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Rue de la Bucherie donde encontramos la librería Shakespeare and Company en la que nos detenemos curioseando en sus abarrotados estantes.

Descansamos en la Place Rene Vivien que por lo que podemos observar es refugio de varios indigentes que aquí acampan.

Visitamos la iglesia de Saint Séverin es un ejemplo perfecto del

estilo gótico flamígero parisino que, desgraciadamente, suele pasar

Dsapercibida al quedar eclipsada por la Catedral de Notre Dame.

De hecho, están a unos 300 metros una de otra.


Lo más llamativa es la ingeniosa construcción de su doble deambulatorio, en el que se alza un magnífico palmeral de piedra.

Es hora de la cena (hora francesa) y volvemos al mogollón de restaurantes y todos quieren tentarnos con sus delicias. Cenamos en uno de ellos en la calle Saint Severin y hacemos hora para ver Notre Dame iluminada.


La espera ha merecido la pena, Notre Dame es preciosa de dĂ­a y de noche.

Por fin llegamos reventados al hotel, son las once de la noche y ni se sabe los kilĂłmetros que habremos hecho hoy.


Viernes, 3 de agosto de 2012 Hoy tenemos otra agenda apretada: Tullerías, Ópera, Campos Elíseos y Barrio de Luxemburgo. Así que volvemos a madrugar y cogemos el metro hasta

Tuileries, pues comenzaremos nuestro recorrido por los dos primeros barrios que en un tiempo fueron sede de la realeza y los poderosos.

Al salir del metro nos metemos en Jardin des Tuileries. Estos elegantes jardines se diseñaron en el siglo XVII como parte del antiguo palacio de las

Tullerías, durante casi un kilómetro a lo largo del Sena, entre el Louvre y la Place de la Concorde. Sus paseos tienen tilos y castaños, están atravesados

por un paseo central bordeado por grandes parterres ornados con esculturas.

Pasamos bajo el Arco del Carrousel que se levantó para celebrar las victorias de Napoleón de 1805. Me recuerda bastante al arco de Septimio Severo en Roma. Columnas de mármol rojo y blanco encuadran los tres arcos y cada una de sus caras es rica en bajorrelieves que evocan las victorias imperiales.

En su parte superior se colocaron los cuatro caballos dorados que Napoleón

hizo traer de la basílica veneciana de San Marcos, devueltos luego en 1815. Se los sustituyó por copias a los que se agregó una cuadriga con la estatua de la Paz.


Y llegamos a la gran plaza del Louvre en la que sobresale la gran pirámide de vidrio de Ming Pei, flanqueada por otras dos más pequeñas. Este inmenso palacio cuyos orígenes se remontan al 1200 es sede de uno de los mayores museos del mundo que pensamos visitar en unos días.

La Pirámide de vidrio y aluminio da acceso al Museo. Fue diseñada por el arquitecto Ieoh Ming Pei. De estilo internacional, esta pirámide de vidrio y aluminio fue inaugurada en el año1989 por el entonces presidente francés, François Mitterrand.


Pasamos al grandioso Patio Cuadrado donde destaca el pabellón central

formado por dos órdenes de columnas coronadas por un ático.

En su centro está el Pavillon de l´Horloge.

Son las diez de la mañana y estando en el Patio Cuadrado, nos atrae el sonido armónico de un carillón

hacia la iglesia de Saint Germain L´Auxerrois situada ante el frente

oriental del Louvre. En ella destaca

una torre campanario, de donde escapa el sonido, de estilo neo-gótico florido, erigida en 1860.


En la fachada se abre un profundo pórtico del siglo XV en estilo gótico, con cinco arcadas diferentes unas de otras, con columnas enriquecidas con estatuas. En lo alto, un bello rosetón bajo una cúspide.

Enfilamos la Rue Rivoli, la gran calle que une el Museo del Louvre con los Champs-Élysées. Se construyó en

tiempos de Napoleón y debe su nombre a la victoria del emperador sobre los austriacos en Rivoli. En uno de los lados de la calle, unas verjas han

reemplazado a los antiguos muros de las Tuileries, mientras que en el otro

hay edificios neoclásicos con arcadas

en las que se suceden comercios de lujo y tiendas de recuerdos.

