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Distribuci贸n Gratuita

Despierta tu amor por la Tierra

Promoviendo el compromiso con la Educaci贸n, la Salud y la Protecci贸n de la Naturaleza


Despierta

2 Dirección: Patricia Meléndez Promoción Cultural: Alberto Benavides Ganoza Coordinación General: Franco Castañeda Edición: David Novoa Diseño: Luis Arribasplata

elojointerior.peru@gmail.com RPM #998 078 620 | 998 078 620

COLABORADORES - 4ª Edición 2015 Kingsley L. Dennis Sociólogo y escritor inglés radicado en España. Fue profesor universitario de literatura inglesa y americana en Estambul, y de sociología en el Reino Unido. www.kingsleydennis.com

Palabras del Padre de Guatemala

Aziz Djendli Psicoterapeuta especialista en gestión del estrés y coaching, con amplia experiencia en relaciones de ayuda con pacientes dializados y toxicómanos en Francia. www.facebook.com/PCazizdjendli Luis Eduardo García Poeta, narrador y periodista. Dirige la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte de Trujillo. sercorriente.blogspot.com Nacho Alva Meneses Arqueólogo, defensor de la naturaleza y artista multidisciplinario. Descubrió las pinturas murales más antiguas de América en Ventarrón, Lambayeque. Rember Yahuarcani López Portada (Peces de la quebrada) Pintor, ilustrador, escritor y narrador. www.remberyahuarcani.com Inin Niwe (Pedro Favaron) y Chonon Bensho (Astrith Gonzales) Esposos y comuneros de la Comunidad Nativa de Santa Clara de Yarinacocha, de la nación shipiba. Fundadores de la clínica de medicina tradicional Nishi Nete y de un jardín etnobotánico. Nishi Nete Medicina Tradicional José Carlos Orrillo Periodista, fotógrafo y artista visual, dedicado a la docencia universitaria y fotografía documental. www.fotonesta.com

E

sta geografía es sagrada, hermanitos, dijo Fray Ramón ese día en Samaca, aquí están las huellas del origen; formas angélicas revelan estos cerros y estas dunas y cada piedra. Así como quedan las huellas de las manos de los gentiles en los adobes de la huaca, así quedan los dedos de Dios en estos desiertos. Es verdad que la tierra toda es sagrada y que donde el hombre vive y la cultiva la ennoblece, pero el paisaje no trajinado por el hombre mantiene en vilo el misterio de nuestra condición y nos revela lo divino de muchas maneras. Es el templo de la soledad. Aunque estemos acompañados, la soledad del desierto pesa más que cualquier compañía. El mar también lo tiene. No crean que el mar es solo un montón de agua. Ni se crea tampoco que la tierra es un montón de tierra. Sutil es la vida que Dios ha insuflado hasta a las piedras, pero solo el que investiga con corazón valeroso alcanza a conocer

la vida de la naturaleza. Ella “ama ocultarse”, dice Heráclito. La naturaleza ama ocultarse. Ella actúa como quien no actúa. La luna y las estrellas y el sol sobre todo son maravillosamente regulares. La teología más sólida se basa en la belleza. Todo está en la luz, hermanitos. Pocos estudios se requieren para lo fundamental. La atención, hermanitos, eso es importante: aprender a estar atentos. Pero la atención surge del amor, del deseo de conocer. Del amor nace todo conocimiento y el conocimiento despliega el amor. Atentos a la naturaleza y a la gente, dando gracias por la luz que ilumina la belleza. Así vayamos caminando en esta geografía sagrada. Fuente: VIDA Y PRODIGIOS DE FRAY RAMÓN ROJAS - EL PADRE DE GUATEMALA - ALBERTO BENAVIDES GANOZA

Esta edición se hace en concordancia con lo dispuesto por la legislación peruana vigente sobre los derechos de autor, Ley 13714, Art. 69, que a la letra dice: “Pueden ser reproducidos y difundidos breves fragmentos de obras literarias, científicas y artísticas, y aún la obra entera, si su breve extensión y naturaleza lo justifican; siempre que la reproducción se haga con fines culturales y no comerciales, y que ella no entrañe competencia desleal para el autor en cuanto al aprovechamiento pecuniario de la obra, debiéndose indicar, en todo caso, el nombre del autor, el título de la obra y la fuente de donde se hubiere tomado”.

EL AMOR DEBE SER LLAMA Y LUZ – HENRY DAVID THOREAU


Piensa

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La excepción es el verdadero cambio

U

na de las acepciones de la palabra lógica es “el modo de pensar y de actuar sensato,  de  sentido  común” (diccionario de la RAE) y en forma coherente. En este caso, la realidad estaría bajo el dominio de esa lógica y de ese sentido común.

que Estados Unidos y sus aliados bombardeen Siria, que un niño peruano del sector social D esté mal alimentado, que la distribución de la riqueza sea desigual desde hace siglos o que los medicamentos genéricos no puedan ser usados libremente por los pobres.

Si un hecho o cosa escapa de la influencia de estos parámetros, inmediatamente cae dentro de lo que se considera una “excepción”; es decir, se aparta de la condición o clase a la que pertenece. La regla es, por ejemplo, que el 90% de los estudiantes peruanos sean incapaces de resolver una ecuación matemática sencilla y la excepción que uno de ellos (como acaba de suceder) gane una olimpiada mundial en esta materia.

Los actos delictivos son también excepciones a las normas morales y jurídicas, pero en un sentido destructivo, así que sobre ellos no cabe discusión alguna. Nos interesan las excepciones que en lugar de aniquilar la esperanza humana la potencian. Las acciones excepcionales son impulsadas únicamente por hombres o grupos excepcionales; son ellos los que lideran y ejecutan saltos sociales, políticos, económicos y espirituales trascendentes. En este sentido, un ladrón, un estafador o un asesino no son funcionalmente instrumentos de transformación, son más bien consecuencia de las normas, pues sus conductas se encuadran en lo que pide la ley para considerarlos como tales y condenarlos como se merecen. La reciente agresión de una mujer a un policía que la mayoría de peruanos ha visto por la televisión es una conducta que no tiene nada que ver con la excepción transformadora de la que hablamos.

La excepción confirma que la regla se repite hasta la saciedad. Nos lo dicen en casa, en el colegio, en la universidad, en las reuniones sociales. En realidad, si queremos ser exactos, no confirma ni niega nada; es más bien el motor de la voluntad, el estímulo, el último reducto de esperanza para que las cosas cambien. Si no fuera por ella, el mundo sería más aburrido de lo que es y no habrían buenas razones para seguir luchando. La excepción es a la utopía lo que la fe a la religiosidad individual y colectiva. Es cierto que una sociedad no puede existir sin el imperio de las normas morales y jurídicas; mejor dicho, no puede existir sin aquello que debe cumplirse porque es consecuencia del acuerdo de una colectividad. Una “regla” es precisamente eso: un precepto, un ordenamiento que todos deben seguir — o lo cumples, o la realidad y la fuerza de los acontecimientos te lo imponen. La excepción consiste en escapar a esa lógica, que en esencia no admite incertidumbre entre la verdad y la falsedad, entre lo normal y lo anormal. La excepción, como los salmones y algunas especies de anguilas, nada a contracorriente; es un lunar, una rareza, una sorpresa contra lo habitual y lo corriente. Como su contraparte, la regla, a veces puede ser moralmente reprochable o condenada por la sociedad donde se manifiesta. Movimientos contraculturales como el hipismo de los 60 y el alterno-mundialismo de nuestros días son, por ejemplo, considerados “anti-éticos” por muchas personas, pero el peso de la inmoralidad parece caer con más fuerza sobre la mayor parte de las reglas:

La regla no es ni ha sido nunca partera de la historia, ni menos gestora de cambios y revoluciones. La excepción sí, y muchas veces con dolor. Los revolucionarios franceses de 1789, los antizaristas de 1917, los barbudos de Sierra Maestra y los estudiantes parisinos de Mayo del 68 pusieron el pecho y quisieron cambiar el mundo, cosa que no hicieron la mayoría de sus contemporáneos. Colón descubrió América porque tuvo coraje, a diferencia de la mayoría de navegantes de su época. Lo mismo Marco Polo. Los tigres asiáticos hicieron económicamente lo que la mayoría de países de la región no hizo y se metieron de cabeza al desarrollo. Al margen de sus virtudes espirituales, Buda, Cristo, Ghandi y la Madre Teresa de Calcuta son excepciones que no confirman la regla, sino que la superan. Si hasta Maradona, un gordo rechoncho, un antihéroe del fútbol, es una excepción; este futbolista podrá ser todo lo drogadicto e inmoral que sea, sin embargo es una excepción que ha impulsado el fútbol-arte. La pintura, la literatura, la música y el cine son pródigos en especímenes de la contracorriente. Los “genios” son casi siempre los excepcionales, los que

Luis Eduardo García

hacen lo contrario, los mutilados que pintan, los ciegos que escriben, los sordos que componen música, los “desalmados” que filman como sienten o, en el peor de los casos, los apestados que tratan de imponer un modo de vida mientras los demás les dicen que están equivocados. Se equivocó Picasso con el cubismo. Se equivocó Chagall con la visión ingenua e idílica de la realidad. Se equivocó Kurosawa con la validez de los sueños más profundos. Se equivocó Van Gogh con las pinceladas gruesas y ondulantes. Se equivocó Warhol al enrostrarle al hombre su cotidianidad consumista. Se equivocó Quino al crear una niña que piensa como grande. Se equivocó Martín Adán al afirmar que los locos estaban afuera y los cuerdos adentro del manicomio. En fin. Se equivocó el arte, aunque ganó la humanidad. Los excepcionales, hechos y hombres, escapan al común, aran en el desierto, luchan acompañados por sí mismos, contradicen la opinión general, se rebelan contra los mayordomos de la verdad; son los albinos de la contestación. A veces, pierden por nock-out; otras, por puntos. La naturaleza a través del flujo menstrual de la mujer, que se llama “regla”, ilustra bien los conceptos de regularidad y excepción. Lo regular es que de la vagina de la mujer fluya sangre cada 30 días. Cuando se suspende temporalmente este flujo, la mujer queda embarazada. Cuando la menstruación se suspende para siempre, la mujer no engendrará nunca más, lo cual quiere decir que la excepción se convierte en una regla. Lo que al principio era una salvedad, más tarde es una constante. Esto mismo ocurre simbólicamente en todos los niveles de la realidad. Curiosamente, las estadísticas expresan mejor la regla y la excepción. El 99.9% es la regla. El 0.1% es la excepción. El día en que ese 0.1% se convierta en el 99.9%, el mundo será muy, pero muy aburrido. Las victorias de solitarios como Ghandi serán pírricas y las derrotas del Che Guevara una catástrofe moral. La vida será homogénea, obediente y fea. Esta es todavía bella porque existe la esperanza de que alguien o algunos hagan todo lo opuesto a lo que manda el sentido común, el orden habitual de los acontecimientos, la repetición, la lógica y la normalidad. La libertad es, por esta razón, hermana gemela de la excepción. Y la excepción, repito, no confirma la regla, sino que la supera.

