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Domingo, 5 de agosto de 2012 El primer domingo de cada mes la entrada al Museo del Louvre es gratuita, por lo que pensamos visitarlo y nos dirigimos temprano hacia la estación Palais Royal, haciendo transbordo en Concorde. Al llegar a esta estación nos encontramos con que la línea 2 abre hoy a las 10, así que decidimos ir andando desde la Place de la Concordia hasta el Louvre...

...y, aunque llegamos a las 915 h nos encontramos con una cola kilométrica, por lo visto más de uno ha pensado como nosotros.


Acordamos volver al museo mañana, aunque

tengamos que pagar.

Además nos imaginamos el tropel de gente que habrá ante las obras más emblemáticas.

Resolvemos hacer un cambio en nuestra agenda

y visitar hoy la Torre Eiffel.

Creíamos que todo el mundo estaba en el Louvre y nos encontramos que para subir a la torre las colas de los ascensores

también son enormes y avanzan poco., así que Reyes, Nieves y yo decidimos

subir andando hasta el segundo nivel donde la cola es mucho más corta. Juani se queda en un parque que hay a los pies de la torre.


675 escaleras para subir y otras tantas para bajar,


pero ha merecido la pena pues las vistas desde arriba son maravillosas y descubro que casi estoy curado del vĂŠrtigo.


De una altura de 320 m., la Torre Eiffel es un livianísimo entrecruzamiento de piezas metálicas unidas entre sí. Su extraordinario peso de siete mil

toneladas se apoya sobre cuatro enormes pilares con base de cemento. Consta de tres plantas: la primera de cincuenta y siete metros, la segunda de ciento quince y la tercera de doscientos setenta y cuatro. En cada una hay bares y

restaurantes para descanso del turista a la vez que te permiten contemplar

un paisaje único. Bajo la torre se extiende el verde y extenso Campo de Marte.


Comemos en un restaurante cercano a la torre y, como Reyes y Nieves quieren ver una exposiciĂłn de Tim Bartom, cogemos el metro en Bir-Hakeim hasta Bercy, a unas diecisiete estaciones. Hoy va de colas, otra cola kilomĂŠtrica y, encima, se pone a llover.


Juani y yo nos volvemos al hotel y tras coger los chubasqueros salimos a dar una vuelta por Pigalle, Place de Clichy, Cementerio de Monmartre y Boulevard de Clichy donde tomamos unos cafĂŠs y unos dulces.


Compramos fruta en un supermercado

y nos recogemos pronto, el cansancio

ya se va acumulando. Reyes y Nieves,

que han estado dos horas y cuarto en la cola bajo la lluvia,

llegan al hotel poco despuĂŠs que nosotros.


Lunes, 6 de agosto de 2012 Inaugurado a finales del siglo XVIII, el Museo del Louvre es el museo más

importante de Francia y el más visitado del mundo. Actualmente recibe más de ocho millones de visitantes cada año. Formado a partir de las colecciones de la monarquía francesa y las expoliaciones realizadas durante

el imperio Napoleónico, el Museo del Louvre abrió sus puertas en 1793 mostrando un nuevo modelo de museo, que pasaba de las manos de las clases dirigentes al disfrute del público general.

El Museo se encuentra alojado en el Palacio del Louvre, una fortaleza del siglo XII que fue ampliada y reformada en diversas ocasiones. Antes de que se convirtiera en museo, algunos monarcas como utilizaron el palacio como residencia real en la que acumulaban sus colecciones artísticas. Tras el traslado de la residencia real al Palacio de Versalles, el

impresionante edificio de 160.000 metros cuadrados comenzaría su

proceso de transformación en uno de los museos más importantes del mundo. En 1989 se construyó una pirámide de cristal que sirve como puerta de acceso.

La colección del Louvre comprende cerca de 300.000 obras anteriores a 1948, de las que se exponen aproximadamente 35.000.


La inmensa colección está organizada de forma temática en diferentes departamentos: desde la antigüedad egipcia, griega y romana a la oriental, de la escultura medieval a la moderna, de los objetos de arte a las inmensas colecciones de pintura.

Accedemos al interior desde el metro y, como es temprano, la cola es corta.

Sabemos que visitar todo el museo significaría pasar en él varios días,

así que seleccionamos las obras más famosas y nos pasamos toda la

mañana tras ellas. Por supuesto que entre las pinturas no pueden faltar:

la Gioconda de Leonardo da Vinci (la sala atestada), la Libertad guiando al pueblo de Delacroix y Las Bodas de Caná de Veronés, entre otras.