Pasamos ante la extraña y llamativa boca del metro Pyramides


y por la Rue Castiglione llegamos a la elegante Place Vendôme, construida por orden de Luís XIV con la idea de que los edificios albergaran las embajadas extranjeras. Sin embargo los banqueros la ocuparon muy pronto y hoy

sigue siendo sede de entidades financieras y carísimas joyerías (hemos visto relojes que valen más que un piso).

En su centro se levanta la famosa columna en homenaje a Napoleón,

inspirada en la columna trajana de Roma. Su fuste está cubierto por una serie de bajorrelieves de bronce en

espiral, fundidos con los 1200 cañones tomados en Austerlitz, que inmortali-

zan la gesta napoleónica. En su vértice se levanta una estatua de Napoleón.

Continuamos nuestro paseo por Rue de la Paix y damos vista al más

grande teatro lírico del mundo y el

edificio más interesante de la época de Napoleón III, el Teatro de la Ópera.


Muestra variedad de estilos, desde el clásico al barroco, e incluye frisos de piedra,

columnas, estatuas y una cúpula verde de cobre.

El interior debe ser fastuoso

pero la agenda tan cargada no nos permite entretener-

nos, amén de lo que cueste la entrada.

Enfilamos el Boulevard des Capucines

para llegar a la Place de la Madaleine

donde se yergue un

templo griego en pleno París, la iglesia

dedicada a Santa María Magdalena.

Tiene la forma y la estructura del templo griego clásico; un alto basamento con su amplia escalinata repleta de flores en la parte anterior, una columnata y un frontón con el gran friso que representa el Juicio Final.


El interior consta de una sola nave, con un vestíbulo y un ábside

semicircular. Sobre el Altar Mayor aparece la Asunción de la Magdalena.

Al salir del templo la vista abarca toda la espléndida Rue Royale,

hasta el obelisco de la Plaza de la Concordia y el Palacio Borbón.

Incluso aparece al fondo la cúpula de los Inválidos.


Recorremos la Rue Royale y desembocamos en la enorme Place

de la Concorde. Esta histórica plaza

octogonal limita en uno de sus lados con los jardines de las Tullerías, y es el punto donde comienzan los

Champs-Élysées. Se construyó en el siglo XVIII y estaba dedicada a Luís XV, cuya estatua se dispuso en el

centro. Con la Revolución la estatua

se sustituyó por la guillotina con la que fueron ejecutados Luís XVI, María Antonieta y más de mil prisioneros.

En 1795 recibió su actual nombre.

El obelisco central mide 23 m. de alto y está adornado con jeroglíficos. Procede del templo de Luxor y fue un regalo de Egipto. Dos fuentes y ocho estatuas representan las principales ciudades de Francia.

En el lado norte de la plaza se hallan dos mansiones: el Hotel de la Marine y el Hotel Crillon.


Una impresionante vista se nos ofrece desde el centro de la plaza: Al sur, los Inválidos; al norte, la

Magdalena; al este, las Tullerías; y al oeste las Campos Elíseos con el Arco del Triunfo al fondo.

Decidimos tomar un café en la Rue Bossy dÁnglas. No son escoceses pero los camareros llevan falda, uno es de Motril y nos aclara que es el

vestido típico de no sé qué región de Francia.


Antes de meternos en los Campos Elíseos nos dirigimos hacia el Sena, al puente de Alejandro III. Tiene una sola arcada metálica y une la explanada de los Inválidos a los Campos Elíseos.

Fue construido para celebrar la alianza franco-rusa y lleva el nombre del zar Alejandro III. Guirnaldas floridas, faroles sostenidos por ángeles y ale-

gorías de genios marinos forman la rica decoración que embellece el puente.

Las alegorías del Sena y el Neva, que simbolizan Francia y Rusia, se apoyan sobre los pilares de la entrada del puente.


Y siguen las vistas emblemĂĄticas de ParĂ­s, la Torre Eiffel.


Buscando la avenida de los Campos Elíseos pasamos entre dos magníficos edificios, el Grand Palais a nuestra izquierda y el Petit Palais a la derecha Ambos fueron construidos con motivo de la Exposición Universal de 1900.

La fachada del Grand Palais es una ecléctica mezcla de forjado de hierro art noveau, columnas de piedra de estilo clásico y frisos. Techo de cristal y en las cuatro esquinas del tejado hay cuadrigas de bronce. Sus galerías albergan exposiciones temporales.

