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14 | frente | crónica | del 28 de agosto al 10 de septiembre de 2014

El espíritu de la Escandón

C crónica

Por Emmanuel Ordóñez Angulo

La

Los fantasmas del siglo XIX primera vez que alguien reconoció el nombre de mi colonia lo mandé a chindeambulan por una de las colonias más gar a su madre. Yo tenía unos quince emblemáticas de la ciudad de México. Aquí un descenso a su centro. años. Él dijo: “Ah, la Esladrón”. Me encendí.

fotos: cucho jiménez

A los pocos meses me pasó el único asalto de mi vida, a cuatro cuadras de mi casa. Luego le pasó a mi hermano, y después me enteré de varios más. Algunas veces, cuando intento explicarle a alguien la Escandón, la he comparado con Villa Crespo en Buenos Aires o con Kreuzberg en Berlín. Queda claro que semejantes declaraciones son como llamarle a Xochimilco “la Venecia mexicana”, pero creo que son justas. La primera comparación se me ocurrió porque ambos barrios están inmediatos al centro chic de la ciudad, y de él comparten lo mejor y se ahorran lo peor. La segunda, porque ambos barrios son zonas hasta hace poco populares, recientemente aburguesadas. En estos diez años (ahora tengo veinticinco), mucho ha cambiado. La Escandón ya está bien fresa: hay cafés y bares nuevos, edificios tipo loft, restaurantes de cocina fusión. Pero basta caminar media cuadra desde cualquiera de estos lugares a altas horas de la noche para pasar por una vecindad y sentirse seguido por un cholo. Sigue siendo la Esladrón. A todo el que vive aquí le toca, no es cuestión de si pasa, sino de cuándo: “Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”.

Emmanuel Ordóñez Angulo (México DF, 1988) es escritor y cineasta. Sus textos han aparecido en Icónica, Letras Libres y Transeunte.org. Sus cortometrajes, en televisión nacional (Canal 22, Canal 40) y festivales de cine (Festival Kinoki, Muestra Internacional de Cine y Derechos Humanos).

Edificio Martí

* Primer círculo * Hay un limbo que rodea a la colonia y en el que no se sabe si se está todavía en la Escandón o,segúncorresponda,enlaCondesa,enlaRoma, en Tacubaya o en la Nápoles. Caminar por las calles fronterizas no es realmente caminar por la Escandón, sino cruzar su umbral. En una de ellas, Bajío, espero a Amanda, Isabel y José Antonio. Prometí un tour de los círculos de este “barrio viejo con cierta tradición literaria” para matar el último día de descanso. Felizmente, la espera no es larga. Esta puerta tiene sus cerberos: travestis en busca de un Heracles con lana y ganas. Una vez un amigo y yo paramos aquí un momento el coche, de vuelta de una peda. “¿Cuánto cobras, guapa?”. Una de ellas se asomó, sonrió y nos dio la espalda. Ni siquiera contestó. Los cerberos tienen buen olfato. *Segundo círculo* Empezamos por la segunda sección de la Escandón, que es airosa, una dama vieja con cierta vitalidad y elegancia. Nos deslizamos por la entrada del Edificio Martí tras una

primera prueba: una mujer que pregunta qué hacemos ahí y si tenemos permiso para hacerlo. Miento sin chistar y Amanda comenta mi poco pudor. No sé si le estoy dando una buena o una mala impresión: es la segunda vez que la veo desde la fiesta donde la conocí. Es difícil para un ignorante de la arquitectura decir otra cosa sobre este mastodonte salvo que es grande y art decó. Se sugieren varias teorías: José Antonio adivina que fue un convento marista; Isabel, que fue una escuela convento; Amanda relaciona la torre de escaleras con el panóptico de Foucault. En el futuro sabré que el edificio fue directamente concebido para departamentos. Para variar, las teorías hablan más sobre los sujetos que sobre el objeto. (Yo no adiviné nada.)

*Tercer círculo* Lo de “tradición literaria” lo dije para vender la idea y me creyeron, pero no es del todo falso. Escuché nombrar la Escandón por primera vez en una letra setentera de Chava Flores. “Los quince años de Espergencia” es una canción agridulce, que cuenta la fiesta de quince años de una chica que no los festejó hasta a los treinta. Dice la letra: “¡Sea por Dios, que vengan chambelanes y damas de honor! Sofanor se trajo los galanes de allá de Escandón, y Leonor que trae quince muchachas”. En el imaginario popular, la Escandón es cuna de guapos. Bajo uno de sus álter ego literarios, Guillermo Fadanelli recorre la colonia siempre en calidad de sombra tambaleante. Algunos de sus personajes se envenenan en las mesas más apartadas de las cantinas y las marisquerías (con alcohol, con camarones pasados), en pequeños grupos pero de preferencia solos. A veces crudos. Otras, todavía borrachos. El Fuerte de la Colonia es una de estas cantinas y está frente al mercado. Desde la esquina un par de parroquianos que ya empezaron la fiesta nos saludan o nos amenazan. Ya adentro, somos los únicos clientes. El lugar es muy viejo pero de remodelación reciente: amplio y refrescantemente mediocre, un oasis en el desierto del interiorismo esnob. Tras dos tragos y platillos (buenísimos), las chicas van al baño. En un minuto le explico a José Antonio quién es Amanda y por qué no vino Natalie y él me actualiza en sus intimidades. Yo soy el que está de frente, pero no me doy cuenta cuando ellas están casi sentadas de nuevo, así que maniobramos para terminar una conversación falsa, risas finales y todo. Cuando salimos, hay muchos más comensales y el sol está más bajo. En un lugar sin ventanas y con comida y bebida

Frente 141  

La Ciudad de FRENTE periódico quincenal cultural gratuito de la Ciudad de México. Del 28 de agosto al 10 de septiembre

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