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# 2. Diciembre 2013

Argentina: perspectivas para la econom铆a que viene Peronismo y clase media: la nueva vieja historia del mismo desencuentro Soberan铆a alimentaria. Un modelo de vida a incorporar

Fundaci贸n para la Democracia y la Participaci贸n


INDICE 30 años por Francisco Cafiero...........................................................................................Pag. 4 Argentina: perspectiva para la economía que viene. Por Guillermo Merediz..........................................................................................Pag.5-9 Peronismo y clase media: la nueva vieja historia del mismo desencuentro por Alejandro Damián Rodriguez....................................................................Pag. 10-13 Soberanía alimentaria. Un modelo de vida a incorporar Por Mercedes López Saubidet .......................................................................Pag.14-15 Sistemas de Salud: los desafíos de la próxima generación Por Dr. Oscar Villalba ......................................................................................Pag.16-19


Staff

Lic. Gerardo Girón – Coordinador General / editor Ignacio Lohlé – Coordinador Ejecutivo

Consejo consultivo: Antonio Cafiero Miguel Angel Barrios Claudio Ongaro Haelterman Alejandro Iglesias Rossi Mariel Messutti Luis Aspiazu José Luis Di Lorenzo Nancy Sosa Enrique del Percio Coordinadora: Marta Lucía Nesta Taccetti Colaboradores: Gloria Ogando Sofia Lamberti Agustina Mazzoccone Wanda Serwatowski

Involucrar es la revista digital de la Fundación para la Democracia y la Participación. Los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Su publicación no implica que se compartan los conceptos vertidos.

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30 años Somos parte de una generación que nació durante la dictadura cívica militar pero que creció en democracia. Compartimos junto a muchos los dolores y las heridas que marcó a fuego una dictadura genocida. Hoy festejamos 30 años de democracia pero somos ambiciosos: siempre exigimos más, tanto al sistema político como a nosotros mismos como dirigentes. Es porque la democracia alienta a la esperanza de que lo mejor está por venir. Esta década avanzó incuestionablemente en derechos que habrá que consolidar en los próximos años. El desafío es consensuar políticas de estado que superen las coyunturas y las mezquindades de buena parte del arco político. Actualmente, muchos dirigentes de la oposición se llenan la boca de república pero con sus prácticas le han hecho mucho daño a las instituciones. En la Argentina gozamos de una inédita libertad de expresión donde cada uno puede decir lo que quiera sin temor a represalias; donde el gobierno puede perder una elección y la vida institucional continua y se afianza. Creo que a veces no valoramos estas cosas y en cambio nos detenemos en "las formas", navegando por la superficie de las cuestiones y no por lo profundo. Un error, a mi juicio, que atrasa los verdaderos debates. El camino que transitamos como país está atravesado por un pasado que nos debe recordar hacia donde no queremos volver y un futuro que nos tiene que encontrar a todos los dirigentes acordando en un mínimo de temas a largo plazo. Así, el reclamo por la soberanía de Malvinas, la continuidad de la Asignación Universal por Hijo, la meta de hambre cero, entre tantas cuestiones en las que podemos acordar mayorías, deberán seguir haciendo de Argentina un país de avanzada en materia social y de derechos humanos. Que el 2014 nos encuentre compartiendo los mismo deseos de una patria libre, justa y soberana.

Lic. Francisco Cafiero Presidente FUDEPA

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Argentina: perspectiva para la economía que viene Por Guillermo Merediz*

*Lic. Guillermo Merediz, Especialista en Economía Política Argentina - FLACSO. gmerediz@yahoo.com.ar

La economía argentina cierra el año 2013 con crecimiento de la actividad y del empleo siguiendo con la dinámica de acumulación que viene mostrando a partir del año 2003. Este crecimiento se sustenta en un conjunto de políticas que fortalecieron el salario y concibieron al mercado interno como eje central, permitiendo que el país crezca, se reindustrialice, genere empleo y mejore las condiciones de vida del conjunto de la población. Sin embargo, luego de 10 años de crecimiento sostenido, la economía argentina todavía enfrenta dificultades para contar con las divisas necesarias para avanzar en el proceso de industrialización. La restricción externa irrumpe en países periféricos productores de materias primas pero con anhelos de industrialización por efectos del crecimiento económico que demanda importaciones crecientes a un ritmo superior al aumento de las exportaciones. Superarla sin recurrir al desenlace tradicional de la brusca devaluación que significa elevados costos socio-laborales es uno de los grandes desafíos de esta etapa. Durante el presente año, la economía argentina se recuperó de la marcada desaceleración que tuvo la actividad económica durante el año 2012, cuya tasa anual de crecimiento fue del 1.9%. La misma fue fuertemente influenciada, durante el año pasado, por la crisis internacional que derivó en una disminución de los productos de exportación de nuestro país. La crisis internacional tuvo su epicentro en Europa que en conjunto mostró un descenso en su PBI del 0.3% durante el 2012. Mientras que EE.UU. empezó a recuperarse aunque creció solo un 2.2% y la economía brasilera, por su parte, prácticamente se estancó luego de la aplicación de políticas monetarias restrictivas que contuvieron la inflación pero a costa de generar un parate de la actividad económica. Todo esto impactó de manera considerable en la dinámica de crecimiento de la economía Argentina. A esto se sumó, en el frente interno, principalmente la sequía que afectó al agro y el fuerte parate en la construcción. En el 2013, la actividad económica se recuperó, en el primer trimestre el PBI creció a una tasa del 3% interanual y en el segundo trimestre alcanzó una expansión del 8.3%. La previsión para todo el año es del 3.5%, según señalan organismos como la CEPAL y el FMI, por encima del comportamiento que muestra el crecimiento de América Latina y el Caribe.

