tenido lugar bajo la egida de la Iglesia: se trató de manera fundamental de la inserción del continente al Viejo Mundo, implantación de una nueva cultura que aún era preindustrial y, por ende, de un transplante de instituciones en desmedro de las civilizaciones aborígenes. Se abrieron, desde los inicios, las primeras universidades por parte de la Iglesia. Además, ésta creó una infraestructura notable de escuelas doctrineras que, en muchos casos, llegaron a conformar una especie de “sistema”: eran agencias de cristianización y difusoras de la “civilización superior” de los países conquistadores como elemento indispensable de la transformación cristiana del salvajismo a la civilización occidental. De modo que ésta y la cristianización eran las dos caras de la misma moneda. El advenimiento tardío de la Revolución Industrial a Hispanoamérica, que se puede situar, salvo contadas excepciones, a mediados del siglo XX, permitió un gran dominio de la Iglesia en el ámbito cultural y, de manera especial, en el educativo escolar en el que existió un significativo monopolio religioso. Al producirse la independencia latinoamericana alrededor de las dos primeras décadas del siglo XIX, los estados empezaron a apersonarse de la educación fundando instituciones propias. Pero la Iglesia afianzó un sólido subsistema educativo católico fundamentado en su larga experiencia de siglos en dicho campo en este continente. A pesar de la “modernización” de estas sociedades, muy dispar y hasta incongruente ya que coexisten polos industrializados que representan subculturas urbano-industriales de niveles muy altos y consiguientemente con exigencias de educación correspondientes, y amplios sectores con estructuras y organización “tradicionales” la Iglesia, con su subsistema propio, ha logrado conservar su gran influencia en el sector educativo escolar. En general, el subsistema educativo católico sigue siendo muy importante en el continente. La Escuela Católica es muy sólida y notable en los niveles de educación media y superior, con instituciones de alta calidad y competitivas, lo que le brinda a la Iglesia prestigio y autoridad en dicho campo y en la sociedad que en América Latina sigue definida por el ethos cristiano a pesar de la secularización de la


JAIME RODRÍGUEZ F. SDB

Página 6

sociedad. Hay que añadir que en América Latina el concepto dinámico de educación de masas y de democratización, para un sistema educativo que, por definición, es el único camino de inserción “normal” al mundo adulto y al mercado de trabajo, está muy lejos de alcanzarse. El acceso al sistema escolar, el tránsito en él y la promoción ascendente son muy irregulares para grandes masas de población en edad de escolaridad en relación con los diversos niveles, de modo que el mínimo de unos 9 años de escolaridad básica para toda la población en edad escolar, objetivo que se propusieron alcanzar nuestras naciones en la década de los años 90 del último siglo, avanzó muy lentamente y ha quedado apenas como un mero enunciado para grandes masas en muchas naciones. Se trata de índices muy graves de subdesarrollo educativo. Realidades sociales éstas que constituyen desafíos inmensos a la Iglesia en cuanto a su misión en un continente mayoritariamente cristiano. Si se comparan estos aspectos con la educación católica en Europa y en los países desarrollados en que los niveles básicos están asegurados para toda la población en edad escolar por parte de los estados, hay diferencias fundamentales en cuanto al papel, metas, dificultades y significado de la Escuela Católica: en un mundo secularizado, ésta, sobre todo en el nivel universitario, procura la más alta calidad científica para poder competir con instituciones semejantes y hacer reconocer la validez de su presencia y la de la Iglesia que representa en el mundo científicotecnológico, dando su aporte al adelanto de la ciencia, a la discusión ética, el desenvolvimiento de las artes, con la meta de la demostración de la no-oposición entre ciencia y cultura, por un lado, y la fe y la religión, por el otro. Un papel semejante es el de prestigiosas universidades católicas en sociedades no cristianas. Ha habido, pues, un invaluable esfuerzo de modernización de la educación superior católica en respuesta a las exigencias de la investigación como generadora de la ciencia y en la adaptación de las instituciones universitarias de tradición centenaria a la secularización del conocimiento y del rol social de las universidades.