DESHAZTE DE TODAS TUS SUPOSICIONES Y EL MUNDO COBRARÁ UN SENTIDO PERFECTO – CHUANG TSE


Siente

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Historias del país de los Idiotas

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l país de los Idiotas es el de los condicionamientos que el ser humano absorbe sin haberlos elegido necesariamente. No hay nada de despreciativo en esta denominación. Solo la voluntad terapéutica de mostrar y tocar una parte del espíritu y la mente que pueden verse representados por analogía. Lea, sienta, ría o sonría y permita sencillamente que las historias que, de alguna forma, le hacen vibrar, recorran un camino en su interior y le ayuden como solo ellas saben hacerlo. La imagen de uno mismo –¡Quiero que todo el mundo tenga una buena imagen de mí! –¿Eso no resulta muy cansado? –Sí, pero no sé hacerlo de otra manera. Es así. –¿Y qué sucede cuando te das cuenta de que no te aprecian? –Me siento fatal, y hago todo lo que puedo para agradarles y cambiar mi imagen. –¿Y funciona? –A menudo, pero no siempre. Y, en todo caso, ¡resulta agotador! –¿Y cuando no lo consigues? –Me paso al menos tres días horribles, y vuelvo a la carga. –O sea, ¿quieres que te quieran? –No, deseo que TODO EL MUNDO me quiera. Impermeable a la alegría Un idiota le dijo a un vecino: –¿Sabes que yo soy impermeable a la alegría? –¡Ah! ¿y cómo lo haces? ¿es fácil? –Es muy sencillo. Cuando siento que la alegría empieza a nacer en mí por alguna razón, la reprimo y coloco en su lugar un sentimiento de hostilidad y orgullo. –¿Por qué? –Verás: a veces me he sentido alegre, y en esos momentos, siempre tengo la sensación de no existir, de no ser ya importante, de no distinguirme de los demás. –¿Quieres decir que en esos momentos te comunicas con los otros y eres generoso? –Sí, exactamente. Así que, cuando llega una de esas situaciones tan amenazantes, huyo inmediatamente o me pongo mi coraza anti alegría. Al menos, así, me reconozco a mí mismo.

El hombre que amaba su depresión Un hombre estaba habituado a alimentar un nivel aceptable de depresión, que le permitía mantenerse tal y como se conocía (o sea, mantener su identidad). Una mañana, ese mismo hombre se levantó sin esa sensación, y sin los sentimientos y pensamientos, formulados o no, que la acompañaban. Al comienzo, se sintió más bien satisfecho, pero pensaba que ese estado sin depresión era tan poco creíble, tan poco consistente e importante, que se las arregló, con un esfuerzo psicológico SUTIL y bien conocido por los habitantes del país de los Idiotas, para mantenerse en un estado de depresión aceptable. Y así pudo ponerse en marcha aquel día con su equipamiento habitual: camisa, pantalón, zapatos y depresión.

Aziz Djendli

Paciencia Un idiota se encontraba a pleno sol, sudando la gota gorda. Y se estaba poniendo cada vez peor de manera muy evidente. Un vecino lo vio en esa situación y le preguntó por qué no se ponía a la sombra. Nuestro idiota le respondió con toda la energía de la dignidad que le quedaba: –Ponerse a la sombra es demasiado fácil. Y eso no ME parece bien.

Mantener la identidad –¿De qué está hecha tu identidad?, le preguntó un idiota a un amigo. –Como la tuya, más o menos: falta de confianza, ansiedad, depresión, malestar. –Sí, tienes razón. –¡Más los ESFUERZOS para no mejorar nada de nada! –Tienes razón. Nuestros esfuerzos son para no cambiar nada y mantener nuestra identidad. –Yo diría incluso que nuestros esfuerzos ayudan a consolidarla. –¿Cómo? –Sí. Nuestros esfuerzos son ansiosos, faltos de confianza, llenos de derrotismo y de sufrimiento. –En pocas palabras: son esfuerzos para no cambiar nada. Control social de la tensión En el país de los Idiotas, es de buen tono estar tenso y dar muestras de ello. Esto incluso puede dar lugar a un cierto reconocimiento, pues la tensión psicológica o muscular puede ser un signo de esfuerzo y sufrimiento que merecen atención y respeto. Así, todos los idiotas comprueban que su vecino y su entorno están lo suficientemente tensos. Como decía un idiota hace poco a un amigo: “A veces, me siento relajado y resulta más bien agradable. Entonces me REPRENDO enseguida y restituyo las condiciones internas para sentirme suficientemente tenso”.

corazonverde.info@gmail.com Telf: 976 492 515 Av. La Rivera 328 - Huanchaco Trujillo www.CorazonVerde.pe www.CorazonVerde.net

EL VIVIR PARA SÍ MISMO ES LA FUENTE DE TODOS LOS SUFRIMIENTOS – PARAMAHANSA YOGANANDA


Disfruta

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El Ojo Interior recomienda: Puka Allpa - Pedro Favaron Hay libros que son absolutamente imprescindibles, necesarios, urgentes. Puka Allpa, Viaje a la selva invisible, el último libro de Pedro Favaron, es uno de estos. Lo leí prácticamente sin aliento en mi viaje a Curimaná. Es un texto magníficamente bien escrito y profundamente revelador que fluye como un sinuoso río de la selva, denso y nutrido, siempre impredecible y aguardando con sorpresas a la vuelta de cada meandro. A lo largo de este viaje iniciático, y basándose en su propia e íntima experiencia, Pedro Favaron nos va sumergiendo en los peligros y encantos de la Amazonía y describiendo la geografía, la gente y los pueblos que encuentra en el camino, para finalmente penetrar en el corazón mismo, en el misterio del bosque y ceder la palabra a dos grandes, acaso los más grandes curanderos vivos de esta región, hoy por hoy ignorada por la mayoría de nosotros. Inmediatamente, estos nos van revelando el auténtico espíritu amazónico y los extraordinarios poderes de las plantas medicinales. Favaron es uno de esos escritores y seres humanos que van hasta el fondo, solo para darse cuenta de que no hay ningún fondo. Nada limita la experiencia humana. Cero separación. ¡Oh si aquellos enajenados que están tan empecinados en destruir la selva pudieran contagiarse siquiera con una sola chispa de este libro escrito con fuego, sangre, sudor y espíritu indesmayable!  Pues no me queda más que decir que la lectura de Puka Allpa me ha hecho muy feliz y sigue resonando en mí con el fervoroso zumbido que brota de aquella sagrada espesura que es nuestra Amazonía. Puka Allpa ha sido editado por la Biblioteca Abraham Valdelomar, bajo la cuidadosa edición de Leonidas Zevallos y el diseño de Martín Arias. Pedidos: Antares - Av. Paseo de la República 5864, Miraflores, Lima 18, Perú - Teléfono: 444-3672

Saca la lengua - Claudia Luthi Saca la lengua es el resultado de un viaje de descubrimiento en torno al tema de la salud que, en verdad, no tiene fin, y por ello tampoco acaba con este libro. La vida es siempre sorprendente y elusiva a la comprensión lógica. Saca la lengua relata en fotografías tomadas “sobre el pucho”, así como en textos cortos que sintetizan situaciones clave a partir del instante en que la autora es diagnosticada con cáncer de lengua. Este hecho trae abajo todo su sistema de creencias y la obliga a plantearse desde cero una nueva actitud. Con un lenguaje sincero y ameno que te atrapa desde el primer párrafo, Saca la lengua aparece como un libro positivo y esperanzador. Anima al lector a redescubrir por sí mismo nuestro innato amor por la vida. Solo poniendo todo nuestro interés y atención en lo que está ocurriendo, tanto dentro como fuera de nosotros, hacemos la diferencia entre una vida triste, fea y aburrida y una vida plena y rebosante de asombro. Saca la lengua estará pronto en las librerías principales de Lima y en Corazón Verde de Huanchaco. Pedidos: Antares - Av. Paseo de la República 5864, Miraflores, Lima 18, Perú - Teléfono: 444-3672

Amazonia - Documental

De imágenes impactantes y una increíble labor de fotografía, el documental francobrasileño Amazonia es protagonizado por Saïd, un pequeño mono capuchino nacido en cautiverio que, luego de un accidente de avión, debe atravesar un duro proceso de adaptación a la selva amazónica mientras los espectadores compartimos sus miedos, ansiedades y hasta las alucinaciones que le provocan los alimentos que ingiere por error. Sin utilizar personajes humanos, Amazonia nos invita a reflexionar sobre nuestro mundo domesticado y la gran distancia que lo separa del fascinante mundo salvaje, el cual tiene mucho para enseñarnos acerca de nosotros mismos. Director: Thierry Ragobert / Productor: Fabiano Gullane

LA FELICIDAD ESTA EN TI Y ¿HABLAS DEL PARAÍSO? – JARRAQANI


Escucha

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Las tres mitades (reveladas) de Ino Moxo

José Carlos Orrillo

Tantas y tantas existencias oyes, tanta callada sabiduría escuchas cuando escuchas la selva… UNO Cuando era niño, la biblioteca de mi padre representaba el país de la imaginación, un territorio hechizado donde gozaba perdiéndome, como pez en el agua. Para un niño, cada libro representa el mundo y es perfectamente posible viajar con ellos, en el tiempo y en el espacio. Pero hay libros especiales, que son como cien puertas que se abren hacia otros tantos mundos, cada uno de vastedad inabarcable; en el universo babélico de la biblioteca paterna, un libro como ese marcó mi imaginación para siempre: LAS TRES MITADES DE INO MOXO. El libro estaba autografiado por su autor, César Calvo, y dedicado a Winston Orrillo, mi padre; un regalo entre poetas. Recuerdo claramente la fascinación que el libro despertó en mí como objeto: la carátula, las fotos, la extraña apariencia documental que tenía, pero que al leerlo se volvía una experiencia desconcertante; todo en esa obra palpitaba misterio. Yo realmente sentía que el libro tenía vida propia, que vivía una vida secreta más allá de nosotros. Lo leí, de niño, varias veces, sin entenderlo y sin terminarlo nunca. Hasta que tomé ayawaska por primera vez. Y entonces la visión se despertó (“¡Visiones, empiecen!”, recordaría luego a Ino Moxo). Desde aquel momento, tanto el libro como la vida misma adquirieron nuevos significados, vastos horizontes de profundidad insondable se desplegaron. Poco a poco, en los meses que siguieron a mi primer viaje a la selva, algunas frases y aún fragmentos enteros del texto, se me revelaron por primera vez en toda su real sabiduría; el libro mostraba ahora otro aspecto, desconocido pero extrañamente familiar, de evocaciones precisas y silenciosa enseñanza. DOS Siempre resultará infructuoso cualquier intento de categorizar esta novela dentro del panorama de la narrativa peruana contemporánea. Más allá de su indudable originalidad e importancia, su contenido es tan complejo y potente que desborda todo intento de interpretación o crítica, sino es desde la propia experiencia visionaria. Su autor fue indudablemente iniciado en los misterios del oni xuma (ayawaska en idioma amawaka), y es desde esta planta que se debería proceder a decodificar el contenido vasto e inasible del libro. «Si alguien supone ver en estas páginas algo más que unas páginas, repitiendo a Ino Moxo debo decir que: “el milagro está en los ojos que ven, no en lo mirado”.