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El crecimiento económico tuvo entre sus componentes más dinámicos, como señala el informe de Octubre de CIFRA , a la inversión bruta que había caído fuertemente durante el año 2012 y creció al 16,2% durante el segundo trimestre de 2013. Además, tuvieron una importante y sostenida expansión el consumo privado (9,2%) y el gasto público (8,6%). Dentro de la inversión el componente más dinámico fue la compra de equipos durables de producción, 30,5%. La tasa de inversión bruta (medida como porcentaje del PBI en precios corrientes) alcanzó el 20,4% en el segundo trimestre de 2013. En este escenario, la inversión pública fue un componente sumamente dinámico para fortalecer el crecimiento. A su vez, en el 2013 el salario subió un 24%, las jubilaciones se incrementaron un 31,78% según lo dispuesto por la ley de movilidad previsional y se mejoraron ingresos a partir de la suba de la AUH y del mínimo no imponible. En el mercado de trabajo, el primer trimestre del año siguió la tendencia del año anterior, con una tasa de desocupación que aumentó al 7.9%. En el marco de la reactivación económica, se observó un aumento del empleo y una reducción de la desocupación durante el tercer trimestre con una tasa de desempleo que bajó hasta el 6.8%. Muy lejos de los indicadores que mostraba el mercado de trabajo en épocas de crisis. En términos de capacidad productiva, la caída que mostró la actividad fabril durante 2012 recién empieza a recuperarse a partir del primer trimestre de 2013. La reactivación se empieza a notar a partir de mayo de este año, llegando a su apogeo con un 5,2%, como señala el informe de CIFRA, impulsada por un notable desempeño del sector automotriz, la industria química y la de minerales no metálicos. El segundo trimestre, la industria cierra con resultados positivos que luego se van desacelerando.

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Durante los primeros 7 meses del año la industria apenas creció un 1,4% mostrando un comportamiento fuertemente heterogéneo, con una automotriz que crece al 17% anual, marcando un record de producción. Mientras que, por otro lado, las industrias de tabaco, edición e impresión, industrias metálicas básicas, refinación de petróleo y textiles muestran caídas durante el mismo. La proyección de crecimiento para el conjunto de la industria es del 1%.

En definitiva, el año 2013 muestra una recuperación de la economía, del empleo y levemente de la actividad industrial. Sin embargo, vuelven a aparecer problemas estructurales a partir de la problemática de la restricción externa. En un escenario de pérdida de reservas, durante los años 2012 y 2013 la economía perderá cerca de US$ 14.000 millones, llegando actualmente a un stock de reservas de 31.500 millones de dólares. La caída de las mismas tiene su origen en dos aspec-

