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Crótalo

Hay que ver cómo se divierten los nenes con ese bicho inmundo, yo no sé cómo a Federico se le ocurrió traerle a su hermana esa cosa del campo, no me importa si la encontró lastimada, no me gusta que Marianela ande de acá para allá con esa cosa moviéndose por el jardín, y hay que ver también lo que pensarán los padres de Juan Pablo, pobre, es un amor, pero lo ven regresar a su casa lleno de tierra por revolcarse con ese bicho, hay que ver qué pueden pensar ellos de nuestra mascota, de nuestra familia, que aunque el bicho esté operado y le hayan removido los colmillos sigue siendo una serpiente. Por ahora los chicos se divierten, se pasan el día gritando y riendo, pero yo prefería cuando jugaban a los autitos, a las canicas o a la familia, que esos eran juegos normales. Vaya uno a saber lo que los padres de Juan Pablo piensan de nosotros, qué clase de familia decente y cristiana somos que tenemos una serpiente por mascota, no quiero ni pensar. A Ricardo no le molesta, me dice que no me preocupe por esas tonterías, claro, él y Federico se la pasan en el campo y soy yo la que se queda en Buenos Aires y de alguna manera tiene que dar la cara por toda la familia, Marianela es todavía muy nena. Querido diario: Hoy en el colegio la señorita Mariamarta me volvió a poner en el cuaderno de comunicaciones una nota porque no hice la tarea. No me gusta cómo se pone cuando no hago la tarea, me grita enfrente de todo el grado y me hace pasar al pizarrón a resolver ejercicios tan pero tan difíciles que no se pueden resolver, y entonces todos los chicos se ríen de mí y yo me pongo toda toda colorada y los chicos se ríen más porque estoy toda colorada. A mí me parece que a la señorita Mariamarta le gustaría que


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yo me pusiera a llorar adelante de todos, pero aunque a veces me dan ganas me las aguanto porque no le voy a dar ese gusto. Hoy me hizo pasar y escribió en el pizarrón una operación redifícil, y Juampi trató de soplarme porque Juampi puede resolver todas pero todas las cuentas, pero la señorita Mariamarta se dio cuenta y lo sacó de la clase y yo no pude hacer la cuenta. Después, a la tarde, le agradecí igual a Juampi y jugamos con el crótalo a hacerlo pasar por un caminito todo lleno de obstáculos y con un huevo crudo al final, que le encantan. Comimos todos juntos, pero Juampi no pudo quedarse porque su papá volvía de viaje y quería verlo, así que después me puse el camisón y entonces entró Federico a mi cuarto, parecía triste pero me dijo que era sueño, y me dio un beso. Ahora me voy a dormir. Lo que más me gusta de la casa de Marianela, aparte del crótalo, son las figuritas de madera que tienen sobre la repisa del hogar. Hay tres, y una representa a un pescador muy viejo y arrugado con una red en las manos y la red también está hecha de madera y tiene todos los agujeritos que tienen las redes, un trabajo de chinos, y parece pesarle al abuelo como si estuviera mojada. El pescador muestra la red como si fuera la capa de un torero, como el del afiche que me trajo papá de Madrid anoche, que es el aviso de una corrida con un torero vestido de rojo esquivando a un toro y abajo está mi nombre en letras grandes y negras, Juan Pablo Díaz, y abajo en letras más chiquitas dice Pedro Córdoba y no me acuerdo quién más, papá me dijo que son toreros de verdad y muy famosos en España, y capaz que alguien que vea el afiche se crea que yo también soy un torero muy famoso de España, y por eso a veces ensayo con un mantel una pose como la del pescador con la red mojada, lástima que no hayan algunos peces enganchados en la red y entonces el pescador tendría para comer esa noche, pero pobre no pesca nada desde el día que lo tallaron. Marianela me dice que vayamos a buscar al crótalo, pero doña Crisálida nos mira con cara y nos dice que no le parece que a esta hora armemos escándalo porque es la hora de la siesta y los vecinos duermen. Marianela promete que no vamos a hacer ruido, pero yo sé que lo que le preocupa a doña Crisálida no son en en fondo los vecinos, yo la vi muchas veces hacer apurada y muchas veces seguidas la señal de la cruz cuando el crótalo se escabullía del acuario y de repente estaba en la cocina, y tampoco le gustaba agarrarla para devolverla al galponcito, siempre hacía 58