Porque en verdad este libro no es un libro. Ni una novela ni una crónica. Apenas un retrato: la memoria del viaje que yo cumplí sonámbulo, imantado por indomables presagios y por el ayawaska, droga sagrada de los hechiceros amazónicos». El tema central de la obra puede entenderse como el desdoblamiento y subsecuente viaje de iniciación, experimentados durante una potente mareación de ayawaska que el mismo poeta describe así: «Soñé que yo no era César Calvo sino César Soriano, un primo mío que vive en Cajamarca; él iba en mi persona sin que mi persona dejara de ser yo, iba en los dos tropezando por esos bosques, porfiando en caminar junto a Iván. Y primero que todos iba el niño que usted había enviado para que nos guiara. Porque soñé que estábamos caminando y padeciendo y esforzándonos únicamente para llegar a usted. Y soñé que usted era el jefe de los amawaka. Se llamaba algo así como Ino Moxo, sí, me acuerdo claramente, se llamaba Ino Moxo pero no era Ino Moxo, era Don Manuel Córdova, era usted, la piel clara, los ojos igualitos, la voz, los gestos, todo…» Cuando César Calvo le pregunta al maestro si toda su visión (es decir, toda la novela) no ha sido más que un sueño, Don Manuel Córdova le responde: «Los asháninka dicen que soñar es hablar con el aire, que durante el sueño se despierta a la vida de otro tiempo, a una de las vidas del tiempo de esta vida. Lo que se mira desde el oni xuma es tan real o mucho más real. No lo dudes un instante. Tú has viajado de verdad anoche, aunque no sea de la manera más habitual de la verdad».

proyecto, el libro nos dio importantes pistas en clave poética para entender y procesar nuestra propia experiencia visionaria: «El ayawaska es puerta, sí, pero no para huir sino para eternar, para entrar a esos mundos, para vivir al mismo tiempo en esta y en las otras naturalezas, para recorrer las provincias de la noche que no tiene distancia, inabarcables. Es por eso que la luz del oni xuma es negra. No explica. No revela. En lugar de develar misterios, los respeta, los vuelve más y más misteriosos, más fértiles y pródigos. El oni xuma riega la tierra desconocida: esa es su manera de alumbrar». César Calvo nos presentó «Las Tres Mitades…» como un libro revelado. «Lo que en ellas hay de valedero, si es que en ellas hay algo, me fue dictado por Ino Moxo, más mediante visiones que mediante palabras, a lo largo de una sesión de ayawaska mezclada con tohé, ese otro alucinógeno quizá tan desconcertante y poderoso». ¿Fue así en realidad? ¿Importa saberlo acaso? ¿Y de qué realidad estamos hablando? Para los brujos de la selva, no hay una sino múltiples realidades que se entrecruzan, hibridan y transforman como en un brutal palimpsesto. Hablando con propiedad, este libro solo puede ser entendido como una experiencia orgánica: no es un texto para ser leído; debe ser experimentado, bebido, incorporado y sobre todo, escuchado. Por eso es un libro mágico: porque está cargado (icarado) con la energía abrumadora de la selva, con la misma vida milenaria, la misma sabiduría que arrastran los ríos amazónicos en su interior.

TRES Un año después de mi primera experiencia con plantas sagradas, fui invitado a participar en la muestra colectiva «Provincias de la noche sin distancia», junto a Eduardo Villanes, Nacho Alva y los artistas amazónicos Pablo Amaringo, Víctor Churay, Roldán Pinedo y Elena Valera. Fue un proyecto organizado por el Centro Cultural de España en Lima con la curaduría de Eduardo Villanes y John Eddowes. El título y leit motiv de la muestra habían sido inspirados directamente por Las Tres Mitades de Ino Moxo y se tenía prevista la presencia de César Calvo en la inauguración (diciembre 2000). Pocas semanas antes, nos llegó la terrible noticia de la muerte del poeta; la muestra se planteó entonces como un homenaje póstumo y fue subtitulada «A César Calvo, poco después de partir…». Para la mayoría de artistas participantes en aquel

EL HOMBRE SE DETIENE EN SU PROPIA SOMBRA Y SE PREGUNTA POR QUÉ ESTÁ OSCURO – SABIDURÍA ZEN


Medita

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Todo final es un luminoso principio

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uede sonar extraño pero una de las maneras más productivas de alcanzar la madurez pasa por enfrentarse a la experiencia de la muerte.

En cuanto seamos libres como una mariposa, es decir, en cuanto el alma se separe de nuestro cuerpo, tomaremos consciencia de que percibimos todo lo que ocurre en el lugar en que morimos, en nuestro lecho de enfermos, en el lugar del accidente o allí donde hemos abandonado nuestro cuerpo. La muerte es la llave del portal de la vida. Solo si aceptamos la limitación de nuestra existencia individual, encontraremos la fuerza y el valor para rechazar los papeles y expectativas impuestas y para dedicar cada día de nuestra vida –no importa cuánto dure esta– a madurar lo más ampliamente que nos sea posible.

existe algo muchísimo mayor que nosotros, que ha creado este universo y la vida, y que en esta Creación nosotros somos una parte importante y perfectamente determinada, capaz de contribuir al desarrollo de la totalidad. Solo cuando hayamos completado el trabajo para el cual hemos venido a la Tierra, podremos abandonar el cuerpo. El cuerpo encierra el alma igual que la crisálida lleva dentro de sí la hermosa mariposa futura. Vivir rectamente solo quiere decir aprender a amar. Y por amor entiendo yo abrazar la vida y la muerte. Pues ambas son una y la misma cosa.

No podemos mirar mucho tiempo al sol, y tampoco podemos mirar siempre a la muerte a los ojos.

Si aceptamos el lenguaje que empleo con niños moribundos muy pequeños, diré entonces que la muerte física del ser humano es idéntica al acontecimiento que podemos contemplar cuando presenciamos la salida de la mariposa de su capullo. El capullo y su larva son el efímero cuerpo humano, pero este no es idéntico a aquellos: solo es una morada temporal. Y lo mismo sucede con la muerte, el momento culminante de la vida, la prueba de madurez, la despedida antes de un nuevo encuentro, el final que precede a un nuevo comienzo. La muerte es la gran transición. Creo que ya es hora de que la gente sepa que la muerte no existe, al menos no como nos la imaginamos. Hoy más que nunca tenemos que comprender que

La mayoría de los seres humanos ven todas sus difíciles condiciones de vida, las pruebas que han de superar, sus sufrimientos, sus sobresaltos y todas sus pérdidas como una maldición, como un castigo de Dios, como algo negativo. Ojalá comprendiéramos que nada de lo que nos sucede es negativo, e insisto: ¡nada, absolutamente nada! Todos los golpes del destino, todas las experiencias dolorosas e incluso las pérdidas más grandes, son dones. Podemos comparar los golpes del destino y nuestra pena con la forja del hierro candente, son oportunidades de crecer espiritualmente: Y esa es la única razón de nuestra existencia en la Tierra. Es un don también acompañar al que agoniza junto a su lecho de muerte. Morir no ha de ser una ocasión triste o temible, sino, antes bien, algo que permita vivir momentos buenos, inolvidables. Y si transmitiéramos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, y también a nuestro prójimo, las enseñanzas que recibimos del moribundo, el mundo no tardaría en volver a ser un paraíso. Creo que es hora de poner manos a la obra.

Tal vez los seres humanos comprendan algún día que todo lo que nos sucede tiene un sentido, y que los instantes más dolorosos pueden atesorar los dones más grandes, y no solo para nosotros, sino también para los que nos rodean.

Cuando abandonemos nuestro cuerpo, nos libraremos de las penas, de la angustia y de toda aflicción, –seremos libres, como una hermosa mariposa multicolor– y podremos regresar a Dios.

recibimos para llevar a cabo con ella una misión perfectamente determinada.