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tos: por un lado, el pago de deuda con reservas como parte de la política de desendeudamiento que viene llevando adelante la Argentina y, por otro lado, por la corrección a la baja del superávit comercial. El impulso del proceso de industrialización trajo aparejado una mayor demanda de importaciones. Durante el período enero-agosto de 2013 las exportaciones se expandieron al 3,1%, mientras que las importaciones lo hicieron al 11,5% durante el mismo período. En gran medida, este fuerte incremento de las importaciones es producto de la escasa oferta energética local y de una estructura industrial con baja integración local, que determina una elevada elasticidad de las importaciones para hacer compatible el crecimiento de la actividad económica. En este escenario, se profundizó el déficit en tres sectores; el complejo automotriz, el de electrónica de consumo y el energético, a los que hay que sumar el turismo y los gastos con tarjetas en dólares que concentran en gran medida los desequilibrios en materia de divisas. De cara al cierre del presente año y al inicio del 2014, se hace necesario actuar para que la restricción externa no estrangule el crecimiento de la economía. Para ello, resulta prioritario avanzar en respuestas que no surjan de las recetas ortodoxas que entienden que los problemas de la economía argentina son: los salarios altos, el elevado gasto público, el control para que los capitales internacionales no tengan una puerta giratoria para entrar y salir y la falta de independencia absoluta del Banco Central. Según este diagnóstico las problemáticas existentes se resuelve bajo una receta que implica: bajar salarios, ajustar el gasto, endeudarse con el extranjero, subir la tasa de interés y devaluar fuertemente la moneda para resolver los problemas de la balanza comercial. Omitiendo deliberadamente los altísimos costos sociales y la transferencia de ingresos del trabajo al capital que traen aparejado estas medidas. Para encarar una respuesta sustentable que permita sostener el crecimiento del PBI y del empleo y avanzar en forma determinante en la industrialización, en la distribución del ingreso y en la inclusión social, fue necesario ordenar un equipo económico que en muchas oportunidades dejaba trascender sus posiciones divergentes para resolver los problemas de la economía argentina. A su vez, es necesario tener en cuenta que la economía argentina no vive una situación de crisis terminal como señalan muchos de los análisis dramáticos cuando muestran la evolución del stock de reservas. Durante los últimos años, se ha fortalecido la solvencia de la economía a través de la política de desendeudamiento. Y si bien las reservas han caído fuertemente en las últimas semanas todavía se encuentran en niveles consistentes. Por lo tanto, es necesario encarar dos de los desafíos más importantes a resolver: la suba de precios y la amenaza de la restricción externa. Para encarar el primer problema, el gobierno anunció que avanzará por el lado de los acuerdos de precios y el estudio de las cadenas de valor para detectar y regular a los actores que tienen más responsabilidad en los aumentos y así implementar políticas activas, como facilitar líneas de crédito a las empresas, para aumentar la producción de bienes.

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En relación a la problemática de la restricción externa, la estrategia del gobierno podría orientarse a habilitar un ingreso sostenido de dólares, destinados al desarrollo de infraestructura e inversiones productivas. Esto no implica de ninguna manera, volver a la “bicicleta” del endeudamiento externo, sino, explorar fuentes alternativas para fortalecer las reservas, como un nuevo acuerdo de swaps –canje de monedas– con China y la búsqueda de financiamiento vía créditos para inversiones privadas y públicas cómo la explotación de recursos no convencionales para YPF . Para esto, el gobierno ha iniciado una etapa de negociación que permita seguir resolviendo las cuestiones de la deuda, la negociación de una salida del default con el Club de París y el establecimiento de una nueva relación con el FMI, retomada a partir de la producción de un nuevo índice de precios al consumidor a nivel nacional, que no implique la sumisión por parte de nuestro país. Es importante resaltar que de ninguna manera debe volverse a la lógica de tomar deuda en los mercados para volver a establecer un modelo de valorización financiera que explotó en diciembre de 2001. De lo que se trata es de buscar alternativas que no perjudiquen ni a los trabajadores ni a los empresarios, siempre con la mira en el trabajo nacional y el mercado interno. A su vez, es necesario revisar el esquema de subsidios que durante el presente año representan cerca del 5% del PBI. A partir de un análisis desde el área de competitividad para que las industrias puedan mejorar la utilización de los mismos y retomar los aumentos segmentados de las tarifas de servicios públicos, discriminado entre los sectores de mayores y menores ingresos. Al mismo tiempo, es prioritario trabajar de manera consistente en la reducción del empleo informal. Finalmente, debería profundizarse la política de financiamiento a la producción que hoy se encuentra en niveles muy bajos en relación al PBI. Esto requiere que los bancos financien las actividades productivas y que el Estado controle que los créditos se utilicen para fortalecer la producción en actividades con fuerte impacto en el mercado interno y en la exportación. En definitiva, para encarar las problemáticas centrales de la economía argentina de los próximos años es necesario despejar la salida vía una brusca devaluación y deben buscarse caminos que tengan dentro de sus objetivos estratégicos el crecimiento del PBI con una presencia activa del estado, la generación de empleo, el avance en la industrialización, la distribución del ingreso y la inclusión social. Referencias bibliográficas: 1-Centro de Investigación y Formación de la República Argentina, CIFRA, Informe de Coyuntura N°14. Octubre 2013. Buenos Aires. Argentina. 2- La deuda disminuyó del 166 por ciento del PBI en 2002 al 44,9 por ciento en el primer semestre de este año. La deuda en dólares con privados se ubica en el 9,0 por ciento. Este muy bajo porcentaje de la deuda en relación al Producto en comparación internacional ofrece amplios grados de libertad de la política económica. 3- El incremento de la energía requerida por el sector industrial durante esta etapa, combinado con la tendencia declinante de la producción de hidrocarburos, produjo un gran déficit energético, que fue deteriorando los saldos de la balanza de pagos. La reestatización de YPF fue la respuesta a la falta de inversiones destinadas a promover la exploración y producción de hidrocarburos. 4- Resulta trascendente el principio de acuerdo con España anunciado para resolver la expropiación del 51% de las acciones de YPF. Lo cual implicaría que se cierren los juicios iniciados y también abre posibilidades de nuevos acuerdos en Vaca Muerta.

