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PROVINCIA SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA Secretariado de Pastoral Juvenil y Vocacional cole s Re stino s Agu e n e v Jó

creo PARA VIVIR EL AÑO DE LA FE COMO JÓVENES AGUSTINOS RECOLETOS

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presentación

Llegamos tarde

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Cuando uno comienza a correr una maratón, debe ir regulando las fuerzas y el aire para poder llegar a la meta. Si se empieza a correr con toda la potencia, seguramente, a mitad de carrera van a empezar a fallar las fuerzas y, tristemente tendrá que abandonar la competencia. Hoy llega a tus manos el subsidio “CREO. PARA VIVIR EL AÑO DE LA FE COMO JÓVENES AGUSTINOS RECOLETOS”. La pregunta de título tiene sus motivos. Uno podría cuestionar el por qué aparece este subsidio a esta altura, cuando ya casi llevamos medio año transitando el Año de la Fe. Porque tal vez comenzamos el Año de la Fe con mucha ilusión, pero corremos el riesgo de “bajar la guardia” a mitad de camino. Justamente cuando estamos promediando este año tan particular en la Iglesia, queremos retomar el ímpetu del comienzo y poder terminarlo lleno de frutos y con una fe más madura, formada y contagiosa. Por tanto, ante la pregunta del título, la respuesta es NO; llegamos a tiempo y queremos aprovecharlo al máximo. El Proyecto Provincial “JERUSALÉN” tiene como objetivo para este año 2013, en el área de la Pastoral Juvenil y Vocacional, “Propiciar en los jóvenes la vivencia personal, comunitaria y eclesial del Año de la Fe; revitalizar en ellos su compromiso bautismal para que se sientan involucrados en la misión evangelizadora de la Iglesia a la luz del carisma agustino recoleto”. Para lograr este objetivo, una de las actividades propuestas es, ni más ni menos, que este subsidio que hoy ve la luz. En él encontrarás materiales abundantes para vivir lo que queda del Año de la Fe, desde distintos aspectos. Hallarás una sección introductoria en la que podrás abordar los contenidos esenciales del Año de la Fe a través de la Carta Apostólica de S. S. Benedicto XVI “Porta Fidei”, por la que se convoca el Año de la Fe y algunas sugerencias para vivirlo en nuestra Pastoral Juvenil. En la sección “El Año de la Fe y la Palabra de Dios” encontrarás 8 esquemas de Lectio Divina centradas en personajes bíblicos testigos de la fe. Como Jóvenes Agustinos Recoletos, queremos descubrir el pensamiento de San Agustín acerca de la fe. Su itinerario en el descubrimiento de la fe nos ayudará a pensar y transitar el nuestro. Te regalamos 280 frases del Santo Doctor para que iluminen tu caminar de fe y, también, entres en contacto con su obra. El Papa Benedicto XVI insistía, en la Carta Porta Fidei, en que los católicos profundizáramos en el Credo, el Símbolo de la Fe. Aquí encontrarás catequesis para profundizar en cada artículo de la fe que contiene el Credo. Uno de los motivos de la proclamación del Año de la Fe es el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y el 20º aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica, por Juan Pablo II. Es la sección correspondiente hallarás información sobre lo que significaron estos acontecimientos histórico y esquemas para abordar los documentos más importantes del Concilio y el Catecismo. Y para terminar, una sección del Año de la Fe y la Jornada Mundial de la Juventud, ya que será el evento juvenil más importante del año; y una sección litúrgica donde podrás realizar la peregrinación de la vías de la fe, para ganar la indulgencia de este año, y una adoración eucarística. Tal vez sea mucho y no termines de trabajar este subsidio cuando se haya acabado el Año de la Fe. Lo importante será que puedas aprovecharlo al máximo y que tu fe se vea formada y fortalecida, más allá de los límites de este año de gracia. Y que pueda ayudarte a darle gracias a Dios por haberte bendecido con el don de la fe; y que siempre tengas tu mirada puesta en Jesucristo, el autor y consumador de nuestra fe (Cfr. Heb 12, 2).

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el a単o de la

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esquema de la carta apostólica

de s.s. benedicto xvi, con la que se convoca el año de la fe

INTRODUCCIÓN: Redescubrir el gusto de la fe 1. La fe es la puerta que nos introduce a creer en Dios y a vivir con Dios. 2. A veces nos preocupamos de las consecuencias sociales, culturales y políticas de la fe, pero no tanto en transmitirla. La cultura ha perdido sus referencias cristianas. 3. “No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta”. “Urge redescubrir el gusto de alimentarse de la Palabra de Dios”. UN AÑO DE LA FE, AL CUMPLIRSE EL 50º ANIVERSARIO DEL CONCILIO VATICANO II Y EL 20º ANIVERSARIO DE LA PUBLICACIÓN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. 4. A la luz de todo esto, como el 11 de octubre de 2012 se cumple el 50º aniversario del Concilio Vaticano II y el 20º aniversario del Catecismo de la Iglesia Católica, el Papa convoca: - un Año de la Fe, entre el 11 de octubre de 2012 y el 24 de noviembre de 2013 (Cristo Rey). - y un Sínodo sobre la Nueva Evangelización (octubre de 2012). Pablo VI también convocó un Año de la Fe, en 1967, para conmemorar el XIXº centenario del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, y promulgo entonces el Credo del Pueblo de Dios. 5. Es una ocasión propicia para recordar el valor de los textos conciliares. Es preciso leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados. Son “una brújula para orientarnos en el camino del siglo que empieza” (Juan Pablo II). 6. La Iglesia peregrina en el mundo y, “abrazando a los pecadores, es santa y siempre necesitada de purificación”. Por eso, “el Año de la Fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor”. 7. “La caridad de Cristo nos urge”, nos envía. Quiere abrazar a todos. Es necesario: - un compromiso eclesial más convencido a favor de la Nueva Evangelización, - redescubrir la alegría de creer, - y encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. EL CAMINO QUE VAMOS A RECORRER 8-9. Invitación a toda la Iglesia a rememorar la fe, reflexionar sobre ella y confesarla en la iglesias, en las casa de las familias. Conocer mejor lo que es la fe, redescubrir sus contenidos, confesarla y celebrarla en la liturgia, y testimoniarla públicamente. 10. Primero hay que entender bien lo que es la fe. Es necesario comprender los contenidos de la fe y el acto de fe con el que decidimos entregarnos totalmente y con plena libertad de Dios. San Pablo expresa: “Con el corazón se cree y con los labios se profesa” (Rm 10, 10). El primer acto con el que se llega a la fe es don de Dios y acción de la gracia. El conocimiento de los contenidos que se 6


han de creer no es suficiente si después el corazón no está abierto a la gracia. “Profesar con la boca” indica que la fe implica un testimonio y un compromiso público. La fe, precisamente porque es un acto de libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree. La misma profesión de fe es un acto público y comunitario. El conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento; es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. Muchos todavía no reconocen en ellos el don de la fe, pero buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico “preámbulo de la fe”. 11-12. El Catecismo de la Iglesia Católica es un instrumento válido para conocer los contenidos de la fe. 13. Es un año para recordar nuestra historia, donde se entrecruzan santidad y pecado. Debemos aprender a imitar los ejemplos de santidad y purificarnos del pecado. Eso es la conversión. El centro de la santidad es Cristo. 14. El testimonio de la fe debe ir acompañado con el testimonio de la caridad. CONCLUSIÓN 15. Invitación a todos a buscar la fe, la relación con Cristo, para ser signos nuevos de la presencia de Cristo Resucitado. La fe puede pasar por pruebas. María es maestra de fe.

Para acceder al texto completo de la Carta Apostólica Porta Fidei recomendamos visitar la página web de la Santa Sede: www.vatican.va

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la carta apostólica “PORTA FIDEI” EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS

1.- ¿QUÉ SIGNIFICA PORTA FIDEI? Es una expresión latina que significa “puerta de la fe” y está tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles 14, 27, donde se lee: “Pablo y Bernabé a su llegada reunieron a la iglesia y se pusieron a contar todo cuanto dios había hecho juntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe”. 2.- ¿POR QUÉ SE HABLA DE LA FE COMPARÁNDOLA CON UN UNA PUERTA? Se utiliza la imagen de la puerta para describir lo que es la fe por cuanto una puerta es una abertura que nos permite ingresar a algún lugar. En el caso de la puerta de la fe, al atravesarla, nos “introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia” Y un detalle no menor es que esta puerta está siempre abierta para nosotros. 3.- ¿CÓMO SE CRUZA LA PUERTA DE LA FE? Cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Con esto se nos dice que creer es atravesar la puerta de la fe. Implica aceptar con el corazón la Palabra de Dios y dejarse cambiar por ella. 4.- ¿Y QUÉ PASA CUANDO CRUZAMOS LA PUERTA? Se emprende un camino que dura toda la vida. Este empieza con el bautismo, con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en Él. O Sea que la fe no es algo de un momento sino un camino de toda la vida; es una forma de caminar por la vida teniendo como meta la eternidad. 5.- LOS HOMBRES DE HOY, ¿BUSCAN CRUZAR ESTA PUERTA DE LA FE Y EMPRENDER ESTE CAMINO? La verdad es que “hoy no parece que sea así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una crisis profunda de fe que afecta a muchas personas”. 6.- ¿Y QUÉ TENEMOS QUE HACER ANTE ESTA CRISIS DE FE? En primer lugar “redescubrir nosotros el camino de la fe para poder iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo”. En segundo lugar “no podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta. Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente. Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos de la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos. 7.- ¿ES POR ESO QUE SE CONVOCA ENTONCES A UN AÑO DE LA FE? Sí, en primer lugar es por esto. Y también porque cumplen aniversario dos acontecimientos muy importantes para la fe de la Iglesia y que se deben celebrar. - 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. 8


- 20º aniversario del Catecismo de la Iglesia Católica. 8.- ¿CUÁNDO COMENZÓ Y CUÁNDO TERMINA ESTE AÑO DE LA FE? + Comenzó el 11 de octubre de 2012, en el cincuentenario de la apertura del Concilio. + Terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. 9.- ¿ES POR ALGO ESPECIAL QUE EL AÑO DE LA FE COMENZARÁ CON EL 50º ANIVERSARIO DEL CONCILIO VATICANO II? Sí, pues “puede ser una ocasión propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II “no pierden su valor ni su esplendor”. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. Dice el Papa Benedicto XVI, “siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza”. 10.- ¿HAY ADEMÁS ALGÚN OTRO ACONTECIMIENTO IMPORTANTE? Sí, cuando comenzó el Año de la Fe se realizó, en la Basílica de San Pedro, el Sínodo de los Obispos (7 al 28 de octubre) con el tema La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana, que fue y es una buena ocasión para introducir a todo el cuerpo eclesial en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe 11.- ¿HUBO ALGÚN OTRO AÑO DE LA FE? Sí, el Siervo de Dios Pablo VI, proclamó uno parecido en 1967, para conmemorar el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en el décimo noveno centenario de su supremo testimonio 12.- ADEMÁS DE REDESCUBRIR LOS DOCUMENTOS DEL C.V.II ¿A QUÉ SE NOS INVITA? ! A la conversión: el Año de la Fe es una Invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. ! A la Nueva Evangelización: para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. ! A reflexionar nuestra fe: para ayudar a todos los creyentes a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa. ! A confesar públicamente nuestra fe en el Señor Resucitado: toda la Iglesia en este Año encontrará la manera de profesar públicamente el CREDO. ! A confesar personalmente nuestra fe: este Ano ha de suscitar en todo creyente la aspiración de confesar la fe con plenitud y renovada convicción. ! A celebrar en la liturgia nuestra fe: intensificando la celebración de la fe en la liturgia, particularmente en la Eucaristía ! A dar testimonio de nuestra fe: se espera que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. ! A redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada: compromiso unánime para estudiar los contenidos fundamentales sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo. ! A reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree. ! Intensificar el testimonio de la caridad. 13.- ¿A QUÉ HACE REFERENCIA EL PAPA CUANDO DISTINGUE EL ACTO DE FE Y LOS CONTENIDOS DE FE? La fe implica estas dos dimensiones: el acto de creer, o sea el acto con el que decidimos entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios; y los contenidos en los que creemos. Pero no olvidemos que existe una unidad profunda entre el acto con el que se cree y los contenidos a los que prestamos asentimiento. La fe como confianza personal en el Señor y la fe que profesamos en el Credo son inseparables, se evocan y se exigen mutuamente. El apóstol Pablo nos ayuda a entrar dentro de esta realidad cuando escribe: “con el corazón se cree y con los labios se profesa” (Rm 10,10). 9


14.- ¿HAY ALGÚN EJEMPLO QUE NOS AYUDE A ENTENDER ESTA EXPRESIÓN “CON EL CORAZÓN SE CREE”? Sí, el ejemplo de Lidia es muy elocuente. Cuenta san Lucas que Pablo, mientras se encontraba en Filipos, fue un sábado a anunciar el Evangelio a algunas mujeres; entre estas estaba Lidia y el “Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo” (Hch 16,14). El sentido que encierra esta expresión es importante. San Lucas enseña que el conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si después el corazón, auténtico sagrario de la persona, no está abierto por la gracia que permite tener ojos para mirar con profundidad y comprender que lo que se ha anunciado es Palabra de Dios. 15.- ¿Y QUÉ SIGNIFICA QUE “CON LOS LABIOS SE PROFESA LA FE”? Indica que la fe implica un testimonio y un compromiso público. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Señor y vivir con Él. La misma profesión de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. En efecto, el primer sujeto de la fe es la Iglesia. En la fe de la comunidad cristiana cada uno recibe el bautismo, signo eficaz de la entrada en el pueblo de los creyentes para alcanzar la salvación. 16.- ¿EL CONOCIMIENTO DE LOS CONTENIDOS DE LA FE ES IMPORTANTE PARA EL QUE CREE? Es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salvífico revelado por Dios. El asentimiento que se presta implica tanto que, cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la fe, ya que quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su misterio de amor. 17.- ¿Y DÓNDE PUEDO ENCONTRAR UNA PRESENTACIÓN COMPLETA DE LOS CONTENIDOS DE LA FE? Todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. Al respecto escribía el beato Juan Pablo II: “Este Catecismo es una contribución importantísima a la obra de la renovación de la vida eclesial… lo declaro como regla segura para la enseñanza de la fe y como instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial”. 18.- ¿Y EL TESTIMONIO DE LOS CREYENTES A LO LARGO DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA NOS PUEDE AYUDAR? • El testimonio de la vida de fe de María: como fiel oyente y obediente receptora de la Palabra de Dios. • La fe de los Apóstoles, quienes dejaron todo para seguir al Señor y sin temor alguno anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron fieles testigos. • La fe de los primeros discípulos que formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los apóstoles. • La fe de los mártires quienes entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio. • La fe de hombres y mujeres que han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica los votos de castidad, pobreza y obediencia. • La fe de muchos cristianos que han promovido acciones a favor de la justicia haciendo concreta la Palabra del Señor que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos. • La fe de hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida, que han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos. 19.- ¿QUÉ RELACIÓN TIENE LA FE CON LA CARIDAD? La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe seria un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado.

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20.- ¿QUÉ RELACIÓN TIENE LA FE CON LA ESPERANZA, CON EL FUTURO? Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando “unos cielos nuevos y una tierra nueva en donde habite la justicia” la fe nos permite esperar con confianza en el Amor de Dios. Por eso que este Año de la Fe haga cada vez mas fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero. 21.- ¿ALGUNA ÚLTIMA RECOMENDACIÓN NOS HACE EL PAPA PARA TERMINAR? Sí, como el apóstol Pablo, llegados sus últimos días, pidió al discípulo Timoteo que buscara la fe con la misma constancia de cuando era niño. Escuchemos esta invitación como dirigida a cada uno de nosotros, para que nadie se vuelva perezoso en la fe. Ella es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual. Por último, confiemos a la Madre de Dios, proclamada bienaventurada porque ha creído, este tiempo de gracia.

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carta del cardenal jorge mario bergoglio al comenzar el año de la fe Queridos hermanos: Entre las experiencias más fuertes de las últimas décadas está la de encontrar puertas cerradas. La creciente inseguridad fue llevando, poco a poco, a trabar puertas, poner medios de vigilancia, cámaras de seguridad, desconfiar del extraño que llama a nuestra puerta. Sin embargo, todavía en algunos pueblos hay puertas que están abiertas. La puerta cerrada es todo un símbolo de este hoy. Es algo más que un simple dato sociológico; es una realidad existencial que va marcando un estilo de vida, un modo de pararse frente a la realidad, frente a los otros, frente al futuro. La puerta cerrada de mi casa, que es el lugar de mi intimidad, de mis sueños, mis esperanzas y sufrimientos así como de mis alegrías, está cerrada para los otros. Y no se trata sólo de mi casa material, es también el recinto de mi vida, mi corazón. Son cada vez menos los que pueden atravesar ese umbral. La seguridad de unas puertas blindadas custodia la inseguridad de una vida que se hace más frágil y menos permeable a las riquezas de la vida y del amor de los demás. La imagen de una puerta abierta ha sido siempre el símbolo de luz, amistad, alegría, libertad, confianza. ¡Cuánto necesitamos recuperarlas! La puerta cerrada nos daña, nos anquilosa, nos separa. Iniciamos el Año de la fe y paradójicamente la imagen que propone el Papa es la de la puerta, una puerta que hay que cruzar para poder encontrar lo que tanto nos falta. La Iglesia, a través de la voz y el corazón de Pastor de Benedicto XVI, nos invita a cruzar el umbral, a dar un paso de decisión interna y libre: animarnos a entrar a una nueva vida.La puerta de la fe nos remite a los Hechos de los Apóstoles: “Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe” (Hechos 14, 27). Dios siempre toma la iniciativa y no quiere que nadie quede excluido. Dios llama a la puerta de nuestros corazones: Mira, estoy a la puerta y llamo, si alguno escucha mi voz y abre la puerta entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo (Ap. 3, 20). La fe es una gracia, un regalo de Dios. “La fe sólo crece y se fortalece creyendo; en un abandono continuo en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios” Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida mientras avanzamos delante de tantas puertas que hoy en día se nos abren, muchas de ellas puertas falsas, puertas que invitan de manera muy atractiva pero mentirosa a tomar camino, que prometen una felicidad vacía, narcisista y con fecha de vencimiento; puertas que nos llevan a encrucijadas en las que, cualquiera sea la opción que sigamos, provocarán a corto o largo plazo angustia y desconcierto, puertas autorreferenciales que se agotan en sí mismas y sin garantía de futuro. Mientras las puertas de las casas están cerradas, las puertas de los shoppings están siempre abiertas. Se atraviesa la puerta de la fe, se cruza ese umbral, cuando la Palabra de Dios es anunciada y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Una gracia que lleva un nombre concreto, y ese nombre es Jesús. Jesús es la puerta. (Juan 10, 9) “Él, y Él solo, es, y siempre será, la puerta. Nadie va al Padre sino por Él (Jn 14.6)”. Si no hay Cristo, no hay camino a Dios. Como puerta nos abre el camino a Dios y como Buen Pastor es el Único que cuida de nosotros al costo de su propia vida. Jesús es la puerta y llama a nuestra puerta para que lo dejemos atravesar el umbral de nuestra vida. No tengan miedo… abran de par en par las puertas a Cristo nos decía el Beato Juan Pablo II al inicio de su pontificado. Abrir las puertas del corazón como lo hicieron los discípulos de Emaús, pidiéndole que se quede connosotros para que podamos traspasar las puertas de la fe y el mismo Señor nos lleve a comprender las razones por las que se cree, para después salir a anunciarlo. La fe supone decidirse a estar con el Señor para vivir con él y compartirlo con los hermanos. Damos gracias a Dios por esta oportunidad de valorar nuestra vida de hijos de Dios, por este camino de fe que 12


empezó en nuestra vida con las aguas del bautismo, el inagotable y fecundo rocío que nos hace hijos de Dios y miembros hermanos en la Iglesia. La meta, el destino o fin es el encuentro con Dios con quien ya hemos entrado en comunión y que quiere restaurarnos, purificarnos, elevarnos, santificarnos, y darnos la felicidad que anhela nuestro corazón. Queremos dar gracias a Dios porque sembró en el corazón de nuestra el deseo de contagiar y dar a manos abiertas este don del Bautismo. Iniciar este año de la fe es una nueva llamada a ahondar en nuestra vida esa fe recibida. Profesar la fe con la boca implica vivirla en el corazón y mostrarla con las obras: un testimonio y un compromiso público. El discípulo de Cristo, hijo de la Iglesia, no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. Desafío importante y fuerte para cada día, persuadidos de que el que comenzó en ustedes la buena obra la perfeccionará hasta el día, de Jesucristo. (Fil.1:6) Mirando nuestra realidad, como discípulos misioneros, nos preguntamos: ¿a qué nos desafía cruzar el umbral de la fe? Cruzar el umbral de la fe nos desafía a descubrir que si bien hoy parece que reina la muerte en sus variadas formas y que la historia se rige por la ley del más fuerte o astuto y si el odio y la ambición funcionan como motores de tantas luchas humanas, tambiénestamos absolutamente convencidos de que esa triste realidad puede cambiar y debe cambiar, decididamente porque “si Dios está con nosotros ¿quién podrá contra nosotros? (Rom. 8:31,37) Cruzar el umbral de la fe supone no sentir vergüenza de tener un corazón de niño que, porque todavía cree en los imposibles, puede vivir en la esperanza: lo único capaz de dar sentido y transformar la historia. Es pedir sin cesar, orar sin desfallecer y adorar para que se nos transfigure la mirada. Cruzar el umbral de la fe nos lleva a implorar para cada uno “los mismos sentimientos de Cristo Jesús”(Flp. 2, 5) experimentando así una manera nueva de pensar, de comunicarnos, de mirarnos, de respetarnos, de estar en familia, de plantearnos el futuro, de vivir el amor, y la vocación. Cruzar el umbral de la fe es actuar, confiar en la fuerza del Espíritu Santo presente en la Iglesia y que también se manifiesta en los signos de los tiempos, es acompañar el constante movimiento de la vida y de la historia sin caer en el derrotismo paralizante de que todo tiempo pasado fue mejor; es urgencia por pensar de nuevo, aportar de nuevo, crear de nuevo, amasando la vida con “la nueva levadura de la justicia y la santidad”. (1 Cor 5, 8) Cruzar el umbral de la fe implica tener ojos de asombro y un corazón no perezosamente acostumbrado, capaz de reconocer que cada vez que una mujer da a luz se sigue apostando a la vida y al futuro, que cuando cuidamos la inocencia de los chicos garantizamos la verdad de un mañana y cuando mimamos la vida entregada de un anciano hacemos un acto de justicia y acariciamos nuestras raíces. Cruzar el umbral de la fe es el trabajo vivido con dignidad y vocación de servicio, con la abnegación del que vuelve una y otra vez a empezar sin aflojarle a la vida, como si todo lo ya hecho fuera sólo un paso en el camino hacia el reino, plenitud de vida. Esla silenciosa espera después de la siembra cotidiana, contemplar el fruto recogido dando gracias al Señor porque es bueno y pidiendo que no abandone la obra de sus manos. (Sal 137) Cruzar el umbral de la fe exige luchar por la libertad y la convivencia aunque el entorno claudique, en la certeza de que el Señor nos pide practicar el derecho, amar la bondad, y caminar humildemente con nuestro Dios. (Miqueas 6, 8) Cruzar el umbral de la fe entraña la permanente conversión de nuestras actitudes, los modos y los tonos con los que vivimos; reformular y no emparchar o barnizar, dar la nueva forma que imprime Jesucristo a aquello que es tocado por su mano y su evangelio de vida, animarnos a hacer algo inédito por la sociedad y por la Iglesia; porque “El que está en Cristo es una nueva criatura”. (2 Cor 5,17-21) Cruzar el umbral de la fe nos lleva a perdonar y saber arrancar una sonrisa, es acercarse a todo aquel que vive en la periferia existencial y llamarlo por su nombre, es cuidar las fragilidades de los más débiles y sostener sus rodillas vacilantes con la certeza de que lo que hacemos por el más pequeño de nuestros hermanos al mismo Jesús lo estamos haciendo. (Mt. 25, 40) 13


Cruzar el umbral de la fe supone celebrar la vida, dejarnos transformar porque nos hemos hecho uno con Jesús en la mesa de la eucaristía celebrada en comunidad, y de allí estar con las manos y el corazón ocupados trabajando en el gran proyecto del Reino: todo lo demás nos será dado por añadidura. (Mt. 6.33) Cruzar el umbral de la fe es vivir en el espíritu del Concilio y de Aparecida, Iglesia de puertas abiertas no sólo para recibir sino fundamentalmente para salir y llenar de evangelio la calle y la vida de los hombres de nuestros tiempo. Cruzar el umbral de la fe para nuestra Iglesia, supone sentirnos confirmados en la Misión de ser una Iglesia que vive, reza y trabaja en clave misionera. Cruzar el umbral de la fe es, en definitiva, aceptar la novedad de la vida del Resucitado en nuestra pobre carne para hacerla signo de la vida nueva. Meditando todas estas cosas miremos a María, Que Ella, la Virgen Madre, nos acompañe en este cruzar el umbral de la fe y traiga sobre nuestra Iglesia el Espíritu Santo, como en Nazaret, para que igual que ella adoremos al Señor y salgamos a anunciar las maravillas que ha hecho en nosotros.

1 de Octubre de 2012 Fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.

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aportes clave de la carta “porta fidei” a la pastoral juvenil

Estos son dos aportes para la reflexión de la Carta Apostólica del Papa Benedicto XVI, para “abrir las puertas de la fe” a los jóvenes. Al hacer vida estos mensajes, los jóvenes podrán atravesar la puerta de la fe, para seguir un camino que será motivo de paz, gozo y libertad. 1. ANUNCIAR Y ENCARNAR LA PALABRA DE DIOS EN LA VIDA DE LOS JÓVENES Jesús, “que inició y completa nuestra fe” (Hb 12, 2), debe estar en el centro de este Año de la Fe. La Pastoral Juvenil ha de esforzarse para que los jóvenes centren su vida en Jesús, el único que puede dar “cumplimiento a todo afán y todo anhelo del corazón” . Como dice el Santo Padre: «”Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada” (2Tes 3, 1): que este Año de la Fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo. El Señor, pues sólo en Él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y verdadero» . Un verdadero encuentro con Jesús siempre lleva a querer conocerlo como los apóstoles (Jn 1, 38); a tener una conversión auténtica y renovada, viéndolo como el Señor, el único Salvador del mundo, mediante el misterio de su muerte y resurrección, en el cual nos reveló en plenitud el Amor que salva y llama a toda persona a la conversión de vida mediante el perdón de los pecados (Hch 5, 31) . Para ello, hay que sentarse a sus pies a escuchar su Palabra, como María, la hermana de Lázaro (Lc 10, 39) y llegar a tener una relación tan estrecha con él, que podamos recostarnos en su hombro y hacerle las preguntas que nacen de nuestro corazón, como lo hizo el discípulo amado (Jn 13, 23). Éste es el 15


camino de la paz interior; de dejar de inquietarnos por tantas cosas vanas y confiar en Dios lo más importante: nuestra vid (Jn 14, 1). Uno de los medios principales para acercarnos y conocer a Cristo es descubrir el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios y el Pan de la Vida, adquiriendo así el alimento que no perece, sino que perdura hasta la vida eterna (Jn 6, 27. 51). En los Evangelios encontramos el tesoro que nos comparten los evangelistas, para poder ver con los ojos de la fe a quien transformó la vida de los discípulos y quien entregó su vida por la humanidad. Esta riqueza nos invita a evangelizar; a llevar la Buena Nueva de Jesús a más jóvenes . 2. PORMOVER UNA “NUEVA EVANGELIZACIÓN” PARA ADQUIRIR UNA “VIDA NUEVA” La última vez que la Iglesia celebró un Año de la Fe fue en 1967, cuando los jóvenes de hoy eran aún un proyecto de Dios. Sin embargo, las palabras del Papa Pablo VI en aquel entonces, siguen siendo válidas hoy: «[Se trata de hacer] “una auténtica y sincera profesión de la misma fe… confirmada de manera individual y colectiva, libre y consciente, interior y exterior, humilde y franca… para reanimarla, para purificarla, para confirmarla y para profesarla”» . El ideal se mantiene constante, para ser vivido por la juventud actual en su acontecer histórico y cultural. Es un reto viejo y nuevo a la vez, para ser enfrentado como Iglesia durante el Año de la Fe. Parte importante del caminar actual en la fe lo marca el pasado Sínodo sobre la Nueva Evangelización, el cual pretende redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. El Sínodo pide un especial discernimiento de los signos de los tiempos y de la identificación de los esfuerzos evangelizadores que están dando frutos en el mundo actual. Esta Nueva Evangelización es una actividad propia de la juventud, que vive con intensidad la realidad de su momento histórico y tiene una capacidad creativa para encontrar maneras de responder a ella. De ahí que la juventud esté llamada a ser artífice de la renovación de la comunidad eclesial, con sus ideales, energías y acción, lo que implica un conocimiento profundo de su fe y la expresión de ésta mediante palabras, estilo de vida y acciones; con nuevo ardor, nuevos métodos y nueva expresión.

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I D EA S P A R A V I V I R C O N A L E G R Í A , INTENSIDAD Y FRUTOS EL AÑO DE LA FE CON LOS JÓVENES

1. Valorar el Año de la Fe, al vivirlo unido a la Iglesia, en los grupos y comunidades juveniles. Esto se puede lograr al dar a conocer la Carta Apostólica Porta Fidei y, sobre todo, al reflexionar sobre la Buena Nueva de una manera profunda y en oración, para que el Evangelio oriente su fe y el Espíritu Santo la alimente con su acción en lo profundo de su vida interior. 2. Fortalecer a los jóvenes en la fe. Hoy es frecuente que los jóvenes creyentes y coherentes con su fe sufran burlas y marginación. Por eso es vital fortalecer y vigorizar su fe y colaborar con los padres de familia que buscan apoyo de la comunidad eclesial en la formación de sus hijos, en particular de los adolescentes. En este Año, la comunidad eclesial puede hacer un esfuerzo especial para afianzar a los jóvenes en su fe y brindarles oportunidades para que la revitalicen con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida. 3. Celebrar la fe como Iglesia Joven. Conviene brindar a los jóvenes diversas vivencias de la celebración de la Eucaristía. Si vivencia en Eucaristías planificadas para que tengan una experiencia fuerte del Misterio Pascual que se conmemora en ellas, les ayudará a vivir con intensidad la grandeza de este Misterio. Su participación en la Eucaristía dominical, habiendo sido preparados para celebrarla incrementará su sentido de Iglesia universal e intergeneracional. Se trata que en este Año, los jóvenes vivan la liturgia eucarística como un momento especial de encuentro con Cristo, que nos congrega alrededor del altar como amigos en el Amigo. 4. Profundizar qué es la fe. Dicha profundización consistirá en esclarecer, nutrir y ejercitar la fe. Esto incluirá distintos tipos de actividades realizadas creativamente para que los jóvenes obtengan frutos. Dar a conocer los fundamentos de la fe; reconocer que las dudas son normales en el caminar de la fe, pues ésta significa una adhesión fiel a Dios aún en momentos críticos, gracias a a acción del Espíritu Santo y no a nuestros propios esfuerzos; descubrir los caminos y medios que ayudan a mejorar nuestra relación con Dios, distintos para cada persona; valorar el testimonio de los hermanos, conscientes de que la fe implica coherencia entre el ser, decir y hacer; orar y reflexionar como comunidad de fe, que se hace joven con los jóvenes. 5. Fomentar la expresión de la fe en el lenguaje y en los medios propios de la juventud. Los jóvenes tienen en su ser y a su alcance múltiples maneras para expresar su fe con asertividad y pasión, de acuerdo a su edad y al momento histórico actual. Son capaces de encontrar, con creatividad y generosidad, los medios más eficaces para ofrecer su testimonio de fe al servicio de la Iglesia, en los distintos lugares donde se encuentra a la gran mayoría de los jóvenes. Se deben aprovechar las redes sociales como lugar de expresión de la fe. 6. Organizar eventos donde se haga una profesión abierta de la fe. La proclamación de la Palabra de Dios, los cantos, las celebraciones, la oración, la reflexión… fortalecen la fe de quien ha recibido este don y son magníficas oportunidades para que Jesús siembre las semillas de su Buena Nueva en el corazón de quienes están abiertos al don de la fe pero aún no lo han recibido de modo que transforme sus vidas. El seguimiento y acompañamiento personal de los jóvenes es muy importante para asegurar que esa fe sea alimentada y nutrida hasta que dé sentido a sus vidas y descubran la belleza de la fe en la comunidad eclesial. 7. Experimentar el gozo que proviene de la fe en el Señor Jesús y de la comunicación con el Santo Padre. Quienes participen en la Jornada Mundial de la Juventud, en Rio de Janeiro, en Julio de 2013, tendrán una oportunidad privilegiada de hacerlo. Sin embargo, no serán todos los jóvenes. De ahí que sea importante facilitar este gozo mediante la oración, símbolos y rituales, que reafirmen la grandeza de ser herederos de la fe en Jesús, en la gran familia que es la Iglesia Católica, conscientes de su esencia divina inmutable y su componente humano en necesidad de conversión y purificación. 17


el logo del año de la fe y su explicación

Sobre un campo cuadrado, enmarcado, se representa simbólicamente una barca –imagen de la Iglesia- en navegación sobre olas apenas insinuadas gráficamente cuyo árbol maestro es una cruz que iza las velas con signos dinámicos que realizan el monograma de Cristo; el fondo de las velas es un sol que asociado al monograma hace referencia también a la Eucaristía.

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CREDO DEL PUEBLO DE DIOS pablo vi clausura del año de la fe 29-6-1968

Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles como es este mundo en que pasamos nuestra breve vida y de las cosas invisibles como son los espíritus puros, que llamamos también ángeles y también Creador, en cada hombre, del alma espiritual e inmortal. Creemos que este Dios único es tan absolutamente uno en su santísima esencia como en todas sus demás perfecciones: en su omnipotencia, en su ciencia infinita, en su providencia, en su voluntad y caridad. Él es el que es, como él mismo reveló a Moisés (cf. Ex 3,14), él es Amor, como nos enseñó el apóstol Juan (cf. 1Jn 4,8) de tal manera que estos dos nombres, Ser y Amor, expresan inefablemente la misma divina esencia de aquel que quiso manifestarse a si mismo a nosotros y que, habitando la luz inaccesible (cf. 1Tim 6,16), está en si mismo sobre todo nombre y sobre todas las cosas e inteligencias creadas. Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de sí mismo, revelándose a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar, aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y después de la muerte, en la luz sempiterna. Los vínculos mutuos que constituyen a las tres personas desde toda la eternidad, cada una de las cuales es el único y mismo Ser divino, son la vida íntima y dichosa del Dios santísimo, la cual supera infinitamente todo aquello que nosotros podemos entender de modo humano. Sin embargo, damos gracias a la divina bondad de que tantísimos creyentes puedan testificar con nosotros ante los hombres la unidad de Dios, aunque no conozcan el misterio de la Santísima Trinidad. Creemos, pues, en Dios, que en toda la eternidad engendra al Hijo; creemos en el Hijo, Verbo de Dios, que es engendrado desde la eternidad; creemos en el Espíritu Santo, persona increada, que procede del Padre y del Hijo como Amor sempiterno de ellos. Así, en las tres personas divinas, que son eternas entre sí e iguales entre sí, la vida y la felicidad de Dios enteramente uno abundan sobremanera y se consuman con excelencia suma y gloria propia de la esencia increada; y siempre hay que venerar la unidad en la trinidad y la trinidad en la unidad. Creemos en nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. El es el Verbo eterno, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial al Padre, u homoousios to Patri; por quien han sido hechas todas las cosas. Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María la Virgen, y se hizo hombre: igual, por tanto, al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad, completamente uno, no por confusión (que no puede hacerse) de la sustancia, sino por unidad de la persona. El mismo habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Anunció y fundó el reino de Dios, manifestándonos en sí mismo al Padre. Nos dio su mandamiento nuevo de que nos amáramos los unos a los otros como él nos amó. Nos enseñó el camino de las bienaventuranzas evangélicas, a saber: ser pobres en espíritu y mansos, tolerar los dolores con paciencia, tener sed de justicia, ser misericordiosos, limpios de corazón, pacíficos, padecer persecución por la justicia. Padeció bajo Poncio Pilato; Cordero de Dios, que lleva los pecados del mundo, murió por nosotros clavado a la cruz, 19


trayéndonos la salvación con la sangre de la redención. Fue sepultado, y resucitó por su propio poder al tercer día, elevándonos por su resurrección a la participación de la vida divina, que es la gracia. Subió al cielo, de donde ha de venir de nuevo, entonces con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, a cada uno según los propios méritos: los que hayan respondido al amor y a la piedad de Dios irán a la vida eterna, pero los que los hayan rechazado hasta el final serán destinados al fuego que nunca cesará. Y su reino no tendrá fin. Creemos en el Espíritu Santo, Señor y vivificador que, con el Padre y el Hijo, es juntamente adorado y glorificado. Que habló por los profetas; nos fue enviado por Cristo después de su resurrección y ascensión al Padre; ilumina, vivifica, protege y rige la Iglesia, cuyos miembros purifica con tal que no desechen la gracia. Su acción, que penetra lo íntimo del alma, hace apto al hombre de responder a aquel precepto de Cristo: Sed perfectos como también es perfecto vuestro Padre celeste (cf Mt 5,48). Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y Salvador nuestro, Jesucristo y que ella, por su singular elección, en atención a los méritos de su Hijo redimida de modo más sublime, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original y que supera ampliamente en don de gracia eximia a todas las demás criaturas. Ligada por un vínculo estrecho e indisoluble al misterio de la encarnación y de la redención, la Beatísima Virgen María, Inmaculada, terminado el curso de la vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste, y hecha semejante a su Hijo, que resucitó de los muertos, recibió anticipadamente la suerte de todos los justos; creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo, por el que contribuye para engendrar y aumentar la vida divina en cada una de las almas de los hombres redimidos. Creemos que todos pecaron en Adán; lo que significa que la culpa original cometida por él hizo que la naturaleza, común a todos los hombres, cayera en un estado tal en el que padeciese las consecuencias de aquella culpa. Este estado ya no es aquel en el que la naturaleza humana se encontraba al principio en nuestros primeros padres, ya que estaban constituidos en santidad y justicia, y en el que el hombre estaba exento del mal y de la muerte. Así, pues, esta naturaleza humana, caída de esta manera, destituida del don de la gracia del que antes estaba adornada, herida en sus mismas fuerzas naturales y sometida al imperio de la muerte, es dada a todos los hombres; por tanto, en este sentido, todo hombre nace en pecado. Mantenemos, pues, siguiendo el concilio de Trento, que el pecado original se transmite, juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no por imitación, y que se halla como propio en cada uno. Creemos que nuestro Señor Jesucristo nos redimió, por el sacrificio de la cruz, del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros, de modo que se mantenga verdadera la afirmación del Apóstol: Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (cf. Rom 5,20). Confesamos creyendo un solo bautismo instituido por nuestro Señor Jesucristo para el perdón de los pecados. Que el bautismo hay que conferirlo también a los niños, que todavía no han podido cometer por sí mismos ningún pecado, de modo que, privados de la gracia sobrenatural en el nacimiento nazcan de nuevo, del agua y del Espíritu Santo, a la vida divina en Cristo Jesús. Creemos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica, edificada por Jesucristo sobre la piedra, que es Pedro. Ella es el Cuerpo místico de Cristo, sociedad visible, equipada de órganos jerárquicos, y, a la vez, comunidad espiritual; Iglesia terrestre, Pueblo de Dios peregrinante aquí en la tierra e Iglesia enriquecida por bienes celestes, germen y comienzo del reino de Dios, por el que la obra y los sufrimientos de la redención se continúan a través de la historia humana, y que con todas las fuerzas anhela la consumación perfecta, que ha de ser conseguida después del fin de los tiempos en la gloria celeste. Durante el transcurso de los tiempos el Señor Jesús forma a su Iglesia por medio de los sacramentos, que manan de su plenitud. Porque la Iglesia hace por ellos que sus miembros participen del misterio de la muerte y la resurrección de Jesucristo, por la gracia del Espíritu Santo, que la vivifica y la mueve. Es, pues, santa, aunque abarque en su seno pecadores, porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se alimentan de esta vida, se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y manchas del alma que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. Por lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo. 20


Heredera de las divinas promesas e hija de Abrahán según el Espíritu, por medio de aquel Israel, cuyos libros sagrados conserva con amor y cuyos patriarcas y profetas venera con piedad; edificada sobre el fundamento de los apóstoles, cuya palabra siempre viva y cuyos propios poderes de pastores transmite fielmente a través de los siglos en el Sucesor de Pedro y en los obispos que guardan comunión con él; gozando finalmente de la perpetua asistencia del Espíritu Santo, compete a la Iglesia la misión de conservar, enseñar, explicar y difundir aquella verdad que, bosquejada hasta cierto punto por los profetas, Dios reveló a los hombres plenamente por el Señor Jesús. Nosotros creemos todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o transmitida y son propuestas por la Iglesia, o con juicio solemne, o con magisterio ordinario y universal, para ser creídas como divinamente reveladas. Nosotros creemos en aquella infalibilidad de que goza el Sucesor de Pedro cuando habla ex cathedra y que reside también en el Cuerpo de los obispos cuando ejerce con el mismo el supremo magisterio. Nosotros creemos que la Iglesia, que Cristo fundó y por la que rogó, es sin cesar una por la fe, y el culto, y el vínculo de la comunión jerárquica. La abundantísima variedad de ritos litúrgicos en el seno de esta Iglesia o la diferencia legítima de patrimonio teológico y espiritual y de disciplina peculiares no sólo no dañan a la unidad de la misma, sino que más bien la manifiestan. Nosotros también, reconociendo por una parte que fuera de la estructura de la Iglesia de Cristo se encuentran muchos elementos de santificación y verdad, que como dones propios de la misma Iglesia empujan a la unidad católica, y creyendo, por otra parte, en la acción del Espíritu Santo, que suscita en todos los discípulos de Cristo el deseo de esta unidad, esperamos que los cristianos que no gozan todavía de la plena comunión de la única Iglesia se unan finalmente en un solo rebaño con un solo Pastor. Nosotros creemos que la Iglesia es necesaria para la salvación. Porque sólo Cristo es el Mediador y el camino de la salvación que, en su Cuerpo, que es la Iglesia, se nos hace presente. Pero el propósito divino de salvación abarca a todos los hombres: y aquellos que, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, sin embargo, a Dios con corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, por cumplir con obras su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, ellos también, en un número ciertamente que sólo Dios conoce, pueden conseguir la salvación eterna. Nosotros creemos que la misa que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares. Nosotros creemos que, como el pan y el vino consagrados por el Señor en la última Cena se convirtieron en su cuerpo y su sangre, que en seguida iban a ser ofrecidos por nosotros en la cruz, así también el pan y el vino consagrados por el sacerdote se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, sentado gloriosamente en los cielos; y creemos que la presencia misteriosa del Señor bajo la apariencia de aquellas cosas, que continúan apareciendo a nuestros sentidos de la misma manera que antes, es verdadera, real y sustancial. En este sacramento, Cristo no puede hacerse presente de otra manera que por la conversión de toda la sustancia del pan en su cuerpo y la conversión de toda la sustancia del vino en su sangre, permaneciendo solamente íntegras las propiedades del pan y del vino, que percibimos con nuestros sentidos. La cual conversión misteriosa es llamada por la Santa Iglesia conveniente y propiamente transustanciación. Cualquier interpretación de teólogos que busca alguna inteligencia de este misterio, para que concuerde con la fe católica, debe poner a salvo que, en la misma naturaleza de las cosas, independientemente de nuestro espíritu, el pan y el vino, realizada la consagración, han dejado de existir, de modo que, el adorable cuerpo y sangre de Cristo, después de ella, están verdaderamente presentes delante de nosotros bajo las especies sacramentales del pan y del vino, como el mismo Señor quiso, para dársenos en alimento y unirnos en la unidad de su Cuerpo místico. La única e indivisible existencia de Cristo, el Señor glorioso en los cielos, no se multiplica, pero por el sacramento se hace presente en los varios lugares del orbe de la tierra, donde se realiza el sacrificio eucarístico. La misma existencia, después de celebrado el sacrificio, permanece presente en el Santísimo Sacramento, el cual, en el tabernáculo del altar, es como el corazón vivo de nuestros templos. Por lo cual estamos obligados, por obligación ciertamente suavísima, a honrar y adorar en la Hostia Santa que nuestros ojos ven, al mismo Verbo encarnado que ellos no pueden ver, y que, sin embargo, se ha hecho presente delante de nosotros sin haber dejado los cielos. 21


Confesamos igualmente que el reino de Dios, que ha tenido en la Iglesia de Cristo sus comienzos aquí en la tierra, no es de este mundo (cf. Jn 18,36), cuya figura pasa (cf. 1Cor 7,31), y también que sus crecimientos propios no pueden juzgarse idénticos al progreso de la cultura de la humanidad o de las ciencias o de las artes técnicas, sino que consiste en que se conozcan cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo, en que se ponga cada vez con mayor constancia la esperanza en los bienes eternos, en que cada vez más ardientemente se responda al amor de Dios; finalmente, en que la gracia y la santidad se difundan cada vez más abundantemente entre los hombres. Pero con el mismo amor es impulsada la Iglesia para interesarse continuamente también por el verdadero bien temporal de los hombres. Porque, mientras no cesa de amonestar a todos sus hijos que no tienen aquí en la tierra ciudad permanente (cf. Heb 13,14), los estimula también, a cada uno según su condición de vida y sus recursos, a que fomenten el desarrollo de la propia ciudad humana, promuevan la justicia, la paz y la concordia fraterna entre los hombres y presten ayuda a sus hermanos, sobre todo a los más pobres y a los más infelices. Por lo cual, la gran solicitud con que la Iglesia, Esposa de Cristo, sigue de cerca las necesidades de los hombres, es decir, sus alegrías y esperanzas, dolores y trabajos, no es otra cosa sino el deseo que la impele vehementemente a estar presente a ellos, ciertamente con la voluntad de iluminar a los hombres con la luz de Cristo, y de congregar y unir a todos en aquel que es su único Salvador. Pero jamás debe interpretarse esta solicitud como si la Iglesia se acomodase a las cosas de este mundo o se resfriase el ardor con que ella espera a su Señor y el reino eterno. Creemos en la vida eterna. Creemos que las almas de todos aquellos que mueren en la gracia de Cristo tanto las que todavía deben ser purificadas con el fuego del purgatorio como las que son recibidas por Jesús en el paraíso en seguida que se separan del cuerpo, como el Buen Ladrón constituyen el Pueblo de Dios después de la muerte, la cual será destruida totalmente el día de la resurrección, en el que estas almas se unirán con sus cuerpos. Creemos que la multitud de aquellas almas que con Jesús y María se congregan en el paraíso, forma la Iglesia celeste, donde ellas, gozando de la bienaventuranza eterna, ven a Dios, como Él es y participan también, ciertamente en grado y modo diverso, juntamente con los santos ángeles, en el gobierno divino de las cosas, que ejerce Cristo glorificado, como quiera que interceden por nosotros y con su fraterna solicitud ayudan grandemente nuestra flaqueza. Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones, como nos aseguró Jesús: Pedid y recibiréis (cf. Lc 10,9-10; Jn 16,24). Profesando esta fe y apoyados en esta esperanza, esperamos la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Bendito sea Dios, santo, santo, santo. Amén.

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oración del año de la fe Creo en un solo Dios; Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado,de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria parajuzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén. 23


la fe y la palabra de dios

“que la palabra de dios siga avanzando y sea glorificada� 2 tesalonicenses 3, 1

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LA FE PONE FIESTA EN NUESTROS CORAZONES lc 1, 26-56

INTRODUCCIÓN Cuando escuchamos la palabra "fiesta" evocamos un quiebre en el tiempo ordinario tan lleno de obligaciones, horarios, compromisos, tareas que cumplir. No es el tiempo ordinario del trabajo, es un tiempo distinto... Un tiempo en que las agujas del reloj con sus apuros y preocupaciones dejan de correr, es otro tiempo. Un tiempo que tiene más que ver con el "sin-tiempo de Dios" que con el fluir de la rueda de la vida. Cuando hablamos de fiesta evocamos un estado de plenitud de vida en el cual experimentamos el recreo, la alegría, un regocijo, una dicha, un júbilo exultante, una comunión de afectos que nos son gratos, que nos tonifican el ánimo. Es como si hemos pasado a otro espacio... Un espacio sin tristezas, sin desamparos, sin amarguras y aburrimientos... por el contrario es un espacio placentero, agradable que nos atrae porque todo allí nos es grato. Tiene su razón de ser que la fiesta haya surgido en el corazón de los hombres en los espacios sagrados de los templos donde el hombre sustrayéndose al tiempo de sus obligaciones se siente invitado a acceder al espacio de la divinidad. La fiesta lo lleva a la experiencia de la "tierra sin mal" que no sufre cambio alguno porque toda ella es plenitud, la plenitud que ansía imperiosamente el alma humana. La fe en la que vamos creciendo día a día está hecha de confianza y por tanto de abandono en las manos de Quien sabemos nos ama. Aunque en sí es oscura: "La fe es garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven" nos dice Hebreos 11, 1. Sin embargo Dios en su bondad nos ofrece signos y palabras que nos ponen ante el misterio como quien está ante una puerta cerrada en la cual sabe que está aquel a quien ama y es por eso que ante esas manifestaciones vividas en la fe, el alma creyente se pone de fiesta. Así nos lo expresa el salmista al contemplar la creación: “Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva, porque los abismos, las montañas, el mar están en sus manos y son suyos” (Cf. Sal 95,1-3). Pero la alegría es aún más desbordante cuando el Altísimo, interviniendo en la historia humana viene con su Reino de justicia y verdad: "Griten de gozo delante del Señor, porque él vienea gobernar la tierra: gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad” (Sa1 96,13). En su desborde, el salmista pide a toda la creación que realegre y exulte (Sal 96,11). Estas fiestas del pueblo que vuelve a pasar por su corazón las "maravillas del Señor, su Dios “tienen lugar propio”: "La harás en presencia del Señor, tu Dios -en el lugar elegido por él- junta con tu hijo y tu hija, tu esclavo y tu esclava y con el levita que viva en tu ciudad. Y en presencia del Señor, tu Dios, te alegrarás por todos los beneficios...” (Deut 12, 18s) y un tiempo destinado a al regocijo: "Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él” (Sa1 118, 24). Cuando éramos niños seguramente habremos escuchado aquellos cuentos que nos hablaban del "rey aburrido" y de las cosas ingeniosas con que alguien lograba entretenerlo; nuestra fe nos dice que la alegría verdadera proviene de un gozo interior y que ese gozo interior es un "don" entregado a los humildes. ¿No a todos? Si bien el Buen Dios lo ofrece a todos, tan sólo los humildes son capaces de acoger ese gozo que proviene de un descubrimiento: no son las cosas por más hermosas que sean, ni los bienes materiales aunque necesarios, sino el mismo Dios que se goza en sí mismo y que desea participar de este gozo a sus hijos y por eso es la única fuente de gozo que llega hasta la vida eterna. Así nos lo 26


expresa el salmista: "Señor, tú eres mi bien, no hay nada superior a ti". "Me ha tocado un lugar de delicias estoy contento con mi herencia". "Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha"(Sal 16, 2, 6, 11).