La experiencia de haber estado expuesta a la muerte, desamparada, me ha ayudado a madurar y a comprender la muerte como parte previsible e inseparable de la vida. No podremos encontrar la paz si tenemos miedo a los embates de la vida. Tampoco podremos darles paz a nuestros hijos si los cuidamos como plantas de invernadero. Solo tendrán paz aquellos niños cuyos padres sepan qué es el amor incondicional, cuyos padres no los frenen cuando comiencen a dar sus primeros pasos. Es imposible crecer espiritualmente si nos sentamos en un maravilloso vergel y hacemos que nos sirvan el más suculento manjar en bandeja de plata. Crecemos cuando enfermamos, cuando tenemos alguna pena, cuando nos vemos obligados a asumir una pérdida dolorosa. Crecemos cuando aceptamos el dolor e intentamos comprenderlo, no como una maldición o un castigo, sino como una gracia que

Y EN CUANTO A MÍ, DE LO ÚNICO QUE SÉ ES DE MILAGROS – WALT WHITMAN

¿Cómo sería nuestro mundo si todos nos esforzáramos un poco por bendecir lo que tenemos en vez de maldecir nuestro destino por lo que no tenemos? La muerte no es más que la salida del cuerpo, a saber, en la misma forma que una mariposa sale de su capullo. Si puedo impedir que se rompa un solo corazón, no habré vivido en vano; si puedo ayudar a consolar una sola vida, o a mitigar un solo dolor, o a devolver a su nido a un solo petirrojo enfermo, no habré vivido en vano. En última instancia es esta la respuesta a la pregunta por la vida, la muerte y el tránsito: tocar la vida de otros y enriquecer así también la nuestra. No despilfarres el tiempo que te ha sido dado. Manéjalo con cuidado, para que cada día te traiga estos regalos: más madurez, más comprensión y una nueva consciencia. Fuente: TODO FINAL ES UN LUMINOSO PRINCIPIO ELISABETH KÜBLER-ROSS


Conoce

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Non rao nete: El mundo medicinal y visionario del pueblo Shipibo-Konibo

M

i nombre castellano es Pedro Martín Favaron. Y en shipibo me llamo Inin Niwe, que significa “Viento perfumado de la medicina”. Soy escritor y médico tradicional. Poseo el título de Doctor en Literatura por la Universidad de Montreal en Canadá y la Maestría en Comunicación y Cultura por la Universidad de Buenos Aires. De forma paralela a mis estudios académicos he profundizado en el conocimiento de las plantas medicinales del Perú y en la sabiduría visionaria de los pueblos indígenas. Gracias a mi matrimonio con Chonon Bensho, mujer de la nación shipiba, soy miembro de una familia de antiguos médicos. Hemos heredado la conexión espiritual de nuestro abuelo Ranin Bima, quien fue uno de los más grandes médicos tradicionales de su tiempo. Él nos ha guiado desde el mundo de los antepasados. Junto a nuestro tío Shanen Sheka fundamos la clínica de medicina tradicional Nishi Nete, en la comunidad nativa de Santa Clara de Yarinacocha, a las afueras de Pucallpa. En ella recibimos a personas de distintas procedencias que buscan sanar enfermedades que la medicina académica no consigue curar. El presente artículo, escrito en conjunto con mi esposa, da breve cuenta del linaje espiritual del que somos parte y de nuestras prácticas curativas. 1. En nuestros días las cosas se muestran muy confusas. Pocos pueden dar una explicación acertada de la sabiduría medicinal que nos legaron nuestros mayores. El pueblo shipibo se halla confundido bajo la influencia de otras culturas y del dominio del dinero. Los peces, las tortugas, los grandes animales acuáticos, desaparecen de nuestros ríos; los animales de monte se esconden en territorios cada vez más hondos; los madereros cortan los bosques. Y los jóvenes dejan las comunidades para buscar una vida en la ciudad. No respetan ya las palabras de los mayores. Es solo cuando volvemos

Inin Niwe y Chonon Bensho

Aunque mucho de este conocimiento se ha perdido, aún hay unos pocos herederos de esa sabiduría medicinal y vital. Los herederos de este saber tenemos la responsabilidad de compartirlo con los hombres y mujeres de buen corazón que precisen nuestra ayuda. Somos solo instrumentos de la medicina que, con generosidad, Dios (Nete Ibo) nos brinda para nuestro perfeccionamiento. El movimiento de la vida natural siempre tiende al origen. En tanto más se separa el ser humano de su origen, más se desgasta y pierde fecundidad. Su cultura se hace estéril y recurre a lo artificial. Y es entonces que surgen el gran desajuste y la desarmonía que causan enfermedades físicas, psíquicas y espirituales.

la vista a los antiguos y retomamos sus rumbos, que desaparece el desconcierto. Quien camina siguiendo la herencia de los sabios padres no ha de perderse; dará pasos firmes y conocerá hacia dónde debe dirigirse. Tendrá que superar pruebas, pero nada lo hará tambalear; y si llega a caer, sabrá cómo levantarse porque su raíz se hunde con profundidad en buena

tierra. El legado medicinal que nos ha dejado nuestro abuelo Ranin Bima es la luz que orienta e ilumina nuestras vidas. Mediante esa herencia podemos vencer la ignorancia y la pobreza espiritual, pues nuestros antiguos eran personas sabias, de pensamientos poderosos y elevados. El verdadero oro del Perú es el gran conocimiento de los antiguos.

Son muchas las personas de distintas nacionalidades que, hartos de las respuestas que les brindan sus propias sociedades, intuyen que nuestra herencia medicinal puede ayudarlos a encontrar posibilidades más amplias y satisfactorias; sin embargo, siendo para ellos la selva y nuestra cultura una geografía exótica, llegan con poco conocimiento, guiados por los caprichos de sus intuiciones y sin saber diferenciar la verdad de la mentira. Para muchos la inmersión en nuestras plantas medicinales es poco más que una vía de evasión de la estrechez asfixiante de sus vidas urbanas. Pero nuestros antiguos no querían evadirse de nada cuando tomaban ayawaska; por el contrario, con el ayawaska se sumergían en las profundidades inadvertidas de la realidad. Comprobaban que los mundos espirituales de los que hablaban sus padres eran ciertos. Y escuchaban las voces siempre nuevas de sus ancestros. Nutridos de la fuerza de esas voces y pensamientos, ellos mismos se hacían fuertes y sabios. Gracias a las plantas aprendían cómo debían moverse en la selva, cómo pescar en los ríos, cómo pensar con tranquilidad y respeto, cómo educar a sus hijos y vivir en pareja sin conflictos. Y, aunque no sabían

CUANDO UNO SE LIBERA DE SÍ MISMO ALCANZA LA UNIÓN CON EL AMADO - SABIDURÍA SUFÍ


Conoce escribir, no perdían la memoria de sus antepasados. Pues en el interior de los árboles y de las plantas estaba “escrita” toda la sabiduría que precisaban para prosperar. 2. Nuestra herencia medicinal se está perdiendo y tergiversando convirtiéndose en un circo para satisfacer las búsquedas de exotismo y mística ligera de los clientes extranjeros. De la generación de nuestros padres, solo unos cuantos aprendieron bien a ser médicos legítimos. Cuando eran jóvenes no escuchaban a sus mayores ni les interesaba seguir sus pasos. Los shipibos de entonces solo pensaban en volverse profesionales o políticos. Algunos se hicieron predicadores. Pero esto cambió cuando empezaron a llegar los primeros extranjeros queriendo tener una experiencia con ayawaska, buscando “chamanes”. Ahí sí todos decían que eran expertos ayawaskeros, pero lo hacían solo por amor al dinero. No se habían preparado de manera legítima, dietando por varios años, para aprender la sabiduría de las plantas y de los seres espirituales, quienes son los verdaderos Dueños de los conocimientos medicinales. Los antiguos médicos shipibos no solían dar de tomar ayawaska a sus pacientes. No es necesario que el paciente tome ayawaska para curarse, pues el médico cura con sus cantos. Cuando lo consideramos necesario, nosotros damos al paciente ayawaska para que abra su mente, se conecte con su mundo espiritual y reflexione sobre su propia vida. Con nuestros cantos abrimos el mundo de la medicina y los hacemos viajar por sus propias vivencias; de esa manera, podrá descubrir cuál es la raíz de sus dolores, de sus frustraciones y rabias, y cuáles son las fallas y hábitos que están perjudicando su salud. Hay que evaluar cada caso. Es importante ahondar en la raíz de las prácticas médicas indígenas; nuestros ancestros usaron el ayawaska por cientos o miles de años, perfeccionando su uso. No se puede improvisar ni jugar con quienes buscan ayuda. El médico toma ayawaska para poder ver las enfermedades del paciente. Al ampliarse nuestras capacidades perceptivas, visualizamos el interior de su cuerpo, de su mente y de su alma. Todo aquello que no se muestra a los

9 ojos del cuerpo, lo contemplamos con el ojo del espíritu. Así podemos hacer un diagnóstico y también empezar a delinear cuál va a ser la terapéutica a seguir. Con nuestros cantos tenemos que abrir el mundo medicinal y abrir el mundo interior de la persona para poder observarla. No podemos curar en una sola sesión, tenemos que observar. Hay que evaluar qué tipo de mal afecta a la persona y si tenemos el conocimiento necesario para curarla. Debemos saber con qué plantas vamos a trabajar, a qué fuerzas espirituales vamos a convocar para curar a nuestros pacientes y saber cuánto tiempo va a

durar su curación. Hay que mirar bien si la persona en verdad quiere curarse. Muchos no lo quieren, pues no están dispuestos a cambiar su forma de vida. Toda curación demanda sacrificio; el paciente debe dejar de lado esos hábitos que lo enferman. Como cualquier otro médico nosotros también damos una prescripción. El paciente debe cumplir las abstinencias de la “dieta”, que es el régimen alimenticio y de comportamiento que tiene que seguir todo el que quiere curarse. No hay curación sin “dieta” y quien “dieta” de manera adecuada tiene garantizada su curación. Solo se trata de cumplir con valor y obediencia, con humildad, fe y determinación. Una vez que abrimos el mundo de la medicina y el mundo del paciente, podemos ver todo con claridad. No hay secretos que no podamos descubrir, pues a la visión de la planta no se le puede engañar. Nuestros cantos penetran

hasta los resquicios más ocultos de la enfermedad, se hunden hasta su mismo principio para extirparla del paciente y devolverlo a la salud. Debemos recordarle al paciente cómo volver a la salud de su ser original. 3. Los cantos medicinales (rao bewabo) son la principal herramienta de la medicina. Al avanzar en su aprendizaje, el médico desarrolla una suerte de facultad perceptiva superior mediante la cual puede captar la fuerza curativa de ese mundo hermoso y de alta vibración del que proviene toda curación; y esa fuerza toma cuerpo,

substancia, frecuencia, en la voz del médico. Por eso decimos que el médico es solo un instrumento de la medicina, como una antena que capta las ondas de radio. En una sesión medicinal los cantos tienen siempre que girar (maya bewa). El movimiento de los cantos, como la vida misma, es circular. La medicina actúa en círculos y espirales. Y este movimiento circular de los cantos debe fluir de forma armónica. El médico debe despojarse de toda preocupación o deseo personal, debe estar con la mente vacía, concentrado en su paciente, y dejar espacio libre dentro suyo para que la medicina se manifieste a través de él y empiece a circular con fluidez. Ahí sentados, sin realizar ningún movimiento, libres de toda perturbación o temor, nuestro corazón se abre y la fuerza curativa de Dios nos atraviesa y se manifiesta en nuestras vibraciones vocales. Y entonces somos como

