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Entre paréntesis No está demás comentar dos cosas que sucedieron arriba en el C2: La primera es que a José, después del reposo, se le despertó una infección estomacal que lo tuvo en vilo entre fuertes puntadas abdominales, mareos y vómitos monumentales de color amarillo mientras preparaba mi comida tratando de no mirar. La verdad es que era tragicómico verlo de esa forma escuchando sus quejidos y el fuerte bramar de su caja torácica al expulsar sus efluvios estomacales. Samuel, su cordada, lo atendía de buena manera dándole sopa que lo rehabilitó muy bien, tenía que botar el allien del cuerpo para que mejorara. Pero venía lo mejor. Samuel debía comer y Thomas solicitó, metido dentro de la carpa y con medio cuerpo fuera, que lo ayudara a prender la cocinilla. Como el sol se estaba ocultando, el frío se hizo punzante así que el mencionado tenía su hermosa parka de pluma color rojo intenso marca “La Joyita” modelo super mega power puesta, protegiéndolo del molesto frío. Mientras movía la olla no atinó a subir sus mangas y por esos descuidos de la vida, parte de la tela de fibra de polyester tocó el fierro candente de la cocinilla. La parka expelió un fuerte olor a quemado mostrando una circunferencia carbonizada de unos 5 cm. En la misma, mientras sus ojos miraban con impotencia y congoja el feo perforado de su boca, salía el primer improperio llamando a alguna madre, el primero para darse vuelo. Luego arremetió contra él mismo y su mala suerte y el típico ¿por qué a mí?, después contra el mundo, claro, el mundo es el culpable de

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nuestros pesares y como el mundo no le contestase se fue en contra del que ayudaba, o sea, Samuel. Este último se defendía con argumentos válidos, los más obvios pero la víctima no lo dejaba salir del cuadrilátero, no lo soltaba esgrimiendo razones sin fundamentos. La escena era un chiste, la verdad es que era para cagarse de la risa, yo me habría muerto si me hubiese pasado a mí, considerando el valor de estas prendas. El descuido era de él pero no lo aceptaba. En todo caso, me dolía la mandíbula disimulando seriedad y pena tratando de ayudar a que las plumas no salieran y el gavilán quedara desplumado. Thomas con lo complejo que es en carácter también lo es en controlar su temperatura corporal así que lamentaba no poder llevar su linda parka llamativa a kilómetros y congelarse en el camino viendo cómo se le volaban las valiosas plumas del ganso sacrificado, pero la verdad es que el clima estaba perfecto y como el tipo es caluroso, al final optó por no llevarla….creo. Yo llevé la mía.

FO Febrero  

Duodécima edición de FullOutdoor Magazine.