PROPUESTA DE LECTURA ORANTE María dijo entonces: “Mi alma canta” (Lc 1, 26-56)

AMBIENTACIÓN María canta... ¿Qué acontecimiento está cantando?, ¿Por qué canta?, ¿Por qué su corazón está de fiesta? En los acontecimientos vividos, su fe ¿Qué le mostró? María, auténtica hija del pueblo de Israel sabe de las promesas de Dios. El Dios de Israel, es capaz de prometer porque prometer es una de las palabras claves del lenguaje del amor. Prometer es empeñar uno a la vez su poder y su fidelidad, es proclamarse seguro del porvenir y seguro de sí mismo, y al mismo tiempo suscitar en la otra persona la adhesión del corazón y la generosidad de la fe. "Dios no es un hombre para mentir ni es un mortal para desdecirse'' (Núm 23,19). Las promesas fueron durante largo tiempo terrestres: un hijo, una tierra, un rey, una prosperidad abundante, un hijo de David sentado a la diestra de Dios (Sal 119, 1) que heredará las naciones (Sal 2, 8). Pero fundamentalmente, las promesas se refieren a una nueva intervención de Dios que cambiará esta tierra malograda por el pecado del hombre en "tierra de bendición" donde desaparezca la guerra, la opresión, la injusticia porque Dios dará al hombre un corazón nuevo y en él, escribirá su ley (Is 2, 2-5; Jer. 31,33). Esta intervención está ligada a "aquel que debe venir” (ls 22, 20), el "príncipe de la paz” (Is 9, 5s), del “rey justo" (Is 11, 11), del "germen justo" que será la gloria de Israel y el restaurador del pueblo. Será un tiempo de gozo para los servidores del Señor porque llegará con él, su recompensa: "Mis servidores se alegrarán y ustedes quedarán avergonzados. Mis servidores cantarán con júbilo en el corazón y ustedes gritarán con el corazón dolorido" (Is 65, 13s). Es lógico que la venida del salvador cree un clima de gozo en el corazón de los pobres del Señor. Nos lo comunica Lucas de un modo especial. De Juan se dice que será “un motivo de gozo y alegría y muchos se alegrarán de su nacimiento" (Lc 1, 14). Cuando María, como la verdadera Arca de la Salvación, saludar a Isabel, Juan expresa su gozoso júbilo saltando en el vientre materno (Lc.1,41;4). María recibe una invitación de parte de Dios: “alégrate” (Lc 1, 28) y esa invitación acogida por la humilde servidora del Señor, cantó gozosa (Lc 1, 42. 46-55). ORACIÓN INICIAL María, madre del Señor Jesús y madre nuestra, tu corazón colmado de alegría es amparo y refugio de nuestras tristezas y desalientos... Estás llena de la gracia de Dios y al entregar tu Hijo y entregarte con él al proyecto salvador, te has hecho causa de nuestra alegría, por eso madre mira nuestro mundo. Hay mucho entretenimiento pero poca fiesta, hay muchos encuentros pero no tanta cordialidad y muchos de nuestros hermanos han perdido el horizonte y llevan una vida sin pasión y sin entusiasmo.

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA Lucas 1, 26-56

LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO?  El ángel Gabriel, ¿cuándo, dónde y a quién fue enviado?  ¿Cuál era la situación de María en relación a su estado de vida? 27


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¿Con qué palabras saluda el ángel a María y qué le anuncia? ¿Con qué pregunta, María, provoca la explicación del ángel? El ángel ¿qué noticias da del que va a venir? ¿Quién es? ¿Cuál es la respuesta de María? María que visita a Isabel es "la llena de gracia", la portadora de Cristo. ¿Qué signos de la presencia de la salvación vemos en este encuentro?

MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO? Primer momento: cada uno medita las siguientes preguntas en silencio.  Este pasaje nos presenta dos escenas: la primera nos sugiere el misterioso obrar de Dios en una criatura humana: el Espíritu de Dios que rigió la creación del mundo, va a inaugurar en la concepción de Jesús la creación del mundo nuevo. ¿Por qué la invitación que le hace el ángel a alegrarse?  María, por un lado, se nos presenta como una mujer judía semejante a sus contemporáneas; por otro, hay en ella algo especial. En efecto el ángel le da el título de "llena de gracia". María es objeto por excelencia del amor divino. Ella nos evoca a la Hija de Sión, personificación del pueblo elegido y más aún nos lleva a la esposa del Cantar de los cantares. A través de entrega a esta nueva vocación que el Señor le propone, ¿a qué obra de Dios la humanidad abre sus puertas?  La segunda escena nos dice que la Salvación se hizo presente entre nosotros. ¿Qué cosas suceden cuando el Señor se nos aproxima? ¿Cuáles son las grandezas del Señor que evoca María en su canto? Segundo momento: compartimos lo meditado entre todos. ORACIÓN Alabemos al Señor por las maravillas que su amor obra por nosotros diciendo: “Mi alma canta la grandeza del Señor”.

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Porque tu amor atravesó la distancia que la humanidad desde los orígenes y te no entregaste en Cristo... Porque en tu Hijo te nos diste todo, te nos diste cercano, te nos diste humano... Porque María, tu "predilecta" nos lleva a todos en su regazo e intercede por la humanidad doliente...

Sintiéndonos felices de ser hijos de María repetimos nuevamente las alabanzas que le tributó el ángel Dios te salve María Y con gozo en el corazón por el inmenso amor de Dios, lo alabamos en el profundo misterio de su vida de Padre, Hijo y Espíritu Gloria al Padre...

COMPROMISO Y ACCIONES Este mundo tan entretenido sufre una profunda tristeza... pensemos en las personas que nos rodean. ¿Cómo podemos ser causa de alegría para ellas?

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LA FE ATREVIDA: LA FE "DE ELLOS" Mc 2, 1-12

INTRODUCCIÓN Si la fe no tiene una dimensión de atrevimiento y de osadía capaz de llegar hasta "donde Él esté" (Mc 2, 4b), todavía le falta crecer. ¡Tiene que animarse a "abrir techos"! La verdadera fe supera obstáculos, se juega, va más allá del riesgo, es creativa, confía pero, sobre todo, es tenaz hasta alcanzar la meta. Vivir de fe y, más aún, vivir la fe, es siempre una locura. Podríamos preguntarle a Abraham, a Moisés, a Elías, a Oseas, a Jeremías, a María, a José y a tantos otros modelos de "fe atrevida"... cuántas veces tuvieron que romper esquemas, cargar con "paralíticos", inventar escapatorias inauditas y sortear dificultades, aún peligrando sus reputaciones, sus destinos y hasta sus propias vidas ... La fe de los "camilleros" quizás era incipiente, como la de la gente que sólo va buscando el taumaturgo que los sane. No obstante Jesús no sólo aprobó su ocurrencia atrevida, sino que terminó superando sus expectativas. Sin embargo, no sólo la "fe de ellos" fue atrevida y llegó lejos. También Jesús fue "osado": "enseña" la Palabra, perdona los pecados, devuelve la salud física, corrige los juicios de los escribas sobre su persona y poder... A varios los escandalizaba, pero a tantos otros les provocaba asombro y glorificación a Dios: "¡Jamás vimos cosa parecida!". El múltiple efecto recibido nos demuestra que cuando el poder de la intercesión se pone en contacto con la omnipotencia sanante de Jesús, no tiene límites. La "fe de ellos" -atrevida- desencadenó este episodio magnífico.

PROPUESTA DE LECTURA ORANTE Jesús, viendo la fe de ellos le dice al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Mc 2, 1-12)

AMBIENTACIÓN Jesús recorría la Galilea, pero su preferencia era Cafarnaún; allí estaba la casa de Pedro. También hoy, la casa, símbolo de la comunidad cristiana, resulta el ámbito apropiado para recuperarse de toda "parálisis" como para recibir el "anuncio de la Palabra". Estamos frente a la primera de cinco disputas que Marcos presenta al inicio de su Evangelio: ésta, sobre el perdón de los pecados (2, 1-12); la segunda, sobre la comida con los pecadores (2, 13-17); la tercera, sobre lo nuevo (2, 18-22) y las dos últimas sobre el sábado (2, 23-28 y 3, 1-6). Su estructura concéntrica tiene tres anillos. En el más externo están los cuatro "camilleros" impedidos por la multitud que, queriendo llevar a un paralítico frente a Jesús, se atreven a abrir un agujero en el techo de una casa ajena y, al final, logran su cometido (vv.3-4 y v. 12a). En el anillo más interno están las dos intervenciones de Jesús dirigidas al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados" (v.5) y "Álzate, toma tu camilla y ve a tu casa" (v.11). Al centro, toda la discusión entre Jesús y los escribas. Ellos lo acusan de blasfemar pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les pregunta: "¿Qué es más fácil, decir al paralítico: «tus pecados te son perdonados» o «levántate, toma tu camilla y vete»?" Notemos que vuelven a aparecer las mismas palabras que Jesús 29


había dicho al paralítico. Este es el núcleo del relato: ¿Quién es Jesús que puede decir "tus pecados te son perdonados"?. El paralítico es un hombre imposibilitado a nivel corporal. Pero lo desconcertante es que lo primero que Jesús le dijo fue: "tus pecados te son perdonados". Cuando alguien presenta un enfermo a un taumaturgo, espera que sea sanado y no que sea absuelto. Pero estas palabras de Jesús -aunque inesperadas- muestran la real intención de la narración. La trama no busca relacionar la enfermedad con el pecado (discusión ya muy antigua que Jesús responde claramente en Jn 9), sino focalizar el tema del perdón de los pecados. Los escribas acusan a Jesús de blasfemar. No obstante, es una acusación maliciosa. Jesús no dijo "Yo te perdono los pecados", sino "te son perdonados". El verbo es un pasivo divino: sin nombrar Dios, lo implica. "Te son perdonados los pecados" significa que Dios le ha perdonado los pecados, es Dios quien lo ha absuelto. Jesús no había querido apropiarse de una prerrogativa divina. Pero ahora, dando vuelta el discurso, lo pone bajo el punto de vista de ellos. Desde una perspectiva común, es más fácil perdonar pecados (algo imposible de verificar) que hacer caminar a un paralítico (absolutamente verificable). Jesús se pone de parte de los interlocutores sabiendo que ellos prefieren lo visible a lo invisible, el milagro a la realidad del perdón. Pero hace una afirmación realmente fuerte: "Para que sepan que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados-dice al paralítico- "levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Dios ha dado el poder a los hombres "sobre la tierra" de perdonar los pecados. Es muy probable que aquella comunidad ya viviera del perdón recíproco, ya se donaran el perdón, aunque quizás todavía no todos. Ya tendrían "en la tierra" la potestad de absolver los pecados. Jesús está constatando que Dios dio a los hombres esta potestad de perdonar y de perdonarse. Este es el meollo. En primer plano no está el prodigio sino la potestad que tienen los hombres, recibida de Dios, de perdonar los pecados. "El Hijo del hombre", en este caso, es el hombre Jesús en nombre de todos sus ministros. Mateo lo explicita de manera más clara: "la gente glorificó a Dios porque había dado a los hombres un tal poder" (Mt 9, 8).Lo magnífico es que Dios se arriesgue a una tal concesión. Como lo sostenía toda la teología del Antiguo Testamento, el perdón de los pecados era una prerrogativa sólo de Dios, pero Jesús está diciendo que esta atribución Dios se la ha confiado a la Iglesia. Lo que no compartía con nadie, a partir de Jesús, lo quiso compartir con los hombres. ¡Qué osadía!

ORACIÓN INICIAL Señor Jesús, danos una fe atrevida y osada, una fe capaz de llegar hasta tu presencia a cualquier costo, una fe que no renuncie ante los impedimentos y que se juegue "hasta el extremo" por cada hermano que lo necesite. Amén.

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA Marcos 2, 1-12

LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO?  ¿Dónde ocurre la escena? ¿Quiénes son los protagonistas y quiénes los actores secundarios?  ¿Qué estaba haciendo Jesús ante tanta gente? ¿Qué sucede luego?  ¿Qué "ve" Jesús? ¿Qué "dice" al paralítico?  ¿Qué "pensaban en sus corazones" los escribas? ¿Qué les dice Jesús?  ¿Cuál fue la reacción final de "todos"?

MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO? 30


Primer momento: cada uno medita las siguientes preguntas en silencio. 1. ¿Qué hacemos por "ir" a Jesús para escuchar su Palabra? ¿Llevamos a otros "donde Él esté"? 2. ¿Cuáles son las "parálisis" de nuestros amigos y cuáles las propias que necesitan ser llevadas a Jesús? ¿Sabemos vivirlas unidos a Jesús o nos resultan un obstáculo para su seguimiento? 3. ¿Qué "techos" tendríamos que abrir para poner en contacto con Jesús las incapacidades ajenas o propias? ¿Qué estrategias se nos ocurren para que lo que parece imposible tenga alguna solución? 4. La solidaridad de los amigos hizo que el paralítico obtuviera no sólo su recuperación sino sobre todo su absolución. ¿Cómo nos solidarizamos con quienes tenemos cerca y necesitan una mano? ¿Cuánto intercedemos por los sufrimientos y "pecados" de nuestros amigos? 5. ¿Podemos aprender algo de estos cuatro “camilleros" que llevando un paralítico en una camilla se atrevieron a abrir el techo de una casa ajena y a descolgarlo para ponerlo en contacto directo con Jesús? 6. Los escribas (y los fariseos según Lc 5, 21) no lograban aceptar el mesianismo de Jesús. Iban donde él estaba, escuchaban sus enseñanzas pero no se atrevían a creer en Él. Más allá de lo que aparentemos ser o hacer por Jesús, ¿qué hay en la verdad de nuestro corazón? 7. Jesús se juega por el paralítico ¿Hasta dónde nos jugamos por quienes nos necesitan? ¿Nos animamos a superar el "qué dirán" con tal de que otro sea absuelto o sanado? ¿Creemos que Jesús puede perdonar todo tipo de pecado, incluso aquel más oculto o secreto y quiere restablecernos de toda incapacidad? Segundo momento: compartimos lo meditado entre todos.

ORACIÓN A cada intención respondemos: ¡Perdónanos, Señor! Por las veces que ante las dificultades u obstáculos inmediatos nos quedamos paralizados o nos dejamos llevar por el desánimo en lugar de buscar una salida...  Por las veces que nos vence el orgullo y no nos dejamos llevar a tu presencia...  Por las veces que por prejuicios o por temor al "qué dirán" no nos atrevemos a "abrir los techos" que nos posibilitarían un encuentro contigo...  Por las veces que -como los escribas del relato- murmuramos o criticamos en nuestro corazón...

Podemos agregar otras intenciones Decimos juntos la oración que Jesús nos enseñó: Padre Nuestro

COMPROMISO Y ACCIONES Seguramente tenemos algún amigo "paralizado'' que por circunstancias físicas, morales, sociales o incluso institucionales no puede llegar a Cristo... Lo nombremos y tratemos de pensar creativamente el mejor camino para acercarlo a Él.

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LA FE QUE BUSCA LA SANACIÓN Mc 5, 21-43

INTRODUCCIÓN La mujer en el siglo I y la comunidad de Marcos En la oración que vamos a compartir, meditaremos sobre milagros de Jesús en favor de dos mujeres. El primero, dirigido a una mujer considerada impura por una hemorragia que padecía desde hacía doce años. El otro, para una niña enferma que, a los doce años, acababa de fallecer. “Las leyes de Israel y las tradiciones judaicas ubicaban al varón en una posición nítidamente superior a la de la mujer. Por el simple hecho de nacer mujer o varón, ya quedaba decretado el grado de mayor o menor dignidad en la vida social y religiosa. (...). Las leyes relativas a la menstruación y a las hemorragias marcaban la construcción social negativa sobre la mujer. En el caso de la mujer hemorroísa, además de su enfermedad, tenía que sufrir la marginación religiosa debido a que cargaba siempre con su impureza, forma acentuada de separación que tenían todas las mujeres durante la menstruación (...). En el caso de la hija del jefe de sinagoga, recordemos que en el tiempo de Jesús y de las primeras comunidades, también la familia y el clan estaban sometidos a las reglas del Templo y de la sinagoga, además de las obligaciones relativas a Roma. Las prescripciones religiosas y rituales relegaban a las mujeres y los niños a un estado de casi permanente impureza legal. La discriminación quedaba muy clara en el momento de la pubertad, cuando los niños eran introducidos en el conocimiento de la Ley y de la Tradición de Israel, en tanto que las niñas no tenían acceso a la lectura de la Torá ni a los rituales de iniciación religiosa. Esto debía ser particularmente importante en el caso de la hija de un jefe de sinagoga quien, a los doce años, tal vez haya d1eseado conocer y participar de las actividades de su padre, juntamente con sus compañeros de otro sexo". En los años setenta, época en la que Marcos escribió su evangelio, había una tensión muy grande en las comunidades cristianas entre judíos convertidos y paganos convertidos. Algunos judíos, en particular los que habían sido del grupo de los fariseos, continuaban fieles a la observancia de las normas de pureza y por eso tenían dificultad para convivir con los paganos convertidos.

PROPUESTA DE LECTURA ORANTE Texto: "Tu fe te ha sanado. Vete en paz y sigue sana de tu dolencia" Mc 5, 21-43.

AMBIENTACIÓN En el evangelio de Marcos es importante detenernos en las acciones, gestos, palabras, tanto de Jesús como de las personas que interactúan con él. Son varias las personas que se nos presentarán en texto que rezaremos juntos. Somos invitados e invitadas a detenernos en cada una de ellas como recibiendo una fotografía que, a través de la imagen, nos quiere revelar identidades más hondas, sueños y esperanzas, transgresiones y transformaciones. Asimismo la fe se nos anuncia como aquella fuerza capaz de realizar eso en lo que cree, capaz de reconocer el Reino de Dios actuante, capaz de recibir esa fuerza de vida que habita en Jesús. 32


ORACIÓN INICIAL Señor Jesús, fuerza de vida en medio de nuestras debilidades. Creemos en vos. Sabemos que estás en medio nuestro y que entras en nuestras casas. Hoy te llamamos, te suplicamos, te buscamos y te tocamos para que salgas a nuestro encuentro. Te ofrecemos toda nuestra fragilidad. Solamente eso. Sabemos que allí harás estallar la vida buena. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA Marcos 5, 21-43 LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO? Señalamos a todos los personajes que aparecen en el texto. Observamos especialmente los gestos y las palabras de cada uno de ellos. Mirando a Jairo:  ¿Cómo se presenta Jairo? ¿Cuál es su actitud delante de Jesús? ¿Qué dice, qué hace? Mirando a la mujer con hemorragia  ¿Cómo es presentada esta mujer? ¿Cuánto tiempo lleva con flujo de sangre?  ¿Qué hace? ¿Ella podía tocar a alguien siendo impura? Mirando a la hija de Jairo  ¿Cuántos años tiene la niña? ¿No es la edad de la primera menstruación? ¿Qué es lo que está muriendo allí?  ¿Cómo podemos relacionar a las dos mujeres? Mirando los obstáculos:  ¿Qué obstáculos se presentan en las escenas? Pueden ser personas o situaciones Mirando a Jesús  ¿Cómo son las actitudes de Jesús, sus gestos y sus palabras?  ¿Qué característica tiene la fuerza que sale de él?  ¿Qué es lo que Jesús garantiza y cuida todo el tiempo?

MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO? Primer momento: cada uno medita las siguientes preguntas en silencio. ¿Qué personas hoy se sienten o podrían sentirse excluidas tanto en la sociedad como en la vida de nuestras comunidades?  Una mujer fue curada y reintegrada a la convivencia humana. Una adolescente fue puesta de pie con dignidad para la vida adulta y sin miedo a que la niñez muriera. ¿De qué manera sentimos que Jesús nos incluye, nos cura, nos pone de pie?  ¿Cultivamos una fe dinámica, que nos mueva, que nos haga buscar, que nos haga transgredir si es necesario, para que la vida buena se ponga de manifiesto? ¿Dónde reconocemos esa fe?  Jesús reconoce a la mujer a pesar de la multitud y se encuentra con ella. Jesús, luego de poner de pie a la niña, pide que le den de comer. ¿Hasta dónde llega nuestro compromiso con lo humano? ¿Fortalecemos todas esas redes que sabemos que cuidan vida en todo sus aspectos? ¿Entendemos que la fe y su dinamismo también incluyen lo humano y cotidiano?

Segundo momento: compartimos lo meditado entre todos. 33


ORACIÓN Seños Jesús, fuerza de vida en medio de nuestras debilidades. Te buscamos. Sabemos que eres aquel que nos encuentra, que nos mira, que nos abraza y que nos pone de pie. Sabemos que somos curados cuando tu Palabra nos invade. Te pedimos que hoy renueves nuestra fe para que sea, como vos lo eres, fuerza de vida para los hermanos. Amén.

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LA FE PERSISTENTE Mt 15, 21-28

INTRODUCCIÓN La fe se caracteriza por la adhesión a quien consideramos el Señor, el más Grande, el lleno de Amor por nosotros, a quien nombramos Dios. Esta fe se expresa en la confianza plena en la bondad de quien nos ama, nos cuida, nos protege, nos abriga, vela por nuestra vida. En los momentos de necesidad y sufrimiento nuestra fe se pone a prueba y volvemos la mirada al Dios Bueno para exclamar "Señor, ten compasión", "Ayúdame", "Ayúdanos". Esta honda experiencia humana del límite ante la necesidad y la búsqueda esperanzada del auxilio divino recorre la Biblia en múltiples expresiones. La mujer cananea que pide ayuda a Jesús representa sin duda uno de los personajes más representativos de qué significa confiar en el Señor. Jesús lo enseña en más de una oportunidad: hay que pedir con insistencia que Dios escucha (cfr. Mt 7, 7- 11, al final del Sermón de la montaña "Pidan y se les dará"; Lc 18, 1ss, al enseñar sobre la perseverancia en la oración con el ejemplo de la viuda). Mujer y cananea, para los prejuicios del tiempo de Jesús una doble condición que descartaría, a priori, el ser puesta de ejemplo alguno. Sin embargo es el mismo Jesús, quien conmovido por esta fe firme, fuerte, porfiada, pronuncia el reconocimiento que la señala como ejemplo para todos, para siempre, "Mujer, qué grande es tu fe".

PROPUESTA DE LECTURA ORANTE Mt. 15, 21-28 "«Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo.»"

AMBIENTACIÓN La escena se ubica cerca de las ciudades de Tiro y Sidón, territorio pagano que lindaba al norte de Palestina. En él, Jesús se encuentra con una mujer cananea, extranjera y pagana, por lo tanto impura para las costumbres religiosas judías. La mujer se acerca a Jesús y le suplica por su hija enferma. Jesús no le responde y los discípulos intentan que lo haga para sacarla de encima, a lo que Él responde que ha sido enviado sólo para el pueblo de Israel. Para interpretar esta respuesta de Jesús es importante recordar que en su tiempo los extranjeros eran considerados paganos pues no pertenecían al pueblo judío. La profunda fe de la mujer se manifiesta en su insistencia, que provoca un incisivo diálogo con Jesús. A pesar de las negativas iniciales de Jesús, la mujer se mantiene firme en su pedido. Con su palabra "Señor, hijo de David" y con su gesto, "se puso de rodillas", reconoce a Jesús como el Señor y demuestra su confianza ilimitada en él. No se desalienta 35


sino que persevera. Finalmente el Señor se maravilla por la fe de la mujer y la atiende. El relato constituye también un signo de la universalidad del mensaje de Jesús, que no conoce limitaciones de raza, cultura ni posición social; y también de las preferencias del Dios de la Vida, ampliamente expuestas en los destinatarios de las palabras y gestos de Jesús en todo el evangelio: los más pobres, los sufrientes, los excluidos por diversos motivos de la sociedad de su tiempo.

ORACIÓN INICIAL Señor, danos más fe. Que busquemos tu rostro, que escuchemos tu palabra, Que pongamos en práctica tus enseñanzas. Aumenta nuestra fe y fortalécenos en los momentos de crisis. Para animar la esperanza y vivir mejor, Señor, danos más fe. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA Mateo 15, 21-28 LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO?  ¿Por dónde anda Jesús? Ubicar esa zona. ¿Quiénes vivían en esas tierras? ¿Cómo se los consideraba?  ¿Cuál es la actitud de la mujer? ¿Cómo lo reconoce a Jesús? ¿Qué le pide? ¿Cuáles son sus palabras y sus gestos?  ¿Cómo reacciona Jesús? ¿Y los discípulos? ¿Qué proceso nos muestra el texto en Jesús?  ¿Qué reconoce Él en la mujer? MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO? Primer momento: cada uno medita las siguientes preguntas en silencio.  ¿Cómo es nuestra fe? ¿Confiamos en el Señor en los momentos difíciles?  ¿He pasado por momentos en los cuales mi fe fue puesta a prueba? ¿Cómo viví esos momentos? ¿Cómo los superé?  ¿Qué personas de fe conocemos? ¿Qué nos muestran con sus vidas?  ¿Qué aprendemos del texto para nuestras vidas? Segundo momento: Compartimos entre todos lo meditado. ORACIÓN Juntos oremos al Dios Bueno para que nos ayude a crecer, mantener y profundizar nuestra fe: ¡Señor, danos la perseverancia y la fe de la mujer cananea!  Para que nuestra fe se fortalezca en los momentos oscuros de nuestra vida, oremos...  Para vivir como discípulos fieles, manteniendo la fe a pesar de las dificultades, oremos...  Por nuestras comunidades eclesiales, Señor, para que en ellas fructifique la fe en obras concretas de amor a los que sufren, oremos...  Para que nuestra oración mantenga fuerte nuestra esperanza, oremos... 36


 

Para que estemos cerca del pueblo, aprendiendo de su fe firme y sencilla, oremos... Para que, a ejemplo de la fe de María, guardemos en el corazón la Palabra y la pongamos en práctica, oremos...

Te presentamos Padre estas intenciones y las que te ofrecemos desde el interior de nuestro corazón diciendo juntos, Padre Nuestro... COMPROMISO DE VIDA ¿Cómo puedo fortalecer mi fe para seguir con fidelidad el proyecto de Dios en los momentos de prueba?

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LA FE QUE BUSCA: MARÍA MAGDALENA Jn 20, 1-18

INTRODUCCIÓN Quién era María Magdalena María Magdalena era una mujer judía del pueblo de Magdala (hoy Migdal), a orillas del lago de Galilea, y fue parte de aquel primer grupo de varones y mujeres que formaron la comunidad de Jesús (Lc 8,1-3). El Evangelio dice que Jesús había expulsado de ella siete demonios. Si consideramos la condición de los endemoniados y los relatos de exorcismos que nos da el evangelio, tenemos que pensar que Magdalena habrá llevado una vida de tormentos y opresión hasta que conoció a Jesús. Y, aunque sea una interpretación muy difundida, hay que tener en cuenta que nada en los evangelios lleva a pensar que estos "siete demonios" se relacionaran con la prostitución ni con algún tipo de pecado sexual. En ningún momento el evangelio dice de ella que fuera una prostituta. No conocemos el nombre de la prostituta de Lc 7, 36-50 ni tampoco de la adúltera que iban a lapidar de Jn 8, 1-11, y los evangelios no dan ningún elemento que permita identificar a ninguna de las dos con María Magdalena. Ella aparece como una discípula itinerante y servidora de la comunidad, siempre nombrada en primer lugar cuando se menciona al grupo de las discípulas. Junto con ellas, siguió a Jesús a Jerusalén y permaneció fiel hasta el Calvario y la cruz (Mc 15, 40-41). Y a ella antes que a nadie se apareció Jesucristo resucitado y la envió a dar la Buena Noticia. Con toda justicia la Iglesia de los primeros siglos reconoce en ella a la "apóstol de los apóstoles".

PROPUESTA DE LECTURA ORANTE Texto: “Ve y dile a mis hermanos” (Jn 20, 1-18)

AMBIENTACIÓN En el Evangelio según San Juan es muy importante el encuentro personal y a solas con Jesús. Por eso, muchas veces describe escenas donde los discípulos se van o Jesús se retira, y eso permite encuentros de gran intimidad. Así ocurrió con Nicodemo (Jn 3), con la samaritana (Jn 4), y así ocurre la mañana de la Resurrección. Mientras los otros evangelistas relatan cómo las mujeres discípulas fueron hasta el lugar de la sepultura, Juan quiere que nos detengamos en este momento en que todos se han ido y sólo María Magdalena se queda junto con el sepulcro. Ella encarna la imagen de la fidelidad y la búsqueda: sigue allí y se mueve hasta encontrar. Aunque todo parece señalar la muerte, a ella, que permaneció en el amor, se le revelará la vida.

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ORACIÓN INICIAL Amigo Jesús, queremos encontrarnos contigo. Muchas veces estamos a oscuras y entre signos de muerte. Y la tentación sería bajar los brazos y dejar de buscarte. Te pedimos que vos salgas a nuestro encuentro, porque a nosotros nos cuesta verte. Te pedimos que nos dejes ver tu rostro luminoso, que regocija el corazón y nos pone en camino. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA Juan 20,1-18 LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO? Señalamos a todos los personajes que aparecen en el texto. Observamos especialmente las acciones que hacen cada uno de esos personajes. ¿Qué es lo que María Magdalena ve en los distintos momentos de esta escena? ¿Qué acciones previas la llevan a ese ver? ¿Qué es lo que escucha María Magdalena? Tengamos en cuenta que lo que ella escucha es lo que luego podrá transmitir a la comunidad.  Una de las cosas que María Magdalena escucha es su propio nombre. Relacionemos esto con Jn 10, 3-4.     

MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO? Primer momento: cada uno medita las siguientes preguntas en silencio.  ¿Qué signos de muerte son más patentes a nuestro alrededor? ¿Qué sensaciones nos producen?  ¿Cómo reaccionamos frente a esos signos de muerte? ¿Nos paralizamos, nos asustamos, o seguimos buscando al Señor en medio de esas situaciones?  ¿De qué modo cultivamos el encuentro personal con Jesús? ¿Cómo nos presentamos ante El? ¿Somos sinceros o escondemos nuestras lágrimas?  ¿Qué personas a nuestro alrededor están en la oscuridad y en la muerte? ¿Por qué lloran? ¿Cómo les llevamos la Buena Noticia de que Jesús está vivo? Segundo momento: compartimos lo meditado entre todos. ORACIÓN Preparamos el salón a oscuras, dejando un cirio encendido. Cada participante tendrá una vela. Una persona lee en voz alta este texto: “EI primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro, cuando todavía estaba oscuro” (Jn 20, 1). A oscuras buscamos. A oscuras y entre signos de muerte. Lloramos tantas pérdidas de aquello que alimentaba la vida y se ha transformado en muerte a nuestro alrededor. Pero la muerte circundante no nos ha anestesiado. Por eso todavía nos movemos, nos damos vuelta, reencaminamos la mirada. Como Magdalena, aún con lágrimas, queremos asomarnos a algo más, inclinar el corazón en una búsqueda que nos descubra que la vida es posible. En los llantos y en las búsquedas nos hablas tú, Jesús Amigo. Pasamos a encender nuestras velas en el cirio, mientras nombramos en voz alta a alguna persona que esté sufriendo la oscuridad o expresamos alguna situación de muerte que nos toca. A cada oración todos respondemos: "Hemos visto al Señor y nos ha dicho estas cosas". Finalizamos con la oración que la Liturgia de las Horas nos presenta en la fiesta de Santa María Magdalena: "Dios nuestro, que quisiste que Santa María Magdalena fuese Ja primera en recibir de tu Hijo unigénito la misión de anunciar el gozo pascual, concédenos, por su intercesión, que siguiendo su ejemplo, demos a conocer a Cristo resucitado y merezcamos contemplarlo luego reinando en su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. 39


LIDIA, AYUDA QUE DIGNIFICA Hch 16, 11-15

INTRODUCCIÓN El libro de los "Hechos de los Apóstoles” narra la vida de las primeras comunidades después de la despedida de Jesús y cómo se va desarrollando el proceso de la evangelización. Así nos cuenta, cómo llegó por primera vez el cristianismo al continente europeo. Todo comenzó cuando: "Durante la noche, Pablo tuvo una visión. Vio a un macedonio de piel que Je rogaba: «Ven hasta Macedonia y ayúdanos» (16, 9). De esta manera se abren nuevos caminos para la Palabra de Dios, Pablo y Silas partieron para Macedonia convencidos de que Dios los llamaba, para que evangelizaran ese lugar. Y si seguimos el camino de éstos dos misioneros, descubrimos que partieron de Antioquía, atraviesan la región montañosa, llegaron a las ciudades de Derbe, Listra e Iconio, y fue a partir de su paso por Listra que Timoteo se sumó a los misioneros y continuó el viaje con ellos (16, 1-3). Pablo pensaba dirigirse hacia el oeste, a la ciudad de Éfeso donde había muchas comunidades judías a quienes podía ganar para Cristo. Sin embargo, el viaje a Éfeso fue interrumpido porque el Espíritu Santo les impidió anunciar la Palabra en Asia, según la narración de Hechos 16, 6. Entonces se dirigen hacia Bitinia, trataron de entrar "pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió” (16, 7). ¿Qué podían hacer entonces? Pablo y sus compañeros pensaron ir nuevamente hacia el oeste, y se dirigieron al puerto de Tróade. Después de la visión con el macedonio que le pedía ayuda, Pablo decidió partir con los misioneros hacia Macedonia, actualmente situada al norte de Grecia en el continente Europeo. Una vez que llegaron a la región, partieron hacia Filipos, a unos 230 kilómetros de travesía, "ciudad importante de esta región de Macedonia y colonia romana" (16, 12).

PROPUESTA DE LECTURA ORANTE "Había entre ellas una mujer, llamada Lidia, negociante en púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios. Mientras escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptara las palabras de Pablo. Después de bautizarse, junto con su familia, nos pidió: «Si ustedes consideran que he creído verdaderamente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa»" (Hch 16, 14-15).

AMBIENTACIÓN Cuando Pablo llegaba a un lugar, se dirigía primero a la sinagoga, para predicar a los judíos el mensaje de Jesús. En Filipos no había sinagoga porque para la ley judía, tenía que haber diez hombres para poder abrir una. Por eso Pablo en esa ciudad encuentra un grupo de mujeres que se reúnen a orillas de un río. Entre ellas está Lidia, que trabajaba en la industria de la tintura color púrpura. En la Biblia aparecen usando púrpura, los reyes (Jueces 8, 26), sacerdotes (Éxodo 39, 1) y personas de buena posición (Daniel 5, 7). Si se dedicaba a ésta empresa, Lidia seguramente tenía buenos clientes, y muy probablemente un buen ingreso económico, con empleados a su cargo. Ella era de la ciudad de Tiatira, situada en Asia Menor, centro industrial de esa tintura; y al momento del encuentro con Pablo, estaba radicada en Filipos. Conocer a Lidia es descubrir su función en lo cotidiano social, económico y religioso como mujer autónoma. 40


Percibimos su vida de mujer que actúa tanto a nivel doméstico, como también público y que "adoraba a Dios" (la Biblia nombra así a los que siendo paganos de nacimiento, simpatizaban con la religión judía). Al trasladarse del interior a la gran urbe, Lidia había experimentado el vacío y la soledad de la vida en la ciudad, en donde las relaciones son más materializadas. Es posible que ella esté detrás de quien se le aparece a Pablo y le dice: «Ven hasta Macedonia y ayúdanos». Pide ayuda, pide salir de esa monotonía. Ella está entre el grupo de mujeres que se reunían los sábados a orillas del ria. Allí escucha a Pablo, y luego pide bautizarse. Ha comprendido que hay una fe verdadera, que la lleva no solo a creer sino a manifestar esa fe abriéndose a los demás. En Hechos 16, 15 aparece en sus labios: «Si ustedes consideran que he creído verdaderamente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa». En una colonia romana -como lo era Filipos, en donde rigen las mismas leyes de Roma-, la inminencia del peligro al cual estaban expuestos los misioneros, como Pablo y Timoteo, es inevitable. Por eso, y por los acontecimientos narrados que suceden, la manera de hablar de Lidia demuestra conocimiento del contexto jurídico y político: acoger a un extranjero es exponerse a un castigo (Hch 17, 7-9). Lidia ha recibido una ayuda, y al recibirla se convierte en solidaria con los demás. Recibe en su persona una ayuda que la dignifica, y a su vez brinda una ayuda compartiendo su casa con los hermanos. En este contexto, el ejemplo de fidelidad de Lidia la hace protagonista de una fe comprometida. «La puerta de la fe» (cfr. Hch 14, 27), a la que se abre es la que la introduce en la vida de comunión con Dios y con los hermanos. El testimonio de Lidia enseña que el conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si después el corazón, no está abierto a comprometerse y brindar ayuda a quien lo necesita. Ayuda que dignifica al que la recibe y dignifica al que la brinda. De ésta manera su fe es fidelidad y compromiso. Es esa misma fe, por la que los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles y la celebración de la Eucaristía, y la que los llevó a poner en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos más necesitados (cfr. Hch 2, 42-47).

ORACIÓN INICIAL Señor Jesús, creemos en ti. Somos tus discípulos y queremos seguir tus huellas. Queremos escuchar tu Palabra que siempre nos invita a ser solidarios. Abre las puertas de nuestro corazón para que nos abandonemos a tu amor y fidelidad. Danos la gracia de vivir la fe comprometiéndonos, y haciendo más digna la vida de nuestros hermanos. Te lo pedimos a ti que, siendo Dios, vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA Hechos 16, 11-15 LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO?    

¿Cuáles son los personajes del relato? ¿Dónde se encuentran? ¿Qué hacen Pablo y sus compañeros? ¿Quién era Lidia y a qué se dedica? ¿Cómo responde Lidia al anuncio de Pablo? ¿Qué sucede con su familia?

MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO? Primer momento: cada uno medita las siguientes palabras en silencio. 41


   

Hoy, ¿La Palabra nos reúne y nos invita a orar? ¿De qué manera abrimos nuestro corazón, qué obras nos invita a realizar? ¿Cómo podemos nosotros concretar la ayuda hacia nuestros hermanos? Al responder con fe comprometida como Lidia: ¿Qué diríamos?

Segundo momento: compartimos lo meditado entre todos. ORACIÓN A cada intención respondemos: ¡Aumenta, Señor, nuestra fe y compromiso!  Para que nos reunamos asiduamente a escuchar tu Palabra y orar  Para que la Palabra del Señor abra nuestro corazón y aumente nuestra fe  Para que aprendamos a compartir nuestros bienes con nuestros hermanos Decimos juntos la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro... COMPROMISO Y ACCIONES Acordar un gesto solidario fijándonos unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras (cfr. Hebreos 10, 24), en respuesta al anuncio de la Palabra que ha tocado nuestro corazón hoy.

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LA FE PUESTA A PRUEBA (O EN CRISIS) Is 52, 13 - 53, 12

INTRODUCCIÓN Entre las afirmaciones más profundas de la Exhortación Papal Verbum Domini se encuentra aquella que dice: "Dios habla por medio de su silencio" (VD 21). Puede ser el ese silencio sereno y contemplativo de la oración, pero Benedicto XVI se refiere a ese silencio interior sufrido como "lo pone de manifiesto la cruz de Cristo". Ese "silencio de Dios, [esta] experiencia de la lejanía del Omnipotente y Padre, es una etapa decisiva en el camino terreno del Hijo de Dios (...)". Como Jesús, también esta circunstancia es parte del camino de todo discípulo suyo; también de nosotros. Él lo vivió de modo único: "Colgado del leño de la cruz, se quejó del dolor causado por este silencio: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mc 15, 34, Mt 27, 46)", y prosiguió hasta el último aliento de vida en la obediencia al Padre aún en la oscuridad de la muerte. Y el papa concluye: "Esta experiencia de Jesús es indicativa de la situación del hombre, que después de haber escuchado y reconocido la Palabra de Dios, ha de enfrentarse con su silencio. Muchos santos y místicos han vivido esta experiencia, que también hoy se presenta en el camino de muchos creyentes". Ese silencio querido por Dios es prueba; produce crisis; deja en suspenso; desafía nuestra voluntad y nuestra libertad de creer. En las páginas de la Biblia encontramos momentos paradigmáticos de esta situación como: el sacrificio de Abrahán (Gn 22, 1-19); las reflexiones sapienciales del libro del Eclesiastés, que somete a crítica las certezas de la sabiduría tradicional de Israel (Ecls 1, 2-l0s.); la experiencia de Job que se rebela ante el sufrimiento que padece porque no encuentra justificativo para aceptarlo como un justa voluntad divina (Cfr. Job 3, ls); la queja de abandono del orante del salmo 21, que resuena en los labios de Jesús en la cruz. Estos ejemplos revelan que el itinerario de la fe no es para nada sereno en un creyente comprometido, y que no se le ahorra ninguna de las dificultades que pueden padecer los demás seres humanos. Viviendo la fe se experimenta la certeza y la duda, la seguridad y el miedo al naufragio, la alegría y la angustia, hasta comprender que el Señor nos conduce según su modo, y reconocer que "tú me guías según tus planes, me conduces tras la gloria" (Sal 73, 23-24). Transitar esta experiencia en la fidelidad aún a contrapelo de las tormentas interiores conduce a una madurez humana que abre el corazón a la solidaridad con los demás seres humanos, y a una experiencia de Dios que es inédita: la fe se hace más pura, apoyada sólo en I y en su misterioso modo de conducirnos. Así vivió Abraham, después de haber dejado atrás su pasado, el mismo Dios le pide aceptar la posibilidad de perder también su futuro; así lo entendió el sabio del Eclesiastés que se rindió ante la novedad inimaginable que puede surgir del Dios único y creador (Ecle 12, ls.); así lo expresa también Job, quién en su lucha para entender los designios de Dios, comprende que el dolor es camino para "ver" a Dios, para experimentar su acción, no por lo aprendido "de oídas", o por tradición, sino por la propia vivencia, aún angustiosa y rebelde (Job 42, 5). Si Jesús, el Hijo del hombre, recitó el salmo 21 en la cruz, se entiende que no es el salmo el que explica su dolor, sino que Él al formularlo da a esas palabras y a su contenido una dimensión universal; desde su lugar abrazó el dolor de todo sufriente, en el cuerpo y en el espíritu; allí expresó la angustia del perdido, del alejado de Dios, del que sufre injusticia, de los desheredados; en Él se retrata la inutilidad de la violencia, la condena del inocente, el despojo de los pobres, el sin sentido de la vida, la crisis epocal del mundo. El Hijo de Dios, que de alguna 43


manera se ha unido a todo hombre, como nos recuerda el Concilio Vaticano II, prolonga su presencia en la humanidad crucificada de hoy. Y también por Él, con Él y en Él está operante en la humanidad la fuerza de su Resurrección que nuestra fe, por su Espíritu derramado en nuestros corazones y nuestro amor operante, anuncia y hace real ya su victoria sobre el mal. La experiencia auténtica de fe nos hace solidarios con esa humanidad sufriente que está a nuestro alrededor, necesitada de nuestra compañía para le llegue la luz plena del Evangelio.

PROPUESTA DE LECTURA ORANTE Isaías 52, 13-53, 12: “Sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos” (El cuarto canto del Siervo del Señor).

AMBIENTACIÓN En Isaías 50,1-9, considerado el tercer canto del Siervo del Señor, hay una confesión de fe valiente y decidida en la certeza de la intervención de Dios a favor de su servidor. Afronta los riesgos de su misión confiado y confiesa su certeza: "Yo sé muy bien que no seré defraudado" (v.7). Sin embargo esta fe es puesta a prueba y finaliza con un destino misterioso, pues a ese Siervo del Señor no se le ahorran las afrentas, el desprecio y una muerte en el silencio y la incomprensión de su pueblo, como se escribe en el canto cuarto: Isaías 52, 13-53, 12. Aquí se presenta al Siervo sufriente y anónimo como una víctima sacrificial, a través de la cual Dios funda una nueva comunidad pacífica y reconciliada. Su destino revela un orden paradójico querido por Dios: la no violencia y la fidelidad vencen toda violencia y todo engaño. Esta lógica paradójica y misteriosa se mostrará más explícita en Jesús y que Pablo sintetizará: "Nosotros predicamos a un Cristo Crucificado: escándalo par los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados, sean judíos o griegos, un Cristo que es fuerza de Dios y Sabiduría de Dios" (lCor 1, 23-24). El Siervo sufriente es un modelo de fidelidad del sufrimiento aceptado y compartido en lugar de otros. Su figura es pedagógica, y también universal: ilumina el sentido de los acontecimientos históricos y la propia situación del ser humano, sobre todo cuando se encuentra en un estado de crisis. Este canto, como los otros tres conocidos (Isaías 42, 1-9; 49, 1-12; 50, 4-9), es una meditación sobre la solidaridad y corresponsabilidad en el destino común con la gente. Es decir, invita a que toda persona haga suya la vocación de ser servidor solidario en el dolor para con los otros. Quizás por ello, se diga en Isaías 53, 2, que el servidor no tiene forma o apariencia, para que de este modo no quede excluido ningún rostro humano. El Siervo sufriente de Isaías es una figura real, pero carente de una fisonomía concreta que se pueda reducir a un individuo o a un pueblo concreto. La historia de la interpretación ha mostrado que es inútil darle un nombre concreto. Este anonimato muestra que reviste en sí características tales que solo parcialmente se pueden descubrir en ciertos personajes históricos bíblicos, y que nadie resume todas sus notas y características. El protagonismo que adquiere el sufrimiento en este canto, se debe a la situación de exilio en que se encontraban sus primeros destinatarios, y les revela que no por eso el pueblo había sido abandonado por su Dios. Como parte de ese pueblo sufriente, todo lector, está llamado a dar sentido a su situación de crisis o de dolor. Se trata entonces de que cada uno acepte, que su dolor es un medio querido por el mismo Dios, para compartirlo y no encerrarse en él, para cargarlo junto con el sufrimiento de los demás, y descubrir su carácter sacrificial y redentor. El dolor, entonces, más que hacernos sentir lejos de Dios, nos descubre en el centro de su mirada como el Servidor fiel que él elige y ama y hace reposar su espíritu (cf. Isaías 42, 1). La fe nos hace reconocer que el destino glorioso del Siervo del Señor anónimamente nos comprende a todos. ORACIÓN INICIAL Padre, Dios, por la encarnación y el misterio pascual de tu Hijo Jesús, todos los hombres destinados a la salvación, desde el principio hasta el fin del mundo, son de algún modo miembros de su Cuerpo. Ayuda a todos los que pertenecemos visiblemente a su Iglesia a tener una mirada de fe sobre todos los hombres y las mujeres, destinados por tu gracia a la filiación de tu amor. Que la experiencia de tu Palabra ilumine nuestro camino y que testimoniemos ante ellos la solidaridad y la fraternidad como signo atrayente de tu presencia al compartir sus dolores y esperanzas. Por Cristo nuestro Señor. Amén. 44


PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA Proclamar Isaías 52, 13-53, 12 LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO?  El Siervo descrito "sin apariencia humana", que "produce asombro» (leer Is 52, 13-15) traduce términos que aluden a la parte consagrada de la ofrenda de un rito de purificación. Ese Siervo que ofreció su existencia en sacrificio es la ofrenda elegida por Dios, por medio de la cual las naciones recibirán la reconciliación con su Dios. Esta es la causa del asombro de pueblos y reyes, pues van a ver y oír algo nunca visto ni oído (cf. Mt 13, 16-17).  La obra de la salvación se manifiesta con otras categorías que las acostumbradas: no es la ley del talión, ni la del poder, ni del reconocimiento externo (leer Is 53, 1-4).  El Siervo asume una función del todo nueva: asume el castigo y expía las culpas en lugar de otros (leer 53, 5-6). El Señor descarga sobre él "la culpa de todos nosotros": su acción es salvífica y redentora. Asumida de modo libre, consciente y responsable por los pecados de muchos, tiene un valor sacrificial (leer 53, 7-12). MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO? Primer momento: cada uno medita las siguientes preguntas en silencio. En este texto no hay alusión a la resurrección. ¿En dónde se apoya aquí la fe del Siervo? ¿En una acción milagrosa? ¿En la obediencia a la Palabra de Dios? ¿En la confianza que Dios lo conduce misteriosamente? ¿Qué significa creer según este texto?  A partir del mismo texto, ¿Cuál es el sentido que podemos asumir ante el dolor y los sufrimientos propios? ¿Cómo podemos iluminar el dolor de los demás?  ¿Cuáles son las actitudes que asemejan la experiencia del Siervo a la de Jesús, y cuáles, y en qué se diferencian? ¿Qué apoyo nuevo para su fe tiene el cristiano respecto del creyente del Antiguo Testamento? ¿Cuáles de las dos experiencias de fe te parecen más profundas o heroicas: la del Antiguo o la del Nuevo Testamento?

