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lementos para una obra de arte

acer teatro en el Chile de hoy es un mar de dificultades que llevan a muchos intentos fallidos, gritos destemplados, experimentos a medio camino y concesiones al público que bordean la vulgaridad. Este mismo teatro chileno actual, en un solo ejemplo, nos devuelve al esplendor de la escena perfecta, del logro máximo. Se trata de Los Arrepentidos, obra del autor sueco Marcus Lindeen, que en las manos del director Víctor Carrasco y las actuaciones de Rodrigo Pérez y Alfredo Castro, alcanza toda la potencia remecedora y el poder de conmocionar que puede lograrse en el escenario cuando se cuenta con capacidad y experiencia y el texto, la estética, los recursos y el compromiso se equilibran hasta lo perfecto. Dos hombres han cambiado de sexo y, pasado unos años, deciden devolverse al original. Dos hombres, dos mujeres, se encuentran

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Gabriela Mistral

para tener una conversación grabada para algún instituto sueco que hace el seguimiento de estas personas. De ahí el origen de la obra y el diálogo que escucharemos por más de una hora. Pero lo certero es el espacio teatral, el color, el sonido, las pausas, la ironía, la tragedia, la risa, el miedo, la desfachatez, los asaltos de humanidad en esos dos personajes que no son tan distintos a nadie. Cuando una obra de arte se entiende como tal, es cuando las capas de comprensión, los niveles de sensibilidad, el espesor y la liviandad responden a lo que cada espectador sea capaz de atisbar, es decir, son contenidos en la entrega y es el público quién debe atender a sus requerimientos. Si bien Los Arrepentidos pareciera en su presentación hablar del asunto del género, tan llevado y traído por estos días, atrapa y confunde y se hace admirable al traspasar la anécdota y sacudir la condición humana por completo F. S. G.

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Cuaderno Nº 79 - Gabriela Mistral  

Cuaderno Nº 79 - Gabriela Mistral

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