SOLO EL QUE VIAJÓ DE LO PARTICULAR A LO UNIVERSAL, CONOCE BIEN EL SECRETO – ANÓNIMO

manantiales de un agua sanadora que da de beber a las personas cansadas de sus enfermedades y que están dispuestas a cambiar su vida y acercar su espíritu a Dios. Los cantos profundizan en el paciente hasta alcanzar su intimidad más íntima. Cuando la persona está enferma, el canto sanador puede resultarle incómodo. La enfermedad se resiste. La sanación no suele ser placentera, sobre todo al principio del proceso, pero sus resultados son positivos y duraderos. Muchas veces, lo que parece dulce y fácil nos lleva al sufrimiento; y lo que en un principio se muestra como amargo y difícil, nos conduce a la salud. El canto legítimo no tiene dudas; es como si detrás nuestro un médico antiguo nos estuviera guiando y diciendo qué hacer. Debemos estar concentrados para escuchar sus indicaciones y seguirlas. En el fondo, no es nuestro ni el poder para curar ni el conocimiento, sino que la sabiduría y la fuerza vienen de ese mundo de alta vibración con el que llegamos a conectarnos gracias a nuestras plantas medicinales. Toda la medicina viene de Dios y retorna a él. ¿Cómo podríamos, entonces, curar a una persona sin fe que persiste en rebelarse contra Dios y sostiene su orgullo? Ni el mejor médico puede curar a quien no abre su mente y su corazón a Dios. La medicina siempre fue para personas humildes y sencillas, con un corazón lleno de fe. Las mentes muy complicadas e intelectuales, con inquietud y soberbia, se resisten al proceso medicinal. La medicina no puede vincularse con las almas mezquinas y arrogantes. Nuestros cantos tienen una capacidad quirúrgica para dar en el nervio exacto del sufrimiento particular que aqueja a cada paciente. Hay cantos para traer las almas perdidas por el susto o el kutipado; hay cantos para abrir los mundos medicinales, para elevar la mareación del ayawaska, para bajar su efecto, para activar las visiones, para ver el interior de los pacientes, para limpiar la profundidad del cuerpo, la profundidad de la mente; los hay para tranquilizar las iras, para alegrar y hacer danzar las almas, para combatir los distintos tipos de daño, para limpiar los malos aires y las energías que no circulan; cantos para que el espíritu se eleve, para que se sumerja en el agua o


Conoce

10 se hunda en la tierra; cantos para hacer retroceder a los brujos enemigos y defenderse. Hay cantos para casi todo. Las palabras medicinales son buenas (jakon joi), son perfumadas (inin joi), son hermosas (metsa joi), son sutiles (soi joi), son fuertes (koshi joi). Aunque el shipibo que se habla hoy suele mezclarse con castellano, sigue siendo una lengua heredada de los antiguos sabios Meraya. Desde siempre el idioma shipibo ha crecido entrelazado con la fuerza medicinal de las plantas. La temperatura de la lengua surge de su relación íntima con los vegetales y sus mundos espirituales. Por eso el shipibo es flexible y fluido como los ríos amazónicos, emana de él un dulzor solar semejante al de los frutos del monte y un aroma curativo; resplandece en la noche como estrella vibrante; es generoso como el manantial que da de sí, pero nunca se agota; es sencillo como la mente campesina, noble como los corazones puros, y rústico como la corteza de los árboles. Y es capaz de alcanzar honduras indecibles. 4. Los médicos visionarios nos iniciamos en este conocimiento mediante las “dietas”, que en shipibo se llaman sama. También una persona que desea curarse debe “dietar”. La “dieta” es la base del conocimiento y de la curación, pues sin “dieta” no hay medicina. Para poder hablar con propiedad de nuestra herencia medicinal, es también imprescindible entender bien de qué se trata una “dieta” legítima, pues en nuestros días hay también mucha confusión y engaño al respecto. Cuando uno se baña con las hojas de una planta maestra o toma la corteza de los árboles medicinales del monte, debe hacerlo bajo un régimen preciso de alimentación y comportamiento. De lo contrario, la persona puede ser castigada por el Dueño de la planta, lo que en el español mestizo de la región se dice kutiparse. También cuando un maestro nos ha cantado para curarnos, debemos dietar para que los cantos trabajen en nuestro cuerpo y nos sanen. Para decirlo de manera sencilla, “dietar” es cumplir con las normas necesarias para asimilar de la mejor manera la fuerza medicinal de las plantas y su sabiduría espiritual. La “dieta” consiste en pasar un tiempo determinado (dependiendo de la planta elegida o de la terapia indicada)

siguiendo un régimen preciso. Por ningún motivo el “dietador” puede consumir alimentos fritos, siendo esta la indicación principal. Tampoco puede comer vegetales (salvo algunas legumbres –no se comen ensaladas, ni se trata de alimentarse como vegetariano, como creen algunos); no puede bañarse con jabón, ni aún su ropa debe ser lavada con jabón, ni deberá lavarse los dientes con pasta dental. Solo comerá algunos pescados de agua dulce (otros no), algunas aves de monte, plátanos verdes ahumados, arroz, avena, lentejas y papas. Algunos prescinden por completo de la sal, aunque es recomendable comer de ella al menos cada cuatro días para evitar un debilitamiento excesivo. Durante los días de la “dieta” no se mantienen relaciones sexuales, ni siquiera se puede recibir alimentos de personas que las hayan tenido. No se tendrá cercanía con una mujer menstruante. El “dietador” legítimo no volverá a comer puerco ni ají nunca más en su vida. En los tiempos de nuestro abuelo Ranin Bima para empezar a ser médico y curar enfermedades menores, como diarreas, se debía pasar al menos un año “dietando” de esta manera. El “dietador” realiza pocas acciones. Suele pasar las horas tumbado en su hamaca o bajo el mosquitero. No debe exponerse al sol ni debe mojarse con la lluvia. Sus movimientos son pausados. No tendrá discusiones ni hablará demasiado. De preferencia, deberá estar aislado de los demás. Poco a poco, el cuerpo y la mente dejan la agitación. Las horas pasan lentas. El “dietador” se aquieta y asimila la temporalidad del vegetal. A pesar de que no efectúa acción alguna, en su espíritu se gestan sutiles transformaciones. En el silencio y la quietud trabajan de manera óptima las plantas medicinales. El “dietador” se va purificando de todas sus impurezas físicas y mentales. Se trata de un retorno a la pureza de su ser original. Cuando se “dietan” plantas maestras, el “dietador” se conecta con ese mundo de alta vibración del que proviene toda medicina. Es un mundo hermoso y de pureza indecible. En él no existe la maldad, la mezquindad, el egoísmo, la perversión. Por eso la mente y las emociones de quien se está iniciando, en tanto humano

imperfecto, chocan y contrastan con la pureza de ese mundo. El “dietador” puede sentirse muy perturbado por este choque. La propia negatividad de su pensamiento se puede volcar contra él y hacerlo sentir intranquilo. Entonces, las “dietas” no solo implican un gran esfuerzo físico, sino que también hay un desgaste emotivo. Si el “dietador” no llega a reconocer cuáles son sus fallas y desviaciones, ni decide modificarlas, no avanzará en el mundo medicinal; siempre se quedará en la superficie. Con el tiempo, el médico alinea su pensamiento y su vida con la fuente de la medicina. La medicina quiere erradicar de nosotros todo aquello que se resiste a la sanidad, que se resiste a Dios. 5. Nuestros abuelos nos enseñaron cómo se debe “dietar”. Y también nos dijeron cómo cantar y practicar la medicina para curar. Y a ellos les enseñaron sus padres. ¿Hasta qué siglos se remonta esa enseñanza? ¿Hasta qué eras geológicas hunde sus raíces el conocimiento de nuestros ancestros? Aunque no escribieron libros, supieron recordar y transmitir las enseñanzas, y no fueron olvidadizos. Mediante las plantas medicinales estos conocimientos antiguos vuelven siempre nuevos; y en nuestros sueños podemos escuchar las voces de nuestros abuelos. Son siglos aprendiendo a trabajar con las plantas de nuestro territorio de manera correcta. No hay nada como una ruta fácil para alcanzar la iluminación, ni un método rápido para llegar a ser curandero. Tampoco hay tal cosa como un diploma que garantice nuestro trabajo. No podemos un buen día levantarnos de la cama y decir: “yo soy curandero”, y querer aprender las cosas de los abuelos así como así. Nuestras plantas y nuestros conocimientos no son juguetes. Hay algunas personas mestizas o extranjeras que dicen que todas estas restricciones, estos sacrificios y modos de practicar la medicina son cosa del pasado. Afirman con excesiva pretensión que la medicina “ya dejó la selva” y que ahora está encontrando nuevos rumbos y fusiones. Pero, ¿cómo podría la medicina dejar la selva y conservar su fuerza, si todo el influjo medicinal viene de las plantas del monte? Nosotros trabajamos en nuestra comunidad, en nuestra casa, en

VISÍTANOS

el terreno que nos dejó nuestro abuelo Ranin Bima. Aquí nos sentimos cómodos y enraizados con nuestra antigua herencia. Esta es nuestra riqueza. Aquí tenemos las plantas medicinales que hemos sembrado en nuestra huerta, o las que vamos a recolectar en los bosques cercanos. La medicina viene de la selva y no puede dejarla. Lo que ha dejado la selva es nuestra planta ayawaska mas muchos improvisados usan esta medicina por motivos hedonistas, reduciéndola a una droga, para tener una “experiencia”. A nosotros estas personas nos parecen iguales que los conquistadores que robaron el oro de los antiguos peruanos. La mentalidad moderna suele actuar de forma profana e infantil frente a lo sagrado. Los que no respetan las formas legítimas que nos fueron legadas se enferman. El agua es fuente de vida, pero si uno se mete a un lago sin saber nadar, lo más seguro es que se va a ahogar. Quien no ha sido correctamente orientado se perderá con facilidad. Conseguir a alguien que nos enseñe con propiedad, sobre todo si no se ha nacido en una familia de médicos, es un asunto delicado y poco frecuente. Tal vez si se reza a Dios con sinceridad y decisión, Él puede hacernos recorrer los caminos que necesitamos para aprender. La medicina visionaria de nuestra selva tiene sus legítimos Dueños. Para los shipibos, estos espíritus reciben el nombre de Chaykonibo e Inka. Se trata de los espíritus de nuestros antepasados, de los sabios médicos de antaño. Nuestros abuelos nos enseñaron cómo vincularnos con ellos, de qué manera hablarles, cuál es el modo apropiado para empezar a trabajar con esos grandes médicos espirituales, cómo abrir sus mundos, recibir sus conocimientos y convertirnos en instrumentos refinados de la medicina. Y es que ellos mismos son nuestros padres, nuestros lejanos parientes, a quienes amamos y de los que recibimos apoyo y guía. Y toda esa sabiduría que tuvieron esos grandes seres y que les permitió vivir bien, en equilibrio y con gozo interior, les fue dada por Dios. Nada es el hombre que carece de Dios. Cuando nos abrimos al aliento de su Espíritu, Él regenera nuestra vida y nos eleva en su bondad.