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Peronismo y clase media: la nueva vieja historia del mismo desencuentro Por Alejandro Damián Rodríguez * *Licenciado en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Becario Doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Correo electrónico: arodriguez@conicet.gov.ar

En los últimos años, algunos historiadores se han empeñado en sostener que la expresión “clase media”, así como el grupo que se auto-identifica bajo ese colectivo, aparecieron solo recién después de caído el primer peronismo. Sin embargo, tal argumento es discutido por otro grupo también bien nutrido de intelectuales, quienes intentan rastrear, en cambio, la aparición de una clase media nacional ya a principios del siglo XX. Ambas perspectivas cuentan con elementos a favor y en contra para abonar sus argumentos, sin embargo la discusión respecto al origen histórico-temporal de la clase media argentina está todavía muy lejos de ser saldada. Lo que sí resulta menos controversial, independientemente del momento de origen de la clase media argentina, es que sí existe una relación entre ella y el peronismo, y que esa relación está signada por los acercamientos y las distancias, los amores y los odios. También de manera independiente a quien haya irrumpido primero en el escenario político nacional, ya sea el peronismo o la clase media, es bastante menos controversial el hecho de que hoy día, a fines de 2013, pero como parte de un proceso que data de hace varios años atrás, la relación que une a ambos colectivos parece haberse hecho mucho más distante que antaño. Incluso, en la óptica de algunos pensadores, la relación entre peronismo y clase media no solo se “enfrío”, sino que está directamente quebrada y no tiene punto de retorno. Se trataría de un divorcio definitivo, luego de que los odios se hayan hecho mucho más frecuentes que los amores.

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Sin embargo, ¿Es esto en realidad así? ¿La clase media le ha dado definitivamente la espalda al peronismo? ¿Entonces, habría que darle la razón a quienes sostienen que entre clase media y peronismo no hubo nunca ninguna relación, porque la clase media es intrínsecamente antiperonista? No estamos tan seguros de todo lo anterior. Es probable que para muchos resulte tentadora la idea de que una “nueva clase media” ha visto luz en los últimos años, y que ella posee una identidad monolítica cuya principal característica es haberse delimitado en contra del actual gobierno nacional. Sin embargo, desde nuestra óptica, tienden a reducir la relación de la clase media y el peronismo a una pequeña muestra muy actual que, además, no parece ser tan representativa del conglomerado total “clase media”. Es decir, justamente, lo que nos interesa colocar en tela de juicio es el argumento anterior, tantas veces reiterado, de que la clase media es, en sí, antiperonista. Antes de la irrupción del primer peronismo en el escenario nacional, cuyo evento público más célebre donde quedó marcada a fuego su identidad es de seguro el 17 de octubre de 1945, la clase media no parecía tener una forma nítidamente definida, en el caso de que ya existiera como colectivo de clase específico. Sin embargo, sí podemos sostener que a medida que el peronismo desarrolló su plan de gobierno, contribuía, por un lado, a fortalecer una identidad colectiva alrededor de la idea de “trabajadores”, mientras que, por el otro lado, debilitaba cualquier intento de agrupamiento distinto al antedicho, a excepción, claro está, del de “oligarquía”, al que venía a contraponerse. Entonces, ¿Qué espacio dejaba el peronismo para la constitución de un agrupamiento social alrededor de la identidad de clase media? Seguramente uno muy reducido, donde en todo caso su papel sería el de aliado estratégico del nuevo colectivo de “trabajadores”, alrededor del cual el peronismo montó su maquinaria política, y junto a él en franca oposición a la minoritaria y anquilosada oligarquía nacional. Esta manera de enfocar las cosas parece atinada con las observaciones esporádicas que el mismo Perón hiciera sobre el colectivo “clase media” en varias -pero contadas- ocasiones. En un documento que nos llega bajo el nombre de “La justicia social” llegará a la clase media argentina, datado con fecha del 28 de julio de 1944, el General Perón ofrecía algunas primeras definiciones respecto al tema y decía: “cuando algún joven de la clase media, génesis, sin duda, de los mayores valores de la población argentina, salía con talento, lo atraían a su lado, “le pisaban el pantalón” para que no se fuera y lo ponían a trabajar para ellos o para su partido y no para el país. Y si ese joven era independiente y tenía carácter suficiente para levantarse contra ellos, entonces le trazaban una cruz y lo mandaban a un pequeño empleo sin importancia, a pasar su vida hasta morir, sin poder progresar, aún cuando tuviera los mayores méritos”. Y luego más adelante, afirmaba en la misma sintonía: “así se formó nuestra clase media con un complejo de inferioridad, porque no tuvo nunca oportunidad de actuar. Así se formó ella, sin un contenido social. Habrán observado ustedes que el obrero no va a pedir un aumento de salarios para él, sino para todos los de su gremio. El hombre de la clase media no va a pedir nunca para los de su gremio. Va a pedir solamente para él. Eso es lo que la ha debilitado. Y eso no es obra de la clase media,

