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LA

LOS CUENTOS E D A T R E PU


Idea original: Fundación ALT23 Edición: Fabrizio Li Gambi Diseño gráfico: Micaela Militich - Leonardo Erhardt Ilustraciones: Pupi Herrera - Andrés Valencia Fundación ALT23 Santiago Baravino 4333 Córdoba, Argentina Diciembre 2012 Impreso en Gráfica Perfil SRL


Cuarto grado de la escuela Bernardino Rivadavia, 2012

Azuaga, Milagros Bertoli, Francisco Carabajal, Favio Colman, Franco Cortez, Francisco Corvalán, Brian Costas, Javier Galván, Agustín Galván, Facundo Heredia, Naya Macco, Juan Martín

Maestra de grado: Karina Manica Directora: Ivana Benavidez

Modigo, Bruno Moyano, Laura Moyano, Sofía Pérez, Damián Pérez, Francisco Romero, Fabrizio Schnaider, Guillermo Secreti, Rodrigo Vázquez, Sofía Zamora, Nahuel Zapata, Marlén


índice PRÓLOGO

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

11

Cuentos Salvajes

15

Gritos Fantasmas

25

Sueños

37

Galaxias

45

Héroes

55

Amigos

63

Cañerías

67

Detectives

85

El Regreso

95


AGRADECIMIENTOS

Rubén López, Claudia Rivarola, Pupi Herrera, Pablo Natale, Daniel Sosa, Micela Militich, Leo Erhardt, Andrés Zamudio, Guillermo Martínez, KPMG, Universidad Blas Pascal, Universidad Siglo XXI, CEDILIJ (Centro de Difusión e investigación de literatura infantil y juvenil) y muchos más

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

PRÓLOGO

Las puertas me hacen sentir raro. Y más aún cuando están cerradas. Cruzarlas significa un riesgo, porque las cosas no son iguales adentro que afuera. Pasar por debajo del marco es como dar un salto de un mundo a otro totalmente desconocido. Da un poco de miedo e intriga. En serio. Hagan la prueba. Párense frente a la casa de un desconocido, o, si no se animan, frente a un edificio cualquiera. Toquen la puerta o el timbre. Si son más valientes, abran sin pedir permiso. Cuando estén del otro lado, respiren y miren alrededor. ¿Quién se hubiera imaginado que una puerta daría paso a un lugar así, con ese olor, ese sonido, ese color y esa gente? Y ahora quizás quieran quedarse de ese lado de la puerta. Entonces, se pueden presentar con alguien que lleve allí más tiempo y, si todo va bien, esa persona los acompañará por los pasillos de lugar y les abrirá más puertas todavía. El tema es que las puertas no se acaban nunca, y, por lo menos a mí, siempre me hacen sentir raro porque no sé qué va a haber del otro lado. Nunca se sabe. Generan interrogantes, crean expectativas, le hacen cosquillas a nuestra imaginación. Eso es para lo que están hechas. Y es lo divertido que tienen, sino... ¿para qué van a existir? La cosa es que he descubierto que hay puertas por todos lados, y la mayoría tienen formas que nunca sospecharían. Hay algunas que hasta son transparentes. Lo curioso es que a la mayoría las he atravesado miles de veces antes, pero nunca me di cuenta, hasta que un día, por ejemplo, vi la cerradura de una de ellas justo en medio de la peatonal, a las once de la noche. Al abrirla, descubrí que mis pasos tenían un ritmo constante y acelerado, y por eso bajé la velocidad y respiré con ganas el aire fresco. Miré para arriba y vi cientos de palomas descansando en el arco de ramas que se extiende allí por un par de cuadras. Más lejos había nubes que tapaban una parte de la luna, y también se lograban ver algunas estrellas que parecían titilar. De repente, estaba contento. Lo que quiero decir es que vale la pena abrir puertas, pasar hojas, hacer preguntas, levantar piedras. Hay que animarse. Hay que ayudar a que otros se animen. Porque si no, nos perdemos de cosas sorprendentes. Entonces, qué más puedo hacer que agradecerle a la escuela Bernardino Rivadavia por dejarnos entrar a su casa, a los talleristas, voluntarios y colaboradores por dar tanto sin pedir nada a cambio, y a los niños por recibirnos con tanta alegría y entusiasmo. Sólo espero que disfruten de este libro que hicimos entre todos, que sigan compartiendo sus historias como a ustedes más les guste, y, principalmente, que no se duerman, que busquen bien, porque las puertas están ahí. Un abrazo enorme. Fabrizio Li Gambi Fundación ALT23 9


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ilustraci贸n: Pupi Herrera

LA PUERTA

DE LOS

CUENTOS 11


P

oco tiempo atrás, camino a su escuela, Jeremías encontró una puerta al costado de la ruta. Estaba clavada allí, sola, en el medio del campo. Se paró frente a ella. Alrededor se escuchaba el viento y los autos que pasaban. El niño se preguntaba qué hacía una puerta en ese lugar. Del otro lado sólo había pasto, y más lejos, las sierras. No entendía por qué la habrían instalado allí. Le pareció algo tonto, pero aún así, Jeremías sintió mucha curiosidad. Miró su reloj. Eran las 13:30. Todavía faltaba media hora para que empezaran las clases. Tenía tiempo para investigar. Entonces, dio un paso hacia delante, agarró el picaporte y quiso abrir la puerta. Hizo fuerza, pero no hubo caso. Estaba cerrada. Bajó la cabeza para buscar algún palito o piedra que pudiera ayudarlo y, a sus pies, descubrió una llave semi-enterrada en la tierra.Era brillante. Rápidamente, la agarró y la colocó en la cerradra. Con un giro y un sonido seco, la traba cedió. Jeremías sacó la llave y la sostuvo en su puño cerrado. Respiró hondo. De repente se sentía algo nervioso. Antes de abrirla, el niño se apoyó contra la madera y oyó un murmullo del otro lado. De alguna grieta se escapó una risa. Entonces, tragó saliva y entró con cuidado. 12