En cuanto a la escultura: La Venus de Milo de la antigua Grecia, el Escriba sentado del antiguo Egipto, la Victoria alada de Samotracia del periodo Helenístico y muchas más.


Antes de salir del museo nos pasamos por la tienda

y compramos varias cosas, entre ellas una lámina de

la Gioconda que pensamos poner

en el pasillo de La primera planta de nuestra casa.

Al montarnos en el metro una rubia con vestido blanco de flores tropieza conmigo. Extrañado me echo mano al bolsillo y noto que me falta la cartera,

levanto la vista y ya no está la rubia pero sí la cartera en el suelo del vagón.

La cojo y veo que esta todo, el DNI, la tarjeta bancaria, pero faltan los billetes, calculo que alrededor de los cien euros. ¡Increíble! En unos segundos me ha sacado la cartera del bolsillo, ha cogido los billetes, la ha dejado caer en el suelo y ha desaparecido, todo mientras entramos en el vagón. ¡Una malabarista!

Nos bajamos en Saint Michel y comemos en un restaurante griego, no puedo por menos que pensar el banquete que nos hubiésemos dado con los cien euros.


Volvemos a tomar el

metro y nos

vamos a Los Inválidos, un vasto

conjunto de

edificios que comprende el Hôtel des Invalides, el Domo y la iglesia de San Luís.

Toda esta construcción, ordenada por Luís XIV, estaba destinada a asilar a los viejos soldados inválidos que se veín frecuentemente obligados a

mendigar. En el jardín que precede

al Hotel se alinean cañones de bronce de los siglos XVII y XVIII. La fachada

tiene 196 m. de largo, cuatro órdenes de ventanas y un majestuoso portal

en el centro con un relieve en la parte superior que representa a Luís XIV

entre la Prudencia y la Justicia. Ya en el patio se observan los cuatro

flancos compuestos de dos pisos de arcadas. El pabellón del fondo es la fachada de la Iglesia de San Luís.


La fachada del Domo es una obra de elegancia y simetrĂ­a: sobre los dos Ăłrdenes de columnas coronadas por un frontĂłn se asienta el tambor con columnas pareadas en el que se yergue la esbelta cĂşpula decorada con guirnaldas y motivos florales.


Al salir de la iglesia, Juani, Reyes y Nieves de meten en la cafetería y yo me voy a ver la tumba de Napoleón. Para ello tengo que sacar, también, una entrada del Musée de L´Armée. Son cerca de las seis de la tarde.


Napoleón fue enterrado como un faraón egipcio, sus restos fueron encerrados en seis ataúdes: el primero de hierro, el segundo de caoba, el tercero y el cuarto de plomo, el quinto de madera de ébano y el sexto de encina.

Se los depósito luego en el gran sarcófago de pórfido rojo en la cripta especialmente proyectada por el gran arquitecto Visconti. Velan al emperador doce enormes Victorias

Y como para unir en la muerte a los que

la vida había separado,

se colocó a su lado al hijo, al rey de Roma, que la leyenda

nos presentó como el Aguilucho.


Al salir me voy corriendo al Musée de LÁrmée del que sólo me da tiempo de ver la sección correspondiente a la Edad Media, y ésta con prisas ya que me avisan de que el museo cierra a las seis y media.

Tras reunirme con Juani y las chiquillas nos vamos andando hacia la Torre Eiffel, que parece estar ahí mismo pero que tiene una hartá de andar.


Hacemos tiempo para el crucero por el Sena que tenemos contratado a las 9 de la noche, tomando unos cafés y unos crepes.

Elegir esa hora para el crucero fue un acierto. Navegamos desde la Torre Eiffel hasta más allá de la Isla de San Luís.

A la vuelta se nos ha hecho de noche y vemos París iluminado. ¡Fabuloso!


La Torre Eiffel parece un encaje de oro!


Como guinda, cuando estamos atracando a las 10 de la noche, toda la torre destella como un árbol de Navidad

y se oye un ¡Ooohhhh! general.

Nuestra última noche en París será inolvidable.


Martes, 7 de agosto de 2012 Mª Reyes tiene el deseo de ver el cementerio de Père Lachaise y hacia allá nos vamos. Es el cementerio más grande de París y uno de los más conocidos en el mundo. Está situado al este de París y tiene la peculiaridad de que muchos parisinos lo utilizan como si fuera un precioso parque.

