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La contingencia de esta edición del Rally Dakar y los accidentes sufridos por varios chilenos, entre ellos Pablo Quintanilla, la esperanza nacional Chaleco López y finalmente Jeremías Israel, quien venía en un auspicioso cuarto lugar y quedó muy mal herido, han hecho que varios amigos y conocidos, sabiendo mi condición de motocrossista, me pregunten acerca de cuánto (creo yo) vale la pena arriesgar sobre una moto, estar siempre al límite e incluso en varios casos, bordear la muerte. Para mí, la respuesta es absolutamente clara y una sola. Y cito textual a Miquel Silvestre y un extracto de su libro “Un millón de piedras”: “Al ver mis lesiones, producto de la caída, me pregunto: ¿Por qué no viajas en coche?” Aquel bienintencionado muchacho tenía todavía mucho que aprender. Una vez que te engancha el motociclismo estás atrapado para siempre. Es posible que por miedo, por presión familiar o por responsabilidades mal entendidas dejes de montar, pero lo cierto es que siempre lo echarás de menos. Es una adicción más. El que monta lo sabe; el que no lo hace no lo entenderá jamás. Aún así, traté de explicárselo: “El viaje en moto es una de las últimas aventuras reales que quedan. Un automóvil es una caja en la que uno se aisla del exterior, pero sobre una motocicleta uno es el exterior. No hay barreras entre tú y el paisaje; sobre ti golpeará la lluvia, el viento y el sol. Claro que te cansarás antes y estarás expuesto a graves riesgos. Pero serás ágil. Serás centauro, caballero y nómade de corto impedimento. No

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cargarás más que con lo imprescindible y aprenderás a renunciar a lo accesorio. Si esto no te parece motivo suficiente, no creo que puedas entenderlo ni aunque estuviéramos hablando durante horas...” Muy pocos pueden entender lo que es vivir en este límite. Arriesgar tu integridad es una parte, la parte fea. Pero todo lo que la moto te entrega de vuelta es invaluable. Y por cierto, en mi caso, mucho más aún. El motocross me hizo la persona que hoy soy. Segura, valiente, decidida, esforzada, fuerte. Y haber estado tanto tiempo afuera, solo sirvió para reforzar esos valores. El motocross es garra, es pasión, es entrega, aquí no hay grises, todo es intenso, el calor te derrite y te deshidrata; el frío hace que tus dedos duelan hasta las lágrimas. Cuando te azotas contra el suelo y te vuelves a levantar lo más rápido posible te das cuenta que estás vivo. Y sigues adelante, por más. Conozco a Jeremías Israel hace 24 años y estuve con él un par de días antes de partir. Estaba tranquilo, confiado, sin duda, sin saber cuán arriba llegaría hasta su caída. 5 operaciones necesitó tras el accidente para comenzar su recuperación. Pero estoy segura que en su fuero interno, su meta más clara es poder recuperarse bien para seguir adelante, para poder volver a largar y demostrarse que es capaz. Hay muchos que no lo entienden, no lo entenderán jamás. Sin duda, la conclusión es una sola. Cuando te atrapa ya no puedes dejarlo y más aún, el peligro es una realidad, pero el miedo una opción.

FO Febrero  

Duodécima edición de FullOutdoor Magazine.