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la señal de la cruz y le soltaba palabras bajitas pero de sonidos terribles. Doña Crisálida le dice a Marianela que no, que vaya a hacer su tarea, y Marianela me dice que la acompañe y nos encaminamos a la escalera para ir a su cuarto, pero cuando su mamá no nos ve, ella me mira con una cara pícara y se va corriendo hacia la puerta trasera. Yo la sigo, cruzamos el jardín hasta el galponcito donde guardan las bicis, las herramientas y el estanque, y le digo que su mamá nos puede ver, pero ella me dice que no sea maricón. El estanque es muy grande y todo hecho de vidrio para poder mirar adentro, está tapado con una malla de plástico verde que se parece a la red vacía del pescador aunque los agujeritos están mucho más apretados pero yo sé que las mallas se hacen con máquinas especiales en las fábricas y que el pescador está tallado a mano y es mucho más difícil de hacer. El estanque representa un pantano de barro y hay ramitas y plantas que pusimos para que parezca más un estanque, yo le traje a Marianela un libro que tenía fotos de pantanos y tratamos de conseguir las plantas más parecidas, helechos y juncos y brotes de camalote. El crótalo es inofensivo, pero también es pardo y difícil de ver, siempre nos quedamos viendo el estanque tratando de encontrarlo entre la fronda y el barro temblando de ansiedad y Marianela lanza un gritito agudo de nena cuando lo ve y yo siempre me asusto del gritito, no le tengo miedo al crótalo y capaz que tampoco le tendría miedo si Federico no lo hubiera operado. Parece mentira que sea tan chiquito, más corto que mi brazo, y que pueda matar a una vaca o a una persona con una sola mordida, pero Federico nos contó que a veces aparecía ganado muerto en el campo envenenado por las yararás, y también que aunque operasen a un crótalo, su cría nacía de nuevo venenosa y con dientes, entonces había que perseguirlas y matarlas, y Federico sabe mucho mucho de animales porque va a ser agrónomo como su papá y Marianela sabe un poco de animales porque desde chiquita pasa los veranos en el campo y el campo está lleno de bichos. A mí me gustaría que mi papá tuviera campo y haber ido allá todos los veranos, Darwin iba al campo y coleccionaba escarabajos que encontraba y después aprendió mucho y a mí me gustaría ser como Darwin y saber los nombres de las cosas en latín, el del crótalo es Bothrops jararaca según el papá de Marianela que sabe las cosas como Darwin porque tiene un campo. Marianela está sentada sobre sus talones, las manos sobre las rodillas, y el pelo rubio le cuelga sobre la malla verde como millones de


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soguitas por las que el crótalo podría treparse y escapar del estanque. “Che,” le digo sentándome como los indios, “¿Mariamarta te puso algo hoy en el cuaderno?” y ella: “Es una bruja. Vení, vamos a buscar un huevo crudo para darle de comer” y yo le digo que después y le cuento algo que leí en mi libro de leyendas americanas, pero claro que no me hacen caso, es mi error por no haberle enseñado la Palabra de Dios como mis padres me la hicieron aprender, y después tengo que ver cómo mi propia hija se codea con una serpiente y cómo mi propia familia no me hace caso. Yo sé que ese animal está lleno de odio, basta ver cómo me mira y cómo lo mira a Ricardo o a Federico o a los chicos, establece diferencias porque no es sólo un animal, la Serpiente Emplumada, pero no me pidas que te diga cómo se llama en azteca porque tiene un nombre más difícil que, que Boribrachemarilefóprugos y los aztecas le hacían pirámides escalonadas de piedra en la selva pero nunca ir en contra de Su palabra, nunca pensé que podía pasar y ahora hay que verla cómo me desobedece y después me llegan las notas en el cuaderno de comunicaciones y no me sorprenden, si se pasa todo el tiempo con ese bicho inmundo. —Papá—pregunta Marianela en la mesa—¿Los crótalos comen solamente huevos? Federico se adelanta, y dice sin interés: —Se meten todo lo que les entre en la boca. Don Ricardo mueve el tenedor en el aire como marcando ritmo, esperando hasta tragar el bocado que masticaba y dice: “Los crótalos comen huevos de aves y pequeños roedores” como si fuera un libro de biología. La mamá de Marianela nos estudia cautelosa, ella nunca lo llama “crótalo” como nosotros, que nunca lo llamaremos “serpiente”. —Ah, con razón—dice Marianela. —¿Con razón, qué?—dice don Ricardo. Marianela me patea por debajo de la mesa. —No, que me parece que últimamente el crótalo está como amarillento y más cansado que de costumbre. Puede ser la falta de carne. ¿No te parece, papá? Don Ricardo piensa un rato, y Federico parece triste porque antes le gustaba responder y ahora no responde, y don Ricardo que sí, que puede ser, no lo había pensado, el problema es que los crótalos solamente se alimentan de presas vivas, y Crisálida que no hablen de esas cosas mientras 60