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

Era todo blanco. Un gran salón luminoso que parecía extenderse hasta el infinito. El piso era suave, como hecho de nubes. Por todos lados había libros cerrados, esparcidos en cada rincón. Dejó su mochila a un costado, pero al hacerlo, la llave se resbaló de su mano y cayó. Al mismo tiempo, todos los libros se abrieron y la llave comenzó a rebotar incontrolablemente por el espacio hasta caer dentro de uno de ellos y desaparecer. El niño dio un paso hacia donde había terminado, pero frenó al ver que los libros se movían en su dirección y que poco a poco se alineaban frente a él, bloqueándole completamente el camino. Jeremías estaba paralizado. “Son sólo libros –pensó-, no me pueden hacer nada”. Entonces, volvió a caminar en dirección al paradero de la llave, pero al pisar el primero de los libros, las páginas de los demás comenzaron a agitarse hasta crear un viento huracanado que lo levantó junto a ellos, haciéndolos girar en el aire hasta dejarlos tirados en cualquier parte. Jeremías se incorporó rápidamente. Ya no sabía en qué libro estaba la llave. Por eso, buscó la puerta de salida y corrió hacia ella. Para su sorpresa, como en un principio, estaba cerrada. Golpeó la madera y gritó por ayuda, pero las palabras parecían apagarse antes de salir de su boca. El niño inspiró profundamente. Tenía que contener el miedo. Debía encontrar la llave y sólo había una forma de hacerlo. Sabía que estaba dentro de algún libro, pero había miles de ellos. ¿Por cuál empezar? Jeremías avanzó hacia el más cercano, se sentó frente a él y observó su portada. Se titulaba “Cuentos salvajes”. Como si alguien lo guiara, lo abrió en una página cualquiera y se sumergió en sus historias. 13


ilustraci贸n: Pupi Herrera

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Cuentos Salvajes 15


La hormiga y la arana

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Había una vez un a hormiga muy tr Cuando iba camin abajadora. ando a llevar la co mida a su hormig a la mitad del cam uero, ino, se topó con u na araña negra. La terrible araña s e la quería comer, y la hormiga fue ta n valiente que soltó su comida y empezó a correr. De pronto, la arañ a lanzó su tela y fa lló. La hormiga tuvo m ucha suerte porqu había llegado a su e hormiguero sana y salva.

Sofía Moyano


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

El león salvaje El otro día se me apareció un león y me atacó. Me mordió el cuerpo, yo grité: -¡Ayuda!-, un chico apareció y me ayudó a salvarme. Después lo atacamos con un montón de piedras re pesadas, espantamos al león, fuimos al colegio, y todos me decían: -¡Qué bien estuviste cuando peleaste contra el león!-. Yo me fui y viví feliz por ganarle al león. Favio Carabajal

El loro loco

Franco Colman

Yo tengo un loro, y cuando estoy solo hablamos los dos. Todos los días canta cuarteto, y es muy grande, y come frutas de color. Es rojo, verde, amarillo y azul, con muchas plumas.

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El dinopinza

Ayer yo pasĂŠ por el campo de palomas y subimos una paloma de la altura de un dinosaurio volador gigante.

francisco pĂŠrez

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

La mariposa Había una vez una mariposa de todos los colores, y tuvo un bebé.

El bebé creció, fue a la calle, pasó un auto, murió, y la madre CAMBIÓ de color, cambió de alas y cambió de antenas.

Sofía moyano

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Los animales y el dueno

erpo de u c ía n te to a g l e gato, y e d a z e o de b p a r c e u ía c n l e te e ía u n q te o , de jirafa n chanch a u z z e e b v a c a n ía u n igo ía te m b , a a o n ll H u a b Y a . c s e to d n o ju p y dormían tenía cuer s o h to c n n ju a r h e c l m n soe o o y c r , a a d n e a u q ib s e s o chancho s d o to rón. Los otr elefante, y u e b d ti l a z e e ió b a m c ueño o d c ía l n e lo Y y . r s a le lv a a perro, te s im ía n r erse los a no lo que m u o y c , r r a o p m l n e o r n e ta a se hundió león lo m l a y , a víbora. n n ó u le ó l S e ic p ió le m e o r c Váz ofía b s m lo o y h , l s a te qu y is , tr y tr s is lo te ez ó d e u q s le de los anima

El cuento del tiburón

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Noasmotros estábamos juga igos. De rep ente, ndo al f útbol co apa n m is reció un gran amarillo con dientes tiburón fi loso s, y casi mastica la pelota, y a uno casi lo de stripa. Mi o l r a , z l o a c h n i o c r e i i eron mil s amigos decid anes ayl comieron con ensalada y p o uré.

o Rodrig i t e r sec


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

El otro día se me apareció un león, me atacó y me mordió. Me llevaron al hospital, y al león al zoológico. En el zoológico

El león y yo

Braian Corvaán

me encontré con el león, nos conocimos y nos fuimos al campo a jugar a los pases con una bola de tela. 21


Mientras la cigarra Mientras la cigarra, toca la guitarra la oveja más vieja le tira de la oreja. Mientras la cigarra, toca la guitarra el caballo bayo se come un zapallo. Mientras la cigarra, toca la guitarra el gato montés da vueltas al SÉVER Mientras la cigarra toca la guitarra, la perdiz, frunce la nariz.

Canción popular Taller de música con Daniel Sosa

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Mientras la cigarra, toca la guitarra, mi amiga Vanesa come una cereza. Facundo Galván

arra, Mientras la cig a, toca la guitarr l el profe Danie l. come un pape Naya Heredia

Mientras la cig toca la gu arra, ita el león am rra, se peina arillo, con cepil lo. Araceli A

zuaga

igarra, c a l s a r t n e Mi tarra, toca la gui ca e ca c a h a c a v a l hamaca. r a l n e a d a ide sent stón Shna Ga

Mien tr toca as la ciga la gu rr la ro itarra a, tom sa Sofía , a sol de d ía. Sofía

Vázq

uez


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

-

-

驴Y c贸mo ser a el cielo si los pajaros dejaran su rastro?

ilustraci贸n: Andr茅s Valencia y Mapu Valencia

?