Segundo momento: Compartimos entre todos lo meditado. ORACIÓN Elevamos juntos la orac1on al Padre Dios, por medio de su Hijo en el Espíritu y respondemos: Concédenos, Señor, la alegría de la esperanza.  Para que entendamos que tu silencio Señor, prolonga tu presencia y la luz de tus palabras, oremos...  Para que en los momentos de oscuridad, sintamos que tu mano nos aferra y nos conforta, oremos...  Que nuestros hermanos probados en su fe y en el dolor, experimenten la certeza de tu amor, oremos...  Que contemplemos el mundo y la vivencia de la gente con una mirada de fe y de misericordia, oremos...  Que nos sintamos fortalecidos en fe por la confianza en tu acción redentora y creadora en nuestra historia, oremos...  Que como María, nos mantengas de pie y en la fidelidad a tu amor en los momentos difíciles que vive nuestra gente, oremos... Decimos juntos lo oración que Jesús nos enseño: Padre Nuestro COMPROMISO Y ACCIONES Reflexionamos. En nuestra vida de creyentes la experiencia del silencio y la lejanía de Dios es una etapa necesaria y decisiva que debemos afrontar. La experiencia y esta convicción nos harán cercanos y sensibles a los que sufren, a los que buscan un sentido a su vida, a los que están pasando crisis de distinta índole. Compromiso. Recordemos y busquemos maneras de hacernos solidarios a nuestros prójimos más cercanos que viven estas circunstancias. 45


1. LA FE RESISTIDA El profeta JONÁS

INTRODUCCIÓN El libro de Jonás es de la época aproximada entre el año 785 y 760 a C. y la acción transcurre entre las ciudades de Jope, Tarsis y Nínive. La historia se encuentra ubicada dentro del grupo de libros "proféticos menores". Pero se diferencia de estos, porque no contiene una predicación sino un relato. En el versículo de apertura se afirma que "la palabra del Señor vino a Jonás". Jonás es el hombre que se empeña, en hacer exactamente lo contrario de lo que debería hacer un profeta. Entre tantas profecías contra naciones determinadas o contra naciones en general, encontramos a este Jonás que trae un mensaje de misericordia para el pueblo que es símbolo de crueldad, de imperialismo, de agresión contra el pueblo de Israel. Y entre una serie de profetas firmemente arraigados en la situación política y social, desfila este Jonás sin arraigo en tierra ni en mar. Ahí está indicada la extrañeza y la importancia excepcional; porque en medio de profetas llamados por Dios para predicar a su pueblo, para denunciar pecados, amenazar castigos y prometer restauración, se inserta esta cuña violenta, gran predicador de los gentiles en el Antiguo Testamento. Este es el mensaje capital del libro, y hacia ese mensaje se tensa todo el movimiento narrativo y dramático del libro. Jonás es el anti-profeta, que no quiere ir adonde lo envía el Señor, ni decir lo que le manda. Así resulta ser el malo y los buenos los marinos paganos y después los ninivitas agresores.

ORACIÓN INICIAL Proclamación: Jonás 1, 2. 2, 1. Como oración final: Jonás 2, 2-10.

LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO? (Como el profeta no estaba dispuesto a obedecer este mandato, se resistió, huyó y se refugió, pero Dios encontró la manera de hacer que cumpliera su misión...). Descubrir el proyecto o misión para Jonás.  ¿Quién era Jonás? Un personaje real o un personaje imaginario?  ¿Cómo responde Jonás? ¿Qué hace? ¿En qué consiste su resistencia?  ¿Cómo consigue Dios su objetivo?  ¿Qué rol cumplen los marineros?  ¿Quién teme realmente al Señor?  ¿Cuál es la reacción de Dios ante la negativa, huída de Jonás?

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MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO? Descubrir mis resistencias. En mi vida hay, hubo, resistencias a la voluntad de Dios. ¿Me resisto a creer que es voluntad de Dios? Busco huir frente a lo que reconozco que Dios me pide? En mi vida, encontré personas no creyentes, no practicantes, que me alentaron a aceptar la misión o el proyecto de Dios. QUE LE DIGO YO A DIOS Descubrir a través de la oración de Jonás su conversión. Hacemos nuestra propia oración desde lo reflexionado anteriormente. COMPROMISO DE VIDA Buscaré en aceptar en fe la voluntad de Dios.

2. FE RESISTIDA, PROBADA, DESAFIADA DE JONÁS INTRODUCCIÓN La Palabra de Dios vino por segunda vez a Jonás. Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad y anuncia lo que yo te digo. Esta vez obedece y actúa como dice la Palabra. Jonás se convirtió en un gran profeta de los paganos, el profeta para el pueblo enemigo de Israel. Para muchos, la misión de Jonás era una gran misión pero también extraña. Una gran misión porque con su brevísimo mensaje y su predicación los ninivitas se convirtieron: el Rey, el pueblo entero hasta los animales se pusieron en ayuno. Extraño porque fue enviado al pueblo pagano y a la vez en gran enemigo de Israel. Y que en realidad Yahvé nunca envía ningún profeta a los pueblos paganos en este tiempo, si Yahvé había hecho tal atrevimiento, seguramente lo hizo por Israel. Por eso podemos entender, por qué Jonás se escapa y huía de la presencia de Yahvé, no obedece a Yahvé cuando lo mandó a Nínive. La obediencia de Jonás de toda forma se puede entender como un acto de dar gracias a Yahvé por haber salvarlo su vida de la muerte. Porque al final del relato, Jonás no estaba contento por el éxito de su misión, sino que se quejaba con Yahve por haber perdonado a los ninivitas. El libro difiere de los otros libros proféticos en el hecho de que se concentra en el profeta y no en sus profecías. Solo tiene un verso que resume el mensaje de Jonás para Nínive. Nínive es una gran ciudad ante Dios, preciosa a los ojos de Dios. Esta historia tiene como propósito dar testimonio de la gracia de Dios y que el mensaje de salvación es para todos los hombres.

ORACIÓN INICIAL Jonás 3, 1-10; 4, 1-11. LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO?      

¿Se deja encontrar Jonás? ¿Qué mensaje lleva Jonás para los ninivitas? ¿Cuál es el contenido de la predicación y en qué tiempo? ¿Qué creen los ninivitas y el rey y cómo responden? ¿Cómo actúa Dios? ¿Podemos imaginar un pueblo entero, animales que están ayunando 40 días y noches? ¿El enojo de Jonás es justificado? Analicemos el diálogo entre Dios y Jonás. 47


MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO?     

Las expectativas de Jonás están de acuerdo a los de Dios. Me sorprende la actitud desconforme, y la depresión de Jonás? ¿Qué mundo quiere Jonás? Y que mundo queremos nosotros? Dios que busca? ¿Qué enseñanza me deja Dios? ¿Quién se debe convertir? ¿Qué significa ser profeta de ese Dios misericordioso?...

QUE LE DIGO YO A DIOS Tomando como base la oración de Jonás 4, 2-3 ¿Puedes formular una oración personal, pero reconociendo la acción de Dios misericordioso en tu propia vida? COMPROMISO DE VIDA Descubrir la misericordia de Dios en personas con situaciones difíciles, no comprensibles humanamente. No juzgar situaciones como definitivamente perdidas. En la narración de Jonás se advierten con facilidad los rasgos satíricos: Aparece como un personaje ridículo: desobediente a su misión; duerme en medio de una calamidad, llora cuando tiene éxito. Sin embargo los paganos son tratados con rasgos positivos: su oración durante la tempestad, los reproches a Jonás, la conversión al oír la predicación. En toda la historia de Asiria no hay recuerdo de que alguna vez se haya convertido. Hasta el último día fue el imperio enemigo de Israel y el libro de Nahúm celebra su caída. De esto se puede deducir que Jonás es una ficción. Textos que hacen referencia en el Nuevo Testamento: Mt 12, 39-41; 16,4; Mc 8, 12; Lc 11, 29-32 La fe es del todo necesaria para poder reconocer el «signo" del Señor. La «señal» no importa, lo que importa es lo que se revela. Y las señales o milagros de Jesús revelan que Dios ofrece una vida nueva en comunión con Dios y los hermanos. Por esto, Jesús no regala la fe a los suyos para conseguir señales del cielo, sino para abrir la existencia a un Dios que quiere reinar como padre de un pueblo de hermanos. La señal definitiva de Jesús será su misterio pascual (Mt 16), que manifestará el amor sin límites del Padre. ¿Quién, entones, podría pedir una señal distinta a esta? Lc 11, 29.32: "Así como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, así será el Hijo del hombre para esta gente”. Los ninivitas creyeron con la predicación de Jonás... en cambio los profetas que Dios envió a su propio pueblo nunca fueron escuchados, y al menos su pueblo se convirtió. En cambio, el pueblo de Dios teniendo entre ellos al Rey Mesías lo rechaza. Jonás tiene que vérselas con los enemigos mitológicos, el mar y el cetáceo, y aprender que el Señor los controla y los somete a su servicio Un minúsculo gusano y un modesto ricino dan una lección sapiencial al profeta recalcitrante. Los primeros cristianos veían un símbolo de resurrección y salvación. Dios salvó al profeta del peligro mortal para salvar por él a un pueblo gentil. Dios salvó a Cristo, no apartando el cáliz de la pasión, sino resucitándolo, y los de la muerte, para salvar con esta muerte y resurrección de su Hijo a todos los pueblos de la tierra.

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la fe y san agustĂ­n

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SAN AGUSTÍN, UN HOMBRE QUE EVOLUCIONÓ EN SU VISIÓN DE LAS COSAS

Cuando nos preguntamos qué dice san Agustín sobre determinado tema y leemos sus escritos, nos encontramos, muchas veces, con expresiones que se contradicen entre sí. Esto tiene una clara explicación: San Agustín fue un buscador afanoso de la verdad de Dios, del hombre y de las cosas. Un buscador incesante que va descubriendo nuevas luces que le llevan a rectificar lo que había pensado anteriormente. Un ejemplo concreto de esta evolución es precisamente el tema de la relación entre fe y razón. Por ser una personalidad permeable al cambio, no conocemos el verdadero pensamiento de Agustín durante las etapas intermedias de su reflexión, sino al final. En muchos aspectos no pensó igual cuando tenía cuarenta años que cuando pasó de los sesenta. Exponente de este progreso gradual en el pensar son dos de sus obras: En las Confesiones revisa y enmienda la primera etapa de su vida, la que precedió a su conversión. Y ya anciano (unos cuatro años antes de morir) escribe las Retractaciones, en las que rectifica muchas de las cosas que escribió a lo largo de su vida y con las que ya no está de acuerdo. Al exponer aquí lo que Agustín piensa y afirma sobre la relación entre fe y razón, no podemos olvidar esta evolución, que pasa por cuatro etapas sucesivas, cada una de las cuales supera y deja atrás lo pensado y afirmado en las precedentes.

1ª ETAPA: AGUSTÍN RACIONALISTA Muchos cristianos apenas conocen de Agustín de Hipona algo más que fue un santo pecador. Vivió, en efecto, una larga juventud -hasta los treinta y tres años en que se convirtió-, muy parecida a la de muchos jóvenes de nuestro tiempo, incluso cristianos: amante de las comodidades, deseoso de éxito y prestigio, fiel a su pandilla de amigos, hicieran lo que hicieran, apasionado por las diversiones, los espectáculos y los placeres, particularmente del sexo, y alejado de lo religioso. Pero le caracterizó siempre una nota que no comparten todos los jóvenes: fue siempre un joven inquieto, insatisfecho de sí mismo y buscador de algo más auténtico y mejor. Toda su juventud fue, en realidad, una búsqueda. La llamó él "búsqueda de la sabiduría y de la verdad", y quiso comprometer a sus amigos en el mismo afán. Quería encontrar un verdadero sentido a su vida y vivirla sabia e inteligentemente, convencido de que la mayoría y, también él mismo, la vivían neciamente. Inició su búsqueda a través del estudio de los grandes filósofos latinos y griegos; es decir, con la luz de la razón. Esta búsqueda no fue inútil, aunque descubrirá, al final, que no es suficiente. Le entusiasmó, por ejemplo, una obra de Cicerón titulada "Hortensio". Este libro le movió a pensar en valores más altos que aquellos en que estaba centrando su vida, y afirma: "Su lectura realizó un cambio en mi mundo afectivo. También encaminó mis oraciones hacia Ti, Señor, e hizo que mis proyectos y deseos fueran otros. De golpe, todas mis expectativas de frivolidad perdieron valor, y con increíble ardor de mi corazón ansiaba la inmortalidad de la sabiduría" (Confesiones 3, 4, 7). Pero al fin, Agustín reconoce que, aunque este libro era elevado y bien escrito, no acabó de entusiasmarle del todo. Agustín vivía alejado de la práctica religiosa. Sin embargo, confiesa que en el fondo recordaba con añoranza las 50


enseñanzas cristianas que había mamado su corazón con la leche de su madre, y le decepcionaba no encontrar el nombre de Cristo en la lectura de los sabios clásicos (Ibídem, III, 4, 8). Hará un intento, por ello, de leer la Biblia; pero su lenguaje simple y poco elegante, en comparación con la belleza de las obras de estos sabios, le desencantó. Prefirió, entonces, dirigir su mirada a la religión maniquea, cuya doctrina ensalzaba la razón como único camino verdadero hacia la Verdad y combatía al cristianismo por exigir una fe sin comprensión racional. También aquí tropezó con la decepción, al comprobar la incoherencia y falta de solidez de la doctrina y de las máximas autoridades maniqueas (Ibídem, V, 3, 3ss.). Buscó, igualmente, en la astrología, hasta que descubrió su inconsistencia (Confesiones 4, 3, 45). Y al fin, termina en un callejón sin salida y su racionalismo le aboca a un escepticismo total; es decir, a no creer ya en nada. Pero había hecho un descubrimiento importante: la sola luz de la razón era insuficiente para encontrar explicación convincente al mundo y a la vida y para vivirla con sentido. Será para él una experiencia aleccionadora.

2ª ETAPA: AGUSTIN ABRAZA LA FE Pese a su notable y desarrollada inteligencia, Agustín no ha logrado responderse satisfactoriamente a las grandes preguntas humanas de siempre: ¿Quién soy yo? ¿Qué sentido tiene la vida y mi vida? ¿Hacia dónde lleva? ¿Cuál es la verdad de Dios, del mundo, del hombre y de las cosas? Y es una de sus pasiones favoritas, como especialista en Oratoria -el lenguaje culto, selecto y elegante-, la que le lleva de nuevo al encuentro con la Palabra Bíblica. Sabía de la fama y popularidad, como gran orador, del obispo Ambrosio de Milán, y sintió curiosidad por escucharlo, y "hacer un análisis minucioso y detallado de su elocuencia para ver si estaba a la altura de su fama, o por debajo de lo que de él se rumoreaba" (Confesiones 5,13, 23). Pero lo que termina llamando su atención y despertando su interés es su modo de entender y de explicar el contenido del mensaje de la Biblia. Más tarde empieza a darse cuenta de la diferencia abismal existente entre esas verdades que encuentra en los libros neoplatónicos, de doctrina ciertamente noble y de altos valores, y la Verdad expresada en la Biblia: "La diferencia que existe entre presunción y confesión, entre los que ven adónde se debe ir pero no ven por dónde se va y el camino que lleva a la patria bienaventurada, no sólo para contemplarla, sino también para vivir en ella" (Confesiones 7, 20, 26). Y se entrega ávidamente a la lectura de San Pablo, que le entusiasma. "Fueron desapareciendo todos aquellos problemas en que a veces me parecía descubrir contradicciones e incoherencias entre sus palabras y el testimonio de la Ley y los Profetas. Apareció ante mis ojos la verdadera y única identidad de tus palabras castas, y aprendí a alegrarme con temblor" (Confesiones 7, 21, 27). Se le fue despejando el camino hasta la convicción plena de cuál era el itinerario de la Verdad que estaba buscando, si bien sus rutinas de vida, su apego a los placeres y las renuncias que implicaba emprender ese camino retrasarán su decisión de abrazar la fe cristiana hasta un cuarto encuentro con la Palabra Revelada en el huerto de Casiciaco (Confesiones 8,12, 29). Abrazada la fe, es cuando empieza a ver con claridad, cada vez más transparente, que la Verdad, por tanto tiempo buscada y no encontrada por la simple razón, se llama "Dios". Es explicable, pues, que Agustín se apasionara por la fe como camino para conocer la Verdad, superior a la razón, en un doble sentido: Fe en la Palabra Revelada y fe en la autoridad de la Iglesia, depositaria e intérprete de esa Palabra. Fe que pasa a ocupar la primacía en su convicción de estar en el camino de la Verdad. Cinco años después de su conversión, escribe su obra "Utilidad de la fe", en la que no duda en hacer afirmaciones radicales, que parecen rayar en el fideísmo: "Confieso que ya creo en Cristo, y estoy dispuesto a abrazar como verdad todo lo que El enseña, aun cuando no se apoye en ninguna razón" (La utilidad de creer 14, 31). "No dar la primacía a la autoridad es sobradamente impío o precipitada arrogancia" (Ibídem. 17, 35). "Yo no creería ni al Evangelio si no me moviese a ello la autoridad de la Iglesia Católica" (Réplica a la carta de Manes, llamada "del Fundamento" 5, 6). La tesis básica de Agustín es que la fe, sin demostración racional, es indispensable en la vida ordinaria, y sin ella no se sostendrían ni la amistad, ni el amor familiar, ni las relaciones sociales. ¿Qué hijo puede demostrar y verificar que 51


los que tiene por padres son sus padres verdaderos? "En la vida social también se creen muchas cosas sin ser vistas. La buena voluntad del amigo no se ve, pero se cree en ella. Sin alguna fe, ni siquiera podemos tener certeza del afecto del amigo probado" (La fe en lo que no vemos 1, título). "Dime, por favor: ¿Cómo ves el afecto de tu amigo? Porque el afecto no puede verse con los ojos corporales. ¿Ves, por ventura, con los ojos del alma lo que pasa en el alma de otro?... La fidelidad del amigo no puedes amarla si no tienes también la fe de que te incline a creer lo que en él no ves; aunque el hombre puede engañar fingiendo amor y ocultando su mala intención" (Ibídem. 1, 2). "¿Quién no ve la gran perturbación, la confusión espantosa que vendría si de la sociedad desapareciese la fe? Siendo invisible el amor, ¿cómo se amarán mutuamente los hombres si nadie cree lo que no ve?" (Ibídem. 11,4). Es ésta la etapa en que Agustín pone sus énfasis en el "Cree para poder entender” (crede ut intelligas). Esa había sido su propia experiencia: Sólo vio claro cuando empezó a creer. Sin embargo, al defender tan calurosamente la supremacía de la fe-autoridad, sobre la razón, Agustín deja ya en claro que se está refiriendo a la primera etapa del camino hacia la Verdad; pero habrá que seguir avanzando: "Es imposible encontrar la religión verdadera sin someterse al yugo pesado de una autoridad y sin una fe previa en aquellas verdades que más tarde se llegan a poseer y comprender, si nuestra conducta nos hace dignos de ello" (La utilidad de creer 9, 21). “¿Pensáis que dice cosa de poca monta quien afirma: 'Entienda yo y creeré'? ¿Qué tratamos de hacer sino que crean, no los que son incrédulos, sino quienes aún tienen poca fe? En efecto, si nada creyesen, no estarían aquí. La fe los ha traído a escuchar... Pero es menester regar, nutrir y robustecer esa fe que ha empezado a germinar. A eso dirigimos nuestro esfuerzo" (Sermón 43, 8). Por otra parte, Agustín no está defendiendo, en modo alguno, la credulidad, que se distingue muy bien de la fe. Todo su discurso es un intento de demostrar que partir de la fe no es algo irracional, sino que es razonable creer antes de entender; y, en este sentido, algún grado de razón precede a la fe: "Si admitimos que son cosas distintas el creer y el ser crédulos, se sigue que no hay mal alguno en creer en la religión" (La utilidad de creer 10, 23). "Porque la credulidad, me dices, me parece un defecto; de lo contrario no lo reprocharíamos como una afrenta... ¿Por qué, pues, se designa con el nombre... de crédulo a quien cree a veces cosas a la ligera?.. Hay gran diferencia entre el creyente y el crédulo" (Ibídem, 9, 22). 3ª ETAPA: AGUSTIN ILUMINADOR RACIONAL DE LA FE La fuerza de convicción de Agustín resultaba contagiosa para los que le escuchaban. Y visto su entusiasmo por la centralidad indiscutible de la fe, para vivir la Verdad de Dios, no extraña la carta que recibió, en el año 410, de Consencio, uno de los lectores de sus libros, en la que le expresa su convicción de que la razón, y por ello el estudio y la búsqueda, son inútiles y le basta con creer en la autoridad de los santos. Agustín le contesta con la carta 120, en la que trata de equilibrar debidamente la importancia tanto de la fe como de la razón: "Dios nos libre de pensar que nuestra fe nos incita a no aceptar ni buscar la razón, pues no podríamos ni aun creer si no tuviésemos almas racionales" (Carta 120, 3). Ahora Agustín sienta, sin titubeos, que si es cierto el "cree para poder entender", también lo es el "entiende para creer". Ambas cosas han de armonizarse debidamente, como ampliará en el Sermón 43, 9. En primer lugar, "es la razón la que exige que la fe preceda a la razón". Las palabras de Isaías (7, 9): "Si no creyereis, no entenderéis", no es un precepto irracional, sino racional y, en este sentido, "esta razón que exige que la fe preceda a la razón..., debe ella misma preceder a la fe" (Carta 120, 3). Y, por otra parte, cuando ya se ha empezado a creer, ésta crecerá y se consolidará en la medida en que se ilumina con la luz de la razón (Ibídem. 120, 4). 52


Precisando aún más las cosas, la meta final es la comprensión, la iluminación, la visión; la fe sólo es el camino. Y, en definitiva, la meta es siempre más importante que el camino: "Creemos para conocer, no conocemos para creer" (Tratados sobre el Evangelio de San Juan 40, 9). "La fe busca; el entendimiento encuentra" (La Trinidad 15, 2, 3). "La fe es el peldaño de la intelección: la fe es grado, la inteligencia es término, y la intelección es la recompensa de la fe" (Sermón 126, 1). "Nos abrimos a la fe, por la que creemos lo que no vemos, para poder ver lo que creemos" (Sermón 127, 1). Por eso estancarnos en la aceptación de lo que nos dice la autoridad, sin esforzarnos en comprender, es traicionar el camino que nos conduce a la verdadera meta, que es la comprensión. Nadie debe estar satisfecho diciendo que, por la fe, ya posee la Verdad. Por el contrario, "aunque aceptemos todas estas cosas con inquebrantable fe, sin embargo, puesto que aún no tenemos su comprensión, inquiramos como si todo fuera incierto" (El libre albedrío 2, 2). Fe y razón son, pues, para Agustín dos preciados dones de Dios que se apoyan mutuamente en nuestro camino hacia Él. Ni racionalismo ni fideísmo, sino una fe más y más iluminada, pues nuestro destino en Dios es ver. Y cuando nos sea dado ver a la plena luz de Dios, no tendrá ya sentido la fe: nos uniremos a su Verdad, no porque creemos, sino porque vemos. 4ª ETAPA: AGUSTÍN COMTEMPLATIVO Todavía Agustín avanzará hacia una etapa ulterior, cuyo énfasis no está ya en el binomio fe-razón, que se dan por supuestas, sino en la contemplación silenciosa del Dios, siempre Misterio insondable. "Sin duda callando podemos pensar algo digno de su inefabilidad. Porque lo que puede decirse no es inefable. Dios, sin embargo, es inefable" (Sermón 117, 5, 7). De una actitud, en cierto modo "agresiva" hacia la realidad de Dios, intentando conquistarla, definirla, precisarla, medirla mediante la razón, pasa a una actitud respetuosa, abierta y receptiva hacia el Misterio; una actitud contemplativa. Es la etapa de madurez de la fe y de trascendencia de la razón. El Agustín razonador de la Verdad da paso al Agustín contemplador del Misterio. Su énfasis ahora no se refiere ya tanto a la racionalidad de la fe cuanto a la grandeza inasequible de Dios, Misterio que intuye, contempla y alaba. Ahora empieza Agustín a hablar, no ya de comprensión de la Verdad de Dios, sino de la VISIÓN: "Si preguntas si Dios puede ser visto, respondo: Puede" (Carta 147, 37, año 413). Pero no mediante la "razón inferior", cuyo objeto es la "ciencia útil de las cosas humanas" (La Trinidad 15, 2, 2), sino con la "razón superior", facultad contemplativa (Ibídem. 12, 3), superior a la anterior. En otras palabras, mediante el "Ojo del alma" (Tratados sobre el Evangelio de San Juan 35, 3), u "Ojo del corazón" (La dimensión del alma 33, 70, 76), iluminado por la luz del Verbo, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Tratados sobre el Evangelio de San Juan 15, 19). Aquí sitúa Agustín los tres grados superiores de ascensión espiritual: ILUMINACION-VISION-UNIÓN (La dimensión del alma 33, 70, 76). De la "teología de la mente", Agustín ha pasado a la "teología del corazón": "No tendréis acceso a la Verdad, sino por la caridad" (Réplica a Fausto, el maniqueo 22, 18, 18). No se trata ya de entender a Dios, sino de unirse a Él, lo que conduce a la experiencia de Dios. Porque "de Él decimos más fácilmente lo que NO ES que lo que ES" (Comentarios a los Salmos 85, 12). Escribe Miguel de Unamuno: "Perdí mi fe pensando en los dogmas, en los misterios en cuanto dogmas; la recobro meditando en los misterios en los dogmas en cuanto misterio/ (Diario íntimo, cuaderno 4; en Obras completas, Ed. Escélicer, Madrid, t. 8, 1966, p. 865). De este modo ha recorrido Agustín un largo camino de ascensión a Dios, que define un itinerario espiritual en tres etapas: Creer, entender y experimentar (credere-intelligere­sapere), (cf. Tratados sobre el Evangelio de San Juan 48,6). Y descubre, con gozo, que esta etapa última es la Sabiduría ("sapere"-"sapientia” = sabiduría), que él buscó desde su juventud. He aquí la síntesis del proceso: 53


Tres fases necesarias en el camino hacia la maduración de nuestra fe:  fe inicial, basada en la autoridad de la Revelación y de la Iglesia;  fe iluminada por la luz de la razón, a través del estudio y la formación;  fe hecha vida por la contemplación de Dios. Se corresponden con el itinerario iniciado ya por las primeras comunidades cristianas: Kerigma­ CatequesisVida cristiana.

PARA EL DIÁLOGO  Hay, actualmente, en nuestra Iglesia dos modos diferentes, y a veces contrapuestos, de entender la fe: la de los estudiosos de la Biblia y la Teología y la de los cristianos de fe simple y poca formación. ¿Qué dificultades ves tú para que se armonicen esas visiones diferentes?  San Agustín cambió a lo largo de su vida en el modo de entender la relación fe-razón por su constante reflexión y estudio. ¿A qué causas -crees tú- se debe que muchos se estanquen y vivan como a la defensiva frente a todo cambio?  En nuestra fe pesa mucho la tradición: lo que siempre se creyó e hizo. Sin embargo, la Iglesia ha variado su visión de las cosas a través de los tiempos. No piensa igual que en épocas pasadas en temas como la igualdad hombremujer, la libertad religiosa, el ecumenismo, la interpretación de muchos textos bíblicos, etc. ¿A qué se debe esta evolución? ¿Cómo la valoras?

EN BÚSQUEDA INCESANTE DE DIOS POR LA FE Y LA COMPRENSION

Si por la fe hubiéramos encontrado plenamente a Dios, sería vana ya toda búsqueda ulterior. Una de las notas de la espiritualidad de Agustín, sin embargo, es la "búsqueda incesante de Dios”. Porque Dios es la Gran Meta hacia la que hemos siempre de avanzar, pero que nunca logramos alcanzar en plenitud, tanto en lo que se refiere al conocimiento como a la vivencia. Es precisamente en esta constante tensión hacia Él donde "se hace mejor el que busca tan gran Bien, encontrando lo que busca y buscando lo que encuentra. Se le busca para que sea más dulce el hallazgo; se le encuentra para buscarle con mayor avidez" (La Trinidad 15, 2, 2). Pues, en este camino, "cuando el hombre creer acabar, entonces comienza" (Ibídem 9, 1, 1). No basta creer: la fe no es sino el comienzo. Hemos de seguir buscando para iluminar más y más esa fe y conocer más y mejor a Dios: "Busca la fe; encuentra el entendimiento" (Ibídem, 15, 3, 2). Nuestra búsqueda está siempre orientada por la Palabra Revelada; pero ésta necesita estudio para su debida comprensión "Si todo lo que contiene la Escritura lo pudiésemos entender con facilidad, 54


ni nuestra búsqueda sería trabajosa, ni podríamos saborear la dulzura del encuentro de la Verdad" (La verdadera religión 17, 33). La consecuencia inmediata de estos principios es la humildad ante el Misterio insondable de Dios. Acerca de Él, nadie posee la Verdad plena y total, sino que todos hemos de avanzar hacia ella a partir de pequeñas y fragmentarias luces, que debemos compartir: "Porque tu Verdad (Señor) no es mía, ni de aquel, ni del de más allá, sino de todos nosotros, a cuya comunicación nos llama públicamente, advirtiéndonos que no queramos poseerla privada, para no vernos de ella privados" (Confesiones 12, 25, 34). Y Agustín es consecuente: "No quisiera que nadie aceptase lo que enseño, para ser mi seguidor, a no ser en aquello que él mimo descubre que no estoy equivocado" (El don de la perseverancia 2, 21, 5 7). Y "aunque aceptemos todas estas cosas con inquebrantable fe, sin embargo, puesto que aún no tenemos su comprensión, inquiramos como si todo fuera incierto" (El libre albedrío 2, 2). LA INCOMODIDAD CULPABLE DE LA FE Hay personas que juzgan incómodos los contenidos de la fe por una descuidada formación religiosa. Se han preocupado de amueblar la casa con los electrodomésticos modernos que hacen más fáciles las tareas domésticas, procuran estar bien informados y, sin embargo, viven despreocupados de su actualización religiosa. Vivir con una fe que en vez de ser liberadora oprime y recorta libertades, es como vestir una prenda que no es de nuestra talla. Mientras el crecimiento físico obedece al funcionamiento de nuestra maquinaria biológica, el crecimiento cultural exige el estudio y lo mismo los contenidos de nuestra fe. Algo muy frecuente es encontrarnos con personas que han llegado a un grado de formación universitaria y, sin embargo, su formación religiosa quedó frenada en los años de colegio. El diálogo fe-cultura es difícil porque se manifiesta una evidente desigualdad entre el equipaje de conocimientos religiosos y el de conocimientos profanos. Se llega así a la conclusión de que entre fe y razón existe una distancia insalvable y que un pensador creyente es tan extraño como un trébol de cinco hojas. Creer no significa cerrar los ojos y caminar entre tinieblas. La fe es camino hacia el conocimiento, y el conocimiento progresa de la mano de la fe. Toda hipótesis de trabajo presupone una intuición, una sospecha, una confianza. La ciencia exige un asentimiento racional para hacer pie en verdades -aunque sean provisionales- y poder avanzar. Cuando hablamos de fe religiosa, sin embargo, además del pensamiento entra en juego el amor. Las cosas son más humanas si las pasamos por la mente y por el corazón. Nada más equivocado, entonces, que equiparar la fe a una cierta pereza intelectual o a un modo de andar por la vida sin actitud crítica alguna. LA FE SIMPLE Y CIEGA ES PELIGROSA Abundan los creyentes que aceptaron y asumieron su fe basados simplemente en la autoridad de los que se la enseñaron, en la herencia, la tradición o el ambiente. Es la fe simple y ciega de tantas personas sencillas, respetable sin duda, pero en todo caso peligrosa. Peligrosa para ellas mismas porque sus convicciones religiosas no tienen raíces y están siempre propensas a la turbación, cada vez que otras personas de distintas creencias religiosas, o no creyentes, o más ilustradas en la fe, le señalan las incoherencias o contradicciones, aparentes o reales, de su fe. La fe no debidamente rumiada, estudiada e iluminada, es literal, superficial y malinterpreta fácilmente la Palabra Bíblica, el verdadero rostro de Dios, el lenguaje y los signos religiosos y hasta el sentido de la plegaria cristiana, otorgándoles ciertos rasgos mágicos que la falsean. Quien profesa este tipo de fe siempre estará a la defensiva contra todo aquel que someta a crisis su modo de creer, porque es lo único que tienen. San Agustín advierte, por ello, que quien confunde en los sacramentos el signo con la realidad significada no ha comprendido el sacramento: "El que utiliza un signo sin comprender lo que significa, se hace esclavo del signo". "Seguir materialmente la letra y tomar los signos por la realidad a que se refieren, denota debilidad servil" (La doctrina cristiana 3, 9, 13). Sólo "el que hace o venera algún signo comprendiendo su valor y significado, no adora lo que se ve y es transitorio, en lugar de aquello a que se han de referir los signos" (Ibídem). 55


La fe ciega también es peligrosa para los demás. La religiosidad mal entendida decepciona a los que buscan algo auténtico y coherente; desacredita el verdadero mensaje de Cristo y provoca en muchos el menosprecio, la indiferencia religiosa o el ateísmo. La convicción religiosa que hace a los creyentes verdaderos testigos no puede basarse en simple fanatismo, sino en la comprensión profunda y luminosa de su fe. Concluye Agustín: "Amonesta el Apóstol que hemos de estar preparados a contestar a todo el que nos pida razón de nuestra fe y de nuestra esperanza" al no creyente, y preparados para dar luz a quien nos pida razones para entender lo que cree” (Carta 120, 1. 4). EN SINTESIS San Agustín nos ha llevado de la mano, tanto con su palabra como con la experiencia de su propia vida, por el itinerario que ha de conducirnos, por etapas, a la madurez de nuestra fe y con ella, también a nuestra madurez como seres humanos. Ni la fe sin la razón, ni la razón sin la fe nos humanizarán verdaderamente. El conflicto fe-razón sólo tiene lugar cuando ambas se cierran en sí mismas y discurren por vías independientes. Pero ambas se armonizan cuando nos movemos desde esa facultad superior -intuitivo-contemplativa-, que alcanza al misterio oculto que todo está revelando, más allá de toda verificación científica, y aun de la lógica racional. Dios y el misterio de nuestra propia existencia son siempre más de lo que podemos verificar y explicar. Y en este misterio que nos desborda, radica precisamente tanto la grandeza de Dios como nuestra propia grandeza. Dios es insondable y el ser humano inagotable. Nuestra tarea es avanzar siempre, de oscuridad en oscuridad y de luz en luz, hacia la captación y la vivencia del misterio. Y para ello precisaremos de dos pies, o si preferimos de dos alas: fe y razón. También el pensamiento puede encaminar hacia la fe (La predestinación de los santos 2.5). Este el mensaje, indudablemente actual, de san Agustín. PARA EL DIÁLOGO  Entre los católicos actuales, ¿qué porcentaje podríamos aventurar de creyentes que viven su fe por convicción profunda (fe personal, estudiada y razonada) y el de los que la viven por herencia, costumbre o tradición?  Comentar el siguiente texto: "Puesto que la Iglesia es una comunidad de fe y de doctrina, no existe fundamento suficiente para que la diversidad de opiniones sobre las cuestiones doctrinales haga imposible la unidad en la fe y en el Espíritu. El talante dogmático es el culpable de la mayoría de las rupturas de la historia cristiana'' (GONZÁLEZ CARVAJAL, L., Esta es nuestra fe, Ed. Sal Terrae, Santander 1984, p. 133). 

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¿Qué conclusiones prácticas tendríamos que sacar de la enseñanza y ejemplo de san Agustín?


280 FRASES DE SAN AGUSTÍN SOBRE LA FE

1- Sometamos, pues, el alma a Dios, si queremos someter nuestro cuerpo a servidumbre y triunfar del diablo. Y la fe es la primera que somete el alma a Dios. agon. 13, 14 2- Tened, pues, fe acompañada de amor. Ese es el vestido nupcial. Amaos mutuamente quienes amáis a Cristo; amad a los amigos, amad a los enemigos. s. 90, 9 3- Todo el que quiera tener aquí lo que ha de poseer allí, prueba no tener fe. c. Iul. Imp. 2, 140 4- Creer en Cristo es amar a Cristo. en. Ps. 130, 1 5- Va mucho de creer uno en la existencia de Cristo, a creer en Cristo. La existencia de Cristo también la creyeron los demonios y, con todo eso, los demonios no creyeron en Cristo. Cree, pues, en Cristo quien espera en Cristo y ama a Cristo. s. 144, 2 6- No digamos nosotros que no conocemos a Cristo; lo conocemos si creemos. Ellos (los discípulos de Emaús) tenían a Cristo en el banquete; nosotros lo tenemos dentro, en el alma. Mayor cosa es tener a Cristo en el corazón que tenerlo en casa. s. 232, 7. 7- ¿Qué es, pues, tocar sino creer? A Cristo lo tocamos con la fe, y es preferible no tocarlo con las manos y sí con la fe, a tocarlo con las manos y no con la fe. s. 246, 4 8- A Cristo lo vieron también los judíos. Nada tiene de grande ver a Cristo con los ojos de la carne; lo grandioso es creer en Cristo con los ojos del corazón. s. 263,3

11- No creemos en Cristo para nacer, sino para renacer. ep. 190, 1. 12- No es alabanza de fe la de los cristianos que creen en Cristo muerto, sino la de los que creen en Cristo resucitado. en. Ps. 101, 2, 7. 13- La fe de los cristianos consiste en creer en la resurrección de Cristo. Tenemos por grande creer que Cristo resucitó. en. Ps. 120, 6. 14- Al enemigo visible lo vences hiriéndolo; al invisible lo vences creyendo. Visible es el hombre enemigo; visible es el herir; invisible es el diablo enemigo; invisible es también el creer. Hay, pues, pelea invisible contra los enemigos invisibles. s. 67, 5. 15- Los demonios confesaban a Cristo. La fe, no el amor, les hacía decir: "¿Qué hay entre nosotros y tú?". Tenían fe, pero no tenían caridad. Por eso eran demonios. Io. eu. tr. 6, 21. 16- Para poder contemplar inefablemente lo inefable es menester purificar nuestra mente. No dotados aún con la visión somos nutridos por la fe y conducidos a través de caminos practicables, a fin de hacernos aptos e idóneos de su posesión. trin. 1,1, 3 17- La débil penetración de la inteligencia humana no puede fijar su mirada en el resplandor centelleante de la luz si no es robustecida por la justicia de la fe. trin. 1, 2, 4. 18- La ausencia del Señor no es ausencia. Ten fe y estará contigo aquel a quien no ves. s. 235, 3.

9- No vamos a Cristo corriendo, sino creyendo; no se acerca uno a Cristo por el movimiento del cuerpo, sino por el afecto del corazón. Io. eu. tr. 26, 3

19- Nadie entre en discusiones; la voluntad de Dios pide la fe, no preguntas. s. 318, 1

10- Quien cree a Cristo, no ama lo ínfimo, no se engríe en lo mediano, y así se hace capaz de adherirse a lo sumo. ep. 18, 2.

20- Nuestra fe consta de cosas increíbles: la Palabra de Dios se hizo heno, un muerto resucitó, Dios fue crucificado: cosas increíbles todas para sanarte a base de realidades increíbles, puesto que tu enfermedad había adquirido dimensiones enormes. s. 341A, 1. 57


21- No es la razón, sino la fe, el medio para comenzar el adoctrinamiento. uti. cred. 9, 22.

33- El creer pertenece a la fe; el obrar, a la caridad. en. Ps. 31, 2, 5.

22- La palabra de Dios no queda infecunda en quienes la escuchan con fe. s. 301A, 4.

34- Que nadie se jacte de sus buenas obras antes de la fe; que ninguno sea perezoso para obrar después de recibir la fe. en. Ps. 31, 2, 8.

23- Es útil que haya diversidad de opiniones en los lugares oscuros de las divinas Escrituras, pues Dios nos las ha dejado para ejercitarnos, y que a unos les parezca una cosa y a otros otra, con tal que todos estén de acuerdo con la sana fe y doctrina. ep. 149, 3, 34. 24- Se tambaleará la fe si comienza a vacilar la autoridad de la divina Escritura, y si se tambalea la fe, la caridad languidece. Todo el que se aparta de la fe se aleja de la caridad; porque no puede amar lo que no cree que existe. doctr. chr. 1, 37, 41. 25- Nos entristece el no ver, pero nos consuela el esperar ver. Existe, pues, la esperanza, y es compañera de la fe. s. 53, 11. 26- "¡Cuán duras palabras son éstas!". Duras, sí, mas para los duros; es decir, son increíbles, mas lo son para los incrédulos. s. 131, 1. 27- La misma fe es fe precisamente porque se aguarda en la esperanza lo que no se ve en la realidad. ciu. 13, 4. 28- Dios otorgó tal gracia a la fe, que la muerte, que tan contraria es a la vida, se ha convertido en medio de pasar a la vida. ciu. 13, 4. 29- En lo íntimo del hombre es donde se cree en Dios. ciu. 20, 8, 2. 30- Con la fe, ciertamente, es con lo que nos acercamos a Dios, y ésa está en el corazón, no en el cuerpo. ciu. 22, 29, 4. 31- No temeré los males porque tú, Señor, habitas en mi corazón por la fe, y ahora estás conmigo, a fin de que, después de morir, también yo esté contigo. en. Ps. 2, 4. 32- Nadie tenga en cuenta sus obras antes de la fe. En donde no hay fe no hay obra buena. La intención forja la buena obra, la fe encauza la intención. en. Ps. 31, 2, 4. 58

35- Si ves a tu enemigo, hazle frente con tus armas. Nos armamos con la fe de aquellas cosas que no vemos, y derribamos por tierra a los enemigos que así mismo no vemos. en. Ps. 34, 1, 2. 36- Ahora crees algo para obrar, pero no ves lo que crees. Cuando comiences a ver lo que creíste, saldrá a luz tu justicia, porque tu justicia era tu fe, porque el justo vive de la fe. en. Ps. 36, 1, 6. 37- Quienes no tienen los ojos de la fe se quejan de la felicidad de los impíos, y piensan que ellos son justos sin motivo, puesto que ven aquí sobresalir a los impíos. en. Ps. 36, 3, 14. 38- Han cambiado los tiempos, no la fe. en. Ps. 50, 7. 39- Si no te acuerdas de Cristo, duerme. Despierta a Cristo; despereza tu fe. Cristo duerme en ti si te olvidas de sus padecimientos, pero está despierto en ti si te acuerdas de ellos. en. Ps. 54, 10. 40- Nadie pierde la fe a no ser que la desprecie. en. Ps. 55, 19. 41- La fe tiene por objeto las cosas que no se ven; cuando se vean, desaparecerá y tendrá lugar la visión. en. Ps. 91, 1. 42- Israel significa el que ve a Dios. Lo veremos cara a cara si ahora lo vemos por la fe. Nuestra fe tiene sus ojos, y la verdad se manifiesta a la fe. Creamos en el que no vemos y gozosos lo veremos; deseémoslo sin verlo y nos gozaremos viéndolo. en. Ps. 97, 3. 43- La ley de la fe es aquella por la que pedimos y creemos que nos ha de ser dado por la gracia que hagamos lo que no podemos ejecutar por nosotros. en. Ps. 118, 10, 5. 44- Nuestro entendimiento sirve para entender lo que ha de creer, y la fe para creer lo que ha de entender; y para que se entiendan más y más estas


mismas cosas, sirve la mente en el mismo entendimiento. en. Ps. 118, 18, 3. 45- Si vuestra fe duerme, duerme Cristo en vosotros. Y la fe de Cristo consiste en estar Cristo en vosotros. en. Ps. 120, 7. 46- Quien peregrina y camina por la fe, aún no se halla en la patria, pero ya está en el camino; sin embargo, el que no cree, no está en la patria ni en el camino. en. Ps. 123, 2. 47- Nadie comienza a vivir bien si no es por la fe. Luego nuestra fe se halla entre nuestros primogénitos. Cuando se conserva nuestra fe, pueden seguir las demás virtudes. en. Ps. 134, 18. 48- ...no todos tienen fe. La fe de tal modo se halla en el alma, que viene a ser la buena raíz que convierte el agua en fruto. en. Ps. 139, 1. 49- La fe, que obra por la caridad, aunque no tenga en qué ejercitarse externamente, se mantiene ferviente en el corazón. s. 2, 9. 50- No debes ver lo que has de creer, sino creer lo que has de ver; cree mientras no ves, para que, cuando veas, no te avergüences. Creemos mientras es el tiempo de la fe, antes de que llegue el tiempo de la realidad. s. 38, 3. 51- El comienzo de una vida santa, merecedora de la vida eterna, es la verdadera fe. s. 43, 1.

hace reos. s. 53, 11. 57- Elimina la fe: desaparece el creer; suprime el amor: desaparece el obrar. Fruto de la fe es que creas; fruto de la caridad, que obres. s. 53, 11. 58- La fe, pues, que obra por amor es la que limpia el corazón. s. 53, 11. 59- Es preciso que aquel en quien existe "la fe que obra por el amor", espere lo que Dios promete. s. 53, 11. 60- Nuestra fe será nuestro vestido; será también nuestra túnica y nuestra coraza: túnica contra la vergüenza, coraza contra la adversidad. s. 58, 13. 61- Creo lo que no veo, y creyendo amo, y amando veo. s. 65A, 4. 62- Por la fe Cristo habita en ti. Si está presente la fe, está presente Cristo; si la fe vigila, vigila Cristo; si la fe está olvidada, Cristo duerme. s. 81, 8. 63- Quien todavía no puede ver lo que ha de mostrar el Señor, no busque el ver antes de creer, sino más bien crea primero para que pueda sanar el ojo con que ha de ver. s 88, 4. 64- Una cosa es creer y otra ver. Cree ya que no ves, a fin de que creyendo lo que no ves, merezcas ver lo que crees. Lo que merece la visión es la fe; la recompensa de la fe es la visión. s. 97A, 2. 65- Si la fe flaquea, la oración perece. s. 115, 1.

52- La fe consiste en creer lo que aún no ves, y su recompensa es ver lo que ahora crees. s. 43, 1. 53- Todo hombre quiere entender; no existe nadie que no lo quiera; pero no todos quieren creer. s. 43, 4. 54- Es difícil que viva mal quien cree bien. s. 49,

66- La fe es la fuente de la oración; no puede fluir el río cuando se seca el manantial del agua. s. 115, 1. 67- Creamos, pues, para poder orar. Y para que no decaiga la fe mediante la cual oramos, oremos. De la fe fluye la oración; y la oración que fluye suplica firmeza para la misma fe. s. 115, 1.

2. 55- Te pregunto si crees. Dices: "Creo". Haz lo que dices y tienes la fe. s. 49, 2. 56- Hay que distinguir nuestra fe de la de los demonios. Nuestra fe limpia el corazón; la de ellos los

68- La fe no es propia de los soberbios, sino de los humildes. s. 115, 2. 69- La fe precede al entendimiento, según aquello del profeta: "Si no creéis, no entenderéis". s. 118, 1. 59


70- La fe es el peldaño de la intelección, y la intelección es la recompensa de la fe. s. 126, 1.

82- Lo que no puede expresarse dignamente, puede creerse fielmente. s. 215, 3.

71- Quien te llamó a la fe, no te dejó a la deriva; porque, si te ordenó creer lo que no puedes ver, no te dejó sin ver nada, que no puedas por ahí creer lo que no ven tus ojos. s. 126, 5.

83- Creed, pues, hermanos; cuando está por medio la fe, no se precisan muchas palabras. s. 215, 6.

72- Es a la fe, por tanto, adonde se dirige la predicación cuando expone sencillamente los misterios y es a la inteligencia adonde mira la discusión, que sutiliza. s. 139, 1. 73- La fe no puede obrar bien si no es por el amor. Esa es la fe de los fieles, distinta de la de los demonios, pues también los demonios creen, pero tiemblan. s. 156, 5. 74El hombre empieza por la fe. ¿Qué es lo propio de la fe? Creer. Pero incluso esta fe ha de distinguirse de la de los espíritus inmundos... s. 158, 6. 75- ¿De dónde te viene el creer, sino de la fe? La fe que tienes es un don de Dios. s. 168, 1.

84- La mente está en vela si no se duerme la fe, ni se apaga la esperanza, ni se enfría la caridad. s. 223E, 1. 85- Nuestra fe está en lucha contra la noche de este mundo a fin de evitar que nuestros ojos interiores se duerman en la noche del corazón. s. 223 I. 86- La fe es la tarea, el entenderlo es la recompensa. s. 229G, 4. 87- La resurrección de Jesucristo el Señor es lo que caracteriza a la fe cristiana. s. 229H, 1. 88- A Cristo se le toca mejor con la fe que con la carne; tocar a Cristo equivale aquí a tocarlo con la fe. Aquella mujer que padecía flujo de sangre, se acercó a él con fe y con la mano tocó su vestido, pero con la fe, su majestad. s. 229K, 1.

76- Si no crees no amas. s. 168, 2. 77- Tened fe; mas para tener fe, orad con fe. Pero no podéis orar con fe sin tener fe. Pues ninguna otra cosa ora sino la fe. s. 168, 5. 78- La fe es un don de Dios. Que nadie se envanezca, que nadie se la atribuya a sí, como si se hubiese dado algo a sí mismo. s. 168, 8. 79- Lo que la razón humana no comprende, lo percibe la fe, y donde la razón humana desfallece, hace progresos la fe. s. 190, 2. 80- No se ha de declarar automáticamente salvado a quien cree, espera y ama. Es de gran importancia saber qué cree, qué espera y qué ama. En efecto, nadie, en ningún género de vida, vive sin estos tres afectos del alma, es decir, sin creer, esperar y amar. s. 198, 2. 81- Cuando escuchéis el símbolo, creedlo para entenderlo, para que, a medida que progresáis, podáis comprender lo que creéis. s. 214, 10. 60

89- Si crees hasta lo que no ves, cuando lo veas te llenarás de gozo. Se edifica la fe, porque después se recompensará con la visión. s. 235, 4. 90- Con la defensa de la fe se curan las heridas de la duda y de la incredulidad. Por tanto, quien defiende la fe es un buen médico. s. 240, 1. 91- Piénselo la fe; la fe radica en la mente, la fe está en los cimientos del corazón. s. 265C, 2. 92- La muchedumbre apretuja, la fe toca. Hermanos, estad entre los que tocan, no entre los que apretujan. s. 299C, 5. 93- Ahora camina en la fe, ordena tu vida. Él está muy en lo alto, fortalece tus alas. Cree lo que aún no puedes ver para merecer ver lo que crees. s. 301, 9. 94- Quien abandona la fe se ha extraviado del camino. s. 306B, 1. 95- ¡Qué fe, amadísimos, qué fe! Desprecia lo que ves; llegará lo que crees. s. 306D.


96- Permanece en la fe, y tu fatiga será tu victoria. s. 318, 3.

40, 8.