Tras su apertura, el cementerio del Père-Lachaise ha sido ampliado en cinco ocasiones. Esto le ha permitido pasar de 17 hectáreas y 58 áreas a 43 hectáreas y 93 áreas, que contienen 70.000 tumbas, 5.300 árboles, centenares de gatos orondos y miles de pájaros que anidan en sus ramas.

El cementerio recibe en torno a dos millones de visitas al año.


El nombre dado al cementerio es un homenaje a François d’Aix de la Chaise(1624– 1709), conocido como el Père la Chaise, que fue confesor del rey Luis XIV de Francia.

El21 de mayo1804cementerio se abrió oficialmente para una primera inhumación, la de una pequeña de cinco años. Sin embargo, este cementerio no fue bien aceptado por los parisinos, que no querían ser enterrados en las afueras de París. Al ser transferidos al mismo los restos de algunos personajes de gran prestigio como Molière,


Con un plano nos dedicamos a buscar las tumbas de varias celebridades enterradas en él: Jim Morrison, Chopin, Gilbert Becaud, Oscar Wilde, Edit Piaf, Vodigliani, Gericault, Rossini…

Después cogemos el metro a Anvers, el funicular de Montmartre y volvemos al Sacré Coeur.


Volvemos a pasear por el barrio de Montmarte, buscamos un restaurante para comer y nos decidimos por una creperĂ­a, capricho de Nieves, empapelada hasta el techo con notas escritas por los clientes.

Yo conservo mis dudas sobre la higiene del lugar. CrepĂŠs salados y crepĂŠs dulces regados con una botella de sidra.


Ya repuestos seguimos callejeando de vuelta al hotel. Pasamos por el Moulin de la Galette.

En Montmartre hubo mรกs de 30 molinos de viento utilizados para moler el grano y prensar la uva; este es uno de los dos que se conservan.

En el siglo XIX se convirtiรณ en salรณn de baile e inspirรณ algunas obras de Renoir y Van Gogh. En la actualidad es un restaurante.


En nuestro callejear desembocamos en el

Boulevard de Chilly.

Cuando llegamos al hotel son las cuatro de la tarde y, con las maletas ya preparadas, esperamos el servicio que nos lleve al aeropuerto.

Tarda demasiado, mosqueo, Reyes llama y al buen rato se presenta una furgoneta, sin indicativo ninguno, conducida por un argelino. Sigue el mosqueo pero nos montamos, llevamos la hora justa.

Para colmo la autovía que conduce al aeropuerto está cerrada y el conductor nos lleva por unos barrios que no me gustan un pelo. Más mosqueo.

Por fin veo un indicador del aeropuerto Charles de Gaulle. Tranquilidad. ¡El viaje ha merecido la pena!

Llegamos con diez minutos de antelación a la factura del equipaje. Aterrizamos en Madrid pasadas las once de la noche.

El servicio del hotel nos recoge y dormimos de un tirón ocho horas seguidas.


De vuelta a casa decidimos parar en Aranjuez y visitar el Palacio. Juani y yo ya lo habíamos visto, pero no Reyes y Nieves. Es bonito pero, claro, después de ver el Louvre...

El Palacio Real de Aranjuez está situado a orillas del río Tajo.

Fue erigido por orden de Felipe II, quien le encomendó el proyecto al

arquitecto Juan Bautista de Toledo,

que murió durante su construcción, por

lo que su discípulo Juan de Herrera fue el encargado de rematar la obra.

En tiempos de Fernando VI se acomete una importante ampliación,

que continuará Carlos III dotándolo de unas alas que encierran el patio de

armas, tal y como se puede contemplar hoy en día.


Los inmensos jardines, proyectados para ensalzar la residencia real de la árida y seca meseta del centro de España, regados con las aguas de los ríos Tajo y Jarama, alcanzaron singular renombre gracias al Concierto de

Aranjuez, de Joaquín Rodrigo


Del Palacio destacan la Sala China o Gabinete de Porcelana, la Sala de los

Espejos, la รกrabe...


En la tienda del palacio compramos unos libros y unos llaveros. Juani y las chiquillas se quedan en los jardines, bajo la sombra de unos inmensos plátanos y yo me voy a ver el Museo de las Falúas.

En este museo de Aranjuez puedes ver varias embarcaciones de distintas épocas, las cuales fueron utilizados por reyes de España para navegar no sólo por el río Tajo, sino por otros lugares como el estanque del Jardín del Buen Retiro en Madrid.

Comemos en una terraza. El calor es agobiante. ¡Por fin me tomo un gazpacho!


Una semana en París 3  

Diario de un viaje a París

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