23


J

eremías cerró las tapas del libro y miró alrededor. Se sentía liviano y algo confundido, como si estuviera volando. Las imágenes de los cuentos daban vueltas en su cabeza. Se preguntaba quiénes serían las personas que habían imaginado esas historias. Se preguntaba si habría otras bibliotecas como esa en otros lugares, si existían otros pasajes hacia esos mundos que descansaban en las hojas que acababa de leer. Aún así, no había encontrado la llave. El niño giró su cabeza y se aseguró que la puerta de salida estuviera allí. Tenía que seguir explorando. A unos metros, contrastando con el paisaje, un libro gordo y negro lo atrajo como un imán. Letras rojas decoraban su lomo con las palabras “Gritos Fantasmas”. Jeremías notó que sus manos estaban transpiradas y que su respiración se había acelerado. Quiso cambiar de rumbo y tomar otro libro, pero ya era demasiado tarde. 24


GRITOS fantasmas 25


eti es un El Y l E se iteY lE de los o u tr s n o m u n m o sol ed ourtsn evados de n s re a g lu l u g a r e s ed sodaven a. Asusta y la a im H H i m a l atsusA .aya s cuando o ic h c s lo a a l o s c odnauc socih s u b e n a la s u b e n a l a onde vive d , a ñ ta n o m m o n t a ñ eviv edno ,a noticiero, l e n E l. é é l . E n ,oreiciton le udó a una y a ti e Y l e e l Y e t i a anu a óduy cuando se a n o rs e p p e r s o n a es odnauc se golpeó y ó y a c c a y ó y óeplog es roca, cerca a n u n o c c o n u n a acrec ,acor onde vive. d lú ig l e d d e l i g l ú .eviv ednod antó y lo v le lo l É É l l o l e ol y ótnav su casa. Lo a ó v e ll l l e v ó a s oL .asac u le habló a y , ó g ri b a a b r i g ó , y a ólbah el ersona. p a s e e s a p .anosre Francisco cortez

26

Yeti


LA PUERTA DE LOS CUENTOS i

El dragon matador Un dragón estaba matando pájaros. Ya mató cuatro. Cinco leones y cuarenta pájaros lo atacaron y le quebraron un ala y una pata. El dragón se hizo bueno para que no le hagan más cosas.

franco colman

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viaje en colectivo Un colectivero estaba de viaje en un monte de frutas. Se le quedó el auto, le arrancó, se le pinchó la rueda más adelante, y pasó un monstruo de un dinosaurio.

Javi cos er tas

el hombre lobo Una noche, un señor llamado Fermín estaba caminando en el bosque y lo mordió un lobo. Al día siguiente, a la noche de luna llena, se convirtió en un lobo feroz. Mientras comía se convirtió en lobo. La familia se asustó y no entendía nada de lo que pasaba, hasta que entendieron que era un hombre lobo. n marlé a zapat

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

la escuela de terror Los alumnos llegaron a la un viejo sin cabeza, lo que en los chicos y las chicas. salió con mucha cara de ya que el viejo la corrió escuela, y se escondió La seño Kari empey subió a un colectivo iban todos con cortada. Casi la la seño Mara. Ivana la por todo y no la se quedó

escuela,

donde había causó horror La seño Sonia miedo, por toda la en un árbol. zó a correr donde la cabeza agarran a A la seño corrieron Río Ceballos alcanzaron,y tranquila.

rodrigo secreti

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el castillo embrujado El dueño del castillo, el payaso, tenía de mascota a un dragón que les regalaba juguetes a los niños, y cuando los usaban hacían una maldición.

bra cor ian valá n

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damián pérez

o isc nc fra érez p


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

patos magos El otro día estábamos jugando al fútbol con un amigo. Se pinchó la pelota y no sabíamos con qué jugar. Apareció una bruja, y le cortamos

la cabeza, le cortamos el pelo, y jugamos. Y apareció un pato mago y nos transportó a un mundo de patos magos con muchísimas cosas.

fab r rom izio ero

la muerte en calzoncillos Era una noche aterradora. Un niño iba caminando en el bosque y se encontró con la muerte, pero en calzoncillos. - ¡Aaaa!- gritó, y le sacó una foto y dijo: -La subiré a Facebook. Cinco días después, la muerte fue a lo de Drácula y vio la foto, y se empezó a reír. juan macco

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i

la maldicion

liรณ y resolviรณ el caso. sa รณ, at m la n ve jo un y , lo eb pu bre un Una bruja lanzรณ una maldiciรณn so Carlos Zamora

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

gritos fantasmas La llorona en una casa abandonada, vigilada por un diablo y un fantasma, perseguida por un dinosaurio, muriĂŠndose de miedo, de espanto y de dolor Estribillo: Gritos fantasmas (auuuuu). Gritos fantasmas (auuuuu). Gritos fantasmas (auuuuu). Gritos fantasmas (auuuuu).

daniel sosa y los chicos. taller de mĂşsica

El vampiro enamorado e´ la llorona vino a rescatarla volando, y los extraterrestres los llevaron. Volvieron en enero a la fiesta del disfraz. Estribillo 33


pie grande

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Yo estaba dentro del bosque con mi papá, pescando, cuando mi papá levantó la caña y sacó del agua a Pie Grande. Yo levanté la mirada y le grité, avisándole a mi papá que era Pie Grande. Mi papá no me creía, y yo me alejaba de ahí en puntitas de pie, temblando de miedo. De repente, Pie Grande rugió. Yo y mi papá nos fuimos corriendo del bosque, pero Pie Grande nos perseguía por detrás.

Francisco cortez


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

35


D

e un salto, Jeremías se alejó del libro. Ya había tenido suficiente con esas historias. Estaba asustado y la llave seguía sin aparecer. Además, le pesaban los párpados. Se preguntó si lo estarían buscando, si sería muy tarde. Miró su reloj, pero las agujas no se movían. No andaba.

Decidió acostarse y pensar. Una brisa le acarició la cara y le pareció escuchar una voz contándole cosas al oído justo antes de perderse en un sueño profundo. 36


Suenos 37


sp

rim

Un

e estaba en el mar toma u q é ñ ndo sol con toda mi familia y m so día i

os.

N os

metim

tiburones.

38

y nes os al mar delfi y n a d amos con los peces y

sofía z ue vázq


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

Mi sueño es ser boxeadora, y también ser bailarina sobre hielo.