…en la versión latinoamericana En América Latina, en las instituciones escolares de la Iglesia, se siguieron los mismos derroteros de la Educación Católica de los países desarrollados: un fuerte


Página 7

LA ESCUELA CATÓLICA y LA GLOBALIZACIÓN

impulso a la educación superior en la forma antedicha; y la ampliación y modernización de las instituciones de educación básica para que, dentro del pluralismo cultural y de los procesos de escolarización de masas, exigencia de los nuevos tiempos, la Iglesia pudiera asegurarles a las familias cristianas, con la Escuela Católica, la libertad de escogencia de la formación religiosa para sus hijos. Por décadas y dentro de los parámetros del marco teórico de la secularización y de la Sociología de la Educación correspondiente, el discurso de la Educación Católica fue el mismo para toda la sociedad occidental. Se buscaba que el subsistema escolar de la Iglesia se adaptara de manera competitiva a las exigencias de la sociedad urbano-industrial y a sus cánones de productividad. Son no pocas las universidades católicas que son consideradas “de cúspide” en los niveles de educación superior fuertemente estratificados; su credencial educativa tiene mucha importancia dentro de la sociedad; y dichas instituciones ejercen una notable influencia en la organización de los sistemas educativos que siempre aparecen muy supeditados a la educación superior de tipo universitario. Las metas centrales fueron las de la educación para el trabajo y la formación del tipo de hombre requerido por la industrialización y su mercado laboral en todas sus facetas. Fue la versión que se impuso a América Latina con el nombre de “educación para el desarrollo”. De modo que nuestro continente se fijó en los modelos educativos de los países desarrollados para reproducirlos como injertos de modernidad en el conjunto de sus estructuras socio-económico-políticas y la Educación Católica no pudo ser la excepción. Pareció predominar el afán de la institucionalidad educativa de la Iglesia en el mundo moderno y frente a los subsistemas oficial y privado que le disputaban a la Iglesia su antigua primacía en el campo de la educación. No fue acertado este manejo de la teoría educativa para interpretar y evaluar las transformaciones de la misión educadora de la Iglesia para hacerla parte del Sistema Educativo. Los análisis de la Escuela Católica son difíciles de generalizar por la diferencia de contextos sociales, de procesos disímiles en la transformación de las sociedades y por la diferente capacidad de las instituciones escolares concretas para encarar retos que aparecen como universales y lo son, pero que no


JAIME RODRÍGUEZ F. SDB

Página 8

se pueden considerar unívocos con respecto a las diferentes realidades escolares. Lo que hubo, en realidad, fue el transplante de los modelos de instituciones educativas del mundo urbano-industrial desarrollado, todo con el presupuesto de que los injertos de modernidad, en este caso las instituciones educativas católicas, generarían la transformación de las estructuras sociales y la modernización de la sociedad. La experiencia demostró la poca validez de las hipótesis y la incapacidad de las estructuras sociales del subdesarrollo de sostener un sistema educativo como el de las sociedades desarrolladas. De aquí la caracterización de muchas formas de subdesarrollo interno del derecho “universal e incondicionado” a la educación escolar, con procesos disyuntivos por altísimos niveles educativos y de especializaciones en universidades católicas y privadas para minorías privilegiadas mientras para grandes mayorías no se aseguraban sino muy pocos años de escolaridad y la meta de la promoción hacia la educación superior les quedan absolutamente vedadas. Estos mecanismos de selección que remiten a criterios definitivos de reproducción de la estratificación social han fragmentado los sistemas educativos en diversas formas de educación para ricos o para pobres, de modo absoluto en contra de los postulados de la educación escolar como un derecho para todos y del presupuesto de la democratización educativa como posibilidad real de ingreso al sistema escolar y de promoción dentro de él. La Educación Católica, con fuerte presencia en los niveles medio y superior, con colegios y universidades de alto prestigio, ha quedado envuelta en dinamismos elitizantes, por ser más instrumentos de selección que de promoción social. En este sentido, la opción preferencial por los pobres, tan propia de la Iglesia Latinoamericana, tiene el riesgo de ser cada vez más excluida cuando la educación escolar se trata. Y no se ve cómo se pueda cumplir la pregonada finalidad de la Educación Católica de asegurar la libertad de escogencia de la educación cristiana en un continente mayoritariamente cristiano como es el nuestro. En los países desarrollados la meta de la escolaridad católica puede ser la de la validez de la presencia y el testimonio en un mundo secularizado. En el nuestro, el desafío a la Educación Católica proviene del ethos cristiano de nuestras gentes, el sentido y la motivación para la expansión del subsistema escolar de la Iglesia, su posibilidad de