97- Quienes no han recibido la fe han perdido la esperanza de la inmortalidad. s. 335H, 1.

111- Creemos para conocer, no conocemos para creer. Io. eu. tr. 40, 9.

98- La fe que lleva en el corazón el ojo de la piedad ve cómo se depositan en los tesoros celestes las buenas obras de los fieles hechas con sus bienes temporales y terrenos. s. 337, 1.

112- ¿Qué es la fe sino creer lo que no ves? Fe es creer lo que no ves; verdad es ver lo que has creído. Io. eu. tr. 40, 9.

99- Cree. Magnífica síntesis, gran recipiente en que puedes acoger el gran don (Dios); eso es la fe. Prepárate el recipiente, tú que has de ir a la fuente; prepárate el recipiente... s. 339, 6. 100- Las tribulaciones de este mundo no han de quebrar, sino cocer tu fe. s. 339, 6. 101- Caminar a la luz de la fe es caminar a la luz de la gracia. Io. eu. tr. 3, 8. 102- La fe es una gracia y la vida eterna es como premio de la fe. Io. eu. tr. 3, 9.

110- La fe se cimienta en la humildad. Io. eu. tr.

113- Ten, pues, fe y, aunque estés muerto, vivirás. Pero, si no tienes fe, aunque estés con los que viven, estás muerto. Io. eu. tr. 49, 15. 114- La fe es el alma de tu alma. Io. eu. tr. 49, 15. 115- Si la fe está dentro, allí está Cristo dando voces; porque, si tenemos fe, Cristo vive en nosotros. Io. eu. tr. 49, 19. 116- También nosotros amamos ahora creyendo lo que entonces veremos, y entonces amaremos viendo lo que ahora creemos. Io. eu. tr. 75, 5.

103- En medio de las tinieblas de esta vida alumbra todos nuestros pasos la antorcha de la fe. Io. eu. tr. 5, 15.

117- El demonio cree, pero no ama; nadie ama si no cree. El que no ama puede esperar, aunque inútilmente, el perdón; pero el que ama no puede desesperar de alcanzarlo. Io. eu. tr. 83, 3.

104- El pensamiento carnal no entiende lo que digo. Que deje para luego el entender y que comience primero por la fe. Io. eu. tr. 14, 13.

118- Cuán grande sea el mal de los que no creen, puede colegirse no sólo del mal mismo, sino del bien de los que creen. Io. eu. tr. 95, 2.

105- La fe es uno de los grados de la piedad, y el fruto de la fe es la inteligencia, que nos hace llegar a la vida eterna... Io. eu. tr. 22, 2. 106- Si no has entendido, cree. La inteligencia es, pues, premio de la fe. Io. eu. tr. 29, 6. 107- Esa es la fe que Dios exige de nosotros; pero jamás podrá hallar lo que tiene derecho a exigir si Él no hubiera dado lo que tiene derecho a encontrar. Io. eu. tr. 29, 6. 108- Lo que rápidamente se percibe, no se cree, porque se ve. Por eso crees, porque no entiendes, y creyendo te predispones para entender. Io. eu. tr. 36, 7. 109- Que la fe te limpie para que te veas lleno de inteligencia. Io. eu. tr. 36, 7.

119- Más propio es de la fe el creer que el ver. Pues ¿qué es creer sino dar fe? Io. eu. tr. 120, 3. 120- La visión es premio de la fe, y es la fe la que purifica los corazones y hace alcanzar esta recompensa...trin. 1, 8, 17. 121- Cuando nuestra fe se transforme, por la visión, en verdad, disfrutará de la eternidad nuestra mortalidad transformada. trin. 4, 18, 24. 122- Convenía ser purificados para que Cristo eterno naciera en nosotros y no fuera uno en la fe y otro en la verdad. trin. 4, 18, 24. 123- Antes de entender es necesario creer y vigilar para que nuestra fe no sea fingida. trin. 8, 5, 8. 61


124- Si, pues, nuestra fe es falsa, vana será nuestra esperanza, y no es casto nuestro amor. trin. 8, 5, 8. 125- Sirve, pues, la fe para conocer y amar a Dios, no como desconocido y no amado, sino porque la fe nos lo hace conocer con más claridad y amar con mayor firmeza. trin. 8, 9, 13. 126- Una cosa es lo que se cree, y otra la fe por la cual se cree. trin 13, 2, 5. 127- La fe radica en el alma del creyente y es sólo visible al que la posee. trin. 13, 2, 5. 128- La misma fe nos enseña lo miserable que es la vida en el imperio de satanás, vida eterna, que mejor pudiera llamarse muerte sin fin. trin. 13, 20, 26. 129- Creyendo ahora sin ver, mereceremos ver y nos alegraremos de arribar a la visión por la fe. trin. 14, 2, 4.

ellos ve con certidumbre que todavía no ve lo que cree. ep. 120, 2, 8. 138- Sin la fe no se puede vivir piadosa y rectamente. ep. 137, 1, 3. 139- Sin la gracia de la fe, que Él nos da, nadie puede vencer las concupiscencias viciosas. ep. 137, 3, 2. 140- Es la fe la que abre la puerta al entendimiento, mientras la incredulidad se la cierra. ep. 137, 4, 15. 141- "Habite Cristo por la fe en el hombre interior, en vuestros corazones". Tal es la vida de los corazones, con la que vivimos para siempre, desde el principio de la fe hasta el fin de la visión. ep. 140, 26, 6. 142- Las obras buenas las hace el hombre, pero la fe es producida en el hombre, y sin esa fe ningún hombre hace las buenas obras. ep. 194, 3, 9. 143- No tienen la fe todos los que oyen la palabra, sino aquellos a quienes Dios reparte una medida de fe, como no germina todo lo que se planta y se riega, sino lo que Dios hace crecer. ep. 194, 3, 10.

130- Fe no es lo que se cree, sino por lo que se cree. Se cree el objeto, se intuye la fe. trin. 14, 8, 11. 131- Sólo el amor hace útil la fe. Puede existir la fe sin el amor, pero no aprovecha. trin. 15, 18, 32. 132- Ahora caminamos en fe y en esperanza de lo que, como expliqué arriba, tratamos de alcanzar por el amor: un santo y perpetuo descanso de toda fatiga y de toda molestia. ep. 55, 9, 17. 133- La fe purifica el corazón para que capte y soporte la luz de la gran razón. ep. 120, 1, 3. 134- En vano oiríamos predicar cosas verdaderas si la fe no revistiese de piedad nuestro corazón. ep. 120, 2, 8. 135- La fe desempeña el papel que a ella le toca, y, gracias a esa preparación, la razón subsiguiente encuentra alguna de las verdades que buscaba. ep. 120, 2, 8. 136- Mejor es creer lo que es verdadero, aunque todavía no lo veas, que pensar que ves lo verdadero cuando es falso. ep. 120, 2, 8. 137- También la fe tiene sus ojos; por ellos ve en cierto modo que es verdadero lo que todavía no ve, y por 62

144- La fe nos atrae hacia Cristo, y si no nos fuese dada de lo alto por un don gratuito, no hubiese dicho el Señor: "Nadie puede venir a mí si el Padre, que me envió, no lo atrajere". ep. 194, 3, 12. 145- Haya fe y no habrá problema. ep. 205, 1, 3. 146- La fe obtiene lo que la ley manda. ench. 117, 31 147- Es preciso creer algunas cosas temporales que no vemos para que seamos dignos de ver las eternas que creemos. f. iuis. 1, 2. 148- La fe no pedida se concede a fin de otorgar otros bienes al que ora. grat. et lib. arb. 14, 28. Es una misma la fe que por la oración pide lo que la ley manda. grat. et lib. arb. 16, 32. 149- La fe, por la que somos cristianos, es un don de Dios. en. ps. 2, 3. 150- La fe, en la cual tiene su principio la piedad,


es un don de Dios. praed. 2, 6. 151- El poder tener la fe, como el poder tener la caridad, es propio de la naturaleza del hombre; mas el tener la fe, del mismo modo que el tener la caridad, sólo es propio de la gracia en los que creen. praed. 5, 10. 152- ¿Por qué pedimos por los que no quieren creer sino para que Dios obre en ellos el querer? praed. 8, 15. 153- La fe de los que oran es la que dispone para la gracia de Dios. praed. 8, 15. 154- La gracia precede a la fe. persu. 16, 41. 155- Quien dio lo principal, dará lo secundario; quien dio el creer, dará el confesarlo. perseu. 19, 49. 156- Más bien es hijo de la fe el que sabe de quién debe esperar lo que no tiene que no el que se atribuye a sí mismo lo que tiene. sp. litt. 13, 22. 157- Nadie cree, pues, sin haber sido llamado, pero no todos los llamados creen. Simpl. 1, 2, 10. 158- La creencia de las cosas más increíbles nos guía a la fe de las que son más fáciles para creer. c. ep. Pel. 1, 31, 50. 159- La fe carecería completamente de esta excelencia, y ni siquiera sería fe, si los hombres recibiesen por creer recompensas visibles, esto es, si a los creyentes se les diera ya en este mundo el premio de la inmortalidad. c. ep. Pel. 2, 31, 50. 160- ... Esta es la fe sana, que nos hace orar; buscar para encontrar; pedir para recibir; llamar para que nos abran. El que se rebela contra ella cierra contra sí mismo la puerta de la misericordia divina. perf. iust. 2,19, 40. 161- La fe es el principio de la conversión del corazón. perf. iust. 2, 19, 41. 162- Sin fe es imposible agradar a Dios. c. Iul. 4, 33, 32. 163- La pureza de las costumbres tiene por

objeto el amor de Dios y del prójimo; y la verdad de la fe, el conocimiento de Dios y del prójimo. doctr. chr. 3, 10, 14. 164- Si alguno viviere en esta vida de la fe en Dios, al morir no tendrá ante Dios una recompensa más presente que El. exp. Gal. 21. 165- Viva el justo de la fe para arrojar la grave carga de la servidumbre, vigorizado por la suave carga de Cristo, y, obedeciendo al suave yugo de la caridad, no traspase el límite de la justicia. exp. Gal. 44. 166- La firmeza de la fe se basa en que todas las cosas que acontecieron en Cristo fueron profetizadas, ep. Io. tr. 2, 1 167- A la fe, el apóstol juntó el amor, porque la fe sin el amor es vana. La fe con el amor es la fe del cristiano. La fe sin el amor es la fe de los demonios. Los que no creen son peores y más torpes que los demonios. Quien no quiere creer en Cristo, ni siquiera imita a los demonios.... Io. ep. tr. 10, 2. 168- El que no cree, es esclavo del diablo; el que no entiende, no confiesa su fe. qu. eu. 1, 4. 169- Por la fe en las palabras por las que ahora creemos en lo que todavía no vemos, vamos a la fe en las cosas que, creyendo ahora, obtendremos eternamente. qu. eu. 2, 39. 170- La expresión "Aumenta nuestra fe", aparece difícil, a no ser que se entienda que se va de la fe a la fe, es decir, de la fe de aquí por la cual se sirve a Dios, a aquella fe mediante la cual se goza de Dios. qu. eu. 2, 39. 171- ... El hisopo es la fe, pues siendo una hierba humilde se adhiere con sus raíces a la piedra. qu. 4, 33. 172- Donde la misma fe es fingida, quien se sirve de ella con simulación, engaña y quien la considera auténtica, se engaña. c. Faust. 5, 11. 173- La disciplina católica enseña que es oportuno nutrir primero a la mente humana con la fe sencilla, para hacerla capaz de comprender las realidades superiores y eternas. c. Faust. 12, 45. 63


174- En esta vida nadie puede ser justo, si no vive de la fe. c. Faust. 19, 14.

muy grandes, vigorosos y potentes. Estos ojos no engañaron a nadie. en. Ps. 145,9.

175- A nadie se debe obligar a abrazar la fe contra su voluntad; pero la severidad y aun la misericordia del Señor suele castigar la perfidia con el flagelo de la tribulación. c. litt. Pet. 2, 83, 184.

187- Porque Cristo es el seguro y propio fundamento dela fe. Como dice el Apóstol Nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, que es Cristo (1Cor 3,11). ench. 5,5.

176- "El justo vive de la fe". Esta fe exige de nuestra parte el acatamiento del corazón y de la lengua. f. et symb 1, 1.

188- El ojo del alma es la mente limpia de toda mancha del cuerpo, esto es, alejada y purificada de todos los deseos de cosas perecederas y esto, primeramente, lo consigue por la fe. sol. 1,12.

177- No afirmemos a la ligera algo sobre las cosas invisibles como sabedores, sino como creyentes, porque no se pueden ver sino con un corazón purificado. f. et symb. 9, 20. 179- Sabemos que la fe no es objeto del cuerpo reverente, sino del alma creyente. cat. rud. 5, 9. 180- La vida buena es inseparable de la fe que obra por el amor; más aún, ella misma es la vida buena. f. et op., 23, 42. 181- Primero creed, después entended. Si Dios concede a alguno el entender en seguida, cuando cree, es un don de Dios. symb. cat. 2, 4. 182- Del pasado yo no sé; sólo sé que ahora en Cristo tengo la auténtica fe. ps. c. Don. 245.246. 183- “Nadie vive en cualquier grado de vida sin estas tres afecciones del alma que son creer, esperar, amar. Si no crees lo que creen los paganos, si no esperas lo que esperan los paganos, si no amas lo que aman los paganos eres congregado en la Iglesia y segregado de ellos. s. 198,2. 184- Porque la fe piadosa no puede hallarse sin esperanza y caridad, así el hombre fiel debe creer lo que no ve todavía, de modo que espera y ame la visión. ep. 120,3. 185- Pues el que ama bien, sin duda posee una fe y una esperanza rectas; pero el que no ama, sin provecho cree, aunque sea verdad lo que cree; en balde espera, aun cuando esté probado que lo que espera pertenece a la felicidad verdadera. ench. 97,31. 186- Ciertamente la fe tiene ojos; y unos ojos 64

189- No nos apartemos del fundamento de la fe para que lleguemos a la cima de la perfección. Io. eu. tr. 39,3. 190- A nosotros nos toca creer y esforzarnos con la voluntad y a Dios pertenece dar a los que creen la facultad de obrar bien por el Espíritu Santo que difunde en los corazones la caridad. praed. 3,7. 191- Algunos han pretendido demostrar que Dios no es omnipotente. No es que se hayan atrevido a afirmarlo; pero se ve claramente en sus enseñanzas que esto es lo que piensan y creen. (f. et symb. 2,2) 192- Así pues los que creemos en Dios Padre omnipotente debemos afirmar que no hay ninguna criatura que no haya sido creada por el Omnipotente. (f. et symb. 2,3) 193- Dios ha creado todas las cosas por medio de la Palabra (…) nuestro Señor Jesucristo en quien creemos, es nuestro liberador y guía y es el Hijo de Dios y la Palabra por las que han sido creadas todas las cosas, sólo ha podido ser engendrada, a su vez, por aquel que las ha creado por medio de ella. (f. et symb. 2,3) 194- Creemos en el Hijo de Dios, que ha nacido de la Virgen María por obra del Espíritu Santo; creemos que 'es' por don del Dios, esto es, por el Espíritu Santo, por quien se nos ha concedido tan gran humildad de tan gran Dios, que se ha dignado asumir un hombre completo en el seno de una Virgen, habitar en un cuerpo materno intacto y dejarlo intacto al nacer. (f. et symb. 4,8) 195- Hay que detestar también a los que niegan que Cristo nuestro Señor haya tenido a María por Madre


en la tierra. Porque este plan salvífico ha honrado a los dos sexos (…) por quien asumió la naturaleza humana, pues se hizo varón naciendo de una mujer. (f. et symb. 4,9)

203-Y no afirmemos a la ligera algo sobre las cosas invisibles como sabedores, sino como creyentes, porque no se pueden ver sino con un corazón purificado. (f. et symb. 9,20)

196- No haga vacilar nuestra fe el pensamiento de las entrañas femeninas, como si hubiera que rechazar para nuestro Señor una generación semejante. Pues solo consideran vil esta generación quienes son ellos mismos viles. (…)Los rayos del sol se difunden a todas partes a través de (…) los más horribles lugares (…) Y sin embargo, no se manchan con ninguna porquería (…) ¡Cuánto menos se podrá manchar la Palabra de Dios, que no es corpórea ni visible, a causa del cuerpo femenino donde asumió una carne humana con alma y espíritu! (f. et symb. 4,10)

204- Pero puesto que no solo nos ha sido exigido el amor a Dios (…) sino también al prójimo (…) si esta fe no comprende a la reunión y sociedad de los hombres en la que actúa la caridad fraterna, es poco fructífera. (f. et symb. 9,21)

197- Pero era poca humillación para nuestro Señor el nacer por nosotros, pues incluso llegó a dignarse morir por los mortales, se humilló hecho sumiso hasta la muerte y muerte de cruz (f. et symb. 5,11) 198- Creemos también que resucitó de entre los muertos al tercer día. Primogénito entre los hermanos que le habían de seguir, a los que llamó a la adopción de hijos de Dios y se dignó hacerlos copartícipes y coherederos suyos (f. et symb. 5, 11) 199- Creemos que ha subido a los cielos, lugar de felicidad que también nos prometió a nosotros (f. et symb. 6,13) 200- Creemos que está sentado a la derecha del Padre. (…) Al decir a la derecha hay que entender lo siguiente: en la suma felicidad, donde están la justicia, la paz y la alegría. (f. et symb. 7,14) 201- Creemos (…) que vendrá de allí en el tiempo oportuno a juzgar a los vivos y a los muertos. Con estos nombres puede que quiera indicar a los justos y a los pecadores, o también que sean llamados vivos los que se encuentren en la tierra antes de haber muerto, y muertos, por el contrario los que resuciten a su llegada. (f. et symb. 8,15) 202- Acerca del Hijo se encuentran en las Escrituras muchas cosas, dichas de tal manera que han inducido a error a as mentes impías de los herejes, más deseosos de enseñar que de saber (f. et symb. 9,18)

205- Creemos también en la Santa Iglesia, que por cierto es la católica. Pues también los herejes y los cismáticos llaman iglesias a sus congregaciones. Pero los herejes, creyendo cosas falsas acerca de Dios, violan la misma fe (f. et symb. 10,21) 206- (…) se ha de creer sin vacilación que de ningún modo se nos perdonará lo que pecamos si somos inflexibles a la hora de perdonar los pecados. (f. et symb. 10,22) 207- La fe no puede engañar ( f. et symb. 10,24) 208- Creyendo, se sometan a Dios; sometidos, vivan rectamente; viviendo rectamente, purifiquen su corazón; y purificado su corazón, comprenda lo que creen (f. symb. 10,25) 209- Recibid, hijos la regla de la fe que se llama Símbolo, y al recibirla, escribidla en el corazón para repetirla todos los días: antes de dormir, al salir de casa y al empezar vuestras tareas; que el credo sea vuestra mejor defensa (symb. cat.1,1) 210- Vais a comenzar a tener a Dios por Padre cuando hayáis nacido por medio de la Iglesia Madre. (symb. cat. 1,1) 211- Primero creed, después entended. Si Dios concede a alguno entender en seguida, cuando cree, es un don de Dios, no debilidad humana. Sin embargo, aunque todavía no entendáis, creed (symb. cat. 2,4) 212- ¿Qué puede faltarme si tengo a Dios? o, ¿de qué me aprovecha todo lo demás si no tengo a Dios? ( (symb. cat. 3,10) 2013- Que ninguno esté esperando aquí el premio; 65


cuando sufra algunas tribulaciones parecidas (…)(symb. cat. 3,10) 214-(La Iglesia) puede luchar y sin embargo no puede ser vencida (…) ella permanece entera en su raíz, en su cepa, que es su caridad. Las puertas del infierno no la vencerán. (symb. cat. 6,14) 215-Si no precede la fe en el mismo hombre, no podrá seguir la vida buena. (f. et op. 7,11) 216- En efecto esto es evangelizar en Cristo, no solamente enseñar lo que hay que creer de Cristo, sino también lo que debe observar el que se adhiere a la estructura del Cuerpo de Cristo. (f. et op. 9,14) 217- (…) fíjense bien y vean cómo es enseñado y aprendido Cristo crucificado, sin olvidar que pertenece también a su cruz el que nosotros estemos crucificados en su cuerpo parta el mundo. (f. et op. 10,15) 218- (…) manifiesta que pertenece a Cristo crucificado, es decir, que está sufriendo en la carne quien, crucificando los deseos carnales en su cuerpo, vive bien por el Evangelio. (f. et op. 10,15) 219- Así pues, quien cree en Dios debe hacer lo que ha mandado Dios, y por tanto, quien lo hace porque Dios lo ha mandado, es necesario que crea en Dios. (f. et op. 13,20) 220- La fe no aprovecha sin las obras. (fidem sine operibus non prodesse) (f. et op. 14,21) 221- No se trata de una fe cualquiera con la que se cree en Dios, sino de aquella fe saludable evangélica cuyas obras proceden del amor (f. et op. 14,21) 222- La fe de Cristo, por tanto, que es la fe de la gracia cristiana, es decir, la fe que obra por el amor, y que puesta en el fundamento no permite que nadie perezca. (f. et op. 16,27) 223- (…) no aquella fe que ya podría obrar por el amor, sino la fe muerta; y que Santiago no dudó lo más mínimo en llamarla fe no de los cristianos, sino de los demonios. (f. et op. 16,30) 224- Evitemos diligentemente, con la ayuda del 66

Señor nuestro Dios, dar a los bautizados en Cristo una falsa seguridad diciéndoles que si han sido bautizados en Cristo, de cualquier modo que vivieren en la misma fe han de llegar a al vida eterna. (f. et op. 26,48) 225- (En la Iglesia) jamás han sido aconsejados de desidia por medio de estas parábolas y predicaciones, para que descuiden lo que deben evitar, sino más bien de paciencia para soportar lo que no pueden corregir, salvaguardando siempre la doctrina de la verdad. (f. et op. 27, 49) 226- Cuando la mente está penetrada por los principios de la fe, que obra por el amor, tiende a llegar, viviendo bien, hasta la visión, donde se halla la inefable belleza (…) cuya plena visión constituye la suprema felicidad. (ench. 5) 227- El fundamento evidente y característico de la fe católica es Cristo. (ench. 5) 228- La fe cree, la esperanza y la caridad oran; mas estas dos última no pueden existir sin la fe; de donde se sigue que la fe también ora. (ench. 7) 229- La fe y la esperanza coinciden en que tanto el objeto de una como el de la otra es invisible. (ench. 8) 230- (…) más bien llamamos fe la que nos enseñan las Escrituras divinas es decir, la de las cosas que no se ven. (ench. 8) 231- Luego cuando alguno cree que ha de poseer los bienes futuros, no hace otra cosa que esperarlos. (ench. 8) 232- (…) ni el amor existe sin la esperanza, ni la esperanza sin el amor y ninguna de las dos sin la fe (ench. 8) 233- Nos engañamos con grave prejuicio cuando no creemos lo que nos conduce a la vida eterna, o por el contrario creemos lo que nos lleva por el camino de la perdición. (ench. 19,6) 234- Nosotros decimos que el justo vive de la fe mas sin asentimiento no hay fe, porque sin asentimiento no se puede creer nada. Sin embargo son verdaderas aquellas cosas que, aunque invisibles, ha de creer quien deseare llegar a la vida feliz, esto es a la vida eterna.


(ench. 20,7) 235- Porque, ¿quién podría explicar con palabras convenientes que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, de modo que creamos en el que es único Hijo de Dios omnipotente, nacido del Espíritu Santo y de María Virgen? (ench. 34,10) 236- (…) según creemos, nuestro Señor Jesucristo, que es Dios de Dios, como hombre nació del Espíritu Santo y de María Virgen, en ambas naturalezas, divina y humana, es el único Hijo de Dios Padre omnipotente, de quien procede el Espíritu Santo. (ench. 38,12) 237- Así pues, es templo de Dios, es decir de toda la suma Trinidad, la santa Iglesia, es a saber, toda la Iglesia, la del cielo y la de la tierra. (ench. 56,15) 238- No han de desesperar de la misericordia de Dios los que hacen penitencia según la proporción de cada uno de los pecado, ni aun de la remisión de los mismo crímenes, por enormes que sean. (ench. 65, 17) 239- (…) nada sucede que no quiera el omnipotente o permitiendo que se haga o ejecutándolo Él mismo. (ench. 95,24) 240- Confesamos creer en Dios Padre omnipotente; pues no se llama omnipotente por otro motivo sino porque, por una parte, pude todo lo que quiere, y por otra, ninguna voluntad de la criatura puede impedir la realización de su voluntad omnipotente. (ench. 96, 24) 241- (El libre albedrío) de ningún modo puede liberarse por sí mismo, sino solo por la gracia de Dios depositada en la fe de Cristo; de suerte que la voluntad misma, como está escrito, sea preparada por el Señor, para que así dispuesta, reciba los demás dones de Dios y por ellos llegue a la vida eterna. (ench. 106,28) 242- Si mediante la fe te hallan quienes en ti se refugian, da la fe; si mediante la virtud, la virtud; si mediante la ciencia, la ciencia. Aumenta en mi la fe, aumenta la esperanza, aumenta la caridad (sol. 1, 1, 5) 243- Quien cree solo a lo visible, esto es, a lo temporal, aún no tiene su mente la mirada idónea para contemplar lo eterno; pero puede tenerla quien loa a

Dios artífice de todo esto sensible y lo persuade con la fe, lo aguarda con la esperanza y lo busca con la caridad (uera rel. 106) 244- Si estás entre los miembros de Cristo adhiérete a Él mediante la fe, mediante la esperanza y mediante la caridad (en. Ps. 100, 3) 245- La fe es la primera que somete a Dios el alma (agon. 14) 246- Al titubear la fe, languidece también la caridad, pues es inevitable que, si uno se cayere de la fe, también se caiga de la caridad, pues no puede amar lo que no cree que existe. (doctr. chr. 1, 41) 247- Si nuestra fe careciere de mentira, entonces no amamos lo que no ha de amarse y, viviendo rectamente, lo esperamos de forma que de ningún modo resulte engañada nuestra esperanza. (doctr. chr. 1, 44) En la fe, en la esperanza en la caridad, en las buenas obras tiene ahora los hombres sus virtudes (en. Ps. 109, 14) 248- Para recuerdo de nuestra fe, parta consuelo de nuestra espoeranza y para exhortación de nuestra caridad leemos los libros proféticos y apostólicos, pues con unas u otras voces se armonizan entre sí y con esta armonía (…) nos despiertan de la modorra de la vida mortal y nos lanzan hacia la palma de la vocación de arriba. (c. Faust. 13, 18) 249- Con la ayuda de la fe avance para llegar a lo que ni ojo vio, ni oído oyó, ni a corazón de hombre ascendió (s. 4, 1) 250- La fe espiritual es creer que tu Señor es temporalmente protector, para que llegues a lo que no será temporal, y esperar que vas a tener la vida de los ángeles. (s. 4, 3) 251- (…) la fe es garantía de quienes esperan. La garantía no es aún la realidad misma que aferraremos, pero esa fe misma está en vez de esa realidad misma, ya que no aferra la nada quien aferra la fe, ni está vacío quien está lleno de fe. (s. 350A, 3) 252- La fe es el mérito; la visión es el premio (…) lo que quieres ver tiene precio: quieres ver a Dios, la fe es 67


el precio de ese bien tan grande. Quieres llegar, mas, ¿quieres caminar? La visión es la posesión, la fe es el camino. (s. 350A, 3) 253- Gracias a la fe, la esperanza y la caridad, la Iglesia soporta todo, no solo [las persecuciones] (…), sino todos los escándalos de muchas iniquidades, los cuales pululan por todo el mundo. (un. eccl. 56) 254- Hay cierto modo de gloriarse dentro de la conciencia: saber que tu fe es sincera, saber que tu esperanza es constante, saber que tu caridad es sin simulación (en. Ps. 149, 11) 255- Quienes sois pobres, no os menospreciéis. Nada tan rico como la fe (…) Quienes sois pobres, tened más empeño en tener riquezas interiores, en tener llenos de virtudes los corazones: justicia, piedad, caridad, fe, esperanza. Éstas son las riquezas auténticas que ni siquiera en un naufragio podéis perder. (s. 25A, 3) 256- La fe es dada a entender en el pez (Cf. Lc 11, 11) a causa del agua del bautismo o porque en medio de los vaivenes de esta era está íntegra; contraria a ella es la serpiente, que con venenoso fraude persuadió de que no se creyera a Dios. (ep. 130, 16) 257- En la fe, en la esperanza y en la caridad, oramos siempre con el deseo ininterrumpido; pero, a intervalos fijos de horas y tiempos, también con palabras rogamos a Dios. (ep. 130, 18) 258- Pez bueno es la fe piadosa. Vive entre oleajes, mas ni lo rompen ni lo aniquilan los oleajes. Vive entre las pruebas y tempestades de esta era la fe piadosa: se ensaña el mundo, mas está íntegra. ¡Observa a la serpiente tan contraria a la fe! El Señor ha opuesto al pez la serpiente, a la fe, el diablo. (s. 105, 6) 259- Si pues sin el amor nada aprovecha la fe, y por otra parte, es forzoso que donde estuviere, actúe, esa fe misma actúa mediante el amor. (en. Ps. 31, 2, 6) 260- Pido que, según las riquezas de su gloria, os dé que en el hombre interior, mediante la fe habite en vuestros corazones Cristo; ésta es la vida de los corazones, por la que vivimos por los siglos de los siglos, desde el inicio de la fe hasta la culminación de la visión. (ep. 140, 63) 68

261- En efecto, si crees y no amas, no te mueves a la obra buena y si te mueves, como esclavo te mueves, no como hijo: temiendo el castigo, no amando la justicia. Repito, pues, limpia el corazón la fe que actúa mediante el amor. (s. 53, 11) 262- El Espíritu Santo se manifiesta en lenguas de fuego, pues infunde la caridad para que mediante ella ardamos en deseos de Dios (…) sea firme vuestra fe en Dios, sea grata a Dios. (s. 227) 263- Si caer en la tentación no es (…) sino (…) ser vencidos de algún modo por la tentación, durante la entera noche de esta vida, en la que mediante la luz de la fe debemos ser día, ¿Qué otra cosa ha de hacerse, que lo que el Señor ha aconsejado a los discípulos: Vigilad y orad para no caer en la tentación? (s. 223E, 1). 264- Quien pues en Cristo cree, creyendo en Cristo viene a él Cristo y en cierto modo se une a él y en su cuerpo es hecho miembro, lo cual no puede hacerse, si no se suman la esperanza y la caridad. (s. 144, 2) 265- Si esto es la fe, ¿qué será la visión? Oye qué será: Para que Dios sea en todos todas las cosas (…) Esto creemos ahora mismo, esto esperamos ahora mismo; cuando hayamos llegado, lo aferraremos (…) (s. 158, 9) 266- Quien por la verdad y por la unidad de Cristo haya perdido no digo sus propiedades sino incluso esta vida suya (…) tiene verdaderamente fe, tiene verdaderamente esperanza, tiene verdaderamente caridad, tiene verdaderamente a Dios. (c. Gaud. 1, 43) 267- La fe cree, la esperanza y la caridad oran, pero sin la fe no pueden existir y, por eso, también la fe ora. (ench. 7) 268- La fe de Cristo, que recomienda el Apóstol [Pablo], es esa misma: la que actúa mediante el amor. Y lo que aún no tiene en cuanto al amor, lo pide para recibirlo, lo busca para hallarlo, llama para que se le abra. (ench. 117) 269- Si le encomiendas tu corazón (…) tu fe, esperanza y caridad, ciertamente no te moverán los escándalos que abundarán hasta el final, sino que con la estable robustez de la piedad estarás salvo y glorioso en el Señor, perseverando hasta el final en su unión. (ep. 208, 7)


270- Donde no hay una fe sana, se puede existir la justicia, pues el justo vive por la fe. (s. dom. m. 1, 13)

275- La fe tiene este nombre en la lengua latina por eso, porque hace lo que dice, por lo que queda puesto de manifiesto que no favorece al que miente. (mend. 41)

271- Buena es la fe por la que creemos que todo es puro para los puros, y en esa misma fe somos probados al usar bien de nuestros bienes, para no pecar al ser escándalo para nuestros hermanos débiles, por el abuso de dichos bienes. (ex. prop. Rm. 81)

276- Te invoca, Señor, mi fe, la que me diste, la que me inspiraste por la humanidad de tu hijo, por ministerio de tus predicadores. (conf. 1, 1)

272- La fe en Dios se refiere a las cosas invisibles, que se nos darán después [de esta vida]. (exp. Gal. 21.)

277- Caminad continuamente en la fe de la verdad para que podáis llegar en el tiempo oportuno a la visión clara de la misma verdad (s. 12, 5)

273- Ahora pues, permanezca la fe en la cruz como algo de bronce, para que aunque algunos nazcan y otros mueran, ella pueda ser encontrada como algo permanente, para que quienes la vean puedan ser sanados. (exp. Gal. 22)

278- La fe cristiana nos conduce a la visión clara del Padre. Por eso dice el Señor: Nadie va al Padre si no es por mí (s. 12, 5).

274- Una es la fe y no pueden ser justificados de la misma manera quienes viven carnalmente según las obras, de quienes viven espiritualmente según la fe. (exp. Gal. 23)

279- El diablo es incapaz de llegar a esa felicidad de la contemplación adonde conduce la fe cristiana a los de corazón limpio (s. 12, 5) 280- Como primera cosa, coloca como cimiento la fe (s. 27, 3)

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catequesis sobre el símbolo de la fe “CREDO”

El CREDO es una oración. El CREDO es una acción. El CREDO aquello en lo que creo.

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Recibid fórmula de fe que se llama Símbolo. Y cuando la hayáis recibido, imprimidla en el corazón y repetidla todos los días interiormente. Antes de ir a dormir, antes de salir, fortaleceos con vuestro símbolo. Nadie escribe el símbolo con el único fin de que se lea, sino para que se medite. Y para que el olvido no destruya lo que la diligencia ha transmitido, funcione como un libro en vuestra memoria. Lo que escuchéis será objeto de vuestra fe y lo que creáis lo repetiréis con la lengua. Dijo el Apóstol: Con el corazón se cree para obtener la justicia, pero con la boca se confiesa para la salvación por la fe. Este es el símbolo que repasaréis y repetiréis. Las palabras que habéis oído recitar se encuentran aquí y allá, en la Sagrada Escritura, y de allí han sido recogidas y resumidas en un solo texto para evitar la fatiga de la memoria de los hombres más lento, y para que todo hombre puede decir y pueda retener lo que él cree. ¿No habéis escuchado hace poco que Dios es omnipotente? Pues bien, vosotros empezad a considerarlo como Padre, desde el momento en que habéis nacido de esta Madre que es la que es la Iglesia.

San Agustín Sermón de entrega del Símbolo a los catecúmenos 72


introducción

En nuestras eucaristías, en algunos sacramentos y en ocasiones solemnes de la vida de la Iglesia se recita el Credo. Es una de las respuestas que suscita la Palabra. Tiene un valor de «tradición» que expresa la unidad de la Iglesia en la misma fe. Dice el «Ordo del Misal Romano»: «la profesión de fe tiende a que el pueblo dé su asentimiento y su respuesta a la palabra de Dios oída en las lecturas y en la homilía y traiga a su memoria, antes de empezar la celebración eucarística, la norma de su fe». Encontramos tres fórmulas: ! El credo Apostólico ! El credo Niceno-constantinopolitano. ! Forma dialogada: Se hace en la Vigilia Pascual, de un estilo vivo y adaptado a la mentalidad actual. ¿Qué es el Credo? «Credo» es una palabra latina que significa «creo». El Credo no es una simple repetición de verdades teóricas, ni un simple resumen del catecismo. Es mucho más, es una profesión de fe, un grito de esperanza, la proclamación de una buena noticia, el distintivo de los cristianos, fruto de la larga marcha de Israel, de los Apóstoles y de la Iglesia. El Credo de la Iglesia es una profesión de la identidad cristiana, a partir de una experiencia histórica; Jesús ha salvado a su pueblo por su muerte y resurrección. El Credo cristiano no es más que un desarrollo de esta gozosa experiencia de salvación ligada a Cristo de la cual en el Nuevo Testamento se encuentran algunas expresiones embrionarias: Jesús es el Mesías, el Cristo (Hch 9, 22; Jn 20, 31), Jesús es el Señor Resucitado (Rm 10, 9). En el Credo profesamos que Dios existe, y que su existencia nos «afecta», como diría San Ignacio de Loyola. El Dios de los cristianos no es un Dios lejano sino que, en los orígenes, caminó con su pueblo en el pasado y continúa haciéndolo. No es pues una simple afirmación de verdades, sino de hechos salvíficos del pasado que dan sentido al presente de hoy y dan esperanza para el futuro. El Credo tiene un sentido comunitario y personal.

¿Cuál es su origen? El cristiano da testimonio de su fe, ha de explicar de dónde nace su esperanza (1P 3, 15; 1Tm 3, 15; 2Tm 1, 1314). Frente a un mundo pagano era necesario que el cristiano primitivo pudiera saber cuál era su propia identidad. El Credo ayuda a todo ello. Es el «símbolo» de la fe. El símbolo en la antigüedad era:  una señal de pertenencia, una especie de contraseña con la que se reconocía los miembros de un grupo. Parece ser que en las comidas de fraternidad, al final se rompía uno de los platos y cada comensal guardaba un fragmento. Este trozo era llamado símbolo del grupo y permitía luego al recomponer el plato, reconocer a todos los comensales del grupo;  era como una contraseña con la cual los cristianos se reconocían como miembros de la comunidad de la Iglesia.  El verbo griego symballein, del que procede la palabra «símbolo», significa «juntar», «reunir», «intercambiar», «conversar». En conjunto, se expresa el ejercicio positivo de la comunicación humana (Ejemplo: «y María guardaba todas estas cosas meditándolas -simbaleim- en su corazón» Lc 2, 19). El verbo diaballein, del que procede la palabra «diablo» significa «separar», «desunir», «malquistarse», «recelar», «odiar», «engañar». 73


Todos estos verbos designan la perversión de la comunicación (Ejemplo: «El Espíritu condujo a Jesús al desierto, donde el diablo lo puso a prueba durante 40 días», Lc 4, 1-2). Lo diabólico representa la situación inversa de la alianza. Lo diabólico es lo que nos separa de la alianza, de la plenitud de lo humano, lo que nos desune y aparta del camino propio de nuestro ser humano, de la entrega y del servicio. El Credo era y es una señal de pertenencia a la Iglesia. Por esto no es extraño que el origen del Credo cristiano sea bautismal . En el catecumenado, o tiempo de preparación al bautismo, se enseñaba a los catecúmenos el Credo, que luego ellos debían aprender de memoria, asimilar y recitar. En la misma ceremonia del bautismo se preguntaba a los que iban a ser bautizados en forma interrogativa si creían los diversos artículos del Credo. Es decir, la Iglesia antes de bautizar quería saber si el candidato tenía su propia fe, la fe de la Iglesia, pues sólo esta fe daba sentido al bautismo. Más tarde este Credo bautismal fue evolucionando hasta convertirse en una profesión afirmativa y doctrinal de la fe, para diferentes momentos importantes de la vida eclesial y llega a ser como una norma de fe frente a las desviaciones de las herejías. El Credo que recitamos en la eucaristía dominical es el llamado Símbolo Apostólico, no porque lo escribieran los apóstoles, sino porque enlaza con la tradición apostólica primitiva. Su origen es del siglo IV y es una fusión de otros Credos anteriores más primitivos.

¿Cuál es su estructura? La estructura del Credo Apostólico es ternaria, es decir está compuesto de tres partes, cada una de ellas encabezada por la palabra «creo» y referida al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Dicho de otro modo, el credo tiene una estructura trinitaria y refleja, corno hemos dicho, la fe bautismal en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pero dentro de esta estructura, la parte que más, se desarrolla es la referida a Jesucristo. Esto significa que el núcleo fundamental del Credo es cristológico y esto corresponde al hecho de que es precisamente Jesús el que nos revela el misterio del Padre y del Espíritu. Por Jesús tenernos acceso al Padre y al Espíritu, él es el camino (Jn 14, 6). La fe en Jesús es el núcleo de nuestra fe trinitaria, en concreto, la fe en el misterio pascual de Jesús, muerte y resurrección, es el centro del Credo y de nuestra fe: «Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rrn 10, 9).

¿Qué es creer? Ante todo, es importante la distinción entre «confianza» y «creencia». La fe, bíblicamente hablando, significa «confianza», «fiarse de». La fe, lo primero que es, es una actitud que brota de una experiencia fruto de un encuentro, es una forma o un estilo de vida. La fe, corno el evangelio, es confiar en una Persona, supone un encuentro y una experiencia personal. Lo fe, primeramente, no es un concepto ni una idea ni una doctrina, sino una persona: Jesús que nos revela a Dios con la fuerza de su Espíritu. Y haciendo experiencia de Jesús es corno descubrirnos la Buena Noticia de la salvación de Dios acogida en la fe, en la confianza. La experiencia religiosa en su origen, no es tanto una cosa de conceptos o ideas sino de una vivencia a raíz de un testimonio. El concepto es posterior. Primero es la experiencia, después las ideas. La fe proviene del encuentro que produce la aceptación y confianza en la Persona que se revela. Esta aceptación es don y, al mismo tiempo, provoca el conocimiento. Dada la diversidad de creencias, el término «creyente» resulta inadecuado para designar al cristiano. Insistimos, la fe cristiana pertenece al orden de la «confianza». Se «cree» en los horóscopos, en los extraterrestres, en los fenómenos paranormales, etc. La «confianza» es relacional. Y, aunque trasciende la razón, puede aliarse con el ejercicio de la razón crítica. La fe cristiana va más allá de la razón, pero no es sin razón y lleva su ejercicio lo más lejos posible. Además, la «confianza» está ligada a la esperanza y al amor. Tener fe, decir creo en Dios es confesar la confianza en el Otro, es reconocer su amor y viceversa. Así mismo, hemos de tener en cuenta que la fe cristiana se mide, de alguna manera, por la libertad y el desarrollo personal. «Mirad no recibisteis un espíritu que os haga esclavos y os vuelva al temor, recibisteis un Espíritu que os hace hijos y que nos permite gritar Abbá, Padre» (Rrn 8, 15). Según esta línea paulina, la fe cristiana no es una sumisión ni constituye una amenaza para nadie. La alianza fraternal, con los otros, y filial, con Dios, que propone el Evangelio nos 74


arranca del miedo diabólico que sospecha de Dios y lo hace un competidor de nuestra libertad. El Evangelio establece una relación no de dominio entre Dios y nosotros, y entre nosotros. Al revés: cuanto más me acerco a Dios más soy yo mismo, más me hago persona ante los demás con una común e igual dignidad. Una tarea prioritaria de la comunidad que surge de compartir la fe es que la persona pueda experimentar el carácter salvífico, sanante y salvador, de la fe cristiana. La fe cristiana representa una capacidad de engendrarse a sí mismo en nombre de un Dios «Padre». Ser cristiano no es olvidarse de sí para dejar todo el sitio a los otros. Esta sería una concepción «victimista» del cristianismo. El proyecto que propone el cristianismo consiste en unir tres amores: el amor de Dios, el amor del prójimo y el amor de sí. El reto más grave de la nueva evangelización es éste: manifestar la estrecha articulación de los tres amores y reconciliar la fe cristiana con la espontaneidad del amor de sí. El amor de Dios y el amor del prójimo ganarán en libertad y gozo . En el Credo afirmamos la existencia del Padre, de Jesucristo y del Espíritu, su acción salvadora en el pasado y en el presente. Pero, además, la auténtica novedad del Credo, no sólo es que Dios exista o que sea creador, que lo es, sino que Dios irrumpe en la historia humana de una manera insospechada, nueva, en carne y hueso, en Jesús. Y en este hombre, Dios se presenta como Dios que quiere a la humanidad y establece su reinado/reino. Basta echar un simple vistazo para ver que ocupa el centro del Credo: Jesucristo. En el Credo hay mucho más que una confesión de verdades objetivas. En el Credo nosotros profesamos confesamos, proclamamos, anunciamos, fruto de una experiencia- nuestra actitud personal y comunitaria de fiarnos de Dios, de su palabra y de su acción. No es una simple afirmación de verdades sino una entrega confiada y amorosa al Señor, poniendo en él nuestra esperanza de salvación. Es ponernos en sus manos, es confiar en su amor, apoyarnos en él como en la roca indestructible. Creer es fiarnos de que Dios continuará guiando a su pueblo a la tierra prometida del Reino, aunque en algunos momentos sólo veamos oscuridad y dificultades (Heb 11, 8-19). En el Credo afirmamos la existencia de la Trinidad a través de la confianza en Dios como Padre y Señor de la vida, confiamos en la salvación de Jesús y esperamos que el Espíritu continúe actuando en medio de nosotros. Confiamos que Dios sigue y seguirá caminando con su pueblo. Recitar el Credo es encender una luz para seguir avanzando confiadamente por la vida hacia el Reino, creyendo que Dios está con nosotros. El Credo no es sólo para la liturgia del domingo, sino para la vida. Creer es ponerse a caminar como Abraham, como Moisés, como María, como Jesús, como Pablo... El Credo está compuesto por artículos. A cada una de las afirmaciones y expresiones del Credo se les llama «artículos». A lo largo de este trabajo vamos a reflexionar, orar y compartir, con cada uno de ellos de manera detenida. 1. Creo en Dios Padre Todopoderoso, 2. creador del cielo y de la tierra. 3. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, 4. que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen; 5. padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; 6. al tercer día resucitó de entre los muertos; y subió a los cielos; está sentado a la derecha del Padre, y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. 7. Creo en el Espíritu Santo, 8. la Santa Iglesia católica, 9. la Comunión de los Santos, 10. el perdón de los pecados, 11. la resurrección de la carne y la vida eterna. 12. Amén. Elementos de cada artículo A la hora de tratar cada artículo hemos seguido un sencillo esquema dividido en 4 partes: 1. Comentario. Exponemos una glosa o apunte cada palabra o expresiones de los artículos. El comentario se basa, fundamentalmente, en los datos que nos ofrecen los textos de la Biblia, concretamente, del Nuevo Testamento. 75


2. Textos de la Biblia. Se propone varios textos, principalmente del evangelio, que puedan a ayudar a penetrar y profundizar en el sentido de cada expresión de contenidas en los artículos del Credo. 3. Propuestas de la vida. Es una serie de consecuencias que podemos extraer para nuestra vida. Como se insiste repetidamente en esta obra, el Credo es expresión de la vida, de la historia de los creyentes. 4. Para reflexionar y compartir. Se trata de algunas propuestas para la reflexión personal o comunitaria, es solo una «avance» de cuestiones que puedan dar motivo a profundizar en la realidad de la fe. Terminamos esta introducción con un cuento que suscite la búsqueda de ponernos a caminar guiados por la luz de la fe, ¿Con qué ojos miramos?: Dos hombres, ambos seriamente enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno de ellos se le permitía sentarse en su cama durante una hora cada tarde para ayudar a drenar los fluidos de sus pulmones. Su cama estaba junto a la única ventana de la habitación. El otro hombre debía permanecer todo el tiempo tendido sobre la espalda. Los hombres hablaban, durante horas y horas, acerca de sus esposas y familias, de sus hogares, sus trabajos, su servicio militar, de cuando habían estado de vacaciones... Cada tarde, el de la cama cercana a la ventana, el que podía sentarse, se pasaba el tiempo describiendo a su compañero de habitación las cosas que podía ver desde allí. El hombre en la otra cama comenzaba a vivir, en esos pequeños espacios de una hora, como si su mundo se agrandara y reviviera gracias a la actividad y el color del mundo exterior. Se divisaba desde la ventana un hermoso lago, cisnes, personas nadando y niños jugando con sus pequeños barcos de papel. Jóvenes enamorados caminaban abrazados entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes y viejos árboles adornaban el hermoso paisaje. Como el hombre de la ventana describía todo esto con todo lujo de detalles, el hombre de la otra cama podía cerrar sus ojos e imaginar tan idílicas escenas. Una cálida tarde de verano, el hombre de la ventana le describió un desfile que pasaba por allí. A pesar de que el otro hombre no podía escuchar a la banda, sí podía verlo todo en su mente, pues su compañero lo representaba todo con palabras muy descriptivas. Pasaron días y semanas. Un día, la enfermera de mañana llegó a la habitación llevando agua para el baño de cada uno de ellos. Al descubrir el cuerpo del hombre de la ventana, observó que había muerto tranquilamente en la noche mientras dormía. Ella se entristeció mucho y llamó a los compañeros del hospital para sacar el cuerpo. Tan pronto como lo creyó conveniente, el otro hombre preguntó si podría ser trasladado cerca de la ventana. La enfermera estaba feliz de realizar el cambio. Cuando lo hubo cambiado, lo dejó solo. Lenta y dolorosamente, se incorporó apoyado en uno de sus codos para tener su primera visión del mundo exterior. Finalmente, tendría la dicha de verlo por sí mismo. Se estiró para mirar por la ventana. Lentamente giró su cabeza y, al mirar, vio una pared blanca. El hombre preguntó a la enfermera qué pudo haber obligado a su compañero de habitación a describir tantas cosas maravillosas a través de la ventana. La enfermera le contestó que aquel hombre era ciego y que de ningún modo podía ver esa pared, y que quizá solamente quería darle ánimos.

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el símbolo de los apóstoles el símbolo de nicea-constantinopla

Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y la tierra.

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor;

Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

que fue concebido del Espíritu Santo, nacido de María virgen; padeció bajo Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, y al tercer día resucito de entre los muertos; subió a los cielos y esta sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos;

Creo en el Espíritu Santo;

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

la santa Iglesia católica, la comunión con los santos;

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.

el perdón de los pecados;

Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados.

la resurrección de la carne; y la vida eterna. Amén.

Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

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1º catequesis “creo en dios padre todopoderoso”

Todos los pueblos y todas las razas de todas las épocas se han sentido maravillados ante el misterio de la vida, ante la majestad del sol, las estrellas y la luna, ante la belleza de los cerros y de los ríos, ante la variedad de plantas y animales, y ante el latir del corazón humano. Desde los comienzos de la racionalidad, el ser humano se ha preguntado sobre el sentido de la vida, sobre el misterio de la vida y de la muerte, sobre su propio origen y por su destino, la pregunta del sufrimiento y la búsqueda de la felicidad acompañan a todo ser humano. Es en este contexto donde surge la pregunta y la búsqueda sobre Dios.