NISHI NETE MEDICINA TRADICIONAL


Percibe

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Una oración matutina y la llamada de la Tierra

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l mundo está colmado de la grandeza de Dios. Existen muchas maneras diferentes de rezar; en palabras de Rumi, “hay mil maneras de arrodillarse y besar la tierra”. Hace poco escribí sobre el sentirme atraído a la oración interior, pero hay otra forma de oración que viene a mi encuentro cada mañana temprano. Paseando a lo largo de los humedales, veo las alas de una garza que se elevan desde el agua, blancas y brillantes. Vuela y se posa más lejos en la temprana luz gris, y yo soy despertado de una manera muy diferente a como lo hago con mi primera taza de té caliente. Después de ver sus alas blancas, veo el mundo más claro, y las rosas silvestres más brillantes y más rosadas mientras se derraman por una cerca. Siento, huelo, oigo y veo de una manera diferente: estoy más presente. Siempre me gustó y necesité pasear por la mañana temprano. Después de levantarme, de meditar y tomar té caliente, entonces salir fuera, sentir, percibir el mundo antes de que empiecen las exigencias del día. Incluso cuando vivía en la ciudad, solía correr o ir en bicicleta por la mañana temprano, necesitando esta conexión, este ver el mundo a mi alrededor antes de que los asuntos del día ahogasen demasiado a menudo toda calma. Durante los últimos veinte años he vivido en la naturaleza —una bendición inesperada—, y al dar el mismo paseo todas las mañanas, cada día solía ser diferente, la luz, la llamada de los pájaros, el modo en que el viento movía una hoja. Hace poco nos mudamos, no muy lejos, pero mi paseo matinal es distinto, a lo largo de un humedal más que entre los árboles, y así el paisaje del encuentro matinal es muy diferente. Y sin embargo, la esencia de la oración temprana es la misma: el encuentro con lo sagrado alrededor mío. Mientras que la meditación me lleva hacia dentro a un silencio interior y vacío esenciales, caminar por la mañana temprano es una oración. En la oración hay un reunirse: me reúno con el Uno en sus muchos colores, sonidos y olores, y me postro ante Él. Desde luego, muchas mañanas me olvido y me llevo mis pensamientos a caminar conmigo. Pero entonces me lo recuerdan, como hoy cuando las alas de la garza destellaron blancas, y me despierto de mí mismo y veo más claramente los colores, los sonidos, la belleza, lo divino. Una vez más me sintonizan con cómo “el mundo está colmado de la grandeza de Dios”.

Toda oración en la que haya un encuentro verdadero, una relación real con lo divino, está siempre cambiando. Lo mismo que cada día es diferente, a veces niebla (vivimos junto al océano), a veces sale el sol, a veces luz brillante, también cambian los estados de oración. A veces, el encuentro por la mañana es más íntimo, mi corazón canta, siento una profunda unidad con lo que está alrededor mío. Últimamente siento una llamada, como si la Tierra me necesitara, necesitara mi atención. Quiere atraerme a una conciencia más profunda, a que me reúna con ella no solamente en la superficie, en medio del resplandor de sus colores y sonidos, sino en su alma interior, en las profundidades de su ser sagrado. En esos momentos hay una sensación de que la oración de mi paseo matinal no solo es para mí, sino también misteriosamente para algo en la naturaleza, que la Tierra necesita este encuentro en oración. Esas mañanas temprano son para mí un recuerdo profundo de lo sagrado en la creación, en el mundo alrededor. Es un momento muy privado, nadie está cerca. Trato de no permitir que aparezcan las formas de pensamiento o exigencias del día. Pero ha llegado una sensación cada vez mayor de que la Tierra necesita el recuerdo —es una llamada a mi conciencia de su naturaleza divina—, que necesita mi oración.

Pensamos siempre que nuestra oración trata de nosotros, de nuestra necesidad de la Divinidad. Y desde luego es verdad: la oración nace de la necesidad. Cada mañana, bajo la necesidad de recordar, de reconectarme con un milagro que está alrededor mío, existe también una verdad más profunda: que la Divinidad necesita nuestro recuerdo. La Divinidad nos llama de muchas maneras a lo largo del día, a lo largo de nuestra vida. Y nuestra oración es una respuesta a Su llamada. Como dijo Rumi: “Nunca supe que Dios también nos deseaba”. Y ahora la Tierra está llamando. Lo puedo sentir por la mañana temprano, en el blanco resplandor de las alas de la garza, en la fragancia de las flores silvestres. La Tierra necesita que recordemos su naturaleza divina, necesita nuestras oraciones. Algo sagrado en el mundo está muriendo y necesita nuestra atención. ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir nuestra profanación de la cultura, nuestro pillaje y contaminación, nuestro profundo abandono de su naturaleza divina? Lo mismo que el mundo me ayuda a despertar cada mañana, se nos necesita para ayudar al mundo a despertar de esta pesadilla que llamamos materialismo. El alma del mundo nos está llamando. Se necesitan nuestras oraciones por la Tierra. Fuente: THE GOLDEN SUFI - LLEWELLYN VAUGHAN-LEE

SE NOS ANDA OLVIDANDO QUE RESPIRAMOS EL ALMA VERDE DE LOS ÁRBOLES – JEAN GIONO


Preserva

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Cerro Campana y los templos y ritos mochicas

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l reconocimiento y peregrinaje a las montañas sagradas fue uno de los patrones culturales más remotos de la humanidad; las tribus que se dispersaron ubicaron en las regiones que fueron poblando, en sus parajes y paisajes sagrados, escenarios de mitos y rituales. Para las primeras sociedades los templos fueron miniaturas de montañas sagradas, pero mientras que en el Viejo Mundo las funciones de la arquitectura y la religión se apartaron rápidamente de los montes y de la vitalidad de la madre natura, en América, y especialmente en el antiguo Perú, la presencia de los Apus fue el gravitante eje de la identidad social. Como mencioné en un primer aporte a esta revista, mi signo y sino de arqueólogo terminó por afinar un innato asombro por el paisaje. Desde niño las colinas coloridas del desierto me atrajeron más que la excavación. La mudanza de Trujillo a Lambayeque y las visitas constantes a la familia; por último, los estudios universitarios en Trujillo me familiarizaron con las colinas lindantes a la carretera: cerro Reque, Guitarra, Chepén, Chilco y Campana se visualizan como grandiosas entidades olvidadas, usurpadas por la ceguera de la población. Retomando la carrera de arqueología, con el ánimo maravillado por largas prospecciones en cerros lambayecanos como Ventarrón, la Cal, Eten, Pampagrande y Túcume, me propuse “redescubrir” el Apu Campana, puerta del valle de Moche. Entrando a Trujillo, al caer la tarde, miraba sobrecogido la montaña vertical que se alza al occidente; casi mil metros de altura ocultan el sol al paso del autobús; en otro tiempo la misma impresión de solemnidad alentaba a las caravanas que a ese valle glorioso entraban. La ruta de acceso visible era la muralla Chimú en los extramuros de la expansión

urbana, alto paramento que cercaba la entrada norte del valle. Traté de reunir acompañantes, al menos uno para no extraviarse. Hendrik, el más aventurero y despierto se apuntó de inmediato; el resto no se animó por cautela pues se tejían historias de peligro en torno al cerro cuyo erguido perfil amedrenta. Llegamos a la muralla. El día nublado dejaba ver solo pocos metros de la altura del cerro y la muralla parecía un camino a las nubes. Cuando terminó, seguimos por un camino de zorro surcado entre tilladnsias. Las hojas gris verdusco aterciopeladas cargadas de rocío parecían surgir de la niebla. Con el mismo color, como cristales, las bromelias cambiaban de forma y tonalidad a medida que ascendíamos; una escarpa nos cerró el paso. Sobre la cara de piedra crecían platinados cactus lanudos y fosforescentes líquenes, una cantidad asombrosa de caracoles pastaba en ese micromundo semejante a un arrecife submarino. Las lomas del cerro escalonan la síntesis de varios ecosistemas. Descifrar la naturaleza de ese orden tangible fue la clave de la ideología, ritos y relatos míticos de las antiguas civilizaciones del valle. De ese conocimiento integrado, acumulado, semejante al de nuestra reciente ecología, decantó el cuerpo de leyes cosmológicas que regían la sociedad. En esa frontera frente al océano, donde se une el cielo con la tierra, los mochicas vislumbraron la última realidad: la vida surge espontáneamente como un acto perenne, niebla y roca, agua fecundadora y tierra fértil, con movimiento ondulante, como una ola. En el inicio de la cadena aparece el caracol del cerro, como en el mar, concha pétrea y espiral que contiene el cuerpo líquido y retráctil, naturaleza primera opuesta a los órdenes de vida con endoesqueleto. La revelación del “misterio” de la vida se hace tangible en el tiempo y espacio sagrado, por esto la ubicación y más aún la forma

del cerro Campana, con cinco picos simétricos semejantes a un puño alzado o una concha Spondylus, determinaron su relevancia simbólica e iconológica. El cerro fue concebido por los mochicas bajo la misma óptica con que los incas después usaron el término Pacarina, como lugar de origen de la vida. Consultando a biólogos de la Universidad Nacional y al recordado Abundio Sagástegui, el cerro registra una compleja distribución de orquídeas, bromelias, agaves y cactáceas, especies de papa y tomate silvestre; quedando como interrogante la posibilidad de especies vegetales que pudieron ser introducidas. En cada ascenso, la sensación que se renueva es progresión de los ecosistemas: la vida surge del desierto absoluto a la loma enmarañada. Durante el invierno, con la densa neblina, una variedad de plantas suculentas cubren progresivamente la falda y a mediados de agosto florecen cubriendo de violeta extensas dunas del zócalo; más arriba, a mitad de la pendiente, las cactáceas se tornan amarillentas y compiten con flores estacionales de dorados pétalos; en la cima entre profundas quebradas los agaves de puntas rojizas y bromelias púrpuras tienen flores y escapos encarnados; en cada nivel insectos de vivos colores se agrupan bajo el mismo arcoíris esencial: gusanos y escarabajos morados, dos variedades de arañas plateadas que tienen en el abdomen una configuración de forma y contrastes amarillos y negros semejantes a la cabeza de la deidad mochica; los animales mayores suben y bajan la escalera, son miméticos – cripsis disruptiva–, del color de la roca como la serpiente, zorro y puma, águila y búho. La “lectura” mochica codificó en la naturaleza una red de paralelismos y metáforas que enlazaban el mundo natural y sobrenatural, social y mítico3. Subí muchas veces solo, dispuesto a llegar a lo más enmarañado y gastar