Página 9

LA ESCUELA CATÓLICA y LA GLOBALIZACIÓN

contribuir a asegurar el derecho a la educación religiosa para los muchos que quedan discriminados de los sistemas educativos, como una expresión más de la pobreza a que los somete el sistema social: se trata de “las estructuras de pecado” que denuncian los documentos de la Iglesia Latinoamericana en Medellín y Puebla. Estamos ante la génesis de los grandes problemas sustantivos que marcan a la Educación Católica y que se van quedando sin resolver por las pertenencias de la Iglesia a estructuras abiertamente discriminatorias e injustas y por los condicionamientos con que éstas la rodean: en el campo específico que estamos tratando entran los sistemas educativos con su monopolio de los contenidos de la educación escolar como instrumentos políticos de los estados y del tipo de sociedad que tienen como objetivo lograr.

La inculturación del Evangelio Es la palabra de orden de la Iglesia reunida en Santo Domingo para celebrar el quinto centenario de su presencia en el continente latinoamericano. Corresponde, en clave latinoamericana, a la preocupación constante del Papa Juan Pablo II por la ruptura entre fe y cultura en referencia muy precisa a la cultura occidental, que de cristiana ha pasado a ser ex –cristiana. En este sentido señala el Papa en el discurso inaugural de la conferencia “una crisis cultural de proporciones insospechadas” y acusa que van desapareciendo los valores evangélicos y aún humanos fundamentales. Este proceso de inculturación es la encarnación de la fe en la cultura y se realiza por el diálogo recíproco entre Evangelio y Cultura, según el documento de Santo Domingo y presupone “el reconocimiento de los valores evangélicos que se han mantenido más o menos puros en la actual cultura; y el reconocimiento de nuevos valores que coinciden con el mensaje de Cristo” (n° 230). Es indispensable señalar que no se trata de volver a regímenes de cristiandad en el sentido de sociedades presididas por la Iglesia y de la exclusión de los

campos


JAIME RODRÍGUEZ F. SDB

Página 10

específicos de la secularidad con su ética y leyes propios, autónomos de la tutela religiosa. También hay que tener en cuenta que los valores que coinciden con los del mensaje evangélico son valores laicos. E igualmente que en la sociedad hay muchos valores cristianos que han dejado de tener referencia religiosa y se identifican como valores civiles de convivencia social. En esta última dimensión, los valores quedan en referencia a la dignidad humana y a los derechos que de ella se derivan como punto de partida y de llegada. Se trata, entonces, más bien de reinaugurar un diálogo que, más que interrumpido, está roto. La Iglesia defiende su presencia y la de sus instituciones en nombre del pluralismo que impera en la sociedad moderna y su derecho a aportar los valores que le son propios de construcción de la convivencia humana. Más en concreto, la preocupación de la Iglesia versa sobre la dignidad del hombre y los derechos humanos que se ven gravemente conculcados en multitudes inmensas. Esta defensa ha sido la de la trayectoria del proceso eclesial latinoamericano desde Medellín y Puebla hasta Santo Domingo, como punto de arribo y, al mismo tiempo, de partida hacia el futuro. De aquí las graves y constantes denuncias de la Iglesia latinoamericana sobre la situación del continente, la llamada “cultura de la muerte”, sus causas estructurales, que la llevan a la opción preferencial por los pobres y por los jóvenes, características éstas mayoritarias en la población latinoamericana.