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Más en concreto, en la Biblia, el pueblo de Israel, pueblo poco dado a las teorías también se hace esas mismas preguntas, no solo por una inquietud intelectual, sino al nivel profundo de la liberación: «Contestó Moisés a Dios: Si voy a los israelitas y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; cuando me pregunten:¿ Cuál es su nombre?,¿ qué les responderé? Dijo Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y añadió: Así dirás a los israelitas: «Yo soy» me ha enviado a vosotros» (Ex 3, 13-14). Luego «Yo soy el que soy» es igual a vida. Yo soy la vida. La imagen que de Dios nos presenta el relato es que Dios es el Dios de la vida. No se trata de un panteísmo, que Dios es igual a la vida, sino de una relación personal, de la criatura con su Creador, del viviente con el que es la fuente de la vida, Dios.

1.1. Comentario Veamos los términos de la primera de las afirmaciones del Credo. Dios: es una palabra que proviene del latín, «Deus», que a su vez traduce la palabra griega «Zeus», el dios de los dioses. Los judíos tienen un gran respeto al nombre de Dios, de tal forma que ellos no lo pronunciaban. En su lugar decían palabras como: «Adonay» (Señor Nuestro), «Elohim» (Dios de dioses), «Shadday» (El Señor de la montaña) «Enmanuel» (El señor con nosotros), etc. Yahvé es el nombre que le dan a Dios en algunas versiones de la Biblia, ya que el Antiguo Testamento fue escrito en un hebreo que no usaba vocales. El nombre de Dios se escribía con cuatro consonantes YHVH, de donde viene Yahvé. En sentido propio hay que decir que el término «Dios» no es patrimonio exclusivo de los cristianos sino de todos los creyentes de todas las religiones. En sí mismo este concepto no está indicando lo específicamente cristiano que es «Abbá», «papá», así como para los cristianos este «Dios» no es «algo» (no es eso que decimos vulgarmente «algo tiene que haber») sino «Alguien». En la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, Dios es alguien personal con el que se puede establecer una relación, tener experiencia de él, forma parte de la vida, de la historia, no es algo indeterminado, impersonal. Padre: es el que engendra vida. Es concepto propio del Nuevo Testamento, y concretamente de los Evangelios. La 78


Revelación central de Jesús en los evangelios es llamar, tratar, relacionarse, manifestar a Dios como «Padre», «Abbá». Con esto se cambia de manera radical la realidad y el concepto, la vivencia y experiencia sobre Dios, la vida, la fe, la religión, la existencia, la historia. «La completa novedad y el carácter único de la invocación divina «Abbá», en las oraciones de Jesús, muestra que esta invocación expresa el meollo de las relaciones de Jesús con Dios. Jesús habló con Dios como un niño con su Padre, lleno de confianza y seguro, y al mismo tiempo, respetuoso y dispuesto a la obediencia» . «La nueva relación Padre-hijo entre Dios y el hombre, a la que invita Jesús, presenta a Dios como principio de vida y amor que se comunica al hombre, y a éste como destinado a asemejarse cada vez más a Dios su Padre. En esta perspectiva, Dios no se impone al hombre desde fuera, como era el caso del Dios de la Ley, sino que lo potencia desde dentro. El designio de Dios no se expresa ya con mandamientos externos, ajenos al hombre mismo, sino exaltando la aspiración congénita del hombre hacia su propia plenitud; la meta de esa plenitud es la perfecta semejanza con el Padre (Mt 5, 48), que asimila a la condición divina de Jesús, el Hijo. El designio de Dios coincide así con el ansia profunda del ser humano... Otra manera de expresar esta experiencia de Dios, propia de Jesús, es la denominación «el Padre», que significa aquel que, por amor (Mc 1,11: «mi Hijo, el amado»), comunica su propia vida (Mc 1, l0ss: bajada del Espíritu). En coherencia con ella, Jesús tiene conciencia de ser «el Hijo de Dios», y se presenta como tal manifestando entre los hombres el amor del Padre. Esta concepción está presente en los cuatro evangelistas. «El Padre» es el nombre de Dios para la comunidad cristiana, como se ve en el «Padre nuestro» (Mt 6, 9; Lc 11, 2), donde no aparece la denominación «Dios». En el cap. 13 de Marcos se usan tres denominaciones: «Dios», que lo designa en cuanto creador y se refiere, por tanto, a la humanidad entera (13, 19); «Señor», que lo designa como Dios de Israel (13,20); «el Padre», en relación con la comunidad cristiana (13,32)» . Todopoderoso: «de todo poder». Normalmente lo identificamos con todo-lo-puede. Pero, ¿qué puede Dios?, ¿cuál es su poder? Según la mentalidad popular/tradicional es la posibilidad que Dios tiene de actuar cuando y como quiera, al estilo humano, puede hacer y deshacer según «sus ganas». De aquí proviene una gran fuente de ateísmo al convertir a Dios en una proyección de nuestros deseos insatisfechos y aplicados a Dios. Cuando Dios no actúa como esperamos y nos gustaría, dejamos de creer en Dios, en esa «imagen de Dios». Según los evangelios, la autoridad -no el poder- consiste en dar vida. Jesús tiene autoridad para dar vida, para liberar de los espíritus inmundos, para devolver al ser humano la dignidad. Véase los «milagros», mejor los «signos de liberación», que se muestran principalmente en dos dimensiones vitales: en el perdón y en la Resurrección. En el perdón, perdonar es devolver a la vida, curar la vida, sanarla. En la vida, la Resurrección de Cristo, y como consecuencia la nuestra, es la expresión máxima de la vida. La muerte no tiene poder sobre el ser humano. Dios muestra «su poder» dando la vida en la Resurrección del ser humano.

1.2. Textos de la Biblia  «Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor» (Dt 6, 4).  «No llaméis a nadie padre en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, que está en el cielo» (Mt 23, 9).  «Vosotros cuando recéis decid así: Padre nuestro» (Lc 11, 1).  «Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abbá!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo» (Rm 8,13).

1.3. Propuestas para la vida No somos huérfanos, no somos unos pobres náufragos arrojados en el mar de la vida, sin rumbo ni meta. Tenemos un Padre que cuida y se preocupa de nosotros, al que podemos invocar con confianza, diciéndole ¡Padre nuestro!  No es correcto para el cristiano considerar a Dios únicamente como Ser Supremo, Primera causa, Primer motor, Ordenador del mundo, Ser necesario, Inteligencia única, etc., nombres de origen filosófico. Para los cristianos Dios es ante todo Padre, entrañas de misericordia, clemente y compasivo que actúa movido por el amor de su corazón paternal.

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Nuestro Dios no es un Dios solitario, sino una comunidad. La vida que Dios nos comunica tiene desde su origen una impronta y un destino comunitario y debe, por tanto, orientarse a crear comunidad y solidaridad. Siempre que Dios actúa en la historia es para crear vida en comunidad. La idea de Padre es comunitaria. Dios no es sólo Padre mío, sino nuestro, de todos, de toda la humanidad. Correlativa a la fe en Dios Padre es la afirmación de la fraternidad: todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre. Esta es la gran novedad del cristianismo: por encima de cualquier diferencia sexual, racial, cultural, social e incluso religiosa, todos somos hermanos, todos hijos de Dios. El gran pecado de Israel y de nuestro mundo es la idolatría, abandonar al Dios vivo por ídolos muertos (Ex 32) que no sólo son inexistentes, sino asesinos, como el mismo diablo (Jn 8, 44). ¿Cómo se puede creer que Dios es Padre si se oprime a los hermanos? La mejor predicación de la paternidad de Dios consiste en eliminar todo lo que hace sufrir a los hermanos y construir estructuras de amor y de solidaridad. ¿Cómo predicar que Dios es Padre si se experimenta en la práctica la soledad, la pobreza y la opresión? «La estrategia de atender religiosamente «a los de siempre» y de cultivar la fe «en invernadero» resulta suicida. Lo único que merece la pena es trabajar para crear las condiciones que puedan hacer posible que algunas personas lleguen a experimentar a Dios, a encontrarse con Jesucristo y adoptar el género de vida radicalmente alternativo que brota del evangelio y se realiza en la fraternidad»

1.4. Para reflexionar y compartir  ¿Qué importancia tiene el Credo para nuestra vida concreta?  ¿Qué significa realmente para nosotros creer?  ¿He descubierto el sentido que tienen las expresiones, las palabras, los símbolos del Credo?  ¿Por qué se llama «Símbolo de los Apóstoles»?  ¿Qué es lo primero en la fe?  Busca en los evangelios algunos de los textos que nos hablan de la fe como actitud, descubre los diversos elementos (llamada, escucha, puesta en camino), reflexiona sobre ellos, medita, ora, comparte: Mc 1, 14-15; Jn 1, 29-34; Mc 1, 16-20 .  Expresa con tus palabras la afirmación «Creo en Dios Padre todopoderoso».  ¿Qué imagen tienes de Dios, cuál te enseñaron, cuál es la más común?  Reflexiona con detenimiento el apartado «Propuestas para la vida». Extrae tus propias reflexiones o conclusiones.  Confesar y confiar en Dios como Padre supe filiación y fraternidad. Reflexiona sobre estos conceptos y realidades.  A partir de la oración del «Padre nuestro», hazlo con palabras propias, tradúcelo a tu experiencia.  Lee, reflexiona, comenta y comparte este texto de una religiosa benedictina: «Por eso, yo ya no digo: «Creo en Dios «padre»», sino que creo en «Dios, nuestro amoroso creador». ¿Por qué? Pues porque la Iglesia, lo mejor de la tradición, así me lo ha enseñado. No puedo por menos de hacerla así y correr el riesgo de dañar mi fe, por irónico que parezca, cada vez que oro. El hecho es que la preocupación actual por el uso lingüístico del género masculino aplicado a Dios no tiene nada que ver con la actual exaltación de la femineidad, pero sí con la alabanza de un Dios que es más que cualquiera de los nombres que empleamos para hacerle presente en nuestros corazones. Evidentemente, tenemos que aprender a escuchar la voz de Dios a través de la voz de las mujeres. Yo así lo creo. Tenemos que apreciar la belleza de un Dios cuya presencia es relación, porque, en mi opinión, sin relaciones nadie puede alcanzar la plenitud. Y tenemos que ensanchar nuestra visión de Dios si no queremos que nuestra teología degenere e incurramos en un piadoso paganismo al que damos el nombre de «cristianismo» .  Y este otro texto de un religioso jesuita: «Abbá, lo cambia todo. Desaparece el miedo, cambia el sentido de pecado, nace la confianza absoluta, se recupera la dignidad: todo esto es lo que significa «padre», y lo que significará -como respuesta- «hijo». Esta es la buena noticia. Esta es la Palabra que lo cambia todo. Decir de corazón «Abbá» es cambiar el mundo, dejar atrás religiones de miedos, castigos, cumplimientos, sentirse de verdad hermano comprometido con todos... y todo eso, confiado alegre, entusiasmado porque todo tiene sentido y valor, porque la vida se ha iluminado desde que Jesús nos enseñó el verdadero rostro de Dios, desde que se pronunció la palabra definitiva: «Abbá» . 80


Para la oración: «Padre Nuestro con introducción» . «No digas, Padre, si no quieres vivir como un hijo... No digas nuestro, si no quieres ser hermano de todos... No digas que estás en el cielo, si lo que buscas es tener posesiones y seguridad aquí en la tierra... No digas santificado sea tu nombre, si no respetas lo que para él es santo, amado y elegido., No digas venga a nosotros tu Reino, si no estás dispuesto a perder tus derechos para que otros puedan vivir con dignidad. No digas hágase tu voluntad, si no la aceptas cuando es dolorosa, si piensas que no quiere tu felicidad. No digas danos hoy nuestro pan, si no te preocupas por los que tienen hambre y sed... No digas perdona nuestras ofensas, si no quieres perdonar a tu hermano y en tu corazón anida rencor y odio. No digas no nos dejes caer en la tentación, si tienes intención de seguir pecando ... No digas líbranos del mal, si no tomas partido contra el mal que surge en ti, en nosotros, en la sociedad, en los corazones y en las estructuras. No digas Amén -así sea, Señor-, si no tomas en serio las palabras de esta oración. Padre nuestro, que estás en el cielo... »

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2º CATEQUESIS “CREADOR del cielo y de la tierra”

El Dios Padre todopoderoso, en el sentido anteriormente explicado, es llamado en el Símbolo/Credo «Creador del cielo y de la tierra». El acto de la creación se atribuye al Padre. El amor paterno de Dios da a toda la creación una orientación amorosa, que impide reflexionar sobre la creación como algo meramente objeto de curiosidad científica o filosófica.

2.1. Comentario Comenzamos con una pregunta: ¿Cómo y cuándo ha sido revelada la idea de la creación? ¿Cuál es el mensaje del relato de la creación en la Biblia? ¿Qué queremos decir con la expresión «Creador»? La fe explícita y clara en la creación nace en tiempo del exilio. El pueblo de Israel, desterrado en medio de los grandes imperios paganos de Asiria y Babilonia, se pregunta si Dios se habrá olvidado de ellos y se siente tentado a adorar a los dioses de estos pueblos poderosos. Los profetas para reavivar la esperanza del pueblo y para evitar su tentación a la idolatría proclaman que Dios es el creador del cielo y de la tierra, el Dios de Israel es el Creador del universo y Señor de todos los pueblos, por esto Israel no debe temer, como puede verse en los textos que citamos en el apartado siguiente. Así pues, del relato del Génesis, en el que se narra la creación, hay que decir que no es un relato científico, ni su intención es ofrecer una interpretación científica o física del mundo, sino que va mucho más allá. Es un relato simbólico, su mensaje es religioso, no trata de decirnos cómo hizo Dios las cosas. «La creación no es una afirmación sobre el origen temporal sino una afirmación sobre como todo lo creado se sustenta en Dios. Dios creador no terminó de crear, Dios es creador ahora. La creación no es un momento, el primer momento del tiempo, sino la definición de todo ser, la afirmación de que todo depende esencialmente de Dios» . Desde la fe bíblica se afirma que la idea de la Creación implica que el mundo con todo lo que contiene, de estrellas a mares, de plantas a animales, el hombre y la mujer... fue creado por Dios de la nada, recibió la vida gratuitamente de manos de Dios; que al crear el mundo comenzó la historia de salvación; que Dios actuó libre y generosamente, por amor, para comunicarnos su propia vida, movido por sus entrañas de bondad y misericordia; que el plan de Dios es formar una gran familia de hijos del Padre, hermanos de Jesús, viviendo de la vida del Espíritu, un gran proyecto de comunión y solidaridad; que a este plan se ordena toda la creación material y la misma encarnación de Jesús. La fe en Dios Creador forma parte de la experiencia de Israel. Es una fe centrada en la Alianza de Dios con el pueblo, ordenada a la salvación, incluso las fuerzas de la naturaleza. Antes de la experiencia narrada en el libro del Génesis, de la creación o del origen del mal, está la del Éxodo, la experiencia de la liberación de la esclavitud. El pueblo de Israel experimentó ante todo a Dios como liberador. 82


En el libro del Deuteronomio (26, 5-10), precisamente, encontramos uno de los Credos más antiguos de Israel: «Mi padre era un Arameo errante, que bajó a Egipto y fue a refugiarse allí, siendo pocos aún; pero en ese país se hizo una nación grande y poderosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre. Llamamos entonces a Yahvé, Dios de nuestros padres y Yahvé nos escuchó, vio nuestra humillación, nuestros duros trabajos y la opresión a que estábamos sometidos. Él nos sacó de Egipto con mano firme, demostrando su poder con señales y milagros que sembraron el terror. Y nos trajo aquí para darnos esta tierra que mana leche y miel. Y ahora vengo a ofrecer los primeros productos de la tierra que tú, Yahvé, me has dado».

2.2. Textos de la Biblia  «Al principio Dios creó el cielo y la tierra» (Gn 1, 1).  «Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente» (Gn 2, 7).  Dios puede salvar a Israel del exilio pues él es el creador de todo (Is 40, 22-28; 42, 5-6; 44, 24-26).  El Dios creador es el libertador de Egipto y el mismo que conducirá a los exiliados a Sión (Is 51, 9-11),  El Dios de Israel es un Dios vivo, no como los ídolos que son caos y nada (Is 41, 29).  «Todo se hizo por él y sin él no existe nada de lo que se ha hecho. En él había vida, y la vida es la luz de los hombres» (Jn 1, 3-4), Este texto del prólogo del evangelio de San Juan es como un nuevo Génesis, visto e interpretado a la luz de Cristo Jesús, la Palabra del Padre.

2.3. Propuestas para la vida.

Afirmar que Dios es Creador, que la tierra y el cielo son criaturas, entre otras cosas, encierra las siguientes El respeto a la tierra, espacio vital, que no puede ser explotada ni apropiada por unos pocos. Los abusos ecológicos (contaminación, extenuación de recursos,...) y las graves injusticias del mundo actual, indican que estamos muy lejos de este respeto a la tierra exigido por el Creador. Hay que escoger entre la vida y la muerte, entre el respeto a la tierra, propiedad de Dios, o el caos. Respeto a la dignidad de la persona, imagen de Dios, libre, inteligente y capaz de amor, que jamás puede ser pisoteada, herida, ni torturada en su cuerpo o en su espíritu. La gloria de Dios consiste en que el hombre viva (S. Ireneo), sobre todo el pobre (Mons. Romero). La igualdad esencial entre el hombre y la mujer, desgraciadamente olvidada por un machismo ambiental que reduce a la mujer a una situación de inferioridad humana, sexual, laboral, cultural y religiosa, doblemente oprimida y explotada. El destino universal de todos los bienes, obra de Dios para todos, no para uso exclusivo y abusivo de unos pocos, de tal forma que la Iglesia llega a defender que el que se encuentra en extrema necesidad, tiene derecho a procurarse lo necesario para vivir, a costa de los bienes de los demás. La existencia del mal y del pecado en el mundo, no son fruto de algún principio o espíritu maligno enemigo de Dios sino de las limitaciones de la naturaleza y de la libertad humana (Gn 3). El pecado y, en concreto, la situación de injusticia es contraria a los planes de Dios, y al herir a los pobres crucifica a Jesús. El deber del trabajo, para cooperar al desarrollo de la creación según los planes de Dios (Gn 1, 28). Dios no es celoso de la actividad humana, sino que se alegra de que el hombre ejercite su legítima autonomía en la ciencia, trabajo, política, arte. Una visión de esperanza, sabiendo que el mundo, obra de Dios, es bueno (Gn 1-3) y que Dios no lo abandona, sino que lo gobierna y rige amorosamente (Mt 6, 23-24) para nuestro bien, como un Padre que vela por sus hijos. Y esperamos que un día en este mundo triunfaran definitivamente la justicia y el amor y se realizará el plan de Dios. Mientras tanto, nuestro trabajo no se pierde, sino que es semilla de la tierra nueva y el cielo nuevo que esperamos.

2.4. Para reflexionar y compartir  ¿Qué sentimientos brotan de nosotros ante la afirmación de que Dios es nuestro Creador? 83


  

Lee los relatos de la creación en el libro del Génesis: del cielo, de la tierra, del ser humano en los primeros capítulos del Génesis. Ora con el Salmo 8. Reflexiona sobre el siguiente texto de J.A. Pagola : «Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra». No estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. No vivimos olvidados. Dios es nuestro «Padre» querido. Así lo llamaba Jesús y así lo llamamos nosotros. Él es el origen y la meta de nuestra vida. Nos ha creado a todos sólo por amor, y nos espera a todos con corazón de Padre al final de nuestra peregrinación por este mundo. Su nombre es hoy olvidado y negado por muchos. Nuestros hijos se van alejando de él, y los creyentes no sabemos contagiarles nuestra fe, pero Dios nos sigue mirando a todos con amor. Aunque vivamos llenos de dudas, no hemos de perder la fe en un Dios Creador y Padre pues habríamos perdido nuestra última esperanza». Este es un texto clásico. Es una invitación al discernimiento y oración sobre el sentido de la vida. Es de San Ignacio de Loyola , conocido como «Principio y fundamento»: el hombre ha sido «creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto para ello le impidan. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados».

Cuéntame un cuento: El pescador satisfecho: El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa. -¿Por qué no has salido a pescar?, le preguntó el industrial. -Porque ya he pescado bastante por hoy, respondió el pescador. -¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?, insistió el industrial. -¿Y qué iba a hacer con ello?, preguntó a su vez el pescador. -Ganarías más dinero, fue la respuesta. -De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas... y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo. -¿Y qué haría entonces?, preguntó de nuevo el pescador. -Podrías sentarte y disfrutar de la vida, respondió el industrial. -¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?, respondió el satisfecho pescador.

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3º catequesis “creo en jesucristo, su único hijo, nuestro señor”

Los cristianos somos los seguidores de Jesucristo y profesamos nuestra fe y nuestro amor a él. Él es el centro de nuestra vida, y nuestra referencia explícita a él es lo que constituye nuestra identidad, sentido y misión en la vida.

3.1. Comentario Jesucristo: La palabra Jesucristo está compuesta de «Jesús» y de «Cristo».  Jesús es un personaje histórico que nació en Palestina hace 2.000 años y su nombre significa «Dios salva, libera» (Mt 1, 21).  Cristo significa «Mesías, Ungido, Consagrado» y es un título que los cristianos primitivos dieron a Jesús después de su resurrección, para indicar que Jesús de Nazaret es el Mesías esperado, el enviado de Dios, el Señor, el Hijo del Padre. Al igual que en el Antiguo Testamento se ungía a reyes, profetas y sacerdotes con aceite, símbolo de que la fuerza de Dios habitaba en ellos para implantar la justicia, la defensa de los pobres, la liberación de la opresión del poder y el tener, ahora, Cristo es el «Ungido», sus seguidores, los cristianos, somos los «Ungidos». La realidad del Mesías indica que la obra salvadora no se ciñe solo al individuo sino que afecta a la esfera o dimensión de lo comunitario, de lo público, de lo social. El reinado de este Mesías, con la fuerza del Espíritu, no se establece únicamente sobre las personas sino también sobre la colectividad formada por aquellos que le han dejado establecer su reinado sobre su persona. Su único Hijo: Jesús es el Hijo de Dios y esta calidad de Hijo se extiende a todos los que lo sigan y como Él hagan de su vida una entrega total. El acercamiento a este artículo de la fe lo podemos hacer de dos maneras:  Desde arriba: Jesucristo es hijo del Padre, como se nos manifiesta en el relato del Bautismo, «Y vino una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto» (Mt 3, 17), o en la Transfiguración,« Y dijo una voz desde la nube: Este es mi Hijo, el amado, en quien he puesto mi favor. Escuchadlo» (Mt 17, 5).  Desde abajo: Jesús es Mesías, es Cristo, pero su reinado lo es por la entrega total; Jesús es el Siervo de Dios, cuyo camino no es el triunfo, el honor y la gloria, sino lo contrario. Jesús es Hijo de Dios no sólo porque venga una voz del cielo y así lo declare, sino porque es obediente al proyecto de Dios que es la plenitud del ser humano. Plenitud que consiste en la entrega y en el servicio hasta el final. La expresión y afirmación «Hijo de Dios» designa a Jesús como el que posee la plenitud del Espíritu, expresando la relación plena que Jesús tiene con el Padre. Como acabamos de ver, esta expresión aparece en los relatos del Bautismo de Jesús, donde aparece la presencia del Espíritu que lo «consagra» como Hijo de Dios. Y, al mismo tiempo, nos abre a los humanos la posibilidad de convertirnos en «hijos de Dios» por la gracia, por la participación en la vida de Dios a través de la entrega y Nuestro Señor: es el título o nombre que expresa la realidad e identidad de Jesús tras el acontecimiento de la Resurrección: «Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quién vosotros crucificasteis» (Hch 2, 36). 85


Por la Resurrección, Cristo ha sido constituido como el único Señor del mundo. «Señor mío y Dios mío» (Jn 20, 28) confesará Tomás ante el Resucitado, como expresión de reconocimiento y aceptación de que la forma y el estilo de vida de Jesús es lo que libera a la humanidad de su pecado/esclavitud y le hace Señor de la vida y de la historia.

3.2. Textos de la Biblia  Comienzo del evangelio de Jesucristo, el Mesías, Hijo de Dios» (Mc 1, 1).  «Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único para que el mundo tenga vida eterna, vida en plenitud» (Jn 3, 16).  «Y vino una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto» (Mt 3, 17).  «Señor mío y Dios mío» (Jn 20, 28).

3.3. Propuestas para la vida  Este Jesús, anunciado por los profetas en el Antiguo Testamento, se nos hace presente en el Nuevo Testamento y en concreto en los Evangelios. Los Evangelios fueron escritos por testigos de Jesús para que también nosotros tengamos la alegría de participar de la vida que él nos manifestó. Todo el Nuevo Testamento nos anuncia la vida que Jesús nos comunica: El comienzo de la fe y de la vida es una persona, Jesús. El Evangelio, la Buena Noticia es Jesús, el principio radical es el Hombre Jesús lo humano, al final del Evangelio, el creyente, puede descubrir al Hijo de Dios. Este es el camino y no otro.  Confesar que Jesús es Hijo y Señor es una afirmación polémica frente a tantos falsos dioses y falsos señores que pretenden dominar en nuestro mundo: «Sin embargo, para nosotros hay un sólo Dios: El Padre. De él vienen todas las cosas y para él existimos nosotros. Y hay un solo Señor, Cristo Jesús, por quien existen todas las cosas y también nosotros» (1 Cor 8, 6).  Jesús es el único Señor. Siguiéndole, el ser humano alcanza la libertad, la plenitud de la vida.  La práctica del mensaje de Jesús es la del amor, rompiendo con las vinculaciones a la injusticia. Es decir, la sintonía con Dios que produce la práctica del amor hace que Dios comunique al hombre su Espíritu. La verdad propuesta y a la que se dirige la fe cristiana es Dios, el Padre, y lo que está llamado a ser el hombre, hijo de Dios. Es entonces cuando el hombre pierde el miedo a Dios, que no aparece ya como Soberano dominador e imperioso, sino como Padre en cuyo amor se puede confiar siempre y sin límite. Esta es la verdad que hace libres.  La fe en Cristo nace de una experiencia y se concreta en un cambio de la relación con Dios, consigo mismo y con el mundo. La nueva relación con Dios como Padre engendra la libertad, la certeza interior, sabiendo que el Padre es puro amor y que está siempre en favor del hombre. La nueva relación consigo mismo se deriva de la aceptación hecha por el Padre; resulta en la aceptación de la propia realidad por parte del hombre y en la ampliación de su horizonte existencial, que lo define como hijo de Dios. La nueva relación con los demás hombres se basa en ser también ellos objeto del amor del Padre (1 Jn 5,1: «Quien ama al que da el ser ama también a todo el que ha nacido de él» ) .  Creer en Jesucristo, hijo de Dios, significa que no adoramos a otros dioses, ni servimos a otros señores, pues nadie puede servir a dos señores (Mt 6, 24).  Estamos ante un misterio de fe y de bondad: el Dios todopoderoso se ha hecho cercanía en Jesús de Nazaret, en Jesús se ha hecho «Dios-con-nosotros».  Valga este himno, transmitido por san Pablo en su Carta a los Filipenses, para acercarnos a la realidad de Cristo: «Entre vosotros tened la misma actitud del Mesías Jesús: Él, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de siervo, haciéndose uno de tantos. Así, presentándose como simple hombre, se abajó, siendo fiel hasta la muerte, y muerte en cruz. Por eso Dios lo encumbró sobre todo y le concedió el título que sobrepasa todo título; de modo que a ese título de Jesús toda rodilla se doble -en el cielo, en la tierra, en el abismo- y toda boca proclame que Jesús, el Mesías, es Señor, para gloria de Dios Padre» (Flp 2, 6-11).

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3.4. Para reflexionar y compartir  ¿Es para nosotros Jesucristo el centro de nuestra fe?  No se ama lo que no se conoce, ¿leemos los evangelios para conocer mejor a Jesús?  Lee los textos del evangelio propuestos anteriormente, ora con ellos, compartir la oración en grupo.  Reflexiona sobre las diversas propuestas para la vida, saca tus propias consecuencias.  Ora con esta canción: Creo en Jesús, creo en Jesús, Él es mi amigo, es mi alegría, Él es mi amor. Creo en Jesús, creo en Jesús. Él es mi salvador. El llamó a mi puerta, me invitó a compartir su heredad seguiré a su lado, llevaré su mensaje de paz. Ayudó al enfermo y le trajo felicidad defendió al humilde, combatió la mentira y el mal. Día y noche, creo en Jesús, Él está a mi lado, creo en Jesús sigo sus palabras, creo en Jesús doy por El la vida, creo en Jesús. Es mi Salvador. ¡Aleluya!, creo en Jesús, Él es el Mesías, creo en Jesús, Él es mi esperanza, creo en Jesús, vive para siempre, creo en Jesús. Es mi Salvador.

Cuéntame un cuento: «Conocer a Cristo» . «Diálogo entre un recién convertido a Cristo y un amigo no creyente: -De modo que te has convertido a Cristo? -Sí. -Entonces sabrás mucho sobre él. Dime: ¿en qué país nació? -No lo sé. -¿A qué edad murió? -Tampoco lo sé. -¿Sabrás al menos cuántos sermones pronunció? -Pues no... No lo sé. -La verdad es que sabes muy poco, para ser un hombre que afirma haberse convertido a Cristo .... -Tienes toda la razón. Y yo mismo estoy avergonzado de lo poco que sé acerca de Él. Pero sí que sé algo: Hace tres años, yo era un borracho. Estaba cargado de deudas. Mi familia se deshacía en pedazos. Mi mujer y mis hijos temían como un nublado mi vuelta a casa cada noche. Pero ahora he dejado la bebida; no tenemos deudas; nuestro hogar es un hogar feliz; mis hijos esperan ansiosamente mi vuelta a casa cada noche. Todo esto es lo que ha hecho Cristo por mí. ¡Y esto es lo que sé de Cristo!».

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4º catequesis “FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO Y NACIÓ DE SANTA MARÍA VIRGEN”

4.1. Comentario Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Esta afirmación no se refiere tanto al «cómo» fue la concepción de Cristo, sino al «origen» de Cristo, a su identidad y misión. El protagonista es el Espíritu Santo, fuerza vital de Dios, que por ser amor, comunica amor y produce vida (hablaremos de ello al tratar el artículo «Creo en el Espíritu Santo»). La expresión de este artículo del Credo proviene del evangelista Lucas (1, 31-35): «Mira, vas a concebir en tu seno y a dar a luz un hijo y le pondrás de nombre Jesús. Éste será grande, lo llamarán Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su antepasado; reinará para siempre en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin. María dijo al ángel: ¿Cómo sucederá eso, si no vivo con un hombre? El ángel le contestó: El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso al que va a nacer lo llamarán «Consagrado», «Hijo de Dios». Se trata de un relato cuyo mensaje se centra en que allí donde está el Espíritu hay vida, vida en plenitud. Es la manera evangélica de decir que Jesús nunca se ha separado de Dios ni está en duda su fidelidad a Dios. Jesús posee la plenitud humana porque está lleno del Espíritu de Dios. En la medida que el ser humano se entrega y vive en plenitud, está y vive poseído por el Espíritu. Siempre que esto sucede, acontece una nueva creación. Jesús es el hombre, lleno del Espíritu de Dios, cuya misión es la liberación pascual, el paso de la opresión a la libertad, es una misión universal y una misión de cada bautizado. Es la manera evangélica de hablar de la «Encarnación» de Dios, «El Verbo se ha hecho carne» del evangelista San Juan. Y nació de Santa María Virgen: María, la madre de Jesús era una sencilla mujer de un pueblo desconocido de la región de Galilea, Nazaret. Pero esta mujer esposa de un obrero, José, comprendía todo lo mejor de la fe y la esperanza en Dios del pueblo de Israel. Ella se fía totalmente de Dios, de su misericordia para con los pobres (Lc 1, 38) y proclama la grandeza del Dios que derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes (Lc 1, 50-33). Por otra parte, María personifica una fe liberadora. María es madre de Jesús, pero también, es mujer de fe, es discípula, condición o dimensión no siempre valorada suficientemente. En el nacimiento de Jesús, el Espíritu actúa de una forma sorprendente y misteriosa, como en todos los nacimientos. 88


 Aparece María, madre y origen de Jesús, como la figura representativa del Israel fiel, de «los pobres» de Yahvé. Se opone, por una parte, a Zacarías, representante de la institución sacerdotal y de la espiritualidad de la Ley, y a José, representante de la casa de David. Además, María es figura representativa de la comunidad cristiana que ha comprendido el mensaje de Jesús, en contraste con José, figura del grupo creyente apegado a la tradición judía, invitado y llamado a salir de la tierra de las seguridades de su concepción y mentalidad, dejando atrás la manera de concebir a Dios, para abrirse en obediencia a Dios.  El nacimiento de Jesús es un nacimiento humano. En el nacimiento de Jesús aparece no sólo el poder del Espíritu, sino la radical novedad de la encarnación: Jesús es hijo de María, pertenece a la raza humana, pero al mismo tiempo es Hijo de Dios, es el Dios con nosotros para siempre (Mt 1, 18-25; 28, 20).  En el mismo nacimiento de Jesús aparece el estilo propio de Dios y del mismo Jesús: desde la pobreza, desde los pobres va a venir la salvación. Es una salvación que se anuncia a los pastores sencillos (Lc 2, 8-20) y que turba a los poderosos, como Herodes (Mt 2). Sobre la virginidad de María hay que apuntar que en el relato de Lucas no se trata de una narración física o sexual. «Virgen», en la Biblia significa, no solo la ausencia de relaciones sexuales plenas, sino, sobre todo, «fidelidad». María es símbolo de la fuerza del Espíritu y de su novedad que va más allá de toda carne. Todo lo radicalmente nuevo nace de forma virginal y pobre, por «obra del Espíritu Santo».

4.2. Textos de la Biblia  «Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: «La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel», que traducido significa: «Dios con nosotros» (Mt 1, 22-23).  «Estando allí le llego el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito» (Lc 2, 7).  «Al principio ya existía la Palabra y la palabra se dirigía a Dios y la Palabra era Dios. Ella al principio se dirigía a Dios. Mediante ella existió todo, sin ella no existió cosa alguna de lo que existe. Ella contenía vida y la vida era la luz del hombre: esa luz brilla en la tiniebla y la tiniebla no la ha apagado.... Era ella la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre llegando al mundo. En el mundo estaba y, aunque el mundo existió mediante ella, el mundo no la reconoció. Vino a su casa, pero los suyos no la acogieron. En cambio, a cuantos la han aceptado, los ha hecho capaces de hacerse hijos de Dios: a esos que mantienen la adhesión a su persona; los que no han nacido de mera sangre derramada ni por designio de un mortal ni por designio de un hombre, sino que han nacido de Dios. Así que la Palabra se hizo hombre, acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria -la gloria que un hijo único recibe de su padre-: plenitud de amor y lealtad» (Jn 1, 1-14).

4.3. Propuestas para la vida  La Encarnación de Cristo es un acontecrm1ento fundante en su vida y para nuestra fe. Es principio de conocimiento. La fe en Cristo, por principio, ha de pasar por la Encarnación. Hablar de fe cristiana es confiar, fiarse de un hombre en el que descubrimos la plenitud de Dios.  La Encarnación nos lleva a una de las dimensiones de nuestra fe: la humanidad. El proyecto, el plan de Dios es que la humanidad alcance su plenitud, la vida en Dios.  No puede haber una fe que no sea sacramental, siempre ha de pasar por la mediación de lo humano. No tenemos contacto directo con Dios, sino a través de lo humano, lo personal y lo cercano, especialmente los más desfavorecidos.  El encuentro con Dios se produce en lo humano, más concretamente, en la Humanidad de Cristo. Este es nuestro lugar de encuentro.  Lo que sabemos de Dios lo sabemos por medio de un hombre: Jesús de Nazaret. Solo a través de Cristo podemos llegar a Dios. Es el camino que Él ha elegido. Al leer los evangelios es preciso interpretar a Jesús como el pensamiento y la actuación de Dios.  No cabe una religiosidad, una fe, una manera de vivir la humanidad en plenitud sino es a través del Hombre de Nazaret, revelación y encuentro de Dios con las personas.  Dios ha elegido para comunicarse el «modo humano». La meta de esta comunicación es la comunión con Dios, 89


la vida en Dios, la entrada en la esfera de lo divino. Es innegable el papel de María como mujer, madre y esposa. Pero es preciso además tener en cuenta a María como mujer de fe, discípula de Jesús. Desde los escasos textos que nos proporcionan los evangelistas sobre María, sí podemos decir y acércanos a María como la mujer, el primer se humano, que acoge y escucha la Palabra que la hace ponerse en camino, la convierte en una peregrina de la fe. Además, de modelo es preciso recuperar la figura de María como mujer de fe, seguidora y discípula de Jesús.

4.4. Para reflexionar y compartir  Nuestra devoción a María, ¿es liberadora?  Observación: en el Credo, del nacimiento de Jesús se pasa directamente a la pasión, muerte y resurrección. No se dice nada de algo tanto importante como es el Reino de Dios anunciado por Jesús, las Bienaventuranzas, su forma y estilo de vida, sus preferencias, de la Eucaristía, llamar a Dios «Abbá». Esto nos da pie a pensar que cuando se creó este «Símbolo», se estaba mediatizado por las controversias o primeros errores y herejías en las comunidades cristianas, guiados posiblemente por la concepción griega, por la filosofía, imprescindible para el dialogo fe y cultura en aquellos siglos. Había que ir a lo esencial. Busca en Internet documentación sobre la historia de este «Símbolo».  ¿Cómo recuperar la figura de María como mujer de fe?  El Espíritu Santo es origen y causa de vida, ¿cómo se concreta esta afirmación en tu vida personal o de comunidad?  Ora con esta canción de María que aparece en el evangelio (Lucas l, 46-55): «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador¡ porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: Su nombre es santo, y Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a su pueblo acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abraham y su descendencia por siempre».  J. A. Pagola, comentando el evangelio de la Solemnidad de la Asunción de María, extrae las siguientes consecuencias aplicadas a la Iglesia: «De ella (de María) podemos aprender a ser más fieles a Jesús y su evangelio. ¿Cuáles podrían ser los rasgos de una Iglesia más mariana en nuestros días? Una Iglesia que fomenta la «ternura maternal» hacia todos sus hijos cuidando el calor humano en sus relaciones con ellos. Una Iglesia de brazos abiertos, que no rechaza ni condena, sino que acoge y encuentra un lugar adecuado para cada uno. Una Iglesia que, como María, proclama con alegría la grandeza de Dios y su misericordia también con las generaciones actuales y futuras. Una Iglesia que se convierte en signo de esperanza por su capacidad de dar y transmitir vida. Una Iglesia que sabe decir «SÍ» a Dios sin saber muy bien a dónde le llevará su obediencia. Una Iglesia que no tiene respuestas para todo, pero busca con confianza, abierta al diálogo con los que no se cierran al bien, la verdad y el amor. Una Iglesia humilde como María, siempre a la escucha de su Señor. Una Iglesia más preocupada por comunicar el Evangelio de Jesús que por tenerlo todo definido. Una Iglesia del «Magníficat», que no se complace en los soberbios, potentados y ricos de este mundo, sino que 90


busca pan y dignidad para los pobres y hambrientos de la Tierra, sabiendo que Dios está de su parte. Una Iglesia atenta al sufrimiento de todo ser humano, que sabe, como María, olvidarse de sí misma y «marchar de prisa» para estar cerca de quien necesita ser ayudado. Una Iglesia preocupada por la felicidad de todos los que «no tienen vino» para celebrar la vida. Una Iglesia que anuncia la hora de la mujer y promueve con gozo su dignidad, responsabilidad y creatividad femenina. Una Iglesia contemplativa que sabe «guardar y meditar en su corazón» el misterio de Dios encarnado en Jesús para transmitirlo como experiencia viva. Una Iglesia que cree, ora, sufre y espera la salvación de Dios anunciando con humildad la victoria final del amor».

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5º catequesis “PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO, FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO; DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS” Este artículo del Credo nos quiere mostrar a qué conduce el Reino de Dios cuando la humanidad se cierra al plan de Dios centrado en la entrega y en el servicio, en la plenitud del ser humano. Los hechos que se describen en esta afirmación -excepto «descendió a los infiernos»-, son la consecuencia de la decisión humana de dejarse guiar por los contravalores del Reino: el poder, la manipulación, lo espectacular, el dinero, la influencia, la opresión, la marginación.

5.1. Comentario Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado: Los sufrimientos de Jesús por causa del Reino, (que recuerdan los padecimientos y torturas de tantas personas en tantos lugares), culminan en la crucifixión, muerte dolorosa y humillante para malhechores. En medio de dos malhechores muere Jesús. El mundo se estremece y el centurión proclama que éste hombre es Hijo de Dios (Mc 15, 38-39). Tanto la pasión como la crucifixión y sepultura de Jesús son hechos históricos, que sucedieron «bajo el poder de Pondo Pilato». La insistencia de los evangelios en presentar y subrayar el conflicto permanente entre Jesús y los dirigentes judíos pone de manifiesto cuál fue el motivo histórico de su muerte. Los evangelistas pretenden mostrar a sus lectores las causas que llevaron a la muerte de Jesús. Su condena fue la consecuencia del mensaje predicado por él y de su actividad liberadora, expresión de sus propias opciones. El enfrentamiento fue radical. Jesús nunca usó la violencia física, pero con su mensaje y actividad destruía los cimientos de la sociedad judía: los ideales tradicional de Dios, el concepto de pecado, la marginación social, las instituciones religiosas (Ley, templo, sacrificios, el sábado, la autoridad de los libros sagrados), la sacralidad del poder y, en general, el modo de entender la relación del hombre con Dios y con los demás hombres. No fue Dios el responsable de la muerte de Jesús, sino los que se llamaban representantes suyos, quienes combatieron la propuesta que Dios mismo hacía a los hombres a través de Jesús. La muerte fue la consecuencia previsible del compromiso de Jesús por el bien de la humanidad, que encontró la oposición de todos los poderosos. Para ser coherente consigo mismo, Jesús no podía esquivar este choque ni sustraerse a sus consecuencias. Por su parte, tampoco el Padre podía ofrecerle una escapatoria sin renunciar a su proyecto de amor. Jesús acepta la muerte como el precio que tiene que pagar para hacer creíble el amor de Dios por la humanidad y ser fiel a su compromiso; el Padre, a su vez, la acepta como el supremo gesto de amor de Jesús, que traduce su propio amor. El Nuevo Testamento interpreta teológicamente la muerte de Jesús como cumplimiento de la Escritura (Mt 26, 54.56; Mc 14, 49; Hch 8, 32-35; 1Cor 15,3s, etc.) o como acción del Padre, que entrega a su Hijo (Hch 2, 23; Rom 8, 32). Otras veces, la muerte de Jesús se interpreta como «rescate» (Mc 10, 45 par.; Rom 3, 24; 1 Tim 2, 6) o como «sacrificio», «ofrenda» (Ef 5, 2; Heb 9, 26, etc.). En ninguno de esos casos se trata de presentar esa muerte como el precio exigido por Dios para reconciliarse con la humanidad; si así fuera, la muerte de Jesús no sólo no sería la expresión suprema del amor de Dios a los hombres, sino que manifestaría la tremenda crueldad de un Dios que exige la muerte infamante de su Hijo para reparar su honor ofendido. La muerte como «rescate» incluye la idea de liberación de la esclavitud y significa lo costoso que fue para Jesús abrir el camino para la liberación de la humanidad. La muerte como «sacrificio» indica que Jesús no escatima su entrega, sino que llega a derramar voluntariamente su propia sangre para dar vida a los hombres . 92


El pueblo que sufre, tantas veces injustamente, ve en Jesús un modelo de aceptación del sufrimiento pero también de esperanza, pues saben que después de la cruz viene la resurrección. Descendió a los infiernos: Para entender esta afirmación del Credo hay que recordar que para Israel los muertos descendían a un lugar sombrío y silencioso, que llamaban «Hades» o «Sheol», que imaginaban en el corazón de la tierra, lugar no de tormentos pero sí alejado de Dios y de su templo, y, de alguna manera ciudadela del maligno. Era el reino de los muertos, un lugar donde se encontraban con sus padres y antepasados. Era un lugar de espera, hasta que el Mesías abriera definitivamente las puertas del Reino de la vida. Al decir que Jesús desciende a los infiernos lo que se quiere afirmar es que Jesús por su muerte entra en este reino de los muertos, se hace solidario con la humanidad hasta lo más bajo, desciende hasta el abismo de la soledad y el abandono. Es la consecuencia del bautismo total de Jesús. Los textos bíblicos hablan de este descenso de Jesús a los infiernos (Ef 4, 9; 1 Pe 3, 19-21; Hch 2, 24), aunque siempre en perspectiva de resurrección, de su futura ascensión; el que bajó hasta lo más profundo será exaltado hasta lo más alto del cielo (ver texto anterior de Flp 2, 6-11). .

5.2. Textos de la Biblia  «Pilato mandó entonces azotar a Jesús» (Jn 19, 1).  «Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado «del Cráneo», en hebreo «Gólgota» (Jn 19, 17).  «Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró (entregó su Espíritu). Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado» (Lc 23, 46.53).  «Cristo murió una vez por nuestros pecados siendo justo, padeció por la injusticia- para llevarnos a Dios. Entregado a la muerte en su carne, fue vivificado en el Espíritu. Y entonces fue a hacer su anuncio a los espíritus que estaban prisioneros» (1P 3, 18-19).

5.3. Propuestas para la vida  Jesús muere como todo hombre, que es mortal por definición. Jesús al hacerse hombre, asume la mortalidad de la naturaleza humana.  La muerte de Jesús no es equiparable a las de otros mártires de la humanidad ni, como ellas, sirve únicamente de ejemplo para el resto de los hombres; tiene un valor singular, que teológicamente se formula en categorías de «salvación». Jesús es «maestro», en cuanto es ejemplo para los hombres, y «salvador», en cuanto produce en ellos un cambio que les abre una nueva posibilidad de vida; ambos aspectos se verifican al máximo en su muerte. En ella demuestra Jesús su amor sin límites tanto en la intensidad, «hasta dar la vida», como en la extensión, por todos los hombres, incluidos sus enemigos; así da remate en sí mismo a la plenitud de la condición humana, realizando el proyecto de Dios sobre el hombre (Jn 19, 30).  Jesús muere angustiosamente, porque nuestra vida y nuestra muerte está marcada por el pecado (Rm 5, 12) y Jesús al hacerse hombre carga con una historia de pecado y él, que no tenía pecado, se hace pecado por nosotros (2Cor 5, 21).  Jesús muere ajusticiado, ejecutado por los responsables religiosos y políticos de su pueblo, que le consideran peligroso y subversivo. La muerte de Jesús es la expresión más grave del pecado del mundo, que no quiere acoger al Dios de la vida y le mata (Hch 3, 15). Pecado es lo que mató al Hijo de Dios y lo que sigue matando a los hijos  de Dios.  Jesús muere por amor a los hombres, entregando su propia vida en sacrificio para la liberación del pecado y para darnos su vida. Es la expresión máxima del amor misericordioso de Dios que nos perdona y salva por la cruz, reconciliando el mundo consigo (2 Cor 5, 19).  Jesús muere no desesperado, sino confiando en el Padre, perdonando y anunciando su victoria definitiva (Lc 23, 32-46). Es para todos nosotros referencia de cómo enfrentar el sufrimiento: luchando, resistiendo, aceptando, confiando siempre en el Padre. El sufrimiento tiene un sentido, no es algo deseado, pero cuando 93


aparece en la vida por vivir en los valores del evangelio, podemos descubrir que no es un absurdo sino que esta «embarazado» de sentido, de vida, de Resurrección. Jesús personifica el misterioso personaje llamado «Siervo de Yavé» (Is 42; 49; 50; 53), que sufriendo con paciencia los padecimientos injustos que caen sobre él, se convierte en salvador y semilla de una nueva vida. También el pueblo es, como el siervo de Yavé, un varón de dolores, sin belleza ni hermosura, pero que redime el pecado del mundo con su sufrimiento. Lo que redime es el amor, el amor a pesar del sufrimiento. Es una invitación a seguir el camino de Jesús, a descender con él también hoy a los infiernos de nuestro mundo, para llevar la buena nueva de la luz y de la vida, para liberar de toda clase de muerte. Porque Jesús no desciende a los infiernos para permanecer allá, sino para resucitar y subir a los cielos. Hay quienes consideran que el sufrimiento de esta vida es castigo de Dios por alguna acción mala, o por dejar de haber cumplido alguna obligación. A esto hay que decir que esta no es la forma ordinaria de actuar de Dios. Los males de este mundo o son producto de la limitación de la naturaleza (inundaciones, terremotos) y de la fragilidad humana (enfermedades) o, sobre todo, consecuencia de la injusticia humana: hambre, pobreza, incultura, bajos salarios, desnutrición, guerras, dictaduras, falta de libertad. Los mismos males físicos de la naturaleza se podrían evitar en gran parte si la humanidad buscase más el bien universal que el bienestar individual o de unos pocos, si en lugar de gastar en armas, invirtiese en salud y desarrollo. Tras la resurrección, las comunidades cristianas primitivas fueron encontrando trabajosamente las imágenes con las que explicar el sentido profundo de la muerte de Jesús. Algunas de estas interpretaciones fueron: Jesús fue rechazado de igual forma que ocurrió con los antiguos profetas; era el siervo doliente que anunció el profeta Isaías (Is 53); padeció lo mismo que algunos justos de los que hablan ciertos salmos (Sal 22); murió por nosotros; pagó las consecuencias del mal con su sacrificio; nos redimió con su sangre; nos reconcilió con Dios. Para los cristianos, la muerte de Jesús es el gesto último y definitivo en el que muestra su amor por las personas: «Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos». Por eso, la cruz, a pesar de ser un instrumento de tortura y de muerte, ha pasado a significar para los cristianos la señal del amor de Dios y de Jesús por los hombres. Es su símbolo. Los cristianos leen los relatos sobre la muerte de Jesús no tanto como documentos donde se cuenta sin más lo que pasó, sino como escritos que reflejan su fe, lo que los propios cristianos creen sobre Jesús: que es el rey del mundo y el salvador de los hombres. Todo hombre que, por amor a la humanidad, dé su adhesión a este Jesús que ha dado su vida por ella, entra en comunión con él y recibe su mismo Espíritu, es decir, la capacidad de llegar a una entrega y una realización como la suya (Jn 1, 12; 13, 34; 15, 12). En esta comunión de vida y amor con Jesús encuentra el hombre la salvación. En la muerte de Jesús los evangelistas ven abierto para todos los hombres el camino de la plenitud humana (la salvación); de ahí que hagan coincidir con su muerte el don del Espíritu (Jn 19, 30).