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están comiendo, pero Federico que no tiene nada de malo, que él puede conseguir ratoncitos por medio de unos médicos para darle una vez a la semana y Crisálida que si llegan a traer ratones vivos a esta casa, no se extrañen de que ella un día se haya ido para siempre, que yo le diga si a mi mamá le gustaría tener la casa llena de serpientes y ratones, yo me quedo calladito porque no me parece que Crisálida tenga razón pero no me meto en las peleas de los Marini, y don Ricardo que se quede tranquila, que si esas cosas le impresionan (se sirve vino tinto) ni siquiera va a verlos, los van a mantener escondidos en el galponcito dentro de una jaula y además que esos ratones son blancos y limpios como bolitas de algodón y muy simpáticos y no hacen daño a la gente, y yo me aburro de que solamente se hable del crótalo, antes las charlas de la cena eran más divertidas.

Hay que ver la cara que tenía Laura, pobre, no me lo decía, se miraba los pies mientras los hombros se le sacudían de llanto, “Fede,” y no se animaba a decirlo, no superaba la barrera de mi nombre, solamente estaba ella llorando en silencio delante mío, y yo sin saber qué hacer ni cómo, luz verde y los ratones se comportan bastante bien en la jaula, segunda, la rotonda del hipódromo, entonces fue como el mareo después de una trompada bien puesta en la quijada, “Todavía no me indispuse”. Eso hace tres días, hoy es lo mismo, a la mañana me tiembla el pulso cuando me sirvo el café o cuando pienso que todavía me faltan dos años de carrera para recibirme, pero eso qué puede importarle a las leyes biológicas, a los ciclos de Laura, a la mórula indiferente que pronto habrá de tener nombre. Si al menos pudiésemos hablar abiertamente, entonces estaría más tranquilo, pero es terrible porque no es cien por ciento seguro y no quiero alterarla y lo más terrible no es cuando el ratón se levanta como de un sueño o dentro de un sueño en ese mundo terciario de barro y helechos y cáscaras de huevo trituradas, y recoge las manos contra el pecho blanco y sucio mientras se levanta en dos patas para husmear el aire porque sabe que hay algo, quizás bajo el pantano o dentro de la selva artificial, ni cuando el crótalo decide después de siglos terminar con la espera y lo único que se ve entre el barro son manchas blancuzcas que se ponen en movimiento furtivo hasta que construyo de a poco las líneas de su cuerpo, ni ver a Marianela como hipnotizada, como un romano en el circo justo después de bajar los


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pulgares, y temer que le escape de la boca un hilo de saliva. El instante del ataque es invisible porque es mágico, el ratón está y entonces no está, pero lo único atroz es el cuerpo deformado y satisfecho del crótalo, hinchado en el cuello como un globo, en El Principito vi el dibujo del elefante tragado por la serpiente, pero este no parece un sombrero, es como un cascabel hecho de carne viva, todo embarrado y como corrupto, como si una desgracia le hubiera pasado al bebé que lo hacía sonar, y también como un esófago desnudo y atragantado y voraz y como si yo estuviera ahí dentro en vez del ratón, es algo espantoso. Querido diario: Hoy jugábamos con Bori y Juampi lo molestó con un palo y Bori se enroscó y levantó la cabeza y el cuello bien alto porque así hacen los crótalos cuando se enojan mucho. Menos mal que Federico le había extirpado los colmillos, porque si no seguro que Bori lo mordía. Juampi se hizo el zonzo pero yo sé que se puso a llorar del susto. Hoy vino una suplente porque la señorita Mariamarta iba a estar ausente en toda la semana y yo le guiñé un ojo a Juampi porque solamente nosotros dos sabemos la verdad. Juampi no vino esta tarde a casa, y yo saqué otro ratoncito de la jaula sin que nadie se diera cuenta y se lo ofrecí a Bori porque ya debe esta cansado de huevos crudos y porque también se lo merece, después de lo que pasó. Fede está triste pero no me quiere decir nada, y a mí me da mucha lástima porque no me gusta verlo así triste, y el ratoncito que le ofrecí esta tarde a Bori también se lo dí por Fede, a ver si le cambia esa cara, a ver si te cambia esa cara, Federico, dale, sonreile a tu mamá, así, estás tan guapo cuando sonreís, lástima que no sea una sonrisa de verdad. Qué pasa, hace días que te veo así, cómo que nada, no, yo nunca rendí un final pero me acuerdo que tu papá tenía esa misma expresión cuando llegaba diciembre y no pegaba un ojo en toda la noche, a mí no me parece bien, tanto estudio no es bueno para tu salud, pero bueno, es un último esfuerzo y tenés todo el verano libre me podría haber ido a algún lugar con Laura, al campo o al sur, pero ahora parece que lo único que me depara el verano es la peor noticia, un casamiento apresurado y el odio de los padres de ella, a veces quiero que haga frío y quiero ser el abrigo de Marianela, me parece una idea estúpida pero igual, cuando me animo y la agarro de la mano ella me dice “Juampi, qué te pasa” y yo me pongo colorado como ella cuando no sabe hacer las cuentas y la suelto pero no quiero soltarla, y a veces le pregunto si va a casarse conmigo y ella me dice 62