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sino de nuestro sistema político, que ha empeñado la fuerza y el manejo de las agrupaciones humanas del país en una sola dirección: exclusivamente hacia el provecho de un círculo reducido de hombres, y no para todos los argentinos”. Algunos historiadores han mostrado otras observaciones que Perón hiciera en esos primeros años, específicamente en 1944, sobre la clase media argentina. Junto a estos que mostramos más arriba, hacen parte de una serie de intentos incipientes para sumar a las filas a quienes no se sentían interpelados por el incipiente peronismo y/o identificados con el colectivo “trabajadores”. En los dos fragmentos indicados más arriba hemos resaltado algunas frases que resultan interesantes. Se puede observar en primer lugar una exaltación de la “pureza” de la clase media nacional, ligada a los mejores valores morales del “ser argentino”. En segundo término, también se puede indicar la absolución de “culpa y cargo” que el General Perón hace de la clase media nacional. Es decir, sí ella ha obrado mal en el pasado, lo ha hecho así por culpa de los “otros”: ya sea el sistema político, la oligarquía nacional o un círculo de personas inescrupulosas que anteponen siempre su interés individual al de la Nación. En definitiva, lo que le falta a la clase media es la fuerza del cuerpo organizado, así como la dirección política de un líder -que bien podría ser Perón-. Solo de la mano de estas dos particularidades, la clase media nacional se convertiría en una clase -propiamente dicha- organizada colectivamente y con una dirección política más precisa, anteponiendo ya no el interés individual, sino el del grupo como totalidad. Después del año 1944, las alusiones de Perón a la clase media fueron cada vez más esporádicas, por no decir nulas. Sin embargo, a medida que avanzaron las décadas, se fue cimentando la idea de que la clase media era ante todo antiperonista. Y es probable que en esto haya mucho de cierto, sobre todo teniendo en cuenta que importantes facciones de ese conglomerado apoyaron el derrocamiento del gobierno peronista en el año 1955, así como varios de los reposicionamientos conservadores posteriores. Es decir que, visto en retrospectiva, pareciera que aquellas interpelaciones de Perón no rindieron los frutos esperados: la incipiente clase media no fue convencida ni sumada como aliada estratégica al peronismo naciente. ¿Es todo esto así de cierto? Creemos que es necesario al menos relativizar lo anterior en alguno de sus aspectos, sobre todo aquel referido a que, en esencia, la clase media argentina ha nacido antiperonista, así como la idea de pensar a ese sector social como un bloque monolítico. De hecho, creemos justamente todo lo contrario: en los fragmentos de la historia reciente pueden leerse la flaqueza de los dos argumentos. En los últimos años, hemos visto como algunos sectores importantes de la clase media argentina se hicieron notar, ya sea posicionándose frente a un conflicto político en el que el actual gobierno tomaba parte, o, más activamente, organizando protestas colectivas, tal cual han sido los denominados “cacerolazos”. Así fue que, por ejemplo, frente al paro agropecuario más largo de la historia

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una expresión de deseo de muchos, antes que de una realidad palpable. De un lado, distintos actores políticos situados en el arco opositor intentan, hasta ahora en vano, convertir a la clase media en un sujeto público de peso que surja para oponérsele al gobierno. En esta operación, los medios de comunicación, claro está, han jugado un rol más que importante para intentar posicionarla como tal. Sin embargo, esta apuesta política no parece al menos hasta ahora haber sido exitosa: ni la clase media se ha transformado en un actor único, visible, encolumnado detrás de ciertos valores comunes y un líder aglutinador, ni tampoco parece ser tan contraria al gobierno como la quieren hacer ver desde la oposición. Por el otro lado, algunos de los sectores más leales al gobierno, seguramente motivados por la falta de un partido opositor luego de derrumbado el bipartidismo argentino clásico, también buscan construir un rival, y han intentado erigir a la clase media como tal a fin de apuntalar todas sus críticas. Sin embargo, esta estrategia tampoco parece haber llegado a buen puerto. Es decir que, y a modo de resumen, es necesario indicar que más de allá de la fecha de nacimiento de la clase media argentina, tanto la definición del concepto -¿Qué es?- así como el colectivo real que aglutina -¿Quiénes forman parte de ella?-, siempre han resultado escurridizos, de difícil aprehensión teórica y empírica. Sin embargo, lo más cierto de todo es que entre ella y el peronismo también siempre hubo una relación, aunque signada por los acercamientos y las distancias. Ahora, y recapitulando gran parte de lo antedicho, nos preguntamos de nuevo ¿resulta realmente creíble el argumento que sostiene que toda la clase media argentina se ha erigido en contra del gobierno nacional actual? Creemos que no. Ya sea debido a que aquellas antiguas interpelaciones de Perón a la clase media surtieron efecto, o por la misma pluriformidad del colectivo, o quizás por una combinatoria de ambas cosas, gran parte de los sectores medios de nuestra sociedad han brindado su apoyo a este gobierno. O sea, debido a la magnitud del resultado, sería muy difícil sostener que, en esos más de 11 millones de votos que lo reeligieron, no está también capitalizada una porción muy importante del voto “clasemediero”. Ahora, que esa clase media que ha apoyado al gobierno actual tenga menos visibilidad pública es otra cosa muy distinta. Sin embargo, confundir a la clase media -lisa y llanamente- con los sectores más reaccionarios de ella, los que tienen más visibilidad mediática, conforma un grave error. La mejor de las estrategias, ya sea para el oficialismo gobernante como para la oposición política, entonces, es no confiarse de esa “esencia antiperonista” que muchos le adjudican a la clase media. Para unos porque apuntar las críticas contra ella le restaría votos que han sido suyos; para otros, porque confiarse de que jamás van a volcarse al peronismo puede devolverles un duro revés. La nutrida clase media argentina también aglutina entre sus filas a una gran porción de lo que conocemos como el “voto indeciso”; colocarse a priori en contra de ella y de él, por ende, es un error grave, ya que ese grupo de votantes es el que muchas veces termina decidiendo elecciones. Sin embargo, una estrategia que confronte directamente a la clase media es una de las más peligrosas no solo por lo anterior, sino también porque su misma indefinición la hace una de las más numerosas. Como tantas veces se ha dicho, en el fondo, “todos nos consideramos un poco de clase media”, por lo que una estrategia que intente seducirla antes que confrontarla dará siempre mejores resultados políticos.