Hay una cancha con chicos que los invité a jugar al futbol. Apareció Messi y Maradona para jugar con nosotros al fútbol. Después del partido, festejamos el cumpleaños de Maradona. A la fiesta vinieron todos los jugadores de Argentina.

lo mo rena yan o

También vinieron los de Boca, River, Talleres, Belgrano, San Lorenzo e Independiente. También los jugadores de Barcelona. En la fiesta se comieron un lechón. Yo también comí lechón y asado. Entre todos comimos un costillar.

rodrigo secreti

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Yo sueño que soy bombero y que ayudo a un niño a bajar de un árbol.

Sueño que los trajes son de color blanco, y las botas también.

Francisco cortez

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

que yo vivía en el mar con é ñ o s a í d pece Un s

y

blar con los pece a h y r s. ra i p s e ía r d o ,yp s e fin l e d

ma r zap lén ata

41


A veces sueĂąo que un amigo viaja al arcoĂ­ris en el lomo de un tigre.

42

car zam los or a


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

43


U

n bostezo resonó en el enorme salón cuando Jeremías despertó. Todavía recordaba partes de sus sueños, aunque sentía la rara impresión de que no eran verdaderamente suyos. Era como si se hubiera metido en los sueños de otras personas y hubiera deambulado entre ellos por horas. Imágenes y colores de todo tipo se paseaban frente a él cada vez que parpadeaba. El niño sacudió su cabeza. Tenía que concentrarse. ¿Qué libro podría haberse comido la llave? Jeremías comenzó a revisar las tapas de los tomos nuevamente y descubrió uno que lo hipnotizó. La portada se hundía en un agujero azul oscuro, lleno de puntos brillantes que se movían en espiral. A un costado, a punto de caer en ese vacío, letras plateadas decían “Galaxias”. “Quizás la llave esté flotando allí -pensó Jeremías-. Además, mi sueño siempre fue ser astronauta”. 44


s

a i

x

a l

a g

45


Invasión hoy voy a cenar algo rico la

muuuuu

noo o com o, pu no

También atacaban al pueblo, y un chico se preocupó por su computadora más.

Los marcianos atacaban a los humanos, pero lanzaron un cohete.

Al fin le ganamos a los humanos

jaja jaja

siii Gastón shnaider

Y mataron y encendieron las casas 46

Y ganaron, pero había gente. Continuará...


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

una amiga a la que le gustan las estrellas

Yo tenía una amiga a la que le encantaban las estrellas. Un día se fue al Espacio y, al volver, vi que tenía una bolsa llena de estrellas. Le pregunté: -¿Qué vas a hacer con todas esas estrellas?-, y ella me dijo que las iba a coleccionar y que las iba a pegar en las paredes de su cuarto, y quedó todo bonito.

Naya heredia

47


Robot

bruno modigo

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

Los Extraterrestres

Una tarde muy lluviosa, Teo salió al fondo de su casa y, en medio del patio, vio a un ovni. Teo se asustó, pero no corrió. Despacito, se acercó y miró por una ventanita muy pequeña, y vio a dos hombrecitos verdes tomando el té. Les preguntó quiénes eran y qué hacían en su patio. Los extraterrestres le dijeron que eran amigos y lo invitaron a entrar. Teo se presentó y los extraterrestres también. La nena le dijo: - Yo me llamo Tonia. - Y yo soy Roco-, dijo el nene. Y así, Teo y los extraterrestres se hicieron muy amigos.

lorena moyano

49


Astronauta o, i c a Corre y p s e l nada en e . y se alim d o o c s d tre las e a n enta co fu o con c o r strellas n p medias blancas En lo un mon l u n a s que sab flota ¿Cómo habrá llegado ahí este mono raro? en a ba nana. ¿Qué hará allí tan contento y solitario?

locidad, e v a d to a a z n a v a gigante que l o rb su mamá. á y n s u o e n v a e s rm s e h jo s le u s lo n A s ramas está la re b o s y , o g e fu de las raíces saPlearece que la familia m ona es Van en un tour in tergaláctico, pas tá de vacaciones eando sin preocu paciones.

Andrés Valencia y Fabrizio Li Gambi

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

El ataque a los marcianos ¡Los

r en la nave, ri o m e d to n u p a ¡Está ave! n la n e ia il m fa la a y está tod

s! guen! o m a V ¡ rsi e p s o os n human

¡Apurate, nu madre está e estra nferma!

Francisco pérez

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Niño extraterrestre Había una vez un marciano que era malo. Rompía tachos de basura y rompía sillas con el laser de su arma. Un día dijo: -Voy a romper una casa-, pero no pudo porque se acabaron las baterías de su arma.

naya heredia

52


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

53


C

uando acabó de leer el libro y el peso de su cuerpo lo volvió a su sitio, Jeremías todavía se sentía como una pluma, vagando entre meteoritos y extraterrestres, fuera del alcance de la gravedad. “El universo es demasiado grande”, pensó. La llave podría estar a millones de años luz, y así, entendió, no podría hallarla. Necesitaba la ayuda de alguien. Entonces, hurgó nuevamente entre los cientos de libros que tapizaban la inmensa habitación, hasta que vio un título que lo hizo sonreír un poco: “Héroes”. ¿Cuál de ellos lo salvaría? 54


héroes 55


ERes un dĂŠebil

Dragon ball

mmmmm

..

ma

ldi

to

e cans me ti de

adios

56

18

terminare esto

de hora s ser s


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

h pel ora ea de r gok u

sabes piccolo , he pasado el niv el del ss y en esta forma te vencer e

se lo dije Francisco bertoli

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la bruja, el barco y el mono Había una vez una bruja que estaba volando con su escoba mágica, cuando de repente vio un barco lleno de monos.

