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THELMA, TELMO Y LOS DEMÁS Jorge del Río


THELMA,TELMO Y LOS DEMÁS Autor: Jorge Del Río

Ilustraciones: Francisco Hernández Malán Ayudante de cátedra: Ezequiel Iloro

Materia: Lenguaje Visual III

Trabajo Práctico N° 3: Libro ilustrado UNLP Facultad de Bellas Artes

Año: 2012


A Manuel


Thelma y Telmo estaban cansados de esperar y esperar el colectivo todas las ma単anas.


Para colmo, despuĂŠs tenĂ­an que viajar apretujados y a los barquinazos.


Entonces un dĂ­a se decidieron y, con algunos ahorros que tenĂ­an, se compraron una patineta de dos plazas, o sea para cuatro pies.


Y allĂĄ van, impulsĂĄndose primero con uno de los pies de cada uno, perfectamente sincronizados, para despuĂŠs hacer equilibrio sobre la tabla,


al principio vibrando sobre el ripio del callejĂłn de Bello, despuĂŠs deslizĂĄndose suavemente sobre el pavimento de la ruta.


Enloquecen de placer sintiendo el viento en las caras, los cuerpos levemente inclinados hacia adelante, los brazos apenas extendidos

a los costados, las manos como alitas;

aunque a veces Telmo, que siempre va detrĂĄs, se molesta por los chicotazos que recibe en su nariz de la bufanda de

Thelma, ella siempre tan coqueta y encariĂąada con algunas prendas, que las usa y las usa hasta que se desintegran.


Día a día mejoran su técnica y viajan más veloces, especialmente cuando encaran la Cuesta de los Andes. Entonces los ojos se les achinan, las mejillas se les deforman por el viento y los corazones les brincan de alegría.


Los caminantes, y hasta los automovilistas, ven pasar la rรกfaga en que se han convertido Thelma y Telmo desde que andan en patineta.


Tan ráfaga son que los vecinos ya casi están olvidando sus rostros, de tanto sólo ver esa estela de colores fugaces que recorre todas las mañanas la calle San Martín de punta a punta para a veces, hay que reconocerlo, terminar dándose un remojón no deseado en el lago, ya que todavía no han logrado una buena técnica de frenado.


Por alguna extraĂąa complicidad generalizada los habitantes del pueblo hacen como que no ven esos chapuzones

descontrolados. Prefieren que Thelma y Telmo

sigan siendo esa rĂĄfaga de colores que les ilumina el comienzo de cada dĂ­a.


Thelma y Telmo parte del aire que todos respiran.



Thelma, Telmo y los demás