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Sábado, 5 de agosto de 2015 Atenas.

Vuelta a madrugar. ¡La ajetreada vida del turista! Queremos visitar la Acrópolis antes de que la invadan las riadas de turistas, así que

desayunamos temprano en el hotel y nos encaminamos a la calle Dionysiou Aeropagitou a sacar las entradas. Hemos pensado bien, la cola es muy corta y pronto estamos dentro del recinto.

Nos dirigimos al cercano teatro de Dioniso, o lo que queda de él, cuna de la tragedia griega. Fue el primer teatro

construido en piedra, aunque las ruinas que hoy pueden verse se deben a

ampliaciones que se hicieron en época romana.

De allí, ante la que fue Stoa de Eumenes, nos vamos hacia la entrada de la Acrópolis acompañados por tres enormes perros que se nos han unido en la

garita de entrada. Deben ser de los vigilantes del recinto pues llevan collar y han debido “oler” que nosotros tratamos bien a los animales.


Llegamos al pie de loa Propileos, no hay prácticamente nadie y siento cómo tres mil años me contemplan. Impresionante esta monumental entrada a la Acrópolis. El arquitecto Mnesicles fue quien proyectó los pórticos como si fueran fachadas de templos dóricos en el s. V a. C.


Nada más cruzar los Propileos el visitante traspasa el umbral de lo

cotidiano y comienza a saborear el

esplendor de la civilización griega. Sobre la superficie aplanada de la

Acrópolis todo gira en torno al Partenón. Esta obra del s. V a.C. asombra por su belleza, conmueve ante la antigua morada de Atenea la Virgen y

sorprende por la perfección de los cálculos geométricos que hicieron

posible su extraordinaria simetría.


Parte de su estructura estรก envuelta en andamios, el templo sigue siendo sometido a una lenta y meticulosa restauraciรณn.


Tras fotos y fotos nos acercamos al Erecteión, el precioso templo del rey Erecteo que se encuentra a pocos metros del Partenón. Es curioso que este edificio,

construido durante la guerra del Peloponeso donde quedó aniquilada toda

una generación de atenienses, presente uno de los conjuntos escultóricos más delicados de la historia, seis preciosas cariátides sosteniendo el pórtico sur.


Tras rodearlo subimos a un mirador desde el que se observa una espectacular vista sobre Atenas.


Y volvemos al Partenón, imán de la Acrópolis. Si desde la distancia el

Partenón parece tan antiguo como la humanidad, invencible como ella,

una vez ante él no pueden obviarse los estragos de la historia en el mármol. Paro ahí se mantiene

estoico , con su inefable belleza. Alrededor muñones de columnas se esparcen por el recinto. En la antigüedad, junto al templo se alzaba una gigantesca estatua de Atenea. Dicen que los

marineros divisaban el brillo de su casco desde el cabo Sunión. Hace tiempo que desapareció, como tantas otras. La meseta es ahora un montón de ruinas, pero su poder evocativo es único en el mundo.


Me encaramo a los Muros Ciclópeos. A los pies de la roca contemplo el Teatro de Dionisio. La ciudad se extiende hasta más allá de donde alcanza la vista. En primer plano los tejados de Plaka, salpicados de árboles, el resto es un lienzo cubista que forman las blancas azoteas de la ciudad. A cierta

distancia, desafiando el mar de edificios, la colina de Likavitós que nos

proponemos visitar esta tarde. Parece un seno femenino, ¿quién sabe si el de la diosa? Coronado con la iglesia de Agios Giorgios para restarle aire pagano.

En la dirección contraria la colina del Aerópago, pura masa de roca desnuda donde se reunían los primeros demócratas del mundo para resolver sus conflictos.


Me cuesta trabajo abandonar la Acrópolis. Vuelvo a detenerme a

admirar los Propileos y me asomo

sobre el Teatro de Herodes Ático, un teatro romano que todavía hoy sigue

utilizándose para representar obras de teatro y conciertos de música clásica y moderna.

Descendemos la colina por su vertiente norte, hacia la

antigua Ágora. Poco queda de este mercado que fue el

corazón político de Atenas, restos aquí y allá que

parecen decir poco de su antiguo esplendor.


Entre las antiguas ruinas está la pequeña iglesia de los Ágii Apóstoli, del s. XI, con cúpula central y una interesante decoración en las paredes. En el

interior la cúpula se apoya sobre antiguas columnas romanas y sus paredes están decoradas con frescos bizantinos.