La bruja bajó al barco y convirtió a los monos en personas, pero un mono no se convirtió en humano. Era el jefe de la

manada, llamado Coniki “El Gran Jefe”, y a los monos hechizados los libró del hechizo.

araceli azuaga

sofía vázquez

Batman y la chica barbie Barbi se fue a cobrar su plata al banco, y unos vagabundos asaltaron el banco. Llegó Batman y salvó a la gente con su batimovil, salvó a Barbi, y se fueron a su casa. 58

sofía moyano


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

la corona de terralotinisinis y la espada de telenesisinis El otro día estaba montando un gigante de un ojo, que era rey de los gigantes, y se puso a pelear con Hulk. Luego del encuentro, le saqué la joya del ojo al gigante y me fui con un loro.

juan macco

Luego peleé con un dinosaurio, una bruja, un marciano, un duende y una araña, y lo peor: todos juntos, y los derroté.

Y por fin agarré la corona de terralotinisinis y la espada de telenesisinis 59


los indios pluma verde Las tribus empezaron a pelear porque los indios de pluma verde le robaron una vaca a los indios pluma blanca, y los indios pluma blanca les gritaron: -¡Ladrones de animales!-. os, amig me en d u y a

Lo voy a mata r

¿que

pas aqui a ?

muuuuu

damián pérez

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

n tรณ r gas aide n sh

fac u gal ndo vรกn

el padre policia y el conejo

El padre policรญa le prometiรณ a su hijo que lo iba a llevar de campamento al campo. Los dos llevaron una pistola. De repente, pasรณ un aviรณn. El aviรณn se quedรณ sin motor y cayรณ al lado de ellos. Sacaron las pistolas, y saliรณ un conejo asesino del aviรณn. El conejo sacรณ su bomba, que era una zanahoria, y la hizo explotar. Al instante, dispararon el padre y el hijo. El conejo sacรณ su zanahoria cohete y se fue, y ellos vivieron felices sin el conejo.

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H

abía dos cosas que Jeremías no podía creer después de cerrar el libro. La primera era que había visto a sus ídolos en acción. La segunda era que ninguno de aquellos héroes había interrumpido sus rutinarias peleas para sacarlo de allí y llevarlo a su escuela. Estaban demasiado ocupados para atenderlo. El niño pensó en sus amigos y en cómo le gustaría estar acompañado por uno de ellos para resolver su problema. Un cosquilleo subió por su pecho, hasta su garganta, y quiso llorar. Pero luego tuvo una idea. Una vez más, observó a su alrededor y localizó su objetivo. Lleno de esperanzas, leyó las páginas de un nuevo libro. 62


63


o l vi ja Fa aba r ca n braia án val r o c

En un partido que jugaba el Sporting Lomas contra Los Quirquinchos Verdes, ganó el Sporting Lomas 4 a 1. El descuento de los Quirquinchos lo metió Fabrizio, y en el Sporting Lomas, los goles los metió Romero, Braian, Favio y el Chiqui. El mejor gol fue de Favio, de “chilenita” de mitad de cancha. El de Romero fue de penal, el de Braian de “palomita” y el de Chiqui Pérez de “taquito”. Sporting Lomas salió campeón, y Favio se ganó el Botín de Oro.

fa ro bri m zio er o

Sportin Lomas

fra

nc pér isco ez

El caballo corredor e y le o ía. e u , l s t a u q e s r a a , q i á e c d o r o a m izo uer n rr a lo reta d l a u b n i a c r r ntía nza h me q b Sec r r a a e a o n c c n ba y se alca que o, y m que a rrió u u a t m o s a . o e allo iba g se ll y co e pid por j ó i n n e d e b Y damián rá ca m y ga pérez Yo t 64


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

El sol y la luna

lorena moyano

fue a n u l a l años, s o h c no u Hace m al sol para que la e se a quejar día, así a la noch , l sol a de E r . a o t í r n f e l o a c tant a í r d n e ial, le t c i o v n r e a s n y u l egre l a y u m que era dijo: eres e u q , a n jes, lu o n e e t é una r a h - No e T . ante i d a r y y no a , l a d bel a e t a da pl o t , a t e c l r frío. ca i t n e s a volverás plió. Apenas ol cum s l de un e , a í í s r a b u Y c na se u l a l , a ue no í c q e s r a l u l c e s r o e est d o na, n u l e l l a L o t . n o í ma ra fr a s a p e su u ó i q c n e a d b a r a dej , le ag a s i r n o s con una ena amistad. bu 65


J

eremías hizo tantos nuevos amigos en las historias que había leído, que estaba seguro que al menos uno de ellos abandonaría las páginas del libro y se le uniría en la búsqueda de la llave. Varios quisieron hacerlo, pero cada vez que intentaban atravesar las hojas una pared invisible los detenía. Aún cuando Jeremías tirara de los personajes, la barrera, para ellos, era imposible de cruzar. Frustrado, el niño cerró el libro pero, al hacerlo, un rayo del sol que había conocido en uno de aquellos cuentos bañó su cara de luz y lo acarició con un susurro. - Los osos saben de otros caminos-, le dijo, y se desvaneció dejando un destello en un pequeño cuaderno azul. El forraje estaba arañado toscamente, tal como si las garras de una bestia hubieran querido despedazarlo. “Cañerías”, dictaban las letras rústicas del título que confirmaban el próximo paradero de Jeremías. 66


ca単er as 67


taller de ilustraci贸n con pupi herrera

68


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

.

Que mugre! .

agustín galván

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karina manica

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

Los osos pueden viajar por los caños donde ellos quieran”, comprendió Jeremías y quiso intentarlo él mismo. Quizás alguno de ellos lo llevaría hasta su escuela o su casa.

El interior era negro. Todo negro. El sonido constante de una gotera retumbaba en el pasillo frío y metálico a través del cual caminaba. Con escalofríos subiéndole por la espalda, el niño siguió a paso firme. Muy lejos se veía una luz, y él sabía que debía llegar hasta ella.

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A ll d ev o ar nd ca a e no es me te

javier costas

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

E

l resplandor del día lo dejó ciego por unos instantes, hasta que Jeremías pudo ver dónde estaba.

ilustración: Pupi Herrera

Una inmensa playa de arena blanca se extendía por kilómetros, y una música tropical llegaba hasta sus oídos desde algún lugar de la selva que empezaba un par de metros arriba de la huella de la marea. El niño se dejó arrastrar por la melodía.