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que no sea tonto y entonces quiero ser como un saco que la ciña y la abrigue y ella me dice que vayamos con Bori. El otro día Bori casi me ataca y yo no quise que Marianela se diera cuenta de que me había puesto a llorar, pero las lágrimas se me escapaban lo mismo y me moría de odio por la serpiente porque me hacía parecer un nenito al lado de Marianela y las mujeres no se casan con llorones. No se lo puedo contar a ella, pero la pesadilla fue terrible, un mundo primitivo, los brotes de camalote por todos lados y unas plantas que parecían como enormes escudos verdes y otras como mechones de pelo gigante, y yo estaba tirado en el barro y me levantaba porque había un olor que delataba una presencia atroz, y olía el aire húmedo y caliente como una garganta; la serpiente, pensaba, ha crecido. Y entonces me asustaba y corría por el pantano, a veces me caía atolondrado al barro, pero cuando veía una luz entre la espesura y sabía que esa era la salida y la seguridad, la serpiente enorme aparecía de repente y me cortaba el camino y operaba su magia súbita y yo ya no estaba, yo ya era una hichazón, una deformidad satisfactoria y pasajera en el cuello de la bestia, y me encontraba ahí dentro con la señorita Mariamarta que me guiñaba un ojo. Y ahora no puedo dejar de temblar cuando lo veo, cuando pienso en Mariamarta, y la veo dentro de un auto que trata de comerse un árbol, o ahogada en la bañadera o qué se yo qué cosas más, y cuando miro a Marianela y ella solamente sabe decir que vayamos a jugar con Bori, que le hagamos una ofrenda, si no hay nada que quiero que pase, como que llueva o que me den una valija toda llena de plata o que alguien se muera. No quiero estar con ese bicho inmundo nunca más, pero él se da cuenta, y qué si a la noche se escapa del estanque, cruza la calle, sube por los balcones de mi edificio y me despierta en mi cama y me pregunta por qué no juego más con él. Quisiera ser como el pescador de madera y tener una red pesada con la que atrapar a la serpiente pero para tirarla al mar en vez de sacarla de ahí y salvar a Marianela del influjo y casarme con ella, porque ella está distinta, solamente habla de Bori esto y Bori lo otro y vamos a jugar con Bori y yo pienso que hubiera sido mejor no contarle nunca la historia de la Serpiente Emplumada, y sí, Ricardo, tengo que admitir que al principio el crótalo me daba un poco de miedo, viste, pero ahora no es tan malo, después de todo mirá cómo se divierte Marianela, tiene un color sano en la cara que nunca habia visto, está más despierta y más viva que antes, yo no sé qué prejuicio tonto tenía en contra del crótalo, y si los padres de


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Juan Pablo dicen algo, no me importa, total qué puede esperarse de una familia con un hijo medio tarado que no hace más que molestar en casa ajena.

