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Ciprés Cupressus sempervirens, L.

Ciprés res, y este Quizá del occit. cip us. ess del lat. tardío cypr de las ilia fam la de l bo 1. m. Ár de za an alc e cupresáceas, qu tronco n co a, ur alt de m 15 a 20 uidas y derecho, ramas erg y cónica, esa esp pa co s, corta s fila en as hojas pequeñ sy nte ste rsi pe s, da ica imbr llentas ari am res flo verdinegras, lbulas gá tos terminales, y por fru s tro me ntí ce s de unos tre dera es de diámetro. Su ma sa por pa y a ros rojiza y olo incorruptible.

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En los enhiestos cipreses que se plantaban en las entradas de las casas para dar la bienvenida, anidan los jilgueros. Se oye su canto tras los responsos, en los camposantos. Salen volando del verdor seco del ciprés con sus plumas amarillas, negras, blancas, rojas, que dan nombre a estos pájaros por sus tonalidades de sirgo, de paño de seda de muchos colores. Sirgueros se les llamó antes que jilgueros. Además de pájaros cantores dentro, el ciprés tiene unas piñas del tamaño de una nuez, redondas y leñosas; estróbilos que al abrirse muestran las cruces de cuatro brazos que ponía Gaudí en lo más alto. Los ingenieros de montes han discutido mucho de los cipreses, incluso para reverdecer los desiertos, por su enorme resistencia a la sequía y al fuego, aunque tengan forma de llama. Su sombra es alargada y puebla los cementerios dando la bienvenida, entre cantos de jilguero, a otra alma.

Mónica Fernández Aceytuno

El viaje del agua  
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