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10/08/2014. Domingo Día otoñal, cielo totalmente cubierto, lloviznea, corre algo de viento y hace algo más que fresco. Ataviados con cazadoras y provistos de chubasqueros y paraguas nos vamos hacia la estación, hoy le toca a Bath.

Conforme nos acercamos a esta ciudad el paisaje sigue tan verde como todo el

que hemos visto, pero me parece más bonito ya que es más ondulado. El entorno de Bath es precioso, está situada en el valle del río Avon, rodeada de colinas.

El viaje dura unos 45 minutos. No llueve al llegar, pero por los nubarrones que hay en lo alto, está a punto.

Subimos por la Manvers St. Y damos con un pequeño, precioso y cuidado parque a la orilla del río, que por cierto hay que pagar 1,20 libras para entrar en él.

Nosotros nos vamos hacia la Abadía que nos parece preciosa por fuera. Nos dicen que a partir de las 13 h. la visita es gratuita.

Al lado se encuentran los Roman Baths o baños romanos. La entrada cuesta 16

libras por cabeza y consideramos que es excesiva, así que rodeamos la Abadía y disfrutamos de sus espléndidas vistas.


Seguimos la ribera del rĂ­o hasta llegar al Puente Pulteney, que me trae a la memoria aquel otro tan bonito, el Ponte Vechio de Florencia.

Desde allĂ­, con el plano en la mano, nos dirigimos a The Circus, una plaza circular con edificios iguales y su centro ocupado por cinco enormes ĂĄrboles.


Nos llama la atención que tanto los edificios de esta plaza, como casi todos los que hemos visto, tienen delante como una especie de foso al que se abren puertas y ventanas de apartamentos. Pienso que debe ser ago-

biante y claustrofóbico vivir ahí y me viene a la cabeza aquella serie que tanto gustaba a Juani, “Arriba y abajo”.

La plaza me parece

Como si de un

espectacular, pero algo

decorado

fría e impersonal.

de tratase.


Cerca se encuentra Royal Cresent, la que en una guía leí que era la calle más bonita de Inglaterra. Se trata de un conjunto de edificios todos iguales,

abiertos en su frente a un gran prado que va a dar al Royal Victoria Park.

No creo que esta sea la calle más bonita de Inglaterra, al igual que The Circus la veo fría.


A todo esto ya nos han caĂ­do dos o tres chaparrones y entre ellos, cuando

aparece el sol, sobran las cazadoras, pero nos las dejamos puestas por la

velocidad con que cambia el tiempo.

Como se acerca la una, bajamos hacia la AbadĂ­a callejeando y sorprendiĂŠndonos por las hermosas vistas.


Reyes y Nieves se meten en una tienda y yo entro en el templo. Es precioso, no demasiado grande

pero armรณnico y con unas bรณvedas en abanico que causan admiraciรณn.


La luz es la protagonista, ya que entra a

raudales por el gran

nĂşmero y amplitud de sus ventanales.

Parece como si en su

cabecera hubiese un retablo de luz.


Es la hora de comer y Reyes nos convence para ir a un restaurante tailandés que ha visto al pasar por Manvers St. No sé que como acompañado de cerveza

tailandesa, pero sí sé que todo estaba delicioso.


Volvemos a la plaza de la AbadĂ­a y descubrimos Union St. Llena de animaciĂłn, con un grupo tocando y bailando canciones tradicionales de estas tierras.


De ahĂ­ nos dirigimos al Jane Austen Centre, un homenaje a esta escritora

que residiĂł en Bath algunos aĂąos. La visita cuesta 8 libras y nos

conformamos con visitar la tienda

donde Reyes se compra unas postales.

Paseamos por el cercano Royal Victoria Park, desde donde se ven unas excelentes vistas del Royal Crescent.


Es la hora del té y una visita a Bath no está completa sin pasarse por su casa más antigua (data de 1482) y degustar el té

acompañado del Sally Lunn Bun, un bollo famoso que puedes elegir de diversos sabores.

Nosotros pedimos con mermelada, chocolate y limón. Todos deliciosos, especialmente el de limón. La

merienda nos cuesta 19 y pico libras que damos por bien gastadas ya que hemos salido hasta cenados.


Aunque hace un par de horas que no cae ningún chaparrón, el tiempo es frío y desapacible pues corre un viento que corta. Parece que estemos en otoño ya avanzado, por lo que decidimos regresar en el tren de las 19:30 h.

Podríamos haber estado más tiempo en esta preciosa ciudad, ya que sale un tren para Londres, pasando por Didcot, cada hora, pero es que hace un frío que pela.