El palacio Pequeño está formado por un porche monumental coronado por una cúpula y flanqueado por dos columnatas. Aquí se ubica el Musée des Beax-Arts de la Ville de París.


Y llegamos a la avenida más famosa de París, los Campos Elíseos Aquí se

encuentran la residencia del presidente de la República, las casas de

moda más importantes, embajadas, consulados, hoteles de cinco estrellas, restaurantes famosos que se

alinean a lo largo de las espaciosas aceras repletas de una muchedum-

bre cosmopolita. Aprovecho cuando los semáforos dan paso a los peatones para fotografiar, al fondo, la mole del Arco del Triunfo.

Antes de llegar a él comemos en un restaurante italiano situado en una calle perpendicular a la gran avenida.

Al final de los Campos Elíseos se extiende la amplia plaza de Gaulle de la que parten como rayos doce arterias. En su parte media se levanta la mole pesada y majestuosa del Arco del Triunfo por voluntad de Napoleón que quiso dedicarlo a la Grande Armada.


En los frentes del arco se han esculpido grandes bajorrelieves,

de los cuales el más conocido y el más hermoso es el de la derecha

que mira hacia los Campos Elíseos y que representa la partida de los

voluntarios en 1792, conocido como “La Marseillaise”.

Las principales victorias

de Napoleón son recordadas en los

bajorrelieves mientras los nombres de sus grandes batallas aparecen grabadas bajo el arco.

Debajo se encuentra la tumba del Soldado Desconocido cuya llama brilla día y noche.

Mientras lo contemplamos nos sorprende una tormenta y nos

refugiamos

como podemos

en los lugares donde no nos

alcanza la lluvia.


Mientras sigue lloviendo cogemos el metro en Charles de Gaulle-Etoile y

nos vamos al barrio de Luxemburgo, estaciĂłn de Rennes. Al salir nos

encontramos con un sol esplĂŠndido ya que la tormenta ha cesado y nos metemos en un oasis de paz con

rincones verdes y silenciosos que forman el JardĂ­n de Luxemburgo.

Los jardines se disponen alrededor del Palais du Luxembourg con amplias terrazas que rodean un estanque;

uno de sus tesoros es la Fuente de los Medicis.


La flor mรกs preciosa de los jardines.

Aprovechamos las sillas desperdigadas por ellos para descansar un

rato y continuar nuestro deambular por esta hermosa ciudad.

Salimos de ellos por la Rue de Vaugirard y torciendo por la Rue Ferou


llegamos a la Place de Saint Sulpice, donde se encuentra la iglesia de Saint Sulpice.

Su fachada clĂĄsica presenta dos filas de columnas y dos torres diferentes. Continuamos por la Rue Mabillon donde se encuentra Halles Saint

Germain, un mercado que nos en-

contramos cerrado. Al final de la calle, torciendo a la derecha por la Rue du Four llegamos al Bulevard Saint Germain, el mĂĄs famoso de la orilla izquierda del Sena.

En su centro se encuentra la iglesia de Saint Germain des Près,

del siglo VI, aunque el edificio actual data del siglo XI.


Llegamos más allá de los famosos cafés Flore y Les Deux Magots, repletas sus terrazas,

y volvemos para coger la Rue de Buci y volver al boulevard por la Rue de l´Ancianne Comedie, donde se encuentra otro famoso café, Le Procope.

Callejeamos por la Rue Saint Andre des Arts y descubrimos un acogedor callejón, Cours de Commerce Saint André.. Volviendo al Boulevard de

Saint Germain le seguimos hasta el

metro Odéon para volver reventados

al hotel. Como en la misma calle hay un Carrefour, compramos unas

viandas y cenamos estupendamente, en una de nuestras habitaciones, por 16 € los cuatro.


Sábado, 4 de agosto de 2012 Hoy tenemos propuesto visitar el Museo de Orsay y los barrios de La Bastilla

y Le Marais. Tomamos el metro hasta Solferino y caminamos hasta el Museo de Orsay, al que la prensa ha definido como “El museo más bello de Europa”.

Se encuentra ubicado en una antigua estación ferroviaria que a punto estuvo de ser demolida. Por fortuna el entonces Presidente Pompidou la declaró

Monumento Nacional y se ocupó activamente para que se crease allí este museo que alberga una excepcional selección de obras impresionistas.