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Soberanía alimentaria. Un modelo de vida a incorporar Por Mercedes López Saubidet La auténtica verdad no es la verdad sino el error trascendido La verdadera realidad no es la realidad sino la ilusión despejada F. Benesch

¿Sabemos realmente de dónde provienen los alimentos que consumimos diariamente? ¿Podemos saber por un envasado de dónde proviene ese producto, cuántos kilómetros recorrió, de qué forma han sido producidos? ¿Han utilizado agroquímicos? ¿Se han conservado los saberes culturales para la producción de ese alimento? ¿Ha contaminado al ambiente en su proceso de producción y distribución? ¿Los precios de un alimento son precios instalados con criterios de comercio justo? ¿Se utilizó mano de obra precarizada o en negro, o proviene de la agricultura familiar? Cuando compramos una simple lata de arvejas en el supermercado, por lo general no nos hacemos estas

En los ámbitos de la sociedad donde se discute por el acceso a la alimentación, se ha instalado la diferencia de concepto entre seguridad y soberanía alimentaria. La seguridad alimentaria definida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se centra en la disponibilidad de alimentos. Así, se considera que un hogar está en una situación de seguridad alimentaria cuando sus integrantes disponen en todo momento de alimentos suficientes en cantidad y calidad, a fin de llevar una vida activa y sana. Sin embargo, este concepto de la FAO no explica algunas cuestiones del mundo actual. La primera alarma resuena con esta cifra: el modelo actual de la industrialización de la agricultura produce alimentos para 12.000 millones de personas siendo una población de 6.600 millones, sin embargo hay 1.000 millones en el mundo con hambre, 1.000 millones con deficiencia de micronutrientes y 1.300

millones personas con obesidad y sobrepeso. Según la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Universidad de Comahue: “el actual modelo de producción genera y reproduce sistemas de exclusión, desigualdad y pobreza, en los que priman la idea del alimento como mercancía e inclusive como instrumento de poder”. Entonces las causas del hambre y de una alimentación deficitaria no responden a un problema de disponibilidad, sino que son políticas. Soberanía alimentaria es un concepto y una forma de entender el mundo desarrollada en un princi pio por los movimientos campesinos e indígenas, como respuesta al concepto de seguridad alimentaria instalado por los organismos internacionales y algunos gobiernos. Plantea no solo tener acceso a los alimentos sino también el modo de producción, el origen, y las consecuencias de esa forma de producción.