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la bailarina Había una vez una chica en una isla. Le gustaba bailar. Llegó allí en un avión privado. Baila música tropical. Del árbol sale la música cuando sopla el viento.

facundo galván

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

L

a chica que conoció, además de haberlo invitado a bailar un rato, le explicó a Jeremías por qué había llegado hasta ahí.

- El libro al que entraste tiene pasadizos a otras dimensiones. Los osos han construido caños por mucho tiempo, y si sos capaz de hacerte lo suficientemente pequeño para entrar en ellos, podés ir donde quieras y hacer lo que desees. - Yo sólo quiero encontrar la llave que me devuelva a mi mundo-, contestó Jeremías, pero la bailarina ya se había olvidado de él y seguía moviéndose al compás de la palmera. El niño continuó caminando por la costa, pensando y pensando, hasta que se cruzó con alguien más.

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El FLautista

agustín galván

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

E

l flautista se llamaba Guido. Tocaba su instrumento desde el amanecer hasta el atardecer. Amaba su música y la hacía simplemente para él. Jeremías le preguntó si siempre había estado allí, y él le contestó que no, que se había escapado del ruido de la ciudad.

- ¿Por qué querés volver?-, le preguntó el flautista al niño. - Porque extraño-, respondió el último. Entonces, el flautista se levantó y lo guió hasta el mar. El agua era tibia. - Nadá lo más hondo que puedas. Si aguantás, vas a llegar a la grieta por la que yo salí. Guido lo dejó a la orilla y volvió a su sitio a tocar canciones. Jeremías disfrutó de ellas por unos momentos. Luego, tomó aire y se sumergió en el océano.

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A

hora hacía frío. Jeremías no lo podía entender. Había nadado hacía el centro de la Tierra, se había deslizado por un tobogán de agua salada y algas, y finalmente había caído sobre la nieve, al pie de una montaña. Era imposible. Estaba mareado y tenía frio. A su lado, cuatro personas se ponían camperas y botas. - ¿Qué esperás?- le dijo uno-. Hay que subir. Es el único camino.

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

el alpinista

Había una vez un hombre que ganó una carrera de subir una montaña. Tres personas se cayeron,

bruno modigo

y él fue el único que llegó arriba porque había llevado soga. 79


T

res hombres quedaron atrás. Jeremías estaba a salvo. La mandíbula le dolía por apretar tanto los dientes.

- Comé esto-, le dijo el alpinista que lo había ayudado a subir el cerro, dándole una barra de cereal-. Te ves cansado, pero acá no te podés quedar. Hay un túnel más adelante. Si tenés suerte, te llevará a un lugar más seguro. - Quiero ir a mi casa. Eso es lo único que quiero-, contestó Jeremías, pero el hombre ya estaba bajando nuevamente el cerro para escalarlo una vez más. El niño lloró un rato acurrucado contra una roca tapada de nieve. Estaba tan perdido. - Disculpame mamá -murmuró-. No quise irme tan lejos. Jeremías gritó con todas sus fuerzas y el eco de su voz resonó entre las montañas. Luego, se secó las lágrimas y juntó coraje. Una vez más, se alzó y buscó la entrada del túnel. 80


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

el aUTO FAMOSO Este auto fue casi el mejor del mundo. Salió segundo en la tabla, hasta que un día vino un millonario y se lo compró. Le valió $1000000, y lo mismo se lo compró, y le compró el mejor motor del mundo, y le compró todo lo mejor que tenía. Hicieron otra votación para decidir cuál era el mejor auto, y salió primero. Al dueño se le acabó la plata y se asustó. Cuando se asustó chocó, y el auto estaba destruido.

Fabrizio romero

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H

abía un auto destrozado frente a Jeremías. A su lado, un hombre de traje negro y anteojos lo miraba fijamente. - Esto no fue un accidente-, dijo-. ¿Vos qué pensás?

El niño se quedó callado. No sabía qué contestar.

- Soy el detective Juárez, experto en misterios-, se presentó el hombre extendiendo su mano. Jeremías se la apretó. - ¿Podés ayudarme?-, le preguntó el niño y le contó sobre la llave y cómo había desaparecido en aquella sala repleta de libros. - No te preocupes-, le aseguró Juárez, sonriendo-. Te llevaré a nuestra central. Mis compañeros y yo te vamos a sacar de este cuento. 82


D

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El ladron de pelotas Un día, cuando estaba jugando en el patio de mi casa con mis hermanos, la pelota se nos fue hacia un bosque. Cuando fuimos a buscarla, la pelota desapareció. De repente, apareció un duende, y le preguntamos si había visto una pelota. El duende nos preguntó: -¿De qué color? - De color azul, de color azul-, le contestamos. - Entonces sí. El que se lleva todas las pelotas del barrio se llama “El ladrón de pelotas”. - Bueno, ¿y dónde vive ese ladrón de pelotas? - Vive más allá del bosque. - ¿Nos podés acompañar a recuperar nuestra pelota azul? - Está bien, yo los acompañaré a recuperar su pelota. - Bueno, vamos. Así, caminamos por horas y horas, y encontramos una cabaña donde vivía el ladrón de pelotas. Entramos y no encontramos rápido las pelotas, y luego de un rato las encontramos, las metimos en una bolsa a tiempo, y así nos fuimos. Nos despedimos del duende y devolvimos todas las pelotas del barrio, y le contamos a nuestra mamá lo que nos había pasado. Al principio no nos creyó. Después sí, cuando le mostramos la bolsa con todas las pelotas. 84

ara az celi ua ga


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

La detective Barbie Un día estaba en el colegio, y me crucé una detective que se llamaba Barbie. Me dijo que la acompañara a descubrir un misterio, y yo le dije que bueno. Ella me dijo que íbamos a ir a la policía federal, y fuimos. Nos informaron que habían robado una joya en la joyería. Nos dijeron que le preguntáramos al comerciante qué vio. Fuimos a la joyería y nos atendió una señora más o menos de 40, 45 años, y la detective Barbie le preguntó si vio un sospechoso, y respondió:

- Yo vi dos ladrones encapuchados que se pusieron la capucha cuando entraron, y me dijeron “manos arriba”, y yo me quedé quieta como un hielo congelado. - Bien, suficiente con una sola pregunta-, dijo Barbie. Fuimos a buscar a los ladrones, y Barbie los encontró, y estaban escondidos atrás de un árbol. Los esposamos, les sacamos la joya, los llevamos a la comisaría y los metimos en la celda. Le devolvimos la joya a la comerciante y terminamos el caso. La detective Barbie me dijo que fuimos muy amigas por un ratito. Me dijo: -Chau-, y yo le dije: -Chau. Vine de la escuela, y mi mamá me preguntó cómo me fue. Yo le dije que descubrí un caso, y me dijo: -¡Qué imaginación que tenés! n rlé ma pata za

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El caso del elefante trompin Estaba la otra vez en la escuela, y aparecieron dos detectives. Me dijeron:

-Vení con nosotros, ayudanos a resolver el caso del elefante trompín-. Buscamos pistas a la noche, y escuchamos un sonido como este: “Chan, chan, chan”. Nos preguntamos qué era eso. ¡Era él! Encontramos un auto, y yo dije:

-Vamos rápido-, pero se escapó. Mientras dormía, me vino una visión. Él aparecería en la A541. Al día siguiente estaba ahí, pero también se fue. A la noche pusimos un montón de trampas, y lo pudimos atrapar. Los dos detectives me dijeron: -Gracias por tu ayuda. Tienes futuro de detective-, y se fueron con el elefante trompín, y yo seguí mi vida.

Francisco bertoli

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS

J

eremías y el detective Juárez habían visto muchos casos resolverse, pero el niño seguía sin encontrar la llave ni la salida de aquel universo de historias fantásticas.

Juárez estaba loco. Eso pensaba Jeremías, quien lo había visto recoger recortes de diario que encontraba tirados en el suelo. Decía que eran pistas, pero el niño creía que no tenían ningún significado. Eran segmentos de la sección literaria de los diarios. Rimas y trabalenguas inútiles. El detective, sin embargo, las repasaba una y otra vez.

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El cielo está engarabintintangulado ¿Quién lo desengarabintintangulará? El desengarabintintangulador que lo desengarabintintangulare, buen desengarabintintangulador será. Trabalenguas tradicional. Taller de narración oral con Rubén López y Claudia Rivarola.

En las maquetas había muchos planetas. En los planetas había mucha mayonesa. También mucha sabora con salchichas, y los marcianitos se las comían. Gastón Shnaider

Un día de luna llena, una cereza se puso blanca de miedo, y salió corriendo por el suelo. Cuando saltó un tronco, se encontró con un monstruo que la comió con su amigo ogro que vivía en un pozo”. Francisco Pérez

Juan es gay. Yo también soy gay, pero en un tren. Favio Carabajal

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LA PUERTA DE LOS CUENTOS El hada tiene cara de malvada y se parece a una araña. Naya Heredia

Yo tenía un muñeco de hombre araña que tiraba tela por la mañana. Braian Corvalán

La jirafa jirafera jirafeaba a todas las jirafas, y las jirafas jiraferas le decían: -No nos jirafees más jirafa jirafera que jirafeas a las jirafas jiraferas-. Juan Macco

En el monte hay un rinoceronte que se pasea en el desmonte con su bicicleta mutante. Marlén Zapata

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Madre Trable Sipilitrable -¡Hijo mijo trijo sipilitrijo! -¡Madre trable notable sipilitrable! -Hijo mijo trijo cipilitrijo, ¿Por qué no vas al campo tranco sipilitranco y traes una liebre tiebre notiebre sipilitiebre? -Bueno, madre trable notable sipilitrable, voy allá al campo tranco sipilitranco a traer una liebre tiebre notiebre sipilitiebre. -¡Madre trable notable sipilitrable! Encontré la liebre tiebre notiebre sipilitiebre que está en el campo tranco sipilitranco. -¿Y dónde está la liebre tiebre notiebre sipilitiebre? -En el campo tranco sipilitranco, madre trable notable sipilitrable. -¡Pero tráela, hijo mijo trijo sipilitrijo! -¡Madre trable notable sipilitrable! acá tienes liebre tiebre notiebre sipilitiebre que encontré en el campo tranco sipilitranco. -¡Gracias hijo mijo trijo sipilitrijo! Ahora, vete a lo de la vecina trina sipilitrina, y pídele una olla orolla sipilitrolla para guisar la liebre tiebre notiebre sipilitiebre que trajiste del campo tranco sipilitranco. -Mmm, bueno, madre trable notable sipilitrable. -¡Vecina trina sipilitrina! Dice mi madre trable notable sipilitrable que si no tiene una olla orolla sipilitrolla para cocinar la liebre tiebre notiebre sipilitiebre que encontré en el campo tranco sipilitranco. 90

-¡Vecino trino sipilitrino! Dile a tu madre trable notable sipilitrable que no tengo una olla orolla sipilitrolla para guisar la liebre tiebre notiebre sipilitiebre. -¡Oh! -¿Madre trable notable sipilitrable? Dice la vecina trina sipilitrina que no tiene una olla orolla sipilitrolla para cocinar la liebre tiebre notiebre sipilitiebre que encontré en el campo tranco sipilitranco… -Hijo mijo trijo sipilitrijo… -¿Sí, madre trable notable sipilitrable? -¿Y ahora a quién le pedimos una olla orolla sipiltrolla para cocinar la liebre tiebre notiebre que trajiste del campo tranco sipilitranco? -Mmm, no sé. -¡Entonces, hijo mijo trijo sipilitrijo, vete al campo tranco sipilitranco y llévate esta liebre tiebre notiebre sipilitiebre! -Bueno, madre trable notable sipilitrable. -¡Pero che!¡Qué hijo mijo trijo sipilitrijo, Caramba! Trabalenguas tradicional.

taller de narrración oral con Rubén lópez y claudia rivarola


LA PUERTA DE LOS CUENTOS

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C

on su bicileta mutante… con su bicicleta mutante-, repetía Juárez. Jeremías lo miraba inquieto. No podía hacer otra cosa que confiar en él. De repente, el detective saltó de su silla y fue hacia un cajón. Lo abrió, y de él sacó una pila de archivos. Con entusiasmo, comenzó a revisar las hojas. Miraba algunas con ansias, pero luego las descartaba tirándolas al suelo. Sin embargo, al cabo de unos segundos, Juárez sostuvo una de ellas con atención y, poco a poco, una expresión de triunfo se dibujó en su rostro. - Esta carta habla de vos-, le dijo al niño, y se la entregó. 92


