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Fue entonces que se dio cuenta que estaba en la luna, así es, literalmente en la luna. Se rascó la cabeza y comenzó a dar un paseo viendo la manera de volver a alguna ensoñación anterior rodeado de flores o viviendo de una fortuna millonaria. Pero no, seguía en la luna y con un pensamiento constate sobre amores medianamente realizables, a veces felices pero breves. –Oh! Amada enemiga mia- repitió unas 33.33333 veces para sí mismo, cuando de por ahí y generado por vago recuerdo de una canción y/ó cuento se dio cuenta que estaba siendo observado por un conejo azul.

continua en la pagina 25.


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