El concepto de Soberanía Alimentaria -según la declaración de Nyélény, Malí, de los movimientos campesinos en febrero de 2007-, propone el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. La Soberanía Alimentaria es una propuesta que plantea definir cómo producir, con qué producir y para quién producir alimento, sobre la base de la sustentabilidad económica, social y ambiental. Fundamentalmente, plantea que el alimento es un derecho y no una mercancía que queda a merced del mercado internacional como consecuencia de la liberalización económica. Entonces se vislumbran dos modelos de producción puestos en tensión. Una agricultura industrializada y la agricultura campesina (o de pequeños productores).El primer boletín de agricultura familiar de la FAO expresa que “la agricultura familiar puede llegar a representar más del 80% de las explotaciones agrícolas en América Latina y el Caribe, más del 60% del total de la producción alimentaria y de la superficie agropecuaria, y más del 70% del empleo agrícola.” O sea que son los encargados de alimentar el mundo, y a la vez su forma de producción está en armonía con la naturaleza, salvaguardando la biodiversidad de los sistemas ecológicos: “los campesinos crían cinco mil de los cultivos domesticados y han aportado más de 1.9 millones de variedades vegetales a las existencias genéticas del planeta”. ¿Pero cuáles son las condiciones de estos pequeños agricultores para poder llevar adelante este rol fundamental en la sociedad? Otro escenario donde la agricultura industrializada avanza, pone en riesgo este tipo de producciones. Como emblema en nuestro país, la superficie sembrada con soja transgénica supera los 18 millones y medio de hectáreas. Este dato trae consecuencias para los/as campesinos/as ya que implica desalojos de sus tierras y violencia contra las familias y las comunidades, contaminación del agua y la tierra,

e intentos de privatización de las semillas en manos de unas pocas empresas. Estos dos modelos agropecuarios se encuentran en contraposición, por un lado los movimientos campesinos e indígenas y por otro algunas empresas transnacionales (como Monsanto, Syngenta, y Bayer) en una lucha de fuerzas y de poder. Por eso, el concepto de soberanía alimentaria invita a replantear un modelo hegemónico instaurado donde la relación entre el hombre/mujer mantiene una relación de dominación por sobre la naturaleza. Por eso, resulta necesario y urgente pensar en un modelo en relación de armonía e integración con la naturaleza. Esto nos lleva también a plantear otro modo de producción con diferentes relaciones sociales, con bases en la cooperación, con formas más democráticas de participación e integración. Como afirma Enrique Leff: “de la racionalidad ambiental no sólo emerge un nuevo modo de producción, sino una nueva forma de ser en el mundo: nuevos procesos de significación de la naturaleza y nuevos sentidos existenciales en la construcción de un futuro sustentable” El acceso a la tierra, al agua, a las semillas nativas para los/as que producen alimentos; al respeto por los saberes ancestrales transmitidos de generación en generación; a la salud, educación, vivienda, salarios dignos; y a la alimentación, son las condiciones elementales para un “buen vivir” de la población y motivo suficiente para poner en tela de juicio un modelo de producción de alimentos industrializado. Si bien el proyecto de Soberanía Alimentaria nace de los movimientos campesinos e indígenas, cada vez hay mayor cantidad de población involucrada con llevar adelante esta propuesta, con un necesario cambio de paradigma, con una visión sobre la forma de relacionarnos con la naturaleza e inclusive entre nosotros/as, desde un lugar de armonía y equilibrio, distinto al proclamado por el sistema capitalista.


Sistemas de Salud: los desafíos de la próxima generación Por Dr. Oscar Villalba* *M.P 2390. Esp. Clínica pediátrica – Esp. Neurología Infantil – M. Sistema de Salud Docente por Concurso de La universidad Nacional de La Rioja / Vocal titular de Colegio Medico Gremial “La Rioja”Presidente del Partido Provincial “Peronistas Sin Fronteras La Rioja”

La sanidad es una variante esencial para el nivel de vida y bienestar de los pueblos, y su protagonismo público aumenta en forma progresiva en todo el mundo. Esto se debe a partir de que el acceso universal a la salud se ha consolidado como un derecho fundamental adquirido por los ciudadanos. Un determinante de los sistemas sanitarios es la relación existente entre el estado de salud y la asistencia, entendiendo que la salud es una variable de fondo (una cantidad en un momento dado) mientras que la asistencia sanitaria es una variable de flujo (tantos servicios en un periodo de tiempo). Primer desafío ASEGURAR LOS PRINCIPIOS DE LA ATENCIÓN MEDICA En las próximas décadas posiblemente no se discuta más acerca de los distintos sistemas sanitarios (públicos – privados – liberales– mixtos – etc.). El debate, en cualquier región, lo atraviesa la necesidad de implementar un sistema sanitario que asegure los principios básicos de la atención médica; es decir, la oportunidad, la accesibilidad, la calidad, la integridad, y la equidad. OPORTUNIDAD

Los recursos deben estar disponibles en el momento que se los necesitan.

ACCESIBILIDAD

Los recursos deben cubrir todo el territorio, y llegar a la atención médica necesaria hasta en zonas de difícil acceso

INTEGRIDAD

El sistema debe abarcar todos los niveles sanitarios de acciones de salud e incluir todas las áreas (preventivas, curativas, complejas, de trabajo, etc.) Se debe tener la máxima calidad alcanzada por la suma de los recurso s y conocimientos (investigación – docencia – aparatología – excelencia – etc.) Todo ser humano tiene derecho a la salud sin ningún tipo de discriminación y reforzando en lugares o pacientes que requieren un abordaje sanitario mayor.

