Page 1

11

JUEVES 8 DE JULIO DE 2017, SANTO DOMINGO, R.D. AÑO 2, NÚMERO 100


Poemas de Baldomero FernĂĄndez Moreno Un valle

CrepĂşsculo

Un vallecito verde, muy verde.

Verde, gris, azul, violeta, el cielo es una pizarra para que Dios pinte estrellas.

Cuatro vaquitas pacen pacientes. Tienen de todo: aire, corrientes, cuatro laderas, mucho celeste. Las mariposas las entretienen. Y Dios las vela. Que Dios las vele.

Una estrella Sobre la espuma, sobre la piedra, sobre el asfalto, sobre la hierba, sobre los cardos, sobre las tejas, brilla una estrella, brilla mi estrella. Lleva una malla de oro y de seda. Tiene desnudos brazos y piernas.


Baldomero FernĂĄndez Moreno Escritor argentino nacido en Buenos Aires, en 1886, y fallecido en la misma ciudad, en 1950. Fue mĂŠdico y miembro de la Academia Argentina de Letras.Â


14

Boinayel el llorón y otros cuentos, de Ermelinda Peña. Por Karina Castillo

Contar historias es un arte, y definitivamente Ermelinda Peña lo tiene. Este se hace evidente en su libro Boinayel el llorón y otros cuentos. Nuestra autora es capaz de transformar hechos y leyendas de nuestra cultura en algo nuevo y atractivo. En la historia titulada igual que el libro, vemos a los “tainitos”, como ella les llama, a los que“les gusta cazar y pescar, bañarse en el río, recolectar frutas y entretenerse“, haciendo cosas con el barro. Aquí la escritora presenta a los pequeños aborígenes como a todos los niños,que son capaces de jugar, divertirse y crear a través de sus pinturas en las cuevas. Además, hasta negocian con el dios de la lluvia, para que en vez de ser un malcriado que arruine sus dibujos, sea un aliado a favor de la cosecha. En La ciguapa, los niños tratan de buscarle ayuda, para enderezarle los pies, aunque quizás lo mejor sería aceptarla tal y como es. Por otra parte, en El payaso desordenado se evidencia cómo podemos complementarnos con nuestras diferencias. Aquí nos habla del payaso Pito que dejó sus zapatos y su “nariz” botados, y de su hermana Pili quien, “como no se ofuscaba, buscó con inteligencia”, hasta encontrarlos. Pito entonces aprendió su lección, y cantó y bailó esta canción: “Soy un niño muy ordenado, guardo mis zapatos de payaso, mi uniforme y nariz en el armario, bien trancado donde los ratones no lo vayan a roer”. En la hilarante historia titulada El lagarto Alberto, este y el niño Jefferson,

aprenden el balance entre el juego y la responsabilidad, mientras se hacen grandes amigos. En Una gallina que no sabe contar, ni siquiera a sus polluelos, se muestran los sonidos de animales, pero también se practica la solidaridad cuando un niño, además de los números, le enseña los colores a la protectora madre alada. Una paradoja de la vida se refleja en la última historia, que trata acerca de una niña que anhelaba ir a la escuela, pero no podía por falta de recursos. Una amable señora la descubre escribiendo con un palito (como si así quisiera practicar y no olvidar esta destreza), y piensa en sus hijos que no viven en escasez y se quejan tanto de tener que estudiar. Y es así como la niña recibe la sorpresa de su vida: una mochila llena de libros y útiles escolares, que le sirven para asistir a clases, por lo que ella y su familia se llenan de alegría. Las historias de Ermelinda Peña poseen una gran creatividad y pasión por los niños. Son divertidas, pensadas desde el punto de vista de los pequeños y transmiten una enseñanza para todos, sin llegar a sermonear. Esperamos que la visión de la autora sea una motivación para que se continúe escribiendo por y para los más jóvenes y, como en el caso de este libro, alcance a lectores de cualquier edad.

Fuaquitin edicion 126  
Fuaquitin edicion 126  
Advertisement