Hay que ver la manera experta en la que Marianela maneja a los ratoncitos, la jaula está medio vacía y ella decidió sacrificarlos a todos porque Federico no come y no habla tampoco, y a veces ella me dice que lo escucha llorar de noche y no pueden ser los finales, los finales son para estudiar y no para llorar y en la medicina no hay muchas cosas que inspiren compasión o tristeza, las cosas en la ciencia son indiferentes a las personas. La hecatombe fue horrible, eran como nueve o diez ratones correteando en el estanque llenos de barro y de pavor, y zás, uno de sus compañeros había desaparecido y otros habían hallado las paredes invisibles del pantano pero no comprendían que no podían salir y rascaban el vidrio con las manitos rosadas y entonces la magia antigua y sedienta de la serpiente se llevaba a otro, y algunos yacían de costado respirando con agitación y manchados de sangre, los que no paraban de correr de punta a punta no entendían que el calor del cuerpo y los ruidos los delataban ante la serpiente, Marianela sentada sobre los talones con los ojos perdidos en la inmunda glotonería de su mascota, pero Marianela era la verdadera mascota, eso ella no llegaba a comprenderlo, era Marianela y no la serpiente, era doña Crisálida y don Ricardo y Federico y no la serpiente, Marianela respira profundo como si de alguna manera ella compartiera la tarea de cazar a los ratones, como si se agitara de rozar los juncos y cruzar el barro y percibir a otra presa, como si a ella se le deformara la garganta hasta ser abominable, descomunal, la serpiente (ya no puedo darle un nombre) casi es redonda, le cuesta moverse, regurgita las carcazas para hacer más lugar a la carne de roedor. No quiero estar ahí por más tiempo, pero no puedo decir nada delante de la bestia, no sé qué atrocidades puedan sucederme. El ritual concluye con el sueño lleno de éxtasis y deformidad de la bestia, me parece verla sonreir, Marianela se deja caer y descansa ella también de la intensidad de la ceremonia, seguro que piensa en Federico y su cara despeinada me hace pensar en el abrigo de nuevo, aunque hace calor y Marianela cierra la puerta del galponcito para que la penumbra enfríe el aire y esta vez no rechaza mi mano, no sé qué estará pasando en esta casa, pero Fede sin duda 64


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terminó los finales porque es como si una felicidad le irradiara del cuerpo, casi me parece gracioso que después de hablar por teléfono el malhumor se le haya disuelto de una forma tan marcada, ahora se va a ver a Laura porque terminó todo. Me parece bien que en un día como este todos estemos felices, Marianela con su mascota y Fede con su cara y yo con que todos están bien, como una fuerza imperiosa que desataba los botones y besarle el brazo, quizás hoy Ricardo vuelva temprano y podamos salir a cenar algo o ir al cine, hace tanto tiempo de eso, el sol me encandila porque estuve todo el día adentro, sentarse acá en el pasto es tan relajante, como si fuera una enorme almohada verde recuesta la cabeza y es enloquecedor ver cómo Marianela parte los labios y suspira y a veces permite un gritito, los chicos deben estar jugando con Bori, están ahí adentro hace mucho tiempo sus pechos casi inexistentes pero más reales, más hermosos que los de todas las fotografías qué es eso que se mueve entre el jardín, no será el crótalo, sí, exactamente, se volvió a escabullir del galponcito, hay que ver cómo se mueve en la tierra, tal cual una bailarina hindú, hipnotiza como el fuego no sé lo que busco, soy torpe sobre su cuerpo pero a ella no parece importarle, es cierto, parece que baila, baila para mí, pensar que alguna vez yo no quise que esta criatura tan hermosa viviera con nosotros, perdoname, Bori, ahora entiendo, me gusta ver cómo me sonreís, qué fue ese ruido, el galponcito, es como llanto

Hay que ver para entender todo tal cual como fue, creo que ahora todo es mejor porque vivimos en el campo con papá y mamá y quizás fue mejor que Juampi y yo, después de la vergüenza y de la cachetada que mamá nos puso, yo no sabía cómo explicar, cómo cubrirme, todos llorábamos. Ahora tengo todo mi tiempo para Bori, y aunque a veces extraño a Fede que se quedó en Buenos Aires con su novia o a Juampi, me estoy haciendo nuevos amigos y todos están encantados con Bori. Todos piensan que nos vinimos al campo sólo a pasar el verano, pero yo sé que nos vamos a quedar acá para siempre porque le conozco las caras a papá y a mamá, y sé que lo que yo hice los puso muy pero muy tristes y papá prohibió que hablásemos de Juampi en su casa o en cualquier otro lado. Los ratones son más fáciles de conseguir por acá, aunque son más grandes y pardos, a veces le doy pajaritos y ya puedo dejarla suelta porque siempre


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vuelve. Anoche puso un huevo y todos estamos tan contentos con el cr贸talo que va a ser mam谩.

(1996).

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Tomado de Los mecanismos cotidianos (2004), por Francisco Cascallares

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