Educación Católica en diálogo con la cultura ¿Instrumento privilegiado del mismo ante una cultura reluctante no sólo con respecto a la trascendencia sino contraria al reconocimiento de la dignidad y derechos humanos a mayorías de población? Es aquí donde se sitúan los grandes retos para la acción educativa escolar de la Iglesia y los interrogantes sobre la capacidad de la Escuela Católica en el logro de los objetivos que se propone. Están, de por medio, las debilidades intrínsecas que se han constatado en aquélla y que no han encontrado solución: por una parte, los problemas de la elitización que padecen los sistemas educativos en general y

que


Página 11

LA ESCUELA CATÓLICA y LA GLOBALIZACIÓN

alejan inevitablemente a la Iglesia de los jóvenes más pobres y necesitados de promoción por los que ha optado: ¿La Escuela Católica es privada o popular? De hecho y por muchas razones imposibles de discutir en un documento como éste, el subsistema católico de hecho queda situado en el ámbito “privado” de la educación y aparece como “abanderado” de planteles y criterios que privilegian la clase social en la educación. Entra también la inevitable dependencia del subsistema de la Iglesia del control de la educación por parte del estado, en muchos casos representante y garante de la cultura que rompe y rechaza el diálogo con la fe cristiana. El humanismo cristiano y sus valores encuentran reducida al máximo su posibilidad de expresión. Baste pensar en la merma muy notable de horas de enseñanza y formación religiosa en los programas escolares por tener que llenarlas con otras exigencias de materias y actividades impuestas por los ministerios de educación. Mientras en los planteles de educación oficiales la enseñanza religiosa va quedando o está definitivamente abolida, en nombre del pluralismo y la libertad de pensamiento y de cultos, aun en naciones de mayoría cristianas. Al fin de cuentas, el sistema educativo es un instrumento político del estado para formar, reproducir y sostener el tipo de sociedad que representa. Es entonces cuando entra en discusión si los programas de educación del estado tienen en cuenta la realidad cultural de la nación o si responde

únicamente

a

los

intereses

de

determinados grupos sociales. Si busca el bien común o únicamente beneficios particulares. Esta misma pregunta, en el estado actual de nuestro continente, hay que planteársela a la Educación Católica como parte de los sistemas educativos nacionales: ¿Está de facto favoreciendo a las mayorías cristianas o depende, en su subsistencia, de la reducción de sus servicios a las clases medias y altas de nuestras sociedades? Y esto no sólo en el caso de los países subdesarrollados sino también en los de alto desarrollo, o sea, en las naciones industrializadas.


JAIME RODRÍGUEZ F. SDB

Página 12

¿Cuál es, entonces, la capacidad y el alcance reales de la Escuela Católica para ser portadora de la cultura cristiana para humanizar la civilización imperante y promover a los destinatarios de su evangelización sumidos en la pobreza y en la desesperanza a la dignidad de los hijos de Dios? A pesar de no poder ser cuestionamientos estandarizados ni haya que pensar en respuestas de la misma dimensión a toda la acción educativa de la Iglesia ni en el mundo actual ni en la sociedad occidental, los desafíos a la misión de la Iglesia, van adquiriendo un marcado carácter global. La cultura con la que la Iglesia se propone dialogar y a la que quiere aportar lo mejor de sí misma, en el desenvolvimiento histórico que vivimos se está difundiendo e imponiendo como cultura de poder. De modo que el devenir de la humanidad está modelado y conducido por la universalización de la cultura occidental. Es lo caracterizante del tránsito entre los siglos XX y XXI y se conoce con este nombre:

LA GLOBALIZACIÓN El concepto hace referencia a la unificación (no decimos “unidad”) de los continentes de la tierra y de la humanidad entera. De entrada podría pensarse en logros debidos a los medios de comunicación en el sentido de interrelacionar la multiplicidad de las tradiciones culturales que existen en el planeta para enriquecerse mutuamente con el aporte de la riqueza incalculable de experiencias de convivencia social y de solución de los problemas de la supervivencia humana en los muy diversos ámbitos geográficos y étnicos. Sería el crecimiento cualitativo y profundización de la humanidad con el aporte de todos. Habría, entonces, la posibilidad de hablar de tendencia hacia la unidad. Ésta, en el mejor de los casos, no pasa de ser un gran anhelo. La GLOBALIZACIÓN es un fenómeno mundial. y marca su derrotero hacia el futuro. regímenes comunistas

Envuelve el presente de la historia

Como estadio posterior a la

(“el socialismo real”) y

la

caída de los

hegemonía del capitalismo


Página 13

LA ESCUELA CATÓLICA y LA GLOBALIZACIÓN

industrial, su comprensión remite a los adelantos incomensurables de la ciencia y la tecnología con su dominio sobre la naturaleza y con su capacidad de respuesta a las necesidades humanas: se dice que es una respuesta total a todas las necesidades y ésta es la que se universaliza. Constituye el contexto, entonces, de convivencia para toda la humanidad. Lo que la hace imprescindible para toda reflexión sobre el ser humano y sobre la complicada red de sus relaciones con los demás, tanto en el inmediato entorno individual, como en el mediato más amplio e ilímite hasta lo universal. Por tanto, es el espacio de la misión de la Iglesia, el campo de la inculturación del Evangelio y el marco de los análisis de la educación como actividad social. Habrá que pensar en ese estadio en que ha quedado situada la historia humana y en los perfiles de las sociedades en el marco de la globalización y del “ser humano globalizado”. En referencia a la etimología de la palabra, nos situamos ante la “universalización”

de una cultura, la de los países industrializados. Ciertamente toca todas las dimensiones de la vida social y humana pero está esencialmente fundamentada en la economía de mercado y en la competitividad en la misma: en otras palabras, hay que entrar en la corriente del mercado, lo que presupone ser capaces de competir en él. Hay latente un presupuesto de igualdad de condiciones, adquirida o por adquirir, como campo específico de la educación: educar para competir. Así que es un fenómeno cultural amplísimo enraizado y encauzado en el “marketing”, nueva etapa de la ideología capitalista y de sus sistemas, una vez hundidos los regímenes comunistas y el marxismo-leninismo práctico con la derrota de su concepto de sociedad y de convivencia en ella. El

Pontífice

Juan

Pablo

II

en

su

encíclica

“Centesimus

Annus”

afirmó

categóricamente que el capitalismo triunfante no era la respuesta a las necesidades humanas en cuya solución había fracasado el comunismo. Habló entonces de la posible solución en una economía de mercado justa, sin arrogancias ni egoísmos y


JAIME RODRÍGUEZ F. SDB

Página 14

con el respeto de las autonomías y la promoción de los más débiles. Es decir, con la “humanización” del mercado, dando así un rostro humano al sistema. Con todo, permanecen siempre y se acrecientan los interrogantes sobre si el capitalismo es susceptible de esta transformación. Lo cierto es que el Papa ha dejado oír muchas veces su voz sobre las consecuencias deshumanizantes que se ven acompañando al proceso de Globalización.