5.4. Para reflexionar y compartir  ¿Qué sentido y valor tiene la cruz de Cristo para el hombre/ creyente en la cualidad?.  En el texto aparecen abundantes citas de la Biblia, búscalas y reflexiona sobre ellas.  ¿Cuáles son las cruces del pueblo?  ¿Cómo podemos luchar contra los males que nos oprimen?  Para la oración, ora con estas palabras surgidas de la experiencia de San Agustín : «Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí; yo, fuera. Por fuera te buscaba y me lanzaba sobre el bien y la belleza creados por ti. Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo ni conmigo. Me retenían lejos las cosas. No te veía ni te sentía, ni te echaba de menos. Mostraste tu resplandor y pusiste en fuga mi ceguera. Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por ti. Gusté de ti, y siento hambre y sed. Me tocaste, y me abraso en tu paz». 94


También puedes orar con este bello poema de Gabriela Mistral, titulado «Oración al Cristo del Calvario»: «En esta tarde, Cristo del Calvario, vine a rogarte por mi carne enferma; pero, al verte, mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza. ¿Cómo quejarme de mis pies cansados, cuando veo los tuyos destrozados? ¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuyas están llenas de heridas? ¿Cómo explicarte a Ti mi soledad, cuando en la cruz alzado y solo estás? ¿Cómo explicarte que no tengo amor, cuando tienes rasgado el corazón? Ahora ya no me acuerdo de nada, huyeron de mí todas mis dolencias. El ímpetu del ruego que traía se me ahoga en la boca pedigüeña . Y sólo pido no pedirte nada, estar aquí, junto a tu imagen muerta, ir aprendiendo que el dolor es sólo la llave santa de tu santa puerta. Amén».

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6º CATEQUESIS “AL TERCER DÍA, RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS, SUBIÓ A LOS CIELOS, ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DE DIOS PADRE TODOPODEROSO. DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR A LOS VIVOS Y A LOS MUERTOS”. Llegamos al centro del Credo, del Símbolo, al centro de nuestra fe: La Resurrección de Cristo. El «descenso de Jesús a los infiernos» nos ofrece el marco para la comprensión de la resurrección de Jesús. Jesús no se queda en los infiernos; el lugar o de la muerte no logra encerrarlo en su poder, sino que Jesús sale victorioso de los infiernos, del reino de los muertos.

6.1. Comentario Al tercer día: La muerte del cuerpo físico de Cristo existió; tres es un número que indica totalidad; no hay duda, en lo físico, está totalmente muerto a este mundo. Pero la muerte de lo físico no implica la muerte de la vida. En este sentido, la frase significa también que Jesús «no murió». La muerte para los judíos comienza el cuarto día; hasta el día cuarto, el alma ronda al cuerpo queriendo volver a él; al cuarto día desiste porque la corrupción es evidente. En Jesús, el cuarto día no llega nunca = la muerte no existe. Resucitó de entre los muertos. Decir «al tercer día resucitó» es conceder a la muerte un espacio y un tiempo que realmente nunca tiene. Es sólo un modo de expresarnos en este mundo nuestro, sujetos al espacio y al tiempo, pero en su literalidad no se atiene a la realidad sin tiempo que hay más allá, cuando muere nuestro cuerpo físico. La resurrección de Jesús es la Pascua, la liberación plena, de la que la pascua judía del Éxodo era sólo una figura. Jesús es la primicia de la nueva humanidad del Reino. Lo definitivo comienza a ser real, él es el Hombre Nuevo, el Nuevo Adán, la Cabeza de la humanidad nueva (1Cor15, 45). Aparentemente, la vida y actividad de Jesús habían terminado en el más rotundo fracaso. Pero su muerte no fue la última palabra, su vida continuó. Este hecho se formula en los escritos del Nuevo Testamento de tres maneras distintas:  En primer lugar, como que Jesús «sigue vivo» (Lc 24, 5); esta primera formulación, pone el acento en que la muerte física no interrumpe la vida personal. Según la teología de Juan, esto se explica porque quien posee el Espíritu de Dios, que es la fuerza de vida de Dios mismo, goza de una vida que no puede ser destruida por la muerte.  En segundo lugar, como que «ha resucitado» (Mc 16, 6 par.; Lc 24, 34; Hch 10, 41; 17, 3; 1 Cor 15, 4. 12s; 1 Tes 4, 14, etc.). La formulación «resucitar de la muerte» describe lo sucedido con Jesús desde el punto de vista de un observador que ha visto a Jesús tendido y exánime, y más tarde lo ve vivo, como si se hubiera levantado de su estado anterior. Este «resucitar» puede considerarse obra de Dios (Hch 2, 24; 3, 15; 4, 10, etc.: «Dios lo resucitó/lo levantó de la muerte») o atribuirse a Jesús mismo (Mc 8, 31; 9, 31; 10, 34 par.; Hch 17, 3: «y a los tres días resucitará/se levantará»). En el primer caso tiene abandonado a Jesús, y que el sistema judío tenía razón en condenarlo, Dios reivindica a Jesús dándole nueva vida. En el segundo caso, vuelve a aparecer la idea anterior: Jesús mismo, por poseer el Espíritu de Dios, puede por sí solo levantarse de la muerte.  Y, finalmente, como que «ha sido exaltado», o su equivalente, «está a la derecha de Dios» (Hch 2, 33; 5, 31; 7, 55; Rom 8, 34; Flp 2, 9; Heb 1, 3; 10, 12, etc.). Esta formulación subraya la condición divina de Jesús y la gloria 96


de su nuevo estado después de la muerte (como se verá más adelante). Las tres formulaciones son maneras distintas, pero complementarias, de expresar una misma experiencia, la de que Jesús ha vencido la muerte. Veamos con detenimiento, dado el hecho central de la Resurrección, uno de los relatos del evangelio para acércanos al misterio de la Resurrección, Mt 28, 1-10: Pasado el sábado, muy de madrugada. El domingo de madrugada, el primer día de la semana para los judíos. Es decir, el primer día de la nueva creación, de la creación definitiva. Todos los relatos que vienen a continuación suceden en domingo. A partir de la Resurrección ya no hay tiempo.  Unas mujeres fueron al sepulcro con ungüentos para embalsamar a Jesús. Ésta era la tradición. Los ungüentos eran la mirra y el áloe. Pero no se empleaban para la sepultura, sino para perfumar la alcoba, especialmente, la noche de bodas. A ellos olían los vestidos del esposo. La unión de aromas, vendas y lienzos significa que aquellas mujeres están colocando al esposo en su lecho nupcial. Se presenta aquí la paradoja. La cruz es, al mismo tiempo, suplicio y exaltación. Las vendas, los lienzos y los aromas son funerarios y nupciales.  Al acercarse al sepulcro. Las mujeres buscan al crucificado, a Jesús que está definitivamente muerto. Pero... ¡La piedra del sepulcro está removida! ¡Está abierto! La piedra que lo tapaba está corrida como símbolo de que se ha quitado la separación entre el mundo de los vivos y los muertos. Jesús no ha quedado prisionero de la muerte; no está en el sepulcro. Las mujeres han de ser testigos de este hecho para comunicarlo a los discípulos. Se encuentran con un joven vestido de blanco. «Vestido de blanco» como figura de la nueva y definitiva vida de la Resurrección. ¿Quién es ese joven? ¿Un ángel? Jesús Resucitado. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Es decir, ¿por qué buscáis entre los cuerpos físicos al que está vivo porque Dios lo ha resucitado, creando un cuerpo glorioso y espiritual? Jesús no está aquí. La resurrección es afirmada antes de cualquier alusión a la ausencia del cadáver, al sepulcro vacío. La revelación que viene del «joven» afirma lo inesperado. Y en esta manifestación esclarece el hecho. «No está aquí» Ha resucitado. El joven mismo responde a la pregunta. Su afirmación es clara. Ha resucitado. Hay continuidad entre el Crucificado y el Resucitado. Ése que ha sido sentenciado a muerte por blasfemo, en nombre de Dios, por parte de las autoridades judías, y condenado como rebelde por Pilato, ése ha resucitado, ha sido despertado, ha sido levantado, se ha alzado, se ha levantado... Jesús posee la plenitud del Espíritu de Dios y se levanta de la muerte. Respecto a los relatos de las apariciones hay que decir que utilizan numerosos simbolismos. Son formas catequéticas de expresar que Jesús, el mismo que fue crucificado, vive una vida nueva. Se debe anunciar a todos la gran noticia de la liberación definitiva que Jesús con su resurrección nos consiguió. Se llama a los apóstoles a la misión. Por ejemplo:  El día primero de la semana (Jn 20, 19) alude a la primera creación, y es símbolo de la nueva, del mundo definitivo que empieza con la resurrección de Jesús.  El huerto/jardín (Jn 21,11-18) alude al paraíso original y muestra el principio de la nueva humanidad, al nuevo Adán, Jesús, y a la nueva Eva, María Magdalena, figura de la comunidad cristiana.  Las puertas atrancadas simbolizan la situación en que se encuentra la comunidad; la primera vez que se mencionase da como razón el miedo a los dirigentes judíos (Jn 21, 19), mostrando la hostilidad de la sociedad hacia ella; la segunda vez (Jn 21, 26) señalan la separación entre la comunidad y «el mundo» injusto.  Jesús muestra las señales de la crucifixión (Lc 24, 40; Jn 20, 27). La función de este símbolo es identificar al resucitado con el crucificado y mostrar la permanencia del amor demostrado en la cruz.  En Mateo, el monte donde se aparece Jesús (Mt 28, 16) simboliza la esfera divina en contacto con la historia humana. Corresponde al lugar teológico donde está Jesús tras su resurrección, desde donde colabora en la tarea de la transformación de la humanidad. La abundancia y variedad de símbolos indica que estos relatos no deben ser tomados literalmente, sino interpretados como formulaciones de una experiencia: la de Jesús vivo y activo para siempre en medio de su comunidad. La vida de Jesús después de la muerte no es privilegio exclusivo suyo, es el destino que aguarda a todos los que poseen su Espíritu, los que, como él y con él, dedican su vida al bien de la humanidad (Jn 11, 25s; 1Cor 15, 20-22).

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Subió a los cielos: «Los once discípulos fueron a Galilea al monte donde Jesús los había citado. Al verlo se postraron ante él, los mismos que habían dudado. Jesús se acercó y les habló así: «Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizadlos para vincularlos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo y enseñadles a guardar todo lo que os mandé; mirad que yo estoy con vosotros cada día, hasta el fin de esta edad» (Mt 28, 16-20). Lo físico determina, limita en un tiempo y en un espacio; tiempo y espacio son coordenadas a las que Jesús, después de su Resurrección, ya no está limitado. La frase interpretada desde la fe supone una mayor presencia de Cristo, más profunda y continua. Ser llevado al cielo no es ser llevado lejos, sino que indica el modo propio de vivir de Dios, futuro de la humanidad. La Ascensión no sucede a los cuarenta días exactos. Resucitar es ascender. El hecho de que celebremos la fiesta de la Ascensión a los «40 días» de la Resurrección es una manera de celebrar la fe, distinguiendo ambos momentos. El termino «40» en la Biblia, no es tanto un termino temporal de un mes y 10 días ó 39 + 1, sino que es un número para expresar toda una vida para experimentar una prueba ( 40 días de Jesús en el desierto, 40 años del pueblo de Israel, camino hacia a tierra prometida). A este «subir al cielo», «ser llevado al cielo» se le llama «Ascensión». La Ascensión es descrita como: un movimiento ascendente (en lo simbólico, arriba está lo bueno y lo pleno) y pasivo, es Dios, es la fuerza que nos da y que nosotros, obedientes, secundamos, lo que nos lleva a la plenitud de arriba. Realmente «ascender» es estar en la meta, que no es otra que llegar a la gloria, a la plenitud junto al Padre (el Pleno). Está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso: «Pero Esteban, que estaba lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: -Estoy contemplando el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios. Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos y, todos a una, se abalanzaron sobre él» (Hch 7, 55-56). Expresión tomada de la fe de la primitiva comunidad para expresar que Cristo, después de resucitado, es igual a Dios, «sentado a la derecha», y que esto es de manera definitiva. Ha sido, es y será siempre así. La humanidad por medio de Jesús ha sido introducida en la esfera de Dios, ha sido liberada de todo mal y comienza a vivir la plenitud de la gloria divina, es decir, la plenitud de la humanidad. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos: acerca de esta afirmación basada en Mt 25, 31-46, (precedida de 3 parábolas relativas a la vigilancia, a la fidelidad, al servicio, talentos, vírgenes sensatas y necias, mayordomo infiel, 24, 32-25, 30) hemos de tener en cuenta que es un parábola, mejor dicho, es una profecía ética, se nos describe el juicio final pero no para que nos enteremos de cómo va a ser, sino para exhortarnos a que nuestra vigilancia sea activa y misericordiosa y para animarnos y consolarnos en el sentido que también los que no conocen a Dios se salvan. Se salva todo aquel que trata al semejante como hermano, independientemente que no conozca a Jesús. Quien no lo conoce y actúa como Jesús es de los suyos. Por desgracia hay otros que conociéndolo no actúan como él y por mucho que sean de los suyos no obtienen el reino. El cielo y el infierno no son lugares, sino otros modos de existencia. De otra manera: el infierno es el fracaso de la existencia de aquel que se centra en sí mismo sin ningún gesto de solidaridad con los más necesitados. Dios no castiga con el infierno. No se puede afirmar de nadie que «esté» en el infierno. El cielo es el «don, regalo gratuito» de Dios, es el triunfo de aquel que ha hecho de su vida una entrega y servicio pleno. El centro del Credo es la Resurrección de Jesús: Los primeros textos sobre la resurrección son pequeños credos donde se resume lo fundamental de la fe. Uno de los más antiguos es el que aparece en 1 Cor (15, 3-6): «Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y que se apareció a Pedro y luego a los doce». Otros textos son los discursos, más largos, que Pedro y Pablo pronuncian y que están recogidos en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Son un resumen del mensaje cristiano: Jesús está vivo; los hombres lo matamos, pero Dios lo ha resucitado para nuestra salvación. La resurrección hace a los discípulos comprender el misterio de Jesús. Él es el Señor, el Hijo de Dios, el Salvador. Todos estos «títulos» intentan explicar el sentido de su vida y de su muerte para los hombres. 98


6.2. Textos de la Biblia  «Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios» (Mc 16,19).  «Fue a ellos a quienes se presentó después de su pasión; dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y, dejándose ver de ellos durante cuarenta días, les habló acerca del reino de Dios. Mientras comía con ellos les mandó: -No os alejéis de la ciudad de Jerusalén; al contrario, aguardad a que se cumpla la Promesa del Padre, de la que yo os he hablado; porque Juan bautizó con agua; vosotros, en cambio, de aquí a pocos días seréis bautizados con Espíritu Santo. Ellos, por su parte, se reunieron para preguntarle: -Señor, ¿es en esta ocasión cuando vas a restaurar el reino para Israel? Pero él les repuso: -No es cosa vuestra conocer ocasiones o momentos que el Padre ha reservado a su propia autoridad; al contrario, recibiréis fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y así seréis testigos míos en Jerusalén y también en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra. Dicho esto, lo vieron subir, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos» (Hch 1, 4-8).  «Y nos envió a predicar al pueblo, y atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos» (Hch 10, 42).  «Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe. Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más desgraciados de todos los hombres. Pero no, ¡Cristo resucitó de entre los muertos!» (1Cor 15, 14-20). 6.3. Propuestas para la vida  Dios le dio la razón: el Resucitado es el crucificado. Merece la pena vivir y morir según el estilo de Cristo, de su evangelio. La resurrección es una manera de decir que Dios ha dado la razón a la vida y a la predicación de Jesús. Significa que vivir y morir para los otros y para Dios, como hizo Jesús, no es un sin sentido o algo absurdo.  Si de verdad Jesús tenía razón al anunciar un mensaje de salvación a los hombres, al garantizar el perdón a los pecadores y al invocar a Dios como Padre, solo Dios lo podía decir. Si en Jesús se encerraba algo único, solo Dios lo podía confirmar. Y lo ha hecho resucitando a Jesús de la muerte. La resurrección de Jesús es la mejor noticia que podíamos recibir los hombres. Es la resurrección de Jesús la que sostiene y da sentido a nuestra fe.  La resurrección de Jesús ha sido el acontecimiento decisivo para la fe cristiana. A partir de la resurrección, los cristianos creernos en Dios con una luz nueva, vivimos nuestra fe en Jesús con una profundidad nueva, comprendemos nuestra existencia y nos enfrentarnos a ella con una esperanza nueva.  Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que Dios es fiel a sus promesas. Dios es incapaz de abandonar en la muerte al que le invoca con fe, corno Padre. Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que Dios no abandonará a los hombres, no defraudará nunca la esperanza que los hombres pongan en Él, no permitirá jamás el fracaso final de aquellos que le invoquen como Padre. En Cristo resucitado, Dios se nos descubre como un Padre fiel a sus promesas de salvar al hombre, un Padre dispuesto a salvar la humanidad por encima de la muerte.  En Cristo resucitado descubrimos que Dios es capaz de resucitar lo muerto. Dios es el Creador, y cristianamente, el Padre, lleno de amor y de vida, capaz de superar el poder destructor de la muerte y dar vida a los que han muerto. Se entiende la fe de los primeros creyentes que mantienen su esperanza en medio de esta vida en que todo carnina, de alguna manera, hacia la muerte. «No pongamos nuestra confianza en nosotros mismos sino en Dios que resucita a los muertos» (2 Cor 1, 9).  Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que Dios no es un Dios de muertos sino de vivos. Dios no quiere la muerte sino la vida de los hombres. Al resucitar a Jesús, Dios se nos descubre corno Alguien que no permitirá que una vida humana vivida en el amor termine en el fracaso de la muerte. Dios es el futuro que le espera al hombre que sabe amar.  Al resucitar a Jesús, Dios se nos descubre corno Alguien que no está de acuerdo con nuestra existencia actual, llena de sufrimientos y dolor, y destinada fatalmente a una muerte que rompe todos nuestros logros y proyectos. Todavía más. En Cristo resucitado, Dios se nos descubre corno Alguien que no está conforme con un mundo injusto en el que los hombres somos capaces de crucificar al mejor hombre que ha pisado nuestra tierra. Al resucitar a Jesús, Dios nos descubre su reacción y su protesta final ante un mundo de injusticia y de violación de la dignidad humana.  En la resurrección, los cristianos descubrirnos que Jesús es nuestro único Salvador. El único que nos puede llevar a la liberación y a la vida. «No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» (Hch 4, 12). Podernos descubrir que nuestra vida tiene salida. Hay un mensaje, hay un 99


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estilo de vivir, hay una manera de morir, hay Alguien que nos puede llevar hasta la vida eterna: Jesucristo, «a éste le ha exaltado Dios con su derecha corno jefe y Salvador» (Hch 5, 31). La resurrección nos ha descubierto que la muerte de Jesús no ha sido una muerte cualquiera. Su muerte ha sido el paso a la vida de Dios. La resurrección nos ha descubierto que Jesús no era un hombre cualquiera. Dios, realmente es su Padre. Un Padre del que Jesús recibe toda su vida. Por eso, Jesús no ha quedado abandonado en la muerte. Si Jesús ha resucitado no es para vivir lejos de los hombres. El Resucitado está presente en medio de los suyos. «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). Los cristianos creemos que Cristo vive en medio de nosotros. No estamos huérfanos. Cuando nos reunimos dos o tres en su nombre, allí está Él (Mt 18, 20). La Iglesia no es una organización solitaria, una comunidad que camina sola por la historia. Es el «cuerpo de Cristo» resucitado. Es Cristo resucitado el que anima, vivifica y llena con su espíritu y su fuerza a la comunidad creyente. Creer en el Resucitado es dejarnos interpelar hoy por su palabra viva, recogida en los evangelios. Palabras que son «espíritu y vida» para el que se alimenta de ellas (Jn 6, 63). Creer en el Resucitado es verlo aparecer vivo en el último y más pequeño de los hombres. Es decir, saber acoger y defender la vida en todo hermano necesitado (Mt 25, 31-46). No podemos creer en la resurrección de Jesús sin creer en nuestra propia resurrección. «Dios que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros por su fuerza» (1Co 6, 14). En Cristo resucitado se inicia nuestra propia resurrección porque en Él se nos abre definitivamente la posibilidad de alcanzar la vida eterna. A partir de la resurrección de Jesús, los cristianos comprendemos la vida del hombre de una manera radicalmente nueva y nos enfrentamos a la existencia con su horizonte nuevo. El mal no tiene la última palabra. Si hay resurrección, entonces, el sufrimiento, el dolor, la injusticia, la opresión, la muerte no tienen la última palabra. El mal ha quedado «despojado» de su fuerza absoluta. Si la muerte, último y mayor enemigo del hombre, ha sido vencida, el hombre no tiene ya por qué doblegarse de manera irreversible ante nada y ante nadie. Las muertes, las luchas, las lágrimas de los hombres continuarán, pero, si se vive con el Espíritu del Resucitado, no terminarán en el fracaso. Con la resurrección de Jesús se nos ha desvelado el sentido último de la historia. Ahora sabemos que la humanidad no camina hacia el fracaso, la historia de los hombres no es algo enigmático, oscuro, sin meta ni salida alguna. La vida de los hombres no es un breve paréntesis entre dos vacíos silenciosos. En el Resucitado se nos descubre ya el final, el horizonte que da sentido a la historia humana. La resurrección expresa que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra sobre el bien y la vida. Con la resurrección de Jesús se afirma que hay alguien como nosotros que ha vencido la limitación humana. La resurrección de Jesús es el fundamento y la garantía de la resurrección de todos los hombres. La salvación de Dios, que trae Jesús, no tiene en cuenta razas, culturas o religiones. Para todos está destinada esa salvación y a todos alcanza la vida que Dios tiene reservada a la humanidad. Jesús, con su vida, su muerte y su resurrección arranca a todos los seres humanos del mal y de la muerte, y les abre la puerta de la vida que nunca acaba. En Jesucristo, Dios entrega su amor a los hombres. En definitiva, la salvación significa saber que, a pesar de todo -incluso de los propios hombres-, Dios los acepta y los acoge. De esta manera, el ser humano puede vivir con la confianza del que se sabe amado para siempre.

6.4. Para reflexionar y compartir  ¿Qué supone la resurrección en tu fe, qué lugar ocupa en tu confianza esta afirmación de la Resurrección de Jesús?  Busca los textos de las citas que se han propuesto. Descubre el sentido de la resurrección de Jesús para nosotros a la luz de la Sagrada Escritura.  ¿Qué signos de resurrección y de vida vemos en el pueblo?  ¿Es para nosotros la resurrección de Jesús un motivo de verdadera esperanza?  Reflexiona sobre estas sencillas palabras: «"Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor". Es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo. Él nos ha contado cómo es el Padre. Para nosotros, Jesús nunca será un hombre más. Mirándolo a él, vemos al Padre: en sus gestos captamos su ternura y comprensión. En él podemos sentir a Dios humano, cercano, amigo. Este Jesús, el Hijo amado de Dios, nos ha animado a construir una vida: más fraterna y dichosa para todos. Es lo que más quiere el Padre. Nos ha indicado, además, el camino a seguir: "Sed 100


compasivos como vuestro Padre es compasivo". Si olvidamos a Jesús, ¿quién ocupará su vacío?, ¿quién nos podrá ofrecer su luz y su esperanza?».  Para la oración, proponemos este himno transmitido por San Pablo. Es un bello resumen de la historia de Cristo interpretada desde la fe, y también de nuestra propia historia (Ef l, 3-12). «Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido. En Él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento. Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo. En Él hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano - según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria». 

Una última propuesta para la oración de este artículo de fe, es orar con este salmo 93 adaptado y actualizado por A. López Baeza: «La victoria y el poder están en manos del Señor: ¡El Señor, vestido de inmortalidad! ¡El Señor, triunfador de la muerte! El bajó a lo más hondo del dolor y del llanto, para subir también a lo más alto de la libertad y de la canción. Por mucho que bramen las olas del poder fanático, por mucho que la tecnología al servicio del capital quiera torcer el curso de la historia haciéndola a imagen de su razón altiva... , ¡El Señor es el verdadero constructor! El permanece firme mientras los inventores de novedades se suceden sin cuento. 101


¡Oh, Señor, tu poder es dador de vida! ¡Tu Palabra es fuerza para la creación! ¡Tus moradas son de libertad en el respeto sagrado a todo ser viviente! ¡Porque Tú, Tú sólo, has amarrado a la muerte con los lazos de tu amor invencible! ¡Y vives darnos la inmortalidad!

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7º catequesis “creo en el espíritu santo”

La tercera y última parte del Credo se refiere al Espíritu Santo. En el Credo la acción del Espíritu se concreta en una serie de lugares donde los cristianos percibimos de forma clara su presencia:  la Iglesia,  la comunión de los santos,  el perdón de los pecados,  la resurrección de los muertos  y la vida eterna. Veamos cada uno de estos diferentes artículos del Credo. Cada uno de ellos es una manifestación de la acción del Espíritu en medio de nosotros.

7.1. Comentario (Creo en el ) Espíritu. La palabra «Espíritu» proviene de «espirar», es un movimiento de la respiración. Respiración se refiere a la vida, al soplo, al hálito. Si hay respiración hay vida. En la Biblia se utilizan varias imágenes para hablar de él. Por tanto, lo propio del Espíritu es dar vida, suscitar vida, hacer pasar de la muerte a la vida (creación, en los profetas, en la Encarnación, en el Bautismo de Jesús, en la sinagoga de Nazaret, Resurrección, etc.). Pero esta vida no es simplemente la vida biológica sino la vida plena que alcanza su cumbre en la vida divina, la filiación del Padre. Por esto el Espíritu nos permite llamar a Dios, Abbá, es decir, Padre (Gal 4, 6; Rm 8, 26). Este Espíritu no es una fuerza impersonal sino una Persona de la Trinidad, que procede del Padre y del Hijo. Es Señor y vínculo amoroso entre el Padre y el Hijo. Esta vida nace del amor. Santo: le llamamos «santo» en relación con la humanidad. Es el Espíritu de Jesús que nos conduce hacia la «santidad», hacia la plenitud del ser humano que no es otra que participar de la vida misma de Dios. Esta participación y comunión con: Dios es la vida plena del ser humano. En numerosas ocasiones, en los evangelios se nos habla de personas que están poseídas por «espíritus inmundos», someten a las personas, esperan un mesías de poder y dominio. Este «espíritu inundo» es lo que se opone a la misión de Jesús como Mesías que salva a través de la entrega y el servicio. Al Espíritu de Jesús le llamamos «santo» porque es la fuerza de Dios, es Dios mismo quien mueve al ser humano a hacer de su vida una entrega, habita en el ser humano, le conduce y guía. Gracias al Espíritu Santo, Dios permanece siempre en medio de nosotros. Esto es para nosotros fuente de esperanza: no estamos solos, Dios está con nosotros y actúa en medio de nosotros. Especialmente en medio de los que viven en las sombras de la muerte. El Espíritu de Jesús nos libera de toda muerte y esclavitud, nos hace libres de verdad (Gál 5, 3): es fuente de libertad y de liberación. El Hijo, por la encarnación tiene una misión visible e histórica: Jesús de Nazaret que nace en tiempo del 103


emperador Octavio y muere bajo Tiberio, siendo gobernador Poncio Pilato. Es la palabra encarnada, sus contemporáneos le ven, le escuchan, comen con él le tocan, le siguen o le rechazan. El Espíritu/vida realiza la presencia del Padre y de Jesús en el individuo y en la comunidad. Es el modo de presencia permanente que sustituye a la presencia corporal de Jesús entre los suyos (Jn 14, 16-19). El mismo Jesús pone su presencia a través del Espíritu por encima de su presencia histórica; en efecto, dice a sus discípulos: «Os conviene que yo me vaya, pues si no me voy, el valedor (el Espíritu) no vendrá con vosotros. En cambio, si me voy, os lo enviaré» (Jn 16, 7). De hecho, la presencia física de Jesús, con su abrumadora superioridad, podía obstaculizar el desarrollo personal de los suyos, ocasionando una dependencia infantil; será la identificación interior con él, producida por la comunidad de Espíritu, la que haga desarrollarse al cristiano (Jn 14, 20: «Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros»). Jesús, más que un modelo exterior, quiere ser un impulso vital interno en la línea del amor sin límite. Ahora, estamos en el tiempo del Espíritu. Nos dice el evangelista Juan que en el momento de la muerte, Jesús «dando un fuerte grito entrego su Espíritu» (Jn 19, 30) inaugurando así la vida nueva y definitiva de la Nueva Humanidad. Los mismos discípulos, en la mañana de Pentecostés, por voz de Pedro proclama que ha comenzado la nueva y definitiva etapa de la historia: la muerte, resumen de todos los males, miedos, injusticias y sufrimientos que acosan al ser humano, ha sido vencida: «Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús el Nazareno, hombre que Dios acreditó ante vosotros, realizando por su medio en medio de vosotros milagros, prodigios y señales, como vosotros mismos sabéis. A éste, entregado conforme al designio previsto y decretado por Dios, vosotros, por manos de hombres sin ley, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que ésta lo retuviera bajo su dominio, ... Es a este Jesús a quien resucitó Dios, y todos nosotros somos testigos de ello. Exaltado así por la diestra de Dios y recibiendo del Padre el Espíritu Santo prometido, lo ha derramado: esto es lo que vosotros estáis viendo y oyendo ... Por tanto, entérese bien todo Israel de que Dios ha constituido Señor y Mesías a ese Jesús a quien vosotros crucificasteis» (Hch 2, 23-36). 7.2. Textos de la Biblia  «Jesús, una vez bautizado, salió en seguida del agua. De pronto quedó abierto el cielo y vio al Espíritu de Dios bajar como paloma y posarse sobre él, y una voz del cielo dijo: -Este es mi Hijo, el amado, en quien he puesto mi favor» (Mt 3, 16-17).  «Le entregaron el volumen del profeta Isaías y, desenrollando el volumen, dio con el pasaje donde: estaba escrito: El Espíritu del Señor descansa sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año favorable del Señor» (Lc 4, 17-20).  «Si me amáis, cumpliréis los mandamientos míos; yo, a mi vez, le rogaré al Padre y os dará otro valedor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad, el que el mundo no puede recibir porque no lo percibe ni lo reconoce. Vosotros lo reconocéis, porque vive con vosotros y además estará con vosotros» (Jn 14, 15-17).  «Cuando llegue el valedor que yo voy a mandaros recibiéndolo del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio en mi favor. Pero también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo» (Jn 15, 26-27).  «Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento. Cuando llegue él, el Espíritu de la verdad, os irá guiando en la verdad toda, porque no hablará por su cuenta, sino que os comunicará cada cosa que le digan y os interpretará lo que vaya viniendo» (Jn 16, 22-23)  «Vosotros, en cambio, no estáis sujetos a los bajos instintos, sino al Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros; y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, ése no es cristiano. Pues bien, si Cristo está en vosotros, aunque vuestro ser estuvo muerto por el pecado, el Espíritu es vida por la amnistía; y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de la muerte habita en vosotros, el mismo que resucitó al Mesías dará vida también a vuestro ser mortal, por medio de ese Espíritu suyo que habita en vosotros» (Rom 8, 9-12).  «¿Habéis olvidado que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?» (lCor 3, 16)  «¿Quién puede conocer lo más íntimo del hombre, sino el espíritu del mismo hombre? De la misma manera, nadie conoce los secretos de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1 Co 2, 11).

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7.3. Propuestas para la vida  Por la adhesión a Jesús, todos y cada uno de los miembros de la comunidad cristiana participan de su Espíritu (Jn 1, 16). Así, el rasgo propio de la comunidad es poseer una vida que es la vida/ amor de Dios comunicada; ésta se ofrece a los hombres en Jesús, cuya vida y muerte traducen en lenguaje humano el amor infinito de Dios.  El Espíritu es el factor de unidad en la comunidad cristiana. Es la unidad de vida y amor, que crea la igualdad y desemboca en la unidad de compromiso. Dentro de la ilimitada diversidad individual y de la variedad de caracteres y capacidades, hay un único compromiso de fondo: trabajar para comunicar vida a la humanidad.  El Espíritu es el que funda e inspira la oración de la comunidad. La oración tiene dos aspectos, la unión con Dios y la petición a Dios. La unión con el Padre y con Jesús está dada con el Espíritu mismo, que es la presencia de ambos en el cristiano (Jn 14, 23), y la oración cristiana fundamental consiste en tomar conciencia de esta realidad; si se expresa con palabras, se traducirá en alabanza y acción de gracias. Pero también la petición por las necesidades es efecto del Espíritu, pues no es más que una manifestación del amor universal que él infunde en el hombre.  Otro aspecto en que el Espíritu se manifiesta en la comunidad es el de los carismas. Un carisma no es simplemente un don caído del cielo, independiente de las cualidades de la persona. Siendo fruto del Espíritu/amor que desarrolla y potencia las cualidades del hombre, el carisma supone el desarrollo de cualidades existentes en el individuo, para que este las ponga al servicio de la humanidad o de la comunidad cristiana.  Para encaminarse hacia la plenitud, el hombre ha de entrar en conexión con la fuente de la vida. De ahí el otro rasgo con que describe el Bautista a Jesús: «el que va a bautizará con Espíritu Santo» (1, 33). El Espíritu es la fuerza de la vida y amor divinos. «Amor» y «vida» denotan una misma realidad, pero el término «amor» explícita el aspecto dinámico de la vida. Con el Espíritu, el hombre puede comenzar el camino de su plenitud, teniendo por modelo a Jesús.  Si el Espíritu/amor une y asimila a Jesús, es claro que no solamente forma y da vida a la comunidad, sino que, del mismo modo, impulsa a la misión, que es la continuación de la obra empezada por Jesús. Es más, el amor universal que es el Espíritu lleva necesariamente a trabajar por el bien de la humanidad y a hacer penetrar en ella el modelo de hombre y de sociedad propuestos por Jesús. Por eso, en Jn 20, 21, («Les dijo de nuevo: -Paz con vosotros. Igual que el Padre me ha enviado a mí, os envío yo también a vosotros. Y dicho esto sopló y les dijo: -Recibid Espíritu Santo») al envío para la misión sigue inmediatamente el don del Espíritu. Este, siendo amor, impulsa al compromiso con la humanidad; siendo vida, puede comunicarla a los hombres; siendo fuerza, sostiene en las dificultades y en la persecución (Mc 13, 11: «Cuando os conduzcan para entregaros, no os preocupéis por lo que vais a decir, sino aquello que se os comunique en aquella hora, decidle, pues no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo»).

7.4. Para reflexionar y compartir  ¿Qué experiencias tenemos de Espíritu en nuestra vida personal y colectiva?  ¿Confiamos en la fuerza del Espíritu de Jesús?  Reflexiona sobre las citas propuestas anteriormente.  Puedes crear una especie de «perfil» sobre quién es y cómo actúa el Espíritu Santo.  Para la oración, proponemos este bello himno: «Ven Espíritu divino»: Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, 105


gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén. 

Una canción del grupo Kaiori, puede ser utilizado para cantar y orar Ven, Espíritu de Dios, sobre mí Me abro a tu presencia Cambiarás mi corazón Toca mi debilidad, Toma todo lo que soy. Pongo mi vida en tus manos Y mi fe. Poco a poco llegarás A inundarme de tu luz. Tú cambiarás mi pasado. Cantaré. Ven, Espíritu de Dios, sobre mí Me abro a tu presencia Cambiarás mi corazón. Quiero ser signo de paz. Quiero compartir mi ser. Yo necesito tu fuerza, Tu valor. Quiero proclamarte a ti. Ser testigo de tu amor. Entra y transforma mi vida. ¡Ven a mí!

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8º catequesis “(CREO) EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA”

8.1. Comentario

(Creo) en la Iglesia: En el Credo, como no podía ser de otra manera, aparece un estrecho vínculo entre el Espíritu y la Iglesia. La Iglesia no es «objeto» de fe como lo es Dios. Habría interpretarlo mejor como «creo en el Espíritu Santo (que actúa) en la Iglesia». Es en la Iglesia, en la comunidad donde creo. Es la dimensión esencial comunitaria de la fe. «Iglesia» es una palabra griega que quiere decir «asamblea», «reunión». Reunión que como vemos en los Hechos de los Apóstoles y en las cartas del Nuevo Testamento, tiene dos dimensiones esenciales: la comunión entre sus miembros en Cristo y la misión de anunciar y hacer realidad la Buena Nueva de Jesucristo. «La Iglesia existe para evangelizar», decía Pablo VI, está al servicio de Cristo, por eso es «sacramento del Reino»; es el nuevo pueblo de Dios, al servicio de la humanidad. En el Nuevo Testamento se utilizan diversas imágenes para expresar la realidad de la comunidad reunida en nombre de Jesús:  Pueblo adquirido por Dios (1Pe 2, 9), convocación de «los consagrados» o «santos» (Rom 1, 7) por Jesús Mesías, por medio del Espíritu.  Edificio o construcción; los elementos de la imagen varían según los diversos escritos: en Mt 16, 18 se concibe corno una ciudad edificada por Jesús Mesías sobre la roca de la fe declarada por Pedro; éste y todos los que confiese esa fe entran como «piedra» o sillar en la construcción de la nueva ciudad. La Iglesia es edificio de Dios, cuyo único cimiento es Jesús Mesías y el constructor Pablo y otros; el cimiento son los apóstoles y profetas cristianos siendo Jesús Mesías la piedra angular; es la fe el cimiento de la comunidad. ;. Templo para el Señor, morada de Dios por medio del Espíritu (Ef 2, 21), casa o templo espiritual, cuya piedra viva y angular es Jesús; los cristianos, como piedras vivas, se incorporan a la construcción. La división destruye el templo de Dios (1 Cor 3, 16s); no hay que contaminarlo. Y siempre habrá que distinguir entre «templocomunidad» y el «templo-edificio», asamblea donde se reúne el Pueblo de Dios. Cuerpo, del cual cada uno es miembro, con función propia. En Rom12, 3-8 se usa esta imagen para combatir la insolencia: ejerza cada uno la función que Dios le ha asignado, sin pretensiones. En 1 Cor 12,12-31 se desarrolla el tema: es el cuerpo del Mesías; se insiste en el respeto por los miembros más humildes y en la solidaridad de todos; razón de la igualdad es haber recibido el mismo Espíritu. La comunidad/iglesia es un cuerpo por participar del cuerpo de Cristo, es decir, la unidad de compromiso que se expresa en la eucaristía es la que crea y mantiene la cohesión de la comunidad (1 Cor 10, 17; 11, 29). El único cuerpo, cuya cabeza es el Mesías (Ef 1, 22s), crece por el amor (Ef 4, 16). Esposa del Mesías (Ef 5, 25-33), familia de Dios (Heb 3, 1-6).

Santa: porque la Iglesia nace por obra del Espíritu que nos hace santos. Gracias al Espíritu, la Iglesia es santa. El Espíritu 107


Santo es quien santifica a la Iglesia, es quien guía, anima, da vida a sus miembros para que hagan posible el Reinado de Dios en cada momento de la historia. La Iglesia es una comunidad misteriosa, humana y divina, santa y pecadora al mismo tiempo. Si la debilidad y el pecado forman parte de la Iglesia, el Espíritu renueva continuamente en ellas la fidelidad al evangelio. Católica: Palabra que quiere decir «Universal». De un puñado de hombres tímidos, cobardes, duros de corazón para entender las escrituras, el Espíritu hace surgir una comunidad misionera, abierta a todas las razas y culturas, capaz de encarnarse en todos los pueblos, es decir católica. Desde las más antiguas profesiones de fe bautismales aparece ya esta conexión entre el Espíritu y la Iglesia. 8.2. Textos de la Biblia «Y yo te digo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella» (Mt 16, 18).  «A los elegidos mediante la consagración con el Espíritu, conforme al proyecto de Dios Padre, para responder a Jesús Mesías y recibir la aspersión de su sangre. Os deseo gracia y paz creciente» (lPe 1, 2).  «Pues fuisteis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, con el Mesías Jesús como piedra angular. Por obra suya la construcción se va levantando compacta para formar un templo consagrado por el Señor; también por obra suya vais entrando vosotros con los demás en esa construcción, para formar por el Espíritu una morada para Dios» (Ef 2, 20-22).  «Es decir, nosotros trabajamos juntos para Dios; labranza de Dios, edificio de Dios sois vosotros. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto coloqué el cimiento, pero otro levanta el edificio. Ahora que atención cada cual a cómo construye; porque un cimiento diferente del ya puesto, que es Jesús Mesías nadie puede ponerlo; pero encima de ese cimiento puede uno edificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja» (1Cor 3, 9-12).

8.3. Propuestas para la vida. El cristiano da su adhesión a Jesús, Mesías-Salvador (Jn 20,3 1), es decir, a la persona de Jesús y, al mismo tiempo, a su mensaje y a su actividad en favor de los hombres. Tal adhesión incluye, por tanto, un compromiso con la humanidad según la línea de trabajo marcada por Jesús. Jesús Mesías es el don del amor del Padre para la salvación de la humanidad. Aceptar ese don significa asociarse a la obra del amor para continuarla. Jesús mismo hace de los suyos continuadores de su misión (Jn 17, 18: «igual que a mí me enviaste al mundo, también yo los he enviado a ellos al mundo»); también ellos son don del Padre la humanidad, para ir llevando a cabo la obra salvadora. El Espíritu que Jesús comunica y que constituye a la comunidad, equipa para la misión e impulsa a ella. La misión es, pues, actividad esencial de la comunidad cristiana, lo mismo en el ámbito individual que en el social. El fundamento de la nueva comunidad humana es la adhesión a Jesús como Mesías, Hijo de Dios vivo. Todo el que da esta adhesión a Jesús constituye una piedra o sillar que entra en la edificación de la sociedad nueva o reino de Dios (Mt 16, 18). La transformación de la sociedad, por tanto, no utilizará la violencia ni se realizará desde el poder, sino que se efectuará mediante la comunicación de una vida (el Espíritu) que superará incluso la muerte. Esta transformación ya no estará limitada a un pueblo, sino destinada a la humanidad entera. Una metáfora usada por los cuatro evangelistas para expresar la adhesión y su consecuencia la actividad es la del «seguimiento» (Mc 1, 18; 2, 14 par.). Seguir a Jesús significa mantener la cercanía a él mediante un movimiento subordinado al suyo. Es decir, se concibe a Jesús como a el «iniciador» de un camino alternativo y a los discípulos como a seguidores del mismo itinerario. La adhesión a Jesús no puede imponerse. Nace de modo espontáneo en el encuentro entre la inquietud y las aspiraciones del hombre y la persona y proyecto de Jesús. Uno da la adhesión a Jesús y a su proyecto porque en él ve colmadas sus propias aspiraciones. El seguimiento no consiste sólo en asumir una doctrina, un proyecto, unos valores, sino en hacer propia la realidad interna de Jesús, en tener su mismo Espíritu, sus mismas actitudes. La comunidad de Espíritu con Jesús crea con él una comunión vital que Juan formula como la conexión de los sarmientos con la vid (Jn 15, 1-4). Sería absurdo pretender realizar el proyecto de Jesús sin esa comunión de Espíritu, 108


pues significaría profesar unos valores sin identificarse al mismo tiempo con el que los encarna en su persona. La Iglesia vive y se desarrolla en contacto con una sociedad muy plural. Por una parte, muchos de sus miembros proceden de un cristianismo sociológico y están acostumbrados al lenguaje y categorías religiosas. Por otra parte, sin embargo, existe gran cantidad de gente, especialmente joven, que no ha tenido formación religiosa. Son los neopaganos. Siguiendo el estilo evangélico, las comunidades tienen que preguntarse si con estos últimos han de adoptar la concepción de Mateo y exponer el mensaje en las categorías y con el vocabulario religioso tradicionales, fundamentando además el hecho de Jesús en la historia de Israel, o bien, como Marcos, comenzar con Jesús y utilizar para exponer su mensaje un lenguaje mas actual; solamente en cuanto lo exija la comprensión de ciertos hechos habría que recurrir a la antigua tradición judía. «Las tareas prioritarias de la nueva evangelización nos remiten a la necesidad de recuperar la calidad cristiana del Pueblo de Dios y a buscar la creatividad que necesitamos para reformular la identidad cristina en claves nuevas». 8.4. Para reflexionar y compartir  ¿Cuáles son nuestras principales dificultades ante la Iglesia?  ¿Creemos realmente que el Espíritu actúa en la Iglesia?  Para la oración, puedes hacerlo con esta que te proponemos: «Creo en esta Iglesia» Creo en la Iglesia de Jesús encarnada en el pueblo pobre. Creo en la Iglesia que libera al pueblo oprimido. Creo en la Iglesia solidaria con los desprotegidos. Creo en la Iglesia que defiende una vida digna para todos. Creo en la Iglesia que exige la justicia y dice la verdad. Creo en la Iglesia sin riquezas ni privilegios. Creo en la Iglesia casa solariega para todos. Creo en la Iglesia testimonio vivo de buena noticia. Creo en la Iglesia que acoge y cura a los heridos. Creo en la Iglesia que ilumina nuestra realidad actual. Creo en la Iglesia en la que todos somos hermanos. Creo en la Iglesia comunidad de comunidades. Creo en la Iglesia con pastores de vida coherente. Creo en la Iglesia que no margina ni condena. Creo en la Iglesia liberada y liberadora. Creo en la Iglesia profética. Creo en la Iglesia que no se doblega ante los poderosos. Creo en la Iglesia que promueve y respeta los derechos y la dignidad de la mujer, de los laicos, de los extranjeros. Creo en la Iglesia de puertas y ventanas abiertas. Creo en la Iglesia que sufre persecución por seguir a Jesús y proseguir su causa. Creo, también, en la Iglesia que veo, que me desvela y, a veces, me turba, pero que me acoge y perdona, y me ofrece la vida».  Una canción sobre la Iglesia, pude servir para cantar, orar, trabajar con ella, «Iglesia peregrina». Todos unidos formando un solo cuerpo un pueblo que en la pascua nació miembros de cristo en sangre redimidos iglesia peregrina de Dios Vive en nosotros la fuerza del espíritu que el hijo desde el padre envió el nos empuja nos guía y alimenta iglesia peregrina de Dios 109


SOMOS EN LA TIERRA SEMILLA DE OTRO REINO SOMOS TESTIMONIO DE AMOR: PAZ PARA LAS GUERRAS Y LUZ ENTRE LAS SOMBRAS IGLESIA PEREGRINA DE DIOS Rugen tormentas y a veces nuestra barca parece que ha perdido el timón miras con miedo y no tienes confianza iglesia peregrina de Dios Una esperanza nos llena de alegría presencia que el señor prometió vamos cantando el viene con nosotros iglesia peregrina de Dios SOMOS EN LA TIERRA SEMILLA DE OTRO REINO SOMOS TESTIMONIO DE AMOR: PAZ PARA LAS GUERRAS Y LUZ ENTRE LAS SOMBRAS IGLESIA PEREGRINA DE DIOS Todos unidos en un solo bautismo ligados a la misma comunión todos viviendo en una misma casa iglesia peregrina de Dios Todos prendidos en una misma suerte ligados a la misma salvación somos un cuerpo y cristo es la cabeza iglesia peregrina de Dios SOMOS EN LA TIERRA SEMILLA DE OTRO REINO SOMOS TESTIMONIO DE AMOR: PAZ PARA LAS GUERRAS Y LUZ ENTRE LAS SOMBRAS IGLESIA PEREGRINA DE DIOS

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9º catequesis “LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS”

¿Qué significa comunión de los santos? 9.1. Comentario

Comunión (en griego «koinonia») significa participar, compartir, ser solidario, estar con otro, convivir, significa comunidad. La comunión de los santos significa que en la Iglesia entramos:  en comunión con Dios: formamos parte de su pueblo gracias al bautismo, somos introducidos en la familia de Dios, somos hijos del Padre, hermanos de Jesús y tenemos su mismo Espíritu. La Escritura nos habla continuamente de esta comunión de Dios con nosotros, de la comunión con el Padre v el Hijo, de la comunión del Espíritu Santo, de la comunión con la luz de Dios, de la comunión con la naturaleza divina (2 Pe 1, 4). Concretamente se dice que hemos sido llamados a la comunión con Cristo (1Cor l, 9), a compartir los sufrimientos de Cristo para a participar de su resurrección; en comunión con las personas, desde la fe, «los hermanos». Esta comunión con Dios nos lleva a vivir la comunión con los hermanos, con los creyentes en primer lugar y finalmente con todos los hombres, ya que todos hemos sido convocados a esta familia de Dios. Esta comunión fraterna es comunión en una misma fe (de la que el Credo es el símbolo), es comunión en unos mismos sacramentos, es comunión en la vida comunitaria (parroquia, diócesis, Iglesia universal). Y el gran signo de esta comunión con Dios y con los hermanos es la Eucaristía. En ella se expresa, de forma simbólica, nuestra comunión horizontal y vertical. Para producir vida, misión de la Iglesia, hay que estar dispuestos, como Jesús, a darse por entero, entrega celebrada y compartida en la eucaristía. La vida es fruto del amor y brotará con mayor o menor intensidad según la calidad de ese amor. La fecundidad de la misión no depende, por tanto, de la transmisión exacta de un mensaje doctrinal, sino de la entrega por amor. El amor es el mensaje.

