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l a primera vista y laamor Los libros son una de las primeras pasiones de los niños. En ellos encuentran una puerta abierta para divertirse mientras recrean sus propias historias de mundos y héroes fascinantes. Por Fátima Cárdenas

Fotos: Cortesía de las autoras y de Prisa Ediciones (Santillana).

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María Fernanda Heredia: “Cuando los padres les leen cuentos a sus hijos, no solo están compartiendo tiempo de lectura sino también un amor expresado con palabras, gestos, historias y diálogos”.

artín tiene 4 años y aunque aún no sabe los nombres de las letras y las fantasías que juntas pueden armar, es ya un lector voraz. Ha aprendido a descubrir el mundo de la literatura de la mano de su madre, a quien cada tarde conquista con una pregunta que suena a propuesta: ¿me cuentas un cuento? —Ahí estaba Pichusa. Más de una vez había viajado en el auto con sus papás de vacaciones, pero hoy era diferente. Esta vez estaba muy contenta porque junto a ella estaba Juanuka, su amiga de siempre… (fragmento de ¡A ganar!, de Verónica Bonilla). Mientras su madre lee, Martín revolotea como una mariposa que acaba de salir de su capullo. Le pide a su vocera que no se detenga, casi le ordena seguir hasta el final. La lectura es solo interrumpida por sus propias preguntas. Cada frase del cuento es el hilo para que Martín reinvente su propia versión. Le gustan las historias de aventuras, aquellas que le hacen imaginarse en lugares que aún no conoce, en las que es niño a plenitud. Según la Unesco, los niveles de lectura en Ecuador, en relación con otros países de Latinoamérica, están entre los más bajos y no responden a las necesidades de

aprendizaje que tienen los niños, niñas y adolescentes del país. Medio libro anual es el promedio de lectura de un ecuatoriano, cuando la cantidad de textos que deberían leerse en el mismo periodo es de 15. Alejados de las cifras, los niños siguen pidiendo cuentos antes de dormir.

Las primeras lecturas: una puerta abierta al mundo La inclinación de los niños hacia los libros es, según María Fernanda Heredia, reconocida autora de textos infantiles, producto de una curiosidad innata. “No necesitamos pedirles que se acerquen a un cuento, que pasen sus páginas o que se fijen en las ilustraciones porque esto surge de manera espontánea. La tarea de convertir esa curiosidad en un vínculo más trascendente con el libro pasa por la lectura compartida con los padres y con los maestros en el aula”, comenta. Entre las páginas de una obra literaria los niños encuentran personajes que se graban en su memoria, a los que emulan cuando juegan con sus amigos “de cole” y a los que quieren parecerse cuando sean grandes. “Platanario es uno de esos actores de libros que les muestran a los pequeños cuán lejos es posible llegar con la imaginación. Puede hacer muchas cosas que un niño quizá no, y que sería muy divertido si las llevara a cabo. Es bueno, tierno, amable y querido; hace travesuras sencillas como botar hojas desde un árbol cada vez que pasa alguien”, así describe Verónica Bonilla


Verónica bonilla: “Creo que la literatura es la mejor forma de enseñarles valores a los niños y ponerlos en contacto con conceptos básicos de vida, como unidad y buena convivencia”.

al extraterrestre que es un ícono en su colección de textos infantiles. Ella se estrenó como cuentacuentos con sus hijas, a quienes cada noche, en la antesala del sueño, contaba historias que devenían en aventuras impresionantes. Cuando las niñas empezaron a pedir que repitiera las historias de días pasados, Verónica comenzó a maquinar la idea de poner por escrito aquellos frutos de su oralidad. Bonilla está convencida de que los textos literarios para niños tienen la función de inculcar en ellos los primeros valores. Con esta certeza, ha incluido en los catorce textos que ha publicado en el último año conceptos de calidad que —según dice— permitirán a los niños empezar a afianzar temas que poco a poco irán transmitiendo a sus padres. Antes de dedicarse de lleno a la literatura, esta autora fue profesora durante 26 años. Hace seis dejó las aulas y se dio

más sensibles de cada creador: su dimensión humana y su genialidad quedan expuestas en cada obra. Entonces, ¿cabe hacer distinciones entre la literatura infantil y la “de adultos”? Burbano responde que “la diferencia con la literatura para adultos radica en que, en el momento de elegir los temas y la manera de abordarlos, nosotros (los escritores) confesamos que seguimos siendo niños”. Fa n t a s e a c o n l l e g a r a l e c t o r e s desde 0 hasta 150 años y ensaya una estrategia. Asegura que lo ideal es fomentar la lectura a partir de la producción de obras de calidad. “Esto nos exige una autocrítica permanente, a fin de garantizar originalidad, vigor intelectual y esplendor estético en nuestras obras”. =

Desempolvando al niño dormido La autora de libros infantiles Ana Catalina Burbano también encontró en su entorno familiar la motivación para empezar a escribir. Su primera obra fue un regalo para su hija. “Siempre estoy hilando alguna historia, pues nunca pierdo la capacidad de soñar y de asombrarme ante las cosas que la vida me depara. Empiezo a escribir cuando escucho que mi alma se pone a cantar”, relata. La literatura infantil comparte con otras artes la capacidad de retratar las esferas

Ana Catalina Burbano: “Describiría al lector infantil ecuatoriano con esperanza, como un lector inteligente, ávido de buenas lecturas, con un gran sentido del humor y extraordinaria sensibilidad”.

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a la tarea de proponer libros en los que las ilustraciones y los colores llamativos dibujen el escenario en el que Platanario y sus amigos descubren su entorno. Actualmente, con la idea de potenciar la imaginación de los niños y de llegar a un público con capacidades especiales, prepara un proyecto de audiolibros. Por su parte, María Fernanda Heredia se refiere al papel de la literatura y recalca la importancia de entregar a los niños obras literarias que aporten información válida en sus etapas de desarrollo. “Para esto creo que más que pedirle a la literatura que enseñe, considero que lo adecuado es pretender que el libro provoque emociones, curiosidad y que plantee temas de discusión en la familia y en el aula”, enfatiza. Para ella la literatura, independientemente del destinatario o el lector, tiene la misión de entretener, gustar y apasionar, y dice no estar de acuerdo con que un libro adoctrine al niño de manera expresa, como un maestro que le dice lo que es correcto o incorrecto. “Creo en la literatura que cuenta historias tan apasionantes que nos conducen directamente a sacar nuestras conclusiones sobre los valores o sobre nuestro papel en el mundo y en la vida”. ¿El libro debe simular una clase de valores? Bonilla responde que no, que de lo que se trata es de plantear las historias de tal manera que sean un espacio para que desde sus primeros años los lectores se entrenen para leer entre líneas, reconocer la riqueza de la diversidad y descubrir la variedad de salidas que puede tener una aventura.

Los niños y la literatura  

Los libros son una de las primeras pasiones de los niños. En ellos encuentran una puerta abierta para divertirse mientras recrean sus propia...