Analizando la realidad… …se constata la universalidad de la pobreza con todas sus consecuencias peyorativas sobre la condición humana. Es una pobreza “acumulativa” en cantidad y calidad. Es el 80% o más de los habitantes del mundo que ven aumentar su distancia no sólo de las metas de bienestar sino hasta de la satisfacción de las necesidades mínimas. El otro polo es el de las minorías que manejan la economía del mercado financiero según sus intereses propios. No se expanden ni la riqueza ni los grandes adelantos de la ciencia y la técnica. El “saber”, como nueva forma de propiedad, pertenece a los dueños del mercado que lo administran en su propio favor, tasando la expansión del conocimiento según sus intereses. De modo que el mismo “acceso” a esta cultura de la expansión del mercado queda circunscrito a las determinaciones de quienes manejan la “cultura” y sus grandes instrumentos como son los medios de comunicación social y los sistemas educativos. Dicho de otro modo, el empobrecimiento en todas sus dimensiones es un proceso dinámico que genera más y más pobreza para masas ingentes de seres humanos y más y más capacidad de posesión y de dominio para los dueños del mercado. La Globalización se percibe, de este modo, como imposición cultural, económica y social, un modo de explotación y despojo, privación de autonomía y “exclusión” de las posibilidades de “ser historia” para las mayorías “empobrecidas” del sistema. Se concluye, entonces, que la Globalización es una ideología que lo somete todo a la regla del máximo provecho y dispone de las personas como meros instrumentos que se explotan, cerrándoles toda posibilidad de ser libres, autónomas,

dignas,


Página 15

LA ESCUELA CATÓLICA y LA GLOBALIZACIÓN

dueñas y rectoras de su propio destino, capaces de programar su futuro y de ser constructoras de la sociedad.

¿Cómo definir en este contexto los fines, modos y medios de la Educación Católica para la inculturación del Evangelio? No pretendo, en esta sección conclusiva, ofrecer soluciones para una situación tan compleja que corresponde al desenvolvimiento del sistema capitalista con la acentuación de sus notas identificantes del lucro por el lucro, del dogma a ultranza de la propiedad privada y de la competencia en una supuesta y contraevidente igualdad de condiciones, con el resultado de una constante y progresiva acumulación de las riquezas y de toda suerte de adelantos en pocas manos. Los enormes e incalculables progresos de la ciencia y de la tecnología en todos los campos van a la par con la imposibilidad de su alcance como metas sociales para las mayorías de los seres humanos. No es que éstos queden a la zaga, de modo que con esfuerzos personales y con los mecanismos del sistema, en particular los procesos educativos, puedan ser incorporados a las corrientes del bienestar en todos sus sentidos. Las que se evidencian son las políticas de exclusión. En este sentido, los sistemas educativos son instrumentos de primer orden con su carácter selectivo por esencia y el monopolio y manejo de los conocimientos para los grupos socialmente dominantes y dueños de los medios que imponen “la cultura”.


JAIME RODRÍGUEZ F. SDB

Página 16

Desafíos económicos Las endemias de los sistemas educativos que se constatan, por ejemplo, en la elitización creciente de la Escuela Católica, se ven agravadas por la universalización del mercado financiero que es el primer medio difusor de la Globalización de la cultura en la que son excluidos los que no pueden competir, y son los sectores de “tercer mundo”, tanto nacionales como intranacionales, mayorías inmensas, porque carecen de “poder”. Es decir, los procesos hacia los más débiles socialmente hablando, afectados por las pobrezas que para ellos genera el sistema neoliberal globalizado, son cada vez menos de formación y luego de explotación de mano de obra barata que no se necesita tanto para la producción de riquezas como el capitalismo industrial pues el que impera es el capitalismo financiero en el que la riqueza produce riqueza. Como, del mismo modo, la pobreza genera pobreza, simplemente la pregonada “competencia” con todos sus supuestos de igualdad de condiciones es suplantada por la actitud de prescindir de los pobres y por negarles toda participación. No se crean programas para los que el sistema no necesita. En este caso la educación deja de ser “promotora” para pasar a seleccionar y formar únicamente a los más competitivos. ¿Hasta qué punto la Escuela Católica puede escapar del mecanismo selectivo? ¿Podrá, como parte de los sistemas educativos, “promover” a los socialmente desvalidos para que logren ser “participantes” y dueños de su propio destino? ¿No se habrá perdido la capacidad de análisis para ver si nuestras instituciones educativas se puedan regir por meros eficientismos y competencias habiendo perdido el sentido de la Iglesia en su proclamada opción preferencial por los pobres? ¿En vez de influir sobre los sistemas educativos no se habrá llegado a convertirse en instrumentos de los mismos y agentes de sus injusticias y exclusiones en perjuicio de los más necesitados? ¿No podremos estar refrendando y sosteniendo el actual statu quo? ¿El papel investigador de la Universidad Católica y su formación de investigadores científicos no depende de los intereses del poder económico financiero? Todas las formas de exclusión educativa tienen enorme relación la exclusión de los mercados de trabajo.