11/08/2014. Lunes Amanece con sol pero hace frío y el tiempo pronostica lluvia para después del mediodía. De nuevo hay que cargar con cazadora y paraguas. Hoy vamos al Museo Británico de Londres.

En la estación de Didcot no hay demasiada gente pero el tren hacia Londres-

Paddington llega lleno y me toca viajar de pie hasta Reading donde logro coger un asiento. Se monta gran cantidad de gente y los pasillos y espacios ente

vagones van llenos de pasajeros en pie. No comprendo cómo no dan billetes con asientos numerados. En la siguiente estación no se baja nadie y vuelve a subir un mogollón. Le cedo mi asiento a una madre con dos pequeños de raza negra. Esto parece un tren de la India, sólo falta gente encima del techo.

Si el tren iba abarrotado, el metro lo va aún más. Lo cogemos en Paddington y bajamos en Tottenhan Court Road, cerca del British Museum.

La neoclásica entrada es imponente y el acceso

gratuito, un cartel pide se colabore con 5 libras. El patio central está

cubierto por una cúpula de cristal lo que le da una

gran luminosidad. En el centro se encuentra la

Sala de Lectura y el resto

alberga tiendas, cafeterías y el mostrador de información.

Cómo pensamos estar sólo la

mañana, cogemos un mapa del

museo y dejamos 1 libra que es la

colaboración que pide otro cartel.


Decidimos visitar las salas que exponen la AntigĂźedad y comenzamos por Asiria.


Egipto


La sala de las momias estรก hasta la bandera; sin duda son la estrella del museo.


En la visita no podían faltar los mármoles del Partenón.


Después visitamos rápidamente la dedicada a Japón y no da tiempo a más.

Antes de irnos nos pasamos por la tienda. Reyes se compra un libro sobre la historia de Inglaterra para

usarlo en sus clases, y yo otro de las Obras Maestras del Museo Británico, además de un imán para el frigorífico que representa un amuleto egipcio.

Enfrente del museo nos metemos en una tienda de

recuerdos y compro una taza con su posavasos sobre

Londres para Isa y Sote y un pequeño Big Ben para el rincón de los recuerdos.


Buscamos un lugar para comer y lo hacemos en un pub cercano al museo, “The Plough” o “El arado”. Comemos comida inglesa con una pinta de cerveza.


Volvemos a coger el metro donde lo dejamos y bajamos en Notting Hill

Gate para visitar Portobello. Al salir de la estación nos sorprende

encontrar el cielo tan oscuro y no habíamos andado cien metros

cuando un trueno es la señal para

que se desate el diluvio. Nos refugiamos en un Starbuck y nos tomamos unos

capuchinos que no estaban previstos. Cuando amaina la tormenta reanudamos el camino y recorremos una larga y colorida calle repleta de tiendas de todo tipo, la famosa Portobello. El mercadillo lo ponen sólo los fines de semana.


De nuevo cogemos el metro en Ludbroke Grave hasta Baker Street, la calle donde supuestamente vivió Sherlock Holmes. Me sorprende

encontrar una larga cola para visitar la casa museo del famoso detective y más aún cuando veo una placa azul en la fachada de la casa, como si se tratase de un personaje real:

221 b SHERLOCK HOLMES CONSULTING DETECTIVE 1881—1904 No visitamos el museo pero sí la tienda. Allí venden de todo lo que se puede

relacionar con el detective: libros, pipas, lupas, gorras, bastones, tazas, placas… Reyes se compra un libro sobre Jack el

Destripador y Nieves no se compra una taza porque ya no le cabría en la

maleta. Yo me conformo con probarme su típica gorra.


Volvemos al metro abarrotado, vagones estrechos y bajos sin aire

acondicionado, y nos bajamos en

Piccadilly Circus para darnos una vuelta por Chinatown, delimitado por unos arcos de estilo oriental que

encierran Gerrard Street, calle llena de supermercados y restaurantes chinos.

Otra vez al metro y nos encontramos la estación de Piccadilly colapsada.

Tardamos una eternidad en coger el vagón y vamos como sardinas

enlatadas. Esto es estresante.

En Paddington, al no tener billetes numerados con el asiento, todo el mundo está pendiente de los monitores que

anuncian las salidas de los trenes y en cuanto aparece el número de la

plataforma de la cual sale el tren, se

arma la desbandada. Todos corriendo para tratar de pillar asiento. Esta vez hemos tenido suerte y el viaje lo hemos hecho sentados.

Al llegar a Didcot, frío. Parece que estamos en pleno invierno.

Como ingleses 3  

Diario de un viaje a Inglaterra. Parte 3

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