Nacho Alva

el carrete de diapositivas (el amor a la fotografía de naturaleza antes de la cámara digital era muy sacrificado). El grito emocionado al pie del cerro devuelve cinco ecos desde cada pico. La quebrada más agreste que recibe de lleno la niebla cuánta vida exuberante alberga. Una vez caminando entre los agaves la hojarasca empezó a ceder: en las partes más altas y estrechas las plantas han tejido un falso piso entre quebradas profundas. El temor a extraviarse detiene el ímpetu. Subiendo con amigos tenemos muchas historias comunes. Varias veces con Mariella, condiscípula y condescendiente compañera, pernoctamos a la intemperie, sin carpa, y alguna vez en una cresta. La única alternativa contra la niebla helada fue mantener vivo el fuego: la sobrevivencia revive el instinto original; paradójicamente desde allá las brasas son semejantes a la luz de la ciudad que se extiende a lo lejos. Una vez la niebla se despejó antes de dar un paso en falso sobre un abismo vertical al final de una cuesta. Otra vez estuvimos muy cerca de una víbora: advertencias. La natura es drástica pero inocente y sabia como todo dios. Aun así, lo que conocemos del cerro es la sombra de lo que fue en la época de los mochicas. El bosque de algarrobo original fue talado desde la colonia, venados, pumas y osos fueron cazados hasta hace cincuenta años atrás. En los 90, cuando en Huaca de la Luna se descubrieron sacrificios humanos al pie de la roca situada al centro del templo, se pudo hilvanar el cruento ritual con las escenas de sacrificios de las montañas de cinco picos figuradas en la cerámica mochica; Steve Bourget, el arqueólogo que excavó el osario, sugiere que existía una relación de interdependencia entre las Huacas del Sol y de La Luna; en La Luna celebran sacrificios y ritos a la montaña, la luna, el mar y el poder sacerdotal que regía los ciclos naturales. El derramamiento

SABRÁS EN EL MOMENTO DE LA COSECHA QUE LA PEREZA NO ES SEMBRAR – SAADI DE SHIRAZ


Preserva de sangre de guerreros sobre la roca sacrificial, seguido de seccionamiento de cuerpos, canibalismo y exposición a las aves carroñeras y, finalmente, el “sembrado” de los huesos, eran actos basados en pasajes míticos referidos a las analogías entre el sacrificio y ciclo agrario; el rito de transición renovaba el tiempo en plena crisis climática; antes de la remodelación del templo se propuso que en Huaca del Sol los sacrificios estaban dirigidos a las deidades solares encarnadas por los señores de la guerra ritual. Sin embargo las representaciones escultóricas en cerámica de montañas de cinco picos idénticas al cerro Campana con sacrificios en la cima, o de escaleras y olas como símbolos de la montaña y sacrificios equiparados al ciclo del agua, o de una montaña coronada por arcoíris fueron entendidas como idealizaciones del cerro Blanco que cobija a Huaca de la Luna o del afloramiento de la roca sacrificial en la plaza elevada del templo. Se sugirió que se realizaron sacrificios femeninos en el cerro Campana de la manera explícita que figura en las vasijas, pero hasta el momento no se hizo esfuerzo por hallar la evidencia en el amplio paisaje. El hallazgo reciente de una roca de forma escalonada en la cima corroboró el expreso simbolismo que relaciona el escalón, los templos y las montañas; concepto que tiene raíces muy antiguas y extensas. Actualmente ante los peligros de invasión y lotización la comuna trujillana asumió la defensa del cerro, la Universidad Nacional y los colectivos de protectores de la naturaleza se unieron y lograron despertar la identidad alrededor del Apu tutelar. El cerro Campana como hito del paisaje establecía asociaciones con el cerro Blanco, los templos El Sol, La Luna y El Brujo, alineamientos, formas y símbolos gravitantes para las sociedades de Chicama y Moche; un reto para la arqueología descifrar la urdimbre. Las excavaciones revelan pistas y detalles de una complejidad fastuosa. En los templos, como en la montaña sagrada, se revelaba la última realidad. La vida surge en las colinas por precipitación de la niebla, entonces en los templos se entregaban ofrendas de conchas sagradas del mar ecuatorial que como complementariedad representaban

13 la dualidad primordial: el Spondylus, bivalvo rojo, representaba el aspecto femenino vinculado a la carne, su apertura vertical se asociaba a la forma escalonada, como contraparte el univalvo Conus, un caracol blanco simbolizaba el aspecto masculino, óseo y circular. Convertido en trompeta con un corte apical su sonido se elevaba sobre el templo como acto emblemático. La ceremonia de sacrificio recreaba el juego de metáforas y paralelos absolutos: sexualidad, menstruación, concepción, ciclo lunar y repunte fluvial; con los sacrificios culminaba el ciclo ritual de los guerreros dispuestos, la hazaña final, su trasmutación en ofrenda humana y pertenencia al templo, su

figurada de vencidos atados por una soga, en el segundo nivel personajes tomados de las manos crean la acción antagónica, en el tercer nivel una araña bicéfala separa el mundo natural de los niveles superiores divinos, compuestos por criaturas míticas agrupadas en parejas, los atributos antropozoomorfos configuran en uno rasgos más animalizados y en el otro humanizados; en la cima los prisioneros llegaban a una última plaza elevada alrededor del afloramiento rocoso sacrificial. Los murales mostraban rombos de una red metafísica con la cabeza de la deidad, sus volutas en la cabeza y cuello unen las dos parcialidades, la red era símbolo de la apropiación social

retorno a la roca original. Suerte de olimpiada mística, el acto heroico restablecía el orden enfrentando a los guerreros selectos de cada región y clan. La guerra y la muerte revestidas de hálito sagrado no se desbordaron en conquistas violentas, sino que reunieron a las comunidades en torno a sus protagonistas; tensión alrededor de la muerte fundada en el reconocimiento del origen de la vida. Imágenes de ascensión, muerte y transformación en las fachadas escalonadas de las Huacas de la Luna y de Cao eran el correlato mítico de los “reinos” y “niveles” de la naturaleza tangible en el cerro Campana. Los prisioneros llegaban al primer nivel del templo uniéndose a la procesión

y cosmograma esencial. Durante la procesión de los prisioneros, el cerro Blanco que cobija al templo se imponía al este, solo al girar sobre la roca sacrificial miraban al noroeste al cerro Campana, su forma de puño estaba replicada en el garrote de algarrobo que portaba el verdugo y que les partiría el cráneo derramando sangre sobre la roca; la conciencia social de la muerte se validaba en el mito y el rito. El cerro Campana y la macana eran los espejos que reflejaban las facetas y parábolas del ciclo ritual que había comenzado con caza de caracoles y venados en el cerro. Los iconos en torno al simbolismo de la apropiación natural y social relacionados a deidades, arácnidos y redes, jugaban

LA NECESIDAD DE VERDAD ES LA MÁS SAGRADA DE TODAS – SIMONE WEIL

en la guerra ritual contra la ofrenda atada entregándola a la naturaleza idealizada por el templo: la sangre bañaba la roca como lluvia, la carne era preparada en chicha por mujeres como si el cuerpo fuera maíz. Así como la ingesta de caracoles separaba la parte carnosa de lo óseo, el sacrificio dividía las parcialidades, la carne desvestía el esqueleto. Evidencias de cortes en costillas para acceder al corazón y perforaciones en el cráneo para obtener el cerebro indicarían que la última escatología fue reunir los órganos duales: rojo cónico y blanco hemisférico, masculino y femenino, opuestos y complementarios de las conchas sagradas, el rito reunía la parábola final; buitres y moscas terminaban de elevar la carne y dejar huesos expuestos sobre los que se iniciaba el nuevo ciclo. En la época de crisis climática que terminó en el ocaso de los mochicas, ante el ineludible rigor del clima y la presión social, se desmanteló su cultura y se debilitó el culto al Apu que había concitado la última plegaria. Después el reino Chimú inició la era de las conquistas militares, la cultura concentrada en la persona del rey se caracterizó por una arquitectura de grandes plazas, mientras que los templos escalonados altos se extinguieron. Finalmente los incas recogieron la esencia y simplificaron el culto a la montaña sagrada, realizando ofrendas en estas sin templos intermediarios en las regiones dominadas. Con la Colonia, como una noche aciaga, se extendió la visión minero mercantil sobre el territorio y los paisajes sagrados. Diluida la forma, la alegoría y el milagro de la vida, la sociedad avanza con ceguera de bestia; los símbolos se revierten, signos apocalípticos coronan las testas desbocadas que destruyen el más sagrado legado; me pregunto si el siglo XXI se salvará revitalizando la antigua sacralidad de la naturaleza. Si la claridad es eterna, elevada y tangible porqué no salimos del pozo, pues salir implica convicción pero esta procede de la pasión y el credo. Si supiéramos que no hay templo más grande que el abrigo de la montaña ni acto más fabuloso que la vida… Lo vieron, lo vi, muchos lo ven y verán. El tiempo se renueva por la fuerza de las visiones.