Página 17

LA ESCUELA CATÓLICA y LA GLOBALIZACIÓN

Desafíos políticos Los constituyen las leyes anti-globalización migratoria de las masas empobrecidas y excluidas de los sectores pobres hacia los sectores ricos dentro de la misma nación o internacionales. Los “desplazados” por la pobreza y muchas otras formas de desenraizamiento violento son las nuevas masas de pobres y abandonados que deben enfrentar todos los riesgos de despersonalizaciones sociales en los nuevos ambientes a los que se ven compelidos a llegar. Por decisiones políticas se les niegan servicios educativos y de salud y hasta se prohíbe brindárselos. Es una migración que se rechaza y persigue por todos los medios. ¿Cómo abrirles las puertas de la Educación Católica cuando esto se convierte en una apertura “ilegal” en determinadas naciones y estados en especial cuando se trata de inmigraciones clandestinas? ¿Cómo crear para ellos respuestas institucionales de resocialización y en qué sentido y dirección debe ir ésta?

Desafíos culturales La Globalización, en términos culturales, es la imposición de la cultura anglo-sajona al mundo entero, la unidimensionalidad de la existencia y del conformismo de comportamientos humanos, debido a la destrucción de la diversidad cultural. Los medios de comunicación social masiva y los sistemas educativos se tienen que ir asimilando indefectiblemente a estos parámetros. De aquí que la educación tenga que ir ostentando los mismos parámetros, niveles, métodos, títulos para que las instituciones

sean

reconocidas

competitiva

e

internacionalmente.

Se

va

estableciendo un perfil definitivo de egresado para la competencia requerida por las leyes del mercado financiero. Este es uno de los aspectos más delicados que tiene que enfrentar la Educación Católica: en

primer lugar, hay que analizar si, dada la clientela de nuestras


JAIME RODRÍGUEZ F. SDB

Página 18

instituciones escolares en los niveles medio y superior que tiene la cultura de los países desarrollados como punto de referencia y meta de arribo, sólo se le brinda el tipo de educación que piden porque los confirma en sus privilegios de clase. En segundo lugar, se juega la independencia del subsistema educativo católico para transmitir los grandes valores de solidaridad y de construcción de una sociedad más justa e igualitaria, todo esto tan contrario al espíritu de competencia en que llevan las de ganar “los más capaces” y esto más por proveniencia social aunque se esgriman razones falaces de meritrocacia. ¿Cómo y en qué sentido puede la Escuela Católica constituirse en educación alternativa, con un verdadero carácter de promotora de los más débiles de la sociedad?

Desafíos éticos Son posiblemente los más preocupantes. Provienen de la ciencia erigida en “poder” y como rectora del quehacer y de la convivencia humana. Es el imperio de la fórmula y respuesta científica a la problemática humana, en sustitución de la trascendencia: la ciencia como religión. En el mismo sentido del gran resorte del sistema capitalista del lucro por el lucro, aquí es el conocimiento por el conocimiento. Responde a los intereses supremos de quienes propician y controlan la investigación para sus fines. Deja de ser la ciencia para el ser humano: éste se ha convertido en mero objeto de la ciencia. Todo el discurso de la dignidad humana y de los derechos humanos que de ella se derivan y, de por sí, constituyen un “a priori” de la existencia humana, queda supeditado a la mera racionalidad científica. No se los reconoce. Apenas se los otorga. Los logros de la ciencia pretenden sustituir la ética. La manipulación genética, la clonación humana, los experimentos en embriones fabricados en el laboratorio, el establecimiento del eugenismo según parámetros de las “razas superiores”, el aborto y la eutanasia están entre las propuestas centrales de dicha racionalidad.