Como es temprano y ya tenemos las entradas, adquiridas por Internet, la cola por la puerta C es muy corta.


El Museo de Orsay es una pinacoteca dedicada a las artes plรกsticas del siglo XIX y mรกs en concreto del periodo 1848-1914. Cronolรณgicamente, este museo cubre la historia del arte entre los maestros antiguos (que estรกn en

el Museo del Louvre) y el arte moderno y contemporรกneo (en el Centro Georges Pompidou).


No permiten fotos en el interior, pero sĂ­ las hago desde los enormes relojes y la terraza de la cafeterĂ­a, para el interior tendrĂŠ que servirme de Internet.


Tras pasar una maĂąana bastante entretenida en ĂŠl y Juani estar a punto de derribar un cuadro al caerse, salimos a la terraza antes de marcharnos y contemplar las estupendas vistas que se nos ofrecen.

Bordeamos el Sena y lo cruzamos por el Pont des Arts, tambiĂŠn repleto de candados. Curioseamos en los bouquinistes y tomamos el metro en Pont Neuf a la Bastille.


Salimos a esta famosa plaza, hoy tomada por el tráfico por lo que es

difícil imaginarse su trágica historia. Originalmente la Bastilla fue

una fortaleza construida por Carlos V para defender el flanco este de la ciudad, pero pronto se convirtió en una cárcel para prisioneros

políticos. Una muchedumbre de

ciudadanos la asaltó el 14 de julio

de 1789, hecho que marcó el inicio de la Revolución Francesa.

El odiado símbolo de la represión fue destruido y en su lugar se alza la Columne de Julliet, de 52 m. de altura y rematada por el Ángel de la Libertad.

Detrás se alta el edificio de la Ópera Bastille, una de las mayores óperas

del mundo inaugurada durante el bicentenario de la Revolución, en 1989.


Comemos en un restaurante indio cercano a la Place de la Bastille y tomamos café en un Starbuck que encontramos de vuelta hacia la plaza. Más compras.

Por la Rue Saint Antoine y la Birague llegamos a la plaza más antigua de París, la Place des Vosges. No sólo es la más antigua sino una de las más hermosas del mundo.


La mandĂł construir Enrique IV en un lugar donde se celebraban torneos.

Las 36 casas que la

rodean, de ladrillo y piedra, con tejados

de pizarra y ventanas abuhardilladas le dan una simetrĂ­a

especial. En un primer momento estaban destinadas a trabajadores de la

seda pero el cardenal Richelieu y el dramaturgo Molière se trasladaron a ellas; desde entonces se mantienen como residencia de la clase alta. En una tienda situada bajo las arcadas me compro dos gorras.

Iniciamos un largo peregrinar por las calles Francs Bourgerois, Payenne, Parc Royal, Elzevir, de nuevo Franc Bourgerois, Pavie, Rosiers, Hospitalaires, vuelta a la Franc Bourgerois, Rambuteau


...para dar con un edificio lleno de cañerías, el Centro Georges Pompidou. Cada tubo está pintado de un color distinto: verde para el agua, amarillo para la electricidad y el azul para el aire acondicionado.

Aquí se ubica el Museo Nacional de Arte Moderno, así como un cine, una librería, tiendas y espacios multiculturales.

La plaza donde se encuentra está muy animada y aquí descansamos un rato, aunque yo me dedico a explorar las calles adyacentes


La Rue Berger nos lleva al Forum des Halles. Les Halles es el barrio más antiguo de París, el más animado, el más vivo, el que Emile Zola definió como

“el vientre de París” pues aquí estaba situado el mayor mercado de productos

alimenticios de París. Hoy ha sido sustituido por un enorme centro comercial, subterráneo en su mayor parte. Tan grande que casi nos

perdemos buscando los servicios.

Este complejo se encuentra a los pies de la gótica iglesia de Saint Eustache, la iglesia del mercado.

Su cavernoso interior muestra el estilo del primer Renacimiento, aunque no podemos visitarla con detalle ya que en este momento se esta celebrando Misa.


Por la Rue Coquilliere llegamos a un imponente edificio circular, la Bolsa de Comercio, antiguo mercado de granos del siglo XVIII.

En la elegante Rue del Louvre cogemos el metro para el hotel. Otra paliza que

me hace pensar si

aguantaremos los dĂ­as que nos quedan.

Una semana en París 2  

Diario de un viaje a París

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