La comunión con Jesús Dios y con los hermanos proviene del amor leal que consiste en olvidarse del propio interés y seguridad, en seguir trabajando por la vida, dignidad y libertad del hombre en medio y a pesar del sistema de muerte. «Darse uno mismo» no significa perderse, sino alcanzar la plenitud del propio ser. Quien se entrega, se recobra con su plena identidad, la de «hijo de Dios», pues dándose a sí mismo, entra en el dinamismo de amor del Padre y, de esa manera, realiza su condición de hijo. Quien, como Jesús, se da a sí mismo por amor hasta el fin, no lo hace para merecer como premio la vida definitiva, sino sabiendo que ya la posee y que, a pesar de la muerte, nada ni nadie se la arrebatará. Donde hay amor hasta el límite, hay vida hasta el límite, pues el amor es la vida (Jn 10, 17s.). Santos: así llama el Nuevo Testamento a los creyentes, en la tierra o en el cielo. Santos o consagrados es designación común de los cristianos: «Conságralos, hazlos santos en la verdad. Tu Palabra es la verdad» (Jn 17, 17). «A todos los que Dios amó y llamó a ser consagrado, que se encuentran en Roma: Paz y gracia a vosotros de parte de Dios nuesro Padre y de Jesús Mesías y Señor» (Rm 1, 7). 111


9.2. Textos de la Biblia «Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos también a vosotros para que vosotros lo compartáis con nosotros; y nuestro compartir lo es con el Padre y con su Hijo, Jesús Mesías» (1Jn1, 3).  «El favor del Señor Jesús Mesías y el amor de Dios y la solidaridad del Espíritu Santo estén con todos vosotros» (2 Cor 13, 13).  «Entonces, si hay un estímulo en el Mesías y un aliento en el amor mutuo, si existe una solidaridad de espíritu y un cariño entrañable, hacedme feliz del todo y andad de acuerdo, teniendo un amor recíproco y un interés unánime por la unidad» (Flp 2, 1-2),  «Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas» (Ap 7,9).

9 .3. Propuestas para la vida  ¿Los cristianos de hoy vivimos esta dimensión solidaria de la fe y de la Iglesia, o si nos hemos encerrado en un individualismo espiritualista?  ¿Los cristianos sabemos juntar la dimensión vertical de comunión con la horizontal de la solidaridad fraterna?  ¿La Iglesia es signo de esta comunión en el mundo y trabaja suficientemente por la solidaridad entre los pueblos?  ¿La eucaristía es para el cristiano un lugar donde halla raíz de la comunión y si nuestras eucaristías nos llevan a la solidaridad con los pobres de la Iglesia y del mundo?  ¿La eucaristía no se convierte en un rito meramente exterior que pretende encubrir, bajo capa de unidad y de comunidad, las reales diferencias sociales, la violación los derechos humanos, las opresiones injustas?

9 .4. Para reflexionar y compartir  ¿Qué signos de comunión vivimos en nuestra Iglesia?  ¿Ocupa para nosotros la eucaristía un lugar central en nuestra vida cristiana?  Para la oración proponemos esta oración clásica de San Francisco de Asís: Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: donde haya odio, ponga yo amor; donde haya mal, ponga yo perdón ; donde haya discordia, ponga yo armonía; donde haya error, ponga yo verdad; donde haya duda, ponga yo fe; donde haya desesperación, ponga yo esperanza; donde haya sombras, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo alegría. Señor, que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar, en ser comprendido como en comprender; en ser amado como en amar. Porque es olvidándose a sí mismo uno se encuentra; es perdonando como se es perdonado; es muriendo como uno despierta a la vida eterna.

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10º catequesis “EL PERDÓN DE LOS PECADOS”

10.1. Comentario Perdón: El misterio de la Iglesia, comunión de los santos, se explicita más en el artículo sobre el perdón de los pecados. La Iglesia, por la fuerza del Espíritu, es la comunidad del perdón, de la misericordia. Jesús comenzará su predicación exhortando a la conversión porque el Reino de Dios se hace presente (Me 1, 15) y con escándalo de los que se sentían puros (fariseos, escribas), come con los pecadores y perdona pecados, simbolizando así el Reino de misericordia que él inaugura. La parábola del Padre bueno es una respuesta a los que se escandalizaban de su trato con los pecadores: les enseña que Dios es como el Padre del Hijo pródigo, no como el hermano mayor (Lc 15, 1-32). Sobre todo con su muerte y resurrección Jesús nos perdonó los pecados y nos reconcilió con su Padre (2 Cor 5, 19), liberándonos del pecado y devolviéndonos la comunión. Pero esta actuación misericordiosa y perdonadora de Jesús no queda interrumpida por su ausencia visible. La Iglesia llena del Espíritu de Jesús, continúa manifestando al mundo Pecados: Pertenece a la revelación bíblica la existen del pecado que rompe nuestra relación con Dios y con 1os hermanos. Pero junto a esta revelación del pecado se revela misericordia de Dios que salva, perdona, reintegra a la comunión. Como puede verse, continuamente en los evangelios, frente a la postura legalista de los letrados, Jesús actuando libremente, regala el perdón que cura, sana, devuelve a vida. El pecado es importante, sin embargo, el perdón lo más. El pecado sólo tiene sentido desde el perdón. El pecado por el pecado es un absurdo que condena a la persona a vivir postrado. No obstante, el pecado no tiene la última palabra. La palabra de Jesús que perdona y libera, que es origen de nueva vida, que sitúa al ser humano y a la humanidad en camino hacía la libertad, hacia la plenitud, hacia la resurrección, que es la palabra de Dios, si es la última y definitiva palabra. El término «pecado», en los evangelios, se refiere a la injusticia del ser humano y es causa de sufrimiento sobre mismo y en los demás, que sufren las consecuencias. El pecado antes que un término moral, que lo es, es un término religioso pues se refiere a la relación de la persona con el Dios dela Alianza. Esta relación afecta a toda la vida, personal y social, religiosa, pública y privada. Quitar al pecado esta dimensión de relación, de «religión», en sentido etimológico del término es quitar la esencia del pecado. El pecado no es sólo una norma o ley exterior a la persona. Tiene su origen en el corazón humano que ha hecho suyos los principios del sistema que confía en la ambición, en el poder y en el prestigio como fuentes de felicidad, creando un ambiente, un espacio de pecado que afecta a uno mismo y al prójimo. Si hablamos del pecado antes hay que hablar del perdón. Nadie se sentirá movido a reconocer su pecado sin 113


antes tener una experiencia del perdón. En positivo, sólo cuando tenemos experiencia de amor, de acogida, podemos reconocer nuestro pecado. Lo primero no es el pecado de Adán y Eva. Lo primero no es la creación de Dios, la bondad de Dios. Lo primero no es Cristo en la cruz entregado por nuestros pecados. Lo primero es el amor de Jesús dispuesto a dar la vida para el perdón de los pecados, el perdón del sufrimiento. Lo primero no es juzgar; lo primero es acoger y perdonar al estilo de Jesús. El sacramento principal y primero para el perdón de los pecados es el bautismo. Cuando el Credo hace alusión al perdón de los pecados, está pensando primariamente en el bautismo («Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados», Credo de Nicea-Constantinopla). Pero la Iglesia posee otros sacramentos para el perdón de los pecados cometidos después del bautismo: el sacramento de la penitencia o de la reconciliación. Fundamentado en el Nuevo Testamento (Mt 18; Jn 20, 19-23), este sacramento perdona los pecados de los ya bautizados con la fuerza del Espíritu que Jesús, con su pasión y resurrección, ha dado a la Iglesia. El perdón de los pecados, tanto por el bautismo como por la penitencia, se orienta hacia la comunión eclesial y, por medio de ella, hacia la comunión con Dios. Sólo el Espíritu es capaz de reintegrar a la comunión con Dios y con los hermanos. Por esto, el artículo del perdón de los pecados se incluye dentro de nuestra fe en el Espíritu. 10.2. Textos de la Biblia  «Viendo Jesús la fe de ellos, le dice al paralítico: Hijo, se te perdonan tus pecados» (Mc 2, 5).  «Recorrió entonces toda la comarca lindante con el Jordán, proclamando un bautismo en señal de enmienda, para el perdón de los pecados» (Lc 3, 3).  «No juzguéis y no os juzgarán, no condenéis y no os condenarán, perdonad y os perdonarán» (Lc 6, 37).  «Y a ella le dijo: Tus pecados están perdonados» (Lc 7, 48).  «Jesús decía: Padre, perdónalos, que no saben lo que están haciendo. Se repartieron su ropa echando suertes» (Lc 23, 34).  «Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Recibid al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que vosotros se los perdonéis, y serán retenidos a los que ustedes se los retengáis» (Jn 20, 2-23).  «Quiero decir que Dios, mediante el Mesías, estaba reconciliando el mundo consigo, cancelando la deuda de los delitos humanos, y poniendo en nuestras manos el mensaje de la reconciliación» (2 Cor 5, 19).  «La derramó sobre nosotros por medio de su Hijo querido, el cual, con su sangre, nos ha obtenido la liberación, el perdón de los pecados; muestra de su inagotable generosidad» (Ef 1, 3-7).  «Porque él nos libró del poder de las tinieblas, trasladándonos al Reino de su Hijo querido, por quien obtenemos la redención, el perdón de los pecados» (Col 1, 13-14).

10.3. Propuestas para la vida  

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La Iglesia es santa y pecadora, posee el Espíritu, pero está siempre llamada a la conversión y debe anunciar siempre el perdón de Dios. El bautismo no puede ser una práctica meramente de costumbre, sino que exige un vivir la vida del Reino y el seguimiento de Jesús. En el caso del bautismo de los niños, los padres y padrinos deben comprometerse a educar a los niños cristianamente, con sus ejemplos y enseñanzas. Frente a los que dicen que prefieren «confesarse directamente con Dios», hay que recordar que el pecado tiene siempre dimensiones comunitarias y eclesiales, y que también la reconciliación debe pasar por la comunidad eclesial presidida por su ministro. El hijo pródigo de la parábola no entró a sentarse directamente al banquete sin antes haberse reconciliado con su padre y haberle dicho que había pecado contra Dios y contra él (Lc 15, 21). La reconciliación con Dios pasa por la reconciliación con la comunidad eclesial. Tanto el bautismo como la penitencia no se acaban con el rito litúrgico. Presuponen continuar luchando contra el pecado del mundo, contra el pecado personal y contra las estructuras de pecado de nuestro mundo lleno de injusticias.


10.4. Para reflexionar y compartir.  ¿Tenemos conciencia de la importancia del bautismo en nuestra vida cristiana y la de nuestros hijos?  ¿Frecuentamos el sacramento de la penitencia o reconciliación?  Una oración sacada de la carta que escribió San Pablo a los cristianos de Colosas (Col 1, 12-20) «Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz».

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11º catequesis “LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y LA VIDA ETERNA”

11.1. Comentario La resurrección de los muertos: El dogma de la resurrección de los muertos rompe todo materialismo de que la muerte acaba con todo, pero tampoco se identifica con la creencia de la inmortalidad del alma. No es simplemente un retorno a la vida anterior, como sucedió en el caso de Lázaro (Jn 11), ni una simple pervivencia individualista. (Ver el apartado anterior cuando se habla de la Resurrección de Jesús) La resurrección y la vida eterna son un don del Espíritu de Dios, del mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos. Al estilo de la Resurrección de Jesús, nuestra resurrección no es un morir para volver a esta vida. Es una transformación, es un misterio, pero es una realidad que aceptamos y confiamos por la fe. Dios no nos abandona jamás, ni siquiera en la hora de nuestra muerte. En tiempos de Jesús esta idea de resurrección aparece atestiguada en los evangelios: Dios es un Dios de vivos no de muertos (Mc 12, 18-27). Precisamente esta idea de resurrección fue la que permitió comprender la resurrección de Jesús como inicio de los tiempos nuevos. Desde entonces la resurrección de los muertos ha pasado a ocupar un lugar central en la doctrina cristiana.  En Pablo estas ideas forman parte de su predicación (Hch 17, 32;) y de los escritos paulinos y sobre todo del capítulo 15 de la primera carta a los Corintios. En este gran texto, frente a tendencias espiritualistas y paganas, Pablo afirma claramente la resurrección de los muertos, de la que Cristo resucitado es la primicia: «Ahora, si de Cristo se proclama que resucitó de la muerte, ¿cómo decís algunos que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo ha resucitado, y si Cristo no ha resucitado, entonces nuestra predicación no tiene contenido ni vuestra fe tampoco.... Porque si los muertos no resucitan, tampoco ha resucitado el Mesías, y si el Mesías no ha resucitado, vuestra fe es ilusoria Y seguís con vuestros pecados. Y, por supuesto, también los cristianos difuntos han perecido. Si la esperanza que tenemos en el Mesías es sólo para esta vida, somos los más desgraciados de los hombres. Pero de hecho el Mesías ha resucitado de la muerte, como primer fruto de los que duermen, pues, si un hombre trajo la muerte, también un hombre trajo la resurrección de los muertos; es decir, lo mismo que por Adán todos mueren, así también por el Mesías todos recibirán la vida, aunque cada uno en su propio turno: como primer fruto, el Mesías; después, los del Mesías el día de su venida; luego el fin, cuando entregue el reinado a Dios Padre, cuando haya aniquilado toda soberanía, autoridad y poder. Porque su reinado tiene que durar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies; como último enemigo aniquilará a la muerte: pues todo lo han sometido bajo sus pies» (Sal 8,7).  A través de estos textos aparecen claramente la fe en la resurrección de los muertos: el ser humano, en toda su integridad, participa de la resurrección de Jesús; esta misteriosa transformación humana es obra del Espíritu, Espíritu de vida, que da la vida y la recrea hasta que llegue a plenitud. 116


Vida eterna: Según los evangelios, «vida eterna» significa llevar a plenitud la vida humana que vivimos aquí y después de aquí, sometidos a las dimensiones del espacio y del tiempo, porque la vida es la misma y única tanto ahora como después. Se trata de ser consciente que la plenitud la heredamos por los genes. Teniendo en cuenta quién nos ha creado y engendrado, la vida eterna/ en plenitud consiste en dejarse llevar, en actuar por esa genética divina y parecerse a Dios Padre, que engendra vida allí donde no la hay o aparece infravalorada o pisoteada. «Sobre el futuro no sabemos absolutamente nada. Nada más que una cosa: que hay futuro... Si sabemos que hay futuro es solamente porque hemos oído a Jesús hablar de Abbá. Lo peor que le puede pasar a una madre es que se le muera un hijo. A las madres se les mueren los hijos porque no tienen poder para retenerlos en la vida. Pero creemos en Abbá y a Abbá no se le mueren los hijos». 11.2. Textos de la Biblia  «Se le acercaron unos saduceos, esos que dicen que no hay resurrección, y le propusieron este caso: -Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano» (Dt 25,5s). Había siete hermanos: el primero se casó y murió sin dejar hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin tener hijos; lo mismo el tercero, y ninguno de los siete dejó hijos. Por último, murió también la mujer. En la resurrección, ¿de cuál de ellos va a ser mujer, si ha sido mujer de los siete? Les contestó Jesús: -Precisamente por eso estáis equivocados, por no conocer la Escritura ni la fuerza de Dios. Porque, cuando resucitan de la muerte, ni los hombres ni las mujeres se casan, son como ángeles del cielo. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios?: «Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» (Ex 3, 6). No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados. (Mc 12, 18-27).  «El Dios que da la vida a los muertos y llama a lo que aún no existe, como si existiera» (Rm 4, 17).  «Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en vosotros, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en vosotros» (Rm 8,11).  «Tampoco existirá la noche, ni les hará falta la luz de las lámparas ni la luz del sol porque el Señor Dios los iluminará, y ellos reinarán por los siglos de los siglos» (Ap 22,5).

11.3. Propuestas para la vida  El pensamiento de la vida eterna nos debe hacer más responsables: Dios toma en serio nuestras opciones y nuestra libertad. Si optamos por el Dios de la vida, participaremos de la vida de Dios para siempre (cielo), pero si optamos por la muerte, nuestra muerte será eterna (condenación o infierno). De otro modo, el cielo es el don/respuesta de Dios a nuestra vida hecha entrega; el infierno es el fracaso de nuestra existencia.  El Dios de los pobres y de la vida no nos abandonará jamás, ni siquiera en el momento de la muerte, sino que nos resucitará a nosotros y al mundo a una vida nueva. Este pensamiento lejos de conducir a la pasividad o a huir de los problemas de la vida y de la política, nos lleva a un compromiso con el mundo y con su transformación.  Se trata, pues, de ir preparando la nueva tierra ya aquí, procurando un progreso humano verdadero, el cual sólo será real si se construye como Reino de Dios en este mundo.  Hay que evitar realizar aquí el Reino pleno, cayendo en formas de mesianismos más o menos fanáticos, que busquen aquí «la tierra sin mal». Esto no es posible totalmente, sino sólo al final de los tiempos, pero hay que ir trabajando en esta dirección, sabiendo que nunca llegaremos a ello, ni nunca podremos decir que el Reino de Dios ya está definitivamente. Esto exige una actitud de compromiso y de sentido crítico.  Finalmente, en la situación de persecución en muchos lugares, la resurrección de los muertos es una señal de esperanza: Dios está de parte de los oprimidos, no de los opresores, y no dejará que permanezcan vencidos para siempre los pobres y débiles de este mundo, sino que los resucitará para la vida eterna y su sangre será semilla del Reino.

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11.4. Para reflexionar y compartir  La esperanza del cielo, ¿sirve para comprometernos más en esta vida, o bien nos adormece?  ¿Estamos convencidos de que el trabajo que aquí hagamos por el Reino tiene ya un valor permanente para siempre?  Vuelve a leer lo comentado respecto a la Resurrección de Cristo, «resucitó de entre los muertos», y continúa profundizando en este artículo de fe.  Reflexiona sobre estas sencilla palabras de J.A. Pagola: «Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». Este misterio de Dios no es algo lejano. Está presente en el fondo de cada uno de nosotros. Lo podemos captar como Espíritu que alienta nuestras vidas, como Amor que nos lleva hacia los que sufren. Este Espíritu es lo mejor que hay dentro de nosotros».  Una oración de Santa Teresa nos puede servir para penetrar en el misterio expuesto y comentado: «No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor: muéveme el verte clavado en esa cruz y escarnecido; muéveme el ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor y en tal manera, que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y, aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera».

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12º catequesis “AMÉN”

12.1. Comentario El Credo acaba con la palabra «Amén», que significa «así es en realidad», «en esto confío» «en todo esto me apoyo y pongo mi esperanza», «así sea». Al acabar el Credo no podemos dudar de que el Padre Creador, Jesús de Nazaret el Señor y el Espíritu vivificador están con nosotros, nos acompañan en nuestra marcha hacia el Reino. Dios es el Dios -con- nosotros y continúa caminando con su pueblo, aunque a veces no lo reconozcamos, como sucedió a los discípulos que iban a Emaús. Pero esa fe nos lleva al compromiso de seguir caminando con el Señor por nuestra historia, siguiendo sus huellas, para ir construyendo, en la Iglesia, con todos los hombres de buena voluntad, el Reino de Dios.

12.2. Textos de la Biblia  «¡Bendito él por siempre! Amén» (Rom 1, 25).  «Él es origen, camino y meta del universo: a él la gloria por los siglos, amén.» (Rom 11, 36).  «Que la gracia del Señor Jesús permanezca con todos. Amén» (Ap 22,21).

12.3. Propuestas para la vida Lee los diversos comentarios expuestos en este apartado en cada uno de los artículos del Credo. Extrae tus propias conclusiones, por ejemplo, en un decálogo, o en un power point.

12.4. Para reflexionar y compartir Al terminar este recorrido por el comentario del Credo ¿con qué me quedo, que he aprendido, en qué puedo seguir profundizando, qué me ha llamado la atención, qué he descubierto? Esta oración de Pablo VI puede servir como oración resumen de lo expuesto. «Señor, haz que mi fe sea plena. Sin reservas, capaz de penetrar en mi pensamiento, en mi modo de juzgar cosas divinas y humanas. Señor, haz que mi fe sea libre. Que cuente con el concurso de mi adhesión personal, que acepte las renuncias y los deberes que comporta y sea cabal expresión del estilo de mi personalidad. Señor, haz que mi fe sea cierta. Cierta por su coherencia entre las pruebas exteriores y los testimonios interiores del Espíritu Santo. Cierta por su luz que asegure, 119


por sus conclusiones que tranquilicen, por su asimilación que descanse. Señor, que mi fe sea fuerte. Que no se asuste ante las dudas y los problemas que llenan nuestra vida. Que, ansiosa de luz, no tema la oposición de quienes la discuten, atacan, rechazan o niegan, sino que se fortifique en la experiencia íntima de tu verdad. Que resista la fatiga de la crítica, se robustezca por continuas confesiones y remonte las dificultades dialécticas y espirituales en medio de las cuales discurre nuestra existencia. Señor, haz que mi fe sea alegre. Que dé paz y sosiego a mi espíritu y que lo disponga a la oración con Dios y a la conversación con los hombres, para que irradie en estas relaciones, sagradas y profanas, la felicidad interior de tu presencia. Señor, haz que mi fe sea activa. Y que ella dé a la caridad un motivo de su expansión moral, de modo que ella constituya una verdadera amistad contigo. Y que en las obras, en el sufrimiento, en la espera de la revelación final, suponga una continua búsqueda de ti, un testimonio continuado, un alimento ininterrumpido de la esperanza. Señor, haz que mi fe sea humilde. Que no tenga la pretensión de fundarse sobre la experiencia de mi pensamiento ni de mi sentimiento, sino que, más bien, se rinda al testimonio del Espíritu Santo. Y que no tenga otra -ni mejor- garantía que la docilidad a la Tradición y a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia».

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50ยบ aniversario del concilio vaticano ii

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EL CONCILIO VATICANO II El acontecimiento fundamental de la historia cristiana del siglo XX es indudablemente el Concilio Vaticano II. Acontecimiento no sólo católico, sino con gran repercusión ecuménica que marcó a todas las Iglesias. Sin embargo, el proceso de asimilación de su mensaje no está todavía concluido. Muchos han intentado borrar su recuerdo porque los desafíos que el Concilio Vaticano II sigue planteando hoy son muy incómodos. Sin embargo, "el nuevo Pentecostés" invocado por el Beato Juan XXIII sigue abriendo puertas y ventanas para una Iglesia en la que no pocos pastores y laicos siguen sufriendo la tentación del encierro en un cenáculo seguro y prestigioso, pero poco disponible a escuchar las angustias y las esperanzas del mundo. La sorpresa de todo el mundo fue enorme, cuando el 25 de enero de 1959, el papa Juan XXIII, elegido papa tres meses antes, a los 77 años de edad, anunciaba la convocación de un nuevo Concilio. Este papa sencillo, de origen campesino, había sido elegido como papa de transición, después del importante y largo pontificado de Pío XII, que a toda la cristiandad le había parecido como algo heroico y místico en medio de los difíciles años de la 2da. Guerra Mundial. Ahora Juan XXIII lanzaba esta idea que él definía "como una flor espontánea de una primavera inesperada" y como "un rayo de luz celestial". 122

En su oración para preparar el Concilio, el Papa Bueno hablaba con acierto de " u n N u e v o Pentecostés". No debía ser un concilio para combatir algún error doctrinal o alguna ideología anticristiana. Debería ser un concilio de diálogo, de apertura, de reconciliación y de unidad. Por eso el título de "ecuménico", pero su apertura se extenderá mucho más allá de las Iglesias cristianas, llegando a interpelar, como era costumbre del Papa Bueno, a todos los hombres de buena voluntad. Al asumir la conducción de la nave de Pedro, como "pastor y navegante", Juan XXIII encontraba una Iglesia institucional muy encerrada, atrincherada en su ciudadela santa, con mentalidad muy eurocéntrica y fuerte centralismo "romano". Pero esta misma Iglesia estaba siendo provocada por una serie de fermentos internos y externos que le exigían definirse. Estaban los fermentos internos como el renacimiento de los estudios bíblicos en los años 30, la renovación catequística y litúrgica, la Acción católica y los nuevos impulsos misioneros... Estaban los fermentos "externos" pero muy cercanos a la misión de cada cristiano y de la Iglesia entera: el ansia de la reconstrucción y del progreso después de la 2da. Guerra Mundial, el nacer de los dos grandes bloques y el comienzo de la guerra fría, el tema del armamentismo y de la falta de recursos para los países más pobres, el neo-colonialismo y el racismo, la explotación del tercer mundo... Sin embargo, las sugerencias de los obispos para el nuevo Concilio, recogidas en todo el mundo a lo largo de 1959 y 1960, mostraban que la jerarquía eclesiástica no había todavía tomado el pulso de esta situación y no había recogido la mayoría de estos desafíos. En la Curia romana se estaban preparando los documentos previos al Concilio sin seguir la orientación que el Papa quería darle. Se prefería desoír la voz de la renovación y del diálogo para volver a atrincherarse en el dogma y en las cuestiones internas.


LA IGLESIA EXULTA DE GOZO La apertura del Concilio Vaticano II es un hecho de una importancia histórica tan relevante que conviene volver a recordarla. La mañana del 11 de octubre de 1962, la plaza San Pedro era inundada por 2.500 obispos que en procesión y cantando las letanías de los santos, se dirigían hacia la basílica vaticana. Los acompañaba el repique de campanas de todas las iglesias de Roma, pero poca gente estaba en la plaza San Pedro en esa gris mañana otoñal. Se abría el Concilio del siglo XX y empezaba una nueva época para la Iglesia. Se notaba un entusiasmo general pero no faltaba el desprecio de algunos altos funcionarios de la curia vaticana, para quienes el Concilio no sería en todo caso más que un cohete sin explotar; decían: "Cuando se cansen de bostezar, los obispos volverán a casa". Estos mismos eclesiásticos se habían encargado de proponer un orden del día con un listado de temas doctrinales (más de 70 proyectos) imposible de enfrentar en un horario muy lleno de largas celebraciones, avisos inútiles y además sin traducción simultánea. Pero en el discurso inaugural, en medio de una larguísima celebración en latín de casi 5 horas de duración, el Papa Juan XXIII sorprendió a todos. El papa, con mucha sencillez y con gran fuerza de ánimo, empezó diciendo: "La Madre Iglesia se alegra y exulta de gozo". Era un comienzo para disipar los temores y los miedos y dejarse llenar por la alegría del Espíritu. Pero luego el papa no dejó de señalar con firmeza a los falsos "profetas de desdichas": "En el ejercicio diario de nuestro ministerio apostólico sucede con frecuencia que disturban nuestros oídos las voces de aquellas personas que tienen gran celo religioso, pero carecen de sentido suficiente para valorar correctamente las cosas y son incapaces de emitir un juicio inteligente. En su opinión, la situación actual de la sociedad humana está cargada sólo de indicios de ocaso y de desgracia… Tenemos una opinión completamente distinta que estos profetas de desdichas, que prevén constantemente la desgracia, como si el mundo estuviera a punto de perecer. En los actuales acontecimientos humanos, mediante los que la humanidad parece entrar en un orden nuevo, hay que reconocer más bien un plan oculto de la providencia divina." Estas frases resultaron ser una respuesta a los miedos de los eclesiásticos de su entorno más inmediato; y también una réplica a una tendencia que en todos los tiempos encuentra adeptos en la Iglesia. Definiendo la tarea del Concilio y la misión de la Iglesia, Juan XXIII afirma que no basta con repetir y copiar lo que concilios anteriores enseñaron. Se trata,

más bien, de considerar la herencia de veinte siglos de cristianismo como algo que, por encima de todas las controversias, se ha convertido en patrimonio común de toda la humanidad. Y precisamente por eso, decía él, no se trata de conservar atrapados por lo antiguo; por el contrario hay que realizar, con alegría y sin temor, la obra que requiere nuestro tiempo. Ya en la bula de convocatoria del Concilio, que escribió personalmente y luego en la encíclica Pacem in terris, poco antes de su muerte habla de los signos de los tiempos y de cómo interpretarlos con discernimiento. Con ello Juan XXIII restablecía el espacio y la tarea profética de la Iglesia en el corazón de la historia. Aquel día terminó con el famoso discurso improvisado de "la caricia para los niños" frente a cien mil personas que se congregaron con antorchas en la plaza San Pedro; esta celebración espontánea de la apertura del Concilio recordaba la aclamación popular en el Concilio de Éfeso y era una imagen clara de la Iglesia pueblo de Dios. El pueblo de Dios, incluyendo los niños, se había hecho presente en la primera jornada del Concilio. Las palabras sencillas y paternales del papa revelaban una vez más que él no reivindicaba primados, infalibilidades o privilegios, ni ante sus hermanos los obispos reunidos en Concilio, ni ante cualquier persona.

CUATRO AÑOS DE DEBATES El papa Juan XXIII, en su breve pontificado 123


reafirmó claramente las finalidades originarias para las que el Concilio había sido inspirado y convocado: establecer el papel y la misión de la Iglesia en el mundo; un camino abierto a la "reforma permanente" de la Iglesia para presentar de una manera nueva el mensaje cristiano; una prueba de confianza en el ser humano y en su dignidad. Juan XXIII a menudo repetía: "Preocupémonos por lo que une, y dejemos aparte, lo que nos divide". Juan XXIII pedía abrir las ventanas de la Iglesia para que entrara el viento renovador del Espíritu. El Papa Bueno vio ante sus ojos el primer éxito de su utopía conciliar cuando la gran mayoría del episcopado universal rehuyó tomar una posición preliminar de pura defensa contra el error. El episcopado había sostenido que no existían herejías que amenazasen a la Iglesia; había pedido y conseguido una sana libertad de investigación para los exégetas, sin declarar sistemáticamente sospechosos de herejía a los estudiosos que trataban de conciliar la fidelidad a la Iglesia y la fidelidad a la ciencia; había manifestado la voluntad de expresarse en un lenguaje incomprensible para los hombres de hoy, un lenguaje pastoral; finalmente, había tenido en cuenta la exigencia de un diálogo con los cristianos separados. La última vez que el Concilio vio y escuchó a Juan XXIII fue el 8 de diciembre de 1962. El papa estaba pálido. Los médicos le habían desaconsejado asistir a la celebración de clausura de la primera sesión. Los obispos le miraban en silencio, conmovidos. Sus últimas palabras para ellos fueron las siguientes: "Un largo camino queda por recorrer, pero ustedes saben que el pastor supremo los seguirá con afecto en la acción

pastoral que desarrollarán en cada una de sus diócesis. Nos esperan, ciertamente, grandes responsabilidades, pero Dios mismo nos sostendrá en el camino." El lunes de Pentecostés, el 3 de junio de 1963, el Papa Bueno moría, pero el nuevo Papa, Pablo VI retomaba con entusiasmo la antorcha del Concilio, convocando inmediatamente una segunda sesión para los últimos meses del mismo año. La tercera y cuarta sesión serán respectivamente en los últimos trimestres de 1964 y 1965. Ya que un concilio busca siempre la unanimidad de sus miembros, el Vaticano II pasó por momentos de fuerte debate que exigían tiempo y paciencia, con varias reformulaciones de un mismo documento. Ya en la primera sesión se advertía este gran pluralismo de opiniones en reacción al propósito de la Curia romana de reducir el Concilio a una rápida confirmación de los programas preparados en Roma. Ha escrito el card. Bea: "En una audiencia concedida a un grupo de obispos durante la primera sesión del concilio, Juan XXIII advirtió cómo algunas personas estaban preocupadas por el lenguaje violento que muchos obispos usaban en el Concilio: 'Pero ¿de qué se preocupan? -les dijo-. No son un grupo de monjas que tienen que estar siempre de acuerdo con la madre superiora'... Juan XXIII estaba interesado en la libertad de los obispos, pero unas cuantas molestias le proporcionó el asegurársela." LOS GRANDES TEMAS DEL CONCILIO El primer tema sobre el cual trabajó el Concilio fue la Liturgia. Este fue el único texto preparatorio que había sido bien acogido por los padres conciliares. Los expertos que habían preparado el texto eran todos animadores reconocidos del movimiento litúrgico. La Curia romana no había podido frenar y modificar sus propuestas renovadoras que desde unas décadas ya se venían debatiendo en prestigiosos círculos de estudios litúrgicos. Gracias a este documento, la Iglesia en todo el mundo pasó rápidamente de la lengua latina a los idiomas nacionales; se subrayó la importancia de la Iglesia local y de la liturgia de la Palabra. El documento conciliar sobre la liturgia fue el primero en ser aprobado con 2.147 obispos a favor y sólo 4 contrarios, el 4 de diciembre de 1963. Pocos meses después, con la cuaresma de 1964 la Reforma litúrgica entraba en vigor en todo el mundo. El tema de la Comunicación y de los Medios de comunicación social fue otro de los temas considerados

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en las primeras etapas del Concilio. Este desvío "moderno" fue enfrentado por los obispos subrayando la importancia y también los peligros. Se proclama el derecho a la información, que deberá surgir de la verdad, de la justicia y del amor. También se subraya la importancia de la opinión pública y la formación crítica en el uso de los medios... Pero el tercer documento en ser aprobado es sin duda el más importante de todos. Se trata de la Constitución conciliar sobre la Iglesia titulada en latín "Lumen Gentium (= La luz de los pueblos). Ya el card. Gian Battista Montini (el futuro Papa Pablo VI), había lanzado al comienzo del Concilio la famosa interrogante: "¿Iglesia, qué dices de ti misma?". Ahora, después de largas sesiones y debates, los obispos casi por unanimidad (2.151 a favor y 5 en contra) contestaban al mundo entero: brillando con la luz de Cristo, la Iglesia es el signo ("sacramento") de la unidad del género humano. La Iglesia, presentada en la Biblia con muchas imágenes (rebaño, campo, viña, edificio, templo, ciudad santa, como germen que crece y como cosecha...), se fundamenta en la palabra y en la obra de Cristo, de cuyo Reino representa el comienzo en la tierra. La Iglesia, cuerpo místico y pueblo de Dios en camino, es al mismo tiempo comunidad visible y espiritual. El Concilio habla de la Iglesia Pueblo de Dios, que todos los seres humanos están llamados a integrar; luego explica la función de los obispos, sacerdotes y diáconos y presenta un capítulo entero dedicado a los laicos. Después de explicar que todos en la Iglesia están llamados a la santidad presenta el llamado específico de los religiosos. El documento termina con un importante capítulo dedicado a la Virgen María, Madre de la Iglesia. En 1964 se aprueba el Decreto sobre el ecumenismo, otro de los grandes temas que caracterizaron la asamblea conciliar. En 1965 se aprueban muchos otros decretos: sobre los obispos, los presbíteros, la vida religiosa, la formación sacerdotal, la educación cristiana; sobre las religiones no cristianas y la libertad religiosa; sobre el apostolado de los laicos y sobre la actividad misionera. Completan los trabajos del Concilio otras 2 Constituciones (documentos más importantes): la Constitución dogmática sobre la Revelación divina en la Biblia manifiesta la importancia que este Concilio vuelve a asignarle a la Palabra de Dios revelada en la Biblia. El mismo Juan XXIII ordenó retirar el primer texto sobre el tema que había sido objeto de una fuerte polémica. El último documento del Concilio en ser aprobado, y por eso el fruto más maduro de la larga

asamblea de los obispos fue la Constitución "pastoral" (por primera vez se usa este calificativo) sobre la Iglesia en el mundo actual. Como es costumbre se conoce este documento con las primeras palabras en latín que lo encabezan: Gaudium et Spes (= Los gozos y las esperanzas). Ya el título muestra otra actitud de la Iglesia para enfrentar el diálogo con el mundo moderno: "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón". Este importante documento merecerá un estudio más atento y prolongado (en una próxima nota de Umbrales). En la primera parte se analiza la vocación del ser humano: la dignidad de la persona, la comunidad humana y su actividad en el mundo... En la segunda parte se analizan los problemas más urgentes: la dignidad del matrimonio y de la familia, el progreso cultural, la vida social y el desarrollo económico, la vida política, la cooperación internacional y la promoción de la paz. Todos temas muy queridos por Juan XXIII que desde el cielo contemplaría satisfecho la conclusión de esa inmensa obra que él con fe, coraje y profetismo había empezado. DIEZ PALABRAS CLAVES DEL CONCILIO "AGGIORNAMENTO" La Palabra expresa el esfuerzo de toda la Iglesia para mirar positivamente al mundo buscando estar al día en la lectura de los "signos de los tiempos" que se presentan en la realidad. COLEGIALIDAD Es la revalorización del "colegio" de los obispos presidido por el obispo de Roma, el Papa. Los obispos no son subalternos del Papa sino que son responsables pastorales de su Iglesia local. La colegialidad se expresa por medio de algunos organismos a nivel mundial, como el Sínodo de los obispos, y a nivel nacional, como las Conferencias Episcopales. DIÁLOGO El Concilio ha promovido un diálogo hacia todas las direcciones siguiendo la propuesta de la Encíclica programática de Pablo VI, Ecclesiam Suam, del 6 de agosto de 1964. De aquí en más el diálogo será herramienta fundamental del anuncio y de la misión de la Iglesia. COMUNIÓN 125


El proyecto de Dios es un proyecto de comunión. La Iglesia Católica se define como una comunión de Iglesias locales. A nivel más profundo, la Iglesia es comunión con Dios y entre los hombres. La pluralidad y la diversidad son entendidas como elemento positivo. LIBERTAD RELIGIOSA Una de las más grandes innovaciones del Vaticano II con respecto a la historia del catolicismo es la afirmación de la libertad religiosa, que va asociada a la libertad de conciencia. El papa Gregorio XVI la consideraba en el siglo XIX como un "delirio". Por primera vez, la expresión "libertad religiosa" figura en un texto oficial católico y el subtítulo del documento precisa: "El derecho de la persona y de la comunidad a la libertad social y civil en materia religiosa". LITURGIA Un deseo de los 2.500 obispos presentes en el Concilio era llegar pronto a una reforma litúrgica cercana al pueblo que permitiera su participación. Redescubriendo las antiguas tradiciones litúrgicas, el pueblo vuelve a ser protagonista de las celebraciones y de la vida eclesial. ECUMENISMO No sin encontrar algunas dificultades, la palabra ecumenismo adquiere legitimidad plena en la Iglesia Católica. La Iglesia de Cristo no se reduce a la Iglesia Católica romana. Las diferentes Iglesias que están en comunión imperfecta pero real con la Iglesia Católica, forman parte de la única Iglesia de Cristo. La finalidad del camino ecuménico no es la incorporación de los demás sino la búsqueda de un diálogo serio y exigente para favorecer el encuentro.

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PALABRA DE DIOS El Vaticano II ha restaurado el lugar de la Palabra de Dios como fundamento de toda la vida cristiana. El Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio. Todo el Pueblo de Dios puede y debe acercarse a la Biblia para que ésta ilumine su vida. PUEBLO DE DIOS Esta definición de la Iglesia valoriza la condición cristiana de todos los integrantes de la Iglesia, laicos y ministros. Propone también una nueva inserción en la historia y en el mundo, y una nueva configuración de relaciones en el interior de la Iglesia. PRESENCIA La Iglesia se percibe como presencia frente a Dios y frente a los hombres. En el mundo esta presencia es una presencia de servicio. La Iglesia centrada en el Evangelio se abre al mundo. LAS CUATRO SESIONES DEL CONCILIO VATICANO II:  Primera sesión: 11 de octubre al 8 de diciembre de 1962 Juan XXIII  Segunda sesión: 29 de setiembre al 4 de diciembre de 1963 Pablo VI  Tercera sesión: 14 de setiembre al 21 de noviembre de 1964 Pablo VI  Cuarta sesión: 14 de setiembre al 8 de diciembre de 1965 Pablo VI


APROXIMACIÓN A LOS DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II “He pensado que iniciar el Año de la fe coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II puede ser una ocasión propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. […] Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza». Yo también deseo reafirmar con fuerza lo que dije a propósito del Concilio pocos meses después de mi elección como Sucesor de Pedro: «Si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia».” Porta Fidei 5 La aproximación a los documentos del Concilio Vaticano II en la Pastoral Juvenil requiere el uso de recursos adecuados a la edad, nivel de madurez y circunstancias en que se utilizarán en reflexiones realizadas en pequeños grupos o con dinámicas juveniles, adecuadas a ellos. Frente al estudio de los documentos del Concilio Vaticano II, proponemos hacer una relectura de algunos trozos de ciertos documentos desde la óptica actual, haciendo énfasis en cómo vivirlos desde el mundo juvenil católico. La dinámica que se recomienda seguir es la siguiente: 

Formar pequeños subgrupos dentro del grupo más grande.

 Asignar las lecturas y pedir que, después de cada una, reflexionen en el subgrupo sobre la pregunta que se ofrece y escriba cada uno lo que considera más importante para su vida personal. 

Realizar un plenario; pedir que varios participantes expresen su respuesta a esta pregunta: ¿Qué consideras importantes transmitir a otros jóvenes y por qué?

LUMEN GENTIUM  Leer 2-4. Reflexionar: ¿Qué caracteriza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo?  Leer 10-13. Reflexionar: ¿Qué significa que todos los cristianos somos “sacerdotes” por nuestro bautismo?  Leer 30-38. Reflexionar: ¿Cuál es mi papel en la Iglesia como joven laic@?  Leer 39-42. Reflexionar: ¿estoy llamado a ser sant@? ¿Qué valor y significado tiene esto para mí?

DEI VERBUM  Leer 2-6. Reflexionar: ¿Cómo se revela Dios hoy en día?  Leer 15-17. Reflexionar: ¿Por qué es importante el Antiguo Testamento en la vida de los cristianos?  Leer 21-22. Reflexionar: ¿Cuáles son los tres mensajes más importantes para la juventud? ¿Cuáles, para los adultos que asesoran y que coordinan la Pastoral Juvenil?  Leer 25-26. Reflexionar: ¿Qué beneficio obtenemos al leer con constancia la Palabra de Dios? 127


GAUDIUM ET SPES Leer 4-10. Reflexionar: ¿Qué aspectos de la realidad actual habría que añadir a estos textos para que fueran vigentes para el hombre de hoy?  Leer 40-45. Reflexionar: ¿Cómo está cumpliendo su misión la Iglesia en el mundo actual? ¿Qué desafíos tiene que enfrentar para hacerlo?  Leer 73-74. Reflexionar: ¿Qué relación tiene lo político y lo religioso en la sociedad hoy en día?  Leer 78. Reflexionar: ¿Qué signos de paz y de violencia existen en los entornos juveniles? ¿Cuáles en el mundo adulto? MENSAJE DEL CONCILIO A LOS JÓVENES “Finalmente, es a vosotros, jóvenes de uno y otro sexo del mundo entero, a quienes el Concilio quiere dirigir su último mensaje. Porque sois vosotros los que vais a recibir la antorcha de manos de vuestros mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Sois vosotros los que, recogiendo lo mejor del ejemplo y de las enseñanzas de vuestros padres y de vuestros maestros vais a formar la sociedad de mañana; os salvaréis o pereceréis con ella. La Iglesia, durante cuatro años, ha trabajado para rejuvenecer su rostro, para responder mejor a los designios de su fundador, el gran viviente, Cristo, eternamente joven. Al final de esa impresionante «reforma de vida» se vuelve a vosotros. Es para vosotros los jóvenes, sobre todo para vosotros, porque la Iglesia acaba de alumbrar en su Concilio una luz, luz que alumbrará el porvenir. La Iglesia está preocupada porque esa sociedad que vais a constituir respete la dignidad, la libertad, el derecho de las personas, y esas personas son las vuestras. Está preocupada, sobre todo, porque esa sociedad deje expandirse su tesoro antiguo y siempre nuevo: la fe, y porque vuestras almas se puedan sumergir libremente en sus bienhechoras claridades. Confía en que encontraréis tal fuerza y tal gozo que no estaréis tentados, como algunos de vuestros mayores, de ceder a la seducción de las filosofías del egoísmo o del placer, o a las de la desesperanza y de la nada, y que frente al ateísmo, fenómeno de cansancio y de vejez, sabréis afirmar vuestra fe en la vida y en lo que da sentido a la vida: la certeza de la existencia de un Dios justo y bueno. En el nombre de este Dios y de su hijo, Jesús, os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energías. Luchad contra todo egoísmo. Negaos a dar libre curso a los instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edificad con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores. La Iglesia os mira con confianza y amor. Rica en un largo pasado, siempre vivo en ella, y marchando hacia la perfección humana en el tiempo y hacia los objetivos últimos de la historia y de la vida, es la verdadera juventud del mundo. Posee lo que hace la fuerza y el encanto de la juventud: la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y veréis en ella el rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el Profeta de la verdad y del amor, el compañero y amigo de los jóvenes. Precisamente en nombre de Cristo os saludamos, os exhortamos y os bendecimos.” 7 de diciembre de 1965     

¿Cuáles son las frases que más nos llaman la atención? ¿Qué piensa el Concilio de los jóvenes? ¿Qué pide el Concilio a los jóvenes? ¿Qué espera el Concilio de los jóvenes? Este mensaje fue escrito hace casi 48 años. ¿Consideras que es actual o que ya está envejecido? ¿Qué aspectos del mensaje podemos actualizar para vivir nuestra fe hoy? Para acceder a todos los documentos completos del Concilio Vaticano se puede consultar la página web del Vaticano: www.vatican.va

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APROXIMACIÓN AL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA «Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. En la Constitución apostólica Fidei depositum, firmada precisamente al cumplirse el trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el beato Juan Pablo II escribía: «Este Catecismo es una contribución importantísima a la obra de renovación de la vida eclesial... Lo declaro como regla segura para la enseñanza de la fe y como instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial». Precisamente en este horizonte, el Año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica. En efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los Maestros de teología a los Santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe. En su misma estructura, el Catecismo de la Iglesia Católica presenta el desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. A la profesión de fe, de hecho, sigue la explicación de la vida sacramental, en la que Cristo está presente y actúa, y continúa la construcción de su Iglesia. Sin la liturgia y los sacramentos, la profesión de fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio de los cristianos. Del mismo modo, la enseñanza del Catecismo sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración». Porta Fidei 11

En la Jornada Mundial de la Juventud 2011, en Madrid, se lanzó oficialmente el YOUCAT (Catecismo Joven de la Iglesia Católica), para dar a conocer la doctrina contenida en el Catecismo de la Iglesia Católica en una forma más accesible y atractiva para la juventud, que responda a los interrogantes vitales sobre su fe y sobre la Iglesia misma. A continuación presentamos tres núcleos temáticos, especialmente adecuados para trabajarlos en el Año de la Fe, basados en el YOUCAT. Estos mismos núcleos temáticos pueden ser basados en el Catecismo de la Iglesia Católica o en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, adaptando los números y las referencias.

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LO QUE CREEMOS  Leer y sintetizar 1-6. Compartir: ¿Por qué podemos creer?  Leer y sintetizar 14-19. Compartir: Dios sale a nuestro encuentro en la Sagrada Escritura.  Leer y sintetizar 11-12 y 20-24. Compartir: Los hombres responden a Dios.  Leer y sintetizar 36-39. Compartir: Dios es Trinidad.  Leer y sintetizar 80-85. Compartir: María y su lugar en la Iglesia. CÓMO DEBEMOS ORAR  Leer y sintetizar 469-470; 478. 481. 490-498; 505. 507. Compartir: La oración en la vida cristiana.  Leer y sintetizar 483-489; 499-504. Compartir: Formas de oración.  Leer y sintetizar 474-477. Compartir: La oración de Jesús.  Leer y sintetizar 471-472 y 478-480. Compartir: Tres modelos de oración: Abraham, Moisés y María. INTERROGANTES JUVENILES  Leer y sintetizar 402-409. Compartir: ¿Qué es el amor?  Leer y sintetizar 286-292. Compartir: ¿Qué es la libertad?  Leer y sintetizar 378-387. Compartir: ¿Por qué debemos proteger la vida?  Leer y sintetizar 173-178. Compartir: ¿Para qué necesitamos los sacramentos?

Si no posees el libro impreso, lo puedes consultar on line en: http://directoriocatolico.blogspot.com.es/2012/09/youcat-online-catesismo-joven.html

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el a単o de la fe y la jornada mundial de la juventud

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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XXVIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2013 “Id y haced discípulos a todos los pueblos” (cf. Mt 28,19)

Queridos jóvenes: Quiero haceros llegar a todos un saludo lleno de alegría y afecto. Estoy seguro de que la mayoría de vosotros habéis regresado de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2,7). En este año hemos celebrado en las diferentes diócesis la alegría de ser cristianos, inspirados por el tema: «Alegraos siempre en el Señor» (Flp 4,4). Y ahora nos estamos preparando para la próxima Jornada Mundial, que se celebrará en Río de Janeiro, en Brasil, en el mes de julio de 2013. Quisiera renovaros ante todo mi invitación a que participéis en esta importante cita. La célebre estatua del Cristo Redentor, que domina aquella hermosa ciudad brasileña, será su símbolo elocuente. Sus brazos abiertos son el signo de la acogida que el Señor regala a cuantos acuden a él, y su corazón representa el inmenso amor que tiene por cada uno de vosotros. ¡Dejaos atraer por él! ¡Vivid esta experiencia del encuentro con Cristo, junto a tantos otros jóvenes que se reunirán en Río para el próximo encuentro mundial! Dejaos amar por él y seréis los testigos que el mundo tanto necesita. Os invito a que os preparéis a la Jornada Mundial de Río de Janeiro meditando desde ahora sobre el tema del encuentro: Id y haced discípulos a todos los pueblos (cf. Mt 28,19). Se trata de la gran exhortación misionera que 132

Cristo dejó a toda la Iglesia y que sigue siendo actual también hoy, dos mil años después. Esta llamada misionera tiene que resonar ahora con fuerza en vuestros corazones. El año de preparación para el encuentro de Río coincide con el Año de la Fe, al comienzo del cual el Sínodo de los Obispos ha dedicado sus trabajos a «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana». Por ello, queridos jóvenes, me alegro que también vosotros os impliquéis en este impulso misionero de toda la Iglesia: dar a conocer a Cristo, que es el don más precioso que podéis dar a los demás. 1. Una llamada apremiante La historia nos ha mostrado cuántos jóvenes, por medio del generoso don de sí mismos y anunciando el Evangelio, han contribuido enormemente al Reino de Dios y al desarrollo de este mundo. Con gran entusiasmo, han llevado la Buena Nueva del Amor de Dios, que se ha manifestado en Cristo, con medios y posibilidades muy inferiores con respecto a los que disponemos hoy. Pienso, por ejemplo, en el beato José de Anchieta, joven jesuita español del siglo XVI, que partió a las misiones en Brasil cuando tenía menos de veinte años y se convirtió en un gran apóstol del Nuevo Mundo. Pero pienso también en los que os dedicáis generosamente a la misión de la Iglesia. De ello obtuve un sorprendente testimonio en la Jornada Mundial de Madrid, sobre todo en el encuentro con los voluntarios.