Descubre

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No se puede contar el sabor de la sopa Trabajar armoniosamente con la gente, con cortesía, respeto y buenos modales es un prerrequisito para cualquier logro en el desarrollo humano. Es tan simple y tan difícil como eso. Los cambios que necesitemos ver en el mundo llegarán, es responsabilidad de quienes pueden – sienten, perciben el impulso– realizar su trabajo obrando en primer lugar sobre sí mismos. De entrada, la gente necesita familiarizarse con determinada información. Los mayores obstáculos para nuestro desarrollo son la ira y el miedo. Sin antes alcanzar equilibrio interno no estaremos equipados para movernos hacia delante de una manera armoniosa y funcional. Siempre debemos empezar por nosotros mismos. Creer que vivimos al margen del mundo de los humanos no es otra cosa que vanidad. Cada uno de nosotros es una parte del mundo y por tanto estamos obligados a continuar y trabajar en la esfera humana. Es la senda más difícil y al mismo tiempo un camino que no debe olvidarse. El cambio debe llegar gracias a la participación humana así como merced a otros medios. Cada individuo es un agente de cambio, o tiene el potencial de serlo. No conviertas las cosas en problemas, hazlas objetivos. Un chamán dijo una vez: “Un guerrero vive actuando, no pensando en cómo proceder, ni en lo que pensará cuando haya terminado de hacerlo”. Hoy día, los agentes de cambio son los nuevos guerreros, como corazones en acción más que mentes en abstracto, pero esta acción no exige manifestarse físicamente contra el sistema impuesto; en su lugar invoca un empuje energético –un impulso profundamente sentido– hacia una manera alternativa de ser. Nuestro propósito no es ser agresivos sino, más bien, creativos. Estamos entrando en una era mundial de mayor responsabilidad, no solo en lo que respecta a nuestras acciones individuales sino además a cada pensamiento, emoción, intención y expresión energética. Cada vez más lo que manifestamos

internamente se convierte en parte del mundo externo; por eso, se nos alienta a “convertirnos en el cambio que queremos ver”. Cada quien puede participar poniendo de manifiesto la transformación que desea contemplar en el mundo que le rodea. Esto no es algo metafísico u oculto: se trata simplemente de cómo funciona nuestra relación integral con el mundo. Este vínculo resulta cada vez más aparente para un número creciente de personas a medida que más y más individuos despiertan al poder de cambio que es inherente al mandato de responsabilidad personal. Cada uno ayuda a apoyar, renovar y revitalizar el mundo mediante sus propios diálogos internos independientes. Sería útil que pudiésemos consolidar nuestra narrativa interna con una intención unificadora y coherente. ¡Vaya, eso ya sería algo! Es importante dónde se enfoca la atención. Hacernos desdichados consume prácticamente la misma energía que hacernos fuertes, es sólo cuestión de énfasis personal, es nuestro deber equilibrar la naturaleza crítica de nuestra situación mundial con la alegría, el asombro y el honor de estar vivos en este momento. Nadie nace completo o autorrealizado, pero cada uno llega al mundo con la capacidad de lograrlo. Cómo escogemos llegar a ser y crecer descansa en gran medida en lo que hacemos de nosotros mismos en las circunstancias dadas. Lo que decide qué llegamos a ser no es tanto lo que nos pasa sino más bien cómo respondemos ante esas coyunturas.

Kingsley L. Dennis

No intentes controlar las cosas; eso solo aportará más ansiedad a tu vida. Confía en esos movimientos internos que las circunstancias vitales pondrán de manifiesto. La confianza acoge un elegante diseño de lo que ya está por ser. Estamos llamados a responder de modo diferente al mundo que nos rodea —no con miedo o ansiedad, inquietud o aprehensión, sino con solidez, energía, flexibilidad creativa e intenciones positivas. El mundo en que vivimos es una ecología de la que formamos parte, debemos aprender a respetarlo, a sentirlo y a desarrollar nuestras vidas a su alrededor. Ser receptivo de una manera funcional y al mismo tiempo compasivo, con comprensión y conocimiento, acción e inacción, esfuerzo y paciencia, es nuestro deber. Tenemos que aprender cuándo hacer y cuándo ser. Si vivimos nuestras vidas de una manera puramente externa, sin una dimensión interna, careceremos del desarrollo completo y total de las cualidades necesarias para el nacimiento de un futuro armonioso y sostenible. La sinceridad, con los demás y con uno mismo, es una de las pocas herramientas con las que contamos para ganar nuestra libertad personal.

Los retos son simplemente eso y la vida es un desafío constante que nos ayuda a crecer dentro de las influencias si no nos entregamos a las quejas y los arrepentimientos. Prolongando demasiado tiempo nuestros propios juicios obstaculizamos nuestro camino hacia delante. La autocompasión disminuye nuestra energía y nuestra capacidad para ser una fuerza activa en el mundo. La autoindulgencia distrae a la persona de lo que realmente puede alcanzar cuando se siente libre para enfocar y concentrarse en su intención.

HAY UN MOMENTO EN QUE LAS COSAS SE ALINEAN POR SÍ MISMAS Y COOPERAN – RUMI


Aprende

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Detener, serenar, descansar y curar

L

a observación profunda nos proporciona la clara visión y nos libera del sufrimiento y las aflicciones. Pero sin detenernos no podemos tener una clara visión.

Muchas veces la energía de nuestros hábitos nos arrastra sin que podamos hacer nada por evitarlo y no sabemos a dónde nos lleva. Siempre estamos corriendo, se ha convertido en una costumbre. Estamos en guerra con nosotros mismos y podemos iniciar fácilmente una guerra contra los demás. Debemos aprender el arte de detenernos, de impedir que nuestros pensamientos, la energía de nuestros hábitos, nuestra falta de atención y las fuertes emociones nos sigan dominando. ¿Cómo detener el miedo, la desesperación, la ira y el deseo que sentimos? Podemos lograrlo haciendo la práctica de respirar, andar y sonreír conscientemente, observándolo todo a fondo para poder comprenderlo. Cuando somos conscientes y vivimos profundamente el momento presente, los frutos son siempre la comprensión, la aceptación, el amor y el deseo de aliviar el sufrimiento y proporcionar alegría. Pero la energía de nuestros hábitos es a menudo más fuerte que nuestra voluntad. Decimos y hacemos cosas que no deseamos, y más tarde nos arrepentimos. Nos causamos sufrimiento a nosotros mismos y a los demás. Nos prometemos no volverlo a hacer pero reincidimos nuevamente. Necesitamos la energía de la plena consciencia para reconocer y estar atentos a la energía de nuestros hábitos en el momento en que se manifiesta. La consciencia nos permitirá evitar que los hábitos nos dominen. Bebemos una taza de té pero no somos conscientes de que la estamos bebiendo. Nos sentamos junto a la persona que amamos pero olvidamos que está allí. En vez de vivir el momento estamos en otro sitio, pensando en el pasado o en el futuro. Debemos iluminar con la luz de la consciencia todo cuanto hagamos para que la oscuridad que provoca la falta de atención desaparezca. La primera función de la meditación es Detener. La segunda función de la meditación es Serenar. Cuando experimentamos una fuerte emoción, sabemos que puede ser peligroso actuar, pero no

tenemos la fuerza ni la claridad suficientes para evitar hacerlo. Debemos aprender el arte de inspirar y espirar serenando nuestras emociones. Debemos ser sólidos y estables como un roble, al cual la tormenta no puede llevarlo de un lado al otro. Buda enseñó muchas técnicas para serenar el cuerpo y la mente y observarlos profundamente. Se resumen en 5 etapas. 1- Reconocer si estamos enojados. 2- Aceptamos lo que sentimos. 3- Abrazar nuestra ira con la consciencia. 4- Observar profundamente, una vez que nos calmamos, qué es lo que provocó nuestra ira. 5- Obtener una clara visión de las causas y condiciones primarias y secundarias que ocasionaron nuestra ira. La tercera función de la meditación es Descansar. Cuando meditamos sentados debemos sumergirnos de forma natural hasta el fondo de nuestra postura de meditación, descansando sin ningún esfuerzo. Debemos aprender el arte de descansar dejando que el cuerpo y la mente se relajen. Si tenemos heridas

en el cuerpo o en la mente, debemos descansar para que puedan curarse. La meditación no tiene que ser una ardua labor. Deja que tu cuerpo y tu mente descansen, no luches, no hay necesidad de alcanzar nada. Buda dijo: “Mi Dharma es la práctica de la no práctica”. Practica de modo que no te canse, de una forma que brinde a tu cuerpo, a tus emociones y a tu consciencia una oportunidad para descansar. Al decir: “practica de modo que no te canse” me refiero a toda actividad que realicemos, no solo al acto de meditar. Nuestro cuerpo y nuestra mente tienen la oportunidad de curarse a sí mismos si les permitimos descansar. Detenerse, serenarse y descansar son las condiciones previas para la curación. Si no logramos detenernos el curso de nuestra destrucción seguirá en marcha. Fuente: EL CORAZÓN DE LAS ENSEÑANZAS DE BUDA – THICH NHAT HANH

CUANDO LE PREGUNTARON A BUDA SI ERA UN HOMBRE O UN DIOS, SIMPLEMENTE RESPONDIÓ: “ ESTOY DESPIERTO”


Inspira

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El banquete del Mago Había una vez un Mago que edificó una casa cerca de un pueblo grande y próspero. Un día invitó a cenar a todos los habitantes del pueblo.

Así que el Mago se transformó en paloma, luego en halcón y finalmente en dragón. La gente se volvió loca de entusiasmo.

-Antes de comer- dijo-, habrán algunas diversiones.

Él volvió a preguntarles y ellos quisieron más. Y lo tuvieron. Luego les preguntó si querían comer y ellos dijeron que sí querían. De modo que el Mago, usando sus poderes mágicos, hizo que sintieran como si estuviesen comiendo, distrayendo su atención con una serie de trucos.

Todos estaban encantados y el Mago les ofreció un espectáculo de magia de primera calidad, con conejos saliendo de sombreros, banderas que aparecían sin saber de dónde y unas cosas que se transformaban en otras. La gente estaba embelesada. Entonces el Mago preguntó: -¿Os gustaría cenar ahora o preferirías más entretenimientos? Todos pidieron entretenimientos, porque nunca antes habían visto algo similar; en casa había comida pero jamás algo tan excitante como esto.

La comida imaginaria y el entretenimiento continuaron durante toda la noche. Al amanecer, algunos dijeron: -Tenemos que ir a trabajar. Así que el Mago les hizo imaginar que iban a su casa, se preparaban para trabajar y que, de hecho, pasaban

el día trabajando. En pocas palabras, siempre que alguien decía que tenía que hacer algo, el Mago primero le hacía pensar que iba a hacerlo, luego que lo había hecho, y finalmente que había vuelto a casa del Mago. Al cabo de un tiempo el Mago había hechizado de tal manera a las gentes del pueblo que solo trabajaban para él mientras que ellos pensaban que seguían con sus vidas habituales. Siempre que se sentían algo inquietos él les hacía pensar que habían vuelto a cenar a su casa y esto les resultaba placentero y les hacía olvidar. Y, al final, ¿qué paso con el Mago y con la gente? ¿sabes qué? No puedo decírtelo porque él todavía sigue atareado haciéndolo y la mayoría de la gente continúa estando bajo su hechizo. Fuente: TRADICIÓN SUFÍ

La lluvia. Acrílico sobre lienzo. 150 x 150 cm. 2015.

DADO QUE TODO NO ES SINO EXACTAMENTE LO QUE ES UNO BIEN PUEDE ESTALLAR EN CARCAJADAS – LONG CHEN PA

El Ojo Interior 4ta edición  
El Ojo Interior 4ta edición  

Publicación trascendental para el Despertar del Ser Humano

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