De allí nos vamos a la reconstruida Stoa de Attalos, un bello edificio o

arcada con techo, de dos plantas. Fue

fundada por el rey Attalos de Pérgamo (S. II a. C.) y destruida por los hérulos en el 267 d. C.

Reconstruida a partir de los cimientos originales y materiales antiguos,

gracias a una donación de Rockefeller hijo. Hoy alberga un museo.


Nos sentimos atraídos hacia el templo que se alza sobre una pequeña colina dominando el Ágora. Se trata del

Hefesteion, el edificio mejor conservado de la civilización griega. Seguro que

en ello tiene que ver que desde el siglo V hasta el XIX el templo se transformó en la iglesia de San Jorge.


Construido en la época de Pericles (s. V a. C.) fue dedicado a Hefesto (o Vulcano) y Atenea. Es un templo dórico construido don mármol pentélico, con seis columnas en los frentes y trece en los laterales.


Salimos del recinto del Ágorapor una puerta que da a la calle Adrianou y en

una de sus cafeterías, muy cerca de la Stoa, nos tomamos un granizado de

café. No podemos recrearnos, antes de

comer queremos visitar el Museo de la

Acrópolis y este se encuentra al otro lado de la colina según el lugar donde nos

encontramos, así que hay que rodearla. Cogemos la Apostolou Paulou con

numerosas mesas de anticuarios y coleccionistas. Seguimos por la Dionysou Areopagitou, pasamos ante el Teatro de Herodes Ático, ante la Embajada de España y nos topamos con un edificio en el que domina el cristal, el nuevo Museo de la Acrópolis


El recinto que rodea al edificio es en sí mismo un museo, ya que los restos de la ciudad antigua encontrados durante la excavación del edificio son visibles a través del suelo de cristal en la entrada y en la planta baja.

En el primer nivel del museo se expone una muestra de todo lo hallado durante las excavaciones para la construcción del museo., así como piezas encontradas en la ladera de la Acrópolis.

Lugar privilegiado tienen las esculturas más

fotografiadas del museo.


Las seis Cariátides del Erecteión (una se encuentra en el Museo Británico) estatuas de sacerdotisas que fueron utilizadas para sostener el techo de la galería sur del Erecteión. Nunca había visto sus espaldas y me llama la atención su voluminoso y complicado peinado.


El segundo piso es el lugar ideal para hacer un alto en el camino, ya que allí se encuentra la cafetería

con una terraza con bonitas vistas de la Acrópolis, la tienda del museo y la librería.

El tercer piso es lo más destacado del mueso. Dedicado en su

integridad al Partenón, tiene las

mismas dimensiones que el mítico templo y está orientado hacia él para poder ver el monumento mientras se admiran las esculturas del friso, las metopas y los frontones.


Por último bajamos a la segunda planta, nos metemos en la tienda y compramos varios recuerdos, entre

ellos un libro: “La Acrópolis a través de su Museo”.

Antes de irnos, desde la terraza de

la cafetería admiramos la vista que se nos ofrece de la Acrópolis.

Un excelente Museo y una visita muy ilustrativa.


Es hora de comer y decidimos hacerlo en el mismo restaurante en el que cenamos

el martes, bajo la mirada de la Acrópolis. Al terminar nos metemos por un

laberinto de callejuelas en el barrio de Anfiotika (La “Atenas profunda” según Nieves). No parece que estemos en una gran ciudad, sino en un pequeño

pueblecito.


Y, por supuesto, la ciudad con mรกs pintadas del mundo.


Seguimos callejeando por Plaka y vamos a parar a la Plaza

Monastiraki, donde nos tomamos unos helados.

Volvemos a Plaka y atravesando la avenida Vasilissis Amalias

contemplamos el Arco de Adriano que marcaba el lĂ­mite entre la ciudad

antigua y la nueva Atenas de Adriano.

Junto a ĂŠl se encuentra el Templo de Zeus OlĂ­mpico, pero una valla nos impide el paso . Para encontrar la puerta de acceso al parque donde se

encuentra hemos de andar un largo trecho y, claro, hay que pagar.