Página 19

LA ESCUELA CATÓLICA y LA GLOBALIZACIÓN

Una verdad cuya existencia no admite discusión es que los progresos incalculables de la ciencia no han ido a la par con la humanización de la vida y de la convivencia social. Es todo lo contrario. En dicha realidad social, la trascendencia del Evangelio y la Iglesia que en su realidad visible y con sus instituciones lo tiene que hacer historia “carecen” de legitimidad social en los parámetros de la cultura que se “globaliza”. La misión de la Iglesia queda rechazada y directamente asediada. De la misma manera su “derecho” a transmitir su mensaje. Nos encontramos ante una convergencia de los dos sistemas más antagónicos como el comunismo y el capitalismo en la consideración de la religión como opio del pueblo. La Educación Católica aparece así como un blanco directo de la cultura de la Globalización. “A la luz de sus oscuridades”…¿cómo redefinirla? Los desafíos éticos, en particular a las instituciones escolares que se definen como católicas,

regentadas

por

comunidades

religiosas

educadoras,

por

laicos

comprometidos con el testimonio, se derivan de actitudes humanas antes consideradas “vitandas” y ahora erigidas en derechos incontestables. Se produce el choque entre las bases a un mínimo de valores para la convivencia humana y la posibilidad humana de cualquier tipo de conducta que el individuo pregone como fruto de su libertad de conciencia, como su verdad personal. Así, las instituciones católicas están obligadas legalmente en varias sociedades a tener que tolerar en su seno a quienes practican el aborto, propician familias en unión libre, la homosexualidad, el madresolterismo y otras formas de conductas humanas como sino hubiera que pensar en la influencia altamente negativa sobre los ambientes educativos. Se impone la necesidad absoluta de definir y redefinir las instituciones escolares, sus modos, medios y fines, sus metas primarias, en un ambiente de “nihilismo ético”. Tal vez tengamos que concluir que la Educación Católica, en toda la amplitud de su sentido, está muy lejos de poderse considerar definida. Los contextos actuales son el desarrollo de un sistema económico-político-social que, desde sus inicios, dejó de lado la dignidad intrínseca del ser humano para reconocerla sólo desde su


JAIME RODRÍGUEZ F. SDB

Página 20

capacidad productiva. Ahora es el sistema hegemónico que se impone, se globaliza y maneja el mundo. Aunque es imprevisible hacia dónde va y hasta dónde puede llegar, en esta cultura se ha vislumbrado “el fin de la historia” (Francis Fukuyama). ¿El estadio máximo logrado por el ser humano y para el ser humano? Nos sentimos obligados a concluir…interrogándonos: ¿QUÉ PROPONEMOS COMO EDUCACIÓN CATÓLICA? ¿A QUIÉNES? ¿HACIA DÓNDE TIENE QUE IR?

Bogotá, D.C. Colombia, 2002 JAIME RODRÍGUEZ FORERO, SDB: Sacerdote salesiano colombiano (19302011). Teólogo de la Universidad Pontificia Salesiana de Italia, Magister en Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, Doctor en Sociología de la Universidad de París. Historiador, bioeticista, maestro de Salesianidad, predicador excepcional y educador. Vicepresidente del Instituto Colombiano de Estudios Bioéticos, miembro de la Academia de Historia Eclesiástica de Bogotá.

El elenco de su producción intelectual se encuentra en: http://fundacionpadrejaime.jimdo.com

Profile for Fundación Padre Jaime

La escuela catolica en los contextos socioculturales  

¿Cómo educar en Latinoamérica, en pleno auge de la globalización?

La escuela catolica en los contextos socioculturales  

¿Cómo educar en Latinoamérica, en pleno auge de la globalización?

Advertisement