EL REGRESO 93


Estimados chinitos: Buenos días. Acá Pablo. Sí, ya sé, no se acuerdan de mí. Soy el escritor de pelo largo, tan largo que no se veía, que un martes fue para allá. Tengo una historia para contarles pero antes quiero decirles que leí sus cosas y me encantaron. Había mucha mayonesa en todas ellas, en serio, acá como mayonesa sólo a veces pero ustedes aman la mayonesa y las cerezas también. Y después, bueno, además de cerezas y mayonesas había de todo: había una chica a la que se le caía la cabeza, había un monstruo que comía gente, había superhéroes, había alguien que escribía usando todo el tiempo la palabra “jirafas” (muy divertido) y también había alguien que escribió: “Juan es gey, yo también soy gey pero en un tren”. Me hizo acordar a una canción de una de mis bandas preferidas, que se llama Babasónicos. También había otro poema que fue como una cachetada en la frente, o sea, imagínenlo, algo impactante. El poema decía: “En el monte / hay un rinoceronte / que se pasea en el desmonte / con una bicicleta mutante”. ¡Una bicicleta mutante! ¡Yo quiero una ya mismo! Estuve caminando por todos lados buscando una bicicleta mutante, pero no estoy seguro de cómo es. ¡Alguien que me ayude, porfa! Quizás el problema fue que mientras buscaba la bicicleta mutante estaba mirando a los techos todo el tiempo, es que ustedes dijeron que un problema que tenía la gente usualmente era que se caían del techo. Así que imagínense, me dio terror, uno anda por la calle y de pronto “pum” te cae una persona en la cabeza. No saben lo difícil que fue buscar una bicicleta mirando para arriba y no para adelante.

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Bueno, basta de eso, ahora la historia que les prometí antes de terminar esta carta. Es sobre mi amigo Jeremías. Cuando Jeremías tenía nueve años (más o menos como ustedes) era grande y alto, medía más de nueve metros y era muy robusto, como un oso parado en un bloque de piedra. Lo que ocurría es que cada vez que cumplía años Jeremías era un poco más chico y menos grandote: o sea, perdía altura y perdía volumen. A los diez años medía ocho metros, a los once medía cinco metros, a los veinte años medía dos metros nomás, y ahora tiene treinta y mide uno setenta y cuatro. Jeremías nunca está preocupado por eso, de hecho cada vez está más contento y le causa gracia cuando le digo que de acá a unos años va a ser tan minúsculo como una hormiga. Es raro, no le cuenten a nadie, pero creo hay dos tipos de gente: la gente que se hace grande cuando cumple años, y la gente que, como Jeremías, se va haciendo cada vez más chiquita y ocupa menos espacio y casi no la ven, pero todo el mundo a su alrededor es increíblemente grande, frágil y asombroso. Bueno, esa es la historia. Es una historia sin rima. Estoy seguro de que Jeremías tiene más posibilidades de encontrar la bicicleta que yo. Eso también. Saludos a todos. Con Cariño Pablo cara de hueso

taller de escritura con pablo natale

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J

eremías terminó de leer la carta.

- Ese del que habla no soy yo-, dijo irritado, y le devolvió la hoja al detective Juárez. - ¿Estás seguro?-, le preguntó el último-. Yo creo que si has llegado hasta acá, podés encontrar lo que quieras. La llave no debe estar lejos. Quizás esté al frente tuyo y no la veas. Pensá, imaginá dónde se ha escondido. Jeremías cerró los ojos y apretó sus párpados. Todos los cuentos, rimas, canciones e imágenes se amontonaban en su cabeza, pero él buscaba y buscaba, hasta que finalmente vio la puerta de salida. 96


Abrió los ojos. El gran salón blanco estaba vacío. Quedaba sólo un libro acostado en el piso de nubes, a los pies del niño. Su tapa era roja como un rubí. El niño se sentó y acarició su lomo. Leyó su título: “El libro de Jeremías”. Luego, lo abrió a la mitad, y allí encontró la llave dorada y brillante que tantos caminos le había hecho recorrer. Un sentimiento incontenible de felicidad lo invadió. El niño cerró el libro, lo metió en su mochila que seguía en el mismo lugar donde la había dejado, y fue hacia la puerta. Con un giro de la llave, la cerradura cedió. Jeremías giró el picaporte, miró la enorme biblioteca blanca por última vez y salió al costado de la ruta. El sol estaba bien alto en el cielo. Hacía calor y los autos pasaban a toda velocidad. Sólo había campo alrededor. La puerta había desaparecido, y la llave también. El libro de Jeremías, sin embargo, seguía firme dentro de la mochila del niño. Miró el reloj. Las agujas funcionaban nuevamente y marcaban las 13:45. “No puede ser”, pensó Jeremías y comenzó a correr en dirección a su escuela. Al llegar, sus amigos lo saludaron como si nada hubiera sucedido. Él les contó todo lo que le había pasado, pero ellos se le rieron. Las maestras tampoco le creyeron y le recomendaron que volviera a su casa si se sentía mal. Pero Jeremías no se sentía mal y no había inventado nada. 97


En el recreo, dispuesto a probar que su historia era verdadera, juntó a sus compañeros alrededor del único libro que había traído desde la biblioteca. - Esto no es sólo un libro-, les dijo. El timbre sonó y los chicos que jugaban en el patio del colegio comenzaron a correr hacia las aulas-. Pueden volver a clases o, si se animan, pueden venir conmigo. Les prometo que no vamos a llegar tarde. Algunos chicos se burlaron y se alejaron, pero sus dos mejores amigos se quedaron junto a él. La voz de la maestra los llamaba, pero ellos ya estaban decididos. -¿Listos?-, preguntó Jeremías y, sin esperar más, les abrió las puertas de un cuento.

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ilustraci贸n: Pupi Herrera

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La puerta de los cuentos  

Fundación ALT23. Libro del programa 2012 en la escuela Bernardino Rivadavia.

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