Poco queda del que fue el templo más grande de Grecia, dedicado a Zeus Olímpico. Sólo quedan 15 de las 104 columnas corintias originales, cada

una de 17 m. de altura, pero son suficientes para mostrar el enorme tamaño del templo que medía 96 m. de largo por 40 m. de ancho.


Atravesamos un gran parque, los Jardines

Nacionales, pasamos al lado del Zรกppeion que sirve de centro de conferencias,

Aprovechamos la

tranquilidad de los jardines para descansar

en un banco y continuamos tras el edificio del

Parlamento para salir a la

avenida Vasilissis Sofias donde nos cruzamos con unos erzones (guardias del Parlamento) con sus curiosos uniformes, zapateando el suelo.


Dejamos la avenida y cogemos la calle Ploutárchou para ir a la estación del telesférico y subir a la cima del monte Lykavittós. La calle nos remata, toda cuesta arriba formada por tandas y tandas de escaleras que parecen no tener fin.

Cogemos el telesférico que sale de la esquina de Ploutárchou y subimos a la colina más alta de Atenas. Tras atravesar un restaurante estratégicamente situado, porque hay que atravesarlo para subir al punto más alto de la

colina, llegamos a una plazuela o mirador donde se encuentra la pequeña capilla de Agios Geórgios. El mirador está atestado y hay que ir buscando huecos para poder contemplar las excelentes vistas que se nos ofrecen.


Pensábamos admirar desde aquí la puesta de sol, pero eso es también lo que todos esperan y

pensamos que después se producirá la desbandada y será problemático coger el pequeño telesférico, así que nos vamos y viajamos hacia abajo casi solos.


Callejeamos en dirección al hotel por zonas que poco tienen que ver. Paramos a cenar y

llegamos al Titania reventados. ¿Cuántos kilómetros habremos andado hoy?


Domingo, 16 de agosto de 2015 Regreso.

Último madrugón. Un autobús nos recoge para llevarnos al aeropuerto. Allí tenemos problemas para imprimir nuestros billetes.

Al fin lo conseguimos y tenemos un tranquilo vuelo hasta Madrid.

Recogemos el coche en el “Aparca y Vuela” y emprendemos el camino a casa.

"Grecia es para la humanidad, lo que es el corazón y la mente para el humano." Johann Wolfgang von Goethe


Atenas Clásica

Atenas Antigua

La Acrópolis de Atenas, «la roca sagrada», es una meseta caliza de 270 metros de longitud y 85 de anchura, situada 156 metros sobre el nivel del mar, que contiene los monumentos más famosos de la Grecia clásica: el Partenón, el Erecteión, los Propileos y el templo de Atenea Niké y representa el símbolo universal del espíritu y la civilización clásica. Fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1987. La entrada a la Acrópolis se realiza por una puerta monumental llamada «Propileos». Una gran estatua de bronce de Atenea, construida por Fidias, se situaba en el centro del recinto. A la derecha de esta estatua se erige el Partenón que albergaba la estatua crisoelefantina de Atenea Parthenos, también obra de Fidias. A la izquierda se disponía el Erecteión.


Representación del interior de los Propileos desde donde puede verse la estatua de bronce de Atenea Prómacos y el Partenón. Los Propileos constituyen las puertas monumentales de entrada a la Acrópolis. Fueron construidos sobre los antiguos Propileos de la época de Pisístrato por el arquitecto ateniense Mnesicles Después de atravesar los Propileos, el visitante encontraba la gigantesca estatua de bronce de 9 metros de altura de Atenea Prómacos («la que combate en primera línea») dominando el conjunto de la Acrópolis, construida por Fidias entre el 450 y 448 a.C. para conmemorar la victoria de los atenienses sobre los persas en la batalla de Maratón.