CALIDAD EQUIDAD

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Con dichas características sanitarias presentes en un lugar y sumando los requisitos complementarios que cualquier sistema sanitario necesita: administración, funcionamiento, control de efectores sanitarios, coordinación, docencia, investigación, etc., es que lograremos satisfacer la demanda de salud y el éxito del abordaje sanitario de la región. Por las condiciones sociales, económicas, geográficas, culturales y políticas de los distintos países y regiones, es imposible confeccionar o copiar sistemas sanitarios y que tengan la misma eficacia. La demanda sanitaria tiene características diferentes siempre. De igual manera, en los países con gran extensión geográfica y que presentan regiones culturales, económicas y sociales distintas, hay que ajustar el sistema para asegurar los principios de dicha atención medica en todas las zonas según su demanda. Por ejemplo en Argentina tenemos un sistema sanitario mixto y la necesidad de aseguramiento sanitario con los efectores públicos en zonas periféricas de bajo nivel socio-económico, y con efectores privados en los grandes centros urbanos del país. Es necesario entender que en un sistema de salud mixto, como en Argentina y España, los efectores privados y públicos coordinadamente deberían cubrir la demanda sanitaria; en cambio, en los países que optaron por un sistema liberal, como los Estados Unidos, los efectores de actividad privada tienen un papel predominante; y en los países con sistemas sanitarios socializados, como Cuba e Inglaterra, predomina casi en su totalidad la salud pública. Por lo cual de acuerdo a los lineamientos políticos y a las características de la demanda sanitaria se tiene que confeccionar dicho sistema de manera que asegure a la sociedad los principios arriba enunciados de accesibilidad, oportunidad, equidad, calidad e integridad sanitaria para la población. Los índices de mortalidad y morbilidad que muchos países usan para valorar el sistema sanitario implementado guarda una relación directa con la pobreza y el PBI, es por eso que en los países en desarrollo existe una correlación importante entre la pobreza, el nivel de aseguramiento sanitario, y el gasto público en salud que debería ser el coeficiente de variación para que dicho sistema asegura las características de atención medica antes mencionadas. Para lograr los objetivos sanitarios antes mencionados es indispensable una meticulosa planificación sanitaria. Segundo desafío LA PLANIFICACIÓN SANITARIA PLANIFICACIÓN NORMATIVA (Política de salud) PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA (Plan de salud) PLANIFICACIÓN OPERATIVA ( Programa de Salud)

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Planificación normativa: hace referencia a dos conceptos relevantes y complementarios. Por un lado, a la política sanitaria centrada en la toma de decisiones sobre los sistemas sanitarios. Por otro lado, a la política de salud referida a todos aquellos factores que inciden directa o indirectamente sobre la salud (la educación, la economía, el medio ambiente, el bienestar social, los servicios, etc.) Planificación estratégica: es el segundo nivel de planificación y su finalidad es trasladar a la práctica los principios y lineamientos políticos; constituye el camino que hay que transitar para lograr los objetivos planteados. Planificación operativa: este es el tercer nivel de planificación sanitaria y se encarga de la programación de actividades dirigidas a lograr objetivos específicos. Implica la toma de decisiones a corto y largo plazo. Para finalizar:“Es el conjunto de elementos, organizaciones, recurso humano, acciones y efectores coordinados y ordenados para lograr un optimo estado de salud de una sociedad”. De acuerdo a Joana Abrisketa: es el Conjunto de infraestructuras sanitarias que, siguiendo una determinada política, tiene como objetivo contribuir a mejorar la salud de la población. El sistema de salud, también llamado sistema sanitario, está constituido por diferentes instituciones, organismos y servicios que, a través de acciones planificadas y organizadas, llevan a cabo una variedad de programas de salud. En otras palabras, los sistemas de salud, son modelos del funcionamiento de la atención de la salud, estructuras organizativas que reflejan la política sanitaria de cada país. Así sostenemos que un sistema de salud se planifica a medida, después de conocer y entender la demandas sanitarias de una población, y teniendo en cuenta sus constantes de variabilidad de acuerdo a la región, la cultura, el tiempo, el medio ambiente, y las barreras sanitarias, entre otras variables que aseguren los principios de atención y una adecuada planificación sanitaria.

Bibliografía 1 – ARRUÑADA (1997) Bases para profesionalizar la Salud Publica 2 – CASADO; SEVILLA; ELOLA (1998) El plan de salud del Ministerio de Sanidad y Consumo 3 – Juan Manuel Diminich (2003) Apunte de Maestría en Gestión Sanitaria. Universidad Iberoamericana. 4 – ABUD HORACION (2012) Apunte de Cátedra de Salud Publica II. Universidad Nacional de La Rioja. La Rioja 5 – Viñas (1993) Curso en Diplomado en Sanidad Pública. Pamplona 6 – SAN MARTIN (1989) Salud Publica y medicina preventiva. Barcelona

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Fundaci贸n para la Democracia y la Participaci贸n


Involucrar # 2 diciembre 2013