Hay muchos jóvenes hoy que dudan profundamente de que la vida sea un don y no ven con claridad su camino. Ante las dificultades del mundo contemporáneo, muchos se preguntan con frecuencia: ¿Qué puedo hacer? La luz de la fe ilumina esta oscuridad, nos hace comprender que cada existencia tiene un valor inestimable, porque es fruto del amor de Dios. Él ama también a quien se ha alejado de él; tiene paciencia y espera, es más, él ha entregado a su Hijo, muerto y resucitado, para que nos libere radicalmente del mal. Y Cristo ha enviado a sus discípulos para que lleven a todos los pueblos este gozoso anuncio de salvación y de vida nueva. En su misión de evangelización, la Iglesia cuenta con vosotros. Queridos jóvenes: Vosotros sois los primeros misioneros entre los jóvenes. Al final del Concilio Vaticano II, cuyo 50º aniversario estamos celebrando en este año, el siervo de Dios Pablo VI entregó a los jóvenes del mundo un Mensaje que empezaba con estas palabras: «A vosotros, los jóvenes de uno y otro sexo del mundo entero, el Concilio quiere dirigir su último mensaje. Pues sois vosotros los que vais a recoger la antorcha de manos de vuestros mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Sois vosotros quienes, recogiendo lo mejor del ejemplo y las enseñanzas de vuestros padres y maestros, vais a formar la sociedad de mañana; os salvaréis o pereceréis con ella». Concluía con una llamada: «¡Construid con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores!» (Mensaje a los Jóvenes, 8 de diciembre de 1965). Queridos jóvenes, esta invitación es de gran actualidad. Estamos atravesando un período histórico muy particular. El progreso técnico nos ha ofrecido posibilidades inauditas de interacción entre los hombres y la población, mas la globalización de estas relaciones sólo será positiva y hará crecer el mundo en humanidad si se basa no en el materialismo sino en el amor, que es la única realidad capaz de colmar el corazón de cada uno y de unir a las personas. Dios es amor. El hombre que se olvida de Dios se queda sin esperanza y es

incapaz de amar a su semejante. Por ello, es urgente testimoniar la presencia de Dios, para que cada uno la pueda experimentar. La salvación de la humanidad y la salvación de cada uno de nosotros están en juego. Quien comprenda esta necesidad, sólo podrá exclamar con Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1Co 9,16).

2. Sed discípulos de Cristo Esta llamada misionera se os dirige también por otra razón: Es necesaria para vuestro camino de fe personal. El beato Juan Pablo II escribió: «La fe se refuerza dándola» (Enc. Redemptoris Missio, 2). Al anunciar el Evangelio vosotros mismos crecéis arraigándoos cada vez más profundamente en Cristo, os convertís en cristianos maduros. El compromiso misionero es una dimensión esencial de la fe; no se puede ser un verdadero creyente si no se evangeliza. El anuncio del Evangelio no puede ser más que la consecuencia de la alegría de haber encontrado en Cristo la roca sobre la que construir la propia existencia. Esforzándoos en servir a los demás y en anunciarles el Evangelio, vuestra vida, a menudo dispersa en diversas actividades, encontrará su unidad en el Señor, os construiréis también vosotros mismos, creceréis y maduraréis en humanidad. ¿Qué significa ser misioneros? Significa ante todo ser discípulos de Cristo, escuchar una y otra vez la invitación a seguirle, la invitación a mirarle: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Un discípulo es, de hecho, una persona que se pone a la escucha de la palabra de Jesús (cf. Lc 10,39), al que se reconoce como el buen Maestro que nos ha amado hasta dar la vida. Por ello, se trata de que cada uno de vosotros se deje plasmar cada día por la Palabra de Dios; ésta os hará amigos del Señor Jesucristo, capaces de incorporar a otros jóvenes en esta amistad con él. Os aconsejo que hagáis memoria de los dones recibidos de Dios para transmitirlos a su vez. Aprended a leer vuestra historia personal, tomad también conciencia de la maravillosa herencia de las generaciones que os han precedido: Numerosos creyentes nos han transmitido la 133


fe con valentía, enfrentándose a pruebas e incomprensiones. No olvidemos nunca que formamos parte de una enorme cadena de hombres y mujeres que nos han transmitido la verdad de la fe y que cuentan con nosotros para que otros la reciban. El ser misioneros presupone el conocimiento de este patrimonio recibido, que es la fe de la Iglesia. Es necesario conocer aquello en lo que se cree, para poder anunciarlo. Como escribí en la introducción de YouCat, el catecismo para jóvenes que os regalé en el Encuentro Mundial de Madrid, «tenéis que conocer vuestra fe de forma tan precisa como un especialista en informática conoce el sistema operativo de su ordenador, como un buen músico conoce su pieza musical. Sí, tenéis que estar más profundamente enraizados en la fe que la generación de vuestros padres, para poder enfrentaros a los retos y tentaciones de este tiempo con fuerza y decisión» (Prólogo).

3. Id Jesús envió a sus discípulos en misión con este encargo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará» (Mc 16,15-16). Evangelizar significa llevar a los demás la Buena Nueva de la salvación y esta Buena Nueva es una persona: Jesucristo. Cuando le encuentro, cuando descubro hasta qué punto soy amado por Dios y salvado por él, nace en mí no sólo el deseo, sino la necesidad de darlo a conocer a otros. Al principio del Evangelio de Juan vemos a Andrés que, después de haber encontrado a Jesús, se da prisa para llevarle a su hermano Simón (cf. Jn 1,40-42). La evangelización parte siempre del encuentro con Cristo, el Señor. Quien se ha acercado a él y ha hecho la experiencia de su amor, quiere compartir en seguida la belleza de este encuentro que nace de esta amistad. Cuanto más conocemos a Cristo, más deseamos anunciarlo. Cuanto más hablamos con él, más deseamos hablar de él. Cuanto más nos hemos dejado conquistar, más deseamos llevar a otros hacia él. Por medio del bautismo, que nos hace nacer a una vida 134

nueva, el Espíritu Santo se establece en nosotros e inflama nuestra mente y nuestro corazón. Es él quien nos guía a conocer a Dios y a entablar una amistad cada vez más profunda con Cristo; es el Espíritu quien nos impulsa a hacer el bien, a servir a los demás, a entregarnos. Mediante la confirmación somos fortalecidos por sus dones para testimoniar el Evangelio con más madurez cada vez. El alma de la misión es el Espíritu de amor, que nos empuja a salir de nosotros mismos, para «ir» y evangelizar. Queridos jóvenes, dejaos conducir por la fuerza del amor de Dios, dejad que este amor venza la tendencia a encerrarse en el propio mundo, en los propios problemas, en las propias costumbres. Tened el valor de «salir» de vosotros mismos hacia los demás y guiarlos hasta el encuentro con Dios.

4. Llegad a todos los pueblos Cristo resucitado envió a sus discípulos a testimoniar su presencia salvadora a todos los pueblos, porque Dios, en su amor sobreabundante, quiere que todos se salven y que nadie se pierda. Con el sacrificio de amor de la Cruz, Jesús abrió el camino para que cada hombre y cada mujer puedan conocer a Dios y entrar en comunión de amor con él. Él constituyó una comunidad de discípulos para llevar el anuncio de salvación del Evangelio hasta los confines de la tierra, para llegar a los hombres y mujeres de cada lugar y de todo tiempo.¡Hagamos nuestro este deseo de Jesús! Queridos amigos, abrid los ojos y mirad en torno a vosotros. Hay muchos jóvenes que han perdido el sentido de su existencia. ¡Id! Cristo también os necesita. Dejaos llevar por su amor, sed instrumentos de este amor inmenso, para que llegue a todos, especialmente a los que están «lejos». Algunos están lejos geográficamente, mientras que otros están lejos porque su cultura no deja espacio a Dios; algunos aún no han acogido personalmente el Evangelio, otros, en cambio, a pesar de haberlo recibido, viven como si Dios no existiese. Abramos a todos las puertas de nuestro corazón; intentemos entrar en diálogo con ellos, con sencillez y respeto mutuo. Este diálogo, si es vivido con verdadera


amistad, dará fruto. Los «pueblos» a los que hemos sido enviados no son sólo los demás países del mundo, sino también los diferentes ámbitos de la vida: las familias, los barrios, los ambientes de estudio o trabajo, los grupos de amigos y los lugares de ocio. El anuncio gozoso del Evangelio está destinado a todos los ambientes de nuestra vida, sin exclusión. Quisiera subrayar dos campos en los que debéis vivir con especial atención vuestro compromiso misionero. El primero es el de las comunicaciones sociales, en particular el mundo de Internet. Queridos jóvenes, como ya os dije en otra ocasión, «sentíos comprometidos a sembrar en la cultura de este nuevo ambiente comunicativo e informativo los valores sobre los que se apoya vuestra vida. […] A vosotros, jóvenes, que casi espontáneamente os sentís en sintonía con estos nuevos medios de comunicación, os corresponde de manera particular la tarea de evangelizar este “continente digital”» (Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 mayo 2009). Por ello, sabed usar con sabiduría este medio, considerando también las insidias que contiene, en particular el riesgo de la dependencia, de confundir el mundo real con el virtual, de sustituir el encuentro y el diálogo directo con las personas con los contactos en la red. El segundo ámbito es el de la movilidad. Hoy son cada vez más numerosos los jóvenes que viajan, tanto por motivos de estudio, trabajo o diversión. Pero pienso también en todos los movimientos migratorios, con los que millones de personas, a menudo jóvenes, se trasladan y cambian de región o país por motivos económicos o sociales. También estos fenómenos pueden convertirse en ocasiones providenciales para la difusión del Evangelio. Queridos jóvenes, no tengáis miedo en testimoniar vuestra fe también en estos contextos; comunicar la alegría del encuentro con Cristo es un don precioso para aquellos con los que os encontráis.

5. Haced discípulos Pienso que a menudo habéis experimentado la dificultad de que vuestros coetáneos participen en la experiencia de la fe. A menudo habréis constatado cómo en muchos jóvenes, especialmente en ciertas fases del camino de la vida, está el deseo de conocer a Cristo y vivir los valores del Evangelio, pero no se sienten idóneos y capaces. ¿Qué se puede hacer? Sobre todo, con vuestra cercanía y vuestro sencillo testimonio abrís una brecha a través de la cual Dios puede tocar sus corazones. El anuncio de Cristo no consiste sólo en palabras, sino que debe implicar toda la vida y traducirse en gestos de amor. Es el amor que Cristo ha infundido en nosotros el que nos hace evangelizadores; nuestro amor debe conformarse cada vez más con el suyo. Como el buen samaritano, debemos tratar con atención a los que encontramos, debemos saber escuchar, comprender y ayudar, para poder guiar a quien busca la verdad y el sentido de la vida hacia la casa de Dios, que es la Iglesia, donde se encuentra la esperanza y la salvación (cf. Lc 10,29-37). Queridos amigos, nunca olvidéis que el primer acto de amor que podéis hacer hacia el prójimo es el de compartir la fuente de nuestra esperanza: Quien no da a Dios, da muy poco. Jesús ordena a sus apóstoles: «Haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). Los medios que tenemos para «hacer discípulos» son principalmente el bautismo y la catequesis. Esto significa que debemos conducir a las personas que estamos evangelizando para que encuentren a Cristo vivo, en modo particular en su Palabra y en los sacramentos. De este modo podrán creer en él, conocerán a Dios y vivirán de su gracia. Quisiera que cada uno se preguntase: ¿He tenido alguna vez el valor de proponer el bautismo a los jóvenes que aún no lo han recibido? ¿He invitado a alguien a seguir un camino para descubrir la fe cristiana? Queridos amigos, no tengáis miedo de proponer a vuestros coetáneos el encuentro con Cristo. Invocad al Espíritu Santo: Él os guiará para poder entrar cada vez más en el conocimiento y el amor de Cristo y os hará creativos para transmitir el Evangelio. 135


6. Firmes en la fe Ante las dificultades de la misión de evangelizar, a veces tendréis la tentación de decir como el profeta Jeremías: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que sólo soy un niño». Pero Dios también os contesta: «No digas que eres niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene» (Jr 1,6-7). Cuando os sintáis ineptos, incapaces y débiles para anunciar y testimoniar la fe, no temáis. La evangelización no es una iniciativa nuestra que dependa sobre todo de nuestros talentos, sino que es una respuesta confiada y obediente a la llamada de Dios, y por ello no se basa en nuestra fuerza, sino en la suya. Esto lo experimentó el apóstol Pablo: «Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros» (2Co 4,7). Por ello os invito a que os arraiguéis en la oración y en los sacramentos. La evangelización auténtica nace siempre de la oración y está sostenida por ella. Primero tenemos que hablar con Dios para poder hablar de Dios. En la oración le encomendamos al Señor las personas a las que hemos sido enviados y le suplicamos que les toque el corazón; pedimos al Espíritu Santo que nos haga sus instrumentos para la salvación de ellos; pedimos a Cristo que ponga las palabras en nuestros labios y nos haga ser signos de su amor. En modo más general, pedimos por la misión de toda la Iglesia, según la petición explícita de Jesús: «Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,38). Sabed encontrar en la eucaristía la fuente de vuestra vida de fe y de vuestro testimonio cristiano, participando con fidelidad en la misa dominical y cada vez que podáis durante la semana. Acudid frecuentemente al sacramento de la reconciliación, que es un encuentro precioso con la misericordia de Dios que nos acoge, nos perdona y renueva nuestros corazones en la caridad. No dudéis en recibir el sacramento de la confirmación, si aún no lo habéis recibido, preparándoos con esmero y solicitud. Es, junto con la eucaristía, el sacramento de la misión por excelencia, que nos da la fuerza y el amor del Espíritu Santo para profesar la fe sin miedo. Os aliento también a que hagáis adoración eucarística; detenerse 136

en la escucha y el diálogo con Jesús presente en el sacramento es el punto de partida de un nuevo impulso misionero. Si seguís por este camino, Cristo mismo os dará la capacidad de ser plenamente fieles a su Palabra y de testimoniarlo con lealtad y valor. A veces seréis llamados a demostrar vuestra perseverancia, en particular cuando la Palabra de Dios suscite oposición o cerrazón. En ciertas regiones del mundo, por la falta de libertad religiosa, algunos de vosotros sufrís por no poder dar testimonio de la propia fe en Cristo. Hay quien ya ha pagado con la vida el precio de su pertenencia a la Iglesia. Os animo a que permanezcáis firmes en la fe, seguros de que Cristo está a vuestro lado en esta prueba. Él os repite: «Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» (Mt 5,11-12).

7. Con toda la Iglesia Queridos jóvenes, para permanecer firmes en la confesión de la fe cristiana allí donde habéis sido enviados, necesitáis a la Iglesia. Nadie puede ser testigo del Evangelio en solitario. Jesús envió a sus discípulos a la misión en grupos: «Haced discípulos» está puesto en plural. Por tanto, nosotros siempre damos testimonio en cuanto miembros de la comunidad cristiana; nuestra misión es fecundada por la comunión que vivimos en la Iglesia, y gracias a esa unidad y ese amor recíproco nos reconocerán como discípulos de Cristo (cf. Jn 13,35). Doy gracias a Dios por la preciosa obra de evangelización que realizan nuestras comunidades cristianas, nuestras parroquias y nuestros movimientos eclesiales. Los frutos de esta evangelización pertenecen a toda la Iglesia: «Uno siembra y otro siega» (Jn 4,37). En este sentido, quiero dar gracias por el gran don de los misioneros, que dedican toda su vida a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Asimismo, doy gracias al Señor por los sacerdotes y consagrados, que se entregan totalmente para que Jesucristo sea


anunciado y amado. Deseo alentar aquí a los jóvenes que son llamados por Dios, a que se comprometan con entusiasmo en estas vocaciones: «Hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35). A los que dejan todo para seguirlo, Jesús ha prometido el ciento por uno y la vida eterna (cf. Mt 19,29). También doy gracias por todos los fieles laicos que allí donde se encuentran, en familia o en el trabajo, se esmeran en vivir su vida cotidiana como una misión, para que Cristo sea amado y servido y para que crezca el Reino de Dios. Pienso, en particular, en todos los que trabajan en el campo de la educación, la sanidad, la empresa, la política y la economía y en tantos ambientes del apostolado seglar. Cristo necesita vuestro compromiso y vuestro testimonio. Que nada ni las dificultades, ni las incomprensiones os hagan renunciar a llevar el Evangelio de Cristo a los lugares donde os encontréis; cada uno de vosotros es valioso en el gran mosaico de la evangelización.

8. «Aquí estoy, Señor» Queridos jóvenes, al concluir quisiera invitaros a que escuchéis en lo profundo de vosotros mismos la llamada de Jesús a anunciar su Evangelio. Como muestra la gran estatua de Cristo Redentor en Río de Janeiro, su corazón está abierto para amar a todos, sin distinción, y sus brazos están extendidos para abrazar a todos. Sed vosotros el corazón y los brazos de Jesús. Id a dar testimonio de su amor, sed los nuevos misioneros animados por el amor y la acogida. Seguid el ejemplo de los grandes misioneros de la Iglesia, como san Francisco Javier y tantos otros.

se regala a los que, en pobreza de corazón, se ponen a disposición de tal anuncio. No tengáis miedo. Jesús, Salvador del mundo, está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20). Esta llamada, que dirijo a los jóvenes de todo el mundo, asume una particular relevancia para vosotros, queridos jóvenes de América Latina. En la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que tuvo lugar en Aparecida en 2007, los obispos lanzaron una «misión continental». Los jóvenes, que en aquel continente constituyen la mayoría de la población, representan un potencial importante y valioso para la Iglesia y la sociedad. Sed vosotros los primeros misioneros. Ahora que la Jornada Mundial de la Juventud regresa a América Latina, exhorto a todos los jóvenes del continente: Transmitid a vuestros coetáneos del mundo entero el entusiasmo de vuestra fe. Que la Virgen María, Estrella de la Nueva Evangelización, invocada también con las advocaciones de Nuestra Señora de Aparecida y Nuestra Señora de Guadalupe, os acompañe en vuestra misión de testigos del amor de Dios. A todos imparto, con particular afecto, mi Bendición Apostólica. Vaticano, 18 de octubre de 2012

Al final de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, bendije a algunos jóvenes de diversos continentes que partían en misión. Ellos representaban a tantos jóvenes que, siguiendo al profeta Isaías, dicen al Señor: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). La Iglesia confía en vosotros y os agradece sinceramente el dinamismo que le dais. Usad vuestros talentos con generosidad al servicio del anuncio del Evangelio. Sabemos que el Espíritu Santo 137


LA HISTORIA DE LAS JORNADAS MUNDIALES DE LA JUVENTUD

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es un evento organizado por la Iglesia Católica que convoca a los jóvenes de todo el mundo en torno a la figura del papa. La Jornada Mundial de la Juventud se realiza anualmente en cada diócesis del mundo el día de Domingo de Ramos, con una ceremonia principal en el Vaticano. Sin embargo, cada dos o tres años, se realiza un gran encuentro internacional realizado en una ciudad sede. Esta ceremonia es presidida por el papa. Este último encuentro, de varios días de duración, es el que se asocia habitualmente con el nombre de Jornada Mundial de la Juventud. Esta iniciativa tuvo su origen en la idea del papa Pablo VI, que en el Año Santo de 1975 reunió en Roma a varios miles de jóvenes en representación de numerosos países, tras su participación en la "I Marcha Internacional de la Reconciliación Cristiana" que recorrió el camino de San Francisco, entre Asís y Roma. En 1984 durante el papado de Juan Pablo II se llevó a cabo una nueva convocatoria mundial, para incentivar la participación juvenil en la Iglesia, llegando a reunir a más de cinco millones de personas durante la edición de 1995, realizada en Manila, Filipinas.

Durante el Jubileo de 1983-1984, llamado Año Santo de la Redención en recuerdo de la muerte de Jesucristo 1.950 años atrás, entre las distintas celebraciones dedicadas a la juventud, la más importante tuvo lugar en la vigilia del Domingo de Ramos de 1984 en Roma. Más de 300.000 jóvenes procedentes de todas las partes del mundo (y albergados por cerca de 6.000 familias romanas) participaron en el Jubileo internacional de la juventud. Además de muchos obispos, estaban también presentes el Hermano Roger y la Madre Teresa de Calcuta. El papa Juan Pablo II obsequió a los jóvenes con una cruz de madera que simbolizaba "el amor del Señor Jesús por la Humanidad y como anuncio de que sólo en Cristo, muerto y resucitado, está la salvación y la redención". Tras este evento el Papa instituyó la Jornada Mundial de la Juventud. El cardenal argentino Eduardo Pironio, designado presidente del Pontificio Consejo para los Laicos pocos días antes del Domingo de Ramos de 1984, habría realizado la propuesta de instituir la Jornada, y se lo considera su co-fundador.

En 1997, la Jornada Mundial dio un cambio transformándose en un festival para la juventud con una duración de tres días antes de la ceremonia final. De allí en adelante se ha organizado sucesivamente en París, Roma, Toronto, Colonia, Sidney y Madrid. La edición del año 2013, se celebrará en la ciudad de Río de Janeiro.

El año 1985 fue proclamado por la ONU Año Internacional de la Juventud. La Iglesia organizó un nuevo encuentro internacional el Domingo de Ramos, el 31 de marzo, con otros 350.000 jóvenes que se reunieron en la Plaza de San Pedro. Tras este evento el Papa instituyó la Jornada Mundial de la Juventud.

Los orígenes de la JMJ Los antecedentes históricos de la JMJ remontan al año 1975, con el encuentro internacional de jóvenes que tuvo lugar en Roma durante la semana santa del Jubileo o Año Santo de 1975, siendo papa Pablo VI, como 138

clausura de la I Marcia Internationale della Reconziliatione Cristiana que recorrió el camino de San Francisco desde Asís hasta Roma, en la que participaron jóvenes llegados de numerosos países del mundo.

El Domingo de Ramos de 1986 tuvo lugar en Roma la ya primera Jornada Mundial de la Juventud, la primera de una serie que contribuyó a atribuir al papa el apodo de "El Papa de los jóvenes". En aquella ocasión Juan Pablo II invitó a los jóvenes de todo el mundo con la carta Siempre prestos a testimoniar la esperanza que está en vosotros, dando su apoyo a la realización del evento en la


asistencia según datos oficiales de 5 millones de personas, aunque algunas fuentes señalan que incluso hasta 7 millones.

ciudad de Buenos Aires. De allí en adelante, la Jornada Mundial de la Juventud se celebró cada año, el Domingo de Ramos, en todas las diócesis. Cada dos o tres años (ver cuadro en la sección Eventos de la JMJ en la Historia) este acontecimiento asume el formato de una reunión internacional, y jóvenes de todo el mundo se reúnen en la ciudad indicada junto al Papa para compartir su fe con la de los demás y meditar sobre el mensaje que el Papa elige para cada ocasión. El organismo encargado de la organización y de la coordinación de las Jornadas Mundiales es el Pontificio Consejo para los Laicos, cuya sección joven fue instituida en el 1985. El cardenal argentino Eduardo Francisco Pironio, como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, se convirtió en responsable de esas jornadas y como tal llegó a ser uno de sus principales propulsores. Pironio acompañó a Juan Pablo II, no solo en las ediciones organizadas en la diócesis de Roma, sino en las realizadas en Buenos Aires (1987), Santiago de Compostela (1989), Częstochowa (1991), Denver (1993) y Manila (1995).

El millón doscientos mil participantes en la JMJ de París, en 1997, trajo muchos comentarios al comparar la cifra de asistencia con la anterior de Manila: Europa, como los EE.UU., es una tierra considerada por la Iglesia cómo "difícil" desde el punto de vista de adhesión religiosa. Adriano Sofri, comentando esta jornada, la definió cómo uno de los pocos eventos comparables a Mayo del 68, "no obstante la enorme diferencia, o más bien, gracias a ella". En esta edición se introdujo la iniciativa de anteponer el evento un encuentro de los jóvenes de todo el mundo en las diócesis francesas como momento de fiesta, oración y conocimiento. Tres años después, en Roma, en medio del Jubileo del 2000, dos millones de jóvenes invadieron la ciudad eterna, para participar en la iniciativa de la jornada mundial, culminada con una vigilia en la explanada de Tor Vergata y una misa a la mañana siguiente. Los inconvenientes provocados por un día de gran calor y por una afluencia mayor de la prevista estuvieron limitados por una organización eficiente y por la compostura de los jóvenes. Hubo varios talleres para unir la propia fe a la vida juvenil. Llamados por Juan Pablo II "Centinelas del mañana", los jóvenes fueron invitados a no resignarse a la injusticia del mundo, a defender la paz, a mantener el mundo siempre habitable y a dar el propio "sí" a Cristo como centro del propio ideal y realización de la felicidad. En aquella ocasión Juan Pablo II les comunicó a todos que el próximo encuentro tendría lugar en Canadá en 2002, en Toronto.

Las sucesivas JMJ Los jóvenes que acuden a estos importantes encuentros son siempre muy numerosos. Después de Buenos Aires, Argentina, en 1987 se reunieron en Santiago de Compostela (España) en 1989. A partir de este encuentro la Jornada Mundial fue ampliada con tres días de catequesis antes de la celebración final. En Czestochowa (Polonia) en 1991, se celebró el primer encuentro del Papa con millares de jóvenes en un país de la Europa del Este, siendo sucedida unos años después, en 1993, por la ciudad de Denver, en los Estados Unidos. La novedad de esta edición fue el establecimiento de la celebración del Vía crucis. En 1995 la Jornada tuvo lugar en Asia, concretamente en Manila, capital de Filipinas, con una marca de

El Cardenal argentino Eduardo Francisco Pironio cofundador de las JMJ y su principal propulsor

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De Toronto provino la iniciativa concreta del voluntariado. El nuevo Pontífice, Benedicto XVI, fue acogido por la juventud en agosto de 2005 en Alemania, su tierra natal. Venimos a adorarlo fue el lema del encuentro, que corresponden a las palabras atribuidas a los Reyes Magos, cuyas reliquias son custodiadas en la ciudad de Colonia. El encuentro contó con la participación de poco más de 1.500.000 jóvenes. La siguiente jornada se realizó en 2008 en la ciudad australiana de Sidney, que si bien presentó un menor número de participantes (aproximadamente un millón), se destacó en varios ámbitos de las ediciones anteriores. La cobertura mediática incluyó desde mensajes de texto del propio papa Benedicto XVI para

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los inscritos hasta la apertura de una nueva red social llamada Xt3. De modo especial, contó con un vía crucis que tuvo por escenario la ciudad misma, incluida la bahía. La ciudad de Madrid fue designada para ser sede de la XXVI edición en 2011, convirtiendo a España en el primer país en acoger dos JMJ y en su arzobispo, Antonio María Rouco Varela, el primero en encargarse dos veces de su organización. Río de Janeiro fue designada para ser la ciudad sede de la próxima edición del evento en 2013, adelantándose un año para evitar coincidir con la Copa Mundial de Fútbol de 2014 que también se celebrará en Brasil.


el a単o de la fe y la liturgia

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PEREGRINACIÓN “LAS VÍAS DE LA FE”

Esta peregrinación se puede hacer hacia la iglesia Catedral de la Diócesis o hacia la iglesia que el Obispo Diocesano ha designado como lugar para ganar la Indulgencia del Año de la Fe. Está basada en la “Guía de Reflexión de las Vías de la Fe” que se le dan a los peregrinos que arriban a Roma para visitar la tumba de los Apóstoles Pedro y Pablo. Esta peregrinación nos llevará a profesar nuestra fe, uniéndonos más profundamente a la fe indefectible y sólida de la Iglesia. Este itinerario nos permitirá vivir las cuatro dimensiones de la fe indicadas por el Santo

PRIMERA ETAPA La fe rezada

“Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo”. (Benedicto XVI, Porta fidei n. 8)

Reflexión y oración “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (Cf. 1 Sam. 3:10) Algunos pasajes de la Escritura y del Catecismo de la Iglesia Católica te ayudarán a responder las preguntas: ¿Qué es la “fe”? ¿Qué significa “creer”? Para la Biblia, creer significa reconocer el don gratuito de la presencia y de la intervención de Dios en la propia historia. Una de las profesiones de la fe del Antiguo Testamento más conocidas es la contenida en Dt. 6, 20-25: “Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: “¿Qué son estos estatutos, estos preceptos y estas normas que Yahvé nuestro Dios os ha prescripto?”, dirás a tu hijo: “Éramos esclavos de Faraón en Egipto, y Yahvé nos sacó de Egipto con mano fuerte. Yahvé realizó a nuestros propios ojos señales y prodigios grandes… y a nosotros nos sacó de allí para conducirnos y entregarnos la tierra que había prometido bajo juramento a nuestros padres”. Siempre en el Antiguo Testamento, Abraham, nuestro padre en la fe, nos enseña que la fe consiste en entregarnos con plena confianza a Dios, confiando en la bondad y en la fidelidad: “El Señor dijo a Abraham: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré… y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra”. Abraham partió, como el Señor se lo había ordenado…” (Gen. 12,1-5) En el Nuevo Testamento, la fe es la respuesta del discípulo a la invitación que Jesucristo hace a creer en su persona y en su doctrina, condición para entrar en el Reino de Dios, reconociendo en Cristo al Hijo de Dios, el Mesías: “Jesús salió con sus discípulos… y en el camino les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo?... “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”, ellos respondieron “Tú eres el Mesías” (Mc. 8,27-29). EI mismo Pedro nos recuerda que el cristiano es aquel que profesa la fe y está dispuesto a dar razones de su fe, consciente de que comunicar la fe es una ocasión para evangelizar: «Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen» (1 Pe 3,15-16). EI Catecismo de la Iglesia Católica, del que se celebra este año el XX aniversario de su publicación, habla de la fe en el capítulo tercero, bajo el titulo "La respuesta del hombre a Dios": «Con su Revelación, "Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con 142


ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía" (Conc. Vat. II, Dei Verbum, 2). La respuesta adecuada a esta invitación es la fe» (n. 142).

Para la reflexión personal 1. ¿Tienes presente algún(os) momento en el que has experimentado la bondad y la fidelidad de Dios en tu vida o en la historia de tu familia? 2. ¿Cuáles son tus certezas de fe y cuáles son tus dudas de fe? ¿Qué estás haciendo concretamente para reconocer mejor los contenidos de tu fe? 3. ¿Qué esperas se esta peregrinación? ¿Qué frutos estás pidiendo a Dios para tu fe? Al final de este momento de reflexión, puedes hacer una breve oración y terminar con una jaculatoria: “Señor, creo, ayúdame porque tengo poca fe” (Mc 9, 24b).

SEGUNDA ETAPA La fe celebrada

«A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestro fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y los mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos». (Benedicto XVI, Porta fidei n. 13) En esta segunda etapa te invitamos a celebrar la fe en Dios que muestra su misericordia en el perdón y en su Hijo Jesucristo, que da su Cuerpo y su Sangre, ofreciéndote su vida e invitándote al banquete del Pan vivo. CELEBRACIÓN PENITENCIAL En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. R/. Amén. EI Señor, que ilumina con la fe nuestros corazones, te conceda un verdadero conocimiento de tus pecados y de su misericordia. R/. Amén. Oremos. Padre de misericordia y Dios de todo consuelo, que no quieres la muerte, sino la conversión de los pecadores, ven en auxilio de tu pueblo, para que se convierta a ti y viva. Permítenos escuchar tu voz y confesar nuestros pecados; que reconociendo tu perdón demos testimonio de tu verdad y crezcamos en la fe en tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. R/. Amén.

Lectura de la Palabra de Dios (Col 3,8-10.12-17) De la Carta de San Pablo Apóstol a los Colosenses. Pero ahora es necesario que acaben con la ira, el rencor, la maldad, las injurias y las conversaciones groseras. Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, 143


sino solo Cristo, que es todo y está en todos. Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. EI Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vinculo de la perfección. Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias. Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros. Canten a Dios con gratitud y de todo corazón salmos, himnos y cantos inspirados. Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre. Palabra de Dios. R/. Demos gracias a Dios. Momento de silencio (o reflexión del sacerdote)

Examen de conciencia Creo en un solo Dios, Padre omnipotente, Creador del cielo y de la tierra. ¿Qué imagen tengo de Dios? ¿Es para ml un verdadero "padre"? ¿En qué momentos de mi vida he experimentado su paternidad? ¿Qué tipo de hijo/a soy: obediente, rebelde, distraído...? ¿Cómo me relaciono con las personas? ¿Con los bienes materiales? ¿Con la naturaleza? ¿Respeto a los demás? ¿Respeto las cosas que no me pertenecen? Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios. ¿Creo que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida? ¿Cómo respondo a su llamado que me invita a seguirlo? ¿Cuido mi fe? ¿Soy constante en mi oración? ¿Dedico tiempo a la lectura y meditación del Evangelio? ¿Reflexiono alguna vez en que Jesucristo regresará al final de los tiempos? ¿Lo estoy esperando? ¿Vivo el santo temor del juicio de Dios? ¿Me sucede con frecuencia que me siento juez de los demás, expresando juicios temerarios, negativos? ¿Cómo es mi encuentro con Jesús en la Eucaristía? ¿Puedo reconocer su presencia en mis hermanos? Creo en el Espíritu Santo, que es Señor y da la vida... y que habló por los profetas. ¿Se manifiestan en mi vida los frutos del Espíritu: «amor, alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio personal» (cf. Gal 5,22)? ¿Cuándo y con quiénes se manifiestan más? ¿Cuándo y con quiénes se manifiestan menos? ¿Me reconozco templo del Espíritu? ¿Soy dócil a la acción del Espíritu Santo que me habita? Creo en la Iglesia una, santa, católica y apostólica ¿Qué relación tengo con la Iglesia? ¿Cómo reacciono ante los "escándalos" de la Iglesia? ¿Me siento responsable de la santidad de la Iglesia? ¿Oro por la Iglesia, por sus pastores? ¿Me esfuerzo por construir la unidad y la comunión a mi alrededor o provoco tensión y división? Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. ¿Agradezco a Dios, a mis padres, a mis padrinos, por el don del Bautismo? ¿Ayudo a otros padres de familia para que conozcan la importancia y la belleza del bautismo para sus hijos? ¿Me acerco con frecuencia al sacramento de la Penitencia? ¿Cuándo fue la última vez que me acerqué al sacramento de la reconciliación? ¿Cuento con un acompañante espiritual que me ayude? ¿Soy capaz de perdonar y de promover la paz? ¿Necesito todavía librarme de algún rencor que anida en mi corazón? Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. ¿Cultivo la virtud de la esperanza? ¿Qué esperanzas ocupan y nutren mi vida cotidiana? ¿Cómo reacciono ante la muerte? ¿Creo en la resurrección? 144


Rito de la Reconciliación Confiando en la misericordia de Dios, nuestro Padre, renovemos nuestras promesas bautismales: ¿Renuncias al pecado, para vivir en la libertad de los hijos de Dios? R/. Renuncio. ¿Renuncias a las seducciones del mal, para no dejarte dominar del pecado? R/.Renuncio. ¿Renuncias a Satanás y al mal en todas sus formas, origen y causa de todo pecado? R/. Renuncio. Ahora, en el espíritu del Evangelio, reconciliémonos entre nosotros e invoquemos con fe Dios Padre para obtener el perdón de nuestros pecados. Se dice el Padre Nuestro: Padre nuestro… Oh Dios, que con tus sacramentos has puesto remedio a nuestra debilidad, haz que acojamos con gozo los frutos de la redención y los manifestemos en la renovación de nuestra vida. Por Cristo nuestro Señor. R/. Amén. Si hay confesores disponibles, es el momento oportuno para celebrar el Sacramento de la Penitencia.

GESTO DE LA LUZ Para concluir este momento, te invitamos a realizar un gesto muy sencillo, que recuerda el paso de las tinieblas del pecado a la luz de la gracia y del perdón recibido, y al mismo tiempo nos lleva a la luz encendida, del cirio pascual, durante la Vigilia de la noche de Pascua, y en el día de tu bautismo. Encendemos una vela y cantamos. Podemos decir esta jaculatoria: «Señor, Tu eres la Luz del mundo, lámpara para mis pasos, guía para mi camino». (Cf. Sal.119, 105; Jn. 8,12) Oremos. Padre Santo, que en tu infinita bondad nos has renovado a imagen de tu Hijo, haz que toda nuestra vida se convierta en signo y testimonio de tu amor misericordioso. Por Cristo nuestro Señor. R/. Amén.

TERCERA ETAPA La fe vivida

«Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe de hacer propio, sobre todo en este Año». (Benedicto XVI, Porta Fidei n. 9) La fe «es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo». (Porta Fidei, n. 15) No basta con decir que creemos, Jesús nos interpela a encarnar la fe en nuestra vida: “No son los que me dicen: "Señor, Señor", los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo”. (Mateo 7, 21). 145


En la Iglesia tenemos maravillosos ejemplos de personas que vivieron una fe encarnada en sus vidas, siendo faros de la presencia de Jesús. Muchos de ellos de manera silenciosa y oculta, otros de manera manifiesta y pública, todos movidos por el amor en la entrega y la alabanza.

Para la reflexión Buscamos la biografía de algún santo de nuestra familia agustiniana al que más devoción le tenemos o que más conocemos de su vida. A la luz de estos grandes de la fe, podemos mirar nuestra vida. Una vez que hayamos encontrado y leído detenidamente la historia de vida de alguna de estos santos o testigos contemporáneos, nos podemos preguntar: Mirando mi fe en la vida de los testigos de la fe: ! ! ! ! ! !

¿Qué es lo que más admiro de ellas, ¿Por qué? ¿En qué me resultan ejemplares. ¿Por qué? ¿Hay algún aspecto de la vida de ellos que puedo incorporarlo mi vida? ¿De qué manera? ¿Qué pasos tendría que dar para que se encarnen en mi vida? Mirando mi fe en la vida: ¿En qué me gustaría crecer? ¿Qué necesito para desarrollarlo? ¿Cuáles son los pasos que tengo que dar para encarnar en mi vida estos cambios?

Escribo una oración a Jesús pidiéndoles la gracia de crecer en la fe y ser testigo de su amor a mis hermanos.

CUARTA ETAPA La fe profesada

«Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza». (Benedicto XVI, Porta Fidei n. 9) Este itinerario está llegando al momento de la renovación de mi compromiso en la fe. Antes de profesar nuestra fe nos vamos a preguntar: Recorro los distintos ámbitos y realidades en que me mueve en mi vida de todos los días ¿De qué manera soy signo de esperanza, alegría, amor, fidelidad para los demás? Miro las personas a mí alrededor. ¿En quiénes me parece que puedo ejercer una influencia positiva? Miro las personas que me rodean carentes del amor de Dios ¿de que manera puedo hacerles presente su presencia? ¿Cómo vivo el servicio hacia los más pobres materialmente? ¿De qué manera soy testigo de la fe para los que están alejados de Dios, los descreídos y los desesperanzados? 147


¿En qué podría crecer en el servicio a los más necesitados? El Señor me invita a ser su testigo. Escribo una oración en la que expreso mi deseo y compromiso de entregarme a su servicio. Profesión de fe En la Catedral de nuestra diócesis, como símbolo de nuestra unión con el obispo y el Papa, o en algunas de las iglesias asignadas por el obispo de la diócesis para el Año de la Fe, o en nuestra parroquia o capilla, nos reunimos para aclamar nuestra fe. Guía: Hoy queremos renovar nuestra fe. Como en el día de nuestro bautismo lo proclamaron nuestros padres y padrinos en nuestro nombre, hoy lo vamos a proclamar cada uno y todos juntos como Iglesia, desde el corazón con el compromiso de vivir nuestra vida, entregada a Jesús nuestro Señor, encarnando su Palabra. Este Credo que vamos a proclamar contiene todas las verdades que nos comprometemos a creer y vivir, con él nos unimos a nuestro obispo y al Papa, a todos los católicos del mundo, los que ya no están entre nosotros y todos los que vendrán. Se invita a encender la vela que tiene cada uno y a rezar el CREDO. Mientras se encienden las velas se puede cantar. Todos decimos: CREDO Niceno Constantinopolitano

CREO en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. CREO en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, Luz de Luz, Dios Verdadero de Dios Verdadero; engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo; y por obra del Espíritu Santo se encarnó en María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. CREO en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, reciben una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. CREO en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén Al finalizar el guía dice: Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia, la que nos gloriamos de profesar en Jesucristo, nuestro Señor. R: Amén. Terminar con un canto.

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INDULGENCIA DON TOTAL DE LA MISERICORDIA DE DIOS

«En esta perspectiva, el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados (cf. Hch 5, 31). Para el apóstol Pablo, este Amor lleva al hombre a una nueva vida: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6, 4). Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección. En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida. La «fe que actúa por el amor» (Ga 5, 6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre (cf. Rm 12, 2; Col 3, 9-10; Ef 4, 20-29; 2 Co 5, 17)». Porta Fidei 6.

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En el Año de la Fe, la Iglesia nos invita con particular insistencia a acercarnos al “trono de la gracia” (Hb 4, 16), es decir, al corazón de Dios Padre, rico en misericordia y perdón. A través de Jesús, con el don de su vida, nos obtiene la misericordia del Padre, que se manifiesta como remisión de los pecados, y también como ayuda eficaz para resistir la nostalgia del pecado y la inclinación al mal que siempre nos acecha. Una efusión sobreabundante del Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo, fuente de libertad, nos hace partícipes de la victoria sobre el mal.

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En la parábola del hijo pródigo, Jesús compara nuestro pecado con el abandono de la casa del Padre. Pero Él no nos abandona sino que nos busca y nos espera. En el sacramento de la Reconciliación o Penitencia somos absueltos de todos los pecados. Somos perdonados, reconciliados con el Padre; renovamos nuestra dignidad de hijos de Dios. No obstante, el pecado deja en nosotros unas huellas: conviene eliminarlas, purificarlas. En cierto modo, en cierto modo quedamos aún con Dios como deudores de un corazón no sólo perdonado sino plenamente límpido y transparente ante Él, porque sólo “los puros de corazón verán a Dios” (Mt 5, 8). Estamos sanados, pero todavía somos débiles. La indulgencia, que quiere decir clemencia, bondad, compasión, misericordia generosa, es precisamente el don de gracia con que Dios nos ayuda a resistir el mal que nos puede asaltar, a romper vínculos peligrosos, a superar compromisos vituperables con nuestra conciencia de cristianos, a dominar nuestras pasiones. En este camino de sanación espiritual no estamos solos, sino que estamos como inmersos en la realidad inefable del “Cuerpo Místico” de Cristo, en la comunión de los Santos, por lo cual se establece entre los fieles, vivos y también difuntos, un estado de purificación, “un maravilloso intercambio de bienes espirituales, por el cual la santidad de uno beneficia a los otros muchos más que el daño que su pecado les haya podido causar” (Incarnationis Mysterium, 10).

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La indulgencia es “don total de la misericordia de Dios” pero, como todo gesto de Dios hacia el hombre, no se reduce a un acto automático, casi mágico; requiere, en cambio, una genuina acogida del corazón, que se manifiesta también en gestos que expresen un proceso continuo de conversión, que la Iglesia nos propone:

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El compromiso de desarrollar en uno mismo una actitud interior de desapego afectivo de cualquier pecado.

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Una digna celebración del sacramento de la Reconciliación, para abrir el corazón a la sobreabundante misericordia


de Dios querida por el Señor para el perdón de los pecados y la reconciliación con Él. !

Participar en la celebración de la Eucaristía, banquete de fiesta que el Padre prepara para el hijo extraviado que se convierte y vuelve a Él.

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La oración según las intenciones del Papa, como testimonio de unión con toda la Iglesia.

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Realizar un acto de caridad y de penitencia para expresar la conversión del corazón junto con el amor agradecido y la adhesión fiel al perdón de Dios por nosotros, al que ha llevado la comunión con Cristo en los sacramentos. Esto se puede realizar de varias maneras, según el Decreto de la Penitenciaría Apostólica por el que se concede la Indulgencia Plenaria para el Año de la Fe: «Durante el Año de la fe entero, convocado desde el 11 de octubre de 2012 hasta todo el 24 de noviembre de 2013, podrán lucrar la Indulgencia plenaria de la pena temporal por los propios pecados impartida por la misericordia de Dios, aplicable en sufragio de las almas de los fieles difuntos, todos los fieles verdaderamente arrepentidos, que se hayan confesado debidamente, que hayan comulgado sacramentalmente y que oren según las intenciones del Sumo Pontífice: a.- cada vez que participen en al menos tres momentos de predicación durante las Sagradas Misiones o al menos en tres lecciones sobre los Actos del Concilio Vaticano II y sobre los Artículos del Catecismo de la Iglesia católica en cualquier iglesia o lugar idóneo; b.- cada vez que visiten en peregrinación una Basílica Papal, una catacumba cristiana, una Iglesia Catedral, un lugar sagrado designado por el Ordinario del lugar para el Año de la fe (por ejemplo las Basílicas Menores y los Santuarios dedicados a las Santísima Virgen María, a los Santos Apóstoles y a los Santos Patronos) y allí participen en alguna celebración sagrada o, al menos, se detengan en un tiempo de recogimiento con piadosas meditaciones, concluyendo con el rezo del Padre Nuestro, la Profesión de Fe en cualquier forma legítima, las invocaciones a la Santísima Virgen María y, según el caso, a los Santos Apóstoles o Patronos; c.- cada vez que, en los días determinados por el Ordinario del lugar para el Año de la fe (por ejemplo en las solemnidades del Señor, de la Santísima Virgen María, en las fiestas de los Santos Apóstoles y Patronos, en la Cátedra de San Pedro), participen en cualquier lugar sagrado en una solemne celebración eucarística o en la liturgia de las horas, añadiendo la Profesión de Fe en cualquier forma legítima; d.- un día libremente elegido, durante el Año de la fe, para la piadosa visita del baptisterio u otro lugar donde recibieron el sacramento del Bautismo, si renuevan las promesas bautismales en cualquier forma legítima».

Tendrás que averiguar cuáles son los lugares asignados en tu Diócesis, en donde puedas ganar la Indulgencia del Año de la Fe.

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adoración eucarística

Canto Inicial Mientras se trae el Santísimo Sacramento se canta:

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO Se expone el Santísimo Sacramento

ADORACIÓN EUCARÍSTICA Tiempo de silencio para la adoración y la oración personal

Lectura bíblica Jn 6,35 En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás» Oración Oh dulcísimo Jesús, que, escondido bajo los velos eucarísticos, escuchas piadoso nuestra humildes súplicas, para presentarlas ante el trono del Altísimo, acoge ahora benignamente los ardientes anhelos de nuestros corazones. Ilumina nuestra inteligencia, sostén nuestra voluntad, vigoriza nuestra constancia y enciende en nuestros corazones la llama del santo entusiasmo, para que, superando nuestra pequeñez y venciendo toda dificultad, sepamos rendirte un homenaje digno de tu grandeza y majestad. Amén. (Pío XII)

Invocaciones R Fiel es tu amor, Señor Jesús. Da a nuestro Santo Padre Francisco, a nuestros obispos sabiduría, firmeza y clarividencia. R Da a tu Iglesia muchos y santos sacerdotes. R Da a cada bautizado hambre y sed de tu Cuerpo. R Da al hombre pecador deseos de conversión y perdón. R 150


Danos a todos la experiencia consoladora de sabernos y sentirnos amador por Ti. R

Plegaria Divino Redentor, Pan cotidiano, Vida del mundo, venga a nosotros tu reino. Señor de los señores, Jesús Eucarístico, Pastor amable, presérvanos de los peligros. Jesús, buen pastor, Jesús, pan de vida, Jesús, nuestra única mesa, Sacramento de amor, salva a tu pueblo. Nos gozamos en Ti, Oh Bendito Jesús. Amén (beato Juan XXIII) canto Lectura bíblica Jn 6,51 En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo»

Oración Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo, Tú eres el revelador de Dios invisible, el primogénito de toda criatura, el fundamento de todas las cosas: Tú eres el maestro de la humanidad, Tú eres el Redentor; Tú has nacido, has muerto, has resucitado por nosotros; Tú eres el centro de la historia y del mundo; Tú eres aquel que nos conoce y nos ama; Tú eres el compañero y el amigo de nuestra vida; Tú eres el hombre del dolor y de la esperanza; Tú eres el que debe venir y que serás un día nuestro juez; Tú eres en quien esperamos, nuestra felicidad. Amén. 151


(Pablo VI)

Invocaciones R Te rogamos, óyenos. Rompe con la fuerza de tu Cruz toda división y discordia. R Rompe con la luz de tu Palabra todo engaño y falsedad. R Rompe con la humildad de tu Corazón todo rencor y deseo de venganza. R Rompe con la dulzura de tu caridad todo egoísmo y dureza de corazón. R Rompe con tu potencia creadora toda violencia contra la vida humana. R

Plegaria Señor, estate cerca de mí. T en tu mano sobre mi cabeza, pero haz que también yo tenga mi cabeza bajo tu mano. Tómame como soy, con mis defectos, con mis pecados, pero haz que me haga como Tú deseas y como también yo deseo. (Juan Pablo I)

Canto

Tiempo de silencio para la adoración y la oración personal

Lectura bíblica Jn 6, 56-57 En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha envidado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.»

Oración Como los dos discípulos del Evangelio, te imploramos, Señor Jesús: ¡Permanece con nosotros! Tú, divino Caminante, experto en nuestros caminos y conocedor de nuestro corazón, no nos dejes prisioneros de las sombras de la tarde. 152


Sostennos en el cansancio, perdona nuestros pecados, orienta nuestros pasos en el camino del bien. En la Eucaristía te has hecho «remedio de inmortalidad» : danos el gusto por una vida plena, que nos haga caminar sobre esta tierra como peregrinos confiados y alegres, esperando siempre la vida que no tiene fin. Amén. (beato Juan Pablo II) Invocaciones R Te adoramos y te bendecimos, Señor Jesús. Tú eres el Eterno Hijo del Padre. R Tú eres el enviado del Padre para nuestra salvación. R Tú eres el único Salvador del mundo. R Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. R Tú eres el Pan Vivo bajado del Cielo. R

Plegaria Señor Jesús, que fielmente visitas y colmas con tu Presencia la Iglesia y la historia de los hombres; que en el admirable Sacramento de tu Cuerpo y de tu Sangre nos haces partícipes de la Vida divina y nos haces pregustar la alegría de la Vida eterna; te adoramos y te bendecimos. Postrados ante Ti, fuente y amante de la vida, realmente presente y vivo en medio de nosotros, te suplicamos […] con la esperanza de vivir siempre en Ti, en la Comunión de la Santísima Trinidad. (Benedicto XVI)

canto

Tiempo de silencio para la adoración y la oración personal . canto para la bendición eucarística

bendición eucarística canto final

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Folleto año de la fe  

"Creo" Para vivir el Año de la Fe como JAR

Folleto año de la fe  

"Creo" Para vivir el Año de la Fe como JAR

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