PARTENÓN Es el monumento más grandioso de la Atenas de Pericles y refleja en la arquitectura el extraordinario florecimiento cultural, de las artes y del pensamiento que alcanzó Atenas durante el siglo V a. C. que culminó con la implantación de la democracia. El templo se consagró a la diosa Atenea, protectora de Atenas. Los arquitectos Ictino y Calícrates, dirigidos por el escultor ateniense Fidias, diseñaron un edificio para albergar la gigantesca estatua crisoelefantina de Atenea, obra de Fidias, que se custodiaría en la cella del templo. Todo el proyecto del templo se supeditó a la presencia de la gran estatua de Atenea, de doce metros de altura, por eso se diseñó una cella de 19 metros de ancho. Las obras comenzaron en 447 a.C. y finalizaron en tan sólo nueve años, el 438 a.C. lo que se explica por el poderío económico de la Atenas de Pericles. Las esculturas del frontón diseñadas por Fidias se colocaron seis años más tarde, el 432 a.C. El templo se construyó sobre el inacabado Hecatompedón, templo del que se aprovecharon algunos materiales. Escultura crisoelefantina de Atenea Parthenos, obra de Fidias. La estatua tenía 12 metros de altura y se guardaba dentro del Partenón. Su interior estaba construido con madera y las zonas externas de marfil. El manto y el casco tenían incrustaciones de oro. Representaba a la diosa Atenea armada y sosteniendo en su mano derecha una Niké (Victoria) de marfil de dos metros de altura. La conocemos por fuentes antiguas así como por descripciones muy detalladas de Pausanias (Siglo II d.C.), además nos ha llegado información a través de varias copias.


ALTORRELIEVES DE LAS METOPAS Situadas en el friso exterior. Originalmente existieron 92 metopas, separadas unas de otras por triglifos. En cada una de las fachadas menores había catorce metopas y treinta y dos en cada uno de los lados externos del templo. Las metopas representaban la gigantomaquia en el lado este, la amazonomaquia en el oeste, la centauromaquia en el sur, y escenas de la guerra de Troya en el norte.

ESCULTURAS DE LOS TÍMPANOS Se situaban en las fachadas este y oeste rellenando los espacios triangulares de cada frontón. Cada tímpano del templo estaba decorado con una escena mitológica. Las figuras son de tamaño mayor al real. El del oeste, sobre la entrada principal del edificio, representa el nacimiento de Atenea, observado por los dioses del Olimpo y el del este, la disputa entre Atenea y Poseidón por el patrocinio de Atenas.


El Erecteion, templo jónico, fue construido en el periodo 420 -406 a.C. en el lugar más sagrado de la Acrópolis, donde la diosa Atenea, patrona de Atenas, hizo que floreciera el olivo que regaló a Atenas. Está construido en dos niveles, es asimétrico y tiene dos partes que no están comunicadas entre sí, debido a que estaban dedicadas a diferentes dioses. La parte este estaba dedicada a Atenea y la oeste a Poseidón y otros dioses y héroes míticos. En la fachada sur tiene una tribuna sustentada por cariátides.

El pequeño Templo jónico de Atenea Niké (Victoria), construido sobre un torreón de los Propileos conmemora la victoria sobre los persas en la batalla de Salamina (448 a.C.), aunque las obras comenzaron en el 420 a.C. El arquitecto que diseñó el proyecto fue Calícrates. El templo albergaba una imagen de Atenea Niké, símbolo de la victoria a la que se cortaron las alas (Niké áptera o sin alas) para que nunca pudiese abandonar Atenas.


La Stoá de Eumenes constituía un amplio pasillo cubierto que unía el Teatro de Dioniso con el Odeón de Herodes Ático y protegía a los espectadores del mal tiempo o del sol, al mismo tiempo que servía de lugar de paso y reunión.

El Teatro de Dioniso, considerado como el mayor teatro de la antigua Grecia, se encuentra situado en la ladera sureste de la Acrópolis. Está dedicado a Dioniso, dios del vino, el teatro y las fiestas. Fue restaurado entre los años 1926 y 1932. Se construyó durante el siglo VI a. C., aprovechando el desnivel de la ladera sureste de la Acrópolis y se le dotó de una capacidad de 15000 a 17.000 espectadores. ÁGORA DE ATENAS 1.- Estoa Sur o de Átalo 2.- Ceca 3.- Estoa oriental 4.- Estoa meridional 5.- Estoa central 6.- Heliea 7.- Recinto del Estrategeo 8.- Tolos 9.- Pritaneo 10.- Monumento de los héroes epónimos 11.- Metroo. Buleuterio antiguo o Archivo 12.- Buleuterio nuevo 13.- Teseón o Hefestión 14.- Templo de Apolo Patroo 18.- Estoa Real 15.- El arsenal 19.- Estoa de Hermes 16.- Estoa de Zeus 20.- Pécile 17.- Templo de Afrodita

21.- Altar de los doce dioses 22.- Templo de Ares



Grecia 3